09 junio, 2026

Las series más destacadas de 2026: Mayo-Junio

La 4ª edición del South International Series Festival ha dado a conocer la imagen del cartel de este año, el último que parece que se celebrará en el otoño antes de dar el salto a la primavera a partir de 2027, unas fechas en las que se van a concentrar varios festivales de series debido al cambio que también ha planteado Canneseries, que se adelanta hasta marzo, unas semanas antes que Séries Mania. Por el momento, la nueva edición del festival de series que mantuvo ciertas tensiones con la administración gaditana, incluso amenazando con marcharse a otra ciudad, se seguirá celebrando en Cádiz entre el 30 de octubre y el 4 de noviembre. Y aunque todavía no se ha anunciado la programación, se han definido algunos elementos concretos: el cartel oficial, obra del artista Okuda San Miguel, una parte de su estructura general y el nombre del que será el primer creador que reciba el Premio de Honor Internacional del festival. Será el guionista Ronan Bennett (1956, Irlanda del Norte), conocido sobre todo por la estupenda serie Top Boy (Netflix, 2011-2023), que primero desarrolló para Channel 4 y, tras su cancelación fue recuperada por Netflix para continuarla, y que recientemente ha cosechado algunos destacados éxitos con Chacal (SkyShowtime, 2024-) y, sobre todo, Tierra de mafiosos (SkyShowtime, 2025-). Curiosamente, no se han ido muy lejos para otorgar este galardón porque Ronan Bennett es un vecino de la provincia de Cádiz desde hace varios años, y de hecho ha situado en Andalucía algunas de las tramas de sus series Top boy y Chacal. Otra de las novedades de esta primera presentación del South International Series Festival es el anuncio del nacimiento de Cádiz Nexus, el paraguas bajo el que se desarrollarán las actividades de la industria, que aspiran a convertir Cádiz en un punto de conexión entre talento, productoras, plataformas, televisiones, instituciones y mercados internacionales. También tendrá una presencia destacada la industria audiovisual danesa, que parece haber recuperado el impulso en los dos últimos años, y que será el país invitado a la próxima edición del festival. Este año hay algunas producciones danesas destacadas como el espléndido thriller policial Uniformen (DR, 2026), seleccionado en el Festival de Montecarlo, y el drama familiar Harvest (DR, 2026), que pudimos ver en la pasada edición de Canneseries. 

Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.

Half man
  ★★★★ 
BBC/HBO Max, 23 de abril-28 de mayo 
Reino Unido 2026 - 6x55'
Creada por Richard Gadd 
Dirigida por Alexandra Brodski, Eshref Reybrouck

Esta reseña puede contener información relevante de la historia

Tras experimentar el tipo de éxito y de resonancia social que solo puede proporcionar Netflix, para bien y para mal, el creador y actor Richard Gadd (1989, Escocia) tenía mucho que demostrar con su siguiente proyecto, anunciado cuando todavía seguía acaparando premios para  Mi reno de peluche (Netflix, 2024) en la temporada de 2025. Y, aunque la historia se diferencia notablemente de aquella mirada autobiográfica que había estrenado como un one-man-show en el Festival Fringe de Teatro de Edimburgo, aunque la serie se basa en dos de sus monólogos, lo cierto es que Half man (BBC/HBO Max, 2026) regresa a algunos temas comunes con aquella, como una observación de la masculinidad desde una perspectiva ambigua, pero en este caso lo hace a través de otra relación tóxica que sin embargo se mantiene constante a lo largo de un proceso de autodestrucción mucho más violento y brutal que el acoso que sufría el protagonista de su primera serie. El talento creativo de Richard Gadd como escritor se amplifica en esta nueva propuesta, más madura y más consistente, sobre todo por su manera de desafiar al espectador a partir de la segunda mitad de la serie, desde el Episodio 4 (T1E4) en el que nuestra percepción de los personajes se modifica radicalmente, cuando Bambi ya no es tan Bambi y el lobo es menos lobo. La historia se desarrolla en dos períodos: el presente, durante la boda de Niall (Jamie Bell), en la que recibe la visita inesperada de su medio hermano Ruben (Richard Gadd), y el pasado a lo largo de varios años en el que sus madres Maura (Marianna McIvor) y Lori (Neve McIntosh) han decidido vivir juntas como pareja. Esta etapa ocupa los primeros episodios a través del desarrollo de una relación fraternal que sin embargo va más allá del vínculo familiar, que se sostiene sobre el contraste entre la vulnerabilidad y la dominación. Niall (Mitchell Robertson) es un adolescente que oculta su homosexualidad (estamos en la Inglaterra de finales de los ochenta, a un paso de la pandemia del VIH y con las políticas represivas de un gobierno conservador), sufriendo un acoso escolar del que terminará protegiéndole su hermanastro Ruben (Stuart Campbell), un amenazante macho alfa que, mientras sirve como protector, también ejerce su propia dominación sobre él. Half man habla de personajes que ocultan secretos, que callan y absorben sus propias preocupaciones, que se esconden para evitar las miradas inquisitivas, y progresivamente va desvelando que las prisiones no solo existen de una forma física (las que visita Ruben de manera constante), sino también psicológica (la que sufre Niall de manera constante). Hay una brutalidad en la violencia que se manifiesta en la serie que puede llegar a ser desagradable e incómoda, no solo desde el punto de vista superficial sino de una manera más profunda. Y se desarrolla una fisicidad en la historia que es una forma de expresión radical de los sentimientos de los personajes, casi como en los musicales en los que las emociones de los protagonistas son tan excesivas que solo se pueden expresar a través del canto y el baile, en este caso sus emociones solo se expresan a través del contacto físico: los abrazos, como el que recibe Niall de Alby (Bilal Hasna), su primera relación sincera en la universidad, o simplemente violenta, como la que ejerce Ruben de manera permanente, con los puños o con un escupitajo que humilla a Joanna (Julie Cullen). El dominio que ejerce Ruben sobre Niall es tan incisivo que incluso éste protagoniza una pérdida de la virginidad coaccionada en una de las escenas más impactantes que hemos visto recientemente. Pero si Ruben es retratado como un maltratador y acosador cuya violencia no encuentra límites, hasta el punto de dejar desfigurada a una víctima, conforme se desarrolla la historia, y especialmente cuando Jamie Bell retoma el personaje de Niall, también se revelan algunos aspectos inquietantes de éste, y es a partir de entonces cuando Half man alcanza una calidad de escritura soberbia, con algunas escenas de alta intensidad como la del hospital en el Episodio 4 (T1E4) que podrían servir para los ensayos de interpretación en cualquier escuela de teatro.  

Los personajes se encuentran constantemente al límite, pero la historia va revelando que quizás se trata de una situación buscada, una especie de toxicidad que vincula a Ruben y Niall de una forma que les hace inseparables, pero en el peor sentido de la palabra. Cuando recuperamos la historia después de un suceso extremadamente violento, descubrimos una ambigüedad de los personajes que va más allá de la efervescencia de la adolescencia. El prometedor escritor en el que se iba a convertir Niall parece todavía igual de perdido, sin saber aprovechar las oportunidades que se le han presentado, envuelto en su todavía permanente negación de la homosexualidad, que solo sabe expresar de una manera sexual y clandestina, follando en servicios públicos o en lugares de cruising, como si viviera todavía en la década de los ochenta. El contraste con la vida familiar de Ruben, el que parecía destinado a la tragedia, remarca todavía más el fracaso de Niall, que ya no se presenta como un joven indefenso, sino como un hombre cargado por una toxicidad autodestructiva. Esta capacidad de Richard Gadd para exponer las ambigüedades de sus personajes es excelente, no solo en el retrato de los dos protagonistas, sino también en el de personajes secundarios como Maura, la madre de Niall que en muchos momentos de la primera mitad nos ha podido parecer cruel, o en el de Ava (Anjli Mohindra), que permite sus escarceos sexuales con hombres "mientras no afecte a nuestra relación". Finalmente, el éxito de un libro publicado por Niall revela otra realidad frustrante: los medios de comunicación no están tan interesados en su proceso creativo, sino en un personaje que claramente está inspirado en Ruben, por lo que una rueda de prensa se convierte en un desastre. Es una referencia que nos recuerda a cuando el éxito de Mi reno de peluche provocó la búsqueda obsesiva por parte de los medios de la identidad real de la acosadora de Richard Gadd. Si bien algunas escenas, especialmente entre los dos protagonistas, tienen un cierto tono teatral, quizás porque la dirección de Alexandra Brodski, directora también de la estupenda Somewhere boy (Filmin, 2022) y, sobre todo, del realizador belga Eshref Reybrouck, quien se ocupa de los tres intensos últimos episodios, está demasiado centrada en los personajes. Pero eso no quiere decir que la serie no tenga una textura cinematográfica, porque sin duda el trabajo del director de fotografía español Carlos Catalán, afincado en Gran Bretaña desde hace años, solo se puede calificar de extraordinario, captando todos los matices de las ambigüedades de los personajes a través de la iluminación de escenas que en algunos casos parecen particularmente complejas de filmar, por la intensidad y por el acercamiento de la cámara a los rostros. La gran virtud de Richard Gadd como guionista es que no se siente cohibido ante la incomodidad que puedan provocar sus historias, y eso dentro de una cultura audiovisual que cada vez parece más homogeneizada para no molestar demasiado a los espectadores (no vaya a ser que huyan de las plataformas) hay que agradecerlo. Half man es una serie oscura y sórdida, pero también brillante, que expone una relación masculina como pocas veces se ha mostrado en pantalla, una co-dependencia tóxica que su creador concluye con un final indeterminado en el que quiere que el espectador también aporte, no solo permanezca cómodamente indiferente. 

The artist
  ★★★★☆ 
MGM+, 1 de mayo 
Estados Unidos 2025 - 6x45'
Creada por Aram Rappaport
Dirigida por Aram Rappaport

Cuando el autor Aram Rappaport presentó a las principales plataformas de streaming su serie The green veil (Network, 2024), una historia sobre abducciones ambientada en los años cincuenta con John Leguizamo como protagonista, ninguna de ellas se mostró interesada en estrenarla. Así que el autor decidió crear su propia plataforma de streaming, The Network, de acceso gratuito con publicidad solo en Estados Unidos, donde pudiera estrenar sus producciones y las de otros cineastas independientes que no suelen encontrar espacio en los circuitos tradicionales. Esta una realidad creciente: a pesar de la existencia de numerosas plataformas de streaming, el camino hacia la distribución es cada vez más estrecho y están surgiendo muchas iniciativas que provienen de financiaciones particulares y totalmente independientes. Es el caso de series como Penelope (2024), producida por los hermanos Duplass, o Hal y Harper (Movistar Plus, 2025), que primero se lanzaron con sus propios recursos o en festivales de series, y posteriormente han encontrado una distribución más o menos tradicional. The Network también adquiere derechos de series que ya han salido de sus plataformas originales, y estos días presenta episodios semanales de The doll factory (Network, 2023), una serie originalmente producida para Paramount+. Al contar con su propia plataforma de streaming, y una especial capacidad para convencer a intérpretes reconocidos para que participen en sus historias, Aram Rappaport mantiene una vía de distribución a través de la cual estrenó The artist (MGM+, 2025) en noviembre del año pasado, posteriormente adquirida por Amazon, lo que supone ya un paso importante para alcanzar el circuito internacional, aunque sea a través de un canal tan minoritario como MGM+. La participación de Mandy Patinkin en el proyecto fue el enlace para conseguir que otros actores y actrices destacados también quisieran participar en una comedia con toques absurdos que se desarrolla en la Edad Dorada, y que comienza con la muerte de Norman Henry (Mandy Patinkin), un hombre de negocios venido a menos, y el relato de su esposa Marian (Janet McTeer), que escribe su historia en un pequeño cuaderno. Se trata de un fallecimiento repentino que es contado como si se tratara de un misterio en torno a su asesinato, aunque en la serie lo que menos importa es quién ha podido ser el asesino, porque en realidad a Norman Henry lo querían muerto casi todos los que pasaron por la mansión en horas bajas heredada de su familia. Con un tono cercano a las sátiras rusas de Nikolái Gógol sobre la corrupción como El inspector (1836, Ed. Alianza Editorial), o del reflejo del declive de la aristocracia que mostraba Antón Chéjov en El jardín de los cerezos (1904, Ed. Mestas Ediciones), la trama se desarrolla en Rhode Island en 1906, y tiene como protagonista a un matrimonio que ya está aburrido de la convivencia, especialmente en el caso de Marian, debido a la tendencia de Norman a mantener la imagen superficial de una vida aristocrática, aunque esté envuelto en deudas. Antiguo empresario de éxito que amasó una fortuna sirviendo como intermediario en transacciones textiles, ahora está tan arruinado que mantiene a todo el servicio viviendo en tiendas de campaña fuera de la mansión. Y a pesar de ello es capaz de encargar un cuadro al artista francés Edgar Degas (Danny Huston), también en horas bajas debido al desinterés por su obra en Europa y su pérdida de talento, aunque realmente Norman no tenga dinero para pagarle. La frustración de Marian ha llegado a tal extremo que practica boxeo con un entrenador para liberar sus tensiones, mientras soporta con resignación que Norman mantenga como protegida a Lilith (Ana Mulvoy Ten), una bailarina joven que solo baila preludios de Rachmaninov, y que tiene la esperanza de que los contactos del empresario la lleven hasta los escenarios de París. 

El propio relato de Marian advierte desde el principio que "esta no es una historia convencional. No es una historia de asesinato, sino de renacimiento", en la críptica descripción que realiza antes de contar cómo se sucedieron los últimos días en la vida de Norman Henry. Durante ese tiempo aparecen numerosos personajes de manera breve, como el mismísimo Thomas Edison (Hank Azaria), que presenta a Norman una nueva invención, el kinetófono, un sistema que conseguía unificar la imagen con el sonido, en el que pretende que invierta el empresario. Pero durante su visita también descubrimos, en un flashback recurrente, que Edison fue compañero de estudios y amante de Marian, y que ésta tuvo una relevancia no reconocida en sus principales inventos. En este sentido, The artist adquiere una tonalidad feminista en la representación de los personajes femeninos, generalmente maltratados y abusados, frente a los masculinos, principalmente odiosos y manipuladores. Pero hay que recordar que estamos viendo el relato que hace Marian desde su propio punto de vista. También se produce la visita de la corista Evelyn Nesbit (Ever Anderson) y su madre (Jill Hennessy), que huyeron de Nueva York después de que el inestable marido de Evelyn, Harry K. Thaw (Clark Gregg), disparara al arquitecto Stanford White (Scott Adsit). Este asesinato ocurrió en la realidad, cuando en 1906 el aristócrata mató al arquitecto frente a cientos de invitados a una fiesta en el Madison Square Garden, porque éste había mantenido una relación con Evelyn cuando ella solo tenía 15 años (en realidad la drogó y la violó). Sin embargo, Evelyn es sometida a un interrogatorio preparatorio para el juicio, que acaba siendo humillante por parte del abogado Delphin Demas (Zachary Quinto) en el episodio Fucking whore (Maldita puta) (T1E5), en el que se refleja el machismo permanente. Y finalmente se produce el reencuentro con Rosie Morsch (Patti Lupone), la hermana de Marian, una mujer con espíritu libre que no soporta ver a su hermana absorbida por la triste vida matrimonial. The artist no es una historia con una narrativa tradicional, si aceptamos como tal el tipo de relato que se ha impuesto en los últimos años, pero tiene numerosos referentes de ese humor absurdo y quizás algo histriónico que caracteriza a muchas obras teatrales, principalmente del siglo XIX, o, si queremos acercarnos algo más en el tiempo, a las comedias irreverentes de los años sesenta del estilo de ¿Quién eres tú, Polly Maggoo? (William Klein, 1968), en la que una mujer sueña con su príncipe azul mientras se enfrenta a una horda de hombres lascivos. En este sentido, el estilo exagerado de las interpretaciones puede exigir cierta paciencia por parte del espectador, pero hay que reconocer que Mandy Patinkin y, sobre todo, Janet McTeer, se entregan con desinhibición a sus personajes y ofrecen dos interpretaciones de gran altura que lamentablemente pasarán desapercibidas. También hay que decir que la experiencia teatral de Aram Rappaport le permite construir diálogos muy certeros, que consiguen un difícil equilibrio entre lo absurdo y lo realista, teniendo en cuenta que la mayor parte de las historias que se cuentan como ficción tienen un referente histórico real, especialmente en cuanto a la negación de la mujer. 

En busca del terror
  ★★★★☆ 
Filmin, 12 de mayo 
Estados Unidos 2019 - 5x60'
Creada por David A. Weiner 
Dirigida por David A. Weiner

Producido a partir de una campaña de crowdfunding, el proyecto más ambicioso del periodista David A. Weiner fue una amplia recopilación de las películas de terror de los años ochenta, creada a partir de la colaboración con el productor Robin Block de CreatorVC Studios, una compañía independiente con colaboradores en Estados Unidos y Europa, con el objetivo de llevar a cabo proyectos de financiación colectiva. La propuesta es documentales de larga duración centrados en el mundo del cine, como The thing Expanded (Ian Nathan, 2026), que repasa durante cinco horas la producción de la película La cosa (John Carpenter, 1982). Pero el primero fue En busca del terror (Filmin, 2019), un repaso exhaustivo a las películas más representativas del género de terror producidas en Estados Unidos durante la década de los ochenta. El éxito y las buenas críticas condujeron a dos secuelas: In Search of Darkness Part II: The journey into '80s Horror continues (2020), centrada en títulos menos comerciales, y también In Search of Darkness Part III: The final journey into '80s Horror (2022), para adentrarse en la década de los noventa en otros dos documentales: In Search of Darkness 1990-1994: A journey into iconic '90s Horror (2024) e In Search of Darkness 1995-1999: Journey back into iconic '90s Horror (2025), creando así una especie de enciclopedia audiovisual del género de terror que más ha influido en el cine actual. Pero en España la plataforma Filmin ha estrenado la versión en formato de serie del primer documental, algo más ampliado en duración a lo largo de cinco episodios de una hora cada uno, acompañado por En busca del futuro (Filmin, 2022), también una versión en forma de serie del documental In search of tomorrow (2022), que repasaba las películas más destacadas de la ciencia-ficción norteamericana de los años ochenta, esta vez en un formato de seis episodios de 50 minutos que superan la duración del documental original. El concepto se podría decir que es más sencillo que el de otros acercamientos al género de terror que tienen una vocación mucho más analítica, como el excelente Folk horror: Bosques sombríos y días de embrujo (Kier-Ja Lanisse, 2021), que no solamente recopila títulos comerciales sino que se adentra en una cinefilia más elaborada, analizando la representación de la sociedad dentro del género. Por su parte, En busca del terror utiliza breves incursiones en temas como el arte de los carteles, la llegada del vídeo doméstico, el subgénero del terror navideño, los efectos visuales realizados en cámara o el diseño del sonido y la música, pero sin profundizar demasiado, más como cortinillas que separan los diferentes años de la década. Cuando se habla sobre la representación femenina en el género de terror tampoco se aborda con un análisis muy profundo, y ni siquiera se menciona la ausencia de mujeres directoras en aquella década. La serie se podría parecer más al concepto de aquellas publicaciones que se hicieron habituales en el terreno literario, del estilo de 1001 películas que hay que ver antes de morir (2011), del periodista Steven Jay Schneider. Repasa uno a uno aquellos títulos que fueron importantes en la década de los ochenta, con entrevistas a una larga lista de creadores y actores, críticos y periodistas, que aportan anécdotas curiosas, a veces con conexiones temáticas, como las adaptaciones de Stephen King en el Episodio 3 (T1E3). Son entrevistas realizadas a lo largo de varios años, con nombres destacados como Joe Dante, Brian Yuzna, Cassandra Peterson, John Carpenter o Larry Cohen, fallecido precisamente en 2019, y al que está dedicado el documental. Pueden echarse de menos algunos nombres importantes a los que se hacen continuas referencias, como el propio Stephen King o Robert Englund, pero en general se tiene la sensación de que las intervenciones aportan siempre datos relevantes, y que en los títulos presentados no hay ausencias notables (y si las hay seguramente aparecen en las dos secuelas siguientes). Incluso se aporta información que podría pasar desapercibida, como el hecho de que fue el género de terror el que impulsó la creación de una nueva categoría en los Oscar de la Academia de Hollywood, que ganó por primera vez Rick Baker por su trabajo en Un hombre lobo americano en Londres (John Landis, 1981). Aunque en realidad esta nueva categoría también se estableció como respuesta a una controversia que provocó quejas hacia la Academia de Hollywood por la falta de reconocimiento del trabajo de maquillaje en la película El hombre elefante (David Lynch, 1980). 

Documentales como En busca del terror son importantes porque adoptan una especie de función arqueológica, al rescatar muchos títulos, en su mayor parte comerciales en este caso, que sin embargo están amenazados de desaparición, tras el establecimiento de un sistema audiovisual basado en las plataformas de streaming que generalmente no están interesadas en este tipo de títulos. Esta alerta la expresa de manera clara Phil Nobile, jr., editor de la revista Fangoria, en el Episodio 5 (T1E5): "Hay un verdadero dilema en estos momentos en cuanto a lo que yo llamo las brechas digitales. En los años ochenta las películas estaban en VHS, y si no dieron el salto al DVD mucho menos lo van a dar hacia el blu-ray. Sin embargo, hoy en día las posibilidades de que se vendan los derechos a las plataformas de streaming son cada vez menores. Nos preguntamos cómo hemos permitido que el 70-80% del cine mudo haya desaparecido, pero lo estamos permitiendo de nuevo". También es una buena manera de acercar títulos que pueden ser desconocidos para los aficionados al género de terror más jóvenes, un descubrimiento de una década que marcó algunos de los parámetros sobre los que se ha reconstruido el género en los últimos años, con esta especie de nostalgia del estilo de los ochenta que se ha ido extendiendo a través de títulos más recientes. La segunda serie documental estrenada es En busca del futuro (Filmin, 2022), que sigue el mismo esquema que la anterior, repitiendo a muchos de sus entrevistados, pero en esta ocasión centrándose en las películas de ciencia-ficción de los años ochenta, pero expandiéndose más allá, incluso hasta citar títulos como Minority report (Steven Spielberg, 2002). El proceso es parecido, hablando sobre películas concretas, con una larga lista de entrevistados, como el actor Peter Weller o directores como Paul Verhoeven, Joe Dante o Ivan Reitman, fallecido en 2022 y a quien está dedicado el documental. Pero si bien la incursión es menos pormenorizada que en las dedicadas al género de terror, hay más espacio para la reflexión en torno a cómo la Guerra Fría, la amenaza nuclear y la era de Ronald Reagan también marcaron ciertas distopías pesimistas, desde El día después (Nicholas Meyer, 1983) hasta 70 minutos para huir (Steve De Jarnatt, 1988), una película independiente rodada con poco presupuesto. El propio Nicholas Meyer menciona una anécdota sobre su decisión de matar a Spock (Leonard Nimoy) en Star Trek II: La ira de Kahn (1982): "Al final me preguntaban, ¿Spock está realmente muerto? Por supuesto que sí, si no muriera estaríamos engañando a miles de espectadores para los que esto es realmente importante. Así que luché con uñas y dientes para ver ese ataúd depositarse en ese planeta. Pero me equivoqué. Poco tiempo después me preguntaron si quería dirigir la tercera parte, y les pregunté sobre qué iba. Me contestaron: "Sobre el regreso de Spock". ¿Resurrección? No tenía ni idea de cómo lidiar con la resurrección, así que lo rechacé". La idea sobre cómo se imaginaba el futuro en los años ochenta es muy interesante, porque a través de las representaciones futuristas de estas películas nos damos cuenta de que el presente no se parece a aquel futuro imaginado, aunque se predijeran temas como el deepfake en películas como Perseguido (Paul Michael Glaser, 1987). Y eso provoca una sensación inquietante sobre cómo somos incapaces de predecir la forma en que cambiará nuestra civilización dentro de dos décadas. 

Los Bros
  ★★★★☆ 
Arte, 26 de mayo 
Francia 2026 - 12x4'
Creada por David Mirailles
Dirigida por David Mirailles

Hace dos años, el canal Arte Francia, en colaboración con Clan de TVE y 3Cat, estrenó una de las series de animación que mejor reflejaba la vida de un niño que se enfrentaba a realidades cotidianas y el descubrimiento del primer amor. Samuel (RTVE Play, 2024) contaba la historia de un joven pero desde una perspectiva adulta, en un proyecto crossmedia que, por la corta duración de sus episodios, también se difundió a través de redes sociales. Casi como si se tratara de un proyecto hermano, se ha estrenado ahora Los bros (Arte, 2026), que comparte algunas características con aquella otra serie, especialmente por sus dibujos de trazo sencillo en blanco y negro, sin apenas una elaboración de fondos y la breve duración de sus episodios, que no sobrepasan los 5 minutos cada uno. Aunque en este caso nace de una forma diferente, siendo una especie de adaptación de la serie Les groos (Tik Tok, 2023), que ya había sido creada por el joven animador David Mirailles para redes sociales como Tik Tok e Instagram, donde publicó doce episodios de un minuto de duración en torno a la amistad de dos jóvenes, Sébastien y Adam, a través de pequeños sketches sobre sus vidas cotidianas en Toulouse. El título proviene de la manera en que se intercambian entre ellos el término "bro" casi al final de cada frase, una interjección cariñosa de amistad que en español se trata de un anglicismo que acorta la palabra "brother", procedente de la jerga coloquial en Estados Unidos. Aunque en francés se utiliza "gros", que literalmente se traduce como "gordo", y cuya etimología incluso fue objeto de debate hace algunos años entre los periódicos Liberation y Le Parisien, sobre si provenía del término "nigger" norteamericano o bien de la frase "gros bonnet", que significa "pez gordo, jefe de la mafia", que popularizó el grupo de rap 113 en su canción de 1999 "Ouais gros" (Le Parisien, 20/6/2019). De ahí que la serie tenga como título original en su versión francesa Les groos, tal como se publicó en redes sociales. Ahora convertida en una producción más ambiciosa, pero manteniendo las características de la serie original, los antecedentes de Los bros son parecidos a los de Samuel, en el sentido de contar una historia que proviene de los recuerdos de infancia o juventud de sus creadores, principalmente en los años noventa. De ahí que las referencias que se hacen sean de esa época, como en el episodio Dragones y mazmorras (T1E6), que les introduce dentro de este juego después de salir del trabajo. Casi como si fueran un negativo el uno del otro, Adam (pelo negro) es el más soñador, quiere ser actor de doblaje de anime, y tiene un aire más ingenuo, mientras que Sébastien (pelo blanco) trabaja como ingeniero robótico y es más tranquilo y reflexivo. David Mirailles ha comentado que el tipo de relación de amistad de los protagonistas se parece mucho a la que tiene él mismo dentro de su círculo de amigos, mucho más cercana que otra clase de relaciones que se establecen sobre cierta incomunicación o falta de sinceridad. Pero también apunta que hay una descripción de este tipo de relaciones masculinas que no se ajusta exactamente a lo que pretende: "Algunos han calificado la serie como un "bromance", pero creo que a veces este término se utiliza de forma despectiva, que le quita valor a la amistad real entre los dos jóvenes", comentaba en Télérama. La historia comienza en Mohoso, pero seductor (T1E1) cuando Seb y Adam se mudan a un piso para vivir juntos, un espacio pequeño pero que ellos pretenden convertir en un lugar acogedor para ellos y sus amigos, aunque incluso llevan a cabo una especie de ceremonia de exorcismo en Polterbros (T1E2) porque Adam está convencido de que los extraños ruidos que se escuchan solo se explican porque el piso está embrujado. 

Ambientada entre finales de los 90 y principios de los 2000, la serie acompaña a estos dos mejores amigos en algunas de sus vivencias cotidianas, en las que las celebraciones son habituales. A lo largo de la temporada hay tres episodios dedicados a encuentros festivos: La fiesta de inauguración (T1E3), en la que celebran haber conseguido su nuevo piso, después de haber roto su embrujamiento aparentemente, y los dos últimos que dividen en dos la historia titulada La fiesta (T1E11-12), que transcurre durante una fiesta de la empresa en la que trabaja Seb, a la que invita a Adam, pero en un momento en el que la relación se encuentra en un proceso de distanciamiento. A pesar de algunas tensiones o discusiones que provoca la convivencia, Los bros ofrece una mirada amable a la amistad entre los dos protagonistas, que siempre están disponibles para ayudar al otro, como cuando Seb prepara su examen de prácticas para el carnet de conducir y Adam se ofrece como un instructor improvisado en Broutoescuela (T1E5), o cuando se tornan las posiciones y es Seb quien entrena a Adam como si fuera un boxeador cuando éste tiene que acudir a una importante audición para ser doblador en Brocky (T1E9). También aparecen otros personajes de su entorno como Léna, el amor platónico de la infancia de Adam, a la que éste quiere preparar una cena especial gourmet en ¡Sí, chef! (T1E7). Con sus trazos sencillos, la animación 2D formada por líneas básicas que conforman la silueta de los personajes funciona con la suficiente agilidad como para que se mantenga un ritmo permanente que en los escasos minutos que proponen pequeños apuntes en torno a la vida de los protagonistas, con los que consigue una identificación con la memoria del espectador sobre esas amistades que en la juventud parecían inseparables. Los guiones escritos por David Mirailles junto a Emma Domínguez y Gabrielle D'Andrimont, a veces se apartan de la cotidianidad para plantear situaciones más surrealistas, como cuando en El vecino (T1E8) Adam y Seb investigan a un vecino sospechoso del que piensan que puede ser un asesino en serie. Esa época de emancipación familiar, en la que Seb y Adam descubren que pueden compartir todo tipo de experiencias, pero también de sentimientos que les separan, porque ambos están interesados en Léna, conforma una delicada y a veces bastante tierna reflexión sobre las relaciones masculinas. A través de sus doce escenas de cotidianidad que están envueltas de una cierta ligereza amable, Los Bros tiene esa capacidad especial para ser entretenida y vibrante, una visión sobre la amistad entre dos jóvenes que no tiene segundas lecturas, sino que la describe a través de la honestidad de una relación que se basa en compartir y convivir. 

Por cuatro perras
  ★★★★☆ 
Netflix, 27 de mayo 
Italia 2026 - 8x30'
Creada por Zerocalcare 
Dirigida por Zerocalcare

Aunque no es exactamente el dibujante de cómics más vendido en Italia (Alessandro Perugini, también conocido como Pera Toons, ha vendido más de 300.000 copias de su última publicación, enfocada sobre todo a lectores infantiles), lo cierto es que Zerocalcare, seudónimo de Michele Rech (1983, Italia), consiguió algo insólito durante la presentación del que parece el último capítulo de su trilogía de series producida para Netflix. Con el ventajoso respaldo de la plataforma norteamericana, el pasado 24 de mayo se proyectaron los primeros episodios en el Circo Máximo de Roma, reuniendo a más de 10.000 espectadores para asistir a un evento que nunca había tenido como protagonista a un dibujante. Esto refleja la popularidad de este autor en Italia, extendida de manera más limitada al resto del mundo a través de las adaptaciones de sus cómics que comenzaron en Cortar por la línea de puntos (Netflix, 2021), continuando con Este mundo no me hará mala persona (Netflix, 2023), y que podría cerrarse completamente con Por cuatro perras (Netflix, 2026), su última propuesta, en la que su alter ego protagonista, Zero, ya tiene 42 años y comparte el éxito que ha cosechado el dibujante con sus series (hay muchas referencias a Netflix en esta historia). A pesar de no haber encontrado pareja y seguir viviendo en el barrio de Rebibbia, en la periferia del noreste de Roma, la situación del protagonista ha mejorado gracias a las series que ha producido para Netflix, pero su círculo de amigos sigue siendo el mismo, aunque en el episodio Como cometas (T1E8) él mismo se queja de que el éxito le ha hecho distanciarse de sus mejores amigos, como Secco, quien regresa solo en algunos momentos a la serie. Por cuatro perras está enfocada principalmente en la generación millennial, y las referencias cinematográficas o culturales pasan inevitablemente por los grandes símbolos de los años ochenta, desde el cine hasta literatura, desde La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977) hasta Yo, Christiane F. (1978), de los periodistas Kai Hermann y Horst Rieck. Pero aunque el tono y el ritmo permanente marcado por las continuas derivaciones de la narración del propio Zerocalcare hacia sus pensamientos, son parecidos a los de las dos series anteriores, ésta aborda algunos temas más maduros, como la muerte, o problemas sociales como la violencia doméstica, que está representada desde el maltrato físico que sufre Smeralda, en una relación en la que ella ha acabado normalizando las palizas, hasta la violencia verbal de Sarah con su pareja, que la hace replantearse la relación. Aunque esta nueva miniserie pueda parecer más depresiva, tratando temas como el distanciamiento o las relaciones tóxicas, Cuatro perras mantiene el tono humorístico y las disquisiciones que se plantea el propio protagonista cuando habla de sus emociones, no solo a través de sus conversaciones con Armadillo que lo acompaña constantemente. Al comienzo de esta historia, Zero comparte el negocio de un bar sin apenas clientes con su amigo Jabalí, quien acaba metido en una deuda que le obliga a pedir ayuda. En cierto modo, se sienten más adultas las problemáticas que plantea esta serie, y eso la convierte en una propuesta que avanza en la construcción de unos personajes a los que hemos acompañado a lo largo de otras dos historias. Hay una cierta sensación de estrechez económica y social que permanece respecto a las anteriores, pero quizás los temas que se tratan en ésta la convierten en una obra más consistente, más reflexiva desde la mirada de los cuarenta a través de una vida que se siente imperfecta a pesar del éxito conseguido. Pero si en Este mundo no me hará mala persona abordaba el auge de la ultraderecha cuando Giorgia Meloni acababa de llegar a la presidencia del gobierno italiano, en cierta manera los problemas que se plantean en Cuatro perras son más cotidianos y más personales. 

Cuando Sarah pide a Zero que acoja en su casa a su amiga Smeralda, que fue su novia en la juventud, él no espera que se trate de una situación de maltrato hasta que en el episodio El daño causado (T1E3) ella misma se lo confiesa. Esto se convertirá en un problema para el propio Zero al descubrir que el novio maltratador es Paturnia, un viejo distribuidor de droga local con una actitud permanentemente amenazadora. El personaje apareció en la novela gráfica Esqueletos (2022. Ed. Reservoir Books), que se puede considerar un referente y al mismo tiempo una consecuencia de las series creadas por Zerocalcare, en la que reflexionaba sobre "las expectativas del pasado en relación con la realidad del presente". En cierta manera, Cuatro perras podría compartir esta definición como una interpretación de cuál es el destino vital de los personajes en un mundo en el que todo parece más difícil de lo que debería ser. Hay incluso una violencia explícita en algunos episodios, pero las reflexiones del protagonista nos llevan siempre hacia una salida, aunque sea a través de la imaginación, que de alguna manera consigue suavizar el efecto dramático de algunas situaciones. Para algunos seguidores de la obra de Zerocalcare, esta última serie se enfoca demasiado en problemas concretos y ha decepcionado por ser menos despreocupada que las otras. Pero al abordar algunos temas especialmente sensibles parece claro que la mirada debe ser más seria, incluso cuando el mismo Zerocalcare, que pone voz a varios de los personajes, afirma en la narración que "no es momento para poner voces" ante la realidad dramática que está describiendo. Personalmente, nos parece la obra más sólida de Zerocalcare, no solo en la construcción de una narrativa en la que él ejerce como director, aunque la dirección técnica de la animación corre a cargo de Giorgio Scorza y Davide Rosio, responsables de DogHead Animation, sino también en la traslación de unos personajes que han madurado, acercándose a la edad de su autor. Y cuyas historias han adquirido ese tono de desencanto que, inevitablemente, crece con el paso de los años: una desilusión que incluso a través de la animación y de los trazos sencillos de los dibujos y las soluciones creativas de sus mundos imaginarios, acaban sacudidos por la dureza de una realidad compleja.

Cape Fear
  ★★★☆☆ 
Apple tv, 5 de junio-31 de julio 
Estados Unidos 2026 - 10x50'
Creada por Nick Antosca
Dirigida por Morten Tyldum, S.J. Clarkson, Amanda Marsalis, Reed Morano, Steven Piet, Trey Edward Shults, Jon S. Baird, Stephen Williams, Jonathan van Tulleken

Una de las novelas más populares de John D. MacDonald (1961, Pensilvania-1986, Wisconsin) fue la inquietante El cabo del miedo (The executioners) (1957, Ed. Debolsillo), una historia de venganza en la que casi nadie era realmente inocente, sobre un violador que acaba de salir de la cárcel y trata de convertir en un infierno la vida del hombre que testificó en su contra. La versión cinematográfica que se estrenó poco tiempo después, El cabo del terror (J. Lee Thompson, 1962), modificaba al personaje del testigo para convertirlo en un abogado (Gregory Peck), que contribuyó al encarcelamiento de Max Cady (Robert Mitchum), y ofrecía un retrato inquietante de un depredador sexual que gozaba de impunidad a pesar de acosar constantemente a la familia del protagonista. Con una reconocida deuda hacia el cine de Alfred Hitchcock, el director J. Lee Thompson adopta una planificación que reproduce el estilo del realizador británico dos años después de su gran éxito Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), y contó con algunos de sus colaboradores, como el montador George Tomasini y el compositor Bernard Herrmann. Años después, El cabo del miedo (Martin Scorsese, 1991) fue la oportunidad de recuperar una historia que originalmente iba a dirigir Steven Spielberg; pero éste la encontró demasiado violenta y acabó intercambiando la dirección de La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993), que había sido encargada originalmente a Martin Scorsese. Esta versión mantenía la premisa de la historia, ahora trasladando los componentes subyacentes que ofrecía la novela y la película anterior a los años noventa, un contexto muy diferente al original, y asumía su condición de entretenimiento, pero reforzando los elementos de amenaza sexual que representaba Max Cady (Robert De Niro), especialmente en su acercamiento a Danielle (Juliette Lewis), la hija adolescente de la familia Bowden (Nick Nolte y Jessica Lange). También homenajeaba a la tenebrosa música de Bernard Herrmann para la versión de 1962 con una banda sonora en la que Elmer Bernstein la adaptó y modernizó para una orquesta más amplia en un trabajo menos elemental de lo que pudiera parecer. La última versión de la novela de John D. MacDonald, que desde los créditos también se reconoce a sí misma como deudora de las dos películas, es la miniserie Cape Fear (Apple tv, 2026) que, de entrada, propone algunas obviedades, como usar también el tema principal de Bernard Herrmann como un leitmotiv permanente que provoca inquietud. Lo que es una lástima, porque cuando el compositor Jeff Russo consigue desembarazarse de la influencia de aquella, elabora algunas composiciones sinfónicas de suspense muy interesantes, evocando a Bernard Herrmann, pero sin copiarle. La otra obviedad es la de hacer referencia continuamente al estilo que Martin Scorsese adoptó en su versión de 1991, con una planificación, movimientos de cámara y recursos visuales como la imagen en negativo, que Morten Tyldun, el director que establece el estilo de la serie en el episodio Manos y pies (T1E1), se esfuerza en reproducir. Pero nos encontramos ante una ampliación de diez horas de una historia que se contó anteriormente en 128 minutos, por lo que el trabajo de Nick Antosca (1983, Estados Unidos), que fue co-guionista de la tercera temporada de Hannibal (Filmin, 2013-2015) y posteriormente ha entregado como creador series tan interesantes como The act (Hulu, 2019), Nuevo sabor a cereza (Netflix, 2021) y A friend of a family (SkyShowtime, 2022), ha consistido en estirar la historia con subtramas para todos los personajes principales y la introducción de algunos nuevos. La inquietante escena en una sala de cine es una de las referencias a la película, pero la protagoniza esta vez Nevaeh (Malia Pyles) una de las nuevas incorporaciones a la historia, que parece solo un dispositivo para elaborar el acercamiento a los hijos del matrimonio y trasladar la tensión sexual de una forma que no resulte tan incómoda como en la historia original. La serie trata de recordar al espectador que es consciente de que se desarrolla en la actualidad, y por eso se abordan temas como la obsesión por los true crimes, la inteligencia artificial o el catfishing, pero solo de manera superficial. Por el contrario, la perspectiva actual procede de lo que elimina, no de lo que añade, y el personaje de Max Cady (Javier Bardem) ya no ha sido condenado por agresión sexual, sino por un asesinato del que es exonerado cuando aparece una confesión. Pero esto difumina el componente incómodo que pudiera provocar su relación cercana con Natalie (Lily Collias), la hija de la abogada Anna Bowden (Amy Adams) y el fiscal Tom Bowden (Patrick Wilson), especialmente desarrollada en un viaje a los orígenes de Max Cady en Mestizo (T1E7), con una de las apariciones especiales de la serie. También se introduce otro personaje nuevo, el hijo adolescente Zach (Joe Anders), un joven con problemas psicológicos que parece desconectado de su familia. La pregunta que surge es si todos estos elementos sirven para amplificar los efectos perturbadores de la historia, y la respuesta es que, desafortunadamente, en ningún caso. 

A Max Cady se le ha incorporado un origen cubano, quizás para justificar el posible acento del actor español Javier Bardem quien, sin embargo, tiene la capacidad de construir un personaje que se distancia de sus predecesores, Robert Mitchum y Robert De Niro. Con un cierto aire histriónico, sin embargo es capaz de frenar en los momentos adecuados, como en el famoso discurso que ofrece en un acto protagonizado por Anna Bowden. Pero, al eliminar el componente sexual de su condena, también se le arrebata buena parte del desasosiego que provocaba en las películas, siendo ahora simplemente un psicópata que podría haber sido condenado injustamente por una decisión tomada en el pasado por Anna y Tom. Su obsesión por destruir todo lo que han conseguido alcanza el clímax en el episodio Los tiempos de Dios son perfectos (T1E8), una frase en español que dice Max Cady a Anna Bowden para demostrar que la paciencia de la espera en prisión hasta consumar su venganza ha merecido la pena. También se introduce un elemento distorsionador que proviene del violento comienzo del episodio ¿Por qué iba a querer haceros daño? (T1E2), que retrocede siete años para mostrarle en prisión, un flashback en blanco y negro (conectando con la primera versión de la historia) para explicar sus motivaciones. Pero estos añadidos, incluso la presencia de algunos intérpretes de la película de 1991, como hizo Martin Scorsese incorporando a algunos actores de la versión de 1962, no terminan de construir un personaje lo suficientemente robusto como para provocar la inquietud necesaria, y los temas incorporados sobre los traumas generacionales son tan obvios que sostienen con dificultad parte de la historia. Repitiendo la fórmula de Presunto inocente (Apple tv, 2024), la plataforma de Apple se incorpora a la tendencia de reinterpretar largometrajes en formato de series, pero la sensación de que, en vez de profundizar en los personajes o darles una nueva dimensión, lo que se consigue simplemente es alargar la historia sin demasiada consistencia, es más evidente en Cape Fear, un thriller de serie B que trata de disfrazarse bajo una envoltura visual impactante, para ofrecer una relectura cargada de tópicos que se esconden bajo un ritmo trepidante. Al menos es una apuesta ambiciosa, con guionistas veteranos que han dado forma a la historia, como el matrimonio André y Maria Jacquemetton, escritores de las primeras temporadas de Mad men (Disney+, 2007-2015), y nueve directores de prestigio, como Amanda Marsalis, Reed Morano, Trey Edward Shults o Jonathan van Tulleken. La tensión crece de forma efectiva, pero esa sensación de que ni siquiera el propio hogar es un lugar seguro vuelve a utilizar recursos evidentes con una cercanía física del antagonista en el episodio Fe (T1E5). Todo resulta algo tosco en esta versión, aunque se envuelva en cierta elegancia y en el retrato de los protagonistas se introduzca una cierta ambigüedad sobre sus decisiones del pasado, que se van revelando conforme se desarrolla la historia: "¿Alguna vez te has parado a pensar si merecemos todo esto?", pregunta Anna a su marido. Si Cape Fear propone alguna reflexión sobre nuestra sociedad actual es algo que no hemos captado en los ocho episodios que se han puesto a disposición de la prensa, pero al menos consigue ser entretenida gracias a un reparto que se entrega a sus personajes. Y desde su intención de presentarse como una obra ampulosa y contundente a través de sus giros de guión, sus movimientos de cámara y el excelente trabajo musical de Jeff Russo, al menos ofrece la superficie de un espectáculo, aunque debajo no haya nada consistente. 

Dear England
  ★★★★☆ 
Movistar Plus, 5-12 de junio 
Reino Unido 2026 - 4x50'
Creada por James Graham sobre su obra de teatro
Dirigida por Rupert Goold, Paul Whittington

Siguiendo la trayectoria de James Graham (1982, Reino Unido), tanto en teatro como en televisión, se puede entender por qué su última serie, basada en su propia obra teatral, no es solamente una historia centrada en el mundo de fútbol, aunque tenga como protagonista al entrenador del equipo nacional inglés. Desde Quiz, el escándalo de ¿Quién quiere ser millonario? (ITV, 2020) hasta Brian y Maggie (Channel 4, 2025), pasando por el telefilm Brexit: Una guerra incivil (Toby Haynes, 2019) o Sherwood (Filmin, 2022-2024), sus historias siempre han hablado de algo más allá de los acontecimientos que describen, abordando aspectos de la sociedad británica, y a veces la norteamericana como en la premonitoria obra Best of enemies (2021). Los vaivenes de la política, las consecuencias del desmantelamiento económico de Margaret Thatcher y, posteriormente, del Brexit, la corrupción, el rencor de tiempos pasados y la identidad nacional se han convertido en elementos protagonistas a través de su descripción de un concurso amañado, de una consulta electoral fraudulenta, de una entrevista inesperada o de unos asesinatos en un pequeño pueblo donde pesa todavía el recuerdo de la desindustrialización. Cuando estrenó la obra teatral Dear England (2023) en el National Theatre, también utilizó el fútbol para hablar de Inglaterra y su identidad. La trayectoria del ex-jugador Gareth Southgate (Joseph Fiennes) como entrenador del equipo nacional sirve para trazar un retrato de los sentimientos contradictorios que se forjaron con las sucesivas derrotas en competiciones internacionales, que en la propia trayectoria del entrenador se extiende hasta la Eurocopa de 1996, cuando falló un penalti decisivo como jugador. El país en el que se redactaron las primeras reglas oficiales del fútbol en 1863 se enfrentaba a un sentimiento de decepción cuando en las semifinales del Mundial de 2018 fue humillado por Croacia, y entonces apareció el nombre de Gareth Southgate como un entrenador de transición cuyos métodos cambiaron la forma de entender el vestuario, atendiendo a la psicología de los jugadores, tratando de encontrar un punto de equilibrio que eliminara la sensación de que jugar en el equipo nacional era una condena en vez de un privilegio. Pero lo interesante para los espectadores no aficionados al fútbol es que Dear England (Movistar Plus, 2026) no es la historia de un ganador, sino todo lo contrario. A pesar de devolver la ilusión y el orgullo nacional representado en el campo de fútbol, lo cierto es que la etapa de Gareth Southgate, sus buenas maneras y su novedosa aproximación a los entrenamientos, tampoco proporcionaron títulos: llegaron las derrotas de la final de la Eurocopa 2020, disputada en 2021, en la tanda de penaltis, una de las espadas de Damocles del equipo inglés, y finalmente la que sufrieron ante España en la Eurocopa de 2024, en el Estadio Olímpico de Berlín que provocó la dimisión de Gareth Southgate. Como una de las ironías de esa identidad quebrada, el tesoro nacional del fútbol inglés acabó siendo gestionado por un entrenador alemán, Thomas Tuchel, actualmente en activo hasta que termine el Mundial 2026. La obra teatral fue un gran éxito en el National Theatre hasta que pasó a los escenarios del West End y posteriormente inició el habitual tour por Gran Bretaña, que ha permanecido en cartel hasta 2025. Ganadora del premio Olivier a la Mejor Obra teatral nueva y al Mejor Actor secundario para Will Close que interpretaba al jugador Harry Kane, las críticas alabaron el trabajo de Joseph Fiennes incorporando los gestos y las características del entrenador. Pero sobre todo destacó por una escenografía impactante que convertía el escenario en un círculo movible que recordaba a la arena de los gladiadores, un trabajo de luces espectacular para reproducir los momentos destacados de los partidos y, sobre todo, un diseño audiovisual que mostraba en pantallas los resultados y algunos acontecimientos importantes que sucedían fuera del terreno de juego. La adaptación en formato de serie recupera algunas de esas características, como la representación de los partidos mezclando imágenes de archivo y una puesta en escena con un fondo negro neutro, una referencia a la extraordinaria escenografía de la obra. Y funciona particularmente bien, con un primer episodio cargado de ritmo que está dirigido por Rupert Goold, el director original de la obra teatral. 

Lo más interesante de Dear England, sin embargo, es lo que representa la nueva forma de enfrentarse al vestuario que introdujo Gareth Southgate, empezando por una planificación que no buscaba las victorias inmediatas, sino que trataba de construir un camino hacia el éxito a largo plazo, eliminando el peso de la responsabilidad fugaz para seguir una trayectoria común. La incorporación de la psicóloga Pippa Grange (Jodie Whittaker) para llevar a cabo un permanente seguimiento de las preocupaciones de los jugadores es una estrategia adoptada por muchos equipos de fútbol en la actualidad, y a través de ella se introducen temas como el liderazgo, la presión social o la mayor exigencia al trabajo para una mujer en medio de esa masculinidad tóxica que se desprende de los vestuarios de un equipo de fútbol que representa a todo un país. El retrato de Inglaterra como una nación profundamente dañada a través del fútbol también proviene de los acontecimientos externos que se permean dentro del terreno de juego: el racismo, las críticas a la inclusividad, la homosexualidad, las consecuencias del coronavirus y la de otro virus mucho más dañino: Boris Johnson, cuyo mandato recuperó los peores recuerdos del gobierno de Margaret Thatcher y sembró las semillas para que incluso las políticas laboristas parezcan más conservadoras en la actualidad. Dear England no solo se acerca a la trayectoria de Gareth Southgate como entrenador, sino que retrata el período más reciente de un país, progresivamente divisivo, a través de la representación de un entorno deportivo creado por el entrenador que es completamente opuesto, principalmente unificador. Y ese contraste entre lo que ocurre fuera de la selección y lo que pasa dentro es una de las grandes virtudes de una historia que va más allá de su mirada al mundo del fútbol. La ambigüedad que propone un guión centrado en los tropiezos deportivos del equipo frente a la ejemplaridad que promueven los jugadores (Marcus Rashford (Edem-Ita Duke) inició una campaña de recogida de alimentos) introduce un elemento de interés en la historia. Desde el punto de vista futbolístico, se pueden encontrar matices en las representaciones de los jugadores que marcaron una etapa: Harry Kane (Will Antenbring), Bukayo Saka (Abdul Sessay) o Harry Maguire (Adam Hugill) ofrecen retratos más o menos acertados. E incluso, como apuntaba la crítica del periódico irlandés The Irish Times, para muchos espectadores la serie será interesante solo "por el mero placer de presenciar la derrota de Inglaterra, no una ni dos, sino tres veces". El primer episodio dirigido por Rupert Goold apunta un ritmo permanente que es continuado por Paul Whittington en los tres siguientes, aunque la serie pierde algo de impacto en la segunda mitad, y permanece una estructura algo teatral, envolviéndose en escenarios que permiten la introducción de muchos monólogos de Gareth Southgate, perfectamente interpretado por Joseph Fiennes. Pero el creador James Graham tiene una especial capacidad para hacer que el deporte más popular del mundo sea accesible incluso para aquellos espectadores que no lo siguen, mirándolo como un efecto del orgullo nacional, aunque los resultados no acaben acompañando a ese sentimiento. 

El vampiro Lestat
  ★★★★☆ 
AMC+, 8 de junio-20 de julio 
Estados Unidos 2026 - 7x45'
Creada por Rolin Jones sobre las novelas de Anne Rice
Dirigida por Craig Zisk, Claudia Llosa, Alan Taylor

De todas las adaptaciones que ha venido haciendo AMC del universo de Anne Rice (1941, Luisiana-2021, California), desde la endeble Las brujas de Mayfair (AMC+, 2023-) hasta la ya cancelada Talamasca: La orden secreta (AMC+, 2025), se podría decir que la que elabora un desarrollo más consistente es Entrevista con el vampiro (AMC+, 2022-), con un nivel de producción ambicioso y una capacidad de los guionistas encabezados por el showrunner Rolin Jones (1972, California) para jugar con la narrativa y las referencias cinematográficas y literarias constantemente. Esperemos que en este caótico mundo audiovisual de idas y venidas de los autores, AMC le permita completar este apasionante acercamiento a la historia de Lestat y Louis hasta un desenlace cerrado. Por el momento, la tercera temporada modifica el tono de la serie e incluso su título hasta el punto de parecer realmente un spin-off más que una nueva temporada, presentándose como El vampiro Lestat (AMC+, 2026) y basándose directamente en el segundo libro de las Crónicas vampíricas, que en España se editó como Lestat, el vampiro (1985, Ed. Ediciones B), una especie de punto y aparte que sigue la experiencia de Lestat (Sam Reid) convertido en una estrella de rock, y que ahora está narrada desde su propio punto de vista. Como en las dos temporadas anteriores se tomaron elementos de varios libros, la serie tiene su propia narrativa, y esta nueva historia se desarrolla poco después de que el periodista Daniel Molloy (Eric Bogosian) haya publicado su entrevista con Louis (Jacob Anderson), cuya descripción de la relación entre ambos vampiros no agrada demasiado al ególatra Lestat, que se ve reflejado como "un villano de mayonesa con tendencias psicóticas" como describe con sus propias palabras en el episodio Toledo (T3E2). De manera que decide contratar al propio Daniel Molloy para que realice un documental sobre la gira musical de su nuevo grupo, lo que permite al director de los primeros episodios, Craig Zisk (1965, California), que se incorporó en la segunda temporada, introducir imágenes en blanco y negro en un formato diferente que muestran la textura del documental. El comienzo de El vampiro Lestat sienta las bases de una narrativa que es mucho más caótica, en el buen sentido de la palabra, pero que también tiene un tono referencial y a veces satírico hacia los documentales sobre músicos que están controlados por sus protagonistas para ofrecer la imagen que ellos quieren representar. Una mezcla tan recargada y subrayada por la narración dispersa de Lestat que modifica la propuesta de romanticismo oscuro que tenía la serie, pero no lo hace para perjudicarla, sino para reforzarla. Cuando el espectador se ha acostumbrado a este caos controlado, la historia se equilibra e incluso introduce un flashback en torno a la familia aristocrática de Lestat en Auvernia (Francia) en el siglo XVIII, cuando no solo las protestas de la Revolución Francesa amenazaban a la aristocrática familia Lioncourt, sino también una manada de lobos hambrientos, para explicar cómo se convirtió en vampiro y, sobre todo, reflejar el origen de su actual relación, más que incestuosa, con su madre Gabriella Vecchi (Jennifer Ehle): "Había solo ocho personas en el Arca. Noé, su esposa, sus tres hijos y las tres esposas de éstos: ocho personas. Y ahora, por alguna razón, somos ocho mil millones. En algún punto de tu privilegiado árbol genealógico está lo que estamos discutiendo ahora. Y las relaciones incestuosas no eran un crimen aislado en el siglo XVIII", dice el propio Lestat, quien reconoce que puede que introduzca algunas digresiones en el relato para hacerlo más interesante. En realidad, la historia es un largo flashback que proviene de una colección de grabaciones que forman parte de un proyecto musical significativamente titulado "The Failures" (Los Fracasos), que vemos subastarse al principio del episodio Detroit (T1E1), después de un acontecimiento que los lectores de los libros sin duda conocerán pero que, por el momento, permanece como un misterio para los espectadores de la serie, que introduce una colaboración con la voz del gran director canadiense Guy Maddin, director de la peculiar versión dancística Dracula: Pages From a Virgin's Diary (2002), como presentador de las grabaciones The Failures. 

La inteligencia del desarrollo de esta temporada es que los guionistas han encontrado en el nuevo punto de vista y la gira del grupo The Vampire Lestat una justificación para cambiar de registro y moverse cómodamente por el camino de la comedia musical extravagante, a veces muy divertida, como cuando en el episodio Detroit (T1E1) Lestat se confronta con el estilo de un grupo musical que ensaya todas las noches cerca de su casa: "¡No estamos en 1979! Bela Lugosi no está muerto. No hace falta que magreéis tanto la guitarra", en referencia a la canción "Bela Lugosi's dead" que publicó el grupo Bauhaus en 1979 y que más tarde formaría parte de la película El ansia (Tony Scott, 1983). Aprovechando que Lestat nunca es un narrador confiable y que su relato es menos equilibrado cronológicamente que el de Louis, aunque también en la entrevista con Daniel Molloy mezclaba acontecimientos de diferentes épocas, ahora la serie se permite un juego visual mucho más elaborado, que al principio puede parecer demasiado confuso pero que va adquiriendo sentido en los siguientes episodios. Y con la colaboración musical de Daniel Hart (1976, Kansas), que ya ofreció excelentes bandas sonoras sinfónico-románticas en las anteriores temporadas, ahora tiene la posibilidad de crear canciones con un estilo rock-punk en las que Lestat habla sobre su condición de vampiro, y que se han ido publicando en las plataformas musicales como elemento de promoción de la serie (hasta la fecha hay cinco canciones disponibles), como "Fall down" con la que se inicia cada episodio. Pero, como ocurría con el Théâtre des Vampires, los conciertos de The Vampire Lestat son también una excusa para exponerse y conseguir nuevos seguidores vampíricos sin levantar sospechas, una representación que oculta la realidad de las comunidades de vampiros que habitan el mundo, algunas no demasiado cómodas con el nivel de exposición que lleva a cabo Lestat. Al igual que en los libros de Anne Rice las narrativas se mezclaban para ofrecer diferentes versiones de los mismos acontecimientos, El vampiro Lestat también permite que se muestre la versión de Lestat de hechos pasados, como en el episodio Toronto (T1E3), dirigido por la cineasta peruana Claudia Llosa, afincada en Barcelona, que recupera el formato de entrevista para hablar sobre su relación con sus amantes, el violinista Nicolas de Lenfent (Joseph Potter) y Armand (Assad Zaman), durante el Théâtre des Vampires. Esta posibilidad refuerza la narración a través de una perspectiva que, sin modificar sustancialmente los acontecimientos, ofrece una mirada diferente en algunos momentos. La habilidad de Rolan Jones para mantenerse fiel a las novelas pero al mismo tiempo introducir cambios de escenarios o diferente orden en los acontecimientos, es lo más sobresaliente de su inteligente adaptación. Y el equipo de guionistas ofrece algunas frases impagables, como cuando Daniel Molloy se disculpa con Louis por la publicación del libro sin su consentimiento: "No puedo volar ni prender fuego. El único poder que tengo es que me cuelgan los huevos. Necesitaba algo así". Y el retrato que hace Sam Reid, poco después de terminar su participación en la última temporada de The Newsreader (Netflix, 2021-2025), mezcla con acierto la extravagancia de un músico de rock con la ambigüedad seductora de un vampiro centenario y la pasión agonizante de una relación amorosa marcada por el dolor y el rencor. A pesar de que cuente acontecimientos que pueden ser conocidos por los libros, hay giros sorprendentes en El vampiro Lestat que resultan tan desgarradores como en Montreal (T1E6). Aunque cada episodio se nombra como una de las ciudades por las que pasa la gira del grupo The Vampire Lestat, desde Detroit (T1E1) hasta Toronto (T1E3) o New York (T1E5), también hay algunos desvíos sinuosos, como The Devil's Road (T1E4). El terreno preparado para esta nueva incursión en las Crónicas vampíricas ofrece lo que esperan los aficionados y va incluso más allá, regalando momentos tan impactantes como en las temporadas anteriores, y manteniendo el toque genuino de una de las mejores series de los últimos años. 

Orgullo
  ★★★★☆ 
HBO Max, 12 de junio-24 de julio 
Polonia 2026 - 8x35'
Creada por Karol Klementewicz, Monika Pęcikiewicz
Dirigida por Karol Klementewicz
Séries Mania '26: Gran Premio Mejor Serie, Mejor Actor (Ignacy Liss)

A pesar de que el productor y responsable de contenidos de HBO Polonia, Bogumił Lipski, destacaba en la rueda de prensa del festival Séries Mania que, aunque se trata de una historia protagonizada por un joven homosexual, la serie no tiene una intención de adoctrinamiento, sino que se plantea una situación para que el espectador haga su propia reflexión, parece claro que Orgullo (HBO Max, 2026) es una propuesta arriesgada dentro del contexto de un país como Polonia con una evidente cultura homófoba, especialmente desde las instituciones públicas. Lo que resulta aún más significativo cuando tenía previsto estrenarse a finales de año y se ha adelantado al mes de la reivindicación de la comunidad LGBT en todo el mundo. La serie comienza retratando a su protagonista Filip (Ignacy Liss) con ciertos estereotipos de una homosexualidad entregada al sexo fácil, los encuentros casuales en bares de ambiente y la participación en orgías que organiza incluso en la casa de su hermana Anka (Sylwia Boroń), con quien vive porque todavía no tiene un trabajo estable, solo participando como modelo en algunos reportajes y anuncios. Filip es un joven atractivo y egocéntrico, que se entrega a una vida de excesos sin demasiada planificación, pero cuyo mundo se derrumba cuando su hermana fallece repentinamente y debe ocuparse del cuidado de su sobrina Tosia, la bebé que ha quedado huérfana. Sin que el ex-novio de Anka y padre de la niña tenga la intención de ocuparse de ella, Filip toma la decisión de convertirse en un padre soltero, a pesar de su inexperiencia y de que la ley en Polonia prohíbe expresamente la adopción por parte de parejas homosexuales y especialmente de padres solteros gays: "Las estadísticas son claras. Pocos niños son adoptados por familias monoparentales. El año pasado, el éxito de las adopciones por hombres solteros fue cero. Y en tu caso, eres joven, soltero, sin un trabajo estable y tu orientación sexual no ayuda. Debes dejar de ser gay temporalmente. Los candidatos son evaluados por instituciones católicas", le dice un abogado en el Episodio 3 (T1E3). Pero Filip parece tener un sentimiento de protección hacia su sobrina (y de culpabilidad frente a la relación con su hermana), que le lleva a enfrentarse a esta paternidad que desconoce y a protagonizar una batallas judicial contra las instituciones polacas que discriminan claramente por razones de orientación sexual. El creador y director de la serie, Karol Klementewicz se ha basado en la experiencia de su hermano cuando fue padre hace tres años, introduciendo aspectos de su propia vida personal, pero destacando que no pretende escandalizar: "Es la historia de un joven homosexual que quiere adoptar un bebé, pero sobre todo es una historia familiar que pretende hacer reflexionar sobre la condición humana. No quiero cambiar la manera de pensar de nadie, sino establecer un espacio de debate que nos permita ampliar nuestra perspectiva a través de la historia de un joven que simplemente está luchando por su propia felicidad y por la felicidad de su sobrina". Sin embargo, lo cierto es que la serie sí que parece mostrar la vida lujuriosa de Filip como una faceta del personaje que supone un obstáculo para su condición de padre, una forma de comportamiento a la que debe renunciar para poder hacerse cargo del bebé. Orgullo, por tanto, no es una de las muestras más liberadoras en torno a la comunidad LGBT, y de hecho se podría considerar bastante conservadora en la representación de la homosexualidad, pero al menos ofrece una propuesta de reflexión sobre las instituciones polacas y su excesiva dependencia del poder católico, lo que ya es suficiente. Tanto, que la serie obtuvo el Gran Premio del festival de Séries Mania y el Premio de Interpretación para su protagonista, el popular actor Ignacy Liss, al que hemos visto en series como Despiértate (Netflix, 2021) y Todavía aquí (SkyShowtime, 2023). 

Orgullo a veces puede caer en cierto retrato estereotipado de la comunidad gay a través de la representación hedonista del protagonista, pero cuando se enfoca en los personajes es cuando realmente consigue una emoción más profunda. Con una estética que parece influida por Euphoria (HBO Max, 2019-), especialmente en el primer episodio, retrata con acierto a un joven que se empeña en abordar la paternidad a pesar de su amplio desconocimiento, y que acaba adoptando la postura fácil de ganarse la confianza de su círculo cercano para que se ocupe de Tosia mientras él trata de mantener algo de la vida que tenía antes, sin darse cuenta de que en realidad no está afrontando el problema. La personalidad despreocupada de Filip representa una personalidad que se esconde continuamente bajo diferentes máscaras, el culto al cuerpo y el sexo fácil. Pero es interesante la construcción de los personajes que rodean al protagonista, como Kiki (Maria Sobocińska), una amiga de su hermana, y Olek (Kamil Studnicki), el mejor amigo de Filip que en realidad está enamorado de él, y que asume el cuidado de la bebé con la percepción de que es lo más cercano a una vida en pareja que podrá alcanzar con él. Pero cuando se siente decepcionado por Filip, también es el único capaz de mostrarle la realidad: "Ella necesita un padre, no un tío borracho. Estás sobrepasado por Tosia, así que necesitas a alguien que cuide de ella, preferiblemente gratis. No encajas en la figura de un padre. Has hecho una buena acción y te sientes mejor, ahora vuelve a la normalidad y afronta la verdad". En su formato de episodios de 35 minutos, Orgullo tiene el soporte de unos buenos personajes y de una dirección que sabe cómo retratar sus emociones y sobre todo ofrecer una imagen de ellos desde el punto de vista humano. Puede que no plantee demasiados desafíos porque se produce dentro de una sociedad en la que el debate sobre la adopción monoparental gay, simplemente, no existe. Pero al menos puede plantear alguna reflexión dentro de un entorno en el que no hay un diálogo sobre determinados temas. La historia también se envuelve en la selección de una excelente banda sonora que incluye momentos especialmente emotivos, a través de la introducción de algunos referentes de la cultura LGBTQI+. La serie comienza con "Love tonight" del dúo australiano-neozelandés Shouse, pero sobre todo introduce al artista trans Kae Tempest (1985, Reino Unido), intérprete de spoken word, del que se incorpora su hermoso himno "Hold your own" (Mantente firme), incluido en su álbum The book of traps and lessons (2019, Republic Records), que enmarca el conmovedor final del Episodio 3 (T1E3): "La felicidad, la marca, no es felicidad. Somos más inteligentes de lo que creen que somos. Nos toman por idiotas, pero ese es su problema. Cuando nos comportamos como idiotas, se convierte en nuestro problema. Así que mantente firme. Respira hondo en una playa helada, saborea la sal de la amistad, observa el movimiento de un desconocido. Mantente firme". 

La otra hermana Bennet
  ★★★★☆ 
Movistar Plus, 16 de junio 
Reino Unido 2026 - 10x30'
Creada por Sarah Quintrell sobre la novela de Janice Hadlow
Dirigida por Jennifer Sheridan
Montecarlo TV '26: Oficial Ficción

Es difícil encontrar un acercamiento a la obra de Jane Austen que no parezca convencional o simplemente una mera copia de ella, y no citaremos una de las series de época que tanto éxito ha tenido en Netflix, pero la publicación del libro La otra hermana Bennet (2020, Ed. Libros de Seda), de la escritora Janice Hadlow (1957, Reino Unido), proponía un inteligente acercamiento a una de las hermanas de Orgullo y prejuicio (1813, Ed. Libros de Seda) que permanecía generalmente en una posición muy secundaria dentro de una historia principalmente protagonizada por Elizabeth. Surge así como una especie de spin-off apócrifo que en este caso se enfoca en Mary Bennet, una joven intelectual, aficionada a leer libros pero que carece del don social que tienen el resto de sus hermanas y el que le exige una sociedad en la que la posición de la mujer se reduce a conseguir el marido más económicamente apropiado. La adaptación en formato de serie, a cargo de la guionista Sarah Quintrell, co-creadora de la desapercibida El poder (Prime Video, 2023), convierte la historia en una deliciosa propuesta que reflexiona sobre la identidad y que reproduce las normas sociales que condenaban a la soltería y el distanciamiento a las mujeres que no cumplían con las características que se les asignaban. En este sentido, la miniserie La otra hermana Bennet (Movistar Plus, 2026) reproduce algunos de los acontecimientos que tienen lugar en la novela Orgullo y prejuicio, sobre todo en los dos primeros episodios, pero desde la perspectiva de Mary Bennet (Ella Bruccoleri), la hermana menos agraciada y con menor interés en encontrar marido de todas las que forman una familia encabezada por el matrimonio de Mrs. Bennet (Ruth Jones) y Mr. Bennet (Richard E. Grant), quienes han sufrido la restricción de una norma arcaica según la cual solamente un heredero masculino es digno de heredar la fortuna familiar, ya que ellos solo han tenido cinco hijas. Frente a la indiferencia del señor Bennet respecto a su herencia: "Yo ya estaré muerto", la búsqueda de maridos solventes se convierte en una obsesión para Mrs. Bennet. Pero Mary no posee las cualidades de sus hermanas: la belleza de Jane (Maddie Close), el ingenio de Elizabeth (Poppy Gilbert), que terminará casándose con Fitzwilliam Darcy, el buen humor de Kitty (Molly Wright) o el ímpetu de Lydia (Grace Hogg-Robinson), según las describe la narración de la propia Mary, quien no comparte ninguno de esos atributos que la hagan susceptible de contraer un matrimonio ventajoso. La llegada de la familia Bingley, que ha alquilado la mansión de Netherfield Park, con Charles Bingley (Aled Owen) como un soltero codiciado por las jóvenes aristocráticas, se convierte en un objetivo para las hermanas Bennet y especialmente para su madre. No se trata exactamente de que Mary Bennet no esté interesada en el matrimonio, y la serie la describe, especialmente en los primeros episodios, como una joven que tiene las mismas aspiraciones básicas que sus hermanas. Pero ella no encaja dentro de unas normas sociales que desde su perspectiva pierden su aparente elegancia y comienzan a mostrar sus fracturas. Solo el hecho de tener que llevar gafas la hacen, a ojos de su madre, poco atractiva para seducir a un hombre, y cuando se celebra un evento social, quedan establecidas las normas claramente: si repite baile con un mismo hombre tres veces, queda expuesto su interés en él, por lo que la señora Bennet prohíbe a Mary volver a bailar con el oculista John Sparrow (Aaron Gill), con el que parece estar divirtiéndose demasiado. 

En este cambio de perspectiva también se modifican algunos personajes, que desde la mirada de Mary ofrecen otra percepción, especialmente Lizzie, la protagonista de Orgullo y prejuicio, que sin embargo es retratada en esta historia como una joven engreída, mientras que la única hermana que realmente parece compartir cierta solidaridad con Mary es la hermana mayor Jane, que es quien la aconseja, aunque sea a través del filtro social con el que ha sido educada. Como si se tratara de un castigo por no aceptar el matrimonio con el aburrido Mr. Collins (Ryan Sampson), Mary es enviada a Londres para servir como niñera de sus tíos Mrs. Gardiner (Indira Varma) y Mr. Gardiner (Richard Coyle) pero éstos, al contrario que su familia más cercana, la reciben con los brazos abiertos y con la intención de que ella se introduzca en los ambientes sociales de Londres, algo menos estrictos que en Longbourne, dentro de sus propios términos. De manera que la historia de Mary Bennet no se limita a su relación con una madre cada vez más cruel, sino que se amplía hacia un camino de autodescubrimiento de las posibilidades que la protagonista puede alcanzar si reconoce sus propias virtudes. Incluso conoce a dos posibles pretendientes, aunque cada uno parece tener diferentes circunstancias que perjudican sus posibilidades: el encantador Tom Hayward, interpretado por Dónal Finn al que hemos visto recientemente como Moriarty en El joven Sherlock (Prime Video, 2026), que parece sentir una admiración profunda por los conocimientos de Mary pero también la introduce en las virtudes de la poesía, y el impredecible William Ryder (Maurie Davidson), abierto a la improvisación y asqueado de la sociedad aristocrática, como una representación de una personalidad libertina, que convierte en rival inesperada a la mezquina Caroline Bingley (Tanya Reynolds), a quien le falta tiempo para humillar a Mary Bennet cuando tiene ocasión, especialmente después de escucharla cantar, o algo parecido. Pero a pesar de estos hombres que se acercan a Mary por cualidades que no están consideradas femeninas, como el conocimiento o la curiosidad, la historia se centra sobre todo en una protagonista que consigue progresivamente descubrirse a sí misma, salir de la oscuridad de la indiferencia para tomar una posición que la define y la identifica como ella quiere. La otra hermana Bennet se convierte así en una serie deliciosa, divertida y al mismo tiempo con un tono equilibrado entre el drama de época tradicional y la mirada más mordaz, no solo hacia las normas de la sociedad británica del siglo XIX, sino hacia las estructuras narrativas de este tipo de historias que acaban cayendo en la banalidad de los estereotipos. Por el contrario, bajo la superficie de una comedia ligera, la serie plantea la visibilidad de un personaje que sale de la oscuridad para reivindicarse con sus propias características personales. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Un hombre lobo americano en Londres se puede ver en Lionsgate+.
El hombre elefante se puede ver en Filmin, Movistar Plus y Prime Video.
Minority report y Perseguido se pueden ver en HBO Max y Movistar Plus. 
El día después y 70 minutos para huir se pueden ver en Filmin. 
La guerra de las galaxias se puede ver en Disney+.
Brexit: Una guerra incivil se puede ver en Movistar Plus.