09 marzo, 2026

Las series más destacadas de 2026: Febrero-Marzo

Aunque los medios se enfocan principalmente en la adquisición de Warner Bros. por parte de Paramount, la productora que ha elaborado una lista negra de profesionales del cine con los que no está permitido trabajar debido a sus opiniones públicas sobre el genocidio de Gaza, se han producido dos movimientos en la industria audiovisual internacional que están pasando algo más desapercibidos pero pueden modificar dos de los mayores mercados del mundo: por un lado la fusión entre la francesa Banijay Entertainment, que cuenta con inversión de Arabia Saudí, y la británica All3Media; y por otro lado la decisión de Canal+ de clausurar la plataforma africana Showmax, que se había convertido en la empresa audiovisual que más producciones africanas había realizado en los últimos años. En los últimos años, tras la adquisición de la empresa matriz Multichoice por parte del conglomerado audiovisual francés Canal+, una de sus dos plataformas de streaming, Showmax, se había convertido en la productora del 30% de la producción de series y películas en el continente africano, pero los resultados financieros reportaban constantes pérdidas. Ahora, esta plataforma irá desapareciendo mientras Multichoice se enfoca en realizar inversiones en su otro canal de streaming, DStv Stream. Aunque Canal+ ha anunciado que no se producirán despidos, lo cierto es que la desaparición de Showmax supone un duro golpe para la inestable producción audiovisual africana. En el caso de Banijay Entertainment y All3Media, se convertirá, bajo el nombre genérico de Banijay, en el mayor grupo audiovisual surgido en Europa, bajo la dirección general del CEO Marco Bassetti, reuniendo un catálogo que supera las 260.000 horas de programación, incluyendo más de 45 formatos producidos en múltiples territorios durante 2025. Sin embargo, la inestabilidad que ha provocado el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán en todo Oriente Medio puede hacer tambalear a las principales productoras audiovisuales europeas, casi todas ellas con participación de capital procedente de países como Arabia Saudita o Emiratos Árabes Unidos que se están viendo directamente afectados por la expansión de la guerra, con resultados económicos imprevisibles. 

Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.

Industry (Temp. 4)
  ★★★ 
HBO Max, 12 de enero-1 de marzo
Reino Unido, 2026 - 8x60'
Creada por Mickey Down, Konrad Kay
Dirigida por Mickey Down & Konrad Kay, Michelle Savill, Luke Snellin 

Cuando se estrenó la primera temporada de esta serie fue la segunda menos vista de HBO y poco más de setenta mil espectadores vieron su emisión semanal, a pesar de lo cual la plataforma norteamericana decidió renovarla, en parte por tratarse de una coproducción con la BBC y en parte por el bajo coste de producción comparado con los grandes éxitos de la compañía. Para cuando se estrenó la tercera temporada, la audiencia había alcanzado 1,6 millones de espectadores, y el primer episodio de esta cuarta aumentó en un 20% la media de espectadores de la serie. Sin embargo, considerarla un éxito puede ser exagerado. Lo es, pero de nicho, teniendo en cuenta que incluso series que también son de producción modesta como Más que rivales (Movistar Plus+, 2025-), que en Estados Unidos emite HBO Max, ha alcanzado medias de 10 millones de espectadores. Pero Industry (HBO Max, 2020-2027) ha logrado ese nivel de prestigio que ha permitido que sus creadores, Mickey Down y Konrad Kay, dos ex-financieros que nunca habían escrito una serie antes, firmaran el año pasado un contrato de exclusividad de tres años que les confirma como guionistas y directores de la mayor parte de los episodios de la cuarta y quinta temporadas, con la que concluirán su historia en 2027. Y sin duda las ambiciones del proyecto, y de sus propios creadores, han aumentado con el paso del tiempo, reconociendo ellos mismos que cuando comenzaron la serie no estaban demasiado seguros de lo que estaban haciendo. Pero, aparentemente, esta cuarta temporada puede ser percibida como la más convencional de todas, elaborando una trama de thriller conspiranoico, introduciendo un claro antagonista, el nuevo personaje Whitney Halberstram (Max Minghella) lleno de ambigüedades y en cierta manera convirtiendo a Harper Stern (Myha'la) en una protagonista con convicciones morales que trata de encontrar las inconsistencias en las finanzas de una sospechosa empresa en cuya organización se introduce el magnate Henry Muck (Kit Harrington), marido de la coprotagonista Yasmin Kara-Hanani (Marisa Abela). Incluso en la mirada política algunos pasajes pueden parecer inverosímiles, como el hecho de que unos tiburones financieros muestren algún tipo de aprensión a involucrarse con una familia de ideología nazi (solo hay que comprobar el posicionamiento de los grandes empresarios tecnológicos respecto a la administración Trump). Pero Industry siempre ha hablado de los orígenes, de la forma en que Harper decidió tomar la iniciativa de luchar contra un sistema que nunca le permitiría acceder a puestos de privilegio en un sector financiero racista y machista, para convertirse en la asesora financiera más inescrupulosa de todos; y en la manera en que Yasmin, heredera de un gran imperio económico, se enfrenta constantemente al trauma de los abusos en el seno de su propia familia. La serie también se atreve a adentrarse en los vericuetos de la política británica a través de la portavoz laborista Jenni Bevan (Amy James-Kelly) y del aspirante a reformista Sebastian Stefanowicz (Edward Holcroft). Por el camino, la trama principal de esta temporada deja de parecerse a Succession (HBO Max, 2018-2023), una de las influencias más claras en el estilo narrativo de la serie, para acercarse un poco más a Billions (SkyShowtime, 2016-2023), respecto a la relación entre el poder económico y el poder político. Pero las referencias están marcadas muchas veces por la selección musical: la aparición del "True faith" (1984) de New Order recuerda a historias de yuppies como Noches de neón (James Bridges, 1988), el "Firestarter" (1996) de The Prodigy a vidas adictivas como las de Trainspotting (Danny Boyle, 1996), y los guiños musicales al universo cinematográfico de Stanley Kubrick como La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971) o Barry Lyndon (Stanley Kubrick 1975) son constantes en los primeros episodios (Konrad Kay es el más cinéfilo de ambos creadores). Tanto que la fiesta de cumpleaños de Henry Muck en El Comandante y la dama gris (T4E2) parece una rave resacosa de Eyes wide shut (Stanley Kubrick, 1999).

Los comentarios políticos de la temporada alcanzan la decepción de la era post-Brexit, como en el episodio Ojos sin cara (T4E5), cuando Edward Burgess (David Wilmot), el director del periódico FinDigest que investiga las finanzas sospechosas de la empresa Tender, responde a una petición de protección a un posible denunciante: "Antes había una directiva europea de protección de informadores, pero ya no se aplica porque unos catastrofistas incentivaron con mentiras a otros catastrofistas para que nos saliéramos de Europa". A lo largo de la temporada, Industry ha ido plantando temas por los que está cada vez más interesada, como la cuestión racial en un mundo financiero eminentemente blanco, con la introducción de Kwabena Bannerman (Toheeb Jimoh), un analista de buena familia que es empleado y amante al mismo tiempo de Harper, al que ella definirá en el episodio Ambos, Y (T4E8) como "la única persona negra con la que me relaciono". En Industry, Harper representa a ese tipo de personajes que consigue abrirse camino en un sistema capitalista a pesar de que tiene todo en contra para conseguirlo, y para ello necesita aliarse con compañeros poco fiables, como Eric Tao (Ken Leung), que regresa a la serie para, en cierta manera, afrontar sus propias inseguridades personales y sus propias mezquindades. Los guionistas y directores han mirado permanentemente a los titulares reales para construir su historia, haciendo referencias más o menos claras a los grandes escándalos  en el seno del mundo financiero: el polémico rescate de la empresa energética británica Bulb Energy, el fraude financiero de la empresa tecnológica alemana Wirecard que se sostenía en una gran burbuja que no contenía nada, el auge de los populismos en Gran Bretaña que llevaron a decisiones fatales como el Brexit, y especialmente el escándalo de abusos sexuales a menores protagonizado por el magnate pederasta Jeffrey Epstein y su "conseguidora" Ghislaine Maxwell., de cuyo entramado aún no se han depurado todas las responsabilidades. Podríamos decir que las tres temporadas anteriores de Industry conforman una especie de trilogía que está relacionada con el ascenso de sus dos principales protagonistas más allá de las ataduras a Pierpoint & Co. y su debacle financiera, situando a Harper y Yasmine en posiciones de privilegio dentro de sus mundos particulares. Pero ambas siguen caminos diferentes y sus arcos de personajes se bifurcan hacia desenlaces casi contradictorios, un poco más amable con la primera y bastante más siniestro para la segunda. En esta especie de reinicio de la serie que conformará el díptico formado por la cuarta y la quinta temporadas es fácil adivinar que el destino de los personajes no será especialmente feliz. Pero la serie ha conseguido pasar de ser un drama financiero que a veces podía ser difícil de seguir por la retórica bursátil, a convertirse en un thriller político en el que los personajes aparentemente perjudicados al final de temporada prometen regresar en la siguiente, como muestra ese frame poco antes de los créditos finales para el que se necesita pausar la reproducción para apreciarlo con claridad. Los creadores lo han explicado como un homenaje a El fantasma (T5E13), el final de la quinta temporada de Mad men (Disney+, 2007-2015), una muestra del reinicio del ciclo. Ellos cuentan que se trata de una imagen surgida de una escena de tres minutos no incluida en la serie, en la que Whitney se encuentra en un bar en Lituania, que acababa con una imagen suya vista a través de un glory hole, lo que hace referencia a la secuencia del episodio Querido Henry (T1E5) en la que Whitney invita a Henry Muck a un club gay. Es la primera vez que los creadores de Industry se han permitido el lujo de dejar un final abierto, porque en las tres temporadas anteriores siempre trataban de crear finales que pudieran ser conclusivos por la posibilidad de no ser renovados.  

The Newsreader (Temp. 1-3)
  ★★★★☆ 
Netflix, 1 de marzo
Australia, 2021-2025 - 6x60'
Creada por Michael Lucas
Dirigida por Emma Freeman
AACTA '26: Drama, Actriz principal (Ana Torv), Actor Secundario (Daniel Henshall), Guión

En los últimos años se están dando algunas circunstancias peculiares, con la adquisición de series a nivel global por parte de plataformas de streaming internacionales que acaban estrenando sus últimas temporadas. La plataforma española Filmin se fijó hace unos años en dos de ellas: la dramedia noruega Perni (Netflix, 2021-2024) y el drama periodístico australiano The Newsreader (Netflix, 2021-2025), pero en ambos casos la adquisición global de derechos por parte de la plataforma Netflix provocó que sus últimas temporadas no hayan sido estrenadas en Filmin, donde ya no están disponibles. Como ocurrió con Perni, Netflix se aseguró la emisión de todas las temporadas de la serie australiana y ha estrenado a principios de este mes las dos anteriores que ya se habían podido ver en España y la tercera y última, que estaba inédita. Esto le permite a la serie disponer de una nueva vida y probablemente ser descubierta por muchos espectadores, pero hay que reconocer que Netflix no vio en su momento el potencial de esta producción que en Australia está considerada como uno de sus mejores dramas de todos los tiempos, consiguiendo récords de nominaciones por dos de sus temporadas en los premios de la Academia de Cine y Televisión de Australia (ACCTA), en los que la segunda y la tercera fueron reconocidas como Mejor Serie Dramática, al margen de otros galardones. El drama sobre el ambiente de una redacción de noticias de una exitosa cadena de televisión australiana en los años ochenta puede ser fácilmente comparable con The newsroom (HBO Max, 2012), pero con una capacidad de consolidación mucho más lograda, y con The Morning Show (Apple tv, 2019-), pero con una tendencia menos telenoverela. A veces, quizás por la época en la que se desarrolla, y especialmente en esta tercera temporada, puede recordar a grandes títulos cinematográficos que han abordado el mundo de la televisión como Network, un mundo implacable (Sidney Lumet, 1976), e incluso en algún momento con referencias claras a la famosa escena del maquillaje de Yo, Tonya (Craig Gillespie, 2017), no por casualidad dirigida por un australiano. Como vamos a hablar principalmente de la última temporada, hay que advertir a quienes no hayan visto las anteriores que daremos información que revelan algunos aspectos importantes de las dos anteriores. La historia comenzó en el entorno de la redacción del programa de noticias News at Six, presentado por la estrella de la televisión Helen Norville (Ana Torv), donde conoce al joven reportero junior Dale Jennings (Sam Reid), que acabará convirtiéndose en su productor, pero con la ambición real de ser co-presentador él mismo. Pero al margen de la imagen de fortaleza que Helen Norville ofrece en un mundo principalmente dominado por hombres, como se muestra en una escena de la tercera temporada en la que ella es la única mujer en una reunión con altos directivos de una cadena de televisión, Helen es una persona inestable, que ha tenido problemas de depresión y carga con un pasado traumático relacionado con la enfermedad mental, lo que finalmente tendrá que afrontar en esta temporada. Conforme Dale Jennings se convierte en aquello a lo que había aspirado, también tiene mayores problemas para ocultar su principal secreto: ser gay en el entorno de los años ochenta en los que la homosexualidad no solo era discriminada sino sobre todo estaba estigmatizada por la pandemia del Sida. La evolución de la relación entre Helen y Dale es el soporte de la serie, y de hecho el creador Michael Lucas justificaba la decisión de terminar la historia porque esta relación siempre había sido concebida como una trama en tres actos. 

La última temporada comienza con ambos en una posición equidistante, como un proceso lógico dentro de su desarrollo profesional. Después de una crisis, Helen Norville ha conseguido volver a convertirse en presentadora de un programa de noticias en horario de prime time, pero esta vez contratada por otra cadena de televisión, de manera que ahora es la competencia directa del programa News at six que presenta como estrella absoluta Dale Jennings. Pero la relación entre ambos ha pasado por tantas fases a lo largo de las temporadas anteriores que ya está totalmente consolidada como una amistad en la que cada uno puede ser la tabla de salvación de las crisis del otro. Ambos conocen sus secretos, pero quizás no son tan conscientes de la profundidad psicológica que les lleva a mantener sus fachadas: ella como una profesional que se ha ganado fama en los últimos años como reportera internacional, transmitiendo noticias de gran alcance como el accidente de Lockerbie en 1988, con el que terminaba la segunda temporada, y él ofreciendo esa imagen impoluta pero al mismo tiempo demasiado estirada de un presentador que quiere ser tomado en serie, mientras bucea en su bisexualidad y mantiene una relación continuada con un joven prostituto. La ambientación en los años ochenta permite a The newsreader enmarcar su historia en grandes acontecimientos históricos, algunos locales australianos y muchos internacionales. Desde 1986 en el que transcurre la primera, esta última se desarrolla en 1989, entre momentos relevantes como las protestas de la plaza de Tiananmen en junio y la caída del muro de Berlín en noviembre. Hay también destacados personajes secundarios, como el matrimonio que forman el presentador deportivo Rob Rickards (Stephen Peacocke), quien debe enfrentarse a acusaciones de racismo durante su etapa como jugador, y su esposa la productora de noticias Noelene Kim (Michelle Lim Davidson), que aporta el toque de diversidad racial que quizás no era tan común en aquellos años, mientras planea siempre la amenaza constante del irascible director Lindsay Cunningham (William McInnes). Pero The Newsreader es sobre todo la relación entre Helen y Dale, y cómo ambos se enfrentan a sus propios traumas psicológicos: la enfermedad mental y el secreto de la homosexualidad. Y hay que decir que ambos acaban envueltos en el peor momento de sus trayectorias personales y profesionales en esta entretenida y dramática tercera temporada. La directora Emma Freeman, que ha dirigido todos los episodios de la serie, mantiene los encuadres inestables de Helen con esa sonrisa que oculta sus profundas inseguridades, mientras resultan fríos y calculados en la aparente perfección estudiada de Dale, que se castiga a sí mismo escuchando las opiniones de espectadores sobre su excesiva rigidez. Es interesante cómo esta temporada ambos también se enfrentan a las parodias de sí mismos que hace un programa de humor, en las que sus alter egos parecen haber captado claramente las imperfecciones que angustian a ambos. El primer episodio, Noche de noches (T3E1), se desarrolla en la entrega de los premios Logie de televisión (en los que The Newsreader ha tenido varias nominaciones pero solo consiguió el de Mejor Drama por su primera temporada), cuando Dale Jennings aspira al premio Logie, para el que han elegido a Helen Norville como presentadora. Todos dan por sentado que esto quiere decir que él será el ganador, igual que en algunos medios australianos se ha dado por sentado que The Newsreader es una de sus series más relevantes, una historia cargada de personajes imperfectos y atractivos que ha conseguido construir una de las mejores producciones dramáticas de los últimos años. 

Riot women
  ★★★★☆ 
Movistar Plus+, 2 de marzo
Reino Unido, 2025 - 6x50'
Creada por Sally Wainwright
Dirigida por Sally Wainwright, Amanda Brotchie
Serielizados '25: Sección Oficial Internacional

La esperada nueva serie dramática de Sally Wainwright nace desde la experiencia personal que ella explicaba en la pasada edición de Séries Mania: "Es un proyecto muy personal, que trata sobre mi vida, sobre la menopausia y sobre la lucha de mi madre con la demencia. Llegas a una edad en la que tienes que lidiar con cosas como padres ancianos que necesitan tu ayuda, hijos difíciles, un marido que me abandonó.... La menopausia te hace invisible y puede verse como una pérdida de energía, pero quería encontrar una forma de darle una nueva energía". Esta invisibilidad es particularmente percibida por Beth (Joanna Scanlan), una profesora de instituto tan absorbida por la indiferencia social que está a punto de suicidarse cuando la vemos por primera vez. "¿Crees que las mujeres de una cierta edad pueden llegar a ser invisibles? Lo digo en serio. ¿Puede alguien acabar de decir que ha estado a punto de suicidarse la noche pasada y ni siquiera parece haber sido escuchada?". Beth es una mujer madura que sufre las consecuencias de ser el reflejo de una estructura social que proyecta en las mujeres las responsabilidades familiares: un marido que la ha abandonado con ingratitud, un hijo que parece haberse olvidado de ella pero a la que siempre acude cuando tiene una crisis sentimental, y una madre con demencia ingresada en una residencia. La salvación frente a su intención de acabar con su vida le llega con una llamada telefónica de su amiga Jess (Lorraine Ashbourne) que, animada por los avances que ha hecho en unas clases de batería, le propone la loca idea de formar un grupo de música. Jess es la dueña de un pub y mantiene una actitud habitualmente positiva y alegre, que en realidad esconde una soledad absoluta, en conflicto permanente con su vecina Inez (Natalia Tena), y su negocio de la competencia, un bar de tapas llamado El Toro Rojo. El segundo momento de revelación de Beth se produce cuando pasa por delante de un local de karaoke en el que está cantando Kitty (Rosalie Craig), la hija del gángster local Keith Eckersley (una breve aparición de Jonathan Pryce). Ella tiene una personalidad volátil, marcada por un pasado traumático, pero canta con una rabia que encaja perfectamente en este grupo de "mujeres provocadoras" que adoptan el punk como un grito de reivindicación frente a la invisibilidad, aunque la primera canción que interpretan es tan escasamente punk como "Waterloo", del grupo ABBA. El primer nombre de la banda que Sally Wainwright sugirió fue Old Bags' Department (Departamento de Bolsos Viejos), pero la BBC lo consideró poco apropiado. Riot women (BBC, 2025), que compitió en la Sección Oficial de Serielizados 2025, forma una especie de trilogía con otros dos dramas de su creadora, que se desarrollan también en el entorno de la ciudad de Hebden Bridge, en el distrito de West Yorkshire (aunque la serie se rodó realmente en Calderdale): Last tango in Halifax (BBC, 2012-2020) y la popular Happy Valley (BBC, 2014-2023), pero en el tono dramático y colectivo se acerca más a esta última. 

También hay dos policías en esta conjunción de mujeres menopáusicas: Holly (Tamsin Greig), es una oficial de carrera que asume su próxima jubilación como un precipicio vital, y después de treinta años de servicio tiene que asumir que su última detención es la de una borracha desquiciada como Kitty en medio de un supermercado. Mientras que su compañera de patrulla Nisha (Taj Atwal), sufre el constante acoso del policía Rudy (Ben Batt), un imbécil peligroso que considera que agarrarle las tetas es una broma inofensiva. Pero ella ha decidido no denunciarle ante sus superiores, como le sugiere Holly: "Simplemente no tiene sentido. Lo esconderán debajo de la alfombra. Cuando lleguen hasta el fondo acabará encontrándose en algún momento con algún colega de Rudy. Acudir a los superiores nunca funciona". La última componente del grupo es Yvonne (Amelia Bullmore), la hermana de Holly que trabaja como partera y parece estar continuamente contagiada por la ansiedad de las madres primerizas. Hace unos meses la serie española Furia (HBO Max, 2025) abordaba la rabia de un grupo de mujeres cansadas de permanecer en silencio, aunque aquella sufría la perspectiva reduccionista masculina que prácticamente mostraba a las protagonistas como un grupo de desequilibradas. Riot women también representa la expresión de la ira como un sentimiento común en estas mujeres, para las que ser invisibles no es una sensación, sino una realidad palpable, pero tiene la perspectiva femenina que es mucho menos caótica y simplista que la mirada masculina. El grupo decide escribir canciones cuyas letras hablan de ellas mismas, de los abandonos, de los abusos, de la indiferencia...: "Estoy tan deprimida que casi no puedo vestirme, tengo problemas para ocultar mi falta de interés. Mi tiempo se acaba, siento que me estoy desvaneciendo. Pero a mi médico solo se le ocurre decirme que deje de quejarme tanto". Pero aunque pudiera pensarse que es algo  parecido a una versión madura de We are Lady Parts (Filmin,  2021-), no es el caso. Hay menos comedia y menos música en una historia que abraza el drama con ese punto de ironía que suelen tener las series de Sally Wainwright. Ella se toma en serio las problemáticas de unos personajes que no se circunscriben a las protagonistas, sino que se extienden hacia otras mujeres como Miranda (Macy Seelochan), tan importante en su representación de la identidad de género en un país tan contaminado últimamente por la transfobia femenina. La joven actriz Macy Seelochan es uno de los descubrimientos de la serie, después de haber sido en 2023, con la obra Como gustéis (1623), la primera actriz transexual protagonista en el histórico Shakespeare's Globe. Están los personajes de profundidad emocional que son habituales en los guiones de la creadora, y esa naturalidad en los diálogos que consigue equilibrarse incluso aunque haya algo de didactismo en algunas conversaciones. Pero también hay cierta obviedad en el planteamiento del abandono y la responsabilidad, con una descripción de los personajes masculinos entre simplemente idiotas y claramente abusadores, de la que ni siquiera se libra Tom (Jonny Green), el hijo adoptado de Beth, aunque se solventa gracias a la escritura tan personal y carismática de Sally Wainwright, elaborando un retrato conmovedor de mujeres que asumen la transformación que están experimentando con un optimista aliento de rebeldía. Riot women termina transmitiendo la necesidad de una segunda temporada para continuar esta historia.

Atrapadas en Bolivia
  ★★★☆☆ 
Sundance TV, 3 de marzo
Noruega, 2025 - 6x45'
Creada por Emilie Beck
Dirigida por Anna Gutto, Emilie Beck

En el año 2008, tres jóvenes noruegas se vieron atrapadas en el sistema judicial boliviano cuando en el aeropuerto de Cochabamba se detectaron 22 kilos de cocaína escondidos en sus maletas. El caso recibió una gran atención mediática en su momento, sin que el gobierno noruego hiciera demasiadas gestiones para negociar con las autoridades bolivianas, y en 2023 volvió a atraer la atención cuando el pódcast Avhørt (2019, Baton Media av Cast), dedicado a investigar casos criminales reales, publicó dos episodios titulados Flukten fra Bolivia en los que una de las acusadas contaba en una entrevista toda su historia. Aunque el desarrollo de la serie ha durado unos ocho años de investigación a cargo de su creadora, Emilie Beck (1991, Noruega), conocida por el documental No place like home (2022), que se estrenó en el festival CPH:DOX, la serie experimentó un gran impulso gracias a la repercusión que tuvo esta entrevista. El título Atrapadas en Bolivia (Sundance TV, 2025) casi es un espóiler sobre cuál es el camino hacia el que deriva esta historia tan sorprendente como verídica. Pero lo cierto es que se trata de un relato complicado que podría parecer una ficción muy enrevesada si no estuviera inspirado en hechos reales. Se agradece que entre directamente en el centro de la historia desde el episodio Viaje de chicas (T1E1), en el que tres amigas que han estado de vacaciones en Bolivia son interceptadas en Cochabamba para un registro de sus maletas, y detenidas por tráfico de drogas. Ida (Ella Øverbye) tiene 17 años, Cecilie (Lisa Marie Hovden), 18 años y Michelle (Josephine Tetlie), que es la única que habla español, tiene 22 años. Las dos primeras engañaron a sus padres diciéndoles que estaban de vacaciones en España, hasta que se encontraron metidas en un complicado sistema judicial en el que muchas acusadas permanecen años esperando juicio. En una cárcel de mujeres que tiene mejores condiciones de las que podría esperarse, Ida conoce a Mónica Cortez, una mujer que lleva cuatro años esperando que se celebre su juicio: "Tened cuidado con el amigo peruano, con la amante chilena y con el sistema judicial boliviano. No puedes confiar en el sistema. Si sos turista, te juzgan. Si sos boliviana, te juzgan aún más", le advierte. Este personaje está interpretado por la actriz peruana afincada en España Cecilia Voter, que ha participado en la segunda temporada de la aclamada comedia Poquita fe (Movistar Plus+, 2023-). Mónica le presenta a Ida a su hijo Antonio (Adrian Bianchini Delaveris), que se ofrece para ayudarla a sobornar a los jueces si lo necesita, pero su relación tendrá consecuencias imprevisibles. La serie está contada desde el punto de vista de Ida, que es la que protagoniza el relato más enrevesado, mientras las otras dos se enfrentan a desenlaces distintos. Cecilie cuenta con la ayuda económica de su padre, que se puede permitir pagar una fianza, mientras que Michelle, a la que las otras dos llegaron a acusar de haberlas engañado, ha sido la única de las tres que ha cumplido su condena en Bolivia. 

Hay un difícil equilibrio en la narrativa de Atrapadas en Bolivia entre su enfoque hacia un espectador noruego que ya conoce el desenlace de la historia completa, con algunas revelaciones importantes hechas en el pódcast Avhørt, y el espectador internacional que no ha oído hablar de ella. Por eso el guión trata de mantener un cierto suspense en torno a la culpabilidad o inocencia de las tres amigas, pero el desenlace termina cuestionando algunas de las reacciones que se han mostrado en los primeros episodios por parte de Ida y Cecilie, cuando se acusaban las unas a las otras. El hecho de que la serie se presente como inspirada en hechos reales indica que también se han introducido numerosos elementos de ficción, lo que puede provocar un desenfoque respecto a las decisiones que toman los personajes principales. Mientras Cecilie es tratada con el privilegio de provenir de una familia con recursos económicos, Wenche (Ingvild Lien), la madre de Ida, intenta encontrar la manera de hacer frente, no solo al posible pago de la fianza, sino sobre todo a los gastos que suponen el abogado y los viajes continuos a Bolivia. Pero ambas reciben la ayuda de Joakim (Jakob Oftebro), un periodista de una revista masculina que dirige Marcus (el debut como actor del conocido presentador noruego Emil Gukild), quien se interesa por el caso de Ida. La idea inicial de elaborar un reportaje sobre ella, cuando el resto de los medios noruegos se han olvidado, se convierte en un plan arriesgado en el que pretenden conseguir que se le conceda la libertad provisional, que no le permite abandonar el país, y tratar de huir de Bolivia a través de Brasil con la colaboración de Tommy (Joachim Fjelstrup), un guía danés que se dedica a ayudar a inmigrantes a cruzar la frontera de manera ilegal. En su momento, los reportajes publicados por la revista fueron cuestionados en torno a la falta de ética periodística que suponía apoyar económicamente una acción ilegal para conseguir una exclusiva. Y, de hecho, la revista dejó de editarse por dificultades financieras poco después de publicar el reportaje. Pero Atrapadas en Bolivia tiene un enfoque centrado en el arco de personaje de Ida, desde una joven de 17 años que refleja inocencia, hasta una mujer que ha aprendido a cuidar de sí misma en la cárcel y que está dispuesta a sacrificarlo todo por conseguir la libertad. Es notable el trabajo de interpretación de la actriz Ella Øverbye, que debutó como adolescente en la película Cuidado con los niños (Dag Johan Haugerud, 2019), aportando la confusión, fragilidad e inseguridad de su personaje. Los últimos episodios, desde La sentencia (T1E4), están dirigidos por la creadora Emilie Beck, que maneja con habilidad la tensión de una huida arriesgada, pero falta una perspectiva más amplia que aborde otros temas relevantes, y la serie puede llegar a ser demasiado condescendiente con su protagonista, sin poder evitar el reflejo estereotipado de Bolivia como un país tercermundista en el que las instituciones están contagiadas por la corrupción. Tras su estreno en Noruega, se desató una cierta controversia cuando el abogado de una de las protagonistas reales (los nombres se han cambiado en la ficción para mantener su anonimato), afirmó que era rotundamente falsa la versión que se muestra en la serie. Aunque se desarrolla en una cárcel boliviana, Atrapadas en Bolivia se ha rodado en unos estudios cinematográficos de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. 

Patience (Temp. 2)
  ★★★☆☆ 
Cosmo, 9 de marzo
Reino Unido, 2026 - 8x45'
Creada por Matt Baker, Amy Shindler, Beth Chalmers
Dirigida por Maarten Moerkerke

Esta reseña contiene espóilers de la temporada 2

A pesar del éxito que obtuvo la primera temporada, la productora Channel 4 tardó tanto tiempo en confirmar la segunda que se produjo una circunstancia que transformó el concepto original de esta serie, lo que Cosmo ha ocultado astutamente dándole el único protagonismo en su material de promoción al personaje principal (por si acaso). Como remake británico del popular procedimental franco-belga Bright minds (Cosmo, 2019-), del que se estrenó en España su sexta temporada a finales del año pasado, la dinámica que se establece entre la joven archivadora autista Patience Evans (Ella Maisy Purvis) y la detective Bea Metcalf (Laura Fraser) es una parte fundamental de las investigaciones de Patience (Cosmo, 2025-). Pero el retraso en la toma de decisiones de Channel 4 acabó provocando (se viene espóiler) que la agenda de la actriz Laura Fraser no encajara con el rodaje de esta segunda temporada, sobre todo porque decidió seguir con su compromiso con el muy esperado drama "oscuramente cómicoMint (BBC, 2026), creado por Charlotte Regan, una de las directoras de The responder (Movistar Plus+, 2022-2024), que se estrenó en el pasado Festival de Berlín. De manera que la segunda temporada de Patience comienza con un cambio importante, sustituyendo a Bea Metcalf por una nueva detective, la más hosca Frankie Monroe (Jessica Hynes), que tiene ciertas reticencias a que una aficionada se inmiscuya en la labor policial. Hay que decir que este cambio molestó a muchos espectadores porque rompió el desarrollo de la relación entre las dos protagonistas, que es una parte fundamental de la serie original francesa. Pero tampoco ha afectado tanto a la audiencia británica, porque Channel 4 informaba tras su emisión en el mes de febrero que la segunda temporada ha sido el programa más visto de este año, tanto en formato lineal como en su plataforma de streaming, con una media de 4,2 millones de espectadores en su primer mes de emisión. Al mismo tiempo que anunciaba la confirmación de una tercera temporada (para evitar sorpresas), que se rodará de nuevo en Bélgica y York (donde transcurre la historia) a partir de este mismo mes de marzo, y con un plan de diez episodios, aumentando una vez más, porque de los seis de la primera temporada había pasado a los ocho de la segunda. Según indica la sinopsis que ha distribuido Channel 4, Patience deberá enfrentarse a una investigación muy personal, como se sugiere en la información que se desvela al final del último episodio, Secuestro (T2E8), basado en el episodio Detenidas (T2E8) de Bright minds. La sustituta de Bea Metcalf, cuya ausencia se justifica porque "ha decidido aceptar un trabajo en Glasgow", es la nueva detective Frankie Monroe, quien proviene de Manchester y tiene un primer encuentro un tanto accidentado con Patience. Pero sobre todo no acepta que alguien al margen de la investigación de un posible homicidio se involucre en ella, estableciendo una dinámica más hostil en el primer episodio, Vampiro (T2E1), que adapta el episodio Sangre de oro (T3E6), en el que el cuerpo de un hombre ha sido encontrado muerto con dos marcas en el cuello. Como es habitual en este tipo de adaptaciones, las tramas de investigación se basan en episodios de la serie original, pero no tomados de forma cronológica, sino extrayéndolos de diferentes temporadas, mientras se construye una dinámica de relaciones que a veces se distancia de aquella. Aún más en el caso de una temporada que ha sufrido un cambio importante en sus personajes principales, redefiniendo sus interacciones. De todas formas, la hostilidad del principio se va resolviendo rápidamente gracias a la capacidad que tiene Patience para encontrar perspectivas distintas, y de alguna manera se desarrolla una nueva dinámica entre ella y Frankie Monroe que hay que reconocer que ayuda a que la temporada sea incluso más atractiva. 

También ayuda la incorporación de una estupenda actriz como Jessica Hynes, a la que habitualmente hemos visto en comedias como W1A (BBC, 2014-2024), por la que ganó un premio BAFTA, o La franquicia (HBO Max, 2024), pero que también tiene una versatilidad notable para personajes circunspectos como Mary Austen en la miniserie Miss Austen (Movistar Plus+, 2025). Aunque es cierto que la relación es diferente, esta especie de reinicio no perjudica realmente a la serie, sobre todo a partir del momento en el que se recoloca en el camino de colaboración que tenía Patience con la detective Bea Metcalf. También es una lástima que, al tratar de enfocarse inmediatamente en la investigación, la serie no explore realmente las consecuencias que para la protagonista puede tener la ausencia de una colaboradora con la que tuvo un acercamiento tan personal en la primera temporada: "Ella estaba de mi lado, yo formaba parte de su equipo", le dice a su tutor Douglas Gilmore (Adrian Rawlins) en el episodio Música en la catedral (T2E2), adaptado del episodio original Calderón (T2E4). Pero asimismo Patience es mucho menos vulnerable que antes y por tanto afronta con mayor pragmatismo los desprecios de la nueva detective sin dejar de inmiscuirse, lo que provoca algunas situadas humorísticas, aunque hay que decir que esta segunda temporada tiene menos apuntes cómicos que la primera, lo que termina echándose en falta. Aunque desde el punto de vista de las investigaciones Patience no es un procedimental especialmente brillante, dejando demasiadas suposiciones a la pretendida inteligencia de la protagonista frente a una cierta torpeza de sus compañeros, la serie sigue manteniendo su encanto y cierta relevancia gracias a los personajes, sobre todo cuando aborda algunos aspectos de la vida social en la que se desarrolla el trastorno del espectro autista, como el desafío de mantener una relación sentimental con una persona que no está dentro del espectro. Lo que provoca un distanciamiento de su pareja Elliot Scott (Tom Lewis) en el episodio Las runas (T2E5), basado en el original El libro (T2E7), sobre la repentina muerte de un experto en historia vikinga durante una importante conferencia. Patience a veces puede ser demasiado obvia cuando explora estos temas, pero consigue ser más precisa en esta segunda temporada, sobre todo cuando introduce modificaciones dentro de la imprescindible rutina de la protagonista, como alguna información sobre su familia, lo que provoca nuevos desafíos. Cosmo ha puesto en marcha una campaña titulada Patience y el autismo que muestra cómo tres mujeres dentro del espectro autista se sienten identificadas con la representación que ofrece el personaje protagonista. La incorporación como guionistas principales de Amy Shindler y Beth Chalmers, junto al responsable de la adaptación británica Matt Baker, quien se encargó de la primera temporada, introduce una interesante perspectiva con mayor sensibilidad femenina. Y el entorno de los escenarios de arquitectura medieval de York también incorpora un trasfondo especialmente atractivo, aunque solo a través de los exteriores, porque buena parte de la serie se rueda en Bélgica, principalmente en la ciudad de Amberes. 

Empatía
  ★★★★ 
Movistar Plus+, 11 de marzo
Canadá, 2025 - 10x45'
Creada por Florence Longpré
Dirigida por Guillaume Lonergan
Séries Mania '25: Premio del Público
Serielizados '25: Mejor Guión, Mejor Interpretación (Florence Longpré)

Entre la selección de producciones internacionales de la pasada edición de Séries Mania, una de nuestras preferidas fue este drama quebequense de la que decíamos que "sabe mantener un equilibrio preciso entre la comedia y el drama desgarrador gracias a sus personajes". Empatía (Movistar Plus+, 2025) se revela como una de las grandes series del año pasado, con capacidad para crear una atmósfera conmovedora dentro del entorno del Instituto Psiquiátrico Mount Royal en el que encontramos a pacientes emocionalmente traumatizados, pero no menos que los médicos que les atienden. La serie creada y protagonizada por Florence Longpré (1983, Quebec) puede recordar a Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975) pero amplía su mirada más allá del centro psiquiátrico. En el episodio Desequilibrio (T1E1) la protagonista Suzanne Bien-Aimé (Florence Longpré), una ex-criminóloga que abandonó su trabajo después de una experiencia traumática, no puede empezar de peor manera su primer día como psiquiatra jefe en Mount Royal, un centro en el que se ingresa a condenados por diferentes delitos que tienen patologías psiquiátricas. Se despierta tarde, no encuentra los tampones, su coche no arranca y acaba metida en la reunión de trabajo con un aspecto algo accidentado, en una actitud desastrosa que parece inspirada en la protagonista de Fleabag (Prime Video, 2016-2019). Como la nueva psiquiatra jefe, acompañada por el enfermero Mortimer Vallant (Thomas Ngijol), con el que establece desde el principio una conexión cercana, se enfrenta a los desafíos de pacientes con patologías complejas: Carole Moisan (Brigitte Lafleur), condenada por asesinar a su hermana, tiene constantes ataques de ira y ha sido enviada desde prisión para su evaluación psiquiátrica; el pirómano Jacques Dallaire (Benoît Briėre) tiene visiones de soldados a los que llama "hermanos de armas"; Charles Villeneuve (Jean-François Nadeau) es un egocéntrico que cuenta con una especial habilidad para seducir a mujeres a las que abandona después de estafarlas, y parece que ha encontrado a su próxima víctima en Mount Royal. Cuando Suzanne comienza a cambiar algunos de los tratamientos, encuentra la oposición de compañeros de trabajo como el criminólogo Émilien Delcourt (Adrien Bletton), pero ella prefiere que pacientes como Jacques Dallaire, con una interpretación magistral del actor Benoît Briėre, tenga más contacto con la realidad para poder afrontar su enfermedad con una mayor precisión. A lo largo de la temporada de diez episodios, conocemos los antecedentes de los pacientes y sus historias de fondo como la auténtica forma de establecer esa empatía que necesitan para ayudarles a afrontar sus problemas. 

Suzanne tiene un método particular de tratar a sus pacientes, y suele leer los informes completos de todos ellos, muchos con más de setenta páginas, en vez de los resúmenes a los que suelen acudir los médicos: "¿Se puede resumir la vida de una persona en un solo párrafo?", le dice a Mortimer. Empatía es una serie absolutamente conmovedora y al mismo tiempo muy divertida, con elementos de humor que encajan perfectamente como la afición de Mortimer por los musicales como Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen, Gene Kelly 1952), que escucha en su coche en una selección de CDs grabados. También tiene toques de ese surrealismo que tenía la anterior serie de la creadora, Audrey est revenue (Club Illico, 2021), que ganó el Gran Premio en Canneseries, como un conjunto de bailarinas vestidas con tutús negros que representan la depresión que acompaña a Suzanne y la necesidad de equilibrio en su vida. Para ella, el trabajo se convierte en una manera de olvidarse del estado depresivo que sufre, como le dice a su hermana Astryd (Sofia Blondin): "Es como si formara parte de mi. Siempre está conmigo. Como una especie de peso insoportable, como una carga llena de tristeza. Y no importa lo que haga, con quién me encuentre, siempre está ahí siguiéndome". Desde el episodio Cantemos bajo la lluvia (T1E2), que se inicia con un flashback hasta 1981, comenzamos a conocer la historia de Suzanne cuando era un bebé encontrado en un contenedor de basura por la exitosa abogada Guylène Bien-Aimé (Linda Malo), con la que tiene una relación distante. Pero es el episodio Porte-patio (T1E5) el que refleja con mayores matices la angustia y el sentimiento de culpa de Suzanne, que en su vida privada se entrega a la bebida y de hecho recibe una queja formal en el centro psiquiátrico por el olor a alcohol que desprende. El enfermero de urgencia Mortimer, interpretado por el actor francés Thomas Ngijol, también tiene una historia de fondo en la que se muestra cómo los profesionales poseen una mayor capacidad para resolver los problemas de los demás que los suyos propios. Pronto descubrimos que convive con su madre, quien padece alzheimer y tiene ataques violentos cuando no reconoce a su hijo que a veces dejan cicatrices en su rostro. Florence Longpré ha escrito con anterioridad series como la excelente Le temps des framboises (Trio Orange, 2022) o la miniserie ¿Me oyes? (Netflix, 2019), colaborando en todas ellas con el director Guillaume Lonergan (1972, Montreal), que consigue crear esa atmósfera de realismo matizado con elementos oníricos que le da a la serie una textura especial. Destaca el uso de una excelente selección musical, que la productora Trio Orange ha recopilado en la playlist Empathie: Bande originale, con canciones de Sia, Ingrid St-Pierre, Son Lux o Linda Roan, pero que se apoya en la parte instrumental en las creaciones electro-sinfónicas de Simon Leoza, sobre todo para la banda sonora de L'enfer d'un monde (2023, Rosemarie Records) de la compañía de danza ZemmourBallet. Mientras que el tratamiento de las patologías psiquiátricas parece profundo y documentado, con personajes con los que es fácil conectar. La serie ha publicado también un pódcast oficial en francés, Empathie: Le balado (Spotify, 2025), en el que en cada episodio se analizan las características clínicas de cada personaje, invitando a los actores que los interpretan y a profesionales de la psiquiatría. Empatía se estrenó en el Festival Séries Mania 2025, donde consiguió el Premio del Público, y posteriormente compitió en la sección Oficial Internacional de Serielizados 2025, logrando los premios a Mejor Guión y Mejor Interpretación, ambos para Florence Longpré. Además, fue el primer gran éxito de la plataforma canadiense Crave el año pasado, antes de que llegara meses después la repercusión de Más que rivales (Movistar Plus+, 2025), y su éxito internacional se ha consolidado sobre todo en Francia, donde desde el estreno de Empatía en Canal+ ha generado 11 millones de visualizaciones en su servicio de streaming, tanto que en la segunda temporada que ya se ha anunciado para rodarse en otoño, también participa como coproductor Canal+, siendo la primera vez que colaboran juntas la productora francesa y el canal canadiense.

Prometea
  ★★★★☆ 
SyFy, 12 de marzo
Francia, 2023 - 6x52'
Creada por Nicolas Jean, Claire Kanny
Dirigida por Christophe Campos 

A pesar del éxito de la primera temporada, lanzada en 2023 en Francia, poco se sabe de una posible segunda temporada de este thriller juvenil con algunas variantes de género interesantes, en medio de un silencio por parte del canal TF1 que no ha cancelado oficialmente la serie, pero tampoco ha confirmado una continuación que parece necesaria tras el final del último episodio. La actriz protagonista, Fantine Harduin, dejó caer en alguna entrevista tras la emisión de la serie, que se estaba trabajando en una secuela, pero no hay noticias oficiales al respecto. Y eso que Prometea (SyFy, 2023), que ahora se estrena en España, ha tenido también una buena recepción internacional, especialmente tras su emisión en Gran Bretaña el año pasado de la mano de la distribuidora Walter Presents, dedicada a producciones internacionales para Channel 4. Pero la razón principal por la que esta producción ha quedado en un limbo ha sido el fallecimiento el año pasado, a los 63 años, de su co-creador Nicolas Jean (1962-2025, Francia), uno de los guionistas más respetados en Francia, entre cuyas producciones más conocidas se encuentra la popular comedia policíaca ACI: Alta Capacidad Intelectual (Movistar Plus+, 2021-2025), y acaba de confirmarse la renovación de una temporada más de su remake norteamericano, High Potential (Disney+, 2024-), que de hecho le dedicó un homenaje en el episodio El que se escapó (T2E7). El comienzo de la historia podría parecerse al de cualquier thriller de suspense, cuando la profesora Caroline Lasset (Marie-Josée Croze) y su marido, el médico Charles Lasset (Thomas Jouannet) regresan a su casa en medio de una noche torrencial, y atropellan a una adolescente desnuda (Fantine Harduin) que acaba de salir corriendo del bosque. Cuando la trasladan al hospital, lo único que recuerda es su nombre, Prometea, mientras la psicoanalista Marie Clairmont (Odile Vuillemin) trata de descifrar la pérdida de memoria que sufre la joven. Con una referencia clara a la figura de Prometeo, el Dios rebelde de la mitología griega (también tiene una medusa tatuada en su brazo), pero asimismo a sus vertientes literarias, como la novela de Mary Shelley cuyo título original es Frankenstein o el moderno Prometeo (1818, Ed. Planeta), la historia revela muy pronto que se trata de un thriller que acaricia el género fantástico. Y la capacidad que tiene para desarrollarse entre un drama juvenil, una investigación de misterio y una cada vez más evidente incursión en el género de fantasía es lo que hace que Prometea sea una propuesta más interesante de lo que sugiere su convencional comienzo. A lo largo de seis episodios ofrece respuestas a las preguntas que se hace la protagonista, mientras se enfrenta a cierto grado de acoso escolar y la investigadora Elise Kirvin (Camille Lou) trata de averiguar si existe alguna relación con el asesinato de una joven ocurrido hace dos años que está en punto muerto. Los espectadores sabemos que inevitablemente debe haberla, pero mientras tanto, el matrimonio Lasset sigue manteniendo un duelo no resuelto tras el fallecimiento de su hija en un accidente de moto, y en parte descargan este sentimiento en la indiferencia con la que tratan a su otro hijo, Hugo (Aymeric Fougeron), quien solo encuentra consuelo en su novia Vanessa Kirvin (Margot Heckmann), que además es hermana de la agente de policía. Esta red de relaciones que se establecen entre un pequeño grupo de personas acabará siendo importante para una historia que rodea de misterio a la joven Prometea, quien sabe tocar el violonchelo pero no recuerda haber aprendido a hacerlo y carece de señales en el cuerpo que indiquen que acaba de sufrir un atropello. 

Se motivan tantas preguntas en los primeros episodios que las claves de la presencia de Prometea resultan cada vez más intrigantes, lo que ayuda a que la serie atrape al espectador. Y aunque hay muchos elementos que resultan familiares, no se siente en ningún momento que la historia trate de elaborar continuos giros de guión que no llevan a ninguna parte, sino que hay un camino claro hacia una explicación que surge con mayor precisión en los dos últimos episodios. Cuando ya se ha recorrido parte del desarrollo y Prometea ha sufrido varias visiones, puede ser relativamente fácil saber hacia dónde se dirige la historia, pero eso  no es un problema para la serie, que siempre tiene la capacidad de mantener la atención del espectador. Y en esa capacidad para atrapar sin trampas tiene una buena parte de responsabilidad el director Christophe Campos (1965-2025, Francia), quien también falleció el año pasado a la edad de 60 años, pocos días antes de la muerte de Nicolas Jean, una casualidad absolutamente trágica. Este realizador franco-español había dirigido engre otras, la última temporada del éxito Les bracelets rouges (TF1, 2019-2024), remake francés de la serie española Pulseras rojas (Filmin, 3011-2013) Hay una mezcla inusual de referencias que parecen provenir de la literatura clásica y de algunos personajes del universo fantástico, abrazando completamente la ciencia-ficción conforme avanza la historia, lo que convierte a Prometea en una propuesta que mantiene cierta originalidad, más por la habilidad para tomar prestados elementos ya reconocibles, que por su capacidad para inventar nada nuevo. Lo que se agradece, porque asume claramente los elementos referenciales sin evitarlos, y al mismo tiempo es un espectáculo que no necesita efectos visuales para sentirse claramente incorporada al género fantástico. También trata de ofrecer cierto trasfondo psicológico al grupo de personajes principales, lo que evita que algunos se puedan sentir peor desarrollados, incluso cuando se revela alguna información importante sobre algunos de ellos. Prometea es lo suficientemente adictivo como thriller y adecuadamente interesante como historia de género, lo que la convierte en una apuesta segura para un binge-watching satisfactorio. A pesar de que pueda ser difícil llevarse a cabo una segunda temporada que parece sugerirse al final de la primera, después de las tragedias que la han rodeado, el desenlace ofrece todas las respuestas necesarias, por lo que nunca resulta frustrante. 

Los que sobrevivieron
  ★★★★☆ 
Movistar Plus+, 17 de marzo
Francia, 2025 - 8x60'
Creada por Jean-Xavier de Lestrade, Antoine Lacomblez
Dirigida por Jean-Xavier de Lestrade

Durante la celebración del décimo aniversario de los atentados de París de 2015, la asociación Life for Paris, que durante estos años ha estado luchando por los derechos de los familiares de las víctimas y los supervivientes, comunicó su disolución en palabras de su presidente Arthur Dénouveaux: "Es hora de reintegrarnos en la sociedad". Este proceso de reincorporación a la vida diaria que experimenta un grupo de rehenes que fueron secuestrados por dos terroristas durante el asalto a la sala Bataclan, es precisamente el principal foco sobre el que se sostiene esta nueva miniserie creada por Jean-Xavier de Lestrade, que hace dos años consiguió un gran éxito con El caso del Sambre (Movistar Plus+, 2023). Desde el anuncio de su intención de desarrollar una historia sobre los atentados de París, el proyecto ha conocido algunas controversias, entre ellas la más significativa ha sido el desacuerdo de las víctimas, representadas en el propio Arthur Dénouveaux, con que las escenas que muestran el secuestro de los rehenes fueran rodadas dentro de la sala Bataclan, por el peligro de difuminar la línea que separa la ficción de la realidad. Los que sobrevivieron (Movistar Plus+, 2025) comienza justo después de los atentados, cuando la soledad rodea a cada uno de los rehenes que estuvieron secuestrados durante dos horas y media en un pasillo de la sala Bataclan, viendo escenas dantescas de muertes y sintiendo sus propias vidas acabadas, hasta que fueron liberados por la Brigada de Investigación e Intervención (BRI). Y se centra, como indican los títulos de cada episodio, en los días, las semanas y los meses posteriores, reflejando los largos procesos administrativos que deben seguir las víctimas, las terapias psicológicas y la adaptación a una nueva vida normal que nunca será la misma que tenían antes de los atentados, pero también la solidaridad entre ellos. Basada en las experiencias reales de un grupo de supervivientes de ese secuestro, algunos de los cuales acabaron manteniendo una amistad duradera, la serie también retrata la necesidad de apoyarse en unos y otros a través de los encuentros que celebran en el Bistrot du Poinçonneur, que se convierten con el paso de los meses en reuniones entre amigos que cantan canciones como "Get lucky" de Daft Punk como una forma de contrarrestar los efectos psicológicos de su experiencia. Con un reparto de grandes actores y actrices franceses, Los que sobrevivieron puede ser muy dolorosa en ocasiones pero también resulta esperanzadora sobre la capacidad del ser humano de recuperar una cierta normalidad después de vivir una experiencia traumática. La serie renuncia a los ritmos apresurados que han impuesto las plataformas para ser una historia reflexiva, apoyada en largas escenas de diálogos y manteniendo siempre un profundo respeto hacia las víctimas. En el episodio El año siguiente (T1E4), durante el homenaje que tiene lugar un año después de los atentados, se nombra a cada una de las noventa víctimas asesinadas en la sala Bataclan. 

En total fueron once secuestrados entre los que siete de ellos mantienen un contacto permanente, haciéndose llamar a sí mismos "Les potages", una contracción entre potes (amigos) y otages (rehenes), aunque en realidad no tienen demasiado en común excepto su pasión por la música y por el grupo de rock Eagles of Death Metal que estaba actuando en Bataclan cuando se produjeron los atentados. Son también diferentes las formas de enfrentarse al trauma: el joven de origen chileno David (Thomas Goldberg) se refugia en la necesidad de encontrarse con los miembros del BRI que les liberaron para agradecérselo personalmente; el matrimonio formado por Arnaud (Benjamin Lavernhe) y Marie (Alix Poisson) afronta las consecuencias psicológicas de dos maneras distintas: desde el permanente recuerdo a la intención de pasar página lo antes posible; Stéphane (Cédric Eeckhout) se obsesiona con recopilar todo tipo de información sobre los atentados y otros ataques terroristas; los hermanos Grégory (Antoine Reinartz) y Caroline (Anne Steffens) discuten habitualmente sobre cómo ocurrieron los acontecimientos, que cada uno recuerda con detalles distintos; Sébastien (Félix Moati) necesita entender por qué se produjo ese atentado. Pero entre ellos hay un sentimiento de solidaridad, una conexión por una experiencia compartida que les ha marcado para siempre y, de alguna manera, les une a través de un tipo de comprensión y consuelo que ni siquiera pueden proporcionarles sus parejas o sus familiares. Hay en la serie una mirada a las víctimas colaterales, que también sufren los efectos psicológicos: la pareja de Stéphane que no estuvo en Bataclan y debe enfrentarse a su radical cambio de personalidad; la hija pequeña a la que Arnaud transmite, aunque no quiera, la tensión de su propio trauma; incluso los psicólogos que trabajan en las terapias con las víctimas y se enfrentan a relatos escalofriantes que acaban afectándoles. Los que sobrevivieron es exhaustiva en el relato de las consecuencias del trauma, pero precisamente por eso resulta sobrecogedora, abordando temas tan diversos como necesarios. Uno de los supervivientes pierde su trabajo porque "está creando un estado de ánimo negativo en sus compañeros", otros colaboran con Life for Paris para conseguir las indemnizaciones que les corresponde como víctimas. Hay también una referencia a los estafadores que  se  hicieron pasar por víctimas para conseguir las indemnizaciones, como se mostró en la miniserie La confidente (HBO Max, 2024). 

El trauma no solo permanece porque no se olvida, sino porque continuamente es recordado: el relato regresa frente al Fondo de Garantía para acceder a las indemnizaciones, en las entrevistas de los medios de comunicación, durante los homenajes anuales o en el juicio que se celebró en 2021, cuando cientos de supervivientes contaron su experiencia, a veces con diferentes perspectivas. Cuando en Testificar (T1E8) Sébastien utiliza su intervención para hacer una declaración sobre las injerencias de países occidentales como Francia en las políticas de los países árabes, considerándolas el origen real de estos atentados, el resto del grupo no entiende que se aborden cuestiones políticas frente a unos terroristas. De alguna manera, el círculo vicioso del recuerdo constante a lo largo de los años es un obstáculo para alcanzar esa vida normal a la que aspiran los protagonistas. La serie también vuelve a la sala Bataclan en el episodio Invierno 2018 (T1E7), que ofrece una dura descripción de lo que ocurrió durante las dos horas y media que estuvieron secuestrados. Aunque ha despertado algunas críticas por mostrar de manera tan explícita la violencia, y por hacerlo en la parte final de la serie, como si quisiera mantener el suspense del espectador, de alguna manera se siente como necesaria esta aproximación a la brutalidad del terrorismo. Hay otros matices más sutiles pero igualmente sobrecogedores, como cuando Marie recupera el móvil que perdió durante el día de los atentados y descubre que uno de los terroristas lo utilizó para enviar mensajes de despedida a su madre. "La compasión se termina pronto", dice uno de los personajes, que ve cómo la sociedad francesa va normalizándose poco a poco y en cierta manera se muestra cada vez más incómoda con el recuerdo constante que representan las víctimas. Los que sobrevivieron ofrece una profunda descripción sobre cómo la supervivencia no supone solo salir con vida de un ataque terrorista, sino encontrar la suficiente fortaleza para seguir viviendo.

La mujer danesa
  ★★★ 
Filmin, 24 de marzo
Islandia, 2025 - 6x47'
Creada por Benedikt Erlingsson, Ólafur Egilsson
Dirigida por Benedikt Erlingsson
Séries Mania '25: Panorama
Serielizados Fest '25: Sección Oficial Internacional

En los últimos meses ha surgido una ola de solidaridad necesaria respecto a las amenazas de Estados Unidos de anexionarse Groenlandia de una u otra forma, lo que en cierta manera puede haber construido una narrativa algo difuminada sobre la relación de Dinamarca con sus antiguos territorios o sus actuales protectorados. La mujer danesa (Filmin, 2025) no solo es interesante por lo que cuenta, sino también por el contexto que supone introducir a una antigua miembro de los servicios de espionaje daneses en un barrio tradicional islandés. Cuando acaba de llegar a su nueva urbanización en Did she killed the cat? (T1E1), Ditte Jansen (Trine Dyrholm) se sorprende porque un grupo de niños no entienden el idioma danés y prefieren comunicarse en inglés: "¿No os enseñan danés en la escuela? Deberíais aprender danés. Porque Islandia fue danesa. Formábais parte del Reino de Dinamarca". Esta es un representación bastante irónica, desde el comienzo de la serie, de esa cierta prepotencia que suele adoptar Dinamarca respecto a sus antiguos territorios, y el punto de vista de un país que no se independizó hasta 1944 es una mirada significativa a través de esta protagonista invasora que ha elegido un apartamento en Islandia para vivir su retiro, pero que mantiene siempre una actitud de superioridad respecto a sus vecinos. Ella habla algo de islandés, pero en realidad presupone que cualquier habitante de Islandia debería conocer el idioma danés como agradecimiento por los años en que perteneció a Dinamarca. En una entrevista emitida en el canal Arte, que acaba de estrenar la serie en Francia y Alemania, el co-creador y director Benedikt Erlingsson define a este personaje como "una especie de Estado, como un Imperio, pero que resulta que vive en la puerta de al lado". Ditte Jansen es una ex-soldado de élite que más tarde trabajó en los servicios secretos daneses, y que ha decidido dedicarse a sí misma tras su jubilación voluntaria, apartada en un barrio periférico de Reykjavik pero, como buena ex-agente y como buena danesa, no puede evitar la tentación de meterse en la vida de sus vecinos y tratar de arreglarla a su manera, siempre desde esa superioridad que la caracteriza. De manera que, como si se tratara de Eliseo en El encargado (Disney+, 2022-), su relación con los habitantes del edificio se sitúa en un término medio entre la simpatía aparente y una tendencia a intrigar y utilizar métodos bastante expeditivos para conseguir sus objetivos, caiga quien caiga. Estrenada en el Festival Séries Mania del año pasado, y seleccionada en la Sección Oficial Internacional de Serielizados Fest, La mujer danesa propone una historia de humor negro personificada en una protagonista excesiva, pero en realidad plantea una reflexión muy lúcida sobre las estelas de las sociedades imperialistas, y se pregunta si es posible construir una sociedad mejor desde una perspectiva conquistadora. Ditte Jansen quiere ayudar a sus vecinos a solucionar sus vidas imperfectas, pero lo hace imponiendo su criterio personal, igual que los imperios occidentales han pretendido siempre civilizar a sus colonias. 

Entre sus nuevos vecinos se encuentra Thorir Morthens (Hilmar Guðjónsson), un adicto al que le gustan las fiestas y la música demasiado alta, que tiene relaciones tóxicas con una banda de motoristas suecos liderada por el criminal y padre de familia Ingmar Strömberg (Thorvaldur Strömberg); Gulla (Kristín Þóra Haraldsdóttir), una madre con tres hijos que está desbordada y no sabe cómo enfrentarse a la adicción a internet de su hijo adolescente o a la curiosidad permanente de su hija Marianna (Natalia Kristín Karisdóttir); Kristinn (Hjálmar Hjálmarsson), un marido controlador y su esposa Soffia (Halldóra Geirharðsdóttir), consumida por el alcoholismo como herramienta para hacer frente a su matrimonio, y Björk (Edda Gudnadóttir), la hija de ambos que acaba de descubrir el sexo con su novio secreto; y Juan Camillo (Juan Camilo Román Estrada) y su esposa Salima (Raffaella Brizuela Sigurðardóttir), un matrimonio de refugiados que esperan la aprobación de su solicitud de asilo. La ex-agente del servicio secreto Ditte tiene una solución para todos ellos, aunque no sea la más ortodoxa, mientras antiguos miembros de la seguridad danesa tratan de convencerla para reincorporarse al cuerpo en una última misión, que involucra al rey Federico X (Morten Schaffalitzky) y la reina consorte María (Cristina Chitiga). Ditte puede ser tan delicada con su huerto de zanahorias como cruel con sus enemigos, sobre todo si ponen en riesgo la tranquilidad que ella necesita, en una estupenda muestra de humor negro que resulta más divertida en los primeros episodios y se vuelve más oscura en la segunda parte de la temporada. Porque La mujer danesa también aborda el trastorno de estrés postraumático que sufre la protagonista, especialmente relacionado con una misión externa como soldado y se desenvuelve hacia terrenos más violentos en episodios como La ejecución (T1E4). Los creadores de la serie Benedikt Erlingsson (1969, Islandia) y Ólafur Egilsson (1977, Islandia) ya habían colaborado juntos en la película La mujer de la montaña (Benedikt Erlingsson, 2018), en la que una activista medioambiental se enfrentaba a una corporación multinacional también con métodos peculiares, y su habilidad está en desplegar un retrato de algunos de los desafíos de la sociedad islandesa (salud mental, alcoholismo, adicciones, inmigración) al mismo tiempo que introducen acertadamente comentarios satíricos sobre las relaciones entre los países nórdicos y el resto del mundo. Cuando en Una vida envenenada (T1E6) los solicitantes de asilo Camillo y Salima confiesan a Ditte que solo quieren los papeles como una estrategia para entrar en los Estados Unidos, ella estalla: "Sois idiotas. ¿No sabéis cómo es Norteamérica? Es un cáncer. Es la cultura del consumo que está destruyendo todo el planeta. Es violenta y ni siquiera es una democracia. Es una plutocracia donde solo manda el dinero. Un imperio diabólico como todos los imperios". Una parte fundamental en la eficacia de una serie que también tiene ese sentido del humor islandés un tanto peculiar, es la composición del personaje que hace Trine Dyrholm, la gran dama de la interpretación danesa, que acaba de ganar su doceavo Premio Robert del cine danés (ha estado nominada en 25 ocasiones) como Mejor Actriz secundaria por La chica de la aguja (Magnus von Horn, 2024). Es un trabajo sobresaliente, divertido y oscuro a veces, que desemboca en un final tan valiente y desinhibido como solo las grandes actrices son capaces de abordar. También se atreve a cantar y bailar, aunque Trine Dyrholm comenzó su carrera como cantante y compositora y ha publicado cinco discos, antes de darse a conocer como actriz en la película Celebración (Thomas Vinterberg, 1998), en unos inicios y cierres de cada episodio muy originales, pero que también subrayan la apropiación cultural, interpretando éxitos de la música islandesa como reflejo de otra forma sutil de imperialismo. 

Esto no es un misterioso asesinato
  ★★★☆☆ 
Filmin, 7 de abril
Bélgica, 2025 - 6x52'
Creada por Christophe Dirickx, Paul Baeten
Dirigida por Hans Herbots
Premios Ensor '26: Música, Diseño de vestuario, Dirección Artística

En el cuadro titulado La trahison des images (1929), el pintor René Magritte (1898-1967, Bélgica) ponía en duda la lógica del espectador al introducir una frase junto al dibujo de una pipa: "Ceci n'est pas une pipe (Esto es no es una pipa)", lo que teóricamente negaba la evidencia. En realidad, en esta obra precursora del arte conceptual lo que estaba proponiendo era su idea de que el arte es una imagen del pensamiento, porque efectivamente la imagen no es una pipa real, sino una representación de una pipa. El título del cuadro se ha utilizado como referencia para el de la serie Esto no es un misterioso asesinato (Filmin, 2025), porque niega el género en el que se incluye esta curiosa propuesta. También aporta un toque lúdico para una historia que utiliza un encuentro real entre artistas surrealistas para crear una trama de misterio al estilo de Agatha Christie, lo que al final termina funcionando particularmente bien. Como se indica en los créditos iniciales, en 1936 el aristócrata Edward James invitó a varios representantes del surrealismo a su mansión de West Dean para organizar la Exposición Internacional de Arte Surrealista de Londres. De hecho, West Dean House, que se puede visitar, es un majestuoso edificio que incluye en su interior obras conocidas del surrealismo como el sofá con la forma de los labios de Mae West o el teléfono con forma de langosta, ambos de Salvador Dalí, quien describió al mecenas Edward James como "el más loco de todos los surrealistas juntos". Aprovechando este concepto de establecer un cuestionamiento, la serie juega con habilidad entre la ficción y la realidad para construir un whodunit en el que un asesino utiliza la representación de obras surrealistas para componer el escenario del crimen: "En el surrealismo siempre se establece una pregunta: ¿Es esto un sueño o una realidad? ¿Es una broma o una tragedia?", dice el mayordomo Archibald Jukes (Jonathan Delaney Tynan) a sus subordinados, que no entienden el significado de las obras expuestas, en el episodio El teléfono langosta (T1E3). La historia toma elementos de la realidad para configurar la ficción, de manera que reinventa a los personajes: la primera víctima del asesino es la artista surrealista Sheila Legge (Lauren Versnick), quien en la vida real vivió más allá de 1936, falleciendo en Francia por una neumonía en 1949. Este primer crimen reproduce el conocido cuadro de René Magritte Los amantes (1928), que representa dos rostros de perfil besándose con las caras tapadas por un velo, y los sucesivos crímenes también hacen referencia a obras artísticas de los invitados al encuentro. A la manera de Y no quedó ninguno (1939, Ed. Booket), título original restituido de la novela de Agatha Christie conocida hasta hace poco como Diez negritos, los asesinatos se suceden en una mansión que acoge esta reunión de artistas que tiene como anfitriona a Lord James (Aoibhinn McGinnity), otro juego de cambio de géneros. La llegada de dos inspectores de Scotland Yard, el veterano John Thistlethwaite (Stephen Tompkinson), vestido con bombín como los cuadros de René Magritte, y su ayudante Mary Quant (Donna Banya), deciden aislar la mansión para descubrir al asesino. René Magritte (Pierre Gervais), Man Ray (Frank Bourke) o Salvador Dalí (Iñaki Mur) y su compañera Gala (Regina Bikkinina) forman parte de este grupo de posibles víctimas, que al mismo tiempo también son posibles sospechosos. El único artista ficticio en el reparto es Nash Lesley (Oscar Louis Högström), creado a partir de características de la artista de performance francesa Nusch Éluard que había posado para Picasso, y la modelo guadalupeña Adrienne Fidelin, que fue pareja de Man Ray.

La serie surgió en 2018 como una idea de Christophe Dirickx y Matthias Lebeer, quienes imaginaron una historia de misterio en la que René Magritte sería el investigador principal, pero después apareció la decisión de situarla dentro de esta reunión de 1936. Aunque en la serie la exposición de obras surrealistas se desarrolla también en la mansión, por cuestiones narrativas, en la realidad se exhibieron en el centro de Londres. Hans Herbots (1970, Bélgica), que ha dirigido series como La serpiente (Netflix, 2021) y Objetivo: París (Movistar Plus+, 2024), es el director principal, aunque Matthias Lebeer ejerce como co-director en los episodios centrales. Y utiliza visualmente algunos conceptos instaurados por la obra de René Magritte, como el llamado repoussoir, una técnica que consiste en situar a los personajes en primer plano a un lado para que la vista del espectador se dirija hacia los elementos del fondo. Hay continuos y divertidos guiños a las obras surrealistas, en la composición de las imágenes o en el diseño escénico, de manera que refuerza ese sentido lúdico. Pero también es cierto que da la impresión de que no termina de aprovechar del todo las posibilidades que le ofrecen los conceptos y las ideas del cuestionamiento de la realidad y la exploración del subconsciente que plantea el surrealismo, y la decisión de evitar secuencias oníricas o imágenes de fantasía, acaba siendo sustituida por el recurso fácil del psicoanálisis, con la aparición de Sigmund Freud (Stefan Sattler), para explicar a los personajes desde las consecuencias del trauma. Lo que parece algo decepcionante en una serie que pretende explorar precisamente un estilo artístico que se hace preguntas sobre la propia realidad. Los guionistas Christophe Dirickx y Paul Baeten parecen más interesados en el juego del misterio, pero eso también provoca que Esto no es un misterioso asesinato se quede en una propuesta sustancialmente artificial. Entre los invitados también se encuentran Lee Miller (Florence Hall) y Max Ernst (Mike Hoffmann), pero las ideas visuales se limitan a los bombines y las nubes de René Magritte, que está interpretado con cierta melancolía por el actor belga Pierre Gervais. Por su parte, el español Iñaki Mur (1993, Barcelona), al que hemos visto en series como Citas Barcelona (Prime, 2015-2024) y La agencia (Telecinco, 2025), incorpora a un Salvador Dalí egocéntrico, que a veces aporta un toque humorístico por sus extravagancias, aunque fuerza tanto el acento que en la versión original resulta difícil entenderle. Esto no es un misterioso asesinato es una producción belga, afianzada por la alianza New8, que asegura la emisión en ocho televisiones públicas europeas, y de hecho está hablada en inglés principalmente. Aunque está ambientada en West Dean, se rodó en la isla irlandesa de Curraghmore, donde solo se había rodado anteriormente Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975), pero ese paisaje neblinoso aporta una cualidad visual aún más intrigante. El desenlace es adecuado y se divierte jugando con los tópicos de este tipo de misterios, e incluso da pie a una posible continuación. Teniendo en cuenta que el grupo de surrealistas que se reunió en Inglaterra volvió a congregarse y a exponer en ciudades como Nueva York, París y Tokio, hasta que se disolvió en 1946, hay posibilidades de regresar con otros misterios en otros escenarios. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

TrainspottingCuidado con los niños , Alguien voló sobre el nido del cucoLa mujer de la montaña, La chica de la aguja y Celebración se pueden ver en Filmin.
La naranja mecánica se puede ver en Filmin, HBO Max y Movistar Plus+.
Barry Lyndon, Eyes wide shut y Cantando bajo la lluvia se pueden ver en Filmin y Movistar Plus+.
Network, un mundo implacable se puede ver en Filmin y Prime Video. 

05 marzo, 2026

Las series internacionales destacadas de 2026: Parte 3 (Inglaterra/Irlanda)

En nuestras crónicas de adelanto de la programación de Séries Mania 2026, nos enfocamos en la sección de Formatos Cortos, entre las que compite la producción española Sense filTRES (3Cat, 2025), premiada por su Guión en el South International Series Festival y clausura de Serielizados 2025. Entre las otras series que participan en esta sección se encuentran dos producciones francesas del canal Arte, habitual en esta categoría: la segunda temporada de Happiness (Arte, 2019-), una comedia sobre dos chicas adolescentes iraníes que acaban de llegar a Francia desde Teherán. La primera temporada está disponible en Arte España; La dernière heure (Arte, 2026), que cuenta la historia de una joven que también emigra a Francia para cuidar a su madre, quien padece alzheimer. Canadá también presenta dos series: Ayer's cliff (ICI Tou.tv, 2026), una comedia familiar, y la distopía Les saturnides (TV5, 2026), que se desarrolla en Montreal, donde la aparición de una aurora boreal sume a la población en una especie de insomnio. Finlandia presenta la comedia juvenil Atlantida Pasila (Yle, 2026), que se desarrolla en un bar oculto de Helsinki; desde Japón se estrena Hirayasumi (NHK, 2026), basada en una novela gráfica de Keigo Shinzo, sobre un joven solitario que hereda una extraña planta; y Australia presenta Homebodies (SBS, 2026), que plantea una situación peculiar cuando Darcy regresa a casa para cuidar a su madre y descubre que ella convive con el fantasma de Darcy adolescente, antes de someterse a la transición de género. Un total de ocho series que compiten por el premio que concede un jurado juvenil. Asimismo, Séries Mania ofrecerá varias Clases Magistrales a cargo de algunos destacados profesionales del audiovisual, entre los que se encuentran los reconocidos Russel T. Davies (1963, Gales), responsable de las últimas temporadas de Doctor Who (Disney+, 2005-) y creador de miniseries como Queer as folk (Channel 4, 2000-2005), It's a sin (Channel 4, 2021) y Nolly (ITV, 2023), y Steven Moffat (1961, Reino Unido), también guionista de Doctor Who y creador de series como Sherlock (Prime, 2010-2017). Entre los últimos invitados confirmados se encuentra el compositor Cristóbal Tapia de Veer (1973, Chile), que fue músico de la serie The white lotus (HBO Max, 2021-) hasta que tuvo el enfrentamiento público con su creador Mike White, y de la banda sonora de Lord of the flies (BBC, 2026). Precisamente la incluimos en nuestra segunda entrega de la semana dedicada a series internacionales se centra en algunos de los estrenos recientes que se han producido en Gran Bretaña e Irlanda. 

Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.

Small prophets

Temporada 1 | BBC Two | Reino Unido 2026 | 6x30' ★ 

Creada por Mackenzie Crook

Dirigida por Mackenzie Crook

Séries Mania '26: Panorama Internacional


A Mackenzie Crook (1971, Inglaterra) se le conoce más en España como Gareth en la serie The office (Prime Video, 2001-2003) y por la saga de películas que comenzó con Piratas del Caribe: La maldición de la perla negra (Gore Verbinski, 2003), pero desde entonces no solo ha consolidado su carrera como actor, sino que como guionista ha creado series encantadoras como Detectorists (BBC, 2014-2022), en la que él mismo interpretaba junto a Toby Jones a dos aficionados a detectar metales que pasan sus días recorriendo los campos abiertos y caminos de Danebury, una ciudad ficticia del Norte de Essex, cruzándose con personajes excéntricos. Ya en aquella serie demostraba su capacidad para escribir diálogos cargados de un sentido del humor absurdo, envueltos en situaciones peculiares, pero podríamos decir que en su última propuesta ha perfeccionado esa capacidad para colocar a sus personajes en situaciones ridículas sin que pretenda ser una parodia, y al mismo tiempo ha introducido un elemento de realismo mágico que conecta con las tradiciones orales de Inglaterra, lo que aporta un tono especialmente atractivo a esta historia sobre la pérdida y la esperanza. Small prophets (BBC Two, 2026), 
seleccionada para la próxima edición de Séries Mania, es una de las series más cautivadoras que podremos ver este año, una comedia melancólica que consigue momentos absolutamente conmovedores. La historia está protagonizada por Michael Sleep (Pearce Quigley), un hombre de mediana edad cuya vida se ha estancado después de que su pareja Clea desapareciera sin dejar rastro siete años atrás, dejándole en una casa de su propiedad en la que Michael atesora cajas sin abrir repletas de libros que habían sido enviadas a Clea, con una ligera esperanza de que algún día regrese, y reproduciendo en una pequeño salón la imagen exacta de una fotografía familiar de ella tomada el día de Navidad, como una especie de permanencia de la memoria que le conecte directamente con Clea a pesar de su ausencia. Su vecino Clive (Jon Pointing) es un entrometido que siempre trata de inmiscuirse en la vida de Michael para descubrir el misterio que parece rodearle, mientras que el hermano de Clea, Roy (Paul Kaye), le presiona para que desaloje la casa para poder venderla y resolver sus problemas económicos. El protagonista trabaja en una gran tienda de bricolaje en la que el encargado Gordon (Mackenzie Crook) no consigue ganarse el respeto de sus trabajadores (se pueden ver algunas características del personaje de David Brent (Ricky Gervais) en The office), entre los que se encuentra Kacey (Lauren Patel), que se convertirá en una colaboradora de Michael cuando lleva a cabo un proyecto especial. A éste le gusta dejar a Gordon con la palabra en la boca cuando recibe las frecuentes llamadas de la residencia en la que se encuentra su padre Brian (Michael Palin), que siempre tiene alguna excentricidad que molesta a los residentes. Este entorno familiar se construye con un talento especial para construir personajes complejos que al mismo tiempo tienen motivaciones claras. Los profetas a los que hace referencia el título son un descubrimiento que es mejor no desvelar, pero que tiene relación con la tradición de duendes y hadas que envuelve a las historias fantásticas europeas. Cuando su padre Brian le habla sobre los homúnculos, figuras relacionadas con la tradición europea de la alquimia, Michael se embarca en una tarea complicada pero que si da resultado puede ofrecerle las respuestas a sus principales preguntas, especialmente las que están relacionadas con la desaparición de Clea.

Pero Small prophets habla en realidad de un tema tan común como la crisis de mediana edad, a través de un personaje que parece tan desenfadado y despreocupado que ni siquiera le importa que su jefe Gordon le sugiera que podría despedirle, o que se note demasiado que su vida se ha quedado en un punto muerto durante siete años. De hecho, la envidia de su vecino Clive, un personaje completamente diferente del que Jon Pointing interpretó en Big boys (Filmin, 2022-2025), pero al que también aporta cierto encanto a pesar de ser una especie de villano, proviene de la sensación de que el barbudo Michael parece más feliz que él mismo, a pesar de que teóricamente su vida familiar y profesional es más estable. En la introducción de un cierto realismo mágico, la serie revela algunas de sus principales influencias, y se pueden detectar matices de creadores como Michel Gondry o Charlie Kaufman, un tipo de escritores que parecen tener poca cabida en el entorno audiovisual actual. Incluso los efectos visuales de la serie están realizados con la técnica de stop-motion que le aporta un cierto carácter artesanal y anacrónico, pero que encaja adecuadamente con su tono nostálgico. De hecho, Mackenzie Crook siempre ha mencionado que después de trabajar como actor en The office y sufrir cierto encasillamiento como tipo raro, se sentía más cómodo escribiendo comedias suaves que no tuvieran ese tipo de situaciones incómodas o de vergüenza ajena, sino que estuvieran pobladas por personajes más encantadores. Y Small prophets lo consigue en todos sus términos, con un sentido del humor muy peculiar que surge de situaciones extravagantes, como cuando en el Episodio 2 (T1E2) un cliente le pregunta a Michael: "Disculpe, ¿venden cubos?" en un pasillo que está repleto de estanterías con cubos azules y éste le responde: "No, no vendemos. Nadie los pide, son demasiado anticuados". La historia también está marcada por planteamientos que quedan sin resolver, y que no sabemos si se resolverán en algún momento, como la razón de la desaparición de Clea, el trasfondo de un adolescente vecino del barrio en el que vive Michael, que siempre está en bicicleta observando pero sin decir nada, o por qué una mancha de aceite tiene la forma de un conejo. Pero son precisamente estos elementos quizás mágicos, quizás simplemente cotidianos, los que enmarcan Small prophets en un tipo de historias que reivindican sentirnos maravillados por los pequeños detalles, incluso aunque éstos surjan de la propia imaginación. Los momentos en los que Kacey y Michael están juntos a partir del tercer episodio son absolutamente cautivadores en la forma en que conectan sus historias y sus aspiraciones. Ella sueña con trabajar algún día en la clásica telenovela australiana Vecinos (Eleven Network, 1985-2025), a pesar de que ya ha sido cancelada pero, ¿por qué no soñar también con cosas imposibles?

Lord of the flies

Miniserie | BBC/Stan | Reino Unido-Australia 2025 | 4x60' ★ 

Adaptada por Jack Thorne sobre la novela de William Golding

Dirigida por Marc Munden


Posiblemente adaptar la obra más conocida del escritor William Golding (1911-1993, Reino Unido), que ha tenido adaptaciones notables como El señor de las moscas (Peter Brook, 1963) y otras menos logradas como El señor de la moscas (Harry Hook, 1990), aunque es la primera vez que sus herederos dan permiso para llevarla al formato de miniserie, no se puede considerar una apuesta excesivamente arriesgada por parte de la televisión pública BBC. Pero esta coproducción británico-australiana que se ha estrenado simultáneamente en Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda antes de tener su estreno internacional en la sección Berlinale Special del Festival de Berlín, tiene unas características que la pueden hacer poco apropiada para la franja habitual de los domingos por la noche en la que BBC emite sus series más ambiciosas. La propuesta pesadillesca y compleja del director Marc Munden, que está muy en línea con la puesta en escena de aquel experimento televisivo que fue El tercer día (BBC, 2020), es tan poco apropiada para esta franja horaria que ha recibido críticas muy negativas por parte de los espectadores que suelen consumir a esa hora thrillers más convencionales como la segunda temporada de El infiltrado (Prime, 2016-). La obra original de William Golding, veterano de la 2ª Guerra Mundial, surgió precisamente como una respuesta a la visión más optimista sobre el naufragio de tres adolescentes que había descrito Robert Michael Ballantyne (1825, Escocia-1894, Italia) en su novela La isla de coral (1857, Ed. Zenda), publicada recientemente en España con prólogo de Arturo Pérez-Reverte. Se cuenta que William Golding quiso ofrecer su visión de escepticismo hobbesiano, muy alejada de la leyenda del buen salvaje, para reflejar a través de un grupo de niños supervivientes de un accidente de avión en medio de una aparente guerra mundial de la que no se dan muchos detalles en el libro, que el ser humano está destinado a ser cruel y salvaje en el peor sentido de la palabra, incluso cuando la supervivencia depende de la colaboración mutua. Hay muchas interpretaciones alegóricas sobre lo que representa el enfrentamiento entre Ralph y Jack, tomando al primero como una metáfora de la democracia frente al totalitarismo que representa el segundo, lo que para un escritor que conoció dos guerras mundiales puede tener sentido. Y al mismo tiempo puede ser una manera de entender esta adaptación reflejada en el auge de las ideologías extremistas en la actualidad. Pero la adaptación de Jack Thorne (1978, Reino Unido), el dramaturgo mejor considerado en Gran Bretaña después del éxito de Adolescencia (Netflix, 2025) no se centra en este tipo de metáforas de índole político, sino que se enfoca en la naturaleza humana y coloca en primer plano la bondad y rectitud de un personaje como Piggy (David McKenna), quien no por casualidad protagoniza el primer episodio. Aunque Lord of the flies (BBC/Stan, 2026) pueda parecer una consecuencia de la aproximación a la complejidad psicológica de un adolescente que describió Jack Thorne en Adolescencia, lo cierto es que son dos series producidas en paralelo que se rodaron simultáneamente, por lo que no hay influencia de una sobre la otra. Dividiendo la estructura narrativa en cuatro partes, como ha hecho en otras miniseries como Ciudad tóxica (Netflix, 2025) y National Treasure (AMC+, 2016), que también fue dirigida por Marc Munden, la historia centra cada episodio en un personaje diferente, empezando por Piggy (T1E1), para desarrollar la complejidad psicológica a través de cuatros puntos de vista, haciendo avanzar la acción al mismo tiempo. Pero el guionista está más interesado en ofrecer una perspectiva optimista, sin descartar algunas de las consecuencias violentas de la convivencia entre los jóvenes. 

La serie mantiene la época en la que está ambientada la novela El señor de las moscas (1954, Ed. Alianza Editorial), al mismo tiempo que el misterio sobre el origen del accidente aéreo y el entorno en el que han vivido los supervivientes, pero introduce algunos antecedentes que tratan de explicarles psicológicamente, lo que a veces puede resultar innecesario. El comportamiento de Simon (Ike Talbut ) en el episodio dedicado a él, Simon (T1E3), cuando comienza a ser consciente de que Jack (Lox Pratt), que había sido su amigo, está adoptando un viraje hacia el totalitarismo, se apoya en la infancia marcada por un padre abusivo que maltrataba a su madre: "Mi padre me llevó a su estudio un día. Me dijo que eligiera a quién de los dos prefería: a él o a ella. Le contesté que no podía preferir a ninguno de los dos. Pero no era verdad, yo quería a mi madre y odiaba a mi padre. Fui un cobarde", le cuenta a Ralph (Winston Sawyers). Lord of the flies se apoya en Piggy y Ralph como los centros morales de la historia, mientras desarrolla una progresión cada vez más extrema respecto a la forma de supervivencia, basada en el conflicto entre el sentimiento de comunidad, ayudando y protegiendo a los más jóvenes, o en la ley del más fuerte que propugna Jack, quien se autoproclama como el "líder de los cazadores" después de una brutal y violenta cacería de un jabalí en el episodio Jack (T1E2), adoptando una arrogancia con la que el director homenajea a Malcom McDowell en la película If... (Lindsay Anderson, 1968). Pero aunque pueda estar reflejado como el antagonista de la historia, el guión trata de introducir algunos elementos de vulnerabilidad en este personaje, el que representa la confrontación entre el orden artificial y el orden natural, propugnando la violencia como una forma de supervivencia. Jack Thorne afirmaba en alguna entrevista que el libro se ha malinterpretado como una historia sobre blanco contra negro, pero que en realidad él quería encontrar los matices grises en los personajes. Y en esta composición de tonalidades morales tiene una importancia destacada la puesta en escena creada por el director Marc Munden, cargada de primeros planos con objetivo gran angular, colores saturados que ofrecen una imagen colorista de la isla durante el día pero rojiza y amenazadora cuando llega la noche, y de reflejos de la fauna y la flora de la isla malasia en la que se rodó toda la serie, que grabó aprovechando que las jornadas de rodaje del reparto de 30 niños debían ser más cortas. Esto proporciona a la serie una textura de cine de terror de los años setenta, más experimental en su reflejo de la masculinidad, subrayada por un inquietante tema principal de Hans Zimmer y Kara Talve que introduce distorsiones de sintonización de una emisora de radio, pero sobre todo con la arriesgada música original del compositor de origen chileno Cristóbal Tapia de Veer, que se apoya en voces infantiles como referencia al coro eclesiástico del que formaban parte muchos de los protagonistas. 

Se crea una atmósfera de extrañeza que conecta con composiciones previas de obras de clásicos del siglo XX como el himno "Antífona" de Cinco canciones místicas (1906-1911) de Ralph Vaughan Williams (1872-1958, Reino Unido), el Cuarteto para el fin de mundo (1941), que Olivier Messiaen (1908-1992, Francia) compuso durante la Segunda Guerra Mundial, o la gran obra coral "Funeral Canticle" (1996) que el compositor John Tavener (1944-2013, Reino Unido) compuso para el funeral de su padre. La historia habla sobre el desmantelamiento de una sociedad que al principio se basa en la democracia y en la participación de todos para ir derivando hacia la confrontación por el poder y la fuerza totalitaria como soporte del control. En un contexto como el final de una guerra mundial fue un mensaje poderoso que todos podían entender, pero en el contexto actual también se revela como un reflejo de esas sociedades que se apoyan en la falta de memoria para ir construyendo perfiles cercanos al fascismo. Los actores debutantes consiguen crear personajes complejos y creíbles, en un equilibrio sobresaliente en el que destacan los cuatro protagonistas, especialmente David McKenna (Piggy) y Lox Pratt (Jack), que también ha sido elegido como uno de los intérpretes principales de la serie Harry Potter (HBO Max, 2027). La nueva adaptación de El señor de las moscas es una adaptación particularmente inteligente que se mantiene fiel a la novela pero resulta tan inquietante como sugestiva, en la que el episodio final dedicado a Ralph (T1E4) propone un enfrentamiento abierto a través del cual los niños han perdido toda la inocencia, ocultando bajo máscaras y pinturas faciales el poco rastro de humanidad que queda en ellos. Es el único episodio con flashbacks más tradicionales que desembocan en una deriva totalitaria en la que la guerra y la violencia se han apoderado de la isla.

Dirty business

Miniserie | Channel 4 | Reino Unido 2026 | 3x50' ★ 

Creada por Joseph Bullman

Dirigida por Joseph Bullman


El nivel de indignación que puede provocar una serie dramática basada en hechos reales es directamente proporcional al nivel de deshumanización que pueden transmitir las decisiones tomadas por los responsables de que determinadas situaciones no se produzcan. En el caso de Dirty business (Channel 4, 2026), se alinea con ese tipo de denuncias que en clave de ficción son capaces de concienciar más allá de su repercusión mediática, como Mr. Bates contra Correos (Movistar Plus+, 2023) y en menor medida Ciudad tóxica (Netflix, 2025), que provienen esencialmente de ese cine sobre los oprimidos que han desarrollado durante décadas directores como Ken Loach o Mike Leigh. La denuncia en este caso tiene relación con la progresiva contaminación de los ríos de Inglaterra y Gales debido a las aguas residuales y la falta de control sobre los vertidos de las industrias. Y, como ocurre en numerosas ocasiones en la historia reciente de Gran Bretaña, el origen está en las políticas privatizadoras de Margaret Thatcher, como apunta el comienzo del primer episodio, The accidental detectives (T1E1), cuando la Primera Ministra que construyó las bases de la desestabilización de la sociedad británica, anunciaba con orgullo en 1989 que la privatización de la gestión del agua iba a ser beneficiosa para todos. De aquellos barros vienen estos lodos, nunca mejor dicho, y como ya demostró la excelente miniserie documental Shifty (BBC, 2025), las políticas económicas de la década de los ochenta fueron el desastre de la convulsión social que ha sufrido Gran Bretaña hasta nuestros días. Pero a pesar de este comienzo, Dirty business no se centra tanto en las repercusiones políticas sino en la realidad social de sus protagonistas. La historia se desarrolla principalmente a partir de 2016, cuando dos vecinos retirados, Ashley Smith (David Thewlis), un policía que investigaba a compañeros corruptos, y Peter Hammond (Jason Watkins), un profesor de matemáticas en Oxford, comienzan a preocuparse por la neblina marrón que desde hace años viene cubriendo el antes transparente río Windrush. Las habilidades investigadoras de Ashley y los algoritmos creados por Peter forman parte de una investigación que desembocará en una lista de vertidos residuales incontrolados que se han ido produciendo en las últimas décadas, debido a la cada vez menor inversión por parte de la empresa de gestión de aguas South West Water, lo que contrasta con los millonarios beneficios que tiene la compañía. Minutos antes, otra trama paralela nos ha situado en un alegre día de playa de 1999, cuando el matrimonio formado por Mark Preen (Tom McKay) y Julie Preen (Posy Sterling) está de vacaciones con sus hijas en Dawlish, una playa con bandera azul. Pero una de ellas, Heather (Madison Waterworth), de tan solo ocho años, sufre un malestar que la lleva al hospital, donde muere dos días después por una intoxicación de E.coli 0157. A lo largo de los dos primeros episodios, asistimos a la lucha en los tribunales del matrimonio Preen por demostrar que la contaminación de la playa fue la causante de la muerte de su hija. Esta historia profundamente dramática contrasta con cierto sentido del humor que se desprende de la investigación que llevan a cabo Ashley y Peter varios años después, en un tono más desenfadado a pesar de la gravedad de los hechos que describe, que se refleja incluso en la propia imagen promocional de la serie, que parece más cercana a un crimen acogedor que a una historia de denuncia medioambiental. 

Dirty business apuesta por un formato casi documental, en el que los actores hablan a la cámara cuando reproducen los emails que envían a la empresa de gestión de aguas, y las contestaciones vagas y los aplazamientos de los responsables de la compañía. Y la serie de Joseph Bullman, un director especializado en documentales, quiere ser tan precisa en los datos que suministra que a veces puede resultar algo confusa para los espectadores no ingleses, con sobreimpresiones que subrayan datos que contradicen a los diálogos, o referencias a documentación externa, casi como notas a pie de página, que se superponen a las imágenes. Esto también provoca que los personajes, especialmente los dos protagonistas, estén vagamente desarrollados, sin que apenas nada de su entorno personal tenga relevancia más allá de su propia investigación. Llegados al episodio The Whistleblower (T1E3), Peter muestra signos de cansancio ("Es agotador. No puedo más"), en el largo proceso de denuncias no escuchadas y alargamientos artificiales de las respuestas que reciben, como una continua sensación de fracaso que nunca derivará en responsabilidades reales: "Ningún directivo de las empresas ha sido acusado formalmente", se queja Ashley. Este episodio presenta a la confidente Hanna Swift (Channel Cresswell), que está inspirada en el confidente real Robert Forrester, que durante años proporcionó información sobre las prácticas irregulares de la Agencia de Medio Ambiente encargada de controlar los vertidos de las industrias. Una de las denuncias más graves de la serie es precisamente la falta de control del organismo público que tiene como principal función evitar que se produzcan vertidos contaminantes a los ríos. Pero las puertas giratorias, la corrupción o la ineficacia de las multas a empresas que tienen beneficios millonarios son el reflejo de un sistema roto, que elude la gestión pública pero también el control necesario sobre la gestión privada. Sir James Bevan (Alex Jennings) surge como la figura del funcionario con claros conflictos de intereses entre la dirección de la Agencia de Medio Ambiente y sus participaciones en empresas privadas como South West Water o Thames Water. Pero como resultado de un sistema que lo permite: en 2010, el gobierno conservador de David Cameron estableció lo que se denominó el "autocontrol operativo" para recortar gastos, lo que la funcionaria Sophie Harrison (Charlotte Ritchie) defiende en la serie. En vez de efectuar inspecciones, se permitió a las empresas de gestión de aguas que fueran ellas mismas las que comunicaran a la Agencia de Medio Ambiente si se había producido algún vertido de aguas residuales. Según se indica al final de la serie, desde que se privatizó esta gestión se han vertido cada vez mayores productos contaminantes, y en 2024 se calcula que se produjeron más de un millón de vertidos de aguas residuales en los ríos ingleses. Dirty business quizás no funciona de una manera tan emocional como otras series parecidas, pero su minuciosa descripción de los hechos y su claridad expositiva provocan la indignación necesaria en el espectador. Como afirma Ashley dirigiéndose al espectador: "Estamos tratando de acabar con el mayor sindicato del crimen organizado de Inglaterra. El dinero que han acumulado estas empresas desde la privatización de las aguas, 145 mil millones de libras, lo han conseguido porque han convertido la ilegalidad en su modelo de negocio". 

These sacred vows

Miniserie | RTÉ | Irlanda 2026 | 6x52' ★ 

Creada por John Butler

Dirigida por John Butler

Séries Mania '26: Panorama Internacional


Santa Cruz de Tenerife es el lugar de veraneo habitual para una parte de la clase media irlandesa, por lo que situar la boda de una pareja procedente de Irlanda en esta localidad española parece lo más lógico, aunque el creador John Butler (1972, Irlanda), que ha trabajado en comedias como The outlaws (HBO Max, 2021-2024) también apunta la ventaja de los incentivos fiscales. En todo caso, These sacred vows (RTÉ, 2026), la última producción del canal público irlandés, utiliza los soleados paisajes de localidades tinerfeñas como San Miguel de Abona, Adeje, Granadilla de Abona, Guía de Isora, Santiago del Teide y Arico para enmarcar esta comedia sutil que ofrece diferentes perspectivas de una misma historia. La serie se está emitiendo en la actualidad y se presentará en el mercado internacional dentro de la sección Panorama del festival Séries Mania. A primera vista, la historia podría parecer una versión low cost de The white lotus (HBO Max, 2021-), proponiendo un gancho de misterio que implica una muerte, para desarrollar posteriormente una trama que se interesa más por el retrato de personajes que por la resolución del enigma. En realidad los primeros minutos remiten más al comienzo de El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950), con la voz en off de un cadáver que flota en una piscina: "Soy el muerto. Y estas historias siempre comienzan con uno. Hay cierta comodidad en la repetición. Un poco parecido al ritual de una misa". Porque, efectivamente, el cadáver pertenece al cura Vincent (Tom Vaughan-Lawlor), el protagonista del primer episodio, un antiguo amigo de los padres de la novia, que no entiende porqué le han invitado para que oficie su boda cuando hace años que no mantiene contacto con ellos. Abordando la hipocresía de las bodas católicas cuando en realidad ni los invitados ni los novios son realmente católicos, la historia aprovecha esta tendencia laica desde el punto de vista del sacerdote: "A nadie le interesa un cura estos días, vivo o muerto", dice Vincent, que se encuentra como pez fuera del agua en la villa en la que se hospeda durante varios días junto a un grupo de invitados. A lo largo de una semana, todos vivirán experiencias reveladoras mientras a la pareja no la vemos en ningún momento. El interés no está en los novios, sino en los invitados, y cada uno de ellos será protagonista de su propio relato, conectado con los otros, a lo largo de cinco episodios (el último ofrece una perspectiva colectiva). El segundo episodio, Cormac (T1E2), está protagonizado por un joven maestro de escuela que se está recuperando del trauma de una agresión homófoba. Cormac (Adam John Richardson) está comenzando a sentirse más seguro en sus relaciones con otros chicos, y entabla una relación secreta con un hombre maduro, Jerry Byrne (Jason O'Mara), sin saber que se trata del padre de la novia. Su esposa Sandra (T1E3) es la protagonista del tercer episodio, una artista que dejó su profesión para ser madre, enfrentándose ahora a una crisis de identidad, mientras que los dos restantes están protagonizados por Ava (India Mullen), la mejor amiga de Cormac que descubre su relación con Jerry, mientras le oculta a su novio inglés Felix (Tom Hanson) que tiene herpes genital, y por Elodie (Jade Auguste), una estudiante de intercambio francesa que se encuentra viviendo con los Byrne y su impetuosa hija adolescente Karen (Isolt McCaffrey). En el episodio suena varias veces la voz de Caetano Veloso cantando su versión de "Cucurrucucú Paloma" (1954), que nos recuerda a aquella escena de la película Hable con ella (Pedro Almodóvar, 2002) y la frase de Darío Grandinetti: "Este Caetano me ha puesto los vellos de punta". 

Aunque no desean una boda formal para su hija en una iglesia, Jerry y Sandra quieren asegurarse de que sus nietos puedan acceder a una escuela católica, y esa es la principal razón por la que han llamado a Vincent. Pero el ambiente de diversión, alcohol y alguna que otra droga de una convivencia con invitados a un casamiento no parece el más adecuado para un sacerdote que desde hace años es abstemio, tratando de evitar la tentación que le condujo al alcoholismo en el pasado, y que le llevará de nuevo en medio del sol abrasador de un verano en Tenerife. Los relatos son irregulares, entre los que tienen cierto atractivo, como el de Cormac y su aventura con el maduro infiel, y los que no tienen demasiado interés como el de la crisis de identidad de Sandra o el de Elodie persiguiendo constantemente a su amiga incontrolable Karen, y sufriendo las miradas lascivas de los maduros compañeros de golf del padre de ésta: "¿Quieres una lección de golf? Es fácil una vez que lo dominas". Los relatos se conectan a través de algunos giros más o menos efectivos, pero el conjunto en These sacred vows nunca llega a ser demasiado refrescante, menos cómico de lo que puede parecer al principio y con más tendencia al retrato estereotipado. Si el creador John Butler afirma que generalmente los novios son los menos interesantes en las bodas a las que ha asistido, su recorrido por los traumas y conflictos internos de los invitados que presenta en su serie tampoco terminan de ser especialmente apasionantes. También está el cura del pueblo, el padre Sandoval (Gustavo Salmerón), que pide una alta compensación económica para que su iglesia sea utilizada como escenario de una boda por una familia que nunca asiste a sus misas. Pero ni siquiera algunos personajes algo más extravagantes consiguen elevar la serie un poco más allá de una comedia demasiado sutil como para resultar divertida y demasiado plana para ser intrigante. Con un espíritu de entramado narrativo que el propio creador admite que tiene influencias de películas como Vidas cruzadas (Robert Altman, 1993), al menos hay algunas referencias seriéfilas que acaban siendo entretenidas, como cuando el padre Vincent le propone a Karen que lea un pasaje de la biblia en la boda, y ella le contesta: "Prefiero escribir algo o leer un diálogo de Normal people (RTVE Play, 2020)"; cuando precisamente India Mullen, una de las protagonistas de esta serie, interpretó a uno de los personajes principales de aquella. 

Under salt marsh

Miniserie | Sky | Reino Unido 2026 | 6x45' ★ 

Creada por Claire Oakley

Dirigida por Claire Oakley, Mary Nighy


Cuando la prensa recibe únicamente los visionados previos de los primeros episodios de una serie en vez de la temporada completa puede significar que la plataforma se está asegurando de que no se desvelen spoilers importantes, o que la historia es tan buena que merece la pena mantener la intriga. Pero a veces también es una estrategia para mejorar el nivel de las críticas sabiendo que el desarrollo de la historia se desequilibra progresivamente. Con solo dos episodios disponibles para la crítica cuando se estrenó Under salt marsh (Sky, 2026) hace más de un mes, el resultado es que la diferencia de valoración entre la prensa (visionado parcial) y los espectadores (visionado completo) es significativamente dispar. Este thriller atmosférico encabezado por dos nombres atractivos, Kelly Reilly de Yellowstone (SkyShowtime, 2018-2024) y Rafe Spall de Ciclos (Apple tv, 2020-) metidos en personajes muy diferentes de los que les conocemos, despierta altas expectativas en un inicio absorbente, que sin embargo se va deshaciendo conforme deriva hacia los caminos trillados de los falsos culpables y las conexiones del pasado con el presente, con una resolución decepcionante. Ambientada en la ficticia localidad galesa de Morfa Halen, donde al parecer no vive ningún galés, como cuando en España se ambienta una historia en Galicia sin que nadie hable gallego, la historia tiene una ligera conexión con Dirty business (Channel 4, 2026) porque también cuenta con un trasfondo de aguas contaminadas. En medio de una zona de marismas a las que hace referencia el título, la profesora de primaria y ex-policía Jackie Ellis (Kelly Reilly) encuentra una noche el cuerpo sin vida de su alumno Cefin Hill (Jack Thomas-Humphreys), y decide acudir inmediatamente a decírselo a sus padres. A pesar de haber sido investigadora en un pasado cercano, las cicatrices de la desaparición de su sobrina de nueve años Nessa (Amara Atwal), hace tres años siguen abiertas psicológicamente. Para indagar sobre la muerte del niño es enviado al pueblo su ex-compañero el detective Eric Bull (Rafe Spall), con el que mantiene un clara hostilidad desde que ambos trabajaron juntos en la desaparición de Nessa, culpándole de haber sido el responsable de que ella fuera retirada del caso por una suspensión grave. Hay una atmósfera intrigante en los primeros episodios de Under salt marsh, y la melancolía que rodea a todos los personajes consigue un tono casi nórdico que se expande más hacia las heridas internas de los protagonistas que hacia las pistas externas que puedan conducir a la resolución del caso y su previsible conexión con el pasado. Morfa Halen, el nombre ficticio del pueblo, significa en galés "salt marsh" (marisma salada), y es probablemente lo único galés en una serie que utiliza sus paisajes para envolver a la historia. En tomas aéreas descubrimos que durante la noche la subida de la marea separa al pueblo del continente, cuando las aguas cubren el asfalto de la única carretera. Esta sensación de aislamiento fue una de las inspiraciones de la creadora Claire Oakley cuando la experimentó en la isla Shell, al Norte de Gales, donde el acceso desde el exterior solo se produce a través de un camino que cruza el estuario del río Artro cuando hay marea baja. De hecho, hay una cierta autosuficiencia entre los habitantes del pueblo en la serie, una individualidad que también los separa entre sí, alejándolos del habitual carácter comunitario. Para terminar de empeorarlo, Morfa Halen se enfrenta al desplazamiento debido al cambio climático, y aunque se esfuerzan en construir defensas marinas contra la invasión de las mareas, parece solo una forma de retrasar lo inevitable. 

También se producen vertidos de aguas residuales en una antigua cantera que pertenece al principal latifundista de la zona, el abuelo de Cefin, Solomon Bevan (Jonathan Pryce), y los primeros resultados de la autopsia indican que el niño tiene en su cuerpo agua salina, a pesar de que ha sido encontrado en una zanja cubierta por agua de lluvia. Una de las críticas que se ha hecho a la serie es que perpetúa la imagen estereotipada de la identidad galesa vista desde la perspectiva inglesa, cuando algunos personajes hablan entre sí para que la policía angloparlante no entienda lo que dicen, o con determinadas representaciones tópicas de la melancolía permanente de la zona. Pero ese no es el principal problema de una historia policial que nunca sabe encontrar el tono adecuado más allá de la tristeza permanente, y que tampoco termina de ser muy absorbente más allá de la intriga que transmiten los dos primeros episodios. Como podía esperarse, algunas pistas comienzan a conectar la muerte de Cefin con la desaparición de Nessa, y Jackie se da cuenta de que se les escapó algo importante cuando investigaron en el pasado, mientras ahora comienza a inmiscuirse demasiado en el trabajo policial de su ex-compañero. Él también guarda un secreto que le da al personaje una mayor ambivalencia, aunque en realidad nunca se desarrolla del todo. Y surgen de nuevo sospechosos que fueron interrogados hace tres años, como el apicultor Kieran Benbow (Morgan Watkins) o el tío del mejor amigo de Cefin, Dylan Rees (Harry Lawtey), cuya coartada durante la noche del asesinato no está clara. La cuestión no es que la serie se tome su tiempo para ir desgranando las conexiones entre los personajes, sino que la languidez del principio se vuelve monótona conforme se desarrollan los episodios, algunos actores como Jonathan Pryce, él mismo procedente de Gales del Sur, parecen demasiado desaprovechados, y los hilos narrativos que vinculan el asesinato del presente con la desaparición del pasado resultan poco sólidos. La resolución se produce en mitad de una gran tormenta que amenaza con destruir las defensas construidas y con acelerar la progresiva desaparición del pueblo, como una especie de apocalipsis que conduce a sus habitantes a un destino inevitable. Es una buena idea la de desarrollar una trama policial en medio de una zona que está al límite de su existencia, transmitiendo una sensación de aislamiento y de urgencia permanente. Pero el guión también se inunda de ramificaciones que acaban enturbiando la claridad de la historia y desembocando en un thriller policial menos desafiante de lo que parecía prometer al principio. 

The Lady

Miniserie | ITV/Britbox | Reino Unido 2026 | 4x50' ★ 

Creada por Debbie O'Malley

Dirigida por Lee Haven Jones


Hay algunos estrenos que son particularmente inoportunos y no parece el momento más adecuado para una historia que involucra a Sarah Ferguson, aunque no esté centrada en ella, cuando las miradas están puestas en su estrecha relación con el pederasta Jeffrey Epstein, con el que seguía teniendo contacto incluso después de su condena, lo que ha desembocado en el cierre de su entidad benéfica Sarah's Trust. Tanto, que la actriz que la interpreta en esta miniserie true crime, Natalie Dormer, ha decidido no realizar ninguna promoción y donar su sueldo a organizaciones benéficas que luchan contra el abuso sexual infantil. Pero ésta tampoco es la historia de la ex esposa del ex príncipe Andrés, sino que su presencia resulta tangencial (ni siquiera está representado su marido) en una historia protagonizada por su antigua asistente Jane Andrews (Mia McKenna-Bruce, lo único interesante de la reciente Agatha Christie: Las siete esferas (Netflix, 2026)), quien acabó siendo juzgada por el asesinato de su amante, lo que no es un espóiler porque la serie comienza en septiembre de 2000, cuando la policía acaba de llegar a la escena del crimen, investigada por el circunspecto inspector Jim Dickie (Philip Glenister), mientras la novia de la víctima, Jane Andrews, parece haber huido. A partir de aquí, la estructura narrativa mezcla el presente de principios de los dos mil con el pasado en el que la joven protagonista mira fascinada en el televisor la retransmisión de la boda entre Lady Diana y el ahora rey Carlos en 1981. Con ciertos aires de grandeza, Jane sueña con tener acceso a ese mundo de lujo y de princesas desde una tienda de Marks & Spencer en la pequeña localidad de Grimsby, mientras busca en los anuncios de los periódicos las ofertas de empleo, donde encuentra uno para trabajar como asistente personal de vestuario, pero sin más detalles. Al cabo de un tiempo recibe una carta del Palacio de Buckingham invitándola a participar en la entrevista para el puesto que se había anunciado, ante la sorpresa de toda su familia. Así que Jane se dirige hasta Londres donde tiene la fortuna de encontrarse en persona con Sarah Ferguson (Natalie Dormer), hacer un comentario atinado sobre su ropa y establecer una especie de vínculo especial con ella. Jane Andrews acabará siendo la asesora de vestuario de la Duquesa de York, y la serie sugiere que gracias a ella abandonó sus vestidos de señora aburrida y encontró un estilo personal con vestidos de colores alegres y hasta aflamencados. El retrato que se ofrece de Sarah Ferguson es el de una mujer esnob, bastante alegre pero al mismo tiempo atormentada por sus relaciones personales, pero manteniendo cierta distancia con sus empleadas a pesar de que Jane piensa que tiene una relación más cercana a la amistad de lo que realmente es. Jane se adapta bien al entorno de palacio, aunque muchos de los trabajadores se burlan de ella por su acento, y acaba convirtiéndose en un clon de Sarah Ferguson, vistiendo la misma ropa cuando acude a fiestas. Primero mantiene una relación sentimental con el empresario Luis Castillo (Sean Teale), que se tuerce después de un viaje a Grecia al que ella se apunta sin haber sido invitada, y que acabará provocando también el distanciamiento con Sarah Ferguson. Y más tarde conoce a Thomas Cressman (Ed Speleers), con el que mantiene una relación marcada por los celos, que acabará desembocando en un terrible asesinato. 

Anunciada como una producción de los responsables de The Crown (Netflix, 2016-2023), que se rumorea que Netflix podría estar interesada en continuar para abordar el escándalo de Andrew Mountbatten-Windsor, escrita por Debbie O'Malley, guionista de algunos episodios de Todas las criaturas grandes y pequeñas (Filmin, 2020-) y dirigida por el siempre solvente Lee Haven Jones, quien dirigió hace un año una historia con ciertas similitudes, El caso de Ruth Ellis (Filmin, 2025), sobre una mujer que asesinó a su amante y fue condenada a pena de muerte, hay suficiente talento en esta serie como para abordar la trama desde una perspectiva psicológica. De alguna manera, se plantea que no estamos simplemente ante un asesinato por despecho, después del descubrimiento de algunas relaciones turbias de Thomas Cressman, sino que hay un trasfondo de enfermedad mental y de impulsos suicidas. Aparece una silueta de Lady Di en el entorno de una puerta y Jane se entrega con pasión a unas relaciones sentimentales que no le corresponden como ella pretende, igual que aspira a ser algo más amistoso que una simple asistenta para Sarah Ferguson, como una constante consecución de decepciones personales que van produciendo mella en el equilibrio mental de la protagonista. A pesar de este intento de aportar complejidad al personaje, y del buen trabajo de la actriz Mia McKenna-Bruce, tan aparentemente vulnerable pero al mismo tiempo tan segura de sí misma, The Lady nunca termina de ir más allá de un true crime convencional, y detenerse tanto tiempo en sus relaciones sentimentales, las esperas, las discusiones y los desplantes acaba resultando repetitivo. Hay, no obstante, una interesante representación de las diferencias sociales, de la manera en que la protagonista nunca termina de encajar en el entorno social al que aspira pertenecer, de la forma en que quienes pertenecen a otro estatus superior solo le permitirán saborear un sorbo del lujo y los privilegios, pero nunca disfrutar plenamente de ellos. Pero esto ya nos lo ha contado mucho mejor El talento de Mr. Ripley (Anthony Minghella, 1999). Cuando se desarrolla el juicio contra Jane Andrews, en el cuarto y último episodio, la historia adquiere un cierto tono sensacionalista al centrarse en el testimonio de ella, en el que afirmó que había sufrido maltrato y violaciones por parte de Thomas Cressman, dejando una incertidumbre sobre la posibilidad de que sus afirmaciones tuvieran visos de realidad. Se agradece que el retrato de Jane Andrews no se limite al de una arribista desequilibrada, pero al final tampoco hay los suficientes elementos como para considerarla un personaje trágico. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

El señor de las moscas se puede ver en Acontra+, Filmin y Tivify.
If... se puede ver en Prime.
Piratas del Caribe: La maldición de la perla negra se puede ver en Disney+.
Hable con ella se puede ver en Movistar Plus+ y Netflix.
El talento de Mr. Ripley se puede ver en HBO Max y SkyShowtime.