19 febrero, 2026

Berlinale 2026 - Parte 3: Vivir en el limbo

A pesar de querer mantener un perfil político bajo, esta edición del Festival de Berlín será recordada por las continuas referencias a la tibieza con la que la organización ha abordado el tema del genocidio perpetrado por Israel contra Palestina, en línea con la falta de condena explícita del gobierno alemán que financia buena parte del certamen. Pero al contrario de ir acallando las críticas, las preguntas sobre temas políticos han seguido estando presentes en unas ruedas de prensa en las que cierto margen a la hora de conceder acreditaciones permite que periodistas no específicamente dedicados al mundo del cine como el youtuber Tilo Jung, que planteó la pregunta sobre el genocidio que provocó la respuesta de Wim Wenders, puedan tener presencia. Quizás en otros festivales como Cannes o San Sebastián, donde solo se acredita a periodistas cinematográficos que mantienen una actitud más sumisa, este tipo de cuestiones no se plantearían. Antes de la celebración del festival, el Palestinian Film Institute anunció que no acudiría porque no tenía garantías de que los organizadores no denunciaran a la policía alemana a los cineastas que forman parte de la organización, como ya hicieron el año pasado con uno de sus propios empleados, y la Cinematheque Alternative Film Center, de El Cairo había retirado de la programación los cortometrajes The sad Song of Touha (2026),  de Attiyat Al-Abnudi y The dislocation of Amber (1975), de Hussein Shariffe. Una carta abierta firmada por 81 cineastas, muchos de ellos presentes en diferentes ediciones del Festival de Berlín, ha vuelto a recordar que la postura de la organización respecto al tema palestino contrasta con la que mantiene en otros conflictos como la invasión de Ucrania o las manifestaciones en contra del régimen de Irán. El actor español Javier Bardem firma este duro manifiesto junto a otros actores y actrices como Tilda Swinton, Angeliki Papoulia, Mark Ruffalo, Saleh Bakri, Tatiana Maslany, Peter Mullan y Tobias Menzies, o directores como Mike Leigh, Lukas Dhont, Ken Loach, Nan Goldin, Miguel Gomes, Adam McKay y Avi Mograbi, recordando que esta postura silenciosa se produce "en un momento en que conocemos nuevos y horripilantes detalles sobre los 2.842 palestinos "evaporados" por las fuerzas israelíes utilizando armas térmicas y termobáricas de fabricación estadounidense, prohibidas internacionalmente. A pesar de la abundante evidencia de las intenciones genocidas de Israel, sus crímenes atroces sistemáticos y su limpieza étnica, Alemania sigue suministrando a Israel armas utilizadas para exterminar a los palestinos en Gaza".

Un hiver russe

Patrick Chiha

Francia 2026 | 87' | Panorama | 

Un acercamiento particular a la invasión de Ucrania por parte de Rusia es la que hace este documental que no tiene como protagonistas a ucranianos sino a jóvenes rusos que viven exiliados porque no encajaban dentro de la imagen patriota de apoyo al conflicto o su complicidad silenciosa. La imagen de ciudadanos rusos que huían a pie o en bicicleta hacia la frontera con Georgia en el momento en que se produjo la invasión de Ucrania en 2022 está en el origen de un documental cuyo título hace referencia a ese estado de permanente espera, en el que el tiempo parece detenerse, que llevan viviendo estos grupos de exiliados con sus pertenencias siempre en bolsas, sin una sensación de estabilidad, en ciudades como Estambul o París, donde han acabado residiendo. Pero al mismo tiempo ellos son vistos con una actitud negativa, como los invasores aunque hayan huido precisamente porque no se consideraban comprometidos con la retórica patriótica rusa, y posiblemente también huyendo del reclutamiento forzoso. El padre de uno de los jóvenes retratados se incorporó de manera voluntaria al regimiento Wagner y murió en combate, lo que les recuerda la fragilidad de ese patriotismo innecesario. Se calcula que más de 900.000 rusos se han exiliado a causa de la invasión de Ucrania, la mayor ola de emigración de los últimos años provocada por la movilización parcial anunciada por las autoridades en septiembre de 2022, cuando centenares de miles de hombres en edad militar fueron convocados por el gobierno. En Un hiver russe (Patrick Chiha, 2026), la mirada se centra en dos personajes: Margarita Zubatova, que llevó una larga travesía desde Turquía hasta otros países y acabó residiendo en Francia, y que comenzó en la película sirviendo como traductora para el director en sus entrevistas con exiliados en Estambul, hasta que Patrick Chiha (1975, Austria) descubrió que ella misma era interesante para ser filmada. Y Yuri Nosenko, una figura adolescente representativa de la escena punk en los años 2000 a través de su banda Anti-Utopia, quien también se ha encargado de componer la banda sonora del documental. Junto a ellos se retrata a algunos de sus amigos, que conviven en una especie de comunidad formada por exiliados: Philipp, Andrew y Tatianna también aportan sus experiencias a un documental que, como es característico en el director, mantiene la huella de la improvisación, acercándose a conversaciones entre los protagonistas, que pueden ser o no puestas en escena, pero se van desarrollando de una manera natural. En uno de estos diálogos entre Margarita y Yuri, hablan sobre lo que han olvidado de Moscú: "He notado que he empezado a olvidar ciertos nombres. Lugares a los que solía ir. He empezado a mezclarlos", dice Margarita. 

Esta aceptación de la improvisación que caracteriza a los documentales del director de Brothers of the night (2016) y Si esto fuera amor (2020), ganador del premio Teddy en el Festival de Berlín, puede provocar que Un hiver russe a veces se sienta desenfocado o disperso, sin una estructura narrativa clara, mezclando conversaciones o reflexiones y ciertos recursos visuales que aportan una sensación fantasmagórica que refuerza esta idea de permanencia en un limbo, como la escena inicial, mostrada en una especie de imagen de infrarrojos de los tanques rusos recorriendo las calles de Moscú. También el hecho de que la mayor parte de los protagonistas del documental pertenezcan al mundo artístico parece influir en su forma de expresarse y en su propio comportamiento, a veces demasiado impostado. Margarita guarda en un almacén en Estambul la mayor parte de su vestuario, mucho más amplio de lo que cualquiera podría tener, reflejando ese estado de inestabilidad permanente en el que no hay un espacio que se pueda considerar como un lugar donde vivir. Hay una puesta en escena estilizada que busca constantemente los espacios que transmiten la zozobra de unas vidas interrumpidas por las consecuencias de la guerra, al igual que se describe por parte de ellos cómo la escena cultural de Moscú, en muchos casos rebelde y contestataria, se ha ido desmantelando progresivamente bajo la imposición de leyes cada vez más restrictivas, como la que negaba la existencia de una guerra, a la que el gobierno ruso siempre ha llamado "operación especial". No obstante, el director justifica la ausencia de referencias directas a Ucrania comentando que, aunque mantiene contacto con cineastas ucranianos y ha participado en talleres de cine en Kiev en los últimos años, considera que esa parte de la historia debe ser contada por los propios ucranianos. El carácter estilizado de las imágenes de Un hiver russe muestra la espera continua de unos ciudadanos que ni siquiera imaginan el momento en el que podrán volver a Rusia, asumiendo el exilio permanente pero anhelando la posibilidad de un futuro posible. 

© Aporia Filmworks/Screening Emotions

Lust

Ralitza Petrova

Bulgaria, Dinamarca, Suecia 2026 | 77' | Forum | ★


Contaba la directora Ralitza Petrova (1976, Bulgaria) cuando estrenó su primera película Godless (2016), ganadora del Leopardo de Oro en el Festival de Locarno, que su intención era tratar de dominar lo que ella denomina cine haiku, aquel que, como en la poesía japonesa, la tensión emocional surge del contraste entre elementos opuestos. Su nuevo largometraje también explora esta idea de los contrastes a través de una psicóloga penitenciaria, Lilian (Snejanka Mihaylova) que está acostumbrada al rechazo cuando se enfrenta a través de una videocámara a los reclusos de una cárcel estadounidense en la que trabaja, analizando sus posibilidades de reinserción de una manera apática, siguiendo expresamente las pautas de una lista de preguntas preestablecida, lo que por otro lado le permite aspirar a una promoción en su trabajo. Sin embargo ésta es interrumpida por la noticia de la muerte de su padre en Bulgaria, un hombre al que ella insiste en que "solo he visto una vez", y que se refleja en la propia experiencia de la directora, cuando en 2016 afrontó el fallecimiento de un padre al que apenas había conocido a lo largo de su vida, educado principalmente por sus abuelos, lo que establece una especie de duelo por una ausencia que ya había estado presente. Cuando Lilian viaja a Bulgaria para hacerse cargo del funeral de su padre, que en otras circunstancias acabaría formando parte de un cementerio sin nombre, también afronta la obligación de hacerse cargo, como única heredera, de una importante deuda que tenía su padre. El viejo apartamento en el que vivía se convierte en un espacio para los secretos guardados y algunos objetos que pueden tener el suficiente valor como para cubrir la deuda, pero al mismo tiempo supone una especie de viaje interior de la protagonista que conecta, de una manera casi freudiana, el descubrimiento de la vida de un padre al que en realidad nunca conoció, con cierto grado de espiritualidad. Porque Lilian también tiene un mundo interior complejo, viviendo un momento en el que está tratando de seguir el proceso de un programa de celibato voluntario que la aleje del fantasma de la adicción al sexo que se refleja en una escena en la que masturba a un desconocido en una sauna. Se trata de una recaída en el impulso sexual que se muestra a través del título Lust (Lujuria) (Ralitza Petrova, 2026) y en la representación simbólica de una serpiente que mantenía su padre en el apartamento, pero que también se aparece en los sueños de la protagonista. Las escenas oníricas están tan arraigadas en la realidad que se crea una sensación de ansiedad similar al horror. De hecho, en la película hay unas ciertas maneras de suspense, como si se tratara de una historia de género, lo que se expresa a través de un concepto visual que resalta la sensación de soledad y de retraimiento, que encuentra a la protagonista en muchas escenas como si estuviera escondida, o en algunos encuadres en los que se muestra su rostro recortado, su figura incompleta. La misma apatía que ella expresaba frente a los reclusos es la que Lilian recibe de las autoridades cuando le notifican que la deuda de su padre debe ser asumida por ella, envuelta en un proceso burocrático de un país que está deseando abandonar, pero que le impide evitar pagarla. 

A lo largo del proceso que experimenta Lilian se reproduce una especie de mirada espiritual, de desarrollo interior de la protagonista, reforzado por la elección de la música religiosa que describe el aria "Erbarme dich (Ten piedad, Dios mío)" de la Pasión de San Mateo, de Johann Sebastian Bach que acompaña al personaje al principio y el final de una película que contiene cierto misticismo sobre los padres ausentes y los hijos que cargan el peso de su ausencia. El retrato de un personaje que ha desconectado de sí misma al tiempo que desconecta del trauma que la ha acompañado está descrito de forma certera a través de este proceso de cambio en el que Lilian se encuentra, pero que le resulta difícil llevar a cabo, un fracaso constante que sin embargo se modifica conforme se enfrenta a todo lo que sucede en la historia, encontrando la versión más inaccesible de ella misma. Lust es una película que refleja este proceso interior a través de los espacios interiores en los que se desarrolla, y que en cierto modo reproducen una forma de encierro: la prisión , las oficinas estatales o el propio apartamento de su padre en e que ella acaba atrapada una noche cuando no es capaz de abrir la cerradura. En esta especie de redención que experimenta el personaje también tiene una especial relevancia la práctica del shibari, el arte japonés de la atadura con cuerdas, que nació como una forma de tortura pero se ha convertido en un recurso habitual de las sesiones bondage. Para quienes la practican es una experiencia que tiene elementos de espiritualidad, no practicadas necesariamente como BDSM sino com una forma de liberación personal. A pesar de lo que solo podría parecer una historia de reconexión con la ausencia de un padre ausente, Lust se acaba conformando como una reflexiva incursión en un proceso de desintoxicación espiritual de la adicción al sexo, adentrándose en los lados oscuros del la protagonista, pero de una manera que se siente cómoda y que resalta por su honestidad. La forma en que reconocer el cuerpo de su padre evita que éste sea incorporado a una fosa común es también una especie de redención personal de Lilian, que no solo conecta con la figura paterna nunca establecida, sino que la libera de la propia soledad que a ella misma la ha acabado absorbiendo. 

Handbook for superheroes

Anoo Bhagavan, Patrik Forsberg

Suecia 2025 | 91' | European Film Market | 


Uno de los éxitos internacionales de la literatura infantil sueca es la serie de libros Manual para superhéroes (2017, Ed. Harper Collins Ibérica), de la que en España se han publicado los tres primeros de los diez que componen la colección 
hasta la fecha, el último de ellos editado en 2025. Se trata de una historia creada por el matrimonio formado por Elias Våhlund (1973, Suecia) y su esposa Agnes Våhlund (1985, Suecia), autor de las historias e ilustradora respectivamente, que surgió cuando tuvieron que enfrentarse al acoso escolar que sufrió su hija. De esta forma, las historias protagonizadas por el personaje de Lisa cuando descubre un libro cuyas instrucciones le permiten convertirse en una heroína, son también una reflexión sobre las diferentes maneras de hacer frente al acoso escolar, que asimismo incorpora elementos psicológicos sobre los acosadores. Con más de un millón de ejemplares vendidos solo en Suecia y la publicación en 18 países, los libros se han convertido en un éxito más allá de su país, que ahora ha traspasado la literatura para acercarse a otras disciplinas: la producción de un espectáculo musical estrenado en algunas ciudades suecas durante el año pasado y el estreno comercial en las Navidades de la adaptación cinematográfica Handbook for superheroes (Anoo Bhagavan, Patrik Forsberg, 2025), que logró un destacado éxito y a lo largo de estos primeros meses de 2026 ha llegado a las pantallas de otros países nórdicos, como Dinamarca y Noruega. El proceso de producción de esta versión para cines no ha sido fácil, porque en 2019 se anunció el proyecto, bajo la producción de Charles B. Wessler, ganador de un Oscar por Green book (Peter Farrelly, 2018), pero finalmente la película se ha estrenado únicamente como una producción escandinava. De hecho, a pesar de ganar el Oscar, el productor norteamericano solo ha estrenado desde entonces la película Palmer (Fisher Stevens, 2021). Handbook for superheroes se centra en los primeros libros, principalmente El libro mágico (2017, Ed. Harper Collins Ibérica) y La máscara roja (2017, Ed. Harper Collins Ibérica), presentando a Lisa (Elle Kari Bergenrud) como una niña que se acaba de mudar a la localidad ficticia de Rosenhill, donde comienza a sufrir las burlas de un trío de compañeros de clase. Pero la adaptación también incluye al antagonista del tercer libro, Solos (2018, Ed. Harper Collins Ibérica), el malvado Wolfgang (Robert Gustafsson), quien está decidido a robar en la exposición de la colección de monedas de Paul Ponsonby-Jones. De manera que el guión de Anoo Bhagavan establece dos tramas paralelas a través del descubrimiento de Lisa de sus poderes y cómo se enfrenta a sus acosadores, y su intención de evitar que Wolfgang consiga apoderarse de unas monedas que son muy importantes para una ciudad en crisis como Rosenhill. Con un estilo de animación 3D que puede recordar a producciones de Pixar como Los increíbles (Brad Bird, 2004), la película establece desde el principio las motivaciones de sus personajes y construye un grupo de secundarios que tienen más trasfondo de lo que es habitual en las producciones animadas. En este sentido, al igual que los libros se esfuerza por profundizar en las vulnerabilidades de los antagonistas, ya sean los tres niños acosadores o el villano principal, pero en un acercamiento que solo aporta algo más de complejidad. 

Desde el punto de vista visual, Handbook for superheroes tiene más éxito en la elaboración de los fondos, creando un entorno alrededor de la ciudad de Rosenhill que tiene un cierto aire nostálgico, pero que funciona adecuadamente en contraste con los colores principales que caracterizan a los personajes: rojos, azules, amarillos o blancos, de manera que enmarca sus aventuras en un universo de cierta melancolía. Pero quizás flojea algo más en la representación de los humanos y, sorprendentemente, en la de los animales que acompañan a Lisa, principalmente la pareja de hamsters Olga (Shima Niavarani) y Oskar (Shebly Niavarani), y posteriormente la gaviota Steve (también con la voz del actor Robert Gustafsson). En cuanto a la narrativa, la película nunca se hace repetitiva ni disminuye su ritmo, aunque tampoco aporta nada especialmente novedoso, e incluso la elección de animaciones 3D en un estilo más bien convencional puede terminar siendo demasiado artificial para reproducir el estilo de las ilustraciones que Agnes Våhlund aporta en los libros, mucho más artesanal y diversificado en las formas de los personajes. Es posible que la intención sea acercar estas historias a un formato más asequible y tradicional para los espectadores infantiles, pero al mismo tiempo elimina la particularidad del estilo original. Handbook for superheroes es emocionante y conmovedora a veces, tiene un buen sentido de humor que aporta la gaviota Steve, aunque elija un aspecto poco arriesgado, y consigue transmitir la esencia del libro sobre la necesidad de afrontar los problemas, no a través de la fuerza sino de corazón, y de que lo importante no es encajar en un lugar, sino encontrar el espacio propio. Aunque Lisa puede volar, hablar con los animales e incluso desaparecer, sus problemas cotidianos debe afrontarlos sin superpoderes, demostrando que ella misma también puede ser una heroína sin máscara. 

Chimney Town: Frozen in time

Yûsuke Hirota

Japón 2026 | 98' | Generation Kplus | 


La película de clausura de Festival de Rotterdam 2021 fue, inusualmente, un largometraje de animación, Poupelle of Chimney Town (Yûsuke Hirota, 2020), basado en un libro escrito por Akihiro Nishino en 2016, pero introduciendo numerosos cambios. Aquela historia contaba la relación de amistad entre el joven deshollinador Lubicchi (Yuzuna Nagase) y un robot hecho de basura llamado Poupelle (Masataka Kubota), que sin embargo terminaba con la desintegración de éste último. Tras conseguir un notable éxito a nivel mundial, con selecciones en festivales como Annecy y Fantasia, y nominaciones a los premios Annie, los mismos responsables de aquella han estrenado en el Festival de Berlín su secuela, Chimney Town: Frozen in time (Yûsuke Hirota, 2026), que recupera a Lubicchi un año después de los acontecimientos ocurridos en la primera película, enfrentado aún al duelo por la desaparición de su amigo. Sin embargo, las aventuras que vivirá el protagonista le llevarán fuera de la Ciudad Chimenea para atravesar un mar onírico que desemboca en la Fortaleza de Tiempo, donde acaban todos los relojes que han dejado de funcionar. Acompañado ahora por Fluff (Megumi), un gato que tiene el cometido de ser mensajero de los relojes de tiempo de las personas, y por Nagi (Lubicchi descubre que está detenido porque el reloj de la Torre principal ha dejado de funcionar desde hace un siglo, debido a la separación entre Gus (Yoshihara Mitsuo), el guardián de la torre del reloj, y su amada Nagi (Koshiba Fuka), un espíritu vegetal que ha adoptado forma humana pero piensa que no es posible el amor entre ella y Gus, porque lo que decidió desaparecer. Gus sin embargo la ha estado esperando durante cien años, provocando que el reloj de la Fortaleza del Tiempo también se detenga a las 11:59. Pero la única forma que tiene Lubicchi de regresar a Ciudad Chimenea es conseguir que precisamente ese reloj vuelva a funcionar.  De esta forma, la secuela de aquella película que parecía improbable dada su resolución, encuentra una manera de proseguir las aventuras de Lubicchi al mismo tiempo que introduce una ciudad nueva que permite reproducir esa creativa puesta en escena, colorista y variada, que ya desarrollaron los responsables de la historia original. En este caso, Fortaleza del Tiempo tiene un aspecto menos caótico que el de Ciudad Chimenea, marcado ahora por las tonalidades verdosas y azuladas, con una representación del reloj de la torre expuesto sobre toda la ciudad desde el cielo que resulta muy espectacular, pero al mismo tiempo adoptando una cierta familiaridad. Esa idea de vivir en el limbo que adopta el título de nuestra crónica se refleja en el sentimiento de duelo que plantea una historia que, si en la primera parte abordaba el concepto de "creer", en la segunda se centra en la espera y las formas diversas de afrontar la ausencia. 

De esta forma, los personajes con los que se cruza Lubicchi se pueden considerar un reflejo emocional de su propia manera de lidiar con la desaparición de su amigo Poupelle: Fluff es el paso del tiempo, Gus es la espera y Nagi es la fe. Desde el punto de vista estético, Chimney Town: Frozen in time es tan espectacular como la película original, aunque abandone algunos de los elementos que la hicieron especial. La propia ausencia de un personaje tan carismático como el robot hecho de basura se sustituye sin embargo por otros nuevos secundarios como el gato Fluff o los hermanos Comet & Whinny (Yamadera Koichi), antiguos reparadores de relojes que ahora viven como inventores, y que cuando Lubicchi les pide que arreglen el reloj de la torre, ellos simplemente le responden: "No se puede arreglar lo que no está roto". Aunque algunos de sus inventos acabarán siendo importantes para que Lubicchi avance en su camino. También desaparece buena parte del estilo steampunk que tenía Poupelle of Chimney Town, para adoptar un estilo que puede parecerse más al clásico de Studio Ghibli. Respecto al proceso de animación, el director Yûsuke Hirota menciona un estilo que combina las técnicas de animación limitada de Japón con el expresivo movimiento de los personajes en 3DCG y una combinación de arte de fondos en 2D y 3D. Aunque la presencia de Poupelle se limita a algunas escenas de flashback, es interesante que la película no abandone del todo al personaje. A pesar de ofrecer una expresividad visual absolutamente emocionante, también es cierto que en el último tramo, cuando se desvelan los paralelismos entre la historia de Gus y el proceso de duelo de Lubicchi, la historia tiende hacia un tono algo sentimental que está reforzado por la música de Fuuki Harumi. Pero a pesar de ciertos desequilibrios en la narrativa, Chimney Town: Frozen in time está a la altura de su predecesora y es una secuela mucho más convincente de lo que pudiera esperarse. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Brothers of the night se puede ver en Mubi y OUTtv.
Si esto fuera amor se puede ver en Filmin. 
Green book se puede ver en Lionsgate+.
Palmer se puede ver en Apple tv.
Los increíbles se puede ver en Disney+.

17 febrero, 2026

Berlinale 2026 - Parte 2: Conflictos familiares

A pesar de que la directora del Festival de Berlín parece apostar por una atmósfera "happy", con baile en la alfombra roja y la inauguración de la comedia romántica afgana No good men (Shahrbanoo Sadat, 2026), las controversias se suceden en una edición de la que se han retirado algunas películas. La escritora india Arundhati Roy se retiró de la presentación de In Which Annie Give It Those Ones (Pradip Krishen, 1989), una película de la que fue guionista y que iba a tener un pase especial en Berlinale Classics. Ahora han sido los productores del próximo largometraje sudanés Blue Card (Mohammed Alomda, 2027), los que ha retirado su película del Foro de Coproducción debido a la negativa de la Embajada de Alemania en El Cairo a concederles un visado para viajar a Alemania por "riesgo migratorio", considerando que podrían no regresar a su país. El productor sudanés, residente en Egipto, Amjad Abu Alala ha dirigido anteriormente la película You Will Die At Twenty (2019), ganadora del premio al Mejor Debut en el Festival de Venecia,  fue productor de Goodbye Julia (Mohamed Kordofani, 2023), premiada en Un Certain Regard del Festival de Cannes. El Foro de Coproducción les ofreció la posibilidad de participar de forma remota, pero ellos han considerado que no pueden participar en un festival que se celebra en un país que "nos ha hecho sentir indeseados". Mientras las puertas de Europa comienzan a cerrarse, especialmente para aquellos que provienen de países en foclito, los festivales de cine tendrán que repensar que papel juegan en el panorama internacional y cómo pueden ser plataformas de países no occidentales que son considerados riesgos migratorios. De hecho, algunos periodistas con amplia experiencia en la cobertura del Festival de Berlín ya han destacado en sus redes sociales cómo la participación presencial de periodistas internacionales en la edición de este año parece mostrar una progresiva disminución, con pases de prensa matinales que ni siquiera son capaces de llenar las salas. 

Como suele ocurrir en este tipo de encuentros cinematográficos, el fallecimiento esta semana del actor Robert Duvall a los 95 años ha resonado de manera notable en el Festival de Berlín, pero incluso más el del maestro Frederick Wiseman a los 96 años, director de esos característicamente largos documentales, porque él mismo obtuvo el Premio FIPRESCI en este mismo festival por su película Near death (1989), que hablaba precisamente sobre cómo los enfermos, familiares y enfermeros de una Unidad de Cuidados Intensivos en un hospital de Boston se enfrentaban a la muerte. 

Nina Roza

Geneviève Dulude-De Celles

Canadá, Italia, Bulgaria, Bélgica 2026 | 103' | Competición Oficial | 


La emigración moldea vidas partidas que se dividen entre el origen y el destino de manera permanente, aunque algunos emigrantes quieran romper con los lazos que les unen a su pasado. Aunque la directora canadiense Geneviève Dulude-De Calles no menciona un punto de partida concreto para su segunda película, después de A colony (2019), que fue seleccionada en la Semana de Cine de Valladolid, sí hace referencia al padre de un amigo personal que era de origen uruguayo pero aun manteniendo una relación a distancia con su familia, decidió no volver a visitarlos. Este exilio permanente asumido de manera personal surge de la incomodidad de enfrentarse a un pasado que resuena lejana en la vida actual del emigrante, y ha servido como base para el personaje principal de Nina Roza (Geneviève Dulude-De Calles, 2026), una historia sobre las conexiones rotas y los regresos incómodos. Tras la muerte de su esposa, Mihail (Galin Stoev) decidió marcharse de su Bulgaria natal y emigrar a Canadá, criando solo a su hija pequeña en Montreal. Transcurridos veintiocho años, ha roto completamente los lazos con Bulgaria e incluso recrimina a su hija Roza (Michelle Tzonchev) que le enseñe a hablar búlgaro al hijo de ella, porque lo considera inútil para su futuro. Mihail ha desarrollado una carrera como experto en arte, organizando exposiciones y ahora recibe el encargo por parte del marchante Christophe (Christian Bégin) de averiguar si es real el talento de Nina (las hermanas gemelas Sofia y Ekaterina Stanina), una niña de un pequeño pueblo de Bulgaria cuyo precoz interés por la pintura se ha hecho viral a través de las redes sociales. Aunque Mihail no tiene ningún deseo de regresar a Bulgaria, la curiosidad por esta posible artista le conduce a un viaje en el que reconecta con esas raíces que había querido perder. Para desarrollar esta idea, la directora utiliza un concepto que se sostiene en la identidad doble que mencionamos al principio, la doble nacionalidad de Mihail y el reflejo en el que se convierte Nina de su propia hija Roza, a la que recuerda constantemente. Pero sobre todo se centra en la búsqueda interna del protagonista, que también se refleja a través de una búsqueda externa sobre la verdad en torno al talento de la joven artista, expresada en los silencios y los recorridos que lleva a cabo Mihail a través de esa Bulgaria que ahora le parece desconocida, lo que puede recordar a veces a aquella película también presentada en el Festival de Berlín, Los caminos que no escogemos (Sally Potter, 2020), en la que Javier Bardem imaginaba sus otras vidas posibles. Esto provoca un cierto tono de melancolía que a veces puede resultar demasiado etéreo, en esta exploración de las inquietudes personales del protagonista que surge de la reconexión con una cultura que había querido dejar atrás, sustituyéndola por el arte contemporáneo y la lengua francesa. 

Al mismo tiempo que se desarrolla esta trama de búsqueda interior, la película reflexiona sobre el mundo del arte a través de una joven artista cuya pasión por la pintura se acaba mercantilizando, basando el personaje de Nina en una joven pintora australiana llamada Aelita Andre de la que con nueve años se inauguró una exposición en Nueva York. La película adopta en la primera parte un cierto tono más relajado, especialmente cuando Mihail se enfrenta a esa personalidad búlgara que había olvidado: como cuando un taxista le reconoce como alguien que hace mucho tiempo que no ha regresado: "Creí que era un turista", le dice. Pero conforme se desarrolla adopta un tono reflexivo que la aleja de su planteamiento inicial, y que a veces puede resultar monótono, especialmente en los largos primeros planos en los que Mihail refleja en silencio una cierta nostalgia recuperada de su cultura y su entorno. Pero en otras ocasiones funciona con una lucidez especial para transmitir una sensación de extrañeza, como cuando Mihail visita a su hermana Elvira (Svetlana Yancheva), quien le reprocha que no haya mantenido el contacto durante tantos años, y él se siente como un desconocido en medio de una familia a la que no ha visto crecer. Al mismo tiempo, establece como intrínsecamente conectada con el entorno de Nina su propio talento artístico, que Mihail sospecha que no es auténtico. Cuando la galerista Giulia (Chiara Caselli), quien se ha convertido en una especie de agente artística de Nina, le enseña a Mihail los cuadros que ha pintado la niña, destaca una característica singular: "La pintura que utiliza proviene de pigmentos naturales. Son colores regionales, que solo se encuentran donde ella vive". La obra de Nina está conectada intrínsecamente con el lugar donde vive, y sin embargo la intención de Giulia es proporcionarle los recursos necesarios para que se traslade a Italia y estudie en Florencia, en contra de los deseos de Nina. En la película, la directora se pregunta en qué lugar se sitúa el artista dentro del mundo del arte contemporáneo que está permanentemente comercializado, sobre todo cuando pintar surge de un espíritu lúdico. Nina Roza se sitúa en este complicado equilibrio entre una historia reflexiva sobre los orígenes y un deseo de mostrar la conexión del arte con el entorno, tratando de evitar la representación hiperrealista para acercarse a una mirada que mezcla lo tangible con lo simbólico.

© Panama Film

London

Sebastian Brameshuber

Austria 2026 | 120' | Panorama | ★


Hace más de un década conocimos a Bobby Sommer, un actor no profesional que interpretaba al personaje principal de la película Museum hours (Jem Cohen, 2012), presentada en el Festival de Locarno, un celador del Museo de Historia del Arte en Viena que entabla amistad con una visitante canadiense que está en la ciudad para acompañar a un amigo enfermo. No sabemos si el director Sebastian Brameshuber (1981, Austria) ha visto aquella película, pero hay algo de aquel personaje en el protagonista de esta historia, como si fuera una continuación en la que Bobby (Bobby Sommer) ya es un hombre retirado que cobra su pensión, y que realiza frecuentes viajes entre Viena y Salzburgo para visitar, asimismo, a un amigo que se encuentra en el hospital, y con el que no ha tenido contacto en muchos años. En realidad, director y actor se conocieron cuando éste grabó un poema para el mediometraje Of stains, scrap & tires (Sebastian Brameshuber, 2019), y desde ese momento comenzaron a hablar sobre este proyecto. El planteamiento es tan sencillo como singular: un trayecto entre las dos ciudades en coche, que Bobby realiza varios días a la semana, recogiendo a pasajeros que también viajan por diversas razones a través de la autopista West Autobahn, una vía de comunicación que conecta Viena con Salzburgo, y que tiene un pasado especial, siendo la primera autopista construida en Austria, diseñada por el régimen nazi y cuyos primeros tramos se comenzaron a construir poco después de la anexión de Austria en 1938, aunque solo dos tramos se habían abierto al tráfico cuando las obras se interrumpieron por el comienzo de la 2ª Guerra Mundial en 1942. Este trasfondo histórico es relevante como un espacio que instrumentaliza el paisaje y que también conecta con la mirada al pasado que proponen algunas de las reflexiones que hace Bobby a lo largo de sus diferentes recorridos por esa autopista rodeada de montañas. London (Sebastian Brameshuber, 2026) únicamente muestra los trayectos que realiza Bobby acompañado por diferentes pasajeros, y las conversaciones que se entablan entre ellos sirven para conocerles mejor, pero también para ir desgranando aspectos de la personalidad del protagonista: un soldado que se pregunta qué significa luchar, un aprendiz de supermercado que va a ver a su familia, un académico que analiza la historia de la autopista, una mujer queer a punto de casarse... El título, que parece desconectado de la ruta geográfica por la que discurre la historia, hace referencia a ese estado mental de divagación que se establece en largos recorridos por carretera, pero también a esa condición de ciudad situada en un lugar al que no se puede acceder por vía terrestre, distanciada como permanece distante el pasado al que se aferra el protagonista a través de los recuerdos de su amistad rota. La película se ha rodado completamente en un estudio en el que se proyectaban las imágenes del paisaje grabado con anterioridad, en grandes pantallas alrededor del vehículo, y los diálogos han surgido de las interacciones personales de los pasajeros escogidos con el propio Bobby, de manera que las conversaciones no están basadas en un guión previo, aunque la construcción del personaje principal tiene una base dramatúrgica. 

De esta forma, London se desarrolla a lo largo de una frontera difusa entre la ficción y el documental que el director establece de una forma natural, como si en realidad no existiera una diferenciación entre lo documental y lo ficticio, ambos entrelazados como un acto de negociación para crear un punto de inflexión y mantener una fricción constante. Una narrativa ficticia dentro de una realidad cotidiana se establece a lo largo de una historia en la que el pasado impregna necesariamente el presente, y las conversaciones que se establecen entre varios desconocidos consiguen tener ese tipo de intimidad que a veces solo es posible con personas a las que se sabe que nunca se volverá a ver. Los interlocutores de Bobby son en su mayor parte actores no profesionales, excepto la actriz Anca Cipari, quien interpreta a una autoestopista rumana que pide a Bobby que la acerque a la próxima parada de un autobús que acaba de perder, a pesar de la barrera del idioma. También interpreta a uno de los pasajeros el director Ted Fendt (1989, Filadelfia), quien asimismo presenta su última película en la sección Forum del Festival de Berlín, Foreign travel (2026), y Clifford Agu, que fue protagonista de la anterior película del director, Movements of a Nearby Mountain (Sebastian Brameshuber, 2019), en la que el paisaje también se establecía como un elemento fundamental para entender a los personajes. London es una propuesta que mantiene su propio ritmo, muchas veces pausado y marcado por el ritmo que surge de las conversaciones entre estos desconocidos que viajan por la autopista West Autobahn sin conocer el pasado que la rodea, a veces dilatando más las conexiones entre ellos a través de largos silencios y otras conectando inmediatamente. En alguna ocasión Bobby ayuda a algún refugiado, a inmigrantes que tratan de cruzar hasta Alemania o simplemente a soldados que llevan a cabo el servicio militar obligatorio. Hay algún elemento de distopía en la parte final, cuando el comienzo de la invasión de Ucrania que se menciona en las noticias de la radio provoca que exista un control militar más estrecho respecto a los vehículos que circulan por la autopista, pero al mismo tiempo se establece como un eco de las guerras del pasado, especialmente la guerra de los Balcanes. En esta constante vinculación entre el pasado y el presente, entre lo ficcional y lo documental, London encuentra un camino apasionante, en el que la palabra y el diálogo se convierten en el soporte principal de la construcción de los personajes. 

If pigeons turned to gold

Pepa Lubojacki

Chequia, Eslovaquia 2026 | 110' | Forum | 


Resulta complejo enfrentarse a un documental que cuenta historias tan íntimas y personales, tan cercanas a las propias vidas que rodean a los directores que parecen una especie de traición a la confianza compartida para dejar mostrar los aspectos más expuestos de una existencia complicada. En el caso de Pepa Lubojacki, directora no binaria, ha centrado algunos de sus primeros trabajos en temas como la binariedad de género y los estereotipos, pero también el trauma familiar, la adicción y la codependencia. Hija de un hombre adicto, su primer documental es un trabajo personal en el que sobre todo ha utilizado móviles para grabar y algunas animaciones que elle ha realizado durante el proceso de edición de las más de 200 horas que grabó en torno a su relación con su hermano David Lubojacki, también absorbido por el alcoholismo y la vida en la calle, y sus dos primos David Richter y Marco Arnone, quienes igualmente llevan años sobreviviendo por las calles de Praga. Cuenta Pepa Lubojacki que fue una situación dramática vivida por su primo David la que impulsó la necesidad de hablar de las adicciones y los traumas familiares, cuando le tuvieron que amputar las dos piernas después de permanecer durante días tendido en un banco sin que nadie le prestara ninguna atención. Curiosamente, es el único miembro de su familia cercana que ha conseguido desintoxicarse, y cuando su prima le pregunta cómo consiguió quitarse de la adicción a las drogas, él responde: "Bebiendo alcohol. Y del alcohol me desintoxiqué encontrando a una buena mujer". Pero If pigeons turned gold (Pepa Lubojacki, 2026) es principalmente el retrato de una hermana que trata desesperadamente de salvar a su hermano David del alcoholismo que marca los vaivenes de su vida. Elle menciona que "no pude salvar a mi padre", quien murió a causa de su adicción, y de alguna manera permanece un trauma personal que le conduce a situarse siempre al lado de su hermano, aunque haya largos espacios de tiempo en los que, literalmente, parece haber desaparecido. A pesar de que en algunos momentos pudiera haber encontrado algo de estabilidad, en un piso alquilado que se compromete a pagar buscando un trabajo, las recaídas de David son constantes, y los ultimátums que se le imponen para poder permanecer en los apartamentos que le encuentra su hermana son constantemente rotos. En este tipo de películas también da la impresión desde fuera que la propia grabación del documental es una excusa para estar conectada con su hermano, estableciendo un calendario de rodaje que de alguna manera sirve para introducir una cierta continuidad en la vida errática del protagonista. Para reflejar el pasado, Pepa Lubojacki utiliza algunos recursos visuales como animaciones realizadas con Inteligencia Artificial de los labios de fotografías de su padre y su hermano, y una paloma que sirve como narradora con una plantilla de lipsync de esas que se utilizan en redes sociales como Tik Tok, construyendo una narrativa original aunque algo caótica que se apoya asimismo en la música electrónica de Adam Matej, también conocido como DJ GÄP.

Pero en su intento de reflejar la verdadera naturaleza de las adicciones, hay pasajes en If pigeons turned gold que quieren ser didácticos, describiendo el proceso de las adicciones o el síndrome de Wernicke-Korsakoff que puede provocar daños cerebrales en las personas alcohólicas: "¿Se puede vivir el duelo por una persona que aún no está muerta?" se pregunta la directora en algunas de las reflexiones que introduce de forma gráfica a lo largo del documental. Si bien el retrato de la adicción y la incapacidad de su hermano David para salir de ella está bien reflejado a través de la relación entre ambos, hay algunos pasajes que pretenden ser poéticos o reflexivos, y cierto didactismo en algunos momentos que distorsiona el carácter personal de la propuesta. David muchas veces justifica sus recaídas diciendo que "soy así", como una excusa para explicar por qué se entrega a la bebida después de un período en el que parece haber logrado cierto control. Y de alguna forma la conclusión de la película es parecida, una aceptación de que no es posible cambiar a una persona adicta si ésta no quiere cambiar, y por tanto quienes le acompañan deben estar preparados para estar disponibles cuando lo necesiten. No estamos seguros de que este grado de aceptación pueda ser refrendado por muchos expertos en la materia, pero al menos parece más clara la idea de que las personas no pueden ser definidas solo por sus adicciones, y de que la raíz de su problema está precisamente en aspectos psicológicos que tienen relación con los traumas familiares. Da la impresión de que, cuando el proyecto del documental ganó el premio al Mejor Proyecto Europeo en la sección New Vision del Festival de Documentales de Ji.hlava, estaba más enfocado en los primos David y Marco, que ahora ocupan un lugar secundario, enfocándose más en su propio hermano. Y convirtiendo la película en un viaje personal en el que elle intenta comprender a su hermano, no como un héroe de la infancia y un adolescente popular, sino como su yo actual, más caótico pero igualmente apasionante, un proceso de comprensión de la adicción en sí misma, de sus raíces y su esencia. Pero en el largo camino de casi dos horas que se construye en la película hay desvíos que parecen innecesarios y conclusiones que resultan discutibles. 

Son of revenge: The story of Kalevala

Antti J. Jokinen

Finlandia 2026 | 143' | European Film Market | 

Esta semana se ha estrenado en Finlandia una de las producciones más esperadas del año, que también forma parte de las diferentes proyecciones del EFM (European Film Market), uno de los mercados audiovisuales más importantes que se desarrolla dentro de las actividades del Festival de Berlín. La leyenda de Kalevala es una de las más conocidas de la mitología nórdica y se imparte en las escuelas como objeto de estudio, considerada como una de las principales epopeyas nacionales finlandesas. Mezcla de memoria y concepción filosófica del universo del pueblo finlandés, la historia de Kalevala es una de las más grandes epopeyas de Europa, y fue recopilada a través de las fábulas y baladas populares que existían por el autor Elias Lönnrot (1802-1884, Finlandia) en su libro Kalevala (1835, Ed. Alianza Editorial). Se cuenta que, como otras mitologías populares del centro y norte de Europa, esta historia influyó en El señor de los anillos (1954, Ed. Minotauro), lo que es muy probable porque el propio J.R.R. Tolkien escribió una versión en prosa del poema de Kalevala en La historia de Kullervo (1915, Ed. Minotauro). A pesar de su carácter épico y de definición de un pueblo, ha habido escasas adaptaciones de este relato, solo presente en la miniserie de televisión Rauta-aika (La edad de hierro) (Yle, 1982) y en la coproducción soviético-finlandesa Sampo (Aleksandr Putshko, 1959), inspirada libremente en la leyenda, que se estrenó en Estados Unidos con un nuevo montaje y el título The day the Earth frozen. De manera que Son of revenge: The story of Kalevala (Antti J. Jokinen, 2026) es un acontecimiento importante que ha sufrido numerosos altibajos a lo largo de su producción, con cambios de productoras, y una financiación de más de 5 millones de euros que prácticamente duplica el presupuesto medio de las películas finlandesas. Para recrear el entorno de los pueblos medievales en los que se desarrolla la leyenda, se construyó un escenario realista del siglo XII en los bosques de Carelia, en los que tiene lugar este relato de venganza, como su propio título internacional indica. Recibida con críticas mixtas, la película trata de evocar un entorno en el que se mezcla la fantasía con la realidad histórica, partiendo del enfrentamiento entre dos hermanos, Untamo (Eero Aho) y Kalervo (Johannes Holopainen), que están en permanente disputa por la posesión de tierras y el acceso al poder. Inflamado por la influencia del druida Wäinö (Ilkka Koivula) y por su falta de descendencia, Untamo decide atacar el hogar de su hermano, asesinándole junto a su esposa y llevándose consigo a Kullervo, el hijo de Kalervo. Es una modificación respecto a la historia original porque, en aquélla, la esposa de Kalervo solo está embarazada y Untamo no la mata sino que la secuestra, criando a Kullervo como si fuera su propio hijo. El cambio en la película, que muestra a Kullervo como un niño, puede restar credibilidad al hecho de que no descubra que Untamo es su padre hasta que es adulto, como si no tuviera recuerdos de su infancia, pero la historia trata de dar un giro en el tercer acto que intenta justificarlo de alguna manera. 

Más que como una epopeya épica, Son of revenge: The story of Kalevala está construida como una historia personal y un proceso interior de reconocimiento de los orígenes, y en este sentido quizás no se terminan de aprovechar desde el punto de vista visual las posibilidades geográficas de los bosques de Carelia. El director Antti J. Jokinen (1968, Finlandia), especializado en dramas históricos como Helene (2020), aporta cercanía a los personajes y un tono oscuro y violento a la trama, envolviendo a los protagonistas en una especie de dramatismo constante. Pero no consigue ofrecer un desarrollo convincente de Kullervo (Eias Salonen), que como personaje no termina de evolucionar más allá de una ira permanente, tanto en la comunidad en la que aún piensa que es hijo legítimo de Untamo, como más adelante, cuando descubre que en realidad Untamo es su tío y ha sido el culpable de la muerte de su verdadero padre. A medida que crece, los traumas infantiles le acechan a través de pesadillas, lo que puede explicar la memoria borrada de sus años de infancia, y en cierto modo su personaje, aunque es el protagonista, acaba siendo más funcional que realmente relevante, reflejando la rabia de una juventud que no se siente integrada dentro de una sociedad que le resulta siempre hostil. La aparición de uno de los pocos personajes femeninos importantes, Aino (Ronja Orasta), se queda algo difuminado porque, una vez que cumple su misión dentro de la narrativa y del desarrollo personal de Kullervo, desaparece sin que se la mencione nunca más. También hay que resaltar que en el European Film Market se ha presentado una versión de dos horas que es más reducida que las dos horas y veinte que dura la versión estrenada en Finlandia, lo que puede explicar la sensación de que algunos acontecimientos ocurren demasiado deprisa. Pero a tenor de algunas de las críticas que ha recibido en su país, que hacen referencia a una duración excesiva, puede que esta versión más recortada finalmente sea mucho más adecuada. Son of revenge es una epopeya que funciona bien como un vehículo de entretenimiento con cierta interioridad filosófica en torno a los orígenes y el sentido de pertenencia, un poco a la manera de los dramas históricos shakesperianos, y para quienes no conocen directamente la historia de Kullervo se puede disfrutar de una película épica que nunca se desequilibra del todo. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Goodbye Julia se puede ver en Plex.
Movements of a nearby mountain se puede ver en Truestory. 
Helene se puede ver en Filmin. 


16 febrero, 2026

Berlinale 2026 - Parte 1: Mujeres y políticas

"Toda película es política. Las más políticas son aquellas que pretenden no serlo: las de 'entretenimiento'. Porque descartan la posibilidad de un cambio. En cada plano te dicen que todo está bien como está. Son una promoción del estado de las cosas". Esta es una declaración del director alemán Wim Wenders, realizada hace unos años, que muchos han considerado una contradicción con las que expresó como presidente del jurado en la presentación del Festival de Berlín: "Debemos estar fuera de la política porque si hacemos películas que son meramente políticas, entraremos en el terreno político. Nosotros debemos ser el contrapeso de lo político, lo contrario a lo político". Pero esta respuesta a una pregunta del periodista alemán Tilo Jung, que presenta el programa online de entrevistas políticas Jung & Naiv y que está planteando estas cuestiones en las ruedas de prensa, ha acabado provocando un debate sobre el posicionamiento del Festival de Berlín respecto a causas como las protestas del movimiento Mujer, Vida y Libertad en Irán, o la condena clara de la invasión rusa en Ucrania, ofreciéndose en su momento como plataforma para los cineastas ucranianos, frente a la tibieza con la que se posiciona respecto al genocidio cometido por Israel en Palestina y la invasión de territorios palestinos como Gaza y Cisjordania, que ha provocado más de 72.000 muertos, casi 600 desde el supuesto acuerdo de paz de octubre de 2025, según datos de Amnistía Internacional. Ante las críticas que han recibido Wim Wenders por su contradicción, pero también Michelle Yeoh y Neil Patrick Harris por su negativa a expresar opiniones sobre la situación política global, la directora del Festival de Berlín, la británica Tricia Tuttle, lanzó un comunicado el sábado reclamando el derecho de los artistas a no expresar sus opiniones políticas si no quieren hacerlo. Y aunque puede resultar extraño preguntar a Michelle Yeoh por la situación en Estados Unidos cuando ella vive desde hace años en Suiza, esta postura "apolítica" ha molestado a algunos autores como la escritora Arundhati Roy, quien decidió no acudir al festival como tenía previsto debido a que esa posición supone silenciar "un genocidio del pueblo palestino por parte del Estado de Israel que cuenta con el apoyo y la financiación de los gobiernos de Estados Unidos y Alemania, así como de varios otros países europeos, lo que los convierte en cómplices del crimen". El escritor estadounidense Viet Thanh Nguyen también expresó su sorpresa en redes sociales sobre lo que él denomina "La excepción palestina. Estoy profundamente decepcionado con Wim Wenders, cuyas películas admiro. El arte y la política no son lo mismo, pero se superponen, y esa superposición exige una respuesta más rigurosa que la que Wenders ofreció en la Berlinale. Se refugia en la idea de que el arte debería centrarse en la empatía, lo cual es una concepción limitada del arte y de la empatía". La controversia surge por el hecho de trasladar estos temas de la pantalla a las ruedas de prensa y pretender que los artistas se posicionen cuando se les pregunta sobre cuestiones políticas, pero el propio Tilo Jung, que plantea esas cuestiones, afirmaba en la revista Variety que en una época en la que los fascismos están regresando, el arte debería posicionarse porque se está jugando su propia libertad: "Nadie espera una charla TED. Pero al menos esperan una respuesta. Si un artista tiene miedo de hablar abiertamente sobre el fascismo, entonces no debería venir. Porque estos son otros tiempos". En la inauguración de festival, artistas iraníes desfilaron por la alfombra roja con carteles de "Irán libre" y la Asociación de Cineastas Independientes de Irán realizó una performance en la Potsdamer Platz, con voluntarios tendidos en el suelo para simbolizar a las víctimas de las protestas de enero de 2026. Legitimando estas formas de protesta, la pregunta es si el Festival de Berlín se habría solidarizado también con una manifestación propalestina que denunciara el genocidio cometido por Israel.  

© Leyla Bouzid

À voix basse (In a whisper)

Leyla Bouzid

Francia, Túnez 2026 | 112' | Competición Oficial | ★


Nuestra primera crónica está dedicada a un tema tan político como la emigración, en este caso a través de los desafíos que supone el regreso. La directora Leyla Bouzid (1984, Túnez), quien se trasladó a Francia para completar sus estudios superiores, menciona precisamente que sus películas anteriores, À peine j'ouvre les yeux (2015) y Una historia de amor y deseo (2021), hablan de "cómo las fuerzas políticas y sociales moldean la esfera privada y modifican nuestros sentimientos más profundos, nuestro comportamiento, nuestra sexualidad". La historia de À voix basse (Leyla Bouzid, 2026) comienza con el regreso de Lilia (Eya Bouteraa) a la casa familiar en la ciudad costera de Susa, en Túnez, un lugar al que es cercano la propia familia de la directora, quien ha rodado en la casa de su abuela, manteniendo el aspecto de buena parte del interior, y permitiendo que los claroscuros formen parte de la puesta en escena de la película. Tras vivir varios años en Francia, Lilia ha vuelto a un hogar principalmente habitado por mujeres para asistir al funeral de su tío Daly (Karim Rmadi), a quien encontraron muerto completamente desnudo, iniciándose una investigación policial que podría desvelar su homosexualidad. Sus hermanas Wahida (Hiam Abbass), madre de Lilia, y Hayet (Feriel Chama) siempre han conocido la homosexualidad de Daly, pero han tratado de mantenerla oculta frente a la abuela Néfissa (Salma Baccar), porque hubiera supuesto un escándalo para la familia. En Túnez, la homosexulidad está considerada un delito, estipulando en el Código Penal que la condena puede ser de hasta tres años por "relaciones sexuales consentidas entre dos adultos del mismo sexo". Se trata de una ley colonialista redactada por los franceses durante la época del Protectorado en 1913, que no ha cambiado pero ha sido aplicada de forma más o menos estricta según los gobiernos. Durante los últimos tres años, bajo el segundo mandato del presidente conservador Kaïs Saied, elegido por un 90% de apoyo electoral, las detenciones han aumentado, y una "prueba anal", que muchas ONG internacionales han denunciado como una forma de tortura, se considera probatoria de las actividades sexuales de los acusados. A través de la historia de Daly, la protagonista también enfrenta su propia intimidad, porque Lilia ha viajado a Túnez con su actual pareja, Alice (Marion Barbeau), a la que ha mantenido alejada de su familia para ocultar su propia relación. Poco a poco, el descubrimiento de la situación de ocultamiento que sufre la comunidad homosexual en Túnez provoca una especie de emancipación de ella frente a su propia familia y su país de origen. La situación de control que parece mantener Lilia al principio se va desmoronando conforme se adentra en un terreno hostil donde su realidad se hace cada vez más visible, frente a la invisibilidad habitual de las relaciones lésbicas en Túnez. Esta aproximación de Leyla Bouzid a un aspecto controvertido de su país se equilibra entre un drama familiar que tiene la suficiente fortaleza como mantener la tensión y una mirada amable a las relaciones familiares a pesar de los resentimientos, como en una escena metafórica en la que Lilia, su madre y su tía tratan de sacar a un pájaro que se ha metido en la habitación de Daly, atrapado entre las cuatro paredes hasta que una ventana se abre a la libertad. 

El proceso que experimenta Lilia está narrado con una especial delicadeza, pero al mismo tiempo transmitiendo la rebeldía que supone asimilar su propia identidad sexual, y la respuesta de su madre Wahida, que ha aceptado la homosexualidad de Daly pero se siente traicionada cuando descubre que Lilia tiene una relación con otra mujer, es una reflexiva mirada a la propia actitud discriminatoria respecto a la visibilidad de las relaciones lésbicas. La ciudad de Susa es utilizada como un elemento importante para reflejar su pasado como una de las principales ciudades portuarias de África y su presente como una ciudad turística en la que aparentemente hay una mayor libertad pero en realidad es profundamente conservadora. La presencia de Daly como si se tratara de una aparición fantasmal destaca en los claroscuros del interior de la casa como una mirada al pasado familiar, que también se superpone al presente en algunos flashbacks que se incorporan a la realidad de Lilia en forma de recuerdos. Esta evocación del poder de la memoria se representa como un homenaje a la película La jetée (Chris Marker, 1962), a través de uno de esos flashbacks que se muestran como una sucesión de fotografías estáticas. À voix basse entrelaza hábilmente la relación familiar y el entorno hostil de la policía investigando una muerte que la autopsia ha aclarado que no tiene un origen violento, solo para dilucidar si Daly era homosexual. Y aunque puede perder algo de fuerza en ciertas representaciones de algo parecido al realismo mágico, la película consigue mantener una atmósfera evocadora que resulta lo suficientemente atractiva. A lo que también contribuye la delicada aportación musical de Yom (1980, Francia), clarinetista de origen judío cuyo álbum Alone in the light (2023, Planètes Rouges) acompañó a la directora  durante la producción de la película. En una historia de secretos identitarios que se mantienen ocultos dentro de una sociedad que los condena radicalmente, À voix basse logra esa condición de cine sutil y emotivo que al mismo tiempo proclama la rebeldía como una forma de emancipación personal, a través de las mujeres de una familia que, de una u otra forma, reclaman su espacio y sus propias decisiones. 

Enjoy your stay

Dominik Locher, Honeylyn Joy Alipio

Suiza, Francia, Filipinas 2026 | 99' | Panorama | 


El anuncio de un referéndum que se celebrará en Suiza el próximo mes de junio para decidir si se establece un número máximo de habitantes hasta 10 millones, a partir del cual se cerrarían las fronteras a la inmigración, es una más de las contradicciones en un país cuya riqueza se ha basado, como en la mayor parte de los países occidentales, en la explotación laboral de lo inmigrantes. Esta contradicción es expuesta de manera rotunda en el drama Enjoy your stay (Dominik Locher, Honeylyn Joy Alipio, 2026), cuyo título hace referencia a la nota que se incluye en los hoteles de las estaciones de esquí suizas dedicadas a los clientes, que viven de espaldas al trabajo irregular y mal pagado que realizan muchos inmigrantes para mantener el aspecto impoluto de sus instalaciones. El director Dominik Locher (1982, Suiza), que ya ha abordado temas sociales en títulos como Tempo girl (2013) y Goliath (2015), menciona el sentimiento de rabia que experimentó al leer un artículo sobre la explotación migrante en un país como Suiza que promueve una fachada de riqueza y estabilidad, pero manteniendo ocultos a los trabajadores invisibles que limpian en casas particulares en condiciones precarias y, en muchos casos, abusivas. La imagen de postal de las pistas de esquí suizas se mantienen en la película como una pantalla de falsa transparencia, que supone en realidad un trasfondo a la mano de obra barata e irregular que explota esa apariencia. La protagonista Luz (Mercedes Cabral) es una más de las trabajadoras filipinas que trabajan de manera irregular en la empresa de limpieza que administra Thibault (Alexis Manenti), quien además las utiliza para servir como limpiadoras y camareras para sus propias fiestas particulares. Luz se presta a todo tipo de trabajos para conseguir el dinero necesario para traer a su hija Sofía, cuya custodia mantiene su marido en Filipinas, quien no tiene ningún problema en trasladar el conflicto sobre la custodia paternal a un popular programa de la televisión filipina, obligando a Luz a ser entrevistada a través de videoconferencia para defender su derecho como madre a hacerse cargo de Sofía en las mejores condiciones posibles. La necesidad de conseguir recaudar el dinero suficiente también conduce a Luz a aceptar la propuesta de Thibault y su jefe Valentin (Raphaël Tschudi) de ser una especie de facilitadora de mano de obra barata y convertirse por tanto en cómplice de la trama de explotación laboral que ella misma está sufriendo. De manera inteligente, los directores deciden no mostrar a los clientes de los hoteles de la estación de esquí, porque es precisamente la invisibilidad de las trabajadoras irregulares las que mantiene ese sistema de explotación al margen de las apariencias. Thibault, que tiene una relación cercana pero claramente autoritaria con sus trabajadoras, incluso usándolas como cuidadoras de su hijo, les suele indicar que salgan siempre por las puertas traseras de los hoteles para evitar cruzarse con los huéspedes. Una de las fortalezas de Enjoy your stay es precisamente la de retratar este sistema de invisibilidad constante que permite a Suiza, como representación de los países occidentales, mantener la fachada de riqueza mientras permite una explotación laboral que resulta demasiado evidente. 

Sin embargo, Luz tampoco es retratada de una manera condescendiente, sino que está envuelta en conflictos internos y morales que la llevan incluso a traicionar a Mae (Hasmine Killip) una de sus compañeras de trabajo cuando se encuentra enferma, buscando un reemplazo rápido. Las estafas en los sueldos que se prometen y los que finalmente se pagan, o las largas jornadas laborales que empalman trabajos de limpieza con horas extra como camareras, están descritos con un ritmo asfixiante que mantiene la cámara siempre cercana a Luz, y que refleja la intensidad y el estrés provocado por la necesidad de realizar todo tipo de labores para lograr los objetivos económicos. Al situar la historia en el entorno de fin de año, en la época de mayor actividad de las estaciones de esquí suizas, Enjoy your stay también dibuja alrededor de la protagonista otra falsa realidad de fiestas y diversión, frente a la otra cara que viven las trabajadoras filipinas. Varias denuncias que se han interpuesto en Suiza a lo largo de los últimos años han puesto de manifiesto un sistema oculto de explotación y trata de seres humanos, especialmente en el sector del trabajo doméstico, donde el control es más difícil, incluso con invitaciones realizadas por los empleadores, que se ofrecen a pagar el vuelo a sus futuras empleadas, pero manteniéndolas en condiciones precarias y de manera irregular. La denuncia que expone la película se refleja de una manera clara, pero sin victimizar totalmente a las trabajadoras: Luz, poderosamente interpretada por Mercedes Cabral, conocida actriz de telenovelas filipinas, es una parte del engranaje de esta explotación, pero al mismo tiempo utiliza el propio sistema explotador para su beneficio. Aunque pueda parecer algo simplista en la exposición de su narrativa, estableciendo la tradicional confrontación entre ricos explotadores y pobres explotados, Enjoy your stay consigue capturar de una manera lúcida cómo la propia construcción de un sistema capitalista endémico y necesitado de mano de obra barata para sobrevivir, es el que establece este tipo de relaciones de poder, esta clase de entorno laboral de esclavitud permanente. 

© Colectivo Colmena

Chicas tristes (Sad girlz)

Fernanda Tovar

México, España, Francia 2026 | 86' | Generation 14plus | ★

El Colectivo Colmena es una comunidad de cineastas independientes creada en 2015 en México que cuestiona la jerarquía convencional de la industria cinematográfica con una forma de producción autosuficiente, hasta el punto que recientemente han comenzado a distribuir sus propias películas. Chicas tristes (Sad girlz) (Fernanda Tovar, 226) es su cuarto largometraje, con otros dos proyectos en fase de desarrollo. A través de una historia de amistad entre dos jóvenes de dieciséis años, La Maestra (Rocío Guzman) y Paula (Darana Álvarez), que comparten entrenamiento durante un verano para participar en el Campeonato Panamericano de Natación Juvenil que se celebrará en Brasil, la historia cuestiona la representación de las mujeres dentro de la sociedad mexicana y se hace preguntas sobre cómo dos adolescentes se enfrentan a una situación de abuso sin saber exactamente que se ha tratado de un abuso. La directora Fernanda Tovar (1991, México), debuta en el largometraje tras el éxito de cortos como Quiero estrellarme en seco contra el parabrisas del amor (2024), estrenado en el Festival Tribeca, y hace referencia a la sensación de que las mujeres mexicanas son "chicas tristes", adoptando este sentimiento como el título de su película, para plantearse la realidad de que esa tristeza también puede darse en situaciones de alegría y compañerismo. El entorno de las dos adolescentes en una especialidad deportiva que requiere una cierta exposición del cuerpo, pero que al mismo tiempo es lo suficientemente cerrado como para provocar una situación más complicada cuando se plantea la posibilidad de que una de ellas haya sufrido una violación, permite una confrontación más clara con la incertidumbre de revelar el secreto. Hay una referencia a la emigración, cuando el grupo de amigas habla durante la primera parte de la película sobre la deportación de un joven que se ha visto obligado a regresar a México. Paula se siente atraída por Daniel (Lucio Lemus), uno de sus compañeros en el equipo de natación, y durante una noche de fiesta piensa que tendrá la oportunidad de vivir su primera experiencia sexual como una ocasión especial, pero según relata ella a su amiga, en el último momento tuvo dudas y decidió decir que no. Pero a la mañana siguiente parece claro que ocurrió algo más aquella noche y que el consentimiento fue violentado. Cuando le preguntan a ChatGPT sobre una situación parecida, la IA responde de una forma tajante que realizar un acto sexual sin el consentimiento de la otra persona es objetivamente una violación. Es interesante que la directora decida incluir dentro de la incertidumbre de las dos adolescentes una herramienta tan deshumanizada como la Inteligencia Artificial, que da una respuesta rotunda y sin matices, una frase concisa a nuestras dudas existenciales, sin empatía ni calidez humana. La Maestra y Paula prefieren preguntarle a un sistema artificial antes que confesar sus dudas al padre de la segunda, buscando una respuesta sin tener que responder ellas a otras preguntas. 

Sad girlz , que cuenta con la coproducción española de Potenza Producciones, fundada por Carlo D'Ursi, nació como una película sobre la violencia de género y sus zonas grises dentro de la adolescencia, pero la directora afirma que fue cambiando de perspectiva cuando comprobó que en la Marcha del Día Internacional de la Mujer había muchas jóvenes mexicanas que reclamaban sus derechos y proclamaban eslóganes en contra de la violencia sexual. De manera que el objetivo era entender cómo se enfrentan estas adolescentes mexicanas esa realidad que sigue siendo un problema grave en México. Durante los primeros 15 días del mes de enero de 2026, se produjeron 31 feminicidios en 19 estados mexicanos, lo que marcó un aumento de la violencia de género respecto a la tendencia de los últimos años. Ni siquiera tener como presidenta a una mujer, Claudia Sheinbaum, ha conseguido que el gobierno mexicano haya sabido enfrentar una violencia tan transversal dentro de una sociedad que sigue manteniendo comportamientos profundamente machistas. Las dudas de Paula respecto a lo que sucedió durante la fiesta se mezclan con la atracción que sigue teniendo hacia Daniel, a quien solo se representa en algunas escenas, transmitiendo la sensación de que tampoco es realmente consciente de haber cometido un abuso sexual. El entorno cerrado de las pruebas de natación también aumenta la sensación de asfixia al tener que convivir diariamente con el violador. A pesar de ello, Chicas tristes no es una película pesimista, y subraya la solidaridad que puede encontrarse en la amistad, incluso aunque esta amistad requiera tomar decisiones difíciles. Cuando La Maestra pregunta a Paula por qué no le ha contado nada a su padre, ella hace referencia al estigma de ser vista de una forma diferente, ya siempre definida por la experiencia que ha sufrido. Como cuando Raz (Tatsumi Milori), una amiga que no está definida en la película por su transexualidad, lo que supone una mirada agradablemente diferente a la habitual, menciona que le gustaría vivir en un sitio donde nadie la conozca, porque determinadas acciones acaban definiendo de manera permanente a las mujeres. A pesar de su tema y su título, Chicas tristes es una hermosa película sobre la amistad, en la que la directora deja todo el peso en el trabajo de interpretación de las dos jóvenes protagonistas, pero también define su relación a través de la planificación, como en la escena en la que el progresivo alejamiento de ambas amigas se muestra en una conversación en la que La Maestra se encuentra en primer plano y Paula se ve reflejada en un espejo que la sitúa en otro espacio.

© Eliza Capai

A fabulosa máquina do tempo

Eliza Capai

Brasil 2026 | 72' | Berlinale Generation: Inauguración | ★


La fortaleza del cine brasileño está bien representada en una sección como Generation Kplus, dedicada a películas que tienen protagonista juveniles, en la que se estrenarán cuatro largometrajes procedentes de Brasil, y se ha inaugurado precisamente con este documental absolutamente desinhibido y original, un proyecto lúdico elaborado con un grupo niñas que viven en Guaribas, en el sertão del estado de Piauí, un lugar que alguna vez tuvo uno de los IDH (Índice de Desarrollo Humano) más bajos de Brasil. El documental nació desde que la directora Eliza Capai (1979, Brasil) participó en un proyecto financiado por Agência Pública para investigar cómo la Bolsa Família había afectado a las relaciones de género. Bolsa Família es un programa del gobierno que consiste en transferencias monetarias para familias muy pobres que canaliza el beneficio a las mujeres y exige que los niños, niñas y adolescentes asistan a la escuela. Aunque se trata de una cantidad muy pequeña, que no llega a 30 dólares al mes por cada miembro de la familia, ha contribuido a que Brasil se haya ido eliminando del Mapa del Hambre que elabora anualmente la ONU. Después de varios proyectos realizados por la zona, Eliza Capai llevó a cabo un taller de cine con algunas niñas del municipio, del que han surgido las ideas principales de este interesante documental. Es curioso cómo el cine brasileño que está consiguiendo más repercusión internacional, generalmente realizado por directores masculinos, mira hacia el pasado desde una perspectiva contemporánea, pero el cine que realizan muchas mujeres cineastas brasileñas tienen una mirada hacia el futuro, como indica la propia directora: "Nuestra imaginación del futuro está moldeada por la distopía, el caos, la guerra y la desesperación. Quiero ayudar a construir un cine donde el futuro sea deseable, placentero, abundante, alegre y pacífico. Para alcanzar ese futuro placentero, debemos aprender a soñarlo". Y así es como A fabulosa máquina do tempo (Eliza Capai, 2026) se plantea desde una perspectiva lúdica en la que son las niñas las que juegan a ser sus propias directoras y protagonistas de sus historias, las que imaginan el futuro y viajan al pasado, y las que entrevistan a sus madres, muchas de ellas tan jóvenes que tuvieron a sus hijas cuando eran adolescentes. De manera que, aunque la película está planteada con un maravilloso sentido de la diversión, aborda algunas de las problemáticas a las que se van a enfrentar estas niñas cuando sean mujeres adultas: "Antes de todo, todo era oscuridad. No había luz, no había nada. Entonces Dios empezó a jugar y a inventar todas las cosas, e hizo al hombre del polvo, y a la mujer del hombre... ¿Serían diferentes las mujeres si también fueran hechas del polvo? Me alegro de no ser mujer todavía. Ni yo ni mis amigas", dice la narradora Manuzinha al comienzo de la película. La mayor parte de las protagonistas están criadas en religiones evangélicas, de manera que la mitología bíblica impregna sus realidades y también su imaginación. Aunque viven en casas de tierra sin agua corriente, tienen la oportunidad de ir a la escuela y soñar con un futuro mejor que el presente que viven sus madres y el pasado que vivieron sus abuelas. "El pasado era vivir para no morir. Venimos de los esclavos. Aquí no había agua, no había comida, no había donde vivir", les dice su abuela cuando ellas se embarcan en una máquina del tiempo imaginaria para viajar hasta 2003, cuando comenzó a implementarse el programa Bolsa Família, durante el primer mandato de Lula da Silva. 

El propio crecimiento de las niñas es planteado como si se tratara de una máquina del tiempo, aquella en la que son capaces de vislumbrar un futuro con el que pueden soñar: ser policías, militares, abogadas o doctoras son posibilidades que están presentes como nunca lo estuvieron en la imaginación de sus madres, algunas de las cuales tuvieron que dejar los estudios para casarse. Es en las entrevistas que hacen las hijas a las madres donde se muestran las distorsiones del machismo, del alcoholismo de los maridos y de la discriminación de género. Casi todas las niñas asumen que sus familias les permiten hacer cosas diferentes a los hijos varones, mientras ellas deberán asumir el papel de amas de casa y madres, algo contra lo que algunas ya se rebelan, elaborando una narrativa de ficción en la que se imaginan a un matrimonio que no tiene recursos para atender al marido en los servicios médicos cuando se pone enfermo, porque éste no ha permitido a su mujer salir a trabajar. A fabulosa máquina do tempo es una entretenida mezcla de ficciones creadas por sus protagonistas, de realidades descritas por sus familiares y de reconstrucción de un mundo que quizás algún día puede llegar a ser mejor. Y esta mirada optimista y alegre resulta contagiosa, vitalista y reivindicativa, desde una perspectiva femenina que se resiste a ocupar un lugar secundario, incluso en localidades que rozan la pobreza como Guaribas. Dentro de su sencillez y su carácter lúdico, este documental de desbordante alegría consigue profundizar en temas como la influencia de la religión y las estructuras sociales impuestas en las zonas más desfavorecidas de un país que todavía necesita construir muchos puentes para ayudar a muchas familias a salir de la pobreza y el analfabetismo. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

La jetée se puede ver en Filmin y Mubi.