07 enero, 2022

Las series más destacadas de 2021: Diciembre

Es habitual a finales de cada año o principios del siguiente elaborar listas de las mejores series, películas, libros o álbumes de música pero en nuestro caso, al realizar un repaso a lo más destacado de cada mes se pueden recuperar las diferentes entradas para encontrar aquellas series que nos han atraído especialmente. También resulta más difícil elaborar una lista de series destacables porque a veces incluimos producciones inéditas en España, que hemos podido visionar en festivales de cine o plataformas extranjeras, de forma que tratamos de ofrecer una visión más amplia que no se circunscribe solo a aquellas producciones que los programadores han decidido estrenar en nuestro país, dejando fuera (y resulta sorprendente dada la cantidad de posibilidades que hay en las diferentes plataformas) algunas series que, para nosotros, son muy recomendables. 

En nuestro último repaso de los estrenos del año 2021, seleccionamos de nuevo una docena de producciones que se han estrenado a lo largo del mes de diciembre, algunas de ellas todavía inéditos en España, pero que ofrecen una visión bastante representativa del panorama más internacional. 

Vienna Blood (Temp. 2) *** 
Movistar+, 3 de diciembre
Escrita por Steve Thompson
Dirigida por Robert Dornhelm, Marvin Kren

Esta coproducción austríaco-británica tiene un problema que al mismo tiempo también es una ventaja: su parecido con el dúo que forman Sherlock Holmes y el Doctor Watson, aunque en esta ocasión es el doctor Max Liebermann (Matthew Bernard) el que aporta las dosis de ingenio y deducción, mientras que el inspector Oskar Rehinhardt (Jürgen Maurer) contribuye con los medios policiales y la experiencia. En todo caso, no parece que haya una intención real por evitar las comparaciones, teniendo en cuenta que en las dos temporadas el guionista ha sido Steve Thompson, que ha escrito los guiones de un episodio en cada una de las tres primeras temporadas de Sherlock (BBC, 2010-2017), aunque no participó en la cuarta. Ambientada en la Viena de 1900, los personajes forman parte de una serie de novelas escritas por el autor inglés Frank Tullis que se han dado en llamar los "Liebermann papers", y de cuyo segundo libro, Sangre en Viena (2006, Ed. Star), toma su título. Lo interesante de la propuesta es que nos sitúa en el esplendor del Imperio austrohúngaro y en los primeros pasos del psicoanálisis, puesto que Max Liebermann ha sido alumno de Sigmund Freud. Cuando la producción fue interrumpida en 2020 porque el director de la serie, el rumano Robert Dornhelm, dio positivo en covid, fue sustituido durante algunas semanas por el austríaco Marvin Kren, que había dirigido la serie Freud (Netflix, 2020). 

La estructura de las dos temporadas es parecida a la de Sherlock, formada por tres largometrajes de una hora y media que abordan un caso diferente cada uno de ellos, aunque a nivel internacional, y en España también, se ha lanzado en formato de seis episodios de 45 minutos, por lo que cada caso está dividido en dos partes. Quizás uno de los aspectos que más se pueden criticar en la primera temporada estrenada en 2019 es que no aprovechaba del todo las posibilidades del psicoanálisis como una herramienta para realizar el perfil de los delincuentes, aunque la ambientación de la época, con esos espléndidos salones que permanecen en Viena, jugaba a su favor. En la segunda temporada se abordan algunos aspectos relevantes como el antisemitismo o el extremismo religioso, e incluso de ámbito histórico como la anexión de Bosnia al Imperio austrohúngaro en octubre de 1908, que dañó irremediablemente las relaciones con Serbia, y que sería el germen de los conflictos posteriores. Son temas de fondo que alimentan la propia investigación de los tres casos basados en las novelas de Frank Tullis. 

No hay que esperar grandes dosis de malabarismo ingenioso en esta serie, e incluso es más recomendable dejarse llevar por la historia, ya que el desarrollo de la investigación no se construye sobre la posibilidad de que el espectador pueda adivinar la solución, porque se oculta bastante información y hay giros de guión imprevisibles, pero Vienna Blood es una serie de entretenimiento que funciona con bastante eficacia para los amantes de este tipo de producciones. En esta segunda temporada se echa en falta más humor como el que tenía la primera, especialmente en la relación entre los dos protagonistas, pero contiene algunos elementos destacables, como el episodio El auge de la oscuridad (T2E3), que se desarrolla en el interior de un monasterio y que parece tener como referencia el clásico El nombre de la rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986). La atmósfera del ferviente y elegante entorno de la Viena de  principios del siglo XX contribuye a aportar un interesante trasfondo a una serie que utiliza con astucia sus principales herramientas para construir un producto más que entretenido. 

Cardo **** 
ATRESplayer, 7 de noviembre-5 de diciembre
Creada por Ana Rujas, Claudia Costafreda
Dirigida por 
Claudia Costafreda, Lluis Sellarès

Creada por la actriz Ana Rujas, que también protagoniza la historia interpretando a María, una joven millenial que parece no poder evitar meterse en problemas y decepcionar a los demás y a sí misma constantemente, la serie refleja en cierta manera una generación que se encuentra algo perdida, aunque consigue ir más allá de su condición de simple retrato generacional. Con algunos elementos extraídos de la obra de teatro La mujer más fea del mundo (2018), que Ana Rujas escribió junto a Bárbara Mestanza, e interpretó en los escenarios de Madrid, como por ejemplo la utilización de la imaginería religiosa, que en la serie se muestra a través de algunas marchas procesionales que acompañan el "calvario" de la protagonista, Cardo consigue construir una ambientación realista, mucho más que otras series que parecen querer "embellecer" el entorno en el que se mueven sus protagonistas. Porque en este caso los baños públicos de los bares no son de diseño, sino tan repugnantes como los que podemos encontrar en cualquier salida nocturna, los pisos en los que viven los personajes no son palacios enormes que no se entiende cómo pueden permitirse personajes con trabajos basura, sino cuchitriles con persianas de la guerra civil y mesas de camilla. Este neorrealismo que se refleja en las imágenes es casi una marca de la casa de Javier Ambrossi y Javier Calvo, productores de la serie, igual que supieron sacar partido de la España de los ochenta en Veneno (ATRESplayer, 2020-). 

Pero lo más interesante de Cardo es su capacidad para construir un personaje complejo, una joven que precisamente por su apariencia física atractiva es incapaz de sentirse bien consigo misma. María tiene una necesidad constante de exprimir la vida, pero solo sabe hacerlo a través del alcohol, las drogas y el sexo, en salidas nocturnas que se convierten en aventuras que llegan a ser peligrosas. María es transparente para quienes la rodean, empezando por su amiga de la infancia Eva (Ana Telenti), aunque no parezca darse cuenta. Quizás el problema de la protagonista no es que quiera exprimir la vida, sino que a veces parece tenerle miedo, envuelta en una jungla en la que tiene asumido su fracaso profesional y sus propias contradicciones. Ella no está dispuesta a perder su dignidad en anuncios publicitarios de compresas, pero no tiene el menor problema en perderla en el baño de un bar con un hombre al que acaba de conocer. Pero sobre todo refleja con crudeza su propia insatisfacción: "Tienes una amiga que si tiene una situación complicada acaba follando, seguramente mal y sin preservativo, si no tengo dinero, pues lo robo y si me rechazan acabo pillando un gramo de coca", es la descripción que hace de sí misma a su amigo Edu (Eduardo Mayo). Y en esta representación de una protagonista que parece incluso rechazar la empatía con el espectador es donde encuentra Cardo una de sus principales virtudes.

Si en La mujer más fea del mundo Ana Rujas contaba con la colaboración de Bárbara Mestanza, la serie está coescrita y dirigida junto a Claudia Costafreda, guionista de Veneno y responsable del excelente cortometraje Benidorm 2017 (Claudia Costafreda, 2018), que consigue un trabajo notable en la representación del Madrid nocturno sin caer en los tópicos.

Landscapers *****
HBO Max, 6 de diciembre
Escrita por Ed Sinclair, Will Sharpe
Dirigida por Will Sharpe

Rebautizada en España con el absurdo título de Cómo meterse en un jardín (HBO Max, 2021), esta miniserie basada en hechos reales cuenta la investigación en torno al extraño asesinato de los padres de Susan Edwards (Olivia Colman), al parecer cometido por ella, por su marido Christopher Edwards (David Thewlis), o por ambos. Aunque los dos fueron condenados en 2014 a cadena perpetua con un mínimo de 25 años en prisión, ellos siempre han mantenido una versión que trataba de exculpar a Christopher, al que la policía consideró sin embargo como el autor material de los disparos. Tras escapar a Francia para intentar comenzar una nueva vida, no tuvieron demasiado éxito ya que no eran capaces de encontrar trabajo debido al idioma, y finalmente regresaron a Inglaterra para entregarse a las autoridades. Sobre la base de esta historia la miniserie de cuatro episodios producida por Sky Atlantic y HBO Max se adentra en la psicología de los dos personajes principales para construir una comedia negra que se sostiene en una imaginativa puesta en escena, muy en la línea de los anteriores trabajos como director de Will Sharpe, al que hemos visto en su faceta de actor en destacadas series como Giri/Haji (Netflix, 2019) y Defending the guilty (BBC, 2018-2019), pero también ha desarrollado una interesante trayectoria como guionista y director de series como Flowers (BBC, 2016-2018), protagonizada asimismo por Olivia Colman, y películas como The electrical life of Louis Wain (Will Sharpe, 2021), interpretada por Benedict Cumberbatch. 

Precisamente el estilo de esta última, que mezcla la imaginación y la realidad del personaje principal, tiene algunos paralelismos con el que encontramos en Landscapers, construyendo una iconografía visual que tiene algo de teatral (incluso en algunos momentos vemos los decorados y el equipo de rodaje) para reconstruir las diferentes versiones que dieron los protagonistas. Una puesta en escena que es coherente porque a ambos les une con el imaginativo ilustrador Louis Wain una cierta tendencia a esconderse en la fantasía, en el caso de Susan Edwards enfocada en el mundo del cine, dedicándose a comprar carteles y fotografías, y en el de Christopher manteniendo un supuesto contacto con el actor Gérard Depardieu a través de cartas. Esto es especialmente notable en los episodios 2, que se centra en el interrogatorio a Susan, y el 3, dedicado al interrogatorio de Christopher, y que nos ofrecen sus particulares versiones, muchas veces contradictorias, de los hechos que sucedieron. 

La serie, co-creada por Ed Sinclair, marido de Olivia Colman, se va construyendo en cuatro partes que, más que narrar una historia de forma cronológica, se adentra en los entresijos de la psicología de los personajes, sobre todo en el último episodio, en el que parte de la historia se representa como si se tratara de un Western, con un claro homenaje a Solo ante el peligro (Fred Zinneman, 1952), una película en la que se plantea precisamente un dilema moral. Will Sharpe juega con la mezcla de géneros, con la fotografía en blanco y negro y con las texturas para captar esa idea de la fantasía en la que se cobijan los personajes, y al mismo tiempo la traslada a esa construcción de la fantasía que es el cine. Conforme avanza la historia, la representación de la misma se hace más artificial, vemos los decorados, los preparativos del rodaje... de alguna manera se construye y reconstruye esa versión en la que se mantienen los acusados pero que nadie cree. Es una propuesta mucho más expresiva e inteligente que la que veíamos en Secretos de un matrimonio (HBO Max, 2021), en la que Hagai Levi también introducía el otro lado de la cámara con menos efectividad. De esta forma, Landscapers no solo propone una reflexión sobre la moralidad de los personajes (es significativo el paralelismo entre la experiencia de Susan y la de DC Emma Lancing (Kate O'Flynn), a uno y otro lado de la justicia), sino también sobre la representación de la realidad a través de la ficción. Lo más destacable de David Thewlis y Olivia Colman en la construcción de sus personajes es cómo consiguen evitar la caricatura para componer dos caracteres complejos, a los que posiblemente como espectadores no lleguemos a entender del todo, pero de los que sí comprendemos sus acciones teniendo en cuenta ese mundo irreal en el que vivían. Hay un respeto por los personajes que solo dos grandes actores pueden abordar. Se podría decir que Landscapers no avanza demasiado en su narración, pero lo hace de una forma tan hipnótica, tan creativa y fascinante que consigue convertir una habitual crónica true crime en un espléndido y sorprendente ejercicio de estilo. 

Dr. Brain **** 
Apple tv+, 5 de noviembre-9 de diciembre
Escrita por Jee-woon Kim, Jim A Kim, Koh Young-Jae
Dirigida por Jee-woon Kim

La repercusión internacional de los denominados K-Drama, producciones coreanas realizadas para plataformas en formato de series, ha llegado en el momento más lógico, cuando algunos de los directores más reconocidos del panorama cinematográfico de Corea del Sur se han incorporado a los nuevos medios de difusión del audiovisual, pero lo ha hecho de una forma imprevisible a través de El juego del calamar (Netflix, 2021-) de un director como Hwang Dong-hyuk que ha conseguido grandes éxitos en su país pero no tiene el perfil de reconocimiento en el extranjero que ostentan otros realizadores, entre los que destaca sobre todo Bong Joon-ho. El megaéxito del año ha coincidido con el estreno de algunas de estas incorporaciones de renombre al formato de series, como Sang-ho Yeon, de cuya notable producción Rumbo al infierno (Netflix, 2021-) hablamos en nuestra crónica de Noviembre, y ahora de Jee-woon Kim, que tiene en su haber algunas de las mejores películas de género fantástico que se han producido en Corea del Sur en los últimos años: Dos hermanas (2003), El bueno, el raro y el malo (2008) o Encontré al diablo (2010), aunque también ha dirigido algunas rarezas como El último desafío (2013), con Arnold Schwarzenegger, Forest Whitaker y... Eduardo Noriega. 

Dr. Brain se ha anunciado como la primera producción coreana de Apple tv+ y propone una historia de género fantástico que tiene algunos puntos en común con Línea mortal (Joel Schumacher, 1990) en cuanto a la conexión cerebral con personas fallecidas, y con Origen (Christopher Nolan, 2010) en cuanto a la utilización de las dobles realidades. Protagonizada por Sun-kyun Lee, uno de los más populares actores coreanos, la serie construye una mezcla de géneros entre la ciencia-ficción, algunos momentos de terror, especialmente en los dos primeros episodios en los que el Dr. Kohn no sabe a ciencia cierta lo que está experimentando, y el thriller, sobre todo en la segunda mitad. Se trata por tanto de una propuesta que arriesga en cuanto a su indefinición dentro de los géneros, pero que consigue un equilibrio adecuado que la sitúa a un nivel superior al de otras producciones. En este grado intermedio se mueve con soltura el director de películas como El bueno, el raro y el malo (2008), que era un western pero con elementos fantásticos, o Encontré al diablo (2010), que mezclaba terror y policíaco. 

La búsqueda del Dr. Kohn de una explicación a la muerte de su hijo le llevará a conectarse con el cerebro de personas fallecidas que le transmiten sus recuerdos, e incluso se conecta a un gato, pero esta trasposición cerebral también le proporciona algunas facultades que no tenía. Y poco a poco la serie plantea reflexiones sobre los límites de la ciencia, mientras el director va construyendo algunas secuencias de acción que son realmente notables en episodios intensos como los dos primeros o el 4, en los que brilla su capacidad para crear tensión y suspense. También destaca el trabajo de Jee-woon Kim en la creación de esas realidades paralelas que vive el protagonista, y su capacidad para diversificar las conexiones del protagonista con los fallecidos (cada vez que el Dr. Kohn se conecta a una persona la propuesta visual es diferente, evitando la repetición). Aunque al final, especialmente en el episodio 5, resulta demasiado explicativo, como si los guionistas no estuvieran seguros de que el espectador entendiera su propuesta, Dr. Brain es una de las muestras más interesantes del género fantástico que se han estrenado este año.

Ridley Road ***
BBC, 10 de diciembre
Escrita por Sarah Solemani
Dirigida por Lisa Mulcahy

Adaptando la novela de la escritora Jo Bloom que se publicó en 2015, esta miniserie de cuatro episodios tiene su principal interés en el reflejo de una época que recuperaba, pocos años después del fin de la 2ª Guerra Mundial, el fascismo en la sociedad inglesa. El espléndido documental White riot (Rubika Shah, 2019) ya mostraba cómo los extremismos fueron apoderándose de ciertos sectores de la sociedad en los años setenta, en unos movimientos que mezclaban el antisemitismo y la xenofobia (Eric Clapton, probablemente ebrio, lanzó en un concierto una arenga en contra de los extranjeros), formando un caldo de cultivo para la llegada del fascismo incluso al gobierno británico. Por muy descabellado que parezca que surgieran movimientos neo-fascistas tan solo una década después de haber estado luchando contra él, este resurgir que comenzó en los años sesenta (y que está de plena actualidad) es una muestra de lo fácil que resulta para los extremismos apoyarse en las heridas de una sociedad para infectarlas con sus ideas racistas. Y la serie refleja bien el mayor peligro de esta epidemia, cuando en una escena que se desarrolla en un tren, la protagonista pide ayuda pero el resto de los ocupantes miran hacia otro lado. Esta actitud de pasividad es la que al final provoca y alimenta el desarrollo de los extremismos, dándoles un cobijo de impunidad. 

Vivien (Agnes O'Casey) es una joven judía que vive fuera de Londres, pero decide escapar en busca de su novio Jack (Tom Varey), y cuando llega a esa gran ciudad llena de posibilidades de futuro, descubre que Jack colabora con una coalición de judíos denominada Grupo 62 que ejerce un enfrentamiento contra los movimientos neo-fascistas como el Union Movement, que años más tarde se convertiría en el Frente Nacional que incluso llegó a disputar las elecciones de 1979 a Margaret Thatcher, y especialmente el Movimiento Nacional Socialista que lideraba Colin Jordan (Rory Kinnear). El Grupo 62 utilizó técnicas de inteligencia incluyendo informantes dentro de los movimientos fascistas para poder contrarrestar sus acciones. Vivien descubre que Jack está infiltrado en el MNS, y ella misma se convierte en una infiltrada cuando trata de descubrir el paradero de su novio. 

Inspirada en los hechos reales que hicieron renacer este nuevo fascismo, la historia es ficticia, pero contiene un trasfondo destacado que conecta con el auge de los extremismos en la actualidad. La puesta en escena recrea con acierto la década de los sesenta, e inserta imágenes de archivo que muestran escenas reales de las calles de Londres en la época que se refleja. También se beneficia de un reparto de nombres relevantes como el propio Rory Kinnear, Eddie Marsan, Allan Corduner o Samantha Spiro. Si en la película Última noche en Soho (Edgar Wright, 2020), otra historia que muestra las luces y las sombras de una década convulsa en Inglaterra, la casera de la protagonista estaba interpretada por la estrella de los años sesenta Diana Riggs, en su último papel en el cine, en esta serie la dueña del piso en el que Vivien alquila una habitación es Rita Tushingham, quien debutó en la película Un sabor a miel (Tony Richardson, 1961), que tuvo una notable polémica porque ella interpretaba a una joven que tenía una relación con un hombre negro. Inédita aún en España, Ridley Road tiene a veces algunos problemas de ritmo y de verosimilitud en algunas situaciones, especialmente durante el desarrollo de la infiltración de Vivien en el MNS, y la introducción de Stevie (Gabriel Akuwudike) parece algo forzada para ampliar el espectro racista de los extremistas, incluyendo una persona de raza negra. Pero la serie funciona bien como thriller y se siente como muy necesaria en el entorno actual. 

Succession (Temp. 3) ****
HBO Max, 18 de octubre-13 de diciembre
Creada por Jesse Armstrong
Dirigida por Mark Mylod, Cathy Jan, Shari Springer Berman, Robert Pulcini, Kevin Bray, Andrij Parekh, Lorene Scafaria

La serie producida por Adam McKay y Will Ferrell se ha convertido en una de las producciones de prestigio de HBO Max, y una de las que más contenido ha generado en los medios de comunicación especializados y las redes sociales, cuyas expectativas se incrementaron debido al retraso del estreno de la tercera temporada debido a la pandemia del coronavirus, y el tenso cliffhanger con el que terminó la segunda temporada. Las cifras de audiencia han respaldado a la serie con un aumento en algunos episodios del 56% respecto a la temporada pasada, según Warner Media, con un promedio de 6,1 millones de espectadores mientras que en la anterior rozaba los 5 millones. Y este respaldo también coincide con la crítica y los premios, consiguiendo 2 Emmy en 2019, 7 Emmy y 2 Globos de Oro en 2020 y cinco nominaciones para los Globos de Oro 2022, que se ciñen a la serie y las interpretaciones de los protagonistas: Brian Cox, Jeremy Strong, Sarah Snook y Kieran Culkin. La tercera temporada no ha decepcionado en cuanto a esta construcción de los entresijos de la familia Roy, que tiene un aire casi shakesperiano, y que se inspira en la realidad de algunas de las familias más ricas de Estados Unidos, en especial el proceso de sucesión de Rupert Murdoch y, más aún en esta tercera temporada, la venta de Fox a Disney, que supuso una conmoción en el seno familiar, en especial entre los dos principales sucesores del magnate, uno de los cuales se oponía al acuerdo. De hecho, la primera temporada de Succession tiene paralelismo con una anécdota real cuando en 2018 Rupert Murdoch, que tenía 86 años, se cayó golpeándose la cabeza y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente, lo que planteó un debate sobre su sucesión. Pero también hay ecos de Ted Turner y la crisis de CNN, en buena medida provocada por el ascenso de Fox News y la animadversión personal entre ambos. Ted Turner llegó a decir que Rupert Murdoch era como Al Capone. 

La serie ha ido derivando hacia el enfrentamiento a lo largo de esta tercera temporada, entre los hermanos, entre el hijo y el padre, que ha ido creando una dinámica de poder que reflexiona sobre cuáles son los resortes de la sociedad: reuniones de multimillonarios en torno a quién será el próximo candidato a la presidencia de los Estados Unidos, control de los medios de comunicación y por tanto de la narrativa que se presenta a los ciudadanos... Lo interesante de la serie está en cómo muestra ese mundo aislado de las altas finanzas que no se mezcla con el resto de los mortales, pero que tiene una influencia notable en el día a día del resto de la sociedad. El regreso a la narrativa de la culpabilidad que siente Kendall (Jeremy Strong) desde la primera temporada establece un arco del personaje que es el que está mejor dibujado a lo largo de esta última. Pero de alguna forma se siente que Jesse Armstrong, el creador de la serie, ha caminado por terreno seguro en esta tercera temporada, sabiendo lo que más atrae de la historia y estableciendo incluso algunos episodios paralelos a la segunda temporada: la fiesta de cumpleaños de Logan (Brian Cox) en Dundee (T2E8) se convierte en la fiesta de cumpleaños de Kendall en Too much birthday (T3E7), las negociaciones en Tern Haven (T2E5) parecen paralelas al encuentro con Josh Aaronson (Adrien Brody) en Lion in the meadow (T3E4), que de hecho es uno de los mejores episodios de este año. 

Aunque Succession mantiene los elementos que la han hecho destacar como una de las propuestas más irónicas del momento, con un sentido del humor mordaz y un perfil de personajes que resultan atractivos a pesar de sus evidentes faltas de empatía, esta tercera temporada parece haber ido serpenteando hacia el nuevo final sorpresa, a veces repitiendo fórmulas y dando vueltas en torno al juego de fidelidades y traiciones, eso sí, estableciendo un arco de personajes muy definido en los hermanos, y haciendo crecer a otros secundarios como, especialmente, Tom (un trabajo extraordinario de Matthew Macfadyen que merecería mayor reconocimiento). Se ha hablado mucho en la última semana de la serie de la diferencia entre la forma de afrontar los personajes de los distintos actores, y uno de los mayores logros de la serie es conseguir equilibrar estilos de interpretación tan diferentes como el de los actores ingleses (Brian Cox, Matthew Macfadyen) y el de los norteamericanos (Sarah Snook, Kieran Culkin), junto al método más emocional de Jeremy Strong, consiguiendo un trabajo en el que se notan las diferencias pero al mismo tiempo éstas contribuyen a la dinámica de los personajes. Con una renovación ya oficial por parte de HBO Max y un final que parece tener claro el creador Jesse Armstrong, la cuarta temporada de Succession podría tener un proceso de producción normal, por lo que debería estrenarse en otoño de 2022. 

Hemingway *****
Filmin, 14 de diciembre
Escrita por Geoffrey C. Ward
Dirigida por Ken Burns, Lynn Novic

Producida por la cadena pública norteamericana PBS, esta miniserie documental es posiblemente el mejor acercamiento biográfico a la figura del escritor que se ha hecho nunca. Esta producción está dirigida por Ken Burns, nominado al Oscar por los largometrajes documentales Brooklyn Bridge (Ken Burns, 1981) y The statue of Liberty (Ken Burns, 1986) junto a Lynn Novic, que ha sido varias veces nominada a los premios Emmy por sus series documentales co-dirigidas con Ken Burns, ganando en 1994 por Baseball (PBS, 1994-2010), y cuenta con un guión espléndidamente estructurado que ha escrito Geoffrey C. Ward, otro habitual colaborador de ambos cineastas. Se trata por tanto de un equipo que ha venido trabajando para PBS durante varias décadas y que han sabido reconstruir, más que la trayectoria vital de Ernest Hemingway, la complejidad de una personalidad muy controvertida, reforzada por cierta mitología en torno a su masculinidad y una cierta misoginia que sin embargo este documental se encarga de corregir. La serie ha contado además con las voces de algunos destacados actores como Peter Coyote en el papel de narrador, Jeff Daniels leyendo los textos de Ernst Hemingway, Patricia Clarkson poniendo voz a Grace Hemingway, Mary-Louise Parker como Marcelline Hemingway y Meryl Streep como Martha Gelhorn, las mujeres que formaron parte, y sufrieron también de la vida del escritor. Un reparto de lujo que sin embargo es utilizado en los momentos más precisos, dando mayor protagonismo a los escritores y profesores de literatura que aparecen como entrevistados: Edna O'Brien, Michael Kitakis, Tobias Wolff o Mario Vargas Llosa, e incluso el político John McCain, que falleció en 2018, lo que indica el largo desarrollo que ha tenido la serie. 

Hemingway no es un documental que pretenda proponer una narración visual dinámica, sino todo lo contrario, y ese clasicismo de su puesta en escena, cuidado hasta el mínimo detalle, juega a su favor. Es un documental de entrevistas y de mucha narración, pero esto le permite precisamente analizar con profundidad tanto la vida como la obra de un escritor que fue polémico en su forma de escribir tanto como en su propia experiencia vital, amante de Cuba y de España, ferviente defensor de las corridas de toros, machista y tradicional, pero al mismo tiempo escogió como compañeras sentimentales a mujeres con gran personalidad, como la corresponsal de guerra Martha Gelhorn. El gran valor de la serie es centrarse absolutamente en el personaje, adecuar el estilo narrativo a la esencia del escritor, y ofrecer una visión equilibrada de opiniones que no siempre tratan de justificarle, y que incluso se contradicen. Mientras que Mario Vargas Llosa, por ejemplo, considera El viejo y el mar (1952, Ed. Debolsillo) como la gran obra maestra de Hemingway, Edna O'Brien lo califica como un texto que parece escrito por un adolescente, simple y sin interés. Esta posición de los entrevistados consigue un perfil extraordinariamente complejo del escritor, a veces contradictorio en sus formas, autor de cartas que tienen un tono racista, ángel y demonio para sus esposas y, sobre todo, para sus hijos. 

La descripción del proceso creativo de Ernest Hemingway también es excelente, al mismo tiempo que se describen sus primeras experiencias en el campo de batalla, bien como soldado durante la I Guerra Mundial, que dio como resultado la novela Adiós a las armas (1929, Ed. Noguer y Caralt) o como corresponsal en la Guerra Civil española, de la que surgió su aclamado libro Por quién doblan las campanas (1942, Ed. Debate). Las casi dos horas que dura cada uno de los tres episodios de esta miniserie se hacen cortas para quienes se sienten atraídos por la literatura de este autor, e invitan a descubrir algunas de sus obras menos conocidas o a releer sus textos más populares, pero también exigen una atención precisa en los detalles, en las grandes voces de Peter Coyote o Jeff Daniels, que resultan hipnóticas. Es una serie extraordinaria sobre un autor extraordinario. 

Swagger **** 
Apple tv+, 29 de octubre-17 de diciembre
Creada por Reggie Rock Bythewood
Dirigida por 
Reggie Rock Bythewood, Alex Hall, Rachel Leiterman, Nijla Mumin, Janice Cooke

Hemos visto en los últimos meses algunas producciones relacionadas con el deporte que tratan de ir más allá del simple relato biográfico de las estrellas que las inspiran. En el caso de Swagger, basada en la trayectoria de Kevin Durant en los torneos juveniles de baloncesto, la propuesta utiliza el sentido de equipo del deporte para hablar de otro tipo de sentimiento de solidaridad, como la familia o la comunidad. Aunque el protagonista es Jace Carson (Isaiah R. Hill), y su evolución como jugador, al mismo tiempo que su propio crecimiento como adolescente, se construyen una serie de subtramas que subrayan ese soporte emocional (la madre protectora, el entrenador que en cierta manera sustituye a la figura del padre ausente, la amiga que sufre abuso sexual...). En este sentido, la idea de no abordar simplemente una historia biográfica y además situarla en la actualidad funciona para construir, al margen del carácter deportivo, una serie sobre la juventud en los Estados Unidos. Y esto ha sido criticado en el desarrollo de una producción que trata temas como el racismo, los abusos, la paternidad, las redes sociales o incluso el covid, especialmente para quienes querían encontrar simplemente un contexto deportivo. Pero esta apertura hacia una serie que en realidad es uno de los mejores dramas adolescentes de este año, con permiso de Reservation dogs (Disney+, 2021-), es lo que consigue que Swagger no sea una más de las series que se acercan al mundo del deporte. 

En este sentido, la construcción de estos fragmentos de la vida real en la ciudad de Seat Pleasant, situada al Este de Washington, cuya composición racial está formada por un 91% de afroamericanos y solo un 2% de población blanca, contribuye a componer una visión compleja de la sociedad norteamericana, y de alguna manera se sitúa en la estela de aquellos retratos de los barrios desfavorecidos de Baltimore que hacía la serie The wire (HBO, 2002-2008). La comparación no es tan descabellada si tenemos en cuenta que Alex Hall, habitual montador de David Simon, con el que ha trabajado tanto en The wire como en Treme (HBO, 2010-2013) y The deuce (HBO, 20179-2019), es el director de tres de los episodios: Haterade (T1E2), Mano a mano (T1E3) y Florida (T1E10). Por su parte, el creador de la serie, Reggie Rock Bythewood se reserva dos de los capítulos más relevantes: NBA (T1E1), que sienta las bases del concepto visual de la serie, y #RADICAL (T1E7), que introduce el tema racial cuando el equipo de los Swagger realiza una serie de partidos a lo largo del Este de los Estados Unidos que les lleva hasta confrontarse con el racismo en el Condado de Sumner, en Tennessee, que mantiene aún algunos símbolos confederados. Es un chute de realidad, una constatación de que la sobreprotección de los padres es inútil cuando los adolescentes se enfrentan al odio, y también una representación notable de la problemática racial exacerbada por el tratamiento del covid en las comunidades afroamericanas. 

En el plano deportivo, Swagger consigue algunos logros importantes. Por un lado, evita el habitual montaje de las producciones sobre baloncesto ofreciendo secuencias de jugadas sin cortes, en las que son los propios actores los que demuestran sus habilidades como jugadores, y que está especialmente bien configurada en ese plano secuencia circular del episodio NBA (T1E1) en el que Jace y su entrenador Jake (O'Shea Jackson, Jr.) hablan mientras el primero encesta diez tiros libres. No hay cortes en la secuencia, tampoco hay errores en los tiros, y al mismo tiempo la escena introduce uno de los temas principales de la serie a través del diálogo. En los partidos también se refuerzan las secuencias sin cortes, y en muchas ocasiones la cámara en mano se introduce en el campo de juego como si se tratara de un jugador más. También aborda de forma interesante la importancia de las redes sociales en la construcción de las grandes estrellas del baloncesto, y la incorporación de las marcas deportivas en las ligas juveniles como una especie de Mefistófeles, que promete el éxito a cambio del alma de los jugadores. Hay que destacar asimismo la importancia de los personajes femeninos, especialmente de Jenna (Shinelle Azoroh), la madre quizás demasiado protectora de Jace, y de Crystal (Quvenzhané Wallis), una joven prodigio del baloncesto que pone de manifiesto el machismo en el deporte. Swagger a veces tiene cierta tendencia al sentimentalismo, especialmente en los últimos episodios que tratan el tema del abandono parental, pero es un drama adolescente escrito con inteligencia, que en principio tiene un planteamiento de cuatro temporadas pero que aún no tiene confirmación de continuidad por parte de la plataforma Apple tv+. 

The shrink next door ***
Apple tv+, 12 de noviembre-17 de diciembre
Creada por Georgia Pritchett
Dirigida por 
Michael Showalter, Jesse Peretz

La historia protagonizada por Marty Markowitz (Will Ferrell) y su terapeuta Isaac Herschkopf (Paul Rudd) es ciertamente sorprendente. Durante 27 años, el psiquiatra se apoderó de la necesidad de reconocimiento de Marty, sometiéndole a una especie de lavado de cerebro que provocó que se alejara de su propia familia, recibiendo a lo largo de todos esos años más de 3 millones de dólares. Cuando en 2021 finalmente se le revocó la licencia como psiquiatra (pasaron diez años desde que su paciente le interpuso una demanda), salieron a la luz otros engaños practicados por el doctor a sus clientes, en los que utilizaba la misma técnica de aislamiento de todo su entorno para tener acceso a sus cuentas bancarias. Uno de esos pacientes llegó a redactar un testamento en el que dejaba 20 millones de dólares a la familia de Isaac Herschkopf, aunque consiguió retractarse a tiempo. Y se cuenta que el psiquiatra tuvo algunas pacientes famosas como Courtney Love y Gwyneth Paltrow. La increíble historia fue narrada en el podcast The shrink next door (Wondery/Blomberg, 2019) por el periodista Joe Nacera, que era vecino en Los Hamptons del psiquiatra, en el que entrevistó al verdadero Marty Markowitz, y es la base de la serie creada por la guionista Georgia Pritchett, que ha escrito algunos episodios de éxitos como Veep (HBO, 2012-2019) o Succession (HBO Max, 2018), entre ellos dos de su última temporada. Precisamente Succession es uno de los éxitos del actor Will Ferrell en su amplia y poco conocida faceta como productor ejecutivo.

Cuenta Georgia Pritchett que quiso acercarse a la relación entre el psiquiatra y su paciente, no como una típica historia de villano y víctima, al estilo de Dirty John (USA Network, 2018-), sino como una especie de matrimonio en el que uno de los cónyuges ejerce poder sobre el otro. Porque lo sorprendente es que el psiquiatra no obligaba a sus pacientes a realizar determinadas acciones, la mayoría a su favor, sino que les convencía para hacerlas, ejerciendo su influencia como psiquiatra y la confianza que habían depositado en él. Esta ambigüedad de los personajes protagonistas es lo más complicado para Will Ferrell y, sobre todo, Paul Rudd, que hace un extraordinario trabajo como un seductor con un profundo lado oscuro. Se ha comentado sobre la serie The shrink next door que no termina de construir bien esta relación, y es cierto que puede llegar a ser algo repetitiva en los episodios centrales (hay una cierta dificultad en trasladar la efectividad de la narrativa de los podcasts en series de ficción, posiblemente porque hay más libertad en la construcción de la estructura en un podcast que en una serie), pero de alguna forma resulta necesario que se vaya componiendo la interrelación lentamente, porque a veces pueden resultar inverosímiles algunas decisiones de Marty, como cuando participa en una subasta en el episodio The Foundation (T1E4) y acaba adquiriendo una pelota de béisbol por 20.000 dólares a instancias de Ike, o cuando le cede la propiedad de su casa.  

En cierta manera, la dependencia de Marty hacia su psiquiatra, y la utilización de esta dependencia por parte de este último, funciona en el mismo sentido que las sectas, asentadas sobre el culto a un líder espiritual a quien no se le discute ninguna de sus decisiones. Y posiblemente sea éste uno de los papeles más dramáticos que ha abordado Will Ferrell, cuya presencia en el reparto podía hacer pensar que la serie se convertiría en una comedia extravagante, pero Georgia Pritchett consigue encontrar un equilibrio en un tono de humor negro que mira con ironía las circunstancias que rodean a los personajes, pero al mismo tiempo trata de entenderlas. The shrink next door se convierte así en una serie extraña, que resulta difícil de clasificar en un género concreto, y que se sitúa al mismo nivel que otras rarezas como Mr. Corman (Apple tv+, 2021) o How to with John Wilson (HBO Max, 2020-). A veces puede parecer frustrante como espectador no tener claro si sonreír o mirar con preocupación y condescendencia el engaño tan obvio que sufre el protagonista, pero de esa forma se establece una relación compleja que, efectivamente, acaba teniendo cierto paralelismo con cualquier matrimonio que se sostiene en un vínculo de abuso. 

Around the world in 80 days ****
NRK, 25 de diciembre
Creada por Ashley Pharoah, Caleb Ranson
Dirigida por Steve Barron, Brian Kelly, Charles Beeson

Recuperando el clásico de Jules Verne La vuelta al mundo en 80 días (1873, Ed. Anaya), esta coproducción internacional de canales públicos en la que participan France Télévisions, RAI, ZDF, BBC y Masterpiece de PBS, adapta las aventuras de Phileas Fogg (David Tennant) tratando de conseguir la hazaña de recorrer el mundo en poco menos de tres meses junto a su ayudante de cámara Passepartout (Ibrahim Kona), pero ahora acompañados por un nuevo personaje, Abigail 'Fix' Fortescue (Leonie Benesch), hija del director del Daily Telegraph Bernard Fortescue (Jason Watkins), que decide utilizar el apellido de soltera de su madre, Fix, una referencia al personaje del inspector Fix que en la novela original persigue a Fogg, y que en esta adaptación no aparece. El viaje por tanto está protagonizado por tres personajes, una especie de casting inclusivo que permite sin embargo algunas interacciones divertidas, e introducir un personaje femenino que, de hecho, parece inspirado en la periodista Nelly Bly quien, tratando de imitar las aventuras del personaje Phileas Fogg, consiguió en 1889 dar la vuelta al mundo en 72 días. La adaptación de estas aventuras sigue una línea parecida a las miradas más modernas que se han hecho de personajes clásicos como Sherlock Holmes. De hecho, la banda sonora de Christian Lundberg y el tema principal compuesto por Hans Zimmer tienen elementos e instrumentaciones muy parecidos al trabajo musical de este último para la película Sherlock Holmes (Guy Ritchie, 2009). 

Adaptado por Ashley Pharoah, creador de series como Los vivos y los muertos (BBC, 2016) y Caleb Ranson, lo mejor que ofrece esta nueva incursión en la novela de Jules Verne es que consigue transmitir esa sensación de aventura que tiene la obra original, introduciendo momentos de humor y acción, con un excelente perfil de Phileas Fogg en la interpretación de David Tennant. La serie se rodó principalmente en Sudáfrica, Rumanía y Francia, y tuvo que ser interrumpida debido a la pandemia. Básicamente sigue el trayecto de los protagonistas, aunque introduciendo algunos cambios en cuanto a los personajes, principalmente motivado por la presencia de Abigail Fix, pero también dando un background a Passepartout que hasta el momento no se había introducido en otras adaptaciones. En la famosa película La vuelta al mundo en 80 días (Michael Anderson, 1966) el personaje estaba interpretado por Cantinflas y en la más reciente La vuelta al mundo en 80 días (Frank Coraci, 2004), por Jackie Chan. Ibrahim Koana es por tanto el primer actor francés que da vida a Passepartout. 

Entretenida y con buen ritmo, esta nueva versión consigue ser una adaptación que al mismo tiempo mantiene la esencia de la novela original, pero introduciendo un punto de vista más actual, algunos apuntes políticos y el elemento racial. Hay por ejemplo un episodio "embotellado", uno de esos que hacen una pausa en el desarrollo de la trama para colocar a los personajes principales en un entorno particular, que tiene lugar en una isla desierta, recuperando en cierta manera el espíritu de otros clásicos como Robinson Crusoe (1719, Ed. Debolsillo). Antes incluso de su estreno oficial, ya se anunció que la serie tendría una segunda temporada, aunque la trama principal se completa en la primera, pero suponemos que se tomarán otros pasajes de la novela para completar una nueva aventura, y tanto el productor Simon Crawford Collins como el creador Ashley Pharoah también adaptarán como serie otra clásica obra de Jules Verne, Viaje al centro de la Tierra (1864, Ed. Alianza Editorial). 

O hóspede americano ***
HBO Max, 28 de diciembre
Escrita por Matthew Chapman
Dirigida por Bruno Barreto

Estrenada en el mes de septiembre para los espectadores brasileños, y en diciembre para el resto del mundo, El huésped americano (HBO Max, 2021) es una miniserie que en cuatro episodios narra el viaje realizado por el expresidente Theodore Roosevelt (Aidan Quinn) por el Amazonas, acompañando al militar y explorador Cândido Rondon (Chico Díaz) por un largo tramo de río inexplorado hasta el momento. El viaje se desarrolló entre diciembre de 1913 y abril de 1914, y provocó la malaria cuyas secuelas serían la causa de la muerte del que fuera presidente de los Estados Unidos, pocos años después. Se trata de uno de los últimos proyectos comenzado por Roberto Ríos, ejecutivo de contenido de HBO Latino y uno de los impulsores de la producción propia de HBO en el continente americano, que abandonó la compañía en febrero de 2021. La idea inicial era producir un largometraje, pero Roberto Ríos estaba más interesado en desarrollar una miniserie, para la que contrató al veterano director brasileño Bruno Barreto, uno de los herederos del Cinema Novo surgido en Brasil en los años 50-60, reconocido por películas como Doña Flor y sus dos maridos (1976) o Cuatro días de septiembre (1997). Mientras que el guión está escrito por el británico Matthew Chapman, conocedor de la cultura brasileña gracias a su matrimonio con la productora de documentales Denise Dumont, y quien ya había trabajado con Bruno Barreto en Luna en Brasil (2013). 

La miniserie tiene el nivel de calidad de las producciones de HBO, pero no cuenta con el presupuesto necesario para transmitir el sentido de aventura de la expedición, que sufrió numerosas complicaciones. Sin embargo, la historia se centra más en diálogos que muestran la relación tensa pero también admirativa del norteamericano Theodore Roosevelt y el brasileño Cândido Rondon, e introduce también algunos flashbacks sobre la etapa como presidente del político. Su perseverancia en acabar con los monopolios de tierras por parte de grandes empresarios y establecer territorios protegidos por el gobierno, como el parque de Yellowstone, establece un paralelismo con la exploración del Amazonas y el peligro de la llegada del hombre blanco y el desarrollo. La propuesta se queda a medio camino en ocasiones, porque no consigue profundizar demasiado en la confrontación con lo desconocido, e incluso algunas secuencias que deberían ser más tensas, como la de los rápidos que se encuentran el río (que tomaría el nombre de Río Roosevelt después de este viaje), se queda a medio gas posiblemente debido a un presupuesto ajustado. Pero resulta interesante, para los espectadores internacionales, el descubrimiento de un personaje como el coronel Cândido Rondon, una figura destacable en la relación entre la civilización y los indígenas, pacifista a pesar de su condición de militar, aunque el punto de vista se centra más en la figura de Theodore Roosevelt, adoptando una posición más enfocada a la mirada norteamericana que a la brasileña, lo cual desgraciadamente desdibuja los momentos de interés que parecen quedar sin desarrollarse. 

How to with John Wilson (Temp. 2) **** 
HBO Max, 26 de noviembre-31 de diciembre
Escrita por Alice Gregory, Michael Koman, John Wilson
Dirigida por John Wilson

Ya mencionábamos el año pasado How to with John Wilson (HBO Max, 2020-) como una de las rarezas más interesantes de la temporada, una especie de ensayo humorístico en torno al protagonista y la ciudad de Nueva York. El propio John Wilson, documentalista desde hace años, se convierte en un hombre-cámara que graba constantemente su vida diaria, planteándose reflexiones tan aparentemente banales como lo complicado que resulta comprarle el piso a su casera, una señora mayor que ha decidido irse de Nueva York, o cuáles son las posibilidades de aparcar en la ciudad. Pero son temas que, aunque circunscritos a un entorno urbano determinado, son fácilmente reconocibles en cualquier ciudad occidental. Wilson capta las situaciones más absurdas, a veces casi surrealistas, que encuentra en las calles, y consigue entrevistar a los personajes más singulares, como un hombre que sobrevivió después de haber sido alcanzado por un rayo en tres ocasiones pero que, eso sí, tiene menos suerte tratando de aparcar su coche. En su deambular por Nueva York, se encuentra incluso con el rodaje de And just like that... (HBO Max, 2021-) la secuela de Sexo en Nueva York (HBO, 1998-2004), cuyo regreso en cierta manera también forma parte de esas decisiones absurdas que se toman. Pero no hay nada de improvisado en este documental de hombre-cámara (hasta cinco guionistas aparecen acreditados), lo cual es incluso más fascinante. 

La capacidad de cada episodio por comenzar con un tema y terminar hablando de algo completamente distinto es magistral. John Wilson puede referirse a cómo tratar de encontrar un lugar donde reciclar las baterías, y terminar charlando amigablemente con un ex-convicto por abusos sexuales, o puede abordar lo difícil que resulta adaptarse al mundo gourmet del vino y acabar entrevistando a un magnate de las bebidas energéticas en una mansión hortera. Lo que hace esta serie es enfocarse en la parte menos turística de una ciudad como Nueva York, la más ordinaria y menos glamourosa, para reflexionar sobre el ser humano y sus propias contradicciones. En esta segunda temporada, sin embargo, la mirada es más personal, y de alguna manera conocemos más detalles sobre el propio John Wilson, sobre sus primeros intentos de hacer cine cuando era estudiante, siempre desde ese punto de vista irónico, también en torno a su propia vida. 

La propuesta de esta serie proviene de varios cortometrajes documentales que realizó entre 2013 y 2016, como How to walk to Manhattan (John Wilson, 2013), How to keep smoking (John Wilson, 2014) o How to live with regret (John Wilson, 2018), cuya idea finalmente se transformó en una serie de episodios de treinta minutos de duración. Pero la perspectiva después del reconocimiento que obtuvo la primera temporada (posiblemente no es una serie que tenga un gran número de espectadores, pero sí consiguió buenas críticas) le ha permitido utilizar incluso el nombre de HBO como una tarjeta de presentación para poder acceder a lugares en los que quizás no hubiera sido bienvenido un hombre con una cámara que graba constantemente. Y de esta forma también hay una cierta reflexión sobre el poder de los medios de comunicación, sobre la necesidad de las personas de ser representadas en una pantalla, aunque sea respondiendo a preguntas extrañas. De forma que How to with John Wilson es también una mirada hacia sí mismo, hacia la forma en que trasciende el poder del reconocimiento y cómo los medios audiovisuales acaban reflejando la vida desde una perspectiva que es, en cierta manera, falsa. 

A very British scandal **** 
HBO Max, 29-31 de diciembre
Escrita por Sarah Phelps
Dirigida por Anne Sewitsky

Una de las últimas producciones británicas estrenadas en 2021 ha sido esta miniserie que continúa la línea iniciada con Un escándalo muy inglés (BBC, 2018), dirigida con éxito por Stephen Frears y protagonizada por Hugh Grant y Ben Whishaw. El productor Graham Broadbent adapta nuevamente un hecho real que saltó a los medios de comunicación de Londres para convertirse en uno de los casos más notorios en torno a la judicialización de una separación, ahora enfocado en el escarnio público sufrido por Margaret Campbell (Claire Foy) durante el proceso de divorcio iniciado por su marido, el Duque de Argyll (Paul Bettany). Para el desarrollo de Un escándalo muy británico (BBC/HBO Max, 2021), se ha contado con el talento de la guionista Sarah Phelps, una habitual de los estrenos de la cadena pública inglesa por estas fechas, especialmente a través de sus adaptaciones de novelas de Agatha Christie como Diez negritos (BBC, 2015), Testigo de cargo (BBC, 2016), Inocencia trágica (BBC, 2018), El misterio de la guía de ferrocarriles (BBC, 2018) o El misterio de Pale Horse (BBC, 2020). Lo más interesante, y en cierto modo refrescante, de esta adaptación es que no intenta ser una mirada feminista que justifique a la protagonista, aunque el escándalo que la rodeó fuera innecesario y excesivo, y el retrato del Duque que solo tenía título nobiliario pero estaba en bancarrota es demoledor, como un hombre obsesionado con una quimera que dilapidaba la fortuna de sus esposas y tenía ataques de violencia. Pero tampoco se pretende mostrar a Margaret Campbell como una víctima inocente (Claire Foy está espléndida en su retrato de una mujer que ciertamente utilizó también la manipulación y el engaño), lo cual es alentador en una serie que adopta un punto de vista principalmente femenino, pero sin pretender suavizar al personaje. 

El llamado "Caso Argyll", al que también se le llamó popularmente como "the headless man affair" (el caso del hombre sin cabeza), debido a una famosa fotografía que tiene una importancia vital en el desarrollo del juicio, ofrece una perspectiva diferente desde la mirada actual. Fue uno de los escándalos más notables de  los años sesenta, y la figura de Margaret Campbell se convirtió, como se dice al final del tercer episodio, en "la primera mujer que sufrió el escarnio público por parte de los medios de comunicación del Reino Unido". De alguna manera, tanto Un escándalo muy inglés, que se basaba en un hecho real ocurrido en 1979, como Un escándalo muy británico, que aborda este juicio público ocurrido en 1963, muestran el poder de manipulación de los medios de comunicación para convertir en populares la rumorología y el amarillismo, lo que está bien retratado en un punto de vista que mira desde la distancia los límites establecidos sobre la moralidad. Al colocar a ambos personajes en el mismo nivel de mezquindad y egoísmo, el guión también consigue establecer la diferencia de perspectiva que la sociedad marca en torno al hombre y la mujer, y que en realidad tampoco ha cambiado demasiado. La miniserie está dirigida con buen pulso por la realizadora noruega Anne Sewitsky, que en su país estuvo al frente de varios episodios de la exitosa y duradera comedia Helt perfekt (TV Norge, 2011-), y en Estados Unidos ha dirigido episodios de Castle Rock (Hulu, 2018-2019) y Monsterland (Hulu, 2020-). 

Yellowstone (Temp. 4) ***
Paramount+, 7 de noviembre-2 de enero
Creada por Taylor Sheridan, John Linson
Dirigida por Stephen Kay, Guy Ferland, Christina Voros, Taylor Sheridan

En esta época de multiversos y universos cinematográficos, el guionista y director Taylor Sheridan ha conseguido su propio westernverso utilizando la esencia de la tradición del género norteamericano por excelencia, recuperando ese aventurero original y sabiendo equilibrar una historia familiar que en cierto modo podría tener paralelismos con otras soap operas americanas como Dallas (CBS, 1978-1991) o Falcon Crest (CBS, 1981-1990), aunque dotándole de un cierto aire de profundidad en una reflexión sobre el final de una era, una mirada pesimista en torno a la desaparición de ese mundo anacrónico de los vaqueros. No es casual que haya sido la cadena de cable CBS, generadora de aquellos grandes éxitos de la televisión norteamericana, la que apostara desde el principio por esta propuesta de Taylor Sheridan cuando ya estaba consolidado como guionista gracias a películas como Sicario (Denis Villeneuve, 2015) y, sobre todo, Comanchería (David Mackenzie, 2016). Y tampoco sorprende que Yellowstone (MTV/CBS, 2018-) se haya confirmado como la serie más vista de 2021 en todos los formatos de televisión (cable, cadenas en abierto y premium) en los Estados Unidos, alcanzando una cifra récord de 14,7 millones de espectadores en el primer episodio de esta cuarta temporada. 

Taylor Sheridan, que alcanzó el año pasado un acuerdo millonario para trabajar en exclusiva con ViacomCBS, desarrollando spin-offs de Yellowstone y otras series también para Paramount+, ha logrado recuperar el género del Oeste con una mirada moderna, retratando con acierto un mundo eminentemente masculino, representado esencialmente en la figura del caballo, que en esta cuarta temporada adquiere mayor importancia cuando una de las subtramas se encarga de mostrar la trayectoria de un semental por el que John Dutton (Kevin Costner) ha pagado miles de dólares, y que es entrenado por Travis Whitley (el propio Taylor Sheridan, que interpretó a este personaje esporádicamente en las dos primeras temporadas, pero en ésta adquiere mayor importancia). Una masculinidad que también está bien representada en el personaje de Beth Dutton (Kelly Reilly), la única mujer en un mundo de hombres que tiene que ser más cruel y más despiadada para conseguir despertar respeto o, al menos, miedo. Pero, después de una tercera temporada con altas dosis de violencia, el desarrollo de esta cuarta ha sido algo decepcionante porque, aunque cierra tramas importantes, parece más enfocada en la recomposición de los elementos que se ajusten adecuadamente con los dos spin-off de la serie, dejando algo huérfanos a los personajes principales, especialmente John Dutton, que casi es una figura de referencia más que tener cierto protagonismo en esta temporada, el reflejo de la desaparición inevitable de un estilo de vida: "Estamos perdiendo esto. Y cada vez ocurre más rápido", dice en el episodio final (T4E10). 

Hay algunos flashbacks a lo largo de la temporada que conectan con la historia de los antepasados de la familia Dutton, especialmente al comienzo de No kindness for the coward (T4E8), el único episodio dirigido por Taylor Sheridan, que coincidió con el comienzo de 1883 (MTV/CBS, 2021-), el primer spin-off de la serie, una excelente recuperación del western clásico que sin embargo sigue teniendo una cierta mirada melancólica y crepuscular. También se introduce una subtrama en la cuarta temporada que se desarrolla en el rancho Four Sixes, que será protagonista de la serie 6666 (MTV/CBS, 2022-), y que existe en la realidad, fundado en 1870 y convertido en una de las mayores propiedades de Texas. A principios de 2020, la última heredera de la familia propietaria del rancho falleció, y se puso a la venta por 347 millones de dólares. Y ha sido Taylor Sheridan, a través de una empresa de bienes raíces, quien lo ha comprado para su explotación y, de camino, como escenario principal de este nuevo spin-off de Yellowstone. Pero esta subtrama se siente algo independiente de la historia principal, y parece más destinada a establecer las bases de lo que será la nueva serie, y de los personajes que formarán parte de ella. Esta recomposición de elementos ha perjudicado a una temporada que, aun manteniendo la esencia que la ha hecho popular, parece algo más dispersa y menos enfocada que las anteriores, pero sigue siendo una de las series que mejor ha sabido reconstruir un género clásico. 




31 diciembre, 2021

Las series españolas del año - y 6ª parte

En 2020 por estas fechas hablábamos de series como Antidisturbios (Movistar+, 2020), Patria (HBO, 2020) o Veneno (Atresmedia, 2020-), que habían conseguido un importante respaldo de la crítica y de los espectadores. Pero en 2021 el nivel general ha sido menos destacable aunque podemos citar algunas de las producciones que nos han parecido más interesantes como Bocas de arena (Filmin, 2020-), La Templanza (Amazon/Atresmedia, 2020-), las temporadas finales de Hierro (Movistar+, 2019-2021), Merlí. Sapere Aude (Movistar+, 2019-2021) y Vida perfecta (Movistar+, 2020-2021), La cocinera de Castamar (Atresmedia, 2021-), Ana Tramel. El juego (RTVE, 2021-), el salto a un formato más tradicional de #Luimelia (Atresmedia, 2020-), El tiempo que te doy (Netflix, 2021-), Cardo (ATRESplayer, 2021-), Venga Juan (HBO Max, 2019-) y las series documentales Lola (Movistar+, 2021) y Lucía en la telaraña (RTVE Play, 2021).

En España, se puede decir que ha sido un año positivo para RTVE por abordar por fin un lavado de cara de su plataforma digital, RTVE Play, llenándola de contenidos interesantes, aunque ya conocidos, e iniciando una propuesta de producciones propias que ha dado algunos resultados notables. En el lado negativo, Movistar+ no solo ha continuado con la bajada de suscriptores, aunque sigue siendo la tercera plataforma con mayor número de ellos en nuestro país, después de Netflix y Amazon Prime Video, y con la crisis de censura que ha sufrido en las últimas semanas a raíz de la denuncia de algunos colaboradores en torno a la libertad de expresión coartada.

Sin embargo, la televisión en abierto sigue siendo la opción más vista de los españoles, que han pasado más de tres horas al día delante de la pantalla, aunque el consumo de las plataformas digitales ha vuelto a subir, llegando a un 68,1% de la población, según el Informe Anual de TV publicado por Ymedia Wink iProspect. El mayor número de suscriptores lo sigue teniendo Netflix (50,7%), seguida de Amazon Prime Video (31,5%), Movistar+ (20,5%), HBO Max (14,6%), Disney+ (11,9%), Vodafone TV (6,6%), Orange TV (5,5%), DAZN (4,0%), Rakuten TV (2,1%) y Filmin (1,8%). Respecto a 2020, las que más suscriptores han perdido, según datos del EGM, han sido Movistar+, Amazon Prime Video, HBO y Orange TV, mientras que la mayor subida ha sido para Netflix, seguida de Disney+, Rakuten TV, Filmin y DAZN.


Dentro de la televisión generalista, el liderazgo ha seguido siendo de Telecinco, que llega a estar diez años seguidos como la cadena más vista, aunque con un crecimiento significativo de Atresmedia, y entre los programas que más audiencia han tenido en 2021 solo se encuentra una serie documental: Rocío, contar la verdad (Telecinco, 2021-), mientras que seis de los 10 programas con mayor audiencia han sido partidos de fútbol, según datos de Kantar Media a 27 de diciembre. Las últimas semanas de 2021 han llegado varias series españolas con algunos descubrimiento interesantes y la consolidación de alguna serie ya reconocida. Este es nuestro último repaso a las series españolas de 2021. 


Uno de las estrenos más interesantes de finales de este año ha sido Cardo (ATRESplayer, 2021-), creada por la actriz Ana Rujas, que también protagoniza la historia interpretando a María, una joven millenial que parece no poder evitar meterse en problemas y decepcionar a los demás y a sí misma constantemente, y que refleja en cierta manera una generación que se encuentra algo perdida, aunque consigue ir más allá de un simple retrato generacional. Con algunos elementos extraídos de la obra de teatro La mujer más fea del mundo (2018), que ella misma escribió junto a Bárbara Mestanza, e interpretó en los escenarios de Madrid, como por ejemplo la utilización de la imaginería religiosa, que en la serie se muestra a través de algunas marchas procesionales que acompañan el "calvario" de la protagonista, Cardo consigue construir una ambientación realista, mucho más que otras series que parecen querer "embellecer" el entorno en el que se mueven sus protagonistas. Aquí los baños públicos de los bares no son de diseño, sino tan repugnantes como los que podemos encontrar en cualquier salida nocturna, los pisos en los que viven los personajes no son palacios enormes que no se entiende cómo se pueden permitir personajes que tienen trabajos basura, sino cuchitriles con persianas de la guerra civil y mesas de camilla. Este neorrealismo que se refleja en las imágenes es casi una marca de la casa de Javier Ambrossi y Javier Calvo, productores de la serie, igual que supieron sacar partido de la España de los ochenta en Veneno (ATRESplayer, 2020-). 


Pero lo más interesante de Cardo es su capacidad para construir un personaje complejo, una joven a la que todos consideran guapa, pero que precisamente por esa apariencia física atractiva es incapaz de sentirse bien consigo misma. María está perdida, tiene una necesidad constante de exprimir la vida, pero solo sabe hacerlo a través del alcohol, las drogas y el sexo, en salidas nocturnas que se convierten en aventuras que ponen en peligro a sí misma y a los demás. "Reina, no puedes vivir eternamente en un after", le dice su camella Fausta (Yolanda Ramos), una frase simple pero que contiene grandes dosis de esa sabiduría que da la vida perra. Porque María es transparente para quienes le rodean, empezando por su amiga de la infancia Eva (Ana Telenti), aunque no parezca darse cuenta. Quizás el problema de la protagonista no es que quiera exprimir la vida, sino que a veces parece tenerle miedo, envuelta en una jungla en la que tiene asumido su fracaso profesional, y sus propias contradicciones. Ella no está dispuesta a perder su dignidad en anuncios publicitarios de compresas, pero no tiene el menor problema en perderla en el baño de un bar con un hombre al que acaba de conocer. Pero sobre todo refleja con crudeza su propia insatisfacción: "Tienes una amiga que si tiene una situación complicada acaba follando, seguramente mal y sin preservativo, si no tengo dinero, pues lo robo y si me rechazan acabo pillando un gramo de coca", es la descripción que hace de sí misma a su amigo Edu (Eduardo Mayo). Y en esta representación de una protagonista que parece incluso rechazar la empatía que pudiera tener con el espectador, es donde encuentra Cardo una de sus principales virtudes. 

Si en La mujer más fea del mundo Ana Rujas contaba con la colaboración de Bárbara Mestanza, la serie está coescrita y dirigida junto a Claudia Costafreda, guionista de Veneno y responsable del excelente cortometraje Benidorm 2017 (Claudia Costafreda, 2018), que también le dio la oportunidad a Yolanda Ramos de componer un personaje entrañable, y que consigue un trabajo notable en la representación del Madrid nocturno sin caer en los tópicos. 

La actriz Abril Zamora ha desarrollado en paralelo su carrera como intérprete en series como Vis a vis (A3/Fox, 2015-2019) y El desorden que dejas (Netflix, 2020-) y en películas como La vida por delante (Edoardo Ponti, 2020), con su trabajo como guionista, siendo la co-creadora de la serie Señoras del (h)AMPA (Telecinco, 2019-2021). Pero su proyecto más personal, que escribe, protagoniza y dirige, es Todo lo otro (HBO Max, 2021-), que se ha anunciado como la primera producción española con la marca HBO Max. En cierto modo, esta serie se puede considerar como el final de una maduración que comenzó con Temporada baja (Flooxer, 2016), la primera producción que escribió y dirigió cuando todavía firmaba como Abel Zamora. Y este proceso de transición que la ha llevado hasta su identidad como mujer también se ve reflejada de alguna forma con la honestidad en la que cuenta esta historia. Si en Temporada baja hablaba de las relaciones amorosas en tercera persona, en Todo lo otro Abril Zamora presenta un retrato que ella misma confiesa que tiene más de sí misma de lo que le gustaría, y que transmite una cierta desafección de unos personajes que han llegado a la esa cierta madurez sin haber conseguido lo que se supone que deberían haber logrado en la vida. 


Este planteamiento es el más interesante de una serie que es irregular (y de hecho ha sido recibida en general con tibieza), en la que hay mucha verborrea, que también es una característica de la propia Abril Zamora, pero que no consigue sintetizar sus diálogos, a veces demasiado largos, en escenas que resultan interminables, como las discusiones entre Yerai (David Matarín) y Dafne (Abril Zamora). La serie se centra en la relación frustrada entre la protagonista y su compañero de piso César (Juan Blanco), de la que ella está secretamente enamorada. Y construye una fantasía realista sobre la vida que a veces consigue momentos muy íntimos, como en el Episodio 7, que se enfoca precisamente en los dos personajes principales. Pero el camino se desequilibra a veces por una cierta afectación de los diálogos que pretenden tener una naturalidad que no se consigue del todo, y por una tendencia al exceso en la descripción de algunos personajes. Funciona muy bien la voz en off del narrador (Alberto Casado), que es algo así como esa voz interior de Dafne, un juego inteligente y divertido que parece reírse de ese habitual estilo narrativo de muchas series generacionales, pero que aquí tiene una postura crítica con los personajes, les insulta y se mofa de sus problemas personales, y que Abril Zamora resuelve ingeniosamente en el Episodio 8

Todo lo otro es posiblemente una de las decepciones de la temporada porque se esperaba mucho de esta serie, pero mucho menos pretenciosa y más honesta que Maricón perdido (Movistar+, 2021), por ejemplo. Y, por fin, es una serie en la que se habla sin complejos de la transexualidad, que Veneno (Atresmedia, 2020-) reflejó de una forma espléndida, pero retratando a un personaje que en sí mismo cultivaba ciertos estereotipos de las mujeres transexuales. Aunque Abril Zamora afirma que la segunda temporada ya está escrita, aún no hay confirmación por parte de HBO Max, pero sería interesante ver evolucionar a los personajes después del momento decisivo con el que se cierra la serie.

Una de las últimas producciones españolas estrenadas este año ha sido Sin novedad (HBO Max, 2021-), remake de la serie australiana No activity (Stan, 2015-2018) que ha tenido varias versiones en diferentes países. La más curiosa es la norteamericana No activity (CBS, 2017-), que desarrolló y protagonizó el mismo creador e intérprete de la versión original, Patrick Brammall, y que estaba producida por Will Ferrell y Adam McKay, los productores de Succession (HBO Max, 2018-). Aunque no cosechó buenas críticas, el formato norteamericano ha llegado ya a su cuarta temporada, que se estrenó en abril de 2021 reconvertida en una serie de animación debido a la dificultad de poder rodar durante el confinamiento del año pasado, y ha contado a lo largo de estos años con actores invitados como Jesse Plemons, J.K. Simmons, Bob Odenkirk, Kevin Bacon, Jessica Alba, Elle Fanning o el mismo Will Ferrell, lo que quizás ha sido el secreto de su éxito. En la versión española, los protagonistas son Arturo Valls y Carlos Areces, junto a Pilar Castro, Adriana Torrebejano, Tony Costa y Omar Banana. 


El planteamiento de la serie es sencillo pero al mismo tiempo arriesgado, ya que se sostiene sobre dos policías que mantienen un servicio de vigilancia, construyendo principalmente las escenas de diálogos entre dos únicos personajes: los policías, los delincuentes o las agentes de guardia en la comisaría. La propuesta pasa por crear un formato de seis episodios de 25 minutos de duración que trata de encontrar el humor en las relaciones entre estos personajes. El planteamiento no es especialmente novedoso en nuestro país, y se sitúa en la línea de Camera café (Telecinco, 2005), que también establecía dinámicas de humor en un solo escenario y con un pequeño grupo de personajes, y que fue el lanzamiento de Arturo Valls como actor. Pero si en aquella se aprovechaba su pequeño formato para construir historias que tenían algo de comedia  absurda a través de diálogos llenos de ingenio, no se puede decir lo mismo de Sin novedad, que trata de encontrar el humor en sus diálogos pero cae en la simpleza, más cercana al chiste que a la construcción de personajes. 

Y eso que Álex Mendíbil, guionista junto al director Rodrigo Sopeña, participó también en los guiones de Camera café (Telecinco, 2005), lo que en principio sería una garantía de calidad. Pero precisamente los diálogos, que son los que deberían tener mayor fortaleza, son lo más débil en una serie que se asegura, al menos, un buen nivel de interpretación gracias a expertos en comedia como Arturo Valls, Carlos Areces y Toni Acosta, destacando Omar Banana, que este año ha despuntado en series como Reyes de la noche (Movistar+, 2021) y ha solventado personajes estereotipados como el de La reina del pueblo (ATRESplayer, 2021-). Pero en demasiadas ocasiones tienen que decir frases tan vacías que provoca algo de vergüenza ajena contemplar, por ejemplo, a una actriz tan solvente como Toni Acosta enfrentarse a un personaje tan ridículo como el que debe interpretar. 

Una de las sorpresas agradables de la pasada temporada fue HIT (TVE, 2020-) que se convirtió en una de las escasas referencias en formato serie de la televisión pública. Sin llegar a la eficiencia en la construcción de personajes que tenía Merlí (TV3, 2015-2018), la serie creada por Joaquín Oristrell se inspiraba en cierta manera en House (Fox, 2004-2012), especialmente en la creación de un protagonista que parece no tener filtros en la explicación de la realidad, aunque soporta el peso de las adicciones, a los opioides en el caso de House (Hugh Laurie), al alcohol en el caso de Hugo (Daniel Grao). Lo interesante de la propuesta es que Oristrell traslada la dinámica habitual de las series de institutos a la escuela pública, centrándose en un grupo de jóvenes rebeldes que no quieren, aunque en realidad no pueden, adaptarse a las normas establecidas. De forma que el encuentro con este profesor que no tiene miedo incluso a enfrentarse a ellos, se convierte en una catarsis, el descubrimiento de alguien que les habla claramente para reconducirles hacia esa cierta normalidad de convivencia que exige la sociedad. 


La segunda temporada de HIT traslada la acción fuera de Madrid a un nuevo instituto con diferentes alumnos, lo que permite refrescar la acción y enfrentar al profesor a un nuevo reto que además tiene lugar en Puertollano, en la provincia de Ciudad Real, un pueblo cuyos habitantes se enfrentan a un ERE que acabará con el trabajo principal de la comunidad. Lo más interesante de esta nueva temporada es la introducción de algunos temas que se abordan escasamente en la producción audiovisual española, especialmente en la que está enfocada hacia un público más joven: la España vaciada (que también es el trasfondo de El pueblo (Amazon, 2019-), la Formación Profesional, la escuela pública... tratando de abarcar diversas temáticas que tienen plena vigencia. Quizás porque ya se conoce la estructura de la serie, en esta segunda temporada se notan más las costuras. Desde el momento en que los personajes de los alumnos se presentan al principio (un joven de mentalidad fascista, un homosexual, una embarazada...), ya podemos predecir cuáles serán los temas principales que abordará la temporada: el racismo, la xenofobia, la homofobia, la maternidad adolescente... lo que elimina buena parte de la capacidad de sorpresa para el resto de los episodios. 

De alguna forma, HIT pierde parte de su eficacia como serie en favor de una afirmación cada vez más clara de su condición de "servicio público", pero a pesar de la duración de sus episodios, no consigue profundizar demasiado en las problemáticas que trata, ofreciendo una lectura algo simplista que a veces cae en el adoctrinamiento, como en el diálogo algo forzado entre los padres de los alumnos que no están de acuerdo en la propuesta del profesor de que sus hijos hagan una visita a un barrio habitado por inmigrantes rumanos en Pertenencia (T2E7). Pero en otros momentos consigue ser menos didáctica y más directa, como en el conflicto laboral que está de fondo y se desarrolla más en Resistencia (T2E8), y que casi tiene una deriva hacia la propia realidad actual con el conflicto del Metal en la provincia de Cádiz. Una de las decepciones de esta segunda temporada es que HIT se ha olvidado a veces del sistema educativo que es la base de su propuesta y que estaba más presente en la primera temporada, ahora mucho más interesada en hablar de temáticas más amplias Al final, el profesor Hugo Ibarra es profesor como podía ser médico o policía, porque la mayor parte de sus acciones se han desarrollado fuera del ambiente escolar. Pero el crecimiento de sus alumnos se refleja en ese sentimiento de "querer y quererse" que es la conclusión del final de una temporada menos efectiva que la primera, pero que se abre a una tercera entrega (aún no confirmada oficialmente) con una interesante idea que sitúa al profesor en un ambiente completamente distinto. 

Siguiendo la línea de la producción Conquistadores Adventum (Movistar+, 2017), que Israel del Santo dirigió para la productora Global Set, El corazón del Imperio (Movistar+, 2021) es una de las primeras colaboraciones del escritor Santiago Posteguillo con el audiovisual, y de hecho Global Set anunció hace tiempo que tenía la intención de producir una serie compuesta por tres temporadas y basada en la trilogía Africanus: El hijo del consul (2006, Ediciones B, 2006), Las legiones malditas (2008, Ediciones B) y La traición de Roma (2009, Ediciones B). Pero la trayectoria del director pasó a formar parte de 100 Balas, la productora fundada por Flippy y ahora encabezada por Alejandro Flórez, que pertenece a The Mediapro Studio, con la que ha realizado sus dos proyectos más exitosos: las series documentales El Palmar de Troya (Movistar+, 2020) y Lola (Movistar+, 2021). Con aquel proyecto de la trilogía Africanus aparcado, El corazón del Imperio propone una mirada a la Roma histórica desde el punto de vista de una serie de mujeres relevantes, a través de una propuesta documental que pasa por mezclar las intervenciones de las expertas con recreaciones de ficción, como ya ocurriera en otras producciones dirigidas por Israel del Santo. 


La idea es interesante, pero tiene algunos problemas que no se resuelven del todo. De entrada, parece un poco contradictorio que se denuncie constantemente la visión masculina de la historia, cuando en la propuesta es precisamente un hombre el que recupera esta visión femenina de la antigua Roma. Aunque las entrevistadas son historiadoras y arqueólogas, la presencia de Santiago Posteguillo como presentador vuelve a colocar al hombre como el punto de vista que lidera el relato. En el intento de acercarse al espectador actual, se cae habitualmente en el presentismo, la interpretación del pasado con los ojos del presente, y así surgen frases tan absurdas como "Cicerón sería un personaje ridículo en la actualidad" o "Fulvia era una niña pija", dichas por la doctora en Historia Patricia González, autora del libro Soror. Mujeres en Roma (2021, Ed. Desperta Ferro Ediciones). Solo la historiadora y arqueóloga María Engracia Muñoz parece situarse en el contexto haciéndose/nos preguntas como "¿De verdad es interesante saber si Cleopatra era una mujer guapa o no?". 

Aunque las intervenciones intentan utilizar un lenguaje actual, no consiguen ser especialmente deslumbrantes, y la agilidad de los episodios se ve perjudicada en exceso. Tampoco ayudan unas recreaciones de ficción que están cuidadas históricamente, incluso utilizando el latín como lengua y con la participación de actrices como Sandra Escacena, Carolina Garrido y Aitana Sánchez-Gijón, pero que transmiten en algunos casos una cierta artificiosidad en las interpretaciones, quizás motivada por el obstáculo de hablar en una lengua clásica que no se domina. El contenido sin embargo es interesante: el primer episodio está dedicado a las mujeres gladiadoras, en los dos siguientes se mezclan las historias de dos mujeres relacionadas con el Emperador Marco Antonio, su esposa Fulvia y su amante Cleopatra. El cuarto episodio se centra en Livia, madre y abuela de emperadores, mientras que en el quinto y sexto episodios la protagonista es Julia Mesa. Santiago Posteguillo evita incluir en la serie el retrato de Julia Domna, la hermana de Julia Mesa, a la que dedicó los libros Yo, Julia (2018, Ed. Planeta), ganador del Premio Planeta, e Y Julia retó a los dioses (2020, Ed. Planeta), quizás para no perder posibles lectores. 

También se dedica atención al Emperador Heliogábalo, nieto de Julia Mesa, que solo ejerció durante cuatro años, siendo asesinado cuando tenía diecinueve años, y está considerado como el más extravagante y cruel que ha tenido Roma. El político Dión Casio escribió en su Historia Romana (c. 230) que se había casado cinco veces con mujeres, pero que su relación más duradera fue con el esclavo Hierocles, a quien se dice que se refería como su marido. Se cuentan muchas excentricidades de Heliogábalo, como que se vestía de mujer, que quiso operarse para cambiar de sexo, que era prostituido por sus amantes o que le gustaba castrar a sus esclavos. Pero no se sabe qué es real y qué es difamación, y cada historiador elige dar credibilidad a una u otra información dependiendo si encaja mejor o peor con su propio discurso, de forma que incluso algunos autores modernos consideran a Heliogábalo como el primer transexual de la historia. El corazón del Imperio es una serie que cae en el presentismo, aunque su intención reivindicadora de las mujeres aporta un punto de vista distinto de la antigua Roma. 

Quizás no es la serie de la que se podría esperar una mayor incorrección política, pero El pueblo (Telecinco/Amazon, 2019-) en sus tres temporadas es posiblemente la producción más crítica y mordaz sobre la sociedad española, abordando casi todos los temas que remueven nuestro panorama político. Menos histrión que La que se avecina (Telecinco, 2007-), más apegada a la realidad pero dibujando personajes cuyas acciones son ética y moralmente reprochables en muchos casos, El pueblo no modifica demasiado la fórmula en cuanto a un grupo de vecinos, ahora en la pequeña localidad soriana de Peñafría en vez de un edificio de apartamentos a las afueras de Madrid. Pero este contexto le permite abordar temas más amplios que tienen como base la llamada España vaciada, lo que se ha destacado de la segunda temporada de HIT (TVE, 2020), pero que está más profundamente enraizada en la narrativa de esta serie. 


La tercera temporada de El pueblo sigue teniendo ese sentido del humor más o menos facilón, casi de vodevil, que caracteriza a las producciones de Alberto Caballero, pero esto también le permite una incorrección política que parece disiparse entre el dibujo caricaturesco de sus personajes. Aborda por ejemplo la corrupción, la posible anexión (y por tanto desaparición) de un pueblo con pocos habitantes en favor de otro, las relaciones entre la iglesia católica y el islamismo, o el auge del turismo rural. De alguna forma, el retrato de un grupo de imbéciles que conforma la historia permite a los guionistas adentrarse en la incorrección política, lo cual es reconfortante, dados los límites que se imponen al humor últimamente. La fluidez de géneros lleva a unos niños a sentirse niñas durante varios episodios de esta temporada, uno de los personajes decide convertirse al islamismo, el párroco de la comunidad acepta sobornos... El pueblo crea una especie de burbuja humorística en la que son posibles frases como: "¡Que los moros no explotan cuando se enfadan, que necesitan pegarse una bomba al cuerpo!", recuperando ese sentido de la comedia negra española berlanguiana que prácticamente ha desaparecido del panorama audiovisual, pero al mismo tiempo es una de las series más inclusivas que se producen en nuestro país. 

La tercera temporada de la serie amplía su catálogo de personajes y recupera algunos de los que poblaron Peñafría en las dos anteriores, y también amplifica su mirada a otras localidades cercanas de esa España que se queda progresivamente sin habitantes. Comprometida aún con su estructura de serie para prime time de la televisión convencional (la segunda temporada terminó sus emisiones en Telecinco en noviembre), tiene episodios que alcanzan los 80 minutos, casi la duración de un largometraje. La serie tiene que luchar con cierta falta de promoción, tanto en sus emisiones tradicionales, motivada por un descenso al 7,8% de share con el que finalizaron las emisiones de la segunda temporada en Telecinco el pasado mes de noviembre, frente al 16,3% que obtuvo la primera, como en el estreno a principios de diciembre en Amazon, apenas publicitado. Amazon Prime Video, que ha permitido la continuidad de series de la productora Mediterráneo como Madres. Amor y vida (Telecinco/Amazon, 2020), ya en su tercera temporada, es una plataforma que a veces sufre problemas de comunicación graves, de desidia o simple ineptitud en la promoción de producciones por las que se supone que debería apostar. Como no existen datos, no sabemos cómo está funcionando esta tercera temporada, pero Alberto Caballero ya ha anunciado personalmente que está prevista una cuarta entrega de este reflejo con mucha mala uva de la sociedad española a través de sus defectos. 

Ya hemos comentado la apuesta de RTVE por la plataforma digital RTVE play y por contenidos de producción propia, en la línea de las principales televisiones públicas europeas. Una de las consecuencias de esta apuesta es Yrreal (Playz, 2021-), una serie de seis episodios dirigida a un target de espectadores jóvenes que se inició en 2020, cuando ganó el Premio de Desarrollo otorgado por Playz en el marco del Conecta Fiction de Pamplona, entre los finalistas del Pitch Short-Form Series, que consistía en la posibilidad de iniciar el desarrollo de la serie bajo el paraguas de Playz. Creada por Alberto Utrera y Paula Sánchez, la serie cuenta la historia de Elena (Veki Velilla) y Lucía (Angy Fernández) que traspasan todos los límites legales para intentar averiguar el paradero de la hermana de la primera. La personalidad de Lucía se relaciona con el mundo del cómic, y a veces construye en su cabeza una realidad alternativa de superheroína que lucha contra el mal, y que en la serie se representa a través de secuencias de animación. Dirigida por Alberto Utrera, las imágenes de animación están desarrolladas por Nuño Benito, ambos socios en la productora MoA Estudio, que produjo este año el documental Impuros (Alberto Utrera, 2021) en el que los ex-políticos Eduardo Madina y Borja Sémper reflexionan sobre la etapa de terrorismo en el País Vasco. 


La apuesta de esta serie pasa por enfocar una realidad actual en torno a la violencia machista dentro de un contexto de historia de acción con elementos de animación, éstos como reflejo de la psicología de Lucía, pero que realmente no aportan demasiado al desarrollo del personaje, sino más a la dinámica visual según conviene (en el episodio Cuestión de huevos (T1E5) se utiliza animación para mostrar un flashback). Los seis episodios de 25 minutos construyen una trama policíaca en torno al interrogatorio de Elena y la narración de lo que sucedió, especialmente sobre la implicación de Lucía. El director despliega un planteamiento visual que tiene numerosos referentes, a veces recuerda a Quentin Tarantino y a Guy Ritchie, pero también al montaje febril de los thrillers de Álex Pina como Vis a vis (A3/Fox, 2015-2019) o La casa de papel (A3/Netflix, 2017-2021), aunque a veces tiene problemas para equilibrar el tono de comedia negra y la pretensión de abordar una realidad dramática. En el lado de la animación y los referentes de superhéroes, la principal influencia admitida por los creadores es la del cómic Kick-ass (2008-2010, Marvel Comics) de Mark Millar y John Romita, Sr., que fue adaptado al cine en Kick-ass: Listo para machacar (Matthew Vaughn, 2010), con homenaje incluido en el diseño del traje de la heroína. Lo más interesante de Yrreal es que se ve con facilidad, que la historia se condensa bien en la corta duración de los episodios, pero su intento de tomar referencias para después tratar de elaborar un discurso más realista no termina de funcionar. 

Vota Juan (TNT, 2019) fue la primera serie producida por la plataforma de pago TNT, y su éxito derivó en una continuación titulada Vamos Juan (TNT, 2020), pero la tercera entrega, producida igualmente por 100 Balas, perteneciente al grupo The Mediapro Studio, ha dado el salto este año a HBO Max como una serie original con el título de Venga Juan (HBO Max, 2021-). Deudora de la sátira política de series como Veep (HBO, 2021-2019), la propuesta creada por Diego San José y Juan Cavestany tiene como protagonista a Juan Carrasco (Javier Cámara), un político de tercera que sin embargo tiene todos los defectos y prepotencia de los círculos del poder público. La primera temporada mostraba el ascenso de una figura política sin méritos, con un cierto aire ridículo que de alguna forma lo conectaba con el protagonista de Vergüenza (Movistar+, 2017-2020), uno de esos personajes tan esperpénticos que es capaz de generar cierta empatía por parte del espectador. En la segunda temporada se mostraba un intento de recuperar su posición en el ficticio partido al que pertenece, aunque tenía una mirada más centrada en el personaje y su familia que en los resortes de la política. Pero Venga Juan (HBO Max, 2021) recupera esta mirada satírica más centrada en el mundo de la política a través de la corrupción, lo que provoca que haya unos paralelismos mucho más evidentes con la actualidad, en especial con los papeles de Bárcenas y el PP. 


La temporada ha conseguido ya este año el Premio Forqué al Mejor Actor y tiene cuatro nominaciones para los Premios Feroz, y de nuevo construye una serie de situaciones absurdas que sin embargo son perfectamente reconocibles en la crónica de la corrupción política en España. Y en cierta manera plantea una especie de posible final cerrado para los personajes (no se ha confirmado oficialmente una cuarta temporada y los creadores afirman que está escrita con la idea de que no haya una continuación), reforzando aún más el carácter tragicómico del personaje, y sobre todo consiguiendo captar esa atmósfera peculiar de corruptelas y corrupciones que se ha instalado en la sociedad española (y por extensión en la sociedad occidental). Cuando Juan Carrasco se justifica ante su hija en el episodio Lunes (T3E7) afirmando que él ha hecho lo que todos hacen, transmite perfectamente ese espíritu de picaresca española que se basa en los sobornos y la información privilegiada, manejada por personajes oscuros como Luis Vallejo (Joaquín Climent), trasunto evidente del siniestro José Villarejo. Destaca en esta temporada Patagonia (T3E4), uno de esos episodios "embotellados" que permite a Javier Cámara debutar como director en un espléndido ejercicio de tragicomedia junto al actor argentino Eduardo Blanco.