24 febrero, 2026

Berlinale 2026 - Parte 5: Berlinale Series Market Selects (I)

La programación del Festival de Berlín ha impulsado este año la presencia de series y de proyectos que han ocupado buena parte del Berlinale Series Market, con presencia española a través de la producción Ravalear (HBO Max/3Cat, 2026), que en España se han empeñado en promocionar como parte de la sección oficial del festival, cuando no existe ninguna sección oficial de series en Berlín, solamente un Premio a la Excelencia concedido por Studio Babelsberg, que ha recaído en el drama médico brasileño Emergência 53 (Globoplay, 2026). Si la semana pasada dedicamos nuestras crónicas a algunas de las películas que formaron parte de secciones oficiales y paralelas, esta semana traemos una selección de producciones internacionales que han sido elegidas para formar parte de la categoría denominada Berlinale Series Market Selects, un sello de calidad que se enfoca en una quincena de series ya terminadas o estrenadas que son consideradas por su elevado potencial en el mercado internacional. Entre ellas se han elegido tres producciones españolas: El centro (Movistar Plus+, 2025-), La frontera (RTVE/Prime Video, 2025) y el inédito drama Por cien millones (Movistar Plus+, 2026), inspirado en el secuestro del futbolista Quini en 1981, así como la coproducción hispano-portuguesa Leonor, Marquesa de Alorna (RTP, 2026), con la participación de Tornasol Films.

Curiosamente, a pesar de los éxitos cosechados en anteriores ediciones, la programación de Séries Mania, que se celebra entre el 20 y el 27 de marzo, no incluye en su última edición muchos títulos españoles, compitiendo en la Sección Oficial Internacional Anatomía de un instante (Movistar Plus+/RTVE, 2025) y en la Sección de Formatos Cortos Sense filTRES (3Cat, 2025), escasa presencia para el nivel de producción español que ni siquiera aparece este año en la sección Panorama. El festival Séries Mania se inaugurará con el estreno de Los testamentos (Disney+, 2026), la nueva adaptación del universo de El cuento de la criada (HBO Max, 2017-2025), y se clausura con la producción canadiense Vitrerie Joyal (Prime Video, 2026), sorprendiendo que no haya presencia francesa para abrir o cerrar el festival, como es habitual. En la sección Oficial Internacional competirán junto a la española: Dear killer nannies (Disney+, 2026), una producción colombiana con John Leguizamo como Pablo Escobar; el drama australiano de misterio Dustfall (ABC/BBC/ZDF, 2026); el drama deportivo británico sobre mujeres futbolistas Major players (Channel 4, 2026); la intensa historia sueca Jag for ner till bror (My brother) (SVT, 2025); el drama biográfico francés Paolo (HBO Max, 2026); la esperada producción norteamericana The audacity (AMC+, 2026); y la comedia negra británica sobre filosofía, prisiones y traumas Waiting for the out (BBC, 2026). 

Cold Haven (Heimaey)

Islandia, Portugal 2025 | Síminn/RTP, 8x45' | Temporada completa | ★★★ 

Creada por Filippa Poppe, Joana Andrade, Sveinbjörn I. Baldvinsson

Dirigida por Arnór Pálmi Arnarson


Ambientado en el archipiélago de Vestman, al sur de Islandia, donde la isla más grande es conocida como Heimaey, a la que hace referencia el título islandés, el thriller Cold haven (Síminn/RTP, 2025) es una coproducción entre Portugal e Islandia que se estrenó en el país nórdico en noviembre pasado y ha llegado a la televisión pública portuguesa este mes de enero con el título de Refúgio do medo. La productora islandesa Glassriver, que habitualmente ofrece servicios de producción para rodajes, está detrás de otros thrillers que han tenido repercusión internacional como Black Sands (Stöð 2, 2021-) y hace unos años anunció en Conecta Fiction & Entertainment el desarrollo de la serie Magaluf (8x30'), ambientada en 1979 en la ciudad mallorquina, de manera que vienen impulsando este tipo de coproducciones con los países mediterráneos. Este thriller tiene lugar entre Portugal e Islandia, utilizando sobre todo los paisajes de esta última, y aunque se desarrolla en las islas Vestman en realidad se rodó principalmente en la ciudad de Hafnarfjörður, situada a unos 10 km al sur de la capital, Reikiavik, y también en lugares como Stórhöfði, al Norte de la isla de Heimaey, una estación meteorológica famosa por haber medido las velocidades de viento más altas que se han registrado en el hemisferio Norte. Esta ambientación especial en un lugar climáticamente hostil pero con paisajes espectaculares de acantilados y campos de lava, proporciona la atmósfera sombría que necesita la historia. Las dos protagonistas son Maria Santos (Maria João Bastos) y su hija Bela (Catarina Rebelo), que han decidido abandonar Portugal por razones desconocidas y actualmente viven en uno de los lugares más remotos y alejados de su país. Aunque no se conocen los detalles de su partida, cuando Maria aparece muerta junto a una carretera la tranquilidad de la pequeña isla se remueve y la investigadora Soffía Falsdóttir (Kristín Þóra Haraldsdóttir, a la que también veremos en La mujer danesa (Filmin, 2025)), regresa a su localidad natal enviada desde Reikiavik para hacerse cargo del caso, en colaboración con la inspectora local Matty Hansdottir (Anna Svava Knutsdottir). Este regreso también la enfrenta a circunstancias de su pasado y la obliga a involucrarse personalmente cuando es consciente de que su hijo Hákon (Viktor Benony Benedictsson) tenía una relación personal con Bela y con su madre. Al mismo tiempo, comienzan a surgir sospechosos como la ex-pareja de Maria, Alex (Ivo Canelas), un hombre celoso que descubrió su paradero a través de una fotografía publicada en las redes sociales por su hermana Glória (Cléia Almeida), y Tómas (Mauro Hermínio), que vive en la estación meteorológica de Stórhöfði y tenía una relación íntima con la víctima. Como en muchos thriller nórdicos, se desarrolla la investigación del caso al mismo tiempo que tiene especial relevancia el drama de personajes que va conformando un paisaje humano de relaciones tóxicas que establece un paralelismo con los paisajes áridos y el clima desapacible, como si la propia atmósfera fría y desapacible repercutiera en el carácter de los personajes. 

Convertida en uno de los éxitos recientes de la televisión islandesa, Cold haven está dirigida por Arnór Pálmi Arnarson (1987, Islandia), que ha dirigido series como The Minister (RÚV, 2020-2024) y fue co-creador de la interesante Húsó (School of Housewives) (RÚV, 2024), aportando oscuridad a la importancia del suspense a través de la utilización de los paisajes abruptos y amplios que refuerzan el aislamiento de los personajes. La configuración del archipiélago volcánico de Vestman, conformado por pequeñas islas separadas, ofrece una representación de algunos temas principales de la serie, como la sensación que tienen los protagonistas de estar a la vista pero al mismo tiempo atrapados y aislados, en un lugar al que solo se puede acceder a través de ferries que comunican las islas con el continente. Cuando Maria resalta la espectacularidad del paisaje a su llegada a la isla, su hija contesta: "Es un poco aterrador. Parece como si quisiera tragarnos". La historia también adquiere un carácter peculiar a través de esa mezcla de idiomas entre el islandés de la zona, el portugués en el que se comunica el entorno familiar de Maria y Bela, y el inglés en el que se entienden portugueses e islandeses, lo que también es una manera interesante de reflexionar sobre las herramientas de comunicación verbal como reflejo de la incomunicación emocional entre algunos personajes. Hay un buen ritmo a lo largo de las tramas, aunque el guión quiera complicarse demasiado con una subtrama relacionada con el contrabando que no resulta del todo necesaria, mientras que las incursiones en el pasado para mostrar la vida anterior de Maria y Bela en Portugal ofrecen un contraste de luminosidad y colorido en localizaciones como Lisboa, que se alejan de la habitual representación de la ciudad. Concentrada en las amplias avenidas de arquitectura de los años 50, la serie refleja la familia de clase media-alta que rodea a las dos protagonistas, en contraste con la vida más modesta que llevarán en Islandia. Destaca una escena de huida que tiene como trasfondo la pared de azulejos Cidade colorida (1957) que creó el artista Carlos Botelho, y que es una contraposición con la oscuridad que obliga a ambas a escapar de Portugal y aislarse en el lugar más remoto. Como suele suceder, la información se va dosificando a lo largo de la historia y quizás el final es menos impactante de lo que se podría esperar, además de contar con un nivel algo desequilibrado en la interpretación de los actores, especialmente en el reparto portugués, quizás por la dificultad de que un director islandés ruede en un idioma que no entiende. Pero Cold haven consigue mantener el equilibrio entre un drama de personajes bien construidos y un thriller nórdico que quiere ir más allá de las habituales representaciones. 

La linea della Palma

Suiza, Italia 2025 | RSI/Arte, 6x45' | Temporada completa | ★★★ 

Creada por Maria Roselli, Mattia Lento, Thomas Ritter | Escrita por Thomas Ritter

Dirigida por Fulvio Bernasconi

Festival de Cine de Soulere '26: Premio del Jurado Interpretación (Esther Gemsch)

Durante una noche de octubre de 1969, un joven que trabajaba para la mafia siciliana se introdujo con relativa facilidad en el Oratorio San Lorenzo de Palermo y robó el lienzo del cuadro "Natividad con los santos Lorenzo y Francisco de Asís" (1609) de Caravaggio, que se cree que había pintado un año antes de su muerte mientras se encontraba refugiado en la ciudad de Palermo, para evitar su detención por un asesinato. A pesar de algunas confesiones de miembros de la mafia, se perdió la pista a principios de los años ochenta y nunca se ha recuperado, mientras en el mismo lugar donde se encontraba expuesto se puede ver en la actualidad una reproducción fotográfica en alta resolución de un cuadro cuya historia fue contada en el documental Operazione Caravaggio (Emanuele Flangini, 2016). Aunque algunas investigaciones concluyeron que podría haber sido destruido al no encontrar compradores, también hay otras líneas de investigación como la llamada "pista Suiza", que defiende que podría haber sido trasladado a ese país. Este es el principal punto de partida de un thriller que comienza con el robo del lienzo, representado aproximadamente como se sabe que ocurrió, y que posteriormente construye una historia de ficción en torno a este hecho real. La linea della Palma (RSI/Arte, 2025) hace referencia a una cita del escritor y político Leonardo Sciascia (1921-1989, Italia) que aparece al principio del episodio Ritorno a casa (T1E1): "Con el calentamiento global, las palmeras se desplazarán cada vez más al norte... y con ellas la mafia". Cuando la periodista Anna Romano (Gaia Messerklinger) recibe la noticia de que el cuerpo de su padre ha sido encontrado en el interior de un coche hundido en el lago Lugano, comienza una investigación para averiguar las circunstancias en las que murió. Ella y su hermano Francesco (Luca Filippi) habían creído que su padre había abandonado a su familia hace treinta años, por lo que el descubrimiento cambia radicalmente la imagen que tenían de él. Pero conforme se involucra en la investigación, también descubre que su muerte está relacionada con las conexiones de su familia con la mafia siciliana y con el robo del cuadro de Caravaggio. La serie ha sido creada por los periodistas Mattia Lento y Maria Rosselli, quien investigó hace unos años la "pista Suiza", que describió en el podcast Il furto del Caravaggio, la pista Svizzera (2024, RSI), y posteriormente se ha incorporado el guionista Thomas Ritter (1967, Suiza), que co-escribió películas como Las audaces (Michael Steiner, 2023). El guión entrelaza realidad y ficción para componer un thriller de suspense que introduce constantemente giros de guión para establecer las relaciones entre los personajes, aunque a veces pueden resultar demasiado previsibles y los antagonistas pongan cara de antagonistas, como el inspector Gerrini (Michele Venitucci), compañero del investigador Andrea Cavadinia (Alberto Boubakar Malanchino), que parece tener cierta desconfianza por las intromisiones de Anna. El descubrimiento de la muerte de su padre hace años también supone otra revelación para la protagonista, y es que las cartas que recibía de él en realidad eran enviadas por su madre Caterina (Sandra Ceccarelli): "Tu hermano ya no hablaba, y tú te despertabas cada noche llorando. Yo me sentía morir, porque entendí que tu padre no regresaría jamás. Así que comencé a enviarte regalos de su parte", le dice a su hija. La linea della Palma se desarrolla como una historia de suspense que desvela gradualmente las conexiones entre los personajes, y que se enfoca en un tipo de mafia más desconocida, la que vincula Suiza con Italia, mucho más discreta y que se mueve entre la alta sociedad del cantón de Tesino. En los últimos años algunas operaciones policiales han desmantelado células establecidas en Suiza de organizaciones mafiosas italianas como la 'Ndrangheta.

Sin embargo, esta aproximación no termina de profundizar en las conexiones de las redes mafiosas en Suiza, porque la serie prefiere quedarse en el terreno del thriller más o menos convencional, mezclado con un drama familiar que incorpora relaciones a veces previsibles, como la conexión sentimental entre la periodista Anna y el inspector Andrea, que acaba transmitiendo cierta pereza. Más interesante es el retrato de la alta sociedad de Tesino y sus vínculos criminales, que al mismo tiempo también está relacionada con la protagonista, especialmente a través de la Duquesa, interpretada por la actriz Esther Gemsch, que fue galardonada este pasado fin de semana con el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cine Suizo de Soulere. Aunque aparentemente resuelve con cierta credibilidad la trama principal en el episodio Il Caravaggio (T1E4), la historia se desarrolla con diferentes matices en los dos últimos, aportando algunos descubrimientos que cambian la perspectiva de la investigación. Pero tiene dificultades para ir más allá de un misterio ligero que aporte cierta profundidad a los temas que aborda: la búsqueda de la verdad, el legado familiar y la dualidad en la que permanece la protagonista, entre su historia personal y su responsabilidad como periodista, que a veces entran en un conflicto ético. El director Fulvio Bernasconi (1969, Suiza), que ha dirigido películas como Fuori dalle Corde (2007), ganadora del Leopardo de Plata al Mejor Actor en el Festival de Locarno, y series de intriga como Quartier des Banques (RTS, 2017-2019), aporta un buen oficio y un ritmo adecuado a la historia, introduciendo algunos recursos visuales que refuerzan la psicología de los personajes a través de rotaciones de eje de la cámara que reflejan cómo el mundo de la protagonista se ve completamente sacudido. En algunas entrevistas suele mencionar su interés por la tridimensionalidad de los personajes lo que en el caso de Anna no solo se trata de una descripción psicológica sino palpable, formando un triángulo entre su hermano y su madre, con los que establece una relación muy diferente. Pero si el guión se esfuerza por aportar hondura emocional a la protagonista, se olvida de desarrollar otros personajes como el inspector Andrea, que se quedan en meros resortes narrativos algo planos. Rodada en Lugano, ciudad originaria del director ahora residente en Ginebra, en La linea della Palma los espacios como el Parco Ciani y el Grand Hotel Villa Castagnola a orillas del lago ofrecen una estética de lujo y elegancia. La serie mantiene el tono de suspense, pero utilizando recursos algo convencionales, aunque subraye los claroscuros de la compra-venta de obras artísticas y la línea delicada que separa (o une) la legalidad de las actividades criminales. La movilidad de las mafias se expone desde el final de la frase de Leonardo Sciascia con la que comienza la serie: "Dentro de unos años veremos aparecer palmeras incluso donde hoy todavía no existen".

Emprises (Conviction)

Canadá 2025 | ICI Tou.Tv, 10x45' | Temporada completa | ★★★ 

Creada por François Pagé

Dirigida por Yannick Savarde


La historia del guionista François Pagé es casi tan misteriosa como sus propias series. Después de abandonar su trabajo como consultor de gestión de riesgos para dedicarse a escribir, recibió en 2011 un diagnóstico de cáncer de huesos que le obligó a un largo tratamiento, pero algunos años después surgió el rumor de su suicidio, lo que él mismo no solo no se preocupó en desmentir sino que lo acabó alimentando. En 2021 explicaba en una entrevista que estaba pasando una mala racha y tenía pensamientos suicidas, por lo que cuando surgió el rumor "no lo negué porque simplemente quería dejar atrás esa etapa de mi vida; no es más complicado. Pasé por una etapa de depresión" (Le Soleil, 12/11/2021). Poco después de esta entrevista se estrenó la serie policíaca Classé secret (AddikTV, 2022-2023) y posteriormente ha trabajado en Dernière Seconde (Illico+, 2025). Pero en cierta manera se pueden encontrar algunos elementos comunes a su fingida muerte en el planteamiento de su última miniserie, Emprises (Conviction) (ICI Tou.tv, 2025), que en principio solo está concebida para una temporada, aunque el final pueda sugerir que podría continuar. El planteamiento inicial de la serie puede parecerse al de muchos thrillers: la farmacéutica Raphaëlle Bayard (Marilyn Castonguay) tiene un matrimonio estable en la ciudad de Sherbrooke, casada con un amable y cariñoso dueño de un restaurante, Jérôme Dubé (Jean-Moïse Martin) y con un hijastro adolescente, Adam (Sam-Éloi Girard), que está a punto de cumplir dieciocho años. Sin embargo, la noche del cumpleaños de Adam, Raphaëlle no encuentra ni a su hijo ni a su marido en casa, y conforme pasan las horas crece la sospecha de que les ha podido pasar algo. El descubrimiento de un coche abandonado plantea dudas al sargento detective Robert Trudel (Éric Bruneau) y su compañero Ajay Patel (Mikhail Ahooja), sobre la posibilidad de que hayan sido secuestrados. Y mientras Raphaëlle descubre que la cuenta conjunta que tenía con su marido ha sido vaciada, la investigación policial se detiene cuando descubren que, en realidad, Jérôme y Adam han desaparecido por voluntad propia. La serie por tanto no se centra en un thriller en el que se trata de averiguar la verdad sobre una desaparición, sino que tiene planteamientos más amplios en torno al compromiso, las ideologías y sus consecuencias. Esto se refleja también a través de una trama paralela que está conectada con la principal: Yelena Raymond (Florence Deschênes) es una madre soltera que formó parte de un grupo neonazi, hasta el punto de tener tatuada una esvástica en su mejilla. Su contratación en el laboratorio de la farmacia de Raphaëlle Bayard provocará suspicacias, especialmente cuando una investigación periodística saca a relucir su pasado. 

Emprises, que estrenó una primera parte de cinco episodios el año pasado y los cinco finales este mes de enero, se desarrolla como un drama que reflexiona sobre las relaciones personales y los secretos. Conforme Raphaëlle Bayard se adentra en la investigación sobre su marido Jérôme, se da cuenta de que tras doce años de matrimonio nunca ha llegado a conocerlo, no desde luego sus inclinaciones hacia las conspiraciones sobre un inminente colapso de nuestro planeta y su creencia de que determinadas acciones ecoterroristas son la única solución para despertar a la sociedad. Las conexiones a través de internet se convierten en una pantalla que oculta las verdaderas ideologías, mientras otros personajes también tratan de mantener el secreto sobre sus planteamientos pasados para regresar a una cierta normalidad. También se introducen otros personajes secundarios que afectan a la propia búsqueda, como la presencia de Anouk Trépanier (Madeleine Péloquin), la ex-esposa abandonada por Jérôme, que llega a Sherbrooke para encontrar a su hijo, aunque tenga que utilizar sus contactos con la mafia para lograrlo; el padre de Raphaëlle, Pierre Bayard (Vincent Graton) es un hombre de convicciones firmes que ha tenido una relación distante con su hija desde la muerte de su madre; y Noémie Vaugeois (Alice Pascual) es una investigadora privada que suele actuar al margen de la policía, con un especial talento para encontrar a personas desaparecidas, a quien sugiere Yelena como posible colaboradora. Hay numerosos hilos narrativos en una miniserie que a veces se desequilibra entre tantas tramas paralelas, algunas más efectivas que otras, pero que sugiere que podría estar basada en algunos aspectos de la propia vida misteriosa de su creador, François Pagé, del que ni siquiera existen fotografías en internet. Bien dirigida por Yannick Savard (1979, Quebec), quien ya dirigió otra serie escrita por el mismo guionista, Piégés (AddikTV, 2020), la miniserie ofrece interesantes elementos de reflexión sobre cómo pueden influir los valores personales y las creencias en las acciones de los personajes, abordando los movimientos conspiranoicos, pero también el ecoterrorismo y los nuevos fascismos de una manera que resulta especialmente estimulante. 

Nora Sand: The pushover

Dinamarca, Noruega 2025 | TV4, 6x45' | Temporada completa | ★★★ 

Creada por Arne Berggren, Kristine Berg

Dirigida por Magnus Berggren


Hace unos años se estrenó la primera adaptación del debut literario de la escritora Lone Theils (1971, Dinamarca), que suponía el comienzo de una serie de libros protagonizados por la periodista Nora Sand, y que en España fue publicado como Las chicas del ferry (2015, Ed. Edhasa), actualmente descatalogado, al igual que el segundo libro, La mujer del poeta azul (2017, Ed. Edhasa), las dos únicas que se han editado en nuestro país de un total de seis publicaciones. Fatal crossing (TV4, 2023) consiguió cierta repercusión, sobre todo a partir de que la distribuidora Walter Presents que pertenece a Channel 4 y está especializada en estrenar en Gran Bretaña títulos internacionales, seleccionara esta serie como una de sus propuestas en 2025, estrenándose casi al mismo tiempo que su segunda temporada, The pushover (TV4, 2025), basada en el sexto y penúltimo libro de la serie literaria, The Pushover (Troskyldigheden selv) (2023). Sin embargo, a pesar de ser una secuela, da la impresión de que esta entrega es más bien una especie de reinicio que no tiene demasiado en cuenta lo que ha ocurrido en la temporada anterior. Al final de aquella, Nora Sand (Marie Sandø Jondal) caía en desgracia en la revista Globalt, que se publicaba en su Jutlandia natal, pero al comienzo de esta segunda parte ella sigue trabajando para la revista, ahora asentada en Copenhague. Así que en cierta manera The pushover transcurre como si no hubiera ocurrido nada de lo que pasó en la primera entrega, con la periodista envuelta ahora en una investigación paralela a la que lleva a cabo el inspector Morten Stark (Morten Hauch-Fausbøll) alrededor de un aparente asesinato cuando una rica heredera es encontrada ahogada en una piscina, en el Norte de Selandia. Las sospechas inmediatamente recaen en su amante Tom (Sigurd Holmen le Dous), quien confiesa el crimen como un accidente, pero las pesquisas de la periodista la llevan a encontrar algunos antecedentes sospechosos del posible culpable como un estafador de mujeres y a pensar que el asesinato esconde mucho más que un simple crimen pasional. La serie plantea algunas cuestiones interesantes sobre la naturaleza del mal, expresadas a través de la narración de Nora Sand al principio del primer episodio: "¿Qué es el mal? ¿Y cuándo comienza realmente un asesinato? ¿El día que alguien muere? ¿O el día en que nace el asesino? Siempre buscamos respuestas sencillas. Causa y efecto. Correcto o incorrecto. Buscamos patrones y una explicación simple. Porque nos hace sentir más seguros. Pero algunas cosas son inexplicables. Lo llamamos locura. Algo sobrenatural. Maldad". Un planteamiento atractivo para una propuesta que desvela rápidamente la identidad de un posible culpable para enfocarse en su psicología y en las consecuencias de su pasado. 

Pero, a pesar de que hay una especie de desapego respecto a la que podríamos considerar como primera temporada, esta segunda entrega comparte algunos de los problemas que tenía aquella, especialmente a través de un ritmo pesado y una cierta tonalidad trascendente en los diálogos y en cómo se comportan los personajes. Cada conversación está marcada por continuas pausas que parecen querer aportar cierta profundidad y una atmósfera asfixiante, pero en realidad acaban poniendo a prueba la paciencia del espectador, subrayada por un estilo de dirección a cargo de Magnus Berggren, quien también dirigió la anterior, que utiliza zooms lentos y se detiene en detalles como una mosca que se posa en la mejilla de la víctima. Lo que no significa que The pushover no consiga tener su propia personalidad, sino todo lo contrario, y si realmente esta gravedad tonal estuviera acompañada por cierta profundidad psicológica sería incluso encomiable que se apostara por un ritmo diferente al que nos tienen acostumbrados los thrillers tradicionales de las plataformas de streaming, pensados para ser vistos como pantalla secundaria. El problema es que no hay trascendencia más allá de los diálogos, a pesar de que The pushover aborda la investigación desde una perspectiva menos interesada en resolver un crimen que en descifrar la verdadera naturaleza del mal, indagando en cuáles son los resortes que conducen a un acto de violencia en medio de las dinámicas de poder, las relaciones de género y las citas digitales. Hay que reconocer como interesante el enfoque casi espiritual de esta reflexión sobre el mal, que acerca a la serie a un cierto tipo de novela escandinava de misterio que se apoya en una base religiosa, y que tradicionalmente ha sido poco adaptada al cine o la televisión, un poco a la manera de los libros de Åssa Larsson (1966, Suecia) que exploran el crimen dentro de comunidades religiosas rurales. Pero no parece que la intención de los creadores, el reconocido novelista Arne Berggren (1960, Noruega) y la guionista Kristine Berg, quienes junto al director Magnus Berggren forman la pequeña productora noruega Shuuto, sea la de profundizar en los aspectos más psicológicos de la historia y en la reflexión más metafísica en torno a la naturaleza del mal. Porque la forma de abordarlo resulta superficial, a través de diálogos demasiado explicativos, y la manera de mostrarlo es demasiado lánguida. 


Por cien millones se estrena en Movistar Plus+ el 26 de marzo.
Los testamentos se estrena en Disney+ el 8 de abril. 
The audacity se estrena en AMC+ el 13 de abril. 
Ravalear se estrena en HBO Max en mayo. 
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Las audaces se puede ver en Filmin y Prime.

20 febrero, 2026

Berlinale 2026 - Parte 4: Resistencia

Llegamos ya a los últimos días del Festival de Berlín, envuelto en una continua controversia que surge de un silencio claramente político que la directora Tricia Tuttle ha tratado de justificar en algunas entrevistas recientes con referencias a las "realidades complejas" de algunos conflictos, como si la muerte de casi 73.000 personas pudiera analizarse desde una perspectiva equidistante. La organización del festival tampoco se ha solidarizado con el cineasta Hamdam Ballal, uno de los directores del documental No other land (Yuval Abraham, Basel Adra, Hamdan Ballal, 2024), premiado en este mismo festival, quien hace unos días denunció a través de redes sociales que su familia había sufrido nuevos ataques por parte de soldados del ejército israelí y colonos que tratan de echarles de sus casas. En todo caso, la polémica obliga a los festivales de cine a repensar su posición dentro de una sociedad que se refleja en las imágenes de las películas que se programan. La resistencia también es una herramienta política, y de ella hablamos en nuestras tres últimas reseñas del Festival de Berlín, aunque la próxima semana haremos otro repaso a las series que se han proyectado dentro de la última convocatoria del Berlinale Series Market. 

Yellow letters

İlker Çatak

Alemania, Francia, Turquía 2026 | 127' | Competición Oficial | 

Berlinale '26: Oso de Oro | Mejor Película Gremio de Cines de Arte y Ensayo

En medio de la controversia generada en el Festival de Berlín sobre si el cine debe o no ser político, en cierta manera se podría decir que la última película de İlker Çatak (1984, Alemania) tras el éxito internacional de Sala de profesores (2024), plantea esta cuestión negando la mayor: "Lo personal es político", comenta el productor Ingo Fliess en las notas de prensa: "Según el Instituto V-Dem de Gotemburgo, actualmente hay menos democracias en el mundo que autocracias, con más del 70% de la población mundial viviendo bajo sistemas autoritarios. En este contexto, la cuestión de la responsabilidad, nuestra responsabilidad como cineastas, se vuelve inevitable". Palabras que parecen contestar a la declaración de Wim Wenders de que el cine no debe ser político. Porque Yellow letters (İlker Çatak, 2026) es una película conscientemente política, que habla sobre las aparentes democracias que ejercen un control sobre los diferentes estamentos sociales, entre ellos la cultura y su poderosa forma de permear la sociedad, manteniendo una apariencia de estabilidad. Entre 2016 y 2019, alrededor de 2.000 artistas turcos fueron suspendidos y llevados a los tribunales por haber firmado una petición de paz, pero en vez de acusarles directamente de un acto personal, se buscaron excusas como haber fumado en el camerino de un teatro para iniciar procedimientos administrativos. Todos recibieron "cartas amarillas" en las que se notificaba la apertura del procedimiento y su suspensión. En esta premisa está inspirada la historia escrita por İlker Çatak y su esposa Ayda Meryem Çatak para contar el proceso por el que el matrimonio formado por la actriz Derya (Özgü Namal) y el profesor Aziz (Tansu Biçer) comienzan a ser investigados tras el estreno de una obra de teatro crítica con el gobierno. Algunos detalles como el hecho de que ella se niegue a fotografiarse con el gobernador el día del estreno, son pequeños añadidos al malestar que han estado provocando en las autoridades, de manera que la obra es cancelada y el profesor Aziz es suspendido de empleo y sueldo hasta que se celebre un juicio por algunos comentarios en redes sociales que se consideran insultos contra las autoridades: "Sé perfectamente la diferencia entre una crítica y un insulto", se defiende él. Pero es la excusa para una purga que recuerda a las desfinanciaciones públicas que ha llevado a cabo la administración norteamericana como forma de chantaje contra las universidades que no se han alineado con sus planteamientos ideológicos. El director además propone un juego de roles en el que desafía al espectador a aceptar que una historia ambientada en Turquía se ruede en Alemania, planteando que Berlín representa a Ankara y Hamburgo representa a Estambul, sin tratar de hacerlas pasar por ellas, pero buscando perspectivas que transmitan la sensación de estar en Turquía, como el ferry de Hamburgo que es casi indistinguible del ferry de Estambul. Es una propuesta interesante, que nunca se convierte en dominante, pero que refleja el peso de la diáspora (el propio director es alemán de origen turco) y también cómo la historia no necesariamente podría desarrollarse sólo en un país más o menos atrapado por el control férreo del autoritario y corrupto presidente Recep Tayyip Erdoğan. Cuenta el director que el debate entre Israel y Palestina demostró que incluso en Alemania "los artistas y académicos deben tener cuidado con lo que dicen". 

Y sin embargo, Yellow letters no se enfoca principalmente en el conflicto político, sino en cómo éste afecta a un matrimonio en el que hay dos posturas diferentes, la más pragmática que mantiene Derya y la más combativa que propone Aziz. Las consecuencias de la falta de empleo se convierten en una sucesión de problemas: tratan de renegociar la hipoteca, pero finalmente deben abandonar Ankara (Berlín) para irse a vivir a Estambul (Hamburgo) al apartamento de la madre de él, Güngör Hanım (İpek Bilgin), mientras su hija adolescente Ezgi (Leyla Smyrna Cabas) se ve obligada a adaptarse a una nueva vida. El intelectual Aziz consigue un trabajo como taxista mientras Derya trata de convencer a su agente de que hay algunos límites morales que no quiere cruzar. En el libro The Turkishness contract (2018), el escritor Barış Ünlü (1975, Turquía) describe la presión que se ejerce desde la fundación de la República Turca sobre cómo se debe actuar socialmente: ir a la mezquita, integrarse en la comunidad, unirse al ayuno o borrar las publicaciones de las redes sociales que puedan ser ofensivas. Las expectativas impuestas se convierten en represiones de la libertad, lo que está bien representado en el conflicto que se establece entre Derya y su hermano Salih (Aydın Işık) cuando ella le plantea vender unos terrenos que heredaron, pero él le propone ayudarle económicamente, lo que Derya no acepta. Salih es el ciudadano ejemplar, patriota y religioso, perfectamente integrado en una sociedad que acepta sin ningún conflicto: la ambientación en Alemania refuerza esta idea, representando el modelo de integración que se impone cada vez más en los países occidentales a los emigrantes, que exige una renuncia a los valores tradicionales propios. Hay un planteamiento brechtiano en la propuesta que hace el director con el espectador, que propone una reflexión sobre la famosa ironía anticapitalista de La ópera de tres peniques (1928), de Bertold Brecht y Kurt Weiss en la que se canta: "El dinero primero, la moral después", lo que plantea que no se debe exigir un comportamiento ético a quien lucha por sobrevivir. En una conversación entre Aziz y Derya también se menciona esta idea: "Nuestro único sueño ahora es sobrevivir cada día", dice ella, a lo que él responde: "Sobrevivir cada día no es un sueño. No debería serlo". Al igual que la protagonista de Sala de profesores se enfrentaba a una administración que la cuestionaba, el matrimonio de intelectuales confronta a los estamentos políticos a través de sus obras, poniendo en escena "Yellow letters", una representación que habla sobre su experiencia en Ankara, en torno a la represión que se ejerce sobre la cultura. Si bien la película puede caer a veces en cierto carácter discursivo, explicando continuamente a los personajes a través de los diálogos, surge como una propuesta sólida que reflexiona sobre la libertad de expresión en un momento muy importante, en el que ésta parece estar siendo negada como un soporte fundamental de nuestros derechos. 

© Vento Film

The loneliest man in town

Tizza Covi, Rainer Frimmel

Austria 2026 | 86' | Competición Oficial | ★

Berlinale '26: Mención Especial Gremio de Cines de Arte y Ensayo

Hay una clara sintonía entre la última película de los directores Tizza Covi (1971, Italia) y Rainer Frimmel (1971, Austria) y el resto de su filmografía, a través de una mirada que se ha enfocado muchas veces en personajes que habitan mundos que parecen estar a punto de desaparecer. Ya sea en el terreno del documental como en Notes from the underworld (2020) o en el del docudrama como en Vera (2022), capturan el carisma de sus protagonistas a pesar de que les rodea una sensación de decadencia. En el caso de The loneliest man in town (Tizza Covi, Rainer Frimmel, 2026), el protagonista es Alois Koch (1945, Austria), un músico real cuyo nombre artístico es Al Cook, compositor autodidacta que se apasionó por la música de Elvis Presley y por el blues del delta del Mississippi, y se convirtió en una especie de versión austríaca de la música norteamericana, componiendo sus propias canciones y editando varios álbumes como Working man blues (1970, Netz/Schallter)) y Vitrola blues (1993, Wolf Records), donde imita el acento sureño aunque en realidad nunca ha viajado a Estados Unidos. Hay quien le compara con el escritor alemán Karl May, que escribió numerosas novelas sobre el salvaje Oeste sin haber estado nunca allí. Pero el acercamiento de los directores a este músico que tiene un ligero parecido a Robert Mitchum y mantiene todavía un peinado de rockabilly, descarta el enfoque documental, en parte debido a que Al Cook ya ha publicado alguna autobiografía extensa, y porque la idea principal no es solo hablar del protagonista, sino enmarcarlo en un entorno de soledad y pérdida, permitiendo que la ficción se exprese sin apenas diálogos. El personaje de Al conserva sin embargo todas las características del músico, la película se ha rodado en su apartamento y muchos de los objetos que aparecen, a los que la cámara del director Rainer Frimmel dedica algunos primeros planos, forman parte también de la amplia colección de libros y discos de los grandes músicos de blues como Lonnie Johnson y Bertha "Chippie" Hill. Esta atención por los detalles refuerza la tonalidad nostálgica de la película al recuperar esa háptica que percibe la memoria a través del tacto y que en un mundo digitalizado prácticamente ha desaparecido. Al Cook toca los antiguos discos y las viejas publicaciones que relee y sigue estudiando para sacar de ellas su propia inspiración, mientras permanece en el apartamento de un edificio en el que una inmobiliaria ha conseguido que todos los vecinos se marchen. Él es el único superviviente de una gentrificación que lo ha dejado solo en el viejo edificio que pretende ser demolido, mientras recibe las presiones cada vez más crueles de los promotores inmobiliarios: cortar el agua, el gas e incluso enviar a una especie de matón llamado Fredi (Alfred Blechinger) que le advierte que, hasta que no firme el acuerdo que le propone la empresa, entrará en su casa y consumirá todas las bebidas y la comida que tenga. A pesar de que sabe que su causa está perdida en una ciudad de Viena en la que están siendo derruidos los edificios más antiguos como el suyo, Al persiste en su resistencia, hasta que se plantea la posibilidad de marcharse a Estados Unidos, a ese Mississippi soñado donde piensa que puede tener más posibilidades que las que le ofrece Austria. 

The loneliest man in town transcurre con un ritmo tranquilo que se detiene en los detalles, y se construye como una película pequeña que ofrece una mirada encantadora a una época perdida, donde incluso el restaurante al que suele acudir el protagonista acaba cerrando con una nota de agradecimiento a sus clientes por los años transcurridos. Al Cook pasea por calles solitarias y toca en el escenario de un pequeño bar en el que tiene pocos espectadores, reproduciendo parte de la propia vida real del personaje, mientras vive de sus recuerdos en un apartamento que está remarcado por una luz tibia, cuando no está iluminado por velas porque le han cortado la luz eléctrica. En los planos fijos que adoptan los cineastas y en el sutil humor de algunos de los escasos diálogos se percibe la influencia de las películas de Aki Kaurismaki, mientras la banda sonora se llena de antiguas canciones de Lonnie Johnson y Robert Johnson. El propio título de la película proviene de un tema compuesto por Al Cook que se hizo popular y él mismo ha compuesto una canción para una historia que no tiene grandes giros dramáticos pero transcurre consiguiendo transmitir una sensación de cercanía y de empatía hacia este personaje que parece anacrónico en un entorno que desplaza cada vez más a las viejas reliquias. Por eso Al se refugia en el pasado, viendo en una semivacía sala de cine un antigua película musical de Elvis Presley o recuperando el contacto con Brigitte (Brigitte Meduna) un antiguo amor que dejó pasar porque cuando tenía que dar un paso hacia el frente no consiguió tener el valor necesario: "No puedes regalarle a una fan de los Beatles un disco de Elvis Presley", le recuerda ella. Rodada en 16 mm., The loneliest man in town es una película que se puede sentir como demasiado modesta para formar parte de la selección oficial del Festival de Berlín, pero también es un pequeño refugio en medio de dramas excesivos y propuestas ambiciosas. Porque, a pesar de mostrar la vida de un personaje que parece vivir anclado en su memoria, propone un cierto optimismo a través de esa pretendida emigración que podría verse con cierta ingenuidad, representada en un billete solo de ida que supone una aventura mucho más valiente y abierta de lo que se podría imaginar. 

© Jasper Wolf

A family

Mees Peijnenburg

Países Bajos, Bélgica 2026 | 89' | Generation 14plus | ★

Berlinale '26: Mención Especial - Generation 14plus

El divorcio está planteado en la última película del director afincado en Londres Mees Peijnenburg (1989, Países Bajos), quien ya había estrenado en el Festival de Berlín su anterior largometraje Paradise drifters (2020), como una sucesión de pérdidas que deben ser asumidas por los miembros del núcleo familiar. Opina el realizador que la cuestión no es "si te separas o no te separas, sino cómo lo haces", mientras el miedo a perder vínculos tan importantes como el de los hijos lleva a los padres (Carice Van Houten y Pieter Embrechts) a tomar decisiones equivocadas que ponen en riesgo precisamente a sus propios hijos. Quizás por eso A family (Mees Peijnenburg, 2026) está enfocada desde el punto de vista de éstos, quienes en una entrevista en el juzgado tienen que tomar una decisión compleja, especialmente Nina (Celeste Holsheimer), que a sus dieciséis años ya puede elegir si quiere vivir con su padre o con su madre, teniendo en cuenta que esta decisión puede suponer separarse de su hermano Eli (Finn Vogels), que tiene catorce años. El enfoque del director se centra en ellos dos, dividiendo el tiempo entre la perspectiva de Nina y la de Eli a lo largo de tres semanas que se nos muestran desde ambos puntos de vista. Si la secuencia inicial transcurre en un espacio frío, la descripción del mundo en el que transcurre la vida de Nina es mucho más apasionada, entre los ensayos de baile que practica al ritmo de la canción "Happiness" de Alexis Jordan, que como su propia vida es aparentemente alegre pero en realidad esconde una profunda melancolía. La buena decisión de los guionistas Bastiaan Kroeger y Mees Peijnenburg es no retratar a Nina con la habitual descripción de adolescente rebelde que se enfrenta a sus padres y a la situación que la rodea, sino reflejando una vulnerabilidad interior que se transmite a través de una especie de asfixia silenciosa que tiene que explotar de alguna manera, y que pone en duda su propia relación con su novia. La segunda parte de la película, el segundo movimiento de esta crónica sobre la separación, la protagoniza el joven Eli, quien en realidad solo desea que todo vuelva a ser normal, quizás no como antes, pero al menos que transcurra con cierta estabilidad, en vez de escuchar constantemente las discusiones de sus padres, incluso cuando solo se ven en el momento en que se intercambian a los niños, o vivir en ese período complejo de hacer y deshacer sus macutos para irse a casa de su padre y volver después de unos días a casa de su madre, sometidos a chantajes emocionales constantes por parte de uno y otro. De manera que A family se desarrolla como un drama sutil en el que los sentimientos verdaderos circulan en el interior de los dos personajes principales, incapaces de expresarlos en la superficie. Y a los que afecta también la separación de sus padres en la manera en que cada uno parece estar siendo atraído por el padre o la madre para servir como cómplices de sus propias disputas, como cuando ella descubre que su padre ha mentido al decirle que Eli está enfermo y busca la complicidad de éste. 

Aunque no abunda en ello, A family también refleja cómo los hijos se convierten en instrumentos de los padres para alcanzar sus objetivos respecto a la custodia.  Los adultos están retratados como personajes secundarios, quizás menos desarrollados de lo que sería necesario, pero son descritos sin juzgarlos aunque subrayando su enfoque principal en sus propias agendas, sin importar lo que piensen sus hijos. Cuando les preguntan su opinión, se trata de preguntas retóricas porque ellos mismos ya tienen la respuesta que necesitan. Los dos adolescentes se convierten en víctimas colaterales de la separación, asumidos como tales no solo por los padres sino también por el sistema que se construye alrededor del complicado proceso de una separación que es todo menos cordial. Las dos perspectivas se cruzan describiendo los mismos acontecimientos desde los puntos de vista de Nina y Eli, lo que a veces puede resultar repetitivo cuando la perspectiva de Eli no aporta nada especialmente diferente a lo que habíamos visto desde el punto de vista de Nina. También se repiten ciertas dinámicas patriarcales, con Nina más presente en las conversaciones con la madre y Eli más cercano a su padre, como si esa fuera la posición que se le supone a cada uno de los hijos. Lo que consigue la película con especial acierto es retratar esa indefensión en la que se encuentran en medio del fuego cruzado que protagonizan sus padres cada vez que se encuentran, aunque resulta mucho más conmovedora la impotencia que transmite el joven Eli cuando enfrenta su inocencia a la batalla en la que están envueltos sus padres, y sin encontrar del todo un apoyo emocional en su hermana. Ellos forman una especie de resistencia constante en medio de los vaivenes del divorcio, los traslados de una casa a otra, las habitaciones duplicadas, las visitas al juzgado y las entrevistas con los abogados de uno y otro para ver si pueden servir como soporte para el próximo ataque. En el retrato de ambos el director también utiliza algunos paralelismos en los recursos visuales, como ese zoom que se acerca lentamente a los rostros de Nina cuando cena con la familia de su novia o a Eli cuando se encuentra en mitad de un entrenamiento, que transmite ese mundo interior alejado de la normalidad en el que ellos mismos habitan. Aunque puede faltar algo de desarrollo en las figuras paterna y materna, A family consigue abordar un tema habitual en el cine a través de una mirada diferente que expone a las auténticas víctimas en primer plano. 

© Amir Zarubekov

River dreams

Kristina Mikhailova

Kazajistán, Suiza, Reino Unido 2026 | 99' | Forum Special | ★

Berlinale '26: Premio del Jurado Ecuménico - Forum

El curso del río Aksay, que nace en el Cáucaso Norte de Rusia y se extiende a lo largo de 144 kms. hasta llegar a las estepas de Kazajistán, se convierte en el hilo narrativo de una película profundamente feminista que progresivamente ha ido adquiriendo un tono profundamente político, pero manteniendo una mirada de sororidad y de aliento poético que busca la representación de la mujer dentro de una sociedad patriarcal como la que se mantiene en Kazajistán. River dreams (Kristina Mikhailova, 2026) se rodó durante cinco años a través de entrevistas con un centenar de mujeres kazajas, de las que se presenta una selección de conversaciones grabadas casi siempre en los márgenes del río Aksay, y estableciendo un paralelismo entre los diferentes tramos que forman parte de este recorrido fluvial, montañoso en la parte superior y llano en su recorrido inferior. La directora/entrevistadora Kristina Mikhailova le pide a sus entrevistadas que se identifiquen con un tipo de río, y las respuestas derivan hacia diferentes estados de ánimo, a veces más contundentes y otras más tranquilos. Pero hay un elemento común de resistencia y de hermandad en el retrato que ofrece esta película que ha conseguido ser el primer documental producido en Kazajistán que ha formado parte de la programación del Festival de Berlín. El comienzo muestra imágenes envueltas en una tonalidad rojiza que parecen representar un paisaje marciano, pero que envuelven en un tono onírico una película que habla precisamente sobre sueños, en el sentido de pesadillas, pero también en su carácter de aspiraciones, las que describen estas mujeres sobre tener una vida plena dentro de su propio país, que está inevitablemente atravesado por un pensamiento patriarcal y masculinizado. Cuando la actriz Inzhu Abeu, protagonista de la película Crickets, your turn (Olga Korotko, 2024), seleccionada en el Festival de Locarno, habla sobre un ataque que sufrió por parte de un hombre, escuchamos la voz de Kristina Mikhailova al otro lado de la cámara relatando una experiencia parecida: un desconocido se abalanzó contra ella corriendo mientras paseaba junto al río, pero pudo desembarazarse de él y escapar hasta la autopista. Los relatos sobre la violencia que se ejerce contra las mujeres son casi habituales en un país como Kazajistán, donde hace unos años el ex-Ministro de Economía fue sentenciado a 24 años de cárcel tras maltratar hasta la muerte a su esposa, Saltanat Nukenova. Las cámaras de vigilancia del restaurante familiar en el que ocurrió el asesinato mostraron las imágenes de forma brutal, y el juicio fue por primera vez transmitido a través de la televisión pública, pero la narración de Kristina Mikhailova se queja de que el asesino ni siquiera tuvo una sentencia de cadena perpetua. A lo largo de los cinco años que ha durado el rodaje también se produjeron las protestas masivas contra la subida de precios del combustible en enero de 2022, que acabaron con un número significativo de víctimas.  

Estos acontecimientos políticos sobrevuelan constantemente las entrevistas que forman parte de River dreams, pero la película mantiene un tono optimista, lo que las notas del catálogo del Festival de Berlín describen como un "heimatfilm diferente", en referencia a aquel género que se popularizó en Alemania y Suiza después de la 2ª Guerra Mundial y se mantuvo con éxito hasta los años sesenta, reflejando un mundo romántico, ajeno a la guerra y a las amenazas de la vida cotidiana. Aunque el documental no evita mirar hacia la realidad de la sociedad kazaja, es cierto que tiene un tono abierto a la esperanza, como reflejando el propio significado del nombre del río Aksay (río claro en kazajo), mostrando la diversidad y la esperanza de un futuro mejor. Se hace referencia a la primera marcha feminista que se produjo en la ciudad de Almaty en 2017, que asustó tanto a las autoridades que prohibieron las que se convocaron en los años siguientes. Pero esa fortaleza de empoderamiento femenino permanece de manera constante en la forma en que las mujeres que hablan en la película relatan sus propias aspiraciones. No debe ser casual que muchas de ellas hayan desarrollado su vida y su carrera profesional en un entorno más libre como el artístico: Gulnaz Moldakhmet es actriz, Alexandra Cherezova y Azkel Beisembay son artistas multidisciplinares, Juliya Jenis es atleta y bailarina... Y la mayor parte de ellas pertenecen a una generación similar a la de la directora, mujeres que han desarrollado una carrera pero con una proyección futura, que ella justifica por el hecho de sentirse más cerca de sus preocupaciones. Aunque también hay alguna mirada al pasado como cuando habla con su abuela, Tamara Yelantseva, quien cuenta que llegó a Kazajistán en 1947 procedente de la región de Omsk (Siberia). A través de planos estáticos que establecen un diálogo personal con las entrevistadas, a veces con intervenciones de la directora, introduce también elementos oníricos que representan esa vulnerabilidad radical de esta polifonía de voces femeninas. En un país tan marcado por un estado de masculinidad tóxica, dar voz a las mujeres es en sí mismo un acto de rebeldía y de resistencia, también un acto político de radicalidad extrema. Es por eso que River dreams se rebela contra las representaciones habituales en el cine kazajo, e incluso contra aquellas miradas externas que limitan la perspectiva sobre un país que en esta película se define con un sentido mucho más abierto, envuelta en la diversidad de género, abrazando el activismo LGBTQ+ de una de las entrevistadas, que transmite la rebeldía de vestir una camiseta con el lema: "Fuck the patriarchy".

Barbara Forever

Brydie O'Connor

Estados Unidos 2026 | 102' | Forum Special | 

Sundance '26: Premio Jonathan Oppenheimer Mejor Montaje

Berlinale '26: Premio Teddy Mejor Documental


En una de las grabaciones que forman parte de este documental, la directora Barbara Hammer (1939, California-2019, Nueva York) pregunta a un grupo de niños en un taller de cine si saben lo que es el cine experimental, "un tipo de cine que no podréis ver en una sala ni en televisión", explica ella misma, antes de proyectar en la clase uno de sus cortometrajes. Conocida en los circuitos más independientes, habitual presencia en el Festival de Sundance, donde estrenó su primer largometraje, Nitrate kisses (1993), Barbara Hammer es un ejemplo de resistencia en todos los sentidos: formó parte de la ola de liberación sexual surgida en los años sesenta y siguió siendo una reivindicativa cineasta de mirada queer y cuerpos femeninos desnudos que se muestran con la misma naturalidad en pantalla que fuera de ella. También fue ejemplo de resistencia a la enfermedad, un cáncer de ovario detectado en 2006 contra el que se sometió a un duro tratamiento de quimioterapia que duró doce años, convirtiéndola en firme defensora de la muerte digna. Hace unos años, la directora de este documental estrenó el cortometraje Love, Barbara (Brydie O'Connor, 2022), principalmente estructurado en torno a una entrevista con la abogada Florrie Burke, que fue su pareja durante treinta años, y que formó parte de las escenas de su película Tender fictions (Barbara Hammer, 1996), aunque la propia directora californiana cuenta que Florrie le advirtió que no quería formar parte de su cine, que no deseaba que la grabara para sus películas. Parte de aquella entrevista aparece también en este nuevo acercamiento, en algunos momentos en los que se siente innecesario porque la mayor parte de Barbara Forever (Brydie O'Connor, 2026) está construida en torno a grabaciones en primera persona de Barbara Hammer y mucho material de archivo y descartes de sus trabajos cinematográficos. Al adoptar este enfoque personal y esta narración desde la voz de la cineasta, el documental se vuelve más personal pero quizás menos profundo para entender la relevancia de la que está considerada como la primera directora de un cine queer protagonizado por mujeres, la pionera de la representación del lesbianismo de una manera natural y al mismo tiempo experimental. Los cuerpos femeninos se vuelven relevantes en su cine, que refleja el tipo de liberación sexual que ella misma experimentó en su vida privada. Pero también puede ser discutible que tomar unas y otras grabaciones en primera persona, realizadas en diferentes momentos y etapas de su vida, terminen conformando realmente un discurso coherente y clarificador sobre su cine o sobre su persona, porque la selección de las declaraciones pueden ser más convenientes para la narrativa que quiere crear Brydie O'Connor que como reflejo de los pensamientos reales de Barbara Hammer (las opiniones también cambian con el tiempo, pero el documental nunca refleja de dónde provienen sus fuentes sonoras). De manera que Barbara Forever funciona mejor como un homenaje que como un recorrido realmente destacado de la trayectoria como cineasta de una de las mujeres más relevantes del cine independiente de las últimas décadas. Tan relevante, que para muchos espectadores es una auténtica desconocida, aunque la cineasta norteamericana recibió en el Festival de Berlín el premio Teddy en tres ocasiones, por sus cortometrajes A horse is not a metaphor (2009), Generations (Gina Carducci, Barbara Hammer, 2010) y Maya Deren's sink (2011).

La mayor virtud de esta aproximación de Brydie O'Connor es cómo traza a lo largo de la película la evolución de esa representación del lesbianismo en el cine a través de los cortometrajes y largometrajes de Barbara Hammer, que también están impregnados por esa misma evolución hacia la madurez creativa y personal, una mirada diferente cuando se expresa a través de los cuerpos femeninos que envejecen y de las relaciones amorosas que se desarrollan con la edad. La propia directora es consciente de la importancia de su cine cuando aborda títulos tan importantes como Dyketactics (1974), una obra liberadora que está considerada una de las primeras representaciones de mujeres lesbianas en el cine moderno, realizada después de muchos cortometrajes rodados desde que hizo sus primeras películas casi una década antes: Contribution to light (1968) o Schizy (1968), donde ya proponía visiones alternativas que contrastaban con los lenguajes fílmicos imperantes, en los que predominaba una mirada masculina y heterosexual. Barbara Hammer comenta desde sus grabaciones personales que cada vez que dirigía un cortometraje lo llevaba a la mesa de la directora artística del MOMA de Nueva York para añadirlo a los otros cortometrajes que le había dejado anteriormente, como si la persistencia fuera la única forma de incorporarse a un mundo cerrado, a una programación en la que siempre exponían los mismos nombres o se proyectaban las obras de los mismos cineastas. También recuerda que le aconsejaron decidir qué camino tomar: "Me dijeron que debía elegir entre hacer películas de lesbianas o centrarme en obras avant-garde. Porque al público que ve cine queer no le interesa el cine experimental, y a los amantes del avant-garde no necesariamente les tiene que gustar ver lesbianas en la pantalla". La ruptura de esos límites es lo que acaba caracterizando a la libertad del cine de Barbara Hammer, lo que está bien reflejado a lo largo de esa trayectoria que muestra el documental. La posibilidad de acceder a todo este material personal proviene de la colaboración durante una década de Brydie O'Connor con la propia Barbara Hammer, lo que también provoca un punto de vista apasionado y cercano a su obra. Aunque a veces pasa sin mencionar algunas épocas relevantes, como la pandemia de SIDA, que la propia directora abordó específicamente en cortometrajes como Snow job: The media hysteria of AIDS (1986) y Vital signs (1991), como describe Miriam Sánchez Manzano en su artículo Un acercamiento queer a la enfermedad en el cine experimental de Barbara Hammer (2023, Comparative Cinema, vol. XI, nº 21). Ganador del premio al Mejor Montaje en el pasado Festival de Sundance, un trabajo minucioso e inteligente de Matt Hixon, Barbara Forever describe una trayectoria marcada por la persistencia que camina en paralelo a la evolución de la representación lésbica en el medio cinematográfico, y dedica una última parte a la mentoría de Joey Carducci, cineasta transmasculino co-director de Generations, que trabajó con descartes de su cortometraje Tender fictions. En unos Estados Unidos que se han putinizado en relación con la representación queer y trans, la reivindicación del cine de Barbara Hammer surge como un auténtico clamor transgresor. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

No other land se puede ver en Filmin y Movistar Plus+.
Vera se puede ver en Filmin. 
Nitrate kisses y Dyketatctics se pueden ver en dafilms.com.
Generations se puede ver en Plex.