31 julio, 2026

Fantasia '26 - Parte 7: La mirada distorsionada

Aproximándonos al final de esta edición de Fantasia Festival, que aborda su último fin de semana con estrenos destacados, y también al final de nuestras crónicas en las que vamos a ofrecer en total más de 50 críticas de películas de su programación, en nuestra séptima mirada antes de las dos últimas que publicaremos, nos acercamos a realidades distorsionadas y a mundos personales creados por sus autores, desde la película de inauguración que allá por el 16 de julio dio comienzo a Fantasia Festival, hasta propuestas de narrativas desafiantes que hablan de digresiones de la normalidad que viven sus personajes. 

Su propio infierno

Nicolas Winding Refn

Estados Unidos, Dinamarca 2026 | 110' | Inauguración | ★★

Cannes '26: Sección Oficial

El regreso al cine del director Nicolas Winding Refn (1970, Dinamarca) después de dirigir The Neon Demon (2016) no ha podido ser más controvertido, recibiendo una acogida más que tibia en el Festival de Cannes. Atrapado en sus propias obsesiones, su última propuesta adopta el título del thriller pulp Her private hell (Norman J. Warren, 1968), sobre una joven modelo italiana que es manipulada por una extraña agencia en Londres, para crear uno de esos reflejos de la cosificación que es crítico y partícipe al mismo tiempo, envuelto en un mundo de estilizados decorados y coloristas contrastes de luces de neón. Resulta evidente que el cine del director danés se ha ido haciendo cada vez más críptico, poco interesado en ofrecer una narrativa tradicional, más bien en crear una atmósfera de ensoñación a través de una mirada esteticista, si se quiere incluso publicitaria. En una entrevista concedida antes de la presentación en el Festival de Cannes, afirmaba que "los ojos de Sophie Thatcher y los abdominales de Charles Melton son la base de esta película" (Interview, 17/5/2026), lo que parece una declaración provocadora en todos los sentidos, una reinvención de la exhibición explotadora de los cuerpos que ha estado presente en el cine a lo largo de los años, lo cual de nuevo nos lleva a la película de Norman J. Warren. Su propio infierno (Nicolas Winding Refn, 2026) se desarrolla en una metrópolis futurista que podría ser una neo-Tokio, envuelta en una densa niebla: "No es la niebla lo que te debe preocupar, sino lo que la niebla trae consigo". El cine está representado por el personaje de Elle (Sophie Thatcher), una estrella hija del empresario cinematográfico Johnny Thunders (Dougray Scott), que coincide con una aspirante a estrella, Hunter (Kristine Froseth), mientras lidia con una relación complicada con su ex-amante y madrastra Dominique (Havana Rose Liu), quien además tiene una aventura con el dueño de un club, Nico (Diego Calva). En este espacio de neones y alfombras de hotel de lujo, hay sin embargo dos figuras masculinas amenazadoras que surgen desde la invisibilidad de la niebla: un asesino en serie al que se le conoce con el sobrenombre de Leatherman (Jason Hendil-Forssell), que solo mata a jóvenes indefensas, y el soldado K (Charles Melton), un padre que lleva años buscando a su hija, absorbida por la atracción de este mundo de lujo y belleza. A partir de estos elementos narrativos, la película construye un sueño o pesadilla, depende de cómo se mire, que se envuelve en una puesta en escena estética y pretenciosa, pero que conecta de una forma más personal que en otras ocasiones con la propia experiencia vital de Nicolas Winding Refn, quien relataba en Cannes que la idea surgió después de que en una operación estuviera clínicamente muerto durante veinticinco minutos. Pero al mismo tiempo recogiendo las miradas habituales a sus grandes referentes, una mezcla entre el cine de Mario Bava, Roger Vadim, Dario Argento, Seijun Suzuki y David Lynch. La elección del compositor Pino Donaggio (1941, Italia), un referente del giallo italiano, para crear la atmósfera musical de una película en la que los diálogos se sienten más superfluos e innecesarios que en otras de su director, es un reflejo de esta estilización. El músico está viviendo un regreso al panorama internacional, con el premio a la Mejor Banda Sonora en Fantasia Festival por su trabajo en Ferine (Andrea Corsini, 2025), pero en este caso construye unas composiciones casi operísticas, con una mezcla de romanticismo y oscuridad que le devuelve a sus colaboraciones con Brian DePalma, y que en muchas ocasiones eleva las imágenes por encima de su esteticismo. 

El director ha explicado que la música estaba concebida a la manera de una ópera y que, como en ésta, primero se compone la partitura y después se escribe el libreto, por lo que quiso que sus imágenes se adaptaran a la música que compusiera Pino Donaggio, en vez de al contrario, como suele suceder en el cine. Esto convierte a Su propio infierno en una experiencia musical y cinematográfica, en la que las composiciones subrayan la belleza pero también introducen el lado más oscuro de los dos mundos que se entrelazan. La banda sonora también incluye composiciones de Nicolas Winding (1984, Dinamarca), hijo de la actriz Brigitte Nielsen y sobrino de NWR. La muerte del DJ francés Kavinsky, cuyo tema "Nightfall" se convirtió en el reflejo musical de Drive (Nicolas Winding Refn, 2011), es un triste recordatorio de la relevancia de las bandas sonoras en las películas del director. La historia puede ser difícil de descifrar en el sentido más narrativo, pero las ideas que se desarrollan son claras: hay una reflexión sobre las relaciones paterno-filiales (el propio NWR ha hablado de cómo su relación con su hija estuvo distanciada durante mucho tiempo), en un paralelismo entre los dos vértices de la estructura narrativa: Elle es una joven que precisamente mantiene una cierta distancia con su padre, sobre todo después de que convirtiera en su pareja a Dominique, con la que ella había tenido una relación anterior (la decisión de convertir a las mejores amigas Elle y Dominique en ex-amantes surgió en mitad del rodaje); mientras que en la trama del soldado K, éste busca desesperadamente a su hija, aunque para ello tenga que bajar a la oscuridad del inframundo, donde tiene enfrentamientos con violentos yakuza. Encerrados en dos mundos inexistentes y artificiales, Elle y K tienen en común un viaje de pesadilla que está unido por la figura de Leatherman, el único nexo en común de ambas historias, la amenaza que se cierne igualmente sobre ella que sobre la hija del padre soldado, lo que provoca que ambas se sientan enlazadas de una manera algo inconexa. La trama protagonizada por Charles Melton adquiere una tonalidad de film noir y se desarrolla entre estilizadas escenas de acción, mientras que la de Elle funciona como una representación de la condición devoradora de la industria del cine. Mientras ella es una estrella cansada de tener que ceder a las exigencias de la industria, la aspirante Hunter es una joven con actitud exageradamente optimista, que sueña con formar parte de ese mundo, aunque tenga que sufrir la degradación y el abuso. Pero la figura de Johnny Thunders como un hombre que seduce y probablemente se aprovecha de chicas jóvenes es incluso más intrigante que la de Leatherman, una figura entre fantasmal y real que refleja el abuso (solo cortándole las manos es posible destruirle). Las referencias a los cuentos de Hans Christian Andersen y especialmente a la historia de maltrato infantil y abuso que es La pequeña cerillera (1845, Ed. Edelvives) es significativa. En Su propio infierno, NWR crea su propio cuento, oscuro y al mismo tiempo seductor, que habla sobre la muerte rompiendo las reglas de las estructuras narrativas convencionales, en la que quizás sea la exploración más profunda que ha desarrollado el director respecto a la familia y la mortalidad.

Sour minnows

Harrison Atkins

Estados Unidos 2026 | 83' | Cheval Noir | ★★


Igualmente indescifrable puede ser la segunda película de Harrison Atkins (1990, Nuevo México), un cineasta que sorprendió con su debut Lace Crater (2015), la historia de una joven que se relaciona con una extraña presencia en una casa de huéspedes, que fue seleccionada en el Festival de Sitges. Convirtiendo a la ciudad de Los Angeles, en la que vive el propio director, en un trasfondo esencial para su nueva propuesta, Sour minnows (Harrison Atkins, 2026) habla de realidades distorsionadas en una comunidad cinéfila que se ve absorbida precisamente por esa atmósfera de tradición cinematográfica comercial y orientada al consumo que supone la ciudad en la que se desarrolla la historia. David Brown, al que recordamos como uno de los miembros del jurado de la serie Jury duty (Prime Video, 2023-2026), interpreta en esta película a Ricky, un joven cinéfilo que vive en un apartamento compartido con su amigo Tepper (Chase Williamson). Pero un día, de regreso a su casa, contemplan una imagen extraña e inquietante, la de seis hombres tumbados en el suelo en una calle vacía y lamiendo el pavimento con verdadero placer. La escena es tan absurda como perturbadora, y acabará cambiando la percepción que tiene Ricky de su propia vida. Explorando las posibilidades de una narrativa que no está estructurada de una manera tradicional, envolviendo a los personajes en una atmósfera de caos y de incomprensión, la película de Harrison Atkins no pretende ofrecer explicaciones, sino introducir al espectador en la realidad distorsionada que vive el protagonista. De esta forma, la experiencia de Ricky se convierte en un extraño bucle en el que tiene lagunas de memoria, se siente repitiendo acciones que piensa que ya ha ejecutado anteriormente, y se siente perseguido por una misteriosa y etérea entidad amarilla que parece a veces adoptar forma humana. Esto también provoca situaciones humorísticas, como cuando los dos amigos discuten en su apartamento sobre una película que, según Tepper, acaban de ver, mientras que Ricky no tiene conciencia de que la hayan visto nunca. Lo que establece un diálogo un poco absurdo pero al mismo tiempo muy divertido que refleja el estado de extrañeza en la que se encuentran los personajes. Entre ellos también está Aura (Suzanna Son), una joven asimismo aficionada al cine que tiene una relación particular con Ricky, quien la utiliza para tratar de encontrar respuestas a su situación. La manera en que el protagonista parece sentirse más cómodo viendo la realidad a través del cine que de la propia realidad explica algunas de sus acciones, mientras se debate entre la sensación de experimentar una inseguridad vital que le invade desde la extraña visión de los hombres, y el pensamiento de que en realidad lo que ocurre es que ahora está tomando consciencia de esa inestabilidad en la que ya estaba viviendo. 

Harrison Atkins cita las estructuras laberínticas del cine del director chileno Raúl Ruiz como una de sus influencias, y precisamente al elegir un camino que se encuentra entre el concepto poético y un enfoque de acciones repetitivas, proporciona una historia que se envuelve en sí misma, en la que el personaje de Ricky llega a ser protagonista de la misma escena desde dos perspectivas diferentes: aquel que se siente observado y el observador. Pero, al mismo tiempo, al describir a sus personajes de una forma tan realista como lo hace, la envoltura de la desorientación que perciben resulta más evidente y provoca una mayor inquietud. Ricky es un joven normal, no especialmente extrovertido, que se refugia en el cine para evitar algunas responsabilidades de su vida, pero que debe asumir la extrañeza en la que se encuentra envuelto. El carácter experimental de la película, sin llegar a ser tan críptico como otras historias que hemos visto en la edición de Fantasia Festival de este año, permite que la textura y la ambigüedad funcionen como contrapuntos al cine más comercial. La experiencia de Harrison Atkins como montador que alterna películas independientes con propuestas más convencionales del director John Patton Ford como Emily la estafadora (2022) y Jugada maestra (2026), le permite de alguna manera sublimar las estructuras tradicionales del cine comercial para desvirtuarlas en sus propias películas como director, creando unas realidades que desentrañan nuevas tonalidades. También juega un papel relevante la descripción de Los Angeles como una ciudad en la que la soledad parece una enfermedad social profundamente impregnada en sus calles vacías y sus salas de cine solitarias. Sobre todo en una última parte en la que el recorrido que hace Ricky es el que adquiere una tonalidad más cercana al cine de David Lynch, en la forma en que deconstruye su propia vida. Buena parte de la brillantez que consigue esta película radica precisamente en la capacidad del actor David Brown para aportar humanidad a su personaje, de manera que, a pesar de sentirse envuelto en una realidad distorsionada o en su propia existencia inestable, acaba consiguiendo que la extrañeza se convierta en una parte esencial de la búsqueda de la normalidad. 

Unholy night

Michael Gabriele

Canadá 2026 | 91' | Septentrion Shadows | ★★


La tradición de las reuniones familiares en torno a una mesa para celebrar las festividades más señaladas del año, desde la cena de Acción de Gracias hasta la Nochebuena, se ha convertido en una especie de subgénero dentro del género de terror, que utiliza los resortes habituales de un grupo de personas reunidas en un mismo lugar para desplegar todos los recursos de la violencia y el horror. El director canadiense Michael Gabriele, afincado en Los Angeles, utiliza sus raíces italianas para reflejar el caos de este tipo de reuniones familiares, en este caso la noche antes de Navidad, y las dinámicas de las relaciones personales entre los miembros que solo se reencuentran durante estas celebraciones. Gino (Marc Bendavid) no ha alcanzado todavía las expectativas que tenían puestas en él sus padres, Giuseppe (Ron Lea) y Lucia (Toni Ellwand), hasta el punto que trabaja en una tienda de pinturas y sigue viviendo en el sótano de la casa familiar. Algo que se encarga de recordarle constantemente su hermano Franky (Olivier Renaud) quien, con su esposa Marissa (Celia Owen), es uno de los componentes de la reunión familiar. También participan el tío Vince (Frank Spadone) y la tía Carmella (Ellen David), así como la hermana de Gino, Angela (Cristina Rosato) y su novio Trevor (David Light). Como es habitual en este tipo de acontecimientos, la cena transcurre entre reproches y bromas, mientras la madre Lucia está especialmente obsesionada con que todo transcurra según la tradición italiana, lo que se explica más tarde por una experiencia traumática que protagonizó cuando era adolescente (Morgan Saunders). La presión que algunos miembros del entorno familiar sienten en este tipo de reuniones es el origen de una película que se siente como orgánicamente dirigida hacia el género de terror, aunque podría haber sido una comedia familiar sin más violencia que los intercambios de chistes de mal gusto entre sus miembros. Pero de pronto hace su aparición en la cocina la nona, la abuela en la cultura italiana, Pina (Jacqueline Robbins), lo que podría ser normal si no fuera porque ha fallecido recientemente. Ella está empeñada en formar parte de la reunión y en cocinar para la mesa, pero cuando se rompen las tradiciones, digamos que no se lo toma demasiado bien, en el sentido de aplastar cabezas. La virtud de Unholy night (Michael Gabriele, 2026) está en no esperar demasiado para desplegar todos sus recursos, sobre todo cuando la familia se da cuenta de que en otras casas del vecindario también están reapareciendo los familiares muertos, adoptando la forma de zombis con poca paciencia. Para mayor complicación para Gino, también se reencuentra con su antigua novia Rene (Shailene Garnett), con la que no había tenido contacto en varios años y junto a la que tratará de poner orden en el caos que están provocando los muertos vivientes en una noche no especialmente sacra. 

El planteamiento de la película remite inmediatamente a algunos de los clásicos del subgénero de terror navideño, desde Navidades negras (Bob Clark, 1974) hasta Noche de paz, noche de muerte (Charles E. Sellier, jr. 1984), pasando por Navidades infernales (Lewis Jackson, 1980). Aunque en este caso, más que centrarse en un asesino en serie o en una criatura que sustituye a Santa Claus, la idea de que los muertos vivientes formen parte de las familias y de alguna manera tengan como objetivo preservar las tradiciones frente a los cambios, le proporciona una capa mucho más interesante, en la que los muertos que vuelven a la vida, los ritornati como les llaman los protagonistas, simbolizan la influencia ancestral, representando una amenaza real para los personajes, al mismo tiempo que su presencia explora las presiones culturales que se han mantenido constantes a lo largo de las generaciones, y que han continuado influyendo en las vidas actuales de sus miembros. La historia adopta un tono de comedia negra que puede ser algo convencional para este tipo de producciones, pero termina encajando bien en un contexto en el que la violencia, si bien es sangrienta y a veces muy explícita, nunca llega a ser del todo desagradable. También se apuntan, aunque quizás no se desarrolla del todo en medio del caos que provocan los ritornati, aspectos relacionados con los sentimientos de los inmigrantes y de los familiares de segunda generación, aquellos que se encuentran en un término medio entre ser ciudadanos del país que ha acogido a sus padres y estar conectados con las tradiciones originarias de sus antepasados. En este sentido, la historia nunca encuentra una ocasión para abordar más profundamente estos temas, pero al menos le confiere un contexto mucho más complejo que el que suelen tener este tipo de producciones. Michael Gabriele es un antiguo conocido de Fantasia Festival, donde su cortometraje de terror Get away (2023) consiguió el Premio del Público. Esta historia sobre un grupo de jóvenes que encuentran en el desierto una misteriosa cinta VHS se está desarrollando como largometraje, de manera que el director parece empeñado en seguir explorando los rincones del miedo que se encuentra en medio de las relaciones humanas.

A safe distance

Gloria Mercer

Canadá 2026 | 86' | Septentrion Shadows | ★★

SXSW '26: Narrative Spotlight


Una historia de romance y moralidad puede no ser especialmente novedosa, pero la directora debutante Gloria Mercer consigue aportarle algunos elementos de interés a un relato que se deja influir por las aventuras de Bonnie y Clyde (Arthur Penn, 1967), con una mirada puesta en Ladrones como nosotros (Robert Altman, 1974) y algún guiño a Patricia Highsmith. La historia comienza in media res, cuando la violencia ya se ha apoderado de los personajes, para introducir después los acontecimientos que condujeron a esas dos figuras femeninas sangrantes a huir del bosque en el que se encontraban. Para Alex (Bethany Brown) su viaje comienza cuando una discusión con su novio Joey (Chris McNally), retratado como un tipo egoísta y consentido, provoca una reacción infantil por parte de él. Su venganza a la negativa de Alex tras pedirle matrimonio es abandonarla en el bosque en el que había planeado el compromiso, dejándola sin apenas provisiones y sin ningún medio de transporte. A safe distance (Gloria Mercer, 2026) en realidad establece esta premisa para situar a la protagonista en mitad del bosque para encontrarse con una pareja de aventureros, Kianna (Tandia Mercedes) y Matt (Cody Kearsley), quienes la acogen en su caravana y le permiten compartir unos días en los que surgen atracciones imprevistas y descubrimientos sorprendentes, o quizás no, cuando se revela que ambos se dedican a robar como una especie de acto de liberación o una forma de postureo, porque en realidad Matt proviene de una familia con medios económicos: "Le gusta verse como si fuera de la clase obrera", dice Kianna en una ocasión. Hay dos elementos que son discutibles en el guión escrito por Aidan West: por un lado, el retrato de los personajes masculinos como principalmente egoístas y consentidos. Por otro, algunas decisiones que introducen giros forzados en la historia, sobre todo en el tramo final de la película, tan conveniente que acaba siendo bastante absurdo como un desenlace eficaz. Ambientada en la naturaleza boscosa de Columbia Británica, pero evidentemente circunscrita a un espacio reducido, sin duda por un presupuesto reducido, este thriller funciona mejor en el aspecto psicológico al retratar a su protagonista que en los recursos desplegados para que su viaje resulte comprensible. El encuentro con Kianna y Matt provoca una apertura de las perspectivas vitales de Alex, principalmente expuesta a partir de una secuencia de alucinación que termina inevitablemente en un trío sexual. La oficinista que parecía tener claras sus expectativas de futuro, aunque quizás no con la relación en la que se encontraba, descubre que hay otras formas de vivir, incluso adoptando el riesgo de la criminalidad. Hay algunas ideas interesantes en la estructura de la historia, como reflejar la transformación de Alex a través de tres escenas de sexo que se centran en su rostro: la insatisfacción, el descubrimiento y una cierta felicidad. El problema es que al mismo tiempo cae en una cierta previsibilidad (de nuevo, a través de un personaje masculino plano) y algunos recursos demasiados convenientes. 

Durante una de las conversaciones que mantienen Alex y Kianna se menciona a Patricia Highsmith y a su novela Deep water (1957), que dio lugar a la adaptación cinematográfica Aguas profundas (Adrian Lyne, 2022), la historia de un matrimonio que se permite relaciones con amantes para evitar el divorcio. Aunque quizás es menos sutil la referencia a la novela El precio de la sala/Carol (1952, Ed. Anagrama), también adaptada al cine en la película Carol (Todd Haynes, 2015), por ser una historia lésbica. De alguna manera, la distancia segura a la que hace referencia el título se difumina en el caso de Alex y Kianna, cada vez más cómplices, incluso en el sentido criminal de la palabra, y cada vez más cercanas a través de sus deseos y de sus decisiones. Pero al dotar al personaje de Kianna de una cierta ambigüedad la historia también alimenta la deriva hacia un desenlace que deja ciertas preguntas en el aire. Lo que no es necesariamente negativo, sino todo lo contrario, por lo menos es mucho más intrigante y atractivo que el desenlace que ofrece a la historia de Alex y su pretendido prometido Joey. También algunas ideas de guión pueden resultar convenientes para justificar la transformación de Alex sin que el espectador la condene demasiado. Kianna le explica que los robos que realizan son delitos sin víctimas porque las empresas que atracan están cubiertas por el seguro, mientras que el reflejo de esa vida en medio del bosque aparece como una fantasía de libertad para la protagonista. El talento de la directora está en saber utilizar con habilidad los escenarios reducidos en los que se desarrolla la historia, convirtiendo el paisaje en un entorno exuberante y liberador, y en enfocarse principalmente en las relaciones entre los personajes, de manera que los recursos modestos no se manifiestan. No está muy claro si la decisión de establecer una estructura narrativa que comienza revelando la relación de complicidad entre Alex y Kianna no termina de perjudicar a la efectividad de la historia, aunque no revele todos los detalles. Pero en todo caso, A safe distance funciona como un thriller psicológico que se apoya en la fortaleza que aportan los personajes femeninos, aunque sea a costa de difuminar a los masculinos. 

La place

Louis Godbout

Canadá 2026 | 84' | Les Fantastiques Week-ends du Cinéma Québécois | ★★

Shanghai '26: Sección Oficial


La normalidad de una noche de visita a un familiar puede estar salpicada de una cierta rutina cuya ruptura puede provocar momentos de tensión, como la seguridad de una plaza de aparcamiento que generalmente está libre. El matrimonio formado por Jonathan (Maxim Gaudette) y Brigitte (Christine Beaulieu) se dirige una noche a casa de la hermana de ésta para cenar, transmitiendo durante el trayecto las tensiones que está experimentado la pareja: llevan dos años intentando tener un hijo sin éxito, mientras Jonathan parece aquejado por una cierta desafección quizás provocada por la madurez, viviendo una etapa depresiva que parece un elefante en la habitación que ninguno de los dos quiere mencionar. Pero el punto de inflexión se produce cuando están a punto de aparcar en un espacio libre justo enfrente de la casa a la que acuden, pero aparece otro coche, conducido por un desconocido (Benoît Gouin) que les disputa la plaza de aparcamiento. La place (Louis Godbout, 2026) es el título original en francés, mucho más abierto a la interpretación que el específico The parking spot que se utiliza para su distribución internacional, porque en realidad el espacio del que habla la película no se circunscribe a una plaza de aparcamiento, sino al lugar que ocupan los personajes en un sentido más amplio, dentro de la sociedad. De hecho, la discusión solo ocupa el primer acto de la historia, pero sirve como catalizador para la inestabilidad psicológica que experimenta el protagonista masculino. El planteamiento de la historia puede parecerse un poco a la primera temporada de la serie Bronca (Netflix, 2023-), porque la segunda temporada traiciona bastante el concepto original, pero una de las virtudes de esta propuesta del director canadiense Louis Godbout, quien también ejerce como profesor de filosofía, es que no se limita a establecer un conflicto entre personajes que deriva hacia una tensión cada vez mayor, sino que lo utiliza como un elemento de fricción que funciona como reflejo de la lucha por el estatus social, especialmente desde la masculinidad, al mismo tiempo que rompe con las expectativas del espectador insertando elementos de distorsión. La figura del desconocido se presenta rodeada de una misteriosa influencia en los hombres, sobre todo cuando un policía (Martin Rouette) acude a la llamada de Brigitte, pero cambia radicalmente de opinión después de tener una conversación a solas con el conductor. Aunque su capacidad de asimilación casi hipnótica también tiene sus límites, especialmente cuando aparece un sargento de policía (Chimwemwe Miller) que no se ve afectado por su poder de convicción. El guión escrito por Louis Godbout no ofrece demasiadas explicaciones, lo que puede resultar algo frustrante, pero al rodear a la historia de esta digresión explicativa en realidad la alimenta con una narrativa que desafía al espectador a buscar su propia interpretación. 

A pesar de que hay una resolución a la disputa, ésta sigue permaneciendo en el ambiente, como ese tipo de conflictos que continúan corroyendo los pensamientos y planteando preguntas interiores sobre las decisiones tomadas, lo que se podría haber hecho y lo que finalmente se hizo, sobre todo en Jonathan, aparentemente afectado por las heridas psicológicas de dominación que suelen ser predominantes en la masculinidad. La cena con Sonia (Alexa-Jeanne Dubé) y Carl (Maxime Genois) transcurre con normalidad y relajación hasta que ellos les comunican que van a ser padres, tocando el punto más doloroso de la relación entre su hermana Brigitte y su marido Jonathan. Pero la distorsión psicológica del segundo es mucho más profunda, y de alguna manera la lucha por el aparcamiento parece haber abierto heridas más complejas. Hay alguna alegoría demasiado obvia, como la utilización de unas reproducciones de las pinturas negras de Francisco de Goya, especialmente La romería de San Isidro (1874) y El aquelarre (1874), cuyos rostros deformados se utilizan como representación de la abstracción del personaje. Pero la evolución de la historia desde un realismo con elementos de distorsión hasta una construcción mucho más abstracta aporta una originalidad desafiante a la propuesta. Sobre todo en el tercer acto, el camino de regreso, en el que las distorsiones psicológicas de Jonathan (Brigitte prácticamente desaparece de la atención del director) se vuelven mucho más inquietantes, hasta adquirir la forma de un thriller psicológico que, inevitablemente, puede recordar al cine de David Lynch. Curiosamente, Louis Godbout, cuya película fue seleccionada en el Festival de Shanghai, afirmaba en una entrevista que le sorprendió la selección en Fantasia Festival porque no veía que la historia tuviera elementos de género. Sin embargo, el desarrollo de una historia que comienza con un conflicto y termina con una cierta forma de liberación con toques de surrealismo parece encajar bien si la consideramos dentro de los límites del cine fantástico. La place ofrece interrogantes en vez de conclusiones claras, y esta decisión puede, y efectivamente lo ha hecho, provocar una división en la percepción de la historia. La propia incertidumbre expresada por el director sobre qué tipo de información revelaría y cuál dejaría en el incógnito es una forma honesta de enfrentarse a un relato que tiene más interés en reflexionar sobre el destino y sobre los momentos insignificantes de la vida a los que damos demasiada importancia. 

The galactic ghoul

Simon Harrisson

Canadá 2026 | 85' | Les Fantastiques Week-ends du Cinéma Québécois | ★★


En la programación de Fantasia Festival siempre hay un espacio para las películas de bajo presupuesto y altas dosis de ingenio, y ambas características son las que definen a este proyecto de Simon Harrisson, un supervisor de efectos visuales que ha dirigido algunos cortometrajes y ha dado el salto hacia el largometraje con una versión paródica de las películas galácticas de serie B, aunque también con referencias evidentes a los grandes iconos del cine de ciencia-ficción. Con un presupuesto de poco más de 200.000 euros, la película utiliza principalmente efectos visuales prácticos, pantalla verde y efectos generados por Blender, el software europeo de gráficos 3D gratuito y de código abierto que fue la principal herramienta de la premiada película de animación Flow, un mundo que salvar (Gints Zilbalodis, 2024), para construir un mundo galáctico que funciona como un espejo de las problemáticas de los seres humanos: luchas por el territorio, dinámicas de poder y conflictos armados que rodean a los personajes. The galactic ghoul (Simon Harrisson, 2026) se centra en el capitán Oscar Bravo (Vincent Hoss-Desmarais), un explorador espacial, y su subordinado, el teniente X-Ray Foxtrot (Vincent Hoss-Desmarais), obligados a entregar una misteriosa piedra a la reina 
Xaltalusia XXIII (Katherine Isabelle). Pero cuando llegan al planeta Toum, son hechos prisioneros y torturados durante dos años, ideando un plan para escapar y conseguir sustituir a una extraña criatura congelada por la propia reina para liberar a sus habitantes los glutonianos, y devolver la paz a la galaxia. La película tiene como principales responsables a Simon Harrisson, que se encarga de la dirección, guión, edición y efectos visuales entre otros cometidos, y Vincent Hoss-Desmarais, quien al margen de interpretar al protagonista y otros dos personajes más, también ejerce como productor, consultor de guión y consultor de edición. La estética de serie B asumida y abrazada con no pocas aspiraciones es una de las principales características de una película que ofrece todo tipo de elementos de las producciones de serie B, pero de una manera divertida: hay platillos volantes que recuerdan a Plan 9 del espacio exterior (Ed Wood, 1959), escenarios galácticos que hacen referencia a Star Wars. Episodio 1: La amenaza fantasma (George Lucas, 1999), una estética que recuerda al cine de Guy Maddin, efectos prácticos y hasta marionetas hechas con calcetines para representar a los habitantes del planeta Toum. Hay una estética de lo cutre que sin embargo resulta efectiva porque es consciente de sus propias limitaciones y no trata de esconderlas, sino reforzarlas. 

El guión también juega con los tropos y los estereotipos de este tipo de producciones galácticas de bajo presupuesto, pero adquiriendo en este caso un tono de ironía que lo hace mucho más interesante. The galactic ghoul es una película que no se toma en serio a sí misma y que lo transmite a los espectadores, a través de un sentido del humor paródico y una cierta mirada nostálgica que utiliza las referencias como guiños con los que identificarse. No solo en la estética sino en la propia historia se introduce un homenaje al trabajo artesanal que evita que la propuesta sea solamente un chiste más o menos efectivo, sino que tiene también esa cualidad de tributo y de reconocimiento a los directores de cine que, con mayor o menor talento, han conseguido terminar sus proyectos cinematográficos dentro de un género tan complejo pero al mismo tiempo tan abierto a la imaginación como la ciencia-ficción. En este sentido, nunca se siente que la película sea barata porque asume que lo es, sobre todo en el diseño tan simplista como encantador de los personajes secundarios: para mostrar una escena de masas, utiliza un recurso tan sencillo como multiplicar una mano metida en un calcetín. De manera que el visionado de The galactic ghoul es recomendable sobre todo para los amantes del cine sin pretensiones, divertido e ingenioso, e incluso artísticamente brillante en su propio concepto. 


Su propio infierno se estrena en España el 23 de octubre.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

The Neon Demon y Ladrones como nosotros se pueden ver en Filmin.
Her private hell se puede ver en Netflix.
Emily la estafadora se puede ver en Netflix y Tivify.
Navidades negras se puede ver en Acontra+, Filmin, Movistar Plus, Prime Video y Shadowz.
Noche de paz, noche de muerte se puede ver en Acontra+ y Filmin.
Navidades infernales se puede ver en Filmin, Fubo y Plex. 
Bonny y Clyde se puede ver en Movistar Plus.
Aguas profundas se puede ver en Prime Video. 
Carol se puede ver en Filmin y Prime Video. 
Star Wars. Episodio 1: La amenaza fantasma se puede ver en Disney+.
Plan 9 del espacio exterior se puede ver en Cultpix, JustWatch tv y Mubi. 

29 julio, 2026

Fantasia '26 - Parte 6: Premios

Como es habitual, aunque Fantasia Festival se desarrolla a lo largo de tres semanas, casi veinte días, los premios de los jurados se otorgan al comienzo de la tercera semana, así que ya conocemos a los ganadores que han elegido los jurados de las diferentes secciones a competición, entre los que destacamos el premio al octogenario compositor Pino Donaggio (1942, Italia) que este año ha regresado con fuerza al panorama internacional con las bandas sonoras de Su propio infierno (Nicolas Winding Refn, 2026) y Ferine (Andrea Corsini, 2026). Este es un resumen de los premios más destacados, en una crónica en la que hablamos precisamente de algunas de las películas que han triunfado en esta edición de Fantasia. 

CHEVAL NOIR

Mejor Película: Nightborn | Hannah Bergholm | Finlandia, Lituania, Francia, Reino Unido 2026
Mejor Dirección: No rest for the wicked | Kasper Kalle | Dinamarca, Islas Feroe, Islandia 2026
Mejor Guión: Sleep no more | Edwin | Indonesia, Singapur, Japón, Alemania, Francia 2026
Mejor Música: Pino Donaggio por Ferine | Andrea Corsini | Italia 2026
Mejor Interpretación: Seidi Haarla por Nightborn | Hannah Bergholm | Finlandia, Lituania, Francia, Reino Unido 2026
Mejor Interpretación: Pilou Asbæk por No rest for the wicked | Kasper Kalle | Dinamarca, Islas Feroe, Islandia 2026 
Mención Especial Efectos visuales: Sleep no more | Edwin | Indonesia, Singapur, Japón, Alemania, Francia 2026

NEW FLESH

Mejor Película: Mum, I'm alien pregnant | Thunderlips | Nueva Zelanda 2026
Mención Especial Interpretación: Dilnaz Kurmangali y Ayan Utepbergen por Sicko | Aitore Zoldaskhali | Kazajistán 2025 

PREMIO SATOSHI KOHN ANIMACIÓN

Mejor Película: Blaise | Jean-Paul Guigue, Dimitri Planchon | Francia 2026

PREMIO NORTHERN EXCELLENCE PELÍCULAS CANADIENSES

Mejor Película: Black zombie | Maya Annik Bedward | Canadá, Haití 2026
Mención Especial: Insectasy | Angus Silver | Canadá 2026

Nightborn

Hannah Bergholm

Finlandia, Lituania, Francia, Reino Unido 2026 | 92' | Cheval Noir | ★★

Berlinale '26: Sección Oficial

BIFFF '26: Premio Méliès de Plata Película Europea

Fantasia '26: Mejor Película - Mejor Interpretación (Seidi Haarla)


Tras su estreno mundial en la sección oficial del Festival de Berlín, la segunda película de Hannah Bergholm (1980, Finlandia) después de la inquietante Ego (2022) también se introduce en el entorno familiar para mostrar las relaciones de conexión y desconexión entre sus miembros. Sin embargo, se centra más en la maternidad mostrada como una pesadilla de body horror muy cercana a las películas de David Cronenberg, al mismo tiempo que abraza el folclore finlandés de los haltijat, los espíritus guardianes del bosque. Nightborn (Hannah Bergholm, 2026) fue adquirida por Shudder en Berlín para Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, donde se estrena esta misma semana, el 31 de julio, poco después de conseguir el premio Cheval Noir a la Mejor Película y el premio de Interpretación para la actriz Seidi Haarla en Fantasia Festival. La historia comienza como muchas películas folk horror, con un matrimonio dirigiéndose en su vehículo hacia su nueva casa, una espléndida construcción en medio del bosque que necesita algunos arreglos y en la que encuentran en el centro del salón la raíz de un prominente árbol. Saga (Heidi Haarla) regresa a la antigua casa de su abuela y a su comunidad en Finlandia (aunque la película se rodó en Lituania), mientras que para Jon (Rupert Grint) se trata de un mundo nuevo, con dificultades para entender el finés, que en algunas conversaciones entre familiares y amigos de Saga se olvidan de traducir. Esta sensación de aislamiento forma parte de un personaje que cada vez se siente más desligado de su propia esposa y de su bebé recién nacido. Basándose en su propia experiencia como madre, la directora pretende reflejar todos esos aspectos que generalmente pasan desapercibidos en la habitual representación de un matrimonio con bebé, desde la transformación del cuerpo de la mujer, que aquí adquiere esa condición de body horror, hasta las sangrientas consecuencias del parto, en una escena en la que Jon acaba con la cara ensangrentada mientras Saga está dando a luz. La ironía de la propuesta es evidente desde el principio, y Nightborn está envuelta siempre en un tono de humor negro muy seco y muy finlandés que quizás puede hacer parecer la película como una propuesta extraña y grotesca en algunos momentos. Pero es precisamente esta característica la que incorpora en la historia una mirada más inquietante e irónica respecto al reflejo de la desesperación, la confusión y la rabia que pueden provocar en una madre los primeros meses de la crianza de un hijo. Cuando Saga habla con su propia madre (Pirkko Saisio) sobre los deseos que ha tenido en alguna ocasión de matar a su hijo, ésta no solo le muestra comprensión, sino que se refiere a una vez, cuando Saga también era un bebé, que la dejó abandonada en un lugar inhóspito porque estaba harta de ella, en un tipo de conversación que se sale de lo habitual para alcanzar el límite de la comedia negra. La propuesta de la película quizás no sea del todo original, especialmente en los últimos años en los que mujeres directoras han abordado precisamente las complejidades y los desafíos de ser madres al margen de la habitual representación de felicidad. Saga puede ver desde el principio que su hijo no es normal, y lo hace desde una experiencia física, porque amamantarlo no solo es doloroso sino que le provoca heridas (el bebé parece más interesado en succionar sangre que leche), mientras que Jon no ve nada extraño en él, pero desde una mirada exterior, aunque a veces invade demasiado el espacio que ocupan madre e hijo. 

La película aborda todas las incertidumbres con las que se encuentra una maternidad primeriza, como la atención que provoca en los demás, la presión de la responsabilidad como una madre que tiene que ser perfecta o los comentarios susurrados tras una máscara de amabilidad. La progresiva desconexión entre Jon y Saga también se refleja en el lenguaje, los malentendidos por tener que conversar en inglés mientras están en la intimidad, pero también el aislamiento de él cuando no entiende lo que está diciendo la pediatra finlandesa sobre su hijo. Mientras que Saga experimenta otro tipo de soledad que tiene relación con la separación del mundo exterior que provoca la constante atención de un bebé, sobre todo si éste es algo especial, como si fuera una especie de versión de La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968) mezclada con ¡Estoy vivo! (Larry Cohen, 1974). La metáfora es tan evidente que a veces puede parecer que el guión co-escrito entre Hannah Bergholm e Ilja Rautsi, quien también participó en su película anterior, es demasiado reiterativo en subrayar los elementos alegóricos. Pero la decisión de la directora de mantener al bebé principalmente en segundo término, rodeado siempre de cierta oscuridad, lo hace más inquietante. Lo más interesante, sin embargo, es la transformación que sufre Saga, no solo físicamente como una forma de reproducir esos cambios que experimentan las mujeres después de dar a luz y la presión social que esto conlleva, representada en la reunión con unas amigas en su única noche libre. Sino también en relación con su hijo, al que se refiere al principio con el neutro inglés "it" (eso), para derivar progresivamente hacia el "he" (él), mostrando la aceptación y la comprensión en una relación materno-filial que está salpicada de decisiones complejas y sangrientas. Lo que consigue Nightborn es consolidarse como un cuento de hadas, subrayado por la fotografía de Pietari Peltola y la música del violonchelista de música metal Eicca Toppinen (1975, Finlandia), con ese lado oscuro que tenían los relatos de los hermanos Grimm, en medio de un bosque en el que la antigua casa familiar de la abuela de Saga parece tener una conexión con los árboles mucho más profunda de lo que se evidencia desde el exterior. Y de alguna forma también representa en su transformación la relación entre Jon y Saga, progresivamente deteriorada, a pesar de las renovaciones que tratan de preservar sus raíces, aunque decoren la habitación infantil como reflejo de una aparente felicidad familiar perfecta, mientras el suelo continúa pudriéndose. La película puede caer en la exageración y la repetición de su propuesta alegórica, pero dentro de sus excesos es una representación cargada de humor negro de una depresión postparto llevada hasta el extremo. Y, como se vio en el Festival de Berlín, divisiva en la percepción que reciben los espectadores, lo que se puede considerar una virtud. 

Sicko

Aitore Zholdaskali

Kazajistán 2025 | 102' | Horizon | ★★

IFFR '26: Sección Bright Future

BIFFF '26: Premio Black Raven Mejor Película

Fantasia '26: Mención Especial Interpretación (Dilnaz Kurmangali, Ayan Utepbergen)


Una de las películas que más curiosidad ha despertado en el circuito de festivales, aunque sus responsables comentan que se perdieron muchas fechas de festivales importantes porque al principio no se habían planteado introducirla en ese circuito, ha despertado la atención en su estreno en el Festival de Rotterdam y el Festival de Cine Fantástico de Bruselas, donde recibió el premio Black Raven a la Mejor Película, antes de llegar a Fantasia Festival. Sicko (Aitore Zholdaskali, 2025) es la única producción de Kazajistán que se ha incluido en la programación del festival, y tiene en su carácter de thriller con toques de comedia negra el principal reclamo, aunque también aborda temas controvertidos como los fraudes médicos y la violencia doméstica que, a pesar de cierto cambio de actitud en la sociedad kazaja, sigue siendo uno de sus principales problemas. Tras dirigir la popular serie Sheker (START, 2020), que consiguió 20 millones de visualizaciones en YouTube, y la película musical Shulamah (Igor Tsay, Aitore Zholdaskali, 2023), el director Aitore Zholdaskali (1996, Kazakistán) debuta en solitario con este largometraje que está protagonizado por una pareja en crisis. Azamat (Ayan Utepbergen) y su novia Tancho (Dilnaz Kurmangali), ambos actores han recibido una mención especial por su interpretación, viven con ciertas comodidades en un piso de clase media, pero las deudas comienzan a aparecer en sus vidas, sobre todo debido a decisiones equivocadas del primero. Su situación es tan desesperada que Azamat acaba robando en una tienda de proximidad una urna con donaciones para un niño enfermo de cáncer, lo que le lleva a su segunda idea. Tras un malentendido en el que se confunde a Tancho con una enferma de cáncer de columna en estado 4, la pareja decide seguir viviendo en la mentira y lanzar una campaña solidaria a través de las redes sociales que les permita recibir donativos, algo parecido a lo que nos mostraba la miniserie Vinagre de manzana (Netflix, 2025), basada en hechos reales ocurridos en Australia. Con la ayuda de un amigo médico y de una joven que padece esa misma enfermedad, Azamat y Tancho copian los diagnósticos y falsifican las pruebas para hacer creíbles los síntomas del cáncer, con ella postrada en una silla de ruedas en sus apariciones públicas. El engaño es tan efectivo que un empresario les ofrece 500.000 dólares para un tratamiento oncológico innovador, dándoles a elegir entre Rusia y Corea. Aunque Tancho comienza a tener dudas de que estén llevando la estafa demasiado lejos y conforme se involucren más resulte más fácil descubrir la mentira, Azamat está empeñado en que continúen recaudando el suficiente dinero para comenzar una vida nueva, dando sentido a la frase con la que comienza y termina la película: "Nuevo día, nuevas oportunidades". Si en Shulamah se abordaba el sueño del éxito a través de tres amigos que forman un grupo de rap, en esta película se explora la embriaguez de la fama y el éxito económico que comienzan a rodear a la pareja protagonista. Hasta el punto que comienzan a aparecer amenazas sobre la posibilidad de revelar la verdad e incluso intentos de robo bastante violentos. Sicko juega con el tono de comedia negra en la primera parte, para desarrollarse desde el segundo acto en un tono más dramático y violento muy cercano a las confrontaciones sangrientas del cine de Quentin Tarantino, especialmente cuando los protagonistas reciben un ataque dentro de su propio apartamento. 

Pero también hay una clara influencia de los dramas coreanos, y se ha citado como comparación a la película Parásitos (Park Chan wook, 2019), lo que quizás puede resultar excesivo, pero resulta bastante evidente que el cine del realizador coreano es una clara referencia de los guionistas Kazybek Orazbek y Aldiyar Zhaparkhanov, especialmente cuando la pareja protagonista decide elegir Corea del Sur como el país en el que Tancho recibirá el tratamiento experimental. La aparición en la película de la pareja formada por Cat (Azat Zhumadil) y Kitty (Aida Kurmangaliyeva) transforman completamente la historia, que se vuelve excesivamente violenta, sin que esta violencia se sienta como una consecuencia narrativa del desarrollo de la estafa, aunque lo sea en cuanto al impulso de los personajes. Sicko acaba olvidándose de los comentarios sociales en torno a un sistema sanitario que puede ser corruptible y manipulable, también se olvida del tono de comedia negra y ni siquiera refleja demasiada preocupación por las víctimas de la estafa, sino que se convierte en un thriller sangriento que también adopta las formas del K-horror, dejando en segundo plano la mordaz crítica social en torno a las dinámicas de género y la presión del capitalismo que habíamos visto en la primera mitad de la historia, para abrazar un planteamiento más comercial. También hay que decir que los guionistas no tienen demasiada compasión con sus protagonistas, pero incluso en este sentido parece que se decantan por un desenlace incrédulo y nihilista en el que se subraya la perspectiva pesimista sobre la sociedad y sus habitantes. Más efectivo que las dosis de violencia algo alargadas, resulta un tercer acto en el que Azamat y Tancho encuentran su apartamento empapelado con recortes de anuncios de jóvenes que piden solidaridad para su tratamiento de cáncer, planteando una opresión claustrofóbica que acaba derivando en un acto brutal de violencia doméstica. Aunque a veces se desestabiliza, Sicko tiene buenas ideas y un uso muy inteligente de la canción sobre la felicidad artificial "Feel good Inc.", que el grupo Gorillaz incluyó en su álbum Demon days (2005, Virgin), y se sitúa en una posición destacada dentro de las últimas propuestas del thriller procedente de Kazajistán. 

Insectasy

Angus Silver

Canadá 2026 | 83' | Underground | ★★

Fantasia '26: Mención Especial Película Canadiense


Con una estética cercana a las películas eróticas de los años setenta, la exploración de una sexualidad femenina que se distancia de las normas sociales sirve al director Angus Silver para explorar el deseo y la excitación desde una perspectiva insólita, a través de la parafilia que experimenta la joven Sadie (Tirion Healey), que en el ámbito científico se denomina formicofilia, una forma de placer sexual que se produce cuando se siente el cosquilleo o la mordedura de un insecto en la piel. Como en Female pervert (Jiyoung Lee, 2015), la perversión femenina es tratada como una forma de honestidad, aunque en una conversación entre Sadie y Honey (Lyndall Huber), la empleada de una tienda de animales a la que la primera acude frecuentemente para comprar grillos, ésta afirma que la perversión no existe en las mujeres, sino solo en los hombres. Insectasy (Angus Silver, 2026) aborda de una manera inteligente una forma de represión sexual que se manifiesta a través de la digresión, de la misma manera en que el personaje frígido de Belle de jour (Luis Buñuel, 1967) se acercaba a la prostitución. Mientras sus amigas hablan sobre sus aventuras amorosas, Sadie se excita en un restaurante sintiendo las patas de unos grillos en sus órganos genitales, un tratamiento que es menos erótico que cómico, o al menos lo suficientemente incómodo como para provocar una sonrisa nerviosa. Aunque se entrega a una relación no ansiada con Theo (Emmett Roiko), un joven con el que se siente cómoda pero no especialmente atraída sexualmente, los deseos secretos de Sadie son mucho más oscuros y extravagantes, especialmente en secuencias oníricas en las que sueña yaciendo con gusanos gigantes: "No quiero hacer el amor, quiero que me coman viva". Esta propuesta peculiar se refleja en un tono de comedia que suaviza la incomodidad que pueda provocar, aunque el diseño de sonido se encarga de subrayar tanto los rasgueos como las estridulaciones de los insectos que cualquier espectador con fobias relacionadas con ellos es mejor que se aleje de la película. Pero al proporcionar una paleta de colores violetas y un estilo visual cercano a las producciones eróticas europeas, le aporta una estética singular que la diferencia, también destacable gracias a una banda sonora que remite directamente a las sonoridades del grupo italiano Goblin para los giallo italianos, en este caso compuesta por Tom Cepeda y The Rats that Drink Blood, con composiciones adicionales de Solange Nelles. De manera que se construye una atmósfera onírica en el desarrollo de una historia en la que Sadie se siente cada vez más aislada de su entorno porque no se siente identificada con los deseos y la excitación más convencionales. La visita al apartamento de Julius (Jan Roeth), otro empleado de la tienda de animales y entomólogo que tiene una colección de especies raras de insectos, se convierte en un descubrimiento para Sadie, pero sobre todo en el sentido de un anhelo especial de ser adoptada como una parte de la especie. La primera imagen de la película muestra a una crisálida como una representación del estado embrionario en el que se encuentra Sadie en su exploración del deseo erótico y la formicofilia, pero como aquella, la protagonista sufrirá una metamorfosis que conecta directamente con las representaciones kafkianas.

Ganadora de una Mención Especial del premio Northern Excellence a las mejores películas canadienses, Insectasy es una película independiente que sabe utilizar sus recursos para construir una atmósfera inquietante y especial. Cuando Sadie contempla a las hormigas trabajando, se pregunta qué es lo que las impulsa, cuál es su motivación, a lo que Julius le responde que "lo hacen por instinto. Una oruga sabe cómo hacer un capullo, y una termita sabe cómo hacer un montículo: simplemente lo hacen". Igualmente, la aceptación de Sadie de sus propios deseos no tiene explicaciones ni motivaciones, aunque se apunta alguna experiencia traumática cuando durante la pandemia solo pudo asistir de forma remota al entierro de una amiga fallecida, mientras que su deseo era estar presente, no solo con el cuerpo amortajado de su amiga, sino también con los gusanos y los insectos que devorarían ese cuerpo inerte. El drama psicosexual de Angus Silver no intenta encontrar explicaciones o justificaciones, sino exponer la liberación de la represión sexual mediante la aceptación del deseo, por mucho que éste pueda resultar socialmente inadmisible. También refleja cómo la sexualidad está tan constantemente presente en la sociedad que resulta casi una obligación encajar en las referencias eróticas que rodean a Sadie: en las conversaciones de sus amigas, pero también en un pódcast en el que se describen las relaciones sexuales con especial atención a los órganos genitales. La adaptación de la protagonista al mundo que la rodea se produce en torno a su capacidad de indagación en su propio deseo sexual, rompiendo la normalidad a través de la transgresión, aunque lo haga desde la intimidad. Afortunadamente, el director evita que esta parafilia acabe siendo demasiado visible para los demás, manteniéndose casi siempre en el terreno personal y psicológico, llevando al espectador a los mundos interiores de la protagonista. En este sentido, Insectasy es una estimulante, aunque algo incómoda, exploración de los límites impuestos por nuestra sociedad a través de la transgresión disruptiva del erotismo. 

I love Paris

Nick Murphy

Australia, Francia 2026 | 120' | Underground | ★★


Si algo ha demostrado esta edición de Fantasia Festival es que el género de vampiros sigue funcionando con tanta eficacia como hace años, y a lo largo de estas crónicas lo hemos visto con algunos ejemplos. I love Paris (Nick Murphy, 2026) presenta un planteamiento que no es especialmente novedoso, a través de un mockumentary que sigue a una joven con aspiraciones musicales mientras lidia con su condición de vampira, y que puede recordar a Lo que hacemos en las sombras (Jemaine Clement, Taika Waititi, 2014) y su posterior adaptación como serie, sobre todo por el uso del humor, pero que en este caso se siente mucho más cercano y realista porque se mueve entre la escena musical de una ciudad como París que en sí misma ya ejerce su propia forma de vampirismo en las vidas de sus habitantes. Claramente, el género sirve como metáfora para hacer comentarios sociales y exponer realidades más allá del carácter fantástico de la historia, y en este caso el ansia de fama que persigue la protagonista Ami, cuyo nombre artístico es Paris (Aminata Thiboult), se expone a partir de su conversión como una representación de la manera en que ésta la va consumiendo, lo que posiblemente acerca a esta película mucho más a un relato como El ansia (Tony Scott, 1983), por la descripción de una realidad bajo la perspectiva de la bendición y la maldición que supone ser vampira. La historia comienza con un estilo MTV cuando Paris muestra a la cámara el estudio de música en el que está diseñando su futuro como compositora y cantante, aspirando a participar en un importante festival de música que la ha rechazado porque no tiene suficientes seguidores en TikTok. La sed de éxito que tiene este personaje desbordante, extrovertido y de personalidad arrebatadora es tan intensa que parece agotador seguirla en sus constantes vaivenes por las calles de París buscando las oportunidades que pueden estar a la vuelta de una esquina. Pero el encuentro casual con Lutèce (Leonor Oberson), una joven vampira, cambia por completo su vida e incluso la vuelve aún más hambrienta por alcanzar el éxito. Paris acaba viendo su transformación en una vampira que necesita alimentarse cada noche para sobrevivir al día siguiente, como ese toque de suerte que le hacía falta a su carrera, adquiriendo un tipo de poder, en el sentido de control sobre los demás, del que no disponía hasta ese momento. El vampirismo supone una liberación que se expone en los subterráneos del metro de París y en la escena nocturna de la ciudad, aunque al principio le cueste asumir que debe sacrificar vidas humanas para poder sobrevivir. "No quiero matar a personas inocentes. Elijamos a un inspector del metro", le dice a Lutèce, que se convertirá en su acompañante, estableciendo una relación queer que evita los tópicos del homoerotismo vampírico, para establecer más una conexión basada en la confianza. 

I Love Paris está escrita por el director Nick Murphy y la actriz y compositora Aminata Thiboult, y se puede considerar como una continuación del trabajo que ambos han realizado en cortometrajes como Paris, I hate you (Nick Murphy, Zeïna Thiboult, 2021) y A pickpocket's guide to Paris (Nick Murphy, 2024), no tanto por su temática sino porque adoptan el mismo estilo de falso documental y cuentan con un equipo de intérpretes que repite en los distintos proyectos. Pero posiblemente estos trabajos anteriores han servido para depurar el estilo de cámara en mano que sigue a los personajes a través de planos secuencia, al mismo tiempo que traiciona en el buen sentido la continuidad de las escenas, de manera que en la narrativa de la película se producen saltos temporales de días, semanas e incluso meses, en los que vemos la evolución de la protagonista como cantante de éxito. Como en aquellos, la ciudad de París aporta un entorno que pierde el glamour al que estamos acostumbrados para adentrarse en calles solitarias, bares abarrotados y apartamentos pequeños que proporcionan una cualidad realista a la historia. Es posible que este planteamiento también nos recuerde a la serie El vampiro Lestat (AMC+, 2026), pero en este caso tiene un enfoque mucho más crudo, menos glamuroso. Muchas de las escenas que transcurren en las calles de París parecen realizadas al estilo guerrilla, tomando la cámara y grabando dentro de la atmósfera propia que proporciona la realidad. Aunque la duración de la película de unas dos horas puede resultar excesiva porque no consigue evitar que en algunos momentos resulte reiterativa, e incluso durante el turno de preguntas y respuestas tras la proyección el director mencionó la intención de reducir el metraje, quizás más consciente de estos ligeros problemas de ritmo después de que se haya proyectado por primera vez delante de un público. La fuerza que proporciona un personaje como Paris es imprescindible para que este planteamiento visual funcione, y para que se establezca la necesaria conexión entre el brillo de la fama y la asfixia que provoca la industria de la música y las redes sociales. El personaje no se refleja como una protagonista simple a pesar de su arrolladora personalidad, sino que asume la crueldad como una herramienta para seguir ascendiendo, aunque los sacrificios que tiene que hacer sean cada vez más dolorosos. La inmortalidad que podrá alcanzar Paris cuando su transformación culmine después de haber matado a 107 personas, no resuelve sus problemas. Demostrando que las imposiciones de la sociedad son mucho más depredadoras que la sed de sangre de los vampiros. 

Matapanki

Diego "Mapache" Fuentes

Chile 2025 | 72' | Underground | ★★

Berlinale '26: Mención Especial Generation 14plus

Fantaspoa '26: Muestra Iberoamericana


La llegada al poder en Chile de José Antonio Kast, de origen alemán, cuyo padre han verificado algunas investigaciones periodísticas que se incorporó a las SS cuando tenía 18 años, y defensor de las supuestas políticas de derechos humanos del dictador Augusto Pinochet, indica una tendencia hacia la derechización en Latinoamérica que ni siquiera recuerda los peores momentos de su historia. Es la primera vez desde el final de la dictadura que un representante de la extrema derecha llega al gobierno en toda la etapa democrática chilena, pero sus promesas populistas de lucha contra la inmigración y mejora de la economía parecen hipnotizar a unos votantes que, por otro lado, tampoco encuentran una respuesta firme y eficaz por parte de la izquierda que había gobernado hasta ahora. El anterior presidente, el izquierdista Gabriel Boric, heredó buena parte de las protestas sociales que se produjeron en 2019, y que también fueron el germen del Partido Convergencia Nacional con el que consiguió ganar las elecciones de 2022, pero su llegada no supuso los cambios que la sociedad chilena esperaba. Diego "Mapache" Fuentes (2000, Chile) refleja en su primer largometraje, un proyecto de final de curso universitario, el descontento de una juventud que, como él mismo ha afirmado en alguna entrevista, se lanzó a las calles para combatir las políticas de aumento de tarifas del metro y la crisis de asequibilidad del país, pero acabaron teniendo la sensación de que no consiguieron cambiar nada. Matapanki (Diego "Mapache" Fuentes, 2025) surge como un proyecto universitario y por tanto tiene esa tonalidad de película amateur que además está subrayada por la textura de imagen granulada en blanco y negro que recuerda al movimiento DIY (Do It Yourself) que surgió en la cultura punk de los 70, con la autogestión de la música, el diseño propio de la ropa y la creación de fanzines independientes. Curiosamente, a pesar de pertenecer a esta cultura punk, el director consiguió una beca para la Universidad del Desarrollo (UDD), uno de los centros educativos privados más conservadores de Chile, pero esto le ha permitido acceder a los medios necesarios para realizar una película contestataria y rebelde en la que se critica directamente el intervencionismo norteamericano e incluso el presidente de Chile es asesinado por el protagonista. Y a pesar de su carácter local y su producción amateur, Matapanki consiguió una Mención Especial del jurado internacional de la sección Generation 14plus en el Festival de Berlín y ha sido seleccionado para otras muestras como Fantaspoa y Slamdance. Con claras referencias al ciberpunk desarrollado por el director Gakuryū Ishii (1957, Japón) como Electric Dragon 80,000V (2001), y a películas como Tetsuo: el hombre de hierro (Shin'ya Tsukamoto, 1989), esta propuesta está cargada de ideas transgresoras y de una estética vibrante. 

La historia está protagonizada por Ricardo (Ramón Gálvez), un joven que suele acudir con sus amigos a conciertos ilegales, y que en uno de ellos toma una botella de alcohol del suelo y bebe de ella, comprobando en una pelea posterior que ha adquirido superpoderes, principalmente una fuerza sobrehumana que le permite arrancar brazos y cabezas. Pero Ricardo solo quiere tener una vida normal de juerga y despreocupación, mientras que sus amigos Mella (Diego Bravo) y Claudia (Antonia McCarthy) le recriminan su apatía y que no aproveche los poderes que le proporciona la bebida para cambiar la sociedad. "¿Qué quieres que haga, que dé vueltas por la villa o me siente en una plaza a esperar a que cogoten a alguien? O mejor, me pongo fuera de La Moneda a esperar que salga el presidente y me lo piteo". Mientras tanto, en la televisión el presidente Larraín Mate (Guilherme Sepúlveda) anuncia conversaciones con el presidente de los Estados Unidos (Rodrigo Lisboa) para gestionar los sistemas de salud, educación y seguridad, en una clara muestra de sumisión chilena e intervencionismo norteamericano en la política interna del país. La película no tiene problemas en plantear realidades conocidas que provienen de la dictadura pinochetista apoyada por los Estados Unidos, y la continua imposición del poder y la fuerza. Sin embargo, la figura del presidente norteamericano se muestra al principio como una representación distante, hasta que una circunstancia fortuita convierte los superpoderes de Ricardo en un conflicto internacional en el que participa directamente Estados Unidos. Su presidente también tiene superpoderes, pero éstos se alimentan con la energía que le proporciona el tiempo que permanece delante de una cámara. Matapanki abraza la estética de la novela gráfica y el ciberpunk con absoluta dedicación, creando esa textura a través de efectos de cómic en las escenas de acción, introduciendo trazos en color dentro de la imagen. El matapanki que se menciona, mostrado a través de imágenes de archivo de disturbios y protestas, es un poder que permanece latente en el corazón de los guerreros punk, despertando solo en aquellos que necesitan defender sus territorios. No hay demasiadas sutilezas en los planteamientos metafóricos de la película, pero tampoco importa demasiado, porque sigue siendo igual de entretenida y de transgresora, sobre todo en el tercer acto en el que se produce el enfrentamiento con el poder político, cuando Ricardo adopta el traje de superhéroe que le ha cosido su abuela María Luisa (Rosa Peñaloza). Diego Fuentes, que se encuentra en el espectro autista y tiene síndrome de Tourette, aporta una sobrecarga de ideas que al parecer se han suavizado respecto a versiones más alocadas del guión. Y se encuentra trabajando en Corazón de polilla, un segundo largometraje que aborda la identidad de género que no pudo desarrollar en la primera. 

Metal Messiah

Tibor Takács

Canadá 1978 | 76' | Fantasia Retro | ★★


Presentada por primera vez en una sala de cine desde su estreno en 1978, esta curiosa película musical que transcurre en una ciudad distópica en un futuro cercano (1983), ha permanecido como uno de los títulos malditos de la cinematografía canadiense, hasta que ha sido recuperada por Canadian International Pictures en una versión restaurada en 4K, con el asesoramiento del director Tibor Takács (Hungría, 1954) en el proceso de color y de limpieza de la imagen. La historia de un extraterrestre que llega a nuestro planeta para salvarle de la obsesión destructiva por el rock and roll había sido estrenada primero como una obra teatral escrita por Stephen Zoller y posteriormente adaptada al cine con una estética ambiciosa que remite a títulos como El fantasma del Paraíso (Brian DePalma, 1974), mezclado con The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975) en algunos momentos, especialmente en una actuación musical de un travesti. Al margen de la curiosidad de una historia peculiar con estética de ópera rock, la película también ofrece una visión distópica de las calles de Toronto a finales de los años setenta y un reflejo del panorama musical más alternativo. Metal Messiah (Tibor Takács, 1978) se desarrolla en Anywhere City, donde el promotor musical Max (John-Paul Young, cantante de The Cardboard Brains y co-guionista), contrata al detective Philip Chandler (Richard Ward Allen), con clara referencia al cine negro clásico, para que descubra el paradero de Messiah (David Jensen, líder de la banda Kickback), un extraterrestre que amenaza a la industria musical. Estructurada en forma de capítulos centrados en diferentes personajes, a veces pierde el foco entre el protagonista del espacio exterior y el detective que le persigue, centrándose en personajes secundarios como Violet (Liane Hogan), líder del culto religioso Hijos de la Verdad, que intenta controlar a Messiah con drogas. Hay algunas referencias religiosas a la figura de este Mesías que proviene del espacio exterior, no solo por su nombre sino por la utilización de una cruz metálica que establece un paralelismo con la figura de Jesucristo, pero Metal Messiah a veces parece confundir su propio mensaje, que pretendía alertar, según el dramaturgo Stephen Zoller, a las nuevas generaciones sobre las letras inconsistentes de la música rock, pero al mismo tiempo utiliza su estética y su música para sostener la historia. En la película, el empresario musical húngaro-canadiense Tibor Takács introdujo elementos de su trayectoria dentro del ambiente underground de Toronto, en la que sería su primera incursión en el cine. Después desarrolló algunos temas comunes en su siguiente largometraje, La puerta (1987), su título más conocido internacionalmente, para posteriormente desarrollar una prolífica carrera como director, pero sobre todo de películas de terror de bajo presupuesto y films navideños para Hallmark. 

Su condición de sátira del autoritarismo a través de personajes corruptos que manejan los hilos de la industria musical en realidad tiene cierto paralelismo con la música alternativa, y Metal Messiah es interesante en su estética cruda pero tratando de ser algo estilizada. Sin embargo, en su momento se la consideró desfasada en sus temas y su reivindicación de la liberación musical de las letras de las bandas de rock, sobre todo en comparación con el estilo post-punk DIY (Do It Yourself) y la estética de glamour sórdido que presentó también en esa misma época la película independiente The foreigner (Amos Poe, 1978), rodada en Nueva York. Incluso ese mismo año se estrenó un cortometraje que retrataba la escena punk de Toronto, The last Pogo (Colin Brunton, Patrick Lee, 1978), un influyente y reconocido documental sobre un concierto celebrado en 1978 en la legendaria Horseshoe Tavern de Toronto, en el que también participó The Cardboard Brains, la banda de John-Paul Young, que se considera uno de los referentes más destacados de esta escena underground. Pero, con la perspectiva del tiempo, Metal Messiah encuentra su razón de ser dentro de ese panorama de efervescencia musical, y se puede considerar como pionera de un estilo de ópera-rock que no se había desarrollado todavía en el cine canadiense, un poco alejada de su época, pero que vista actualmente contiene muchas de las virtudes de este tipo de películas a veces un poco caóticas pero que construían una visión apocalíptica con un sentido visual fascinante. Conforme se desarrolla la historia, también adopta un tono cada vez más musical, incluyendo números destacados en bares abarrotados y calles solitarias, y sobre todo en un concierto final de unos 15 minutos en el que David Jensen, caracterizado como el extraterrestre metálico, canta algunas de las canciones de Kickback. Otra de las curiosidades de la película en el aspecto musical es que las composiciones incidentales, creadas con sintetizador, fueron interpretadas por Mychael Danna (1958, Canadá), en el que fue el primer trabajo para el cine del que más tarde se convertiría en habitual colaborador de directores como Atom Egoyan o Terry Gilliam, y ganador del Oscar por la banda sonora de La vida de Pi (Ang Lee, 2012). 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Parásitos se puede ver en Prime Video.
Belle de jour se puede ver en Filmin y Movistar Plus.
Lo que hacemos en las sombras se puede ver en AMC+, Filmin y Prime Video.
El fantasma del paraíso se puede ver en Filmin.
The Rocky Horror Picture Show y La vida de Pi se pueden ver en Disney+. 
The foreigner se puede ver en Filmzie y Plex.