29 noviembre, 2022

IDFA 2022 - Parte 2: Identidades

Nuestra segunda crónica centrada en la programación del Festival Internacional de Documentales de Ámsterdam, IDFA 2022, que se ha celebrado hasta el pasado 20 de noviembre, nos acerca a películas que abordan temas relacionados con la identidad, a través de protagonistas personales o colectivos que buscan o reivindican su propia búsqueda identitaria. En esta ocasión, nos acercamos a un hospital de provincias en Bulgaria durante la pandemia del coronavirus, a los recuerdos de la experiencia de un grupo de mujeres transexuales en Italia, al retrato de la comunidad queer en Colombia, al rechazo familiar frente a la identidad sexual en China y a las contradicciones de un joven católico en medio de la tradicional sociedad polaca.

A provincial hospital

Ilian Metev, Ivan Chertov, Zlatina Teneva, 2022 | Best of Fests | ★★★☆☆


Aunque parece que hemos eliminado el peligro de la pandemia del coronavirus, el aumento de contagios en países como China y la aparición de nuevas variantes ponen a prueba la relajación de una comunidad internacional que no parece haber mejorado la atención sanitaria a pesar de que durante la pandemia se detectaron numerosas deficiencias en los servicios médicos, motivadas por la falta de personal y de inversión. La vuelta a la "normalidad" significa también el retroceso en la atención a los enfermos, impulsado además por cierta desconfianza. Uno de los países que reflejó más claramente esta falta de confianza fue Bulgaria, que se convirtió en el país de Europa con menor tasa de vacunados. De los 6,51 millones de ciudadanos búlgaros, solo un total de 2.073.989 han completado el ciclo de vacunación, según un informe de datos de coronavirus en Bulgaria publicado el 22 de noviembre. El director Ilian Metev (1981, Bulgaria) había abordado ya la falta de recursos sanitarios de su país en el documental La última ambulancia de Sofía (Ilian Metev, 2012), que ganó varios premios en festivales internacionales, a través de la crónica de la atención nocturna de un equipo de ambulancia en la ciudad de Sofía, la capital de Bulgaria en la que solo hay 13 ambulancias para dos millones de habitantes. Su última película, A provincial hospital (Ilian Metev, Ivan Chertov, Zlatina Teneva, 2022), que recibió el premio del Jurado Ecuménico en el Festival de Karlovy Vary, aborda la crisis del coronavirus desde el interior de un hospital de provincias que atiende a la ciudad montañosa de Kyustendil, con poco más de 40.000 habitantes.

Debido a que se encontraba atrapado en Gran Bretaña por el confinamiento, la dirección de esta película fue realizada a distancia, con Ilian Metev coordinando y editando desde Inglaterra, mientras que su asistente Zlatina Teneva y el director de fotografía Ivan Chertov se introducían en la vida diaria de este hospital en el que rodaron durante 70 días, completando un trabajo colectivo que firman los tres. Aunque hemos visto numerosas películas a lo largo de los últimos años en torno a la tensión y la frustración de los equipos de médicos y enfermeras frente a una pandemia desconocida, en A provincial hospital hay un acercamiento diferente por tratarse de un centro que dispone de escasos recursos, y en el que la principal presión para el personal sanitario consiste en tratar de evitar que sus pacientes sean enviados a la Unidad de Cuidados Intensivos, porque la falta de material convierte a la UCI en una sentencia de muerte. La presión se hace doble, y se representa de forma dramática cuando uno de los pacientes, un hombre joven y corpulento, decide que no quiere llevar la máscara de oxígeno ni seguir el tratamiento. El Dr. Evgeni Popov llama a sus familiares para que tratan de convencerle, porque su nivel de oxígeno comienza a ser crítico, e incluso le amenaza con obligarle a ponerse la máscara. Es una forma sutil de reflejar la desconfianza provocada por una profunda desinformación.  

El documental se beneficia de un grado absoluto de implicación del hospital, y en especial de una personalidad como la del Dr. Evgeny Popov que se convierte en protagonista en sus conversaciones con los pacientes, las anécdotas que cuenta y la confianza que manifiesta. Con un punto de vista observacional, también hay un grado de participación de los propios cineastas cuando el personal les pide ayuda y a veces la cámara ofrece un plano en el que solo vemos enfocado el techo. En una secuencia en la que las enfermeras están trasladando un cadáver con cierta dificultad, porque tienen incluso escasez de camillas, una de ellas comenta: "Intenta que no se caiga delante de la cámara". Que Ilian Metev como montador no evite que el espectador sea consciente de la presencia de la cámara también contribuye a dar un carácter más humano a la película, reforzando el compromiso con los protagonistas de la historia. El hecho de que este documental no haya obtenido ningún tipo de ayuda económica estatal puede ser interpretado como una especie de censura silenciosa en la que el gobierno búlgaro de alguna manera no quiere ver representada la desconfianza de los ciudadanos en su propio sistema sanitario. Y aunque no se puede decir que A provincial hospital profundice demasiado en los aspectos que muestra en cuanto a la relación entre los pacientes y la sanidad, aporta sin embargo la cercanía del factor humano a una pandemia que muchas veces se ha retratado con demasiada complacencia. 

Le Favolose

Roberta Torre, 2022 | Envision - Mejor Dirección | ★★★★☆


Durante una de las secuencias de Le Favolose (Roberta Torre, 2022) algunas de las protagonistas narran actos de violencia que han sufrido a lo largo de sus vidas, pero no hay un subrayado musical dramático, sino todo lo contrario, como una especie de celebración de la supervivencia. En esta secuencia suena el tono desenfadado swing de la canción Ain't misbehavin', una composición del pianista Fats Waller que se publicó en 1929 con seis interpretaciones diferentes, entre ellas una instrumental con la trompeta de Louis Armstrong, que acabaron llegando a los primeros puestos de las listas de éxito. Posteriormente, Fats Waller la interpretaría de nuevo en la película Tiempo de tormenta (Andrew L. Stone, 1943), como uno de los números musicales principales. Este contraste entre la descripción de unos hechos dramáticos y la sonoridad de una música alegre define en buena medida lo que Roberta Torre (1962, Italia) consigue en su última película, después de haber logrado un notable éxito hace años con el musical Tano da morire (Roberta Torre, 1997). Presentada en la Giornate degli Autori del pasado Festival de Venecia, Le Favolose es una docuficción protagonizada por cinco mujeres transexuales que se reúnen en una antigua mansión donde supuestamente pasaron parte de su juventud mientras afrontaban su identidad de género. 

La protagonista central es Porpora Marcasciano (1957, Italia), escritora y activista trans que se ha hecho popular gracias a varios ensayos sobre la evolución del movimiento LGBT en Italia, especialmente Antologaia. Vivere sognando e non sognare di vivere: i miei anni Settanta (Vivir soñando y no soñar con vivir: mis años setenta) (2015). Junto a cuatro amigas, Nicole de Leo, Sofia Mehiel, Veet Sandeh y Mizia Ciulini, se reúnen en esta antigua casa ficticia para recuperar el espíritu de una juventud en la que, aun ejerciendo la prostitución, sentían cierta libertad, porque por aquel entonces los proxenetas no estaban interesados en controlar al colectivo transexual. "Este armario era como nuestra nave espacial", dice una de ellas refiriéndose al espacio en el que colgaban los vestidos con los que su mundo se transformaba. Le Favolose es una extraordinariamente divertida película que camina siempre en el vértice, entre la ficción y el documental, que celebra la fantasía y la imaginación como una forma de escapar de la realidad. Pero, sobre todo, que aborda la negación de la identidad, a través de un personaje ausente, Antonia, una antigua amiga de las cinco protagonistas que murió tras un ataque violento y cuyos familiares le arrebataron su identidad enterrándola con un traje masculino. "Ella representa a todas aquellas personas trans que han perdido la batalla por el reconocimiento de su identidad tras su muerte. Todas aquellas que en su último viaje fueron traicionadas y despojadas de su historia, de su identidad, de su ropa y del camino que han construido en esta vida. Vestidos como hombres para su despedida final, dejaron este mundo con una identidad que no les pertenecía", afirma Roberta Torre. 

Frente a una representación que parece superficial de una vida alegre, alocada y reivindicativamente queer, el trasfondo de esta película es mucho más dramático, pero la directora lo rodea de elegancia y vitalidad, como lo que Porpora dice que trataban de encontrar en su juventud: "Buscar la risa, el baile y la diversión como si la vida fuera un  juego, un bellísimo juego". Y de esta forma asistimos a una sesión de espiritismo que es divertida y trágica al mismo tiempo, mientras se juega con los clichés habituales que rodean a la representación de la comunidad transexual, que solo parece reflejarse a través del victimismo o del folclorismo. Pero que al mismo tiempo propone ideas fundamentales sobre el activismo trans: "Mi cuerpo es un acto político". 

Anhell69

Theo Montoya, 2022 | Best of Fests | ★★★★☆


La naturaleza híbrida también está presente en Anhell69 (Theo Montoya, 2022), que el mismo director define como una película queer por su naturaleza fluida. Actuando como narrador en una especie de ensayo sobre la juventud y la falta de horizontes en una ciudad que sigue marcada por la violencia como Medellín, Theo Montoya (1992, Colombia) construye una historia en la que se mezcla ficción y documental para elaborar un retrato de la comunidad joven LGBTI+ de la ciudad, enfrentada a la imposibilidad de encontrar un futuro "en un país que nunca ha conocido la paz". La metanarrativa de la película utiliza la grabación del casting para un inacabado proyecto de largometraje de ficción del director, que tomaba el título Anhell69 del nick que utilizaba en Instagram el joven Camilo Najar, que murió por sobredosis a los 21 años una semana después de participar en la prueba. El director se confiesa enamorado de este joven, al que dedicó también su cortometraje Son of Sodom (Theo Montoya, 2021) para cuyo título adoptó asimismo el nick de Camilo en Twitter, y en cierta manera esta película se siente como una ampliación de aquel corto, del que toma prestadas algunas frases cuando hace referencia a cómo otros de los jóvenes que participaron en el casting tampoco sobrevivieron: "Murieron tantos amigos míos que mis redes sociales parecían un cementerio", dice en ambas películas. Presentada en la Semana Internacional de la Crítica durante el Festival de Venecia, Anhell69 consiguió el premio de la crítica y también ha ganado diversos galardones en los festivales de Mar de Plata, Leipzig y Gijón. 

Al adoptar las identidades de Camilo en las redes sociales, el director también reflexiona sobre la propia identidad queer en Medellín, recreando escenas de la historia que había imaginado para su debut en el largometraje: una fábula distópica que ocurre en una Colombia del futuro en la que hay tantos muertos que no caben en los cementerios, y comienzan a deambular por las calles y a convivir con los vivos. Una película de fantasmas, "una metáfora de la realidad que estamos viviendo". Los jóvenes comienzan a experimentar con la espectrofilia, una atracción sexual por los fantasmas que es perseguida con violencia por la Iglesia y el Estado, impulsando la formación de grupos Cazadores Espectrofílicos. Las narrativas de la ficción y del documental se entrelazan en una inusual y reflexiva mirada hacia un lugar inhóspito, lo que se refleja bien cuando los participantes en el casting hablan sobre su relación con la muerte. A pesar de su juventud (o posiblemente por eso mismo), ninguno parece tenerle miedo, incluso la acogen con esperanza. Quizás eso puede explicar que varios de los amigos del director murieran por suicidio. Hay una idea romántica de la muerte que también define una dificultad para encontrar la propia identidad personal. 

Theo Montoya consigue romper los límites entre la ficción y el documental, pero sobre todo elaborar una atractiva reflexión sobre la imagen y su representación cinematográfica. Anhell69 es una película que logra imbricar la realidad con una fabulación que al mismo tiempo se asienta sobre una mirada pesimista, que se rompe con algunos destellos de la memoria de la propia Colombia y de su historia personal. Abandonado por su padre, formó parte de una generación de jóvenes que fueron criados por sus madres, y que mantienen todavía el lazo evocativo de la muerte de Pablo Escobar como una especie de figura patriarcal. De nuevo la muerte se convierte en el nexo de unión entre el pasado y el presente. La película comienza con una mirada referencial al cine colombiano, en una escena en la que un coche fúnebre es conducido por Víctor Gaviria (1955, Colombia), el escritor y director que mostró a una juventud perdida en películas como La vendedora de rosas (1998) y Sumas y restas (2004), pero que también recibió críticas por esta representación de Colombia. De alguna forma, Theo Montoya habla sobre la realidad y el cine, y su proyecto se cuestiona a sí mismo constantemente, como una expresión de la insatisfacción de haber nacido en un país sin futuro. 

Will you look at me

Shuli Huang, 2022 | Best of Fests | ★★★☆☆


Rodado con cámaras de 8mm. y 16 mm., Will you look at me (Shuli Huang, 2022) es el cortometraje ganador de la Palma Queer en La Semaine de la Critique del Festival de Cannes y que también está construido como un ensayo autobiográfico en el que el joven director Shuli Huang (1997, China) reflexiona sobre su identidad queer y cómo ha afectado a la relación con su madre a lo largo de los años. El título proviene de una de las escenas más intensas de la película en la que el hijo busca la mirada de una madre que le reprocha su identidad sexual, con frases tan severas como "¿Por qué he tenido que parir a un monstruo?". El director, que reside en Nueva York, decidió regresar a China para afrontar su identidad sexual con su familia, y puede ser discutible la necesidad de compartir esta revelación íntima con espectadores de todo el mundo, pero también ofrece una oportunidad para comprender la interrelación entre madres e hijos en una sociedad china que estigmatiza determinadas opciones sexuales. A pesar de que desde 1997 las relaciones consensuales entre miembros del mismo sexo están despenalizadas en China, el tema de la orientación sexual sigue siendo un tabú que se esconde bajo el silencio. La propia madre de Shuli Huang le dice: "Yo esperaba que te hubieras curado de lo tuyo antes de que tu padre se enterara", expresando esa necesidad de negación que trata de evitar la confrontación directa con lo que se sigue considerando un problema. 

Es interesante la representación de la madre, a la que casi nunca vemos en imágenes grabadas, sino a través de fotografías en las que siempre aparece sonriendo, una vitalidad que contrasta con la extrema dureza con la que se refiere a su hijo cuando habla de una homosexualidad a la que nunca nombra. El director también hace referencia a una visita que recibió de su madre cuando vivía con su novio, al que presentó como su compañero de piso. Cuando Shuli Huang era un adolescente, ella descubrió unos mensajes que se intercambiaba con un hombre de 25 años, y ese secreto se convirtió en una herida que nunca llegó a cicatrizar. Pero es precisamente el momento más tenso de la conversación entre madre e hijo (que solo escuchamos) el que quiere ser más emocional pero resulta menos efectivo, una especie de catarsis que también parece provocada por el director, transmitiendo una conciencia demasiado clara de la grabación de momento. Hay frases que él dice como "las mujeres no me la ponen dura" que parecen buscar la discusión provocada, algo que también hemos visto en otros documentales sobre directores que se enfrentan a sus familias. Una búsqueda demasiado artificial del estallido emocional que desequilibra el resto de la película, pero que no invalida la expresiva reflexión sobre la incomunicación y la incapacidad de aceptar las identidades y las opciones personales en un país como China. 

Polish prayers

Hana Nobis, 2022 | Luminous | ★★★☆☆


En 2020 el gobierno de coalición entre la derecha y la extrema derecha promulgó en Polonia una polémica ley por la que los municipios podían proclamarse "zonas libres de LGBT", una forma de promover los valores de la familia tradicional que era, de hecho, un reconocimiento a la homofobia. Cuando la Unión Europea manifestó que los fondos de ayuda regional podrían verse afectados en aquellos municipios que no cumplieran con el respeto de los derechos de la comunidad LGBTQI+, los parlamentos regionales polacos modificaron el documento que promovía las zonas libres de LGBT. Las contradicciones en las que un país mayoritariamente conservador y ultra católico incurre al querer pertenecer a una comunidad europea que promueve los derechos fundamentales son retratadas precisamente en el documental producido por HBO Max Polish prayers (Hana Nobis, 2022), a través de la historia personal de Antek, un joven que tiene una ideología radicalmente conservadora y que forma parte de una Hermandad católica para la que la homosexualidad es sinónimo de pederastia, las relaciones sexuales prematrimoniales no existen y el aborto es una maldición. Algunas escenas de la primera parte de la película se desarrollan durante el desfile del Día del Orgullo, mostrando la división en la sociedad polaca. La Hermandad decide convocar una contramanifestación con carteles que muestran lemas como "Hoy la homosexualidad, mañana la pedofilia", y la obsesión de sus miembros por sentir como una amenaza a sus valores tradicionales la diversidad sexual resulta casi patológica. 

En su debut en el largometraje, la directora Hana Nobis (1990, Polonia) sigue al joven Antek durante cuatro años de su vida a lo largo de un proceso de autoconocimiento que se manifiesta como una especie de montaña rusa. Podría ser un representante de la ideología predominante en Polonia, que se sostiene sobre un profundo sentimiento católico, y cuyo eje primordial es una idea del patriarcado en el que la hombría es el soporte principal, mientras que las mujeres juegan un papel secundario. Uno de los jóvenes que participan en una reunión de la Hermandad dice: "Todas las mujeres transmiten mucha feminidad, una feminidad prerrevolucionaria". Y al mismo tiempo, la obsesión por la homsoexualidad se muestra como una división en la propia familia de Antek, cuyos padres, ahora separados, le ha transmitido estos valores tradicionales. Pero, mientras el posicionamiento de Antek y su madre es similar, la hermana manifiesta sus contradicciones: "No sé cómo podéis preocuparos tanto por la orientación sexual cuando nadie se preocupa por el cambio climático". Cuando la directora Hana Nobis conoció al protagonista de su película, intuyó con buen criterio que los pensamientos de Antek mostraban grietas que él ocultaba a las personas más cercanas, y de alguna forma el rodaje de la película sirvió para que las mostrara sin necesidad de dar explicaciones. 

Con una mirada cercana que observa pero al mismo tiempo no quiere ser distante, la película se formula a través del uso de una cámara en mano que aporta intimidad, pero también una imagen zozobrante, como la propia personalidad de Antek que va desentrañando, especialmente cuando inicia una relación con su primera novia que en cierta manera le permiten expresar abiertamente sus dudas. Más tarde, cuando entra en su vida otra joven que tiene una ideología más aperturista, él parece estar preparado para dar un paso importante en su vida. En una escena en la que recibe la visita de su madre en el piso que ha alquilado para independizarse, Antek elimina todos los elementos que podrían sorprenderla, como una bandera arco iris. Es un momento íntimo que está capturado con especial cercanía, y que conduce a un desenlace emocionalmente intenso para Antek, porque establece ese sentimiento de paradoja en el que se han desarrollado los últimos años de su vida, desde querer convertirse en sacerdote hasta participar en una manifestación del Orgullo. Y en este sentido Polish prayers consigue ofrecer una mirada reflexiva sobre cómo la tradicional sociedad polaca está continuamente enfrentándose a sus propias contradicciones.

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Películas mencionadas: 

La vendedora de rosas se puede ver en Prime Video. 

25 noviembre, 2022

IDFA 2022 - Parte 1: Nuevos caminos

Comenzamos las crónicas que dedicaremos en los próximos días al Festival Internacional de Cine Documental de Amsterdam, IDFA 2022, que se ha celebrado hasta el pasado 20 de noviembre. El festival, con la normalidad plenamente recuperada tras ediciones anteriores híbridas o digitales debido al confinamiento, recoge cada año los estrenos de documentales relevantes que marcarán el calendario de las muestras cinematográficas durante 2023, pero también ofrece una retrospectiva de algunas de las películas que han conseguido repercusión en un otoño-invierno en el que tradicionalmente se celebran las citas más importantes en el panorama cinematográfico. Nuestra mirada se detiene hoy en películas que tienen como protagonistas a personajes que tratan de encontrar un camino vital con el que se sientan plenamente desarrolladas, lo que lleva en ocasiones al fracaso. La emigración de familias desde Zimbabwe, el crecimiento artístico de una joven que acaba identificándose con la directora, el contrapunto generacional en una escuela de arte o la negación a reconocer la derrota son algunos de los temas que abordan estas primeras películas que destacamos de la programación de IDFA 2022. 

Apolonia, Apolonia

Lea Glob, 2022 | Competición Internacional - Mejor Película | ★★★


La ganadora del premio a la Mejor Película en la Competición Internacional es un retrato íntimo de una artista a la que la directora Lea Glob (1982, Dinamarca) ha acompañado durante 13 años, un poco a la manera de los "time lapse documentaries" de la realizadora checa Helena Třeštíková, quien observa pacientemente a sus protagonistas durante varios años para componer profundas crónicas vitales. Apolonia, Apolonia (Lea Glob, 2022) tiene como personaje central a la pintora figurativa Apolonia Sokol (1988, Francia), cuya trayectoria y personalidad la hacen ciertamente merecedora de una película dedicada a ella. Porque es uno de estos personajes que conocen la cámara y prácticamente llevan en la sangre la exposición de su propia vida, que comenzó desde el instante en que su padre grabó su nacimiento. Apolonia es hija de dos artistas bohemios, que se dedicaron a grabar constantemente escenas de su vida cotidiana mientras vivían y regentaban un teatro independiente en un barrio marginal de París, "al otro lado del Sena", que por supuesto años más tarde acabaría sucumbiendo a la gentrificación. La directora y narradora del documental cuenta que la conoció cuando estaba preparando su proyecto de fin de carrera en 2009, pero se transmite una especie de fascinación por el personaje en una película que recorre más de una década y muchos vaivenes en la vida de una artista que, en un momento de frustración comenta entre sollozos: "No sé cómo convertirme en una buena pintora". 

El documental está producido por Danish Documentaries y HBO Max, y cuenta con dos editores, Andreas Bøggild Monies y Thor Ochsner, que han ordenado las numerosas horas de metraje con una estructura triangular que comienza en Francia, sigue en Estados Unidos y regresa a Europa, marcando tres actos perfectamente diferenciados que son también el reflejo del desarrollo de una artista. Pero por el camino encontramos también un proceso de identificación de la propia directora con el sujeto de observación, hasta el punto que ella misma se convierte en protagonista en el tercer acto. No solo asistimos a la vida de una joven aspirante a ser pintora, sino también a la sugestión que provoca en la directora, quien a través de su narración hace comentarios personales. Cuando Apolonia sale de la prueba de graduación en la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts de París sin conseguir la máxima calificación para formar parte de una gran exposición de alumnos de la escuela porque, según los profesores "su personalidad es más interesante que su obra", Lea Glob comenta: "Me pregunto si eso mismo se lo hubieran dicho a un hombre". La carrera de Apolonia continúa en Estados Unidos cuando conoce al coleccionista de arte Stefan Simchowitz, a quien The New York Times calificó en 2015 como "El patrón satánico del mundo del arte". Pero ella está dispuesta a hacer un pacto mefistofélico y convertirse en un "producto industrial" para formar parte del controvertido mercadeo artístico del mecenas. Es la parte más floja del documental, la que de alguna forma cambia el punto de vista de la directora para hacerse menos íntimo, menos personal, como si observara desde la distancia en vez de desde la cercanía. Aunque Apolonia muestra aún el espíritu libre de su ascendencia bohemia queriendo posar desnuda para unas fotografías en un parque de Los Angeles, donde le advierten que pueden detenerla por escándalo público: "Puta América", dice. "Mientras veía a Apolonia desnuda, pensé que había sido testigo de que Apolonia, en vez de vender su alma al diablo, estaba usando su cuerpo como defensa", comenta Lea Glob. 

Apolonia, Apolonia funciona mejor, sin embargo, cuando el retrato de su protagonista está alimentado por la presencia de otras personas, especialmente cuando comparte su vida en el viejo teatro de París con Oksana Shachko, una artista y activista feminista de origen ucraniano que residió como refugiada en París y fue una de las fundadoras del Movimiento Femen. La relación entre Apolonia y Oksana es emocionante y transmite la intimidad de una juventud en constante rebeldía. Y el acercamiento de la directora a la trayectoria personal de Apolonia se desplaza a través de sus constantes vaivenes entre diferentes países, en una especie de búsqueda de un lugar al que llamar hogar, como lo fue el teatro de París en el que vivió en su infancia, y que está representado en la película por maquetas de los sitios en los que ha vivido la artista. Pero también la decisión de tomar el protagonismo del relato por parte de Lea Glob, especialmente a raíz de su complicado embarazo, refleja una identificación total, una transformación de la observadora en sujeto de observación (ella misma se graba reflejada en un espejo, adoptando las dos posiciones). Y es ahí cuando Apolonia, Apolonia traspasa los límites del subgénero de retrato documental para convertirse en una forma más personal de abordar no solo la evolución personal de la protagonista sino también la de la propia directora. 

Puerto deseado

Juan Manuel Bugarín, 2022 | Competición Internacional | ★★★


La Organización de Naciones Unidas considera a los archipiélagos de las Islas Malvinas como un territorio en disputa, administradas por Reino Unido pero reclamadas por Argentina como parte de su demarcación. La constante fricción en esta zona se encontró con una situación geopolítica singular a principios de los años ochenta que propició la entrada en una guerra entre ambos países, marcada por la dictadura argentina y por la situación de conflicto social que provocó el cierre de las minas de carbón en Inglaterra por parte del gobierno de Margaret Thatcher. La victoria inglesa estableció un sentimiento patriótico que ayudó a la reelección del gobierno conservador en 1983, contrarrestando la confrontación social, mientras que la derrota argentina aceleró la caída de la dictadura. El documental Puerto deseado (Juan Manuel Bugarín, 2022) no habla de este conflicto sino de sus consecuencias, especialmente en veteranos de la guerra que aún no han cerrado sus heridas. El protagonista es Marcelo Wytrykusz, un veterano que luchó en Las Malvinas y que ahora se dedica a su taller mecánico mientras anhela el momento en que termine de restaurar un viejo yate de recreo y pueda navegar hasta las islas sin pasaporte para colocar una bandera argentina. Se trata de una fantasía provocadora que refleja la frustración por la derrota, una cicatriz que permanece en Marcelo igual que todavía se encuentra alojado en su cuerpo un proyectil británico, como algo que no ha conseguido ser extirpado en cuarenta años. 

El documental es una mirada que tiene cierta tonalidad melancólica frente a una derrota no aceptada de una guerra que Margaret Thatcher utilizó como cortina de humo de su política antisocial pero que dejó 649 soldados argentinos y 255 soldados ingleses muertos. Y que fue una batalla en la que combatieron jóvenes argentinos obligados a entrar en un combate para el que no estaban preparados, como indica otro de los veteranos: "Ante el miedo que teníamos a la autoridad, era imposible desertar. Solo desertaron dos y les teníamos hasta desprecio". La guerra ha quedado incrustada emocional y físicamente en muchos ex-combatientes argentinos que, mientras los británicos celebran cada mes de noviembre la victoria, se reúnen también para recordar su derrota. En una conversación con uno de sus hijos sobre la vida, Marcelo le dice: "Hay que salir del eje", expresando con ello la necesidad de evitar la comodidad. Pero Marcelo no ha conseguido salir de su propio eje, esa obsesiva representación de la guerra que se muestra en las paredes de su taller de reparación de coches, el contacto permanente con otros compañeros para recordar anécdotas del combate y sobre todo esa fantasía de retar a la administración inglesa colándose en las islas desde el mar, aunque otros veteranos le advierten que no es una zona especialmente recomendable para navegar.  

Es interesante la mirada de la familia, especialmente la de los hijos de Marcelo, entre la niñez y la adolescencia. El director aporta en este sentido la perspectiva de una generación que no había nacido durante la guerra de las Malvinas y para la que las referencias de su padre son relatos sin interés. Sobrevuela también cierta incredulidad, como cuando dos de los hermanos hablan sobre una campera, una chaqueta que, según su padre, arrebató a un soldado inglés: "Para mí que esa campera la compró en una tienda", dice uno de ellos. La familia es un apoyo del padre pero también se mantiene a cierta distancia de sus obsesiones, y en cierta manera parecen acompañarle en esa pretensión de navegar hasta las Malvinas sin creer realmente que algún día vaya a dar el paso definitivo. Tomando su título de Port Desire, un puerto pesquero que sirvió como base militar argentina, Puerto deseado es una crónica sobre la derrota y sus cicatrices, una perspicaz mirada melancólica sobre el trauma de la guerra que está bellamente subrayada por la música de Gabriel Quebrado para violonchelo, trombón y violín, aunque los créditos finales están acompañados por el sonido de ese mar embravecido que soporta el peso continuo del conflicto. 

Art talent show

Adéla Komrzý, Tomáš Bojar, 2022 | Luminous | ★★★


En su libro El tiburón de 12 millones de dólares: La curiosa economía del arte contemporáneo y las casas de subastas (2009, Ed-. Ariel), el escritor Don Thompson realizaba un recorrido por las subastas de arte y trataba de explicar cómo funcionan, pero no conseguía responder por qué la obra más célebre del controvertido artista Damien Hirst había conseguido venderse por una cifra récord. La escultura, titulada "La imposibilidad física de la muerte en la mente de un animal" (1991), mostraba a un tiburón tigre disecado de 4 metros dentro de un tanque en el que parece flotar sobre una solución transparente de aldehído fórmico. Pero con el paso del tiempo, el animal comenzó a descomponerse, y tuvo que ser sustituido por otro tiburón, sembrando la polémica en el mundo del arte. En alguna de las conversaciones que mantienen los profesores con los aspirantes a ser admitidos en la Escuela de Bellas Artes de Praga, surge el nombre de Damien Hirst y otros artistas contemporáneos cuyas obras suelen estar rodeadas de controversia. El documental Art talent show (Adéla Komrzý, Tomáš Bojar, 2022) consiguió el Gran Premio de la sección Próxima, un galardón que habitualmente reciben películas de ficción, y el Premio FIPRESCI en el pasado Festival de Karlovy Vary, y se rodó durante la semana en que se desarrollan las pruebas de acceso a la Academia. A través de la observación, la película usa de forma inteligente la interacción de los alumnos con los profesores para elaborar una reflexión sobre el arte contemporáneo que al mismo tiempo sirve como balance de las preocupaciones de la sociedad actual. 

La entrada a la Academia de Bellas Artes de Praga está presidida por una recepcionista que parece formar parte del propio espacio, en una mirada irónica que de alguna manera marca el tono que veremos en la película. En sus diferentes disciplinas, los profesores establecen las pautas de las pruebas de acceso, en las que suelen plantear a los alumnos determinados temas sobre los que deben trabajar: desde el cambio climático hasta cuál fue el sueño que tuvieron la noche pasada. Kateřina Olivová y Darina Alster son las responsables del Departamento de Nuevos Medios, Marek Meduna y Petr Dub de Pintura, y Vladimír Kokolia de Diseño Gráfico. La película nació como un proyecto de encargo de la Academia a la directora Adéla Komrzý (1992, Chequia), que ha trabajado como asistente de producción en la miniserie de Agnieszka Holland Burning bush (HBO Max, 2013) y cuyo documental Teaching war (2016) fue premiado en numerosos festivales. Con la codirección de Tomáš Bojar (1981, Chequia), Art talent show toma como referencia la película Le concours (Claire Simon, 2016), en la que la directora francesa seguía el proceso de selección de los alumnos de La Fémis, la conocida escuela nacional de cine de París. 

Como un documental de observación, los directores colocan la cámara en planos fijos y captan las conversaciones entre profesores y alumnos en la parte más interesante de la película, cuando la interacción muestra las inquietudes de los aspirantes y las inquisiciones de los profesores, mostrando una profunda brecha generacional entre ambos. "Hay mucho yo, yo y yo en tu obra. Parece un autorretrato. Aquí está tu signo zodiacal, aquí está tu experiencia...", comentan Petr Dub y Marek Meduna, quienes gestionan desde 2018 el estudio de pintura IV en la Academia de Bellas Artes de Praga. La respuesta más obvia de los alumnos cuando se les pregunta para quienes desean hacer arte es "para mí, quiero expresarme a mí misma", dice una de ellas. Pero Petr Dub la interpela con cierto tono crítico: "Voy a ser un poco indiscreto. ¿Tienes una personalidad tan maravillosa que hace que los demás tengan deseos de conocerla? ¿Qué aportas a los demás? Es muy común querer expresar tus emociones pero, ¿en qué beneficia eso a otras personas?". Las preguntas son retos para la reflexión, pero también aportan una intencionalidad crítica. 

El también artista Vladimír Kokolia se queja de que en la actualidad hay demasiada preocupación por la individualidad: "Creemos que todo tiene que ser personal. Todo empieza en lo individual. Nos olvidamos por completo de pensar en dimensiones por encima de lo personal. Pensamos en si él es religioso o es miembro de un tipo de un culto o algo por el estilo". Y en cierto modo expresa también una frustración por la falta de interés de los artistas jóvenes en conocer su pasado, sin unos referentes concretos. En una de las sesiones de preguntas, la mayor parte de los alumnos desconocen a los grandes artistas checos a los que se refiere el profesor. En este sentido, los directores se centran en las desavenencias entre dos formas diferentes de ver el arte, en una representación de la brecha generacional. El proceso de selección de los artistas del futuro está marcado por la visión de los artistas del presente, lo que de alguna manera muestra las limitaciones que se imponen, aunque no sean del todo conscientes, dentro del mundo académico. Y es uno de los aspectos más interesantes de una película que utiliza un espacio concreto y la envoltura de las disciplinas artísticas para abordar en realidad algunas de las fracturas más inquietantes de nuestra sociedad. 

Transactions

Rumbi Katedza, 2022 | Luminous | ★★★☆☆


Generation Africa es un proyecto panafricano que desarrolla STEPS, una empresa de medios sin ánimo de lucro con sede en Ciudad del Cabo que utiliza los documentales para contar historias sobre la diáspora africana que reflejan las inquietudes del que está considerado como el grupo demográfico juvenil más grande del mundo. En 2018 STEPS realizó una convocatoria de historias sobre inmigración que recibió más de 180 propuestas, de las que se han seleccionado 45 para ser producidas. Actualmente, el catálogo de Generation Africa está compuesto por 25 largometrajes, mediometrajes y cortometrajes, entre los que se encuentran títulos que han tenido un notable éxito en festivales, como The last shelter (Ousmane Samassekou, 2021), que ganó el premio al Mejor Documental en CPH:DOX y estuvo seleccionado en el Festival de Cine Africano FCAT, Zinder (Aïcha Macky, 2021), que participó en Visions du Réel y ganó el premio al Mejor Documental en el Festival de Reykjavik o No simple way home (Akuol de Mabior, 2021), ganador del Viktor Award al Mejor Documental en la última edición de DOK.fest Munich. La principal fuente de financiación de este proyecto proviene del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania, con la participación del canal ARTE y sus tres departamentos de documentales en Francia, Estrasburgo y ZDF/ARTE en Alemania. 

De algunas de sus últimas producciones iremos hablando en nuestras próximas crónicas, pero en esta ocasión nos centramos en la película Transactions (Rumbi Katedza, 2022), una producción de Zimbabue que habla sobre cómo las remesas de dinero enviadas por los emigrantes se ha convertido en la principal fuente de ingresos para muchos de sus habitantes, en un país afectado por la hiperinflación desde principios de 2000. En la actualidad, Zimbabue tiene una inflación del 190% y ha llegado a acuñar monedas de oro para mantener una reserva que no sea tan fluctuante, como se indicaba hace unos meses en El Comercio (26/07/2022). Este contexto es el que utiliza la directora Rumbi Katedza (1974, Zimbabue) para acompañar a una familia que se encuentra separada debido a la emigración de los hijos. Al comienzo de este documental de poco menos de una hora de duración se indica que en 2021 los migrantes enviaron 1,5 billones de dólares, la mayor parte de ellos a través de dispositivos electrónicos y móviles. MaMlilo es la matriarca de una familia que ha visto cómo la mayoría de sus hijos ha tenido que desplazarse a otros países, y sobrevive en la ciudad de Bulawayo gracias al dinero que le envían. Frank vive en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, escapando de la persecución que la comunidad LGBT sufre en Zimbabue, donde según una encuesta de 2018 el 50% de los hombres homosexuales han sido agredidos físicamente. Realiza varios trabajos como administrador de hoteles, actor y traductor freelance. Miles vive en Londres con su esposa y su hija, trabajando como asesor tecnológico, pero también se dedica a bailar danzas tradicionales africanas, mientras que Portia trabaja como cuidadora y estudia en la Universidad en la ciudad inglesa de Luton. La única de las hermanas que permanece en el país es Kiki, que vive y trabaja como consultora de VIH en la capital Harare, pero es precisamente su madre la que la empuja a preparar la documentación para conseguir el pasaporte con el que emigrar a Polonia, porque la única salida laboral de los jóvenes zimbabuenses es la emigración. 

La directora se centra no solo en la conexión familiar a través de las remesas que envían para ayudar a sus familiares, sino en cómo la tecnología se ha convertido en el principal nexo de unión entre ellos, también a través de las reuniones por videoconferencia que organizan de vez en cuando, para las que cada vez es más difícil encontrar el momento en el que todos los hermanos y la madre puedan coincidir. Aunque casi toda la película se desarrolla en los lugares donde viven o trabajan los protagonistas, la directora aporta detalles concretos que se muestran brevemente pero que suministran información adicional: en Bulawayo, los locales en los que se reciben las transacciones por móvil están llenos de personas esperando las remesas, en la casa de Frank se enfoca un medicamento para el tratamiento del VIH... Precisamente Frank quiere que su madre le visite en Ciudad del Cabo, pero las reuniones físicas son cada vez más difíciles, y se hacen imposibles cuando estalla la pandemia del Covid-19, lo que afecta también al trabajo de Kiki, el único sustento que tiene en su país. Miles habla sobre la responsabilidad que los emigrantes adquieren con sus familiares: "Te acabas haciendo responsable de la vida de mucha gente. Cada mes siempre hay alguien que necesita dinero", mientras que Frank se lamenta de que "siempre estamos pensando en lo material. Pero las relaciones deben ser más importantes que las cosas", especialmente cuando su madre le dice que no puede viajar a Ciudad del Cabo porque tiene que pintar la casa que se está construyendo con el dinero que sus hijos le envían. Hay algunos aspectos en los que no se profundiza y eso hace que la película a veces parezca demasiado superficial; no se cuenta nada, por ejemplo, sobre cómo reacciona la familia frente a la homosexualidad de Frank. Pero al final del documental queda un poso de pesimismo sobre la forma en que las relaciones personales y familiares se convierten en una simple cuestión de dinero, sobre cómo la emigración separa, no solo físicamente. 


21 noviembre, 2022

Vientos nórdicos 2022 - Parte 3: Las series y películas escandinavas que vendrán

Como venimos haciendo cada año, a continuación ofrecemos una retrospectiva de algunas de las series más relevantes estrenadas en los países nórdicos durante los últimos meses. En esta ocasión también nos centramos en una película desarrollada como parte de un plan de expansión desde uno de los más importantes servicios de streaming de la zona, que intenta implantarse como una oferta competitiva en los países anglosajones. Entre las producciones que destacamos se encuentran el regreso del director Lasse Hallström a Suecia, la segunda temporada de una de las series más populares de la televisión sueca, una biografía de la escritora danesa Karen Blixen, una de las series ganadoras en Canneseries y una nueva adaptación del popular escritor noruego Jo Nesbø.

SUECIA

La plataforma Viaplay ha venido operando principalmente en los países nórdicos desde la sede en Estocolmo de su matriz Viaplay Group, una de las empresas audiovisuales de mayor consolidación, principalmente debido a la adquisición de derechos deportivos. Pero su desarrollo se ha ampliado en el terreno audiovisual con la producción de series y películas desde hace unos años, con un enfoque internacional. En 2016 produjo su primera serie, la prescindible comedia policíaca Swedish dicks (Viaplay, 2016-2018), rodada en Estados Unidos con Peter Stormare como protagonista, y su estreno más reciente ha sido la serie Last light (Viaplay, 2022), una coproducción con Peacock protagonizada por Matthew Fox y Joanne Froggatt. En 2021 Viaplay comenzó una ampliación de su cobertura en otros países como Polonia, Estonia y Lituania, pero su objetivo principal actualmente es introducirse en los mercados anglosajones. A partir del 1 de noviembre lanzará Viaplay UK, que presentará todo el contenido nórdico de la compañía pero sobre todo se sostiene en el contenido deportivo, tras la adquisición el pasado mes de julio de la plataforma británica Premier Sports, que tiene los derechos de la Premier inglesa y de la Liga de fútbol escocesa, entre otros. Mientras tanto, en los Estados Unidos Viaplay se ha asociado con Comcast, la propietaria de NBCUniversal para la transmisión de sus contenidos, pero a partir de 2023 tiene previsto estrenar su propia plataforma. 

Hilma

Lasse Hallström, 2022 | ★★★☆☆

Dentro de este plan de expansión desde su sede en Suecia, Viaplay tiene previsto la producción de dos películas al año de gran presupuesto para el mercado internacional que estén centradas en aspectos relacionados con hechos y personajes históricos de los países nórdicos. A pesar de la globalización de los mercados audiovisuales, la intención de la compañía es la de rodar estas películas en inglés para una mejor introducción en el panorama internacional. Y el primer reflejo salido de esta estrategia es la película Hilma (Lasse Hallström, 2022), que se estrenó en salas de cine en Suecia el pasado 19 de octubre pero en noviembre ya estará disponible en la plataforma Viaplay, mientras que su carrera en el mercado internacional comenzará con el estreno el 28 de octubre en Gran Bretaña. La última película del director sueco que alterna su trabajo en Hollywood con las producciones en su país es un biopic de la artista Hilma af Klint (1862, Suecia), quien desarrolló una trayectoria como pintora en pleno apogeo del realismo y está considerada como una precursora del arte abstracto, ya que buena parte de sus obras son anteriores a las de Wassily Kandinsky, considerado el padre de este género artístico. Pero Hilma af Klint fue una incomprendida en su época, y su frustración la llevó a estipular en su testamento que su obra debía mantenerse en secreto hasta al menos 20 años después de su muerte. La reivindicación de Klint como una artista pionera se produjo a partir de la primera exposición de su obra en 1986, y posteriormente con la gran exposición organizada por el Museo Guggenheim de Nueva York en 2019, el mismo año que se estrenó el documental Beyond the visible - Hilma af Klint (Halina Dyrschka, 2019), un reflejo mucho más profundo del personaje. 

Lasse Halström (1946, Suecia), nominado al Oscar por Mi vida como un perro (1985) y Las normas de la casa de la sidra (1999), elabora un biopic que huye de la tradicional narración cronológica para centrarse en la juventud de la artista, a la que da vida Tora Hallström, la hija del director, mientras que Lena Olin la interpreta en su madurez, aunque esta última aparece solo en la media hora final. Con una puesta en escena elegante, la película muestra los primeros pasos de Hilma como estudiante, cuando en la Escuela de Arte de Estocolmo la entrada principal estaba reservada a los hombres, mientras que las alumnas tenían que entrar por otra puerta. E introduce los primeros destellos de rebeldía de la pintora cuando en el aula se utiliza a modelos masculinos con sus partes íntimas tapadas, mientras que Hilma pinta a un hombre desnudo, lo que provoca la reprimenda del profesor: "Solo pinte lo que vea", le dice. Una frase que marcaba la filosofía del estilo naturalista de la época. El arte de Hilma af Kant va más allá, sin embargo, en el sentido literal de la palabra. La conexión de sus obras con el esoterismo a través de un grupo de mujeres que formaron el colectivo llamado "Las cinco" es uno de los aspectos que más se destacan en la película. Las primeras secuencias durante la infancia de la artista se muestran con un aspecto de ensueño, subrayado por la etérea música de Jon Ekstrand, y a lo largo del desarrollo de la historia Lasse Hallström recurre a planos cenitales y encuadres insólitos que tratan de reflejar la particular visión de la artista respecto a la representación de sus experiencias esotéricas. Pero, a pesar de estos recursos que tratan de adoptar un punto de vista cercano al personaje, el retrato que ofrece el director sigue siendo tradicional. 

La conexión de Hilma con los espíritus proviene de una experiencia traumática tras la muerte de su hermana menor en 1880 que es mostrada al comienzo de la película. Pero el director se detiene menos en la propia vivencia esotérica de la artista y más en su relación amorosa con la también pintora Anna Cassel (Catherine Chalk), que formaba parte del colectivo "Las cinco". Es más interesante la perspectiva visual en las calles de Estocolmo, que adoptan un tono pictórico extraño pero sugerente. Tora Hallström, que anteriormente había trabajado con su padre en Siempre a tu lado (2009) y Un lugar donde refugiarse (2013), hace un destacado esfuerzo a la hora de reflejar la compleja personalidad de su personaje, como cuando se encuentra por casualidad con una exposición de Kandinsky, alabado por los visitantes como precursor de un nuevo estilo pictórico, mientras las obras geométricas de ella son ninguneadas como fantasías. Lasse Hallström ofrece numerosos ejemplos de la opresión que sufrió Hilma en un mundo de hombres, reflejado poderosamente cuando ella tiene que abrirse paso a empujones para poder ver el cadáver de su padre, o a través de la influencia que tuvo en su frustración artística los comentarios negativos que recibió del filósofo austríaco Rudolf Steiner (Tom Wlaschiha), a quien ella admiraba. La película Hilma se ve perjudicada por su propia pretensión de difusión internacional, un poco a la manera de los denominados europuddings, aquellas producciones que trataban de encontrar el interés exterior a través de amalgamas de multiculturalidad que acababan siendo impersonales. En un momento en el que estamos habituados a ver series y películas en todos los idiomas, resulta algo extraño asistir a una historia que se desarrolla en Suecia con los personajes hablando en inglés. Pero hay algunos momentos destacados, como la última parte dedicada a una Hilma madura, de la que Lena Olin extrae casi sin esfuerzo la dolorosa fragilidad de una mujer que sigue tratando de encontrar un espacio para sus ideas, abandonada a la soledad y el desamparo, y en cierta manera también aquejada por los efectos psicológicos de su lucha constante. Pero es particularmente hermosa la reivindicación del personaje cuando el director le da la oportunidad, como si se tratara de su propio espíritu, de asistir a la celebración de su arte en la exposición de 2019 en el Guggenheim de Nueva York. 

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La delgada línea azul (Filmin, 2021-) se convirtió con su primera temporada en una de las series más populares en Suecia, gracias a un acercamiento más humano del habitual hacia los miembros de un cuerpo de policía en la ciudad de Malmö, que reflexiona sobre las implicaciones personales de cada uno de los protagonistas, y en cierta manera recoge el testigo de series clásicas como Canción triste de Hill Street (Fox, 1981-1987), incluida la estructura de 24 horas en cada episodio y el comienzo con la asignación de tareas. La segunda temporada viene a reforzar las virtudes y las flaquezas de la anterior, y tras su estreno el pasado 18 de septiembre en SVT, la televisión pública sueca, sus emisiones semanales la han convertido en una de las más seguidas hasta el impactante final de temporada a principios de noviembre, que cierra un círculo adecuadamente urdido por la creadora y guionista principal Cilla Jackert (1968, Suecia), que también ha participado en la exitosa The restaurant (Filmin, 2017-), la serie más cara de la televisión sueca, y su spin off The restaurant 1951 (Filmin, 2020). Los personajes principales de la historia regresan a la comisaría de Malmö que se enfrenta a una ciudad en constante estado de conflicto, en la que parece que solo la acción de las fuerzas de seguridad puede mantener un cierto equilibrio. Pero por otro lado los propios policías que deben establecer este cordón de seguridad sufren en sus vidas personales las consecuencias del trauma y la inseguridad. Sara (Amanda Jansson) a través de su fe ultracatólica y su relación con Magnus (Oscar Töringe) que ahora se desequilibra porque ella ha comenzado una nueva relación con Khalid (Mustafa Al-Mashhadani), lo que indica la simetría de los opuestos que es una constante en la serie. Khalid es musulmán y ofrece a través de las redes sociales un perfil de la policía más tolerante de lo habitual, se trata de una especie de influencer que adquiere una especial importancia a lo largo de la temporada. 

La delgada línea azul

Temporada 2 | SVT | ★★ 

Creada por Cilla Jackert | Escrita por Cilla Jackert, Malin Marmgren, Daniel Karlsson, Babiker Malik

Dirigida por Anders Hazelius, Mikael Hansson, Maria Eriksson-Hecht, Sanna Lenken

Otro de los nuevos personajes es Fanny (Malou Marnfeldt), una joven policía que acaba de incorporarse al cuerpo y que se siente atraída por Jesse (Per Larsson), el jefe de policía, pero cuya diferencia de edad él ve como un impedimento para establecer una posible relación. De nuevo el contraste entre opuestos es el que de alguna manera ejerce una presión entre las relaciones personales. Quizás esta tendencia al drama de relaciones entre los miembros de la policía ofrece una tendencia hacia el culebrón que a veces perjudica a los elementos más interesantes de la serie. El hecho de que la segunda temporada transcurra en una comisaría que se encuentra en plena reforma, con obras y ruido por todas partes, establece un proceso de reconstrucción que funciona como metáfora de algunos de los personajes, como Leah (Gizem Erdogan), que duda constantemente de su trabajo como policía. En los primeros episodios se desarrolla una historia en torno a un edificio abandonado que está ocupado por refugiados y que, tras un acontecimiento dramático, se convertirá en la trama horizontal de la temporada, afectando de diferente forma a los protagonistas. Una de las ideas más interesantes de la serie es la representación de los mensajes que se publican en las redes sociales, muchos de ellos sacados de comentarios reales sobre la policía sueca, que refleja la presión a la que los cuerpos de seguridad se ven sometidos con un constante juicio social, como cuando una fotografía tomada de Fanny durante una manifestación se convierte en un constante hilo de comentarios negativos y amenazas contra ella. 

La delgada línea azul funciona especialmente bien en este terreno, a pie de calle, aunque también se la ha criticado que es demasiado condescendiente con la policía, que evita a veces adentrarse en los aspectos más controvertidos. Pero en esta segunda temporada hay algunas reflexiones interesantes, como cuando en el episodio 5 los miembros del cuerpo asisten a unas sesiones de grupo en la que hablan sobre el racismo policial, y la discusión deriva hacia el propio racismo que existe por parte de algunos policías hacia otros compañeros de minorías raciales. En este sentido, la serie es un reflejo inteligente sobre la sociedad sueca, que en las últimas elecciones generales celebradas el pasado 11 de septiembre ofreció una perspectiva completamente fragmentada que ha llevado al poder a un gobierno tripartito de la derecha. Y que también está impregnada de esas contradicciones que la serie muestra de forma clara: la generación de Greta Thunberg, los votantes entre 18 y 21 años, es la que más ha apoyado a los partidos de la derecha, mostrando una quiebra muy representativa de una generación que prefiere partidos antiinmigración y surgidos de la ultraderecha como Demócratas de Suecia (SD), que ha conseguido un resultado espectacular. La temporada termina de una forma impactante con un episodio en el que regresa Sanna Lenken como directora, que había ejercido como realizadora principal en la primera temporada y que este año presentó en el Festival de Berlín su interesante película Mi pequeña reina (Sanna Lenken, 2022), y abre la posibilidad de una tercera temporada que Cilla Jackert está desarrollando pero que SVT no ha confirmado. 

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DINAMARCA

Hay un creciente interés en la vida de la escritora Karen Blixen (1885-1962, Dinamarca) que se plasma en varios proyectos audiovisuales, como la reciente película El pacto (Bille August, 2021), basada en las memorias del escritor Thorkild Bjørnvig, sobre su tóxica relación en los últimos años de su vida. Las historias escritas por la autora han sido llevadas a la pantalla en varias ocasiones con gran éxito, como Una historia inmortal (Orson Welles, 1968), El festín de Babette (Gabriel Axel, 1987) y, sobre todo, la crónica de su estancia en el continente africano en Memorias de África (Sidney Pollack, 1985), y próximamente se estrenará Ehrengard (Bille August, 2023) basada en el libro publicado en 1963. La actriz Connie Nielsen (1965, Dinamarca) es una de las impulsoras de una nueva adaptación, Drømmeren - Karen Blixen blir til (Viaplay, 2022) que, aunque no está basada en su obra extrae fragmentos de uno de los cuentos que formaban parte de su primer libro, Seven Gothic Tales (1934), que firmó con el seudónimo Isak Dinesen que utilizaría el resto de de su carrera. El proyecto, que parte de una idea de Connie Nielsen y Karoline Leth, supone el regreso de la actriz afincada en San Francisco a su país y su idioma natales, ya que afortunadamente no incurre en la internacionalización a través de los diálogos en inglés, y ofrece el retrato del nacimiento de Karen Blixen como autora literaria después de que regresara a Dinamarca tras acabar arruinada y perder su granja en África. 

The dreamer - Becoming Karen Blixen

Miniserie | Viaplay | ★★★★ 

Creada por Connie Nielsen, Karoline Leth | Escrita por Dunja Gry Jensen, Per Daumiller

Dirigida por Jeanette Nordahl

La escritora es acogida en la gran mansión de su familia, y comienza a escribir el que sería su primer libro, no sin dificultades para editarlo tanto en su país como en Inglaterra. Siete cuentos góticos finalmente conseguiría publicarse en Estados Unidos, donde cosechó un éxito notable que la convirtió en una autora reconocida. Pero la serie, desarrollada por Dunja Gry Jensen, guionista de The good traitor (El embajador Kauffman) (Christina Rosendahl, 2020), y dirigida por Jeanette Nordahl, directora de Wildland (2020), es un espléndido retrato de una mujer con notables contradicciones y una relación complicada con su familia debido a una personalidad perfeccionista y una soledad constante, empeorada por las consecuencias de la ingesta de arsénico desde su estancia en África. Un tratamiento que funcionó como remedio de la sífilis que había contraído, pero al mismo tiempo estaba degradando sus órganos internos. En algunas entrevistas, Connie Nielsen ha mostrado su rechazo al retrato que algunos autores han dado de Karen Blixen en algunas libros: "Es una broma que Thorkild Bjørnvig y otros hayan exhibido a Karen Blixen después de su muerte", afirma. "Las relaciones con hombres jóvenes fueron tóxicas porque ella era mujer. Y algunos escribieron sobre ella después de muerta porque ya no podía defenderse. Eso me parece cobarde." (Ekko Filmagasinet, 17/9/2022)

Aunque físicamente Connie Nielsen no guarda demasiado parecido físico con Karen Blixen, incluso tuvo que someterse a una estricta dieta para perder peso, después de su participación en la película Wonder Woman 1984 (Patty Jenkins, 2020), la actriz consigue ofrecer una interpretación notable de un personaje que se muestra con sus debilidades y una compleja personalidad, casi siempre centrada en ser reconocida como escritora frente a la incredulidad de su propia familia, empeñada en conseguir su objetivo de publicar aunque tuviera que utilizar algunas amistades personales de su tía Bess (Solbjørg Højfeldt), o las influencias de su cuñado Knud (Lars Mikkelsen). El Episodio 4 está dedicado casi exclusivamente a los problemas que encontró la autora en la traducción al danés de su libro escrito en inglés Seven Gothic Tales, lo que la llevó a reescribirlo ella misma desde el principio. Pero sobre todo la serie acierta en su retrato de una mujer que se reveló contra los convencionalismos de su época, y que insistió en impulsar su carrera a toda costa, aunque desde el punto de vista personal estuviera marcada por sus fracasos sentimentales y una soledad que solo se apaciguaba a través de la relación con su madre Ingeborg (Hanne Uldal). Con una espléndida puesta en escena en forma de un clásico drama histórico, la serie explora también la psicología de Karen Blixen a través de fragmentos oníricos de su cuento The dreamer, una fantasía sobre una mujer misteriosa que seduce a tres hombres, representados por las tres figuras masculinas que se establecen como fundamentales en la vida de la escritora: su exmarido Bror Blixen (Johannes Kuhnke), su gran amor Denys Finch Hatton (Lochlann O'Mearáin) y su hermano Tommy (Joachim Fjelstrup). Pero las figuras masculinas, excepto la de su hermano, no tienen una representación especialmente positiva en la serie, envueltas en una especie de misoginia crónica pero al mismo tiempo necesarias para conseguir introducirse en el mundo literario. The Dreamer - becoming Karen Blixen es una producción notable que puede ser discutible en algunos aspectos de su representación de la autora danesa, pero que se beneficia de una profundidad y una excelente puesta en escena. 

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NORUEGA

En la pasada edición de Canneseries 2022, la producción noruega Afterglow (NRK, 2022-) obtuvo el Premio de Estudiantes como Mejor Serie, posiblemente seducidos por el grado de optimismo que desprenden los primeros episodios. La historia comienza el día del 40 cumpleaños de Ester (Nina Ellen Ødegård), una mujer alegre que convive con su pareja Arild (Torbjørn Harr) y sus tres hijos. Pero es también el día en el que le comunican por teléfono (los doctores noruegos tienen la mala costumbre de comunicarlo todo a través del teléfono, incluso las peores noticias) que se le ha descubierto un cáncer de ovario y tendrá que someterse a un tratamiento de quimioterapia. El primer episodio, Nå skal du danse! (¡Ahora vas a bailar!) (T1E1) muestra de forma espléndida cómo un día alegre se puede desmoronar en cuestión de segundos. Pero Ester quiere al menos celebrar su fiesta de cumpleaños con sus amigos y sus hijos, y posponer la noticia. Si alguien puede representar el dicho de "A mal tiempo buena cara" esa es Ester, una mujer optimista interpretada de forma muy natural por la actriz Nina Ellen Ødegård, que prácticamente debuta como protagonista y que es tan vital que nos hace preguntarnos si ella es igual que su personaje. La historia está basada en la experiencia real de uno de los creadores de la serie, Atle Knudsen, quien junto al otro creador, Kjetil Indregard, fueron los responsables del cuento de Navidad que la televisión pública noruega estrenó el pasado año, Kristiania magiske tivolitheater (NRK, 2021). Atle Knudsen, que también es el director de todos los episodios, refleja en el guión cómo afectó el diagnóstico de cáncer de su esposa a su entorno, no solo al familiar sino también a su propio círculo de amigos.  

Afterglow

Temporada 1 | NRK | ★★ 

Creada por Atle Knudsen, Kjetil Indregard | Dirigida por Atle Knudsen


De la misma forma que en la película Hope (Maria Sødahl, 2019) la directora convertía en una historia de ficción su propia experiencia cuando le diagnosticaron un cáncer incurable, aunque en un sentido mucho más dramático, Afterglow explora las consecuencias de una situación que supera al entorno de la protagonista. Mientras ella trata de ofrecer una cara amable, el matrimonio formado por Jørund (Per Kjerstad) y Charlotte (Sara Khorami) profundiza la incomunicación cuando él empieza a sufrir un ataque de hipocondría, sometiéndose a todo tipo de análisis médicos, y ella exterioriza la sensación de tener una vida aburrida y frustrada. También Finn (Hermann Sabado), el amigo de la infancia de Ester, necesita enfrentarse a las razones por las que le resulta imposible comprometerse de forma seria en una relación, algo que tiene que ver con el amor que nunca ha confesado. La serie funciona bien sobre todo en los primeros episodios, durante los días previos a las sesiones de quimioterapia, como si Ester quisiera detener el tiempo, como en la serie española Las de la última fila (Netflix, 2022). Pero en vez de lanzarse a un viaje sin rumbo, ella prefiere compartir una noche loca con sus mejores amigos, en el divertido En magisk kveld (Una noche mágica) (T1E2) en la que acaban saliendo con una pareja de turistas japoneses a los que no entienden una sola palabra. 

El problema de la serie es que, conforme se desarrolla, en realidad se va revelando más como un drama convencional sobre parejas maduras que reflexionan sobre el sentido de sus vidas. Y, especialmente en el caso del círculo de amigos, acaba resultando un retrato estereotipado e inverosímil, con demasiada tendencia al drama del que precisamente consigue huir en el personaje que se enfrenta al mayor problema vital. Es interesante el planteamiento sobre el tsunami emocional que se produce también en el círculo de una persona que tiene un diagnóstico de cáncer, pero en el caso de Afterglow lo que se refleja de forma acertada en los primeros episodios va derivando hacia un culebrón sobre infidelidades, amores secretos y frustraciones de pareja. De forma que el propio periplo de la protagonista durante las sesiones de quimioterapia acaba quedando en un segundo plano. Hay también un discurso convencional sobre el matrimonio, una conservadora visión de las parejas como soporte vital de las relaciones personales, que está muy en la línea de la sociedad noruega, pero que resulta superficial y demasiado tradicional, como si los personajes solo tuvieran como objetivo tener pareja. La serie brilla en los primeros episodios, es divertida y optimista, habla sobre aprovechar la vida incluso aunque ésta no sea una gran aventura, pero deriva hacia un melodrama de parejas que resulta poco convincente. 
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Desde que publicara El murciélago (1997, Ed. Debolsillo), la primera de las novelas protagonizadas por el policía Harry Hole, el escritor Jo Nesbø (1960, Noruega) se ha convertido en uno de los autores más destacados del nordic noir, aunque las adaptaciones al cine de sus libros no han tenido demasiada fortuna. Una de las que mayor éxito consiguió fue la película Headhunters (Morten Tyldum, 2011), basada en su novela Headhunters (2008, Ed. Debolsillo), que protagonizaron Aksel Hennie y Nikolaj Coster-Waldau, este último el mismo año que se incorporó a la serie Juego de tronos (HBO, 2011-2019). Durante mucho tiempo, el director Morten Tyldum (1967, Noruega) barajó la posibilidad de regresar al personaje protagonista con una nueva adaptación en formato de serie o película para Hollywood, e incluso se anunció que HBO estaba trabajando en su desarrollo, pero el proyecto fue cancelado. En cierta manera Hodejegerne - Den første lønen (Headhunters - La primera mentira) (TV 2, 2022) toma esta idea para reinterpretar al personaje. Porque la serie de seis episodios que se ha estrenado en septiembre se presenta, no como una adaptación del libro, sino del personaje y el universo creado por Jo Nesbø, tomando solo algunos elementos de la trama original para construir una historia que tiene lugar en 2002, años antes de la que se contaba en la novela, pero que básicamente utiliza la misma trama principal. En este caso, el joven cazatalentos Roger Brown (Axel Bøyum), responsable de seleccionar a perfiles adecuados para puestos de alta responsabilidad, es presionado con violencia por la misteriosa Kelly (Dominique Tipper), enviada desde Gran Bretaña para conseguir que elija a Sander Fjellheim (Mats Eldøen) como director de una empresa estratégica. 

Hodejegerne - Den første løgnen

Temporada 1 | C More | ★★ 

Creada por Rolf-Magne Andersen, Geir Henning Hopland 

Dirigida por Geir Henning Hopland


La serie retoma algunos personajes de la trama original como Ove Kjikerud (Mikel Bratt Silset), amigo y cómplice de Roger en su primer robo de un cuadro, una actividad que le proporciona las necesidades económicas que le permiten tener un alto nivel de vida. Y consigue en este caso hacer más complejo al personaje respecto a la adaptación cinematográfica, lo que no se puede decir de Diana (Ingrid Giæver), la novia del protagonista, que adopta aquí una personalidad más juvenil pero menos intrigante que el personaje al que interpretó la espléndida actriz sueca Synnøve Macody Lund en la película de Morten Tyldum. Hodejegerne ha sido desarrollada por Rolf-Magne Andersen y Geir Henning Hopland, los responsables de la exitosa serie policial Magnus (Viaplay, 2019-) y, aunque no tiene el nivel de humor absurdo de aquella, también juega con la comedia negra como elemento principal, lo que perjudica a la sensación de peligro que amenaza al protagonista. Para los que recuerden la película Headhunters, que se tomaba también notables licencias con respecto a la novela, la persecución que sufre Roger Brown se convierte en una trepidante y violenta montaña rusa. Pero en la serie no se transmite esa misma amenaza, en parte debido a la construcción de unos villanos planos y demasiado torpes como para provocar inquietud, sin sacar partido a un personaje que podría haber sido más interesante como la asesina a sueldo Kelly. En cierta manera, el tono de las intervenciones de sus dos hermanos recuerda al sentido del humor de la serie noruega Lilyhammer (Netflix, 2012-2014), algunos de cuyos episodios también dirigió Geir Henning Hopland, pero en este caso no encaja con la misma efectividad. La serie tiene algunos aciertos, como la composición del personaje principal que realiza Axel Bøyum, al que hemos visto en series como Home Ground (Filmin, 2018-2019) y Delete me (Viaplay, 2021-), aportando menos seriedad que Aksel Hennie en la película, y desarrollando con habilidad la falta de control progresiva que sufre el personaje. Pero esta reinterpretación de la historia creada por Jo Nesbø fracasa en su intento de equilibrar el humor negro con una trama violenta y oscura, a pesar de ser una de las apuestas más ambiciosas de esta temporada, producida por la división noruega de Yellowbird, la exitosa productora sueca responsable de las adaptaciones de las novelas de Stieg Larsson, que acaba de estrenar la serie The playlist (Netflix, 2022).
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Los créditos iniciales de la serie Nede (Abajo) (Viaplay, 2022) muestran algunos aspectos mundanos que suelen evitarse pero que forman parte de los comportamientos humanos: olores desagradables, picor en la entrepierna, una bolsa de orina... Son características que se consideran poco adecuadas para exhibirlas en público, pero que forman parte de nosotros. Cuando la protagonista Fanny (Maria Austgulen) queda paralizada de cintura para abajo debido a un accidente en el que ha muerto su mejor amigo, su perspectiva cambia no solo desde el punto de vista físico sino también psicológico. Ella se encuentra en una silla de ruedas y ahora mira el mundo desde abajo, tiene siempre a la altura de sus ojos la entrepierna o el culo de sus interlocutores, algo que se representa explícitamente cuando desde su ventana ve al vecino de enfrente (Ola G. Furuseth) desnudo todas las mañanas. Este cambio de punto de vista supone también un cambio en su forma de enfrentarse a la sociedad, de hablar con sus amigos o de establecer la relación que en algún momento se ha roto entre ella y su hermana Fam (Mari Hauge Einbu), recién separada de su marido, y con la que tiene que vivir mientras consigue que en su edificio coloquen una plataforma para minusválidos. 

Nede

Temporada 1 | Viaplay | ★★ 

Creada por Tina Rygh | Dirigida por Siri Seljeseth


Como en las imágenes de los créditos, con una acertada elección del tema "Unathi" que la banda de soul norteamericana El Michels Affair incluyó en su espléndido album de estilo pop con sonoridades turcas Yeti Season (2021, Big Crown records), el personaje de Fanny no tiene por qué ser siempre simpático para el espectador, aunque su circunstancia personal pueda invitar a empatizar con ella. Fanny toma decisiones poco acertadas y a lo largo de la serie hay un trasfondo de sentimiento de culpabilidad que deja en suspenso hasta qué punto ella se siente responsable de la muerte de su amigo Kurt (Amell Basic). De hecho, cuando le promete a su hermana que no le mencionará a su ex-marido Marius (André Sørum) que Fam ha tenido un affair con el vecino mientras estaban separados, sabemos que inevitablemente acabará contándolo. Pero la creadora y guionista Tina Rygh sabe cómo manejar el humor negro en torno a algunos tabúes como las relaciones sexuales de una persona minusválida, el duelo por la muerte de un amigo cercano o las normas sociales en torno a la amistad. En este sentido, hay un tono y un sentido de la comedia negra que acerca a esta serie a la conocida Young and promising (Filmin, 2015-2018). De hecho, una de las protagonistas y directora de aquella comedia dramática sobre la amistad, Siri Seljeseth, es la directora de todos los episodios de Nede

Acertadamente irónica y profundamente mordaz, esta propuesta consigue algunos momentos tan brillantes como incómodos para los personajes. Cuando en el episodio Toot Beirut (T1E2) su amiga Jill (Isabel Bråthen) organiza un encuentro en una cafetería con la conductora que atropelló a Fanny y su amigo, le pide que disimule su minusvalía: "En realidad, no le he dicho que estás inválida. Le dije que solo te rompiste un brazo. Se siente tan mal por haber matado a Kurt que no quería echar sal en la herida". Es una de esas situaciones incómodamente divertidas que la serie maneja con especial acierto, sobre todo gracias a un trío de actrices que adopta con comodidad el carácter de sus personajes: Mari Hauge Einbu consigue transmitir la fragilidad disimulada de Fam, Isabel Bråthen aporta el optimismo de la única amiga que no abandona a Fanny porque ya no es tan divertido salir con una minusválida, y sobre todo Maria Austgulen, que proviene del teatro independiente y realiza su primer papel protagonista, consigue moldear un personaje difícil con las complejidades que provoca su estado, especialmente porque la cámara se coloca muchas veces a la altura de su forma de mirar a los demás desde abajo. 


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Películas y series mencionadas: 

Las normas de la casa de la sidra, Mi pequeña reina y El pacto se pueden ver en Movistar+.
Siempre a tu lado (Hachiko) se puede ver en Filmin, FlixOlé, Movistar+, Prime Video y Pluto TV.
The restaurant, The restaurant 1951 y Una historia inmortal se pueden ver en Filmin. 
El festín de Babette se puede ver en acontra+ y Filmin.
Memorias de África se puede ver en Filmin y Movistar+.
The good traitor (El embajador Kauffmann) se puede ver en Filmin y Prime Video. 
Wonder Woman 1984 se puede ver en HBO Max.