27 octubre, 2026

South International Series Festival 2026: Afrontando el cambio

La 4ª edición del South International Series Festival se celebra en Cádiz entre el 30 de octubre y el 4 de noviembre, presentando una programación que se alimenta principalmente de los próximos estrenos de plataformas y canales de televisión españoles, con una breve selección de producciones internacionales inéditas. Esta será la última edición que la organización Womack Group ha decidido celebrar el festival en otoño, para trasladarse a partir del próximo año a la primavera, con fechas confirmadas entre el 30 de abril y el 5 de mayo de 2027, un movimiento que le sitúa más cerca de otros festivales de series europeos, como Canneseries, que también se traslada desde el año que viene a febrero, Séries Mania, que se celebra en marzo, y Montecarlo, que tiene lugar en junio. Y le aleja del habitual colapso de festivales de cine que se produce en España en el otoño, que en los últimos años también han acabado acaparando las presentaciones de series españolas. Precisamente, la SEMINCI de Valladolid estrenó hace unos días la miniserie Matar a un oso (Movistar Plus, 2026), que ha sido la ganadora del premio a la Mejor Serie Nacional en el festival Serielizados, donde se proyecta esta semana. En la Sección Nacional, también han recibido premios la recién estrenada Segunda temporada (Filmin, 2026) como Mejor Guión y Celeste T2 (Movistar Plus, 2024-2026) como Mejor Interpretación para Carmen Machi. Asimismo, se ha concedido una Mención Especial a la producción catalana In vitro (3Cat/HBO Max, 2026). En la Sección Internacional tampoco ha habido sorpresas, con el premio a Mejor Serie para la excelente Etty (Arte France, 2025), que hubiera merecido también el de Mejor Interpretación para su protagonista Julia Windischbauer, aunque al final ha recaído en Diane Morgan por la comedia Ann droid (Filmin, 2026-), y el Mejor Guión ha sido para la francesa Camaradas (Arte, 2026). Tomando el relevo, South International Series Festival se inicia dentro de unos días, con homenajes al guionista británico afincado en España Ronan Bennett, creador entre otras de las series Top boy (Netflix, 2011-2023), Chacal (SkyShowtime, 2024-) y Tierra de mafiosos (SkyShowtime, 2025-), aunque él no está implicado directamente en la segunda temporada, y los actores españoles Álvaro Morte y Ana Duato. En nuestro acercamiento a la programación del festival, repasamos algunos de los títulos internacionales que han sido seleccionados en las dos secciones competitivas. 

Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.

American hostage

Estados Unidos 2026 | Movistar Plus, 8x50' | Inauguración | ★★★☆☆

Creada por Shawn Ryan, Eileen Myers sobre una historia real

Dirigida por Adam Arkin, Nina Lopez-Corrado


En algunas ocasiones se producen esas coincidencias temáticas que acaban provocando que con pocos meses de diferencia se estrenen películas o series que abordan historias similares, aunque con distintas perspectivas. En muchos casos, el origen de estas coincidencias está en que una misma idea ha pasado por diferentes estudios y ha acabado siendo retomada en algún momento por aquellos que la rechazaron. No sabemos las circunstancias sobre cómo la historia real que protagonizó Tony Kiritsis en 1977 ha acabado siendo al mismo tiempo tanto una película como una serie de productoras diferentes, pero este año han coincidido el largometraje Prime crime: A true story (Gus Van Sant, 2025) y la miniserie American hostage (Movistar Plus, 2026) abordando la misma trama: el secuestro de un agente inmobiliario que mantuvo a Estados Unidos en vilo durante 63 horas. La diferencia principal es que el punto de vista de Gus Van Sant se enfoca en la historia del secuestrador y su víctima (Bill Skarsgård y Dacre Montgomery), dejando al periodista Fred Temple (Colman Domingo) como un personaje secundario y ficcionado como un DJ de música negra, mientras que la serie tiene una mirada más colectiva pero convierte en principal protagonista al locutor de radio. De hecho, la historia está basada directamente en la estructura narrativa del excelente pódcast American hostage (Criminal Content, 2022-2023) que protagonizó Jon Hamm interpretando al mismo personaje. Es precisamente con el conocido locutor de un programa de radio del canal local WIBC de Indianápolis, con el que comienza esta serie creada por Shawn Ryan, creador del éxito El agente nocturno (Netflix, 2023-) y Eileen Myers, que ha colaborado con el anterior en otras series como Último destino (ABC, 2012-2013).  Pero, al contrario que la película de Gus Van Sant, más centrada en el apartamento en el que se mantiene al rehén, la serie amplía su mirada hacia otros aspectos de la historia. Tony Kiritsis (Giovanni Ribisi) es un hombre de mediana edad que había invertido su dinero en un centro comercial con una hipoteca firmada por el padre de Dick Hall (Kristoffer Polaha), pero está convencido de que padre e hijo le engañaron para sabotear su proyecto y acabar quedándose con el terreno. Una de las imágenes más relevantes del suceso fue fotografiada por John H. Blair, ganando el Premio Pulitzer en 1978: el recorrido a pie que efectuó Tony Kiritsis apuntando con una escopeta a Dick Hall por el centro de Indianápolis usando un mecanismo llamado "dead man's wire" (el cable del hombre muerto), que consistía en un cable rodeando el cuello del secuestrado y atado a la escopeta, lo que impedía que éste pudiera hacer un movimiento de huida y que la policía disparara al secuestrador. Considerando al locutor Fred Heckman (Jon Hamm) como un hombre de confianza, Tony Kiritsis decide llamar por teléfono a su programa y convertirle en su interlocutor. De manera que la serie proporciona una mirada hacia el control de los medios de comunicación, el llamado cuarto poder, reflexionando sobre la amenaza actual que se cierne sobre él, con políticos censurando la presencia de periodistas que no se alinean con sus narrativas o gobiernos utilizándolos como daños colaterales en las guerras. En este caso, la censura que imponía la FCC al multar a los medios de comunicación por cada palabra malsonante que utilizaban se convierte en una justificación del director de la emisora para negarse, al principio, a que Tony Kiritsis sea entrevistado en directo. 

Hay un cierto sentido del humor en el tratamiento narrativo, especialmente en el trabajo de dirección de los primeros episodios a cargo del actor y director Adam Arkin, que también interpreta a un personaje, y que utiliza algunos recursos propios del cine de acción de los años setenta, como la pantalla dividida. De hecho, el aspecto visual y algunos temas relacionados con una noticia convertida en un espectáculo narrado en directo tiene claras referencias a Tarde de perros (Sidney Lumet, 1975), la estupenda película protagonizada por Al Pacino como un atracador cuyo robo se convierte en un fenómeno mediático. Sobre todo en estos primeros episodios se juega de una manera divertida con los efectos de sonido al sintonizar la radio y con los elementos tecnológicos, con una estupenda creación musical-sonora en los créditos iniciales que proporciona un tono de juego. Pero a partir de mitad de temporada, especialmente a raíz de una confesión que hace el locutor de radio Fred Heckman durante una conversación con Tony Kiritsis transmitida por la emisora, en el episodio Una muestra de lo que ofrece Indianápolis (T1E4), comienza a adquirir una tonalidad más dramática, que se intensifica durante el resto de los episodios dirigidos por Nina López-Corrado. Da la impresión, sin embargo, que los apuntes sobre los medios de comunicación y los intentos de interferencia del FBI y la policía en cómo debe abordar el locutor su relación con el secuestrador, plantean un camino que no termina de recorrerse, prefiriendo un tratamiento más enfocado en los personajes. A pesar de su evidente acto criminal, Tony Kiritsis comienza a sentir el apoyo de muchos ciudadanos, con manifestaciones en la puerta de su apartamento, porque si bien sus acciones son condenables, su reivindicación parece justa. Fred Heckman es la representación de la ética periodística al negarse a mentir al secuestrador siguiendo su premisa de decir siempre la verdad, especialmente cuando le proponen convencer a Tony para que firme un acuerdo de inmunidad que es falso. Lo que le cuesta su propio puesto como director de noticias, ante la presión de su compañero periodista Ben Hairston (William Jackson Harper). Pero cuando la serie deja a un lado el interesante enfoque sobre los medios de comunicación, solo hay algunos elementos que mantienen el interés de la narrativa: la relación entre Fred/Tony y la que mantienen la esposa del primero, Barbara (Mireille Enos), y la esposa de Dick Hall, Ibby (Kat Cunning), que podría distraer la historia, pero funciona gracias a la dinámica conmovedora de dos mujeres situadas fuera del foco del protagonismo. Y sin duda resulta innecesario el episodio retrospectivo Noticias y mercados de la Luna (T1E6), que trata de establecer los antecedentes de los personajes. A pesar de esto, American hostage tiene problemas para ser tan relevante como parecía en los primeros episodios, construyendo una historia bien contada pero que a veces pierde el foco sobre los temas realmente importantes que deja entrever. 

Alguien debería prohibir los domingos por la tarde

Francia 2026 | Sundance tv, 8x30' | Oficial Ficción | ★★★★☆

Creada por Isabel Coixet

Dirigida por Isabel Coixet

Hay una frase que Isabel Coixet (1960, Barcelona) utiliza desde hace años como título para publicaciones, pódcast y series. En 2011 publicó el libro Alguien debería prohibir los domingos por la tarde (2011, Ed. El Aleph Editores), en el que planteaba reflexiones sobre el cine y la vida, y desde 2020 ha presentado el programa Alguien debería prohibir los domingos por la tarde en Radio 3, que se emite precisamente los domingos. Ahora traslada el mismo título a su nueva incursión en el formato de series tras la inicial Foodie love (Arte, 2019) y dirigir un episodio de la docuserie Ingredientes para la vida (Apple tv, 2024). A pesar de contar con un título idéntico, Alguien debería prohibir los domingos por la tarde (Sundance TV, 2026), una producción de Arte Francia que en España se estrenará a través de Sundance TV y se presentará oficialmente en el marco del South International Series Festival, no está directamente relacionada con los anteriores proyectos. Pero hay algunas similitudes en cuanto a los planteamientos relacionados con el arte cinematográfico y las propias inquietudes de la protagonista Louise (Liv Henneguier), una aspirante a cineasta que ha escrito el guión de una posible película en la que recrea la ficticia historia de amor entre Françoise Hardy (Louise Follain) y el cantante británico Nick Drake (Charles Gabriel) en los sesenta, que la misma Isabel Coixet describía en un artículo en El Correo hace unos años como parte de sus descubrimientos presentando el programa radiofónico: "He descubierto que las canciones de Nick Drake y Françoise Hardy se complementan bien con textos de Joan Didion" (El Correo, 12/5/2023). De manera que la serie vuelve sobre constantes temáticas que la directora catalana ha abordado como escritora y como presentadora de su programa radiofónico, pero construyendo una historia de ficción alrededor, que bebe de las referencias cinéfilas que pueden hacernos recordar a películas como París nos pertenece (Jacques Rivette, 1961). Si en aquélla un estudiante de literatura se adentra en la investigación de la muerte de un músico español por las calles de París, la capital francesa también se convierte en protagonista cuando Louise acude desde Limoges para aprovechar una beca de una escuela de cine que le permitirá discutir su guión con el aclamado guionista norteamericano Ted McKey (Tim Robbins), ganador de un Oscar pero ahora completamente vendido a la industria de Hollywood escribiendo películas de superhéroes: "El cine está muerto. Nosotros solo estamos en su funeral pretendiendo que sigue vivo", es una de sus primeras frases. Para su sorpresa, Ted McKey no está en París, sino que la mentoría se produce por videoconferencia, una decisión que no permite que exista una interacción en persona del actor norteamericano que ya participó en La vida secreta de las palabras (Isabel Coixet, 2005). Pero, por otro lado, esta relación digital a través de una pantalla es aprovechada narrativamente para establecer la distancia que separa al veterano guionista de la joven aspirante: "Nunca serás conocida si sigues escribiendo historias como ésta. Esta película no le interesa a nadie", le dice a Louise en su primer encuentro, de forma amable pero categórica. La protagonista acaba compartiendo piso con los otros dos protagonistas de la historia, que representan las vidas de jóvenes veinteañeros en un París que está mostrado huyendo de los tópicos de postal pero manteniendo una belleza reconocible. La propia Isabel Coixet afirmaba en su estreno en Francia el pasado mes de marzo que quería hacer una especie de antídoto contra Emily en París (Netflix, 2020-2026), un proyecto del que le habían ofrecido dirigir su primer episodio, pero que ella rechazó.

Aunque la ciudad que muestra la serie es un París que evita la postal de los lugares emblemáticos y se centra más en el distrito XIX a través de su multiculturalidad, no deja de ser una especie de estereotipo hipster de la capital francesa, pero funciona bien como contexto de una historia protagonizada por jóvenes que se abrazan a la melancolía. Charlie (Clara Bretheau) tiene una afección misteriosa que se irá desvelando y enlaza un trabajo precario con otro, enamorándose de Zoe (Chloé Lecerf) aunque sin saber tratarla con especial romanticismo. Es un personaje melodramático que lanza frases pretenciosas como: "Finjamos que el amor existe", pero conforme descubrimos más sobre su pasado, y sobre todo, sobre su relación con su madre Alix (Jeanne Balibar), de alguna manera se entiende su dolor y su tendencia autodestructiva. Su amigo Nelson (Théo Christine) es casi como un hermano y está haciendo un riguroso aprendizaje como itamae para dominar el arte del sushi, pero guarda en secreto su relación amorosa con Alix porque sabe que Charlie la consideraría una traición. Tratando de liberarse de esta relación, se siente atraído por mujeres maduras como Anna (Nathalie Poza), una camarera española que sabe que está enamorado de otra mujer. Los tres deciden establecer una especie de ritual que explica el título de la historia: ver una película triste los domingos por la tarde para ahuyentar la melancolía del lunes, y cada episodio adopta el título de una de esas películas, como Sans toi ni lois (T1E3) que hace referencia a Sin techo ni ley (Agnès Varda, 1985) o In the mood of love (T1E5) en referencia a Deseando amar (Wong Kar-Wai, 2000). Con un tono de nostalgia que se refleja en las escenas en Super 8 que muestran la historia de amor imaginada por Louise entre Françoise Hardy y Nick Drake, que nunca sucedió en la realidad, Alguien debería prohibir los domingos por la tarde no es tanto un reflejo de una generación de jóvenes veinteañeros en un París idílico, sino una reflexión sobre el cine y la creación artística, a veces con tendencia a impartir lecciones de cinefilia, como en las referencias algo pretenciosas a directores poco conocidos como Guy Gilles (1938, Argelia-1996, Francia). No obstante, las reflexiones sobre la melancolía por el cine en un medio tan poco cinematográfico como una plataforma de streaming no dejan de presentar una mirada irónica. Más precisa conforme se desarrollan los episodios, la serie va descubriendo algunos aspectos que los protagonistas mantienen en secreto, y destacan especialmente algunas secuencias singularmente conmovedoras, como la despedida entre Nelson y Alix en el episodio The last picture show (T1E7), en referencia a La última película (Peter Bogdanovich, 1971). La representación de París proviene de la idealización de una experiencia vital de la propia Isabel Coixet, que llegó a la capital francesa para estudiar en La Sorbona cuando tenía 22 años, y cuyas vivencias fueron menos amables que las que retrata en el caso de Louise. De manera consciente, hay una reescritura de su propia vida que se refleja en unos personajes generalmente positivos, aunque a veces caiga en ciertos estereotipos del melodrama característico de su cine. Pero la serie consigue momentos de sensibilidad poética que están entre lo mejor de Isabel Coixet, sobre todo en los dos últimos episodios, en los que describe la ruptura y el reencuentro, estableciendo un juego de espejos del cine dentro del cine que acaba resultando bastante conmovedor.

Breitscheidplatz 19/12 (Blindspot Berlin)

Alemania 2026 | ARD/NDR, 6x45' | Oficial Ficción | ★★★★☆

Creada por David Marian, David Nawrath

Dirigida por David Nawrath

Festival de Toronto '26: Primetime


Detrás de un grave atentado terrorista hay, indudablemente, un grave fallo de seguridad, pero los secretos oficiales y la falta de transparencia en muchos casos acaban alimentando las narrativas alternativas y las teorías conspirativas. Es lo que plantea el creador y director de esta serie, David Nawrath (1980, Alemania) al querer abordar los acontecimientos sucedidos durante los meses previos al atentado yihadista ocurrido en el mercado navideño de Breitscheidplatz el 19 de diciembre de 2016. Con un estreno previsto para el 30 de octubre en Alemania, la miniserie construye personajes ficticios, pero está basada en los resultados de una comisión de investigación parlamentaria que llegó a la conclusión de que la policía criminal que investigaba a Anis Amri, el autor material del atentado, y a otros sospechosos tenía una grave falta de personal, que las autoridades judiciales y de seguridad no coordinaron el intercambio de información y que los funcionarios cometieron graves errores de juicio. Las solicitudes de asilo de Amri fueron rechazadas, pero nunca fue deportado, e incluso cuando trató de salir de Alemania unos meses antes de cometer el atentado, la policía fronteriza le impidió la salida porque no contaba con la documentación adecuada. El 19 de diciembre, Anis Amri asesinó al conductor polaco de un camión de mercancías y lo dirigió hacia el mercado navideño de Breitscheidplatz en Berlín, matando a 12 personas y dejando a decenas heridas. En 2021, una víctima más falleció debido a las secuelas de las lesiones que le provocó. Aunque la oleada de graves atentados terroristas perpetrados en Europa por el Estado Islámico ha remitido, el nivel de peligro sigue siendo alto, y este pasado mes de julio otro terrorista embistió con una furgoneta de reparto a las personas que participaban en una celebración en Berlín, matando a una de ellas. Blindspot Berlin (ARD, 2026) es un tenso thriller que sigue a la vigilancia que los investigadores antiterroristas efectuaron hacia el círculo salafista del predicador Abu Walaa, del que se sospechaba que lo utilizaba para captar seguidores del Estado Islámico. La historia transcurre de forma cronológica desde 2015, estableciendo una cuenta atrás de los meses previos que quedan hasta el atentado de 2016. Frank Laudin (Albrecht Schuch) es un oficial de seguridad estatal en Renania del Norte-Westfalia, que vigila al estudiante de medicina Baran Soylu (Doguhan Kabadayi) en su intento de unirse a un grupo terrorista. Para llegar a los predicadores del odio que radicalizan a los jóvenes, Laudin introduce a un informante en los círculos del Estado Islámico: el exconvicto Murat Cem (Tamer Trasoglu), que se convierte en un infiltrado arriesgando su vida. En el círculo salafista conoce a Anis Amri (Wael Alkhatib), un joven solitario, inestable y propenso a la violencia. Mientras tanto, la agente y traductora Isra Al-Husseini (Bayan Layla), que huyó de Irak con su familia, también está investigando a Murat Cem sin saber que es un informante, pero el experto del BKA (Oficina Federal de Investigación Criminal), Heyse (Hanno Koffler), considera a Amri como un pez pequeño dentro de las cédulas islamistas en Alemania. 

A lo largo de un año en el que se producen algunos graves atentados en Europa, como el ataque contra la sala Bataclan y otras zonas de París o el atropello mortal con un camión en la ciudad de Niza, la información que recibe Frank Laudin parece indicar claramente que Alemania podría ser objeto de otro atentado, pero sus advertencias no son escuchadas por los oficiales a cargo de la lucha antiterrorista. Blindspot Berlin se centra en los personajes, estableciendo una narrativa que se desarrolla de dentro hacia afuera, en vez de enfocarse en la investigación usando a los protagonistas como solo como soportes de la historia. Por el contrario, tiene un especial cuidado en mostrar las consecuencias que el obsesivo trabajo de Frank Laudin provoca en la relación con su esposa Claudia (Sina Martens) y las dificultades que tiene para Isra trabajar en un cuerpo de seguridad alemán debido a su origen iraquí, no solo por los prejuicios que provoca en su propio entorno, sino también por las amenazas que recibe cuando se enfrenta a sospechosos de formar parte del Estado Islámico. Pero el personaje más interesante es el de Murat Cem, el ex-convicto que decide aceptar la oferta de infiltrarse dentro de los círculos de captación de seguidores yihadistas, y cuya vida acaba poniéndose en peligro en más de una ocasión, debido a las sospechas que comienzan a surgir de que existen filtraciones dentro del grupo. La serie mantiene la tensión a lo largo de los seis episodios, revelando un escenario de instituciones desbordadas, fallos sistémicos y una ceguera ante la amenaza evidente. El atentado provocó una gran conmoción en Alemania, no solamente por la cifra de muertos y heridos, sino porque planteó un dilema profundo en torno al Estado de derecho, la democracia occidental, la tensión entre seguridad y libertad, y la colisión entre tolerancia e islamofobia. La dimensión política surge del conflicto, y en cierta manera puede ser considerado como uno de los catalizadores de la deriva hacia la extrema derecha y las narrativas antiinmigración que se han producido en Alemania en los últimos años. En este sentido, el director David Nawrath también menciona la conciencia de que la propia serie puede ser utilizada por este tipo de narrativas populistas para reforzar sus discursos racistas y xenófobos, aunque claramente ofrece una mirada hacia el extremismo que surge de la marginación y el aislamiento. Hay que alabar el tratamiento visual que ofrece del atentado, evitando imágenes violentas pero envolviéndolo en un silencio que lo hace más sobrecogedor. Y también la música electrónica y casi industrial de la compositora Dascha Dauenhauer (1989, Rusia), que refuerza la tensión y crea una atmósfera cada vez más opresiva. Blindspot Berlin pretende ser meticulosa en el tratamiento de la información que ofrece, salida directamente de la comisión de investigación, pero creando tres personajes centrales ficticios que sirven para construir la narrativa adecuada. Puede ser menos intensa que otras propuestas similares como la película Novembre (Cédric Jimenez, 2022), sobre la investigación tras los atentados de París, pero es minuciosa y precisa sin perder su condición de thriller de investigación.

LIS (Still breathing)

Noruega 2026 | NRK, 8x45' | Oficial Ficción | ★★★★☆

Creada por Karianne Lund, Nicolai Moland

Dirigida por André Chocron, Ida Sagmo Tvedte


Después de la pandemia del coronavirus, y esto no parece una casualidad, la tendencia de los dramas hospitalarios ha pasado de elaborar historias de tono casi de telenovela, a centrarse en aspectos más realistas. Ya en la década de los 2000, con series como House (SkyShowtime, 2004-2012) había un enfoque más personalizado en los aspectos humanos, pero la principal novedad que trajo la atención mediática hacia el trabajo de los profesionales de la medicina durante el confinamiento fue una preocupación de los guionistas por ofrecer a los espectadores ambientaciones más realistas y crudas del funcionamiento de los hospitales y las condiciones de trabajo de sus profesionales. Películas recientes como Turno de guardia (Petra Biondina Volpe, 2025) o La otra víctima (Zinnini Elkington, 2025) han mostrado la tensión de las largas jornadas laborales, y sus consecuencias. Por supuesto, muchos pueden nombrar la influencia de The pitt (HBO Max, 2025-) en este tipo de tratamientos, pero lo cierto es que series como la alemana Push (ZDF, 2024-) o las danesas La enfermera (Netflix, 2023) y Dia i nit (3Cat, 2022-2024), ya lo habían hecho con anterioridad, con la circunstancia de que resulta extraño sentirse más identificado con una producción norteamericana que con producciones europeas, cuando ambos sistemas sanitarios son radicalmente diferentes. Lo que sí ha proporcionado el éxito de la serie norteamericana es una mayor disponibilidad de las cadenas de televisión a abordar estos dramas médicos, y la televisión pública noruega ha tomado el testigo con su primer drama hospitalario, LIS (Still breathing) (NRK, 2026-), cuyo título original adopta el término que especifica el denominado lege i spesialisering (médico especialista), que abarca un período de intervención de los aspirantes a obtener el título, de doce meses en las urgencias de un hospital y seis meses en el servicio de salud municipal, lo que se denomina como LIS1, la primera de las tres fases de prácticas que se deben desarrollar para conseguir la titulación. La joven doctora Petra (Elpida Stojcevska) se encuentra en esta primera fase comenzando a trabajar en el ala quirúrgica de un hospital regional dirigido por el jefe médico Bjørn Ivar (Henrik Rafaelsen), enfrentándose a continuas reestructuraciones de personal que pretenden recortar el presupuesto. El retrato de un sistema sanitario público que siempre se desequilibra entre unas partidas presupuestarias cada vez más reducidas es uno de los reflejos más interesantes de una serie que también consigue construir personajes que se sitúan en un delicado límite moral. Aunque al principio Petra ofrece una visión externa, como recién llegada, de las implicaciones de decisiones complejas en las que hay que predominar la permanencia o no de determinados pacientes en favor de otros porque no hay camas suficientes, pronto algunas de sus propias decisiones tienen también consecuencias. En el episodio Turno de noche (T1E1), cuando se enfrenta a su primera guardia nocturna, salva la vida a una paciente que entró en colapso, pero sin saber que esta paciente había firmado la "orden de no reanimación", lo que provoca una queja interna por parte del enfermero Eivind (Kenneth Homstad), que podría tener consecuencias graves para su carrera. 

Aunque la serie a veces cae en la típica introducción de relaciones sentimentales entre algunos de los profesionales médicos, trata de darle un cierto giro al hacer que Eivind tenga una relación secreta con el jefe médico Bjørn, pero no puede evitar el estereotipo de esta clase de encuentros clandestinos, a pesar de que la posible bisexualidad de éste no supone ningún problema para su hijo Joakim (Deniz Kaya) que también es uno de los médicos del hospital. Aunque juega un papel secundario, el pragmatismo que podría confundirse con cinismo por parte del cirujano Anders (Anders Baasmo) refleja el lado más despiadado de un sistema sanitario que necesita adoptar decisiones rápidas pero al mismo tiempo aparentemente poco solidarias con los pacientes: dar de alta para desocupar una cama a pesar de que necesite atención médica, elegir quién es merecedor de una operación urgente antes que otro, trasladar a un paciente al hospital central en ambulancia o en helicóptero... Cada una de las decisiones no solo supone una cuestión de vida o muerte, sino también un conflicto presupuestario. Pero mientras médicos veteranos como Anders o Bjørn han conseguido alcanzar un cierto grado de equilibrio psicológico, una joven novata como Petra se enfrenta a conflictos morales complejos, a pesar de que esto suponga reproches por parte de algunos compañeros como Eivind: "No se trata de lo que tú sientes. Solo te importa sentirte bien contigo misma. No ves el panorama general porque eres una pésima profesional", le dice en el episodio Paro cardíaco (T1E7). Still breathing parece mirar hacia las palabras del ex-ministro de Sanidad Bent Høie cuando se refería en 2014 a la necesidad de establecer prioridades en la atención sanitaria debido a que los recursos no son inagotables. Pero la serie nos coloca delante de las consecuencias reales de esta priorización, las que sufren los pacientes que no son atendidos adecuadamente y los médicos que tienen que enfrentarse a estos conflictos éticos. Creado por Karianne Lund (1974, Noruega), una de las guionistas más reconocidas de la televisión noruega por series como Occupied (Prime Video, 2015-2020) o la comedia Hybris (NRK, 2023), este drama médico no solo ha conseguido más de un millón de espectadores en su estreno, siendo uno de los mayores éxitos recientes de NRK, sino que ha generado un debate sobre el sistema sanitario. Estrenando su primera temporada en Noruega el pasado mes de abril, acaban de terminar las emisiones semanales de su segunda temporada, que se estrenó a finales de septiembre, y el canal público ya ha confirmado una tercera temporada para el año que viene. 

Snake killer

Dinamarca 2026 | Prime Nordic, 4x50' | Oficial Ficción | ★★★★☆

Creada por Anders Ølholm

Dirigida por Anders Ølholm, Kaspar Munk

Canneseries '26: Competición


Estrenada el pasado mes de enero en Prime Video, pero solo en algunos territorios entre los que no está España, esta propuesta ultraviolenta y sucia en torno a policías corruptos puede sonar a películas como Training day (Antoine Fuqua, 2001), y de hecho se trata de uno de sus referentes visuales junto a Serpico (Sidney Lumet, 1973), pero está inspirada en una brigada de la policía danesa que existió realmente, la unidad policial de Copenhague conocida como uropatruljen, que funcionó entre 1965 y 2001, casi siempre rodeada de controversia por sus métodos poco convencionales, y a veces claramente difusos en cuanto a los límites legales, para combatir el narcotráfico. De hecho, el proyecto nació porque uno de los antiguos componentes de esta unidad se puso en contacto con la productora para ofrecer la posibilidad de contar detalles sobre su funcionamiento, principalmente apoyado en una red de informantes que eran extorsionados por la policía proporcionándoles drogas, al mismo tiempo que algunos de los cargamentos decomisados nunca llegaban a los depósitos de la comisaría. A partir de esta propuesta, Anders Ølholm (1983, Dinamarca), director de la muy exitosa Shorta. El peso de la ley (2020), también centrada en una patrulla policial, elabora un guión de ficción que incorpora algunos de los detalles proporcionados en torno a esta unidad de investigación, pero también se inspira en el libro Hærdet (2021), escrito por el ex-policía René Dahl Andersen en colaboración con Casper Fauerholdt. El punto de partida es el habitual en este subgénero de corrupción policial: la incorporación de la joven agente de policía Louis Knudsen (Mira Elisa Obling) a la uropatruljen, no solo por sus méritos sino sobre todo como una forma de aportar diversidad de género a la policía de cara a la sociedad, pero siempre bajo las suspicacias de los componentes masculinos de la patrulla. Entre ellos destacan el explosivo Brian Petersen, conocido como Smiley (Pilou Asbæk), y su veterano compañero Jim Nølse (Lars Ranthe), dos policías de la vieja guardia que tienen sus propios métodos y conocen perfectamente cómo funcionan las zonas más afectadas por el tráfico de drogas, convirtiéndolas en territorios sobre los que ellos mismos se han adjudicado el control. En este caso, el thriller policial Snake killer (Prime Video, 2026) se desarrolla en el barrio de Vesterbro a principios de la década de los 2000, lo que le proporciona a la serie ese tono apagado de thriller de los años setenta que claramente se inspira en títulos clásicos como Taxi driver (Martin Scorsese, 1976), incluso en alguna imagen de Smiley en un coche que parece emular a Travis Bickle en su taxi, pero también bebe de los policíacos de textura europea como French connection (William Friedkin, 1971), con referencias directas a títulos italianos: el episodio Skader uforeneligt med liv (Las lesiones son incompatibles con la vida) (T1E2) utiliza en los créditos finales el tema principal de Stelvio Cipriani para la película Fiel a su mandato (Roberto Infascelli, 1973). La serie se beneficia de un reparto excelente, con los estupendos Pilou Asbæk y Lars Ranthe, dos nombres destacados del cine y la televisión daneses, cruzando miradas que revelan una confianza marcada por los años de trabajo juntos, y algunas incorporaciones que encajan perfectamente, como la del cantante danés Joey Moe interpretando a otro de los policías de la unidad. 

Pero la búsqueda del asesino de uno de los principales informantes de Smiley se convierte en una misión mucho más peligrosa de lo habitual, absorbiendo a los protagonistas dentro de los lugares más oscuros de las mafias del narcotráfico, así como enfrentándoles a traiciones inesperadas en un desarrollo que se va haciendo cada vez más oscuro y violento. Comparada con la trilogía de Pusher. Un paseo por el abismo (Nicolas Winding Refn, 1996), con la que comenzó su filmografía uno de los directores daneses más singulares, quizás es una referencia demasiado elevada para una serie que nunca termina de ser tan impactante ni tan violenta. Snake killer no consigue ser tan desasosegante como los thrillers a los que homenajea, a pesar de moverse en entornos claustrofóbicos, aunque la excelente banda sonora electrónica de Martin Dirkov (1979, Dinamarca) recuerda a las sonoridades de la música de Brad Fiedel para los thrillers de los años ochenta. Sus cuatro episodios permiten que la historia no se ande con rodeos y se dirija directamente a los infiernos que habitan sus personajes, tanto los exteriores como los interiores, aunque esto también provoque una falta de profundidad en el retrato de algunos de ellos. Louis Knudsen acaba quedando como una espectadora que desde mitad de temporada prácticamente queda reducida a un personaje secundario, porque son más relevantes los entresijos de este grupo de policías que toman decisiones más controvertidas que la visión éticamente equilibrada de la agente novata. El trabajo de dirección es adecuadamente contundente, repartido entre los dos primeros episodios dirigidos por Anders Ølholm y los dos últimos bajo la dirección de Kaspar Munk (1971, Dinamarca), quien el año pasado estrenó el muy interesante thriller económico germano-danés El dinero de otros (Filmin, 2025). Técnicamente impecable, la serie proporciona a Pilou Asbæk ese tipo de personajes psicológicamente complejos que tan bien sabe interpretar, una especie de Harry el sucio danés que coloca el resultado y sus propios intereses por encima de la legalidad o los métodos convencionales, y cuya sonrisa a la que hace referencia su apodo Smiley, es una referencia de humor negro hacia sus métodos expeditivos. Con algunas escenas muy violentas, Snake killer dibuja dilemas morales y traumas personales que no terminan de traspasar la superficie, y en ese sentido se queda a medio camino de lo que se podría esperar de ella. Pero es un thriller que termina atrapando por los escenarios opacos en los que se desarrolla y el retrato intensamente claustrofóbico de una ciudad de Copenhague que parece más distópica incluso que los entornos urbanos de Blade runner (Ridley Scott, 1982). 

Trade secret: The polar bear market

Australia, Reino Unido 2025 | Documental 98' | Oficial No Ficción | ★★★★☆

Producido por Adam McKay

Dirigido por Abraham Joffe


Uno de los documentales más controvertidos estrenados en los últimos meses aborda el comercio legal relacionado con especies en peligro de extinción, centrándose en el oso polar que se incluye en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), con una población estimada de entre 22.000 y 30.000 ejemplares en todo el mundo, y sometido a una de las amenazas más peligrosas a causa del cambio climático y el deshielo de las zonas en las que habita. A pesar de ello, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), un acuerdo global en el que los países que lo conforman se reúnen periódicamente para establecer una jerarquía de especies animales y vegetales que pueden comerciarse debido a que no están en peligro grave de desaparición, mediante tres Apéndices, se ha negado sistemáticamente a cambiar la clasificación del oso polar desde el Apéndice II (especies que no se consideran en peligro pero cuyo comercio debe ser controlado), al Apéndice I, que prohíbe todo tipo de comercio debido a la disminución de la población y la amenaza de extinción. El documental Trade secret: The polar bear market (Abraham Joffe, 2025), que en algunos países se ha estrenado como miniserie de dos episodios, denuncia con nombres y apellidos a los causantes de esta situación: la de una especie amenazada que sin embargo es sometida a un mercado internacional tan discreto que ni siquiera aparece en los medios de comunicación. El primer responsable que se menciona es el gobierno de Canadá, que se niega sistemáticamente a renunciar a una de sus fuentes económicas rentables, bajo la excusa de unas comunidades indígenas que viven de la caza de especies como el oso polar o las focas. Sin embargo, en el documental se muestra el ejemplo de una comunidad inuit en Kaktovik (Alaska), que aprovecha las temporadas de avistamientos de osos polares para el turismo, y que considera que seguir matando a las manadas de osos puede provocar su desaparición. Pero conforme se desarrolló la investigación de seis años efectuada por el director Abraham Joffe, la historia se enfocó progresivamente en la relevancia que ha tenido el asesoramiento de la organización no gubernamental WWF, que suele utilizar la imagen del oso polar para sus campañas de marketing en las que refleja su defensa de las especies en peligro, para que las votaciones del CITES acaben decantándose hacia un lado u otro. Antes de mostrarse en el documental, los resultados de la investigación fueron publicados en el periódico The Guardian en febrero de 2025, afirmando que WWF ayuda a facilitar el comercio de pieles de oso polar, lo que parece una contradicción con sus propios preceptos. La organización ha lanzado un comunicado afirmando que es falso que realicen presiones a la CITES y amparándose en estudios científicos para mostrar que el oso polar aún no está en una situación de peligro, y que incluso el comercio puede ayudar a la especie. Pero la realidad está en las cifras: a pesar de su vulnerabilidad, los osos polares son cazados comercialmente en Canadá, el único país que aún permite esta práctica tras su prohibición en Rusia, Groenlandia, Estados Unidos y Noruega. Entre 2002 y 2021, se exportaron más de 4.000 pieles. Si bien las exportaciones disminuyeron en años posteriores, entre 2015 y 2021 se exportaron un promedio de 150 pieles anuales, cuyos compradores son principalmente chinos, llegando a alcanzar precios de hasta 60.000 dólares. 

Hay dos partes bien definidas en este largometraje documental: una primera que se enfoca en la existencia del comercio de pieles, cabezas y colmillos de osos polares y otra que se centra en el trabajo del periodista de investigación Adam Cruise y su intento de conseguir que la siguiente reunión de la CITES pudiera cambiar la inclusión del oso polar en sus apéndices. En un principio, parece recibir el apoyo de algunas organizaciones no gubernamentales noruegas, teniendo en cuenta que el archipiélago de Svalbard es uno de los que acoge a una mayor población de osos polares, pero poco a poco se demuestra que el gobierno noruego, a pesar de su posicionamiento en contra del comercio de esta especie, no está muy dispuesto a enfrentarse a países como Canadá. La cuestión principal está en si el comercio resulta sostenible para la especie o no, pero mientras la postura de WWF defiende que lo es, la Red de Supervivencia de Especies (SSN), que coordina las actividades de más de ochenta organizaciones de conservación, medio ambiente y protección animal de todo el mundo, se ha opuesto al comercio en relación con los osos polares, estableciendo su criterio en las últimas cuatro reuniones de la CITES. Trade secret: The polar bear market quizás se enfoca demasiado en la organización WWF en la última parte del documental, pero las continuadas negativas de los responsables de la ONG a dar explicaciones sobre su postura y a ser entrevistados indica que no se encuentran en una posición cómoda cuando tienen que justificar este apoyo al comercio frente a los más de 5 millones de socios que tienen en todo el mundo. El tema del oso polar es continuamente evitado por los dirigentes de WWF, lo que provoca inevitables sospechas de que puede haber un trasfondo de intereses económicos mucho más profundo. La postura de ex-directivos de WWF como Jean-Paul Jeanrenaud, que trabajó para la organización benéfica durante 27 años, denuncia incluso la capacidad de influencia que tiene esta ONG. Independientemente de los posicionamientos de los implicados y quizás de una cierta mirada particularmente subjetiva de los responsables del documental, lo más devastador que transmite Trade secret es la capacidad del hombre para establecer clasificaciones entre especies que merecen o no merecen ser comerciadas, teniendo en cuenta que su objetivo no es la supervivencia alimentaria, sino una cuestión de egocentrismo: las pieles de los osos polares acaban siendo alfombras en las casas de los compradores y las cabezas de estos hermosos animales que solo deberían verse en su entorno natural, se exhiben como trofeos en las paredes. 

The oligarch and the art dealer

Dinamarca, Francia, Países Bajos, Suiza, EE.UU. 2026 | DR, 3x60' | Oficial No Ficción | ★★★★☆

Producida por Christoph Jörg, Miriam Nørgaard

Dirigida por Andreas Dalsgaard

Sundance '26: Episodic | CPH:DOX '26: Premiere Especial

Visions du Réel '26: Proyección Especial

Canneseries '26: Competición Docuseries


Desde su estreno en el pasado Festival de Sundance esta producción europea ha conseguido tener un recorrido extenso por algunos festivales de documentales y series que solemos cubrir En Primera Fila, teniendo proyecciones especiales en CPH:DOX y Visions du Réel, y compitiendo en Canneseries. The oligarch and the art dealer (DR/Arte, 2026) se enfoca en una de las mayores batallas legales que se han producido en los últimos años en el mundo del arte, pero sobre todo desvela a través de la compleja relación entre un oligarca ruso y un marchante de arte suizo, cómo el comercio de arte se ha convertido en una intrincada red de favores e influencias en la que conceptos como fraude y verdad se difuminan cuando el dinero y el poder controlan las narrativas. La investigación de este caso comenzó durante la producción del documental The lost Leonardo (Andreas Koefoed, 2021), que indagaba sobre la obra Salvator Mundi (1490-1500), atribuida a Leonardo Da Vinci, que alcanzó en 2017 la cifra récord de 450,3 millones de dólares en la casa de subastas Christie's, sin conocerse la identidad del comprador hasta que The New York Times desveló que fue el príncipe saudí Mohamed bin Salmán, al que se ha implicado en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Si bien esta famosa subasta que alcanzó el récord de la obra más cara en toda la historia forma parte del episodio La batalla por miles de millones (T1E3), el relato comienza algún tiempo antes, centrándose en la relación comercial y personal que mantuvieron los dos protagonistas de esta historia: el multimillonario Dmitry Rybolovlev (1966, Rusia) fue uno de los muchos oligarcas que consiguieron su fortuna tras la caída de la Unión Soviética, mientras Boris Yeltsin vendía empresas estatales, e incluso estuvo un tiempo en la cárcel acusado de planear el asesinato de un socio comercial. Algunas de sus empresas fueron controladas por los aliados de Vladimir Putin, mientras se trasladó a Ginebra, y acabó siendo propietario del equipo de fútbol Monaco AS. Por su parte, Yves Bouvier (1963, Suiza) se hizo famoso por controlar los llamados "puertos francos", grandes almacenes situados en aeropuertos donde los multimillonarios guardan parte de sus bienes artísticos sin tener que pagar impuestos, algunos de los cuales se considera que contienen un valor económico en obras de arte mayor que el de cualquier museo del mundo. Yves Bouvier servía como intermediario para transacciones de obras de arte que él adquiría y posteriormente vendía bajo una comisión del 2%, aunque llevándose también el margen de beneficio. La relación entre ambos comenzó cuando Dmitry Rybolovlev depositó la obra Le Grand Cirque (1956) de Marc Chagall, en una de las zonas francas controladas por Yves Bouvier. Éste se ofreció a localizar el certificado de autenticidad de esta pintura, aunque no le dijo a Rybolovlev que en realidad ya conocía al antiguo propietario de la obra y fue sencillo conseguir la certificación. Pero el oligarca se impresionó de tal manera que le convirtió en su marchante de arte, adquiriendo a lo largo de los años obras de artistas como Klimt, Gauguin, Modigliani y Matisse. Se calcula que el magnate se gastó más de 2 billones de dólares a lo largo de varios años, o al menos esa fue la cifra por la que demandó a Yves Bouvier después de comprobar que las obras compradas habían sido adquiridas por el marchante suizo únicamente para revendérselas al ruso duplicando su precio, y muchas veces sin ni siquiera pagarlas hasta que recibía el dinero de su venta. 

The oligarch and the art dealer contiene una entrevista con el propio Yves Bouvier, pero el carácter reservado y poco amigo de la imagen pública de Dmitry Rybolovlev provoca que su versión solo la conozcamos a través de algunos de sus abogados. El suizo defiende que únicamente actuó como un marchante de arte que encuentra el beneficio en los márgenes por los que vende sus obras, y que es el comprador el que acepta el precio, mientras que la acusación del círculo cercano del empresario ruso es que fue sometido a una estafa. La trama desarrollada a lo largo de varios años expone los hechos y la versión de Yves Bouvier, proponiendo un trabajo de investigación que encuentra zonas oscuras tanto en un lado como en otro, lo que incluso llegó a provocar la dimisión de un Ministro de Justicia de Mónaco por tráfico de influencias debido a sus conexiones personales con Rybolovlev en el mismo momento en el que se estaba llevando a cabo el juicio contra Yves Bouvier. Esta no es una historia de víctimas y culpables, sino una representación de la lucha de poder entre dos personajes controvertidos. Pero lo más interesante de The oligarch and the art dealer, construido como un thriller in crescendo que establece momentos de tensión conforme se desarrolla, es la forma en que desvela los mecanismos de influencias que se establecen dentro del comercio de arte, e incluso la implicación de algunas casas de subastas prestigiosas en estos entramados. El propio Dmitry Rybolovlev también demandó a la casa de subastas Sotheby's por considerar que estaba al tanto de las estrategias fraudulentas de Yves Bouvier, que se convirtió en un colaborador habitual de esta compañía, aunque fue absuelta en un juicio celebrado en Nueva York. Se trata de un mundo tan intrincado y complejo que lo que menos importa es el valor artístico de las obras que se mercadean, que son consideradas simplemente como bienes económicos que ofrecen una cierta seguridad a las grandes fortunas, una inversión que se beneficia de un control más bien tenue por parte de las administraciones públicas. El título original de esta producción principalmente danesa es más significativo que el internacional: Velkommen til Pengeland (Bienvenido a la tierra del dinero) dice mucho más sobre el trasfondo de una docuserie que profundiza en un mundo generalmente opaco en el que ninguno de los personajes resulta plenamente fiable, ya que todos tienen motivos para distorsionar la verdad. Aunque está basada en una amplia documentación de testimonios, correos electrónicos, mensajes, registros financieros y actas judiciales, la historia se reconstruye a partir de momentos destacados para contrastar lo que los implicados afirman que sucedió con lo que sugieren las pruebas. El mejor episodio es, precisamente, La batalla por miles de millones (T1E3), en el que se describe el proceso judicial al mismo tiempo que la estrategia de daño reputacional que llevaron los dos protagonistas enfrentados, al margen de la justicia, sobre todo en los medios de comunicación. Ofreciendo un relato que no solo registra una disputa legal, sino que aborda la ambición humana, el derecho a defenderse, el ego y la codicia.


American hostage se estrena el 5 de noviembre en Movistar Plus. 
Alguien debería prohibir los domingos por la tarde se estrena el 10 de noviembre en Sundance tv.
Matar a un oso se estrena el 10 de diciembre en Movistar Plus. 
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Prime crime: A true story, Tarde de perros, Turno de guardia y La otra víctima se pueden ver en Movistar Plus.
La vida secreta de las palabras se puede ver en Filmin y RTVE Play.
Sin techo ni ley se puede ver en Acontra+.
Deseando amar se puede ver en Filmin, Prime y RTVE Play.
La última película se puede ver en Filmin. 
Training day se puede ver en Atresplayer, Movistar Plus, Netflix y Prime.
Serpico se puede ver en FlixOlé y Movistar Plus.
Taxi driver se puede ver en Filmin y Tivify.
French connection. Contra el imperio de la droga se puede ver en Disney+. 
Pusher. Un paseo por el abismo se puede ver en Fubo.
Blade runner se puede ver en HBO Max, Movistar Plus y Prime.

19 octubre, 2026

Serielizados Fest '26: Parte 2 - Secciones paralelas

Después de nuestro repaso a la Sección Oficial Internacional, en este segundo acercamiento a la programación presencial de Serielizados Fest, que tiene lugar entre el 19 y el 28 de octubre, nos centramos en algunas de las secciones paralelas, especialmente la denominada Premiere, que en cierta manera sustituye al habitual Panorama, que parece que se quedará en el formato online, y algunos de los bloques temáticos como los que se dedican a la inmigración y la comedia. También miramos a varios de los títulos que forman parte de Miniput, un encuentro de televisiones públicas que se celebra en el marco del festival y que, aunque los propios organizadores de Serielizados Fest no parecen considerarlo como parte del mismo, porque no ha aparecido en ninguno de sus resúmenes, incluye algunas series que podrían haber formado parte claramente de la Sección Oficial. 

Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.

The best immigrant

Miniserie | Streamz | Bélgica 2025 | 5x52' ★★★☆☆ 

Creada por Raoul Groothuizen, Christina Poppe

Dirigida por Michael Abay

Séries Mania '26: Panorama Internacional

Surgida a partir de la convocatoria de la llamada Academia Streamz, para presentar ideas de series nuevas cuya ganadora se aseguraría el desarrollo de su producción, la propuesta de serie de suspense planteada por Raoul Groothuizen y Cristina Poppe fue seleccionada entre las 534 que se presentaron en la edición de 2025, en parte gracias a un concepto que está basado en cierta realidad actual, aunque llevándolo al extremo. De hecho, la región de Flandes está gobernada por primera vez por el partido nacionalista Nueva Alianza Flamenca (N-VA), en un gobierno que necesitó siete meses de negociaciones tras las elecciones de 2024, y que se sostiene en cuatro formaciones políticas, con Bart de Wever como primer ministro, un nacionalista flamenco que ha tenido estrechos contactos con Carles Puigdemont. Su política de inmigración pasa por establecer condiciones más estrictas, pero no ha planteado, como otros partidos extremistas europeos, la deportación de inmigrantes, aunque el ambiente conservador actual está incluyendo en los programas electorales de algunos partidos iniciativas que serían inconcebibles hace años. Esta realidad se plantea como una distopía en The best immigrant (Streamz, 2025) cuando el partido de extrema derecha VPV accede al gobierno y entre sus decisiones está la deportación obligatoria de millones de inmigrantes, estén o no legalizados, pero con un objetivo claro, como se afirma en una conversación en el episodio Una oportunidad para quedarse (T1E1): "Los americanos, canadienses y europeos pueden quedarse. Incluso esos estúpidos hooligans ingleses. Está claro quienes quieren que se vayan". Y entre ellos se encuentra la pareja formada por Muna (Jennifer Heylen), una joven de origen sudanés adoptada por una familia belga, que es profesora de lengua flamenca en una escuela de primaria, y Jamal (Farouk Ben Ali), un profesor de gimnasia de origen libio. Como el resto de los trabajadores inmigrantes de la escuela en la que trabajan, son detenidos por la policía siguiendo una ley de emergencia de "pureza territorial", para iniciar un proceso de expulsión, cada uno a su país de origen, aunque eso suponga separarlos. Pero una productora de televisión avispada, Lauren Goossens (Charlotte Timmers) ha puesto en marcha un concurso titulado The best immigrant, una mezcla entre Gran hermano y El juego del calamar, en el que los concursantes pueden ganar una residencia permanente si superan las pruebas de nacionalidad flamenca que se les plantean: en los dos primeros episodios, se trata de preguntas sobre la lengua y la historia nacionales muy parecidas a las que se proponen en los exámenes de integración cívica que existen realmente en Bélgica, y que muchos han planteado que no superarían ni los propios belgas. Lauren encuentra en la pareja formada por Muna y Jamal a unos concursantes potencialmente atractivos para los espectadores, así que les propone participar en el concurso. The best immigrant está presentado por Nathan Lodewijks (Louis Talpe), un extremista que incluso llega a plantear en el episodio Visita importante (T1E3) por qué el concurso tiene que tener un título en inglés en vez de en flamenco, y co-presentado por Tarik Mousawi (Saïd Boumazoughe), quien comienza a tener conflictos éticos sobre su participación en esta farsa, aunque tampoco se puede permitir el lujo de enfrentarse a la productora por su propio origen familiar. 

De manera que The best immigrant se plantea como una sátira que toma elementos de la realidad para llevarlos al extremo, pero de una manera más dramática de lo que podría pensarse. Las características del concurso, con una convivencia grabada 24/7 por las cámaras, podría haber dado lugar a una comedia, pero los creadores parecen tomarse en serio la realidad distópica que plantean. En su estreno el pasado mes de diciembre en la plataforma de lengua flamenca Streamz y posteriormente en la parte francesa a través de BeTV, la serie ha suscitado cierta polémica porque el líder del partido de extrema derecha Vlaams Belang, la acusó de pintar la imagen de "una Flandes racista gobernada por la extrema derecha para influir negativamente en los votantes", mientras desde la productora negaban que el gobierno propuesto en la serie estuviera inspirado en ese partido. La propia serie plantea al principio que "no está basada en hechos reales, sino en una realidad que nos afecta". Es cierto que algunos elementos pueden sonar a propuestas conocidas, como el lema "Flandes vuelve a ser nuestro" que remite inmediatamente al famoso "Make America Great Again" de la administración norteamericana. Y de hecho este tipo de consignas nacionalistas que no se creen ni siquiera quienes las convocan, acaban teniendo cierta permeabilidad en un sector de la sociedad. Lo más interesante de The best immigrant, a pesar de cierto tono didáctico, es cómo expone una perspectiva que ha pasado de ser inconcebible a convertirse en una realidad asumible por las sociedades occidentales. Las audiencias del concurso o la reacción de los ciudadanos ante esta ley de emergencia expresan cómo el apoyo silencioso es cómplice de este tipo de políticas, y la postura de mantenerse al margen acaba siendo el impulso necesario para desarrollar las iniciativas más extremistas. También es cierto que el guión a veces cae en el retrato estereotipado y simplista, creando innecesarios antagonistas como un guardia de seguridad racista que tiene una obsesión sexual con una de las concursantes, Sarah (Mariam Hakobyan), llegando al extremo del abuso. Con una estética marcada por las luces de neón de la televisión, que parecen convertir la realidad en una imagen falsa, pero que a veces adopta una tonalidad parecida a sociedades distópicas como El cuento de la criada (HBO Max, 2017-2025), esta propuesta belga se centra en los concursantes y en cómo su realidad se ha transformado en un juego de entretenimiento en el que se plantea el concepto del "buen inmigrante", el que renuncia a sus orígenes y su cultura para adoptar completamente la cultura y la educación del lugar donde vive, como una especie de integración aparente y solamente superficial para satisfacer las políticas nacionalistas.

L'indétectable (Deepfake)

Miniserie | ICI Tou.tv | Canadá 2025 | 6x45' ★★★★☆ 

Creada por Bernard Dansereau, Annie Piérard, Étienne Piérard-Dansereau

Dirigida por Stéphane Lapointe

Festival de Montecarlo '25: Sección Oficial


La primera temporada de The capture (Movistar Plus+, 2019-), antes de caer en el absurdo más absoluto con su segunda y tercera temporadas, alertaba sobre las posibilidades de cambiar la percepción de la información a través de la manipulación digital. Lo que no está tan alejado de nuestra realidad, como se demostró en las elecciones generales de Eslovaquia en 2023, que ha recibido la denominación de "caso Eslovaquia" como un ejemplo de cómo las falsas informaciones podrían haber cambiado el curso de la campaña electoral. En aquellas elecciones se enfrentaban Robert Fico, político populista que prometía condenar las sanciones económicas de la Unión Europea contra Rusia y dejar de contribuir al apoyo militar de Ucrania, y el candidato proeuropeo Michal Šimečka. Un día antes de la jornada de reflexión, sin embargo, se publicó un audio de este último supuestamente hablando con un periodista sobre la posibilidad de preparar un fraude electoral, que acabó definitivamente con sus posibilidades de cara a las elecciones, finalmente ganadas por Robert Fico (quien sufrió un grave atentado en 2024). Los expertos argumentan que sería desproporcionado asumir que la aparición de este audio falso (al parecer creado por IA con la influencia de Rusia) fue la única razón por la que Michal Šimečka perdió las elecciones, pero lo cierto es que el caso surge como una alerta importante frente a las posibilidades de cambiar el curso de unas elecciones a través de la desinformación. La familia de guionistas formada por Bernard Dansereau, su pareja Annie Piérard y su hijo Étienne Piérard-Dansereau, que prácticamente anticiparon la llegada del coronavirus al producir un año antes la miniserie Épidémie (TVA, 2020) sobre un virus que se propaga en Montreal, se ha inspirado en el "caso Eslovaquia" para su última serie, un drama familiar que comienza cuando la candidata Françoise Parent (Lynda Johnson) del partido Option Québec, se encuentra a una semana de las elecciones encabezando las encuestas. Pero las redes sociales difunden un video tomado en un taxi en el que ella, visiblemente bebida, hace referencias racistas al taxista de origen inmigrante que conduce el coche. Ante el escándalo que provoca, Françoise Parent afirma que se trata de un deepfake que reproduce su imagen y su voz, pero los técnicos consideran que el video es demasiado real y perfecto para tratarse de una falsificación digital, lo que afecta directamente a las posibilidades electorales de Françoise Parent. 

La serie plantea por un lado la ambigüedad de una situación en la que no sabemos qué es real y qué es falso, mientras la familia de la candidata política se divide entre quienes creen que puede ser una campaña del candidato oponente y los que consideran que no es posible crear un deepfake indetectable. L'indetectable (Deepfake) (Ici Tou.tv, 2025) propone de esta forma una mezcla entre drama familiar y thriller político-tecnológico que aborda cuestiones relevantes e inquietantes sobre las posibilidades de la desinformación. La única que realmente piensa que puede ser un video falso es Stéphanie (Sophie Nélisse), una joven osteópata reservada que comienza a investigar una startup de IA generativa, de financiación dudosa, que parece tener alguna relación con el otro candidato a las elecciones. Puede haber algunas decisiones de guión algo convenientes y poco creíbles, como que Stéphanie, que se revela como la principal protagonista, pero que no tiene conocimientos de informática profundos, consiga infiltrarse en la startup como una experta. De hecho, aunque su pareja Patrice (Xavier Malo), periodista de investigación, sería más lógico en este trabajo de infiltración, la decisión narrativa parece querer dar más protagonismo a la estrella canadiense Sophie Nélisse, que ha conseguido una repercusión internacional después de participar en Yellowjackets (SkyShowtime, 2021-). También hay una subtrama que involucra a un renombrado científico de un país árabe ficticio llamado Daji Saeed (Younes Bouab), que es secuestrado por unos compatriotas con la intención de llevarlo de regreso a su país. Para llegar hasta él, el grupo utiliza también el deepfake de la voz de su hija, supuestamente retenida. De manera que, entre relaciones familiares complicadas, unas elecciones comprometidas, una empresa de IA con fondos económicos dudosos y un secuestro que tiene resultados imprevisibles, L'indetectable acaba siendo un thriller tenso y bien elaborado, aunque a veces tramposo, que al mismo tiempo propone una interesante reflexión sobre las nuevas tecnologías y las consecuencias de su uso fraudulento.

The fall and rise of Reggie Dinkins

Temporada 1 | NBC/Peacock | Estados Unidos 2025 | 10x25' ★★☆☆☆ 

Creada por Robert Carlock, Sam Means

Dirigida por Beth McCarthy-Miller, Maggie Carey, Reginald Hudlin, Heather Jack,

                      Maurice Marable, Don Scardino, Rhys Thomas

Lo mejor que se encuentra en esta comedia que supone el regreso a la televisión por cable de los creadores Robert Carlock y Sam Means, creador y guionista respectivamente de Rockefeller Plaza (30 rock) (Netflix, 2006-2013) y Unbreakable Kimmy Schmidt (Netflix, 2015-2019), es el retrato que hace de dos personajes apartados por sus respectivas comunidades, en dos mundos tan diferentes pero tan parecidos como el cine y el deporte. Por un lado, el director ganador de un Oscar Arthur Tobin (Daniel Radcliffe) ha sufrido la cancelación debido a un ataque de nervios que se volvió viral durante el rodaje de una película de superhéroes, cuando comenzó a dar gritos ante la impotencia de visualizar naves espaciales en un plató en el que solo había pelotas de tenis; por otro lado, el antiguo jugador de los New York Jets Reggie Dinkins (Tracy Morgan), que fue expulsado de la NFL cuando se equivocó de número de teléfono y llamó a una cadena deportiva nacional creyendo que era su corredor de apuestas, para apostar contra su propio equipo. Planteada como un mockumentary o falso documental, un estilo que ya está un poco desfasado, The fall and rise of Reggie Dinkins (NBC/Peacock, 2026-), cuya segunda temporada se estrena en Estados Unidos este mes de noviembre, ofrece una comedia no demasiado divertida que reflexiona sobre la fama y el perdón, pero no termina de conseguir una dinámica lo suficientemente sólida como para funcionar dentro de los parámetros del género. A veces, porque es demasiado rápida, sin dejar reposar los diálogos, a veces porque es demasiado lenta. Y a lo largo de su primera temporada hay episodios que funcionan bien, como el que plantea el enfrentamiento de Reggie Dinkins con su antiguo rival Jerry Basmati (Craig Robinson) en Debes abrazar a tu héroe (T1E5), pero también muchos que no terminan de encontrar el ritmo adecuado, siendo en ocasiones muy absurdos o muy aburridos. La serie confía plenamente en las capacidades humorísticas de Tracy Morgan, y seguramente a los seguidores de su estilo de humor puede convencerles más, mientras que Daniel Radcliffe aporta el contrapunto menos humorístico pero más irónico con el que el actor británico sabe contribuir a este tipo de comedias, como ya hizo con Miracle workers (Warner TV, 2019-2023). Lo más interesante es que la serie no se centra tanto en el deporte, sino que lo utiliza como una herramienta para hablar de temas más generales. The fall and rise of Reggie Dinkins no pretende ser hilarante, sino que trata de encontrar el absurdo en las propias situaciones que se provocan, como cuando el episodio El papá del Dr. Watson (T1E6) se convierte en un whodunit para averiguar quién ha sido el culpable del destrozo de un busto de Reggie Dinkins que, por otro lado, ni siquiera le gustaba al propio Reggie Dinkins. Como en casi todas las sitcom, hay que reconocer que ésta gana en ritmo conforme avanza la temporada y se va consolidando como una interesante reflexión sobre la masculinidad y las consecuencias de los conflictos no resueltos, y adquieren mayor presencia dos personajes que son contrapuestos pero muy complementarios: la ez-esposa de Reggie y actual manager, Monica Reese-Dinkins (Erika Alexander) y su actual relación sentimental, la jovencísima Brina (Precious Way), mientras que el divertido Rusty (Bobby Moynihan), un antiguo compañero de equipo que vive con Reggie y lo apoya en cada una de sus decisiones tontas, aporta el humor más absurdo. Producida por Tina Fey, que ha acompañado a Robert Carlock en todas sus series, The fall and rise of Reggie Dinkins no termina de ser una comedia lo suficientemente sólida, aunque es más meticulosa que otras sitcoms que han surgido en los últimos años. 

New Zealand spy

Temporada 1 | TVNZ | Nueva Zelanda 2026 | 6x25' ★★☆☆☆ 

Creada por Paul Williams

Dirigida por Tim Van Dammen

Hace unas semanas comentábamos el regreso del humor absurdo y bastante tonto que se viene produciendo estos años, con el remake de Agárralo como puedas (Akiva Schaffer, 2025) como principal exponente. Hablábamos de la producción noruega Agent Tørr (NRK, 2026) como un ejemplo de ese tipo de parodias de las películas de acción y de espionaje que funcionan a través de sus elementos referenciales a los géneros clásicos, abordándolos desde una perspectiva irónica. Algo parecido ocurre con esta serie neozelandesa creada y protagonizada por el humorista Paul Williams, conocido en su país por ser uno de los participantes de una edición de Taskmaster, un programa de humor que ha tenido éxito en todo el mundo menos en España, donde se estrenó como Dicho y hecho (RTVE, 2018), pero fue prematuramente cancelado por su baja audiencia. En este caso, hay que decir que el título New Zealand spy (TVNZ, 2026) lo aclara todo, y las referencias son bastante transparentes, comenzando con una escena de acción en una montaña nevada que recuerda a la persecución de Panorama para matar (John Glen, 1985), un escenario bastante recurrente en las películas de James Bond. El protagonista es Michael Brown (Paul Williams), un aspirante a espía que solo consigue entrar en el Servicio Secreto de Nueva Zelanda porque, de las cinco plazas que había, únicamente se presentaron tres candidatos, como le explica el Jefe (Bret McKenzie). Los otros dos miembros recién incorporados son Michael Anderson (Joe Thomas) y Sue Nightingale (Rose Matafeo) que, como única componente femenina del grupo, está cada vez más cansada de que le ofrezcan solo trabajos secundarios, como preparar café. Desarrollándose con un ritmo que a veces resulta demasiado cansino, el humor de la serie se apoya más en la personalidad del protagonista y sus respuestas absurdas que en las referencias al género, aunque hay algunas directas como la persecución en Con la muerte en los talones (Alfred Hitchcock, 1959). Precisamente la afición de Paul Williams por las películas del director británico y el cine de espionaje es uno de los orígenes de esta propuesta de comedia que no termina de funcionar en muchos momentos, y no especialmente porque se utilicen referencias menos conocidas para los espectadores internacionales, sino porque es un humor que se agota rápidamente, ofreciendo una temporada que termina siendo bastante aburrida, aunque tenga algunos episodios logrados como The island (T1E5), que utiliza el recurso de la cuenta atrás de una manera ingeniosa. Pero en este sentido resulta mucho más divertida Agent Tørr porque es más autoconsciente de su carácter paródico, utilizando numerosas referencias a recursos habituales y tópicos del cine de acción para hacerlos más caricaturescos, mientras que New Zealand spy a veces se concentra en diálogos absurdos que resultan interminables. 

A pesar de esto, algunos de los principales hallazgos de esta serie están en su reparto, con Bret McKenzie, al que recordamos de aquella divertida comedia Los Conchords (HBO Max, 2007-2009) o Rose Matafeo, creadora y protagonista de la interesante comedia romántica Starstruck (Max, 2021-2023), como dos de los principales protagonistas. Y algunas apariciones de actores cómicos como Sam Campbell, Tim Key o Andy Lee, especialmente conocidos en las producciones neozelandesas. Algunas características de lo que se ha denominado como kiwi comedy también están presentes, como la decisión de que los antagonistas siempre sean australianos, que parodia esta compleja relación conflictiva que suele existir entre Australia y Nueva Zelanda, que es más un mito que una realidad, porque habitualmente son países aliados en muchos aspectos, incluso en la producción audiovisual, pero acrecentado quizás por la rivalidad deportiva en el rugby y algunos conflictos de ámbito colonial. Pero es un recurso divertido que ofrece momentos paródicos como la declaración de la malvada Misty Atwood (Claudia O'Doherty), empeñada en destruir la isla de Nueva Zelanda, en el episodio The End (T1E6): "Y ahora es el momento de que el mundo no solo respete a Australia, sino que se incline ante Australia". New Zealand spy es una comedia tan tonta que llega a resultar entrañable, aunque transmite la sensación de que no termina de aprovechar todos sus recursos, tratándose de una producción con un presupuesto medio de la televisión pública como para sacar partido de algunos de los paisajes espectaculares en los que se desarrolla, tanto que algunos espectadores se han quejado de que parece una promoción de la oficina de turismo. Pero si bien no termina de encontrar el equilibrio adecuado, consigue al menos un cierto tono retro que transmite un punto de nostalgia. 

Lorne

Documental | Estados Unidos 2026 | 104' ★★★☆☆ 

Escrito por Morgan Neville, Alan Lowe, Jake Hostetter

Dirigida por Morgan Neville


Con motivo de la celebración del 50 aniversario del programa de sketches Saturday Night Live (Movistar Plus, 1975-) se han realizado numerosos especiales, se ha estrenado la película de ficción Saturday night (Jason Reitman, 2024) y se ha publicado el libro Lorne. The man who invented Saturday Night Live (2025), escrito por Susan Morrison, que aparece solo brevemente en esta aproximación a una de las figuras más relevantes de la televisión norteamericana. Estrenado en salas de cine en Estados Unidos, el largometraje documental Lorne (Morgan Neville, 2026) es otro de esos acercamientos al productor canadiense que reunió a un grupo de cómicos, la mayor parte también canadienses, para iniciar uno de los programas de humor más influyentes y duraderos de la televisión en abierto. La primera etapa de Saturday Night Live incluía a nombres como Dan Aykroyd, John Belushi, Chevy Chase o Bill Murray, mientras que la segunda etapa en los ochenta en la que regresó Lorne Michaels como productor incorporó a su reparto habitual a humoristas como Eddie Murphy, Gilbert Gottfried, Jim Belushi, Julia Louis-Dreyfus, Billy Crystal, Martin Short o Christopher Guest. Muchos de ellos aparecen a lo largo del documental alabando la personalidad de Lorne Michaels y haciendo bromas sobre su manera de producir el programa, utilizando la antigua pizarra que usaba en los años setenta con tarjetas que marcan el orden de los sketches en cada emisión, como la que aparece en la fotografía. Una de las características que se describen del productor es que es un hombre de hábitos permanentes, cenando en los mismos restaurantes y pidiendo el mismo plato, acostándose a las cuatro de la mañana y despertando al mediodía para iniciar una jornada laboral un tanto peculiar. Pero el narrador Chris Parnell advierte al espectador que otra de las características de Lorne Michaels es su aversión a las cámaras y su reservada vida privada, de la que algunos de los entrevistados no conocen demasiados detalles, a pesar de trabajar con él durante varios años. Esta puede ser una idea algo exagerada para mantener la parte misteriosa de una personalidad tan relevante, del que se presentan a algunos de sus principales amigos, sobre todo los actores Martin Short y Steve Martin o el músico Paul Simon, que se inspiró en un viaje que ambos hicieron para componer su aclamado álbum Graceland (1986, Warner Bros.). Hay anécdotas interesantes y es agradable ver a cómicos como Lily Tomlin hablar de épocas pasadas. Pero no se puede decir que Lorne sea un buen documental, en la manera de revelar información desconocida o de retratar a su protagonista de una manera precisa. Al carácter reservado de Lorne Michaels se añade, sobre todo, una intención clara del director por alabar su trabajo como productor por encima de algunas de las polémicas que han rodeado a Saturday Night Live a lo largo de los años. Hay una breve mención de Chris Rock a que fue contratado para aportar algo de diversidad racial al programa, pero lo cierto es que se le ha criticado que prácticamente solo ha dado oportunidades a cómicos de raza blanca, mientras se menciona la dureza de las jornadas de trabajo, en las que los guionistas escriben incluso durante toda la noche el día previo al ensayo general, pero se dejan a un lado las acusaciones de tener un ambiente tóxico que lanzó el humorista Devon Walker antes de marcharse. Se ha hablado mucho de la presión, el acoso laboral, los favoritismos y el abuso de drogas en la redacción del programa, pero nada de eso se menciona en el documental. En Austin Powers: Misterioso agente internacional (Jay Roach, 1997), el personaje del Dr. Evil que interpreta Mike Myers se ha considerado una imitación de la personalidad de Lorne Michaels. Aunque el actor siempre lo ha negado, su ex-compañero Dana Carvey afirmó en algunas entrevistas que el personaje estaba basado en una imitación del productor que solía hacer Mike Myers en los pasillos de Saturday Night Live. Pero el documental tampoco se refiere a ninguna de estas controversias. 

De manera que simplemente queda la figura de un productor octogenario que afirma no querer jubilarse como una forma de defender la independencia del programa, porque sabe que cuando él se marche seguramente cambiarán muchas cosas, al que los humoristas entrevistados como Adam Sandler, Jimmy Fallon, Conan O'Brien, Bill Hader o Tina Fey se refieren como una especie de padre profesional, y al que todos respetan en la forma de supervisar los sketches y encontrar el equilibrio adecuado del humor. Al relato de la historia de Saturday Night Live y sus altibajos, como la etapa entre 1980 y 1985 en la que Lorne Michaels no ejerció como productor, e incluso intentó emular el éxito del programa con otro parecido para la competencia, se añade una trama paralela durante la grabación de algunos programas en directo en Nueva York, con invitados como Timothée Chalamet, Emma Stone o Ryan Gosling. Lo que no le quita interés al documental, que tiene buen ritmo y resulta entretenido. Si dejamos a un lado el carácter adulador que tiene la película, y las intervenciones poco reveladoras del propio Lorne Michaels, funcionan sobre todo las imágenes de archivo, aunque en España quizás no tienen el carácter de momentos icónicos de la televisión porque no ha sido un programa especialmente seguido. Pero la controvertida intervención de Sinead O'Connor o las primeros apariciones de Dan Aykroyd dentro de la familia extraterrestre que más tarde se haría popular en la película Los caraconos (Steve Barron, 1993), resultan significativas. También se hace referencia a algunas de las incursiones del propio Lorne Michaels como productor, comenzando con el éxito de la película Tres amigos (John Landis, 1986), que él mismo escribió junto a Martin Short y el músico Randy Newman, para lucimiento de tres cómicos salidos del programa: Steve Martin, Chevy Chase y Martin Short, o la destacada producción de Wayne's world: ¡Qué desparrame! (Penelope Spheeris, 1992), que incluía a otros dos de los humoristas salidos de la televisión: Mike Myers y Dana Carvey. Aunque solo se hace una breve referencia a alguna serie producida por Lorne Michaels, especialmente Rockefeller Plaza (30 Rock) (Netflix, 2006-2013), a pesar de que ha seguido produciendo series hasta la actualidad: Miracle workers (Warner TV, 2019-2023), Schmigadoon! (Apple tv, 2021-2023) o Bupkis (SkyShowtime, 2023). También se recuerda que Saturday Night Live ha tenido algunos invitados controvertidos, como Elon Musk, alejado de la línea editorial más progresista y crítica del programa, con un divertido comentario de Martin Short: "Una vez le pregunté si habría invitado a Richard Nixon a su programa si hubiera tenido la oportunidad y él me contestó que sí. ¿En serio, a Richard Nixon?", recordando que Lorne Michaels se siente cómodo en medio de la polémica. Cómo un programa de humor ha conseguido sobrevivir a cambios de administraciones, a cambios de directivos de la NBC, a controversias y a una transformación profunda del audiovisual a lo largo de cincuenta y un años, tiene una respuesta que no se encontrará en este documental. Lorne es más un ejercicio laudatorio, seguramente merecido, que un auténtico repaso a la historia del programa de humor más influyente de la televisión norteamericana, que resulta entretenido aunque no sea especialmente revelador. 

V de vergüenza

Webserie | Teleantioquía | Colombia 2025 | 6x10' ★★★☆☆ 

Creada por Juan Zapata | Escrita por Elkin Naranjo Yarce

Dirigida por Juan Zapata


Entre las secciones más interesantes de Serielizados Fest, sobre todo este año que se ha eliminado de las proyecciones presenciales la sección Panorama, destacan las propuestas que ofrece la 32 edición de Miniput - Muestra de Televisión de Calidad, un encuentro que se celebra desde 1994 y desde hace unos años dentro de la programación de Serielizados, centrado en destacadas producciones de televisiones públicas internacionales, que se alimenta de la programación del INPUT (International Public Television), una conferencia internacional sobre televisiones públicas que se celebra cada año desde 1978 y que reúne a profesionales y estudiosos de todo el mundo vinculados al mundo de la televisión. Los coordinadores nacionales seleccionan los programas más apropiados para el INPUT que se han emitido en la televisión pública de su país durante el año anterior, con una selección definitiva que forma parte de la programación de su encuentro anual, donde se debaten cuestiones relativas a las televisiones públicas. En la pasada edición se seleccionaron producciones españolas como Pubertat (3Cat, 2025), El otro lado de la mesa (EITB, 2025), Desaparecido (EITB, 2025), Ana Rutilia ical choc (3Cat, 2025), sobre la lucha de una abogada maya contra una empresa de perforación presidida por Florentino Pérez, La bona mort (3Cat, 2025) y Los archivos secretos del NO-DO (RTVE, 2025). En el caso de Miniput, tanto las proyecciones como los debates se ofrecen durante un solo día, el 23 de octubre, con entrada gratuita bajo inscripción previa. Este año fue el primero que INPUT se celebró en Sudamérica en sus 49 años de existencia, teniendo como sede la ciudad de Bogotá el pasado mes de mayo, y precisamente algunas de las 67 producciones seleccionadas eran de origen colombiano. V de vergüenza (Teleantioquia, 2025) es la primera serie producida en Colombia que aborda la resistencia de la comunidad LGBTIQ+ durante la pandemia del VIH/Sida en los años ochenta, a través de un grupo de amigos que enfrentan la exclusión social desde la resistencia. La historia ha sido creada por Juan Zapata, inspirándose en la historia real de un familiar que murió a consecuencia del Sida de forma silenciosa, y también se basa en una investigación realizada por la Universidad de Antioquía (UdeA) sobre la llegada del VIH/Sida a la ciudad de Medellín en los años 80. Realizada con un presupuesto mínimo, la webserie está formada por seis episodios de entre 10 y 15 minutos, iniciándose durante una de las reuniones clandestinas que lleva a cabo un grupo de amigos LGBT, cuando César (Daniel Toro Moreno), un joven seminarista que se debate entre su fe y su sexualidad, les advierte sobre un artículo aparecido en The New York Times que habla de una enfermedad que está comenzando a afectar a personas homosexuales en Estados Unidos. La noticia es recibida de forma diferente por los miembros del grupo: Antonio (Sebastián García Sogamoso) vive su homosexualidad de forma abierta y se niega a poner límites a los cuerpos; el joven estudiante de arquitectura Manuel (Juan Pablo Vásquez Gil) acaba de asumir su sexualidad frente al conflicto que esto supone con su familia; Sayonara (Manuel Rojas Valencia) es una artista que rompe con el binarismo y rechaza el VIH como una forma de control de la comunidad LGBT; Martha (Nathalie Murillo Toro) es una estudiante de enfermería que se enfrentará al tratamiento de los primeros enfermos de VIH; y José (Juan Esteban Zapata Martínez), es el anfitrión del encuentro que se concreta en el club de lectura Las mariquitas del Sur, como un reflejo de la resistencia permanente de la comunidad homosexual.

A lo largo de los seis episodios que están disponibles en el canal de YouTube de Teleantioquía, V de vergüenza desvela diferentes formas de confrontar, no tanto la enfermedad en sí, sino las narrativas que comenzaron a surgir alrededor de ella: que solamente afectaba a la comunidad homosexual, que se presentaba sobre todo en personas de promiscuidad sexual o que era un castigo divino... que progresivamente se fueron difuminando conforme el VIH se reveló como una pandemia transversal que afectaba a toda la sociedad. Hay una representación algo esquemática a través de los personajes pero que pretende abordar las diferentes realidades: la homosexualidad como un pecado que vive el antiguo seminarista o la resistencia punk que despliega Sayonara, pero la webserie V de vergüenza, dentro de las limitaciones de presupuesto y de intérpretes no profesionales, ofrece una mirada inteligente y lo suficiente diversa hacia la estigmatización que supuso el contagio de la enfermedad en una época todavía limitada por los estereotipos de género. Y son precisamente estos clichés los que la historia escrita por Elkin Naranjo Yarce logra evitar, aunque a veces resulte algo didáctica en los diálogos y tienda hacia el melodrama en los episodios finales conforme algunos componentes del grupo de amigos se enfrentan ellos mismos a los primeros síntomas del VIH y las primeras pérdidas de seres queridos. V de vergüenza no se trata de una perspectiva simplista, sino que encuentra matices interesantes en el desarrollo de la historia, que se sostiene en un trabajo de investigación en el que ha participado el Grupo de Investigación en Intervención Social y el Grupo de Investigación de Género, Subjetividad y Sociedad de la Universidad de Antioquía. Pero sobre todo es una propuesta valiente en la televisión pública de uno de los departamentos estatales que tiene como capital a Medellín, la segunda ciudad más poblada de Colombia. Sobre todo en el contexto de una sociedad en la que la homofobia y la transfobia son habituales, y el presidente Abelardo de la Espriella ha anunciado una "campaña en contra del wokismo", una forma de referirse a la narrativa conservadora que pretende acabar con los derechos progresistas conseguidos en los últimos años, que el presidente colombiano pretende copiar de la persecución hacia la diversidad llevada a cabo por la administración norteamericana. Hace tan solo unos días, una mujer trans fue apuñalada en Medellín y denunció en redes sociales que la clínica a la que acudió para tratar sus heridas le negó la entrada, poniendo de manifiesto la violencia estructural que existe en las instituciones colombianas. 

Variola Vera

Miniserie | TVP | Polonia 2025 | 7x45' ★★★★☆ 

Creada por Piotr Derewenda, Wojciech Lepianka

Dirigida por Kuba Czekaj

Séries Mania '26: Premio del Jurado de Estudiantes

Estrenada en noviembre de 2025 como una de las grandes apuestas de la televisión pública polaca, esta miniserie en torno a la epidemia de viruela que tuvo lugar en Breslavia en los años sesenta fue recibida con variedad de opiniones por parte de los espectadores, frente a las generalmente buenas críticas profesionales. Un acercamiento visual un tanto peculiar por parte del director Kuba Czekaj, del que hemos visto series como Aniela (Netflix, 2025) puede haber sido una de las razones por las que Variola Vera (Czarnej śmierci) (TVP, 2025) no terminó de conectar con el público, que quizás esperaba un drama más convencional. Hay que advertir que la serie no tiene ninguna relación con el largometraje yugoslavo del mismo título Variola Vera (Goran Markovic, 1982), a pesar de que abordaba un tema parecido: el brote de viruela que afectó a Belgrado en 1972. Por su parte, la miniserie polaca se centra en otra epidemia de viruela que se extendió por Breslavia en 1963, y que acabó causando la muerte de siete personas y más de un centenar de afectados. La ciudad es rápidamente aislada del mundo exterior en un intento por contener un virus que se creía desaparecido de Europa. Sin embargo, la serie comienza con una fotografía en blanco y negro, en secuencias que se reproducen con el fondo de una retroproyección de imágenes de archivo, imitando el estilo del cine negro de los años cincuenta. La justificación está en el personaje de Łucja Winter (Agnieszka Podsiadlik), una oficial de inteligencia que acaba de regresar de una misión ultrasecreta en la India y que representa el deseo del régimen comunista por encubrir el brote, incluso a costa de unas cuantas vidas humanas. En la realidad, parece que la enfermedad fue introducida en Polonia precisamente por el oficial del Servicio de Seguridad Bonifacy Jedynak, que regresaba del sudeste asiático. Pero la historia se centra sobre todo en el esfuerzo de dos personajes por abordar la enfermedad con la gravedad que se merece: la enfermera Weronika Przybysz (Anna Karczmarczyk) reconoce los síntomas de la viruela, porque la había padecido un año antes en Gdańsk, enfrentándose al profesor Andrzej Zajdler (Cezary Pazura), un personaje que deambula por los aparatos del Estado tratando de no molestar al poder, y que acepta el silencio a cambio de algunos beneficios. Por otro lado el periodista Igor Bielik (Tomasz Ziętek), que trabaja en el periódico local "Głos Wrocławia", y que plantea preguntas que no son del agrado de la línea editorial del diario, interesado en temas como la visita de John F. Kennedy a Berlín Occidental, y enfrentándose a la recaída de su esposa Anna (Agata Labno), una de las afectadas por el brote de viruela. De manera que el cometido de la enfermera que debe salvar vidas y el del periodista que debe tratar de traspasar las líneas de la desinformación y el silencio, acaban cruzándose a lo largo de la historia. Con una de esas estupendas puestas en escena del cine polaco que recrean con fidelidad los años sesenta, Variola Vera se desarrolla sin embargo entre pasillos de hospitales y espacios cerrados, acrecentando la sensación de opresión social y política. 

Uno de los elementos más interesantes de la serie es el planteamiento visual que elige el director, elaborando secuencias que hacen constantes referencias al cine negro y a las series de espías de los años años sesenta, como los títulos de crédito. Diseñada con elementos que también imitan el aspecto visual de los noticiarios propagandísticos del régimen comunista en Polonia, la miniserie Variola Vera no solo aborda el tratamiento de la epidemia, sino también la censura informativa, amparada por la colaboración del redactor jefe del periódico Janusz Majer (Rafał Mohr) y los esfuerzos del régimen por ocultar la enfermedad. Lo que puede hacernos recordar a otra producción polaca estrenada este año, la interesante Niños de plomo (Netflix, 2026). Pero si aquella sigue el camino tradicional de un drama convencional al estilo de la plataforma Netflix, la apuesta de la televisión pública polaca intenta ofrecer una propuesta mucho más compleja no solo desde el punto de vista visual sino también en la construcción de los personajes y sus contradicciones. No se trata, sin embargo, de un acercamiento puramente estético, sino una forma hábil de resaltar la relevancia de la propaganda comunista alrededor de acontecimientos cuya difusión se consideraba poco apropiada. De donde surge una estupenda combinación de thriller político-médico, género de espionaje y drama familiar que hubiera merecido una participación en secciones competitivas de Serielizados Fest más allá de su inclusión en la sección Miniput. La serie también está subrayada con una interesante banda sonora del compositor y vocalista de música independiente Baasch, nombre artístico de Bartosz Schmidt, que ha compuesto anteriormente la banda sonora del drama romántico Rascacielos flotantes (Tomasz Wasilewski, 2013), seleccionado en el Festival de Gijón. En este caso mezcla las sonoridades propias del cine negro a través de percusiones e instrumentos de viento como la trompeta, con un tono más melancólico en canciones como la que interpreta el cantante pop Wiktor Waligóra al final del segundo episodio. Variola Vera tiene en su estética y en su planteamiento sobre los resortes de la censura en Polonia durante los años sesenta los elementos principales de un drama que no se adhiere a los hechos históricos, sino que construye a partir de ellos una reflexiva aproximación al poder como instrumento de opresión. 

The outlaw doctor

Miniserie | PTS | Taiwán 2025 | 11x55' ★★★★☆ 

Creada por Chang Shih-Hsien, Wen Yu-Fang

Dirigida por Liao Shih-Han, Chan Chun-Hao

Golden Bell Awards '25: Actor Principal (Lien Binh Phat), Actor Secundario (Weber Yang)


A veces resulta algo difícil entender los criterios de selección de los programadores de un festival, especialmente cuando aparecen relegadas algunas propuestas que son indudablemente mucho más interesantes que las que acaban formando parte de las secciones competitivas. The outlaw doctor (PTS, 2025) es uno de esos casos de una serie que ha sido incorporada a una proyección puntual pero que tiene mucha más calidad que algunas de las que compiten en la sección oficial de Serielizados Fest. O al menos bastante más interés desde el punto de vista de su relevancia social y su tratamiento de un género que habitualmente suele estar marcado por clichés y narrativas más o menos tradicionales, como son los dramas médicos. Esta serie de la televisión pública taiwanesa incluida en la selección de Miniput, es un drama médico, pero en realidad no lo es, porque no se desarrolla en los pasillos de un hospital y, de hecho, tiene como protagonista a un hábil cirujano que, por su carácter de inmigrante, no puede ejercer su profesión de manera legal. Pham Van Ninh (Liên Bỉnh Phát) es un médico vietnamita que ha decidido viajar de forma ilegal a Taiwán para poder hacerse cargo de los elevados gastos del tratamiento de su madre, que emigró hace años y ahora sufre una grave enfermedad. Trabaja como limpiador en un hospital porque no puede ejercer la medicina, pero se dedica a atender a inmigrantes también ilegales gracias a la intermediación de Liu Tien-cheng (Weber Yang), para poder recaudar el dinero necesario para continuar el tratamiento de su madre. En el hospital en el que trabaja se encuentra con la neurocirujana Cheng Wan-Ping (Ning Chang), ayudándola a tratar a algunos pacientes de urgencias. Pero cuando se ve envuelto en el fatídico desenlace de un hombre que había sufrido una hemorragia cerebral, las autoridades comienzan a perseguirle creyendo que es el responsable de una red de tráfico de órganos, por lo que acaba refugiándose en casa de la doctora y su hijo pequeño Hao-Hao (I-Le Hsieh). La serie transmite la sensación de un exhaustivo trabajo de investigación que aborda las prácticas clandestinas de la medicina para inmigrantes ilegales que no pueden acudir a los hospitales de Taiwán por miedo a ser detenidos por la policía, pero al mismo tiempo utiliza su condición de drama médico para introducir algunos aspectos relevantes desde la perspectiva social: el trato vejatorio que suelen recibir los inmigrantes procedentes de países como Vietnam, aunque muchas veces se trate de personas con una mayor cualificación profesional que los taiwaneses con los que se relacionan o el endeudamiento de las familias debido a un sistema sanitario que estimula los beneficios económicos frente al servicio público. Y que Cheng Wan-Ping describe en Sin identidad (T1E9) como un sistema deshumanizado: "Simplemente soy un técnico preparado para este sistema de salud. He sido entrenada para tomar decisiones sin sentir ninguna emoción o empatía, siempre que sean las correctas". Una de las subtramas de Huída (T1E2) está protagonizada por una madre cuyo hijo pequeño debe ser intervenido quirúrgicamente, pero que se debate entre la necesaria intervención y el coste de la factura que no podrá asumir económicamente. 

El desarrollo de la serie ha durado unos seis años de investigación por parte de los guionistas, que han incorporado algunas subtramas basadas en hechos reales ocurridos en el entorno de la inmigración en Taiwán. Se da la circunstancia de que se trata de un país que sufre escasez de personal médico, pero que al mismo tiempo no ofrece facilidades para poder acoger a trabajadores de otros países para ejercer la medicina, convirtiendo su sistema sanitario en un círculo vicioso que se retroalimenta de sus propias contradicciones. The outlaw doctor también es una producción singular porque reúne a algunas estrellas del cine y la música de Taiwán, Vietnam y Malasia, como el actor protagonista Liên Bỉnh Phát (1990, Vietnam), que se hizo conocido gracias al drama romántico gay Song lang (Leon Le, 2018), sobre la relación entre un joven cobrador de deudas y un cantante de ópera vietnamita, que recibió una Mención Especial del Jurado en LesGaiCineMad (Festival Internacional de Cine LGBTIQ+ de Madrid). Considerado por algunos medios como el Tony Leung de Vietnam, gracias a su intervención en esta serie hizo historia el año pasado al convertirse en el primer actor vietnamita que ha recibido un premio Golden Bell de interpretación en sus sesenta años de existencia, a los que se podría considerar como los premios Emmy de Asia. La historia personal de la doctora también se desarrolla en relación con la parálisis cerebral congénita que padece su hijo Hao-Hao, que le provoca ataques de epilepsia, y que se convierte en una trama principal. En Sin identidad (T1E9), Cheng Wan-Ping describe la convivencia con esa enfermedad como madre: "¿Tienes idea de cuánto duele la rehabilitación para un niño con parálisis cerebral? Durante los ejercicios de estiramiento, Hao-Hao apoya las manos en el suelo para reducir la presión. El dolor es más fuerte de lo que puede soportar. Golpea el suelo una y otra vez, una y otra vez, hasta que sus manitas se ponen rojas". El joven actor infantil I-Le Hsieh, que ha participado en películas taiwanesas como Si no hubiera visto el sol (Chi-Feng Chien, Chi-Cheng Chiang, 2025), ofrece una interpretación al nivel de los actores adultos profesionales. Entre el thriller de temática social y el drama médico, The outlaw doctor desarrolla una historia que se despliega a lo largo de diferentes aspectos de la sociedad taiwanesa, descrita a través de sus propias contradicciones y desde la fragilidad de un sistema que no sabe cómo afrontar el problema de la inmigración, pero tampoco cómo aprovechar las virtudes que puede ofrecer la llegada de personal cualificado. Y consigue que el ritmo del thriller se incorpore con naturalidad al drama de los personajes, elaborando una historia sólida que nunca se siente como unidimensional, sino que aborda los malentendidos que provienen, no solo de los taiwaneses, sino también de los tópicos que llevan incorporados los inmigrantes. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Austin Powers: Misterioso agente internacional se puede ver en Movistar Plus.
Tres amigos se puede ver en MGM+.
Si no hubiera visto el sol se puede ver en Netflix.