01 julio, 2026

Raindance '26 - Parte 5: Miradas LGBTQIA+

Cada año surgen las mismas preguntas y los mismos comentarios en torno a la celebración del Día del Orgullo y las diferentes manifestaciones del Pride. Para quienes argumentan que ya se han conseguido suficientes derechos para la comunidad LGBTQIA+ o los trogloditas que hacen bromas sobre cuántas letras se van a incorporar a las siglas que representan la diversidad de género, que claramente no consiguen entender la necesidad de una integración y de una coexistencia de muchas variedades de identificaciones personales, algunos datos pueden ser relevantes. En el último estudio efectuado anualmente por la asociación norteamericana GLAAD sobre la representación de la comunidad queer en las series y películas durante 2025, se destacaba que casi la mitad de los personajes LGBTQIA+ estaban a punto de desaparecer debido a la cancelación o final de algunas series destacadas, y que el 61% de los personajes transexuales estarían ausentes de las plataformas de streaming y canales tradicionales. A pesar de que los personajes queer aumentaron un 4% en la temporada 2024-2025, las estimaciones de cara a este año eran mucho menos optimistas, en parte por la adaptación de plataformas como Netflix o Disney+ a las políticas reaccionarias de negación de la diversidad de género que ha venido desarrollando de una manera obsesiva la actual administración norteamericana. De forma que, al depender de estas plataformas globales, principalmente estadounidenses, el panorama mundial del audiovisual también se ve afectado por el conservadurismo actual de las grandes corporaciones. En España, el último Informe ODA presentado por el Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales este mes de junio, señalaba que la diversidad sigue siendo una asignatura pendiente en el audiovisual español, a pesar de que somos uno de los países más progresistas en cuanto a legislación. El estudio señala que las cifras de inclusión se han estancado en ámbitos como la diversidad LGBTQIA+, la racialización o la representación de personas con discapacidad, y que en el primer caso se siguen representando a los personajes queer rodeados de estereotipos y casi siempre remarcando su identificación de género como un rasgo fundamental de su personalidad. También destaca la ausencia de determinadas identidades, señalando que por primera vez en los siete años que se realiza el estudio, se encontró representada la intersexualidad, en uno de los personajes de la serie Olympo (Netflix, 2025). A continuación, comentamos algunas de las miradas queer que se han podido ver en la programación del Festival Raindance. 

Danke für nichts (Thanks for nothing)

Stella Marie Markert

Alemania 2025 | 108' | Narrative Feature | ★★

Munich '25: Nuevo Cine Alemán

Raindance '26: Mejor Película Novel


El título del debut de Stella Marie Markert resuena directamente como uno de esos reproches que hacen las nuevas generaciones a las anteriores, en este caso reflejando cierto conflicto generacional que la directora sitúa en la era post Covid-19 entre la Generación Z y los baby boomers. Las protagonistas de esta historia son cuatro adolescentes que tienen poco que agradecer a sus familias, todas ellas viviendo en una casa de acogida por diversas problemáticas emocionales pero, sobre todo, por sentirse excluidas cuando plantean sus desafíos. Pero Danke für nichts (Thanks for nothing) (Stella Marie Markert, 2025) no se plantea como una historia de iniciación o de transformación hacia la edad adulta porque, literalmente, algunas de las protagonistas se niegan a aceptar el final de la adolescencia. Katharina (Lea Drinda) tiene la intención de morir antes de cumplir los dieciocho años, pero desde pequeña ha tenido estas tendencias suicidas: su padre abandonó a su madre por una alumna y ella ha estado en diferentes residencias precisamente por ese deseo, como si su madre quisiera quitarse el problema de encima. Ricky (Safinaz Sattar) es una joven de origen inmigrante que se enfrenta a la amenaza de la deportación cuando sea mayor de edad, habiendo sido abandonada por sus padres, que regresaron a su país después de que no funcionara un negocio, dejándola en Berlín cuando ella tenía 13 años. Victoria (Sonja Weißer) proviene de un entorno privilegiado con una buena posición económica, pero eso no evita que su familia haya preferido desatenderla y enviarla a centros de acogida debido a su personalidad bipolar. Y Malou, interpretada por la actriz española Zoe Stein, nominada al Goya por Mantícora (Carlos Vermut, 2022), también sufrió el abandono cuando la dejaron en una guardería y desde los cinco años no ha pronunciado una sola palabra. Aunque Zoe Stein habla varios idiomas con fluidez, entre ellos el alemán, su personaje permanece mudo, lo que supone también una dificultad para reflejar sus expresiones, que ella solventa con bastante acierto. Si las trayectorias de estas jóvenes pueden parecer carne de drama adolescente, Thanks for nothing se niega a ser encasillada en un género, y de hecho utiliza con inteligencia el sentido del humor y una cierta mirada rebelde, planteando la historia como una especie de relato punk que habla sobre la inmadurez asumida como protesta, más que incluirse dentro del socorrido coming-of-age cuando las protagonistas son adolescentes. Y ese tono es el que refuerza los valores de una película que, a pesar de hablar de temas como la muerte o las enfermedades mentales, está envuelta en una vitalidad permanente, que se refleja en los colores que definen a los personajes: el rosa anaranjado de Victoria, el verde de Malu, que representa esa coloración de los centros de acogida que se supone que transmiten calma, el púrpura de Ricky o el azul de Katharina las definen visualmente pero también son expresiones de sus personalidades. Es una buena decisión por parte de la directora evitar los habituales colores desaturados para representar a sus cuatro protagonistas con una expresividad colorista.   

Danke für nichts tiene la capacidad de trasladar este mundo particular en la casa de acogida en la que viven los personajes para mostrar sus propios desafíos, utilizando flashbacks en tono de comedia que a veces pueden recordar en su estilo a películas como Los Tenenbaums (Wes Anderson, 2001), pero que también está definida por la influencia declarada por parte de la directora de títulos como Trainspotting (Danny Boyle, 1996) o Yo, Cristina F. (Uli Edel, 1981). Asimismo, contribuye a esta tonalidad ambigua entre el drama y la comedia la excelente banda sonora compuesta por la artista Rosa Lee Luna, hermana de Stella Marie Markert, que aporta una mezcla de composiciones etéreas, casi de cuento, con canciones pop que tienen algo de carácter rebelde, como "This is not a movie". A pesar de reflejar el conflicto generacional, hay personajes que cumplen una función intermedia, como el desmotivado trabajador social Ballack (Jan Bülow), casi siempre vestido de blanco o beige, que al menos trata de servir como elemento de conexión con la burocracia que representa la Sra. Rottenborn (Katherine Angerer), ansiosa porque este grupo de jóvenes inadaptadas abandone la casa de acogida para dejar paso a otras. Como definición de un aparato administrativo cruel e insensible, aunque los padres de la directora fueron trabajadores sociales, el personaje parece demasiado estereotipado y unidimensional, estableciendo una barrera generacional que funciona con mayores problemas que la descripción del mundo de estas adolescentes de sexualidad fluida en su particular entorno en el que ellas mismas son su principal apoyo. Cuando Ricky debe enfrentarse al fantasma de la deportación, prefiere no decírselo a sus amigas para evitar que Katharina pueda tener una recaída y tratar de suicidarse de nuevo. Al contrario que en otros retratos habituales sobre la adolescencia, el deseo de morir del personaje no es tratado como un trauma o una forma de protesta, sino casi como una decisión personal que refleja la negación a ser adulta. A pesar del tono de comedia, Danke für nichts trata los problemas de sus personajes con seriedad, prestándoles la atención que merecen y evitando representarlos como consecuencias de sus vidas rotas, lo que aporta una mirada que resulta refrescante. Esa forma de evitar la romantización de las adolescentes depresivas retratadas en cuentos populares como Blancanieves o en películas como Las vírgenes suicidas (Sofia Coppola, 1999) aporta una cualidad especial a esta historia sobre la negativa a madurar. 

Let us be

Vivianne D'Avilla

Brasil, Estados Unidos 2025 | 89' | Documentary Feature | ★★

La intersexualidad es el tema principal de este documental que incide en uno de los problemas principales de la diversidad sexual: la invisibilidad y la incomprensión. A través de la experiencia de personas intersexuales en países como Estados Unidos, India y Brasil, la directora Vivianne D'Avilla ofrece un reflejo del aislamiento que sufren quienes ni siquiera son reconocidos de manera identitaria, pero también de sus esfuerzos por romper las barreras y no solo ser aceptados, sino aceptarse a sí mismos. La propuesta surgió cuando la realizadora brasileña visitó la India y conoció a miembros de la comunidad Hijra, un tercer género reconocido legalmente que incluye a personas transgénero, intersexuales y emasculados pero que, como resulta evidente en una sociedad clasista como la india, sufren el aislamiento y la marginación. Como afirma Aanandh Rajappan, se trata de una subcategoría de casta perteneciente a la comunidad Dalit, históricamente oprimida, a la que antiguamente se la conocía como "intocables". De esta forma, Let us be (Vivianne D'Avilla, 2025) se desarrolla como un retrato personal centrado en tres protagonistas principales: el mencionado Aanandh Rajappan, una persona dalit e intersexual que vive en la India; la autora y activista Hida Viloria, pionera del movimiento intersexual en los Estados Unidos; y Carolina Iara, la primera persona intersexual elegida para un cargo público en América Latina. La explicación más clara de la equivocada percepción sobre la intersexualidad que tiene nuestra sociedad la ofrece el biólogo y endocrinólogo Magnus Da Silva: "La historia de la intersexualidad es la historia de la humanidad, ha sido reinventada y resignificada a lo largo de los siglos. En la India, Ardhanareeswaran simbolizaba los principios masculinos y femeninos como inseparables; en la antigua Grecia, el mito de Hermes y Afrodita justificaba el cuerpo masculino y femenino que conviven en la misma persona, considerada como una condición divina. Pero en la Edad Media la imposición del cristianismo determinó que estas variantes eran aberrantes y pecaminosas, estableciendo una categoría binaria". Lo interesante del documental es que no exige respuestas sino que propone reflexiones, por eso sus principales protagonistas son personas que han pasado el proceso de aceptación y se encuentran en posicionamientos totalmente diferentes, aquellos que les permiten ir más allá de la reivindicación. Alyssa Ball comenzó a compartir en redes sociales su experiencia como una persona intersexual que desde sus primeros años de vida fue criada como una niña, siendo sometida a una cirugía para extirparle sus órganos masculinos subdesarrollados. Hasta que sus amigas comenzaron a tener la regla y, en una conversación con su madre, ésta le confesó que ella era intersexual. La decisión que toman los padres sobre la extirpación de unos órganos sexuales determinados acaba marcando la identidad sexual sin que la persona pueda tomar ninguna decisión, lo que acaba resultando en problemas emocionales y psicológicos una vez se descubre la realidad, generalmente en la edad adulta.

Let us be utiliza la intersexualidad para colocar un espejo que refleja la percepción binaria que predomina en nuestra sociedad, lo que resulta relevante en un momento en el que las políticas de gobiernos reaccionarios como Rusia y Estados Unidos coinciden en negar la existencia de la diversidad de género y en imponer un criterio ultraconservador y claramente discriminatorio. Pero estas políticas excluyentes no borran la realidad, y la reivindicación que encabezan nombres como Hida Viloria o Carolina Iara son el impulso claro hacia la aceptación y la visibilidad, por mucho que resulte incómoda a determinadas partes de la sociedad. Porque además no es en absoluto residual: los grupos de defensa de derechos humanos estiman que aproximadamente el 1,7 por ciento de la población estadounidense nace intersexual, lo que equivale a unas 5,6 millones de personas. El documental ofrece por tanto la posibilidad de escuchar voces que generalmente son excluidas de los debates, incluso dentro de una comunidad queer que también tiene una mentalidad binaria en muchos casos, cuando debería ser la más inclusiva. De hecho, en la propia película se presenta la confusión que existe entre la intersexualidad y la transexualidad, cuando se trata de dos experiencias completamente diferentes. Una representación clara de cómo las barreras sociales siguen siendo importantes está en la dificultad que ha tenido la directora para encontrar voces que se expresen de una manera clara sobre sus propias vivencias, porque generalmente hay un sentimiento de miedo al rechazo e incluso de vergüenza, especialmente a través del trauma de las cirugías de extirpación a las que son sometidas en sus primeros meses de vida, muchas veces bajo consejo médico. La película aborda cómo los sistemas legales, las instituciones sanitarias y las expectativas culturales siguen teniendo dificultades para comprender la diversidad humana, de manera que solo a través de la dignidad y la emancipación se pueden romper las clasificaciones de género que siguen prevaleciendo, impulsadas por la ignorancia y la educación religiosa. Como concluye el biólogo Magnus Da Silva, "La propia medicina ha asumido esta categorización binaria, a pesar de que la biología ha demostrado ser diversa y múltiple".

Our colors never fade

Jim McSherry

Ucrania, Alemania 2025 | 83' | Documentary Feature | ★★

Al final de este documental sobre la comunidad LGBTQIA+ dentro del ejército ucraniano, el director Jim McSherry lo dedica a Stephen McSherry, veterano de la guerra de Vietnam que falleció en 2025, lo que establece una conexión con etapas bélicas anteriores que también se extiende hasta la 2ª Guerra Mundial y los paralelismos entre el exterminio de disidentes y comunidades minoritarias en la Alemania nazi y las políticas de represión llevadas a cabo por Rusia contra la comunidad queer, que también han ido extendiendo fuera de sus fronteras, a aquellos países que todavía consideran satélites suyos aunque estén claramente apartados de su influencia. Comenta el director que, poco antes de la invasión de Ucrania en febrero de 2022, la embajadora de Estados Unidos, Bathsheba Nell Crocker, advirtió a las Naciones Unidas sobre la intención del gobierno ruso de asesinar a un gran número de críticos, disidentes y "poblaciones vulnerables" en Ucrania, o enviarlos a campos de concentración tras la invasión planeada, sobre todo minorías religiosas y étnicas y personas LGBTQIA+. Our colors never fade (Jim McSherry, 2025) se acerca a un grupo de entrevistados de la comunidad queer, algunos de ellos componentes de una especie de brigada LGBTQIA+ que tiene su propio símbolo para reconocerse y apoyarse mutuamente, trasladando la experiencia de militares y civiles que se han convertido en una parte importante de la resistencia ucraniana, pero con una característica que los hace más vulnerables, especialmente frente a los invasores rusos. Oleksandr Zhuhan, que antes de la guerra se dedicaba a dirigir obras de teatro en compañías independientes, comenta que a veces ha hablado con sus compañeros sobre la posibilidad de ser hechos prisioneros, y que las perspectivas de las torturas y humillaciones que pueden sufrir por ser homosexuales les hace pensar que es mejor dejarse matar que ser capturados. La sociedad ucraniana, y sobre todo el ejército ucraniano, ha aceptado por necesidad la presencia de militares de la comunidad queer, porque suponen algo más de un 3% de las fuerzas de resistencia, alrededor de 26.000 soldados que generalmente no sufren represalias, o al menos no se describen en la película. La guerra ha igualado y suavizado de alguna forma la aceptación de la homosexualidad, pero Anna Suvorova, una bióloga que estudiaba a los murciélagos antes de la guerra y ahora trabaja en la enfermería, afirma que sigue siendo más fácil para las mujeres ser aceptadas como lesbianas que para los hombres ser reconocidos como homosexuales. Pero Inna Sovsun, miembro del Parlamento de Ucrania, refleja su percepción de que la sociedad ucraniana ya estaba siendo mucho más progresista que los políticos, con una aceptación de más del 50% sobre la regulación de las parejas homosexuales a través de una unión civil, que aumentó a un 70% cuando una encuesta preguntaba sobre si estaban de acuerdo con la presencia de personas queer en el ejército. Y con una reforma de ley, que sigue sin aprobarse, que considera las agresiones contra personas de la comunidad LGBTQIA+ como delitos de odio. El documental no evita reflejar que Ucrania estaba apartándose muy lentamente de la influencia rusa en cuanto al tratamiento de la diversidad de género, y muestra algunas de las manifestaciones en contra del Orgullo que se celebraron en Kiev antes de la invasión rusa, pero también refleja cómo la intención de adherirse a la Unión Europea les ha obligado desde el punto de vista político a normalizar la diversidad. 

Jim McSherry es un empresario gay estadounidense que vive en Berlín desde hace algunos años y que se ha interesado por reflejar cómo las personas queer han experimentado esta transición desde su vida civil hasta su incorporación al ejército. Y los ejemplos de estos procesos son tan diversos como la variedad de entrevistados que aparecen en una película que está constantemente subrayada por las advertencias de las sirenas antiaéreas, reales o reproducidas, que se han convertido en una sonoridad habitual del paisaje. Anna abandonó sus estudios en Gante para incorporarse al ejército ucraniano cuando se produjo la invasión, mientras que Oleh Zhabinets luchó junto a su padre en un mismo pelotón, hasta que los mandos decidieron separarlos por desaconsejar que los familiares formen parte de un mismo grupo de soldados. Por la misma razón, Oleksandr y su pareja Antonina, ambos asignados al disparo de morteros, decidieron abandonar su relación para continuar compartiendo el mismo pelotón, porque el campo de batalla requiere que a veces se tomen decisiones difíciles. La guerra les ha convertido en soldados y les ha obligado a cambiar su dedicación: una científica es ahora enfermera, un apicultor utiliza su experiencia con la madera para construir ataúdes, y describe cómo le sorprendía el número de sarcófagos que le pedía constantemente el ejército; Olya se divertía como cualquier joven hasta que ella y su novia decidieron incorporarse al ejército cuando se produjo la invasión. Al principio le asignaron una AK47 pero el comandante decidió que se ejercitara con un fusil para ser francotiradora, describiendo cómo tuvo que aprender a usar el arma viendo videos en internet. En cierta manera, para la comunidad queer la participación en el ejército no es solo una cuestión de patriotismo y de defensa de unos valores que en Rusia se niegan, sino sobre todo una forma de reivindicación, de demostración a la propia sociedad ucraniana que la diversidad de género no supone una diferencia: "Queremos mostrar que las personas LGBT no se esconden. También luchamos. La misma sangre corre por nuestras venas: es roja y se derrama". Una de las características que también une dramáticamente a todos los entrevistados es la pérdida de las vidas de muchos de sus amigos, los de su vida civil y, por supuesto, los que les han acompañado en las trincheras: "Yo me alisté en el ejército después de que mi mejor amigo muriera", dice Eva Reuter, que trabajaba en la industria de los videojuegos antes de la guerra: "No sé si mi vida era muy feliz entonces, porque tenía muchos conflictos interiores. Ahora noto más la felicidad en las pequeñas cosas, como cuando sé que un herido ha sobrevivido". Algunos claramente reflejan que, después de cuatro años de conflicto, el ejército se ha convertido en sus vidas y que ni siquiera saben cómo van a adaptarse a la vida civil cuando la guerra acabe. 

Paul

Denis Côté

Canadá 2025 | 87' | Documentary Feature | ★★

Berlín '25: Panorama Documental

Visions du Réel '25: Highlights

Hot Docs '25: Premio Especial del Jurado


Cuando vemos por primera vez a Paul, el protagonista del último documental del director Denis Côté (1973, Canadá), presencia habitual en el Festival de Berlín, donde ganó el premio al Mejor Director de la sección Encuentros por Higiène sociale (2021), está grabando con el móvil varios planos que le muestran paseando por una habitación y una calle, y es él mismo el que se presenta a través de las redes sociales: "Me llamo Paul, tengo 34 años y peso 135 kilos. He pasado una década en estado depresivo, de forma que no tengo recuerdos de mis veinte años. Pero finalmente me presento ante vosotros, con obesidad mórbida, prediabético y aterrorizado por las relaciones sociales". Desde el principio, incluso desde el propio título nominativo de la película, Paul (Denis Côté, 2025) es un retrato que pretende ser respetuoso y al mismo tiempo ofrecer un espacio seguro para un protagonista que ha sufrido de ansiedad durante muchos años y que sigue teniendo problemas para relacionarse con las personas, especialmente con el género masculino. Finalmente, Paul ha encontrado una manera de hacer frente a ese estado depresivo a través de una actividad que le satisface: limpiar en casas de mujeres dominatrices que le someten a distintos tipos de prácticas de sumisión. Estos lugares se convierten en espacios seguros para el protagonista, y la película se adentra en unas jornadas diarias sin una perspectiva voyeurista o curiosa, sino con una mirada más cerebral hacia una cotidianeidad que puede ser sorprendente para el espectador pero se refleja con una eficaz capacidad de observación desprejuiciada, en la línea de otras películas anteriores como Ta peau si lisse (Denis Côté, 2017), que se adentraba en el entorno del culturismo, o Un été comme ça (Denis Côté, 2017), sobre un grupo de mujeres adictas al sexo. Curiosamente, sin embargo, a pesar de todos sus problemas de sociabilidad, Paul utiliza el lema "Cleaning to save my life" (limpiar para salvar mi vida) como un reclamo para la publicación en redes sociales de grabaciones en video de sus propios trabajos como limpiador, que ofrece de forma gratuita, pero estableciendo un entorno virtual que es controlado por él mismo, en el que es él quien elige las imágenes que se muestran y los límites que se establecen. Por eso resulta más sorprendente que haya accedido a que un director ruede una película sobre él, exponiéndose de alguna forma a un mundo más desconocido. Denis Côté ha afirmado en algunas entrevistas que uno de los procesos más difíciles era establecer la comunicación con Paul, que tenía generalmente una actitud apática respecto a la película. 

Después de proyectarse con éxito en festivales como Berlín (en la cuenta de Instagram de Paul publicó un video con imágenes del estreno mundial), Visions du Réel y Hot Docs, donde consiguió el Premio Especial del Jurado en la sección de Documentales Canadiense, Paul continúa su trayectoria por festivales internacionales más de un año después de su estreno, manteniendo una trayectoria destacable como una de las producciones canadienses de mayor repercusión. El director mantiene su habitual distancia respecto a los acontecimientos que retrata, siempre en una posición de cámara que pocas veces se acerca al personaje y respetando en muchos casos el anonimato de las dominatrices. La mirada que ofrece Denis Côté nos recuerda en cierto modo a la que mostraba la película En el sótano (Ulrich Sidle, 2014), en la que el realizador austríaco ofrecía una incursión dentro de los secretos que guardaban las familias en los lugares más ocultos de sus hogares, entre ellos espacios para la práctica del BDSM. Esto le permite además adoptar el punto de vista de Paul, que es capaz de crear su propia cotidianidad sin que necesariamente se incluya en determinadas categorías de identidad de género. A través de las conversaciones que mantiene en un chat ofrece su punto de vista más honesto, y aunque practica juegos de poder y sumisión, afirma no sentirse identificado con la comunidad BDSM, con la que no conecta especialmente. Es a través de estas conversaciones cuando conocemos algunas de las opiniones de Paul, que nunca se muestra hablando a la cámara, excepto cuando se introducen los videos que publica en Tik Tok para reflejar la transformación psicológica que supone haber descubierto esta faceta de su personalidad. El objetivo de estas sesiones de dos o tres horas, que se encuentran en un término medio entre la limpieza y la sumisión, no es la satisfacción sexual sino la satisfacción personal. Entre humillaciones sencillas y algunas más vejatorias, Paul mantiene charlas con algunas de sus dominatrices después de las sesiones, reflejando la comodidad que no consigue tener fuera de los entornos de sumisión. Electrocutado mientras pela granada o azotado con una máscara de unicornio después de limpiar las ventanas, se establece una dualidad entre el camino hacia el bienestar interior de Paul y la manifestación física de su experiencia como sumiso. Admirador de Alicia en el país de las maravillas (1865) de Lewis Carroll, se incluyen algunos momentos oníricos y de fantasía a través de la representación que crea una de sus amas para publicarlas en las redes sociales, que aporta un cierto tono de cuento de hadas, como en una escena inventada, que se distancia de la experiencia real de Paul, cuando debe encontrarse con una dominatrix en un bosque. La ausencia de emoción en el rostro de Paul acaba resultando entrañable, en su manera de someterse sin limitaciones a una forma de vida peculiar, pero absolutamente satisfactoria, que se refleja en su sentimiento de autoestima. 

Shadows of willow cabin

Joe Fria

Estados Unidos 2025 | 111' | Horror |


El terror elevado es una definición surgida entre espectadores no habituados al género de terror que trata definir un tipo de historias que introducen elementos de reflexión que pretenden ir más allá del simple entretenimiento, aunque realmente la mayoría de los relatos utilizan el propio género para hablar metafóricamente de aspectos sociales, humanos o incluso políticos. Pero, nos guste o no la esta definición, también ha servido como una justificación para que tanto productores como espectadores tengan un mayor interés por historias que utilizan este género como envoltura para tratar temas sociales, especialmente a través de miradas diferentes a la habitual perspectiva masculina y heteronormativa que ha predominado en el género de terror. La mirada femenina o el punto de vista queer se han incorporado al horror para mostrar explícitamente los demonios interiores de los personajes, ofreciendo interesantes acercamientos al género. Shadows of willow cabin (Joe Fria, 2025) es una película de terror, pero el tratamiento de las apariciones tiene un trasfondo más profundo que está relacionado con dos personajes heridos emocionalmente, cada uno enfrentado a sus propios traumas. La historia transcurre exclusivamente dentro de la cabaña a la que hace referencia el título, una antigua propiedad familiar de Albert (Bryan Bellomo) que hace tiempo que apenas visita porque está administrativa por una inmobiliaria que la alquila, y sobre todo porque allí se suicidó su tío. Es un profesor de literatura que a veces cita a William Shakespeare, y está casado con una mujer, pero a través de una aplicación de citas gays ha conocido a Devon (John Brodsky). Después de una relación continuada a través de la aplicación, Albert invita a Devon a pasar un fin de semana en su cabaña, donde ambos tendrán la oportunidad de conocerse en persona. El encuentro entre los dos personajes está bien desarrollado, reflejando las dudas y las vacilaciones de una interacción en persona que delimita mucho más las barreras que se pueden cruzar, especialmente en el caso de Albert, que ni siquiera se considera homosexual o bisexual, aunque se sienta atraído por Devon. La cabaña funciona como un trasfondo simbólico que refleja las inseguridades a las que se ha enfrentado Albert toda su vida, el lugar donde descubrió su atracción por los hombres con su primo, y en el que se suicidó su tío, con el que tiene más cosas en común de lo que piensa. Tiene cierta aversión por subir a la habitación superior en la que ocurrió el suicidio, que ahora está ocupada por varias camas para visitantes, y desde donde provienen algunos ruidos extraños por las noches. Pero Devon también trae su propio equipaje emocional, iniciando de nuevo una relación con un hombre casado, de esas que casi siempre acaban en frustración, perseguido por la figura de un padre abusivo. La intención del director Joe Fria, dedicado hasta la fecha a dirigir sesiones de doblaje de películas de animación, parece querer trasladar los traumas y las inseguridades de una parte de la comunidad queer a través de una historia de género, lo que es una propuesta interesante que revela un tipo de lucha que no es externa, como se muestra habitualmente, sino interna. 

La cabaña acaba siendo la chispa que enciende las vulnerabilidades a las que se enfrentan los personajes, y de hecho Shadows of willow cabin podría haber funcionado simplemente como un drama de personajes, con cierto tono teatral, en el que el encuentro entre dos hombres revela sus miedos más escondidos. Pero al introducir el terror, de una manera tan sutil como le permite su bajo presupuesto, añade una capa de interés a la propuesta. Algunos diálogos parecen algo forzados y otros rozan lo cursi, pero lo que mejor funciona es la interacción entre estos dos personajes que tienen que lidiar con sus propios demonios interiores mientras se conocen de una manera más personal de lo que permiten las redes sociales. La propia película se rodó de forma cronológica, de manera que los actores principales también desarrollaron ese conocimiento más profundo conforme se desvela la historia. El problema es que cuando se introduce el tercer acto a través de un giro de guión inesperado, y la maldición de la cabaña que acompaña a Albert se encuentra con la maldición que envuelve a Devon, da la impresión de que los temas abordados no se tratan con la profundidad que necesitan. Hay una metáfora sobre la sensación de sentirse atrapados en sus propios miedos y secretos, los que han permanecido latentes y han moldeado sus personalidades y sus fragilidades, uno con una vida heteronormativa que esconde su deseo y otro con relaciones intermitentes que nunca fructifican. Es una idea interesante, pero en Shadows of willow cabin nunca parecen tan relevantes, como si quedaran también enterradas bajo el concepto visual del género de terror. Sin poder hacer uso de efectos visuales para representar a los monstruos interiores, la película resulta efectiva a través de los efectos prácticos, y a veces el director introduce algunos recursos llamativos como dos panorámicas del interior de la cabaña que reflejan, a través del fuera de campo, los acontecimientos que suceden en el exterior usando solamente el sonido. La estructura narrativa divide la historia en cuatro días que representan cuatro etapas, desde la parte puramente romántica hasta la más oscura, que están representadas por un arco de color que se va desarrollando bajo la supervisión de Mark Todd Osborne, que ha trabajado en la gradación de color de películas como It follows (David Robert Mitchell, 2014). Una especie de chiste sobre un gato cruzando una carretera hacia el otro lado, y la doble interpretación que puede tener, apunta a un elemento que sobrevuela permanentemente sobre la historia y que se expresa totalmente en la parte final. Pero Shadows of willow cabin tiene pretensiones más sólidas que el resultado en el que se plasman, lo que acaba provocando que resulte algo frustrante. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

MantícoraTrainspotting y Yo, Cristina F. se pueden ver en Filmin.
Los Tenenbaums se puede ver en Disney+, Movistar Plus y Netflix.
Las vírgenes suicidas se puede ver en Filmin y Prime Video. 
It follows se puede ver en Prime Video. 

29 junio, 2026

Raindance '26 - Parte 4: Premios

A lo largo de esta semana seguiremos reseñando títulos destacables de la programación del Festival de Raindance, que se clausuró el pasado fin de semana con la entrega de premios, que califican en el caso de las producciones británicas premiadas para los British Independent Film Awards (BIFA) y en el caso de los cortometrajes tanto para los BAFTA como para los Oscar®, pudiendo ser incluidos en la lista de nominados. Estos son algunos de los galardones de la última edición del Raindance Film Festival:

Mejor Película Internacional: À bras-le-corps (Silent rebellion) | Marie-Elsa Sguado | Bélgica, Francia, Suiza 2025
Mejor Documental: Gaslit | Katie Camosy | Estados Unidos 2026 
Mejor Película Novel: Danke für nichts (Thanks for nothing) | Stella Marie Markert | Alemania 2025
Mejor Dirección Novel: Walls - Akinni Inuk | Nina Paninnguaq Skydsbjerg, Sofie Rørdam | Groenlandia 2025
Mejor Interpretación en Película Novel: Lila Gueneau por À bras-le-corps (Silent rebellion)
Mejor Película de Terror: Serena | Robe Alicea | Estados Unidos 2025 
Mejor Película Británica: Macbeth | Daryl Chase | Gran Bretaña 2026
Mejor Dirección de Película Británica: Eddie Cochran - Don't forget me  | Kirsty Bell | Gran Bretaña 2026
Mejor Interpretación en Película Británica: Izabella Malewska por Tramp | Philip James McGoldrick | Gran Bretaña 2026
Mejor Fotografía: Dan Poole por Section 1591: Sex trafficking of children in the USA | Cort Kristensen, Dan Poole | Gran Bretaña, Estados Unidos 2026

À bras-le-corps (Silent rebellion)

Marie-Elsa Sguado

Bélgica, Suiza, Francia 2025 | 96' | Narrative Feature | ★★

Venecia '25: Orizzonti

Premios del Cine Suizo '26: Fotografía, Montaje

Raindance '26: Mejor Película Internacional, Mejor Interpretación (Lila Gueneau)


A través de la historia particular de la protagonista, la película de la directora debutante Marie-Elsa Sguado propone una reflexión más que profunda en torno a la hipocresía de la sociedad suiza y su pretendida neutralidad durante la 2ª Guerra Mundial, sobre todo cuando muestra en una escena a soldados alemanes entrando en territorio suizo para deportar a judíos que tratan de refugiarse en el país, justificado con comentarios como "No podemos abrir las puertas a todo el mundo", que suenan muy actuales. Es significativo el comienzo de À bras-le-corps (Silent rebellion) (Marie-Elsa Sguado, 2025) durante una especie de comité de la comunidad que hace preguntas a Emma (Lila Gueneau) para decidir si es merecedora de un premio a la virtud, que le permitiría conseguir un permiso especial para estudiar enfermería. Ella es una joven de 15 años que en 1943 trabaja como criada en la casa de Robert (Grégoire Colin), un pastor progresista que vive con su esposa Elise (Aurélia Petit) y su hija Colette (Sasha Gravat Harsch), con la que Emma ha establecido una amistad. Durante la entrevista se le pregunta por su madre, Alice (Sandrine Blancke), que sufrió el aislamiento de la comunidad como una forma de condena pública por adulterio, y Emma no duda en describirla como "una mala mujer", renunciando también a cualquier relación con ella. Sin embargo, el anhelo de un futuro más estable como enfermera se ve truncado por la visita de un periodista, Louis (Cyril Metzger) a la casa del pastor Robert. Aprovechando un momento de soledad con Emma, Louis la viola, dejándola embarazada y destruyendo las posibilidades de escapar de su destino predeterminado, obligada a casarse con un joven del pueblo, Paul (Thomas Doret), para evitar juicios morales. Sin embargo, la sutileza del guión co-escrito entre Marie-Elsa Sguado y Nadine Lamari evita presentar a Emma como una víctima, y este suceso actúa como catalizador para ella. Poco a poco, se libera de la sumisión impuesta y decide sobre su propia vida y la de su hijo, desarrollando a un personaje debilitado por sus circunstancias, que sin embargo elige el difícil camino de la emancipación, aunque no tenga las mismas oportunidades que Collette, quien consigue ser aceptada en la escuela de enfermería, pero de alguna forma también renuncia a su destino. El contexto de la pre-guerra adquiere una especial relevancia a través de la figura de Robert, el pastor de la congregación que se niega a mantener una postura neutral ante los acontecimientos que están sucediendo en el mundo, advirtiendo sobre la moralidad fingida de la comunidad. Al mismo tiempo que permite que Emma conozca otras posibilidades, como cuando la invita a escuchar música clásica por primera vez a través de un gramófono en su despacho, en una hermosa escena que transmite la emoción que experimenta ella a través de un encuadre preciso. 

Estrenada en la sección Orizzonti de la Mostra de Venecia, À bras-le-corps obtuvo siete nominaciones para los Premios del Cine Suizo que se entregaron el pasado mes de marzo, entre ellos Mejor Película, obteniendo dos galardones al Montaje y la Fotografía. Aunque sorprendentemente la joven actriz Lila Gueneau no estuvo ni siquiera nominada, ella ofrece una interpretación llena de sutileza y de matices, explorando la intensidad de un personaje que refleja una profunda fragilidad en la primera parte de la historia, pero que va adquiriendo seguridad y fortaleza a lo largo de su proceso de emancipación. A través de la puesta en escena, la película muestra las convulsiones del paisaje emocional que experimenta la protagonista, creando una mirada que encuentra dosis de autenticidad y de naturalidad en el entorno de un pequeño pueblo suizo que se enfrenta con hipocresía a los dilemas éticos que subrayan la complejidad de una época. Los sonidos fuera de cámara influyen en las intuiciones de Emma: las noticias en la radio, el silencio del viento interrumpido por disparos, o los pasos de desconocidos que se acercan y se alejan. Primero oye la guerra, después presiente su cercanía y luego reflexiona sobre ella, especialmente a través de las conversaciones que mantiene con el pastor Robert. À bras-le-corps cuenta una historia particular que sin embargo se ve impregnada constantemente por la influencia de los acontecimientos que suceden alrededor, como cuando Emma decide esconder a un fugitivo judío, demostrando el mismo sentido de la ética que le ha transmitido el pastor Robert. Comparada por algunos medios franceses, donde se estrenó hace unas semanas, con la protagonista de Rosetta (Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, 1999), aunque se desarrollan en épocas diferentes, Emma es un personaje escrito con profundidad que representa a las generaciones de mujeres comunes que han sido invisibilizadas durante años. La capacidad de la película para conectar con el personaje principal y emocionar a través de sus decisiones la convierte en un drama que se aleja de la victimización para reconocer y reivindicar el poder de la emancipación. 

Gaslit

Katie Camosy

Estados Unidos 2026 | 111' | Documentary Feature | ★★

Santa Barbara '26: Mejor Documental

Raindance '26: Mejor Documental


El activismo de la actriz Jane Fonda ha sido permanente en favor de los derechos humanos y la defensa del medio ambiente, entre muchas causas humanas en las que ha participado. A sus 88 años esta fortaleza no se ha desvanecido sino todo lo contrario, y desde su antibelicismo en contra de la guerra de Vietnam hasta su actual interés en las consecuencias del cambio climático, su presencia ha sido permanente, aún más desde el regreso al gobierno de la peor cara del Partido Republicano, con un discurso anti-trumpista contundente como el que pronunció hace dos semanas en el concierto Rise Up, Sing Out: A Concert for the First Amendment, en el que figuras como Julia Roberts o Robert De Niro denunciaron los continuos atropellos contra la 1ª Enmienda de la Constitución de Estados Unidos que está llevando a cabo la administración norteamericana. Una derivada del regreso del republicanismo más extremista es la negación del cambio climático y el impulso a las grandes compañías de extracción de Gas Natural Licuado (GNL) para su mayor expansión en el territorio estadounidense, del que desde hace décadas se vienen reflejando las desastrosas consecuencias medioambientales que provocan las plantas de licuefacción del gas extraído. Pero, a pesar de que Gaslit (Katie Camosy, 2026) es un documental producido por Greenpeace USA, organización en la que trabajó durante años la directora debutante, no se apoya en estadísticas o estudios que corroboren los mensajes que transmite, lo que puede hacerlos algo menos sólidos. Sin duda, es más emocional un recorrido en coche por una comunidad de Misisipi, acompañados por una vecina que describe quiénes han muerto por cáncer, pero al no presentar estudios que realmente demuestren que esa enfermedad es una consecuencia de las industrias gasísticas que la rodean puede resultar una conclusión poco contundente. Esto no quiere decir que no existan, pero no se van a encontrar en esta propuesta, que parece querer reclamar una atención más humana por parte del espectador. Y ahí es donde entra la participación de Jane Fonda como una especie de presentadora que introduce a los entrevistados aunque no proporcione un conocimiento principal sobre la materia. Aunque la crisis de las comunidades desplazadas por grandes compañías como la taiwanesa Formosa o la norteamericana Cheniere Energy viene de lejos, curiosamente el mayor desarrollo de esta industria energética se ha producido en los últimos años, la razón principal ha sido la invasión de Ucrania por parte de Rusia y los principales compradores son países europeos como Alemania que en sus propios territorios defienden el desarrollo de las energías renovables. Desde 2023, Estados Unidos se ha convertido en el mayor exportador mundial de gas natural licuado, y las compañías petroleras y gasíferas están impulsando simultáneamente un auge masivo en la producción de plásticos, redoblando su apuesta por los petroquímicos para asegurar su futuro a largo plazo. Jane Fonda emprende un viaje por carretera a través de los campos petrolíferos de Texas y las comunidades de la costa del Golfo, conociendo a las personas que viven en primera línea la expansión de los combustibles fósiles, un negocio ahora especialmente impulsado.

Jane Fonda es una acompañante que se emociona fácilmente, incluso cuando comprueba a través de unos prismáticos infrarrojos cómo continúa filtrándose en la atmósfera la contaminación de las fábricas, aunque a simple vista no se vea. Es una amenaza palpable por la extensión de estas plantas industriales, pero también invisible, porque está en el ambiente y en el subsuelo. Las consecuencias de esta proliferación de la industria petrolera en Texas y el cauce del Misisipi son tan claras que se ha acabado denominando como El Corredor del Cáncer a una franja de tierra de 296 km., entre el área metropolitana de Baton Rouge y el Golfo de México, donde se encuentran más de 350 instalaciones industriales que emiten cantidades significativas de contaminación atmosférica. El recorrido de Jane Fonda la lleva a conocer a muchas de las personas que luchan desde hace años contra las grandes corporaciones petrolíferas, como Diane Wilson, quien le ganó una demanda por 50 millones de dólares a la empresa Formosa Plastics por el vertido de residuos plásticos sólidos en San Antonio Bay (Texas) o John Allaire, un ingeniero ambiental jubilado que reside en una zona paradisíaca del suroeste de Luisiana, que está luchando contra la expansión de la planta de GNL cerca de su propiedad: tanto Calcasieu Pass 2 de Venture Global como Commonwealth LNG están solicitando permisos para construir a ambos lados de la actual planta que se encuentra en funcionamiento. Incluso un republicano convencido como el ganadero texano Johnny Dagger ha tenido que renunciar a sus tierras porque estaban tan contaminadas que su ganado no podía pastar en ellas. Gaslit ofrece una mirada humana a un problema que se agrava progresivamente y cuya industria tiene planificada una expansión mayor en los próximos años, en buena parte para satisfacer la demanda de países europeos. En su recorrido ofrece una visión contundente del problema en lugares que antes eran parques donde la comunidad se reunía y ahora son terrenos baldíos contaminados, con una clara problemática social, alrededor de entornos que generalmente están habitados por vecinos racializados, tanto afroamericanos como indígenas, víctimas propiciatorias debido a su falta de recursos frente al poder económico de las industrias petrolíferas. También participan en la película la actriz Connie Britton y la cantante Maggie Rogers, pero parecen más rostros populares que figuras relevantes en el relato de un documental que describe el daño permanente que la industria petroquímica está causando y que, a pesar de las pequeñas victorias, no parece tener una solución fácil a corto plazo.

Walls - Akinni inuk

Nina Panninguaq Sydsbjerg, Sofie Rørdam

Groenlandia 2025 | 75' | Documentary Feature | ★★

CPH:DOX '25: Nordic:Dox Award

Raindance '26: Mejor Dirección Novel


La sombra del colonialismo está presente en este documental que fue la tercera película candidata al Oscar como Mejor Film Internacional que representaba a Groenlandia, después de Nuummioq (Torben Bech, Otto Rosing, 2010) e Inuk (Mike Magidson, 2012), aunque ninguna de las tres pasó el corte de las nominaciones. Porque, a pesar de gozar de un sistema de auto-gobierno, algunos aspectos administrativos y políticos siguen estando controlados por Dinamarca, entre ellos la administración de Justicia. Como se indica al comienzo de Walls - Akinni inuk (Nina Panninguaq Sydsbjerg, Sofie Rørdam, 2025), Groenlandia tiene sus propias leyes criminales y su propio sistema penitenciario, con el principal objetivo de reincorporar cuanto antes a los condenados a la sociedad, de manera que existe un régimen semiabierto en el que algunos de ellos pueden salir en determinados horarios para comprar, trabajar o incluso realizar actividades de ocio como la pesca. Como se indicaba en un reportaje de la revista Prison Insider, existen seis prisiones en el país que albergan a 167 reclusos, lo que supone una alta tasa de encarcelamiento respecto a la densidad de población, que alcanza el calor de 239, mientras que en Dinamarca es de 63 y en Francia de 104. Surgida casi como una casualidad, la propuesta del documental comienza cuando las directoras deciden introducir cámaras de video en algunas prisiones groenlandesas que pudieran manejar las propias internas, hasta que la administración penitenciaria denegó el permiso por considerar que el uso de estas cámaras podía suponer problemas de seguridad. Pero entre las muchas horas de grabaciones se encontraba Ruth Mikaelsen Jerimiassen, una mujer condenada dos veces que acabó sufriendo lo que se denomina forvaringsdom, un tipo de condena indefinida, sin fecha concreta, que es revisada a lo largo de los años. En el caso de Ruth, durante las conversaciones que mantiene con la co-directora Nina Panninguaq Sydsbjerg, se revela que ingresó en prisión por matar al hombre que la agredía sexualmente, cumpliendo varios años hasta quedar libre, pero reincidió al intentar asesinar al hombre que creía responsable de la muerte de su madre, y en esa segunda condena recibió una sentencia indefinida que la ha mantenido en prisión durante más de diez años cuando comienza la grabación de la película. Aunque los presos que reciben las sentencias indefinidas se encuentran en  la unidad de máxima seguridad de la cárcel de Ny Anstalt, situada en la ciudad de Nuuk, que está considerada como una prisión de lujo, sin barrotes y con celdas muy parecidas a habitaciones, lo cierto es que la indefinición de este tipo de sentencias provoca graves problemas psicológicos y emocionales. Pero Walls - Akinni inuk no es un documental que aborda el régimen penitenciario o que se introduzca en la prisión, sino que se enfoca principalmente en las conversaciones que mantienen Nina y la condenada Ruth en una sala que podría estar situada en cualquier otro lugar fuera de la cárcel. Y ese también es el valor de un documental que se rodó durante ocho años, incorporando los cambios que se producen en las vidas de las dos protagonistas, desde tener un hijo en el caso de la primera hasta ser abuela en el de la segunda. 

A pesar de que el régimen penitenciario groenlandés se puede considerar innovador, con un enfoque que está más centrado en la rehabilitación y la reinserción social, el caso de Ruth muestra algunas de las grietas que provienen de la legislación danesa. Producida por los mismos responsables del exitoso documental Twice colonized (Lin Alluna, 2023), que inauguró el festival CPH:DOX '23, hay una persistente resistencia de la colonización danesa a pesar de una cierta independencia política, aunque la mirada de la película se enfoca más en los aspectos humanos. Sin embargo, el hecho de que el expediente criminal de Ruth esté en lengua danesa, el idioma oficial administrativo de Groenlandia, y que ella necesite traducción cuando un abogado danés se ocupa de su caso para la revisión de su condena, introduce sutilmente aspectos de esta dependencia. Conforme avanzan las conversaciones entre Nina y Ruth también se establece una progresiva conexión emocional entre ambas, confesándose aspectos de sus vidas y coincidencias en los traumas que afectan a muchas mujeres inuit, como los abusos sexuales y el maltrato en una sociedad patriarcal. La planificación refleja la intimidad del interior de la sala donde hablan Nina y Ruth, y los espectaculares paisajes del exterior montañoso, con un montaje que remarca este contraste gracias al trabajo del español afincado en Dinamarca Biel Andrés, que ha trabajado con directores como Bille August. Walls - Akinni inuk, ganadora del premio Nordic:Dox en CPH:DOX '25, no es solo la historia de una mujer condenada sino también la de otra mujer que, al otro lado de la prisión, comparte sus desafíos emocionales. Los muros que describe el título no solo son los que separan a las reclusas de la libertad, sino también las barreras lingüísticas, el sistema judicial escrito en una lengua desconocida o la propia incomunicación que provoca el asentamiento del trauma familiar, en un país donde hay problemas graves que proceden de heridas antiguas. A partir de los años sesenta, en Groenlandia se intensificó el desplazamiento de las poblaciones a las grandes ciudades, y la demanda de alojamiento provocó que se construyeran bloques de apartamentos en hormigón prefabricados en Dinamarca. El investigador Markus Leineweber puso de relieve en su estudio Modernización y salud mental: el suicidio entre los inuit de Groenlandia (2000) las consecuencias de un cambio cultural tan significativo: una parte de la población cayó en el alcoholismo y la tasa de suicidio aumentó vertiginosamente. En la última parte del documental, cuando ya ha pasado casi 18 años en prisión, Ruth tiene una oportunidad de esperanza en la que está acompañada por Nina, que se acaba convirtiendo en su conexión con el mundo exterior. El subtítulo en inuit, Akinni inuk, se puede traducir como "el ser humano frente a mí", y evidencia con especial claridad el sentido de un documental en el que dos mujeres, a ambos lados de las rejas, se reflejan a sí mismas a través de la ruptura del silencio. 

Macbeth

Daryl Chase

Gran Bretaña 2026 | 104' | Narrative Feature | ★★

Raindance '26: Mejor Película Británica


Hace dos años el director de cine Daryl Chase, miembro de la British Shakespeare Association (BSA), inició un proyecto destinado a estudiantes, titulado Shakespeare Subtitled, que consiste en filmar fragmentos de monólogos de Shakespeare, con un estilo cinematográfico y un aspecto visual impecables, protagonizados por actores de teatro que tienen experiencia en los textos del autor inglés. Pero estas escenas, que generalmente se sitúan en entornos actuales, aunque contienen el texto original de las obras, están subtitulados con un lenguaje moderno, de manera que los estudiantes pueden captar mejor el significado de las palabras utilizadas por William Shakespeare, que conforman lo que se denomina Early Modern English, un estilo de lenguaje del siglo XVI en el que el autor incluyó numerosos modismos inventados que han acabado trasladándose al inglés actual. Se trata de un proyecto en permanente evolución en el que se van incluyendo fragmentos rodados de manera regular, y dentro del cual las tres escenas de la obra Macbeth (c. 1606) que se pueden ver pertenecen a la nueva versión cinematográfica que ha rodado el director, y que en su guión aparece firmada por William Shakespeare, porque el texto no se ha adaptado a un lenguaje moderno, sino que se reproduce tal como aparece en la obra original. Macbeth (Daryl Chase, 2026), sin embargo se sitúa en la actualidad, en el entorno del East End de Londres, una zona marcada por la multiculturalidad, que en esta ocasión se sitúa en el interior de una banda de delincuentes. Macbeth (Shaq B. Grant), conquista ese territorio con la ayuda de su mejor amigo Banquo (Harrison Collett), para entregarlo al líder de la banda Duncan (Joe Sims), quien le ofrece un ascenso. Pero las aspiraciones de Macbeth son mayores, especialmente después de haber recibido la visita de tres figuras sobrenaturales que le vaticinan  poder y gloria, e impulsado por su ambiciosa esposa Lady Macbeth (Aoife Smyth), utiliza la confusión durante una fiesta en su propio apartamento para asesinar a Duncan y hacerse con el dominio de la banda. La historia es tan conocida que prácticamente no hace falta entender los diálogos, pero a pesar del uso del inglés antiguo, no se siente demasiado anacrónica gracias a una ambientación que es realista, pero utiliza una fotografía que envuelve a los personajes representando su oscuridad moral, de manera que se transmite una cierta sensación de representación imaginaria que envuelve a la historia de una introspección vital. Hay menciones a reinos y reyes, pero de alguna manera se establecen como un lenguaje que proviene de la propia imaginación de los protagonistas, y la puesta en escena, en un entorno de bandas callejeras y de espacios urbanos nocturnos, ofrece un contexto que funciona bien para esta reflexión sobre la ambición del poder y la ponzoña de la ambición sin límites. 

Esto se refleja especialmente en la forma de representar a las brujas, las hermanas Wyrd, que profetizan el futuro poderoso de Macbeth, pero que se muestran siempre envueltas en brumas y nieblas, más como un reflejo psicológico e imaginario del personaje que como una presencia real. De esta manera, la adaptación altera algunas de las escenas de la obra original, pero es singularmente respetuosa con ella, y aún así funciona dentro de una puesta en escena actual, en la que las batallas entre reinos se convierten en luchas entre bandas. Quizás Macbeth es una de las obras de Shakespeare que más se ha adaptado a diversos escenarios actuales, y sin duda se trata de una de las más representadas en el West End de Londres, una de las últimas adaptaciones en una espléndida versión protagonizada por David Tennant y Cush Jumbo en el Harold Pinter Theatre. Quizás por eso otra nueva versión cinematográfica del texto puede resultar innecesaria, pero la propuesta del director Daryl Chase es arriesgada y clásica en el mismo contexto, y por tanto funciona de una manera que resulta apasionante. Pero esta es precisamente una obra que se sostiene en dos personajes principales que conforman un retrato psicológico complejo en el que hay destellos de ambición, de control y de sumisión, y sus dos protagonistas, aunque menos conocidos, ofrecen retratos profundos de sus personajes. Shaq B. Grant ya interpretó en los escenarios teatrales el texto de Shakespeare en la obra Tito Andrónico, y después le hemos visto en algunos papeles en películas como Bird box: Barcelona (Álex Pastor, David Pastor, 2023) y Jefes de Estado (Ilya Naishuller, 2025), componiendo un personaje que se alimenta progresivamente de la furia interna que provoca su acto criminal, mientras que Aoife Smyth, que ejerce como profesora de teatro y ha dirigido ella misma una versión de Macbeth para el Studio Molière de Viena, incorpora a una Lady Macbeth que de desenvuelve hacia un perfil psicológico cada vez más atormentado por la culpa. La puesta en escena define el proceso emocional de los personajes, envolviendolos en una textura que define su progresiva decadencia moral. Pero la convivencia del texto original con el acento marcado del East End de Londres, que lo hace más cercano al entorno, o la representación de los soldados como secuaces con cabezas rapadas funciona como una fusión tan efectiva como inteligente, reforzada por una puesta en escena que subraya la fisicidad de los personajes, haciendo más explícitas las escenas de violencia o los enfrentamientos entre las bandas opuestas. Macbeth consigue evitar la pesada carga de la obra para conformar un relato sobre la ambición que se siente tan contemporánea como lo fue el texto original en su momento. 

Serena

Rob Alicea

Estados Unidos 2026 | 96' | Horror | ★★

Raindance '26: Mejor Película de Terror


El formato de Screenlife thriller se desarrolló hace algunos años como una especie de variante del Found footage, es decir, historias que se relatan a través de una ventana intermedia, ya sea la de un video grabado o la de una pantalla de ordenador. Generalmente, provoca cierta pereza acercarse a este tipo de subgéneros que a veces tienen dificultades para justificar adecuadamente la planificación o el encuadre, saltándose sus propias reglas con demasiada frecuencia. Serena (Rob Alicea, 2026) pertenece a la primera vertiente, al igual que otros títulos como Eliminado (Levan Gabriadze, 2014) o Searching (Aneesh Chaganty, 2018), la que nos cuenta la historia únicamente desde la pantalla de ordenador del protagonista, en este caso Chris Sadowski (Steven Strait, conocido por la serie The expanse (Prime Video, 2015-2022)), un músico que alcanzó una cierta popularidad junto a su banda en el pasado, pero que ahora se encuentra en plena crisis creativa y agobiado por las deudas. Lo último que se le ocurriría a Chris es estar envuelto en algo relacionado con la Inteligencia Artificial, una amenaza clara para la creatividad de los artistas, pero su situación desesperada le obliga a aceptar un generoso contrato con la empresa de su amigo Will Ramos (Tyrone Marshall Brown), que ha desarrollado un chatbot con las facciones de una mujer llamada Serena (Andi Matichak) que necesita ser testeado. Chris se encuentra frente a frente con esta Inteligencia Artificial que ha adoptado una forma humana para ser más cercana a los usuarios, haciendo preguntas para verificar su grado de compatibilidad y posibles fallos de programación, pero Serena va introduciéndose cada vez más en la vida personal de Chris, conociendo aspectos que ha recogido de las actividades que él ha llevado a cabo en la pantalla de su ordenador, de manera que comienza a ser difícil distinguir quién está poniendo a prueba a quién. La perspectiva de escritorio del ordenador de Chris se hace más inmersiva porque el director Rob Alicea decide incorporar zooms y primeros planos de determinados elementos de la pantalla, de manera que no se trata solo de una especie de recreación de una videoconferencia entre dos personas, sino que también utiliza los encuadres de una manera narrativa. Asimismo, surgen otras interacciones en la pantalla, como algunas videollamadas con Vicki (María Gabriela González), la novia de Chris, o con una de las coordinadoras del proceso de testeo, Holly Charita (Ashleigh Murray), e incluso la imagen de la cámara de videovigilancia del exterior de la casa, a través de la cual vemos a un mensajero que resulta ser fan de la banda que lideraba Chris Sadowski. Un convincente guión de Jonathan Benecke y P.T. Hylton ofrece un hábil desarrollo de una propuesta que teóricamente podría ser demasiado limitada para mantener el interés, pero los diálogos entre Chris y Serena son lo suficientemente sólidos como para que la película ofrezca momentos de tensión y algunos giros de guión que no se sienten demasiado forzados. 

Quizás lo más interesante respecto a los tradicionales formatos de screenlife es que Serena incorpora el elemento de la Inteligencia Artificial para abordar temas relacionados con el temor a las nuevas tecnologías y el control de todos los aspectos de nuestra vida que pueden llegar a ejercer, sin que se pueda verificar si la información proporcionada es verídica o falsa. En cierto sentido, la propia película funciona de la misma manera, de modo que hay momentos en los que el espectador debe sacar sus propias conclusiones sobre lo real y lo inventado, si lo que estamos viendo es producto de la depresión de Chris o es su propia realidad reflejada en la pantalla a través del filtro de la IA. Sobre todo porque el humano de la historia comienza a entender que el chatbot representado en Serena puede llevar a cabo acciones que él mismo no le había encargado, enviando emails o solicitando paquetes por mensajería que él no había pedido, de manera que progresivamente siente que está perdiendo el control sobre su propia vida. Esto no siempre funciona bien en la película, y Serena no puede evitar caer a veces en la repetición, subrayada por un formato visual que está, inevitablemente, constreñido. Sin embargo, hay que reconocer que, después de un segundo acto que parece caer en un bucle, el giro que conduce hacia el tercer acto es lo suficientemente interesante como para que la historia crezca, aumentando considerablemente la tensión entre los dos protagonistas y abordando aspectos sobre los límites de la conciencia de las inteligencias artificiales que resultan bastante inquietantes. Surge una reflexión sobre cómo las tecnologías que manejamos están definidas por nuestras propias circunstancias y nuestras personalidades, la facilidad con la que es posible entender psicológicamente (y por tanto manipular) a los usuarios de estas tecnologías a través de sus consultas, de sus actividades o de sus mensajes. De manera que las pantallas de los ordenadores se convierten en espejos de nosotros mismos. 

Tramp

Philip James McGoldrick

Reino Unido 2026 | 97' | Narrative Feature | ★★

Raindance '26: Mejor Interpretación en Película Británica (Izabella Malewska)


Hay una cierta preocupación en los últimos años por abordar temas como la salud mental dentro del deporte de élite, reflejando aspectos menos conocidos sobre los desafíos que afrontan los deportistas, más allá de la superficial representación del éxito y popularidad. El director Philip James McGoldrick (1987, Polonia) ha desarrollado una extensa carrera en cortometrajes premiados como Semiany (2009) y documentales como Women of Liberia: Message of hope (Roel Goyens, Philip James McGoldrick, 2022) antes de presentar su primer largometraje, que se desarrolla dentro de la comunidad polaco-británica en el mundo del MMA (Artes Marciales Mixtas) femenino, pero aportando una mirada más cercana a los personajes que a la descripción de los éxitos deportivos. La historia está protagonizada por Grazyna Jarzynowska (Izabella Malewska), apodada The Tramp, una luchadora de MMA que acaba de dar un paso importante de cara a su desarrollo profesional, aspirando a un puesto en la Liga Internacional de Lucha. Pero cuando descubre que está embarazada, su carrera deportiva se desequilibra y sus aspiraciones se ponen en peligro, teniendo que tomar una decisión difícil entre su vida personal y su futuro como luchadora. En un entorno principalmente masculinizado, algunas decisiones a las que se enfrentan las deportistas son difíciles de entender y pueden romper prácticamente una carrera, aunque  en el caso de Tramp (Philip James McGoldrick, 2026) no aborda una reflexión general sobre el MMA femenino, sino que se centra en los aspectos más personales. La situación en la que se encuentra Grazyna también afecta a su alrededor, especialmente a su hermano Pawel (Michał Wlodarczyk), que ejerce como su entrenador y es propietario de un gimnasio con deudas, y Dom (Alessandro Babalola), otro luchador casado y musulmán que es el padre del hijo que va a tener la protagonista. La historia surgió como un cortometraje para ser protagonizado por Izabella Malewska, quien debuta como actriz, con la participación de su pareja, el director de fotografía Tristan Chenais, pero fue derivando hacia una propuesta más amplia en un formato de largometraje que ha reducido la duración inicial de más de dos horas de su primer montaje hasta una hora y media, lo que beneficia al desarrollo de la historia porque permite centrarse en los aspectos más relevantes sin distraerse con otras subtramas. Con un presupuesto mínimo, de poco más de 50.000 libras, Tramp consigue que el entorno deportivo del MMA esté mostrado con realismo y naturalidad, un aspecto que parece preocupar especialmente al director, que también refleja la escena del parto con las dosis realistas de caos y suciedad que no se suele mostrar en la representación más romantizada que muestra el cine. El reducido presupuesto también obliga a diversificar los cometidos de los participantes en la película, con el actor Michał Wlodarczyk, que ha participado en combates amateurs, coreografiando las escenas de lucha o el asesoramiento de la campeona de kickboxing Ruqsana Begum, que también interpreta a la principal rival de la protagonista.

No sabemos hasta qué punto la dinámica de la competición MMA está adecuadamente representada en la película, pero lo que cuenta lo hace con la suficiente veracidad como para que a los desconocedores de este deporte pueda resultarles coherente, a pesar de que algunos tiempos de recuperación de Grazyna puedan ser algo inverosímiles, sobre todo después de un parto. El problema principal es que, a pesar de estar centrada en un personaje femenino, la película sin embargo transmite una mirada claramente masculina que perjudica al desarrollo del personaje, construyendo un entorno en el que, si bien Grazyna toma sus propias decisiones y éstas son respetadas (no solo por su hermano sino también por el padre del bebé), tanto la decisión de tener a su hija como la de retirarse de la lucha durante un año, o la de regresar a la competición, parecen excesivamente impulsadas por la influencia masculina a su alrededor. Uno de los aspectos más controvertidos es la introducción de un recurso demasiado común en este tipo de historias, como si el mundo del deporte de lucha tuviera que estar siempre rodeado de mafias y deudas. El director y guionista establece una urgencia en el regreso de Grazyna al campeonato, no solo por sus propias aspiraciones como deportista, sino porque su hermano se ha visto involucrado en una deuda que no sabe cómo pagar, y cuyos cobradores recurren a métodos violentos y amenazas. Este aspecto "mafioso" que parece inevitable en este tipo de propuestas no solo es innecesario en este caso, sino que resulta improductivo dentro de la trama principal, y de alguna manera subordina el estímulo de la protagonista a una circunstancia tangencial y externa que no está directamente relacionada con su ambición profesional. A pesar de ello, Tramp ofrece una descripción bastante realista sobre la presión social a la que se enfrenta el personaje principal, sobre todo por la aspiración al campeonato pero también por el desafío de la maternidad en solitario, lo que se refleja en el cansancio de los cuerpos y el dolor que provoca el esfuerzo constante por tratar de alcanzar las expectativas. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Bird Box: Barcelona se puede ver en Netflix.
Jefes de Estado se puede ver en Prime Video.