17 marzo, 2026

Las series internacionales destacadas de 2026: Parte 4

Esta semana vamos a repasar algunas otras categorías de la programación del Festival Séries Mania, que se inaugura el próximo viernes 20 de marzo con la proyección de los dos primeros episodios de Los testamentos (Disney+, 2026), la esperada secuela de El cuento de la criada (HBO Max, 2017-2025) que se estrena en abril. Entre las otras proyecciones especiales del festival, fuera de concurso, se encuentra Etty (Arte, 2025), una coproducción internacional que se estrenó en la Mostra de Venecia y que, de manera poco habitual, se ofrecerá íntegramente dentro de Séries Mania, en dos partes que abarcan sus más de cinco horas totales de duración. Se trata de la adaptación a la pantalla de los diarios y cartas que escribió una joven profesora judía que vivía en Amsterdam cuando fue ocupada por los nazis, y ya en los años ochenta fueron recopiladas en el libro titulado El corazón pensante de los barracones. Cartas (1981, Ed. Anthropos Editorial). La adaptación ha sido escrita y dirigida por Hagai Levi (1963, Israel), creador de las versiones originales de En terapia (HBO Max, 2008-2010) y The affair (SkyShowtime, 2014-2019), cuya miniserie Our boys (HBO, 2019), basada en el asesinato real de un adolescente palestino a manos de un grupo de jóvenes israelíes, fue calificada por Benjamin Netanyahu como "antisemita". Curiosamente, esta serie ha desaparecido del catálogo de HBO Max. La excelente miniserie Etty se plantea como una ucronía en la que no se hace referencia al holocausto, pero se desarrolla en un Amsterdam con aspecto actual, ocupado por un régimen totalitario, y cuenta los meses previos de Etty Hillesum antes de ser deportada a un campo de concentración donde fue asesinada. La serie se estrenó como una película dividida en dos partes en los cines de Israel, y así es como llegará también a Francia, donde se estrenará en salas antes de emitirse en la plataforma Arte a finales de mayo, pero sin duda será uno de los títulos más destacados de este año, que comentaremos en nuestras crónicas de Séries Mania. También se presenta fuera de concurso Lucky Luke (Disney+, 2026), una nueva versión del famoso vaquero creado por el dibujante belga Morris, con el actor francés Alban Lenoir encarnando al pistolero, y El profe (Netflix, 2026), una producción francesa que se estaba rodando el año pasado en la ciudad de Lille, sede de Séries Mania, y que cuenta la historia de Eddy (Alexandre Kominek), un acusado que acepta infiltrarse como profesor en un instituto para evitar la cárcel. En la Competición Francesa, canal Arte presentará sus series Camarades (Arte, 2026) y Eldorado (Arte/RTBF, 2026), TF1 estrenará Grandiose (TF1, 2026) y L'eté 36 (TF1, 2026), y France Télévisions presentará Enchâinés (France 2, 2026), mientras que la plataforma HBO Max aprovechará el impulso del festival para una mayor promoción de Privilegios (HBO Max, 2026), su producción francesa más esperada que se estrena a finales de marzo. 

Antes de nuestra crónicas de Séries Mania, esta semana nos acercamos de nuevo a series internacionales recientemente estrenadas procedentes de Gran Bretaña, Portugal, Grecia, Alemania, Bélgica y Países Bajos.

Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.

Gone

Miniserie | BBC | Reino Unido 2026 | 6x50' ★ 

Creada por George Kay inspirado en el libro de Julie McKay y Robert Murphy

Dirigida por Richard Laxton


A pesar de que desde el principio podría parecer que éste es un drama psicológico criminal que tiene como principal foco al personaje de Michael Polly (David Morrissey), un estricto profesor de una escuela privada tradicional católica cuya esposa ha desaparecido, en realidad el punto de partida (y su posible continuación) está en la detective Annie Cassidy (Eve Myles), inspirada en la inspectora superintendente Julie MacKay, que había estado durante años obsesionada con un caso sin resolver de un asesinato producido en 1984, y cuya experiencia reflejó en el libro To hunt a killer (2022), escrito junto a Robert Murphy. De hecho, una línea argumental que se mantiene a lo largo de toda la temporada es el acceso a un expediente de una joven asesinada hace años, para la que Annie necesita la colaboración de su ex-pareja Craig Stanhope (Peter McDonald), y el desenlace parece sugerir que este "cold case" podría ser el tema principal de una segunda temporada. Pero el guión tiene la capacidad de ir revelando progresivamente sus enfoques mientras las personalidades de Michael Polly y Annie Cassidy se transforman en una especie de espejo en el que se reflejan mutuamente, conforme se desarrolla una investigación criminal. Gone (ITV, 2026) evita por tanto ser un thriller convencional, aunque tiene muchos elementos del género, para centrarse en el aspecto psicológico de los personajes, especialmente cuando la trama principal sugiere las sospechas en torno al profesor como culpable de la desaparición. El guionista George Kay es uno de los nombres más reconocidos de la industria británica, no solo como escritor de series como Killing Eve (Netflix, 2018-2022), Litvinenko (ITV, 2022), La sombra alargada (SkyShowtime, 2023) o Hijack (Apple tv, 2023-), sino también por sus colaboraciones con otros países como Francia en la exitosa Lupin (Netflix, 2021-) o Suecia en el próximo thriller The case (Netflix, 2026). Pero Gone no ha tenido el desarrollo habitual de un showrunner que ha seguido los procesos de producción, sino el más tradicional de guionista que entrega su trabajo para que la producción siga su camino de manera independiente, debido a la apretada agenda del escritor. Quizás por eso tiene un aspecto que recuerda más a las producciones del pasado, un poco a la manera de La sombra alargada, siguiendo un estilo que encaja con la rigidez de la escuela privada en la que se desarrolla la historia. Michael Polly ejerce como director de St. Bartholomew, en Bristol, uno de esos centros escolares que ocupa un imponente edificio histórico del siglo XV en medio de un paisaje boscoso, que fue representado por el colegio católico Downside School, en Somerset. Debido a su personalidad estricta, ejerce su trabajo siguiendo las reglas tradicionales y además se ha otorgado a sí mismo el cargo de entrenador del equipo de rugby de la escuela, que tiene una larga tradición de victorias en los torneos regionales. Michael Polly está considerado como un profesor severo que exige disciplina a sus alumnos en la escuela, y se enfurece cuando alguna visita en su casa llena de barro la alfombra. Vive con su esposa Sarah, a la que solo vemos en fotografías, y su hija Alana (Emma Appleton), que también son profesoras en la escuela. Hasta que una tarde Sarah parece haber desaparecido y la investigación se centra en un posible asesinato. Las encargadas de investigar son las inspectoras Annie Cassidy y Becky Hammond (Jennifer Macbeth), aunque la primera es inmediatamente nombrada como enlace de la policía con la familia, lo que de facto supone una especie de degradación en sus funciones. 

El estoicismo de Michael Polly es la principal razón por la que la policía (y los espectadores) comienzan a tener sospechas de que podría haber alguna relación con la desaparición de su esposa. Su empeño en seguir ejerciendo como entrenador (hay un importante partido próximamente) y en seguir acudiendo a la escuela con normalidad tiene una justificación tan lógica como poco emocional: "Tengo 160 alumnos a punto de comenzar unos exámenes cuyas calificaciones decidirán a qué universidad podrán ir. La desaparición de la esposa del director no debería distraerles". Como es habitual, conforme se desarrolla la historia se revela una relación aparentemente distante y una necesidad de Sarah de buscar refugio emocional en otras personas frente a la aburrida frialdad de su marido. Esta actitud contrasta con la de Alana, profundamente conmovida por la desaparición de su madre pero al mismo tiempo incapaz de creer que su padre pueda haber cometido un crimen. La relación al límite con el abuso psicológico que ejerce Michael Polly con uno de sus alumnos y el mejor jugador del equipo de rugby, Dylan (Billy Barratt), también parece estar relacionado con la dinámica emocional que ejercía con su esposa Sarah. Gone puede tener algunos tics demasiado habituales en George Kay, como su tendencia a una estructura narrativa que sostiene en puntos altos del arco de los personajes que ejercen como cliffhangers de los episodios, lo que en dramas como éste a veces se sienten innecesarios y algo forzados. Pero al mismo tiempo contiene la esencia de las mejores series escritas por George Kay, y una importante relación con La sombra alargada. Sobre todo, porque ésta es una historia en torno a masculinidades tóxicas y las dinámicas de poder contra las que se enfrentan las mujeres. Mientras Sarah se revela progresivamente como una esposa atrapada en un matrimonio insatisfactorio, la relación de la inspectora Annie Cassidy con su ex-pareja Craig, es claramente perversa. En los primeros episodios parece un hombre encantador que solo trata de reconquistar a su pareja (después de haberla abandonado por otra mujer), pero conforme se desarrolla la historia, entendemos el grado de abuso psicológico que ejerce sobre Annie. Además, Craig es un detective inspector que tiene acceso al expediente de Tina Bradley, una adolescente desaparecida hace años, sobre la que Annie está siguiendo una pista (el caso que está inspirado en una historia real). Ese es el terreno en el que se  mueve con habilidad una trama de investigación que, en realidad, parece lo menos importante, aunque se sostenga en la sospecha constante sobre Michael Polly. Es el entorno de opresiva masculinidad el que sofoca a la esposa Sarah, a la hija Alana, a la inspectora Annie y también al joven Dylan. Y en ese sentido Gone se construye como una aterradora representación del control coercitivo como un patrón de dominación continua que puede estar impulsado incluso por sentimientos honestos, pero en su versión equivocada. Michael ama tanto a Sarah como Craig ama a Annie, pero su forma expresiva (o inexpresiva) de demostrarlo es profundamente retorcida. La fotografía del sevillano Álvaro Gutiérrez (1973, España), que lleva algunos años afincado en Gran Bretaña, abunda en el carácter austero que refleja la disciplina escolar a través de colores apagados y desaturados, mientras la dirección de Richard Laxton, responsable de El ladrón, su esposa y la canoa (3Cat, 2022) y Rain dogs (HBO Max, 2023), utiliza zooms de aproximación lentos para enfocar la atención en los personajes, especialmente en Michael Polly y sus oscuros pensamientos. En la superficie, Gone llega a un desenlace más o menos previsible por la naturaleza de la culpabilidad que refleja, que puede incluso ser algo decepcionante, pero es el otro tipo de culpabilidad que se va desvelando en Michael, con la capacidad que David Morrisey ha demostrado para interpretar personajes dramáticos complejos, la que realmente importa en esta historia que respira mejor en su fondo. 

A woman of substance

Temporada 1 | Channel 4 | Reino Unido 2026 | 8x50' ★ 

Creada por Roanne Bardsley, Katherine Jakeways sobre los libros de Barbara Taylor Bradford

Dirigida por John Hardwick, Samantha Harrie, Richard Senior


En esta recuperación de las sagas clásicas de la literatura inglesa sobre dinámicas sociales surgidas durante los años ochenta, la nueva adaptación de la saga protagonizada por el personaje de Emma Harte, que está compuesta por siete libros escritos por Barbara Taylor Bradford (1933, Inglaterra-2024, Nueva York) entre 1979 y 2009, sigue el patrón que estableció la reinterpretación propuesta por Rivales (Disney+, 2024-), convirtiendo la historia original en un juego de seducciones picantes dentro de la alta sociedad británica. De hecho, no parece casual que la vertiente musical esté firmada por el mismo compositor en ambas series, Jack Halama, que utiliza un parecido tono despreocupado en la creación de la banda sonora de ésta. La historia de Emma Harte es una de las clásicas fantasías de superación personal que han influido en la literatura popular inglesa del siglo XX, a través de la intensa trayectoria de una joven sirvienta en una mansión familiar que acaba convirtiéndose en una magnate de grandes negocios textiles. Ambientada a finales de los años setenta, la ya anciana Emma Harte (Brenda Blethyn) no tarda demasiado tiempo en reclamar su derecho a la retribución en el primer episodio:  "Por supuesto, Mr. Fairley. Después de todo lo que su familia me hizo he dedicado toda mi vida a un solo propósito: la venganza", le dice al joven periodista Jim Fairley (Toby Regbo), un descendiente de la familia contra la que ella juró desquitarse de toda la opresión, abusos y desprecios que sufrió en su juventud. A woman of substance (1979) es el título del primer libro de una de las sagas de la escritora Barbara Taylor Bradford, de la que en España solo está publicada su novela La herencia de Elizabeth (2008, Ed. Planeta), tercera entrega de la trilogía Los Ravenscar. A lo largo de ocho entregas, que la autora terminó en 2009 pero a la que añadió una precuela en 2021, se cuenta el ascenso de esta joven a pesar de las dificultades que experimenta, pero la serie ya la muestra en su madurez a finales de los años setenta, dueña de un importante centro comercial y enfrentada a un posible escándalo debido a la filtración de su historial médico, lo que amenaza la estabilidad de su imperio de negocios. A partir de ahí, la historia regresa a sus orígenes en 1911 cuando la joven de Yorkshire Emma (Jessica Reynolds), ejerce como sirvienta de la familia Fairley, que es retratada como un compendio de traumas, infidelidades y aristocracia decadente. El cabeza de familia es Adam Fairley (Emmett J. Scanlan), un hombre que mantiene la esencia de los propietarios que ejercen con mano férrea su negocio, una fábrica textil que comienza a tener problemas económicos. A su cargo están sus hijos Gerald (Harry Cadby), al que le gusta seducir a doncellas como Polly (Georgina Sadler), y su hermano pequeño Edwin (Ewan Horrocks), cuyos sentimientos hacia Emma parecen más honestos, aunque no lo suficiente como para enfrentarse a su padre. Mientras tanto, Adam está casado con Adele (Leanne Best), una mujer alcohólica que sufre agorafobia y no es capaz de salir de su habitación, lo que él aprovecha para mantener una relación infiel con la hermana de ella, Olivia (Lydia Leonard), quien ha estado secretamente enamorada desde hace años. En la clase social de trabajadores y sirvientes, Emma está rodeada de una madre enferma, su padre Jack (Will Mellor), que siempre se ha negado a trabajar para la familia Fairley, y su hermano Frank (Lenny Rush, el joven actor que fue un descubrimiento en la inédita comedia Am I Being Unreasonable? (BBC, 2022-2025)). También mantiene una profunda amistad con el amable trabajador Mac O'Neill (Niall Wright), al que considera un buen amigo pero sin querer traspasar ese límite: "Tienes el corazón más grande que he conocido. Mi respuesta es no, pero es un no con el mayor agradecimiento del mundo", le dice Emma cuando Mac se ofrece a casarse con ella en el Episodio 4 (T1E4).  

Curiosamente, la serie más vista en toda la historia de Channel 4 ha sido el drama de época Toda una mujer (Channel 4, 1984), una adaptación de las novelas de Barbara Taylor Hackford, estrenada como miniserie de tres episodios, que tenía a un joven Liam Neeson entre sus intérpretes y a Deborah Kerr como la madura Emma Harte. Ahora la cadena ha decidido rehacer esta adaptación para convertirla en una historia de ocho episodios, más acorde con los formatos actuales, y con posibilidad de continuación en próximas temporadas, de manera que la nueva adaptación A woman of substance (Channel 4, 2026) surge como un intento de recuperar para el canal ese tipo de series de época sobre conflictos entre clases sociales que suelen funcionarle tan bien a otras cadenas británicas como BBC o Channel 5. Y para ello no escatima en un diseño de producción espectacular que mezcla el lujo de la vida de Emma Harte, a la que se describe como la mujer más rica del mundo, dentro de la estética kitsch de los años setenta, con la aristocracia clásica de principios de siglo en los flashbacks sobre los que se sostiene la historia principal. En la superficie, se trata de un melodrama tradicional que en cierta manera parece incongruente con el tipo de series que viene produciendo Channel 4 en los últimos años, pero en realidad es una historia de superación que tiene un carácter universal y atemporal, ahora transformada en una forma de narrativa que a veces juega con la ironía de la perspectiva actual y se recrea en la torpeza de los primeros encuentros sexuales entre Adam y Olivia, que a veces acaban en un coitus interruptus por la indecisión de ambos. Se cuenta que la escritora Barbara Taylor Hackford dio su aprobación a la serie, e incluso estuvo colaborando en la adaptación, ofreciendo sugerencias, hasta poco antes de fallecer en 2024, pero lo cierto es que se trata de una versión que mira desde otra perspectiva la historia de Emma, y la acertada interpretación de Jessica Reynolds construye un personaje menos sumiso y más atrevido, una joven que incluso bajo el servicio de la familia Fairley, ejerce su impetuosidad y demuestra su ambición, hasta en la relación que mantiene con Edwin. Pero Emma también sufre los abusos de la familia, como cuando sugiere una modificación en los uniformes del servicio y le presenta los bocetos a Olivia, quien se los apodera: "Cuando pago por algo, me pertenece. Recuérdalo Emma". Y en su afán por construir un negocio próspero también pierde su capacidad para ejercer como una madre cercana y cariñosa para su hija, lo que tendrá consecuencias en el futuro. La presentación de la protagonista como una mujer poderosa encarnada en la gran Brenda Blethyn muestra el recorrido que tendrá que superar la joven Emma, lo que propone un punto de vista diferente a la historia. Creada por Katherine Jakeways, también responsable de The Buccaneers: aristócratas por amor (Apple tv, 2023-), A woman of substance no deja de ser un drama clásico en el que asistimos a momentos dramáticos, algunos divertidos y otros esperanzadores, incluido un Episodio 6 (T1E6) que se ambienta en la época navideña y deja entrever las grietas de las relaciones familiares, impulsada por la necesidad de Emma de conseguir prosperar a pesar del entorno que la rodea. Pero esta descripción de la perseverancia de una joven que se define a sí misma por sus logros, resulta tan entretenida y tan suntuosa y colorista que consigue hacer olvidar que básicamente se trata de una telenovela, pero envuelta en una estética más actualizada.  

Homens de honra

Miniserie | RTP | Portugal 2026 | 8x50' ★ 

Escrita por João Matos, Raquel Palermo

Dirigida por Sérgio Graciano


Que el estreno de esta miniserie de la televisión pública portuguesa se haya producido a solo dos semanas de las elecciones generales en las que ha tenido un triunfo histórico el Partido Socialista (PS), que ha devuelto a la izquierda al poder después de cuarenta años, es una casualidad significativa. Aunque el nuevo presidente de centro-izquierda António José Seguro ha evitado pronunciar la palabra socialismo durante la campaña electoral y él mismo se ha calificado como un candidato "independiente y suprapartidista". Los que no tenían problema en hacer referencia a la izquierda y, en ese caso, al comunismo, fueron los padres de la democracia en Portugal, Mário Soares y Álvaro Cunhal, cuyas vidas paralelas se narran en Homens de honra (RTP, 2026), una miniserie de corte histórico-político que aborda la lucha contra la dictadura de Salazar en los años setenta y contra los fascismos, con un claro paralelismo con el auge de las extremas derechas en Europa que se está produciendo en los últimos años. El propio director Sérgio Graciano (1975, Portugal), que ha dirigido series como Auga seca (HBO Max, 2020-2021) y más recientemente Lume (HBO Max, 2025), habla de esta miniserie no solo como un retrato histórico sino como un reflejo político en el que los dos protagonistas confrontan sus ideas para alcanzar una convicción democrática profunda. La serie comienza con la infancia de Álvaro Cunhal (Romeu Vala), marcada por la educación estricta de sus padres y la muerte de su hermana Mansueta, mientras que la relación estrecha con su hermano Antônio y su hermana Eugênia (Helena Caldeira) fue fundamental para apoyarle en sus primeros pasos rebeldes contra el Estado Novo, la dictadura de Antonio Salazar, desde sus años universitarios. En el Episodio 1 (T1E1) se muestran sus primeros contactos con el Partido Comunista de Portugal (PCP) y la primera detención que acabó en tortura. Desde el Episodio 2 (T1E2) aparece la figura de Mário Soares (Alexandre Carvalho), liderando el ala juvenil del Movimiento de Unidad Democrática y siendo arrestado también por la Policía Política varias veces, aunque en su caso no sufrió torturas por su alejamiento de las posturas radicales comunistas, hasta que su padre decidió enviarlo a Francia. Parte de la serie se centra más en Álvaro Cunhal en la primera mitad, y dedica demasiado tiempo, dos episodios, a mostrar su estancia en la prisión de Peniche, donde permaneció encarcelado entre 1956 y 1960, año en el que consiguió fugarse, una huida que en la serie se muestra al final del Episodio 5 (T1E5). Aunque cuenta la historia de estas dos personalidades políticas, en realidad sus trayectorias solo se cruzaron en algunos momentos cuando eran estudiantes y en la última etapa de la construcción de la democracia, remarcando que eran dos personajes que tenían orígenes diferentes, que estaban en posiciones ideológicas en ocasiones confrontadas, pero que supieron establecer vínculos políticos con un objetivo común: luchar contra el fascismo y apostar por un estado democrático. Lo que convierte a Homens de honra, un título tan significativo que resuena lejano por la imposibilidad de encontrar esos "hombres de honor" en los líderes políticos actuales, una serie que no solo retrata una realidad histórica sino que responde a las continuas enmiendas a los sistemas democráticos que se vienen realizando en los últimos años. La serie subraya que es la democracia, a pesar de sus imperfecciones, la que puede evitar los regímenes totalitarios y represores, y lo hace con una convicción profunda a través de los dos políticos portugueses que la establecieron en los años ochenta. 

Con un buen diseño de producción, aunque se centra principalmente en escenas de interior que son más fáciles de reproducir históricamente, sobre todo cuando parte de la historia ocurre fuera de Portugal durante los exilios, Homens de honra a veces puede caer en la narrativa que da por hecho el conocimiento de determinados acontecimientos, y en un retrato excesivamente buenista de ambas figuras, recalcando en algunas ocasiones su disposición al sacrificio, especialmente en el caso de Álvaro Cunhal, como en la escena de la huida en la que uno de los presos que le acompañan acaba herido, y él trata de ayudarlo mientras le empujan a seguir escapando. Pero es interesante el reflejo de una época de opresión y de diferentes maneras de luchar contra ella. Álvaro Cunhal y Mário Soares se vuelven a encontrar en 1964 fuera de su país, el primero porque está escondido en Praga y el segundo porque está recorriendo Europa tratando de encontrar alianzas como abogado tras sufrir la presión de las autoridades en Portugal. Pero ambos, antes camaradas, ya están distanciados ideológicamente. Posteriormente, Mário Soares fundará el Partido Socialista en Alemania en 1973, mientras Álvaro Cunhal sigue luchando por la legalización del Partido Comunista, acabando enfrentados ideológicamente, pero con el mismo objetivo de terminar con el régimen autoritario. Ahora que se habla de la unión de las izquierdas para poder confrontar el renacimiento de los fascismos, la historia de Álvaro Cunhal y Mário Soares ofrece una lección histórica de colaboración, que acabó con la elección de Soares como presidente de Portugal en 1986. Menos valorada de lo que sus producciones nacionales reflejan, la Radiotelevisión portuguesa RTP tiene un buen nivel de producción, tanto en cantidad como en calidad, en su mayor parte poco conocido en España, donde solo llegan las coproducciones. Incluso es más receptiva a las nuevas tendencias del audiovisual y ya ha comenzado a producir los denominados microdramas verticales que tanto éxito están teniendo a nivel internacional. En la actualidad, RTP ha producido cinco dramas verticales que se pueden visionar en las redes sociales y en su plataforma RTP Play de forma gratuita. Homens de honra es una de las apuestas más ambiciosas de la televisión pública que llega en un momento especialmente relevante en la historia política de Portugal, para recordar que las narrativas que se difunden sobre la laxitud de las dictaduras se apoyan en el desconocimiento y la falsedad. 

The great chimera

Miniserie | ERT | Grecia, Alemania, Italia 2026 | 6x60' ★ 

Creada por Panagiotis Iosifelis sobre la novela de M. Karagatsis

Dirigida por Vardis Marinakis

La obra de M. Karagatsis, seudónimo del escritor Dimitris Rodopoulos (1908-1960, Grecia) está considerada como una de las más importantes de la literatura griega moderna, y La gran quimera (1936) como su mejor libro, una historia ambientada en los años treinta en la isla de Siros, que describe la trayectoria de una mujer joven enfrentada a ese tipo de amor que puede provocar caos y tragedia, desde la relación con dos hermanos hasta el deseo sexual que provoca en otros hombres. Se trata del segundo libro de la trilogía denominada Aclimatación bajo Apolo, formada también por las novelas Coronel Liapkin (1933) y Jügerman (1939), y se produjo una circunstancia curiosa hace unos años. El libro volvió a convertirse en un éxito editorial en Grecia después de que en una escena de la popular serie Maestro (Netflix, 2022-2026), que estrena su cuarta y última temporada este año, su protagonista estuviera leyendo un ejemplar de La gran quimeraTambién se dice que es una novela difícil de adaptar al medio audiovisual, porque contiene numerosos pasajes de reflexión y ensoñación, y durante más de 30 años algunos productores griegos la han intentado trasladar al cine y la televisión, sin que los proyectos acabaran consolidándose. Ahora, estrenada en formato de miniserie, The great chimera (ERT, 2026) se ha convertido en la producción más ambiciosa de la televisión pública griega, y una de las que mayor expectación ha provocado, hasta el punto que decidieron programar su primer episodio para las 00:01 del 1 de enero en la plataforma de streaming ERTFLIX como la gran apuesta para el nuevo año, y posteriormente desde el 4 de enero en el canal lineal ERT1. Los resultados en audiencia han colmado las expectativas, porque solo en la plataforma ha alcanzado ya más de 3 millones de visualizaciones, rompiendo todos los récords históricos de las series estrenadas en este formato. El éxito de audiencia puede resultar sorprendente porque la serie se mueve a un ritmo completamente opuesto a lo que se estrena en la actualidad: es reflexiva, comienza con una voz en off melancólica que evoca los recuerdos de la vida de la protagonista y se esmera en adoptar una estética cuidada, casi tan perfecta que puede dar la sensación de ser artificial. Pero el director Vardis Marinakis (1971, Grecia), que ya aportó ese tono onírico en su película Zizotek (2019), seleccionada en Karlovy Vary, consigue convertir estas características en una virtud, creando una atmósfera peculiar que refuerza el carácter trágico de la historia, una de esas que sabemos desde el principio que va a tener consecuencias dramáticas. La adaptación convierte a la protagonista francesa de la novela original en una joven italiana, Marina (Fotinì Peluso), que ha tomado la iniciativa de salir de la ciudad de Trieste después de la muerte de su madre Blanca (Valentina Cervi), quien decidió vender su cuerpo como trabajadora sexual para sobrevivir tras enviudar, y que llevaba a sus clientes a su propia casa. Marina es una joven hermosa que provoca deseo en otros hombres, y decide perder la virginidad con un desconocido que le ofrece dinero, pero manifestando su incapacidad para enamorarse: "Como no soy capaz de amar a los hombres, amaré a los cielos, los mares, las llanuras, las montañas", dice en el Episodio 2 (T1E2), un flashback en el que se describe su vida antes de comenzar la relación que se presenta en el primer episodio. 

Tras salir de Trieste, Marina se embarca en el "Quimera", una embarcación comercial capitaneada por Giannis (Andreas Konstantinou), al que acompaña hasta la isla de Siros, donde vive su adinerada familia, que la recibe con diferentes actitudes: la madre Reizena (Karyofyllia Karabeti) desconfía de que su hijo se case con una extranjera, mientras que su hermano menor, Minas (Dimitris Kitsos), un joven culto que está terminando sus estudios, provoca en Marina una mezcla de admiración y atracción. La serie está cargada de una fuerte sensualidad que se manifiesta en escenas de gran contenido erótico, lo que ha provocado algunas reticencias por parte de espectadores y cierto debate sobre si su propósito se sostiene solo en la provocación. Pero lo cierto es que esta carga de sensualidad forma parte de la historia y refuerza la personalidad de Marina, que está marcada por su propia conciencia de despertar deseo en los hombres, lo que convierte en una especie de recurso de control hacia los demás, pero al mismo tiempo representa la carga de culpa que siente respecto a la forma en que trató a su madre. La conexión más espiritual que siente Marina hacia Minas se refuerza en el Episodio 3 (T1E3), cuando Giannis y ella programan una visita a Atenas, pero él debe ausentarse por motivos profesionales. El día que pasan juntos Marina y Minas, mientras le enseña la Acrópolis por primera vez, refuerza esta relación íntima entre ellos, especialmente cuando él recita un poema del poeta Kostís Palamás (1859-1943, Grecia) que acaba cautivando a Marina. Aunque sigue enamorada de Giannis, la relación con su hermano es mucho más intelectual y espiritual que la que nunca conseguirá tener con su marido. La serie afronta los pasajes más evocadores de la novela a través de una puesta en escena de carácter poético, un espacio vacío en el que los personajes establecen las relaciones auténticas que no se atreven a experimentar en sus vidas, lo que resulta un intento algo fallido de reproducir la profundidad psicológica de la novela. Una aportación notable a esta atmósfera es la banda sonora de Ted Regklis (1986, Grecia), que a veces evoca las composiciones de Eleni Karaindrou para las películas de Theo Angelopoulos. Cuando la primera tragedia ocurre en el Episodio 4 (T1E4), en el que el barco "Marina", del que es propietario Giannis, sufre un naufragio frente a las costas españolas, la advertencia de Reizena parece una premonición: "La mala suerte nunca viene sola". Y a partir de ese momento la vida de Marina se vuelve solitaria, ejerciendo como madre de su hija Anna mientras Giannis debe volver a embarcarse como capitán en el antiguo barco "Quimera" por las costas orientales, para recuperar el dinero perdido. The great chimera ha contado con un amplio presupuesto que ha permitido el rodaje en las localizaciones en las que se desarrolla la historia, transmitiendo la belleza neoclásica de Siros, las texturas urbanas de Atenas y el aire melancólico de Trieste, en un contexto de entreguerras que también resalta la atmósfera de tensión cultural y política. La historia habla del sentido de pertenencia, del deseo y de la muerte, representada en una decisión importante que toma Marina durante la celebración del carnaval en la ciudad de Ermúpoli. Y a pesar de haber sido escrita hace casi un siglo, consigue adoptar una nueva perspectiva desde el filtro de la mirada contemporánea. El autor M. Karagatsis fue acusado de aportar una visión patriarcal en el retrato del deseo que rodea a la protagonista, pero en la actualidad (y en la representación de la serie), Marina no se justifica, sino que asume sus propias contradicciones, como el hecho de sentir más placer cuando se masturba que cuando tiene un encuentro sexual con un hombre, o la necesidad de buscar la pasión en desconocidos, casi como una sublimación del trauma marcado por su primera experiencia sexual. Con sus posibles defectos, The great chimera es una propuesta sólida que encuentra en el clasicismo de su puesta en escena una contemporaneidad destacable, como el reflejo de un destino que se describe en la escandalosa interpretación que hace Marina ante sus profesores de Medea, la madre que asesinó a sus propios hijos: "Medea es un ser común y corriente, cuyo amor ciego nubla su juicio, como ocurre con cualquier ser humano normal".

Oderbruch

Temporada 2 | ARD | Alemania 2026 | 6x45' ★ 

Creada por Arend Remmers, Adolfo J. Kolmerer, Christian Alvart

Dirigida por Adolfo J. Kolmerer

Esta reseña contiene spoilers de la primera temporada

A pesar de haber logrado el premio a la Mejor Serie en la sección de Ficción del South International Series Festival 2024, la interesante mezcla de géneros que planteaba la producción alemana Oderbruch (ARD, 2024-) no ha terminado de encontrar acogida en España, donde permanece inédita, lo que hace complicado hablar de la segunda temporada que se acaba de estrenar en Alemania, porque su punto de partida es el principal giro de guión que contenía la primera. Precisamente, una de las principales características de esta nueva entrega es que cambia completamente de tono y se desarrolla casi exclusivamente en España, en localizaciones como Extremadura, aunque principalmente se rodó en Las Palmas de Gran Canaria. Pero advertimos que es necesario introducir información relevante de la primera temporada para poder hablar de la segunda. Aquella se construía desde la propuesta de un thriller oscuro que comenzaba cuando dos hombres descubren una montaña de cadáveres cerca del pueblo ficticio de Krewlow, en la región de Oderbruch cercana a la frontera con Polonia. Se trata de un lugar casi abandonado en el que la policía sospecha que puede haber actuado un asesino en serie, dado el elevado número de cadáveres que se han encontrado, más de una centenar, no solo de personas sino también de animales. Decíamos en nuestra reseña de la serie que "sabe manejar el misterio a través de un ritmo que a veces puede parecer lento pero que consigue mezclar con acierto acontecimientos históricos con una trama policial que tiene algunos elementos sobrenaturales". Pero conforme se desarrollaba la historia, que estaba protagonizada por Maggie Kring (Karoline Schuch), quien abandonó el pueblo en 1997 después de que su hermano Kai (Julius Gause) fuera víctima de la inundación del río Óder, y por el investigador polaco Stanisław Zajak (Lucas Gregorowicz), el tono iba derivando hacia un relato sobrenatural con un punto de giro sorprendente. 13 millones de visualizaciones en la plataforma del canal ARD avalan el éxito de Oderbruch, que sin embargo tuvo un rendimiento menor en su emisión en lineal, demostrando que su espacio más cómodo es el streaming. Esta segunda temporada comienza donde terminó la anterior, en esta ocasión con Maggie y Kai recorriendo Europa para exterminar a la saga de vampiros que asesinan a seres humanos, pero al mismo tiempo siendo perseguidos por el inspector Stanisław Zajak, ahora al margen de la policía. Seguramente los responsables tenían claro por dónde querían que se dirigiera la historia, pero la transformación de la oscuridad y el misterio de la primera temporada en la luminosidad de los paisajes españoles resulta arriesgada, y de hecho ha recibido algunos comentarios decepcionantes por una parte de los espectadores. Si la entrega anterior era un thriller sobrenatural, ésta es una road movie de persecución que está envuelta en las luchas de poder de la dinastía vampírica Strigoi, encabezadads por Quito (Sabin Tambrea), quien aspira a modificar el orden establecido dentro de su familia, incluso aunque tenga que rebelarse contra su padre Ion (Martin Feifel). 

La historia se desarrolla entre un antiguo monasterio en la llamada Terra Azul, donde el gobernante Ion espera el nacimiento de un bebé vampiro que surja de la relación sexual con algunas de las doncellas esclavizadas, y los paisajes desérticos de España, adonde se dirigen Maggie y Kai en busca de su próximo objetivo, un vampiro llamado Cristóbal (Miguel Álvarez) que secuestra turistas para mantenerlos vivos y alimentarse de su sangre. Pero la verdadera razón por la que Maggie quiere ir a España es porque en el pueblo de Monrico vive su hija Vera (Emily Kusche), que fue adoptada y estudia violonchelo mientras trabaja como cuidadora de un refugio para perros, sin saber quién en su verdadera madre. De manera que la serie dirigida por Adolfo J. Kolmerer (1986, Venezuela) se transforma en un relato de dinastías vampíricas que tratan de conseguir descendencia para sobrevivir, mientras la lucha de poderes establece una dinámica de perseguidores y perseguidos que se va modificando a lo largo del desarrollo de la historia. La pregunta es si ésta es realmente la deriva hacia la que se podía esperar que se dirigiera la primera temporada, completamente diferente en tono y forma, pero en cierto modo resulta lógica desde la introducción de las revelaciones que se producen en la primera parte. Hay una apuesta por el riesgo dentro de un planteamiento que se siente cómodo en los cruces de caminos entre personajes, aunque quizás la reinterpretación del entorno vampírico puede resultar algo confusa. En esta serie la luz del sol no resulta una amenaza para los vampiros, y la mayor parte del tiempo ni siquiera se enfrentan a través de su fuerza sobrenatural sino que lo hacen con ametralladoras y pistolas, lo que puede parecer algo absurdo en algunos momentos. Pero si se acepta el cambio de géneros propuesto y la transformación en una lucha contra la jerarquía de dominación dentro de una dinastía vampírica, Oderbruch se mantiene fiel a sí misma en su intención de no encasillarse dentro de un género determinado, evitando las estructuras convencionales de los thrillers sobrenaturales. El contraste entre los paisajes desérticos soleados de España y la oscuridad de la ciudad fronteriza polaco-alemana que sigue estando presente, funciona como un impulso para una historia que aborda temas como la lealtad a los principios frente a los vínculos familiares. Aunque se puede echar de menos esa atmósfera desasosegante de la primera temporada, así como el trasfondo histórico que la acompañaba, la segunda entrega mantiene todavía una inquietante tonalidad a través de su banda sonora y un buen pulso narrativo del director nacido en Venezuela pero afincado en Alemania Adolfo J. Kolmerer, que consigue que algunos recursos de guión algo débiles puedan pasar desapercibidos. La temporada termina con una puerta claramente abierta a una continuación, aunque por el momento no está confirmada. 

How to kill your sister

Miniserie | Streamz | Bélgica, Alemania 2025 | 6x42' ★ 

Creada por Pedro Elías, Evelien Broekaert

Dirigida por Jonas Geirnaert

Canneseries '25: Competición de Ficción | Serielizados '25: Sección Panorama

Premios Ensor '26: Mejor Sonido


Ya hablamos de esta producción belga en nuestras crónicas del festival Canneseries 2025, donde compitió en la Sección Oficial, y más tarde ha formado parte de la sección Panorama del Festival Serielizados 2025. Con un notable nivel de series en los últimos años, Bélgica se ha ido consolidando como una de las industrias audiovisuales más interesantes, a través de títulos recientes como la comedia sobre vivir bajo el síndrome de Tourette Holy Sh!t (Streamz, 2025), la dramedia sobre el descubrimiento homosexual Oh, Otto! (Streamz, 2025), el policíaco ambientado en los ochenta The big fuck-up (Streamz, 2025), sobre un departamento de la policía cuyos miembros se convierten en narcotraficantes, el procedimental legal Quiproquo (RTBF, 2025), el tenso drama familiar Arcanes (RTBF, 2025), el thriller de humor negro Dead End (Streamz, 2024) o la curiosa mezcla entre surrealismo y un whodunit al estilo Agatha Christie en Esto no es un misterioso asesinato (Filmin, 2025), además del estupendo drama social Putain (Filmin, 2024). Los guionistas belgas manejan bien el humor negro, y How to kill your sister (Streamz, 2025) encaja perfectamente en este tono a través de una road movie cuyo primer episodio comienza con una actuación de Camilo Sesto interpretando su éxito "Vivir así es morir de amor", de su álbum Sentimientos (1978, Sony Music), como una de las canciones preferidas de Anna (Emma Rotsaert), mientras recorre España con su hermana Kat (Marjan De Schutter) y sus padres (Sofie Decleir, Nico Sturm), dirigiéndose a Santa Rita, una finca ficticia que ha sido rodada en Málaga. Por razones que se irán revelando posteriormente, los padres han decidido quedarse permanentemente en España, aunque sus hijas piensan que se trata solo de unas vacaciones temporales. Este viaje por las carreteras españolas se alterna con la actualidad, ocho años después, cuando Anna consigue localizar a Kat después de estar separadas durante todo ese tiempo tras el accidente que mató a sus padres. Anna ahora tiene un cáncer terminal, conduce el coche destartalado de su familia y lleva un ataúd en el portaequipajes, pidiéndole a Kat que la acompañe de nuevo a Santa Rita para enterrar las cenizas de sus padres, pero también para practicarle la eutanasia antes de que la enfermedad sea insoportable y ser enterrada en el ataúd que transporta. Esta propuesta es el origen del enigmático título de la serie, y así se inicia un viaje que transcurre de forma paralela al que hicieron años atrás, equilibrando perfectamente los secretos que oculta la familia antes y ahora, y manteniendo un tono de humor negro y algo absurdo que convierte a How to kill your sister en una de las propuestas más divertidas de la última temporada, que tras su paso por la plataforma Streamz en Bélgica se ha estrenado en países como Alemania. El guión está escrito por Pedro Elías (1974, Bélgica), conocido presentador de televisión belga con ascendencia catalana, y Evelien Broekaert (1982, Bélgica), pareja sentimental desde hace doce años, consiguiendo sacar partido de las situaciones más surrealistas, como cuando en el episodio 1635 km. (T1E2), mientras se hospedan en un hotel de carretera, la gerente les dice: "Por favor, ¿podrían cubrir el ataúd que lleva en el portaequipajes? Los clientes piensan que estamos alojando a vampiros". A lo largo de este trayecto, también se encontrarán con personajes peculiares como una pareja de holandeses que vive en una autocaravana y que son irritantemente habladores, o Rémi (Roland Bouilloz), un hombre que quiere suicidarse en el mismo lugar en el que se declaró a su esposa. 

A pesar del sentido del humor, How to kill your sister habla de temas relevantes y profundos, como la enfermedad y la muerte, pero también aborda las relaciones familiares y la falta de comunicación que puede provocar el distanciamiento. Hay algunos elementos que provienen de la propia familia de Pedro Elías, y otros como el cáncer que acabaron formando parte de su propia historia, cuando uno de sus hijos fue diagnosticado con leucemia durante los cinco años que tardó en escribirse el guión. El director Jonas Geirnaert (1982, Flandes), uno de los responsables del excelente thriller El día (Filmin, 2018), plantea la serie como una road movie que se mira en películas como Tres anuncios en las afueras (Martin McDonagh, 2017), incorporando una cierta atemporalidad en la que no hay demasiada diferencia entre el presente y ocho años atrás, aparecen gasolineras de aspecto retro y los coches de policía españoles tienen el diseño de finales de los ochenta. La historia no evita la tragedia que ha rodeado a las hermanas, construyendo una relación que se consolida conforme recorren las carreteras españolas en el viejo Volvo de sus padres, pero que necesita desprenderse del pasado para equilibrarse. Kat parece tener una relación en la que su pareja Stefaan (Peter Gorissen) es demasiado controlador, y el viaje con Anna se convierte también en una forma de liberación de la permanente supervisión a la que está sometida. Con una sólida estructura narrativa, el episodio 1131 km. (T1E3) se hace relevante porque enfrenta a Anna, que sabe que va a morir, con Rémi, que desea morir suicidándose, estableciendo una contradicción interesante que habla sobre la forma en que nos enfrentamos a la vida. Pero conforme se revelan algunos secretos en 408 km. (T1E4), la relación entre las dos protagonistas vuelve a distanciarse, mientras la trama paralela que transcurre más de ocho años atrás desgrana progresivamente las motivaciones de sus padres que han afectado a su propia relación como hermanas. Aunque la muerte está presente como un destino inevitable y muy cercano para una de ellas, How to kill your sister propone una reflexión optimista sobre la necesidad de aprovechar el momento: "Ha sido la noche más divertida que he tenido en muchos años", dice Kat al final de una de las experiencias más caóticas y extrañas que acaban de vivir. How to kill your sister es una excelente representación de una producción audiovisual belga que no tiene miedo de arriesgarse y llevar las historias hasta el límite del absurdo, pero manteniendo siempre una conexión con la humanidad de sus personajes. También aporta un tono diferente la incorporación de canciones de Camilo Sesto, Joni Mitchell o la cantautora belga Meskerem Mees (1999, Etiopía), que firma la banda sonora junto a Pieter Van Dessel, pero cuyos temas están sacados de su álbum Julius (2021, Mayway Records). Incluso en algunos momentos la serie juega con la aparición de un remedo de Camilo Sesto (Yannick Verbinnen) que impulsa psicológicamente a los personajes, especialmente en una divertida versión coral de la canción en el episodio 51 km. (T1E5). La serie adopta así las hechuras de un musical retro que contribuye a hacer relevantes la introducción de algunos de sus temas: "Vivir así es morir de amor" podría ser una descripción de la relación entre las hermanas, y "Big yellow taxi", en la que Joni Mitchell habla sobre cómo solo apreciamos lo que tenemos cuando lo hemos perdido, también define a las protagonistas.  

Blind Sherlock

Miniserie | Netflix Benelux/ZDF | Países Bajos, Alemania 2026 | 6x45' ★ 

Creada por Maarten Goffin, Kristof Hoefkens

Dirigida por Joost Wynant

Desde su propio título esta producción neerlandesa demuestra su carácter generalista, porque en realidad el protagonista no es un investigador que resuelve casos de manera deductiva como Sherlock Holmes, sino un colaborador de la policía cuya ceguera le ha permitido reforzar su sentido auditivo, lo que le convierte en un activo valioso para detectar elementos sonoros que otras personas no son capaces de aislar, y sus transcripciones de las escuchas telefónicas o grabaciones en audio se convierten en pruebas importantes para hacer avanzar las investigaciones. En realidad Blind Sherlock (Netflix, 2026) proviene del apodo que recibió en la vida real Sacha Van Loo, al que llamaban "el Sherlock Holmes ciego", un colaborador de la policía federal belga que trabajó durante doce años, hasta que se jubiló en 2019, analizando y transcribiendo grabaciones mediante la conocida como ecolocalización, gracias a su agudo sentido del oído. Van Loo se convirtió a mediados de los 2000 en una figura popular en los medios belgas e incluso The New York Times le dedicó un reportaje, y sus capacidades no se limitaban a la audición, sino que también era un experto lingüista capaz de hablar once idiomas, entre ellos el español. Ligeramente inspirada en el trabajo de Sacha Van Loo, la serie creada por Maarten Goffin y Kristof Hoefkens, que han colaborado juntos en otras producciones interesantes como Geldwolven (Streamz, 2022), surgió a partir de un artículo periodístico que hablaba de su trabajo en la policía, y de hecho la historia se sitúa en el mismo año en que aparecieron los primeros artículos sobre él, en 2007, aunque realmente la puesta en escena no destaca en su representación de los años 2000. En una práctica habitual de estrenos locales en las plataformas de streaming, esta serie policíaca ha sido estrenada por Netflix solamente en los países del Benelux, mientras que en Alemania los derechos pertenecen a la cadena pública ZDF, y en el resto del mundo están libres a través de las ventas de la distribuidora francesa TF1. Una de las dificultades de trasladar el trabajo de Sacha Van Loo a la pantalla es precisamente que, como él mismo afirmaba en alguna entrevista, "solo se trata de un trabajo administrativo", porque su función era simplemente transcribir las escuchas, añadiendo comentarios sobre aspectos que había detectado. De hecho, nunca se le permitió portar un arma en sus años de colaboración con la policía, así que los creadores tratan de inventar todo tipo de justificaciones para que el protagonista Roman Mertens (Bart Kelchtermans) acabe metido en redadas y en registros policiales, al mismo tiempo que se construye una trama de extorsión contra él cuando Andy (Maarten Heijmans), un criminal que pretende ganarse la confianza de una banda mafiosa, quiere utilizar a Roman para averiguar en qué estado se encuentran las investigaciones policiales. Al comienzo del primer episodio, el inspector Nico Davids (Frank Lammers) ofrece algunas claves sobre el trabajo que lleva a cabo: "Se calcula que cada año se vende cocaína en Europa por valor de 50.000 millones de euros. La mayor parte de ella llega a través del puerto de Róterdam. Los criminales solían trabajar en secreto, alejados de la gente normal. Pero en los últimos meses se ha producido una espiral de violencia relacionada con el tráfico de drogas". El proceso de selección de personal para que trabaje en la transcripción de las escuchas telefónicas se encuentra con la sorpresa de un aspirante ciego, Roman Mertens, que perdió la vista en un accidente cuando era niño, interpretado con soltura por el debutante Bart Kelchtermans, que también es ciego en la vida real. El punto de partida se establece rápido, pero también el tono de una serie que sin ningún rubor se sitúa dentro del carácter más generalista marca Netflix, con personajes estereotipados y tramas poco creíbles. 

Hay un ligero tono de humor que a veces resulta exagerado por cierta tendencia al histrionismo en algunos de los actores profesionales, y el guión establece situaciones inverosímiles, como la constante presencia de la alcaldesa de Róterdam, Lucia Limon (Manoushka Zeegelaar Breeveld), en la comisaría central para presionar al jefe de policía Paul De Geeter (Pierre Bokma). De una manera convencional, la trama principal gira en torno a una banda de narcotraficantes uzbekos conocida como Los Beatles porque sus miembros tienen el apodo de cada uno de los componentes del grupo musical. Pero John Lennon parece haber traicionado a George Harrison, Ringo Starr y, sobre todo, Paul McCartney, el principal jefe mafioso, robando uno de sus contenedores e iniciando una guerra interna en el corazón del narcotráfico en Róterdam: "Si les atrapamos, acabaremos con todo el tráfico de drogas en Róterdam y en Europa Occidental", anuncia Paul De Geeter en el Episodio 2 (T1E2), una premisa poco creíble que está en línea con el desarrollo demasiado exagerado que tiene la serie. Entre continuas tomas aéreas del puerto y la ciudad de Róterdam, aunque también se ha rodado en localizaciones belgas como la ciudad de Brujas, Blind Sherlock se construye como un policíaco tradicional que no aprovecha del todo las posibilidades de su punto de partida, algo parecido a lo que ocurría con Código de silencio (Filmin, 2025), otra historia sobre una colaboradora de la policía que convierte su discapacidad (auditiva) en una ventaja porque ha desarrollado su talento para la lectura labiofacial. Sobre todo porque utiliza recursos que acaban siendo tan previsibles que casi nunca consiguen mantener el suspense necesario, como cuando realizan una intervención policial en la playa de Hoek van Holland, el puerto de donde parten los ferries hacia las islas británicas. El director Joost Wynant, que ha dirigido las primeras temporadas del thriller Bajo el fuego (Netflix, 2021-), inventa maneras de representar las imágenes que capta Roman cuando trata de aislar los sonidos de las escuchas, detectando la personalidad de los escuchados a través de sus inflexiones de voz o sus acentos. Pero la trama que va desvelando la identidad de los cuatro componentes de la banda mafiosa y la cuenta atrás para evitar el asesinato de John Lennon resulta demasiado predecible. El actor español Víctor Solé interpreta en dos episodios centrales a García, un narcotraficante que está negociando una ruta segura para trasladar un cargamento desde el puerto de Róterdam hasta Cádiz. También se introduce una subtrama que va adquiriendo mayor importancia en los últimos episodios respecto a la paternidad de Roman con su pareja Caro (Sigrid ten Napel), excesivamente histriónica en las escenas dramáticas, y las inseguridades que provoca en él debido a su discapacidad visual. Aunque aporta aspectos personales del protagonista, transmite la sensación de que se trata de una trama demasiado simple y melodramática. Como curiosidad, el desenlace de la temporada se desarrolla en un pannenkoekenboot (barco de panqueques), uno de esos tradicionales cruceros holandeses por el río con buffet libre de tortitas destinado a familias y turistas, pero no termina de aprovechar las posibilidades de un escenario tan particular. En el último episodio se hace referencia al personaje real Sacha Van Loo, aunque no aparecen imágenes actuales sino grabaciones de archivo de su trabajo para la policía. Blind Sherlock ha sido un éxito durante más de un mes en Bélgica y Holanda, porque es lo suficientemente entretenida como para un visionado rápido, pero también es demasiado Netflix como para ser interesante, con tendencia al histrionismo y una entrega a la convencionalidad sin ningún tipo de pudor.


Lucky Luke se estrena en Disney+ el 23 de marzo. 
Privilegios se estrena en HBO Max el 27 de marzo. 
Los testamentos se estrena en Disney+ el 8 de abril. 
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Tres anuncios en las afueras se puede ver en Disney+ y Movistar Plus+.

09 marzo, 2026

Las series más destacadas de 2026: Febrero-Marzo

Aunque los medios se enfocan principalmente en la adquisición de Warner Bros. por parte de Paramount, la productora que ha elaborado una lista negra de profesionales del cine con los que no está permitido trabajar debido a sus opiniones públicas sobre el genocidio de Gaza, se han producido dos movimientos en la industria audiovisual internacional que están pasando algo más desapercibidos pero pueden modificar dos de los mayores mercados del mundo: por un lado la fusión entre la francesa Banijay Entertainment, que cuenta con inversión de Arabia Saudí, y la británica All3Media; y por otro lado la decisión de Canal+ de clausurar la plataforma africana Showmax, que se había convertido en la empresa audiovisual que más producciones africanas había realizado en los últimos años. En los últimos años, tras la adquisición de la empresa matriz Multichoice por parte del conglomerado audiovisual francés Canal+, una de sus dos plataformas de streaming, Showmax, se había convertido en la productora del 30% de la producción de series y películas en el continente africano, pero los resultados financieros reportaban constantes pérdidas. Ahora, esta plataforma irá desapareciendo mientras Multichoice se enfoca en realizar inversiones en su otro canal de streaming, DStv Stream. Aunque Canal+ ha anunciado que no se producirán despidos, lo cierto es que la desaparición de Showmax supone un duro golpe para la inestable producción audiovisual africana. En el caso de Banijay Entertainment y All3Media, se convertirá, bajo el nombre genérico de Banijay, en el mayor grupo audiovisual surgido en Europa, bajo la dirección general del CEO Marco Bassetti, reuniendo un catálogo que supera las 260.000 horas de programación, incluyendo más de 45 formatos producidos en múltiples territorios durante 2025. Sin embargo, la inestabilidad que ha provocado el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán en todo Oriente Medio puede hacer tambalear a las principales productoras audiovisuales europeas, casi todas ellas con participación de capital procedente de países como Arabia Saudita o Emiratos Árabes Unidos que se están viendo directamente afectados por la expansión de la guerra, con resultados económicos imprevisibles. 

Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.

Industry (Temp. 4)
  ★★★ 
HBO Max, 12 de enero-1 de marzo
Reino Unido, 2026 - 8x60'
Creada por Mickey Down, Konrad Kay
Dirigida por Mickey Down & Konrad Kay, Michelle Savill, Luke Snellin 

Cuando se estrenó la primera temporada de esta serie fue la segunda menos vista de HBO y poco más de setenta mil espectadores vieron su emisión semanal, a pesar de lo cual la plataforma norteamericana decidió renovarla, en parte por tratarse de una coproducción con la BBC y en parte por el bajo coste de producción comparado con los grandes éxitos de la compañía. Para cuando se estrenó la tercera temporada, la audiencia había alcanzado 1,6 millones de espectadores, y el primer episodio de esta cuarta aumentó en un 20% la media de espectadores de la serie. Sin embargo, considerarla un éxito puede ser exagerado. Lo es, pero de nicho, teniendo en cuenta que incluso series que también son de producción modesta como Más que rivales (Movistar Plus+, 2025-), que en Estados Unidos emite HBO Max, ha alcanzado medias de 10 millones de espectadores. Pero Industry (HBO Max, 2020-2027) ha logrado ese nivel de prestigio que ha permitido que sus creadores, Mickey Down y Konrad Kay, dos ex-financieros que nunca habían escrito una serie antes, firmaran el año pasado un contrato de exclusividad de tres años que les confirma como guionistas y directores de la mayor parte de los episodios de la cuarta y quinta temporadas, con la que concluirán su historia en 2027. Y sin duda las ambiciones del proyecto, y de sus propios creadores, han aumentado con el paso del tiempo, reconociendo ellos mismos que cuando comenzaron la serie no estaban demasiado seguros de lo que estaban haciendo. Pero, aparentemente, esta cuarta temporada puede ser percibida como la más convencional de todas, elaborando una trama de thriller conspiranoico, introduciendo un claro antagonista, el nuevo personaje Whitney Halberstram (Max Minghella) lleno de ambigüedades y en cierta manera convirtiendo a Harper Stern (Myha'la) en una protagonista con convicciones morales que trata de encontrar las inconsistencias en las finanzas de una sospechosa empresa en cuya organización se introduce el magnate Henry Muck (Kit Harrington), marido de la coprotagonista Yasmin Kara-Hanani (Marisa Abela). Incluso en la mirada política algunos pasajes pueden parecer inverosímiles, como el hecho de que unos tiburones financieros muestren algún tipo de aprensión a involucrarse con una familia de ideología nazi (solo hay que comprobar el posicionamiento de los grandes empresarios tecnológicos respecto a la administración Trump). Pero Industry siempre ha hablado de los orígenes, de la forma en que Harper decidió tomar la iniciativa de luchar contra un sistema que nunca le permitiría acceder a puestos de privilegio en un sector financiero racista y machista, para convertirse en la asesora financiera más inescrupulosa de todos; y en la manera en que Yasmin, heredera de un gran imperio económico, se enfrenta constantemente al trauma de los abusos en el seno de su propia familia. La serie también se atreve a adentrarse en los vericuetos de la política británica a través de la portavoz laborista Jenni Bevan (Amy James-Kelly) y del aspirante a reformista Sebastian Stefanowicz (Edward Holcroft). Por el camino, la trama principal de esta temporada deja de parecerse a Succession (HBO Max, 2018-2023), una de las influencias más claras en el estilo narrativo de la serie, para acercarse un poco más a Billions (SkyShowtime, 2016-2023), respecto a la relación entre el poder económico y el poder político. Pero las referencias están marcadas muchas veces por la selección musical: la aparición del "True faith" (1984) de New Order recuerda a historias de yuppies como Noches de neón (James Bridges, 1988), el "Firestarter" (1996) de The Prodigy a vidas adictivas como las de Trainspotting (Danny Boyle, 1996), y los guiños musicales al universo cinematográfico de Stanley Kubrick como La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971) o Barry Lyndon (Stanley Kubrick 1975) son constantes en los primeros episodios (Konrad Kay es el más cinéfilo de ambos creadores). Tanto que la fiesta de cumpleaños de Henry Muck en El Comandante y la dama gris (T4E2) parece una rave resacosa de Eyes wide shut (Stanley Kubrick, 1999).

Los comentarios políticos de la temporada alcanzan la decepción de la era post-Brexit, como en el episodio Ojos sin cara (T4E5), cuando Edward Burgess (David Wilmot), el director del periódico FinDigest que investiga las finanzas sospechosas de la empresa Tender, responde a una petición de protección a un posible denunciante: "Antes había una directiva europea de protección de informadores, pero ya no se aplica porque unos catastrofistas incentivaron con mentiras a otros catastrofistas para que nos saliéramos de Europa". A lo largo de la temporada, Industry ha ido plantando temas por los que está cada vez más interesada, como la cuestión racial en un mundo financiero eminentemente blanco, con la introducción de Kwabena Bannerman (Toheeb Jimoh), un analista de buena familia que es empleado y amante al mismo tiempo de Harper, al que ella definirá en el episodio Ambos, Y (T4E8) como "la única persona negra con la que me relaciono". En Industry, Harper representa a ese tipo de personajes que consigue abrirse camino en un sistema capitalista a pesar de que tiene todo en contra para conseguirlo, y para ello necesita aliarse con compañeros poco fiables, como Eric Tao (Ken Leung), que regresa a la serie para, en cierta manera, afrontar sus propias inseguridades personales y sus propias mezquindades. Los guionistas y directores han mirado permanentemente a los titulares reales para construir su historia, haciendo referencias más o menos claras a los grandes escándalos  en el seno del mundo financiero: el polémico rescate de la empresa energética británica Bulb Energy, el fraude financiero de la empresa tecnológica alemana Wirecard que se sostenía en una gran burbuja que no contenía nada, el auge de los populismos en Gran Bretaña que llevaron a decisiones fatales como el Brexit, y especialmente el escándalo de abusos sexuales a menores protagonizado por el magnate pederasta Jeffrey Epstein y su "conseguidora" Ghislaine Maxwell., de cuyo entramado aún no se han depurado todas las responsabilidades. Podríamos decir que las tres temporadas anteriores de Industry conforman una especie de trilogía que está relacionada con el ascenso de sus dos principales protagonistas más allá de las ataduras a Pierpoint & Co. y su debacle financiera, situando a Harper y Yasmine en posiciones de privilegio dentro de sus mundos particulares. Pero ambas siguen caminos diferentes y sus arcos de personajes se bifurcan hacia desenlaces casi contradictorios, un poco más amable con la primera y bastante más siniestro para la segunda. En esta especie de reinicio de la serie que conformará el díptico formado por la cuarta y la quinta temporadas es fácil adivinar que el destino de los personajes no será especialmente feliz. Pero la serie ha conseguido pasar de ser un drama financiero que a veces podía ser difícil de seguir por la retórica bursátil, a convertirse en un thriller político en el que los personajes aparentemente perjudicados al final de temporada prometen regresar en la siguiente, como muestra ese frame poco antes de los créditos finales para el que se necesita pausar la reproducción para apreciarlo con claridad. Los creadores lo han explicado como un homenaje a El fantasma (T5E13), el final de la quinta temporada de Mad men (Disney+, 2007-2015), una muestra del reinicio del ciclo. Ellos cuentan que se trata de una imagen surgida de una escena de tres minutos no incluida en la serie, en la que Whitney se encuentra en un bar en Lituania, que acababa con una imagen suya vista a través de un glory hole, lo que hace referencia a la secuencia del episodio Querido Henry (T1E5) en la que Whitney invita a Henry Muck a un club gay. Es la primera vez que los creadores de Industry se han permitido el lujo de dejar un final abierto, porque en las tres temporadas anteriores siempre trataban de crear finales que pudieran ser conclusivos por la posibilidad de no ser renovados.  

The Newsreader (Temp. 1-3)
  ★★★★☆ 
Netflix, 1 de marzo
Australia, 2021-2025 - 6x60'
Creada por Michael Lucas
Dirigida por Emma Freeman
AACTA '26: Drama, Actriz principal (Ana Torv), Actor Secundario (Daniel Henshall), Guión

En los últimos años se están dando algunas circunstancias peculiares, con la adquisición de series a nivel global por parte de plataformas de streaming internacionales que acaban estrenando sus últimas temporadas. La plataforma española Filmin se fijó hace unos años en dos de ellas: la dramedia noruega Perni (Netflix, 2021-2024) y el drama periodístico australiano The Newsreader (Netflix, 2021-2025), pero en ambos casos la adquisición global de derechos por parte de la plataforma Netflix provocó que sus últimas temporadas no hayan sido estrenadas en Filmin, donde ya no están disponibles. Como ocurrió con Perni, Netflix se aseguró la emisión de todas las temporadas de la serie australiana y ha estrenado a principios de este mes las dos anteriores que ya se habían podido ver en España y la tercera y última, que estaba inédita. Esto le permite a la serie disponer de una nueva vida y probablemente ser descubierta por muchos espectadores, pero hay que reconocer que Netflix no vio en su momento el potencial de esta producción que en Australia está considerada como uno de sus mejores dramas de todos los tiempos, consiguiendo récords de nominaciones por dos de sus temporadas en los premios de la Academia de Cine y Televisión de Australia (ACCTA), en los que la segunda y la tercera fueron reconocidas como Mejor Serie Dramática, al margen de otros galardones. El drama sobre el ambiente de una redacción de noticias de una exitosa cadena de televisión australiana en los años ochenta puede ser fácilmente comparable con The newsroom (HBO Max, 2012), pero con una capacidad de consolidación mucho más lograda, y con The Morning Show (Apple tv, 2019-), pero con una tendencia menos telenoverela. A veces, quizás por la época en la que se desarrolla, y especialmente en esta tercera temporada, puede recordar a grandes títulos cinematográficos que han abordado el mundo de la televisión como Network, un mundo implacable (Sidney Lumet, 1976), e incluso en algún momento con referencias claras a la famosa escena del maquillaje de Yo, Tonya (Craig Gillespie, 2017), no por casualidad dirigida por un australiano. Como vamos a hablar principalmente de la última temporada, hay que advertir a quienes no hayan visto las anteriores que daremos información que revelan algunos aspectos importantes de las dos anteriores. La historia comenzó en el entorno de la redacción del programa de noticias News at Six, presentado por la estrella de la televisión Helen Norville (Ana Torv), donde conoce al joven reportero junior Dale Jennings (Sam Reid), que acabará convirtiéndose en su productor, pero con la ambición real de ser co-presentador él mismo. Pero al margen de la imagen de fortaleza que Helen Norville ofrece en un mundo principalmente dominado por hombres, como se muestra en una escena de la tercera temporada en la que ella es la única mujer en una reunión con altos directivos de una cadena de televisión, Helen es una persona inestable, que ha tenido problemas de depresión y carga con un pasado traumático relacionado con la enfermedad mental, lo que finalmente tendrá que afrontar en esta temporada. Conforme Dale Jennings se convierte en aquello a lo que había aspirado, también tiene mayores problemas para ocultar su principal secreto: ser gay en el entorno de los años ochenta en los que la homosexualidad no solo era discriminada sino sobre todo estaba estigmatizada por la pandemia del Sida. La evolución de la relación entre Helen y Dale es el soporte de la serie, y de hecho el creador Michael Lucas justificaba la decisión de terminar la historia porque esta relación siempre había sido concebida como una trama en tres actos. 

La última temporada comienza con ambos en una posición equidistante, como un proceso lógico dentro de su desarrollo profesional. Después de una crisis, Helen Norville ha conseguido volver a convertirse en presentadora de un programa de noticias en horario de prime time, pero esta vez contratada por otra cadena de televisión, de manera que ahora es la competencia directa del programa News at six que presenta como estrella absoluta Dale Jennings. Pero la relación entre ambos ha pasado por tantas fases a lo largo de las temporadas anteriores que ya está totalmente consolidada como una amistad en la que cada uno puede ser la tabla de salvación de las crisis del otro. Ambos conocen sus secretos, pero quizás no son tan conscientes de la profundidad psicológica que les lleva a mantener sus fachadas: ella como una profesional que se ha ganado fama en los últimos años como reportera internacional, transmitiendo noticias de gran alcance como el accidente de Lockerbie en 1988, con el que terminaba la segunda temporada, y él ofreciendo esa imagen impoluta pero al mismo tiempo demasiado estirada de un presentador que quiere ser tomado en serie, mientras bucea en su bisexualidad y mantiene una relación continuada con un joven prostituto. La ambientación en los años ochenta permite a The newsreader enmarcar su historia en grandes acontecimientos históricos, algunos locales australianos y muchos internacionales. Desde 1986 en el que transcurre la primera, esta última se desarrolla en 1989, entre momentos relevantes como las protestas de la plaza de Tiananmen en junio y la caída del muro de Berlín en noviembre. Hay también destacados personajes secundarios, como el matrimonio que forman el presentador deportivo Rob Rickards (Stephen Peacocke), quien debe enfrentarse a acusaciones de racismo durante su etapa como jugador, y su esposa la productora de noticias Noelene Kim (Michelle Lim Davidson), que aporta el toque de diversidad racial que quizás no era tan común en aquellos años, mientras planea siempre la amenaza constante del irascible director Lindsay Cunningham (William McInnes). Pero The Newsreader es sobre todo la relación entre Helen y Dale, y cómo ambos se enfrentan a sus propios traumas psicológicos: la enfermedad mental y el secreto de la homosexualidad. Y hay que decir que ambos acaban envueltos en el peor momento de sus trayectorias personales y profesionales en esta entretenida y dramática tercera temporada. La directora Emma Freeman, que ha dirigido todos los episodios de la serie, mantiene los encuadres inestables de Helen con esa sonrisa que oculta sus profundas inseguridades, mientras resultan fríos y calculados en la aparente perfección estudiada de Dale, que se castiga a sí mismo escuchando las opiniones de espectadores sobre su excesiva rigidez. Es interesante cómo esta temporada ambos también se enfrentan a las parodias de sí mismos que hace un programa de humor, en las que sus alter egos parecen haber captado claramente las imperfecciones que angustian a ambos. El primer episodio, Noche de noches (T3E1), se desarrolla en la entrega de los premios Logie de televisión (en los que The Newsreader ha tenido varias nominaciones pero solo consiguió el de Mejor Drama por su primera temporada), cuando Dale Jennings aspira al premio Logie, para el que han elegido a Helen Norville como presentadora. Todos dan por sentado que esto quiere decir que él será el ganador, igual que en algunos medios australianos se ha dado por sentado que The Newsreader es una de sus series más relevantes, una historia cargada de personajes imperfectos y atractivos que ha conseguido construir una de las mejores producciones dramáticas de los últimos años. 

Riot women
  ★★★★☆ 
Movistar Plus+, 2 de marzo
Reino Unido, 2025 - 6x50'
Creada por Sally Wainwright
Dirigida por Sally Wainwright, Amanda Brotchie
Serielizados '25: Sección Oficial Internacional

La esperada nueva serie dramática de Sally Wainwright nace desde la experiencia personal que ella explicaba en la pasada edición de Séries Mania: "Es un proyecto muy personal, que trata sobre mi vida, sobre la menopausia y sobre la lucha de mi madre con la demencia. Llegas a una edad en la que tienes que lidiar con cosas como padres ancianos que necesitan tu ayuda, hijos difíciles, un marido que me abandonó.... La menopausia te hace invisible y puede verse como una pérdida de energía, pero quería encontrar una forma de darle una nueva energía". Esta invisibilidad es particularmente percibida por Beth (Joanna Scanlan), una profesora de instituto tan absorbida por la indiferencia social que está a punto de suicidarse cuando la vemos por primera vez. "¿Crees que las mujeres de una cierta edad pueden llegar a ser invisibles? Lo digo en serio. ¿Puede alguien acabar de decir que ha estado a punto de suicidarse la noche pasada y ni siquiera parece haber sido escuchada?". Beth es una mujer madura que sufre las consecuencias de ser el reflejo de una estructura social que proyecta en las mujeres las responsabilidades familiares: un marido que la ha abandonado con ingratitud, un hijo que parece haberse olvidado de ella pero a la que siempre acude cuando tiene una crisis sentimental, y una madre con demencia ingresada en una residencia. La salvación frente a su intención de acabar con su vida le llega con una llamada telefónica de su amiga Jess (Lorraine Ashbourne) que, animada por los avances que ha hecho en unas clases de batería, le propone la loca idea de formar un grupo de música. Jess es la dueña de un pub y mantiene una actitud habitualmente positiva y alegre, que en realidad esconde una soledad absoluta, en conflicto permanente con su vecina Inez (Natalia Tena), y su negocio de la competencia, un bar de tapas llamado El Toro Rojo. El segundo momento de revelación de Beth se produce cuando pasa por delante de un local de karaoke en el que está cantando Kitty (Rosalie Craig), la hija del gángster local Keith Eckersley (una breve aparición de Jonathan Pryce). Ella tiene una personalidad volátil, marcada por un pasado traumático, pero canta con una rabia que encaja perfectamente en este grupo de "mujeres provocadoras" que adoptan el punk como un grito de reivindicación frente a la invisibilidad, aunque la primera canción que interpretan es tan escasamente punk como "Waterloo", del grupo ABBA. El primer nombre de la banda que Sally Wainwright sugirió fue Old Bags' Department (Departamento de Bolsos Viejos), pero la BBC lo consideró poco apropiado. Riot women (BBC, 2025), que compitió en la Sección Oficial de Serielizados 2025, forma una especie de trilogía con otros dos dramas de su creadora, que se desarrollan también en el entorno de la ciudad de Hebden Bridge, en el distrito de West Yorkshire (aunque la serie se rodó realmente en Calderdale): Last tango in Halifax (BBC, 2012-2020) y la popular Happy Valley (BBC, 2014-2023), pero en el tono dramático y colectivo se acerca más a esta última. 

También hay dos policías en esta conjunción de mujeres menopáusicas: Holly (Tamsin Greig), es una oficial de carrera que asume su próxima jubilación como un precipicio vital, y después de treinta años de servicio tiene que asumir que su última detención es la de una borracha desquiciada como Kitty en medio de un supermercado. Mientras que su compañera de patrulla Nisha (Taj Atwal), sufre el constante acoso del policía Rudy (Ben Batt), un imbécil peligroso que considera que agarrarle las tetas es una broma inofensiva. Pero ella ha decidido no denunciarle ante sus superiores, como le sugiere Holly: "Simplemente no tiene sentido. Lo esconderán debajo de la alfombra. Cuando lleguen hasta el fondo acabará encontrándose en algún momento con algún colega de Rudy. Acudir a los superiores nunca funciona". La última componente del grupo es Yvonne (Amelia Bullmore), la hermana de Holly que trabaja como partera y parece estar continuamente contagiada por la ansiedad de las madres primerizas. Hace unos meses la serie española Furia (HBO Max, 2025) abordaba la rabia de un grupo de mujeres cansadas de permanecer en silencio, aunque aquella sufría la perspectiva reduccionista masculina que prácticamente mostraba a las protagonistas como un grupo de desequilibradas. Riot women también representa la expresión de la ira como un sentimiento común en estas mujeres, para las que ser invisibles no es una sensación, sino una realidad palpable, pero tiene la perspectiva femenina que es mucho menos caótica y simplista que la mirada masculina. El grupo decide escribir canciones cuyas letras hablan de ellas mismas, de los abandonos, de los abusos, de la indiferencia...: "Estoy tan deprimida que casi no puedo vestirme, tengo problemas para ocultar mi falta de interés. Mi tiempo se acaba, siento que me estoy desvaneciendo. Pero a mi médico solo se le ocurre decirme que deje de quejarme tanto". Pero aunque pudiera pensarse que es algo  parecido a una versión madura de We are Lady Parts (Filmin,  2021-), no es el caso. Hay menos comedia y menos música en una historia que abraza el drama con ese punto de ironía que suelen tener las series de Sally Wainwright. Ella se toma en serio las problemáticas de unos personajes que no se circunscriben a las protagonistas, sino que se extienden hacia otras mujeres como Miranda (Macy Seelochan), tan importante en su representación de la identidad de género en un país tan contaminado últimamente por la transfobia femenina. La joven actriz Macy Seelochan es uno de los descubrimientos de la serie, después de haber sido en 2023, con la obra Como gustéis (1623), la primera actriz transexual protagonista en el histórico Shakespeare's Globe. Están los personajes de profundidad emocional que son habituales en los guiones de la creadora, y esa naturalidad en los diálogos que consigue equilibrarse incluso aunque haya algo de didactismo en algunas conversaciones. Pero también hay cierta obviedad en el planteamiento del abandono y la responsabilidad, con una descripción de los personajes masculinos entre simplemente idiotas y claramente abusadores, de la que ni siquiera se libra Tom (Jonny Green), el hijo adoptado de Beth, aunque se solventa gracias a la escritura tan personal y carismática de Sally Wainwright, elaborando un retrato conmovedor de mujeres que asumen la transformación que están experimentando con un optimista aliento de rebeldía. Riot women termina transmitiendo la necesidad de una segunda temporada para continuar esta historia.

Atrapadas en Bolivia
  ★★★☆☆ 
Sundance TV, 3 de marzo
Noruega, 2025 - 6x45'
Creada por Emilie Beck
Dirigida por Anna Gutto, Emilie Beck

En el año 2008, tres jóvenes noruegas se vieron atrapadas en el sistema judicial boliviano cuando en el aeropuerto de Cochabamba se detectaron 22 kilos de cocaína escondidos en sus maletas. El caso recibió una gran atención mediática en su momento, sin que el gobierno noruego hiciera demasiadas gestiones para negociar con las autoridades bolivianas, y en 2023 volvió a atraer la atención cuando el pódcast Avhørt (2019, Baton Media av Cast), dedicado a investigar casos criminales reales, publicó dos episodios titulados Flukten fra Bolivia en los que una de las acusadas contaba en una entrevista toda su historia. Aunque el desarrollo de la serie ha durado unos ocho años de investigación a cargo de su creadora, Emilie Beck (1991, Noruega), conocida por el documental No place like home (2022), que se estrenó en el festival CPH:DOX, la serie experimentó un gran impulso gracias a la repercusión que tuvo esta entrevista. El título Atrapadas en Bolivia (Sundance TV, 2025) casi es un espóiler sobre cuál es el camino hacia el que deriva esta historia tan sorprendente como verídica. Pero lo cierto es que se trata de un relato complicado que podría parecer una ficción muy enrevesada si no estuviera inspirado en hechos reales. Se agradece que entre directamente en el centro de la historia desde el episodio Viaje de chicas (T1E1), en el que tres amigas que han estado de vacaciones en Bolivia son interceptadas en Cochabamba para un registro de sus maletas, y detenidas por tráfico de drogas. Ida (Ella Øverbye) tiene 17 años, Cecilie (Lisa Marie Hovden), 18 años y Michelle (Josephine Tetlie), que es la única que habla español, tiene 22 años. Las dos primeras engañaron a sus padres diciéndoles que estaban de vacaciones en España, hasta que se encontraron metidas en un complicado sistema judicial en el que muchas acusadas permanecen años esperando juicio. En una cárcel de mujeres que tiene mejores condiciones de las que podría esperarse, Ida conoce a Mónica Cortez, una mujer que lleva cuatro años esperando que se celebre su juicio: "Tened cuidado con el amigo peruano, con la amante chilena y con el sistema judicial boliviano. No puedes confiar en el sistema. Si sos turista, te juzgan. Si sos boliviana, te juzgan aún más", le advierte. Este personaje está interpretado por la actriz peruana afincada en España Cecilia Voter, que ha participado en la segunda temporada de la aclamada comedia Poquita fe (Movistar Plus+, 2023-). Mónica le presenta a Ida a su hijo Antonio (Adrian Bianchini Delaveris), que se ofrece para ayudarla a sobornar a los jueces si lo necesita, pero su relación tendrá consecuencias imprevisibles. La serie está contada desde el punto de vista de Ida, que es la que protagoniza el relato más enrevesado, mientras las otras dos se enfrentan a desenlaces distintos. Cecilie cuenta con la ayuda económica de su padre, que se puede permitir pagar una fianza, mientras que Michelle, a la que las otras dos llegaron a acusar de haberlas engañado, ha sido la única de las tres que ha cumplido su condena en Bolivia. 

Hay un difícil equilibrio en la narrativa de Atrapadas en Bolivia entre su enfoque hacia un espectador noruego que ya conoce el desenlace de la historia completa, con algunas revelaciones importantes hechas en el pódcast Avhørt, y el espectador internacional que no ha oído hablar de ella. Por eso el guión trata de mantener un cierto suspense en torno a la culpabilidad o inocencia de las tres amigas, pero el desenlace termina cuestionando algunas de las reacciones que se han mostrado en los primeros episodios por parte de Ida y Cecilie, cuando se acusaban las unas a las otras. El hecho de que la serie se presente como inspirada en hechos reales indica que también se han introducido numerosos elementos de ficción, lo que puede provocar un desenfoque respecto a las decisiones que toman los personajes principales. Mientras Cecilie es tratada con el privilegio de provenir de una familia con recursos económicos, Wenche (Ingvild Lien), la madre de Ida, intenta encontrar la manera de hacer frente, no solo al posible pago de la fianza, sino sobre todo a los gastos que suponen el abogado y los viajes continuos a Bolivia. Pero ambas reciben la ayuda de Joakim (Jakob Oftebro), un periodista de una revista masculina que dirige Marcus (el debut como actor del conocido presentador noruego Emil Gukild), quien se interesa por el caso de Ida. La idea inicial de elaborar un reportaje sobre ella, cuando el resto de los medios noruegos se han olvidado, se convierte en un plan arriesgado en el que pretenden conseguir que se le conceda la libertad provisional, que no le permite abandonar el país, y tratar de huir de Bolivia a través de Brasil con la colaboración de Tommy (Joachim Fjelstrup), un guía danés que se dedica a ayudar a inmigrantes a cruzar la frontera de manera ilegal. En su momento, los reportajes publicados por la revista fueron cuestionados en torno a la falta de ética periodística que suponía apoyar económicamente una acción ilegal para conseguir una exclusiva. Y, de hecho, la revista dejó de editarse por dificultades financieras poco después de publicar el reportaje. Pero Atrapadas en Bolivia tiene un enfoque centrado en el arco de personaje de Ida, desde una joven de 17 años que refleja inocencia, hasta una mujer que ha aprendido a cuidar de sí misma en la cárcel y que está dispuesta a sacrificarlo todo por conseguir la libertad. Es notable el trabajo de interpretación de la actriz Ella Øverbye, que debutó como adolescente en la película Cuidado con los niños (Dag Johan Haugerud, 2019), aportando la confusión, fragilidad e inseguridad de su personaje. Los últimos episodios, desde La sentencia (T1E4), están dirigidos por la creadora Emilie Beck, que maneja con habilidad la tensión de una huida arriesgada, pero falta una perspectiva más amplia que aborde otros temas relevantes, y la serie puede llegar a ser demasiado condescendiente con su protagonista, sin poder evitar el reflejo estereotipado de Bolivia como un país tercermundista en el que las instituciones están contagiadas por la corrupción. Tras su estreno en Noruega, se desató una cierta controversia cuando el abogado de una de las protagonistas reales (los nombres se han cambiado en la ficción para mantener su anonimato), afirmó que era rotundamente falsa la versión que se muestra en la serie. Aunque se desarrolla en una cárcel boliviana, Atrapadas en Bolivia se ha rodado en unos estudios cinematográficos de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. 

Patience (Temp. 2)
  ★★★☆☆ 
Cosmo, 9 de marzo
Reino Unido, 2026 - 8x45'
Creada por Matt Baker, Amy Shindler, Beth Chalmers
Dirigida por Maarten Moerkerke

Esta reseña contiene espóilers de la temporada 2

A pesar del éxito que obtuvo la primera temporada, la productora Channel 4 tardó tanto tiempo en confirmar la segunda que se produjo una circunstancia que transformó el concepto original de esta serie, lo que Cosmo ha ocultado astutamente dándole el único protagonismo en su material de promoción al personaje principal (por si acaso). Como remake británico del popular procedimental franco-belga Bright minds (Cosmo, 2019-), del que se estrenó en España su sexta temporada a finales del año pasado, la dinámica que se establece entre la joven archivadora autista Patience Evans (Ella Maisy Purvis) y la detective Bea Metcalf (Laura Fraser) es una parte fundamental de las investigaciones de Patience (Cosmo, 2025-). Pero el retraso en la toma de decisiones de Channel 4 acabó provocando (se viene espóiler) que la agenda de la actriz Laura Fraser no encajara con el rodaje de esta segunda temporada, sobre todo porque decidió seguir con su compromiso con el muy esperado drama "oscuramente cómicoMint (BBC, 2026), creado por Charlotte Regan, una de las directoras de The responder (Movistar Plus+, 2022-2024), que se estrenó en el pasado Festival de Berlín. De manera que la segunda temporada de Patience comienza con un cambio importante, sustituyendo a Bea Metcalf por una nueva detective, la más hosca Frankie Monroe (Jessica Hynes), que tiene ciertas reticencias a que una aficionada se inmiscuya en la labor policial. Hay que decir que este cambio molestó a muchos espectadores porque rompió el desarrollo de la relación entre las dos protagonistas, que es una parte fundamental de la serie original francesa. Pero tampoco ha afectado tanto a la audiencia británica, porque Channel 4 informaba tras su emisión en el mes de febrero que la segunda temporada ha sido el programa más visto de este año, tanto en formato lineal como en su plataforma de streaming, con una media de 4,2 millones de espectadores en su primer mes de emisión. Al mismo tiempo que anunciaba la confirmación de una tercera temporada (para evitar sorpresas), que se rodará de nuevo en Bélgica y York (donde transcurre la historia) a partir de este mismo mes de marzo, y con un plan de diez episodios, aumentando una vez más, porque de los seis de la primera temporada había pasado a los ocho de la segunda. Según indica la sinopsis que ha distribuido Channel 4, Patience deberá enfrentarse a una investigación muy personal, como se sugiere en la información que se desvela al final del último episodio, Secuestro (T2E8), basado en el episodio Detenidas (T2E8) de Bright minds. La sustituta de Bea Metcalf, cuya ausencia se justifica porque "ha decidido aceptar un trabajo en Glasgow", es la nueva detective Frankie Monroe, quien proviene de Manchester y tiene un primer encuentro un tanto accidentado con Patience. Pero sobre todo no acepta que alguien al margen de la investigación de un posible homicidio se involucre en ella, estableciendo una dinámica más hostil en el primer episodio, Vampiro (T2E1), que adapta el episodio Sangre de oro (T3E6), en el que el cuerpo de un hombre ha sido encontrado muerto con dos marcas en el cuello. Como es habitual en este tipo de adaptaciones, las tramas de investigación se basan en episodios de la serie original, pero no tomados de forma cronológica, sino extrayéndolos de diferentes temporadas, mientras se construye una dinámica de relaciones que a veces se distancia de aquella. Aún más en el caso de una temporada que ha sufrido un cambio importante en sus personajes principales, redefiniendo sus interacciones. De todas formas, la hostilidad del principio se va resolviendo rápidamente gracias a la capacidad que tiene Patience para encontrar perspectivas distintas, y de alguna manera se desarrolla una nueva dinámica entre ella y Frankie Monroe que hay que reconocer que ayuda a que la temporada sea incluso más atractiva. 

También ayuda la incorporación de una estupenda actriz como Jessica Hynes, a la que habitualmente hemos visto en comedias como W1A (BBC, 2014-2024), por la que ganó un premio BAFTA, o La franquicia (HBO Max, 2024), pero que también tiene una versatilidad notable para personajes circunspectos como Mary Austen en la miniserie Miss Austen (Movistar Plus+, 2025). Aunque es cierto que la relación es diferente, esta especie de reinicio no perjudica realmente a la serie, sobre todo a partir del momento en el que se recoloca en el camino de colaboración que tenía Patience con la detective Bea Metcalf. También es una lástima que, al tratar de enfocarse inmediatamente en la investigación, la serie no explore realmente las consecuencias que para la protagonista puede tener la ausencia de una colaboradora con la que tuvo un acercamiento tan personal en la primera temporada: "Ella estaba de mi lado, yo formaba parte de su equipo", le dice a su tutor Douglas Gilmore (Adrian Rawlins) en el episodio Música en la catedral (T2E2), adaptado del episodio original Calderón (T2E4). Pero asimismo Patience es mucho menos vulnerable que antes y por tanto afronta con mayor pragmatismo los desprecios de la nueva detective sin dejar de inmiscuirse, lo que provoca algunas situadas humorísticas, aunque hay que decir que esta segunda temporada tiene menos apuntes cómicos que la primera, lo que termina echándose en falta. Aunque desde el punto de vista de las investigaciones Patience no es un procedimental especialmente brillante, dejando demasiadas suposiciones a la pretendida inteligencia de la protagonista frente a una cierta torpeza de sus compañeros, la serie sigue manteniendo su encanto y cierta relevancia gracias a los personajes, sobre todo cuando aborda algunos aspectos de la vida social en la que se desarrolla el trastorno del espectro autista, como el desafío de mantener una relación sentimental con una persona que no está dentro del espectro. Lo que provoca un distanciamiento de su pareja Elliot Scott (Tom Lewis) en el episodio Las runas (T2E5), basado en el original El libro (T2E7), sobre la repentina muerte de un experto en historia vikinga durante una importante conferencia. Patience a veces puede ser demasiado obvia cuando explora estos temas, pero consigue ser más precisa en esta segunda temporada, sobre todo cuando introduce modificaciones dentro de la imprescindible rutina de la protagonista, como alguna información sobre su familia, lo que provoca nuevos desafíos. Cosmo ha puesto en marcha una campaña titulada Patience y el autismo que muestra cómo tres mujeres dentro del espectro autista se sienten identificadas con la representación que ofrece el personaje protagonista. La incorporación como guionistas principales de Amy Shindler y Beth Chalmers, junto al responsable de la adaptación británica Matt Baker, quien se encargó de la primera temporada, introduce una interesante perspectiva con mayor sensibilidad femenina. Y el entorno de los escenarios de arquitectura medieval de York también incorpora un trasfondo especialmente atractivo, aunque solo a través de los exteriores, porque buena parte de la serie se rueda en Bélgica, principalmente en la ciudad de Amberes. 

Empatía
  ★★★★ 
Movistar Plus+, 11 de marzo
Canadá, 2025 - 10x45'
Creada por Florence Longpré
Dirigida por Guillaume Lonergan
Séries Mania '25: Premio del Público
Serielizados '25: Mejor Guión, Mejor Interpretación (Florence Longpré)

Entre la selección de producciones internacionales de la pasada edición de Séries Mania, una de nuestras preferidas fue este drama quebequense de la que decíamos que "sabe mantener un equilibrio preciso entre la comedia y el drama desgarrador gracias a sus personajes". Empatía (Movistar Plus+, 2025) se revela como una de las grandes series del año pasado, con capacidad para crear una atmósfera conmovedora dentro del entorno del Instituto Psiquiátrico Mount Royal en el que encontramos a pacientes emocionalmente traumatizados, pero no menos que los médicos que les atienden. La serie creada y protagonizada por Florence Longpré (1983, Quebec) puede recordar a Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975) pero amplía su mirada más allá del centro psiquiátrico. En el episodio Desequilibrio (T1E1) la protagonista Suzanne Bien-Aimé (Florence Longpré), una ex-criminóloga que abandonó su trabajo después de una experiencia traumática, no puede empezar de peor manera su primer día como psiquiatra jefe en Mount Royal, un centro en el que se ingresa a condenados por diferentes delitos que tienen patologías psiquiátricas. Se despierta tarde, no encuentra los tampones, su coche no arranca y acaba metida en la reunión de trabajo con un aspecto algo accidentado, en una actitud desastrosa que parece inspirada en la protagonista de Fleabag (Prime Video, 2016-2019). Como la nueva psiquiatra jefe, acompañada por el enfermero Mortimer Vallant (Thomas Ngijol), con el que establece desde el principio una conexión cercana, se enfrenta a los desafíos de pacientes con patologías complejas: Carole Moisan (Brigitte Lafleur), condenada por asesinar a su hermana, tiene constantes ataques de ira y ha sido enviada desde prisión para su evaluación psiquiátrica; el pirómano Jacques Dallaire (Benoît Briėre) tiene visiones de soldados a los que llama "hermanos de armas"; Charles Villeneuve (Jean-François Nadeau) es un egocéntrico que cuenta con una especial habilidad para seducir a mujeres a las que abandona después de estafarlas, y parece que ha encontrado a su próxima víctima en Mount Royal. Cuando Suzanne comienza a cambiar algunos de los tratamientos, encuentra la oposición de compañeros de trabajo como el criminólogo Émilien Delcourt (Adrien Bletton), pero ella prefiere que pacientes como Jacques Dallaire, con una interpretación magistral del actor Benoît Briėre, tenga más contacto con la realidad para poder afrontar su enfermedad con una mayor precisión. A lo largo de la temporada de diez episodios, conocemos los antecedentes de los pacientes y sus historias de fondo como la auténtica forma de establecer esa empatía que necesitan para ayudarles a afrontar sus problemas. 

Suzanne tiene un método particular de tratar a sus pacientes, y suele leer los informes completos de todos ellos, muchos con más de setenta páginas, en vez de los resúmenes a los que suelen acudir los médicos: "¿Se puede resumir la vida de una persona en un solo párrafo?", le dice a Mortimer. Empatía es una serie absolutamente conmovedora y al mismo tiempo muy divertida, con elementos de humor que encajan perfectamente como la afición de Mortimer por los musicales como Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen, Gene Kelly 1952), que escucha en su coche en una selección de CDs grabados. También tiene toques de ese surrealismo que tenía la anterior serie de la creadora, Audrey est revenue (Club Illico, 2021), que ganó el Gran Premio en Canneseries, como un conjunto de bailarinas vestidas con tutús negros que representan la depresión que acompaña a Suzanne y la necesidad de equilibrio en su vida. Para ella, el trabajo se convierte en una manera de olvidarse del estado depresivo que sufre, como le dice a su hermana Astryd (Sofia Blondin): "Es como si formara parte de mi. Siempre está conmigo. Como una especie de peso insoportable, como una carga llena de tristeza. Y no importa lo que haga, con quién me encuentre, siempre está ahí siguiéndome". Desde el episodio Cantemos bajo la lluvia (T1E2), que se inicia con un flashback hasta 1981, comenzamos a conocer la historia de Suzanne cuando era un bebé encontrado en un contenedor de basura por la exitosa abogada Guylène Bien-Aimé (Linda Malo), con la que tiene una relación distante. Pero es el episodio Porte-patio (T1E5) el que refleja con mayores matices la angustia y el sentimiento de culpa de Suzanne, que en su vida privada se entrega a la bebida y de hecho recibe una queja formal en el centro psiquiátrico por el olor a alcohol que desprende. El enfermero de urgencia Mortimer, interpretado por el actor francés Thomas Ngijol, también tiene una historia de fondo en la que se muestra cómo los profesionales poseen una mayor capacidad para resolver los problemas de los demás que los suyos propios. Pronto descubrimos que convive con su madre, quien padece alzheimer y tiene ataques violentos cuando no reconoce a su hijo que a veces dejan cicatrices en su rostro. Florence Longpré ha escrito con anterioridad series como la excelente Le temps des framboises (Trio Orange, 2022) o la miniserie ¿Me oyes? (Netflix, 2019), colaborando en todas ellas con el director Guillaume Lonergan (1972, Montreal), que consigue crear esa atmósfera de realismo matizado con elementos oníricos que le da a la serie una textura especial. Destaca el uso de una excelente selección musical, que la productora Trio Orange ha recopilado en la playlist Empathie: Bande originale, con canciones de Sia, Ingrid St-Pierre, Son Lux o Linda Roan, pero que se apoya en la parte instrumental en las creaciones electro-sinfónicas de Simon Leoza, sobre todo para la banda sonora de L'enfer d'un monde (2023, Rosemarie Records) de la compañía de danza ZemmourBallet. Mientras que el tratamiento de las patologías psiquiátricas parece profundo y documentado, con personajes con los que es fácil conectar. La serie ha publicado también un pódcast oficial en francés, Empathie: Le balado (Spotify, 2025), en el que en cada episodio se analizan las características clínicas de cada personaje, invitando a los actores que los interpretan y a profesionales de la psiquiatría. Empatía se estrenó en el Festival Séries Mania 2025, donde consiguió el Premio del Público, y posteriormente compitió en la sección Oficial Internacional de Serielizados 2025, logrando los premios a Mejor Guión y Mejor Interpretación, ambos para Florence Longpré. Además, fue el primer gran éxito de la plataforma canadiense Crave el año pasado, antes de que llegara meses después la repercusión de Más que rivales (Movistar Plus+, 2025), y su éxito internacional se ha consolidado sobre todo en Francia, donde desde el estreno de Empatía en Canal+ ha generado 11 millones de visualizaciones en su servicio de streaming, tanto que en la segunda temporada que ya se ha anunciado para rodarse en otoño, también participa como coproductor Canal+, siendo la primera vez que colaboran juntas la productora francesa y el canal canadiense.

Prometea
  ★★★★☆ 
SyFy, 12 de marzo
Francia, 2023 - 6x52'
Creada por Nicolas Jean, Claire Kanny
Dirigida por Christophe Campos 

A pesar del éxito de la primera temporada, lanzada en 2023 en Francia, poco se sabe de una posible segunda temporada de este thriller juvenil con algunas variantes de género interesantes, en medio de un silencio por parte del canal TF1 que no ha cancelado oficialmente la serie, pero tampoco ha confirmado una continuación que parece necesaria tras el final del último episodio. La actriz protagonista, Fantine Harduin, dejó caer en alguna entrevista tras la emisión de la serie, que se estaba trabajando en una secuela, pero no hay noticias oficiales al respecto. Y eso que Prometea (SyFy, 2023), que ahora se estrena en España, ha tenido también una buena recepción internacional, especialmente tras su emisión en Gran Bretaña el año pasado de la mano de la distribuidora Walter Presents, dedicada a producciones internacionales para Channel 4. Pero la razón principal por la que esta producción ha quedado en un limbo ha sido el fallecimiento el año pasado, a los 63 años, de su co-creador Nicolas Jean (1962-2025, Francia), uno de los guionistas más respetados en Francia, entre cuyas producciones más conocidas se encuentra la popular comedia policíaca ACI: Alta Capacidad Intelectual (Movistar Plus+, 2021-2025), y acaba de confirmarse la renovación de una temporada más de su remake norteamericano, High Potential (Disney+, 2024-), que de hecho le dedicó un homenaje en el episodio El que se escapó (T2E7). El comienzo de la historia podría parecerse al de cualquier thriller de suspense, cuando la profesora Caroline Lasset (Marie-Josée Croze) y su marido, el médico Charles Lasset (Thomas Jouannet) regresan a su casa en medio de una noche torrencial, y atropellan a una adolescente desnuda (Fantine Harduin) que acaba de salir corriendo del bosque. Cuando la trasladan al hospital, lo único que recuerda es su nombre, Prometea, mientras la psicoanalista Marie Clairmont (Odile Vuillemin) trata de descifrar la pérdida de memoria que sufre la joven. Con una referencia clara a la figura de Prometeo, el Dios rebelde de la mitología griega (también tiene una medusa tatuada en su brazo), pero asimismo a sus vertientes literarias, como la novela de Mary Shelley cuyo título original es Frankenstein o el moderno Prometeo (1818, Ed. Planeta), la historia revela muy pronto que se trata de un thriller que acaricia el género fantástico. Y la capacidad que tiene para desarrollarse entre un drama juvenil, una investigación de misterio y una cada vez más evidente incursión en el género de fantasía es lo que hace que Prometea sea una propuesta más interesante de lo que sugiere su convencional comienzo. A lo largo de seis episodios ofrece respuestas a las preguntas que se hace la protagonista, mientras se enfrenta a cierto grado de acoso escolar y la investigadora Elise Kirvin (Camille Lou) trata de averiguar si existe alguna relación con el asesinato de una joven ocurrido hace dos años que está en punto muerto. Los espectadores sabemos que inevitablemente debe haberla, pero mientras tanto, el matrimonio Lasset sigue manteniendo un duelo no resuelto tras el fallecimiento de su hija en un accidente de moto, y en parte descargan este sentimiento en la indiferencia con la que tratan a su otro hijo, Hugo (Aymeric Fougeron), quien solo encuentra consuelo en su novia Vanessa Kirvin (Margot Heckmann), que además es hermana de la agente de policía. Esta red de relaciones que se establecen entre un pequeño grupo de personas acabará siendo importante para una historia que rodea de misterio a la joven Prometea, quien sabe tocar el violonchelo pero no recuerda haber aprendido a hacerlo y carece de señales en el cuerpo que indiquen que acaba de sufrir un atropello. 

Se motivan tantas preguntas en los primeros episodios que las claves de la presencia de Prometea resultan cada vez más intrigantes, lo que ayuda a que la serie atrape al espectador. Y aunque hay muchos elementos que resultan familiares, no se siente en ningún momento que la historia trate de elaborar continuos giros de guión que no llevan a ninguna parte, sino que hay un camino claro hacia una explicación que surge con mayor precisión en los dos últimos episodios. Cuando ya se ha recorrido parte del desarrollo y Prometea ha sufrido varias visiones, puede ser relativamente fácil saber hacia dónde se dirige la historia, pero eso  no es un problema para la serie, que siempre tiene la capacidad de mantener la atención del espectador. Y en esa capacidad para atrapar sin trampas tiene una buena parte de responsabilidad el director Christophe Campos (1965-2025, Francia), quien también falleció el año pasado a la edad de 60 años, pocos días antes de la muerte de Nicolas Jean, una casualidad trágica. Este realizador franco-español había dirigido entre otras, la última temporada del éxito Les bracelets rouges (TF1, 2019-2024), remake francés de la serie española Pulseras rojas (Filmin, 3011-2013) Hay una mezcla inusual de referencias que parecen provenir de la literatura clásica y de algunos personajes del universo fantástico, abrazando completamente la ciencia-ficción conforme avanza la historia, lo que convierte a Prometea en una propuesta que mantiene cierta originalidad, más por la habilidad para tomar prestados elementos ya reconocibles, que por su capacidad para inventar nada nuevo. Lo que se agradece, porque asume claramente los elementos referenciales sin evitarlos, y al mismo tiempo es un espectáculo que no necesita efectos visuales para sentirse claramente incorporada al género fantástico. También trata de ofrecer cierto trasfondo psicológico al grupo de personajes principales, lo que evita que algunos se puedan sentir peor desarrollados, incluso cuando se revela alguna información importante sobre algunos de ellos. Prometea es lo suficientemente adictivo como thriller y adecuadamente interesante como historia de género, lo que la convierte en una apuesta segura para un binge-watching satisfactorio. A pesar de que pueda ser difícil llevarse a cabo una segunda temporada que parece sugerirse al final de la primera, después de las tragedias que la han rodeado, el desenlace ofrece todas las respuestas necesarias, por lo que nunca resulta frustrante. 

Los que sobrevivieron
  ★★★★☆ 
Movistar Plus+, 17 de marzo
Francia, 2025 - 8x60'
Creada por Jean-Xavier de Lestrade, Antoine Lacomblez
Dirigida por Jean-Xavier de Lestrade

Durante la celebración del décimo aniversario de los atentados de París de 2015, la asociación Life for Paris, que durante estos años ha estado luchando por los derechos de los familiares de las víctimas y los supervivientes, comunicó su disolución en palabras de su presidente Arthur Dénouveaux: "Es hora de reintegrarnos en la sociedad". Este proceso de reincorporación a la vida diaria que experimenta un grupo de rehenes que fueron secuestrados por dos terroristas durante el asalto a la sala Bataclan, es precisamente el principal foco sobre el que se sostiene esta nueva miniserie creada por Jean-Xavier de Lestrade, que hace dos años consiguió un gran éxito con El caso del Sambre (Movistar Plus+, 2023). Desde el anuncio de su intención de desarrollar una historia sobre los atentados de París, el proyecto ha conocido algunas controversias, entre ellas la más significativa ha sido el desacuerdo de las víctimas, representadas en el propio Arthur Dénouveaux, con que las escenas que muestran el secuestro de los rehenes fueran rodadas dentro de la sala Bataclan, por el peligro de difuminar la línea que separa la ficción de la realidad. Los que sobrevivieron (Movistar Plus+, 2025) comienza justo después de los atentados, cuando la soledad rodea a cada uno de los rehenes que estuvieron secuestrados durante dos horas y media en un pasillo de la sala Bataclan, viendo escenas dantescas de muertes y sintiendo sus propias vidas acabadas, hasta que fueron liberados por la Brigada de Investigación e Intervención (BRI). Y se centra, como indican los títulos de cada episodio, en los días, las semanas y los meses posteriores, reflejando los largos procesos administrativos que deben seguir las víctimas, las terapias psicológicas y la adaptación a una nueva vida normal que nunca será la misma que tenían antes de los atentados, pero también la solidaridad entre ellos. Basada en las experiencias reales de un grupo de supervivientes de ese secuestro, algunos de los cuales acabaron manteniendo una amistad duradera, la serie también retrata la necesidad de apoyarse en unos y otros a través de los encuentros que celebran en el Bistrot du Poinçonneur, que se convierten con el paso de los meses en reuniones entre amigos que cantan canciones como "Get lucky" de Daft Punk como una forma de contrarrestar los efectos psicológicos de su experiencia. Con un reparto de grandes actores y actrices franceses, Los que sobrevivieron puede ser muy dolorosa en ocasiones pero también resulta esperanzadora sobre la capacidad del ser humano de recuperar una cierta normalidad después de vivir una experiencia traumática. La serie renuncia a los ritmos apresurados que han impuesto las plataformas para ser una historia reflexiva, apoyada en largas escenas de diálogos y manteniendo siempre un profundo respeto hacia las víctimas. En el episodio El año siguiente (T1E4), durante el homenaje que tiene lugar un año después de los atentados, se nombra a cada una de las noventa víctimas asesinadas en la sala Bataclan. 

En total fueron once secuestrados entre los que siete de ellos mantienen un contacto permanente, haciéndose llamar a sí mismos "Les potages", una contracción entre potes (amigos) y otages (rehenes), aunque en realidad no tienen demasiado en común excepto su pasión por la música y por el grupo de rock Eagles of Death Metal que estaba actuando en Bataclan cuando se produjeron los atentados. Son también diferentes las formas de enfrentarse al trauma: el joven de origen chileno David (Thomas Goldberg) se refugia en la necesidad de encontrarse con los miembros del BRI que les liberaron para agradecérselo personalmente; el matrimonio formado por Arnaud (Benjamin Lavernhe) y Marie (Alix Poisson) afronta las consecuencias psicológicas de dos maneras distintas: desde el permanente recuerdo a la intención de pasar página lo antes posible; Stéphane (Cédric Eeckhout) se obsesiona con recopilar todo tipo de información sobre los atentados y otros ataques terroristas; los hermanos Grégory (Antoine Reinartz) y Caroline (Anne Steffens) discuten habitualmente sobre cómo ocurrieron los acontecimientos, que cada uno recuerda con detalles distintos; Sébastien (Félix Moati) necesita entender por qué se produjo ese atentado. Pero entre ellos hay un sentimiento de solidaridad, una conexión por una experiencia compartida que les ha marcado para siempre y, de alguna manera, les une a través de un tipo de comprensión y consuelo que ni siquiera pueden proporcionarles sus parejas o sus familiares. Hay en la serie una mirada a las víctimas colaterales, que también sufren los efectos psicológicos: la pareja de Stéphane que no estuvo en Bataclan y debe enfrentarse a su radical cambio de personalidad; la hija pequeña a la que Arnaud transmite, aunque no quiera, la tensión de su propio trauma; incluso los psicólogos que trabajan en las terapias con las víctimas y se enfrentan a relatos escalofriantes que acaban afectándoles. Los que sobrevivieron es exhaustiva en el relato de las consecuencias del trauma, pero precisamente por eso resulta sobrecogedora, abordando temas tan diversos como necesarios. Uno de los supervivientes pierde su trabajo porque "está creando un estado de ánimo negativo en sus compañeros", otros colaboran con Life for Paris para conseguir las indemnizaciones que les corresponde como víctimas. Hay también una referencia a los estafadores que  se  hicieron pasar por víctimas para conseguir las indemnizaciones, como se mostró en la miniserie La confidente (HBO Max, 2024). 

El trauma no solo permanece porque no se olvida, sino porque continuamente es recordado: el relato regresa frente al Fondo de Garantía para acceder a las indemnizaciones, en las entrevistas de los medios de comunicación, durante los homenajes anuales o en el juicio que se celebró en 2021, cuando cientos de supervivientes contaron su experiencia, a veces con diferentes perspectivas. Cuando en Testificar (T1E8) Sébastien utiliza su intervención para hacer una declaración sobre las injerencias de países occidentales como Francia en las políticas de los países árabes, considerándolas el origen real de estos atentados, el resto del grupo no entiende que se aborden cuestiones políticas frente a unos terroristas. De alguna manera, el círculo vicioso del recuerdo constante a lo largo de los años es un obstáculo para alcanzar esa vida normal a la que aspiran los protagonistas. La serie también vuelve a la sala Bataclan en el episodio Invierno 2018 (T1E7), que ofrece una dura descripción de lo que ocurrió durante las dos horas y media que estuvieron secuestrados. Aunque ha despertado algunas críticas por mostrar de manera tan explícita la violencia, y por hacerlo en la parte final de la serie, como si quisiera mantener el suspense del espectador, de alguna manera se siente como necesaria esta aproximación a la brutalidad del terrorismo. Hay otros matices más sutiles pero igualmente sobrecogedores, como cuando Marie recupera el móvil que perdió durante el día de los atentados y descubre que uno de los terroristas lo utilizó para enviar mensajes de despedida a su madre. "La compasión se termina pronto", dice uno de los personajes, que ve cómo la sociedad francesa va normalizándose poco a poco y en cierta manera se muestra cada vez más incómoda con el recuerdo constante que representan las víctimas. Los que sobrevivieron ofrece una profunda descripción sobre cómo la supervivencia no supone solo salir con vida de un ataque terrorista, sino encontrar la suficiente fortaleza para seguir viviendo.

La mujer danesa
  ★★★ 
Filmin, 17-24 de marzo
Islandia, 2025 - 6x47'
Creada por Benedikt Erlingsson, Ólafur Egilsson
Dirigida por Benedikt Erlingsson
Séries Mania '25: Panorama
Serielizados Fest '25: Sección Oficial Internacional

En los últimos meses ha surgido una ola de solidaridad necesaria respecto a las amenazas de Estados Unidos de anexionarse Groenlandia de una u otra forma, lo que en cierta manera puede haber construido una narrativa algo difuminada sobre la relación de Dinamarca con sus antiguos territorios o sus actuales protectorados. La mujer danesa (Filmin, 2025) no solo es interesante por lo que cuenta, sino también por el contexto que supone introducir a una antigua miembro de los servicios de espionaje daneses en un barrio tradicional islandés. Cuando acaba de llegar a su nueva urbanización en Did she killed the cat? (T1E1), Ditte Jansen (Trine Dyrholm) se sorprende porque un grupo de niños no entienden el idioma danés y prefieren comunicarse en inglés: "¿No os enseñan danés en la escuela? Deberíais aprender danés. Porque Islandia fue danesa. Formábais parte del Reino de Dinamarca". Esta es un representación bastante irónica, desde el comienzo de la serie, de esa cierta prepotencia que suele adoptar Dinamarca respecto a sus antiguos territorios, y el punto de vista de un país que no se independizó hasta 1944 es una mirada significativa a través de esta protagonista invasora que ha elegido un apartamento en Islandia para vivir su retiro, pero que mantiene siempre una actitud de superioridad respecto a sus vecinos. Ella habla algo de islandés, pero en realidad presupone que cualquier habitante de Islandia debería conocer el idioma danés como agradecimiento por los años en que perteneció a Dinamarca. En una entrevista emitida en el canal Arte, que acaba de estrenar la serie en Francia y Alemania, el co-creador y director Benedikt Erlingsson define a este personaje como "una especie de Estado, como un Imperio, pero que resulta que vive en la puerta de al lado". Ditte Jansen es una ex-soldado de élite que más tarde trabajó en los servicios secretos daneses, y que ha decidido dedicarse a sí misma tras su jubilación voluntaria, apartada en un barrio periférico de Reykjavik pero, como buena ex-agente y como buena danesa, no puede evitar la tentación de meterse en la vida de sus vecinos y tratar de arreglarla a su manera, siempre desde esa superioridad que la caracteriza. De manera que, como si se tratara de Eliseo en El encargado (Disney+, 2022-), su relación con los habitantes del edificio se sitúa en un término medio entre la simpatía aparente y una tendencia a intrigar y utilizar métodos bastante expeditivos para conseguir sus objetivos, caiga quien caiga. Estrenada en el Festival Séries Mania del año pasado, y seleccionada en la Sección Oficial Internacional de Serielizados Fest, La mujer danesa propone una historia de humor negro personificada en una protagonista excesiva, pero en realidad plantea una reflexión muy lúcida sobre las estelas de las sociedades imperialistas, y se pregunta si es posible construir una sociedad mejor desde una perspectiva conquistadora. Ditte Jansen quiere ayudar a sus vecinos a solucionar sus vidas imperfectas, pero lo hace imponiendo su criterio personal, igual que los imperios occidentales han pretendido siempre civilizar a sus colonias. 

Entre sus nuevos vecinos se encuentra Thorir Morthens (Hilmar Guðjónsson), un adicto al que le gustan las fiestas y la música demasiado alta, que tiene relaciones tóxicas con una banda de motoristas suecos liderada por el criminal y padre de familia Ingmar Strömberg (Thorvaldur Strömberg); Gulla (Kristín Þóra Haraldsdóttir), una madre con tres hijos que está desbordada y no sabe cómo enfrentarse a la adicción a internet de su hijo adolescente o a la curiosidad permanente de su hija Marianna (Natalia Kristín Karisdóttir); Kristinn (Hjálmar Hjálmarsson), un marido controlador y su esposa Soffia (Halldóra Geirharðsdóttir), consumida por el alcoholismo como herramienta para hacer frente a su matrimonio, y Björk (Edda Gudnadóttir), la hija de ambos que acaba de descubrir el sexo con su novio secreto; y Juan Camillo (Juan Camilo Román Estrada) y su esposa Salima (Raffaella Brizuela Sigurðardóttir), un matrimonio de refugiados que esperan la aprobación de su solicitud de asilo. La ex-agente del servicio secreto Ditte tiene una solución para todos ellos, aunque no sea la más ortodoxa, mientras antiguos miembros de la seguridad danesa tratan de convencerla para reincorporarse al cuerpo en una última misión, que involucra al rey Federico X (Morten Schaffalitzky) y la reina consorte María (Cristina Chitiga). Ditte puede ser tan delicada con su huerto de zanahorias como cruel con sus enemigos, sobre todo si ponen en riesgo la tranquilidad que ella necesita, en una estupenda muestra de humor negro que resulta más divertida en los primeros episodios y se vuelve más oscura en la segunda parte de la temporada. Porque La mujer danesa también aborda el trastorno de estrés postraumático que sufre la protagonista, especialmente relacionado con una misión externa como soldado y se desenvuelve hacia terrenos más violentos en episodios como La ejecución (T1E4). Los creadores de la serie Benedikt Erlingsson (1969, Islandia) y Ólafur Egilsson (1977, Islandia) ya habían colaborado juntos en la película La mujer de la montaña (Benedikt Erlingsson, 2018), en la que una activista medioambiental se enfrentaba a una corporación multinacional también con métodos peculiares, y su habilidad está en desplegar un retrato de algunos de los desafíos de la sociedad islandesa (salud mental, alcoholismo, adicciones, inmigración) al mismo tiempo que introducen acertadamente comentarios satíricos sobre las relaciones entre los países nórdicos y el resto del mundo. Cuando en Una vida envenenada (T1E6) los solicitantes de asilo Camillo y Salima confiesan a Ditte que solo quieren los papeles como una estrategia para entrar en los Estados Unidos, ella estalla: "Sois idiotas. ¿No sabéis cómo es Norteamérica? Es un cáncer. Es la cultura del consumo que está destruyendo todo el planeta. Es violenta y ni siquiera es una democracia. Es una plutocracia donde solo manda el dinero. Un imperio diabólico como todos los imperios". Una parte fundamental en la eficacia de una serie que también tiene ese sentido del humor islandés un tanto peculiar, es la composición del personaje que hace Trine Dyrholm, la gran dama de la interpretación danesa, que acaba de ganar su doceavo Premio Robert del cine danés (ha estado nominada en 25 ocasiones) como Mejor Actriz secundaria por La chica de la aguja (Magnus von Horn, 2024). Es un trabajo sobresaliente, divertido y oscuro a veces, que desemboca en un final tan valiente y desinhibido como solo las grandes actrices son capaces de abordar. También se atreve a cantar y bailar, aunque Trine Dyrholm comenzó su carrera como cantante y compositora y ha publicado cinco discos, antes de darse a conocer como actriz en la película Celebración (Thomas Vinterberg, 1998), en unos inicios y cierres de cada episodio muy originales, pero que también subrayan la apropiación cultural, interpretando éxitos de la música islandesa como reflejo de otra forma sutil de imperialismo. 

Esto no es un misterioso asesinato
  ★★★☆☆ 
Filmin, 7 de abril
Bélgica, 2025 - 6x52'
Creada por Christophe Dirickx, Paul Baeten
Dirigida por Hans Herbots
Premios Ensor '26: Música, Diseño de vestuario, Dirección Artística

En el cuadro titulado La trahison des images (1929), el pintor René Magritte (1898-1967, Bélgica) ponía en duda la lógica del espectador al introducir una frase junto al dibujo de una pipa: "Ceci n'est pas une pipe (Esto es no es una pipa)", lo que teóricamente negaba la evidencia. En realidad, en esta obra precursora del arte conceptual lo que estaba proponiendo era su idea de que el arte es una imagen del pensamiento, porque efectivamente la imagen no es una pipa real, sino una representación de una pipa. El título del cuadro se ha utilizado como referencia para el de la serie Esto no es un misterioso asesinato (Filmin, 2025), porque niega el género en el que se incluye esta curiosa propuesta. También aporta un toque lúdico para una historia que utiliza un encuentro real entre artistas surrealistas para crear una trama de misterio al estilo de Agatha Christie, lo que al final termina funcionando particularmente bien. Como se indica en los créditos iniciales, en 1936 el aristócrata Edward James invitó a varios representantes del surrealismo a su mansión de West Dean para organizar la Exposición Internacional de Arte Surrealista de Londres. De hecho, West Dean House, que se puede visitar, es un majestuoso edificio que incluye en su interior obras conocidas del surrealismo como el sofá con la forma de los labios de Mae West o el teléfono con forma de langosta, ambos de Salvador Dalí, quien describió al mecenas Edward James como "el más loco de todos los surrealistas juntos". Aprovechando este concepto de establecer un cuestionamiento, la serie juega con habilidad entre la ficción y la realidad para construir un whodunit en el que un asesino utiliza la representación de obras surrealistas para componer el escenario del crimen: "En el surrealismo siempre se establece una pregunta: ¿Es esto un sueño o una realidad? ¿Es una broma o una tragedia?", dice el mayordomo Archibald Jukes (Jonathan Delaney Tynan) a sus subordinados, que no entienden el significado de las obras expuestas, en el episodio El teléfono langosta (T1E3). La historia toma elementos de la realidad para configurar la ficción, de manera que reinventa a los personajes: la primera víctima del asesino es la artista surrealista Sheila Legge (Lauren Versnick), quien en la vida real vivió más allá de 1936, falleciendo en Francia por una neumonía en 1949. Este primer crimen reproduce el conocido cuadro de René Magritte Los amantes (1928), que representa dos rostros de perfil besándose con las caras tapadas por un velo, y los sucesivos crímenes también hacen referencia a obras artísticas de los invitados al encuentro. A la manera de Y no quedó ninguno (1939, Ed. Booket), título original restituido de la novela de Agatha Christie conocida hasta hace poco como Diez negritos, los asesinatos se suceden en una mansión que acoge esta reunión de artistas que tiene como anfitriona a Lord James (Aoibhinn McGinnity), otro juego de cambio de géneros. La llegada de dos inspectores de Scotland Yard, el veterano John Thistlethwaite (Stephen Tompkinson), vestido con bombín como los cuadros de René Magritte, y su ayudante Mary Quant (Donna Banya), deciden aislar la mansión para descubrir al asesino. René Magritte (Pierre Gervais), Man Ray (Frank Bourke) o Salvador Dalí (Iñaki Mur) y su compañera Gala (Regina Bikkinina) forman parte de este grupo de posibles víctimas, que al mismo tiempo también son posibles sospechosos. El único artista ficticio en el reparto es Nash Lesley (Oscar Louis Högström), creado a partir de características de la artista de performance francesa Nusch Éluard que había posado para Picasso, y la modelo guadalupeña Adrienne Fidelin, que fue pareja de Man Ray.

La serie surgió en 2018 como una idea de Christophe Dirickx y Matthias Lebeer, quienes imaginaron una historia de misterio en la que René Magritte sería el investigador principal, pero después apareció la decisión de situarla dentro de esta reunión de 1936. Aunque en la serie la exposición de obras surrealistas se desarrolla también en la mansión, por cuestiones narrativas, en la realidad se exhibieron en el centro de Londres. Hans Herbots (1970, Bélgica), que ha dirigido series como La serpiente (Netflix, 2021) y Objetivo: París (Movistar Plus+, 2024), es el director principal, aunque Matthias Lebeer ejerce como co-director en los episodios centrales. Y utiliza visualmente algunos conceptos instaurados por la obra de René Magritte, como el llamado repoussoir, una técnica que consiste en situar a los personajes en primer plano a un lado para que la vista del espectador se dirija hacia los elementos del fondo. Hay continuos y divertidos guiños a las obras surrealistas, en la composición de las imágenes o en el diseño escénico, de manera que refuerza ese sentido lúdico. Pero también es cierto que da la impresión de que no termina de aprovechar del todo las posibilidades que le ofrecen los conceptos y las ideas del cuestionamiento de la realidad y la exploración del subconsciente que plantea el surrealismo, y la decisión de evitar secuencias oníricas o imágenes de fantasía, acaba siendo sustituida por el recurso fácil del psicoanálisis, con la aparición de Sigmund Freud (Stefan Sattler), para explicar a los personajes desde las consecuencias del trauma. Lo que parece algo decepcionante en una serie que pretende explorar precisamente un estilo artístico que se hace preguntas sobre la propia realidad. Los guionistas Christophe Dirickx y Paul Baeten parecen más interesados en el juego del misterio, pero eso también provoca que Esto no es un misterioso asesinato se quede en una propuesta sustancialmente artificial. Entre los invitados también se encuentran Lee Miller (Florence Hall) y Max Ernst (Mike Hoffmann), pero las ideas visuales se limitan a los bombines y las nubes de René Magritte, que está interpretado con cierta melancolía por el actor belga Pierre Gervais. Por su parte, el español Iñaki Mur (1993, Barcelona), al que hemos visto en series como Citas Barcelona (Prime, 2015-2024) y La agencia (Telecinco, 2025), incorpora a un Salvador Dalí egocéntrico, que a veces aporta un toque humorístico por sus extravagancias, aunque fuerza tanto el acento que en la versión original resulta difícil entenderle. Esto no es un misterioso asesinato es una producción belga, afianzada por la alianza New8, que asegura la emisión en ocho televisiones públicas europeas, y de hecho está hablada en inglés principalmente. Aunque está ambientada en West Dean, se rodó en la isla irlandesa de Curraghmore, donde solo se había rodado anteriormente Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975), pero ese paisaje neblinoso aporta una cualidad visual aún más intrigante. El desenlace es adecuado y se divierte jugando con los tópicos de este tipo de misterios, e incluso da pie a una posible continuación. Teniendo en cuenta que el grupo de surrealistas que se reunió en Inglaterra volvió a congregarse y a exponer en ciudades como Nueva York, París y Tokio, hasta que se disolvió en 1946, hay posibilidades de regresar con otros misterios en otros escenarios. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

TrainspottingCuidado con los niños , Alguien voló sobre el nido del cucoLa mujer de la montaña, La chica de la aguja y Celebración se pueden ver en Filmin.
La naranja mecánica se puede ver en Filmin, HBO Max y Movistar Plus+.
Barry Lyndon, Eyes wide shut y Cantando bajo la lluvia se pueden ver en Filmin y Movistar Plus+.
Network, un mundo implacable se puede ver en Filmin y Prime Video.