08 febrero, 2026

Rotterdam 2026 - Parte 4: Otras miradas

Nuestra última crónica del Festival de Róterdam se acerca a otras miradas que provienen de países principalmente asiáticos, desde el terror indonesio con trasfondo político hasta la última aportación del coreano Park Chan-wook a esa excelencia de narrativa cinematográfica a la que nos tiene acostumbrados. La programación de Róterdam también tiene espacio para la última película de acción de artes de marciales protagonizada por Jackie Chan, o para un agradable crimen acogedor que se desarrolla en un pequeño pueblo de Francia. El Festival de Róterdam se clausura hoy con la ceremonia de entrega de premios, para dar paso desde la próxima semana a una de las citas más destacadas de la temporada, el Festival de Berlín al que también nos acercaremos a través de algunas de las series y películas que forman parte de su programación, fuera de las competiciones oficiales. 

The hole, 309 days of the bloodiest tragedy

Hanung Bramantyo

Indonesia 2026 | 99' | Harbour | 

El cine de terror indonesio sale a veces de los circuitos específicos de género fantástico para incorporarse a festivales más generalistas, algo en lo que Hanung Bramantyo (1975, Indonesia) tiene experiencia, desarrollando su extensa filmografía entre diferentes géneros. Su película Miracle in Cell No. 7 (2022) se convirtió en la séptima más taquillera en toda la historia de Indonesia, y su drama histórico Gowok: Kamasutra Jawa (2025) compitió en la sección Big Screen del Festival de Róterdam del año pasado. La programación del festival se abre de nuevo a una película del director, que explora los elementos tradicionales del horror pero al mismo tiempo construye una interesante y bastante profunda mirada al pasado político del país. Durante el año 1964, la aldea administrativa de Lubang Buaya sufre una serie de muertes crueles cada 30 días, cuando aparece algún funcionario local asesinado con un agujero en la espalda que deja ver su columna vertebral, y con una palabra escrita en su piel que hace referencia a la razón de su muerte, al estilo de las marcas de los siete pecados capitales que se encontraban en la escena del crimen de las víctimas de la película Seven (David Fincher, 1995). El último es el agente de policía Suripno (Dinmas Herjuno) quien acaba de ser asesinado en su propia cama, con un enorme agujero cortado en su espalda. Tras la ola de asesinatos, es enviado a la localidad desde Yakarta el soldado Soegeng (Baskara Mahendra) para investigar en una aldea que conoce bien porque fue criado por su padre adoptivo Sukarya (Mathias Muchis). Recién casado con Arum Wangi (Carissa Perusset), que ha tenido una educación en países occidentales, en realidad su cometido está más enfocado a tratar de contrarrestar los rumores de que los militares han podido tener alguna relación con las muertes. La búsqueda de la verdad se convierte así en una intención de encontrar una verdad más cómoda con los estamentos militares, lo que subraya la mirada crítica de la película. El trasfondo de la historia se encuentra en un hecho trascendental para la política del país que tuvo lugar el 30 de septiembre de 1965, al que se hace referencia al principio, cuando seis generales del ejército indonesio fueron secuestrados y asesinados, arrojando sus cuerpos a un agujero. El llamado Movimiento del 30 se septiembre está considerado como un intento de golpe de Estado y la versión del gobierno del presidente Suharto acusó rápidamente al Partido Comunista de Indonesia (PKI) de estar involucrado en esos asesinatos, dentro de un relato construido como la verdad oficial que se guiaba por la tendencia de involucrar a los comunistas en cualquier acontecimiento violento que se produjera en el país. Esta propaganda se intensificó con el estreno de una película de alto presupuesto titulada Pengkhianatan G30S/PKI (Arifin C. Noer, 1984) que narraba los acontecimientos desde la culpabilidad del PKI, y aunque investigadores occidentales han concluido que el Movimiento 30 de Septiembre fue un intento de purgar al gobierno indonesio de las influencias anticomunistas, lo cierto es que también fue utilizado para alimentar el odio contra los rojos. Aunque The hole (Hanung Bramantyo, 2026) está construida como una película de terror tradicional en torno a apariciones, fantasmas y muertes sangrientas, la fábula creada alrededor de los acontecimientos políticos del pasado marca de una manera destacada el desarrollo de la historia, y ofrece por tanto un contexto mucho más interesante. 

Desde el punto de vista del género, The hole extiende todo su potencial a través de las apariciones de una figura sobrenatural a la que llaman Hollow Ghost, que tiene relación con acontecimientos del pasado, mientras Arum Wangi siente la presencia de una figura femenina que también parece querer atraparla. El desmoronamiento del entorno familiar de Soegeng le convierte en una especie de espejo que refleja la historia del supuesto asesino, un titiritero llamado Suradji (Iskaka Khiva) que ha sufrido la violencia de los militares y el terrateniente de la aldea, quienes secuestraron a su prometida Ninsigh (Anya Zen), una bailarina que, como otras jóvenes del pueblo, es sometida a continuas violaciones y abusos. También hay una referencia clásica a un libro de maldiciones que tiene relación con el pasado histórico español: "Entre 1256 y 1258, este libro fue traducido al español por orden de Alfonso X de Castilla. Es conocido con el nombre de "Picatrix". Se creía que era un libro de salmos, pero el contenido real es el de magia negra". Se trata de una referencia curiosa a la existencia real de un grimorio escrito originalmente en árabe con el título Ghāyat al-Ḥakīm (que significa "La meta del sabio"), que se tradujo por primera vez en Toledo durante el reinado de Alfonso X el Sabio en el siglo XIII, marcando la historia de las Artes Mágicas en Europa. La segunda parte de la película abunda en la representación de la violencia estructural y de la corrupción que se extiende por los sectores más favorecidos y tiene como víctimas a los más desfavorecidos. Dentro de la envoltura de thriller de terror, The hole es una representación de la corrupción política y Lubang Buaya se convierte en un microcosmos de Indonesia, en la que los estamentos de poder, desde militares hasta dueños de las tierras o líderes religiosos, están profundamente contagiados por la corrupción. Si bien hay apariciones y escenas sangrientas que pueden satisfacer a los aficionados al género de terror indonesio, adoptando un ritmo adecuadamente dinámico por parte del director, es la violencia estructural la que sobresale dentro de la película, y en cierto modo las escenas de abusos que sufren algunas mujeres de la aldea son más violentas e impactantes que las habituales escenas de ataques sangrientos. Podría ser excesivo calificar a The hole como un thriller político en su sentido más profundo, pero lo cierto es que los elementos reflexivos sobre la corrupción que impide llegar a la verdad, un concepto que está tratado en la película como objeto de manipulación, alimentan la historia para hacerla mucho más trascendental. La referencia a los elementos fantásticos se convierte en una forma de ocultar los acontecimientos reales, mientras los monstruos que surgen del más allá con una intención vengativa y acusadora se representan como un reflejo de las monstruosidades que pueden llegar a ejercer los seres humanos. 

Conrad & Crab - Idiotic gems

Claude Schmitz

Bélgica, Francia 2026 | 87' | Harbour | 


Decíamos de la anterior película del director, Los otros Laurens (Claude Schmitz, 2023), presentada en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, que estaba envuelta constantemente en la dualidad, desarrollándose "casi siempre en un plano doble, entre lo fantasmal y lo real, explorando las posibilidades de la duplicidad". En cierta manera podríamos utilizar esta misma frase para definir su nueva propuesta Conrad & Crab - Idiotic gems (Claude Schmitz, 2026), cuyo título original adopta el nombre de la pequeña localidad francesa en la que se desarrolla, Sainte-Marie-aux-Mines, durante la celebración de su festividad más popular, la Feria de Minerales, Fósiles y Gemas, la segunda más grande del mundo detrás de la que se celebra en Austin (Texas). Para vigilar posibles sustracciones, la comisaria principal del pueblo contrata a dos policías que provienen de Perpignan, Francis Conrad (Francis Soetens) y Alain Crab (Rodolphe Burger), que en realidad son amigos veteranos que realizan algunas colaboraciones antes de retomar su trabajo como investigadores. No es una asignación que les convenza pero cuando se produce el robo de una gema, se esmeran tanto en conseguir atrapar a los ladrones que utilizan métodos de conversación-interrogatorio algo peculiares y no especialmente eficaces. El director Claude Schmitz (1979, Bélgica) utiliza a dos personajes secundarios de Los otros Laurens para elaborar una especie de película spin-off que se desarrolla como un cozy crime (crimen acogedor), en el que el objeto de la investigación es menos importante que la relación que mantienen los dos amigos y la que establecen con otros habitantes del pueblo. Si en la anterior película Conrad y Crab eran dos personajes que hacían comentarios humorísticos al fondo de una historia más oscura, en esta reunión entre ambos se convierten en el centro de una trama que evoca los clásicos dúos de las buddy movies norteamericanas o el cine francés de los años ochenta. Pero el director utiliza este arquetipo de personajes, para describir a los suyos con sus características ligeramente envejecidos, casi como si fueran de otra época. No solamente el trabajo policial los une, sino que hay algo que los mantiene juntos, incluso aunque uno de ellos comience una relación romántica con una vecina del pueblo. La idea surgió de la química entre Francis Soetens y Rodolphe Burger, que no son actores con una formación académica, y a los que generalmente el director rueda a través de improvisaciones, sin un texto previo. La propuesta es confrontar a estos dos amigos inseparables con otros personajes y comprobar cómo se comportan y se relacionan entre ellos, mientras el director hace referencia a cómics de Hervé como Las joyas de la Castafiore (1963, Ed. Juventud) para describir una cierta antinarrativa en la que la atmósfera y los personajes importan más que la trama. 

Pero si hay algunas referencias, que no sabemos si son conscientes, son las que marcan el ritmo de una película que puede recordar a directores como Aki Kaurismäki y Jim Jarmusch. De hecho, la elección del pequeño pueblo de Sainte-Marie-aux-Mines, que es donde se encuentra la granja familiar de Rodolphe Burger, ofrece esa peculiaridad de una localidad al margen de la ruta de la Alsacia vinatera para situarse en un plano más etéreo, con una atmósfera al estilo de Twin Peaks (SkyShowtime, 1990-1991), marcada por la desindustrialización y las dificultades económicas y sociales. En Conrad & Crab hay muchas escenas de los personajes caminando por las calles del pueblo, que parece querer capturar ese particular ritmo tranquilo del verano, que está reforzado por el rodaje cronológico planteado por el director. Primero se rodaron las escenas que se desarrollan en la Feria de Minerales, después se muestra el desmantelamiento de las carpas y la partida de los visitantes para dejar un pueblo de calles solitarias en el que se percibe la permanencia de una cierta melancolía. Conforme se adentran en la investigación, la película también se centra en la relación entre los dos amigos, y desde la mitad de la historia ya deriva directamente hacia los desafíos de ambos personajes. Cuando Crab conoce a Nour Zeroual (Samia Lemmiz), con la que siente que puede iniciar una relación, se muestra constantemente nervioso porque piensa en el momento en que le va a confesar a su amigo que está saliendo con una mujer, lo que podría afectar a la complicidad que han mantenido hasta ese momento. Los dos personajes son lo suficientemente característicos como para poder iniciar una serie de películas centradas en sus propias aventuras particulares, y tienen algunas de esas características que los hacen peculiares, como las permanentes gafas de sol negras que lleva puestas Alain Crab. La propia investigación policial se desarrolla con cierta cordialidad a través de los interrogatorios que derivan hacia conversaciones triviales, incluso a pesar de que termina con una persecución y una escena de acción un tanto particular. Al final de la película, el director recuerda a los espectadores que Rodolphe Burger es un músico reconocido a través de una actuación musical durante los títulos de crédito. Tiene tras de sí una larga carrera de más de 30 años, su estudio de sonido Klein Leberau está situado en Sainte-Marie-aux-Mines y tiene previstos algunos conciertos para los próximos meses en París. 

The shadow's edge

Larry Yang

Hong Kong, China 2025 | 141' | Limelight | 


También retoma un personaje anterior la última película de acción protagonizada por el incombustible Jackie Chan, a sus 71 años. En este caso se trata del líder de una banda de atracadores que es conocido como The Shadow (Tony Leung), porque su identidad es desconocida, y que ya en la película Eye in the sky (Yau Nai-Hai, 2007) era el antagonista de una historia de atracos y escenas de acción. Aquella película tuvo después un remake coreano, Cold eyes (Choi Ui-seok, Kim Byung-seo, 2013) y en cierta manera se puede considerar que The shadow's edge (Larry Yang, 2026) se sitúa en un término medio entre una nueva versión y una continuación, porque The Shadow está interpretado por el mismo actor, el veterano Tony Leung Ka Fai, quien no coincidía con Jackie Chan desde que trabajaron juntos en el drama histórico de acción El mito (Stanley Tong, 2005). La secuencia del principio muestra a una banda de atracadores que está dirigida por Fu Longsheng, conocido por la policía como The Shadow, y formada por sus cinco hijos adoptivos, entre ellos los dos hermanos gemelos Xi Wang y Xi Meng (ambos interpretados por CiSha), entrando en la torre de un banco en Macao, donde no roban dinero físico sino un libro de cuentas perteneciente a un hombre de negocios millonario en el que se encuentran anotadas las claves para entrar en su monedero de criptomonedas. Bajo la dirección de Larry Yang, quien se encargó de reescribir buena parte de la historia de la película original imaginando al antagonista como un superviviente de los acontecimientos que se producen en Eye in the sky, esta secuencia de acción inicial muestra las cualidades de una producción realizada con buenos medios y unas coreografías de luchas y persecuciones muy espectaculares. Jackie Chan venía abordando en los últimos años producciones más infantiles y juveniles como Panda plan (Luan Zhang, 2024) y Karate Kid: Legends (Jonathan Entwistle, 2025), por lo que su regreso al cine de acción para adultos, con secuencias elaboradas y bastante sangrientas, ha sido recibido con entusiasmo por sus seguidores, que han convertido a The shadow's edge en una de las películas más taquilleras en China de la larga carrera del actor. De hecho él mismo ha anunciado que ya se prepara una secuela que prácticamente se anuncia en la escena postcréditos de la película. El robo del banco lleva a la policía a recurrir al agente retirado Wong Tak-chong (Jackie Chan) para que les ayude a localizar a La Sombra, especialmente después de que hayan podido acceder a una imagen suya captada de forma involuntaria. Junto a la joven policía He Qiuguo (Zifeng Zhang), el agente coordina un sistema de vigilancia que trata de identificar al cabecilla de la banda en el barrio donde creen que puede estar escondiéndose. 

The shadow's edge intenta ofrecer algo de profundidad en los personajes, especialmente a través de la relación entre Fu Longsheng y sus hijos adoptivos, aunque lo que realmente funciona es la dinámica que se crea entre los personajes principales, con Tony Leung construyendo un antagonista rodeado de ambigüedades psicológicas. El guión tampoco es tan profundo como podría parecer, sin embargo, y de alguna manera la incursión en las relaciones familiares del antagonista y el trasfondo personal del protagonista suenan demasiado superficiales dentro de una película que principalmente se impulsa por las escenas de acción, no solo aquellas que se basan en coreografías muy contundentes, sino también algunas que rodean al sistema de vigilancia que elabora Wong. La coordinación entre veteranos y jóvenes en ambos lados de la ley funciona como un elemento de reflexión sobre los reemplazos generacionales y la sabiduría de la veteranía, por supuesto inclinándose hacia un mensaje que contrapone el carácter más reflexivo de la vieja guardia frente al más impulsivo de los miembros más jóvenes de la banda y de la policía. En cierto sentido, The shadow's edge también reivindica en sí misma esta confrontación, conformándose como una película de acción clásica, con secuencias de luchas coreografiadas desde una perspectiva más tradicional, pero al mismo tiempo elaborando escenas espectaculares que podría envidiar cualquier película de la saga Misión: Imposible, especialmente la inicial en las torres financieras de Macao. Y que están subrayadas por la excelente banda sonora del compositor Nicolas Errèra (1967, Francia), muy ligado a las producciones chinas desde hace tiempo. También es destacable la habilidad de Larry Yang (1981, China) para mostrar las coreografías con una nitidez que se suele echar de menos en las películas de acción occidentales, con cierta tendencia a las cámaras temblorosas que pretenden transmitir el caos de la acción, pero en realidad enturbian la transparencia de las coreografías. Los amantes del cine de artes marciales encontrarán buenas secuencias de uno contra uno y uno contra todos, en estupendas escenas como el enfrentamiento entre Tony Leung y Jackie Chan en una cafetería que resulta espectacular. Desde el punto de vista de la historia y los personajes, quizás The shadow's edge resulta bastante más superficial de lo que pretende, y posiblemente también acaba siendo más larga de lo necesario, pero como una película de acción bien elaborada, consigue recuperar el pulso de los mejores títulos de Jackie Chan. No faltan las tomas falsas que se incluyen casi siempre en los créditos finales.

Complaint No. 713317

Yasser Shafiey

Egipto 2025 | 80' | Bright Future | 

Cairo International Film Festival '25: Mejor Guión


La tranquilidad rutinaria de una pareja que ha sobrepasado los sesenta años se ve alterada por el mal funcionamiento de un frigorífico cuya reparación desestabiliza la vida familiar y su relación personal, en el debut en el largometraje del director Yasser Shafiey, que se desarrolla en un único espacio, haciendo referencia a las comedias tradicionales para televisión de directores egipcios como Raafat El-Meehy (1940-2015, Egipto), quien primero trabajó como guionista en la década de los setenta y ya en los ochenta se incorporó a la corriente del realismo egipcio, a través de comedias que funcionaban como retratos de la sociedad. Cuando el frigorífico de la casa comienza a tener problemas, Sama (Sherine) está preocupada porque necesita mantener en frío la tarta para la celebración de su cumpleaños y el 37 aniversario de su boda con Magdi (Mahmoud Heimedia). Él pretende descongelar el frigorífico a martillazos, pero acaba provocando un destrozo mayor, y los invitados a la fiesta, entre ellos su hijo (Ali El Tayeb), acaban enfermos porque la tarta no se ha conservado correctamente. La falta de funcionamiento del frigorífico parece un reflejo de su propia situación: Magdi ha trabajado durante años en el Ministerio de Agricultura y vive de una pequeña pensión, mientras que Sama también es una funcionaria que pronto accederá a la jubilación. Esa sensación de vidas caducas, una especie de obsolescencia programada asignada a los seres humanos a través de la burocracia de la jubilación, se representa en el problema que surge por la avería del electrodoméstico, cuya solución más fácil sería comprar otro, pero la inflación provocada por las fallidas políticas económicas del gobierno egipcio han desembocado en una subida de precios. Al mismo tiempo, la intención de que el frigorífico siga funcionando mediante el servicio de reparación de la compañía se convierte en una cuestión de dignidad para la mentalidad patriarcal de Magdi, que se considera el único que puede negociar con los técnicos. Pero el proceso burocrático de llamadas, días de espera, reparaciones incompletas y quejas al servicio al consumidor acaba convirtiéndose en una experiencia kafkiana, mientras la relación dentro del matrimonio se desmorona progresivamente. Comenta el director y guionista que su película Complaint No. 713317 (Yasser Shafiey, 2025), que ganó el premio al Mejor Guión en el Festival Internacional de Cine de El Cairo, trata sobre "Al Qahr", una palabra que no tiene traducción en ningún otro idioma. Es una expresión que describe un estado de opresión, de angustia extrema o de ira reprimida ante una injusticia irresistible, una evocación de la sensación de impotencia profunda que se debe a la histórica situación de humillación y fracasos que han experimentado los países árabes. Este es el impulso que lleva al protagonista a insistir en la reparación del electrodoméstico y a ejercer sus derechos como consumidor, por muchas llamadas que tenga que hacer. El número que le asignan para su queja, el 713317, es un número capicúa, lo que subraya la sensación de ese círculo vicioso que parece que nunca acaba.  

La historia también incluye una trama relacionada con una vecina y sus dos hijos, que trata de separarse de su marido maltratador, un reflejo de otras situaciones demasiado cotidianas dentro de una sociedad patriarcal y machista, pero parece un elemento demasiado forzado como incorporación a la historia principal. Visualmente, el electrodoméstico se convierte en un tercer personaje dentro de la cocina donde se desarrolla buena parte de la acción, un testigo mudo de las cada vez más habituales discusiones entre la pareja sobre cómo afrontar el problema. "En esta casa nada dura", dice Magdi en una de estas discusiones, reflejando que la reparación del frigorífico no es el principal problema al que se enfrenta el matrimonio. El hecho de que la pensión de Sama vaya a ser superior a la que él mismo recibe es un golpe al pundonor de un hombre que quiere seguir siendo el benefactor del núcleo familiar. El concepto visual de la película, rodada en planos fijos, está basado en la estructura de las sitcom, las comedias de situación que se construyen a partir de escenas cortas que tienen finales y transiciones abruptas, lo que refuerza la idea de una puesta en escena televisiva que se mueve en el terreno de la comedia, pero que esconde un drama vital para sus protagonistas. La propia televisión está presente como elemento de presión social, a través de un anuncio que promociona una nueva generación de frigoríficos, que suponen una tentación pero derivan hacia una pesadilla para Magdi. El enfrentamiento entre lo nuevo y lo viejo, lo caduco y lo moderno, se hace presente a través de los sueños del protagonista. Complaint No. 713317 abunda en esa sensación de que nadie atiende a las reclamaciones, de que nadie escucha y de que los problemas hay que afrontarlos solos, como un reflejo de ciudadanos que se consideran abandonados. Desde el apartamento de Sama y Magdi, que transmite sensación de tiempo pasado, con paredes antiguas y muebles viejos, se muestra una representación de la clase media egipcia que ni siquiera se puede plantear comprar un nuevo electrodoméstico. El laberinto de evasivas y largas esperas que supone contactar con la empresa le da un aspecto absurdo a la historia que la separa de una mirada realista: el técnico (Mohamed Radwan) que acude para reparar el frigorífico cuenta su historia personal como un ingeniero que ha estudiado en Estados Unidos, pero su dedicación parece poco comprometida. El frigorífico que se resiste a seguir funcionando es como un país que está sometido progresivamente al deterioro y la crisis permanente, manteniendo su actividad como forma de resistencia. 

No hay otra opción

Park Chan-Wook

Corea del Sur 2025 | 139' | Limelight | 

Festival de Venecia '25: Sección Oficial

Festival de Sitges '25: Mejor Película


En los créditos finales de esta película, el director Park Chan-wook (1962, Corea del Sur) dedica un agradecimiento especial a Costa-Gavras (1933, Grecia), quien adaptó hace veinte años la novela The ax (1997), del escritor norteamericano Donald Westlake, en su película Arcadia (Costa-Gavras, 2005). El hecho de que la historia sobre un trabajador de una fábrica de papel que pierde su trabajo y se embarca en una carrera violenta para lograr un segunda oportunidad resuene de una manera tan cercana a la actualidad, indica que nuestra sociedad no solo no ha cambiado sino que se encamina hacia un futuro desolador. En su novela, el escritor reflexionaba sobre la diferencia entre los despidos laborales que habían sufrido sus padres motivados por la crisis de la Gran Depresión y los que se estaban llevando a cabo a finales de los noventa en medio de una etapa de recuperación económica: "La diferencia es que todos pasamos juntos por la Depresión. Fue como un campamento de entrenamiento para todos. Ahora, quienes sufren esta situación están aislados" respondía Donald Westlake (1933, Nueva York-2008, México) en una entrevista durante el lanzamiento de su libro. La virtud principal de No hay otra opción (Park Chan-wook, 2025) como sátira social radica en su capacidad para captar las preocupaciones de nuestro mundo, especialmente en el entorno laboral, y al mismo tiempo hacerlo con un entramado narrativo de thriller irónico que funciona perfectamente, gracias sobretodo a la capacidad del director para ofrecer una de sus habituales coreografías de cámara que suelen caracterizar su cine. En una industria cinematográfica que piensa que el virtuosismo consiste en elaborar largos planos secuencia, el director coreano opta por el montaje y los zooms que recoge del estilo de sus películas de referencia como Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958), regalando algunas secuencias memorables para incorporar a la galería de grandes momentos del cine negro. Como esa en la que el protagonista Yoon Man-su (Lee Byung-hun) se introduce en la casa de uno de sus rivales y el volumen de la canción "Redpepper dragonfly" (1981) de Cho Yong Pil apenas deja escuchar los diálogos. Él mismo afirma al principio de la historia, con un tipo de satisfacción que sabemos que se va a volver en su contra: "Lo tengo todo". Y efectivamente ha atesorado todo aquello que la sociedad considera como un éxito: tiene una familia junto a su esposa Miri (Ye-jin Son), un hijastro adolescente y una hija propia que es un portento del violonchelo aunque solo habla para repetir lo que otros han dicho. También posee una buena casa, dos perros, una suscripción a Netflix y un buen trabajo en una fábrica papelera, que es básicamente el sustento de la felicidad de Man-su. Pero esto último es precisamente lo que se desmorona, y con ello el castillo de naipes sobre el que ha construido su felicidad. Cuando la fábrica es adquirida por una empresa norteamericana, comienzan los recortes a través de los despidos, y el puesto aparentemente indefinido que ha mantenido durante 25 años también se acaba. La justificación que ofrece la empresa es que "no hay otra opción". Reincorporarse al mercado laboral a una edad madura es difícil, y tras más de un año sin un trabajo estable, Man-su ve la oportunidad de volver a la empresa pero la única opción que vislumbra es la de deshacerse de los otros candidatos para un puesto muy especializado. 

El cambio de escenario desde los Estados Unidos de los años noventa y Francia de principios de los 2000 hasta Corea del Sur en la actualidad, introduciendo elementos diferenciadores como la entrada de la IA en el mundo laboral de una forma arrasadora, también le da otro trasfondo a la historia, sobre todo en una sociedad como la coreana donde permanecen ciertas derivas patriarcales. El hombre es el que provee, así que el candidato Bummo (Lee Sung-min) le pregunta a su esposa Ara (Yeom Hye-ran): "¿Es posible que un hombre desempleado pueda amar?", en medio de la crisis matrimonial provocada por su alcoholismo. El virtuosismo de Park Chan-wook consigue que No hay otra opción sea mucho más oscura que la novela o la película de Costa-Gavras, pero al mismo tiempo tan absolutamente divertida que incluso la memorable interpretación de Lee Byung-hun como un aspirante a criminal al que no le sale todo como tenía previsto se siente casi como una extensión de los personajes de las comedias slapstick, pero con mucho sentido del patetismo. Y esa oscuridad viene ofrecida por un entorno que parece más distópico si no fuera perfectamente identificable, con la contracción del mercado laboral como consecuencia de la irrupción de las nuevas tecnologías, que no solo afecta a las labores más mecánicas sino también en buena medida a las más especializadas, de manera que cada vez hay menos espacio para trabajadores humanos en el estrecho embudo de las carreras profesionales. La deshumanización provocada por el capitalismo se ha vuelto más real y por tanto la película adquiere un tono mucho más perverso. Aunque esas anticipaciones en los movimientos de cámara y esos encuadres ajustados al milímetro nos hagan disfrutar como espectadores de la excelente caligrafía cinematográfica, la desesperación del protagonista también provoca cierta incomodidad, envuelta entre el suspense y la comedia. La película de Park Chan-wook también refuerza esa idea de impunidad que provoca el capitalismo, el "todo vale" que imponen las empresas, y las connotaciones que adquieren las expresiones que se refieren a los despidos. En la época de la novela, Donald Westlake afirmaba que se le quedó grabado el eufemismo que utilizó la empresa AT&T para despedir a sus trabajadores: "Cesado para seguir avanzando". A lo que él mismo respondía que era una forma escalofriante de referirse a un despido: "Porque, si lo piensas, tu trabajo no progresa, pero desde la perspectiva periférica puedes ver otros trabajos que sí progresan. Así que es como la muerte, una descripción de una muerte lenta". En la película, se utiliza una expresión coreana popular cuando se menciona un cese laboral: "Que te corten la cabeza", una especie de broma que intenta hacer Man-su a los nuevos dueños norteamericanos. Y la psicología habla de "muerte laboral" cuando se refiere al proceso de adaptación a un despido que requiere también una etapa de duelo. Llevando estas ideas hasta sus últimas consecuencias, Park Chan-wook ofrece un entretenido thriller que tiene comentarios muy profundos sobre el destino del ser humano en una sociedad deshumanizada. 


No hay otra opción se estrena en salas de cine el 13 de febrero.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Seven se puede ver en Filmin, HBO Max, Netflix y Prime.
Los otros Laurens y Vértigo se pueden ver en Filmin. 
Cold eyes se puede ver en Kocowa.
El mito se puede ver en AMC+ y Tivify. 
Panda plan se puede ver en Movistar Plus+.


06 febrero, 2026

Rotterdam 2026 - Parte 3: Familias

Entramos en el último fin de semana del Festival de Róterdam con algunas de las películas que han formado parte de su programación a lo largo de esta larga semana de proyecciones. En nuestra crónica de hoy hablamos de títulos que se centran en la figura de las familias, a través de historias de emigración, relatos de maternidad, descubrimientos de secretos ocultos, familias escogidas cuando las propias no están a la altura de las circunstancias y lazos familiares que conectan con el pasado dentro de una pequeña comunidad. También nos adentramos en las secciones que recogen la programación de cortometrajes y mediometrajes, con dos de los títulos destacados procedentes de cineastas reconocidas por sus diferentes facetas artísticas. 

© Andreas Bastiansen

Hjem

Marijana Janković

Dinamarca, Serbia 2026 | 105' | Big Screen Competition | ★

Hace unos días se entregaban los Robert Prisen que reconocen las mejores producciones danesas de cine y televisión, en una ceremonia dirigida por la actriz y realizadora Marijana Janković (1982, Montenegro), que ahora presenta en el Festival de Róterdam su primera película, segura aspirante a los Robert Prisen del próximo año. En cierta manera, el debut en el largometraje de una actriz a la que hemos visto en series como Dia i nit (3Cat, 2022-) y Danefæ (DR, 2025), es una continuación necesaria de su cortometraje Maja (Marijana Janković, 2018), que estaba basado en su propia experiencia como una niña de seis años que comienza una nueva vida en Dinamarca junto a su familia emigrante procedente de Serbia. Algunos de los actores que participaron en aquel corto regresan para interpretar a los mismos personajes en Hjem (Home) (Marijana Janković, 2026), una ampliación de aquella historia que, aunque mantiene el punto de vista de Maja y lo extiende hasta su desarrollo profesional en la edad adulta, se centra mucho en la familia y, sobre todo, en el concepto de hogar, aquello que queda en una indefinición cuando se enmarca dentro del desplazamiento. El hogar puede ser el origen, pero también el destino, el lugar donde se nace pero asimismo aquel en el que se muere, el espacio que envuelve una vida. El primer hogar de Maja (Tara Čubrilo) es la pequeña localidad de Ivangrad (ahora Bareno) en la antigua República Federativa Socialista de Yugoslavia que se acabó disolviendo durante los años noventa. Situada en el año 1991, la historia presenta a la familia protagonista tratando de sobrevivir en una situación difícil de escasez de trabajo, dentro de una estructura tradicional patriarcal en la que el padre Marko (Dejan Čukić) realiza todo tipo de pequeñas labores profesionales, a veces siendo estafado, y la madre Vera (Nada Šargin) permanece en la casa cuidando de sus tres hijos, todavía pequeños, y de la abuela. La difícil situación económica que atraviesan llevan a Marko a tomar la decisión de seguir el consejo de su tío Jovan (Zlatko Burić), un emigrante que lleva treinta años viviendo en Dinamarca y que le sugiere que haga lo mismo con su familia: "Un hombre debe saber lo que quiere en la vida. Te marcas un objetivo y entonces trazas un plan hasta llegar allí". La resistencia de Marko a abandonar su hogar se confronta con la realidad, así que toma la decisión de marcharse, pero llevándose consigo solamente a Maja, y dejando a sus dos hijos adolescentes al cuidado de la abuela. Hjem tiene la habilidad de no presentar a esta familia emigrante como una víctima, pero también ofrece una representación acertada de la ruptura que supone esa separación entre los hijos y sus padres, lo que termina afectando a las relaciones posteriores, incluso cuando son adultos. Tampoco retrata Dinamarca como la tierra prometida que esperaban encontrarse: viven en el pequeño piso de la hermana de Marko, que emigró hace unos años, y necesitan trabajar en una empresa de limpieza para reunir el dinero para traer a sus hijos. En la realidad, Marijana Janković regresó a Montenegro a los pocos meses de marcharse con sus padres, para reunirse con sus hermanos y poco después volver todos juntos a Dinamarca. La dificultad de compaginar el cuidado de una hija con las largas jornadas en trabajos mal pagados está presente en la ficción, pero en este caso Maja permanece junto a sus padres. 

Buena parte de los actores que participan en Hjem son emigrantes serbios que han desarrollado sus carreras en Dinamarca y el director de fotografía Manuel Alberto Claro también es un reconocido profesional chileno-danés que ha trabajado con Lars von Trier en títulos como Melancolía (2011), Nymphomaniac (2013) y La casa de Jack (2017). De manera que la atmósfera de la diáspora y del desplazamiento se traslada al propio equipo de la película. Dinamarca está lejos de ser ese paraíso definido como tal por los habitantes que permanecen en la pequeña localidad de Montenegro, en parte debido a las mentiras que cuentan los emigrantes sobre su propia realidad, algo en lo que caen también Marko y Vera, retratando su situación como idílica, con una buena casa y un buen acceso al trabajo, pero lejos de la realidad de sus pequeñas incursiones en labores de limpieza durante jornadas interminables que les permiten solo pequeños ahorros y algunos momentos para disfrutar de su vida familiar. Con la ayuda de Lene (Trine Dyrholm), consiguen concertar matrimonios de conveniencia falsos para lograr los documentos legales de residencia en Dinamarca. El anciano Ejner (Jesper Christensen) se convierte en el marido de Vera, mientras la pequeña Maja tiene dificultades para entender por qué sus padres se casan con otras personas. La emigración no se plantea tanto como una lucha constante sino como un proceso de pequeñas batallas que se van ganando progresivamente, lo que elimina el carácter victimista de otras propuestas. Es el camino que ha elegido la familia de Maja y es por tanto el que debe ir construyendo paso a paso, con una adaptación más fácil para ella desde su incorporación a la escuela que dirige Jesper (Claes Bang). Los últimos veinte minutos de la película están dedicados a la edad adulta, con Maja (Marijana Janković) convertida en una artista, pero como la única de los hijos que tiene un contacto permanente con sus padres. Sus hermanos mantienen el rencor del abandono primero, y después del desplazamiento obligado a un país que no conocían. Esta permanencia del conflicto generacional quizás está poco desarrollado porque las figuras de los hermanos parecen demasiado difusas frente al retrato de los padres, tanto en la adolescencia como en la edad adulta. La dirección de Marijana Janković permanece siempre en un plano de observación, dejando espacio a los personajes para contar una historia que quizás no tiene elementos emocionales muy marcados, pero no por ello renuncia a buscar la identificación con el espectador en esa pregunta constante que reflexiona sobre el concepto de hogar. 

© Gilvan Barreto

Yellow cake

Tiago Melo

Brasil 2026 | 99' |Tiger Competition | ★

El director Tiago Melo (1984, Brasil) regresa a Róterdam tras haber sido seleccionado con su debut Azougue Nazaré (2018), que ganó el premio a la Mejor Ópera Prima, llevando su siguiente film hasta el terreno de la distopía que se encuentra a medio camino entre un futuro posible y un pasado que está muy presente. Si aquella se desarrollaba en la ciudad natal de su madre, en el caso de Yellow cake (Tiago Melo, 2026) se traslada hasta Picuí, en el estado de Paraíba, el lugar de nacimiento de su padre, que ya había abordado en su cortometraje documental Urânio Picuí (2012), que se puede considerar como el germen de esta propuesta de ficción. Allí, los residentes mayores cuentan historias sobre la llegada de los estadounidenses durante la 2ª Guerra Mundial para extraer uranio para el Proyecto Manhattan, y esta colaboración científica que se convierte en una especie de colonización es uno de los temas que propone en una historia peculiar, de escasos diálogos y de una atmósfera enrarecida marcada por la tonalidad amarillenta a la que hace referencia el título. En esta ciudad se ha establecido un campamento de científicos norteamericanos que tratan de erradicar el mortal mosquito Aedes aegypti, que provoca enfermedades como el dengue, mediante un experimento secreto llamado Yellow cake. A través del uso de uranio extraído de la región, el proyecto pretende esterilizar a los mosquitos y contener la propagación de la enfermedad. Entre ellos, la física nuclear Rúbia Ribeiro (Rejane Faria) actúa como enlace entre el mando militar brasileño y el líder del proyecto, el controvertido Bill Raymond (Spencer Callahan), empeñado en conseguir resultados positivos, aunque para ello tenga que ignorar los procedimientos de seguridad básicos. La película tiene un marcado tono de distopía casi de terror, a través de una invasión de mosquitos que tienen cuerpos fosforescentes, como si fueran extraterrestres, pero que algunos habitantes de la zona no consideran peligrosos, como la anciana Doña Rita (Tânia Maria), que representa esa sabiduría popular que también puede ser imprudente. Yellow cake funciona como una sátira sobre la relación de Brasil con las potencias mundiales que siempre han acabado aprovechándose de ella, especialmente en una región como Seridó, que es rica en las llamadas tierras raras y un suelo repleto de minerales estratégicos como el tantalio, el berilio, el litio y el uranio, todos ellos importantes para la industria tecnológica, convertidos en el maná actual de los territorios más insospechados y desérticos, pero cuyo valor cambia dependiendo de las estrategias geopolíticas. En este contexto, la presencia de Doña Rita funciona como un reflejo del tiempo, como una huella de supervivencia respecto a las explotaciones del pasado, de manera que resulta inmune a la amenaza de los mosquitos cuando el plan de controlar su expansión termina fracasando. 

El personaje tiene el rostro característico de Tânia Maria, una mujer anciana que entró en el cine por casualidad, durante el proceso de casting de la película Bacurau (Juliano Dornelles, Kleber Mendonça Filho, 2019), de la que Tiago Melo fue productor asociado, y que recientemente ha interpretado un personaje principal en El agente secreto (Kleber Mendonça Filho, 2025). El director consigue crear una mirada singular que a veces causa extrañeza porque es difícil de catalogar entre una distopía que utiliza los recursos clásicos, pero al mismo tiempo desde un perspectiva que abunda en la idea de la colonización: la humana con su carácter ensordecedor y la animal, con su presencia silenciosa. Dentro de la mezcla de géneros que propone, Yellow cake tiene el tono y la visualidad de las películas de ciencia-ficción pulp, pero también contiene una representación de la vida en medio de espacio desérticos, como una forma permanente de supervivencia. A partir de la eclosión de los mosquitos, el tono de la película se contagia de una cierta representación atmosférica que parece más interesada en transmitir sensaciones que en desarrollar una trama. Esto puede hacer perder la atención del espectador cuando incorpora la repetición de las consecuencias de la infección, que parece afectar más a los visitantes foráneos que a los habitantes de la región. Introduciendo en cierta manera reflejos de la pandemia del coronavirus como una posibilidad real de una infección global, Yellow cake se abre a la fantasía de una normalización de la infestación permanente, proponiendo un final ambiguo en el que no está claro cuál es el destino de los personajes, e incorporando en el desenlace una canción que habla de comienzos y finales, "Porque é da natureza" (1980) de la cantante Cátia de França, que hace referencia a cómo cada final es el comienzo de un ciclo nuevo. 

White lies

Alba Zari

Italia 2025 | 98' | Bright Future | 

Festival dei Popoli '25: Mención Especial

En su complejo proceso de indagación de la realidad que ha rodeado a su familia, es notable la forma en que la directora debutante Alba Zari (1987, Tailandia) se niega a aceptar los silencios como respuesta, pero al mismo tiempo mantiene una delicadeza constante al hablar, sobre todo, con su madre y con su abuela. El abandono fue solo un paso más en la difícil relación de una familia que convivió dentro de la secta Hijos de Dios, una rama de un movimiento religioso fundado en 1968 en California por el ex-pastor David Brandt Berg y que posteriormente se extendió a países como Tailandia, afrontando juicios internacionales bajo acusaciones de explotación de prostitución y pedofilia. Su madre se entregó al amor libre que propugnaba este movimiento, así que Alba nació de padre desconocido, aunque durante mucho tiempo tuvo un referente paterno. Sin recuerdos de su infancia, Alba Zari encuentra en los archivos familiares algunas respuestas a sus preguntas, pero sobre todo descubre una relación tóxica de su madre Ivana y su tío con su abuela Rosa, la mujer que quiso huir de su infelicidad cuando conoció en Trieste a Simon, un estadounidense miembro de la secta, y decidió acompañarle hasta Tailandia, introduciendo a Ivana en este movimiento cuando solo tenía trece años. Una carta de despedida que Rosa escribió a sus hijos deja entrever la ruptura de su relación, y un cierto rencor de la madre hacia la actitud de sus hijos, que decidieron romper el contacto con ella como la única forma de escapar a la abducción psicológica de la secta. En White lies (Alba Zari, 2025), tres generaciones de una familia se enfrentan a los recuerdos y la falta de ellos, a las presencias y las ausencias de unas vidas que fueron secuestradas por las consignas de un movimiento seudo-religioso, incluso aunque una parte de ellas no hubieran tenido la capacidad de decisión sobre sus destinos. Las mentiras piadosas a las que hace referencia el título de su debut en el documental son una forma de enfrentarse a los secretos de su familia, pero con una mirada amable, tratando de entender a su madre e incluso a su abuela, a la que sus hijos consideran culpable de aquella experiencia que ahora reconocen como manipuladora. Alba Zari nació en Bangkok, donde vivió hasta los ocho años, y el único recuerdo que tiene de su infancia es lo que le ha contado su madre, una escena de ella ayudándola a tender la ropa. Esta falta de memoria la abordó primero en su libro The Y (Witty Books, 2019), una narrativa que revelaba aspectos de su búsqueda continua sobre su padre (el cromosoma Y del título), y ahora se ha extendido hacia un excelente ensayo audiovisual en el que no solo son importantes los descubrimientos sobre su infancia, sino sobre todo las relaciones en el núcleo familiar, que Alba Zari se empeña en volver a reunir durante una celebración navideña en la que, inevitablemente, surgen los rencores. Es especialmente emocionante la relación de Alba con su madre, a la que diagnosticaron esquizofrenia poco después de abandonar la secta, y con la que mantiene un contacto permanente de abrazos y caricias, casi como una disculpa de la madre que se expresa a través de un cariño desmedido. Pero también hay momentos de cercanía en la relación con su abuela Rosa, en un encuentro en el que ambas se emocionan mientras leen poemas que Alba escribió cuando era joven, y que de alguna forma definen esos recuerdos que ahora no tiene.

La necesidad de esta búsqueda surgió cuando Alba Zari tenía veinticinco años y descubrió que Johnny, el hombre que ella siempre pensó que era su padre, en realidad no lo era. Una caja con antiguos videos VHS y varias cartas se convirtió en el vínculo de conexión con un pasado del que ella nunca fue consciente. Las fotografías que parecían mostrar momentos felices en la playa o en celebraciones de cumpleaños se revelaron como narrativas de felicidad que habían sido construidas por su abuela, una especie de mirada ficticia que convertía el álbum familiar en una gran mentira. White lies explora también la relación entre la memoria y la imagen, y de hecho utiliza en algunos momentos herramientas científicas para tratar de definir el rostro de su padre, alguien del que solo tiene referencias externas, que podría ser iraní. Introduciendo la investigación genética, traza mediante inteligencia artificial una posible imagen de la fisonomía de su padre a través del estudio de los rasgos faciales de Alba Zari. Pero esta imagen también muestra una perspectiva artificial, y en cierta manera complementa el alcance más humano que es realmente el elemento diferenciador del documental. La observación de la vida cotidiana de Ivana, que desde que salió de la secta nunca ha podido encontrar un encaje dentro de la sociedad normalizada, al contrario que su madre Rosa, que en cierta manera pudo pasar página, es lo que construye la narrativa más sólida de la película, porque es la más cercana y conmovedora. De alguna manera, la película refleja cómo la búsqueda del padre ausente provoca un distanciamiento de la realidad familiar, pero al mismo tiempo acaba desembocando en un acercamiento para tratar de entender la dinámica más íntima, volviendo a la familia como el núcleo principal sobre el que se construye la forma de entender su pasado. La cámara que maneja Matteo Tortone nunca se siente distanciada, sino que permanece cerca de las conversaciones entre Alba y su madre Ivana, o su abuela Rosa, en las que la emoción aparece como una forma de impotencia. El documental sirve claramente como una liberación de los traumas que permanecen a causa del silencio y los secretos, como la recuperación de unos lazos familiares rotos que posiblemente nunca se normalicen pero al menos se mantienen ligados. También es un reflejo de una relación intergeneracional en la que las decisiones tomadas por los padres pueden ser decisivas en el desarrollo de las vidas de sus hijos, pero evita cuidadosamente caer en la definición habitual que se adjudica a este tipo de obras como procesos de terapia personal. Muy al contrario, la búsqueda de Alba Zari transmite una mirada sobre las complejidades de las relaciones familiares que puede ser entendida desde cualquier otra perspectiva. 

Incontrolable (I swear)

Kirk Jones

Reino Unido 2025 | 121' | Limelight | 

British Independent Film Awards '25: Mejor Actor, Mejor Reparto

BAFTA Awards '26: 6 Nominaciones


En la progresiva inclusión de personajes no normalizados dentro de las historias que se cuentan en el cine y la televisión, el síndrome de Tourette ha tenido algunos tratamientos interesantes, que se alejan de la anécdota simple de los insultos descontrolados y los tics nerviosos para tratar de profundizar en cómo las personas que sufren este trastorno neurológico pueden convivir con él dentro de una sociedad que marca distancias insalvables, especialmente en cuanto a los conceptos de educación y de convivencia. En Incontrolable (I swear) (Kirk Jones, 2025) se remarca en varias ocasiones que el problema del síndrome de Tourette no es necesariamente el de unos síntomas tan expresivos, sino en cómo el resto de la sociedad los recibe; si la perspectiva habitual suele ser la de preguntarse cuáles son los mecanismos para adaptarse a las normas sociales, quizás la respuesta está en cambiar esa perspectiva. Es la sociedad la que debería hacer un esfuerzo por entender y aceptar. El año pasado hemos hablado de la serie belga Holy sh!t (Streamz, 2025), una comedia seleccionada en Canneseries que tiene como protagonista a una aspirante a profesora con dificultades para colmar sus aspiraciones de dar clases en una escuela, debido a los tics fónicos y espasmos que le provoca el síndrome de Tourette. Y en esta ocasión encontramos entre las películas británicas más destacadas del año, con seis nominaciones principales a los premios BAFTA, a otro protagonista que se enfrenta a un entorno más difícil y hostil, porque sus síntomas surgen en la adolescencia, en la pequeña localidad escocesa de Galashiels, durante los años ochenta, una época en la que la enfermedad era descrita en Gran Bretaña como "wild madness" (locura salvaje). El Síndrome de Gilles de la Tourette (ST) es una condición médica del sistema nervioso generalmente desconocida de la que no se sabe su origen, aunque se apuntan factores hereditarios, cuya manifestación externa se produce a través de espasmos involuntarios que pueden ser tics motores y al menos un tic fónico. Entre las personas que padecen Tourette, aproximadamente un 10% también presentan lo que se denomina coprolalia, una expresión involuntaria de palabras obscenas o comentarios despectivos. Lo que tienen en común la serie belga y esta película británica es que no caen en el habitual retrato depresivo de unos síntomas que claramente provocan dificultades para encajar en la sociedad. John Davidson, en cuya vida está basada la historia de Incontrolable, fue el protagonista, cuando solo tenía 16 años, de un reportaje de la BBC titulado John's not mad (Valerie Kaye, 1989) en el que, a pesar de las buenas intenciones de demostrar que, como dice su título, el síndrome de Tourette no es un síntoma de locura, ofrecía una imagen del joven caminando entristecido por las calles de su ciudad. Por eso es alentador que se utilice el humor para normalizar, y eso lo hace esta película con una eficacia sorprendentemente natural, sobre todo gracias a la conmovedora interpretación de Robert Aramayo, al que hemos visto en un papel totalmente diferente en el épico relato histórico Palestine 36 (Annemarie Jacir, 2025). 

Incontrolable no es solo un relato de persistencia, sino también una historia sobre cómo la familia puede convertirse en una barrera, sin estar a la altura de las circunstancias. Cuando un adolescente John (Scott Ellis Watson) no puede controlar el gesto de escupir en la comida, su padre le envía a comer delante de la chimenea, el lugar que se convertirá en una metáfora de la incomprensión que genera dentro de su propia familia, que no actúa como un espacio de protección sino todo lo contrario, a pesar de que su madre Heather (Shirley Henderson) no está retratada exactamente como una persona cruel. Pero la historia pasa rápidamente a la edad adulta, quizás para no caer en la habitual descripción depresiva de los años más difíciles, aquellos en los que el joven es castigado por el director de la escuela, que considera faltas de respeto sus espasmos y tics fónicos. En ese momento, John (Robert Aramayo) encuentra la protección de otra familia, y especialmente de Dottie (Maxine Peake), una ex-enfermera de una clínica psiquiátrica que se enfrenta a sus propios problemas de salud pero aglutina toda la comprensión que el joven necesita. Es por tanto una historia sobre familias elegidas que a veces ocupan un lugar mucho más relevante que la propia. El director Kirk Jones utiliza el humor como un vehículo de normalización, y ese es un hallazgo especial, aunque su propio guión circule por terrenos narrativos más o menos convencionales. Pero es la humanidad de sus personajes la que trasciende el relato, como en esa divertida y caótica entrevista de trabajo que tiene John con el responsable de mantenimiento de un centro comunitario, Tommy (un encantador Peter Mullan, alejado de sus recientes personajes de antagonistas). La película nunca elude los desafíos a los que se enfrenta John, como cuando consigue la necesaria emancipación en su propio apartamento, pero lo hace en un tono de comedia que resulta al mismo tiempo conmovedora. Incontrolable es una historia amable que resulta tan entretenida como educativa, y a pesar de que defiende que es la sociedad la que debería asumir la diversidad neurológica de sus habitantes, no solo respecto al síndrome de Tourette sino hacia otros espectros como el autismo, al final también revela que las investigaciones médicas pueden contribuir a que una persona que sufre estos síntomas pueda realizar actividades tan cotidianas como visitar una biblioteca, donde sus espasmos y tics no encajan con la atmósfera requerida. John Davidson se convirtió en un activista que defendió el conocimiento de los síntomas del síndrome de Tourette para aceptarlos, y sobre todo la necesidad de reunir a quienes padecen este trastorno como un vehículo para evitar la soledad y el silencio, llegando a recibir la Orden del Imperio Británico de manos de la reina Isabel II, a quien durante la ceremonia le dedicó un "¡Que se joda la Reina! Incontrolable puede ser solo una pequeña aportación, pero es tan encantadora que posiblemente resulta bastante más efectiva que muchos discursos. 

Veronique

Friedl vom Gröller 

Austria 2025 | 4' | Cortos y mediometrajes | 

La veterana fotógrafa y cineasta Friedl vom Gröller (1946, Reino Unido) se caracteriza por la fisicidad que transmiten sus retratos, bien representados en fotografías que han ocupado exposiciones en los museos más importantes del mundo, o por sus obras audiovisuales, generalmente cortometrajes que también se definen por la mirada cercana. El Festival de Róterdam ha programado algunas de sus obras como 2020 (2025), Sacrificio per la sirena (2020) y Ulrich Gregor and Heidi Kim at the W Hong Kong Hotel (2017). Entre sus obras expositivas más conocidas se encuentra "Jahresportraits" (1972), una serie que incluye las fotografías que se hizo a sí misma diariamente durante un año, enmarcadas dentro de una gran hoja de papel. Durante un tiempo cambió su apellido por el de Friedl Kubelka, al casarse con el director de cine experimental Peter Kubelka, del que se divorció en 2001, de manera que utiliza tanto el apellido de soltera como el de su primer matrimonio de forma indistinta. De hecho, en 2003 fundó la Escuela de Cine Independiente Friedl Kubelka, dedicada al cine analógico, que durante 23 años ha promovido prácticas artísticas e intercambios con reconocidos artistas cinematográficos. Realizadas y exhibidas en Super-8, 16 mm. y 35 mm., estas obras muestran un cine de expresión profundamente personal y formalmente independiente. Su último trabajo audiovisual se enmarca dentro de esa línea artística, planteado como una serie de retratos de las clientas y trabajadoras de la peluquería  de Véronique Gizard, en la esquina de la Rue de Bagnolet y la Rue Planchat, en el distrito 20 de París. A mediados de 2025 esta pequeña peluquería cerró sus puertas para dar paso a una cafetería, de manera que en Veronique (Friedl vom Gröller, 2025), un cortometraje mudo de cuatro minutos rodado con una cámara de 16 mm., permanecen los rostros de un grupo de mujeres en un espacio que el propio subtítulo del cortometraje define como "Un salón de belleza en el París de Barbieland". Quedan reflejados por tanto los perfiles de porcelana que Friedl vom Gröller observa pacientemente hasta que algunos pequeños cambios en la expresión facial y sus miradas a la cámara, revelan una transformación desde la pose artificial hasta la personalidad natural. La imagen también se detiene en el aspecto de la peluquería después de haber sido clausurada, en las fotografías de modelos perfectamente peinadas que ahora están cubiertas de polvo, y en las obras de restauración de un local que ha dado paso a otro tipo de encuentros entre clientes y trabajadores en forma de cafetería. Veronique refleja esos vestigios de una peluquería de la que todavía permanece la huella en aplicaciones de búsquedas en internet, como una figura que se resiste a desaparecer del todo, y a cuya pervivencia también contribuye esta observación en primeros planos que compone la artista austríaca. Ella será objeto de una exposición titulada Friedl Kubelka / vom Gröller. Home but Not at Home (2026), desde el 13 de febrero hasta el 7 de junio en el Museo de Arte Contemporáneo Belvedere 21 en Viena, en la que se muestra una selección de 150 pinturas realizadas con la técnica gouache, dentro de su más desconocida faceta como pintora, junto con un programa que incluye algunos de sus cortometrajes. 

Wellen wende

Josephine Ahnelt

Austria 2026 | 73' | Focus: The future is NOW | 

El IFFR contribuye en esta edición a la celebración del 60 aniversario de la fundación de NOW (Organización Nacional de Mujeres), un momento clave en la historia del movimiento por los Derechos Civiles y de la Segunda Ola del Feminismo. The Future is NOW ofrece una exploración del cine de mujeres de diferentes épocas, confrontando las primeras esperanzas con los desarrollos posteriores, a través de generaciones que conversan entre sí. Temas como la educación, las comunidades y la historia forman parte de una mezcla que también aborda cuestiones como el sexo, la religión y el propio cine. Entre los estrenos de esta sección se encuentra la última obra de Josephine Ahnelt (1987, Austria), cineasta que también está especializada en retratos y que suele utilizar formatos analógicos como Super 8 y 16 mm., creando películas de miradas íntimas que observan a las personas, los gestos y las sutilezas de la vida cotidiana. Wellen Wende (Josephine Ahnelt, 2026) se centra concretamente en el período de transformación que supone el embarazo y el posparto, a través de cinco madres primerizas a las que la directora ha grabado durante el primer año de vida de sus bebés. Es una época de transformación física, pero también psicológica, en la que algunos elementos emocionales que no estaban tan presentes se hacen más evidentes. Judith, Doris, Nina, Ludisis Caridad y Luise expresan sus reflexiones sobre cómo han recibido la maternidad desde una perspectiva personal: "Siempre pensé que todo lo que quieres lograr como mamá es simplemente una cuestión de fuerza de voluntad. Creía que podías distanciarte de cualquier ideal de maternidad simplemente haciéndolo. Y todo este componente emocional que te abruma, simplemente me negaba a aceptarlo". Surgen las ideas preconcebidas sobre ser madre y las imposiciones sobre cómo ser madre, que funcionan como un elemento de presión constante que niegan la posibilidad de aspectos como la depresión posparto. Ludisis Caridad, emigrante de origen cubano, comenta al respecto que: "Creo que la falta de sueño es la principal razón que te conduce a la depresión. Porque necesitas descansar. Tienes el cuerpo débil. Pero debes cuidar a este pequeño ser humano".  La dedicación a la cotidianidad se revela como uno de los principales logros de un documental que observa desde una mirada analógica que permite un acercamiento más íntimo. Al rodar en 16 mm., la cámara se mantiene constantemente observando las acciones de las madres mientras alimentan a sus bebés, juegan con ellos o simplemente les acarician, estableciendo un vínculo real con su dedicación. Las reflexiones revelan que la maternidad es diferente de manera individual, pero al mismo tiempo se desarrolla a través de interrelaciones y comportamientos que son comunes, al margen de los desafíos que afronte cada una, envueltas en sus propias circunstancias vitales. 


El agente secreto se estrena en salas de cine el 20 de febrero.
Incontrolable se estrena en salas de cine el 10 de abril.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Melancolía se puede ver en Filmin y Movistar Plus+.
Nymphomaniac y La casa de Jack se pueden ver en Filmin.