Nos acercamos de nuevo a la programación del Festival Raindance, que se celebra en Londres durante toda esta semana, para abordar películas que proponen historias terroríficas, no todas ellas relacionadas directamente con el género de terror, pero planteando algunas realidades que son igualmente inquietantes, como el control de la industria del reciclaje por las mafias locales en Turquía o el desarrollo del tecnofascismo a través de la aparentemente inofensiva Inteligencia Artificial.
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Dead dogs don't biteNuri Cihan ÖzdoğanTurquía 2025 | 105' | Discovery | ★★★★☆Festival de Rotterdam '26: Bright FutureFestival de Estambul '26: Mejor Actor (Kemal Burak Alper)
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Para su debut como director, el cineasta Nuri Cihan Özdoğan (1990, Turquía) ha elegido un drama criminal que al mismo tiempo está relacionado con una realidad que se ha ido desarrollando en la ciudad portuaria de Adana, de donde él mismo procede. Desde la prohibición de China de importar 24 tipos de residuos, incluyendo plásticos, en 2018, que sacudió la industria del reciclaje, Turquía se acabó convirtiendo en el basurero de Europa, donde se trasladan cientos de miles de toneladas de plásticos y el país compra chatarras, papel y cartón, un negocio que ha convertido a los residuos en el 4% del valor económico de todas sus importaciones, pero también ha modificado el perfil de ciudades portuarias como Adana y ha propiciado la incorporación a esta industria de bandas criminales que trafican con el comercio ilegal de desechos. En un mundo donde los sindicatos del crimen rebautizan la basura como "materia prima" y la venden al mejor postor, se desarrolla la historia protagonizada por Ismet (Kemal Burak Alper), un joven de carácter apacible que encuentra cada vez más dificultades para poder pagar la medicación de su madre, gravemente enferma. Mientras tanto, su amigo de la infancia Dogo (Burak Can Doğan) está cada vez más involucrado dentro de una banda que se disputa con otra el control de la entrada de residuos a través del puerto, provocando una guerra marcada por la violencia y los asesinatos. Dogo convence a Ismet de participar en un encargo por el que conseguirá suficiente dinero, pero en realidad es una infiltración para asesinar a miembros de la banda rival. De manera que Dead dogs don't bite (Nuri Cihan Özdoğan, 2026) se perfila como un thriller de entornos marginales, rodeados por montañas de residuos y una economía aterradora que equipara la vida humana con la basura y la desecha si se considera improductiva. Pero, más allá de un drama criminal, la fortaleza de la película está en la construcción de un personaje principal que no encaja con el perfil de masculinidad que suele ser característico de estas historias, un joven que trata de sobrevivir y tener una vida ordinaria, pero que se ve envuelto cada vez más en el fango de las guerras y las traiciones, incluso entre los mejores amigos. Dead dogs don't bite funciona especialmente bien porque perfila la transición progresiva de Ismet dentro de un sistema de moralidad frágil en el que debe aprender a ser indiferente ante la violencia que le rodea, aunque sigue manteniendo cierta confianza en las lealtades.
La película se financió sin ayuda estatal porque el proyecto fue rechazado por el comité de financiación del Ministerio de Cultura, pero posteriormente tuvo un impulso importante al participar en el Marché du Film del Festival de Cannes, y ser seleccionada posteriormente en el Festival de Rotterdam. Aunque a veces puede tener problemas para concretar sus ideas y mesurar sus ambiciones, la personalidad de Ismet como un sólido personaje central se sostiene acertadamente en sus contradicciones y su deriva hacia la adaptación a un mundo que es constantemente hostil, de manera que la rabia interiorizada se va transformando en una forma explícita de violencia dentro de un círculo del que, una vez introducido, es difícil escapar. Hay una interesante interacción entre los dos amigos, pero transmitiendo siempre la sensación de que Dogo estará dispuesto a salvarse a sí mismo por encima de la amistad, y esta representación de la fidelidad frágil se convierte en uno de los soportes de un debut que demuestra que, como director, Nuri Cihan Özdoğan tiene cosas que decir sobre la realidad local de la región que conoce, pero que a la vez posee una fuerte resonancia universal. Al mismo tiempo ofrece una mirada muy incisiva que no se limita a una guerra entre bandas, sino que establece un paralelismo prácticamente indistinguible entre los conflictos criminales y las estrategias políticas, al mismo tiempo que presenta una realidad crítica en la que, si existe un tráfico de residuos que entran en Turquía de manera ilegal, también se introduce la realidad del tráfico de personas que siguen el camino opuesto hacia Inglaterra. A través de su significativo título, Dead dogs don't bite es una película que traspasa los límites del thriller para reinventar los clichés del género y al mismo tiempo ofrecer una historia que habla de lealtades, decadencia moral y traiciones, en un espacio habitado por perros callejeros, en el sentido literal y metafórico, que representan un mundo despiadado en el que el principal objetivo es no acabar muerto.
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Friday the 69thAlex MontillaEstados Unidos 2026 | 93' | Horror Feature | ★★★☆☆Festival de Cine Fantástico de Bruselas (BIFFF) '26: Fuera de competición
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El festival Raindance tiene siempre un espacio para las películas independientes realizadas por autores que ocupan diferentes facetas técnicas y artísticas, lo que se denomina un one-man-band (hombre orquesta), especialmente si tienen el mérito de estar rodadas con un móvil y no parecerlo. En el caso del debut de Alex Montilla, quien ha colaborado en la sala de edición de títulos como Jacuzzi al pasado (Steve Pink, 2010) y Los Muppets (James Bobin, 2011), se trata de una parodia que al mismo tiempo rinde tributo a los tradicionales slasher de los años ochenta, llena de referencias y recogiendo el espíritu independiente de un clásico como El mariachi (Robert Rodríguez, 1992), cuyo director se cita en los agradecimientos. Buena parte de las características de este tipo de cine las acumula Friday the 69th (Alex Montilla, 2026), rodada íntegramente con un iPhone, incorporando a los amigos del director como protagonistas y con un presupuesto de 15.000 dólares. Pero, más allá del carácter paródico que pueda tener la historia, lo interesante es cómo plantea una triple perspectiva meta cinematográfica que funciona como un reflejo continuo de cada una de las miradas que presenta. Por un lado, se adopta un estilo de falso documental en el que se ofrecen imágenes de los responsables de un estudio de cine pornográfico en 1981, que se plantean abordar su primera película mainstream dentro del género de terror. Así, el director adicto a la cocaína Michael Caime (Alex Montilla) y el productor Ivan Moorehead (Eric Anderson), están experimentando una crisis en su productora de cine porno, por lo que deciden adentrarse en el género del slasher que tanto éxito está teniendo. La referencia a Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) en el título de la película que quieren rodar es significativa desde una mirada externa, porque aquella fue la primera película independiente de terror comprada por un gran estudio de Hollywood. Para producir Friday the 69th el productor y el director deciden llamar a los actores habituales de sus películas pornográficas, que tienen nombres con doble sentido sexual: Rod Woodcock (Bud Galloway), Rock Hardigan (Robert Zoppo) o Poppy St. Cherry (Anna Bess), además de incorporar a la única actriz profesional, Penelope Flaversham (Amy Letcher). Mientras el director describe la historia en una reunión de equipo, se introduce la nueva perspectiva, la trama de la película de terror en un formato 16:9 granulado, que parece remitir al estilo de X (Ti West, 2022), otra propuesta de metacine, pero sobre todo hace referencia a títulos como La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), una de las escenas está rodada en la misma localización de aquélla, o Las colinas tienen ojos (Wes Craven, 1977). Remitiendo a muchas de estas narrativas sangrientas, un grupo de universitarios va a pasar un fin de semana a Hayewood Camp, que recuerda a Crystal Lake de Viernes 13. Ellos son el deportista Blaine y su novia Amber (Amber Kellehan), la alegre Buffy, el impertinente Arnold (David Arnold Rubin) y Judy, una joven cuyos padres acaban de morir dejándola huérfana, algo que no impacta demasiado a Arnold: "Eso es lo que los padres hacen". Como la película dentro de la película está financiada por Fierce Whiskers Whiskey, desde el momento en que pisan la recepción del campamento comienza a aparecer continuamente product placement de esa marca.
La tercera perspectiva es la que está por encima de aquellas dos, y la que funciona como un espejo que refleja a ambas, adoptando un sentido paródico para mostrar el trabajo de un equipo de cine poco diestro, que se plantea incluir en la trama una escena de sexo en 3D, y para reflejar el resultado en la pantalla de esa historia de terror en la que cualquier aficionado puede encontrar numerosas referencias, como un relato que recupera el tema principal de Hermanas (Brian DePalma, 1972). Este espejo externo es el que introduce referencias que demuestran un profundo, pero también divertido, conocimiento de todo el universo del género de terror y sus derivados: hay una escena musical que no tiene mucho sentido, un trasfondo nazi, flashbacks de la guerra de Vietnam, e incluso un cameo del director Michael Caime como un detective algo histriónico, que en realidad se podría ver como un cameo de Alex Montilla dentro de la película de su propia película. Pero Friday the 69th tiene un mérito especial porque, al margen de remitir a muchos de esos títulos populares que se han convertido en clásicos de un estilo determinado dentro del género de terror, aunque al fin y al cabo contaban con un presupuesto ajustado y trataban de encontrar unas narrativas diferentes, en realidad funciona más como una parodia de aquellas otras tantas producciones de muy bajo presupuesto que intentaban imitar a los grandes éxitos pero acabaron convirtiéndose en pequeños clásicos de culto más entretenidos que efectivos, al estilo de Noche de paz, noche de muerte (Charles E. Sellier, jr., 1984) o San Valentín sangriento (George Mihalka, 1981). Esto es lo que permite a Alex Montilla introducir dentro de la película elementos que son más paródicos aún, como fallos de doblaje en los protagonistas o un primer plano del brazo de un personaje femenino que es el brazo de un hombre (claramente, cuando rodaron ese inserto no estaba la actriz disponible). De manera que la broma es aún más retorcida porque no es una parodia de los slashers, sino de aquellos slashers baratos que, en cierto modo, ya funcionan como si fueran una parodia.
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Broken BeakChristian CarrollNueva Zelanda, Estados Unidos 2026 | 90' | Horror Feature | ★★☆☆☆Panic Fest '26: Sección Oficial
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Mezclando referencias del folk-horror y elementos del eco-terror, esta película neozelandesa remite a las tradiciones que provienen de la época colonial y el maltrato a los indígenas, pero buscando la mirada metafórica en lo más profundo de la naturaleza. El director y fotógrafo Christian Carroll es en parte nativo americano y miembro de la tribu Choctaw en Oklahoma, pero aborda su nuevo largometraje ambientando la acción en Aotearoa, el nombre que utilizan los maoríes para referirse a Nueva Zelanda, que se ha convertido en los últimos años en una doble denominación para todo el país, procedente del final de la colonización europea en el siglo XIX. Broken Beak (Christian Carroll, 2026), que se presentó en la pasada edición del festival Panic Fest con el título de The burning of Broken Beak, comienza precisamente con la referencia a una especie de ave extinguida. El Kauaʻi ʻōʻō era un ave que habitaba principalmente la isla hawaiana de Kauaʻi, del que se calcula que tuvo su origen hace 15 millones de años, pero la introducción de depredadores y las enfermedades, además de los huracanes, acabaron con la especie. El último ejemplar de Kauaʻi ʻōʻō avistado por el hombre fue en 1985, y la última vez que se escuchó su canto fue en 1987, un vestigio de su existencia que consiguió ser grabado por el experto en historia natural David Boynton. Los científicos han concluido que se trata del canto de un macho para atraer a las hembras, pero que nunca tuvo respuesta porque era el último de la especie (la última hembra pudo haber perecido durante el huracán Iwa en 1982). Después de varias expediciones, en 2023 se declaró la especie como definitivamente extinguida, y su nombre se borró del Acta de Especies en Peligro de Extinción. Con esa grabación del canto del último miembro de una especie desaparecida comienza Broken Beak, que continúa con una transacción en la que una parte del paisaje natural de una zona sin urbanizar está siendo adquirida para construir un complejo turístico. El vendedor es el empresario Gregory (Bruce Hopkins), quien unos minutos después es asesinado por una extraña figura con forma de pájaro. Su sobrina Emma (Briar Rose) trabaja como fotógrafa en Nueva York y recibe la noticia de la muerte de su tío, así que se dirige a la ciudad de Davenport (Nueva Zelanda) junto a su pareja Jackie (Lydia Peckham) para la lectura del testamento. Ella es beneficiaria de una casa construida sobre lo que había sido una antigua central eléctrica, pero la herencia tiene una condición: debe permanecer viviendo en esa casa durante al menos un mes, y a partir de ese momento tiene libertad para tomar la decisión que quiera: mantener la propiedad o venderla.
Por supuesto, hay secretos familiares que no se revelan y Paula (Katlyn Wong), la ama de llaves que trabajaba para su tío, explica a Emma la leyenda de Broken Beak, un ser mitológico que alguna vez fue de carne y hueso. Capturado, juzgado y asesinado por los colonizadores europeos, se cuenta que esta figura permanece vagando desde que la codicia de la reciente venta de tierras lo devolvió a la vida. Broken Beak por tanto es una historia alegórica sobre una mujer indígena que se enfrenta al trauma de la colonización, pero enmarcada en un thriller de terror corporal. El antagonista de la película se presenta en dos formas: un almirante de la época colonial de Aotearoa y un multimillonario director ejecutivo contemporáneo. A través de estos dos villanos, se establece una conexión entre la violencia de la colonización y la codicia desenfrenada del capitalismo, dos fuerzas que siguen destruyendo el mundo natural, amenazado constantemente con la desaparición, como la de la especie Kauaʻi ʻōʻō. Christian Carroll adopta algunas decisiones interesantes desde el punto de vista estilístico: para narrar la leyenda de Broken Beak utiliza una animación sencilla que recuerda a la película Babadook (Jennifer Kent, 2014), y durante casi todo el metraje introduce una fotografía en blanco y negro, que a veces tiene momentos de una leve coloración, para incorporar definitivamente el color a partir del tercer acto, un recurso que tiene una significación narrativa desde que se produce una revelación importante. De manera que aborda, en este tramo final, una textura que remite mucho más a una de las referencias principales mencionadas por el director, las películas de terror corporal de David Cronenberg, especialmente La mosca (1986). Sin embargo, todas estas ideas están expuestas de una manera algo deslavazada, sin encontrar nunca el tono equilibrado, y con una ambición que no se traslada con eficacia a la historia. La actriz protagonista, Briar Rose, tampoco termina de abordar con la suficiente profundidad la psicología de su personaje, especialmente en una parte final que hubiera necesitado una interpretación más interiorizada que gestual. Y algunos personajes como el de su pareja Jackie parecen utilizados de una forma conveniente, sacándola de la historia principal (hace un viaje para practicar surf) cuando interesa que Emma se enfrente sola a los acontecimientos, e incorporándola de nuevo más tarde. Broken Beak tiene tantos elementos de interés que necesitaba una dirección más precisa y una estructura narrativa mejor definida para trascender más allá de una historia de terror convencional.
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Occupy CannesLily Hayes KaufmanEstados Unidos 2025 | 89' | Documentary Feature | ★★★☆☆Fantasia '25: Documentaries from the edgeSitges '25: Brigadoon
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Desde que fundaron Troma Entertainment en 1974, Michael Herz (1949, Nueva York) y Lloyd Kaufman (1945, Nueva York) se empeñaron en producir las películas más baratas posibles con la mayor libertad, y así surgió una iniciativa que consiguió éxitos muy notables como El vengador tóxico (Michael Herz, Lloyd Kaufman, 1984), manteniendo una línea de trabajo permanente de la que Trey Parker, uno de los creadores de South Park (Comedy Central, 1997-) que comenzó su carrera en esta productora, llegó a decir que "nadie sabe hacer películas que no generen dinero mejor que el tío Lloyd". En el último años e han sucedido los homenajes a Lloyd Kaufman, con el Premio Maverick del Fantasia Festival en 2025 y ahora uno de los Premios Icon en Raindance Film Festival, enmarcándose dentro de una cierta recuperación de la marca Troma, con el estreno de una versión uncut del remake de The Toxic Avenger (Macon Blair, 2023), coincidiendo también con la última película que está producida por la compañía Troma, Mr. Melvin (Lloyd Kaufman, Michael Herz, 2025) y el documental Occupy Cannes (Lily Hayes Kaufman, 2025). Pero que fuera rodado en el Festival de Cannes de 2013, cuando se presentó A propósito de Llewyn Davis (Joel Coen, 2013), es un claro reflejo de los tiempos en los que se mueve una productora tan independiente como Troma. De hecho, el documental refleja que éste sigue siendo un negocio familiar, apoyado por voluntarios sin sueldo y con una estrategia de marketing francamente discutible. Pero esa ha sido su seña de identidad. El propio Lloyd Kaufman, al que parece que confunden habitualmente con Mel Brooks cuando le piden autógrafos, juega siempre con la imagen del productor independiente incomprendido, que ha dado su primera oportunidad a directores como James Gunn pero que nunca consigue que sus producciones sean rentables, lo que para él es una muestra de que está haciendo verdadero arte. En el caso de Occupy Cannes, dirigido por una de las hijas de Lloyd Kaufman, se trata de una grabación realizada durante la celebración del conocido festival de cine en los años 2013 y 2017, cuando Troma estaba promocionando su película Mutantes, el regreso. Volumen 1 (Lloyd Kaufman, 2013), una secuela de otras tres películas que a su vez dio lugar a otras secuelas. Con el stand más barato del Marché du Film, el equipo de voluntarios de países como Japón o España (que parecen claramente explotados), convive en un apartamento alquilado por la productora para organizar y llevar a cabo una serie de acciones de marketing que consisten en desfilar con maquillaje, vomitar moco verde cerca de la alfombra roja y enseñar el pene a la entrada de una fiesta. Incluso el encargado de marketing de la productora pone en duda que este tipo de manifestaciones públicas sirva realmente para conseguir compradores.
Pero en cierto modo, las acciones de los componentes de Troma dentro de un entorno tan lujoso y estirado como el Festival de Cannes, donde ni siquiera permiten a Lloyd Kaufman pasar por la alfombra roja porque lleva un traje demasiado colorido, es una forma de reivindicar su carácter independiente en una industria del cine tan superficial como la que cada año se representa en el festival francés. Uno de los trabajadores de la pequeña sala del Marché du Film en la que se proyecta el estreno mundial de Mutantes, el regreso. Volumen 1, le dice a la cámara que prefiere este tipo de manifestaciones histriónicas y divertidas que las aburridas películas francesas. También es cierto que Lloyd Kaufman parece disfrutar con esa imagen que transmite en una oficina de producción sepultada entre cajas y copias de películas o un apartamento en Cannes ocupado por colchones en el suelo para su equipo. Es algo así como el amigo que está deseando que le inviten a una fiesta para, cuando ya está dentro, comenzar a criticarlo todo. Incluso cuando su esposa Patricia Kaufman consigue que Joel Coen se acerque a la cámara, a ésta se le acaba la batería. Podría pensarse que este tipo de inconvenientes forman parte de la imagen de cutrerío que quiere transmitir la productora, pero sea cierto o no que acuden a la grabación de una fiesta sin las baterías cargadas, juega a favor de su espíritu de guerrilla. Lástima que Lily Hayes Kaufman, que apareció como actriz en Mutantes en la Universidad 2 (Eric Louzil, 1991) cuando era adolescente, se limite a documentar los problemas que tienen para organizar los desfiles, los encuentros con la policía francesa que no les permite desplegar pancartas en la calle o las caras de los transeúntes e invitados del festival de Cannes que parecen contagiados del esnobismo de la muestra. Pero se queda en la superficie sin indagar demasiado en el corazón de la productora. Hay alguna reunión del equipo sobre si tienen sentido este tipo de acciones y alguna consecuencia violenta de su carácter provocativo, cuando el comediante Zac Amico recibe un puñetazo después de enseñar su pene pintado de verde en la entrada de una fiesta. También hay pequeños espacios para homenajear a algunos de los que apoyaron a la productora, como el director Roger Corman, fallecido en 2024, que está acreditado como productor ejecutivo de la película junto a su esposa Julie Corman, o el crítico de cine Roger Ebert, que murió en 2013 y al que tratan de rendir tributo en su pizzería favorita de Cannes, así como al director y productor de Troma, Doug Sakmann, que murió en 2024 a los 43 años. Aunque los créditos finales tratan de demostrar que la familia Kaufman también forma parte de la industria del cine tradicional, trabajando en diferentes cometidos, desde la dirección de fotografía hasta la gestión de oficinas de rodaje, da la impresión de que Occupy Cannes pierde la oportunidad de profundizar más en la verdadera independencia de la productora, al margen de sus manifestaciones provocativas.
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Ghost in the machineValerie VeatchEstados Unidos, Gran Bretaña 2026 | 96' | Documentary Feature | ★★★☆☆Sundance '26: NEXT Innovator
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Quienes hayan visto el reportaje que TVE ha dedicado a la IA esta semana, habrán visto una película de Disney comparada con la perspectiva que ofrece este documental estrenado en el Festival de Sundance. Lejos de las frases hechas sobre una herramienta que puede ser eficaz o malvada dependiendo del uso que se haga de ella, Ghost in the machine (Valerie Veatch, 2026) rastrea los orígenes del desarrollo de la IA, el sesgo ideológico del aprendizaje que ha llevado a cabo y quién tiene el control de esta tecnología que se vende como el futuro imprescindible. Y la conclusión no puede ser más terrorífica: la Inteligencia Artificial ha estado siempre en manos de personajes que han defendido ideologías racistas y eugenésicas, como la teoría de la inteligencia del británico Francis Galton, que creía haber demostrado que la inteligencia se hereda mayoritariamente, no se adquiere mediante la educación, una teoría que ha sido refutada por la comunidad científica moderna, pero que ha servido también como el fundamento de muchas ideologías supremacistas y de la justificación de la eugenesia. Surgen a lo largo del documental nombres como el fundador de Silicon Valley y racista declarado William Shockley, Sam Altman y el controvertido Elon Musk, al que se suele relacionar desde su juventud con el denominado tecno-fascismo, aunque la película se editó antes de que surgiera la disputa judicial entre estos antiguos colaboradores, y también plantea preguntas sobre cuáles han sido las bases de datos sobre las que se ha alimentado la memoria de los programas de IA. Un repaso a través de declaraciones de expertos como el filósofo Jonathan Flowers, que cuestiona la necesidad real de la Inteligencia Artificial, o la lingüista Emile M. Bender, quien afirma que la IA es simplemente una herramienta de marketing, ofrecen puntos de vista generalmente incrédulos sobre los beneficios de esta tecnología. De manera que Ghost in the machine se debería mirar más como un videoensayo en el que hay una clara perspectiva desconfiada hacia los beneficios que se están vendiendo de una tecnología que no parece tan avanzada como nos quieren hacer creer, y que demasiadas veces ha mostrado sus flaquezas. Como cuando Microsoft tuvo que retirar en 2016 su primer chatbot Tay porque contenía una ideología claramente racista, publicando en Twitter mensajes ofensivos y controvertidos, o cuando Elon Musk lanzó su IA llamada Grok, que a las 24 horas de su publicación ya ofrecía respuestas pro-nazis. Valerie Veatch (1985, Washington) ha dirigido anteriormente documentales como Me @ the zoo (Chris Moukarbel, Valerie Veatch, 2012), sobre una videoblogger de una pequeña localidad de Tennessee, y Love child (2014), sobre una pareja tan obsesionada con los videojuegos que su hijo falleció de malnutrición. De manera que siempre se ha interesado por la relación del ser humano con las nuevas tecnologías y cómo nos afecta a nuestras vidas reales. Por lo tanto, el planteamiento de Ghost in the machine tiene cierta lógica dentro de su trayectoria cinematográfica, generalmente presente en la selección del Festival de Sundance.
Algunos comentarios negativos sobre este documental niegan sus planteamientos y defienden que ya es demasiado tarde para tratar de regular la Inteligencia Artificial, y aunque no se trata directamente esa cuestión, parece claro que la IA se ha convertido en una especie de nueva carrera espacial en la que se establecen tres velocidades: la más pausada y regulatoria desde Europa, la más fugaz y descontrolada desde China, y la que en Estados Unidos trata de abrir las puertas lo más posible, especialmente a través de la administración de Donald Trump, junto al que se han sentado satisfactoriamente nombres destacados de las big-techs como Mark Zuckerberg, Sam Altman, Tim Cook o Jensen Huang. El documental también plantea preguntas sobre si la IA es tan imprescindible como parece, y si existe una sociedad que puede mantenerse al margen de ella. Pero dedica buena parte del tiempo a analizar las consecuencias desastrosas que ya está suponiendo para la economía de algunos países y el deterioro progresivo del medio ambiente. La doctora Milagros Miceli, experta en tecnología, comenta que la empresa de Sam Altman, OpenAI, ha desarrollado el entrenamiento de ChatGPT con trabajadores de países africanos como Kenia, pagándoles sueldos miserables con jornadas imposibles, y convirtiendo Nairobi en una especie de Silicon Valley pero para tecno-trabajadores explotados laboralmente. Empresas como Samasource, con sede en San Francisco, están especializadas en encontrar mano de obra barata para las grandes tecnológicas, desarrollando trabajos como el de moderadores de contenido para redes sociales como Facebook. El grado de violencia gráfica y sexual de los videos que estos trabajadores deben moderar, les llevó a tomar acciones legales en 2024 para que la empresa se responsabilizara del estrés postraumático que muchos de ellos sufrían. La construcción de grandes supercomputadoras que gestionen los millones de datos que necesita la Inteligencia Artificial también genera controversia. Aunque generalmente empresas como Microsoft y Meta suelen construir en países africanos estos complejos que literalmente absorben toda el agua que necesitan las poblaciones cercanas, en Memphis (Estados Unidos), Elon Musk pretendía construir el mayor centro de datos del mundo para su tecnología xAI, en una zona poblada principalmente por comunidades negras, que comenzaron a rebelarse contra el desastre medioambiental que estaba provocando. Cada año, la planta libera más de 5.300 toneladas de óxidos de nitrógeno, el tipo de contaminación que forma el smog (niebla amarilla contaminante), lo que la convierte en una de las mayores emisoras de este tipo en el país. Aunque está estructurada en distintas partes, Ghost in the machine tiene un montaje algo caótico que a veces puede mezclar temas con demasiada soltura. Pero es una reflexión muy interesante sobre cómo puede responder el ser humano normal ante una tecnología que claramente parece controlada por el tecnofascismo.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
Los Muppets se puede ver en Disney+.
El mariachi se puede ver en Movistar Plus.
La matanza de Texas se puede ver en Acontra+, AMC, Filmin, Prime Video y Tivify.
Las colinas tienen ojos, Hermanas y San Valentín sangriento se pueden ver en Filmin.
Noche de paz, noche de muerte se puede ver en Acontra+ y Filmin.
La mosca se puede ver en Disney+ y Tivify.
El vengador tóxico se puede ver en Fubo.