Aunque pueda parecer sorprendente, todavía se realizan convocatorias de premios que tienen como referencia a las producciones estrenadas el año pasado. Una de las últimas proviene de una asociación de reciente creación, el Círculo de Profesionales de las Series Españolas, que ha nacido como una iniciativa que trata de congregar tanto a los profesionales que trabajan en la industria audiovisual y los que realizan labores periodísticas vinculadas a las series. El Círculo de Profesionales de las Series Españolas está formado actualmente por 568 miembros y es un proyecto que está respaldado por la empresa Womack Group, organizadora del South International Series Festival de Cádiz, pero también tiene relación con la Spain Film Commission. De hecho, dos de los componentes de su Comité Promotor son Joan Álvarez Valencia, que fue director del South International Series Festival en sus dos primeras ediciones, y Carlos Rosado Cobián, fundador de la Andalucía Film Commission y presidente de la Spain Film Commission hasta 2024. El Comité promotor se completa con la guionista Carmen Fernández Villalba, la productora Fidela Navarro, CEO de Dopamine, y la actriz María Ordóñez. Una de las iniciativas de la asociación son los Premios Anillos de Oro que pretenden reconocer el trabajo de los profesionales de las series estrenadas en la última temporada, que se entregarán en la isla de Tenerife el próximo 20 de junio. Entre las finalistas no hay sorpresas: Anatomía de un instante (Movistar Plus+, 2025), con 15 nominaciones, Querer (Movistar Plus+, 2024) con 8 y Yakarta (Movistar Plus+, 2025) y La vida breve (Movistar Plus+, 2024), con seis nominaciones cada una, encabezan las finalistas. Se da la circunstancia de que las nueve series que lideran las categorías de Serie dramática, Comedia y No ficción son producciones de Movistar Plus+, de manera que habría que hacer un esfuerzo por conseguir una mayor implicación de otros canales y plataformas. Al menos, al contrario que en los Premios Feroz, hay una mayor presencia, con cinco nominaciones para Superstar (Netflix, 2025), dos para ENA. la reina victoria Eugenia (RTVE, 2024), y una para Las hijas de la criada (atresplayer, 2025) y El Marqués (Telecinco, 2024). Pero, ya que existe una estructura de visionados para los miembros de la asociación, se podría impulsar la presencia de series de canales autonómicos.
En Noruega también se han entregado los premios que reconocen los programas y series de televisión, los premios Gullruten, que se celebran en dos ceremonias, para las categorías técnicas y artísticas. Entre ambas, Un hombre mejor (Filmin, 2025) ha acaparado el mayor número de premios, con diez de sus doce nominaciones, entre ellos Mejor Serie, Dirección, Interpretación principal (Anders Baasmo) e Interpretación de reparto (Jonas Strand Gravil), mientras La gran boda Sami (Sundance tv, 2025), se ha conformado con dos premios de sus nueve nominaciones: Fotografía y Mejor producción ecológica. La serie documental Facing war (NRK, 2025), sobre la etapa como Secretario General de la OTAN del noruego Jens Stoltenberg, ha conseguido tres premios, mientras que el curioso experimento de autoficción Psykodrama (TV2, 2025), protagonizado por los actores Per Kjerstad y Ole Christoffer Ertvaag, basado en su exitoso pódcast, ha conseguido el premio Gullruten a la Mejor Serie de Comedia. Se quedaron sin premios Nepobaby (TV2, 2025) y Atrapadas en Bolivia (Sundance tv, 2025).
Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.
HBO Max, 2 de marzo-13 de abril
Estados Unidos 2026 - 7x45'
Creada por Steven Conrad
Dirigida por Steven Conrad
La exploración de la masculinidad en un entorno urbano de clase media alta se está convirtiendo en los últimos años en una especie de subgénero que no parece estar limitado por su propia definición:
Vicios ocultos (Apple tv, 2025-),
Rooster (HBO Max, 2026),
Un hombre mejor (Filmin, 2025) e incluso
Task (HBO Max, 2026-) se envuelven en géneros como la comedia o el thriller para abordar la crisis de la masculinidad contemporánea, y dentro de este grupo de propuestas más o menos logradas,
DTF St. Louis (HBO Max, 2026) encuentra su propio espacio, a través de una historia que cambia de tono constantemente y va elaborando una especie de puzzle en el que siempre vemos retazos de los acontecimientos, pero hasta el final no vemos el conjunto completo. Un fallecimiento que podría ser un crimen sirve como la excusa perfecta para introducir los temas de los que realmente quiere hablar la serie, el "caballo de Troya" como lo definía Mike White en su antología
The White Lotus (HBO Max, 2021-), que tiene la fuerza suficiente para atraer la atención del espectador pero no es lo más importante de la historia. El thriller se ha convertido en el género-cebo de la era del streaming. Pero si esto puede resultar artificial en algunas producciones, no lo es tanto en la última serie de Steven Conrad (1968, Florida), uno de esos creadores acostumbrados a tener seguidores que lo reconocen como una de las mentes más creativas del momento, pero también a que sus series sean exquisiteces que solo un pequeño grupo de espectadores se atreve a degustar:
Patriota (Prime Video, 2015-2018) y la serie de animación
Ultra City Smiths (Prime Video, 2021) son dos de las que casi es imprescindible recuperar si no se han visto.
DTF St. Louis se ha añadido a esa lista de series a las que no parece que se haya prestado la merecida atención, con los habituales personajes complejos de Steven Conrad, aunque su última propuesta es extremadamente entretenida y por momentos muy divertida. Tiene todos los elementos del thriller conyugal que podría funcionar si se entregara a los resortes clásicos del género, pero lo que analiza la historia es la relación entre los dos protagonistas masculinos: Clark Forrest (Jason Bateman) es un presentador del tiempo muy popular en el suburbio ficticio de Twyla (Missouri), mientras que Floyd Smernitch (David Harbour) es un intérprete de lenguaje de signos, y ambos se conocen durante la transmisión de un huracán, iniciando una relación profesional y personal durante años. El primero vive en una buena casa tan apática como su propio matrimonio, mientras que el segundo está constantemente endeudado, casado con Carol Love-Smertnich (Claudia Cardellini) y no tiene ningún problema en mencionar durante su primera conversación con Clark su afección peyronie, una curvatura excesiva del pene que le impide mantener relaciones sexuales completas. El episodio
Cornhole (T1E1) ya muestra que la estructura narrativa de la serie pasa por ir desarrollando la relación entre estos tres personajes a través de saltos en el tiempo hasta llegar al suceso criminal, para después ir reconstruyendo todo lo que ha sucedido entre medias, a través de la investigación del experimentado detective Donoghue Homer (Richard Jenkins), que parece tener claro lo sucedido desde el principio, y la joven inspectora Jodie Plumb (Joy Sunday), que le rompe constantemente sus teorías, una pareja de detectives que complementa a los protagonistas desarrollando su propia relación personal. Y así descubrimos que Clark y Carol han mantenido una relación de infidelidad de la que Floyd ha sido consciente. DTF St. Louis surge durante una conversación normal entre los dos amigos balanceándose en un columpio que solo a ellos parece hacerles ilusión: se trata de una aplicación de citas para dar "color" a los matrimonios, una herramienta para la infidelidad discreta a través del término DTF (down to fuck), que expresa una predisposición de los usuarios a follar sin compromiso. La idea está inspirada en la aplicación Ashley Madison que promocionaba las relaciones extramatrimoniales, hasta que su base de datos fue filtrada con los nombres de sus 32 millones de usuarios casados, y actualmente se ha transformado en una app de citas "discretas", pero sin referencia al adulterio.
DTF St. Louis no es un thriller convencional, ni siquiera una comedia tradicional sobre un triángulo amoroso, sino que ofrece a lo largo de su desarrollo una exploración sobre la masculinidad y la heterosexualidad como pocas veces se han visto en la pantalla, sobre todo ese tipo de amistad profunda que para hombres heterosexuales puede llegar a ser algo confusa. Al mismo tiempo que aborda ciertos límites que también definen la psicología de los personajes, como la dominación que le pide Clark a Carol en sus relaciones sexuales, o la predisposición de Floyd en
Mi zumo favorito (T1E3) a mantener una cita de DTF St. Louis con un perfil que resulta ser Christopher Spurce (Peter Sarsgaard) quien ha utilizado la ambigua portada del álbum
The man who sold the world (1970, Warner Music) de David Bowie como su imagen de perfil: "
Bowie consiguió que me sintiera bien conmigo mismo". Cuando se despiden, Christopher le pide a Floyd un morreo, sabiendo que no van a llegar más lejos, pero algunas de las mejores frases de la serie son suyas: "
Nadie es normal, aunque a simple vista no nos damos cuenta...". Lo que acaban conformando estas experiencias paralelas es en realidad la propia relación entre los dos protagonistas, una amistad que se mueve al principio en el típico intercambio de obsesiones personales pero que va derivando hacia un término medio entre lo romántico y lo platónico, sobre todo porque Floyd es un personaje absorbente que tiene un escaso filtro para contar sus experiencias más íntimas a Clark. Sin ser una parodia de las historias sobre relaciones personales, la serie parece burlarse sobre cómo se suelen construir este tipo de amistades masculinas que en parte son un juego de seducción, colocando a los dos personajes en una especie de equilibrio emocional que revela su profunda soledad. Las conversaciones entre Floyd y Clark en el gimnasio, y especialmente en el columpio que éste ha instalado en su jardín para espiar a sus vecinos, son los mejores diálogos de Steven Conrad, un creador que, como Brad Ingelsby, escribe en solitario, y en este caso también dirige. La construcción narrativa es uno de esos elementos que diferencian a
DTF St. Louis de otras series, no porque esté contada repitiendo escenas del pasado, sino porque funciona con una efectividad sorprendente, creando algunas imágenes que la hacen peculiar: la bicicleta inclinada que compra Clark para él y su esposa pero acaba utilizando Floyd, y que se convierte en un elemento importante en la investigación, o el uniforme de árbitro de béisbol infantil que viste Carol y que provoca desapetencia sexual en su marido son ese tipo de reflejos ridículos de la cotidianidad que definen a la serie visualmente. El desarrollo de la historia, sin embargo, también revela a Carol como una esposa y madre que tiene que lidiar con su marido constantemente deprimido y con su hijo Richard (Arlan Ruf), que padece trastorno límite de personalidad (TLP) que le impide controlar sus impulsos. En algunos momentos, el estilo de dirección puede recordar a las series de Vince Gilligan, especialmente
Breaking bad (Netflix, 2008-2013), no solo por la inteligente utilización de los espacios (donde hay guiños que respetan la inteligencia del espectador, como la imposible sala de interrogatorios), sino por un montaje que a veces nos muestra imágenes que no se completan y entienden hasta que no se desarrolla la historia. Originalmente, la serie iba a ser la adaptación de un true crime, el caso real de un crimen del que fue acusado un dentista en Nueva York, cubierto en el reportaje
El juicio por asesinato de mi dentista (The New Yorker, 26/6/2017), pero finalmente Steven Conrad se decidió por escribir una historia original ayudado por su amigo David Harbour, aunque éste no aparece como co-guionista sino como productor ejecutivo. Hay precisamente en la elección de los actores protagonistas una inteligencia que los define dentro de sus propias capacidades: la tranquilidad de Jason Bateman para reflejar la oscuridad a través de cierta normalidad, el riesgo de David Harbour de transformarse físicamente y la seductora actitud de Claudia Cardellini que parece ocultar un toque de manipulación. También la música define la serie, en la elección de canciones de los sesenta que tienen un aire optimista pero con un trasfondo pesimista, como "Lightning's girl" (1967) de Nancy Sinatra, "Rainy day in June" (1966), de The Kinks, o el clásico "Let the sunshine in" del musical
Hair (1967) en la versión de The 5th Dimension para su álbum
The age of Aquarius (1969, Sony Music) en unos créditos iniciales que adquieren sentido en
Operación Denny's (T1E6).
DTF St. Louis es una gran serie que, dentro de la tendencia de historias sobre masculinidades y crisis de la mediana edad, encuentra una forma peculiar y absolutamente atractiva de definir a sus personajes a través de las frustraciones de sus propios deseos personales.
Alguien tiene que saber ★★★★☆ Netflix, 15 de abril
Chile 2026 - 8x45'
Escrita por Pablo Manzi, Rodrigo Fluxá
Desarrollada por Carla Stagno
Dirigida por Fernando Guzzoni, Pepa San Martín
Chile ha aportado algunas producciones a la larga lista del género true crime que se ha estrenado en los últimos años: las dos temporadas de
La cacería (TVN, 2018-2024) se basaban en hechos reales, pero también
42 días en la oscuridad (Netflix, 2022) trataba de arrojar luz sobre una desaparición ocurrida en 2010. La productora Fábula Producciones encabeza este tipo de historias como una de las compañías audiovisuales más importantes de Chile, con Pablo Larraín y su hermano Juan de Dios Larraín como responsables, ofreciendo otro de esos particulares acercamientos al true crime que no suelen seguir los caminos habituales. Como en los anteriores ejemplos,
Alguien tiene que saber (Netflix, 2026) cuenta como guionista con Rodrigo Fluxá, periodista que se ha especializado en rescatar casos olvidados, como la persecución del colectivo LGTB durante la dictadura en su libro
Corazón partío (2024, Ed. Catalonia), y también ha participado en su desarrollo Carla Stagno, guionista de
Los mil días de Allende (TVN, 2023) y del pódcast
Corderos (2022-2024, Podium Podcast Chile). La historia real en este caso es la desaparición no resuelta oficialmente del joven Jorge Matute Johns en noviembre de 1999, sin que exista una condena casi tres décadas después del suceso, pero tampoco posibilidades de que haya un descubrimiento que aclare las circunstancias de la desaparición. Hay dos teorías principales que se exponen en la serie, pero ninguna de ellas se ha podido confirmar. A pesar de la participación de nombres destacados de la producción chilena, la serie ha provocado una gran controversia en su país por la negativa de la familia Matute a apoyar la adaptación de la historia, y declaraciones de la madre de Jorge Matute afirmando que la productora no había respetado su deseo de que no llevaran a cabo la producción mientras ella estuviera viva. Frente a la falta de certezas,
Alguien tiene que saber opta por ser el true crime opuesto a lo que suelen ser los true crime convencionales, y por tanto no está tan interesado en buscar respuestas sabiendo que no las hay, frustrando así las expectativas de los espectadores que están acostumbrados a las narrativas tradicionales de las producciones de Netflix. Pero ese es su principal hallazgo, el de construir una historia que propone más preguntas que respuestas, y que en todo caso concluye que los silencios que rodearon al caso fueron los que provocaron la oscuridad que envolvió las diferentes investigaciones, especialmente la que llevó a cabo el laureado prefecto Montero (Ricardo Castro), encargado por el propio presidente Ricardo Lagos de encabezar el caso, ocurrido en la ciudad de Concepción, en el centro de Chile. El guión de Rodrigo Fluxá y Pablo Manzi abunda en las preguntas que hacen el inspector y la madre del joven desaparecido, Vanessa Font (Paulina García) sobre la ausencia de testigos en una discoteca llena de personas, pero también el silencio posterior del sacerdote Andrés San Martín (Gabriel Cañas) que se mantiene fiel a un secreto de confesión, oscureciendo aún más la investigación. En una narrativa fragmentaria que se apoya en la narración del inspector Montero como una exposición de sus propias reflexiones en torno al caso, la serie presenta a una madre que se pregunta constantemente por qué nadie le da respuestas sobre la desaparición de su hijo y a un policía que confronta permanentemente con las barreras institucionales (el verdadero prefecto acabó siendo apartado del caso aunque tenía una teoría clara sobre lo ocurrido aquella noche). Pero esta forma de exponer a los personajes también los convierte en elementos más metafóricos sobre dos planteamientos que se apoyan en la intimidad y en las estructuras de poder, sin que una y otra ofrezcan el soporte necesario.
El episodio Acorralado (T1E5) es el que mejor presenta la parte íntima de la familia, especialmente a través de la representación de la ausencia, cuando el hermano del joven, Eric Montoya (Lucas Sáez), mira antiguas grabaciones de video junto a Julio, en una secuencia apoyada por la evocadora canción "Hablar de ti" que incluyó Manuel García en su álbum Pánico (2005, Alerce Producciones Fonográficas), y la madre mantiene las acciones cotidianas: "Yo sé lo que piensa la gente: ¿Por qué esta vieja loca sigue sacando las sábanas del Juli, las lava y las plancha todos los días?". Paulina García interpreta a una madre con una emoción siempre contenida, que transforma la ausencia en una búsqueda constante. La serie no transmite de una forma tan clara esta persistencia porque reduce a un espacio de tiempo significativamente menor los acontecimientos, que en la realidad se extendieron a lo largo de varios años, con diferentes investigados que fueron descartados. Pero la ausencia dentro de la historia sirve como un elemento que termina completando los espacios vacíos que quedan en los objetos presentes, igual que en la manera de hablar de un joven que de alguna manera sigue presente en la memoria. El planteamiento de Alguien tiene que saber no se circunscribe al relato de los hechos como en muchos true crime, sino que plantea cuestiones más transversales, y por tanto más permanentes, en torno a la justicia y al sentido de la responsabilidad de los personajes que se van añadiendo al relato. La narración de Montero se compara a sí mismo con el boxeador Martín Vargas quien, después de haberse retirado por primera vez, decidió volver al ring y acabó noqueado, a sus 43 años, en su último combate de boxeo: "Me acuerdo de Vargas 98, viejo ya, medio apagado, pero igual se subió al ring para cerrar la carrera con dignidad. Fue la caída de un ídolo, noqueado en cámara lenta". Y en el episodio Ustedes no me van a juzgar a mí (T1E7) se refleja un cierto empecinamiento por defender contra todos su particular hipótesis del crimen. Con dos grandes actores chilenos encabezando el reparto, posiblemente los más internacionales, Rodrigo Castro y Paulina García, Alguien tiene que saber es algo así como un true crime que circula en sentido contrario, no tratando de ofrecer respuestas sino de construir un relato que hable sobre lo que rodea a la investigación, planteado dentro de un sistema que no falla por omisiones, sino porque sigue la lógica de una sociedad que prefiere mantenerse al margen, que mantiene la falta de respuestas como una característica estructural que forma parte de su propia esencia. Y en la que la persistencia de un inspector y de una madre no consiguen traspasar las barreras invisibles de los secretos.
La maldición de Widow's Bay ★★★★★ Apple tv, 29 de abril-17 de junio
Estados Unidos 2026 - 10x30'
Creada por Katie Dippold
Dirigida por Hiro Murai, Samuel Donovan, Andrew DeYoung, Ti West
El cine de terror ha inspirado a muchas comedias, pero casi ninguna ha tenido el atrevimiento de incorporar en una misma historia tantos subgéneros. Esta brillante comedia de terror, creada por Katie Dippold (1980, New Jersey), a la que se conoce por sus incursiones en la comedia pura como Parks and recreation (Prime Video, 2009-2015), y sobre todo por su tendencia a tratar el miedo a través del humor en películas como Cazafantasmas (Paul Feig, 2016) y Mansión encantada (Justin Simien, 2023), demuestra que se siente más segura en el formato de series. Porque La maldición de Widow's Bay (Apple tv, 2026) se va revelando conforme se desarrolla la historia como un inteligente homenaje a los subgéneros más reconocibles del amplio espectro del horror. En el primer episodio, ¡Te damos la bienvenida a Widow's Bay! (T1E1), el alcalde de una pequeña isla a 65 kilómetros de Nueva Inglaterra, Tom Loftis (Matthew Rhys), está decidido a borrar las huellas de las supersticiones que se han sembrado en torno a maldiciones que rodean a sus habitantes, aprovechando que recibe la visita de un periodista que parece haber encontrado cierto encanto en el único bar de la localidad, en sus casas de carácter costumbrista y hasta en la escasa cobertura de wifi. Para Tom Loftis, conseguir aparecer en una recomendación turística es una oportunidad que no se puede desaprovechar, pero algunos vecinos, y especialmente el excéntrico Wyck (Stephen Root, quien también tiene un papel destacado en la tercera temporada de la antología The terror (AMC+, 2018-)), parecen empeñados en recordar que Widow's Bay está rodeada de una maldición ancestral y que sería más que peligroso que recibiera visitas del exterior. Otra circunstancia misteriosa es que los habitantes nacidos en la zona no tienen posibilidades de sobrevivir fuera de la isla, frente a la incredulidad que demuestra Tom Loftis, un foráneo de Widow's Bay que llegó allí después de casarse con su mujer, ahora fallecida, con la que tuvo a su hijo Evan (Kingston Rumi Southwick). En la oficina del alcalde también encontramos a Patricia (Kate O'Flynn) y Dave (Jeff Hiller, de Somebody somewhere (HBO Max, 2022-2024), que tendrán sus momentos destacados a lo largo de la temporada, demostrando ambos sus capacidades cómicas. Sin embargo La maldición de Widow's Bay no es exactamente una comedia en el sentido de construir la historia como una parodia, aunque hay episodios muy divertidos como Qué esperar de tu viaje (T1E5), en el que un malentendido provoca un viaje psicotrópico, sino que consigue momentos verdaderamente aterradores, en buena parte gracias a los primeros episodios dirigidos por Hiro Murai, director conocido por Atlanta (Disney+, 2016-2022), como el episodio "mansión embrujada" titulado Alojamiento (T1E2), en el que Tom Loftis se encierra durante una noche en un hotel para demostrar que no hay fantasmas. Con un excelente dominio de la estructura narrativa episódica y un conocimiento bastante profundo de cómo funcionan los resortes del terror, Katie Dippold y sus guionistas evitan la parodia fácil para construir los momentos de tensión como herramientas para desarrollar a los personajes, pero desde una perspectiva serie, aunque provoquen risa. Aunque hubiéramos preferido que algunos personajes hubieran tenido más tiempo para conocerlos, el trío formado por Tom, Wyck y Patricia es conmovedor en su intento por entender por qué las maldiciones del pueblo se están exponiendo tan claramente.
El episodio Lecturas de playa (T1E4), dedicado a Patricia, está dirigido por Sam Donovan, que ha realizado también varios episodios de Separación (Apple tv, 2022-), y en él se pueden detectar esos planos sostenidos y esos leves zooms abiertos que contribuyen a resaltar la soledad que rodea al personaje, sobre todo cuando intenta organizar una fiesta con tanto empeño como pocos invitados, y se siembra un elemento importante que se desarrollará en el espléndido Tu equipaje (T1E8), dirigido por Andrew DeYoung, un especialista en comedias raritas como Nuestra bandera significa muerte (HBO Max, 2022-2023) y La empresa de las sillas (HBO Max, 2025-). No sabemos si La maldición de Widow's Bay será la próxima serie favorita de Stephen King, pero las referencias a su estilo son bastante claras, desde la niebla que se cierne sobre el pueblo hasta el aire a su primera novela, Carrie (1974, Ed. Random House), que tienen algunos episodios. La historia ofrece tantos cambios de tono, sin perder por ello la perspectiva general, que incluso funciona cuando hace referencia al pasado, en el episodio flashback Nuestra historia (T1E6), cuyos intérpretes no se pueden revelar por embargo de prensa, que está acertadamente asignado a Ti West, el director especialista en reinventar el género de terror clásico en su trilogía cinematográfica que comenzó con Pearl (2022). Desde el punto de vista técnico, la capacidad que tiene esta serie para provocar momentos de suspense también se sostiene en el uso de la oscuridad, uno de los más inquietantes que hemos visto desde Servant (Apple tv, 2019-2023). Pero la principal virtud de La maldición de Widow's Bay es que sus personajes no son especialmente bizarros ni extravagantes, sino que se enfrentan a las maldiciones, las apariciones de fantasmas o los psicópatas asesinos con la seriedad que el terror que provocan se merecen. Hay algún elemento más de parodia en la relación de Tom Loftis con un personaje concreto en Mareo (T1E7), un episodio que adopta los elementos de suspense de Tiburón (Steven Spielberg, 1975), pero en general la historia es seria aunque con situaciones que pueden provocar la sonrisa en el espectador. Y tiene la capacidad para ir derivando desde la referencia constante a los subgéneros del terror en cada episodio, a adentrarse progresivamente en el trasfondo de la maldición que rodea al pueblo, anclada en las injusticias del pasado, pero también en los propios miedos internos que no han conseguido superar los protagonistas. Hay que advertir que La maldición de Widow's Bay tiene vocación de continuidad, y el desenlace no invita, sino que exige una segunda temporada. Pero si consigue ser tan divertida y terrorífica como ésta, que sean dos o más.
Netflix, 7 de mayo
Reino Unido 2026 - 6x60'
Creada y escrita por Neil Forsyth
Dirigida por Brady Hood, Julian Holmes
El guionista Neil Forsyth (Escocia, 1978) ha desarrollado en siete años tres series que han definido sus intereses y el enfoque psicológico de sus personajes:
Guilt (BBC, 2019-2023) introducía a sus protagonistas en una pesadilla relacionada con el mundo de la mafia, y recientemente pudimos ver un interesante remake australiano con
Reckless (2025), mientras que
The Gold (Filmin, 2023-2025), estrenada este año en España, abordaba un caso real sobre un robo de lingotes de oro en los años ochenta, pero construyendo una reflexiva mirada hacia la corrupción en la explosión urbanística de Gran Bretaña durante el thatcherismo. Precisamente durante el rodaje de la segunda temporada de ésta última, Neil Forsyth escribió otros episodios pilotos, entre los que se encuentra
Leyendas (Netflix, 2026), la propuesta más ambiciosa de su carrera que quizás no encajó en los presupuestos de la cadena pública BBC que había producido sus anteriores guiones, y acabó siendo desarrollada por Netflix. Ambientada en los años noventa, y por tanto en medio de la agonía del thatcherismo que pretendía sobrevivir con iniciativas populistas como la "guerra contra las drogas", la historia también se inspira en hechos reales, pero esta vez teniendo como protagonistas a héroes anónimos que participaron en esa tarea complicada de tratar de frenar la expansión del narcotráfico en Gran Bretaña, principalmente a través del puerto de Liverpool. La iniciativa de formar un grupo de agentes de aduana que lleven a cabo un plan de infiltración en las dos principales redes delictivas que operan en Reino Unido proviene del agente Don Clarke, interpretado por Steve Coogan, a quien le viene bien un papel distinto de los intensos personajes reales a los que ha dado vida en otras miniseries recientes como
The reckoning (BBC, 2023) y
Brian y Maggie (BBC, 2025), que estrenó brevemente Movistar Plus+, o la película
Saipan (Lisa Barros D'Sa, Glenn Leyburn, 2025). Con el apoyo del Ministro del Interior (Alex Jennings) y del jefe de la investigación Angus Blake (Douglas Hodge), que le ofrecen respaldo a una operación encubierta pero sin apenas presupuesto y ningún reconocimiento oficial, organiza un peculiar reclutamiento de cuatro agentes que tendrán que asumir sus propias identidades falsas (leyendas) con la suficiente credibilidad como para dejar a un lado sus vidas personales. Guy Stanton (Tom Burke) es un lobo solitario que accede a infiltrarse como colaborador de una banda de narcotraficantes turcos que controlan el negocio en Londres, liderados por Hakan (Numan Acar) y su hijo Aziz (Kem Hassan), con la ayuda del ex-presidiario griego Mylonas (Gerald Kyd). En Liverpool, Kate (Hayley Squires), harta de dedicarse a perseguir a pervertidos que contrabandean pornografía, y el reflexivo Bailey (Aml Ameen), que se dedicaba a descubrir a evasores fiscales, trabajan en otra misión para conseguir pruebas de las actividades ilegales de la banda encabezada por Carter (Tom Hughes), quien aparentemente ha alcanzado un acuerdo con Hakan. Y finalmente Erin (Jasmine Blackborow) es una experta en análisis de datos que rastrea pistas y sirve como enlace en la oficina central entre los investigadores encubiertos y Don Clarke. En la superficie,
Leyendas sigue los parámetros de las producciones británicas en tono de thriller, pero tratándose de una historia escrita por Neil Forsyth, el interés no está en las escenas de acción o de suspense, que las hay, sino en la psicología de los personajes. Hay más tensión en la atmósfera que se respira y en la presión que ejerce progresivamente su trabajo como agentes encubiertos que en los momentos en los que están a punto de ser descubiertos o directamente son perseguidos. En el caso de Guy, que surge como el personaje más protagonista, su leyenda se convierte en un peso difícil de soportar cuando traspasa a su vida familiar, sobre todo a su esposa Sophie (Charlotte Ritchie), que entiende el trabajo de investigación porque ella también es agente de aduanas, pero que se siente directamente afectada por las actividades de su marido.
Aunque se inspira en hechos reales, se cita en los créditos como fuente principal el libro
El traidor: Cómo una unidad encubierta se infiltró en el tráfico mundial de drogas (2022), no publicado en España, en el que el verdadero ex-funcionario de aduanas Guy Stanton, ahora investigador privado, contaba junto al co-autor Peter Walsh su experiencia dentro de esta operación en la que estuvo once años.
Leyendas no es una serie trepidante, y seguramente es menos apasionante que los entresijos entre ladrones e investigadores que se contaba en
The gold, pero sabe mantener la tensión en episodios destacables como
Reyes viejos (T1E5), que se desarrolla en Afganistán (en realidad, Marruecos). Aunque en este caso la trama se centra en el equipo de agentes de aduana reconvertidos en agentes encubiertos, para reconocerles como héroes anónimos en los que nadie creía: "
¿Cuándo decidió Aduanas que podía conquistar el puto mundo?", pregunta el policía corrupto Arthur Goodwin (Con O'Neill). Neil Forsyth encuentra espacio incluso para desarrollar también la idea de la identidad en personajes de las dos bandas de narcotraficantes que se disputan el control de la venta de estupefacientes: "
Cuanto más vives aquí, más turco te vuelves", le dice Aziz a su padre Hakan en el episodio
La guerra contra las drogas (T1E4). Mientras en el bando liderado por Carter, el secuaz Eddie McKee (Johnny Harris) también está rodeado de circunstancias personales que introducen elementos más complejos en su propia moralidad, especialmente tras un acontecimiento ocurrido en
Esto es Liverpool (T1E3).
Leyendas encuentra el equilibrio entre la acción medida y el perfil psicológico de los personajes, haciendo especial hincapié en la dificultad de los agentes en controlar sus identidades falsas mientras mantienen una coherencia con sus propias vidas personales, lo que está especialmente desarrollado en el personaje de Guy, mientras el responsable de la operación, Don Clarke, ofrece dosis de su pragmatismo: "
Lo hacemos asumiendo todos los peligros que conlleva. Y si morimos en el intento, nadie sabrá jamás que lo hicimos". Como
The gold, con la que esta serie comparte un ADN similar,
Leyendas también mezcla referencias a acontecimientos reales, como el discurso que ofreció Margaret Thatcher en 1990 declarando la guerra contra las drogas o la muerte por sobredosis en 1986 de Olivia Channon, hija del Secretario de Comercio e Industria, que fue un acicate para que el gobierno se tomara en serio el asunto. En la serie, la sobredosis de una estudiante en Oxford, hija de un ministro, se contrapone con la muerte por sobredosis de un joven en Liverpool, ese tipo de muertes que pasaban desapercibidas. Neil Forsyth despliega maneras sutiles de hacer referencia a la diferencia de tratamiento de las víctimas según su clase social, pero también introduce el tipo de humor irónico que vimos en series como
Guilt. Podría decirse que
Leyendas ha conseguido traspasar la frontera del éxito internacional dentro del entorno de Netflix, incluso más que otro de sus estrenos británicos relevantes de este mes, la muy publicitada
El señor de las moscas (Movistar Plus+, 2026), que la plataforma norteamericana adquirió para su distribución en algunos mercados.
SkyShowtime, 7 de mayo-4 de junio
Reino Unido 2026 - 6x45'
Escrita por Matt Charman
Dirigida por Otto Bathurst, Pia Strietmann
Canneseries '26: Fuera de competición
Los seguidores de la producción británica de series conocen la tendencia del canal Sky por las historias de acción, hasta el punto que la premisa principal de esta que nos ocupa se asemeja básicamente a la de otra producción: Atomic (SkyShowtime, 2025): dos personajes que tienen un opuesto sentido de la justicia, pero están obligados a permanecer juntos debido a una misión o, en este caso, una persecución. En otras series recientes como Chacal (SkyShowtime, 2024-) o la más incomprendida The Iris affair (SkyShowtime, 2025-) se ha abundado en ese tono de acción con matices un poco absurdos y resultados más o menos satisfactorios. La última en unirse a esta línea de producción es Prisoner (SkyShowtime, 2026), que pasó por la programación de Canneseries fuera de concurso. Creada por Matt Charman, al que se le conocen thrillers irregulares como Traición (Netflix, 2022) y Rehén (Netflix, 2025), pero también guionista de El puente de los espías (Steven Spielberg, 2015), esta historia sigue la premisa de dos personajes que se ven obligados a huir sin poder separarse, esta vez de forma literal, porque están esposados el uno al otro. La oficial de transporte penitenciario Amber Todd (Izuka Hoyle) se encuentra metida en una persecución en la que no sabe en quién confiar cuando la furgoneta en la que transportaba a Tibor Stone (Tahar Rahim) es atacada en su camino hacia el juicio que se celebra contra Harrison Dempsey (Brian F. O'Byrne), un empresario benefactor de la organización criminal Pegasus. Tibor es un asesino que ha estado implicado en unos cincuenta asesinatos, pero cuya única salida es testificar contra la organización criminal, después de haber sido capturado por la Unidad Nacional contra el Crimen, liderada por Josephine Campbell (Catherine McCormack) y el director de operaciones Alex Tebbit (Eddie Marsan). El principal problema es que están siendo perseguidos por Nina Drâgus (Leonie Benesch), una asesina sin escrúpulos que ahora es la principal responsable de la organización criminal, y que ha sido entrenada durante años por Tibor. Conseguir que no pueda llegar vivo como testigo no es solo una manera de afianzar su liderazgo en Pegasus, sino también una forma de eliminar a su mayor rival al frente de la organización. Tras una espectacular escena de acción que se desarrolla dentro de un túnel, Prisoner acelera hasta desarrollarse como una trepidante historia de acción en la que los dos protagonistas ni siquiera pueden confiar en las auténticas intenciones de la Unidad Nacional contra el Crimen, pero tampoco en las intenciones ocultas de cada uno. Si todo esto puede parecer tópico es porque, efectivamente lo es, pero el trabajo de dirección de Otto Bathurst y Pia Strietmann, que se reparten los seis episodios, aporta la suficiente dosis de dinamismo y acción como para que resulte entretenida todo el tiempo. También es algo superficial en el retrato de los personajes, aunque en el caso de Amber se construye a su alrededor una familia (su marido y su bebé) que intenta aportar cierto trasfondo emocional. Pero en producciones como ésta, donde incluso se pueden perdonar algunas situaciones absurdas y poco realistas, el factor psicológico es menos importante que mantener un ritmo constante.
Prisoner es lo suficientemente honesta como para no pretender ser nada más que una producción de entretenimiento que ofrece algunos apuntes sobre la corrupción en las más altas esferas de la sociedad y la seguridad, que ya hemos visto muchas veces. Pero establece bien la relación principal entre Amber y Tibor, en la que ella toma una decisión a partir del Episodio 4 (T1E4) que cambia la dinámica de la posición que adoptan ambos. Con una estética que el director Otto Bathurst, responsable de los tres primeros episodios, afirma que está inspirada en el paisaje industrial de Gales, lo que se denomina como el Rust Belt (Cinturón del Acero), localizada en lugares como Port Talbot y Newport, el tono de la puesta en escena refuerza la presencia de calles mojadas, colores saturados y un cierto tono de novela gráfica. También hay una cierta complejidad moral en los personajes, pero algunos como el marido de la protagonista, Olly Hatton (Finn Bennett), se sienten como un mero dispositivo para reforzar la tensión en torno al personaje de Amber y las repercusiones de su decisión de responsabilizarse ella misma de llevar a Tibor hasta los juzgados. Prisoner funciona mejor desde el punto de vista visual y de ritmo de un tradicional thriller de acción que desde la perspectiva de un guión que a veces se siente débil en la descripción de los personajes. Pero resulta interesante que sea a partir del Episodio 4 (T1E4) en el que Amber adopta una actitud mucho más activa en la toma de decisiones, cuando la dirección acabe en manos de la realizadora alemana Pia Streitmann, responsable de series como Herrhausen: El banquero y la bomba (Filmin, 2025), reforzando el hecho de que la historia adopta a partir de entonces una mayor perspectiva femenina, pero sin ralentizar en ningún momento el ritmo que tenían los primeros episodios.
XTRM, 8 de mayo
Australia 2023 - 6x30'
Creada por Kick Gurry
Dirigida por Kick Gurry
Denver SeriesFest '24: Spotlight International
Premios Logie '24: Nominado Actor de comedia (Lincoln Younes)
Parece que este mes AMC Channels ha querido reforzar su canal XTRM, más enfocado en las producciones de acción, con dos estrenos destacados. El primero es una miniserie australiana de la que hablamos en nuestra crónica del Denver SeriesFest '24, en el que se presentó dentro de la sección de estrenos internacionales, que a pesar de sus ambiciones y su sorprendente reparto de estrellas de cine en personajes secundarios, no ha tenido continuidad. Pero aunque solo sea por ver a Sean Penn bailando al ritmo de "Macarena" de Los del Río, esta comedia bélica merece nuestra atención. Creada por el actor Kick Gurry (1978, Australia), que también interpreta uno de los personajes principales, C*A*P*T*U*R*A*D*O*S (XTRM, 2023) tiene como protagonistas a cuatro soldados australianos que son enviados a una misión de rescate de dos prisioneros norteamericanos en el ficticio país de Behati-Prinsloo, devastado por la guerra, pero acaban siendo igualmente atrapados por un grupo revolucionario. Rowdy Gaines (Ben O’Toole), Albhanis Mouawad (Lincoln Younes), Phil Choi (Alexander England) y Dylan Fox (Kick Gurry) protagonizan un video en el que piden un rescate que se vuelve viral, pero en realidad se trata de una grabación fingida porque ellos se sienten más importantes como rehenes que como héroes. En este sentido el comienzo de esta comedia satírica y el tratamiento de los terroristas recuerda a la serie francesa Bajo control (Filmin, 2023), solo que en este caso se recalca desde el episodio Todo el mundo ama a los australianos (T1E1) que ellos le caen bien incluso a los secuestradores. De hecho, el grupo de soldados son atrapados porque les confunden con militares norteamericanos, pero cuando los secuestradores descubren que son australianos no saben qué hacer con ellos: "Somos igual que Cocodrilo Dundee. O Cate Blanchett. O Mel Gibson... pero el de antes", dice Rowdy. Tomando como referencia más evidente las clásicas comedias bélicas de la televisión como M*A*S*H (CBS, 1972-1985), cuya influencia está clara desde el diseño del título, pero también otras conocidas como Los héroes de Hogan (CBS, 1965-1971) o la más desconocida Gomer Pyle, U.S.M.C. (CBS, 1964-1969), el sentido del humor que aporta la escritura de Kick Gurry es bastante absurdo, a veces un poco tonto y con una extraña fijación por el tamaño de los penes; de hecho, es la filtración de una fotopolla del Ministro de Defensa australiano la que provoca un conflicto geopolítico. Podríamos decir que C*A*P*T*U*R*A*D*O*S es el tipo de series que pueden provocar tantos comentarios positivos, si se entra en su tipo de comedia simplona, como reacciones negativas.
Pero la historia tiene, a pesar de sus evidentes altibajos, algunos momentos divertidos, especialmente a través de los flashbacks en los que se cuentan en cada episodio las historias personales de los protagonistas, con un especialmente acertado Ben O'Toole, que posteriormente sería uno de los protagonistas de la exitosa y premiada miniserie Chico come Universo (Netflix, 2024). También tiene el aliciente de contar con un reparto de personajes secundarios que están protagonizados por algunas de las estrellas del cine australiano, como Travis Fimmel y Bryan Brown, el excelente actor que no ha estado ausente de las pantallas sino que se ha centrado en las producciones de su país, y algunos nombres del cine y la televisión de Hollywood como Matthew Fox, ahora recuperado en The Madison (SkyShowtime, 2026-), Susan Sarandon o Sean Penn, todos entregados con soltura a la parodia. Este último, que también ejerce como productor ejecutivo, se interpreta a sí mismo como un actor comprometido, una referencia a su intervención en los primeros momentos de la guerra de Ucrania, cuando visitó el país para participar en el documental War through the eyes of animals (Sviatoslav Kostiuk, Andriy Lidagovskiy, 2024), e incluso recientemente durante su ausencia en la ceremonia de los Oscar por encontrarse de visita en Kiev. En este caso, Sean Penn (Sean Penn) decide acudir al rescate de los prisioneros, proponiéndose a los secuestradores para un intercambio, y pronuncia la mejor frase de la serie: "Si piensan que me dan miedo los terroristas, yo he estado casado con Madonna". La comedia funciona bien a través de su tono satírico en torno a la obsesión por la fama, pero también se introducen referencias a las políticas intervencionistas de Estados Unidos, y eso que se trata de una producción de 2023. C*A*P*T*U*R*A*D*O*S, sin embargo, se vio en su momento perjudicada precisamente por la misma realidad que parodia. Cuando la distribuidora internacional Fremantle tenía previsto presentarla en octubre de 2023 en el Mipcom, el mayor mercado de contenidos audiovisuales que se celebra en Cannes, se produjo el atentado terrorista de Hamás contra Israel que ha desatado todos los acontecimientos que hemos vivido en los últimos tres años, con el genocidio de Gaza como consecuencia principal. Al tratarse de una parodia sobre soldados secuestrados, Fremantle consideró que podía herir sensibilidades y decidió retirar la serie de las ventas internacionales, y el estreno en Australia y Reino Unido se pospuso desde el otoño de 2023 hasta el mes de junio de 2024, con una recepción poco positiva.
El caso de Laura Stern ★★★★★ Filmin, 12 de mayo
Francia 2025 - 4x52'
Creada por Frédéric Krivine, Marie Kremer
Dirigida por Akim Isker
Festival de la Fiction '25: Mejor Serie 52' - Drama
Festival CreaTVty '25: Mejor Serie, Mejor Interpretación
En abril de 2025 la cantante Suzane publicaba la canción "Je t'accusse", incluido en su álbum Millénium (2025, Projet.S), en la que hacía referencia por primera vez a su condición de superviviente de una violación: "Soy una de esas jóvenes que tuvieron que construirse a partir de una agresión sexual, o mejor dicho, de una violación", decía en una entrevista, refiriéndose a un ataque sufrido antes de convertirse en artista. Pero la acusación que hace en este tema no solo está dirigida hacia los agresores y violadores, sino también hacia un sistema judicial que claramente está fallando como recurso de amparo a las víctimas de estas agresiones. Si bien las denuncias se han disparado, el número de condenas sigue siendo extremadamente bajo en Francia, y el 94% de los casos de violación fueron desestimados en 2021, como advirtió una coalición de organizaciones feministas en 2024. El videoclip de la canción contaba con la participación de mujeres que han denunciado recientemente a sus agresores, como la actriz Charlotte Arnould, quien acusó a Gérard Depardieu de violación; la actriz Muriel Robin, que también en 2025 habló del intento de violación sufrido cuando tenía 10 años; la artista Miranda Starcevic, quien presentó una denuncia (cerrada sin más trámite) contra el rapero Lomepal; y Caroline Darian, hija de Gisèle Pelicot, que se ha convertido en todo un símbolo de las agresiones contra las mujeres en Francia. Que sea esta canción la que enmarque el principio y el final de esta dura crónica que se cuenta en El caso de Laura Stern (Filmin, 2025) tiene por tanto un significado de denuncia que se refleja en las víctimas mirando hacia la cámara en actitud acusatoria. La serie, sin embargo, no adapta una historia real concreta, sino que se basa en muchas historias terribles de maltrato y feminicidio para construir una ficción escrita por Frédéric Krivine, creador del drama bélico Una aldea francesa (France 3, 2009-2017) y de la antología Soldados (Sundance TV, 2023), y la actriz belga Marie Kremer, que interpretó un personaje regular en Una aldea francesa. La protagonista es una farmacéutica llamada Laura (Valérie Bonneton), que está concienciada con la violencia de género y organiza encuentros entre algunas víctimas a través de una pequeña asociación que se reúne en el mismo negocio para compartir sus experiencias. La historia comienza con un impactante momento que deja una profunda huella en Laura, una mujer que se siente impotente ante el peligro que sufren las mujeres a las que ayuda, y que, como describe un psiquiatra posteriormente, "es como una esponja que ha ido absorbiendo la violencia que experimentan otras mujeres".
Cuando Laura conoce el caso de Camille (Pauline Parigot), una joven que sufre continuamente maltrato emocional y psicológico por parte de su marido, cuyas consecuencias parecen conducir a un desenlace probablemente fatal, toma la decisión de responder a la violencia masculina con otro tipo de violencia, y acaba con la vida del agresor suministrándole una solución venenosa que le provoca un infarto. Laura se convierte así en una especie de vengadora de las víctimas de agresiones masculinas, pero surge la duda sobre si sus acciones están justificadas porque evitan un probable feminicidio o simplemente se trata de una asesina que tiene que ser juzgada como tal. Otra de las mujeres que acuden en su ayuda es Aminata (Catherine Ama), que ha denunciado a su marido por violación, pero finalmente ha retirado la demanda por temor a que las represalias sean peores que una protección que llegue demasiado tarde. A través de este caso extremo en el que una mujer decide asumir el papel de protectora convirtiéndose en asesina,
El caso de Laura Stern presenta una reflexión provocativa sobre las debilidades de un sistema que se perfila como ineficaz para cumplir su función de defensa frente a las agresiones. En este sentido también hemos hablado recientemente de la docuserie
A woman is killed. (VRT, 2026), que reflejaba cuatro casos de feminicidios producidos en Bélgica reflexionando sobre si hubiera sido posible prevenirlos. Al comienzo del primer episodio, Audrey (Eva Huault), una de las jóvenes que acuden a las reuniones de la asociación, comprueba con terror que su pareja agresora (Darren Muselet) le está esperando fuera de la farmacia. Cuando llaman a la policía, ésta les advierte que si no ha habido una agresión no pueden acudir de forma urgente, mostrando la contradicción de una protección que no se manifiesta ante la amenaza, sino después de haberse producido el acto violento. Rodear a la protagonista de un entorno familiar estable, y de unos personajes masculinos muy diferentes de las parejas de las víctimas permite que el retrato no parezca un estereotipo que condena a todos los hombres, pero sí muestra que la mirada masculina (del marido, del abogado, del fiscal o del juez) de alguna manera filtra con otra perspectiva la gravedad de los hechos. Una inmensa Valérie Bonneton, que expresa con silencios el infierno interior que experimenta su personaje, sosteniendo en primeros planos poderosos las dudas sobre sus acciones, transmite una emoción profunda y soporta la ambigüedad de su personaje. La miniserie de cuatro episodios se estructura en dos partes, que dejan los dos últimos para el proceso judicial al que se enfrenta Laura Stern, quizás más convencional y más explicativo narrativamente, pero igualmente rotundo en la conmovedora descripción de unas víctimas que se enfrentan a la perplejidad de sentir que su salvación solo se ha producido con la muerte de sus agresores. En Francia, el colectivo femenino Nous Toutes dedica un muro en su página web a homenajear a las mujeres que han sufrido feminicidios que representan la violencia machista: 43 muertes violentas en lo que llevamos de 2026.
El caso de Laura Stern es una serie poderosa en su mensaje y dura emocionalmente en el desarrollo de su historia.
Movistar Plus+, 14 de mayo
Reino Unido 2026 - 4x60'
Escrita por Debbie O'Malley
Dirigida por Lee Haven Jones
Hay algunos estrenos que parecen particularmente inoportunos y el pasado febrero en Reino Unido no fue el momento más adecuado para presentar una historia que involucra a Sarah Ferguson, aunque no esté centrada en ella, precisamente cuando las miradas estaban puestas en su estrecha relación con el pederasta Jeffrey Epstein, con el que siguió teniendo contacto incluso después de su condena, lo que ha desembocado en el cierre de su entidad benéfica Sarah's Trust. Tanto, que la actriz que la interpreta en esta miniserie true crime, Natalie Dormer, decidió no realizar ninguna promoción y donar su sueldo a organizaciones benéficas que luchan contra el abuso sexual infantil. Pero The Lady (Movistar Plus+, 2026) tampoco es la historia de la ex esposa del ex príncipe Andrés, sino que su presencia resulta tangencial (ni siquiera está representado su marido) en una historia protagonizada por su asistente Jane Andrews (Mia McKenna-Bruce, protagonista en Agatha Christie: Las siete esferas (Netflix, 2026)), quien acabó siendo juzgada por el asesinato de su amante, lo que no es un espóiler porque la serie comienza en septiembre de 2000, cuando la policía acaba de llegar a la escena del crimen, investigada por el circunspecto inspector Jim Dickie (Philip Glenister), mientras la novia de la víctima, Jane Andrews, parece haber huido. A partir de aquí, la estructura narrativa mezcla el presente de principios de los dos mil con el pasado en el que la joven protagonista mira fascinada en el televisor la retransmisión de la boda entre Lady Diana y el ahora rey Carlos en 1981. Con ciertos aires de grandeza, Jane sueña con tener acceso a ese mundo de lujo y de princesas desde una tienda de Marks & Spencer en la pequeña localidad de Grimsby, mientras busca en los anuncios de los periódicos las ofertas de empleo, donde encuentra uno para trabajar como asistente personal de vestuario, pero sin más detalles. Al cabo de un tiempo recibe una carta del Palacio de Buckingham invitándola a participar en la entrevista para el puesto que se había anunciado, ante la sorpresa de toda su familia. Así que Jane se dirige hasta Londres donde tiene la fortuna de encontrarse en persona con Sarah Ferguson (Natalie Dormer), hacer un comentario atinado sobre su ropa y establecer una especie de vínculo especial con ella. Jane Andrews acabará siendo la asesora de vestuario de la Duquesa de York, y la serie sugiere que gracias a ella abandonó sus vestidos de señora aburrida y encontró un estilo personal con vestidos de colores alegres y hasta aflamencados. El retrato que se ofrece de Sarah Ferguson es el de una mujer esnob, bastante alegre pero al mismo tiempo atormentada por sus relaciones personales, pero manteniendo cierta distancia con sus empleadas a pesar de que Jane piensa que tiene una relación más cercana a la amistad de lo que realmente es. Jane se adapta bien al entorno de palacio, aunque muchos de los trabajadores se burlan de ella por su acento, y acaba convirtiéndose en un clon de Sarah Ferguson, vistiendo la misma ropa cuando acude a fiestas. Primero mantiene una relación sentimental con el empresario Luis Castillo (Sean Teale), que se tuerce después de un viaje a Grecia al que ella se apunta sin haber sido invitada, y que acabará provocando el distanciamiento con Sarah Ferguson. Y más tarde conoce a Thomas Cressman (Ed Speleers), con el que mantiene una relación marcada por los celos, que desemboca en un crimen.
Anunciada como una producción de los responsables de The Crown (Netflix, 2016-2023), que se rumorea que Netflix podría estar interesada en continuar para abordar el escándalo de Andrew Mountbatten-Windsor, escrita por Debbie O'Malley, guionista de algunos episodios de Todas las criaturas grandes y pequeñas (Filmin, 2020-) y dirigida por el siempre solvente Lee Haven Jones, quien dirigió hace un año una historia con ciertas similitudes, El caso de Ruth Ellis (Filmin, 2025), sobre una mujer que asesinó a su amante y fue condenada a pena de muerte, hay suficiente talento en esta serie como para abordar la trama desde una perspectiva psicológica. De alguna manera, se plantea que no estamos simplemente ante un asesinato por despecho, después del descubrimiento de algunas relaciones turbias de Thomas Cressman, sino que hay un trasfondo de enfermedad mental y de impulsos suicidas. Aparece una silueta de Lady Di en el entorno de una puerta y Jane se entrega con pasión a unas relaciones sentimentales que no le corresponden como ella pretende, igual que aspira a ser algo más cercano a una amistad que una simple asistenta para Sarah Ferguson, como una constante consecución de decepciones personales que van produciendo mella en el equilibrio mental de la protagonista. A pesar de este intento de aportar complejidad al personaje, y del buen trabajo de la actriz Mia McKenna-Bruce, tan aparentemente vulnerable pero al mismo tiempo tan segura de sí misma, The Lady nunca termina de ir más allá de un true crime convencional, y se detiene tanto tiempo en sus relaciones sentimentales, las esperas, las discusiones y los desplantes que acaba resultando repetitiva. Hay, no obstante, una interesante representación de las diferencias sociales, en la manera en que la protagonista nunca termina de encajar en el entorno social al que aspira pertenecer, o en la forma en que quienes pertenecen a otro estatus superior solo le permitirán saborear un sorbo del lujo y los privilegios, pero nunca disfrutar plenamente de ellos. Pero esto ya nos lo ha contado mucho mejor El talento de Mr. Ripley (Anthony Minghella, 1999). Cuando se desarrolla el juicio contra Jane Andrews, en el cuarto episodio, la historia adquiere un tono sensacionalista al centrarse en el testimonio de ella, en el que afirmó que había sufrido maltrato y violaciones por parte de Thomas Cressman, dejando una incertidumbre sobre la posibilidad de que sus afirmaciones tuvieran visos de realidad. Se agradece que el retrato de Jane Andrews no se limite al de una arribista desequilibrada, pero al final tampoco tiene los suficientes elementos como para considerarla un personaje trágico.
HBO Max, 14 de mayo
Reino Unido 2026 - 4x60'
Escrita por Stephen Butchard
Dirigida por Philippa Lowthorpe
Séries Mania '26: Panorama Internacional
Algunas historias reales de trascendencia en Reino Unido han pasado más desapercibidas en el ámbito internacional, y seguramente es el caso de la detención en 2016 de Nazanin Zaghari-Ratcliffe, una mujer con doble nacionalidad iraní y británica, que acabó siendo utilizada como rehén por parte de Irán para exigir el pago de una deuda histórica que tenía Gran Bretaña con ellos. Acusada falsamente de cargos relacionados con espionaje y conspiración para derrocar al régimen iraní, pasó un calvario de varios años cuando la detuvieron en el aeropuerto de Teherán en el mes de abril, durante un viaje en el que pretendía visitar a sus padres junto a su hija pequeña. La historia será contada por sus protagonistas, Nazanin Zaghari-Ratcliffe y su marido Richard Ratcliffe en un libro titulado
A yard of sky (2026) que en principio se había anunciado para su publicación en octubre de 2023, pero se publicará el 21 de mayo. El proyecto, que incorpora algunas de las repercusiones que tuvo en el caso la inacción del gobierno británico, se ha desarrollado en secreto bajo el título provisional
Love story hasta que hace unos meses BBC anunció los nombres de sus protagonistas: la actriz Narges Rashidi, protagonista del episodio más sorprendente de la última temporada de la serie
Gangs of London (SkyShowtime, 2020-) y el reconocido actor Joseph Fiennes. Lo más terrible que revela esta adaptación es que el caso de Nazanin no es un hecho aislado, sino que es una práctica habitual por parte de la Guardia Revolucionaria iraní, que utiliza la detención ilegal de ciudadanos que viven en el extranjero para realizar exigencias a los países en los que se han asentado, como también se revelaba en la interesante docuserie belga
The deal with Iran (VRT, 2025), premiada en Canneseries. El guionista Stephen Butchard, que el año pasado estrenó la excelente
Los amos de la ciudad (Movistar Plus+, 2025), viene trabajando en el proyecto desde que Nazanin aún era prisionera, principalmente en colaboración con el marido de ella, y ha necesitado tres años de producción incluso después de la liberación de la protagonista. En 2016, durante uno de sus viajes a Irán, Nazanin (Narges Rashidi) es detenida en el aeropuerto de Teherán (todas las escenas que transcurren en Irán se rodaron en Grecia) y sometida a un juicio secreto en el que es condenada a cinco años de cárcel por espionaje, sin ninguna prueba en su contra. Mientras su marido Richard Ratcliffe (Joseph Fiennes) trata de conseguir que el Foreign Office reclame la liberación de Nazanin, poco a poco se revela que la detención puede estar relacionada con la reclamación de Irán de una deuda de 400 millones de libras por la compra de unos tanques a Gran Bretaña en los años setenta, que el gobierno británico nunca entregó. La justicia internacional dio la razón a Irán, pero no recibió el pago hasta el mismo día en que Nazanin y otro prisionero fueron puestos en libertad, aunque el gobierno de Gran Bretaña sigue negando hoy en día que la liberación de estos ciudadanos estuvieran relacionadas.
Presa 951 (HBO Max, 2025), una producción de BBC que estrena la plataforma de Warner Bros. con escasa promoción, es ese tipo de historias que provocan más indignación conforme se desarrollan, sobre todo por la incapacidad de los sucesivos responsables de la Oficina de Exteriores, no solo para resolver el problema de un ciudadano británico detenido ilegalmente, sino por sus intentos de mantener a Richard Ratcliffe fuera del escrutinio público. Quien sale peor parado es Boris Johnson, quien fue Ministro de Relaciones Exteriores y posteriormente Primer Ministro, pronunciando una frase en el Parlamento sobre las actividades de Nazanin que pudo haberla puesto en peligro.
La excusa de la Guardia Revolucionaria iraní era el trabajo de Nazanin como directora de proyectos en la Fundación Thomson Reuters, que no estaba directamente relacionada con la agencia de noticias Reuters. Pero fue una excusa para acusarla de conspiración contra el régimen iraní y condenarla a cinco años de cárcel. Presa 951 cuenta la historia usando una estructura sencilla que se enfoca en los dos puntos de vista principales: la experiencia de Nazanin tras su detención, una aventura kafkiana en la que estuvo muchos meses en aislamiento sin saber de qué se la acusaba y posteriormente enviada a la Prisión de Evin en Teherán, donde encontró la solidaridad de sus compañeras de cárcel, entre ellas Narges Mohammadi (Melika Foroutan), activista a favor de los derechos de las mujeres iraníes que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2023, y a la que esta misma semana ha sido concedida una suspensión de su condena para ser trasladada a un hospital de Teherán. El otro foco está en Richard Ratcliffe y su campaña pública para dar a conocer la situación de su esposa, al mismo tiempo que las autoridades británicas le recomendaban que mantuviera un perfil bajo para no entorpecer las negociaciones. Cada episodio se desarrolla en diferentes momentos: los acontecimientos que rodearon a la detención de Nazanin, los días posteriores con la celebración del juicio y la condena, meses después en la prisión de Evin y en el último episodio las repercusiones de la pandemia del Covid, que provocó la liberación de 10.000 prisioneros de las cárceles iraníes, mientras la condena de Nazanin era conmutada por arresto domiciliario en casa de sus padres. La única figura que se evita representar con un actor es la de Boris Johnson, del que incluso se introduce un comentario jocoso por parte de una de las prisioneras cuando aparece en televisión. Esto refuerza el patetismo de su ineptitud como político, mientras el rostro de la última Secretaria de Estado para las Relaciones Exteriores de los cinco que pasaron por el cargo, Liz Truss (Vivienne Gibbs), refleja una incapacidad casi infantil cuando Richard Ratcliffe le tiene que recordar que "mi esposa no es una prisionera, es una ciudadana británica que está siendo usada como una moneda de cambio". La serie subraya los continuos cambios políticos en Gran Bretaña para mostrarlo como un país incapaz de enfrentarse a problemas internacionales dada su inestabilidad. La directora Philippa Lowthorpe, que ya trabajó con Stephen Butchard en la miniserie Five daughters (BBC, 2011), se apoya en planos fijos durante las comparecencias de Nazanin ante la justicia iraní, para reflejar el estatismo autoritario, mientras toma influencias de thrillers de los setenta como El último testigo (Alan J. Pakula, 1974). Pero sobre todo construye un relato sobrecogedor de una madre a la que privan el derecho de estar con su hija Gabriella (Mana Sayyah y Ava Rose) durante seis años, mientras la propia niña es objeto de negociación entre las autoridades británicas e iraníes para que regrese a Gran Bretaña con su padre. Presa 951 se encuentra entre las miniseries de denuncia más relevantes de los últimos años, una historia que refleja la incapacidad de un país para afrontar la defensa de uno de sus ciudadanos.
Se tiene que morir mucha gente ★★★★☆ Movistar Plus+, 21 de mayo
España 2026 - 6x30'
Creada por Victoria Martín sobre su novela
Dirigida por Sandra Romero, Victoria Martín & Nacho Pardo
Canneseries '26: Competición Internacional
La comediante y guionista Victoria Martín (1989, Madrid), una de las componentes del exitoso pódcast Estirando el chicle, consiguió también convertir en best-seller su primer libro, Se tiene que morir mucha gente (2023, Ed. Plaza&Janés), que se volverá a editar en junio con un prólogo añadido de la escritora, concebido originariamente como el guión de una serie que, según ella ha comentado, nadie quiso producir. Así que decidió convertirlo en literatura con gran éxito, regresando ahora al concepto original con el que fue creada la historia. Por eso es lógico que la estructura narrativa funcione perfectamente para el formato audiovisual, apoyándose en una historia que habla sobre mujeres cansadas de aspirar a futuros que no terminan de encajar consigo mismas. Bárbara (Anna Castillo) es una especie de alter ego de la propia Victoria Martín, el personaje principal desde el que está contada la historia, no solo desde su punto de vista sino también de su conciencia, la representación de ella misma como una Bárbara joven (Sofía Otero) que la acompaña constantemente y le reprocha la mayor parte de sus decisiones. Enganchada a los ansiolíticos, comparte piso con su amiga de la infancia Maca (Laura Weissmahr), quien también se enfrenta a sus propias frustraciones, con la aspiración de ser actriz en pausa mientras se gana la vida como camarera. Ambas deciden ir a una de esas fiestas que solo se le ocurre organizar a los pijos, denominada gender reveal party (fiesta de revelación de género), porque la embarazada es Elena (Macarena García), quien se ha casado con un empresario que le dobla la edad (Ramón Rados) y ahora vive rodeada de lujo. Pero la fiesta no termina demasiado bien cuando Elena, motivada por la presencia de sus dos amigas de la infancia, toma la decisión de abandonar a su marido e irse a vivir con Bárbara y Maca, lo que tampoco les hace demasiada gracia. Este trío de mujeres que se retroalimentan de sus propias insatisfacciones puede recordar a Valeria (Netflix, 2020-2025), otra adaptación literaria, pero lo que en aquella era un tipo de romanticismo cursi y un sentido del humor simplón, en la propuesta que hace Se tiene que morir mucha gente (Movistar Plus+, 2026) se convierte en una mordacidad que está marcada por el particular sentido del humor de Victoria Martín, muchas veces calificado como demasiado ordinario, pero que refleja a una generación de mujeres millennial que se enfrentan a los desafíos de una sociedad en la que no siempre sienten que encajan. En la serie, resulta menos convincente la subtrama que se desarrolla en la redacción del late night Menudo lío, presentado por Juancho Pardo (Oscar de la Fuente), donde trabaja Bárbara como guionista. Un programa de éxito que comienza a dar señales de cansancio y que ha ido perdiendo audiencia y recibiendo malas críticas, lo que provoca el mal humor de su presentador que afecta a su forma de tratar a los guionistas. Podrían verse algunas referencias al tono machista de programas como El Hormiguero y su presentador Pablo Motos, pero el retrato del mundo de la televisión resulta demasiado simplista.
En la serie también aparece Fabiola (Alba Galocha), una influencer con una línea de joyas sostenible que acabará siendo la pareja de Maca, pero ocupa un lugar más secundario que en la novela, demasiado evidente como dispositivo de guión para que se produzca un distanciamiento con Bárbara. Lo que, por otro lado, conduce a uno de los mejores episodios de la temporada, el Episodio 5 (T1E5), que desarrolla la relación de ésta con Elena. Comenzando con un flashback bastante divertido a la infancia de las amigas, se desarrolla en parte mientras ambas se dirigen a visitar a Mamen (Imma Sancho), la madre de Bárbara, que ha organizado en su casa de campo una especie de centro de yoga para mujeres, y que es la única que reconoce la frustración de su hija: "Siento mucho decírtelo, pero tampoco eres tan especial. A ti te pasa lo que nos pasa a todos, no tener las cosas claras, no saber qué hacer. Yo creo que eso es la vida. Y si no te gusta, pues te jodes". En ese aspecto, Se tiene que morir mucha gente es reconocible como un retrato bastante ácido de tres mujeres adultas que se enfrentan a los vaivenes de la vida, apoyándose en un reparto que brilla entre Anna Castillo y Macarena García, quienes vuelven a reunirse después de La llamada (Javier Ambrossi, Javier Calvo, 2017) y, sobre todo, una estupenda y malhablada Sofía Otero, la joven protagonista de 20.000 especies de abejas (Estibaliz Urresola Solaguren, 2023). Una parte de la eficacia de la comedia está en la destacada dirección de Sandra Romero Acevedo (1993, Sevilla), nominada al Goya por la película Por donde pasa el silencio (2024), y que ya había realizado una incursión en el formato de series con algunos episodios de Los años nuevos (Movistar Plus+, 2024), demostrando su capacidad para acercarse a los personajes y tomando decisiones acertadas como la práctica ausencia de música, excepto la repetida utilización de un fragmento del Concierto para violín Nº 1 de Niccolò Paganini, que funciona como leit motiv de la incertidumbre que rodea a las protagonistas. Ella se reparte los episodios con la propia Victoria Martín y su pareja Nacho Pardo, que dirigen dos, pero la serie se sustenta sobre todo en el trabajo de Sandra Romero. Se tiene que morir mucha gente es una historia protagonizada por mujeres que se reivindica fuera de la etiqueta de historias destinadas a mujeres, porque en la zozobra de los personajes resulta fácil identificarse. A veces elabora un retrato que puede caer en lugares comunes sobre las diferencias sociales y el machismo, pero lo hace con una carga de mordacidad y una ironía que suaviza el carácter simplista de algunas de sus ideas.
Leonard y Hungry Paul ★★★★★ Filmin, 26 de mayo
Reino Unido, Irlanda 2025 - 6x25'
Creada por Richie Conroy, Mark Hodkinson sobre la novela de Rónán Hession
Dirigida por Andrew Chaplin
Premios IFTA '26: Nominado Mejor Drama
El músico Rónán Hession (1975, Irlanda) ha publicado tres álbumes bajo el seudónimo de Mumblin' Deaf Ro, a los que él denomina storytelling songs (Canciones narrativas), el último de ellos, Dictionary crimes (2012, Rónán Hession), elegido por el periódico The Irish Independent como el mejor álbum irlandés del año, y nominado al Choice Music Prize. Sus discos se pueden interpretar como recopilaciones de pequeños relatos, por lo que parecía lógico que se produjera su debut como escritor con el libro Leonard y Hungry Paul (2019, Ed. Alpha Decay), que en España se ha publicado a principios de este año. El estreno de su adaptación en formato de serie, Leonard & Hungry Paul (RTÉ/BBC, 2025) ha sido celebrado porque traslada con sensibilidad ese mundo de vidas cotidianas y normalidad en el que viven Leonard (Alex Lawther) y su amigo Hungry Paul (Laurie Kynaston), cuyos giros de guión tienen que ver también con cosas tan normales como enamorarse o perder a algún ser querido. Leonard tiene 32 años y trabaja como "escritor fantasma", cuya profesión consiste en escribir enciclopedias sin firma, y que ya desde niño resultaba indescifrable para sus educadores, según cuenta la narradora (Julia Roberts): "Su madre les explicaba cómo, al igual que su difunto padre, Leonard simplemente carecía de cara de sorpresa", tratando de justificar la aparente apatía del niño. La actriz norteamericana Julia Roberts es una gran admiradora del libro de Rónán Hession, y cuando escuchó que se estaba preparando una adaptación en formato serie, quiso participar en ella, así que los creadores le reservaron el papel de narradora, lo que aporta una calidez casi maternal y una tranquilidad a la historia desde el principio, como si se tratara de un cuento infantil. Por su parte, Hungry Paul vive con su madre Helen (Helen Behan) y su padre Peter (Lorcan Cranitch), y disfruta de la familiaridad de la rutina, con el momento del desayuno en solitario como uno de los más disfrutables del día: "Un zumo de naranja, una taza de té con cuatro cucharadas de azúcar, tres cereales integrales, diez rodajas de plátano y nueve minutos tomando el té sin prisas". Cuando comienza la historia, Leonard, generalmente absorto en sus propios pensamientos, tiene un encuentro con la realidad cuando su madre fallece, y de alguna forma se refugia en sus partidas de parchís con Hungry Paul. Pero también conoce a Shelley (Jamie-Lee O'Donnell), una nueva interna extrovertida que sin embargo parece entenderle mejor que su propio jefe Mark Baxter (Paul Reid), quien no para de reducir las fechas límite de las entregas de las enciclopedias que escribe Leonard, aprovechándose de su dedicación. Leonard tiene un proyecto sobre una forma diferente de enseñar la antigua Roma, fuera de las habituales narraciones históricas, pero nunca está lo suficientemente seguro como para planteársela a su jefe.
Esta serie pequeña, producida entre la televisión pública de Irlanda (RTÉ) y la británica BBC One Northern Irlanda, que se ha realizado en un corto espacio de tiempo, desde su rodaje en el mes de mayo de 2025 hasta su estreno en octubre, transcurre con la cotidianidad en la que viven sus protagonistas, como una negación de los ritmo dinámicos de las series actuales, demostrando que el ritmo pausado, el relato tranquilo y las historias sencillas sí tienen cabida dentro de un panorama audiovisual demasiado entregado a los plot twists y los cliffhangers., como otro lado también hemos visto en la reciente serie japonesa Hirayasumi (NHK, 2025), otra historia de personajes que llevan una vida tranquila. No hay grandes sorpresas por tanto en Leonard & Hungry Paul, pero tampoco son necesarias, ni es un obstáculo para que sus personajes resulten entrañables y su normalidad acabe siendo especialmente agradable. La narradora no cuenta obviedades que podemos ver en pantalla, sino que resulta un apoyo a los pensamientos de personajes que a veces no siempre saben expresarlos. Hungry Paul, cuyo apodo nunca se explica, lo que acaba formando parte de esas peculiaridades que rodean a la historia, es poco menos que un incel, obsesionado con la tecnología, cartero a tiempo parcial y generalmente poco interesado en las relaciones románticas. La serie habla precisamente de la amistad masculina, de la vida tranquila jugando juegos de mesa y de las conversaciones rutinarias sobre conocimientos espaciales bajo las estrellas. Los guionistas Richie Conroy y Mark Hodkinson, que provienen de escribir series infantiles y juveniles como Torres de Malory (BBC, 2020-2025), crean un relato lleno de ternura que también es lineal, introduciendo algunos elementos de disrupción como una idea brillante o un acercamiento amoroso, pero sin que distorsionen demasiado la cotidianidad de los protagonistas. Resulta todo tan amable y encantador que ni siquiera los actores principales, los estupendos Alex Lawther (1995, Inglaterra), al que hemos visto en Alien: Planeta Tierra (Disney+, 2025-) y Laurie Kynaston (1994, Inglaterra), al que vimos en
Una pequeña luz: Protegiendo a Ana Frank (Disney+, 2023), han recibido las habituales críticas a sus acentos irlandeses que suelen hacer los medios británicos. Pero, aunque se podría decir que cuanto menos pasa en la historia, más agradable resulta permanecer junto a ella,
Leonard & Hungry Paul es una serie que aborda temas mucho más profundos de lo que parece. Como la novela, es una mirada optimista que responde sin dudarlo a la cuestión de si el mundo puede ser transformado por gente buena, los que no buscan el conflicto pero construyen, casi sin que se aprecie, pequeños pasos hacia una realidad más honesta, como pequeños actos de heroicidad cotidiana. Consigue hablar sobre la vida, la sencillez, la amistad, la pérdida y los sentimientos sin que apenas parezca que haga demasiado esfuerzo. Y encontrar este tipo de relatos en un panorama que parece empeñado en sorprender a cada minuto, acaba siendo un regalo maravilloso.
Movistar Plus+, 28 de mayo
Reino Unido 2026 - 5x45'
Creada por Jemma Kennedy, Tom Bradby sobre la novela de Tom Bradby
Dirigida por James Marsh, Farren Blackburn
Resulta curioso que, mientras muchas series británicas permanecen en la larga lista de espera pendientes de un espacio dentro de las plataformas para estrenarse en España, esta producción de ITV que actualmente se está emitiendo en Gran Bretaña llegue a nuestro país con solo tres semanas de diferencia. Y eso que
Secret service (Movistar Plus+, 2026) no es precisamente una de las producciones más esperadas del año, y sus resultados tampoco son especialmente brillantes. Como su propio título indica, se trata de una historia de espías ambientada en los servicios secretos británicos, en torno a las investigaciones de la agente especial del MI6 Kate Henderson (Gemma Arterton) para tratar de destapar la identidad de un alto cargo del gobierno británico como un topo de los servicios secretos rusos, siendo su principal sospechoso el Ministro de Asuntos Exteriores Ryan Walker (Mark Stanley), en plena campaña para presentarse como candidato a Primer Ministro. Pero, como es habitual en este tipo de historias, nada es lo que parece y la propia agente y su colaborador Ravindra Sangva (Avi Nash) se tienen que enfrentar ellos mismos a sus superiores Zak Hussein (Khalid Abdalla) y Sir Alan Brabazon (Roger Allam) para llevar a cabo la búsqueda del supuesto espía. La serie está basada en el libro
Secret service (2019), escrito por Tom Bradby (1967, Malta), periodista y presentador del canal ITV, que se ha encargado también de la adaptación y tiene un cameo en algunos episodios. Aunque de nacionalidad británica, Tom Bradby nació en Malta y allí es donde se desarrolla parte de la historia, que se ha rodado precisamente en La Valeta, donde Igor Borodin (Miglen Mirtchev), un alto miembro del servicio secreto ruso, tiene su casa de vacaciones, una villa donde alterna la convivencia con su familia con reuniones de alto secreto, dentro de la que se encuentra infiltrada Lena (Alma Prelec) como la cuidadora de sus hijos, sirviendo como informadora de Kate Henderson. Pero la primera escena de
Secret service es una mañana habitual en el hogar de la agente del MI6, preparándose para un nuevo viaje, mientras su marido Stuart Henderson (Rafe Spall) le prepara un sándwich. Un cambio de roles últimamente habitual en historias protagonizadas por personajes femeninos como
Asesina a sueldo (Telecinco, 2025), aunque en este caso Stuart también trabaja para el gobierno, como asesor especial de la Ministra del Interior, Imogen Conrad (Amaka Okafor), que se presenta como oponente de Ryan Walker en la carrera hacia Downing Street. Que este entramado político en el que Kate Henderson se convierte en una entrometida que investiga a personas que no debería tocar, acabe provocando su suspensión, llevándola a iniciar una investigación clandestina, no parece demasiado original. Pero
Secret service, a pesar de las influencias que Tom Bradby reconoce de autores como John le Carré o Len Deighton, no parece aspirar a ser una historia de espías especialmente novedosa. En algunos momentos se puede captar el tono desencantado del veterano agente George Smiley de las novelas de John le Carré que interpretó con sabiduría Alec Guinness en las miniseries
Calderero, sastre, soldado, espía (Filmin, 1979) y
Los hombres de Smiley (Filmin, 1982), pero son solo referencias que pasan rápidamente. Por el contrario, la historia utiliza todos los recursos tradicionales del subgénero de la Guerra Fría para construir una trama tan previsible como efectiva, un thriller que nunca encuentra una manera diferente de avanzar la historia, por mucho que una operación de extracción que se desarrolla en las calles de La Valeta en el
Episodio 3 (T1E3) le de un cierto aire luminoso que no es habitual encontrar en estas historias generalmente más oscuras.
Quizás lo más peculiar de esta historia es cómo se involucra directamente en las altas esferas de la política británica, con una clara tendencia hacia las políticas laboristas que encabeza el Primer Ministro Anthony Fletcher (Steven Elder), que se ve obligado a dimitir por circunstancias personales. Independientemente de que Ryan Walker sea o no un espía ruso, lo cierto es que aparece como una amenaza claramente populista con cierta ideología de derechas que es radical en cuanto a su política de inmigración: "Soy un apasionado creyente de nuestra sociedad multicultural, pero debe ser protegida. Protegida de verse desbordada por una inmigración ilegal, incontrolada y mal gestionada", dice en el Episodio 2 (T1E2) en el programa Good Morning Britain, en ese típico discurso populista en el que se afirma una cosa y la contraria dentro de la misma frase. La serie está plagada de cameos de periodistas de ITV, compañeros de Tom Bradby, como los presentadores Ed Balls y Susanna Reid, o el reconocido Robert Peston. Sin embargo, en esa entrevista la respuesta más controvertida de Ryan Walker es la que está impregnada de nacionalismo inglés cuando hace referencia a la petición del Sinn Féin de que los ciudadanos de Irlanda del Norte decidan en referéndum si se independizan: "Quizás sea hora de que sean los ingleses los que decidan. Al fin y al cabo nosotros pagamos sus cuentas". Estos son retazos de una trama política que podría ser diferenciadora, pero que se ahoga en la trama principal de espías que camina por los senderos tradicionales. Y a pesar de eso Gemma Arterton es convincente como una agente del MI6 más doméstica de lo que es habitual, que se abraza desconsolada a su marido cuando pierde un agente, pero siempre manteniendo en secreto los detalles de la operación. Y la aportación de James Marsh (1963, Reino Unido) le da un toque de prestigio a esta producción, ya que no suele involucrarse en el formato de series este director ganador del Oscar por el documental Man on wire (2008), quien ya dirigió otra adaptación de una novela de Tom Bradby, en la película Agente doble (2012). La relación pactada de no injerencia profesional dentro del matrimonio Henderson resalta como uno de los aspectos más interesantes de la historia, pero una vez más queda un poco en la superficie, sin profundizar demasiado, solo como un elemento que perfila en cierta manera a los personajes pero nunca los define claramente. Hay un intento de ofrecer una imagen menos glamurosa de una agente del espionaje, aunque representado en un personaje femenino por parte de un escritor masculino puede estar al límite de cierta perspectiva machista (ella es una mujer de familia, pero su compañero Rav vive solo en su apartamento). Que el desenlace sea previsible aunque quiera ser revelador no es ninguna sorpresa, a pesar de que la historia ha jugado con la idea de que nadie es realmente confiable, pero resulta más pesimista el desenlace político, que en todo caso recuerda a muchos resultados electorales de los que estamos siendo testigos en la actualidad. A Secret service le falta algo más que la haga diferente de tantas otras historias similares, aunque Tom Bradby ha escrito otras dos novelas protagonizadas por Kate Henderson, así que este puede ser el comienzo de nuevas adaptaciones futuras.
Fuerzas Especiales (Temp. 1) ★★★★☆ XTRM, 29 de mayo
Francia 2023 - 6x45'
Creada por Duong Dang-Thaï, Corinne Garfin
Dirigida por Ziad Doueiri
Rescatada para su estreno en España, esta producción francesa de 2023 que estrenó su segunda temporada el año pasado se encuentra entre las propuestas bélicas más interesantes que se han realizado recientemente, aunque por el momento solo llega su primera temporada que, por otro lado, es bastante mejor que la siguiente.
Fuerzas especiales (XTRM, 2023-) es un relato que se desarrolla durante la intervención de la OTAN en la guerra de Irak tras la petición de Estados Unidos, ese llamamiento al artículo 5 del Tratado del que parece olvidarse la actual administración norteamericana, aunque fuera justificándolo con información falsa sobre la supuesta posesión de armas de destrucción masiva que nunca existieron. Pero la acción se desarrolla en 2016, poco antes de que se produzca la gran ofensiva de las fuerzas del gobierno iraquí contra el Estado Islámico para recuperar el control de la capital Mosul, contando con el apoyo de ejércitos occidentales encabezados por Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Francia. Esta ofensiva acabó con la recuperación completa de Mosul por parte del gobierno iraquí, aunque provocando numerosas víctimas civiles, muchas de ellas utilizadas como escudos humanos. Pero la historia se desarrolla en un relato paralelo, con el tiempo límite del ataque como una situación contrarreloj en la que las Fuerzas Especiales deben rescatar a una mujer de nacionalidad francesa y a su hija antes de que se produzca. El grupo de soldados está formado por el impulsivo oficial Martin Manzard (Nicolas Duvauchelle), los soldados Paco (Jeremy Nadeau) y Spit (Victor Pontecorvo) y la agente de inteligencia Adèle Brockner (Marie Dompnier), bajo el mando del coronel Roque (Thierry Godard), a los que se acaba incorporando la francotiradora Sabrina Besson (Nina Meurisse). La serie fue creada por
Duong Dang-Thaï y Corinne Garfin, dos guionistas de la excelente Oficina de infiltrados (SkyShowtime, 2015-2020), aunque en este caso no aborda la participación de fuerzas especiales en países orientales desde las oficinas de París sino en el campo de batalla, ofreciendo una de las incursiones más tensas y realistas en el trabajo de los soldados franceses durante su misión en Oriente Medio, sometidos a las presiones de los mandos al mismo tiempo que a los peligros de las diferentes incursiones. La serie comienza en el primer episodio con una escena de acción dentro de un túnel que está rodada con fuerza y tensión, bajo la única dirección de Ziad Doueiri (1963, Líbano), uno de los realizadores franceses más destacados, con espléndidas películas como West Beirut (1998) y El insulto (2017), que acabó formando parte del equipo de directores de Baron Noir (Canal+, 2016-), dirigiendo también su serie derivada La fiebre (Movistar Plus+, 2024). Fuerzas especiales, que ahora se estrena en España a través de AMC Channels, fue la primera colaboración entre Prime Video y France Télévisions en Francia, estableciendo una de las tendencias que posteriormente han sido habituales entre canales de formato tradicional y plataformas de streaming. Esto le ha permitido disponer de un presupuesto lo suficientemente holgado como para dar credibilidad al campamento de las fuerzas especiales que se sitúa cerca de Mosul, aunque en realidad la mayor parte de la serie se rodó en Marruecos. La captura de Zaïd (Moussa Maaskri, al que hemos visto en Un prophète. La série (Canal+, 2026)), un destacado líder del Daesh, cambiará las prioridades de la campaña militar francesa, pero también provocará acontecimientos imprevistos. La serie también habla de las pérdidas humanas que se producen en estas campañas militares y de la manera en que afectan a una población civil que se encuentra en mitad de dos enemigos que no tienen escrúpulos para utilizarla, aunque la historia claramente establece una especie de superioridad moral por parte del ejército occidental.
Comparar Fuerzas especiales con películas como Black Hawk derribado (Ridley Scott, 2001) puede ser algo exagerado, pero lo cierto es que consigue que las escenas de acción estén a la altura de una producción de alto presupuesto, al mismo tiempo que trata de hacerlas lo más realista posible. También es interesante cómo aporta una relevancia destacada a los personajes femeninos, especialmente representados en la agente de inteligencia y en la francotiradora que se incorpora al grupo, y que tendrá una especial importancia en la segunda temporada. Porque el final de la primera entrega de Fuerzas Especiales es abierto, poniendo en una situación de peligro inminente al grupo militar francés y estableciendo claramente una intención de continuar en una segunda temporada que llegará a España próximamente. Estrenada en 2025, esta segunda temporada no cumplió del todo con las expectativas que había establecido la primera, quizás porque se centra demasiado en el rescate de un miembro del grupo, lo que limita buena parte de la amplitud de perspectivas que ofrecía la temporada anterior. A pesar de eso, seguía manteniendo un alto nivel de excelencia en el rodaje de las escenas de acción, aunque también se notó el cambio de director, con la incorporación de Frédéric Jardin quien, aunque está habituado a series de acción como Braquo (Prime Video, 2009-2016) y Totems (prime Video, 2022), no terminó de encontrar el tono adecuado para esta producción. Curiosamente, desde la primera temporada la serie ya se introducía un elemento al que ya estamos acostumbrados después de algunos de los conflictos bélicos que se han producido en los últimos tres años: el uso de las nuevas tecnologías y de drones para llevar a cabo las labores de inteligencia, pero también los ataques más efectivos al enemigo. El entorno iraquí en el que operan estas fuerzas especiales francesas, que son casi siempre recibidas como otro enemigo en vez de como los liberadores que ellos pretenden ser, es otro de los aciertos de la primera temporada que en parte se acabó perdiendo en la segunda. Y aunque a veces da la impresión de que no termina de profundizar tanto como sería necesario en la psicología de los soldados, desde luego bastante menos que otras series como Nobel (NRK, 2016), que abordaba la incursión de los militares noruegos en Afganistán con mayor profundidad, lo cierto es que Fuerzas Especiales tiene más vocación dentro del género de acción, pero no descarta transmitir una especie de profundidad trágica dentro de este grupo de soldados franceses en medio de un territorio inexpugnable y misterioso.
Ciudad de las estrellas ★★★★☆ Apple tv, 29 de mayo-10 de julio
Estados Unidos 2026 - 8x60'
Creada por Ben Nedivi, Matt Wolpert, Ronald B. Moore
Dirigida por Nick Murphy, Stefan Schwartz, Kasia Adamik, Jamie Payne
Canneseries '26: Fuera de competición
Al día siguiente del final de la quinta temporada de Para toda la humanidad (Apple tv, 2019-2027) se estrena su spin-off, una versión de la carrera espacial dentro de la realidad alternativa que ha creado la serie para reflejar el punto de vista de la Unión Soviética durante los años setenta. El planteamiento que impulsa esta narrativa ucrónica es la supervivencia del diseñador espacial Sergei Korolev (1907-1966, Rusia), considerado el padre del programa espacial soviético, quien en la realidad falleció a causa de complicaciones durante una operación quirúrgica aparentemente rutinaria. Su muerte provocó un retraso considerable en los avances que estaba haciendo para conquistar la carrera espacial hacia la luna, y en la realidad imaginada sobre la que se apoyan los guionistas es que Korolev sobrevivió a la operación y siguió desarrollando el programa espacial soviético, haciendo una breve referencia a su nombre en la quinta temporada de Para toda la humanidad. El personaje del Diseñador Jefe (Rhys Ifans) que surge como principal protagonista de Ciudad de las Estrellas (Apple tv, 2026-) está claramente inspirado en Sergei Korolev. Este regreso a la estética de los años setenta puede satisfacer a muchos espectadores de Para toda la humanidad que han visto cómo los continuos saltos temporales han transformado la perspectiva política de las primeras temporadas en una mirada mucho más centrada en la construcción de una sociedad dentro de la superficie marciana, con el traslado de los conflictos humanos latentes. De manera que Ciudad de las estrellas plantea un regreso al concepto original, pero también dándole un tono completamente diferente o, lo que es lo mismo, hay menos carrera espacial y más enfoque en lo que ocurre dentro de Star City, con una evidente influencia de Chernobyl (HBO Max, 2019), hasta el punto que Ben Nedivi confirmaba que habían rodado en Lituania siguiendo los pasos de aquel thriller político. Y al igual que en aquella, la historia está contada con actores anglosajones que hablan inglés aunque interpreten a personajes rusos. El entorno de una Unión Soviética manejada con férreo control por el régimen de Leonid Brézhnev es lo suficientemente oscuro y opresivo como para construir una historia que está más cerca del género de espionaje como la miniserie Calderero, sastre, soldado, espía (Filmin, 1979) que de la competencia espacial que se reflejaba en las primeras temporadas de Para toda la humanidad. La serie comienza en el episodio piloto Los ojos (T1E1) cuando el astronauta Aleksei Leonov consigue ser el primer hombre en pisar la luna: "Doy este paso en nombre de mi patria, mi gente y el modo de vida marxista-leninista", dice en su primer discurso, bajo la supervisión de Lyudmilla Raskova (Anna Maxwell Martin), la jefa de vigilancia de Ciudad de las Estrellas, una oficial sin escrúpulos que será la principal antagonista de la temporada. Ella mantiene una custodia intensa en torno a todos los componentes del programa espacial soviético, introduciendo una red de micrófonos en las casas de los astronautas, ingenieros y sus familiares cuyas conversaciones son transcritas por secretarias como Irina Morozova (Agnes O'Casey), una joven que acaba de incorporarse al departamento, y que es protagonista de una de las subtramas más interesantes de la serie, a la que se le asignan las escuchas del matrimonio formado por el respetado astronauta Valya Markelova (Adam Nagaitis) y su esposa Tanya Markelova (Ruby Ashbourne Serkis). Aunque en alguna entrevista los creadores de la serie mencionaron que Ciudad de las Estrellas tiene un desarrollo de varias temporadas y que habría saltos temporales como en Para toda la humanidad, posteriormente afirmaron que la historia se mantendrá en la misma época, lo que es una buena noticia. Para los seguidores de la serie madre, se reconocen las versiones más jóvenes de Irina Morozova, que tiene relevancia en la cuarta y quinta temporadas, el ingeniero Sergei Nikulov que aparecía desde la segunda temporada, interpretado ahora por Josef Davies, o la cosmonauta Anastasia Belikova, a la que se hace referencia en la primera temporada por su logro de ser la primera mujer en pisar la luna, en este caso interpretada por Alice Englert.
En la historia también se hacen referencias a pioneros espaciales de la vida real como Yuri Gagarin y Valentina Tereshkova, la primera mujer en el espacio, aunque a través de personajes ficticios, y parte de ese sistema de vigilancia que rodea al programa espacial soviético está inspirado en la experiencia real que vivió la propia Valentina Tereshkova, obligada a casarse con el astronauta Andrián Nikoláyev, quienes recibieron la orden de tener un hijo, como una especie de experimento para conocer las posibles repercusiones en la descendencia de dos personas que habían estado en el espacio. El personaje de Anastasia Belikova (Alice Englert) parece estar inspirado en Valentina Tereshkova, y la vemos alunizar al final del primer episodio. Ciudad de las Estrellas consigue mantener la conexión con la serie de la que deriva, pero al mismo tiempo a través de un tono completamente diferente, una fotografía de colores apagados que ya vimos en las secuencias soviéticas de aquella, y una excelente banda sonora del compositor hispano-argentino Federico Jusid, que da un paso más en su carrera internacional, ya consolidada en proyectos como la segunda temporada de El infiltrado (Prime Video, 2016-). Logra un sutil equilibrio entre lo épico, con introducción de sonoridades electrónicas, y el tono de suspense clásico que requiere esta historia de espionaje, y puede recordar en el uso de algunos instrumentos autóctonos a su extraordinario trabajo para la miniserie Un caballero en Moscú (SkyShowtime, 2024). También hay algunas de esas tensa escenas que se desarrollan durante los viajes espaciales que han caracterizado a la serie madre, especialmente en sus primeras temporadas, pero el enfoque se centra en la construcción de un thriller opresivo que refleja el obsesivo temor al espionaje. Como ocurrió en la realidad, en la que la identidad del ingeniero Sergei Korolev no fue desvelada hasta después de su muerte por temor a que se produjera un intento de captación por parte del espionaje norteamericano, el Diseñador Jefe recibe una medalla por su éxito en llegar a la luna, en una sala vacía, sin reconocimiento público. Su próximo objetivo es convertir a la luna en un primer paso para alcanzar planetas como Marte o Venus. Pero el episodio Muérdete el codo (T1E5) es un excelente ejemplo de lo que puede conseguir Ciudad de las Estrellas, cuando la existencia de una violación de seguridad en el sistema de vigilancia provoca un estado de paranoia absoluto dentro del programa espacial soviético, en un ejercicio de suspense que está a la altura de los mejores dramas de espionaje que ya no se hacen.
La orquesta (Temp. 2) ★★★★☆ Filmin, 2 de junio
Dinamarca 2024 - 10x25'
Creada por Mikkel Munch-Falls
Dirigida por Mikkel Munch-Falls
Aarhus Series Awards '24: Mejor Comedia, Mejor Guión
Premios Robert '25: Mejor Serie de Formato Corto
Una de las sorpresas danesas de hace dos años fue la comedia La orquesta (Filmin, 2022-), creada por Mikkel Munch-Fals (1972, Dinamarca) sobre una idea de Adam Price (1967, Dinamarca), el reconocido responsable de dramas como Borgen (Netflix, 2010-2022) y Algo en que creer (DR, 2017-2018) y entretenimientos como Ragnarok (Netflix, 2020-2023). La idea principal era tan sencilla como efectiva, utilizando las dinámicas de poder y las relaciones personales como elementos de conflicto dentro de la Orquesta Sinfónica de Copenhague, y especialmente entre el prepotente clarinetista Bo Høxenhaven (Frederik Cilius), que nunca termina de lograr el puesto como primer clarinete al que aspira, ocupado por su contrincante Simon Elliott (Caspar Phillipson), y el nuevo subdirector administrativo de la orquesta, Jeppe Nygren (Rasmus Bruun), un funcionario que no tiene muchos conocimientos de música e intenta solucionar todos los problemas que surgen, con más fracasos que aciertos. Ganadora de tres de los cuatro premios Robert a los que estaba nominada en 2023, como Mejor Serie de Formato Corto, Mejor Actor (Frederik Cilius) y Mejor Actriz Secundaria (Emma Sehested Høeg), también fue uno de los grandes éxitos internacionales de la televisión danesa, nominada a los Rose d'Or. Planteada con un tono satírico en torno a determinadas representaciones de nuestra sociedad, políticamente incorrecta en el dibujo de algunos personajes como Bo, la primera temporada permitía a la serie abordar temas como el sexismo de una manera atrevida, más de lo que suelen ser las producciones danesas, y en cierto modo podría considerarse bastante cercana a las propuestas de Andrés Duprat en Bellas Artes (Movistar Plus+, 2024), otra serie que habla sobre nuestra sociedad dentro de un microcosmos relacionado con el arte. La dificultad de esta segunda temporada consiste sobre todo en mantener el nivel de comedia sin hacerse repetitiva en las relaciones entre los personajes, pero la situación de los protagonistas al final de la primera temporada permitía que las dinámicas sean diferentes al comienzo de ésta. Sobre todo porque Regitze (Neel Rønholt), la ex-esposa de Jeppe, ha decidido vivir en pareja con Simon. De manera que éste se convierte en el antagonista no solo de Bo sino también de Jeppe, que se ve desplazado incluso en sus funciones de padre, sustituido por la hipócrita amabilidad de Simon, que en esta segunda temporada adquiere más relevancia.
La segunda temporada de La orquesta consiguió incluso más nominaciones a los Premios Robert de la televisión danesa en 2025, con seis candidaturas, aunque solo repitió ganando el premio a la Mejor Serie de Formato Corto. Dentro del entorno de la Orquesta Sinfónica de Copenhague, la trama horizontal está relacionada con las presiones que ejerce la directora Gertrud (Lise Baastrup) sobre Jeppe para que consiga hacer más rentable la institución y recorte un millón de coronas danesas del presupuesto anual. Los recortes afectan especialmente a la calidad de la comida en la cantina, lo que provoca el rechazo de los miembros de la orquesta en Hund og fisk (Perro y pez) (T2E2), y la rentabilidad trata de conseguirla atrayendo a un público más joven con un concierto de la rapera Sin The Rellah (Nanna Elisabeth Eide), que se convertirá en un dolor de cabeza. Mientras la madre de Bo, Vibeke (Ina-Miriam Rosenbaum) es hospitalizada por una rotura de cadera, éste recibe un diagnóstico que le presiona aún más para cumplir el sueño de presentarse ante su madre como el primer clarinetista de la orquesta, ahora que Elin (Emma Sehested Høeg) necesita tomarse una baja por maternidad. Esta temporada, La orquesta sale de su zona de confort abandonando el microcosmos del interior de la sala de conciertos para establecer otras relaciones entre los personajes fuera de ella, especialmente con Jeppe y Bo respecto a sus familias, dos personajes que se acaban enfrentando a su soledad viviendo juntos. Y el enfrentamiento que ahora se establece entre Jeppe y Simon por convertirse en la figura paterna de Alma (Esther Wanda Flagstad de Tusch-Lec) ofrece episodios muy divertidos como Break point Simon, Break point Jeppe (T2E4). Pero el guión escrito por Søren Felbo, que también ha sido el creador de la comedia Llámame papá (Pr1meran, 2024) y Mikkel Munch-Fals, que ejerce también como director de todos los episodios, aborda de nuevo cuestiones sobre el sexismo a través de una relación que mantiene Jeppe, y encuentra para Bo una nueva relación de amor/odio con la cocinera Lene (Lene Maria Christensen). En el episodio Ekstrem dissonans (Disonancia extrema) (T2E6), el Ministerio de Cultura envía a la inspectora Frey (Nina Terese Rask) para comprobar que la orquesta mantiene las políticas de igualdad de género (curiosamente en la segunda temporada de Bellas Artes había un episodio que también abordaba una inspección). De manera que La orquesta mantiene ciertas dosis de incorrección no tan habituales en las comedias danesas, pero ofreciendo una diversión incluso más desarrollada que en la primera, y reflexionando sobre los estereotipos de la actividad cultural y la domesticación de la oferta, como cuando Bo se queja de que el programa de conciertos de la orquesta incluye siempre Las cuatro estaciones (1723) de Vivaldi frente a otras propuestas más arriesgadas, reflejando la sumisión de las instituciones culturales al adocenamiento de los espectadores. El éxito de la serie, que se ha convertido en una de las comedias más populares de la televisión pública danesa, ha permitido que se haya confirmado una tercera temporada, actualmente en rodaje, que tiene previsto su estreno en Dinamarca durante la primera mitad de 2027.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
Mansión encantada se puede ver en Disney+.
Pearl se puede ver en Netflix.
El talento de Mr. Ripley se puede ver en HBO Max y SkyShowtime.
El último testigo y Por donde pasa el silencio se pueden ver en Filmin.
La llamada se puede ver en Prime Video, SkyShowtime y RTVE Play.
20.000 especies de abejas se puede ver en HBO Max y RTVE Play.
El insulto se puede ver en Acontra+ y Filmin.
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