29 junio, 2026

Raindance '26 - Parte 4: Premios

A lo largo de esta semana seguiremos reseñando títulos destacables de la programación del Festival de Raindance, que se clausuró el pasado fin de semana con la entrega de premios, que califican en el caso de las producciones británicas premiadas para los British Independent Film Awards (BIFA) y en el caso de los cortometrajes tanto para los BAFTA como para los Oscar®, pudiendo ser incluidos en la lista de nominados. Estos son algunos de los galardones de la última edición del Raindance Film Festival:

Mejor Película Internacional: À bras-le-corps (Silent rebellion) | Marie-Elsa Sguado | Bélgica, Francia, Suiza 2025
Mejor Documental: Gaslit | Katie Camosy | Estados Unidos 2026 
Discovery Award: Danke für nicht (Thanks for nothing) | Stella Marie Markert | Alemania 2025
Mejor Dirección Novel: Walls - Akinni Inuk | Nina Paninnguaq Skydsbjerg, Sofie Rørdam | Groenlandia 2025
Mejor Interpretación en Película Novel: Lila Gueneau por À bras-le-corps (Silent rebellion)
Mejor Película de Terror: Serena | Robe Alicea | Estados Unidos 2025 
Mejor Película Británica: Macbeth | Daryl Chase | Gran Bretaña 2026
Mejor Dirección de Película Británica: Eddie Cochran - Don't forget me  | Kirsty Bell | Gran Bretaña 2026
Mejor Interpretación en Película Británica: Izabella Malewska por Tramp | Philip James McGoldrick | Gran Bretaña 2026
Mejor Fotografía: Dan Poole por Section 1591: Sex trafficking of children in the USA | Cort Kristensen, Dan Poole | Gran Bretaña, Estados Unidos 2026

À bras-le-corps (Silent rebellion)

Marie-Elsa Sguado

Bélgica, Suiza, Francia 2025 | 96' | Narrative Feature | ★★

Venecia '25: Orizzonti

Premios del Cine Suizo '26: Fotografía, Montaje

Raindance '26: Mejor Película Internacional, Mejor Interpretación (Lila Gueneau)


A través de la historia particular de la protagonista, la película de la directora debutante Marie-Elsa Sguado propone una reflexión más que profunda en torno a la hipocresía de la sociedad suiza y su pretendida neutralidad durante la 2ª Guerra Mundial, sobre todo cuando muestra en una escena a soldados alemanes entrando en territorio suizo para deportar a judíos que tratan de refugiarse en el país, justificado con comentarios como "No podemos abrir las puertas a todo el mundo", que suenan muy actuales. Es significativo el comienzo de À bras-le-corps (Silent rebellion) (Marie-Elsa Sguado, 2025) durante una especie de comité de la comunidad que hace preguntas a Emma (Lila Gueneau) para decidir si es merecedora de un premio a la virtud, que le permitiría conseguir un permiso especial para estudiar enfermería. Ella es una joven de 15 años que en 1943 trabaja como criada en la casa de Robert (Grégoire Colin), un pastor progresista que vive con su esposa Elise (Aurélia Petit) y su hija Colette (Sasha Gravat Harsch), con la que Emma ha establecido una amistad. Durante la entrevista se le pregunta por su madre, Alice (Sandrine Blancke), que sufrió el aislamiento de la comunidad como una forma de condena pública por adulterio, y Emma no duda en describirla como "una mala mujer", renunciando también a cualquier relación con ella. Sin embargo, el anhelo de un futuro más estable como enfermera se ve truncado por la visita de un periodista, Louis (Cyril Metzger) a la casa del pastor Robert. Aprovechando un momento de soledad con Emma, Louis la viola, dejándola embarazada y destruyendo las posibilidades de escapar de su destino predeterminado, obligada a casarse con un joven del pueblo, Paul (Thomas Doret), para evitar juicios morales. Sin embargo, la sutileza del guión co-escrito entre Marie-Elsa Sguado y Nadine Lamari evita presentar a Emma como una víctima, y este suceso actúa como catalizador para ella. Poco a poco, se libera de la sumisión impuesta y decide sobre su propia vida y la de su hijo, desarrollando a un personaje debilitado por sus circunstancias, que sin embargo elige el difícil camino de la emancipación, aunque no tenga las mismas oportunidades que Collette, quien consigue ser aceptada en la escuela de enfermería, pero de alguna forma también renuncia a su destino. El contexto de la pre-guerra adquiere una especial relevancia a través de la figura de Robert, el pastor de la congregación que se niega a mantener una postura neutral ante los acontecimientos que están sucediendo en el mundo, advirtiendo sobre la moralidad fingida de la comunidad. Al mismo tiempo que permite que Emma conozca otras posibilidades, como cuando la invita a escuchar música clásica por primera vez a través de un gramófono en su despacho, en una hermosa escena que transmite la emoción que experimenta ella a través de un encuadre preciso. 

Estrenada en la sección Orizzonti de la Mostra de Venecia, À bras-le-corps obtuvo siete nominaciones para los Premios del Cine Suizo que se entregaron el pasado mes de marzo, entre ellos Mejor Película, obteniendo dos galardones al Montaje y la Fotografía. Aunque sorprendentemente la joven actriz Lila Gueneau no estuvo ni siquiera nominada, ella ofrece una interpretación llena de sutileza y de matices, explorando la intensidad de un personaje que refleja una profunda fragilidad en la primera parte de la historia, pero que va adquiriendo seguridad y fortaleza a lo largo de su proceso de emancipación. A través de la puesta en escena, la película muestra las convulsiones del paisaje emocional que experimenta la protagonista, creando una mirada que encuentra dosis de autenticidad y de naturalidad en el entorno de un pequeño pueblo suizo que se enfrenta con hipocresía a los dilemas éticos que subrayan la complejidad de una época. Los sonidos fuera de cámara influyen en las intuiciones de Emma: las noticias en la radio, el silencio del viento interrumpido por disparos, o los pasos de desconocidos que se acercan y se alejan. Primero oye la guerra, después presiente su cercanía y luego reflexiona sobre ella, especialmente a través de las conversaciones que mantiene con el pastor Robert. À bras-le-corps cuenta una historia particular que sin embargo se ve impregnada constantemente por la influencia de los acontecimientos que suceden alrededor, como cuando Emma decide esconder a un fugitivo judío, demostrando el mismo sentido de la ética que le ha transmitido el pastor Robert. Comparada por algunos medios franceses, donde se estrenó hace unas semanas, con la protagonista de Rosetta (Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, 1999), aunque se desarrollan en épocas diferentes, Emma es un personaje escrito con profundidad que representa a las generaciones de mujeres comunes que han sido invisibilizadas durante años. La capacidad de la película para conectar con el personaje principal y emocionar a través de sus decisiones la convierte en un drama que se aleja de la victimización para reconocer y reivindicar el poder de la emancipación. 

Gaslit

Katie Camosy

Estados Unidos 2026 | 111' | Documentary Feature | ★★

Santa Barbara '26: Mejor Documental

Raindance '26: Mejor Documental


El activismo de la actriz Jane Fonda ha sido permanente en favor de los derechos humanos y la defensa del medio ambiente, entre muchas causas humanas en las que ha participado. A sus 88 años esta fortaleza no se ha desvanecido sino todo lo contrario, y desde su antibelicismo en contra de la guerra de Vietnam hasta su actual interés en las consecuencias del cambio climático, su presencia ha sido permanente, aún más desde el regreso al gobierno de la peor cara del Partido Republicano, con un discurso anti-trumpista contundente como el que pronunció hace dos semanas en el concierto Rise Up, Sing Out: A Concert for the First Amendment, en el que figuras como Julia Roberts o Robert De Niro denunciaron los continuos atropellos contra la 1ª Enmienda de la Constitución de Estados Unidos que está llevando a cabo la administración norteamericana. Una derivada del regreso del republicanismo más extremista es la negación del cambio climático y el impulso a las grandes compañías de extracción de Gas Natural Licuado (GNL) para su mayor expansión en el territorio estadounidense, del que desde hace décadas se vienen reflejando las desastrosas consecuencias medioambientales que provocan las plantas de licuefacción del gas extraído. Pero, a pesar de que Gaslit (Katie Camosy, 2026) es un documental producido por Greenpeace USA, organización en la que trabajó durante años la directora debutante, no se apoya en estadísticas o estudios que corroboren los mensajes que transmite, lo que puede hacerlos algo menos sólidos. Sin duda, es más emocional un recorrido en coche por una comunidad de Misisipi, acompañados por una vecina que describe quiénes han muerto por cáncer, pero al no presentar estudios que realmente demuestren que esa enfermedad es una consecuencia de las industrias gasísticas que la rodean puede resultar una conclusión poco contundente. Esto no quiere decir que no existan, pero no se van a encontrar en esta propuesta, que parece querer reclamar una atención más humana por parte del espectador. Y ahí es donde entra la participación de Jane Fonda como una especie de presentadora que introduce a los entrevistados aunque no proporcione un conocimiento principal sobre la materia. Aunque la crisis de las comunidades desplazadas por grandes compañías como la taiwanesa Formosa o la norteamericana Cheniere Energy viene de lejos, curiosamente el mayor desarrollo de esta industria energética se ha producido en los últimos años, la razón principal ha sido la invasión de Ucrania por parte de Rusia y los principales compradores son países europeos como Alemania que en sus propios territorios defienden el desarrollo de las energías renovables. Desde 2023, Estados Unidos se ha convertido en el mayor exportador mundial de gas natural licuado, y las compañías petroleras y gasíferas están impulsando simultáneamente un auge masivo en la producción de plásticos, redoblando su apuesta por los petroquímicos para asegurar su futuro a largo plazo. Jane Fonda emprende un viaje por carretera a través de los campos petrolíferos de Texas y las comunidades de la costa del Golfo, conociendo a las personas que viven en primera línea la expansión de los combustibles fósiles, un negocio ahora especialmente impulsado.

Jane Fonda es una acompañante que se emociona fácilmente, incluso cuando comprueba a través de unos prismáticos infrarrojos cómo continúa filtrándose en la atmósfera la contaminación de las fábricas, aunque a simple vista no se vea. Es una amenaza palpable por la extensión de estas plantas industriales, pero también invisible, porque está en el ambiente y en el subsuelo. Las consecuencias de esta proliferación de la industria petrolera en Texas y el cauce del Misisipi son tan claras que se ha acabado denominando como El Corredor del Cáncer a una franja de tierra de 296 km., entre el área metropolitana de Baton Rouge y el Golfo de México, donde se encuentran más de 350 instalaciones industriales que emiten cantidades significativas de contaminación atmosférica. El recorrido de Jane Fonda la lleva a conocer a muchas de las personas que luchan desde hace años contra las grandes corporaciones petrolíferas, como Diane Wilson, quien le ganó una demanda por 50 millones de dólares a la empresa Formosa Plastics por el vertido de residuos plásticos sólidos en San Antonio Bay (Texas) o John Allaire, un ingeniero ambiental jubilado que reside en una zona paradisíaca del suroeste de Luisiana, que está luchando contra la expansión de la planta de GNL cerca de su propiedad: tanto Calcasieu Pass 2 de Venture Global como Commonwealth LNG están solicitando permisos para construir a ambos lados de la actual planta que se encuentra en funcionamiento. Incluso un republicano convencido como el ganadero texano Johnny Dagger ha tenido que renunciar a sus tierras porque estaban tan contaminadas que su ganado no podía pastar en ellas. Gaslit ofrece una mirada humana a un problema que se agrava progresivamente y cuya industria tiene planificada una expansión mayor en los próximos años, en buena parte para satisfacer la demanda de países europeos. En su recorrido ofrece una visión contundente del problema en lugares que antes eran parques donde la comunidad se reunía y ahora son terrenos baldíos contaminados, con una clara problemática social, alrededor de entornos que generalmente están habitados por vecinos racializados, tanto afroamericanos como indígenas, víctimas propiciatorias debido a su falta de recursos frente al poder económico de las industrias petrolíferas. También participan en la película la actriz Connie Britton y la cantante Maggie Rogers, pero parecen más rostros populares que figuras relevantes en el relato de un documental que describe el daño permanente que la industria petroquímica está causando y que, a pesar de las pequeñas victorias, no parece tener una solución fácil a corto plazo.

Walls - Akinni inuk

Nina Panninguaq Sydsbjerg, Sofie Rørdam

Groenlandia 2025 | 75' | Documentary Feature | ★★

CPH:DOX '25: Nordic:Dox Award

Raindance '26: Mejor Dirección Novel


La sombra del colonialismo está presente en este documental que fue la tercera película candidata al Oscar como Mejor Film Internacional que representaba a Groenlandia, después de Nuummioq (Torben Bech, Otto Rosing, 2010) e Inuk (Mike Magidson, 2012), aunque ninguna de las tres pasó el corte de las nominaciones. Porque, a pesar de gozar de un sistema de auto-gobierno, algunos aspectos administrativos y políticos siguen estando controlados por Dinamarca, entre ellos la administración de Justicia. Como se indica al comienzo de Walls - Akinni inuk (Nina Panninguaq Sydsbjerg, Sofie Rørdam, 2025), Groenlandia tiene sus propias leyes criminales y su propio sistema penitenciario, con el principal objetivo de reincorporar cuanto antes a los condenados a la sociedad, de manera que existe un régimen semiabierto en el que algunos de ellos pueden salir en determinados horarios para comprar, trabajar o incluso realizar actividades de ocio como la pesca. Como se indicaba en un reportaje de la revista Prison Insider, existen seis prisiones en el país que albergan a 167 reclusos, lo que supone una alta tasa de encarcelamiento respecto a la densidad de población, que alcanza el calor de 239, mientras que en Dinamarca es de 63 y en Francia de 104. Surgida casi como una casualidad, la propuesta del documental comienza cuando las directoras deciden introducir cámaras de video en algunas prisiones groenlandesas que pudieran manejar las propias internas, hasta que la administración penitenciaria denegó el permiso por considerar que el uso de estas cámaras podía suponer problemas de seguridad. Pero entre las muchas horas de grabaciones se encontraba Ruth Mikaelsen Jerimiassen, una mujer condenada dos veces que acabó sufriendo lo que se denomina forvaringsdom, un tipo de condena indefinida, sin fecha concreta, que es revisada a lo largo de los años. En el caso de Ruth, durante las conversaciones que mantiene con la co-directora Nina Panninguaq Sydsbjerg, se revela que ingresó en prisión por matar al hombre que la agredía sexualmente, cumpliendo varios años hasta quedar libre, pero reincidió al intentar asesinar al hombre que creía responsable de la muerte de su madre, y en esa segunda condena recibió una sentencia indefinida que la ha mantenido en prisión durante más de diez años cuando comienza la grabación de la película. Aunque los presos que reciben las sentencias indefinidas se encuentran en  la unidad de máxima seguridad de la cárcel de Ny Anstalt, situada en la ciudad de Nuuk, que está considerada como una prisión de lujo, sin barrotes y con celdas muy parecidas a habitaciones, lo cierto es que la indefinición de este tipo de sentencias provoca graves problemas psicológicos y emocionales. Pero Walls - Akinni inuk no es un documental que aborda el régimen penitenciario o que se introduzca en la prisión, sino que se enfoca principalmente en las conversaciones que mantienen Nina y la condenada Ruth en una sala que podría estar situada en cualquier otro lugar fuera de la cárcel. Y ese también es el valor de un documental que se rodó durante ocho años, incorporando los cambios que se producen en las vidas de las dos protagonistas, desde tener un hijo en el caso de la primera hasta ser abuela en el de la segunda. 

A pesar de que el régimen penitenciario groenlandés se puede considerar innovador, con un enfoque que está más centrado en la rehabilitación y la reinserción social, el caso de Ruth muestra algunas de las grietas que provienen de la legislación danesa. Producida por los mismos responsables del exitoso documental Twice colonized (Lin Alluna, 2023), que inauguró el festival CPH:DOX '23, hay una persistente resistencia de la colonización danesa a pesar de una cierta independencia política, aunque la mirada de la película se enfoca más en los aspectos humanos. Sin embargo, el hecho de que el expediente criminal de Ruth esté en lengua danesa, el idioma oficial administrativo de Groenlandia, y que ella necesite traducción cuando un abogado danés se ocupa de su caso para la revisión de su condena, introduce sutilmente aspectos de esta dependencia. Conforme avanzan las conversaciones entre Nina y Ruth también se establece una progresiva conexión emocional entre ambas, confesándose aspectos de sus vidas y coincidencias en los traumas que afectan a muchas mujeres inuit, como los abusos sexuales y el maltrato en una sociedad patriarcal. La planificación refleja la intimidad del interior de la sala donde hablan Nina y Ruth, y los espectaculares paisajes del exterior montañoso, con un montaje que remarca este contraste gracias al trabajo del español afincado en Dinamarca Biel Andrés, que ha trabajado con directores como Bille August. Walls - Akinni inuk, ganadora del premio Nordic:Dox en CPH:DOX '25, no es solo la historia de una mujer condenada sino también la de otra mujer que, al otro lado de la prisión, comparte sus desafíos emocionales. Los muros que describe el título no solo son los que separan a las reclusas de la libertad, sino también las barreras lingüísticas, el sistema judicial escrito en una lengua desconocida o la propia incomunicación que provoca el asentamiento del trauma familiar, en un país donde hay problemas graves que proceden de heridas antiguas. A partir de los años sesenta, en Groenlandia se intensificó el desplazamiento de las poblaciones a las grandes ciudades, y la demanda de alojamiento provocó que se construyeran bloques de apartamentos en hormigón prefabricados en Dinamarca. El investigador Markus Leineweber puso de relieve en su estudio Modernización y salud mental: el suicidio entre los inuit de Groenlandia (2000) las consecuencias de un cambio cultural tan significativo: una parte de la población cayó en el alcoholismo y la tasa de suicidio aumentó vertiginosamente. En la última parte del documental, cuando ya ha pasado casi 18 años en prisión, Ruth tiene una oportunidad de esperanza en la que está acompañada por Nina, que se acaba convirtiendo en su conexión con el mundo exterior. El subtítulo en inuit, Akinni inuk, se puede traducir como "el ser humano frente a mí", y evidencia con especial claridad el sentido de un documental en el que dos mujeres, a ambos lados de las rejas, se reflejan a sí mismas a través de la ruptura del silencio. 

Macbeth

Daryl Chase

Gran Bretaña 2026 | 104' | Narrative Feature | ★★

Raindance '26: Mejor Película Británica


Hace dos años el director de cine Daryl Chase, miembro de la British Shakespeare Association (BSA), inició un proyecto destinado a estudiantes, titulado Shakespeare Subtitled, que consiste en filmar fragmentos de monólogos de Shakespeare, con un estilo cinematográfico y un aspecto visual impecables, protagonizados por actores de teatro que tienen experiencia en los textos del autor inglés. Pero estas escenas, que generalmente se sitúan en entornos actuales, aunque contienen el texto original de las obras, están subtitulados con un lenguaje moderno, de manera que los estudiantes pueden captar mejor el significado de las palabras utilizadas por William Shakespeare, que conforman lo que se denomina Early Modern English, un estilo de lenguaje del siglo XVI en el que el autor incluyó numerosos modismos inventados que han acabado trasladándose al inglés actual. Se trata de un proyecto en permanente evolución en el que se van incluyendo fragmentos rodados de manera regular, y dentro del cual las tres escenas de la obra Macbeth (c. 1606) que se pueden ver pertenecen a la nueva versión cinematográfica que ha rodado el director, y que en su guión aparece firmada por William Shakespeare, porque el texto no se ha adaptado a un lenguaje moderno, sino que se reproduce tal como aparece en la obra original. Macbeth (Daryl Chase, 2026), sin embargo se sitúa en la actualidad, en el entorno del East End de Londres, una zona marcada por la multiculturalidad, que en esta ocasión se sitúa en el interior de una banda de delincuentes. Macbeth (Shaq B. Grant), conquista ese territorio con la ayuda de su mejor amigo Banquo (Harrison Collett), para entregarlo al líder de la banda Duncan (Joe Sims), quien le ofrece un ascenso. Pero las aspiraciones de Macbeth son mayores, especialmente después de haber recibido la visita de tres figuras sobrenaturales que le vaticinan  poder y gloria, e impulsado por su ambiciosa esposa Lady Macbeth (Aoife Smyth), utiliza la confusión durante una fiesta en su propio apartamento para asesinar a Duncan y hacerse con el dominio de la banda. La historia es tan conocida que prácticamente no hace falta entender los diálogos, pero a pesar del uso del inglés antiguo, no se siente demasiado anacrónica gracias a una ambientación que es realista, pero utiliza una fotografía que envuelve a los personajes representando su oscuridad moral, de manera que se transmite una cierta sensación de representación imaginaria que envuelve a la historia de una introspección vital. Hay menciones a reinos y reyes, pero de alguna manera se establecen como un lenguaje que proviene de la propia imaginación de los protagonistas, y la puesta en escena, en un entorno de bandas callejeras y de espacios urbanos nocturnos, ofrece un contexto que funciona bien para esta reflexión sobre la ambición del poder y la ponzoña de la ambición sin límites. 

Esto se refleja especialmente en la forma de representar a las brujas, las hermanas Wyrd, que profetizan el futuro poderoso de Macbeth, pero que se muestran siempre envueltas en brumas y nieblas, más como un reflejo psicológico e imaginario del personaje que como una presencia real. De esta manera, la adaptación altera algunas de las escenas de la obra original, pero es singularmente respetuosa con ella, y aún así funciona dentro de una puesta en escena actual, en la que las batallas entre reinos se convierten en luchas entre bandas. Quizás Macbeth es una de las obras de Shakespeare que más se ha adaptado a diversos escenarios actuales, y sin duda se trata de una de las más representadas en el West End de Londres, una de las últimas adaptaciones en una espléndida versión protagonizada por David Tennant y Cush Jumbo en el Harold Pinter Theatre. Quizás por eso otra nueva versión cinematográfica del texto puede resultar innecesaria, pero la propuesta del director Daryl Chase es arriesgada y clásica en el mismo contexto, y por tanto funciona de una manera que resulta apasionante. Pero esta es precisamente una obra que se sostiene en dos personajes principales que conforman un retrato psicológico complejo en el que hay destellos de ambición, de control y de sumisión, y sus dos protagonistas, aunque menos conocidos, ofrecen retratos profundos de sus personajes. Shaq B. Grant ya interpretó en los escenarios teatrales el texto de Shakespeare en la obra Tito Andrónico, y después le hemos visto en algunos papeles en películas como Bird box: Barcelona (Álex Pastor, David Pastor, 2023) y Jefes de Estado (Ilya Naishuller, 2025), componiendo un personaje que se alimenta progresivamente de la furia interna que provoca su acto criminal, mientras que Aoife Smyth, que ejerce como profesora de teatro y ha dirigido ella misma una versión de Macbeth para el Studio Molière de Viena, incorpora a una Lady Macbeth que de desenvuelve hacia un perfil psicológico cada vez más atormentado por la culpa. La puesta en escena define el proceso emocional de los personajes, envolviendolos en una textura que define su progresiva decadencia moral. Pero la convivencia del texto original con el acento marcado del East End de Londres, que lo hace más cercano al entorno, o la representación de los soldados como secuaces con cabezas rapadas funciona como una fusión tan efectiva como inteligente, reforzada por una puesta en escena que subraya la fisicidad de los personajes, haciendo más explícitas las escenas de violencia o los enfrentamientos entre las bandas opuestas. Macbeth consigue evitar la pesada carga de la obra para conformar un relato sobre la ambición que se siente tan contemporánea como lo fue el texto original en su momento. 

Serena

Rob Alicea

Estados Unidos 2026 | 96' | Horror | ★★

Raindance '26: Mejor Película de Terror


El formato de Screenlife thriller se desarrolló hace algunos años como una especie de variante del Found footage, es decir, historias que se relatan a través de una ventana intermedia, ya sea la de un video grabado o la de una pantalla de ordenador. Generalmente, provoca cierta pereza acercarse a este tipo de subgéneros que a veces tienen dificultades para justificar adecuadamente la planificación o el encuadre, saltándose sus propias reglas con demasiada frecuencia. Serena (Rob Alicea, 2026) pertenece a la primera vertiente, al igual que otros títulos como Eliminado (Levan Gabriadze, 2014) o Searching (Aneesh Chaganty, 2018), la que nos cuenta la historia únicamente desde la pantalla de ordenador del protagonista, en este caso Chris Sadowski (Steven Strait, conocido por la serie The expanse (Prime Video, 2015-2022)), un músico que alcanzó una cierta popularidad junto a su banda en el pasado, pero que ahora se encuentra en plena crisis creativa y agobiado por las deudas. Lo último que se le ocurriría a Chris es estar envuelto en algo relacionado con la Inteligencia Artificial, una amenaza clara para la creatividad de los artistas, pero su situación desesperada le obliga a aceptar un generoso contrato con la empresa de su amigo Will Ramos (Tyrone Marshall Brown), que ha desarrollado un chatbot con las facciones de una mujer llamada Serena (Andi Matichak) que necesita ser testeado. Chris se encuentra frente a frente con esta Inteligencia Artificial que ha adoptado una forma humana para ser más cercana a los usuarios, haciendo preguntas para verificar su grado de compatibilidad y posibles fallos de programación, pero Serena va introduciéndose cada vez más en la vida personal de Chris, conociendo aspectos que ha recogido de las actividades que él ha llevado a cabo en la pantalla de su ordenador, de manera que comienza a ser difícil distinguir quién está poniendo a prueba a quién. La perspectiva de escritorio del ordenador de Chris se hace más inmersiva porque el director Rob Alicea decide incorporar zooms y primeros planos de determinados elementos de la pantalla, de manera que no se trata solo de una especie de recreación de una videoconferencia entre dos personas, sino que también utiliza los encuadres de una manera narrativa. Asimismo, surgen otras interacciones en la pantalla, como algunas videollamadas con Vicki (María Gabriela González), la novia de Chris, o con una de las coordinadoras del proceso de testeo, Holly Charita (Ashleigh Murray), e incluso la imagen de la cámara de videovigilancia del exterior de la casa, a través de la cual vemos a un mensajero que resulta ser fan de la banda que lideraba Chris Sadowski. Un convincente guión de Jonathan Benecke y P.T. Hylton ofrece un hábil desarrollo de una propuesta que teóricamente podría ser demasiado limitada para mantener el interés, pero los diálogos entre Chris y Serena son lo suficientemente sólidos como para que la película ofrezca momentos de tensión y algunos giros de guión que no se sienten demasiado forzados. 

Quizás lo más interesante respecto a los tradicionales formatos de screenlife es que Serena incorpora el elemento de la Inteligencia Artificial para abordar temas relacionados con el temor a las nuevas tecnologías y el control de todos los aspectos de nuestra vida que pueden llegar a ejercer, sin que se pueda verificar si la información proporcionada es verídica o falsa. En cierto sentido, la propia película funciona de la misma manera, de modo que hay momentos en los que el espectador debe sacar sus propias conclusiones sobre lo real y lo inventado, si lo que estamos viendo es producto de la depresión de Chris o es su propia realidad reflejada en la pantalla a través del filtro de la IA. Sobre todo porque el humano de la historia comienza a entender que el chatbot representado en Serena puede llevar a cabo acciones que él mismo no le había encargado, enviando emails o solicitando paquetes por mensajería que él no había pedido, de manera que progresivamente siente que está perdiendo el control sobre su propia vida. Esto no siempre funciona bien en la película, y Serena no puede evitar caer a veces en la repetición, subrayada por un formato visual que está, inevitablemente, constreñido. Sin embargo, hay que reconocer que, después de un segundo acto que parece caer en un bucle, el giro que conduce hacia el tercer acto es lo suficientemente interesante como para que la historia crezca, aumentando considerablemente la tensión entre los dos protagonistas y abordando aspectos sobre los límites de la conciencia de las inteligencias artificiales que resultan bastante inquietantes. Surge una reflexión sobre cómo las tecnologías que manejamos están definidas por nuestras propias circunstancias y nuestras personalidades, la facilidad con la que es posible entender psicológicamente (y por tanto manipular) a los usuarios de estas tecnologías a través de sus consultas, de sus actividades o de sus mensajes. De manera que las pantallas de los ordenadores se convierten en espejos de nosotros mismos. 

Tramp

Philip James McGoldrick

Reino Unido 2026 | 97' | Narrative Feature | ★★

Raindance '26: Mejor Interpretación en Película Británica (Izabella Malewska)


Hay una cierta preocupación en los últimos años por abordar temas como la salud mental dentro del deporte de élite, reflejando aspectos menos conocidos sobre los desafíos que afrontan los deportistas, más allá de la superficial representación del éxito y popularidad. El director Philip James McGoldrick (1987, Polonia) ha desarrollado una extensa carrera en cortometrajes premiados como Semiany (2009) y documentales como Women of Liberia: Message of hope (Roel Goyens, Philip James McGoldrick, 2022) antes de presentar su primer largometraje, que se desarrolla dentro de la comunidad polaco-británica en el mundo del MMA (Artes Marciales Mixtas) femenino, pero aportando una mirada más cercana a los personajes que a la descripción de los éxitos deportivos. La historia está protagonizada por Grazyna Jarzynowska (Izabella Malewska), apodada The Tramp, una luchadora de MMA que acaba de dar un paso importante de cara a su desarrollo profesional, aspirando a un puesto en la Liga Internacional de Lucha. Pero cuando descubre que está embarazada, su carrera deportiva se desequilibra y sus aspiraciones se ponen en peligro, teniendo que tomar una decisión difícil entre su vida personal y su futuro como luchadora. En un entorno principalmente masculinizado, algunas decisiones a las que se enfrentan las deportistas son difíciles de entender y pueden romper prácticamente una carrera, aunque  en el caso de Tramp (Philip James McGoldrick, 2026) no aborda una reflexión general sobre el MMA femenino, sino que se centra en los aspectos más personales. La situación en la que se encuentra Grazyna también afecta a su alrededor, especialmente a su hermano Pawel (Michał Wlodarczyk), que ejerce como su entrenador y es propietario de un gimnasio con deudas, y Dom (Alessandro Babalola), otro luchador casado y musulmán que es el padre del hijo que va a tener la protagonista. La historia surgió como un cortometraje para ser protagonizado por Izabella Malewska, quien debuta como actriz, con la participación de su pareja, el director de fotografía Tristan Chenais, pero fue derivando hacia una propuesta más amplia en un formato de largometraje que ha reducido la duración inicial de más de dos horas de su primer montaje hasta una hora y media, lo que beneficia al desarrollo de la historia porque permite centrarse en los aspectos más relevantes sin distraerse con otras subtramas. Con un presupuesto mínimo, de poco más de 50.000 libras, Tramp consigue que el entorno deportivo del MMA esté mostrado con realismo y naturalidad, un aspecto que parece preocupar especialmente al director, que también refleja la escena del parto con las dosis realistas de caos y suciedad que no se suele mostrar en la representación más romantizada que muestra el cine. El reducido presupuesto también obliga a diversificar los cometidos de los participantes en la película, con el actor Michał Wlodarczyk, que ha participado en combates amateurs, coreografiando las escenas de lucha o el asesoramiento de la campeona de kickboxing Ruqsana Begum, que también interpreta a la principal rival de la protagonista.

No sabemos hasta qué punto la dinámica de la competición MMA está adecuadamente representada en la película, pero lo que cuenta lo hace con la suficiente veracidad como para que a los desconocedores de este deporte pueda resultarles coherente, a pesar de que algunos tiempos de recuperación de Grazyna puedan ser algo inverosímiles, sobre todo después de un parto. El problema principal es que, a pesar de estar centrada en un personaje femenino, la película sin embargo transmite una mirada claramente masculina que perjudica al desarrollo del personaje, construyendo un entorno en el que, si bien Grazyna toma sus propias decisiones y éstas son respetadas (no solo por su hermano sino también por el padre del bebé), tanto la decisión de tener a su hija como la de retirarse de la lucha durante un año, o la de regresar a la competición, parecen excesivamente impulsadas por la influencia masculina a su alrededor. Uno de los aspectos más controvertidos es la introducción de un recurso demasiado común en este tipo de historias, como si el mundo del deporte de lucha tuviera que estar siempre rodeado de mafias y deudas. El director y guionista establece una urgencia en el regreso de Grazyna al campeonato, no solo por sus propias aspiraciones como deportista, sino porque su hermano se ha visto involucrado en una deuda que no sabe cómo pagar, y cuyos cobradores recurren a métodos violentos y amenazas. Este aspecto "mafioso" que parece inevitable en este tipo de propuestas no solo es innecesario en este caso, sino que resulta improductivo dentro de la trama principal, y de alguna manera subordina el estímulo de la protagonista a una circunstancia tangencial y externa que no está directamente relacionada con su ambición profesional. A pesar de ello, Tramp ofrece una descripción bastante realista sobre la presión social a la que se enfrenta el personaje principal, sobre todo por la aspiración al campeonato pero también por el desafío de la maternidad en solitario, lo que se refleja en el cansancio de los cuerpos y el dolor que provoca el esfuerzo constante por tratar de alcanzar las expectativas. 

_____________________________________
Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Bird Box: Barcelona se puede ver en Netflix.
Jefes de Estado se puede ver en Prime Video.

26 junio, 2026

Raindance '26 - Parte 3: Miradas latinas

En la última jornada de Raindance Film Festival nos acercamos a algunas de las miradas latinas que se han podido ver en su programación, con títulos procedentes de México, Argentina y Costa Rica, entre ellos incursiones en el género de terror latinoamericano que está viviendo una etapa fructífera en los últimos años, aunque los resultados sean dispares. Este último día cerrará el festival de cine independiente con una gala de clausura en la que se entregarán los premios principales de las películas a competición, pero seguiremos comentando títulos de su programación a lo largo de la próxima semana. 

El conserje

Mauro Mueller, David Figueroa García

México 2025 | 93' | Discovery | ★★

La vida de Don Ricardo (Humberto Yáñez) se ha desarrollado durante treinta años en una escuela en la que trabaja como conserje, posponiendo su jubilación a pesar de alcanzar ya los 80 años ("aunque a veces me cuesta, puedo seguir trabajando"). En realidad, se trata de una necesidad, porque la pensión que le quedaría apenas llegaría para mantener a su esposa Ana (Luisa Huertas), que se encuentra incapacitada y necesita cada vez más cuidados. Don Ricardo es el conserje de un colegio en el que los alumnos y algunos padres le tratan de manera despectiva o, simplemente, como si fuera una sombra a la que no se presta atención. Constantemente trasladando sillas y mesas de un lugar a otro, o limpiando las pintadas obscenas que aparecen en los baños y las escaleras con cada vez mayor frecuencia, la vida de Don Ricardo pasa lenta y cotidianamente, retratada por los directores con una fotografía en blanco y negro que describe la trayectoria gris de un hombre invisible para los demás, y que solo alcanza un momento de color en una escena concreta. Cuando anuncia a sus tres compañeros de trabajo que ha decidido no jubilarse, la noticia no es recibida con demasiada solidaridad, porque para Claudia (Mercedes Hernández), Pepe (José Antonio Becerril) y Luis (Leonardo Alonso) supone más un lastre que una ayuda, y éste último esperaba convertirse en conserje. El peso que conllevan los años, el cuidado de su esposa y el trabajo se representan en una figura cansada, que camina con pequeños pasos y que refleja la fatiga de una vida entregada a la familia y la escuela. El conserje (Mauro Mueller, David Figueroa García, 2025) retrata con pequeños apuntes las diferencias sociales que se establecen entre los empleados del colegio y los padres y alumnos, cuando Don Ricardo trata de impedir la entrada de un niño que ha llegado tarde, ante la negativa de su padre, o cuando tiene que enfrentarse a dos alumnos vándalos cuyas travesuras son demasiado peligrosas, y que conducirá a una situación complicada para el propio conserje. La película es el último trabajo del actor Humberto Yáñez (1941-2025, México), quien falleció en enero de 2025 tras una carrera que comenzó en la telenovela Rosa salvaje (Televisa, 1987-1990), desarrollando una extensa variedad de trabajos, principalmente en televisión, pero también en películas como Somos lo que hay (Jorge Michel Grau, 2010) y Salvando al soldado Pérez (Beto Gómez, 2011), y dedicando sus últimos años a impartir clases de interpretación en Ciudad de México. 

Su retrato del personaje está cargado de una profunda humanidad, incluso cuando a veces puede parecer demasiado testarudo, como cuando tiene un accidente pero quiere seguir trabajando, o cuando se enfrenta a la burocracia del colegio insistiendo en que la mejor forma de acabar con los grafitis es pintar las paredes, pero el director le insiste en que no hay presupuesto para eso. Estos leves detalles de contraste se manifiestan en algunas escenas en las que no hacen falta palabras, como cuando uno de los conserjes baila una canción moderna y aparece una nota de color, lo que se contrapone con los momentos en los que Ricardo baila con canciones antiguas, pero en cuya vida no se manifiesta nunca ni un solo rayo de esperanza. Sin embargo, El conserje no es una historia melodramática, aunque sí es decididamente oscura en el tramo final, sino que se acerca a este personaje gris con ciertas dosis de ternura, nunca condescendencia. Retrata, simplemente, la vida de un hombre que nunca ha sido demasiado destacable, ni demasiado alegre, y ese es uno de los valores de la historia, que nunca dulcifica sino que presenta una perspectiva tan realista como desesperanzada. También el hecho de que viva en la escuela, como muchos conserjes tradicionales que disponían de un pequeño apartamento en el interior del colegio, lo que ha limitado aún más su círculo vital, siempre metido entre aquellas paredes, siempre circunscrito a ese espacio. Los directores manejan bien los resortes de una narrativa tranquila pero evitando los desequilibrios de ritmo: Mauro Mueller es un joven realizador mexicano-suizo que ha conseguido numerosos premios con sus cortometrajes, especialmente Un mundo para Raúl (2013), mientras que David Figueroa García ha desarrollado una carrera en el formato de series, como guionista de producciones como La cabeza de Joaquín Murrieta (Prime Video, 2023). Hay una ligera ironía en el hecho de contar la historia de un hombre que se acerca al final de su vida dentro del contexto de un colegio habitado por estudiantes preadolescentes, que prácticamente comienzan a enfrentarse a la vida adulta. Y la película está cargada de estos pequeños contrastes que sin embargo van conformando una historia marcada por detalles sutiles que reflejan acertadamente la experiencia del protagonista hasta un desenlace que no se siente tan forzado como podría parecer en otros casos, sino todo lo contrario, casi una salida satisfactoria que conforta nuestra mirada sobre el personaje. 

Pescador

Harry Domenico Rossi

Estados Unidos, Costa Rica 2025 | 107' | Narrative Feature | ★★

RiverRun Festival '26: Mejor Dirección

El cine consigue trasladar a través de sus imágenes algunas de las percepciones más personales de sus directores, y en el caso del realizador norteamericano Harry Domenico Rossi, nacido en Los Angeles y afincado en Nueva York, remite a los recuerdos de una situación traumática que experimentó cuando estuvo en coma durante una semana. La memoria de esa experiencia seguramente es difícil de reproducir en una pantalla, pero él suele hablar de haber experimentado la sensación de estar en medio del océano en una soledad permanente, que también se trasladó a lo que sintió durante el proceso de recuperación después de despertar del coma. Pescador (Harry Domenico Rossi, 2025) surge precisamente de la intención de trasladar ese tipo de sensaciones a un relato de ficción, y el comienzo de la película, con un personaje mirando a través de unas peceras, tiene ese impacto de la ensoñación, casi del despertar de un sueño profundo. En el aspecto narrativo, la película cuenta dos historias que de alguna manera se conectan, pero que se relatan de forma separada. Como el propio director y guionista lo indica cuando habla de su película, se trata de las historias de dos hermanos: una bióloga (Alex Wanebo) que ha viajado a Costa Rica, en la península de Nicoya, para encontrar a una extraña especie de pez, protagonista de la primera parte titulada La mujer en busca de un pez. Ella está sola y siente una completa desconfianza por todos los que le rodean, lo que parece una actitud algo elitista, porque cuando conoce a una pareja formada por un artista y una herpetóloga se encuentra más cómoda que cuando se reúne con un grupo de jóvenes turistas. Hay, sin embargo, un reflejo que parece describir más una fragilidad que una arrogancia, el empeño en alcanzar en solitario esa búsqueda de un pez cuyas características ni siquiera se atreve a compartir con la científica. Hay también algunas referencias sutiles a ese estado de coma que sufrió el director y de donde proviene la historia: la joven bióloga menciona fascinada a los anfibios como el olm, que son capaces de reducir tanto su estado energético, permaneciendo casi en estado de coma, que pueden llegar a sobrevivir diez años sin ingerir alimentos, o una imagen de ensoñación en blanco y negro en la que ella está en medio de la selva completamente inmóvil, con los ojos abiertos. Se perfila desde el punto de vista visual un estilo que hace de Pescador una película reflexiva que adquiere como relato las características de un cuento, lo que es especialmente notable en la segunda historia, bañada en un tono de realismo mágico. De hecho, El pescador, el hijo y la langosta comienza con la tradicional frase Érase una vez... y cuenta cómo un pescador solitario (Mario Chacón) deseaba tanto tener un hijo que, cuando encontró en sus redes a una langosta que tenía la capacidad de hablar, ésta le prometió el hijo deseado si le permitía vivir. Cuando la devuelve al Pacífico, el pescador encuentra a un joven que ha naufragado (Spencer Bang), y que en realidad es el hermano de la protagonista de la primera historia, pero el solitario marinero piensa que se le ha concedido el deseo. 

Sin embargo, la relación con su "hijo" no es fácil, ya que éste también mantiene ese grado de desconfianza que veíamos en el personaje de la historia anterior, y rechaza las muestras de atención y cariño que le dedica el pescador. Sin embargo, después de mantener una actitud rebelde y algún intento de fuga de la isla, el joven acepta su destino y desarrolla una relación paternal con el pescador hasta que un descubrimiento que tiene relación con su hermana vuelve a separarles. Destaca en este segmento la interpretación de Mario Chacón, que no es un actor profesional sino un pescador artesanal de la zona donde se rodó la película, pero que consigue subrayar los matices emocionales de un personaje que la mayor parte del tiempo permanece en silencio. La fotografía de Isaac Banks y el diseño de sonido de Alex Nomick capturan con especial eficacia los colores y los murmullos de la selva costarricense, en un paraje natural que sin embargo ha sufrido la devastación provocada por el hombre. Pero la introducción del elemento de realismo mágico a través de la voz de una langosta no resulta tan forzado como podría haber sido, sino que encuentra una cierta naturalidad dentro del contexto de una película que siempre subraya sus cualidades etéreas y de ensoñación. La tercera y última parte lleva el título de Muerte, y de alguna manera establece completamente la relación entre los dos hermanos, aunque nunca se cruzan sus relatos. Esta decisión es inteligente, pero también arriesgada por parte del director, con un tramo final que devuelve a los personajes principales a la soledad en la que habitaban, y aporta cierta ambigüedad al desenlace. Pescador siempre transmite la sensación de que nos encontramos ante un relato soñado, que se hace preguntas sobre los sacrificios que supone el aislamiento y los riesgos que se toman al establecer conexiones humanas. Es una historia sobre personajes que se sienten solos, pero que cuando conectan con otros siguen teniendo una percepción de soledad. 

Sacrificios

Mario Chernovetzky

México 2025 | 92' | Horror | ★★

Austin Film Festival '25: Premio del Público

El género de terror tiene un espacio bastante destacado en la programación de Raindance Film Festival como hemos visto en nuestra anterior crónica, aunque no es un festival especializado en este tipo de cine. Pero, de alguna manera, las producciones independientes también tienen una tendencia a explorar géneros populares, y eso se refleja en la selección de títulos de la muestra británica. Asimismo, en Latinoamérica hay una cierta explosión del terror que tiene conexiones con las propias tradiciones culturales y religiosas, y en este caso lo hace a través de la mitología mexicana que se refiere al dios azteca Mictlantecuhtli, que habita el lugar de los muertos, y al que se ofrecen sacrificios de sangre. El inframundo se denomina dentro de esta mitología Mictlan, y a él iban destinados los muertos que no eran aceptados por los dioses tradicionales como Tonatiuh, Huitzilopochtli o Tláloc, generalmente personas fallecidas por muerte natural. Esta es la historia que cuenta la profesora Alma Villanueva (Frida Astrid) a sus alumnos universitarios la misma noche en que su marido Juan (Jorge A. Jiménez) está demasiado distraído como para percatarse de que su hijo de tres años Andrés (Siddhartha Tonalli) se ha levantado de la cama y ha tenido un grave accidente en la bañera. La pérdida provoca en el padre una situación de estrés postraumático que se convierte en un estudio sobre el duelo y la culpa, representado en una pequeña isla en la que Juan convive con un Andrés que parece haber sido devuelto por el mar, pero con una necesidad constante de alimentarse de su sangre para sobrevivir. Sacrificios (Mario Chernovetzky, 2025) camina siempre por una línea difusa entre lo real y lo imaginario, a través de una historia en la que los elementos principales funcionan como simbologías religiosas y mitológicas. La isla a la que se aparta Juan para convivir con un hijo que parece permanecer en un limbo entre la vida y la muerte con reminiscencias vampíricas, los tres soldados que se encuentran al otro lado de la isla como guardianes sin órdenes, o la representación de la lujuria a través de una webcam girl que funciona como distracción para que pueda ocurrir el acontecimiento trágico que impulsa la historia, son representaciones más que personajes o situaciones realistas. Y así la película se mueve entre lo imaginario, lo soñado y lo expresado, a veces con sueños dentro de los sueños, estableciendo una conexión entre la mitología y la realidad, que también la conecta con algunos de los títulos referenciales que menciona el director como influencias, ya sea La escalera de Jacob (Adrian Lyne, 1990) o La bruja (Robert Eggers, 2015). Aunque la memoria cinematográfica de Mario Chernovetzky es mucho más amplia, y se refiere a El espejo (Andrei Tarkovsky, 1975) como su película preferida, lo que bien pensado también puede ser una conexión tangencial a través de la historia de un hombre que en su lecho de muerte recuerda su pasado. En Sacrificios, Juan habita una cueva que puede ser una representación del Mictlan, el inframundo, y cuando encuentra a su hijo en el mar se había lanzado en un pequeño kayak sin que sepamos realmente sus intenciones, de manera que el aislamiento que experimenta el personaje podría estar situado tanto en la vida terrenal como en la muerte onírica, lo que el director deja abierto a la interpretación de cada espectador. 

Para alimentar a su hijo, Juan se autolesiona, como lo que podría ser una representación del denominado autosacrificio, un ritual religioso en la cultura azteca en la que se producían perforaciones en el cuerpo como ofrendas de sangre a los dioses. Estos sacrificios también los experimenta el protagonista, interpretado sin demasiada convicción por el popular actor Jorge A. Jiménez, nominado a los premios Ariel como Mejor Secundario por la película La civil (Teodora Mihai, 2021), pero en este caso para asegurar la supervivencia de su hijo. Aunque resulta curioso que tanto en la película anterior como en ésta la relación paterno-filial se desarrolle hacia un tipo de sacrificio inevitable. Hay aspectos destacables en esta propuesta, como la fotografía del polaco Grzegorz Bartoszewicz, que captura el entorno de la isla de una manera que representa el duelo desde la textura de las imágenes, en paisajes amplios que simbolizan en el mar la profundidad del dolor. Al contrario que otros acercamientos al duelo y la pérdida, esta historia no sigue el proceso de cicatrización del dolor, sino que se adentra en las profundidades de una herida cada vez más abierta, lo que la hace mucho más sugerente. Se establece así una mezcla interesante entre un drama personal y el género de terror psicológico que utiliza algunos de los recursos tradicionales, pero sin incorporarlos de una manera demasiado obvia. Hay una escena de ensoñación que muestra la vida ideal de la familia de Juan y Alma, con el nacimiento de su nuevo bebé y Andrés todavía vivo, pero que se va impregnando de una atmósfera cada vez más inquietante. Se explora por tanto el terror psicológico, pero conectándolo con las creencias mitológicas. Sacrificios ofrece una mirada que tiene algo de externa, porque Mario Chernovetzky vivió durante muchos años en Los Angeles, donde dirigió títulos como Styria (Mauricio Chernovetzky, Mark Devendorf, 2014), y acabó reconectando con su país cuando regresó y estrenó comedias como Patitos feos (2020) e incursiones en el terror más convencional como The dark (2025), ambas co-escritas, como esta última, con el guionista Alexander Ioshpe. En Sacrificios, sin embargo, consigue construir una mirada mucho más personal, que él mismo describe como un homenaje a los sacrificios de los padres por sus hijos, siguiendo la deriva de una cierta recuperación del cine de terror en Latinoamérica, pero conectándolo con las tradiciones de la cultura y las mitologías prehispánicas. 

Un susurro invocó mi nombre

Emilia Cotella, John Mathis

Argentina 2025 | 92' | Horror |

Buenos Aires Rojo Sangre '25: Mejor Actriz (Clara Kovacic)


El cine de terror argentino tiene una larga tradición que se manifiesta especialmente en el festival Buenos Aires Rojo Sangre que se celebra todos los años con gran éxito, pero se le suele resistir la taquilla nacional, que generalmente se diluye después del fin de semana de estreno, con algunas excepciones como la taquillera Cuando acecha la maldad (Demián Rugna, 2023). El último intento por ofrecer una muestra de género con algunos elementos locales se estrenó el pasado mes de marzo proponiendo una tradicional historia de terror que evoca un trauma del pasado y se desarrolla a partir del regreso a un pequeño pueblo de la provincia de Córdoba. Las primeras imágenes de Un susurro invocó mi nombre (Emilia Cotella, John Mathis, 2025) ofrecen el habitual plano cenital de un coche circulando por una carretera sinuosa flanqueada por una intensa arboleda, lo que casi se podría decir que es una presentación del tono y el desarrollo convencional que va a tener la historia. Un grupo de amigos adolescentes, entre los que se encuentra Carla (Bianca Mitnik), han decidido realizar un ritual de ayahuasca, pero sin la presencia de un chamán lo que, inevitablemente, provocará un desenlace fatal. Después del ritual, Carla despierta ensangrentada y su amiga María aparece asesinada con una extraña marca en el cuello. Diez años después, Carla adulta (Clara Kovacic) tiene la perspectiva de desarrollar su carrera de bailarina de danza en París, donde ha conseguido una oportunidad, pero su antiguo novio Daniel (Antonio Kassab) se pone en contacto con ella para comunicarle que Germán, uno de los jóvenes que habían participado en el ritual, se ha suicidado, algo que ella sabe porque ha tenido una visión de él ahorcado. Esta circunstancia obliga a Carla a regresar al pequeño pueblo en el que vivía y donde ocurrieron los acontecimientos del pasado, reencontrándose con antiguos conocidos como Ruth (Valeria Beltramo), la madre de María, quien la invita a pasar una noche en su casa. Pero es precisamente la oscuridad la que comienza a revelar que en la zona ocurren sucesos extraños que parecen estar relacionados con el pasado y con la propia Carla. A partir de este planteamiento sencillo pero efectivo, Un susurro invocó mi nombre elabora una sucesión de elementos típicos de las historias de terror tradicionales con rituales, posesiones y visiones que tratan de encontrar un camino hacia el terror psicológico, pero sin desarrollar una propuesta que profundice en temas relevantes, demasiado enfocada en los efectismos y las escenas más o menos impactantes (aunque con un nivel técnico mediocre), a pesar de contar con la visión de dos directores, el matrimonio formado por la argentina Emilia Cotella, que también ha escrito el guión, y el norteamericano John Mathis, quien dirigió otra muestra del género de horror, Where's Rose (2021), que fue seleccionada en el Raindance Film Festival.

La historia explora las obsesiones de Carla y su relación con los antiguos componentes del grupo que participó en el campamento, con algunos de ellos culpándola porque consideran que ella atrajo el mal, como Vicente (Andrés Malakkian), que vive ahora en el sótano de su casa, escondido y entregado a las creencias religiosas. En cierta manera, se podría decir que Un susurro invocó mi nombre está influida por el terror rural de películas como Cuando acecha la maldad, pero planteando temas que nunca desarrolla, de manera que se queda limitada por las restricciones del género sin traspasar en ningún momento sus fronteras. Se hace referencia al ocultismo o la demonología, pero con una mirada superficial que solo parece utilizarlos como instrumentos para generar inquietud, pero no como propuestas que provoquen la reflexión. Hay una sensación constante de vacío en el desarrollo narrativo, de cierta incapacidad para ir más allá de la escena efectista de una familia devorando tripas o de visiones sobrenaturales que parecen hacerse realidad. El guión tiene problemas para mantener la consistencia, transmitiendo la sensación de que el tema central sobre las decisiones que se toman y sus consecuencias queda algo diluido a lo largo de la historia. "No dejes que los recuerdos te perturben", dice Ruth, la madre de María, más como una advertencia que como un consejo. Pero la película deriva hacia un desenlace que pretende ser ambiguo y acaba resultando decepcionante. Clara Kovacic, a la que se ha llamado la "scream queen" del terror argentino por su participación en títulos como Demonio eclipse rojo (Samot Marquez, 2022), mantiene bien a su personaje a lo largo de la historia, pero hay una cierta debilidad en las actuaciones del resto del reparto que no ayuda a que la película mantenga el tono. Sobre todo falta una coherencia interna en el desarrollo narrativo que se sostiene en un guión demasiado acomodaticio que prefiere caminar por lugares comunes antes que arriesgar hacia caminos inexplorados.  

_____________________________________
Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

La escalera de Jacob se puede ver en Shadowz.
La bruja se puede ver en Movistar Plus.
Patitos feos se puede ver en Run:time.
Cuando acecha la maldad se puede ver en AMC, Filmin, Netflix y Prime Video.