24 julio, 2026

Fantasia '26 - Parte 4: La mirada social

Cuando nos acercamos al segundo fin de semana de Fantasia Festival, todavía queda por delante una semana de proyecciones hasta el 2 de agosto, lo que convierte al festival canadiense en uno de los más extensos que se celebran en el mundo. De manera que, hasta principios de agosto seguiremos repasando todavía algunos títulos muy destacados que conforman el resto de la programación de esta muestra dedicada al cine fantástico, pero que no se limita a este género, como hemos visto en algunas de nuestras crónicas. En esta ocasión hablamos de películas que hacen comentarios sociales, bien sea desde las perspectivas documentales o bien desde las ficciones basadas en obras literarias que tienen una trascendencia especial. 

No rest for the wicked

Kasper Kalle

Dinamarca 2026 | 103' | Cheval Noir |


Ambientada en las Islas Feroe, la novela Manor (1884, Ed. Amistades Particulares), del autor Karl H. Ulrichs (1825, Alemania-1895, Italia), está considerada como la primera obra literaria abiertamente homosexual, en una historia que mezcla una relación homoerótica entre dos jóvenes pescadores con un relato de vampiros, utilizando el vampirismo como una metáfora del rechazo social hacia la homosexualidad, representado en las estacas que se clavan sobre el pecho de los no muertos. Karl-Heinrich Ulrichs fue un pionero activista de los derechos de los homosexuales en Alemania, cuando el término aún no se utilizaba. Él mismo se presentó a su familia como uranista, una palabra con la que se hacía referencia a las personas gays, y durante toda su vida defendió la desaparición de leyes sobre desigualdades relacionadas con la orientación sexual y escribió una docena de libros sobre homosexualidad y poemas de contenido homoerótico. La interesante edición española de la novela, publicada por la editorial Amistades Particulares, incluye precisamente algunos poemas de amor que el autor dedicó a soldados a los que había conocido. En la película No rest for the wicked (Kasper Kalle, 2026) se adapta de manera bastante fiel este relato corto, aunque se amplía la edad de los protagonistas, especialmente el ballenero Helge (Pilou Abæk), porque en el original literario se trataba de un amor entre dos jóvenes. También aprovecha la ambientación en las islas Feroe para introducir aspectos sociales relacionados con la interacción entre Dinamarca y las islas, desarrollando la historia en 1862, que no solo la acerca a la contemporaneidad de la novela, sino que se ambienta en una época en la que las islas Feroe todavía estaban consideradas como un condado danés, hasta que adquirieron autonomía a partir de 1948. El joven Baldur (Edgor Venned) trabaja como pescador, la única profesión posible en el pueblo recóndito en el que vive, después de que su padre muriera en el mar. Su madre, Ásla (Sofia Nolsøe Mikkelsen) se ha convertido en una mujer viuda, respetada en el pueblo, pero dependiendo del trabajo de su hijo para sobrevivir. Durante una incursión en el mar, Baldur sufre un accidente y es rescatado por el desconocido Helge, un ballenero que vive al otro lado de la isla y que es acogido en la casa familiar en agradecimiento a su ayuda. Pero su presencia despierta en Baldur un deseo erótico que acaba en una relación romántica, hasta el punto que el joven se plantea marcharse de la isla junto a Helge para recorrer el mundo en un ballenero que acaba de llegar solicitando mano de obra. La historia da un giro cuando se produce un naufragio y se revela el profundo rechazo social que provocan los rumores sobre la relación entre Baldur y Helge. 

Kasper Kalle (1984, Dinamarca) refleja en su primera película una historia de romanticismo gótico que en el entorno de las islas Feroe adquiere una dimensión cercana a la obra de Emily Brontë, con paisajes grises rodeados de niebla y de tormentas que contribuye también a la estética del género de terror, lo que el director aprovecha con especial eficacia. Creciendo también en un pequeño pueblo de Dinamarca cuando las redes sociales aún no le conectaban con el resto del mundo, el director traslada la historia de Baldur a un terreno personal, sobre todo a través de la identificación con la soledad y el aislamiento que puede experimentar un joven homosexual dentro de una comunidad pequeña. La llegada de Helge, un ballenero maduro que vive al día, sin compromisos familiares y presto a enrolarse en cualquier barco que salga del puerto, también contribuye a alentar el deseo del joven por conocer el mundo más allá de la isla en la que habita. No rest for the wicked tiene la virtud de ser siempre fiel a la dimensión romántica de la historia, aunque se introduzcan algunos elementos del cine de terror, con una utilización especialmente acertada de la niebla como un recurso cinematográfico de suspense, lo que puede hacer que la película tenga ciertas similitudes en algunos momentos con El faro (Robert Eggers, 2019). La cruda naturaleza que rodea a los personajes se convierte no solo en una pieza atmosférica para la historia, sino que también es un reflejo de los conflictos interiores de los protagonistas y de la pasión que se desata entre ellos. Y resulta especialmente interesante el compromiso que adquiere el director con los habitantes de las islas Feroe, estableciendo una producción formada principalmente por profesionales originarios, desde el actor debutante Edgor Venned, que hasta la fecha había trabajado como modelo internacional, hasta los compositores feroeses Torleik Mortensen y Andreas Tykjær Restorff, que a través de su formación Hettarher utilizan de nuevo música coral y composiciones locales para la banda sonora, como hicieron en la película The last paradise on Earth (Sakaris Stora, 2025). Resulta curioso que este año hayan coincidido dos largometrajes que abordan una relación de amor homosexual utilizando los resortes del género de terror, y en este sentido No rest for the wicked tiene algunos elementos en común con Leviticus (Adrian Chiarella, 2026), que se estrenó en el Festival de Sundance. Aunque traslada la historia de la novela original, al tratarse ésta de un relato corto, la película añade un tercer acto que tiene más elementos vampíricos, pero que se impregna igualmente del romanticismo homoerótico de aquella, incluso cuando introduce algunas curiosas ideas sobre el homodeseo como algo que puede transmitirse, lo que aporta en una escena concreta una mirada casi se podría decir que irónica a la historia. La soledad que experimenta Baldur en un momento determinado se convierte en enfermedad, pero el amor que siente por Helger, superando todos los obstáculos, sociales y terrenales, se plantea como eterno. Con su melancolía y su carácter de romanticismo de terror gótico, No rest for the wicked es una historia apasionante que merece un cartel menos cursi.  

Someone's daughter

Wiebke Von Carolsfeld

Canadá 2026 | 96' | Cheval Noir | ★★


Uno de los estrenos más esperados en esta edición de Fantasia Festival ha sido el de este thriller sobre dilemas morales, con el que la montadora y directora germano-canadiense Wiebke Von Carolsfeld (1966, Alemania) ofrece una de sus narrativas complejas desde una perspectiva femenina, como en Marion Bridge (2002) o The saver (2015). También por sus protagonistas, dos de los intérpretes quebequenses más internacionales: François Arnaud, que protagonizó Los Borgia (SkyShowtime, 2011-2013) y más recientemente participó en Más que rivales (Movistar Plus, 2025-) y Pascale Bussières, a la que hemos visto en películas como Premonición (Gilles Bourdos, 2008) y series como Corbeaux (Illico+, 2024). Presentado como un survival thriller, la historia comienza con el secuestro de la abogada Sam (Pascale Bussières) por parte de Mr. Borden (Peter Outerbridge), el padre de una joven víctima de una violación, que la considera culpable de la muerte de su hija por conseguir con su defensa que no se hiciera justicia. Sam se encuentra aislada en la cabaña de un bosque en la que descubre que también permanece retenido Paul (François Arnaud), el supuesto violador al que ella defendió. Abandonados en un paraje salvaje, ambos deben colaborar juntos para sobrevivir, mientras la sombra de la sospecha de ser realmente un agresor sexual se encuentra siempre sobre la personalidad de Paul. De manera que Sam no solo debe afrontar la supervivencia junto a un desconocido, sino que también tiene que permanecer segura frente a un posible violador. La idea original está inspirada en los sucesos que rodearon a la figura del popular presentador de radio y músico Jian Ghomeshi, quien recibió varias acusaciones de ex-parejas y trabajadoras sobre abusos y agresiones sexuales, pero alcanzando un veredicto de no culpabilidad contra las cuatro denuncias recibidas. Entre las últimas acusaciones, se encuentra la que realizó contra él la actriz Sarah Polley, quien le acusó de agresión sexual durante una cita que mantuvieron en 1995, cuando ella tenía 16 años y él 28 años. A pesar de que en la industria del entretenimiento canadiense era un secreto a voces el comportamiento del presentador, nunca ha tenido una condena en contra, y la directora ha señalado en alguna entrevista que le interesaba cómo muchos de los hombres que son acusados de agresiones sexuales suelen contratar a mujeres abogadas para ofrecer una imagen más convincente sobre su inocencia. De forma que en Someone's daughter (Wiebke Von Carolsfeld, 2026) no solo se plantea una reflexión sobre la ambigüedad del protagonista masculino, sino que también se introduce una aproximación psicológica hacia lo que lleva a una mujer a defender a un hombre que ha agredido a otras mujeres. Este desarrollo de los personajes se produce a través de sus conversaciones y sus decisiones, porque la película transcurre en la mayor parte de su metraje en el recorrido que realizan para tratar de alcanzar algún lugar habitado, a veces adentrándose en la espesura de un bosque lleno de peligros y otras teniendo que cruzar un lago para llegar a la otra orilla. Son dos personajes inteligentes que tienen planteamientos éticos que pueden resultar cuestionables, de forma que no se establece la habitual dinámica de poder entre ellos, sino que fluctúa en virtud de sus decisiones y sus habilidades respecto al otro.

El planteamiento resulta interesante, y las conversaciones entre ambos a veces parecen esconder dobles significados para el espectador, pero el desarrollo en torno a dos personajes que deambulan perdidos por un bosque termina resultando bastante monótono. De hecho, los conflictos entre ambos, cuando realmente se expone el tema principal de la película, solo se producen en el tercer acto, mientras que los dos anteriores son demasiado anodinos. Someone's daughter también resulta previsible porque no tendría sentido que se hiciera este planteamiento si el desenlace fuera diferente al que es, pero hay que reconocer que el duelo de interpretación entre los dos actores es lo suficientemente poderoso como para mantener la atención. Aunque muchos espectadores solo le conozcan de su última intervención en la popular Más que rivales, lo cierto es que François Arnaud tiene una especial habilidad para interpretar a personajes complejos, y aporta esa incertidumbre sobre la culpabilidad de Paul, mientras que Pascale Bussières tiene la capacidad de dar vida a una mujer fuerte, pero cuya seguridad se hace cada vez más vulnerable conforme los dos protagonistas se acercan a espacios más habitados, y por tanto el entorno de los depredadores del bosque se difumina cada vez más para normalizar el entorno en el que se siente más cómodo otro tipo de depredador. Pero para llegar a estos momentos de suspense ha pasado antes más de una hora, y el desarrollo de los personajes no termina de definirlos claramente hasta que es necesario dentro de la narrativa. Someone's daughter utiliza los paisajes abiertos como una prisión para los dos personajes principales, un espacio que resulta tan claustrofóbico como una cárcel de la que necesitan liberarse, pero con el elemento añadido de que la liberación también puede suponer un mayor peligro. En este sentido, funciona como thriller mientras la directora expone la realidad de un sistema que falla a las víctimas, y si bien no convierte exactamente en víctima al personaje de Sam, sí la rodea de una cierta vulnerabilidad que la sitúa en un terreno mucho más incómodo del que se encuentra habitualmente. 

Castration Movie, una Antología: Capítulo 3.2.

Junior Ghosts - Premorphic drift; a fragmentary passage

Louise Weard

Canadá 2026 | 127' | Underground | ★★

Atlántida Film Fest '26: Sección Trends


Una de las propuestas cinematográficas más interesantes de los últimos años ha sido la antología de películas que ha desarrollado la cineasta Louise Weard (1994, Canadá) desde una estética de cine underground para abordar de una manera provocadora las relaciones personales y la identidad trans. La antología creada por la directora ha ido posicionándose como una de las más sugerentes dentro un panorama audiovisual en el que la representación transexual, según el último estudio de la organización norteamericana GLAAD, está disminuyendo progresivamente en el cine. Frente a la negación las Castration Movies proponen la visibilización, pero también la presentación de problemáticas que surgen dentro de la propia comunidad queer. La primera película estrenada fue Castration Movie Anthology I: Traps (2024), con una duración de cuatro horas y media, a la que siguió Castration Movie Anthology II: The best of both worlds (2025), cuyo metraje alcanza las cinco horas. La interpretación de Louise Weard en la primera parte como Michaela, uno de los personajes recurrentes de la antología, fue incluida por la revista The Wrap entre las 25 mejores interpretaciones de 2024. La tercera entrega, Castration Movie Anthology III: Year of the hyaena (2027), tenía previsto estrenarse este año pero la directora editó una versión reducida de dos horas para estrenar en festivales y conseguir financiación para rodar el montaje completo. Esta versión, Castration Movie Anthology III.II: Junior ghosts - Premorphic drift (2026) ha quedado, sin embargo, como una película independiente, que formaría parte de la historia de Year of the hyaena, cuyo estreno se ha retrasado hasta 2027. Y están pendientes una cuarta y quinta película. El Atlántida Film Fest, que comienza hoy en Mallorca, estrena dentro de su programación presencial y online a través de Filmin todas las partes de la antología, con una división en cinco episodios, incluida la última, pero solo en el festival presencial, que también se ha presentado en la programación de Fantasia Festival. Esta subdivisión del título Castration Movie Anthology iii.ii parece plantear una cierta ironía sobre la complejidad estructural que ha ido adquiriendo la antología, una especie de referencia a las divisiones de los videojuegos. Pero, aunque tienen personajes recurrentes que aparecen en todas las historias, a veces ocupando papeles principales y otras de forma más secundaria, cada una de ellas podría verse de forma independiente. Este fragmento de dos horas comienza con unas imágenes inquietantes que muestran las consecuencias de un ataque violento, que más tarde tiene explicación, para pasar inmediatamente a la intimidad de la pareja formada por Izzy (Avalon Fast) y Trent (Henri Gillespi), dos personajes a los que hemos visto en las partes I y II. La primera imagen de ambos les muestra practicando sexo, con Izzy adoptando la posición dominante, lo que resulta significativo para los acontecimientos posteriores. La trama principal de esta historia se centra casi exclusivamente en la pareja formada por Izzy y Trent, aunque hay alguna incursión en el trabajo de Michaela (Louise Weard) en el centro de apoyo a personas transexuales, con Jane Schoenbrun interpretando a Kane, uno de los asesores del centro, quien también ha presentado en Fantasia Festival sus últimas películas como directora, Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma (2026) y productora, Our effed up world (Alice Maio Mackay, 2026). 

Producida principalmente a través de campañas de financiación de kickstarter, la antología Castration Movie tiene una estética común de imagen granulada y planos secuencia que proviene de la utilización de una cámara Hi8 que pertenecía a los padres de Louise Weard, lo que la sitúa dentro del estilo DIY (Do It Yourself) del primer cine digital, en el que ella ha ejercido como directora, guionista y editora, aunque se ha ido expandiendo a lo largo de las películas, con esta última contando en la producción con nombres tan destacados como Vera Drew o Lilly Wachowski. El conflicto principal de esta historia surge cuando Trent le dice a Izzy que se siente una persona trans y que a partir de ese día ha decidido llamarse Tiffany, lo que su pareja recibe con extrañeza e incomodidad, porque a lo largo de los nueve años de relación nunca ha visto en su novio ninguna muestra de disforia de género. Que Izzy trabaje en una línea de atención a personas que sufren depresión pero sea incapaz de escuchar las necesidades de su pareja es uno de los elementos disruptivos de una película que se centra en la reacción de una mujer cis frente al anuncio tan repentino del deseo de transición de género que recibe de su pareja. Cuando Trent insiste en que le llame Tiffany y comienza a vestir ropa de mujer justo el día de su noveno aniversario, Izzy se siente incluso intimidada, lo que ofrece una representación bastante inteligente sobre el sentimiento de amenaza que expresan muchas mujeres cis frente a la identidad transexual, como si la aceptación de ésta supusiera una invasión de su espacio. En una brillante discusión, Izzy expresa lo intimidante que le resulta la transformación de Trent en Tiffany: "Me provoca miedo  la gente como tú que quiere estar en los putos espacios en los que yo he tenido que estar, en los que me siento segura. Y la forma en que tú quieres invadir ese espacio me resulta muy agresiva". Surgen así términos controvertidos como "widow trans" (viuda trans), una forma despectiva hacia la identidad trans que describe a mujeres cis que han tenido parejas masculinas que han realizado la transición de género. La incomprensión por la falta de expresión de la identidad femenina de Tiffany hasta hace una semana, se traslada al propio centro de apoyo, con Michaela haciendo referencia a una posible autoginefilia, un constructo polémico que describe la excitación sexual de un hombre al vestir ropa de mujer, que a pesar de describirse en algunos círculos como una parafilia no está contemplado en ninguno de los manuales diagnósticos de psicología, que en todo caso lo consideran como una expresión de la disforia de identidad de género. La primera imagen de la pareja practicando sexo con Izzy llamando puta a Trent es tan significativa de la forma en que ella no ha captado las señales de su novio que acaba adoptando un significado más profundo conforme se produce el distanciamiento de ambos, revelando a Izzy con la inflexibilidad de la actitud TERF (Feminismo radical transexcluyente). La violencia verbal que recibe Tiffany de Izzy a partir de su decisión es representativa de la cada vez mayor violencia que rodea a la identidad transexual en sociedades que niegan la diversidad de género, pero la directora Louise Weard no evita los propios debates internos dentro de la comunidad trans, aunque sea a través del sentido del humor en una escena en la que Michaela defiende su derecho a comentar el aspecto físico de las mujeres trans que acuden al centro de apoyo. Castration Movie Anthology III.II: Junior ghosts - Premorphic drift encuentra en su duración más reducida la ventaja de una historia más concreta, centrada en un planteamiento desafiante sobre la identidad de género cuando rompe con los parámetros establecidos incluso dentro del propio entorno queer, y lanzando una reflexión honesta sobre los estereotipos a los que se enfrenta la comunidad transexual.

After school

Merijn Scholte-Albers, Tobias Smeets

Bélgica, Países Bajos 2025 | 101' | Horizon |

En los últimos años estamos viendo cómo youtubers de éxito están cambiando los videos amateurs por incursiones más profesionales en el mundo del cine, algunos por expandir sus propias creaciones, pero otros por una necesidad de desplazarse hacia otros terrenos debido a la pérdida de influencia en un mundo en el que las tendencias pasan rápido. Para youtubers de éxito nacional como Merijn Scholte-Albers (1989, Países Bajos), su pertenencia a la Generación Millenial le sitúa ya en otro escalón diferente al de los consumidores actuales de YouTube. Tuvo éxito sobre todo con la serie de videos titulada Mastermovies, realizada con su colaborador Paul Huig, que se caracterizaba por utilizar los llamados fandubs, aquello que tanta gracia nos hacía antes de poner voces a escenas de películas y series populares. Mastermovies se ha convertido en un referente para muchos aficionados holandeses, aunque principalmente pertenecientes a la misma generación que sus creadores, quienes han sabido reciclarse: Paul Huig es actualmente desarrollador web y Merijn Scholte-Albers ha intentado introducirse en la industria del cine junto a su nuevo colaborador, el director de fotografía Tobias Smeets (1987, Países Bajos), convirtiéndose en realizadores. Su cortometraje Schoolfest (Merijn Scholte-Albers, Tobias Smeets, 2011) tuvo un buen reconocimiento, y ahora expanden la historia para convertirla en su primer largometraje que repite con algunos de los protagonistas y tiene una trama parecida. Del corto original permanece el personaje de Edwin (Rutger de Bekker), ahora un profesor de música en un instituto en el que también estudia su hija adolescente Bobbie (Noelle Simson). Él mismo se considera un buen padre y un buen amigo, pero la perspectiva de los demás es que carece completamente de autoridad, la principal razón por la que no es elegido para el puesto vacante de subdirector. Esta carencia es aprovechada por Bastiaan (Kylian de Pagter-Colin), sobrino de la directora del instituto, y su amigo Darius (Daniël Kolf) para provocarle constantemente. Cuando Edwin comete una agresión física contra Bastiaan que es grabada por un móvil, se convierte en víctima de un chantaje permanente en el que es sometido a todo tipo de humillaciones para evitar que el video se difunda a través de internet y acabe con su carrera profesional. La única oportunidad que tiene Edwin de contrarrestar la amenaza de su alumno es unirse al profesor de gimnasia Peter (Ruben van der Meer), quien se solidariza con Edwin hasta que él mismo sufre también el engaño de Bastiaan y tienen que encontrar la manera de deshacerse de la amenaza. La propuesta interesante de After school (Merijn Scholte-Albers, Tobias Smeets, 2026) es que habla de acoso escolar, pero no del que sufren unos alumnos a manos de otros, sino convirtiendo al profesor en víctima, aunque no se trata de una comedia negra como podría parecer, sino de una película que conecta más con las comedias de instituto norteamericanas de los años ochenta, aunque a partir de la mitad del metraje abandona el entorno escolar para centrarse en el enfrentamiento entre los personajes.

La expansión de un cortometraje que ya se desarrollaba durante 40 minutos requiere la introducción de nuevos personajes y una narrativa más sólida, pero no termina de funcionar en esta nueva versión, quizás por un sentido del humor a veces demasiado simple y repetitivo, alargando las situaciones para llegar a la duración estándar de un largometraje. Los directores han comentado en algunas entrevistas realizadas cuando la película se estrenó en Países Bajos en septiembre del año pasado, que echaban de menos las comedias más puras en las que el espectador simplemente se sienta para reírse con las situaciones, pero no estamos seguros de que una retahíla de chistes sobre fotopollas acaben funcionando como un recurso de comedia demasiado efectivo (un ejemplo de este humor adolescente son los títulos de crédito finales). Las humillaciones al profesor también se alargan en exceso, incluso después de que entren en escena otros personajes como su amigo Peter y el joven Melchior (Sezgin Güleç), quien les ayuda en sus poco efectivas estrategias para contrarrestar el chantaje. La prueba de que la trama no tiene mucho recorrido más allá de la anécdota es que el guión introduce en el segundo acto una subtrama relacionada con una banda de narcotraficantes que resulta bastante forzada y claramente funciona como una manera de ampliar la historia para que no resulte tan repetitiva. La conclusión de que el acosador lo es porque él mismo también sufre abusos por parte de otros, es tan recurrente que no llega a funcionar como mensaje, aunque al menos la perspectiva del acoso escolar desde la mirada europea no es la de las películas y series coreanas que contrarrestan la violencia escolar con más violencia. Pero After school, aunque en algunos momentos puede tener ideas divertidas, acaba siendo una comedia simplona y de humor fácil para espectadores poco exigentes.  

The Seoul guardians

Jong Woo Kim, Shin Wan Kim, Chul Young Cho

Corea del Sur 2026 | 72' | Documentaries from the edge | ★★

IFFR '26: Mención Especial NETPAC

Seattle IFF '26: Premio Especial del Jurado


Hace unas semanas, el Tribunal Supremo de Corea del Sur ratificó la condena a nueve años de prisión contra el expresidente Yoon Suk Yeol por cargos de obstrucción y otros delitos vinculados a su fallida declaración de ley marcial en 2024, un auto golpe de Estado que muchos analistas explican como un intento desesperado por mantenerse en el poder, agobiado por los casos de corrupción que le rodeaban. La justificación de la ley marcial fue la amenaza de fuerzas externas procedentes de Corea del Norte, pero en el juicio se demostró que él mismo había ordenado el envío de drones a la frontera para fabricar una falsa crisis poco antes de la declaración de la ley marcial en diciembre de 2024. Esta orden realizada a través de un discurso en televisión tomó por sorpresa a la comunidad internacional y se ha considerado como el más grave atentado político contra la democracia en el país surcoreano. El documental de urgencia The Seoul guardians (Jong Woo Kim, Shin Wan Kim, Chul Young Cho, 2026) ofrece el relato de los acontecimientos que tuvieron lugar durante una noche en la que los legisladores trataron de entrar en la Asamblea Nacional para votar la derogación de una ley marcial que consideraban ilegal, mientras la policía y el ejército intentaban tomar el interior del parlamento para impedir la votación. La película, que recibió una Mención Especial del Jurado en la sección NETPAC del Festival de Rotterdam y el Premio Especial del Jurado en el Festival de Seattle, está formada por imágenes tomadas por equipos de televisión que se encontraban en el interior y el exterior de la Asamblea Nacional justo después de la declaración de la ley marcial. El principal objetivo de los periodistas era no apagar nunca las cámaras para poder captar todos los acontecimientos que sucedieran, y a través de un cuidado montaje que extrae imágenes de seguramente cientos de horas de grabación, se ofrece una cronología de los sucesos que siguieron a la orden del presidente. La oposición decidió acudir a la Asamblea Nacional mientras hacía llamamientos a la población de Seúl para que defendiera la democracia manifestándose frente al órgano político, cuando cualquiera que estuviera en las calles era susceptible de ser detenido. Lo que refleja el documental de una manera significativa es la fragilidad de la democracia cuando se ataca desde el interior del poder político y la necesidad de que los ciudadanos sean una parte fundamental para defenderla, lo que en estos momentos en los que partidos anti-sistema parecen tener posibilidades de llegar al poder en algunos países tradicionalmente democráticos, resulta una advertencia eficaz. Y, sobre todo, que las fuerzas del orden se sitúen siempre en el lado del poder, aunque tome decisiones anticonstitucionales, ofrece también una reflexión preocupante. En el caso de Yoon Suk Yeol, ordenó a la policía que impidiera a los legisladores entrar en la Asamblea Nacional, y cuando resultó insuficiente, envió al ejército para que aterrizara helicópteros en el techo del edificio para entrar por la fuerza.  

En medio del caos que se produjo y entre los forcejeos con los soldados que "solo cumplen órdenes", una mujer les grita: "¿Estáis intentando repetir la masacre de Gwangju?". A lo largo del documental, y a través de las reflexiones de uno de los periodistas, se hace referencia a la inestabilidad política que se produjo en Corea del Sur tras el asesinato del dictador Park Chung-hee en 1979, lo que provocó tensiones entre el ejército y los nuevos gobernantes, derivando en la toma del poder por parte del jefe del ejército Chun Doo-hwan, a través de un golpe de Estado el 12 de diciembre. Pero durante 1980 se produjeron manifestaciones en todo el país contra la ley marcial que se había impuesto tras la muerte del dictador, entre ellas el levantamiento de Gwangju, que acabó con la intervención del ejército y la muerte de entre 1000 y 2000 estudiantes, aunque las cifras oficiales de la dictadura redujeron la cifra a 165 víctimas. Una masacre que ha sido retratada en películas como May 18 (Kim Ji-hoon, 2008), A taxi driver: Los héroes de Gwangju (Jang Hoon, 2017) y Excavator (Ju-hyoung Lee, 2017), producida por Kim Ki-duk. Los paralelismos entre las dos reinvindicaciones de la democracia son claras, pero en The Seoul Guardians también se refleja, y los directores lo han destacado en sus intervenciones, que el ejército nunca llegó a desplegar toda la fuerza que podría haber desmantelado la votación en la Asamblea Nacional, acatando las órdenes de una manera bastante laxa. El montaje de Stacy Kim y Cho Chul Young también introduce contrastes entre el caos que se estaba viviendo fuera y el silencio que había dentro del órgano político en el que los legisladores estaban a punto de votar contra la ley marcial, restituyendo el orden constitucional. Hay alguna discusión sobre si el presidente de la Asamblea debería ofrecer una intervención pública para condenar la decisión del primer ministro, o dar comienzo a la sesión para derogar la ley marcial antes de que el ejército consiga superar los obstáculos que se encontraban en los pasillos interiores. Si bien se le podría haber pedido al documental una cierta contextualización política de los acontecimientos, en realidad la mirada de la imagen busca cierto grado de objetividad y un estilo de reporterismo que trata de reflejar los hechos, más que sacar conclusiones. Pero la película se abre y cierra con la decisión del Tribunal Constitucional de someter a un juicio político al presidente Yoon Suk Yeol, y refleja también que, incluso después del fallido auto-golpe de estado, había ciudadanos coreanos que seguían apoyándole. The Seoul Guardians se perfila así como un recordatorio de la debilidad de las democracias si no existe un contrapeso liderado por los ciudadanos para controlar las decisiones de los gobernantes. 

Misterio

Marcela Fernández Violante

México 1980 | 83' | Fantasia Retro | ★★

Ariel '81: Actor, Actriz, Actor reparto, Actriz reparto, Guión, Edición, Diseño de Producción


Antes de que se estrenara El show de Truman (Peter Weir, 1998), esta película mexicana exploraba las posibilidades de la representación de la vida como si se tratara de un destino escrito, mezclando el entorno de las telenovelas con la ciencia-ficción. Basada en la novela Estudio Q (1965, Ed. Seix Barral), escrita por Vicente Leñero (1933, México), surgida antes del boom de las letras latinoamericanas, planteaba una realidad distópica en la que el personaje principal de una telenovela se rebelaba contra los diálogos cursis que escribía el guionista, estableciendo en el libro un diálogo entre el autor y su personaje. La adaptación cinematográfica le daba una vuelta de tuerca a la historia, y en este caso el actor Alex (Juan Ferrera), protagonista de culebrones de éxito, descubre que en realidad su vida está siendo escrita por la guionista Gladys Madero (Beatriz Sheridan), y que todos los recuerdos que tiene son invenciones, incluidos los que están relacionados con su matrimonio con Silvia (Helena Rojo), que comienza a hablar con esas hipérboles melodramáticas tan características de las telenovelas mexicanas. Al mando de la vida de Alex se encuentra el Director (Víctor Junco), un hombre autoritario al que no le tiembla el pulso si tiene que enviar a la muerte a sus actores más rebeldes. El planteamiento de la historia juega con la metanarrativa en la que hay dudas sobre si la escena que se está recreando forma parte de la realidad o de la ficción, a través de un nuevo estilo de telenovela realista que el director está vendiendo como una revolución en el mundo de la televisión. Y hace referencia al teatro de la vida y a la existencia como la representación de un sueño, con fragmentos explícitos sacados de La vida es sueño (1635, Ed. Cátedra) de Calderón de la Barca (1600-1681, Madrid). A través de esta especie de distopía que transcurre exclusivamente dentro del Estudio Q, porque incluso los exteriores forman parte del estudio de grabación, la película desarrolla algunos de los temas principales que exploró Vicente Leñero en su literatura, como la libertad individual frente al destino, las historias colectivas o las filtraciones entre la ficción y la vida. Pero también tiene una característica peculiar dentro del cine mexicano, la dirección de la cineasta Marcela Fernández Violante (1941, México), la tercera directora que trabajó en la industria desde 1935, quien recibió el reconocimiento de la profesión en 2023, cuando la Academia de Cine de México le entregó el Ariel de Oro a toda su trayectoria. No obstante, en su momento Misterio (Marcela Fernández Violante, 1980) recibió ocho premios Ariel, entre ellos a los actores y actrices protagonistas y secundarios, y los de Mejor Argumento y Guión para Vicente Leñero, que fue el encargado de adaptar su propia novela, ya convertida anteriormente en obra de teatro, pero no consiguió el premio a la Mejor Dirección. 

La mirada de una mujer directora proporciona a la película una perspectiva diferente, como una visión satírica sobre los roles de género que eran tan característicos de las telenovelas, especialmente a través de un protagonista que el director quiere representar como un hombre masculino que tiene amantes y es perseguido por hordas de fans femeninas. La mezcla entre esta visión satírica y el surrealismo que se introduce en la historia conforman una narrativa peculiar que tiene momentos de humor. La experiencia durante el rodaje también forma parte de la historia del cine mexicano y del machismo que caracterizó a la industria. La directora tuvo muchos problemas con los productores de la película, todos hombres, que no compartían algunas de las decisiones de Marcela Fernández Violante, e incluso se cuenta que Rogelio González intentó desplazarla de sus funciones y trató de agredirla delante de todo el equipo durante el rodaje, a lo que ella le contestó con la frase: "Si yo fuera hombre ya te hubiera hecho albóndigas en chipotle". Al terminar el rodaje, ella cuenta que viajó a la sierra y cuando volvió no le habían incluido en los títulos de crédito de la película, que finalmente recibió 12 nominaciones a los premios Ariel, entre ellas la de Mejor Dirección. La perspectiva de Marcela Fernández Violante contribuye a crear una crítica satírica a la telenovela de la época, a las actuaciones exageradas y a la galantería, construyendo las vidas planas de personajes expuestos a los gustos del público. Misterio funciona, de todas formas, como una historia de ciencia-ficción que reflexiona sobre el mundo de la televisión, pero Violante agrega toques que tuercen por completo la historia y terminan convirtiéndola en una pesadilla de bucles sin fin. La productora Severin Films ha utilizado los negativos originales procedentes del Instituto de Cinematografía de México (IMCINE) para realizar una restauración en 4K, recuperando una de las propuestas más singulares del cine mexicano de los años ochenta. 


Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma se estrena en España el 9 de octubre.
Leviticus se estrena en España el 30 de octubre.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

El faro se puede ver en Prime Video.

22 julio, 2026

Fantasia '26 - Parte 3: La mirada independiente

Si en nuestra anterior crónica de Fantasia Festival ofrecíamos algunos títulos desde la mirada asiática, en esta nueva crónica nos centramos en otra de las características principales de la programación del festival canadiense: el cine independiente y las producciones de bajo presupuesto que utilizan los géneros de terror y de ciencia-ficción para ofrecer comentarios sociales, algunas de ellas desde perspectivas queer. Esta selección de títulos sirve para mostrar la presencia de un cine independiente provocador, pero también interesado en plantear preguntas sobre nuestra sociedad, lo que en una época en la que se dan verdades como asumidas sin reflexionar sobre ellas, resulta especialmente estimulante. 

Godhead

Mark H. Rapaport

Estados Unidos, Gran Bretaña 2026 | 99' | Underground | ★★

En el plano final de esta película, vemos una iglesia aislada pero reconocible, una manera de establecer la cotidianidad que rodea a la historia, el carácter mundano de un relato que sin embargo aborda temas tan sórdidos como la pedofilia, el incesto, el control coercitivo y la imposición del dogma como una forma de opresión. Mark H. Rapaport (1970, Nueva York) es un cineasta conocido en Fantasia Festival tras el estreno de sus cortometrajes y de su primer largometraje, Hippo (2023), un coming-of-age bastante peculiar que tiene temas comunes a su segunda película y también estaba rodado en blanco y negro, un estilo que acerca a sus films a una tonalidad cercana al cine clásico. Pero en Godhead (Mark H. Rappaport, 2026) la inquietud que provoca la historia es mucho más intensa, abordando directamente el tema de la fe cristiana y conectando con la educación del director dentro de una comunidad religiosa, haciéndose preguntas sobre las incongruencias entre la moralidad y el dogma. En la iglesia que vemos desde el exterior en la última escena, sin embargo ocurren muchas cosas que en cierta manera contradicen las reglas morales de la fe cristiana, empezando por un sacerdote (Al Warren) que se flagela con una cadena y que al mismo tiempo es protector y opresor de un niño (Luke Speakman) que vive en una habitación de la parroquia. La utilización de ángulos forzados que parecen deformar la imagen cuando vemos por primera vez su cuarto indica la naturaleza distorsionada del mundo en el que vive, y este recurso estilístico es utilizado por Mark H. Rappaport en varias ocasiones a lo largo de la película, como un reflejo de la psicología de los personajes. Cuando el sacerdote se encuentra limpiando la iglesia, aparecen dos hermanos que se hacen llamar a sí mismos Primogénita (Sarah Coffey) y Segundogénito (Kimball Farley), presentándose como una especie de profetas que han sido enviados para que el párroco elija cuál de ellos es merecedor de transformarse en el Espíritu Santo. Sin embargo, el elegido debe morir para poder ascender al cielo, una misión supuestamente divina que enfrenta al sacerdote a su propia fe. Godhead plantea por tanto un dilema moral a un personaje cuya moralidad ya se ha presentado como bastante dudosa, lo que resulta uno de los hallazgos más interesantes de la película. Aunque la parte central del relato se encuentra en la forma en que el sacerdote se enfrenta a esta decisión a la que los hermanos no le permiten ninguna otra salida, la presentación ambigua del personaje dota de una mayor incomodidad a la mirada del espectador.  Conforme se desarrolla la historia, el paralelismo entre la forma en que han vivido el niño y Segundogénito, un joven que parece tener un trastorno psicológico, controlado por las decisiones de su hermana, se hacen cada vez más evidentes, mientras sus protectores en realidad han ejercido una forma de aislamiento sobre ellos.

La película se hace preguntas sobre los límites difusos entre la fe y el fanatismo, sobre la hipocresía de la religión cuando se establece como dogmática, con personajes claramente deformados por sus propias creencias. A través de una puesta en escena que utiliza la simbología y una cierta irrealidad formal, el director construye un entorno familiar que sin embargo se siente como inquietante y desconocido, lo que resulta mucho más desasosegante. El horror de Godhead no está en los sucesos que ocurren, sino en la naturaleza profundamente pervertida de sus protagonistas, estableciendo a los personajes más inocentes como los únicos que pueden alcanzar ese estado de liberación que persiguen los demás. Con un tercer acto deliberadamente ambiguo, la historia establece las aspiraciones que se prometen a quienes forman parte de una comunidad religiosa, la promesa de que lo que viene es mucho mejor que lo que se está experimentando, esa vaga idea de salvación que se sostiene en un futuro no sucedido. Y cómo esta promesa de salvación se convierte en herramienta de control y de manipulación. Un elemento destacado es la fotografía en blanco y negro de William Babcock, que aporta una cierta irrealidad al mismo tiempo que una ligera cotidianidad, y que acerca la textura de la imagen a películas como Cabeza borradora (David Lynch, 1977), pero también al cine negro clásico con elementos religiosos. También destacan las interpretaciones de Al Warren como el sacerdote, de Kimball Farley como el hermano menor, que ya protagonizó Hippo, y del niño Luke Speakman, quien a pesar de su corta edad ya ha trabajado en varias películas anteriores como Weapons (Zach Cregger, 2025). Godhead se establece así como una historia sobre fanatismos desde una perspectiva alegórica, que funciona gracias a la complejidad de unos personajes bien construidos y que plantea dilemas éticos a los que se enfrentan los protagonistas, pero que también estimulan al espectador, sin que se sienta que pretenda ser solo provocativa. 

Our effed up world

Alice Maio Mackay

Australia 2026 | 67' | Underground | ★★

Frameline Festival '26: Selección Oficial


Otro de los nombres más que habituales en Fantasia Festival es el de la directora Alice Maio Mackay (2004, Australia), una prolífica cineasta que desde T Blockers (2023) ha estrenado sus películas en el festival, como Carnage for Christmas (2024) y The serpent's skin (2025), abordando diferentes subgéneros del cine fantástico y de terror, pero aportando su habitual mirada queer y su divertida perspectiva irónica. En el caso de Our effed up world (Alice Maio Mackay, 2026), que también se estrenó el pasado fin de semana en Frameline Festival, la muestra de cine LGBTQ+ de San Francisco que se está celebrando estos días, se adentra directamente en el género de ciencia-ficción y concretamente en el de invasiones alienígenas, pero solo como una metáfora de las debilidades de nuestro planeta. Al fin y al cabo, el título de la película hace referencia a nuestro mundo tan jodido. Y aporta también una conexión particular con otro de los títulos que forman parte de la programación de Fantasia Festival, Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma (Jane Schoenbrun, 2026), última propuesta de la directora de El brillo de la televisión (2024), que en este caso ejerce como productora, en su primera colaboración con Alice Maio Mackay. La directora australiana se plantea qué pasaría si una invasión alienígena llegara en el peor momento emocional de una joven, Sheri (Sara Thompson), quien al principio de la historia tiene que lidiar con el suicidio de su abuela Grace (Kerry Armstrong), sin encontrar demasiado consuelo en su padre Hank (Scott Major), un astrónomo. Por el contrario, es la relación con su mejor amiga Poppy (Annapurna Sriram) y con otras dos jóvenes de su círculo de amistades, Ash (Karis Oka) y Finn (Jess McLeod, quien también participa en Campamento Miasma), la que le distrae de su estado emocional. Las cuatro se reúnen habitualmente en un videoclub que ha heredado esta última, una especie de refugio que en la película no solo tiene una función nostálgica, sino que también desarrolla elementos emocionales de los personajes. Entre películas antiguas a las que hace referencia la directora, especialmente títulos de serie B como Los payasos asesinos del espacio exterior (Stephen Chiodo, 1988) o series como Las supernenas (HBO Max, 1998-2005) en cuanto al espíritu positivo que transmite la amistad femenina, esta historia funciona especialmente bien cuando describe la relación entre las amigas, con diálogos frescos escritos por Alice Maio Mackay y su colaborador Benjamin Pahl Robinson, que podrían haber establecido una dramedia sobre la amistad de gran eficacia. En cierta manera, lo sigue siendo, porque la invasión de un alienígena funciona como un elemento de desconexión de la realidad pero al mismo tiempo como una forma de representación de las propias incertidumbres de Sheri. Cuando las amigas se enfrentan a la llegada de este extraterrestre de serie B, envuelto en el característico sentido del absurdo que suele aportar la directora, Sheri se pregunta si merece la pena actuar para salvar a un mundo que ya está condenado y realmente jodido. 

A pesar de que la contribución de Jane Schoenbrun (1987, Nueva York) pueda haber aportado un mayor presupuesto, y de que la película se siente como un paso adelante en la madurez como cineasta de Alice Maio Mackay, lo cierto es que los elementos de terror que suelen estar rodeados de aspectos extravagantes, aportando una perspectiva propia a su cine, funcionan con menos acierto en esta historia. Pero de alguna manera está compensado con una descripción de la amistad entre las protagonistas como una herramienta mucho más eficaz para acabar con la amenaza alienígena que las armas o las estrategias científicas. Mientras el mundo se dirige hacia la perdición, consumido por el hambre energética que tiene un extraterrestre que se ha estrellado en nuestro planeta, las jóvenes se convierten en salvadoras a su pesar, enfrentándose a esta invasión con algunas actitudes más cotidianas que las de simples personajes heroicos. Desde el sentido del humor irónico hasta una actitud pasiva que prefiere dejar pasar los acontecimientos, el guión no convierte a los personajes en héroes inmediatamente, como suelen hacer las películas de invasiones extraterrestres, sino que les enfrenta a esta situación extraña con una incertidumbre cotidiana, sin saber exactamente qué hacer. El escenario de un videoclub de películas VHS que solo alquila un cliente, la representación del alienígena con aspecto de película de serie B, las descripciones farragosas de Hank como un astrónomo que trata de encontrar una solución científica, son elementos simbólicos que se sitúan como barreras entre la amistad de las protagonistas, quienes solamente unidas pueden hacer frente a la amenaza exterior, aunque eso suponga algún sacrificio. Our effed up world se pregunta si merece la pena salvar un mundo tan desastroso como el nuestro, y aunque responde que hay sentimientos que merecen ser salvados, también deja una duda sobrevolando el desenlace. Aunque a nivel de género fantástico es una de las propuestas más desequilibradas de la directora, esta historia funciona como una mirada mucho más madura hacia unos personajes mejor elaborados. Quizás sea el momento de que Alice Maio Mackay se atreva a contar una historia sin elementos de género que la rodeen. 

Tight lettuce

Harrison Houde

Canadá 2026 | 95' | New Flesh | ★★

En algunas ocasiones, cuando comentamos documentales que abordan las problemáticas familiares de los directores, a veces retratando la lucha de sus padres con las adicciones, se tiene habitualmente una sensación de incomodidad, como si hubiera algo de deshonesto en mostrar las debilidades de una persona cercana que quizás no está en las condiciones adecuadas para entender el proceso de grabación. En la película Tight Lettuce (Harrison Houde, 2026), que ha sido estrenada mundialmente en la sección Les Fantastiques Week-ends du Cinéma Québécois y participa en la nueva competición New Flesh, el protagonista Joel (Dakota Daulby) está grabando un documental sobre su padre Bodo (Emmanuel Bilodeau), un hombre adicto al fentanilo y la heroína que necesita un cierto tipo de rescate por parte de su hijo, malviviendo y con comportamientos erráticos que le llevan a no encontrar un trabajo estable. Joel se convierte en un cuidador que está siempre pendiente de su padre, pero al mismo tiempo es también un cineasta que convierte en tema de su próximo documental a Bodo. La historia está basada en la realidad (al final de la película vemos imágenes de los dos protagonistas reales) y surgió de una petición que hizo un amigo al director Harrison Houde para llevar su historia a la pantalla, pero en un formato de ficción, lo cual en cierta manera parece una decisión más honesta y respetuosa que la de reflejar su experiencia desde una mirada documental. Sin embargo, es interesante que el planteamiento de la historia sitúe a Joel como un director amateur que está haciendo una película sobre su padre, porque en los momentos en los que realiza la primera edición de las imágenes en su ordenador adopta la mirada distanciada de un espectador que en la interacción que tiene con su padre no capta. Esta mirada exterior también está representada a través de los personajes femeninos de la película, como la ex-pareja de su padre, Lucy (Maxim Roy) o la novia de Joel, Taylor (Christie Burke), quienes no entienden la decisión del joven de acudir siempre que Bodo le necesita, aunque habitualmente le perjudique. Lo que contrasta con la confianza en que en algún momento Bodo encuentre la fuerza para terminar los procesos de tratamientos de rehabilitación que siempre abandona, no solo por parte de Joel sino también de su abuela (France Castel). El guión ha sido co-escrito por el actor principal, Dakota Daulby y el director Harrison Houde, que llevan algunos años escribiendo y produciendo cortometrajes como Keelhaul (Edgar Cortés Campoy, 2025), que compitió en el Festival de Sitges, o Term (Chadrick Preuss, 2026), que se estrena también en esta edición de Fantasia Festival, con Dean Norris como protagonista. Y consigue mantener el equilibrio entre un cierto tono de comedia negra y un drama familiar que reflexiona sobre si la atención a los adictos puede ser una forma de contribuir a esas mismas adicciones, con la crisis de los opioides que se ramifica en toda Norteamérica de una manera incontrolable.  

Al invertir el propósito de los personajes desde el habitual retrato de un padre que quiere salvar a su hijo de las adicciones, para convertirlo en una historia sobre un hijo que quiere salvar a su padre, Tight lettuce también consigue adoptar un tono tragicómico, porque habitualmente los jóvenes enfrentados a las adicciones parecen más vulnerables que un hombre ya maduro que ha tenido varias oportunidades para salir del infierno de las drogas. Pero también refuerza un cierto carácter egoísta de Bodo, quien prefiere mantener su independencia, sabiendo siempre que Joel estará presente en cualquier momento que le necesite. Es fácil identificar las idas y venidas que experimenta el entorno familiar de un hombre adicto, los intentos por acogerle bajo condiciones, los ingresos en clínicas de rehabilitación, la esperanza de que algún día se producirá esa transformación que despierte su conciencia, y la película lo hace de una manera sutil pero precisa y acertada. También hay momentos conmovedores que tienen relación con la impotencia que los familiares experimentan, y buena parte de la virtud de aportar toques de comedia sin que parezca que está desatendiendo la seriedad del tema que trata, se sostiene en las dos interpretaciones principales: el veterano actor Emmanuel Bilodeau, premiado en el Festival de Locarno por Curling (Denis Côté, 2010), ofrece un retrato cercano de un hombre que, a pesar de las adicciones, se mueve casi siempre en un tono desenfadado y despreocupado que le hace simpático, mientras que Dakota Daulby entiende al protagonista como un personaje que, de una manera más tenue, se enfrenta a la reflexión sobre si tratar de ayudar constantemente a su padre está suponiendo una barrera para su propia vida familiar. Como si la dependencia que tiene Bodo en él se transmitiera también como una forma de dependencia cruzada, reforzada aún más por la necesidad de grabar imágenes para su propio documental. Hay un diálogo entre la realidad y la ficción al final de la película que puede parecer casi metanarrativo, al ofrecer imágenes reales de Bodo grabadas por su hijo, una decisión algo discutible porque esta conexión con la realidad no era necesaria para subrayar que la historia está inspirada en ella. 

Big break

Ian Faria

Estados Unidos 2026 | 87' | Horizon | ★★


Últimamente hemos visto cómo han surgido cineastas de otros medios como YouTube que han abordado el terror como si se consideraran a sí mismos los renovadores del género, por lo que resulta refrescante que un grupo de comediantes haya decidido salir de su zona de confort de sketches, cortometrajes y espectáculos teatrales para acercarse también a este género, pero sin tomárselo tan en serio. Los componentes del grupo de comedia neoyorquino Simple Town son Ian Faria en la dirección, y Felipe Di Poi, Sam Lanier, Caro Yost y Will Niedmann como escritores e intérpretes de numerosos videos cortos que se han hecho virales en redes sociales y un espectáculo mensual de sketches en un teatro independiente de Brooklyn. Pero han decidido dar el salto al largometraje con Big break (Ian Faria, 2026), que se estrena en Fantasia Festival, y que en cierta manera traslada su propia realidad a la pantalla. La historia comienza cuando un antiguo grupo de cómicos vuelve a reunirse después de que uno de ellos, Sam (Sam Lanier) hubiera provocado su separación al lanzarse en solitario a dirigir la película Gummy Bears, convertida en un éxito de Hollywood. Sus antiguos compañeros, Caroline (Caros Yost), Felipe (Felipe Di Poi) y Will (Will Niedmann) guardan cierto rencor por no haber sido invitados a formar parte del reparto, pero al mismo tiempo tienen la esperanza de convencer a Sam de que les incluya en la secuela que está escribiendo. Así que deciden aceptar su invitación para permanecer un fin de semana en su aislada mansión, uno de los beneficios del éxito conseguido con la película. El único detalle es que, al mismo tiempo, las noticias están hablando de un posible asesino en serie que está actuando en la zona, y poco después de su llegada, comienzan a perder la cobertura de sus móviles. Para su debut en el cine, los componentes de Simple Town se han rodeado de un grupo de productores destacados del cine independiente, como Richie Doyle, productor de Si pudiera, te daría una patada (Mary Bronstein, 2025), Connor Hannon, productor de The people's joker (Vera Drew, 2022) o Sarah Wilson, productora de Dad & step-dad (Tynan DeLong, 2023). Pero también conocen sus limitaciones y la película se desarrolla casi exclusivamente dentro de la casa de Sam, adoptando una textura anamórfica que la acerca a las películas de terror de los años noventa y, según ellos mismos describen en las notas de prensa, vistiendo a sus personajes como si fuera la pandilla de Scooby-Doo. Su experiencia en los sketches de humor les permite tener un dominio del ritmo de la comedia, pero abordando los momentos de suspense y violencia explícita con la suficiente seriedad, de manera que la mezcla funciona casi tan bien como lo hace en series como Inside N. 9 (Filmin, 2014-2024), a la que nos recuerda bastante el tono de esta película. Asimismo, su experiencia como autores e intérpretes les permite construir personajes que son ambiguos, que se enfrentan con decisiones absurdas a situaciones extremas y que a veces ni siquiera tienen el suficiente sentido del ridículo como para pensar en lo que están haciendo. 

Esto también provoca que jueguen constantemente con los tropos habituales del género, sin que resulte exactamente una parodia, al mismo tiempo que se desvelan las personalidades ocultas de los personajes, a veces no tan inocentes como parecen, lo que desemboca en situaciones imprevisibles que mantienen el ritmo y el tono de comedia negra en todo momento. También es una buena decisión que en su incursión en el cine los autores no adopten el formato de sketches para construir las escenas, sino que construyan arcos de personajes lo suficientemente sólidos como para que resulten creíbles, incluso en las decisiones más descabelladas. Hay varios giros de guión a lo largo de la película que la hacen adictiva y sorprendente en algunos momentos, y la convierten posiblemente en una de las comedias de terror más divertidas de este año. El tono de los momentos de humor incómodo también puede recordar a otras películas independientes como Baghead (Jay Duplass, Mark Duplass, 2008), una primera incursión del subgénero mumblecore en el cine de género, con situaciones que provocan cierto desasosiego, pero más por el ridículo que están haciendo los personajes que por el terror que puede provocar la escena. Alguna persecución en concreto de alguien que quiere matar a alguien resulta cómica por la forma realista en la que está descrita, y la relación personal que tienen ambos personajes, aunque la intención sea la de asesinar. Y el reflejo de los componentes de Simple Town en una ficción que se presenta como un espejo deformado de la realidad, en la que los actores casi interpretan versiones de sí mismos, porque incluso utilizan sus propios nombres para los protagonistas de la película, ofrece una sutil reflexión sobre la fama y los vaivenes de la industria del entretenimiento, sobre todo cuando el éxito aparece de forma desequilibrada entre los miembros de un mismo grupo, y es necesario tomar decisiones drásticas. La banda sonora de Kyle Rodriguez, compositor de origen latino afincado en Los Angeles y nominado al Emmy el año pasado por la serie documental La vida secreta de los animales (Apple tv+, 2024), se sitúa en un plano eminentemente de terror, de manera que establece siempre el tono de tensión que necesita la película para que no funcione solo en el terreno de la comedia. Big break es lo suficientemente inteligente y adecuadamente imprevisible como para que resulte equilibrada en una mezcla de géneros que funciona con especial precisión. 

Dance freak

Robby Rackleff, Alan Resnick

Estados Unidos 2025 | 99' | Underground |


Con un presupuesto mínimo de 40.000 dólares, apariciones de comediantes alternativos, fotografía en blanco y negro y un tono de comedia surrealista, Dance freak (Robby Rackleff, Alan Resnick, 2025) es el tipo de película que define la programación de un festival como Fantasia, siempre atento a las propuestas más independientes y también más extravagantes. Alan Resnick (1986, Nueva York) es un comediante miembro del colectivo Wham City y fundador del grupo Wham City Comedy, y durante varios años sus cortometrajes fueron estrenados a través de la productora Adult Swim, como la parodia surrealista de los comerciales de televisión Live Forever as You Are Now with Alan Resnick (Alan Resnick, Ben O'Brien, 2013) o la muestra de terror analógico This house has people in it (Alan Resnick, 2016), co-escrita junto al actor Robby Rackleff, junto al que ahora estrena su primer largometraje. Dance freak se presenta como otra propuesta surrealista que también reflexiona sobre un mundo desastroso, cuya estética remite a numerosas influencias, desde el cine de Guy Maddin hasta el recurrente David Lynch, creando una película en blanco y negro que se adentra progresivamente en una representación cada vez más caótica de su propia historia. Un pequeño pueblo con estética apocalíptica en el que se está celebrando la campaña electoral a la alcaldía, a la que se presenta la candidata Dorty (Megan Koester), se establece como escenario de la representación del caos que rodea a nuestra sociedad, y sobre todo de la pérdida progresiva de valores sociales. De hecho, Dorty presenta su campaña describiendo al pueblo como un desastre del que solo ella es capaz de salvarle, pero asumiendo que necesita medidas drásticas. Mientras tanto, su pareja Obie (Robby Rackleff) es un treintañero sin trabajo que trata de sobrevivir, un hombre fracasado que deambula por una ciudad que en algunas zonas está controlada por una banda de delincuentes que se hacen llamar Salad Boys, uno de cuyos componentes está interpretado por la comediante Sarah Sherman (1993, Nueva York), de Saturday Night Live. Al mismo tiempo, también parece caminar sin ningún propósito concreto un bailarín extravagante, Dance Freak (Robby Rackleff), que tiene el mismo aspecto físico que Obie, y que puede ser interpretado como una representación de una parte de sí mismo, una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, o simplemente como un personaje que se parece a otro. El guión de Robby Rackleff no ofrece demasiadas explicaciones de nada, y quizás esa es una de sus principales virtudes, su capacidad para exponer una realidad de tono surrealista que no tiene por qué ser explicada, que está abierta a la interpretación de cada espectador. Su asombroso parecido con Dance Freak, y el daño que su baile caótico y eléctrico está causando a su alrededor, conducen a Obie a investigar su origen junto a Dorty y la Dra. Dilly Gorgul (Sheila Mears), una científica que rastrea al bailarín al estilo de las películas de ciencia-ficción de serie B. 

Hasta su segundo acto, Dance freak puede tener una trama más o menos narrativa, impregnada de elementos surrealistas, pero conforme se desarrolla se adentra en terrenos cada vez más opacos y en representaciones más inquietantes. Como hemos visto, a lo largo de la película aparecen algunos comediantes de la escena norteamericana alternativa (no los que suelen tener programas en Netflix): Conner O'Malley (1986, Chicago) interpreta a Sleep Freak, otro personaje extraño con el que Obie se encuentra en la cárcel, y de cuyos cortometrajes en los que interpreta a un personaje maniático y obsesivo podemos encontrar también elementos de conexión con esta historia; Stavros Halkias (1989, Baltimore) interpreta a Mr. Megaman, uno de los jefes de Obie; mientras que Nate Varrone y Rachel Kally también aparecen en pequeños personajes, como un hombre enfadado y como una prostituta, respectivamente. El carácter extravagante de la película, y su fotografía granulada en blanco y negro puede recordar a aquellos primeros títulos independientes de los años noventa, como Clerks (Kevin Smith, 1994) e incluso se ha llegado a comparar esta película con Pi, fe en el caos (Darren Aronofsky, 1998). Pero aunque no se compartan del todo estas similitudes, lo cierto es que Dance freak consigue mantener una estética coherente dentro de su propio universo e invita al espectador a mirar con una actitud abierta a la interpretación de lo expuesto y lo opuesto, estableciendo una forma de abordar la historia bajo una perspectiva provocativa. Y sin embargo mantiene la esencia de una especie de comentario social que tiene más profundidad de lo que establecen sus imágenes caóticas, sobre todo a través de la representación del mundo de la política y de la descripción de un pueblo controlado por una banda que obliga a los ciudadanos a comerse sus bolsas de plástico. La película se siente muy cercana a las comedias extravagantes que ha estrenado Adult Swim a través de su plataforma desde hace años, pero también se siente como excesivamente alargada hasta casi 100 minutos que parecen demasiados para soportar tanto caos y tantas situaciones absurdas. En algunos momentos funciona como una comedia alocada que mira directamente hacia nuestra sociedad ridícula, pero en demasiados momentos también se siente como una propuesta a la que sus responsables no han sabido poner freno. 

Frecuencia macabra (Pontypool)

Bruce McDonald

Canadá 2008 | 93' | Fantasia Retro | ★★

Premios Genie '10: 3 nominaciones: Dirección, Guión adaptado, Actor (Stephen McHattie)


La trilogía de Pontypool que publicó el escritor Tony Burgess (1959, Canadá) entre 1997 y 1999 se convirtió en un éxito de la literatura de terror canadiense, desarrollando una historia sobre una especie de virus que controlaba la mente de las personas. El mismo escritor se encargó de trasladar a la pantalla el segundo libro, Pontypool changes everything (1998) en la película Pontypool (Bruce McDonald, 2008), adoptando un desarrollo de la historia sin que realmente veamos durante la mayor parte del metraje las consecuencias de este parásito psicológico, puesto que transcurre exclusivamente dentro de una emisora de radio que está transmitiendo los acontecimientos que ocurren en el exterior, sin tener tampoco demasiada información sobre lo que está pasando. La mañana comienza de una manera extraña para el locutor de radio Grant Mazzy (Stephen McHattie), porque cuando está aparcando ve a una mujer repitiendo la misma palabra todo el tiempo junto a la ventanilla de su coche. Una anécdota que él mismo utiliza para plantear una pregunta a los oyentes de su programa, dedicado a entrevistas y noticias locales, planteándoles si ellos hubieran llamado a la policía en el caso de que se encontraran con esa extraña situación. Mazzy es un provocador con un estilo irreverente que no gusta especialmente a la productora del programa, Sydney (Lisa Houle), que intenta ser siempre políticamente correcta, entre otras cosas porque la emisora de radio está situada en un espacio cedido por la iglesia del pueblo. Mientras que la joven técnico de sonido Laurel Ann (Georgina Reilly) parece entender mejor la agudeza provocativa del locutor. A lo largo de la emisión, comienzan a recibirse noticias de altercados y ataques violentos en algunos lugares de Pontypool, e incluso reciben una llamada de la BBC británica que quiere entrevistarles para que confirmen si la intervención del ejército canadiense tiene alguna relación con un posible conato independentista. Describiendo los acontecimientos solo desde el punto de vista de la emisión del programa radiofónico, Pontypool tiene un paralelismo con la transmisión de radio La guerra de los mundos (1938), que Orson Welles llevó a cabo sobre la novela de H.G. Wells. Lo más interesante de la propuesta es el componente de terror psicológico que se subraya con el hecho de que como espectadores solo sabemos lo que ocurre en el exterior a través de las descripciones que hacen algunos oyentes o colaboradores del programa, lo que provoca una inquietud y un suspense notables. Y a lo largo de casi toda la película esta sensación se mantiene con la suficiente fortaleza, quizás menos contundente en la resolución, cuando los acontecimientos de fuera irrumpen en el interior de la emisora de radio. 

Pero Pontypool no es exactamente una película de zombis, y el director Bruce McDonald prefería utilizar la descripción de los afectados por el virus como "conversacionistas". A pesar de que la película fue un relativo éxito, que pasó por festivales como Toronto o SXSW, y de que se mencionó que el autor también estaba trabajando en una adaptación de las otras dos novelas, lo cierto es que nunca han llegado a realizarse, y solo se estrenó diez años después un spin-off protagonizado por el personaje de Grant Mazzy, titulado Dreamland (Bruce McDonald, 2019), que no se basaba directamente en los libros y fue recibido con malas críticas. Frecuencia macabra, título adoptado en el estreno español de la película, presenta una realidad en la que el lenguaje se convierte en el transmisor del virus, aunque se especifica que solamente la lengua inglesa, por lo que los personajes acaban comunicándose en francés (privilegio canadiense), y son las palabras las que circulan como infecciones virales que distorsionan las mentes de los habitantes del pequeño pueblo de Pontypool hasta hacerlos destructivos y autodestructivos. La película también aborda algunas distorsiones de la realidad, como la de Ken Loney (Rick Roberts), un reportero que habitualmente informa desde el exterior de la emisora, del que se comenta entre el locutor y la productora que suele simular el sonido de un helicóptero para hacer creer a los oyentes que está informando mientras sobrevuela el pueblo de Pontypool, cuando en realidad se encuentra cómodamente en su casa situada en lo alto de una colina. De forma que adquiere sentido que la narración de la historia se desarrolle solo a través de las palabras que escuchamos en la radio, a veces envueltas en dudas y rodeadas de mentiras, siendo el lenguaje la auténtica bacteria que infecta las mentes, pero también el único antídoto posible cuando se le despoja de las distorsiones a las que es sometido constantemente. Es una propuesta interesante que quizás funciona mejor en un texto escrito que en una representación visual, pero no obstante Frecuencia macabra consigue mantener el suspense durante buena parte de su metraje y plantea una reflexión muy apropiada sobre el ruido que rodea las conversaciones (hay constantes yuxtaposiciones entre las palabras del locutor que salen al aire y las instrucciones que le indica la productora por la transmisión interna). La película incluyó una escena post-créditos para aclarar un final que muchos espectadores consideraron demasiado confuso en relación con el destino de los protagonistas, y de hecho el posterior spin-off Dreamland surgió como una continuación de esa escena.  


Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma se estrena en España el 9 de octubre.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Cabeza borradora se puede ver en Filmin y Mubi.
Weapons se puede ver en HBO Max y Movistar Plus.
T Blockers y Carnage for Christmas se pueden ver en Blood Stream.
Los payasos asesinos del espacio exterior se puede ver en MGM+ y Tivify.
Si pudiera, te daría una patada se puede ver en Movistar Plus.
The people's joker se puede ver en Filmin. 
Dad & step-dad se puede ver en Plex.
Frecuencia macabra se puede ver en Dizi.
Dreamland se puede ver en Fubo.