La XVI edición del Festival Séries Mania concluyó el pasado viernes con la entrega de premios y el resumen de datos que ha ofrecido esta destacada cita con el mundo de las series, a la que En Primera Fila suele dedicar una amplia cobertura. Como todos los años, aprovechamos la semana siguiente al festival para centrarnos en los encuentros profesionales que tuvieron lugar, las únicas actividades a las que no tiene acceso el público, y los temas de conversación que está generando el audiovisual, que se han debatido en Séries Mania Forum. Con un total de 112.000 espectadores, unos 4.000 más que en la edición del año pasado, Séries Mania sigue consolidándose como el festival más importante de series del mundo, del que se nutren otros festivales a lo largo del año. Pero la presencia de 5.200 profesionales de 75 países también le refuerzan como un importante encuentro para debatir sobre las últimas tendencias que se observan en el formato de series, de las que hablaremos esta semana.
La lista de premios confirma nuestras anticipaciones de la pasada crónica: destacada presencia de Gran Bretaña y consolidación del audiovisual de Quebec, fuertemente impulsado desde las instituciones públicas, que han conseguido premios para dos de las cuatro series que han presentado. También se ha destacado la producción de Polonia, que logró el Gran Premio gracias a una historia sobre la familia, pero con fuerte contenido social sobre la discriminación por la orientación sexual, mientras que España no ha sabido aprovechar el impulso del éxito en la pasada edición y ha pasado de manera discreta. A través de una selección que quizás no ha sido tan brillante como en otras ocasiones, para nosotros las mejores series que se han podido ver dentro de la programación de Séries Mania han sido las británicas Waiting for the out (BBC, 2026), que hubiera merecido el Grand Prix por su solidez, y Small prophets (BBC,, 2026), pero también propuestas singulares como la excelente Etty (Arte, 2025), la francesa Camarades (Arte, 2026) y la australiana Homebodies (SBS, 2026), que reseñamos esta semana. También hay que destacar la presencia en los premios de dos equipos formados íntegramente por mujeres en su creación, producción y dirección: el drama sueco My brother (SVT, 2025) y el thriller australiano Dustfall (ABC, 2026).
COMPETICIÓN OFICIAL
Una de las propuestas quebequenses premiadas en esta edición ha sido esta peculiar comedia negra que surge a partir de la amistad de sus dos creadores, Édouard Gingras y Zacharie Lareau, que se conocen desde sus estudios preuniversitarios en el Collège D'enseignement Général et Professionnel (CEGEP), donde el primero estudiaba cine y el segundo teatro. Pero también por su pasión por la música y la posibilidad de convertir en un personaje ficticio al cantante Martin Stevens (1953-2023, Canadá), muy popular dentro de la música disco con canciones tan conocidas como "Love is in the air" (1977), una versión del tema de John Paul Young que en Canadá tuvo más éxito que la original. Aunque Martin Stevens solo publicó dos álbumes, Martin Stevens (1978, CBS) y Midnight music (1979, CBS), se convirtió en un icono de la música, y los creadores de Ayer's Cliff (ICI Tou,tv, 2026) le riden homenaje convirtiéndolo en un personaje ficticio, imaginando que aún está vivo, viviendo con su sobrino en una pequeña localidad de la región de Estrie, que da título a la serie. Pero él no es el protagonista de una historia que comienza cuando la estrella del drama televisivo Décontinuum, el actor Louis-Philippe Lajoie (Joe Scarpellino), tiene un arrebato de ira durante el rodaje de una escena que es grabado por un miembro del equipo y se hace viral en las redes sociales. Su mánager Alexandre D. Carrières (Philippe-Audrey Larrue St-Jacques) le quita importancia a la decisión de la productora de matar al personaje de Louis-Philippe dentro de tres episodios: "No te preocupes, puedes hacer una marca de ello. Piensa en Christian Bale, Joaquin Phoenix, Alec Baldwin. Estás a punto de entrar en el club de los malotes de Quebec". Pero le recomienda que se retire durante un mes de relajación a la cabaña que su padre tiene en la región montañosa de Estrie, antes conocida como Cantons-de-l'Est. Dirigiéndose a ese lugar, acaba una noche en un bar de Ayer's Cliff donde trabaja como camarero el joven Henri Prud'homme (Henri Richer-Picard), y entre ellos surge una clara atracción sexual. Pero la noche no termina como Henri podría esperar, especialmente debido a una ballesta de su tío Martin Stevens (Marc Labrèche) que acaba clavándose donde no debería. A partir de ese momento, comienza una su particular odisea por tratar de ocultar un secreto, ayudado por su tío, que se ha visto involucrado de una manera involuntaria. En realidad, aparte del deseo personal de los creadores y de la utilización de sus canciones como títulos de los episodios, que el personaje secundario sea un cantante real en vez de uno totalmente ficticio es una peculiaridad más que un elemento destacado en el guión, y el conocido actor Marc Labrèche parece depender de un personaje que a veces se siente como en un nivel diferente al resto de la historia. El episodio Love is in the air (T1E1) termina con un giro de guión que sirve como catalizador de una comedia negra que a veces resulta muy divertida, pero dibujando una sonrisa más que pretendiendo hacer reír.
Funciona especialmente bien la relación entre Martin, en un personaje algo más contenido de los que suele interpretar Marc Labrèche y su sobrino Henri, que se encuentra cada vez más perdido en medio de esa construcción de falsedades necesarias para que la agente de policía Isabelle Richard (Eve Duranceau) no sospeche de él. Ayer's Cliff tiene un tono que recuerda muchas veces a los hermanos Coen, una clara influencia de los directores, con personajes característicos como el alcalde del pueblo, Bill Bernhard (Stéphane Crête), que también es un vaquero a la antigua usanza. Esa mezcla de lo rural en modo country y de la naturaleza kitsch de la música disco se convierte en una confrontación de estilos que sin embargo conviven particularmente bien en la construcción del entorno. Y ese tono queer que adopta la serie a través de personajes como Henri y Louis Philippe, o la agente Richard introduce una peculiaridad dentro de una historia que principalmente utiliza la investigación de un posible asesinato en la que el sospechoso trata de ocultar un crimen, para hablar de las relaciones familiares. La narración de la serie está estructurada como una historia continuada, como si se tratara de un largometraje, en la que los episodios permiten introducir algunos giros de guión a través de una edición que utiliza las canciones de Martin Stevens como títulos de los episodios. En J'aime la musique (comme un fou) (T1E6), que es otro de los temas más populares del cantante, un karaoke con Martins Stevens como principal protagonista, se convierte en una reunión de los vecinos de Ayer's Cliff en la que se desvelan algunos secretos ocultos.
Estrenada este fin de semana en Australia, posiblemente se enmarca dentro de la celebración del Día Internacional de la Visibilidad Trans que se celebra el 31 de marzo, cada vez más relevante en una sociedad que está construyendo espacios de rechazo hacia la transexualidad, en parte impulsados por asociaciones feministas. Pero Homebodies (SBS, 2026) es uno de los acercamientos más originales a los procesos psicológicos que provoca la transición de género, no solo en los que la experimentan, sino también en su entorno, convirtiéndola en una mezcla entre una historia de fantasmas y una trama sobre las relaciones familiares y la dificultad de aceptar la madurez y la independencia de los hijos. Darcy (Luke Wiltshire) regresa a su casa en la ciudad ficticia de Torwoo, ambientada en Nueva Gales del Sur donde se rodó la serie, después de varios años de ausencia. El reencuentro con su madre Nora (Claudia Korvan) es difícil porque ella trata de manejar como puede la aceptación de la transición de género que ha experimentado su hijo: ha mantenido su habitación tal como era cuando Darcy era adolescente, y en una visita a un médico en el episodio Banish (Desterrar) (T1E3) sigue refiriéndose a su hijo con el género femenino. Pero la mayor sorpresa de este regreso al hogar es que Darcy descubre que su madre lleva años conviviendo con Dee (Jazi Hall), el fantasma de su yo pretransicional, que ha permanecido como remanente de la incapacidad de Nora para aceptar los cambios que se han producido en él: "Yo como hombre es una idea tan dolorosa, tan horrible, que tuviste que ir y conjurar al fantasma de mi yo adolescente para que me reemplazara", le dice Darcy a Nora en el episodio Summon (Invocar) (T1E5). De manera que Dee se describe a sí misma como "un trauma sin resolver", una adolescente permanentemente furiosa que no puede salir de la casa, hasta que Darcy quema todos sus objetos del pasado y acaba liberándola más allá de los límites del hogar. Si la historia de un joven que regresa a su antiguo pueblo después de haberse sometido a la transición de género, y la relación con una madre que no termina de aceptar esa transformación, con frases tan habituales en los entornos familiares de este tipo de procesos como "echo de menos a mi hija", es ya un planteamiento que presenta un fuerte conflicto dramático, la introducción de un fantasma en el que se refleja el pasado del protagonista aporta una propuesta original pero también muy inteligente a la hora de abordar el tema. De alguna manera, frente a la ruptura tradicional que plantean las historias sobre identidad transexual, Homebodies bucea en las posibilidades de la convivencia con el yo anterior, que se convierte en los últimos episodios en una especie de relación entre hermanos, aunque Dee y Darcy sean la misma persona. El guionista AP Pobjoy, que ha trabajado en series documentales coming-of-age con protagonistas transexuales como Unerased (2023), se ha basado en su propia experiencia como persona transexual que después de la transición se enfrentó al regreso a su casa y el encuentro de su antigua habitación como un reflejo de su pasado.
Puede que una miniserie como Homebodies, cuya duración total no pasa de los 60 minutos, no tenga suficiente tiempo como para construir una narrativa más profunda sobre algunos de los aspectos que trata, pero los diálogos ofrecen la suficiente claridad como para abordarlos con eficacia, incluso con sutilezas. Es interesante la relación de Darcy con su antigua amiga George (Roxie Mohebbi), que le reconoce desde el primer instante. Mientras que él sintió que la única salida era huir de Torwoo para poder desarrollar su transición, la permanencia de ella en el pueblo no le ha obstaculizado descubrir su identidad queer y, además, convertirse en la propietaria del bar al que suelen acudir los vecinos. La serie plantea continuamente estos conflictos en los que no hay blancos o negros, sino una permanente ambigüedad con la que es posible convivir. En este sentido, la actriz Claudia Korvan por series como Love my way (Foxtel, 2004-2007), construye de manera conmovedora un personaje complejo de una madre que tiene dificultades para aceptar la transición de Darcy, lo que al fin y al cabo es un reflejo de una relación familiar en la que los padres se enfrentan a la madurez y la independencia de sus hijos. Aunque la mayor parte de los episodios han sido dirigidos por Harry Lloyd, el creador AP Pobjoy se ha reservado el episodio Befriend (Amistad) (T1E2), en el que Darcy y el fantasma de su yo adolescente Dee tratan de entenderse mutuamente, aunque con un desenlace algo violento, y el episodio Summon (Convocar) (T1E5), que establece un punto de giro importante dentro de la trama, pero sobre todo aborda de una manera más directa la relación de Darcy con su madre. Aunque hay algunos desequilibrios en las interpretaciones que pueden limitar la capacidad emocional que transmite la historia, hay que destacar a una estupenda Jazi Hall como el fantasma de una adolescente que todavía se encuentra en una etapa pretransicional tratando de entender su propio futuro. Homebodies es uno de los acercamientos más inteligentes a los efectos psicológicos de la transición dentro del entorno familiar, convirtiendo a la madre en la persona que debe hacer un mayor esfuerzo por dar un paso adelante, pero evitando el habitual rechazo de las historias transexuales para abordar la convivencia y la capacidad de perdonar, a través de un planteamiento particularmente original.
Estrenada el pasado mes de noviembre como una de las grandes apuestas de la televisión pública polaca, esta miniserie en torno a la epidemia de viruela que tuvo lugar en Breslavia en los años sesenta fue recibida con variedad de opiniones por parte de los espectadores, frente a las generalmente buenas críticas profesionales. Un acercamiento visual un tanto peculiar por parte del director Kuba Czekaj, del que hemos visto series como Aniela (Netflix, 2025) puede haber sido una de las razones por las que Variola Vera (Czarnej śmierci) (TVP, 2025) no terminó de conectar con el público, que quizás esperaba un drama más convencional. Hay que advertir que la serie no tiene ninguna relación con el largometraje yugoslavo del mismo título Variola Vera (Goran Markovic, 1982), a pesar de que abordaba un tema parecido: el brote de viruela que afectó a Belgrado en 1972. Por su parte, la miniserie polaca se centra en otra epidemia de viruela que se extendió por Breslavia en 1963, y que acabó causando la muerte de siete personas y más de un centenar de afectados. La ciudad es rápidamente aislada del mundo exterior en un intento por contener un virus que se creía desaparecido de Europa. Sin embargo, la serie comienza con una fotografía en blanco y negro, en secuencias que se reproducen con el fondo de una retroproyección de imágenes de archivo, imitando el estilo del cine negro de los años cincuenta. La justificación está en el personaje de Łucja Winter (Agnieszka Podsiadlik), una oficial de inteligencia que acaba de regresar de una misión ultrasecreta en la India y que representa el deseo del el régimen comunista, por encubrir el brote, incluso a costa de unas cuantas vidas humanas. En la realidad, parece que la enfermedad fue introducida en Polonia precisamente por el oficial del Servicio de Seguridad Bonifacy Jedynak, que regresaba del sudeste asiático. Pero la historia se centra sobre todo en el esfuerzo de dos personajes por abordar la enfermedad con la gravedad que se merece: la enfermera Weronika Przybysz ( Anna Karczmarczyk ) reconoce los síntomas de la viruela, porque la había padecido un año antes en Gdańsk, enfrentándose al profesor Andrzej Zajdler (Cezary Pazura), un personaje que deambula por los aparatos del Estado tratando de no molestar al poder, y que acepta el silencio a cambio de algunos beneficios. Por otro lado el periodista Igor Bielik (Tomasz Ziętek), que trabaja en el periódico local "Głos Wrocławia", y que plantea preguntas que no son del agrado de la línea editorial del diario, interesado en temas como la visita de John F. Kennedy a Berlín Occidental, y enfrentándose a la recaída de su esposa Anna (Agata Labno), un de las afectadas por el brote de viruela. De manera que el cometido de la enfermera que debe salvar vidas y el del periodista que debe tratar de traspasar las líneas de la desinformación y el silencio, acaban cruzándose a lo largo de la historia. Con una de esas estupendas puestas en escena que recrean con fidelidad los años sesenta, Variola Vera se desarrolla sin embargo entre pasillos de hospitales y espacios cerrados, acrecentando la sensación de opresión social y política.
Uno de los elementos más interesantes de la serie es el planteamiento visual que elige el director, elaborando secuencias que hacen constantes referencias al cine negro y a las series de espías de los años años sesenta, como los títulos de crédito. Diseñada con elementos que también imitan el aspecto visual de los noticiarios propagandísticos del régimen comunista en Polonia, Variola Vera no solo aborda el tratamiento de la epidemia, sino también la censura informativa, amparada por la colaboración del redactor jefe del periódico Janusz Majer (Rafał Mohr), y los esfuerzos del régimen por ocultar la enfermedad. Lo que puede hacernos recordar a otra producción polaca estrenada recientemente, la interesante Niños de plomo (Netflix, 2026); pero si aquella seguía el camino tradicional de un drama convencional, ésta intenta ofrecer una propuesta mucho más compleja no solo desde el punto de vista visual sino también en la construcción de los personajes y sus contradicciones. No se trata, sin embargo, por los dos episodios que se han visto en Séries Mania, de un acercamiento solamente estético, sino una forma hábil de resaltar la relevancia de la propaganda comunista alrededor de acontecimientos cuya difusión se consideraba poco apropiada. La serie también está subrayada con una interesante banda sonora del compositor y vocalista de música independiente Baasch, nombre artístico de Bartosz Schmidt, que ha compuesto anteriormente la banda sonora del drama romántico Rascacielos flotantes (Tomasz Wasilewski, 2013), seleccionado en el Festival de Gijón, en este caso mezclando las sonoridades propias del cine negro a través de percusiones e instrumentos de viento como la trompeta, con un tono más melancólico en canciones como la que interpreta el cantante pop Wiktor Waligóra al final del segundo episodio. Variola Vera tiene en su estética y en su planteamiento sobre los resortes de la censura en Polonia durante los años sesenta los elementos principales de un drama que no se adhiere a los hechos históricos, sino que construye a partir de ellos una reflexiva aproximación al poder como instrumento de opresión.
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BreendonkBélgica 2026 | VRT/New8, 6x50' | Episodios 1-2 | Panorama Internacional | ★★★★☆Creada por Kevin Janssens, Filip LenaertsDirigida por Kevin Janssens, Filip Lenaerts |
Hemos hablado en varias ocasiones de New8, la interesante estrategia de colaboración que se inició hace tres años a través de ocho canales de televisión públicos europeos que participan en la coproducción a través de la confirmación de los derechos de emisión de un slot (paquete) de proyectos que se debaten para cada temporada. New8 está formada por SVT (Suecia), DR (Dinamarca), YLE (Finlandia), RÚV (Islandia), NRK (Noruega), VRT (Flandes/Bélgica), NPO (Países Bajos) y ZDF (Alemania). La mayor parte son cadenas públicas escandinavas que de cualquier forma tienen experiencia en colaborar juntas, pero que se abren a trabajar con otros países en esta estrategia que busca afianzar una selección de proyectos para los mercados internacionales. Precisamente en abril se estrenan en España dos series que provienen de esta estrategia de colaboración: la belga Esto no es un misterioso asesinato (Filmin, 2025) y la francesa Kabul (Movistar Plus+, 2025) que, al margen de la emisión en los canales públicos que forman New8, están abiertas a la adquisición por parte de plataformas y canales privados internacionales. Durante Séries Mania Forum se presentó el tercer slot de proyectos de New8, entre los cuales se encuentra el drama bélico Breendonk (VRT, 2026), segunda serie que el canal belga VRT produce dentro de esta acuerdo. Se trata de una ambiciosa serie que transcurre en el año 1942 y está inspirada en los relatos sobre el campo de concentración de Breendonk, situado en la antigua carretera que unía Bruselas con Amberes, adonde eran enviados los prisioneros, generalmente detenidos por su colaboración con la Resistencia, que eran sometidos a trabajos forzados, aunque al tratarse de un campo de concentración pequeño no disponía de zonas de exterminio. El SS-Auffanglager Breendonk, que se puede visitar como parte del Instituto del Patrimonio de la Guerra, es uno de los testimonios mejor conservados de las atrocidades nazis de la Segunda Guerra Mundial, que recuerda el sacrificio de los 3.600 prisioneros que ocuparon las diminutas celdas y experimentaron ,las duchas de agua helada. La historia se centra en cuatro personajes principales que de alguna manera se encuentran ante un dilema moral entre su colaboración con las fuerzas de ocupación y su implicación en la Resistencia. En mitad del conflicto bélico y la ocupación nazi, la joven pareja de Amberes, Elisabeth (Anne-Laure Vandeputte) y Rik (Jolan De Bouw) se ven obligados a separarse después de una fallida operación de la resistencia. Elisabeth permanece escondida mientras que Rik acaba detenido en la prisión de Breendonk, donde coincide con su padre Leon (Koen De Bouw), un oficial de la policía belga que habitualmente colaboraba con los nazis. Dentro de este campo de concentración, ambos se alían con Vaes (Kevin Janssens), quien trabaja como intérprete para las SS pero secretamente intercambia información con la resistencia. Planteada como un thriller bélico, en los primeros episodios se centra en un tono cercano al espionaje a través de las acciones de la resistencia, pero conforme se desarrolla se centra más en la prisión y en la convivencia dentro de ella.
La serie ha sido creada por el actor Kevin Janssens, quien también interpreta a uno de los personajes principales, y Filip Lenaerts, quien ha ejercido como coguionista y codirector, aportando la intensidad de un drama bélico de tonalidad clásica, pero muy bien elaborado. Hay suficiente tensión en los dos primeros episodios y los personajes son rápidamente reconocibles dentro de este tipo de historias, pero sobresalen por la ambigüedad y la complejidad de sus posicionamientos, y por la necesidad de tomar decisiones que a veces implican un dilema moral, lo que nos devuelve a ese tipo de dramas históricos que últimamente son poco abordados en las plataformas y canales de televisión. Se presenta como un drama carcelario, aunque los primeros episodios están dedicados a construir los acontecimientos que llevan a los personajes a la situación en la que se encuentran, especialmente el padre policía y el hijo que terminan coincidiendo en los trabajos forzados de Breendonk, interpretados precisamente por dos actores que son padre e hijo en la vida real: el conocido Koen De Bouw, que protagonizó durante varias temporadas la serie original Profesor T. (VRT, 2015-2018) y el joven modelo Jolan De Bouw. A través de los testimonios que han quedado de los supervivientes, se muetsra el campo de prisioneros como un lugar en el que se producían pequeños actos de heroísmo en els entido humano. Los prisioneros luchan para preservar su dignidad y se producen pequeños sabotajes y colaboraciones secretas con personal civil como Vaes para enviar mensajes a los familiares, hay algún intento de fuga y planes de rebeliones. Mientras la resistencia en el exterior está representada por el personaje de Elisabeth, que sigue luchando por sacar a Rik de la prisión. Breendonk es especialmente sólida en la representación de la época y en su pretensión de rescatar los horrores que se vivieron en el campo de prisioneros, a través de las experiencias de algunos de ellos, que está basadas en la realidad. Las decisiones que deben tomarse para sobrevivir pero al mismo tiempo para mantenerse fiel a la resistencia, a través de personajes que actúan casi siempre con una doble moralidad que les hace combatir el miedo. Pero también es una propuesta que pretende dialogar con la actualidad, como en las referencias que hace uno de sus creadores a la existencia de campos de prisioneros que se pueden equiparar a Breendonk, en países como Siria, Rusia o Ucrania, revelando la deshumanización en tiempos de conflictos bélicos y en determinados espacios de represión. Está producida por deMensen, una consolidada productora de Flandes, responsable de la miniserie Hotel Beau Séjour (Eén, 2016-2021), que obtuvo el Premio del Público en Séries Mania, y del reciente éxito en Bélgica Blind Sherlock (Netflix, 2026).










