17 febrero, 2026

Berlinale 2026 - Parte 2: Conflictos familiares

A pesar de que la directora del Festival de Berlín parece apostar por una atmósfera "happy", con baile en la alfombra roja y la inauguración de la comedia romántica afgana No good men (Shahrbanoo Sadat, 2026), las controversias se suceden en una edición de la que se han retirado algunas películas. La escritora india Arundhati Roy se retiró de la presentación de In Which Annie Give It Those Ones (Pradip Krishen, 1989), una película de la que fue guionista y que iba a tener un pase especial en Berlinale Classics. Ahora han sido los productores del próximo largometraje sudanés Blue Card (Mohammed Alomda, 2027), los que ha retirado su película del Foro de Coproducción debido a la negativa de la Embajada de Alemania en El Cairo a concederles un visado para viajar a Alemania por "riesgo migratorio", considerando que podrían no regresar a su país. El productor sudanés, residente en Egipto, Amjad Abu Alala ha dirigido anteriormente la película You Will Die At Twenty (2019), ganadora del premio al Mejor Debut en el Festival de Venecia,  fue productor de Goodbye Julia (Mohamed Kordofani, 2023), premiada en Un Certain Regard del Festival de Cannes. El Foro de Coproducción les ofreció la posibilidad de participar de forma remota, pero ellos han considerado que no pueden participar en un festival que se celebra en un país que "nos ha hecho sentir indeseados". Mientras las puertas de Europa comienzan a cerrarse, especialmente para aquellos que provienen de países en foclito, los festivales de cine tendrán que repensar que papel juegan en el panorama internacional y cómo pueden ser plataformas de países no occidentales que son considerados riesgos migratorios. De hecho, algunos periodistas con amplia experiencia en la cobertura del Festival de Berlín ya han destacado en sus redes sociales cómo la participación presencial de periodistas internacionales en la edición de este año parece mostrar una progresiva disminución, con pases de prensa matinales que ni siquiera son capaces de llenar las salas. 

Como suele ocurrir en este tipo de encuentros cinematográficos, el fallecimiento esta semana del actor Robert Duvall a los 95 años ha resonado de manera notable en el Festival de Berlín, pero incluso más el del maestro Frederick Wiseman a los 96 años, director de esos característicamente largos documentales, porque él mismo obtuvo el Premio FIPRESCI en este mismo festival por su película Near death (1989), que hablaba precisamente sobre cómo los enfermos, familiares y enfermeros de una Unidad de Cuidados Intensivos en un hospital de Boston se enfrentaban a la muerte. 

Nina Roza

Geneviève Dulude-De Celles

Canadá, Italia, Bulgaria, Bélgica 2026 | 103' | Competición Oficial | 


La emigración moldea vidas partidas que se dividen entre el origen y el destino de manera permanente, aunque algunos emigrantes quieran romper con los lazos que les unen a su pasado. Aunque la directora canadiense Geneviève Dulude-De Calles no menciona un punto de partida concreto para su segunda película, después de A colony (2019), que fue seleccionada en la Semana de Cine de Valladolid, sí hace referencia al padre de un amigo personal que era de origen uruguayo pero aun manteniendo una relación a distancia con su familia, decidió no volver a visitarlos. Este exilio permanente asumido de manera personal surge de la incomodidad de enfrentarse a un pasado que resuena lejana en la vida actual del emigrante, y ha servido como base para el personaje principal de Nina Roza (Geneviève Dulude-De Calles, 2026), una historia sobre las conexiones rotas y los regresos incómodos. Tras la muerte de su esposa, Mihail (Galin Stoev) decidió marcharse de su Bulgaria natal y emigrar a Canadá, criando solo a su hija pequeña en Montreal. Transcurridos veintiocho años, ha roto completamente los lazos con Bulgaria e incluso recrimina a su hija Roza (Michelle Tzonchev) que le enseñe a hablar búlgaro al hijo de ella, porque lo considera inútil para su futuro. Mihail ha desarrollado una carrera como experto en arte, organizando exposiciones y ahora recibe el encargo por parte del marchante Christophe (Christian Bégin) de averiguar si es real el talento de Nina (las hermanas gemelas Sofia y Ekaterina Stanina), una niña de un pequeño pueblo de Bulgaria cuyo precoz interés por la pintura se ha hecho viral a través de las redes sociales. Aunque Mihail no tiene ningún deseo de regresar a Bulgaria, la curiosidad por esta posible artista le conduce a un viaje en el que reconecta con esas raíces que había querido perder. Para desarrollar esta idea, la directora utiliza un concepto que se sostiene en la identidad doble que mencionamos al principio, la doble nacionalidad de Mihail y el reflejo en el que se convierte Nina de su propia hija Roza, a la que recuerda constantemente. Pero sobre todo se centra en la búsqueda interna del protagonista, que también se refleja a través de una búsqueda externa sobre la verdad en torno al talento de la joven artista, expresada en los silencios y los recorridos que lleva a cabo Mihail a través de esa Bulgaria que ahora le parece desconocida, lo que puede recordar a veces a aquella película también presentada en el Festival de Berlín, Los caminos que no escogemos (Sally Potter, 2020), en la que Javier Bardem imaginaba sus otras vidas posibles. Esto provoca un cierto tono de melancolía que a veces puede resultar demasiado etéreo, en esta exploración de las inquietudes personales del protagonista que surge de la reconexión con una cultura que había querido dejar atrás, sustituyéndola por el arte contemporáneo y la lengua francesa. 

Al mismo tiempo que se desarrolla esta trama de búsqueda interior, la película reflexiona sobre el mundo del arte a través de una joven artista cuya pasión por la pintura se acaba mercantilizando, basando el personaje de Nina en una joven pintora australiana llamada Aelita Andre de la que con nueve años se inauguró una exposición en Nueva York. La película adopta en la primera parte un cierto tono más relajado, especialmente cuando Mihail se enfrenta a esa personalidad búlgara que había olvidado: como cuando un taxista le reconoce como alguien que hace mucho tiempo que no ha regresado: "Creí que era un turista", le dice. Pero conforme se desarrolla adopta un tono reflexivo que la aleja de su planteamiento inicial, y que a veces puede resultar monótono, especialmente en los largos primeros planos en los que Mihail refleja en silencio una cierta nostalgia recuperada de su cultura y su entorno. Pero en otras ocasiones funciona con una lucidez especial para transmitir una sensación de extrañeza, como cuando Mihail visita a su hermana Elvira (Svetlana Yancheva), quien le reprocha que no haya mantenido el contacto durante tantos años, y él se siente como un desconocido en medio de una familia a la que no ha visto crecer. Al mismo tiempo, establece como intrínsecamente conectada con el entorno de Nina su propio talento artístico, que Mihail sospecha que no es auténtico. Cuando la galerista Giulia (Chiara Caselli), quien se ha convertido en una especie de agente artística de Nina, le enseña a Mihail los cuadros que ha pintado la niña, destaca una característica singular: "La pintura que utiliza proviene de pigmentos naturales. Son colores regionales, que solo se encuentran donde ella vive". La obra de Nina está conectada intrínsecamente con el lugar donde vive, y sin embargo la intención de Giulia es proporcionarle los recursos necesarios para que se traslade a Italia y estudie en Florencia, en contra de los deseos de Nina. En la película, la directora se pregunta en qué lugar se sitúa el artista dentro del mundo del arte contemporáneo que está permanentemente comercializado, sobre todo cuando pintar surge de un espíritu lúdico. Nina Roza se sitúa en este complicado equilibrio entre una historia reflexiva sobre los orígenes y un deseo de mostrar la conexión del arte con el entorno, tratando de evitar la representación hiperrealista para acercarse a una mirada que mezcla lo tangible con lo simbólico.

© Panama Film

London

Sebastian Brameshuber

Austria 2026 | 120' | Panorama | ★


Hace más de un década conocimos a Bobby Sommer, un actor no profesional que interpretaba al personaje principal de la película Museum hours (Jem Cohen, 2012), presentada en el Festival de Locarno, un celador del Museo de Historia del Arte en Viena que entabla amistad con una visitante canadiense que está en la ciudad para acompañar a un amigo enfermo. No sabemos si el director Sebastian Brameshuber (1981, Austria) ha visto aquella película, pero hay algo de aquel personaje en el protagonista de esta historia, como si fuera una continuación en la que Bobby (Bobby Sommer) ya es un hombre retirado que cobra su pensión, y que realiza frecuentes viajes entre Viena y Salzburgo para visitar, asimismo, a un amigo que se encuentra en el hospital, y con el que no ha tenido contacto en muchos años. En realidad, director y actor se conocieron cuando éste grabó un poema para el mediometraje Of stains, scrap & tires (Sebastian Brameshuber, 2019), y desde ese momento comenzaron a hablar sobre este proyecto. El planteamiento es tan sencillo como singular: un trayecto entre las dos ciudades en coche, que Bobby realiza varios días a la semana, recogiendo a pasajeros que también viajan por diversas razones a través de la autopista West Autobahn, una vía de comunicación que conecta Viena con Salzburgo, y que tiene un pasado especial, siendo la primera autopista construida en Austria, diseñada por el régimen nazi y cuyos primeros tramos se comenzaron a construir poco después de la anexión de Austria en 1938, aunque solo dos tramos se habían abierto al tráfico cuando las obras se interrumpieron por el comienzo de la 2ª Guerra Mundial en 1942. Este trasfondo histórico es relevante como un espacio que instrumentaliza el paisaje y que también conecta con la mirada al pasado que proponen algunas de las reflexiones que hace Bobby a lo largo de sus diferentes recorridos por esa autopista rodeada de montañas. London (Sebastian Brameshuber, 2026) únicamente muestra los trayectos que realiza Bobby acompañado por diferentes pasajeros, y las conversaciones que se entablan entre ellos sirven para conocerles mejor, pero también para ir desgranando aspectos de la personalidad del protagonista: un soldado que se pregunta qué significa luchar, un aprendiz de supermercado que va a ver a su familia, un académico que analiza la historia de la autopista, una mujer queer a punto de casarse... El título, que parece desconectado de la ruta geográfica por la que discurre la historia, hace referencia a ese estado mental de divagación que se establece en largos recorridos por carretera, pero también a esa condición de ciudad situada en un lugar al que no se puede acceder por vía terrestre, distanciada como permanece distante el pasado al que se aferra el protagonista a través de los recuerdos de su amistad rota. La película se ha rodado completamente en un estudio en el que se proyectaban las imágenes del paisaje grabado con anterioridad, en grandes pantallas alrededor del vehículo, y los diálogos han surgido de las interacciones personales de los pasajeros escogidos con el propio Bobby, de manera que las conversaciones no están basadas en un guión previo, aunque la construcción del personaje principal tiene una base dramatúrgica. 

De esta forma, London se desarrolla a lo largo de una frontera difusa entre la ficción y el documental que el director establece de una forma natural, como si en realidad no existiera una diferenciación entre lo documental y lo ficticio, ambos entrelazados como un acto de negociación para crear un punto de inflexión y mantener una fricción constante. Una narrativa ficticia dentro de una realidad cotidiana se establece a lo largo de una historia en la que el pasado impregna necesariamente el presente, y las conversaciones que se establecen entre varios desconocidos consiguen tener ese tipo de intimidad que a veces solo es posible con personas a las que se sabe que nunca se volverá a ver. Los interlocutores de Bobby son en su mayor parte actores no profesionales, excepto la actriz Anca Cipari, quien interpreta a una autoestopista rumana que pide a Bobby que la acerque a la próxima parada de un autobús que acaba de perder, a pesar de la barrera del idioma. También interpreta a uno de los pasajeros el director Ted Fendt (1989, Filadelfia), quien asimismo presenta su última película en la sección Forum del Festival de Berlín, Foreign travel (2026), y Clifford Agu, que fue protagonista de la anterior película del director, Movements of a Nearby Mountain (Sebastian Brameshuber, 2019), en la que el paisaje también se establecía como un elemento fundamental para entender a los personajes. London es una propuesta que mantiene su propio ritmo, muchas veces pausado y marcado por el ritmo que surge de las conversaciones entre estos desconocidos que viajan por la autopista West Autobahn sin conocer el pasado que la rodea, a veces dilatando más las conexiones entre ellos a través de largos silencios y otras conectando inmediatamente. En alguna ocasión Bobby ayuda a algún refugiado, a inmigrantes que tratan de cruzar hasta Alemania o simplemente a soldados que llevan a cabo el servicio militar obligatorio. Hay algún elemento de distopía en la parte final, cuando el comienzo de la invasión de Ucrania que se menciona en las noticias de la radio provoca que exista un control militar más estrecho respecto a los vehículos que circulan por la autopista, pero al mismo tiempo se establece como un eco de las guerras del pasado, especialmente la guerra de los Balcanes. En esta constante vinculación entre el pasado y el presente, entre lo ficcional y lo documental, London encuentra un camino apasionante, en el que la palabra y el diálogo se convierten en el soporte principal de la construcción de los personajes. 

If pigeons turned to gold

Pepa Lubojacki

Chequia, Eslovaquia 2026 | 110' | Forum | 


Resulta complejo enfrentarse a un documental que cuenta historias tan íntimas y personales, tan cercanas a las propias vidas que rodean a los directores que parecen una especie de traición a la confianza compartida para dejar mostrar los aspectos más expuestos de una existencia complicada. En el caso de Pepa Lubojacki, directora no binaria, ha centrado algunos de sus primeros trabajos en temas como la binariedad de género y los estereotipos, pero también el trauma familiar, la adicción y la codependencia. Hija de un hombre adicto, su primer documental es un trabajo personal en el que sobre todo ha utilizado móviles para grabar y algunas animaciones que elle ha realizado durante el proceso de edición de las más de 200 horas que grabó en torno a su relación con su hermano David Lubojacki, también absorbido por el alcoholismo y la vida en la calle, y sus dos primos David Richter y Marco Arnone, quienes igualmente llevan años sobreviviendo por las calles de Praga. Cuenta Pepa Lubojacki que fue una situación dramática vivida por su primo David la que impulsó la necesidad de hablar de las adicciones y los traumas familiares, cuando le tuvieron que amputar las dos piernas después de permanecer durante días tendido en un banco sin que nadie le prestara ninguna atención. Curiosamente, es el único miembro de su familia cercana que ha conseguido desintoxicarse, y cuando su prima le pregunta cómo consiguió quitarse de la adicción a las drogas, él responde: "Bebiendo alcohol. Y del alcohol me desintoxiqué encontrando a una buena mujer". Pero If pigeons turned gold (Pepa Lubojacki, 2026) es principalmente el retrato de una hermana que trata desesperadamente de salvar a su hermano David del alcoholismo que marca los vaivenes de su vida. Elle menciona que "no pude salvar a mi padre", quien murió a causa de su adicción, y de alguna manera permanece un trauma personal que le conduce a situarse siempre al lado de su hermano, aunque haya largos espacios de tiempo en los que, literalmente, parece haber desaparecido. A pesar de que en algunos momentos pudiera haber encontrado algo de estabilidad, en un piso alquilado que se compromete a pagar buscando un trabajo, las recaídas de David son constantes, y los ultimátums que se le imponen para poder permanecer en los apartamentos que le encuentra su hermana son constantemente rotos. En este tipo de películas también da la impresión desde fuera que la propia grabación del documental es una excusa para estar conectada con su hermano, estableciendo un calendario de rodaje que de alguna manera sirve para introducir una cierta continuidad en la vida errática del protagonista. Para reflejar el pasado, Pepa Lubojacki utiliza algunos recursos visuales como animaciones realizadas con Inteligencia Artificial de los labios de fotografías de su padre y su hermano, y una paloma que sirve como narradora con una plantilla de lipsync de esas que se utilizan en redes sociales como Tik Tok, construyendo una narrativa original aunque algo caótica que se apoya asimismo en la música electrónica de Adam Matej, también conocido como DJ GÄP.

Pero en su intento de reflejar la verdadera naturaleza de las adicciones, hay pasajes en If pigeons turned gold que quieren ser didácticos, describiendo el proceso de las adicciones o el síndrome de Wernicke-Korsakoff que puede provocar daños cerebrales en las personas alcohólicas: "¿Se puede vivir el duelo por una persona que aún no está muerta?" se pregunta la directora en algunas de las reflexiones que introduce de forma gráfica a lo largo del documental. Si bien el retrato de la adicción y la incapacidad de su hermano David para salir de ella está bien reflejado a través de la relación entre ambos, hay algunos pasajes que pretenden ser poéticos o reflexivos, y cierto didactismo en algunos momentos que distorsiona el carácter personal de la propuesta. David muchas veces justifica sus recaídas diciendo que "soy así", como una excusa para explicar por qué se entrega a la bebida después de un período en el que parece haber logrado cierto control. Y de alguna forma la conclusión de la película es parecida, una aceptación de que no es posible cambiar a una persona adicta si ésta no quiere cambiar, y por tanto quienes le acompañan deben estar preparados para estar disponibles cuando lo necesiten. No estamos seguros de que este grado de aceptación pueda ser refrendado por muchos expertos en la materia, pero al menos parece más clara la idea de que las personas no pueden ser definidas solo por sus adicciones, y de que la raíz de su problema está precisamente en aspectos psicológicos que tienen relación con los traumas familiares. Da la impresión de que, cuando el proyecto del documental ganó el premio al Mejor Proyecto Europeo en la sección New Vision del Festival de Documentales de Ji.hlava, estaba más enfocado en los primos David y Marco, que ahora ocupan un lugar secundario, enfocándose más en su propio hermano. Y convirtiendo la película en un viaje personal en el que elle intenta comprender a su hermano, no como un héroe de la infancia y un adolescente popular, sino como su yo actual, más caótico pero igualmente apasionante, un proceso de comprensión de la adicción en sí misma, de sus raíces y su esencia. Pero en el largo camino de casi dos horas que se construye en la película hay desvíos que parecen innecesarios y conclusiones que resultan discutibles. 

Son of revenge: The story of Kalevala

Antti J. Jokinen

Finlandia 2026 | 143' | European Film Market | 

Esta semana se ha estrenado en Finlandia una de las producciones más esperadas del año, que también forma parte de las diferentes proyecciones del EFM (European Film Market), uno de los mercados audiovisuales más importantes que se desarrolla dentro de las actividades del Festival de Berlín. La leyenda de Kalevala es una de las más conocidas de la mitología nórdica y se imparte en las escuelas como objeto de estudio, considerada como una de las principales epopeyas nacionales finlandesas. Mezcla de memoria y concepción filosófica del universo del pueblo finlandés, la historia de Kalevala es una de las más grandes epopeyas de Europa, y fue recopilada a través de las fábulas y baladas populares que existían por el autor Elias Lönnrot (1802-1884, Finlandia) en su libro Kalevala (1835, Ed. Alianza Editorial). Se cuenta que, como otras mitologías populares del centro y norte de Europa, esta historia influyó en El señor de los anillos (1954, Ed. Minotauro), lo que es muy probable porque el propio J.R.R. Tolkien escribió una versión en prosa del poema de Kalevala en La historia de Kullervo (1915, Ed. Minotauro). A pesar de su carácter épico y de definición de un pueblo, ha habido escasas adaptaciones de este relato, solo presente en la miniserie de televisión Rauta-aika (La edad de hierro) (Yle, 1982) y en la coproducción soviético-finlandesa Sampo (Aleksandr Putshko, 1959), inspirada libremente en la leyenda, que se estrenó en Estados Unidos con un nuevo montaje y el título The day the Earth frozen. De manera que Son of revenge: The story of Kalevala (Antti J. Jokinen, 2026) es un acontecimiento importante que ha sufrido numerosos altibajos a lo largo de su producción, con cambios de productoras, y una financiación de más de 5 millones de euros que prácticamente duplica el presupuesto medio de las películas finlandesas. Para recrear el entorno de los pueblos medievales en los que se desarrolla la leyenda, se construyó un escenario realista del siglo XII en los bosques de Carelia, en los que tiene lugar este relato de venganza, como su propio título internacional indica. Recibida con críticas mixtas, la película trata de evocar un entorno en el que se mezcla la fantasía con la realidad histórica, partiendo del enfrentamiento entre dos hermanos, Untamo (Eero Aho) y Kalervo (Johannes Holopainen), que están en permanente disputa por la posesión de tierras y el acceso al poder. Inflamado por la influencia del druida Wäinö (Ilkka Koivula) y por su falta de descendencia, Untamo decide atacar el hogar de su hermano, asesinándole junto a su esposa y llevándose consigo a Kullervo, el hijo de Kalervo. Es una modificación respecto a la historia original porque, en aquélla, la esposa de Kalervo solo está embarazada y Untamo no la mata sino que la secuestra, criando a Kullervo como si fuera su propio hijo. El cambio en la película, que muestra a Kullervo como un niño, puede restar credibilidad al hecho de que no descubra que Untamo es su padre hasta que es adulto, como si no tuviera recuerdos de su infancia, pero la historia trata de dar un giro en el tercer acto que intenta justificarlo de alguna manera. 

Más que como una epopeya épica, Son of revenge: The story of Kalevala está construida como una historia personal y un proceso interior de reconocimiento de los orígenes, y en este sentido quizás no se terminan de aprovechar desde el punto de vista visual las posibilidades geográficas de los bosques de Carelia. El director Antti J. Jokinen (1968, Finlandia), especializado en dramas históricos como Helene (2020), aporta cercanía a los personajes y un tono oscuro y violento a la trama, envolviendo a los protagonistas en una especie de dramatismo constante. Pero no consigue ofrecer un desarrollo convincente de Kullervo (Eias Salonen), que como personaje no termina de evolucionar más allá de una ira permanente, tanto en la comunidad en la que aún piensa que es hijo legítimo de Untamo, como más adelante, cuando descubre que en realidad Untamo es su tío y ha sido el culpable de la muerte de su verdadero padre. A medida que crece, los traumas infantiles le acechan a través de pesadillas, lo que puede explicar la memoria borrada de sus años de infancia, y en cierto modo su personaje, aunque es el protagonista, acaba siendo más funcional que realmente relevante, reflejando la rabia de una juventud que no se siente integrada dentro de una sociedad que le resulta siempre hostil. La aparición de uno de los pocos personajes femeninos importantes, Aino (Ronja Orasta), se queda algo difuminado porque, una vez que cumple su misión dentro de la narrativa y del desarrollo personal de Kullervo, desaparece sin que se la mencione nunca más. También hay que resaltar que en el European Film Market se ha presentado una versión de dos horas que es más reducida que las dos horas y veinte que dura la versión estrenada en Finlandia, lo que puede explicar la sensación de que algunos acontecimientos ocurren demasiado deprisa. Pero a tenor de algunas de las críticas que ha recibido en su país, que hacen referencia a una duración excesiva, puede que esta versión más recortada finalmente sea mucho más adecuada. Son of revenge es una epopeya que funciona bien como un vehículo de entretenimiento con cierta interioridad filosófica en torno a los orígenes y el sentido de pertenencia, un poco a la manera de los dramas históricos shakesperianos, y para quienes no conocen directamente la historia de Kullervo se puede disfrutar de una película épica que nunca se desequilibra del todo. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Goodbye Julia se puede ver en Plex.
Movements of a nearby mountain se puede ver en Truestory. 
Helene se puede ver en Filmin. 


16 febrero, 2026

Berlinale 2026 - Parte 1: Mujeres y políticas

"Toda película es política. Las más políticas son aquellas que pretenden no serlo: las de 'entretenimiento'. Porque descartan la posibilidad de un cambio. En cada plano te dicen que todo está bien como está. Son una promoción del estado de las cosas". Esta es una declaración del director alemán Wim Wenders, realizada hace unos años, que muchos han considerado una contradicción con las que expresó como presidente del jurado en la presentación del Festival de Berlín: "Debemos estar fuera de la política porque si hacemos películas que son meramente políticas, entraremos en el terreno político. Nosotros debemos ser el contrapeso de lo político, lo contrario a lo político". Pero esta respuesta a una pregunta del periodista alemán Tilo Jung, que presenta el programa online de entrevistas políticas Jung & Naiv y que está planteando estas cuestiones en las ruedas de prensa, ha acabado provocando un debate sobre el posicionamiento del Festival de Berlín respecto a causas como las protestas del movimiento Mujer, Vida y Libertad en Irán, o la condena clara de la invasión rusa en Ucrania, ofreciéndose en su momento como plataforma para los cineastas ucranianos, frente a la tibieza con la que se posiciona respecto al genocidio cometido por Israel en Palestina y la invasión de territorios palestinos como Gaza y Cisjordania, que ha provocado más de 72.000 muertos, casi 600 desde el supuesto acuerdo de paz de octubre de 2025, según datos de Amnistía Internacional. Ante las críticas que han recibido Wim Wenders por su contradicción, pero también Michelle Yeoh y Neil Patrick Harris por su negativa a expresar opiniones sobre la situación política global, la directora del Festival de Berlín, la británica Tricia Tuttle, lanzó un comunicado el sábado reclamando el derecho de los artistas a no expresar sus opiniones políticas si no quieren hacerlo. Y aunque puede resultar extraño preguntar a Michelle Yeoh por la situación en Estados Unidos cuando ella vive desde hace años en Suiza, esta postura "apolítica" ha molestado a algunos autores como la escritora Arundhati Roy, quien decidió no acudir al festival como tenía previsto debido a que esa posición supone silenciar "un genocidio del pueblo palestino por parte del Estado de Israel que cuenta con el apoyo y la financiación de los gobiernos de Estados Unidos y Alemania, así como de varios otros países europeos, lo que los convierte en cómplices del crimen". El escritor estadounidense Viet Thanh Nguyen también expresó su sorpresa en redes sociales sobre lo que él denomina "La excepción palestina. Estoy profundamente decepcionado con Wim Wenders, cuyas películas admiro. El arte y la política no son lo mismo, pero se superponen, y esa superposición exige una respuesta más rigurosa que la que Wenders ofreció en la Berlinale. Se refugia en la idea de que el arte debería centrarse en la empatía, lo cual es una concepción limitada del arte y de la empatía". La controversia surge por el hecho de trasladar estos temas de la pantalla a las ruedas de prensa y pretender que los artistas se posicionen cuando se les pregunta sobre cuestiones políticas, pero el propio Tilo Jung, que plantea esas cuestiones, afirmaba en la revista Variety que en una época en la que los fascismos están regresando, el arte debería posicionarse porque se está jugando su propia libertad: "Nadie espera una charla TED. Pero al menos esperan una respuesta. Si un artista tiene miedo de hablar abiertamente sobre el fascismo, entonces no debería venir. Porque estos son otros tiempos". En la inauguración de festival, artistas iraníes desfilaron por la alfombra roja con carteles de "Irán libre" y la Asociación de Cineastas Independientes de Irán realizó una performance en la Potsdamer Platz, con voluntarios tendidos en el suelo para simbolizar a las víctimas de las protestas de enero de 2026. Legitimando estas formas de protesta, la pregunta es si el Festival de Berlín se habría solidarizado también con una manifestación propalestina que denunciara el genocidio cometido por Israel.  

© Leyla Bouzid

À voix basse (In a whisper)

Leyla Bouzid

Francia, Túnez 2026 | 112' | Competición Oficial | ★


Nuestra primera crónica está dedicada a un tema tan político como la emigración, en este caso a través de los desafíos que supone el regreso. La directora Leyla Bouzid (1984, Túnez), quien se trasladó a Francia para completar sus estudios superiores, menciona precisamente que sus películas anteriores, À peine j'ouvre les yeux (2015) y Una historia de amor y deseo (2021), hablan de "cómo las fuerzas políticas y sociales moldean la esfera privada y modifican nuestros sentimientos más profundos, nuestro comportamiento, nuestra sexualidad". La historia de À voix basse (Leyla Bouzid, 2026) comienza con el regreso de Lilia (Eya Bouteraa) a la casa familiar en la ciudad costera de Susa, en Túnez, un lugar al que es cercano la propia familia de la directora, quien ha rodado en la casa de su abuela, manteniendo el aspecto de buena parte del interior, y permitiendo que los claroscuros formen parte de la puesta en escena de la película. Tras vivir varios años en Francia, Lilia ha vuelto a un hogar principalmente habitado por mujeres para asistir al funeral de su tío Daly (Karim Rmadi), a quien encontraron muerto completamente desnudo, iniciándose una investigación policial que podría desvelar su homosexualidad. Sus hermanas Wahida (Hiam Abbass), madre de Lilia, y Hayet (Feriel Chama) siempre han conocido la homosexualidad de Daly, pero han tratado de mantenerla oculta frente a la abuela Néfissa (Salma Baccar), porque hubiera supuesto un escándalo para la familia. En Túnez, la homosexulidad está considerada un delito, estipulando en el Código Penal que la condena puede ser de hasta tres años por "relaciones sexuales consentidas entre dos adultos del mismo sexo". Se trata de una ley colonialista redactada por los franceses durante la época del Protectorado en 1913, que no ha cambiado pero ha sido aplicada de forma más o menos estricta según los gobiernos. Durante los últimos tres años, bajo el segundo mandato del presidente conservador Kaïs Saied, elegido por un 90% de apoyo electoral, las detenciones han aumentado, y una "prueba anal", que muchas ONG internacionales han denunciado como una forma de tortura, se considera probatoria de las actividades sexuales de los acusados. A través de la historia de Daly, la protagonista también enfrenta su propia intimidad, porque Lilia ha viajado a Túnez con su actual pareja, Alice (Marion Barbeau), a la que ha mantenido alejada de su familia para ocultar su propia relación. Poco a poco, el descubrimiento de la situación de ocultamiento que sufre la comunidad homosexual en Túnez provoca una especie de emancipación de ella frente a su propia familia y su país de origen. La situación de control que parece mantener Lilia al principio se va desmoronando conforme se adentra en un terreno hostil donde su realidad se hace cada vez más visible, frente a la invisibilidad habitual de las relaciones lésbicas en Túnez. Esta aproximación de Leyla Bouzid a un aspecto controvertido de su país se equilibra entre un drama familiar que tiene la suficiente fortaleza como mantener la tensión y una mirada amable a las relaciones familiares a pesar de los resentimientos, como en una escena metafórica en la que Lilia, su madre y su tía tratan de sacar a un pájaro que se ha metido en la habitación de Daly, atrapado entre las cuatro paredes hasta que una ventana se abre a la libertad. 

El proceso que experimenta Lilia está narrado con una especial delicadeza, pero al mismo tiempo transmitiendo la rebeldía que supone asimilar su propia identidad sexual, y la respuesta de su madre Wahida, que ha aceptado la homosexualidad de Daly pero se siente traicionada cuando descubre que Lilia tiene una relación con otra mujer, es una reflexiva mirada a la propia actitud discriminatoria respecto a la visibilidad de las relaciones lésbicas. La ciudad de Susa es utilizada como un elemento importante para reflejar su pasado como una de las principales ciudades portuarias de África y su presente como una ciudad turística en la que aparentemente hay una mayor libertad pero en realidad es profundamente conservadora. La presencia de Daly como si se tratara de una aparición fantasmal destaca en los claroscuros del interior de la casa como una mirada al pasado familiar, que también se superpone al presente en algunos flashbacks que se incorporan a la realidad de Lilia en forma de recuerdos. Esta evocación del poder de la memoria se representa como un homenaje a la película La jetée (Chris Marker, 1962), a través de uno de esos flashbacks que se muestran como una sucesión de fotografías estáticas. À voix basse entrelaza hábilmente la relación familiar y el entorno hostil de la policía investigando una muerte que la autopsia ha aclarado que no tiene un origen violento, solo para dilucidar si Daly era homosexual. Y aunque puede perder algo de fuerza en ciertas representaciones de algo parecido al realismo mágico, la película consigue mantener una atmósfera evocadora que resulta lo suficientemente atractiva. A lo que también contribuye la delicada aportación musical de Yom (1980, Francia), clarinetista de origen judío cuyo álbum Alone in the light (2023, Planètes Rouges) acompañó a la directora  durante la producción de la película. En una historia de secretos identitarios que se mantienen ocultos dentro de una sociedad que los condena radicalmente, À voix basse logra esa condición de cine sutil y emotivo que al mismo tiempo proclama la rebeldía como una forma de emancipación personal, a través de las mujeres de una familia que, de una u otra forma, reclaman su espacio y sus propias decisiones. 

Enjoy your stay

Dominik Locher, Honeylyn Joy Alipio

Suiza, Francia, Filipinas 2026 | 99' | Panorama | 


El anuncio de un referéndum que se celebrará en Suiza el próximo mes de junio para decidir si se establece un número máximo de habitantes hasta 10 millones, a partir del cual se cerrarían las fronteras a la inmigración, es una más de las contradicciones en un país cuya riqueza se ha basado, como en la mayor parte de los países occidentales, en la explotación laboral de lo inmigrantes. Esta contradicción es expuesta de manera rotunda en el drama Enjoy your stay (Dominik Locher, Honeylyn Joy Alipio, 2026), cuyo título hace referencia a la nota que se incluye en los hoteles de las estaciones de esquí suizas dedicadas a los clientes, que viven de espaldas al trabajo irregular y mal pagado que realizan muchos inmigrantes para mantener el aspecto impoluto de sus instalaciones. El director Dominik Locher (1982, Suiza), que ya ha abordado temas sociales en títulos como Tempo girl (2013) y Goliath (2015), menciona el sentimiento de rabia que experimentó al leer un artículo sobre la explotación migrante en un país como Suiza que promueve una fachada de riqueza y estabilidad, pero manteniendo ocultos a los trabajadores invisibles que limpian en casas particulares en condiciones precarias y, en muchos casos, abusivas. La imagen de postal de las pistas de esquí suizas se mantienen en la película como una pantalla de falsa transparencia, que supone en realidad un trasfondo a la mano de obra barata e irregular que explota esa apariencia. La protagonista Luz (Mercedes Cabral) es una más de las trabajadoras filipinas que trabajan de manera irregular en la empresa de limpieza que administra Thibault (Alexis Manenti), quien además las utiliza para servir como limpiadoras y camareras para sus propias fiestas particulares. Luz se presta a todo tipo de trabajos para conseguir el dinero necesario para traer a su hija Sofía, cuya custodia mantiene su marido en Filipinas, quien no tiene ningún problema en trasladar el conflicto sobre la custodia paternal a un popular programa de la televisión filipina, obligando a Luz a ser entrevistada a través de videoconferencia para defender su derecho como madre a hacerse cargo de Sofía en las mejores condiciones posibles. La necesidad de conseguir recaudar el dinero suficiente también conduce a Luz a aceptar la propuesta de Thibault y su jefe Valentin (Raphaël Tschudi) de ser una especie de facilitadora de mano de obra barata y convertirse por tanto en cómplice de la trama de explotación laboral que ella misma está sufriendo. De manera inteligente, los directores deciden no mostrar a los clientes de los hoteles de la estación de esquí, porque es precisamente la invisibilidad de las trabajadoras irregulares las que mantiene ese sistema de explotación al margen de las apariencias. Thibault, que tiene una relación cercana pero claramente autoritaria con sus trabajadoras, incluso usándolas como cuidadoras de su hijo, les suele indicar que salgan siempre por las puertas traseras de los hoteles para evitar cruzarse con los huéspedes. Una de las fortalezas de Enjoy your stay es precisamente la de retratar este sistema de invisibilidad constante que permite a Suiza, como representación de los países occidentales, mantener la fachada de riqueza mientras permite una explotación laboral que resulta demasiado evidente. 

Sin embargo, Luz tampoco es retratada de una manera condescendiente, sino que está envuelta en conflictos internos y morales que la llevan incluso a traicionar a Mae (Hasmine Killip) una de sus compañeras de trabajo cuando se encuentra enferma, buscando un reemplazo rápido. Las estafas en los sueldos que se prometen y los que finalmente se pagan, o las largas jornadas laborales que empalman trabajos de limpieza con horas extra como camareras, están descritos con un ritmo asfixiante que mantiene la cámara siempre cercana a Luz, y que refleja la intensidad y el estrés provocado por la necesidad de realizar todo tipo de labores para lograr los objetivos económicos. Al situar la historia en el entorno de fin de año, en la época de mayor actividad de las estaciones de esquí suizas, Enjoy your stay también dibuja alrededor de la protagonista otra falsa realidad de fiestas y diversión, frente a la otra cara que viven las trabajadoras filipinas. Varias denuncias que se han interpuesto en Suiza a lo largo de los últimos años han puesto de manifiesto un sistema oculto de explotación y trata de seres humanos, especialmente en el sector del trabajo doméstico, donde el control es más difícil, incluso con invitaciones realizadas por los empleadores, que se ofrecen a pagar el vuelo a sus futuras empleadas, pero manteniéndolas en condiciones precarias y de manera irregular. La denuncia que expone la película se refleja de una manera clara, pero sin victimizar totalmente a las trabajadoras: Luz, poderosamente interpretada por Mercedes Cabral, conocida actriz de telenovelas filipinas, es una parte del engranaje de esta explotación, pero al mismo tiempo utiliza el propio sistema explotador para su beneficio. Aunque pueda parecer algo simplista en la exposición de su narrativa, estableciendo la tradicional confrontación entre ricos explotadores y pobres explotados, Enjoy your stay consigue capturar de una manera lúcida cómo la propia construcción de un sistema capitalista endémico y necesitado de mano de obra barata para sobrevivir, es el que establece este tipo de relaciones de poder, esta clase de entorno laboral de esclavitud permanente. 

© Colectivo Colmena

Chicas tristes (Sad girlz)

Fernanda Tovar

México, España, Francia 2026 | 86' | Generation 14plus | ★

El Colectivo Colmena es una comunidad de cineastas independientes creada en 2015 en México que cuestiona la jerarquía convencional de la industria cinematográfica con una forma de producción autosuficiente, hasta el punto que recientemente han comenzado a distribuir sus propias películas. Chicas tristes (Sad girlz) (Fernanda Tovar, 226) es su cuarto largometraje, con otros dos proyectos en fase de desarrollo. A través de una historia de amistad entre dos jóvenes de dieciséis años, La Maestra (Rocío Guzman) y Paula (Darana Álvarez), que comparten entrenamiento durante un verano para participar en el Campeonato Panamericano de Natación Juvenil que se celebrará en Brasil, la historia cuestiona la representación de las mujeres dentro de la sociedad mexicana y se hace preguntas sobre cómo dos adolescentes se enfrentan a una situación de abuso sin saber exactamente que se ha tratado de un abuso. La directora Fernanda Tovar (1991, México), debuta en el largometraje tras el éxito de cortos como Quiero estrellarme en seco contra el parabrisas del amor (2024), estrenado en el Festival Tribeca, y hace referencia a la sensación de que las mujeres mexicanas son "chicas tristes", adoptando este sentimiento como el título de su película, para plantearse la realidad de que esa tristeza también puede darse en situaciones de alegría y compañerismo. El entorno de las dos adolescentes en una especialidad deportiva que requiere una cierta exposición del cuerpo, pero que al mismo tiempo es lo suficientemente cerrado como para provocar una situación más complicada cuando se plantea la posibilidad de que una de ellas haya sufrido una violación, permite una confrontación más clara con la incertidumbre de revelar el secreto. Hay una referencia a la emigración, cuando el grupo de amigas habla durante la primera parte de la película sobre la deportación de un joven que se ha visto obligado a regresar a México. Paula se siente atraída por Daniel (Lucio Lemus), uno de sus compañeros en el equipo de natación, y durante una noche de fiesta piensa que tendrá la oportunidad de vivir su primera experiencia sexual como una ocasión especial, pero según relata ella a su amiga, en el último momento tuvo dudas y decidió decir que no. Pero a la mañana siguiente parece claro que ocurrió algo más aquella noche y que el consentimiento fue violentado. Cuando le preguntan a ChatGPT sobre una situación parecida, la IA responde de una forma tajante que realizar un acto sexual sin el consentimiento de la otra persona es objetivamente una violación. Es interesante que la directora decida incluir dentro de la incertidumbre de las dos adolescentes una herramienta tan deshumanizada como la Inteligencia Artificial, que da una respuesta rotunda y sin matices, una frase concisa a nuestras dudas existenciales, sin empatía ni calidez humana. La Maestra y Paula prefieren preguntarle a un sistema artificial antes que confesar sus dudas al padre de la segunda, buscando una respuesta sin tener que responder ellas a otras preguntas. 

Sad girlz , que cuenta con la coproducción española de Potenza Producciones, fundada por Carlo D'Ursi, nació como una película sobre la violencia de género y sus zonas grises dentro de la adolescencia, pero la directora afirma que fue cambiando de perspectiva cuando comprobó que en la Marcha del Día Internacional de la Mujer había muchas jóvenes mexicanas que reclamaban sus derechos y proclamaban eslóganes en contra de la violencia sexual. De manera que el objetivo era entender cómo se enfrentan estas adolescentes mexicanas esa realidad que sigue siendo un problema grave en México. Durante los primeros 15 días del mes de enero de 2026, se produjeron 31 feminicidios en 19 estados mexicanos, lo que marcó un aumento de la violencia de género respecto a la tendencia de los últimos años. Ni siquiera tener como presidenta a una mujer, Claudia Sheinbaum, ha conseguido que el gobierno mexicano haya sabido enfrentar una violencia tan transversal dentro de una sociedad que sigue manteniendo comportamientos profundamente machistas. Las dudas de Paula respecto a lo que sucedió durante la fiesta se mezclan con la atracción que sigue teniendo hacia Daniel, a quien solo se representa en algunas escenas, transmitiendo la sensación de que tampoco es realmente consciente de haber cometido un abuso sexual. El entorno cerrado de las pruebas de natación también aumenta la sensación de asfixia al tener que convivir diariamente con el violador. A pesar de ello, Chicas tristes no es una película pesimista, y subraya la solidaridad que puede encontrarse en la amistad, incluso aunque esta amistad requiera tomar decisiones difíciles. Cuando La Maestra pregunta a Paula por qué no le ha contado nada a su padre, ella hace referencia al estigma de ser vista de una forma diferente, ya siempre definida por la experiencia que ha sufrido. Como cuando Raz (Tatsumi Milori), una amiga que no está definida en la película por su transexualidad, lo que supone una mirada agradablemente diferente a la habitual, menciona que le gustaría vivir en un sitio donde nadie la conozca, porque determinadas acciones acaban definiendo de manera permanente a las mujeres. A pesar de su tema y su título, Chicas tristes es una hermosa película sobre la amistad, en la que la directora deja todo el peso en el trabajo de interpretación de las dos jóvenes protagonistas, pero también define su relación a través de la planificación, como en la escena en la que el progresivo alejamiento de ambas amigas se muestra en una conversación en la que La Maestra se encuentra en primer plano y Paula se ve reflejada en un espejo que la sitúa en otro espacio.

© Eliza Capai

A fabulosa máquina do tempo

Eliza Capai

Brasil 2026 | 72' | Berlinale Generation: Inauguración | ★


La fortaleza del cine brasileño está bien representada en una sección como Generation Kplus, dedicada a películas que tienen protagonista juveniles, en la que se estrenarán cuatro largometrajes procedentes de Brasil, y se ha inaugurado precisamente con este documental absolutamente desinhibido y original, un proyecto lúdico elaborado con un grupo niñas que viven en Guaribas, en el sertão del estado de Piauí, un lugar que alguna vez tuvo uno de los IDH (Índice de Desarrollo Humano) más bajos de Brasil. El documental nació desde que la directora Eliza Capai (1979, Brasil) participó en un proyecto financiado por Agência Pública para investigar cómo la Bolsa Família había afectado a las relaciones de género. Bolsa Família es un programa del gobierno que consiste en transferencias monetarias para familias muy pobres que canaliza el beneficio a las mujeres y exige que los niños, niñas y adolescentes asistan a la escuela. Aunque se trata de una cantidad muy pequeña, que no llega a 30 dólares al mes por cada miembro de la familia, ha contribuido a que Brasil se haya ido eliminando del Mapa del Hambre que elabora anualmente la ONU. Después de varios proyectos realizados por la zona, Eliza Capai llevó a cabo un taller de cine con algunas niñas del municipio, del que han surgido las ideas principales de este interesante documental. Es curioso cómo el cine brasileño que está consiguiendo más repercusión internacional, generalmente realizado por directores masculinos, mira hacia el pasado desde una perspectiva contemporánea, pero el cine que realizan muchas mujeres cineastas brasileñas tienen una mirada hacia el futuro, como indica la propia directora: "Nuestra imaginación del futuro está moldeada por la distopía, el caos, la guerra y la desesperación. Quiero ayudar a construir un cine donde el futuro sea deseable, placentero, abundante, alegre y pacífico. Para alcanzar ese futuro placentero, debemos aprender a soñarlo". Y así es como A fabulosa máquina do tempo (Eliza Capai, 2026) se plantea desde una perspectiva lúdica en la que son las niñas las que juegan a ser sus propias directoras y protagonistas de sus historias, las que imaginan el futuro y viajan al pasado, y las que entrevistan a sus madres, muchas de ellas tan jóvenes que tuvieron a sus hijas cuando eran adolescentes. De manera que, aunque la película está planteada con un maravilloso sentido de la diversión, aborda algunas de las problemáticas a las que se van a enfrentar estas niñas cuando sean mujeres adultas: "Antes de todo, todo era oscuridad. No había luz, no había nada. Entonces Dios empezó a jugar y a inventar todas las cosas, e hizo al hombre del polvo, y a la mujer del hombre... ¿Serían diferentes las mujeres si también fueran hechas del polvo? Me alegro de no ser mujer todavía. Ni yo ni mis amigas", dice la narradora Manuzinha al comienzo de la película. La mayor parte de las protagonistas están criadas en religiones evangélicas, de manera que la mitología bíblica impregna sus realidades y también su imaginación. Aunque viven en casas de tierra sin agua corriente, tienen la oportunidad de ir a la escuela y soñar con un futuro mejor que el presente que viven sus madres y el pasado que vivieron sus abuelas. "El pasado era vivir para no morir. Venimos de los esclavos. Aquí no había agua, no había comida, no había donde vivir", les dice su abuela cuando ellas se embarcan en una máquina del tiempo imaginaria para viajar hasta 2003, cuando comenzó a implementarse el programa Bolsa Família, durante el primer mandato de Lula da Silva. 

El propio crecimiento de las niñas es planteado como si se tratara de una máquina del tiempo, aquella en la que son capaces de vislumbrar un futuro con el que pueden soñar: ser policías, militares, abogadas o doctoras son posibilidades que están presentes como nunca lo estuvieron en la imaginación de sus madres, algunas de las cuales tuvieron que dejar los estudios para casarse. Es en las entrevistas que hacen las hijas a las madres donde se muestran las distorsiones del machismo, del alcoholismo de los maridos y de la discriminación de género. Casi todas las niñas asumen que sus familias les permiten hacer cosas diferentes a los hijos varones, mientras ellas deberán asumir el papel de amas de casa y madres, algo contra lo que algunas ya se rebelan, elaborando una narrativa de ficción en la que se imaginan a un matrimonio que no tiene recursos para atender al marido en los servicios médicos cuando se pone enfermo, porque éste no ha permitido a su mujer salir a trabajar. A fabulosa máquina do tempo es una entretenida mezcla de ficciones creadas por sus protagonistas, de realidades descritas por sus familiares y de reconstrucción de un mundo que quizás algún día puede llegar a ser mejor. Y esta mirada optimista y alegre resulta contagiosa, vitalista y reivindicativa, desde una perspectiva femenina que se resiste a ocupar un lugar secundario, incluso en localidades que rozan la pobreza como Guaribas. Dentro de su sencillez y su carácter lúdico, este documental de desbordante alegría consigue profundizar en temas como la influencia de la religión y las estructuras sociales impuestas en las zonas más desfavorecidas de un país que todavía necesita construir muchos puentes para ayudar a muchas familias a salir de la pobreza y el analfabetismo. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

La jetée se puede ver en Filmin y Mubi.

10 febrero, 2026

Las series más destacadas de 2026: Enero-Febrero

Las nominaciones a los premios del sindicato de guionistas ALMA reconocen las mejores obras cinematográficas y de series, entre las que se han dado a conocer las finalistas a los IX Premios ALMA, elegidas entre las 453 obras estrenadas durante 2025. Han sido nominados 153 guionistas, entre los que solo 53 son mujeres, un 35%. Como Mejor Guión de Comedia son finalistas Víctor García León, Araceli Álvarez de Sotomayor, Germán Aparicio, Ana Boyero y Daniel Castro por Animal (Netflix, 2025), Cristóbal Garrido y Adolfo Valor por La vida breve (Movistar Plus+, 2024-) y Juan Maidagán y Pepón Montero por Poquita fe (Movistar Plus+, 2023-). Como Mejor Guión de Drama están nominados Fran Araújo, Rafael Cobo y Alberto Rodríguez por Anatomía de un instante (Movistar Plus+, 2025), Leticia Dolera, David Gallart y Almudena Monzú por Pubertat (3Cat/HBO Max, 2025) y Diego San José, Daniel Castro y Fernando Delgado-Hierro por Yakarta (Movistar Plus+, 2025). Y entre los guiones para series documentales son finalistas Marc Cases, Ignasi Gisbert, Martí Haro, Minaia Llorca, Nil Montilla, Javi Oms, Anna Punsí y Xènia Sanromà por Crims (3Cat, 2020-), Kike Costas, Irene del Cerro y Noemí Redondo pr Expediente Vallecas (HBO Max, 2025) y Manuel Lucas por Los archivos secretos del NO-DO (RTVE Play, 2025). Finalmente, las series diarias nominadas, de las que no incluimos los nombres de los guionistas porque suelen ser muy numerosos, han sido La promesa (RTVE, 2023-), Sueños de libertad (Antena 3, 2024-) y Valle salvaje (RTVE, 2024-). 

El anuncio de estas nominaciones ha coincidido con la noticia de un conflicto laboral protagonizado por Nacho Faerna (1967, Madrid), guionista principal y showrunner de la serie Pura sangre (Telecinco, 2026), quien decidió firmar con el seudónimo de Hernán Corfa, un anagrama de su nombre con las letras dispuestas en otro orden. La razón que él mismo explicaba en sus redes sociales es que, después de haber participado en la gestación de Pura sangre desde la escritura de la biblia y el desarrollo, la productora decidió prescindir de sus servicios, no permitiéndole participar en el proceso de postproducción, donde se realizaron cambios significativos. Nacho Faerna fue coordinador de guiones en la productora Shine Iberia, trabajando para otras series como Bosé (SkyShowtime, 2022), en la que ya hubo discrepancias creativas según explicaba en un reportaje de El País (29/1/2026). El uso de seudónimos es una práctica habitual en la industria del cine y la televisión cuando el director o guionista no reconoce la obra como suya, lo que no es tan habitual es que una productora importe el concepto de showrunner para después no respetar las atribuciones que éstos tienen, no solo en el proceso de desarrollo y rodaje sino también en el de postproducción. 

Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.

Las gotas de Dios (Temp. 2)  ★★★☆☆ 
Apple tv, 21 de enero-11 de marzo

Francia, 2025 - 8x45'

Creada por Quoc Dan Tang sobre el manga de Tadashi Agi & Shu Okimoto

Escrita por Clive Bradley, Sonia Moyersoen

Dirigida por Oded Ruskin


Una de las sorpresas recientes ha sido la serie francesa Las gotas de Dios (Apple tv, 2023-), que hace casi tres años vimos por primera vez en la competición internacional del festival Séries Mania y de la que destacamos el episodio Legado (T1E6) como uno de los mejores de 2023. A pesar de conseguir el Emmy Internacional al Mejor Drama, Apple tv tardó casi un año en confirmar la producción de una segunda temporada, que toma nuevamente como base el manga japonés Kami no Shizuku (2004), escrito por Yuko y Shin Kibayashi con dibujos de Shu Okimoto, que el guionista franco-vietnamita Quoc Dan Tang adaptó, pero introduciendo cambios importantes. Si la obra original se desarrolla completamente en el entorno de la cultura vitícola japonesa, a través de la competición entre dos herederos de un conocido enólogo, la versión en formato de serie cambiaba el género de uno de ellos y dividía la historia entre Japón y Francia. Lo que acababa resultando una mezcla interesante en la que se reforzaba la confrontación, no solo por la diferencia de carácter de ambos personajes, sino por el choque cultural entre el rígido japonés Issei Tomine (Tomohisa Yamashita), educado en una familia de grandes recursos económicos, y la francesa Camille Léger (Fleur Geffrier), más impetuosa y extrovertida. Ambos, sin embargo, compartían el trauma de una relación complicada con Alexandre Léger (Stanley Weber), un profesional de la enología que sin embargo tuvo una actitud distanciada respecto a su familia. Si en nuestra lista de mejores episodios de la temporada destacamos el que estaba directamente relacionado con el legado, la segunda temporada se propone precisamente como una extensión de esa transmisión del conocimiento y de los valores, a veces en contradicción con la personalidad de sus legatarios. Una vez que se descubrieron algunos secretos familiares en la primera temporada, las vidas de Issei y Camille están de nuevo separadas, tres años después, al comienzo de Un regalo inesperado (T2E1), pero se reúnen de nuevo en Francia, con Camille convertida en una empresaria vitivinícola junto a su novio Thomas Chassangre (Tom Wozniczka), cuando descubre una botella secreta que había guardado su padre, y de la que nunca supo su origen. Un vino tan perfecto que se convirtió en un reto, ahora traspasado a sus herederos, a los que propone en una carta descubrir dónde pudo ser elaborado: "Te paso esta misión a ti, quienquiera que seas. Mi heredero. El elegido", ha escrito Alexander Léger. Aunque la primera decisión podría ser no volver a caer en los retos propuestos, finalmente comienzan a investigar de dónde proviene el vino, lo que les lleva a contactar con el viticultor Juan López (Pedro Casablanc) en Sanlúcar de Barrameda, para posteriormente seguir viajando a Grecia y a Georgia. Esta nueva competición, en a que teóricamente colaboran Issei y Camille, pero en realidad tienen una intención personal cada uno de ellos, puede parecer una continuación demasiado forzada de la intrigante competición que ocupó buena parte de la primera temporada, de maner que se repiten algunos recursos de estructura narrativa y relación entre los personajes. Pero la búsqueda no dura más de tres episodios, porque la temporada está más interesada en abordar las herencias y los legados. 


En el episodio Un secreto familiar (T2E3) los dos protagonistas se encuentran con una rivalidad entre hermanos, lo que en cierto modo funciona como espejo de su propia relación, en la que Tamar Abashidze (Ia Shugliashvili) mantiene la tradición familiar de la elaboración de vino en tinajas gigantes de barro cocido (las denominadas Qvevris) enterradas bajo tierra para fermentar y añejar el vino, permitiendo la estabilidad de la temperatura estable y una microoxigenación natural, una práctica milenaria ha sido reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO desde 2013. Sin embargo, el rencor de su hermano Davit Abashidze (Tornike Gogrichiani), convertido en un exitoso hombre de negocios con algunas relaciones controvertidas, le lleva a tratar de negociar la venta del terreno donde se encuentra el viñedo para que se construya un complejo turístico. Dirigida de nuevo por el realizador Oded Ruskin, (1971, Israel), Las gotas de Dios a veces camina sobre un equilibrio complicado entre la trama tradicional de personajes estereotipados y la fascinación que provoca el conocimiento de los entornos relacionados con la cultura del vino. La segunda temporada es menos intensa que la primera, aunque trata de encontrar siempre el giro de guión que pueda dejar cada episodio en un misterio, a veces demasiado predecible. Ya alejada de la adaptación directa del manga, que terminaba al final de la primera temporada, la nueva historia se siente algo repetitiva y a veces incluso demasiado lánguida en los conflictos que protagonizan Issei y Camille. Afortunadamente, la temporada eleva su interés en la segunda mitad, cuando ella toma una decisión arriesgada e imprevisible que pondrá a prueba su relación con su pareja Thomas, y en la que tendrá una importancia decisiva la intervención del viticultor español Juan López en el episodio Un juego peligroso (T2E6). De hecho, es más interesante el arco de Camille que el de Issei, mientras ella se va revelando con una personalidad más parecida a la de su padre de lo que pensaba, y al mismo tiempo descubre que la influencia que ha tenido siempre su madre Marianne (Cécile Bois); en un arco paralelo, Issei también se enfrenta a la severidad que siempre ha sentido desde la posición privilegiada de la familia de su madre Honoka Tomine (Makiko Watanabe), pero está reducido a una metáfora sobre la percepción de su propósito real en la vida. Issei tiene visiones del Mar de la Tranquilidad, que parecen hacer referencia a la enología como un viaje espiritual que se refleja en el espacio que altera la realidad y el tiempo, descrito por Emily St. John Mandel en su novela El mar de la tranquilidad (2022, Ed. Ático de los libros).  La idea de la herencia que a veces resulta pesada y de las relaciones familiares como una condición asfixiante sobrevuela a lo largo de toda la temporada. Pero la capacidad que tenía la primera para construir un drama psicológico de investigación se ha perdido para crear una historia algo más artificial que no profundiza en los temas que propone. 


Ponies  ★★★★☆ 
SkyShowtime, 30 de enero-12 de marzo

Estados Unidos, 2026 - 8x52'

Creada por Susanna Fogel, David Iserson

Dirigida por Susanna Fogel, Viet Nguyen, Ally Pankiw


1977, Moscú. Dos mujeres utilizan su perfil de personas sin interés para convertirse en espías del gobierno norteamericano dentro de una dinámica de poder que marca el equilibrio de una Guerra Fría que se sostiene en las demostraciones de fuerza. Como explica el jefe de la CIA en Moscú, Dane Walter (Adrian Lester) en el episodio Backstreets (T1E3), titulado como la canción de Bruce Springsteen (1975): "La única razón por la que los rusos tienen espías a su lado es porque nosotros también tenemos espías en el nuestro. Si todos los espías de ellos y de nosotros desaparecieran mañana, el mundo seguiría funcionando, y seguramente incluso mejor". Esta teoría pragmática define un entorno de espionaje y contraespionaje en el que dos secretarias que trabajan para la embajada norteamericana pueden pasar lo suficientemente desapercibidas como para llevar a cabo pequeñas misiones. Esta es la premisa de una serie cuyo título Ponies (SkyShowtime, 2026) proviene del acrónimo utilizado para definir a una "Person Of No Interest" (Personas sin interés), representadas en dos mujeres que en principio solo tienen en común acompañar a sus maridos en Moscú, dos agentes de la CIA: "Somos mujeres. Nadie nos mira si no es para follarnos o para casarse con nosotras. Nadie sospecharía que somos espías", dice Twila en el episodio Second hand news (T1E1), titulado como la canción de Fleetwood Mac (1977). Esta idea inicial puede ser algo floja para definir una cierta invisibilidad femenina en un mundo de hombres, porque la propia serie muestra cómo los rusos utilizan a mujeres infiltradas para seducir y espiar a algunos de sus objetivos. Pero lo más interesante de Ponies es que utiliza el género de espionaje como un telón de fondo para desarrollar la relación personal de las dos protagonistas, solamente unidas por una tragedia que sin embargo las lleva hacia el mismo camino. No estamos ante un estudio de las ambigüedades morales de los espías como en The Americans (Disney+, 2013-2016), sino en una propuesta mucho más superficial pero lo suficientemente entretenida. La serie se esfuerza en demostrar que está ambientada en los años setenta, desde la utilización de canciones de la época para los títulos de los episodios y la banda sonora, hasta la descripción de cierta atmósfera de tensión, pero en realidad acaba cayendo en el típico retrato oscuro y melancólico de Moscú que podía estar justificado hace años pero que ahora parece demasiado acartonado y estereotipado, sin conseguir que la ciudad de Budapest donde se ha rodado pueda sentirse realmente como una representación fidedigna del telón de acero. Sin ser exactamente una buddy movie, porque las misiones de las protagonistas son diferentes, la serie es mejor cuando ambas están juntas, como en el episodio Don't go break in my heart (T1E4), como la canción de Elton John y Kiki Die (1976), cuando tienen que ayudarse mutuamente en una misión más peligrosa de lo que parecía. Y la evolución de su relación consigue ser el impulso de la historia, aunque al principio solo tienen en común que sus maridos son agentes de la CIA. Beatrice Grant (Emilia Clarke) y Twila Hasbeck (Haley Lu Richardson) son muy diferentes entre sí cuando se conocen en una plaza en la que la primera tiene algunas dificultades para lidiar con una vendedora desagradable. Bea es hija de un superviviente bielorruso de los campos de concentración y habla ruso tan perfectamente que es capaz de hacerse pasar por una ciudadana soviética. También tiene parientes como su abuela Manya (Harriet Walter) quien se roba todas las escenas desde que tiene un papel más importante en el episodio Turn the beat around (T1E5), como la canción de Vicki Sue Robinson (1976). Bea ejerce como ama de casa junto a su marido Chris (Louis Boyer) y le acompaña felizmente a Moscú, aunque suponga renunciar por el momento a retomar su carrera, hasta que Chris fallece en extrañas circunstancias y su condición de "PONIE" la convierte en perfecta candidata para ser espía. Entre sus misiones se encuentra mantener la colaboración con la CIA de Sasha Shevchenko (Petro Ninovskyi), un joven técnico que era colaborador de su marido y que tiene sus propias razones personales para filtrar información, y seducir al agente de la KGB Andrei Vasiliev (Artjom Gilz), que es más peligroso de lo que ella piensa y está implicado en la desaparición de prostitutas. 


Twila también está casada, pero tiene una relación más distante con su marido Tom Hasbeck (John Macmillan), en parte por su carácter impetuoso y en parte porque casarse solo fue una excusa para salir de la ciudad de Dodge, en Kansas. No tiene mucho en común con Bea, excepto que Tom y Chris murieron cuando pilotaban un avión en una misión secreta, aunque no se sabe en qué circunstancias concretas. Para Bea, averiguar lo que ocurrió con su pareja es la principal razón por la que decide presentarse como candidata a espía; para Twila, el descubrimiento de un secreto relacionado con su marido Tom la lleva a seguir adelante, pero sobre todo la intención de no regresar a su vida anterior. Y aunque parezca demasiado fácil que ambas sean incorporadas a misiones de espionaje, se trata de una de las premisas que hay que aceptar para dejarse llevar por la historia (algunos espectadores también han comentado que el ruso que habla Emilia Clarke es tan incomprensible que resulta inverosímil que pudiera engañar a un agente de la KGB). Otros personajes también tienen secretos, como el jefe de la CIA Dane Walter, que ha estado casado pero es homosexual, lo que los rusos tratan de utilizar en su contra, algo que no le preocupa: "Dígaselo a quienquiera. Mi madre está muerta. Ya no estoy casado. En Washington todo el mundo lo sabe. ¿Por qué cree que he terminado en Moscú, el peor destino de la puta CIA?", dice en Don't go breaking my heart (T1E4). Hay alguna subtrama relacionada con Ray Szymanski (Nicholas Podany), un analista que sirve como enlace con las nuevas espías, cuya esposa Cheryl (Vic Michaelis) se siente desplazada por la niñera rusa Eevi (Clare Hughes), que resulta poco interesante, aunque pueda tener implicaciones más relevantes conforme avanzan los episodios. En general, Ponies ofrece una visión llena de clichés que al mismo tiempo puede funcionar como una mirada cargada de nostalgia de las películas de espías de los años setenta y ochenta, pero no consigue tener la suficiente profundidad como para ser irónica o sarcástica, ni siquiera referencial. Los creadores Susanna Fogel (1980, Rhode Island), guionista de The flight attendant (HBO Max, 2020-2022), y David Iserson (1977, Nueva Jersey), que trabajó en Mr Robot (SkyShowtime, 2015-2019) y que ejerce como showrunner, ya habían escrito juntos el guión de una película con una premisa similar. La comedia El espía que me plantó (Susanna Fogel, 2018) contaba la historia de dos amigas que se veían involucradas en una conspiración internacional, así que Ponies parece una versión algo más refinada de aquella. Y la propia directora se encarga de establecer el tono de la serie en los dos primeros episodios y dirigir también el último, The stranger (T1E8), como la canción de Billy Joel (1977), que puede ser demasiado apresurado y deja demasiadas preguntas sin responder, reclamando claramente una segunda temporada. Pero la principal virtud de esta serie es desarrollar con credibilidad el crecimiento personal de las protagonistas, no solo como espías sino también en su propia relación, logrando una especie de empoderamiento que las sitúa cada vez más al margen de la definición que las ha restringido como mujeres invisibles, para definirse como heroínas que son capaces de contribuir a salvar un pequeña parte del mundo. 


La gran boda Sami
  ★★★★☆ 
SundanceTV, 3 de febrero
Noruega, 2025 - 8x30'
Creada por Åse Kathrin Vuolab
Dirigida por Pål Jackman, Åse Kathrin Vuolab
Berlinale Series Market '25: Series Market Selects
Toronto '25: Primetime


Tras el Oso de Oro en el Festival de Berlín para Sueños en Oslo (Dag Johan Haugerud, 2024), película final de una trilogía sobre el deseo y el amor, las nueve nominaciones al Oscar para Valor sentimental (Joachim Trier, 2025) y los éxitos de series como Requiem for Selina (SundanceTV, 2025) en Séries Mania y A better man (Filmin, 2025) y Nepobaby (TV2, 2025) en Canneseries, Noruega vuelve a colocarse en un lugar destacado dentro del panorama audiovisual internacional. Y ésta es otra de esas producciones que comienzan a destacar, estrenada a principios de año después de haber tenido una interesante carrera internacional que le ha llevado al Berlinale Series Market y el Festival de Toronto. Siguiendo la tendencia de los últimos años de contar historias relacionadas con la cultura sami, pero escritas y dirigidas por cineastas que pertenecen a ella, La gran boda Sami (SundanceTV, 2025) tiene varias conexiones temáticas con el drama juvenil Oro jaska (NRK, 2024), que abordaba el silencio alrededor de los abusos sexuales. Al ser historias contadas por los propios samis, tienen la libertad de hablar de su cultura y sus tradiciones desde una perspectiva crítica o irónica, de manera que es en el interior de la propia comunidad donde se hacen preguntas que cuestionan la permanencia de algunas costumbres y reflexionan sobre su capacidad de adaptación al mundo moderno. Esta mirada es respetuosa con las tradiciones, pero en este caso aporta cierto sentido del humor respecto a ellas, como cuando durante una ceremonia de compromiso en Frierferd (Cortejo) (T1E2), Henry (Ánte Siri) explica a su novio norteamericano Michael (Craig Stein) cómo ha cambiado la tradición: "Anteriormente, las familias llegaban en renos y la novia salía de la casa para atar la cuerda de los renos del novio en señal de que aceptaba el compromiso. Hoy los coches son los renos y la novia toma las llaves del coche de su prometido". Como su título indica, La gran boda Sami se desarrolla alrededor de la futura boda entre Ailo (Per John P. Eira) e Inga (Sárá Gáren Ánne Nilut), pero con una circunstancia adversa, y es que sus respectivas madres, Garen (Sara Margrethe Oskal) y Berit (Anni-Kristina Juuso) tuvieron un enfrentamiento en el pasado y no se soportan, lo que tendrán que disimular para que se lleve a cabo una boda sami de la manera más tradicional, a pesar de que solo tienen un mes para organizar una celebración a la altura de las circunstancias. Para Garen, que se encuentra en una posición inferior respecto a la escala social de la pequeña localidad sami de Kautokeino, la boda de Ailo con la familia de pastores de renos puede darle la posibilidad de ascender en ese nivel social. Los intentos de Garen para que la boda salga lo mejor posible, lo que también es una forma de contrarrestar las continuas críticas de Berit, la llevan a reunir a todos sus hermanos: Johan (Ivan Aleksander Sara Buljo), que es conocido en el pueblo por su promiscuidad, especialmente con las visitantes de fuera, y Belle (Inga Márjá Utsi), que a veces toma decisiones demasiado impulsivas. Tras sufrir un ataque de pánico, Garen finge que ha tenido un infarto para conseguir que también regrese su hermano Henry, que vive en Estados Unidos con su novio y rechaza todo lo que tenga que ver con la cultura sami, porque él ha sufrido en sus propias carnes las consecuencias de vivir en una comunidad "racista y homófoba", e incluso se ha cambiado su nombre real Heaika por el anglosajón Henry. 


En los primeros episodios hay un tono de comedia que funciona a través de los contrastes entre los diferentes miembros de la familia, y son divertidas las intervenciones de tres ancianas chismosas, que aparecen al principio de cada episodio haciendo comentarios sobre la boda como si se tratara de un coro griego, interpretadas por las actrices Ellen Anne Buljo Stabursvik, Ellen Johansdatter Sara Eira y Edel S. Pentha. Como al comienzo del primer episodio, cuando Garen y Berit tienen un encuentro fortuito en una gasolinera. "¿Qué pasaría si hay boda pero ellas no pueden colaborar juntas? ¡Va a ser un desastre!", comentan con sorna unos personajes que son permanentes a lo largo de la temporada. La gran boda Sami parece principalmente centrada en profundizar en los conflictos culturales de una comunidad que trata de adaptar sus costumbres ancestrales a la sociedad moderna, pero también en el distanciamiento generacional. Durante la celebración de la fiesta de compromiso, los jóvenes acaban reuniéndose en una casa diferente para seguir celebrando a su manera, con música electrónica. Pero un acontecimiento ocurrido en el episodio Nachspiel (Después del juego) (T1E3) introduce en la historia un tema que ha sido abordado en otras ocasiones por creadoras de origen sámi, lo que revela que se trata de una problemática demasiado común. No modifica realmente el tono de la historia, pero sí le da un trasfondo mucho más dramático que tendrá importantes consecuencias posteriores. Incluso Belle se rebela contra el victimismo de su hermano Henry: "Claro, resulta que yo, una mujer minoritaria en una comunidad patriarcal, en este mundo racista y misógino, no puedo entender la discriminación que tú has sentido". Garen se preocupa porque la boda tenga el nivel de una gran celebración sámi que deje a la familia en una buena posición, y para ello busca afanosamente a todos los posibles familiares cercanos o lejanos a los que invitar en el episodio Gjesteliste (Lista de invitados) (T1E4), entregando las invitaciones en mano, porque enviarlas por correo "es una falta de respeto". La serie ha sido creada por Åse Kathrin Vuolab (1987, Noruega), guionista que ha trabajado para la televisión pública en el programa de reportajes sobre la cultura sámi Ízü (NRK, 2007-2009), y ha contado con el apoyo del International Sámi Film Institute, que subvenciona a creadores para llevar a cabo proyectos audiovisuales. El pueblo de Kautokeino en el que se desarrolla la trama tiene una gran relevancia histórica, ya que fue el germen de la rebelión que protagonizaron los samis en el siglo XIX contra la explotación de las autoridades noruegas, llevada al cine en la película La rebelión de Kautokeino (Nils Gaup, 2008). El trasfondo de los paisajes nevados del Norte de Noruega, y el colorido vestuario tradicional, aportan una textura visual llamativa a una comedia familiar que se beneficia de esa mirada humorística en la que se confrontan las percepciones respecto a la tradición y la permanencia de las costumbres dentro de una comunidad que se equilibra entre su identidad y su integración. También destaca una divertida banda sonora de Joachim Holbek (1957, Noruega), que mezcla orquesta sinfónica con instrumentos solistas como la guitarra y la balalaika, interpretada por uno de los directores, Pål Jackman. 

Código de silencio
  ★★★☆☆ 
Filmin, 10 de febrero
Reino Unido, 2025 - 6x50'
Creada por Catherine Moulton
Dirigida por Diarmuid Goggins, Chanya Button
National Television Awards '25: 2 nominaciones

El año pasado hubo una destacada representación de la discapacidad auditiva en personajes protagonistas, en series como Reunion (Filmin, 2025) y Romi (Prime, 2025), y en películas como Sorda (Eva Libertad, 2025). Precisamente, una de las actrices que interpretaba un papel destacado en Reunion fue Rose Ayling-Ellis, conocida en Gran Bretaña por su participación en el longevo culebrón EastEnders (Gente de barrio) (BBC, 1985-), quien estrenó pocos meses después su primer trabajo como protagonista absoluta en Código de silencio (Filmin, 2025). Pero mientras aquella adoptaba un tono más intimista, en esta ocasión se trata de un thriller de acción que incorpora alguno de los tropos habituales del género, y también algunas de sus debilidades. El personaje principal es Alison Brooks (Rose Ayling-Ellis), quien trabaja en la cafetería de una comisaría, pero cuya habilidad para leer los labios acaba incorporándola a una operación de vigilancia contra una banda de criminales, que se apoya principalmente en el uso de cámaras ocultas. En este sentido, la habilidad de Alison se convierte en un elemento fundamental, aunque la excusa de su incorporación a la investigación porque el resto de profesionales que leen los labios están demasiado ocupados, resulte demasiado conveniente. Creada por Catherine Moulton, que ha desarrollado otros thrillers como The stolen girl (Disney+, 2025), la principal virtud de la protagonista es que está construida como una joven intrépida e impulsiva, tanto en su relaciones personales como en sus intentos por permanecer dentro de la investigación, aunque cierta ingenuidad la acabe metiendo en algunos problemas. La serie comienza, como es habitual, in media res, con las consecuencias de un ataque en el que se ha visto involucrada, que se resolverá más tarde. Pero esta representación de una mujer sorda que no espera ayuda sino que se lanza al descubrimiento de nuevas pistas, convierte a la protagonista en una propuesta interesante dentro del contexto de personajes femeninos con deficiencias sensoriales que se han representado en el cine y la televisión, generalmente víctimas o personas que necesitan ser rescatadas. Alison cuenta con dos apoyos principales en la policía: los inspectores James Marsh (Andrew Buchan) y Ashleigh Francis (Charlotte Ritchie), que aceptan su colaboración con mayor o menor reticencia. Él es más pragmático y está siempre a favor de todo de lo que haga avanzar la investigación, mientras que ella sigue el protocolo, aunque siente algo de sororidad con Alison, pero ambos están muy cerca de evitar el robo de una joyería que está planeando una banda de criminales. Alison no es sordomuda y puede tener una conversación hablada, aunque necesita leer los labios para entender a su interlocutor, lo que evita la permanencia constante de los subtítulos para entender a los personajes, pero hay un uso interesante de éstos cuando ella está leyendo los labios, componiendo y recomponiendo las palabras para formar frase coherentes: "Leer los labios no es solo ver las palabras. Necesitas saber quién está hablando, qué sabes de ellos, necesitas contexto", dice Alison cuando habla por primera vez con los agentes. 

Tras las primeras colaboraciones, Alison siente la necesidad de seguir involucrándose más en la investigación, y se relaciona con Liam Barlow (Kieron Moore), un joven hacker que trabaja para la banda, y con el que surge, inevitablemente, una atracción. De manera que la protagonista se acaba encontrando en una encrucijada entre la cercanía que desarrolla con Liam y la necesidad de informar a los investigadores sobre sus descubrimientos. Pero en realidad, este dilema moral no es uno de los elementos principales de la serie, que a partir del momento en que el espectador se acostumbra a la propuesta planteada por los creadores, avanza de una manera bastante habitual dentro del género, con situaciones de peligro predecibles y ciertos momentos tan absurdos como puedan ser otros thrillers desarrollados por ITV, como Red eye (HBO Max, 2024-), cuya segunda temporada se estrena en España el próximo 12 de febrero. El problema no está en la posible frustración que puedan provocar algunas decisiones impulsivas de Alison, que la colocan en escenarios peligrosos, sino en la forma en que está construido el thriller con todos los tropos habituales, y en algunos casos, con elementos inverosímiles. Hay un intento de crear el entorno personal de la protagonista, que vive con su madre Julie (Fifi Garfield) en un apartamento modesto de Canterbury, siendo Alison la única que mantiene a su familia porque Julie no consigue trabajo sin tener un intérprete. Pero parece un trasfondo social que no aborda realmente las dificultades de las personas con deficiencia auditiva para incorporarse con normalidad a la vida laboral, sino que suena a subrayado de las habilidades de Alison y su necesidad de ser impulsiva para acceder a la visibilidad. Incorporar elementos diferenciadores a un policíaco tradicional es refrescante, pero resulta insuficiente si la base principal de la trama de investigación no es demasiado sólida. Y en el caso de Código de silencio, la introducción de la Lengua de Señas Británica (LSB) y la lectura labiofacial acaban siendo una anécdota que solo son una parte de un thriller convencional y demasiado previsible. 

Días de ceniza
  ★★★★☆
Movistar Plus+ - 12 de febrero
Reino Unido, 2025 - 4x60'
Creada por Ailbhe Keoghan sobre la novela de Louise Kennedy
Dirigida por Dawn Shadforth
Premios de Cine y TV de Irlanda '26: 4 nominaciones

Hay algunas historias que siguen la narrativa clásica de los dramas románticos, pero están construidas con una verosimilitud y una profundidad que traspasan los límites de su propia convencionalidad. Días de ceniza (Movistar Plus+, 2025) es una historia de amor adúltero y secreto entre una profesora de origen católico y un abogado protestante en el entorno de los años setenta en una Irlanda del Norte que ya está totalmente envuelta en la violencia del conflicto de The Troubles. Pero está contada con una sensibilidad, está tan bien interpretada y construye con tanta credibilidad el ambiente asfixiante que rodea a la protagonista, que transmite constantemente la pasión y la clandestinidad en la que se envuelve esta historia de amor. Estamos en 1975, en un pequeño pueblo cerca de Belfast en el que sus habitantes se encuentran atrapados entre los checkpoints controlados por soldados británicos y las amenazas del terrorismo del IRA. Cushla Lavery (Lola Petticrew) es una profesora de primaria en una escuela católica en la que los jóvenes alumnos siempre tienen alguna historia que contar sobre un ataque o una detención ocurrida la noche anterior. El director Bradley (David Ganly) es un fanático que describe a los protestantes como demonios y desprecia a uno de los alumnos por formar parte de una familia mixta: el católico Seamie McGeown (Andrew Porter) y la protestante Mandy McGeown (Marya-Kate Page). Tanto, que Cushla se implica directamente con la familia, llevando al niño a su casa, en un barrio protestante en el que los McGeown están permanentemente acosados por unos y por otros. Ella también trabaja por las tardes en el pub de su hermano Eamonn (Martin McCann), que se suele llenar de soldados británicos y que desde el principio de la serie sabemos que quedará reducido a cenizas, como indica el título español. También hay personajes carismáticos, como el borracho Jimmy McKenna (Lalor Roddy), que habla poco pero su embriaguez le permite hacerlo más alto y más claro que los demás. Es el personaje que muestra con mayor certeza la realidad que les rodea, como la madre de Cushla, Gina Lavery (Gillian Anderson), una mujer viuda solitaria que solo tiene como acompañantes a su hija y las botellas de ginebra que ha escondido por toda la casa. Cuando aparece Michael Agnew (Tom Cullen) en el bar, un abogado protestante que está convencido de que ayudar a jóvenes católicos contribuirá a mantener la paz entre las dos comunidades, la atracción entre él y Cushla es inmediata, aunque él está casado. De esta forma, comienzan una relación clandestina que es al mismo tiempo adúltera y peligrosa por el entorno en el que se desarrolla la historia. La gran fortaleza de esta serie es la descripción de ese ambiente en el que aquellos que querían seguir con sus vidas cotidianas sin involucrarse en la violencia permanente, estaban igualmente atrapados, siempre vigilados por los vecinos o juzgados por ayudar a quienes se suponía que no debían ayudar. Eamonn representa la figura del católico que siempre trata de mantenerse al margen del conflicto para tener abierto su pub, mientras Gerry Harkin (Oisin Thompson), un compañero de docencia de Cushla, sirve como tapadera para evitar las habladurías sobre su relación secreta con Michael.  

La primera vez que los amantes se encuentran a solas, suena la canción "Into the mystic", que Van Morrison incluyó en su álbum Moondance (1970, Warner Music), en la que la letra "demasiado tarde para parar ahora" cobra una especial significación, y a lo largo de la serie encontramos una cuidada selección musical, menos obvia de lo habitual, que refleja la época y a los personajes, de Dusty Springfield a los irlandeses Horslips y Rory Gallagher, que se ha recopilado en una Playlist. La serie es una adaptación del primer libro de Louis Kennedy (1967, Irlanda), que en España se publicó como Días de ceniza (2022, Ed. Catedral), aunque actualmente está descatalogado. El guión de Ailbhe Keoghan, que ha trabajado en series como Hermanas hasta la muerte (Apple tv, 2022-), captura la paranoia de los amantes frente a la posibilidad de ser descubiertos, no solo por la clandestinidad de su amor, sino también por el riesgo de una relación casi prohibida en ese contexto de conflicto político-religioso. Pero son los personajes secundarios los que configuran con precisión esa atmósfera que se siente opresiva y que a veces solo a través de las miradas enturbiadas por el alcohol, permiten vislumbrar con claridad. Gillian Anderson, que también ejerce como productora ejecutiva, está magnífica como la viuda solitaria de lengua afilada que espera a Cushla todos los días como una necesidad de ser cuidada permanentemente, mientras la familia McGeown está siempre amenazada, entre ellos el hijo Tommy (Conlaoch Gough-Cunningham), un joven cada vez más radicalizado. El conflicto atrapa envolviendo a unos personajes que se ven obligados a tomar partido, porque cuando se mantienen al margen acaban siendo sometidos al escrutinio público y acusados de traición por ambos bandos. Martin McCann, uno de los protagonistas de Blue lights (Movistar Plus+, 2023-) también refleja con talento a un hermano que siempre sabe cuándo callar para no levantar suspicacias. Cushla está cada vez más atrapada en ese ambiente opresivo, en el que la violencia se recrudece a su alrededor mientras sostiene la pasión de su relación romántica con Michael, que quizás es un personaje menos desarrollado, poco más que un guapo galán maduro que impulsa la historia. Pero es el trabajo de Lola Pettigrew, que ya el año pasado protagonizó la miniserie ambientada en The Troubles, No digas nada (Disney+, 2024), la que una vez más aporta sensibilidad y contundencia a una protagonista cuyas relaciones están marcadas por las tensiones entre católicos y protestantes. Es tan absorbente esta historia romántica en medio de un contexto de violencia, que los cuatro episodios se sienten escasos para acompañar a estos personajes entregados a la transgresión de los límites morales que les rodean.

Murder before Evensong
  ★★★★☆ 
AMC+, 12 de febrero
Reino Unido, 2025 - 6x45'
Escrita por Nicholas Hicks-Beach
Dirigida por David Moore

El dúo de música The Communards está considerado como uno de los más influyentes para la comunidad LGBTQ a pesar de su corta trayectoria, con canciones que se han convertido en himnos como "Don't leave me this way", de su album Communards (1986, London Records), pero sobre todo tras la publicación de su segundo disco Red (1987, London Records), que incluía referencias a la pandemia del SIDA como "Victims" y "For a friend". El dúo se formó en 1986 con la unión del cantante Jimmy Somerville, que provenía del grupo Bronski Beat, y el teclista Richard Coles, ambos abiertamente gays. En su biografía, Richard Coles comenta con humor que en 1988, cuando Jimmy Somerville decidió iniciar una carrera en solitario, él se marchó a Ibiza a malgastar el tiempo y no puede recordar nada de aquella época. Años después, Richard Coles se dedicó a la teología y se ordenó sacerdote, escribiendo libros autobiográficos y algunas historias de ficción como la serie de novelas de misterio protagonizadas por el sacerdote Daniel Clement. Se trata de cinco libros publicados hasta la fecha, ninguno en España, que comenzaron con Murder before Evensong (2022), adaptado como serie bajo la producción del canal británico Channel 5 y el norteamericano AcornTV. Pero aunque estas historias puedan considerarse como crímenes acogedores, sus intenciones van mucho más allá, porque reflejan una época compleja en la que las políticas de Margaret Thatcher colisionaron con la pandemia del SIDA. No es casual que la historia se desarrolle en una pequeña localidad rural, la ficticia comunidad de Champton, y que lo haga en 1988, el mismo año en que el gobierno británico introdujo el Artículo 28, una polémica enmienda que prohibía "promocionar intencionadamente la homosexualidad", lo que provocó una intensa respuesta por parte de la comunidad LGBTQ, surgiendo asociaciones como Stonewall, fundada por el actor Ian McKellen. Murder before Evensong (AMC+, 2025) contiene, efectivamente, un asesinato que se produce en la vicaría, cuando Anthony Bowness (Adam Smethurst), primo del terrateniente del pueblo Bernard, Lord de Floures (Adam James), aparece apuñalado con unas tijeras de podar, lo que lleva al sacerdote Daniel Clement (Matthew Lewis) a encontrar conexiones con alguna incursión nazi en el pasado. Pero sobre todo es el retrato de una comunidad rural en medio de una época difícil. Aceptando la conexión que tiene el canónigo con los vecinos, el inspector Neil Vanloo (Amit Shah) permite que éste colabore con la investigación policial, sobre todo porque todo apunta al principio a que la víctima ha podido ser un daño colateral, una confusión del asesino que en realidad pretendía matar a Daniel Clement. Él mismo ha recibido cartas amenazantes que le advierten sobre sus visitas a enfermos de SIDA, y el periódico local ha publicado titulares como "La muerte llega a la iglesia del pastor que visita a víctimas de la plaga gay", lo que provoca la visita del obispo Creggan (Ken Bones): "Ver a un vicario mezclándose con... ese tipo de personas es incómodo para la congregación". La serie adaptada por Nick Hicks-Beach aporta un trasfondo político y social más profundo de lo que podría parecer, lo que la distancia de Grantchester (Filmin, 2014-), a la que puede recordar por el protagonismo de un sacerdote. 

En una de las tramas paralelas protagonizadas por habitantes del pueblo, que surge inevitablemente como una de las líneas de investigación, el joven Alex de Floures (Alexander Delamain), hijo del terrateniente Bernard, está teniendo una relación secreta con Nathan (Sam Baker Jones), nieto del guardabosques Edgy (Francis Magee), necesariamente invisibilizada por un entorno en el que la homsoexualidad está siendo oprimida, incluso desde las instituciones, al margen de la diferencia de clase social. Murder before Evensong es por tanto una representación de los temores y las ambigüedades de la época dentro de una comunidad rural. Lo que también está representado en a relación entre Daniel Clement y su madre Audrey (Amanda Redman), una mujer viuda que llega sin avisar y que se instala en la casa parroquial, con la que el sacerdote tiene las conversaciones más interesantes. La relación entre ambos es difícil, marcada por algunos rencores, el peso de las obligaciones familiares y la sensación de que el padre de Daniel se había distanciado de él debido a su homosexualidad. Otros personajes alimentan el retrato colectivo, como las hermanas Sharman, Dora (Amanda Hadingue) y Kath (Marion Bailey), que ha mantenido un secreto durante toda su vida, también relacionado con la condena social, y la dueña de la tienda local Stella Harper (Tamzin Outhwaite), que tiene algunos desacuerdos con la actitud condescendiente del vicario. Esto permite que la trama de investigación no sea el único elemento narrativo en el que se sostiene la historia, y de hecho a veces puede colocarse en un lugar secundario respecto a las relaciones personales que se establecen entre las distintas tramas. Aunque Richard Coles ha respondido en alguna ocasión que Daniel Clement no es una representación de sí mismo ni comparte demasiadas similitudes, lo cierto es que la fe y la homosexualidad son dos temas que están permanentemente presentes en sus libros. El propio protagonista es descrito en la primera novela en la que se basa esta serie como "tranquilo e inactivamente gay", aunque en la adaptación se mantiene una cierta ambigüedad. Esto convierte a Murder before Evensong en una de las pocas series policíacas con un protagonista homosexual, y a esta representación en el contexto de la aprobación de una ley claramente discriminatoria, como una interesante mirada a los dilemas morales interiores del personaje. 

Dark winds (Temp. 4)

AMC+, 16 de febrero-6 de abril

Estados Unidos, 2026 - 8x45'

Creada por Graham Roland

Dirigida por Craig Zisk, Zahn McClarnon, Chris Eyre, Jim Chory


A principios de este año, el showrunner de la serie Dark Winds (AMC+, 2022-) describía en un artículo publicado en Los Angeles Times cómo hace un año había perdido su casa familiar en Pacific Palisades, arrasada por los graves incendios de enero de 2025. John Wirth contaba que entre los objetos perdidos se encontraba una colección de novelas, muchas primeras ediciones y la mayor parte de sus propios guiones firmados por los actores. Después de mudarse a un apartamento en Studio City, encontró en una pequeña biblioteca gratuita una primera edición del libro El último telesilla (2022, Ed. Tusquets Editores), que se consideró la última novela de John Irving (1943, New Hampshire) hasta que el año pasado publicó Queen Esther (2025). Y él mismo describe cómo consiguió que el autor le firmara la novela, que ha colocado junto a un ejemplar de El mundo según Garp (1978, Ed. Tusquets Editores), el único libro que sobrevivió al incendio: "Al mirar atrás, mis ojos se posan directamente en estos dos libros, el principio y el fin de algo, y tal vez, un nuevo comienzo" (Los Angeles Times, 8/1/2026), escribía en el reportaje. Esta base literaria ha sido fundamental en la trayectoria del showrunner de una serie que surgió cuando en 1988 el productor Robert Redford (1936-2025, California), que hizo un cameo junto a George R.R. Martin al principio de la temporada pasada y a quien está dedicado el primer episodio de esta cuarta temporada, se obsesionó con las novelas protagonizadas por Leaphorn y Chee que escribió el autor Tony Hillerman (1925-2008, Alburquerque), y decidió impulsar la adaptación de estas historias en formato de serie. Ambientada a principios de los setenta, Dark winds sigue a los policías tribales Joe Leaphorn (Zahn McClarnon), Jim Chee (Kiowa Gordon) y Bernadette Manuelito (Jessica Matten), a la que la adaptación televisiva ha dado un mayor protagonismo, mientras resuelven crímenes en la Nación Navajo. Y se ha convertido en una de las series más promocionadas por AMC, que acaba de confirmar una quinta temporada y parece considerarla como uno de sus estrenos más relevantes del año; tanto es así que se ha establecido un embargo sobre una larga lista de circunstancias que se desarrollan en esta cuarta temporada, que nos impiden mencionarlas. La principal novedad de esta temporada basada en el sexto libro de la serie literaria, The ghostway (1984), publicado en España bajo el título Sendero de los espíritus, aunque actualmente está descatalogado, es la introducción de una trama relacionada con el mundo neonazi. La antagonista es una sicaria silenciosa y brutal llamada Irene Vaggan (Frank Potente), una especie de sociópata de familia nazi que está obsesionada, como lo estuvo Adolf Hitler, con la obra del escritor Karl May (1842-1912, Alemania), quien dedicó parte de su carrera literaria a escribir novelas del género western, sobre todo la serie titulada Winnetou, que comenzó con El cazador de las llanuras (1927, Ed. Espuela de Plata). La imagen romantizada y fetichizada de los indios y la iconografía tribal está incorporada a través de esta obsesión de Irene Vaggan, a quien vemos al principio del primer episodio persiguiendo a Billie Tsotsie (Isabel Deroy-Olson), una joven fugitiva de un internado, para retroceder después hasta el origen de esa persecución. Es un comienzo violento que mezcla las líneas temporales con habilidad y que termina el episodio con una escena que utiliza los neones rojos de una cafetería y el sonido de un jukebox ralentizado para crear una atmósfera escalofriante, dentro de una temporada que se adentra en algunos aspectos nuevos relacionados con la cultura india.

Hay dos elementos interesantes en esta cuarta temporada que ha incorporado al equipo asesores culturales tribales para verificar la autenticidad de las representaciones indígenas. Por un lado, la salida de la zona territorial de la Nación Navajo por parte de los agentes Leaphorn, Chee y Manuelito, que vuelven a trabajar juntos tras una separación en la temporada pasada, porque parte de ésta se desarrolla en la ciudad de Los Angeles, donde ni siquiera llevan sus habituales uniformes de agentes de policía, lo que refuerza el tono de thriller neo-noir de la historia. El aspecto de la capital californiana, ambientada en 1972, lo ha dado la ciudad de Alburquerque, que ha servido como escenario de rodaje, aportando una similitud arquitectónica con Los Angeles. Esta salida del territorio indio no es tan aleatoria como podría parecer, porque subraya la necesidad de la comunidad india por tener que resolver sus propios problemas, y también coloca a los personajes en una mayor vulnerabilidad respecto a la tensión entre el estilo de vida navajo y el tentador mundo blanco exterior. La relación entre ambos mundos está expuesta con mayor relevancia en esta ocasión, introduciendo la imagen romantizada que tiene Irene Vaggan, que personaliza en Joe Leaphorn, e incorporando a los personajes fuera de su zona habitual, con algunos apuntes irónicos por parte de Jim Chee: "A los blancos les encantan las piedras". Lo que se presenta como uno de los temas principales de la temporada, incluso dentro de la relación entre Bernadette Manuelito y Jim Chee, que se tensiona por el profundo compromiso tribal de ella frente al mayor distanciamiento de él. Por otro lado, la incursión en un aspecto de la cultura Navajo que no se había abordado hasta el momento: el denominado "síndrome fantasmal", un malestar físico y mental que se relaciona con lo que le sucede a una persona cuando se expone a un cadáver o si está con alguien cuando muere. Si en la anterior temporada los demonios interiores perseguían a Joe Leaphorn, en esta ocasión la enfermedad fantasmal se apodera de otro de los protagonistas de la serie. Dirigida por algunos de los habituales como Chris Eyre o Steven Paul Judd, en esta intensa temporada, que vuelve a los ocho episodios de la temporada anterior, también se incorpora como realizador el actor Zahn McClarnon, que dirige con buen pulso el Episodio 2 (T4E2), y que parece interesado en continuar esta nueva faceta. Dark winds se ha convertido en una de esas historias policíacas de protagonistas con profundidad psicológica que en esta cuarta temporada se colocan en situaciones incómodas, incluso dentro de sus propias relaciones personales, alimentando el sentido de drama de personajes mientras se construye una trama policíaca más compleja. Como es habitual, maneja con soltura la mezcla de personajes conocidos con incorporaciones nuevas como Franka Potente, Titus Welliver y alguna estrella internacional que no podemos mencionar. Al mismo tiempo, el reencuentro entre Leaphorn y su esposa Emma (Deanna Allison), que ahora trabaja como enfermera en Los Angeles, desemboca en una especie de equilibrio de aceptación del desamor que podría contribuir a acercarles. Él mismo intenta reconectar con la tradición Navaja y su propia espiritualidad elaborando su propia cabaña de sudor, el temazcal, una estructura construida con elementos naturales para la purificación física y espiritual, lo que irónicamente le convierte en un objetivo más atractivo para Irene Vaggan. Manteniendo el impulso de la serie como un excelente western neo-noir, Dark winds explora nuevo aspectos de la cultura india y establece un interesante diálogo con la actualidad a través de la incorporación de elementos que amenazan a los protagonistas desde una perspectiva extremista y sociópata, reforzando el conflicto cultural entre las tradiciones territoriales indígenas y el entorno occidental dominante en el que se encuentran.

Portobello  ★★★★☆ 
HBO Max, 20 de febrero-20 de marzo

Italia-Francia, 2025 - 6x52'

Escrita por Marco Bellocchio, Stefano Bises, Peppe Fiore

Dirigida por Marco Bellocchio

Venecia '25: Fuera de Concurso

Serielizados '25: Panorama


Hay dos conceptos que se dejan claro desde los primeros minutos en esta nueva serie de Marco Bellocchio (1939, Italia), el único director coetáneo de Pier Paolo Pasolini y Bernardo Bertolucci que no solo está vivo, sino que ha adoptado en los últimos años una carrera muy prolífica. Por un lado Portobello fue un programa de televisión que se emitió en Italia entre 1977 y 1983, regresando posteriormente en 1987, que llegó a tener una audiencia de 28 millones de espectadores cuando solo existía una televisión pública que contemplar. Y, por otro lado, la Nuova Camorra Organizzata (NCO) fue una organización criminal fundada por Raffaele Cutolo en 1970, que estaba especializada en el tráfico internacional de drogas, y que en los años ochenta llevó a cabo una expansión, apoyándose sobre todo en una guerra contra las bandas criminales rivales, que dejó tras de sí cientos de cadáveres. Raffaele Cutolo se convirtió en el personaje protagonista de la película El profesor (Giuseppe Tornatore, 1985), cuya versión inédita en formato miniserie se estrenó el año pasado bajo el título de El camorrista (AMC+, 1985/2023). La llegada de la modernidad a una Italia en progreso que se entregaba a la fantasía materialista del mundo de la televisión corría paralela al crecimiento de la mafia y su influencia en la sociedad a través de la extorsión y el asesinato. Lo que en la primera imagen de la miniserie Portobello (HBO Max, 2025) está representado en la máscara de Polichinela, el personaje de la Commedia dell'Arte que personifica precisamente a la plebe napolitana, al hombre sencillo que se enfrenta a las dificultades con una sonrisa. El poder hipnótico de la televisión es literal, cuando uno de los invitados al programa que presenta Enzo Tortora (Fabrizio Gifuni) es el hipnotizador Marco Zecca, que desafía a los espectadores afirmando que "a través de este instrumento de la televisión voy a hipnotizar a toda Italia". Y vemos a familias completas reunidas delante de su televisor, sugestionadas por la aparente capacidad del invitado para controlar su mente, en uno de esos momentos de ironía que contiene el Episodio 1 (T1E1). El guión escrito entre otros por Marco Bellocchio y el imprescindible Stefano Bises, colaborador suyo en Exterior Noche (Filmin, 2022) y guionista de series como M. El hijo del siglo (SkyShowtime, 2024) y películas como La città proibita (Gabrielle Mainetti, 2025), se centra en establecer estos paralelismos entre la crónica personal del presentador y el desarrollo de Italia en los ochenta, cuando el monopolio de la RAI estaba a punto de romperse. Uno de los espectadores del programa es Giovanni Pandico (Lino Musella), quien en la cárcel ejerce como secretario de Raffaele Cutolo (Gianfranco Gallo), y decide enviar un juego de tapetes de encaje que ha bordado él para que se subaste en el programa. El paquete nunca aparecerá en la televisión, pero será utilizado como una prueba de la relación del presentador con la mafia. 


Portobello es la primera producción original de HBO Max en Italia, aunque la marca HBO ya había coproducido algunas series como La amiga estupenda (HBO Max, 2018-2024), y su estreno coincide con el lanzamiento de la plataforma HBO Max en Italia, Alemania, Austria, Suiza, Luxemburgo y Liechtenstein el pasado 13 de enero, donde los acuerdos previos de distribución impedían que pudiera expandirse completamente. En marzo también se incorpora HBO Max a Reino Unido e Irlanda, donde hasta el momento sus contenidos eran estrenados por Sky, aunque esta plataforma seguirá ofreciendo las producciones de HBO. Y Portobello surge como el principal reclamo de una gran producción italiana, junto a la retransmisión de los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026. El actor Fabrizio Gifuni, al que hemos visto como Aldo Moro en Exterior Noche (Filmin, 2022) y también como uno de los protagonistas de la última temporada de La amiga estupenda, elabora un personaje serio e intachable que se ve envuelto en una pesadilla cuando en 1983 es detenido por la policía. El terremoto de la región de Irpinia en 1980 provocó que la Nuova Camorra Organizzata se implicara en sobornos para acceder a los contratos millonarios para la reconstrucción de las zonas afectadas, pasando de ser una banda carcelaria a una organización empresarial que le condujo a enfrentamientos con otros grupos mafiosos. Algunos de sus miembros decidieron colaborar con la fiscalía a cambio de reducciones de condenas, entre ellos Giovanni Pandico, quien acusa directamente a Enzo Tortora de participar en el contrabando de estupefacientes. El Episodio 2 (T1E2) es el comienzo del calvario del presentador, cuya proyección popular a través de la televisión también se convierte en su peor enemigo, cuando es objeto de un juicio paralelo a su paso por los tribunales. Portobello está contada desde una narrativa lineal clásica, en contraposición con el juego de puntos de vista que se desarrollaba en Exterior Noche, lo que provoca que la serie tenga un tono más tradicional, pero al mismo tiempo aborde la exposición de los acontecimientos con mayor claridad. Si en el primer episodio contrasta la luminosidad artificial de la televisión con la oscuridad claustrofóbica de la prisión, a partir del segundo el enfoque se estrecha sobre los dos protagonistas: el mafioso despechado y el presentador vilipendiado. Enzo Tortora califica su situación como "el teatro del absurdo", y cuando observa que la propia RAI forma parte de la bandada de periodistas que capturan su detención con una actitud acusadora, levanta sus manos esposadas: "Mirad esto. Es indignante. Ustedes, periodistas italianos, deben prestar atención a esta historia". La serie, que se estrenó en la Mostra de Venecia fuera de competición, refleja la opresiva firmeza de una magistratura que acusa a Tortora sin pruebas, basándose solo en los testimonios de dos miembros de la camorra poco confiables, Pasquale Barra y Giovanni Pandico. En una rueda de prensa, el fiscal Francesco Cedrangolo (Gigi Savoia) dice: "Creo que con estos arrestos hemos dado una respuesta contundente al pesimismo centenario de esta ciudad". La popularidad del presentador se utiliza por tanto como instrumento para refrendar la eficacia de las autoridades en la lucha contra la camorra, lo que revela otra forma de debilidad por parte de las autoridades. Portobello habla de la capacidad devoradora de un sistema que se recrea en la derrota de quienes han sido encumbrados al éxito, como un espejo de una sociedad italiana que ya comenzaba a estar infectada por el virus del populismo. Mientras el destino de Enzo Tortora se representa en una imagen suya en prisión captada por el fotógrafo de un periódico, un retrato del encarcelamiento que contrasta con la canción "Jezahel" (1972), del grupo de rock progresivo Delirium, que se convirtió en un himno de libertad individual y colectiva. 


A better man  ★★★★☆ 
Filmin, 24 de febrero

Noruega, Lituania, 2025 - 4x52'

Creada por Thomas Seeberg Torjussen

Dirigida por Thomas Seeberg Torjussen, Gjyljeta Berisha

Canneseries '25: Mejor Serie, Mejor Interpretación (Anders Baasmo)

Serielizados '25: Mejor Serie Internacional


Cuando el año pasado recogió el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han (1959, Corea del Sur) dedicaba parte de su discurso a alertar sobre la autoexplotación en una sociedad que no nos hace libres, sino todo lo contrario, y sobre la esclavitud de la digitalización, advirtiendo que "las redes sociales no nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía". Esta definición se puede asignar perfectamente a Tom Hallstensen (Anders Baasmo), un incel que trabaja durante el día en la tienda de ropa de su madre y por las noches navega por internet esparciendo sus pensamientos sobre la decadencia de la masculinidad en los países nórdicos: "Esta feminidad tóxica ha dejado al hombre escandinavo en la ruina. Noruega ama la debilidad y odia al hombre de verdad. El estado vaginal de Noruega avergüenza a nuestros ganadores y les dice a nuestros ciudadanos más incompetentes que son perfectos sólo por intentarlo". Su vecino Audun (Jonas Strand Gravli) representa el tipo de masculinidad que detesta, ejerciendo como cuidador de su bebé mientras su esposa se desarrolla profesionalmente. Pero Tom también se esconde en nicks anónimos como MaskuRevolt o Rationaldo para ejercer como trol en las redes sociales, publicando mensajes insultantes contra figuras públicas como la comediante Live Steensvaag (Ingrid Unner Giæver), que suele centrar sus chistes en describir a los hombres como él. Tom termina traspasando la frontera del insulto frustrado e irrelevante cuando hace referencia a un intento de violación que la propia Live ha confesado: "Eres la zorra menos graciosa de toda Noruega. Tendré que completar tu "casi" violación". Aunque su entorno le aconseja que lo deje pasar, como muchos de los mensajes de odio que recibe, Live decide que esa es una línea roja que debe denunciar, y expone públicamente el mensaje de MaskuRevolt, quien rápidamente sufre doxing, siendo identificado en las redes sociales y los medios de comunicación. El acosador se convierte en acosado para reflejar que ya no existen términos medios, solo culpables y víctimas, hasta que Tom decide esconderse travestido como Berit, refugiándose en un hospicio para personas sin hogar, donde su vida cambia radicalmente. Porque Berit recibe en Consecuencias (T1E2) una desinteresada compasión por parte de personas anónimas, especialmente un grupo de bebedores de cerveza que se reúnen en un bar, y encuentra humanidad y cercanía en un centro social en el que conoce a la joven Kaisa (Flo Fagerli, una de las protagonistas de La hermanastra fea (Emilie Blichfeldt, 2025)), que ha sufrido un ataque sexual. 


A better man (Filmin, 2025) adopta un tono que a veces se parece a los thrillers psicológicos de los años setenta, con zooms de aproximación para mirar a Tom a través de la ventana desde el exterior, enmarcado dentro de su propio mundo y en su burbuja de odio y desapego. Sin embargo, a pesar de que Tom es identificado como un incel, hay menos imágenes de él sentado en su ordenador mientras escribe todo tipo de mensajes de odio, que las que muestran a Live pegada a las redes sociales y a su smartphone, reflejando que ambos viven en sus propias burbujas sociales. El guión de Thomas Seeberg Torjussen (1974, Noruega), conocido creador que ha reflexionado sobre la sociedad en distopías como Valkyrien (AMC+, 2017) y Kuppel 16 (NRK, 2022), aborda la historia desde una perspectiva equidistante entre las representaciones de una pretendida pérdida de masculinidad y las reacciones canceladoras, que acaban formando parte también del conflicto. Live asume que la venganza aumenta el problema en vez de solucionarlo, y teme que la desaparición de Tom sea el síntoma de una decisión dramática: "¿Qué hacemos si pierde su trabajo, le dan una paliza o, en el peor de los casos, se suicida? ¿Asumimos nuestra responsabilidad?". Hay una interesante referencia a las herramientas que utiliza la policía para localizar y anular a los troles amenazadores, que son cuanto menos insuficientes e ineficaces. Aunque A better man nació como un proyecto de largometraje que se enfocaba en Tom principalmente, los problemas de financiación acabaron derivando la historia hacia una miniserie de cuatro episodios, lo que permite desarrollar otros personajes que se complementan con el protagonista. En el episodio Sexklubben (T1E3), Audun experimenta un proceso distinto al que sufre Tom cuando se convierte en Berit, desarrollando la inseguridad de su masculinidad hacia un tipo de identidad que es asfixiante y claustrofóbica. A better man habla con perspicacia sobre la incertidumbre respecto a esa supuesta masculinidad confusa dentro de una sociedad igualitaria, pero adquiere una mayor actualidad precisamente ahora que este tipo de discursos se están normalizando. Hay algunas tramas que se sienten más dispersas, como la de Ieva Paskevictute (Irena Sykorskité), una aspirante a actriz lituana (la serie se ha rodado en gran parte en Lituania), que también se esconde en un nombre falso para practicar el catfishing, las estafas amorosas. Pero al margen de algunos desequilibrios, es una historia desafiante que plantea cuestiones sobre las grietas sociales y el descubrimiento de una realidad que, solo si se mira adoptando el otro punto de vista, puede ser respetada. Cuando adquiere la personalidad de Berit 2.0, como la llaman sus creadores, Tom refleja una seguridad diferente, desembocando en un último episodio, Live live (T1E4), como una liberación que solo puede surgir de los rincones más oscuros. El personaje supone un notable reto para el actor Anders Baasmo (1976, Noruega), premiado en Canneseries, al que hemos visto en producciones como Exit (Filmin, 2013-2019), Power play (Filmin, 2023) y La Palma (Netflix, 2024) e interpretando al rey Olav en La plebeya (Netflix, 2025). A better man habla de una manera sutil e inteligente sobre la incapacidad de entender al otro, la ausencia de un diálogo entre los círculos de opinión que se crean alrededor de nuestras propias formas de pensar. Y construye un personaje trágico, inseguro y patético, un hombre perdido y solitario que logra como mujer una mayor integración dentro de una sociedad cada vez más antisocial, que ha creado compartimentos ideológicos. 


El Cineclub  ★★★★☆ 
Movistar Plus+, 26 de febrero

Reino Unido, 2025 - 6x30'

Creada por Ralph Davis, Aimee Lou Wood

Dirigida por Catherine Morshead


En los últimos años ha surgido una especie de subgénero dentro de la comedia que tiene como protagonistas a personajes que conviven con la salud mental, generalmente femeninos. En un cambio de paradigma interesante dentro de la representación de la salud mental, ésta se muestra como una característica con la que conviven los personajes pero que no necesariamente tiene que provocar restricciones dentro de sus entornos sociales, y se evita la estigmatización y la ridiculización de los personajes. Aunque incluso en las historias no centradas en este tema se detecta una "sobreabundancia de protagonistas afectados por algún trastorno de orden psicológico o psiquiátrico", como se indica en el libro Imaginarios de los trastornos mentales en las series (2020, Ed. Universitat Oberta de Catalunya), de los profesores Jorge Martínez-Lucena e Irene Cambra-Badii. El Cineclub (Movistar Plus+, 2025) es una de esas series modestas pero con grandes personajes, una comedia romántica en la que los protagonistas están enamorados pero prefieren mantenerse en una relación de amistad porque tienen miedo a sentir un posible rechazo y por tanto distorsionar la conexión especial que mantienen. Evie (Aimee Lou Wood) es una veinteañera que ha tenido hace unos meses un ataque de agorafobia y ha regresado a casa de su madre Suz (Suranne Jones), desde donde no es capaz de cruzar ni siquiera la calle de enfrente. Allí Evie ha trasladado el cine-club que suele organizar todos los viernes para ver películas clásicas, y que se ha convertido en una forma de enfocarse en la creatividad y de camino tener una excusa para mantener el contacto con su mejor amigo Noa (Nabhaan Rizwan). No se trata solo de ver películas, sino de convertir el garaje de la casa en un entorno que recuerda a sus escenarios, con la obligación de que los invitados lleven disfraces relacionados con ella. Así que en algunos momentos vemos a Evie vestida con un mono parecido al de Ripley en Alien. El octavo pasajero (Ridley Scott, 1979) o a Noa conduciendo una bicicleta por las calles de Manchester vestido como el hombre de hojalata de El mago de Oz (Victor Fleming, George Cukor, Norman Taurog, 1939). Hay una singularidad en los personajes y las situaciones que se crean a su alrededor que provocan que al menos El Cineclub sea diferente de otras comedias románticas. Como la familia disfuncional de Evie, encabezada por una madre glamourosa y excesiva que ha convertido al novio de su hija, Josh (Adam Long), en su principal confidente, en una relación suegra-nuero bastante peculiar, que sin embargo acabará marcada por la decepción cuando Suz descubre que la familia de Josh ni siquiera sabe que tiene novia. También su hermana Izzie (Liv Hill) y sus amigos de la universidad Dominic (Ralph Davis), Samantha (Fola Evans-Akingbola) y Kamran (Arian Nik), que sienten amor por Evie, pero no terminan de comprender sus rarezas y ansiedades, al menos no con la seguridad que tiene Noa. Y que se sienten obligados a asistir a las sesiones de cine-club, pero aprovechándolas sobre todo para beber y comer. El único vecino con el que Evie conversa es el adolescente Callum (Owen Cooper), que la llama Miss Havisham, como la solterona abandonada en el altar que sigue vestida de novia en Grandes esperanzas (1861, Ed. Alma). Con él tiene un estupendo diálogo sobre su crisis mental en el Episodio 5 (T1E5), cuando Callum confiesa que acaba de ser expulsado del colegio: "Por lo visto, te pueden expulsar si arrancas todos los urinarios de la pared solo por estar cabreado". Es una escena en la que Owen Cooper demuestra una naturalidad y una ironía que le confirman como un joven actor con capacidades más allá de su trabajo en la miniserie Adolescencia (Netflix, 2025). 


Cada episodio de El Cineclub es una inmersión en el microcosmos de la psicología de Evie, y cada película de la semana está elegida para expresar sus miedos y su estado de ánimo, desde la claustrofobia de Cadena perpetua (Frank Darabont, 1994) hasta el vértigo de enfrentarse a un mundo desconocido que representa el personaje de Dorothy en El mago de Oz. Pero todo cambia cuando Noa acepta un trabajo en Bristol que le alejará del mundo de Evie, y que distorsiona ese equilibrio que ella había conseguido controlar, al menos una vez por semana. La historia surgió durante el confinamiento, cuando la actriz Aimee Lou Wood se refugió en las películas y co-escribió junto a su compañero de estudios de teatro Ralph Davis, que interpreta a uno de los amigos de la protagonista, esta peculiar serie sobre refugiarse en uno mismo y tratar de encontrar una salida. Inspirándose en la agilidad de los diálogos de comedias románticas como Cuando Harry encontró a Sally (Rob Reiner, 1989) o dramas como Al filo de la noticia (James L. Brooks, 1987), las interacciones entre Evie y Noa son deliciosas, aunque también están marcadas por el dolor de la posible separación. Nabhaan Rizwan, que ha estrenado recientemente la estupenda segunda temporada de la surrealista comedia Juice (BBC, 2023-), creada por su hermano Mawaan Rizwan, aporta una melancolía a un personaje al que tampoco le resulta fácil relacionarse con su entorno, mientras que Suranne Jones, que ha estrenado este año una serie creada por ella misma, el irregular thriller Frauds (ITV, 2025-), está especialmente entrañable con un personaje de madre enérgica y extravagante, pero profundamente comprometida con su hija. A medida que se desarrolla la historia, sin embargo, parece más claro que las excentricidades de Suz pueden haber contribuido al miedo de Evie a cruzar el umbral de su casa. La serie pertenece a ese tipo de comedia romántica melancólica que ha ido surgiendo en los últimos años, pero no se utiliza una narrativa ni unos diálogos que pretendan resultar especialmente divertidos o ingeniosos, aunque se hagan continuas referencias a personajes y actores famosos. El Cineclub es una comedia en un sentido menos humorístico que encantador, una historia de personajes cuyo arco narrativo puede estar más o menos claro desde el principio, sin que haya grandes sorpresas en su camino. Y a veces puede parecer que abandona algunas subtramas sin terminar de desarrollarlas, pero en parte es una característica de la propia elección argumental, con una intención de no descifrar del todo a los personajes, igual que no se muestra un diagnóstico claro de lo que provocó en Evie su crisis agorafóbica. Si se acepta esta sensación de que no todo tiene que ser explicado, El Cineclub resulta una introducción deliciosa en un entorno excéntrico en el que los personajes simplemente pretenden encontrar su propio equilibrio.  


Girl taken (Baby doll)  ★★★☆☆ 
SkyShowtime, 26 de febrero

Reino Unido, 2026 - 6x45'

Escrita por David Turpin, Nessah Mutsy, Suzanne Cowie

Dirigida por Laura Way, Bindu De Stoppani


La novela en la que está basada esta serie tiene un planteamiento diferente al de las historias de secuestros, porque comienza con la huída de la víctima y desarrolla, no solo sus años de cautiverio, sino su posterior lucha interna con el sentimiento de culpabilidad que la persigue constantemente. Baby doll (2016, Ed. Suma) fue la primera novela de Hollie Overton, guionista de televisión norteamericana que descubrió que su padre Darrell y sus tíos fueron conocidos en la década de los 60 como una banda criminal que operaba en Austin (Texas), bajo el nombre de la banda de Overton, dedicándose al tráfico de drogas, armas y mujeres. Él cumplió siete años en prisión de una condena de diez por homicidio involuntario cuando solo tenía veintiún años, y la escritora confiesa que cuando descubrió la historia secreta de su familia sintió el impulso de escribir. La temprana exposición a la violencia y el pasado de su padre se convirtieron en elementos influyentes en sus novelas, y quizás por eso tienen un componente psicológico importante. Su debut como autora se ha trasladado a la pantalla en Girl taken (Paramount+, 2026), una producción británica encargada por la plataforma norteamericana que, aunque se desarrolla en un pequeño pueblo inglés llamado Hollowell, se ha rodado en su mayor parte en la provincia de Álava gracias a los incentivos fiscales que ha desarrollado el País Vasco, que se encuentran entre el 50% y el 60% de deducción de los gastos e inversiones realizados en la Comunidad Autónoma. La serie trata de equilibrar los aspectos diferenciadores de la novela con una primera parte en la que se produce el secuestro de una adolescente y una segunda parte en la que se exponen sus consecuencias. En esta pequeña localidad rural con amplias zonas de bosques, Lily (Tallullah Evans) y Abby (Delphi Evans) son dos gemelas de 17 años durante los últimos días de curso antes del verano. Lily tiene un novio llamado Wes (Levi Brown) y es una alumna talentosa en las clases de inglés del profesor Rick Hansen (Alfie Allen), aunque su hermana Abby es quien se siente atraída hacia él. Tras una discusión entre las dos hermanas, Lily abandona una fiesta y a partir de ese momento desaparece sin dejar rastro. Este drama psicológico no intenta ofrecer giros de guión sorprendentes, sino que revela toda la información desde el primer episodio: sabemos que Rick ha secuestrado a Lily y la mantiene encerrada en un lugar escondido, mientras lleva una vida familiar aparentemente normal con su esposa Zoe (Niamh Walsh). Y conocemos la violencia sexual que ejerce durante varios años sobre Lily, aunque generalmente no se muestra en pantalla. La historia se centra más durante los primeros episodios en la desesperación de la madre de las hermanas, Eve (Jill Halfpenny, a la que desde esta semana también se puede ver en la segunda temporada del drama policíaco After the flood (ITV, 2024-)) y en la culpa que siente Abby por haber discutido con Lily y haberla dejado marcharse sola. Mientras tanto, el propio Rick participa en las cuadrillas de búsqueda mientras ejerce abusos contra Lily, a quien llama "baby doll", y también un control psicológico sobre su esposa. 


En el tercer episodio, que se titula Huida (T1E3), Lily encuentra la manera de escapar después de cinco años de cautiverio, lo que no supone desvelar nada importante, porque precisamente Girl taken, y el libro que la precede, están sobre todo interesados en explorar cómo permanece el trauma posterior al cautiverio, especialmente cuando la pesadilla continúa estando presente: el reencuentro con Wes, la dinámica familiar en la que su madre Eve ha terminado refugiándose en el alcohol, la presión de los medios de comunicación, el juicio contra Rick... Las dos directoras, procedentes de thrillers británicos más o menos logrados, no terminan de aportar personalidad a la serie, que se siente algo insulsa en una puesta en escena de la que lo mejor que se puede decir es que nadie en Gran Bretaña se ha quejado de que los paisajes boscosos del País Vasco resulten poco creíbles, aunque muchas escenas transcurren en interiores. Pero respecto a la novela hay dos cambios importantes que tienen que ver con el tiempo en el que transcurre el secuestro (en el libro pasan ocho años) y las circunstancias que rodean a la hija que Lily ha tenido durante su encierro, fruto de los abusos sexuales que ha sufrido. Es en los cuatro episodios restantes en los que la serie trata de encontrar el equilibrio entre el retrato psicológico y el thriller judicial, pero algunas veces se desestabiliza y acaba cayendo en las narrativas convencionales que intentan atrapar emocionalmente al espectador a través de la descripción demasiado estereotipada del psicópata que niega su culpabilidad. Mientras que la parte familiar a veces cae en cierto empalago cuando describe la relación entre las dos hermanas, claramente afectada por la separación y ese sentimiento de culpa que permanece, pero también por algunas circunstancias sentimentales que resultan demasiado sensibleras. Si esta parte familiar hubiera estado mejor construida, especialmente en el caso de Lily, que se limita a llorar desconsoladamente, Girl taken podría haber resultado una propuesta mucho más relevante. Porque hay otros aspectos especialmente interesantes, como la coerción psicológica que Rick ha ejercido sobre su esposa Zoe, que en cierta manera ha sufrido otro tipo de cautiverio: "Me he esforzado tanto en ser feliz que pienso que a veces lo he sido", dice en el episodio Crisis (T1E5). Y es este tipo de ambigüedad alrededor de los entornos tóxicos la que deriva en una especie de complicidad silenciosa, uno de los aspectos más atractivos de la historia. Aunque la narración huye de los giros de guión al estilo Harlan Coben, hay una revelación en los últimos episodios que puede resultar predecible, pero que funciona menos porque no ha terminado de construir con solidez a algunos de los personajes principales. Alfie Allen hace un buen trabajo al interpretar a su personaje desde la máscara del profesor amable, incluso cuando está ejerciendo la manipulación emocional y los aspectos más monstruosos de sus actos. Pero la serie (y el libro) prefieren ofrecer un desenlace cómodo y convencional que limita las posibilidades de profundizar en el difícil proceso que supone para una víctima reconstruir una vida normal. 


The hack  ★★★☆☆ 
Filmin, 3 de Marzo

Reino Unido-Australia, 2025 - 7x50'

Creada por Jack Thorne

Dirigida por Lewis Arnold


El canal británico ITV ha asumido su condición de medio de servicio social para rescatar algunos de los escándalos de la sociedad británica en miniseries como Mr. Bates contra Correos (Movistar Plus+, 2024) o Contra la ley (Filmin, 2025), que tienen relación con la búsqueda de justicia. Reuniendo a un equipo habituado a este tipo de historias de denuncia, con Jack Thorne como guionista y Lewis Arnold como director, The hack (Filmin, 2025) aborda los entresijos del mundo del periodismo para advertir sobre el uso de métodos controvertidos para vender periódicos. La historia tiene relación con las escuchas ilegales que llevó a cabo el periódico News of the World, propiedad de Rupert Murdoch, cuya revelación acabó con el cierre de este rotativo en 2008. Pero la denuncia sobre la corrupción en el periodismo sigue siendo actualidad: otro de los periódicos de la familia Murdoch, The Sun, se enfrenta habitualmente a denuncias de acoso y persecución ilegal por parte de actores como Hugh Grant, que llegó a un acuerdo económico el año pasado para no continuar con su demanda. The Sun también estuvo salpicado por las escuchas ilegales, pero en 2014 durante un juicio penal se declaró inocente a su editora Rebekah Brooks. El periódico utiliza habitualmente una estrategia legal para llegar a acuerdos de indemnización millonarios y así evitar ser investigado y juzgado en los tribunales. Al comienzo de esta miniserie, el periodista Nick Davies (David Tennant) acude a un programa de televisión para presentar su libro Flat Earth news (2008), advirtiendo sobre la deriva de la prensa británica: "La lógica del periodismo ha sido eclipsada por la lógica de la comercialidad", afirma. Posteriormente publicó otro libro, Ataque al Imperio (2014, Ed. RBA Libros), del que la serie toma parte de su título original, Hack attack, que ahora se ha reeditado en Gran Bretaña. Jack Thorne, ganador de dos premios Emmy por la miniserie Adolescencia (Netflix, 2024) y que acaba de estrenar en Gran Bretaña la adaptación de El señor de las moscas (BBC, 2026), es uno de los guionistas que mejor estructura este tipo de historias, y en este caso propone siete episodios que en los primeros alterna dos tonos completamente distintos para contar dos investigaciones aparentemente desconectadas. News of the World (T1E1) cuenta cómo el periodista de The Guardian es informado por un confidente apodado Mr. Apollo (Adrian Lester) de la práctica habitual de escuchas telefónicas ilegales por parte de periódicos sensacionalistas como News of the World, propiedad del magnate Rupert Murdoch (Steve Pemberton). Tiene un tono divertido, con rupturas de la cuarta pared en las que Nick Davies interpela al espectador para describir de una forma entretenida un relato que podría ser demasiado confuso, con nombres que se relacionan y que, sobre todo para los espectadores no familiarizados con la historia, resultan desconocidos. Esta narrativa se intercala con una investigación policial que comienza desde El asesinato de Daniel Morgan (T1E2) con la detención del inspector David Cook (Robert Carlyle), para retroceder hasta 2002, cuando estaba investigando el asesinato del detective privado Daniel Morgan en 1987, lo que será el origen de una operación de escuchas encubiertas. Aunque uno de los sospechosos fue su socio Jonathan Rees (Andrew Whipp), cuya empresa Southern Investigations recibía pagos millonarios de News of the World, el caso no ha sido resuelto. La trama de David Cook se cuenta desde una narrativa más dramática, y aunque podría parecer menos atractiva que la principal, es bastante más clara y permite a Robert Carlyle componer un personaje cansado y decepcionado que es uno de sus mejores trabajos en los últimos años.


Hay que decir que The hack tiene uno de los más originales y divertidos resúmenes de los anteriores episodios que hemos visto últimamente, el habitual "Previously on The Hack". Aunque parezca que dividir la historia en dos investigaciones contadas en tonos diferentes podría resultar confuso y desequilibrado, el episodio Downing Street 10 (T1E5), las enlaza consiguiendo que el aspecto desenfadado del personaje de Nick Davies no contradiga el más serio de David Cook. Ambos han colaborado juntos antes, y la operación de escuchas encubiertas se acaba extendiendo a un uso poco apropiado, principalmente para espiar a personajes famosos y políticos cuyos secretos formaron parte de las exclusivas de News of the World y The Sun. La relación de Nick Davies con su editor Alan Rusbridger (un excelente Toby Jones a pesar de su peluca extraña), que apoya su investigación como ejemplo de periodismo independiente, aunque pueda suponer problemas para The Guardian, es uno de los soportes principales de la serie, al estilo de Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976). Mientras las implicaciones del periódico en los teléfonos pinchados se extienden a personajes famosos como Sienna Miller (Georgia Jay), la única que toma la decisión de confrontar a News of the World, y también tiene ramificaciones más abyectas como el hackeo del teléfono de una adolescente secuestrada, que comienza a investigarse en El móvil de Milly (T1E6). The hack juega con el doble significado de la palabra en inglés, que se refiere a hackear pero también a cortar, presentando a Nick Davies mientras prueba diferentes formas de comenzar a contar su historia, y ese tono juguetón proporciona agilidad pero no contribuye a hacer menos confuso el relato. El guión trata de abarcar tantos aspectos de la investigación que la información resulta a veces abrumadora en su exposición de acontecimientos y conexiones. También tiene una cierta tendencia a los comentarios irónicos que suenan como frases dogmáticas, y a una idealización de sus personajes, especialmente en el caso de Nick Davies, del que se hace alguna referencia a su infancia para explicar su tendencia a confrontar los abusos de poder, en un recurso demasiado tosco y fácil para un guionista como Jack Thorne. La serie plantea la complicidad de la sociedad británica y los estamentos de poder cuando muestra cómo el editor de News of the World, Andy Coulson (Mark Stobbart), acaba trabajando como director de comunicaciones del Partido Conservador durante el gobierno de David Cameron. Pero en su defensa del idealismo de un periodismo independiente, en una investigación que no recibió atención de otros medios durante mucho tiempo, The hack toma decisiones problemáticas que difuminan su pretendida representación de la realidad para establecer un sentido de la justicia y la verdad que parece más una imposición que una exposición.  


Sueños en Oslo se estrena en Filmin el 13 de febrero.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

El espía que me me plantó se puede ver en Lionsgate+.
Alien. El octavo pasajero se puede ver en Disney+.
El mago de Oz se puede ver en HBO Max y Movistar Plus+.
Cadena perpetua se puede ver en Movistar Plus+ y Netflix. 
Cuando Harry encontró a Sally se puede ver en Filmin, MGM+ y Movistar Plus+.