10 agosto, 2026

Las series más destacadas de 2026: Julio-Agosto

Los festivales de series y encuentros con el audiovisual ofrecen los primeros datos sobre sus programaciones. South International Series Festival, que se celebra por última vez en otoño, entre el 30 de octubre y el 4 de noviembre, antes de dar su salto a la primavera en 2027, añade al nombre del homenajeado guionista Ronan Bennett, la presencia de Isabel Coixet presentando su segunda incursión en las series, Alguien debería prohibir los domingos por la tarde (Sundance TV, 2026), que previamente se habrá presentado en el Festival de la Fiction del que solemos hacer una amplia cobertura. También se ha anunciado en Cádiz la presencia de algunos de los participantes en la sección Industria: Javier Ruiz Caldera, director de la próxima serie Operación Baby (Disney+, 2026), Pol Rodríguez, responsable de Ravalear (HBO Max, 2026) y Carlos del Hoyo e Irene Bohoyo, creadores de Cochinas (Prime Video, 2026). El festival Serielizados, que tendrá lugar entre el 19 y el 28 de octubre en Barcelona, también ha apuntado a su principal invitado, el guionista británico Steven Moffat, que estuvo en Séries Mania este año y tiene pendiente de estreno la comedia Number 10 (ITV, 2026). También se ha anunciado la inauguración del festival con la serie catalana In vitro (3Cat/HBO Max, 2026). El encuentro audiovisual Iberseries & Platino Industria, entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre en Madrid, tiene preparados los ponentes para sus paneles y conferencias, entre los que se encuentran Steve Matthews, jefe de contenidos de Banijay, el director Manuel Gómez Pereira, el productor Ramón Campos, el director general de Atresmedia José Antonio Antón, el director de coproducciones de France Télévision, Morad Koufane y el creador danés Jan Trygve Røyneland, que ha trabajado en series como Occupied (Prime Video, 2015-2019). Otro de los encuentros de los que tenmos crónicas es Seriedagene, que se celebra todos los años en Oslo, pero a partir de este año deja de ser una convocatoria independiente para incluir sus jornadas en la programación del festival de cine Oslo Pix, adelantando su celebración al 31 de agosto. Además de presentarse la producción noruega para la temporada, destaca la intervención de la realizadora sueca Isabella Eklöf, directora de episodios de Industry (HBO Max, 2020-2027) y de la miniserie La muerte de Bunny Munro (SkyShowtime, 2025). De todos estos encuentros y festivales ofreceremos crónicas y reportajes en los próximos meses. 

Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.

La agencia (Temp. 2) 
★★★★☆ 
SkyShowtime, 22 de junio-10 de agosto 
Estados Unidos 2026 - 10x45'
Creada por Jez Butterworth, John-Henry Butterworth
Dirigida por Neil Burger, Grant Heslov, Zetna Fuentes

Producida por George Clooney, la adaptación de la excelente serie de espías francesa Oficina de infiltrados (SkyShowtime, 2015-2020) tenía la dificultad de trasladar a los escenarios estadounidenses una historia que destacaba por el realismo del funcionamiento de la Dirección General de Seguridad Exterior de Francia (DGSE), subrayado por la propia participación de la DGS como asesora de la serie. En el caso de La Agencia (SkyShowtime, 2024-) no ha contado con la colaboración de la CIA, por lo que inevitablemente el retrato del funcionamiento en el complejo edificio donde se producen las decisiones relacionadas con el espionaje norteamericano en Europa como plataforma para las relaciones con Oriente Medio, tiene muchos más elementos de invención. Sin embargo, la serie consigue algo relativamente complicado: distanciarse del original al mismo tiempo que se mantiene cercana a su trama principal, especialmente la que está relacionada con el personaje de Martian (Michael Fassbender), un veterano agente que rompe con todos los protocolos de su profesión para tratar de rescatar a la mujer a la que ama pero con la que probablemente nunca podrá compartir una relación sentimental, Sami Zahir (Jodie Turner-Smith). Cuando la situación es especialmente complicada para ella, capturada en Jartum (Sudán), está incluso dispuesto a traicionar a su propio país convirtiéndose en agente doble para un grupo secreto del servicio de inteligencia británico liderado por James Richardson (Hugh Bonneville), como podíamos ver al final de la primera temporada. En la versión francesa, el protagonista Malotru (Mathieu Kassovitz) era reclutado, curiosamente, por la CIA para desvelarles información sobre las misiones de la DGSE. Y en esta segunda temporada se mantiene la trama horizontal de Martian estableciendo un doble intercambio de información, al igual que en la segunda temporada de la versión francesa, el jefe de la DGSE comenzaba a tener sospechas de que existía un topo en su organización, en este caso es el subdirector Henry Ogletree (Jeffrey Wright) quien se siente decepcionado por la actuación de Martian, que parece tener una barrera de contención en el director Bosko (Richard Gere), quien advierte a uno de sus agentes sobre la primera regla del espionaje: "Esconder los putos sentimientos", que es precisamente la que rompe Martian. Las subtramas protagonizadas por la agente de campo española Daniela Ruiz Morata (Saura Lightfoot-Leon) y el agente de oficina Owen Taylor (John Magaro) funcionan también como reflejos de la serie francesa, aunque la atención a los conflictos de Oriente Medio y la influencia del DAESH sean sustituidos por otro tipo de conflictos, en esta segunda temporada relacionados con el enriquecimiento de uranio de Irán, un tema en el que quizás no se hubiera entrado en la actualidad, porque a veces puede parecer que están dentro de la narrativa de justificación de los bombardeos unilaterales de Estados Unidos e Israel contra Irán. Aunque también ofrece alguna idea clarificadora: "En Irán todo es un ajedrez de nueve dimensiones. Como muevas la pieza equivocada, te la comen. Y ni siquiera sabrás quién ha sido", dice Naomi Ford (Katherine Waterston) en Sacrificio del rey (T2E10).

Los hermanos Jez Butterworth (1969, Inglaterra) y John-Henry Butterworth (1972, Inglaterra) han escrito juntos películas como Indiana Jones y el dial del destino (Steven Spielberg, 2023) y por separado el primero es el showrunner de la serie de Ronan Bennett Tierra de mafiosos (SkyShowtime, 2025-) y el segundo de Nueve perfectos extraños (Prime, 2021-), pero ambos parecen especialmente comprometidos con La agencia, un proyecto que han estado desarrollando durante los últimos años. Con un tono a veces muy diferente al de la serie francesa, consiguen sin embargo equilibrar la perspectiva psicológica del protagonista como un agente de inteligencia que toma la decisión de ser un traidor, al mismo tiempo que crean una red de misiones que funcionan como una estructura compleja a lo largo de la temporada, y que también implica a un misterioso personaje apodado Viking (Clayne Crawford). Lo más interesante de La agencia es que muestra a los agentes de inteligencia como personajes vulnerables que difícilmente pueden "esconder sus putos sentimientos": no lo consigue Martian respecto a Samia, pero tampoco lo consigue Daniela respecto al egocéntrico Hassan Zamani (Keanush Tafreshi), hijo de un alto funcionario iraní que ni siquiera se libra de las represalias de la Guardia Revolucionaria, pero ni siquiera el propio subdirector Henry Ogletree cuando inicia una persecución obsesiva para averiguar las posibles traiciones de Martian, movido más por un sentimiento de recriminación que por su aparente patriotismo. La tensión de la serie no está en las elaboradas escenas de acción, sino en la intensidad de los interrogatorios, como en esa conversación sobre las corridas de toros entre un agente de la Guardia Revolucionaria Islámica y Daniela, que se cierra con la sorprendente descripción que hace el agente iraní sobre su compromiso con su país: "Mi patriotismo es complicado", en el episodio Célula rebelde (T2E9). Cuando los hilos narrativos que ha ido construyendo parecen llegar a un punto de bloqueo, la madeja se desenreda para ofrecer nuevas perspectivas que revelan las posibilidades de una historia que en su segunda temporada consigue tener unos episodios finales tan sorprendentes como llenos de suspense. Pero si continúa siguiendo el desarrollo de la versión original francesa, cuyas cinco temporadas están disponibles en SkyShowtime, quedan algunos sorprendentes giros en esta excelente historia de espionaje.

Los del lado Oeste (The Westies) 
★★★★☆ 
MGM+, 12 de julio-23 de agosto 
Estados Unidos 2026 - 8x45'
Creada por Chris Brancato, Michael Panes
Dirigida por Alan Taylor, Chris Grismer

Chris Brancato (1962, Nueva Jersey) se dio a conocer especialmente con toda la franquicia que surgió con la serie Narcos (Netflix, 2015-2019), aunque había trabajado anteriormente en la producción y algunos guiones de Hannibal (Filmin, 2013-2015). Su especial interés por la mafia se ha ido extendiendo posteriormente en otras series que han abordado diferentes acercamientos al interior de los grupos mafiosos: la comunidad afroamericana que controlaba Harlem en El padrino de Harlem (MGM+, 2019-2026) durante los años sesenta y la que se formó alrededor de los exiliados cubanos en Miami en Hotel Cocaína (MGM+, 2024), durante los años ochenta, pero con resultados dispares: excelente en algunas temporadas de la primera y bastante mediocre en la segunda. Estas dos producciones forman parte del acuerdo que Chris Brancato firmó con Metro-Goldwyn-Mayer para desarrollar series para su plataforma. Aunque MGM fue adquirida por Amazon, lo que ahora se denomina MGM+ era la antigua Epix, y en Estados Unidos no solamente se trata de una plataforma de contenidos sino que condensa una buena cantidad de cadenas por cable. En algunos países Prime Video la ha integrado como un canal de pago alternativo, pero la productora funciona de manera independiente. En el caso de la serie Los del lado Oeste (MGM+, 2016), solo se ha estrenado dentro de este canal en once países, entre ellos España, mientras que la emisión en el resto del mundo se produce a través de HBO Max, que ha adquirido los derechos, aunque la emite semanalmente al mismo ritmo que la plataforma original. La nueva incursión de Chris Brancato en el mundo de la mafia se enfoca en la comunidad criminal irlandesa de Nueva York en los años ochenta, especialmente la que rodea a la construcción del famoso Javits Center, uno de los centros de convenciones más importantes de la ciudad. En su construcción, entre 1979 y 1986, estuvieron involucradas tanto la Cosa Nostra, sobre todo las familias Genovese y Gambino, como los denominados The Westies, que sería la última de las familias mafiosas irlandesas que operaron en Nueva York, controlando principalmente Hell's Kitchen. La incursión de Chris Brancato en esta etapa es arriesgada, ya que más que las anteriores esta historia tiene muchos puntos en común con los clásicos de Martin Scorsese, desde Uno de los nuestros (1990) hasta El irlandés (2019), por lo que las comparaciones pueden ser letales. Y sin embargo la serie, co-escrita con su colaborador Michael Panes (1963, Nueva York) con el que ha creado su trilogía de la mafia para Metro-Goldwyn-Mayer, funciona especialmente bien. Y además con la dificultad de hacer parecer que Toronto, donde se ha rodado la serie, se asemeje a Nueva York en los años ochenta. Quizás porque la historia, con todas las similitudes que pueda tener con otros relatos sobre la mafia, es fascinante, centrándose en una banda de criminales que sobrevivió durante una década en las calles de Nueva York principalmente controladas por la camorra italiana. El escritor T.J. English (1952, Washington) publicó el libro The Westies (2008) en el que describía a la banda como propensa a la violencia: "Aunque la pandilla era relativamente pequeña, con tan solo unos 20 miembros, en 1986 se les relacionó con 30 asesinatos sin resolver, según los  informes periodísticos de la época". El propio Chris Brancato, cuando hablaba de la serie que estaba preparando en Séries Mania 2024, comentaba que la mafia solía considerarse una organización criminal, pero que The Westies era una "desorganización criminal". El mejor retrato de la banda es la película El clan de los irlandeses (Phil Joanou, 1990), uno de las mejores historias sobre mafiosos de esa década, con un reparto de lujo y música del compositor Ennio Morricone.

Volviendo a la serie, The Westies se centra en la figura de Eamon Sweeney (J.K. Simmons), el líder de la banda, quien ha encontrado un buen negocio, que él maquilla como su legado histórico, a través de la construcción del Centro de Convenciones Jacob Javits en Hell's Kitchen, el territorio de los irlandeses. Como en El padrino de Harlem, el guión mezcla personajes ficticios inspirados en personas reales, con algunas figuras relevantes a las que se mantiene en su representación real, como el mafioso John Gotti (Hamish Allan-Hadley). Eamon Sweeney lidera la banda con mano firme, pero también tiene cierta mano blanda con sus subordinados, especialmente con Jimmy Roarke (Tom Brittney), cuyo amigo incontrolable Mickey Flanagan (Stanley Morgan) acaba de salir de una residencia mental para tratarse con sesiones de electroshock su Síndrome de Estrés Post Traumático provocado por la guerra de Vietnam. A lo largo de la temporada, ambos recibirán una oferta de John Gotti para unirse a la mafia italiana, pero su fidelidad a Sweeney en principio evita que se pasen al otro lado, aunque no estén conformes con la forma en que lleva el negocio, especialmente después de que descubren que ha vendido un alijo de cocaína que robaron a unos colombianos, y que les había prohibido vender a ellos mismos. La historia criminal de los irlandeses The Westies se entremezcla, como no podía ser de otro modo, con el IRA (de hecho, el primer episodio se titula The Troubles (T1E1), como la época de mayor violencia de la banda terrorista entre finales de los sesenta y los años ochenta). Esta relación se establece a través de la novia de Jimmy, Bridget Walsh (Sarah Folger), una militante del IRA que se encuentra de nuevo metida en la planificación de atentados empujada por su antiguo novio Brendan Cahill (Allen Leech). De manera que la serie establece ramificaciones interesantes a través de subtramas que se sienten tan atractivas como la principal, entre las que destaca la del policía corrupto Glenn Keenan (Titus Welliver, en un personaje muy alejado de Harry Bosch), quien no solo debe lidiar con Sweeney como colaborador sino también con la agente del FBI Birdie Polk (Jessica Frances Duke) y con su intento de evitar que su hijo adolescente Danny (Aidan Wojtak-Hissong) comience a involucrarse en las actividades de la mafia. A pesar de que The Westies pueda dar la sensación de ser una producción más modesta que otras series sobre mafias, no solo consigue elaborar líneas narrativas bastante consistentes, sino que tiene a un protagonista carismático, con la ayuda del gran J.K. Simmons, la figura del mafioso que parece estar congraciado con la comunidad, recibiendo homenajes y premios mientras mira hacia otro lado respecto al tipo de actividades criminales que realiza. Hay un equilibrio entre los límites que se establecen para no acabar siendo repudiado por la sociedad neoyorquina que funciona muy bien como un punto de inflexión que subraya e impulsa el interés de la historia. 

Music queer
★★★★☆ 
Arte, 13 de julio 
Francia 2026 - 20x3'
Creada por Rebecca Manzoni, Émilie Valentin
Dirigida por Amandine Fredon, Rebecca Manzoni

La periodista Rebecca Manzoni (1972, Francia) es una de las voces más reconocidas en el mundo de la radio en Francia, especialmente a través de los programas musicales que produce y presenta en France Inter, donde actualmente está presentando el veterano programa cultural Le masque et la plume, que comenzó a emitirse en 1955. Perteneciente a una familia de emigrantes italianos que llegaron a Francia en la década de los años treinta, también ha ejercido una destacada labor como divulgadora musical, publicando el cómic Music Queens. Una historia del girl power y de la música pop... ¡en canciones! (2025, Ed. Garbuix Books), en el que repasa algunos de los temas más emblemáticos compuestos o interpretados por mujeres, que también fue estrenado en formato de serie animada, Music Queens (Arte Francia, 2023). Ahora vuelve a utilizar la misma estructura para presentar una nueva historia de la música, pero a partir de los temas más influyentes que ha adoptado la cultura queer o han surgido como representaciones de la comunidad LGBTQIA+, por el momento solo en formato de serie de animación. Music Queer (Arte, 2026) está formada por veinte episodios de 3 minutos de duración cada uno en los que se cuenta el origen o el trasfondo de canciones emblemáticas, para demostrar también que la cultura queer ha sido siempre en la música un referente de tendencias y de reivindicaciones que han reflejado, o incluso han impulsado, importantes cambios sociales. La serie no enumera los episodios, porque éstos se pueden visionar de manera independiente y aleatoria, pero hay una estructura clara que gira en torno a diferentes formas de representar las identidades de género. Están los clásicos como "Over the rainbow" (1939) de la película El mago de Oz (Victor Fleming, George Cukor, Norman Taurog, 1939), interpretado por Judy Garland, en la que están presentes, aunque involuntariamente, algunos de los símbolos de la cultura queer: el arco iris, la doble vida en blanco y negro y en color, el colorido de Oz... siendo adoptada por la comunidad LGBT hasta el punto que durante una época se preguntaba si eras amigo de Dorothy (el personaje de la película) para saber si eras homosexual. La canción "Jardin extraordinaire" (1965), que cantó Charles Trenet poco después de ser detenido en Estados Unidos por conducta inmoral, hace referencia al Jardin des Tuileries de París donde se practicaba el cruising, y la fundamental "Tutti Frutti" (1955) de Little Richard, una reivindicación de la libertad sexual, fue censurada eliminando la letra que sugería la sodomía: "tutti frutti, good booty / if it don't fit, don't force it, / you can grease it, make it easy" (tutti frutti, buen culito / si no entra no lo fuerces / lubrícalo, tómatelo con calma...)", y obligando a introducir nombres femeninos. La evolución de la música queer pasa por la reafirmación que hacen grupos como Bronski Beat con "Smalltown boy" (1984) o el francés David de Pretto con "Kid" (2017) haciendo referencia a la educación como jóvenes gays dentro de un entorno masculinizado y heteronormativo, y el orgullo de su identidad que representan Frankie goes to Hollywood con "Relax" (1983) o la cantante noruega Girl in red con "I wanna be your girlfriend" (2016). Mientras que algunos episodios abordan las consecuencias de la pandemia del SIDA, representada en canciones de músicos que fallecieron a causa de la enfermedad, como "You Made Me Feel" (1978) de Sylvester y "The Cold Song" (1981), versión del aria de Henry Purcell que interpretó el contratenor alemán Klaus Nomi, convirtiéndola en un éxito. Mientras que "Grandiose" (2019) de Pomme habla de las consecuencias de La manif pour tous, el conjunto de manifestaciones que organizaron en Francia asociaciones reaccionarias y religiosas en oposición al matrimonio igualitario. 

Las reivindicaciones lésbicas a través de la música se remontan hasta el blues de los años veinte cuando la cantante Ma Rainey compuso e interpretó la canción "Prove it on me" (1928) en plena época del Ku Klux Klan, reflejando su identidad sexual: "Anoche salí con un grupo de chicas / eran todas mujeres, porque a mi no me gustan los hombres". Aunque algunas canciones se han convertido en símbolos de la comunidad queer sin estar escritas con esa intención, como "I will survive" (1978) de Gloria Gaynor, que surgió como una muestra de resiliencia y fortaleza después de que la despidieran de Motown Records (en la serie se ofrece otra versión), pero acabó convirtiéndose, especialmente durante la pandemia del SIDA, en un símbolo de supervivencia y resistencia, y más tarde incluso en el himno no oficial de la afición del equipo nacional de Francia en 1998. Music Queer puede estar muy representada en cuanto a la música francesa, con varios episodios dedicados a canciones representativas, quizás no del todo internacionales, y sin embargo faltan algunos nombres fundamentales como David Bowie, pero su posible continuación y la gestión de derechos musicales puede justificar algunas ausencias notables. Pero es un recorrido lo suficientemente completo y entretenido como para reflejar la influencia de los cantantes y temas LGBT en el mundo de la música pop. Y además su estreno coincide con la publicación reciente en España del libro El público secreto. Cómo los artistas LGBTQ+ moldearon la cultura popular (1955-1979) (2010, Ed. Liburuak), una obra fundamental escrita por el reconocido Jon Savage, biógrafo de Joy Division. Con animaciones de Leslie Plée, la serie cuenta en su versión original con las voces de las actrices Aloïse Sauvage y Shirley Souagnon, el comediante Tristan Lopin y el DJ Kiddy Smile, aunque en España solo se ofrece la versión doblada por Barbara de Lema y Ángel Luis Martínez. En 1961, el francés Jean-Claude Pascal cantaba "Nous les amoreux" (1961), cuando la homosexualidad aún se encontraba en la lista de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud. Fue la primera canción queer en ganar el Festival de Eurovisión: después llegaría la cantante transexual israelí Dana International en 1998 y, sobre todo, Conchita Wurst, una diva creada por el actor y cantante Thomas Neuwirth (1988, Austria), que ha ido abandonando progresivamente, y que rompió con los moldes de la representación binaria de género. Su canción "Rise like a Phoenix", inspirada en los temas de Shirley Bassey para las películas de James Bond, se convirtió en el símbolo de la reivindicación de la diversidad. 

Cómplices hasta el final 
★★★★☆ 
Prime, 15 de julio 
Reino Unido 2026 - 8x45'
Creada por Tessa Coates
Dirigida por Peyton Reed, DeMane Davis, Allison Liddi-Brown, Lauren Wolkstein

El éxito de dos series que han sorprendido en lo que llevamos de verano no sería singular si no fuera porque teóricamente están dirigidas a un segmento de público muy concreto. Y tienen en común abordar el tema de la amistad femenina cuando se ha llegado a la madurez, una característica que lamentablemente sigue siendo noticia por su escasez. En Estados Unidos, Cómplices hasta el final (Prime, 2026) y The Five-Star weekend (Peacock, 2026) se han convertido rápidamente en las sorpresas del verano. La primera trata sobre la amistad entre dos amigas que se ha sostenido en mentiras, pero desde el género de la buddy movie de acción, mientras que la segunda es una muy interesante incursión en el duelo a través de un grupo de amigas que se reúnen un fin de semana para acompañar a una de ellas, todavía no recuperada de la muerte de su marido. Mientras las campañas de marketing de Prime Video se han basado exclusivamente en sus propuestas para young adults, sobre todo Off campus (Prime, 2026) y Elle (Prime, 2026), por detrás y casi sin prestarle atención desde la propia plataforma, la comedia protagonizada por Octavia Spencer y Hannah Waddingham acabó convirtiéndose en líder en visionados y manteniéndose con una buena acogida en las redes sociales. Según la empresa Luminate, la serie alcanzó una espectacular cifra de 4,2 millones de visualizaciones en Estados Unidos, duplicando las cifras de Elle y triplicando las de Off Campus en su semana de estreno, manteniéndose de forma sólida con 2,62 millones en su tercera semana y 1,07 la cuarta semana, esa franja de un mes que tiene en cuenta el streaming para cancelar o renovar una producción. Aunque Tessa Coates, la creadora, en principio no se la había planteado con una continuación, que dado el éxito que ha tenido, parece asegurada. También supone una oportunidad para ver a Hannah Waddingham demostrando que sabe hacer otras cosas aparte de Ted Lasso (Apple tv+, 2020-2026), que acaba de estrenar una mediocre cuarta temporada en la que se enfoca en un equipo de fútbol femenino con todos los tópicos posibles y, una vez más, desde una mirada masculina y paternalista. Aunque Cómplices hasta el final no plantea nada que no hayamos visto antes, tiene esa tonalidad que consigue atrapar, funcionando bien tanto en el terreno de la comedia como en el del cine de acción, quizás por la impronta que le pueden haber aportado sus productores, los hermanos argentinos Andy Muschietti y Bárbara Muschietti, que ya supieron renovar el género de terror con su nueva franquicia de It (Andy Muschietti, 2017). El título original, Ride or die (Corre o muere) es una referencia a Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991), y no es la única que encontramos en la serie, aunque quizás compararla con aquel título tan fundamental puede ser colocarla a demasiada altura. En España han decidido cambiarle el título por otro que parece el de una película de serie B de videoclub, quizás por no repetir el tono luctuoso del título argentino: Juntas o muertas

Básicamente, Cómplices hasta el final narra la amistad de Debbie Claybourne (Octavia Spencer) y Judith Burton (Hannah Waddingham), dos buenas amigas que creían conocerse a la perfección, hasta que Debbie descubre que Judith no es contable forense, sino una asesina internacional, y que podría haberse acercado a ella por interés profesional. Cuando una figura misteriosa del pasado de Judith reaparece y un encargo sale terriblemente mal, sus vidas se juntan y se ven obligadas a huir, en una carrera contrarreloj a través de Europa, perseguidas por la policía, asesinos altamente entrenados y peligrosos criminales. La serie mantiene constantemente ese tono de comedia de acción que la hace bastante entretenida, con una aburrida abogada metida en una montaña rusa de persecuciones y amenazas, y una asesina de encargo teniendo que enfrentarse a las mentiras que le ha estado contando a la que ella considera su mejor amiga. Judith también es perseguida por Ana (Sylvia Hoeks), otra asesina profesional que aparentemente murió en una misión del pasado que llevaron a cabo juntas. Esta idea de dos personajes teniendo que lidiar con situaciones para las que no están preparados es en la que se sostiene el sentido del humor de la serie, mientras elabora una de esas tramas de espionaje y cuentas pendientes que las lleva por diversas localidades de Europa, entre ellas España (aunque las localizaciones españolas se rodaron en Praga, como casi toda la serie), en los episodios Extraños en un tren (T1E3) y El prisionero español (T1E4), ambos dirigidos por DeMane Davies, que ya dirigió a Olivia Spencer en la miniserie Madam C.J. Walker: Una mujer hecha a sí misma (Netflix, 2020). El guión consigue con éxito equilibrar la acción a través de una organización clandestina llamada La Agencia y liderada por El Director (Bill Nighy), utilizando los clichés de las historias de espías que dejan en la sombra a personajes importantes, con la relación entre las dos protagonistas, una representación en sentido extremo de los vaivenes de las amistades femeninas, que no es tan diferente de la que se describe en la dramedia The Five-Star weekend, con secretos que no se cuentan, decepciones y reproches, pero también una sororidad imprescindible y un sentimiento de complicidad que supera las dificultades. Las piezas encajan adecuadamente en Cómplices hasta el final, y la mezcla de personajes bien desarrollados y de localizaciones europeas proporciona a la serie la envoltura necesaria como para resultar atractiva. Posiblemente, si Prime hubiera pensado en esta propuesta como un éxito seguro la hubiera estrenado en episodios semanales, y quizás esto le hubiera proporcionado una resonancia más permanente. Pero la trama de acción se resuelve satisfactoriamente en La convención de Ginebra (T1E7), aunque quedan cabos sueltos para mantener la continuidad. 

Furious 
★★★★☆ 
Disney+, 27 de julio-31 de agosto
Estados Unidos 2026 - 8x55'
Creada por Elizabeth Meriwether
Dirigida por Brian Kirk, Karena Evans, Destiny Ekaragha, Cory Finley

En esta semanas en las que destacan las series creadas por guionistas femeninas y centradas en personajes femeninos, quizás la que mejor define una tendencia que no parece puntual es la última propuesta de Elizabeth Meriwether (1981, Florida), una escritora que, si se tienen en cuenta sus anteriores estrenos, inmediatamente se puede intuir que no es precisamente la construcción del thriller lo que más le interesa. Porque Furious (Disney+, 2026) plantea una investigación policial sobre una asesina en serie, que sin embargo adopta los recursos del género para reconvertirlos en una profunda y rotunda reflexión sobre la violencia y el trauma. La creadora de estudios psicológicos sobre mujeres enfrentadas a situaciones extremas, como las miniseries The dropout: Auge y caída de Elizabeth Holmes (Disney+, 2022) y Dying for sex (Disney+, 2025), y anteriormente también sobre las dinámicas de las relaciones de género en New girl (Disney+, 2011-2018), confronta en esta ocasión dos formas de asumir los abusos sufridos. Catherine (Lola Petticrew) ha decidido afrontar el tráfico sexual que sufrió en su adolescencia, y que le ha provocado una evidente fractura psicológica, tomando venganza propia de los hombres que participaron en ella, pero los asesinatos no solo son una forma de castigo sino una búsqueda de la propia identidad perdida, siempre precedidos de una estrategia de seducción que le permite tomar el control de lo que antes no pudo controlar. El espejo de Catherine es la detective Alice Black (Emmy Rossum), quien trabaja en un call center del FBI recibiendo llamadas absurdas, después de haber abandonado la policía de Nueva York debido a una denuncia por violencia doméstica contra su pareja Marshall Connelly (Jake Lacy). Pero la denuncia provocó que muchos de sus compañeros no la creyeran, y todavía en la actualidad la hacen sentir la incomodidad de su palabra bajo sospecha permanente, mientras Marshall aspira a escalar posiciones en el departamento policial. En su vida privada, Alice tiene encuentros esporádicos con hombres desconocidos a través de una aplicación de citas, a los que pide que la agredan físicamente, que ejerzan el mismo tipo de violencia que sintió de forma descontrolada, pero ahora recuperando el control, asumiendo el daño físico como forma de sanación de las heridas psicológicas. Conforme se amplía la investigación, a la que su antiguo compañero, el detective Danny Kelly (Scoot McNairy) ha decidido incorporarla, también se establecen las líneas paralelas que existen entre Catherine y Alice, ya establecidas desde el episodio La gorgona (T1E1) como una representación de la mitología de Medusa, el monstruo femenino que convertía en piedra a los hombres que la miraban fijamente a los ojos, decapitada por Perseo, pero cuya monstruosidad surgió después de haber sido abusada por Poseidón. Aunque las dos protagonistas sostienen la historia, hay un tercer vértice femenino que es incluso más complejo, el de la agente del FBI Nora Washington (Quincy Tyler Bernstein), una especialista en investigaciones sobre abusos sexuales que, conforme se desarrolla la serie, también revela algunas de sus debilidades y su carácter menos cercano, especialmente al final del episodio Crecida (T1E4). Si Lola Pettigrew y Emmy Rossum construyen personajes en cierta manera retorcidos por sus propios traumas, la actriz Quincy Tyler Bernstein ofrece una lección de complejidad en su retrato de una veterana agente que atesora todo el peso de las investigaciones de abusos que ha tenido que asumir a lo largo de su carrera, convertida en un reflejo del cinismo: "Ese es el mundo que tiene sentido: las mujeres son golpeadas y violadas, y luego se van y mueren en silencio, pero no empiezan a matar gente. A todo el mundo le gusta cuando ve a una dulce joven tirada en el suelo, desnuda y descuartizada. Me enfada muchísimo. Hagas lo que hagas, nunca atraparás a los culpables. Nunca". 

Furious está ligeramente inspirada en la película El caso de la viuda negra (Bob Rafelson, 1987), un thriller algo olvidado que sin embargo convertía en protagonistas, a ambos lados de una investigación policial, a dos mujeres, rompiendo las dinámicas de género establecidas por el cine negro, en el que los personajes femeninos estaban siempre supeditados a los masculinos. En aquélla, la agente del FBI Alex Barnes (Debra Winger) está convencida de la culpabilidad de Catherine (Theresa Russell) como responsable de la muerte de sus tres maridos, todos ellos fallecidos aparentemente por causas naturales. Aunque la película seguía teniendo una mirada masculina, escrita por el guionista Ron Bass, que también es productor de la serie, en cierto modo se puede ver como una anticipación de la posterior relevancia que tuvo Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991), aunque la diferencia es que ésta contaba con una mirada femenina, la de la guionista Callie Khouri. Por supuesto, la historia de investigación es solo un punto de partida para desarrollar unos personajes muy diferentes, aunque la conexión que se establece entre la investigadora y las razones de la asesina para matar tienen puntos en común. Furious pone un especial énfasis en la credibilidad de las víctimas, estableciendo una dinámica entre el poder ejercido por una perspectiva masculina y el desequilibrio con las versiones de las víctimas, casi siempre puestas en tela de juicio, algo que no solo sufre Catherine sino que también comprende Alice por haberlo experimentado ella misma. También habla de la complicidad del silencio y de las formas diferentes de seguir adelante a pesar del trauma, a veces convirtiéndolo en motor de violencia, otras asumiéndolo como un peso que hay que soportar permanentemente. El desarrollo de la investigación adquiere una representación de este conflicto, especialmente a partir de la incorporación del agente del FBI Frank Choi (Rob Yang) desde Distorsión de la memoria (T1E3) como un investigador que solo persigue la identidad de la asesina sin preocuparse por los abusos que ejercieron sus víctimas. La referencia de Nora Washington a la representación de las víctimas jóvenes femeninas como sujetos de atracción parece una clara negación del morbo que se ha establecido en el género thriller durante muchos años, pero Furious pretende evitarlo obligando al espectador a que reflexiona sobre la culpabilidad de su propia mirada. En la canción con la que se cierra el primer episodio, "Wonderful illusion", incluida en el álbum The romantic Eartha (1962, Popsych Records), la cantante Eartha Kitt cantaba sobre la sensación de enamorarse por primera vez, describiéndola como una emoción fugaz y etérea, una "maravillosa ilusión" que quizás no es tan real como parece. Mientras que en el final de Elige una pegatina (T1E5), Patti Smith canta "Ain't it strange", incluida en su álbum Radio Ethiopia (1976, Record Plant), en la que habla sobre el sentimiento amoroso poniendo palabras a los últimos deseos del poeta Arthur Rimbaud en su lecho de muerte. Si hubiera dudas sobre la referencia a la condición extraña del amor que tiene la serie, su banda sonora lo deja aún más claro. 

American crossing 
★★★☆☆ 
Filmin, 4 de agosto 
Noruega, Dinamarca, Suecia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos 2020 - 8x45'
Creada por Alexander Eik sobre una idea de Paul Minx
Dirigida por Alexander Eic, Janic Heen
International Emmy '21: Mejor Miniserie

Podríamos hablar de esta miniserie como un reestreno más que como un estreno, ya que fue emitida con su título original, Atlantic Crossing, en Movistar Plus desde finales de 2021. Ahora, rebautizada como American Crossing (Filmin, 2020), recordamos este drama bélico como una producción de la televisión pública noruega que aborda la relación entre la princesa Märtha de Suecia (Sofia Helin), esposa del príncipe heredero Olav de Noruega (Tobias Santelmann), y el presidente Franklin D. Roosevelt (Kyle MacLachlan) durante el comienzo de la 2ª Guerra Mundial. El país noruego fue ocupado por los nazis en 1940 y, mientras el rey Haakon (Søren Pilmark) se encontraba en Inglaterra organizando la resistencia contra Alemania, el príncipe heredero y su esposa viajaron a Estados Unidos, protegidos por el presidente norteamericano. La relación de los países nórdicos con el nazismo fue diversa, desde el colaboracionismo danés hasta la neutralidad propugnada por Suecia, pasando por la resistencia finlandesa en colaboración con la Unión Soviética y cierta ambigüedad noruega. Tradicionalmente siempre se ha considerado a la realeza con una actitud de resistencia frente a la ocupación nazi, pero ésta se produjo desde la distancia. El problema de la serie es que, aunque parece demostrado que existió una relación estrecha entre la princesa Märtha y el presidente Roosevelt, insinúa que esta relación fue más allá de la admiración mutua, acercándose al enamoramiento. American Crossing cuenta con una buena puesta en escena y una estructura que recuerda a The Crown (Netflix, 2016-), enfocando cada episodio en un acontecimiento relevante tanto en la vida personal como la pública de los miembros de la monarquía, pero los guionistas tienen tanto empeño en humanizar a los personajes y elevar el tono de drama familiar que acaban pecando de sentimentalistas y chovinistas. Desde el punto de vista histórico, NRK recibió duras críticas cuando se estrenó la serie por parte de algunos historiadores por tergiversar la realidad y dar a Märtha de Suecia un papel más destacado en el cambio de actitud de los norteamericanos respecto a su intervención en la 2ª Guerra Mundial que el que realmente tuvo. Sin embargo, sí está documentado que ella fue una presencia influyente en las políticas de Franklin D. Roosevelt, pero el creador Alexander Eik (1972, Noruega), basándose en una idea del dramaturgo británico Paul Minx, parece más interesado en construir una especie de historia de amor triangular, dedicando los últimos episodios a los celos del príncipe Olav. 

El historiador más crítico con la serie fue Trond Norén Isaksen, quien escribió en el periódico Aftenposten, cuando se estrenó en Noruega, que "no hay indicios de que tuvieran una aventura o de que el presidente Roosevelt fuera sexualmente activo después de quedar paralizado de cintura para abajo en 1921". Y que la supuesta relación sentimental fue una "fake news" creada por los opositores del presidente y promovida especialmente por el periódico The Chicago Tribune. También es inventada la presencia de una infiltrada simpatizante nazi en el círculo en el que se movía la familia real noruega en Estados Unidos, pero sin embargo la serie pasa de puntillas por la existencia de un sector muy importante de Noruega que apoyaba abiertamente a Hitler. Los hechos históricos documentados son tan fascinantes, llenos de conspiraciones, acusaciones e insinuaciones que resulta sorprendente que los guionistas hayan decidido inventar una ficticia historia de amor en vez de bucear claramente en la más que interesante realidad histórica. Y de camino desmerecen las figuras de personajes como el príncipe Olav, que aquí parece limitado a ser un marido celoso, cuando en realidad está acreditada su profunda amistad con Franklin D. Roosevelt, y de Eleanor Roosevelt (Harriet Sansom Harris), que parece un personaje secundario, ensombrecida por su marido. En el terreno de las curiosidades, algunos de los intérpretes que aparecen en esta serie han tenido una mayor proyección internacional posteriormente, como el actor Tobias Santelmann, interpretando al protagonista de la adaptación Detective Hole (Netflix, 2026-), y la mayor parte de la serie se rodó en la República Checa, algo que destacó la crítica norteamericana, advirtiendo que las escenas que transcurren en Virginia tenían paisajes claramente centroeuropeos que no se asemejaban a los de Estados Unidos. 

Eclipse (L'éclipse) 
★★★ 
AMC, 5-19 de agosto 
Francia 2024 - 6x50'
Creada por Hélène Duchateau, Baptiste Filleul 
Dirigida por Franck Brett

Aprovechando la llegada del eclipse solar, la programación de algunas plataformas hace limpieza de catálogo para incorporar alguna serie relacionada con el tema, y quizás la más apropiada para este acontecimiento sea el thriller francés Eclipse (AMC, 2024), cuyo punto de partida se produce, precisamente, durante un eclipse solar. Aunque este fenómeno astronómico no tiene una relevancia fundamental en las tramas de la serie, más que situar a los personajes en determinados lugares para que se desarrolle la historia. Estrenada en Francia en 2024, esta propuesta que se quedó en miniserie ha sido creada por Hélène Duchateau, que más tarde escribió la más interesante Les saisons (Arte France/HBO Max, 2025), ganadora de una Mención Especial en el Festival de la Fiction, y Baptiste Filleul, planteándose como un thriller rural más o menos convencional, en el que un acontecimiento fortuito y una posterior desaparición comienzan a revelar secretos alrededor de los habitantes de un pequeño pueblo. Nada nuevo bajo el sol (o la luna, en este caso). Situándose en un término medio entre el drama íntimo y una investigación policial, la historia tiene lugar en un pueblo de la región de Aubrac, en el que durante un eclipse solar que unos jóvenes se reúnen para contemplar, Luca Germain (Aymeric Fougeron) dispara accidentalmente una pistola que deja herida a su novia Nour Achour (Emma Jugi). Pero cuando él y Angèle (Eloïse Rey) van a buscar ayuda, al regresar descubren que Nour ha desaparecido. La serie explora cómo un suceso trágico que termina conmocionando a una comunidad rural aparentemente unida, revela antiguas rivalidades entre las familias, tensiones por herencias y fracturas sociales que permanecían latentes sin que salieran a la superficie debido a una cierta estabilidad convivencial. La investigación involucra a la teniente de gendarmería Manue Vitali (Anne Charrier), a la que pertenecía el arma que Luca disparó, así como a su mejor amiga y superiora, la capitana Johanna Croiset (Claire Keim), pero también a la madre de la adolescente desaparecida Mathilde Wilhelm (Armelle Deutsch), su padrastro Raphaël (Thomas Jouannet) y pronto a todo el pueblo. La principal novedad que propone respecto a las habituales series policíacas francesas es que en este caso la investigación está encabezada por dos personajes femeninos, sin que los masculinos tengan una especial relevancia dentro del cuerpo policial, formado por agentes que también son vecinos del pueblo, como el joven Anthony Courtin (Victor Poirier), quien ha sufrido en su propia familia de granjeros las consecuencias de la progresiva despoblación de la zona. Si en el aspecto policial Eclipse no aporta mucho más novedoso, con un desenlace bastante previsible, pero al mismo tiempo poco justificado, funciona mejor como el retrato de un pequeño pueblo en el que sus habitantes se han ido trasladando progresivamente a la ciudad o a otras zonas, impulsados por el continuo abandono que sufre, pero también siendo parte de este problema. Así, se abordan cuestiones como los desafíos a los que se enfrentan las zonas agrícolas, las dificultades que afrontan los recién llegados a la vida rural, cuestiones de herencia en múltiples niveles y los retos de la comunicación intergeneracional. Todo esto en un entorno rural de paisajes espectaculares, pero en el que predominan los silencios y escasea la comunicación abierta. 

En cierta manera, aunque no lo aborda de forma directa y se trata de una producción de 2024, Eclipse también retrata una realidad que estamos viendo con la preparación para el eclipse solar del 12 de agosto. Cómo los pueblos vaciados protagonizan un destello de atención y un momento de recuperación económica a través de un fenómeno astronómico que atrae a más visitantes a las zonas rurales desde donde es más segura la contemplación del eclipse. Esto también ocurre en la pequeña localidad donde se desarrolla esta historia, que está preparando su festividad anual, pero al mismo tiempo esta atención mediática se multiplica al producirse la desaparición de la joven Nour. Rodada en la meseta de Aubrac, la serie también utiliza como escenario donde se produce la desaparición la atmósfera especial que aporta la zona de Bozouls (Aveyron), un paraje singular construido alrededor de un cañón natural llamado Le Trou de Bozouls, excavado por el río Dourdou. La serie sin embargo no termina de profundizar lo suficiente en las relaciones entre los personajes, estructurándose alrededor de la habitual narrativa de los sospechosos que se van descartando, a veces utilizados como recursos para distraer la atención del espectador, e incluso la dinámica de las relaciones entre los adolescentes, mostrada a través de breves flashbacks, no termina de estar lo suficientemente encajada en la historia principal, resultando mucho más superficial de lo que debería. Hay una intención de reflejar las dificultades de la vida rural que sin embargo no se sostiene en un estudio más certero sobre la crisis de las zonas agrícolas, que acaba siendo solo un trasfondo, igual que lo es el propio fenómeno astronómico, tampoco lo suficientemente bien aprovechado. Eclipse es una propuesta entretenida que no ofrece ideas brillantes ni desarrollos con profundidad, pero que cumple las expectativas que ofrece, aunque se pierda en un desenlace que pretende ser impactante pero acaba siendo decepcionante. 

Scrublands 
★★★★☆ 
AMC+, 6 de agosto 
Australia 2023 - 4x45'
Creada por Felicity Packard sobre las novelas de Chris Hammer 
Dirigida por Greg McLean
Premios Logie '24: Nominado Actor secundario (Jay Ryan)

El autor Chris Hammer (1960, Australia) es uno de los nombres más reconocidos de la novela negra australiana, algunas de cuyas obras han sido publicadas en España por la editorial Trini Vergara Ediciones a través de su sello Motus, dedicado al género thriller. De hecho, ya han sido adaptadas en formato de serie sus dos principales colecciones: la dedicada a los investigadores Ivan Lucic y Nell Buchanan en la excelente serie Treasure & dirt (ABC, 2026), que se está emitiendo actualmente, y anteriormente la que dedicó al periodista Martin Scarsden, formada por cuatro libros de los que en España se han publicado Páramo de fuego (2018, Ed. Trini Vergara Ediciones) y Puerto de furia (2019, Ed. Trini Vergara Ediciones). Resulta un poco extraño que, sin embargo, para el estreno en España de la serie que está basada en el primero de estos libros, se haya decidido mantener su título original, Scrublands (AMC+, 2023-) en vez de hacer referencia al título español de la novela. En todo caso, lo que se estrena ahora es la primera temporada de una serie que ha tenido continuación con una segunda temporada emitida en Australia el año pasado, basada en la novela Puerto de furia, y hace solo unas semanas se ha confirmado una tercera temporada que adaptará Trust (2020), el tercer libro de la colección. Pero se trata de historias autoconclusivas que llevan al periodista Martin Scarsden (Luke Arnold) por diferentes lugares de la costa australiana, de manera que cada temporada se centra en un caso distinto, aunque repite algunos personajes de la anterior. En el caso de Scrublands, la historia tiene un impactante comienzo cuando el sacerdote Byron Swift (Jay Ryan) comienza a disparar de manera indiscriminada desde la puerta de la iglesia contra algunos de los habitantes de Riversend, un pueblo rural azotado por una sequía interminable, matando a cinco de sus vecinos antes de ser abatido a tiros por el agente de policía local, Robbie Haus-Jones (Adam Zwar). Doce meses después, el periodista de investigación Martin Scarsden es enviado por el periódico Sydney Morning Herald a realizar un artículo sobre la permanencia del trauma en aquella pequeña localidad, pero no encuentra precisamente una cálida acogida, porque los habitantes de Riversend sienten que está aprovechando de una manera sensacionalista la memoria de un acontecimiento que prefieren no recordar. Pero el periodista comienza a darse cuenta de que hay elementos que no encajan con la versión de los hechos que le ha trasladado su periódico, y encuentra algunas incongruencias que le hacen querer profundizar más en una investigación que no sea simplemente un artículo en un suplemento de fin de semana. Entre los vecinos que parecen saber más de lo que expresan se encuentra Mandy Bond (Bella Heathcote), quien conoce la personalidad del sacerdote Byron Swift mejor que aquellos que lo habían acusado de pedofilia poco antes de que se produjera el trágico suceso. Más que un thriller en el que el objetivo es averiguar la identidad del culpable, la historia comienza desvelando ésta para ir revelando las razones por las que el párroco decidió cometer los asesinatos. 

Esto conduce también a dos tramas paralelas en las que vemos acontecimientos ocurridos en el pasado que no conoce el protagonista, al mismo tiempo que asistimos a su investigación en el presente, ambas líneas temporales reflejadas en diferentes tonalidades cuyas diferencias se van difuminando conforme los descubrimientos en la actualidad van encajando con los hechos pretéritos. Greg McLean es un director especializado en género de terror y thriller que solo ha dirigido esta primera temporada, y posteriormente fue el principal realizador de la miniserie Territorial (Netflix, 2024), demostrando en este caso un buen oficio en la creación de atmósferas desasosegantes. Las historias escritas por Chris Hammer adoptan una tonalidad que se relaciona directamente con el entorno del desierto, como se puede comprobar también en la serie Treasure & dirt, y el pueblo ficticio de Riversend también refleja esta imagen de decrepitud, con tiendas que solo abren los fines de semana, un hotel cerrado y una antigua posada como único lugar de alojamiento en una ciudad en la que nadie quiere alojarse. La sequía que azota al pueblo tampoco ayuda a salir del declive económico, que además está subrayado por el trauma de la masacre y las consecuencias de ésta. Una de las razones por las que los habitantes no quieren responder las preguntas del periodista es porque no desean ser conocidos en Australia como el pueblo en el que ocurrió un acontecimiento sangriento. Aunque utiliza algunos de los patrones habituales de los thrillers tradicionales, las revelaciones sobre la auténtica personalidad del cura añaden capas de misterio bastante interesantes a Scrublands, una serie que ha conseguido un notable éxito en Australia. Y tiene en común con otras producciones del género policíaco que provienen de ese país una especial capacidad para retratar el entorno de pequeños pueblos que se encuentran perdidos y aislados en mitad del desierto frente a los ambientes urbanos de las grandes ciudades, y las grietas que forman parte de su aparentemente estable convivencia. Algo que se desarrolla más en la segunda novela, Puerto de furia, en la que el periodista investiga un nuevo caso regresando a su lugar de origen, la ciudad de Silver Point, donde él mismo tiene sus propios fantasmas personales, que también ha sido adaptada en una segunda temporada de esta serie, aunque con una trama de asesinato algo más convencional que la que encontramos en la primera temporada que se estrena ahora en España. 

El patíbulo 
★★★★☆ 
Filmin, 18 de agosto 
Gran Bretaña 2023 - 3x60'
Creada por Shane Meadows sobre la novela de Benjamin Myers
Dirigida por Shane Meadows

La renovación del acuerdo que Filmin ha firmado con la productora independiente norteamericana A24 permite a la plataforma no solo estrenar sus películas, sino también las segundas temporadas de dos de sus últimas colaboraciones con la BBC en formato de serie: Such brave girls (Filmin, 2023-), que se estrenará el próximo 22 de septiembre, y Soñando en negro (Filmin, 2023-), pero asimismo recuperar un título que permanecía inédito en España. El patíbulo (Filmin, 2023) es una miniserie producida por A24 para BBC que supuso el regreso de Shane Meadows (1972, Reino Unido) a la televisión, después de sus aclamadas This is England (Channel 4, 2010-2015) y The virtues (Channel 4, 2019). Basada en la novela The gallows pole (2017) del escritor Benjamin Myers (1976, Reino Unido), una ficción histórica que a su vez se inspiraba en una historia real ocurrida en Yorkshire en 1760, la serie funciona, según declaraba en su momento Shane Meadows, como una precuela de los acontecimientos que se cuentan en el libro, básicamente, el nacimiento de una banda de falsificadores de monedas. El título original de la novela y la serie, The gallows pole, hace referencia a la primera descripción que se muestra en aquella, la de un hombre ahorcado y encadenado por haber robado, una condena tan habitual en la Inglaterra del siglo XVIII que convertía el simple acto de apoderarse de una hogaza de pan en un riesgo para la vida. La adaptación de Shane Meadows, sin embargo, no parece tan interesada en la época, y ni siquiera en la propia formación de la conocida como banda de Cragg Vaile Coiners, un grupo de bandidos que asaltaban a los viajeros en la región del valle de Calder, pero no se limitaban a gastar el dinero (en la época no existía una moneda oficial), sino que cortaban los bordes de metal para reunirlos y fundirlos de nuevo para fabricar más monedas con moldes que se parecían a los chelines y las guineas. El patíbulo, dividido en tres episodios (tres actos), apenas llega a la propia formación de la banda y la primera venta de estas monedas falsificadas, y el guión no se esfuerza por introducir un lenguaje de la época, sino que incluye numerosos anacronismos, con los personajes a veces hablando como si fueran colegas en un pub actual. El espíritu de comunidad, como en This is England, es lo que realmente interesa al guionista y director, y en este sentido la serie tiene más puntos en común con sus anteriores proyectos de lo que parece. En La resurrección de Dave (T1E1), la historia comienza con el regreso a Cragg Valley, en Yorkshire, de David Hartley (Michael Socha), que más tarde será apodado Rey David, malherido y acompañado por seis hombres ciervo, figuras fantasmales que vagan por los páramos siguiendo a personas al borde del desfallecimiento, que le hacen saber que su misión en la tierra aún no ha terminado. Ha estado ausente durante seis años, viviendo en Birmingham, y apenas ha podido llegar a tiempo para las últimas horas de vida de su padre, aunque no ha recibido las cartas que le envió su hermano William (Thomas Turgoose). Pero en su tiempo de ausencia, las cosas han cambiado mucho en un pueblo de tejedores que se encuentra en la miseria debido a las consecuencias de la revolución industrial. Viniendo de una ciudad como Birmingham, a la cabeza de esta nueva industrialización, el panorama que encuentra es desolador. Sus otros hermanos, Isaac (Samuel Edward-Cook) y Tom (David Perkins), le ruegan a la dueña del pub, Barb (Jennifer Reid), que les dé algo de cerveza para el velatorio de su padre, pero la llegada de David con una bolsa de monedas lo cambia todo.

Con un tono ligeramente punk, cada uno de los episodios se introduce con la canción "What happens when you turn the devil down", del grupo de rock psicodélico The Mystery Lights, incluido en su álbum The mystery lights (2016, Wick Records), mostrando imágenes infernales que se enlazan con la humareda de las fábricas y reflejando un tono irónico en la descripción de los títulos de crédito: el guionista es nombrado Purvey'r of scenes (proveedor de escenas), el productor ejecutivo es el Protecteth'r of wage (protector del dinero) y los músicos son presentados como Most Wonderous troubadours (los más maravillosos trovadores). De hecho, la banda sonora también está compuesta por la banda sueca de rock psicodélico Goat, cuyas identidades se ocultan bajo diferentes máscaras. Calificada en su momento como una mezcla entre Robin Hood y Peaky blinders (Netflix, 2013-2022), más que en el desarrollo de una trama, que es relativamente sencilla, Shane Meadows parece interesado en crear este espíritu de comunión en un pueblo sobre el que se cierne la sombra de la industrialización, dejándolo completamente al margen de la prosperidad económica. Portando una bolsa en la que lleva varias herramientas, David aporta su plan de salvación, un negocio de falsificación de monedas con la colaboración de sus vecinos, creando la que posteriormente será conocida como la banda de Cragg Vaile Coiners, que actuó durante una década hasta que fue delatada por uno de sus miembros. Pero El patíbulo funciona por las secuencias grupales, como la celebración para honrar la memoria de su padre que el dinero de David Hartley ha proporcionado, o el chispeante reencuentro entre el recién llegado y su esposa Grace (Sophie McShera), reflejando la eficacia de unos diálogos semi-improvisados en los que se mezclan expresiones antiguas y frases contemporáneas. La crisis que sufre este pueblo de tejedores que han visto sustituidos sus encargos por la rapidez de las máquinas tejedoras de Birmingham les acaba convirtiendo en parias que se entregan con dedicación a su nueva vida como falsificadores. Y aunque hay reticencias al principio por parte del abad Oldfield (Anthony Welsh), de cuya discreción no confían mucho en el episodio Tuviste un sueño (T1E2), éste acaba participando en el negocio. Más que por el desarrollo de la historia, El patíbulo se disfruta por el humor de sus escenas y el trabajo de sus actores, mimados por la cámara inestable de Shane Meadows, quien ha contado con algunos de sus intérpretes habituales: Thomas Turgoose, el joven protagonista de la película This is England (Shane Meadows, 2010) y, sobre todo, Michael Socha, quien se introducía como personaje principal después de muchos trabajos secundarios, y al que después hemos visto en otras series como What it feels like for a girl (Filmin, 2025) o The cage (BBC, 2026). Esta miniserie ofrece todos los elementos destacables de las historias escritas y dirigidas por Shane Meadows, como una visión psicodélica sobre la recuperación de la dignidad de una comunidad que funciona con la suficiente carga de humor e ironía como para hacerla disfrutable.  

Gone 
★★★★☆ 
Filmin, 1 de septiembre 
Gran Bretaña 2026 - 6x50'
Creada por George Kay inspirado en el libro de Julie McKay y Robert Murphy
Dirigida por Richard Laxton

A pesar de que desde el principio podría parecer que éste es un drama psicológico criminal que tiene como principal foco al personaje de Michael Polly (David Morrissey), un estricto profesor de una escuela privada tradicional católica cuya esposa ha desaparecido, en realidad el punto de partida (y su posible continuación) está en la detective Annie Cassidy (Eve Myles), inspirada en la inspectora superintendente Julie MacKay, que había estado durante años obsesionada con un caso sin resolver de un asesinato producido en 1984, y cuya experiencia reflejó en el libro To hunt a killer (2022), escrito junto a Robert Murphy. De hecho, una línea argumental que se mantiene a lo largo de toda la temporada es el acceso a un expediente de una joven asesinada hace años, para la que Annie necesita la colaboración de su ex-pareja Craig Stanhope (Peter McDonald), y el desenlace parece sugerir que este "cold case" podría ser el tema principal de una segunda temporada. Pero el guión tiene la capacidad de ir revelando progresivamente sus enfoques mientras las personalidades de Michael Polly y Annie Cassidy se transforman en una especie de espejo en el que se reflejan mutuamente, conforme se desarrolla una investigación criminal. Gone (Filmin, 2026) consigue evitar, por tanto, ser un thriller convencional, aunque tiene muchos elementos del género, para centrarse en el aspecto psicológico de los personajes, especialmente cuando la trama principal sugiere las sospechas en torno al profesor como culpable de la desaparición de su esposa. El guionista George Kay es uno de los nombres destacados de la industria británica, no solo como autor de series como Killing Eve (Netflix, 2018-2022), Litvinenko (ITV, 2022), La sombra alargada (SkyShowtime, 2023) o Hijack (Apple tv, 2023-), sino también por sus colaboraciones con otros países como Francia en la exitosa Lupin (Netflix, 2021-) o Suecia en el próximo thriller The case (Netflix, 2026). Pero Gone no ha tenido el desarrollo habitual de un showrunner que ha seguido los procesos de producción, sino el más tradicional de guionista que entrega su trabajo para que la producción siga su camino de manera independiente, debido a la apretada agenda del escritor. Quizás por eso tiene un aspecto que recuerda más a las producciones del pasado, un poco a la manera de La sombra alargada, siguiendo un estilo que encaja con la rigidez de la escuela privada en la que se desarrolla la historia. Michael Polly ejerce como director de St. Bartholomew, en Bristol, uno de esos centros escolares que ocupa un imponente edificio histórico del siglo XV en medio de un paisaje boscoso, que fue representado por el colegio católico Downside School, en Somerset. Debido a su personalidad estricta, ejerce su trabajo siguiendo las reglas tradicionales y además se ha otorgado a sí mismo el cargo de entrenador del equipo de rugby de la escuela, que tiene una larga tradición de victorias en los torneos regionales. Michael Polly está considerado como un profesor severo que exige disciplina a sus alumnos en la escuela, y se enfurece cuando alguna visita en su casa llena de barro la alfombra. Vive con su esposa Sarah, a la que solo vemos en fotografías, y su hija Alana (Emma Appleton), que también son profesoras en la escuela. Hasta que una tarde Sarah parece haber desaparecido y la investigación se centra en un posible asesinato. Las encargadas de investigar la desaparición son las inspectoras Annie Cassidy y Becky Hammond (Jennifer Macbeth), aunque la primera es inmediatamente nombrada como enlace de la policía con la familia, lo que de facto supone una especie de degradación en sus funciones. 

El estoicismo de Michael Polly es la principal razón por la que la policía (y los espectadores) comienzan a tener sospechas de que podría haber alguna relación con la desaparición de su esposa. Su empeño en seguir ejerciendo como entrenador (hay un importante partido próximamente) y en seguir acudiendo a la escuela con normalidad tiene una justificación tan lógica como poco emocional: "Tengo 160 alumnos a punto de comenzar unos exámenes cuyas calificaciones decidirán a qué universidad podrán ir. La desaparición de la esposa del director no debería distraerles". Como es habitual, conforme se desarrolla la historia se revela una relación aparentemente distante y una necesidad de Sarah de buscar refugio emocional en otras personas frente a la aburrida frialdad de su marido. Esta actitud contrasta con la de Alana, profundamente conmovida por la desaparición de su madre pero al mismo tiempo incapaz de creer que su padre pueda haber cometido un crimen. La relación al límite con el abuso psicológico que ejerce Michael Polly con uno de sus alumnos y el mejor jugador del equipo de rugby, Dylan (Billy Barratt), también parece estar relacionado con la dinámica emocional que ejercía con su esposa Sarah. Gone puede tener algunos tics demasiado habituales en George Kay, como su tendencia a una estructura narrativa que sostiene en puntos altos del arco de los personajes que ejercen como cliffhangers de los episodios, lo que en dramas como éste a veces se sienten innecesarios y algo forzados. Pero al mismo tiempo contiene la esencia de las mejores series escritas por el mismo autor, y una destacada relación con La sombra alargada. Sobre todo, porque ésta es una historia en torno a masculinidades tóxicas y las dinámicas de poder contra las que se enfrentan las mujeres. Mientras Sarah se revela progresivamente como una esposa atrapada en un matrimonio insatisfactorio, la relación de la inspectora Annie Cassidy con su ex-pareja Craig, es claramente perversa. En los primeros episodios parece un hombre encantador que solo trata de reconquistar a su pareja (después de haberla abandonado por otra mujer), pero conforme se desarrolla la historia, entendemos el grado de abuso psicológico que ejerce sobre Annie. Además, Craig es un detective inspector que tiene acceso al expediente de Tina Bradley, una adolescente desaparecida hace años, sobre la que Annie está siguiendo una pista (el caso que está inspirado en una historia real). Ese es el terreno en el que se  mueve con habilidad una trama de investigación que, en realidad, parece lo menos importante, aunque se sostenga en la sospecha constante sobre Michael Polly. Es el entorno de opresiva masculinidad el que sofoca a la esposa Sarah, a la hija Alana, a la inspectora Annie y también al joven Dylan. Y en ese sentido Gone se construye como una aterradora representación del control coercitivo como un patrón de dominación continua que puede estar impulsado incluso por sentimientos honestos, pero en su versión equivocada. Michael ama tanto a Sarah como Craig ama a Annie, pero su forma expresiva (o inexpresiva) de demostrarlo es profundamente retorcida. La fotografía del español Álvaro Gutiérrez (1973, Sevilla), que lleva algunos años afincado en Gran Bretaña, abunda en el carácter austero que refleja la disciplina escolar a través de colores apagados y desaturados, mientras que la dirección de Richard Laxton, responsable de miniseries como El ladrón, su esposa y la canoa (3Cat, 2022) y Rain dogs (HBO Max, 2023), utiliza zooms de aproximación lentos para enfocar la atención en los personajes, especialmente en Michael Polly y sus oscuros pensamientos. En la superficie, Gone llega a un desenlace más o menos previsible por la naturaleza de la culpabilidad que refleja, que puede incluso ser algo decepcionante, pero es el otro tipo de culpabilidad que se va desvelando en Michael, con la capacidad que David Morrisey ha demostrado para interpretar personajes dramáticos complejos, la que realmente importa en esta historia que respira mejor en su fondo. 

Creednos 
★★★★☆ 
Movistar Plus, 3 de septiembre 
Gran Bretaña 2026 - 4x45'
Creada por Jeff Pope
Dirigida por Julia Ford

La tendencia de los true crime que no se producen en plataformas de streaming confronta directamente con el retrato sórdido que se centra en los asesinos como una especie de obsesiva fascinación, y en ese aspecto la producción británica y la francesa han dado algunos ejemplos notables. El guionista Jeff Pope (1961, Reino Unido) es un especialista en escribir historias de ficción basadas en crímenes reales, como This Is Personal: The Hunt for the Yorkshire Ripper (Granada TV, 2000) o See no evil: The Moors murders (Granada TV, 2007), aunque es más conocido por sus colaboraciones con el actor Steve Coogan: ambos fueron nominados al Oscar por el guión de Philomena (Stephen Frears, 2013) y posteriormente trabajaron juntos en la miniserie inédita The reckoning (BBC, 2023), basada en la historia de un depredador sexual amigo de Margaret Thatcher. Pero en su último trabajo desde el estreno del biopic Archie (Filmin, 2023), el propio Jeff Pope afirma que "no me interesa meterme en la cabeza del culpable", y aunque Creednos (Movistar Plus, 2026) muestra los sucesos que ocurren dentro de un taxi sin ser explícita pero provocando una inquietud permanente, se enfoca más en las víctimas del depredador sexual John Worboys, un taxista que abusó sexualmente de más de un centenar de mujeres desde 2003 hasta que fue condenado en 2009. Conocido en los medios de comunicación como "el violador del taxi negro", era precisamente la confianza que provocaba este transporte público en las víctimas lo que Worboys utilizaba como cebo. En el Episodio 1 (T1E1), Sarah Adams (Aimée-Ffion Edwards) tiene su primera salida nocturna con su amiga Frankie (Laurie Kynaston) desde que fue madre, y al final de la noche decide llamar a un taxi negro para regresar a casa. El taxista es John Worboys (Daniel Mays), un hombre hablador y aparentemente amable que le ofrece celebrar una supuesta ganancia en el casino con una copa de champán. Él es tan insistente que Sarah acepta beber de la copa y acaba despertando en un hospital, sin recordar nada después de su desmayo, pero con la certeza de que ha sufrido una violación. El proceso de interrogatorios y pruebas cuando denuncia el caso se convierte en un invasivo recorrido de re-victimización, cuando debe responder a preguntas relacionadas con cuánto alcohol había consumido antes de subir al taxi. No se sabe a ciencia cierta si Sarah, nombre ficticio basado en una víctima real, fue la primera mujer atacada por John Worboys en 2003, pero la serie establece que el abusador ya tenía un modus operandi preparado, la historia de una noche exitosa en el casino, el ofrecimiento de una copa de champán con sedantes y la violación posterior. Otros dos casos también se reflejan en el guión de Jeff Pope, el de las estudiantes Carrie Symonds (Miriam Petche), el único personaje que es identificado con su nombre real, el de la futura esposa de Boris Johnson, y Laila (Aasiya Shah), ocurridos en 2007, que viven procesos parecidos de humillación durante los interrogatorios, con comentarios de agentes de policía del estilo de "nunca antes había visto a una víctima de violación comportarse así. No está llorando". La falta de empatía de los policías recuerda al descrito por la miniserie El caso del Sambre (Movistar Plus, 2023), que también ofrecía un duro relato sobre el desdén y la falta de respeto que sufrieron las víctimas de un abusador sexual, lo que en buena medida contribuyó a que no se profundizara en la investigación. En el caso de Sarah, su denuncia fue archivada por falta de pruebas y por las dudas de la policía de que un taxista con licencia, y por tanto fácilmente identificable, pudiera actuar como un violador, lo que provocó que hasta el año 2008 no se produjera una investigación que acabó conectando un caso de violación con los otros ocurridos en años anteriores, llegando a acumular más de un centenar de víctimas que no fueron escuchadas. 

La serie introduce en el desenlace una estadística que resulta perturbadora: en Gran Bretaña solo el 3% de las denuncias por violación acaban en una condena, y de hecho Creednos es una historia que se siente incómoda, un relato de terror en el que las víctimas son convencidas por una aparente cortesía para ser sometidas posteriormente. La directora Julia Ford (1963, Reino Unido) evita centrarse en el culpable, interpretado con una simpatía oscura por el excelente Daniel Mays, y lo retrata en los primeros episodios desde la perspectiva de sus víctimas, mostrando solo la sombra de su cabeza al otro lado de la mampara del taxi. El efecto de los sedantes en las mujeres es utilizado desde el punto de vista visual para ofrecer algún momento de los abusos a través de una imagen borrosa y poco clara, lo que la hace aún más inquietante. Pero es el personaje de Sarah Adams el que lleva el peso de ese proceso de revictimización, cuando seis años después de su denuncia archivada, John Worboys es detenido y comienzan a surgir otras víctimas que cuentan la misma historia que ella contó. El último episodio está centrado en otro camino tortuoso, el de un proceso judicial en el que sólo los casos más claros fueron llevados a los tribunales (John Worboys fue condenado por 16 violaciones, aunque la policía lo conecta con más de un centenar de víctimas). La historia describe con eficacia cómo los soportes de confianza de las mujeres acaban fallando: en primer lugar, los taxis con licencia que parecen ofrecer garantías de seguridad, en segundo lugar la investigación policial que debería mantener la creencia en la víctima en vez de ponerla en duda, y sobre todo un proceso que hace pocos años resultaba humillante. Sarah Adams debe esperar hasta cuatro horas en la comisaría para que su testimonio sea escuchado, y en especial en casos como los que retrata Creednos se transmite la sensación de que las propias víctimas deben justificar su comportamiento, si han bebido demasiado, sin han sido demasiado confiadas, si son incapaces de recordar el ataque... En este sentido, la serie quiere ser a veces tan directa que puede dar la sensación de que es excesivamente aleccionadora, especialmente en el tramo final en el que las dos protagonistas principales deciden denunciar a la policía metropolitana de Londres. Pero la estadística del 3% mostrada al final del último episodio parece indicar que los nuevos protocolos que han sido introducidos en la gestión de las denuncias de violación y abusos sexuales no han resultado efectivas. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

Indiana Jones y el dial del destino se puede ver en Disney+. 
Uno de los nuestros se puede ver en FIlmin y Prime.
El irlandés se puede ver en Netflix.
El clan de los irlandeses se puede ver en Prime. 
El mago de Oz se puede ver en HBO Max y Movistar Plus.
Thelma y Louise se puede ver en MGM+ y Movistar Plus. 
This is England se puede ver en Filmin, Movistar Plus y Prime. 

04 agosto, 2026

Fantasia '26 - Parte 9: La mirada asiática (II)

Llegamos al final de nuestras crónicas de Fantasia Festival, en una edición de cuya programación hemos reseñado unos cincuenta largometrajes y cortometrajes, como una muestra destacada de una de las citas más importantes del género fantástico que se celebra cada año en la ciudad de Montreal. Pronto llegarán las cifras de asistencia y los datos de medios acreditados, pero lo cierto es que dedicamos desde hace algunas ediciones una amplia cobertura a un festival que ofrece algunos de los títulos más destacados que posteriormente formarán parte de la programación de otras muestras cinematográficas como Sitges. En nuestra última crónica hemos querido volver a la referencia de la primera que realizamos con críticas de películas, dedicada a una selección de títulos que provienen de la cinematografía asiática, tan presente en la programación de Fantasia Festival. 

The mouths

Takashi Shimizu

Japón 2026 | 89' | Horizon | ★★


Uno de los nombres que sin duda ha cambiado el panorama del género de terror desde los años 2000 es el de Takashi Shimizu (1972, Japón), quien con franquicias como La maldición (2002) y El grito (2004), sus secuelas y sus remakes acabó asentando un acercamiento al género que incluso llegó a influir en la forma en que Hollywood se acercaba a él. Pero, a pesar de haber realizado algunas incursiones en Estados Unidos, el realizador ha podido permanecer fiel a su propia industria cinematográfica, construyendo una carrera que le ha consolidado como una pieza fundamental en la transformación de un género como el J-Horror que ha utilizado su fórmula para repetirla una y otra vez durante más de una década. Una de las dos películas que estrena este año es The mouths (Takashi Shimizu, 2026), inspirada en el relato corto A questionnaire about the mouths (2025), del reconocido autor de terror Sesuji, del que el año pasado se adaptó su primera novela, About a place in the Kinki region (2023) en la película Kinki (Kôji Shiraishi, 2025), que cosechó un notable éxito en Japón. El trabajo de adaptación de Takashi Shimizu ha modificado algunos aspectos importantes de la historia, ampliándola hasta encajar en un largometraje de duración estándar e introduciendo otra dimensión a algunos personajes importantes. El relato de Sesuji se estructura en torno a una serie de entrevistas a diferentes grupos de jóvenes que han tenido experiencias terroríficas cuando han seguido la senda de un árbol maldito situado en un cementerio inhóspito. Los primeros son Shota Murai (Rihito Itagaki) y sus amigos de la universidad Tatsuya (Keito Tsuna) y Mirei (Momona Kasahara), acompañados por An (Ai Yoshikawa), el personaje que más ha cambiado entre la novella y la película. Estos jóvenes se graban a sí mismos mientras cada uno de ellos se adentra por turnos en el misterioso camino que desemboca en el árbol maldito, entre las tumbas del cementerio, y por supuesto en plena noche. Pero en este caso el director alterna las declaraciones de cada uno de los jóvenes en un interrogatorio posterior con la representación visual de los acontecimientos que han ocurrido en el bosque. De manera que el relato adopta la forma narrativa que toma su título de la película Rashomon (Akira Kurosawa, 1950), para contar la misma historia desde diferentes puntos de vista, pero no todos demasiado fiables. Otro relato diferente es el que cuentan otros dos amigos, Hotta (Shuto Mori) y Kawase (Tomoki Nishiyama), entre los que hay una clara dinámica de poder y sumisión, que también hicieron su propia incursión en el cementerio, el bosque, el camino y el árbol, descubriendo la presencia de una figura terrorífica femenina, de esas que Takashi Shimizu suele ir desvelando lenta y pausadamente, apoyándose en los resortes del mejor suspense. 

El director evita inteligentemente los sobresaltos y los sustos, para elaborar una forma de terror mucho más sutil, la que establece un ritmo pausado en el que una presencia misteriosa parece capaz de lo más imprevisible. Pero sobre todo The mouths destaca en los relatos de los jóvenes, unos interrogatorios en los que surgen los secretos y las contradicciones, pero que están planificados de una manera magistral, con primeros planos de miradas que ven lo invisible, de oídos que escuchan lo insonoro y de bocas que expresan pavor. Este estilo de dirección puede provocar un ritmo más lento de lo habitual, y casi traslada una narración experimental, lo que dentro del género de terror es un hallazgo especialmente hábil. La investigación en torno a la desaparición de An se construye, no desde una perspectiva tradicional, sino desde las verdades (y algunas mentiras) que cuentan los amigos. Pero esta narración no lineal consigue crear una atmósfera de desasosiego que está directamente conectada con la incomodidad que provoca en el espectador. Algunos podrán sentirse frustrados por la falta de efectismos en esta película, pero es precisamente esta ausencia de lugares comunes lo que plantea un acercamiento mucho más arriesgado y, en nuestra opinión, tan logrado que hay momentos en los que las imágenes provocan escalofríos, no por lo que muestran, sino por lo que sugieren. En este sentido, el diseño de sonido de la película es otro aspecto técnico destacable, aumentando el nivel de las estridulaciones de los insectos que se alimentan del árbol, elevando el ensordecedor canto que provocan las vibraciones de las cigarras, pero también utilizando el silencio como un elemento de suspense. Cuando el tercer acto revela algunas de las medias verdades y de la manipulación a la que algunos personajes han sido sometidos, contaminando la investigación a cargo del detective Kusakabe (Shido Nakamura), se entiende perfectamente por qué el director ha elegido acercar tanto los planos a los rostros. Porque las bocas no siempre expresan lo que los pensamientos están elucubrando, porque el relato no siempre es fiable y porque el misterio quizás oculta una realidad mucho más aterradora de lo que podíamos haber imaginado.    

Colony

Yeon Sang-ho

Corea del Sur 2026 | 122' | Proyección Especial |

Cannes '26: Fuera de concurso


El festival suele tener una fijación por algunos directores, y en el caso de Yeong Sang-ho (1978, Corea del Sur) lo ha demostrado estrenando todas sus películas recientes, desde que hace una década presentara Train to Busan (2016), que conmemorando su décimo aniversario se vuelve a estrenar en Estados Unidos a mediados de agosto. A pesar del éxito internacional y las buenas críticas, el director coreano siempre se ha negado a ampliar el universo de su película y ha preferido explorar otro tipo de zombis, como hizo en la secuela Península (2020), con bastante menos acierto. También ha abordado el formato de series con Rumbo al infierno (Netflix, 2021-2024) y otros géneros en títulos como Revelación (2025), pero su regreso a los entornos plagados por seres humanos infectados ha despertado una mayor atención, hasta el punto que Colony (Yeong Sang-ho, 2026) tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes. La premisa que se incluye en esta nueva incursión en el universo de los zombis es la posibilidad de que se comporten de una manera parecida a las colonias de hormigas, cuya comunicación se produce a través de la expulsión de señales químicas, las feromonas, que establecen una conexión con el resto para intercambiar información sobre la detección de comida o incluso dar instrucciones precisas. A partir de este planteamiento, durante una conferencia sobre biotecnología el científico Seo Yeong Cheol (Koo Kyo Hwan) decide tomar venganza por lo que él considera un robo a su proyecto por parte de Kang U Cheol (Kim Jong Tae), director ejecutivo de la empresa Chains Bio. De manera que se inyecta a sí mismo la única vacuna que existe contra un virus creado por él, y al director le inocula este virus que provoca una especie de moho blanco que se expande para infectar a otros seres vivos. Si alguien está pensando en The last of us (HBO Max, 2023-) puede estar en lo cierto, pero en realidad es un concepto de contagio que proviene de la propia naturaleza, especialmente el hongo llamado Ophiocordyceps, que infecta a especies como las hormigas y las arañas para manipular su comportamiento. De esta manera, la película introduce una cierta novedad dentro del género de zombis, al incorporar a un claro antagonista que es quien controla a todos los zombis. Como en sus anteriores películas, el director desarrolla la mayor parte de la historia dentro de un entorno cerrado, en este caso un centro comercial que forma parte de un rascacielos, lo que proporciona esa sensación de claustrofobia que tan bien supo manejar en Train to Busan. Entre los supervivientes de una infección que rápidamente es aislada y confinada por las autoridades coreanas, se encuentra Kwon Se Jeong (Gianna Yun), una profesora de biotecnología desempleada que ha sido invitada al evento por su exmarido Han Gyu Seong (Go Soo) con la intención de conseguirle un trabajo, y que se convertirá en la principal protagonista. Ella detecta el patrón de comportamiento de los infectados, que no solo responden a órdenes concretas sino que se "actualizan" progresivamente, corriendo a cuatro patas primero y lanzándose contra carteles con fotografías de humanos, para ir adquiriendo mayor conciencia que les permite distinguir a las personas de sus representaciones.  

A través de este concepto de infección y evolución, Colony aborda temas como la incomunicación en nuestra sociedad, pero realmente tiene pocas que decir en torno a cuestiones relevantes. Por el contrario, el director se embarca en una frenética historia de ataques y persecuciones que, aunque ofrece explicaciones científicas que tratan de justificar el comportamiento de los infectados, puede resultar más superficial que las implicaciones políticas que se podían encontrar en títulos anteriores como la película animada Seoul Station (Yeong Sang-ho, 2016). Pero hay que reconocerle su capacidad para mantener el ritmo durante sus dos horas de duración, estableciendo primero una confrontación entre un grupo de supervivientes, con algunas características algo estereotipadas, y la horda de infectados, para ir desplazándose progresivamente hacia el enfrentamiento personal entre la científica Kwon Se Jeong y el bioterrorista Seo Yeong Cheo. Los zombis de las películas de Yeong Sang-ho siempre son violentos y agresivos, pero consigue que en Colony sus movimientos resulten especialmente intensos, gracias a una coreografía de Jeon Young que utiliza bailarines, acróbatas y contorsionistas que ofrecen una imagen absolutamente impactante de la forma en que se comportan estos infectados. El contraste entre los zombis que se comunican entre sí y actúan como una entidad única, y los supervivientes, que forman un grupo disperso en el que a veces predominan los intereses personales, es uno de los planteamientos principales de la necesidad de Seo Yeong Cheo de inocular este virus para destruir a la humanidad tal como es. Es una idea parecida a la que hemos visto en Pluribus (Apple tv, 2025-): vivir como una colonia estable que siempre actúa en beneficio del grupo o disfrutar del libre albedrío que puede desembocar en decisiones egoístas. Mientras que la protagonista tiene que enfrentarse a otra decisión difícil, entre matar al único receptor de la vacuna para evitar la expansión del virus, pero exponiéndose al rechazo de la sociedad por haber eliminado la única cura que podía haber salvado a los infectados. Las comparaciones entre Colony y Train to Busan son inevitables, pero quizás también innecesarias, ya que estamos ante otra interpretación diferente del género de zombis. Por supuesto, sale perdiendo esta última incursión, pero se trata de una propuesta lo suficientemente sólida como cine comercial como para destacar en una filmografía que ha conseguido niveles de excelencia. La película también supone el regreso de la actriz Gianna Yun al cine, después de protagonizar Asesinos (Choi Dong-hoon, 2015) y dedicarse todos estos años a las series, y el estreno en Corea del Sur el pasado mes de mayo ha supuesto un récord de taquilla, haciendo pronosticar que Colony pueda superar el éxito que tuvo Train to Busan, apoyado también en las ventas internacionales a 120 países.

Wind breaker

Kentarô Hagiwara

Japón 2025 | 122' | Horizon |


Con más de diez millones de ejemplares vendidos, el manga publicado por Satoru Nii en el año 2021 sobre dos bandas de pandilleros juveniles enfrentadas se ha convertido en un éxito que ha traspasado lo meramente literario, con adaptaciones como serie y como largometraje en tan solo cuatro años. Wind breaker (2021-, Ed. Penguin Libros) es un shônen (subgénero para lectores entre 8 y 18 años) que ha causado furor en Japón y con el que su autor ha dado el salto al estrellato, y que todavía continúa publicando nuevas historias. El mismo Satoru Nii aparece acreditado como creador de la posterior serie que ha adaptado su obra, Wind breaker (Crunchyroll, 2024-2025), un anime formado por dos temporadas, y a finales del año pasado se estrenó en Japón la versión con actores reales en formato de largometraje, que ahora se ha presentado en Fantasia Festival y que en el mercado internacional también estrenará la plataforma Crunchyroll. La historia está protagonizada por Haruka Sakura (Koshi Mizukami), un joven marginado desde la infancia debido a su apariencia, caracterizada por la heterocromía en el cabello y los ojos, siendo rubio y moreno al mismo tiempo, una característica que el autor del manga original afirmó que había elegido para distinguir al personaje del resto, pero que también sirve para introducir el tema del pasado de acoso escolar que tuvo el protagonista. De hecho, no confía en nadie y solo se comunica mediante réplicas mordaces y su innegable habilidad para la lucha. Le encanta pelear y ha elegido la preparatoria Furin, famosa por sus formidables luchadores, para destronar a su campeón. Recién llegado a la ciudad de Makochi, se ve envuelto de inmediato en una épica pelea con una banda de matones de Shishitoren, agentes del caos que buscan constantemente el poder sobre la población. Sin embargo, se siente sorprendido por la comunidad que forma un grupo de jóvenes con los comerciantes locales de la ciudad, a través del clan Bofurin, liderado por el estudiante Hajime Umemiya (Shûhei Uesugi), que sirve como un escudo contra las oleadas de violencia y destrucción desatadas por los matones de Shishitoren, que sueñan con tomar el control de la ciudad y de la preparatoria Furin. En la película Wind breaker (Kentarô Hagiwara, 2025), el concepto de la ciudad tiene un cierto aire a los pequeños pueblos del western norteamericano, con la calle comercial Higashikaze como un lugar de encuentro, y de hecho los primeros compases de la banda sonora compuesta por Yaffle (1991, Japón), tienen un tono folk, con guitarras eléctricas y armónica, que subraya esta referencia. Frente al deseo de Haruka Sakura de luchar para tomar el liderazgo de los Bofurin, recibe una respuesta desconcertante: el grupo no está interesado en la violencia, como otras bandas que llegan a la ciudad de Makochi, sino que se sostiene en la resistencia y el pacifismo, aunque cuando hay que luchar son los mejores. 

La película abarca los cuatro primeros tomos de Wind breaker, que en el anime en forma de serie ocupó una temporada de 13 episodios, y aunque es relativamente larga, llegando a las dos horas de duración, esta ambición de resumir tanta historia en un solo largometraje se hace notar en la falta de profundidad de los personajes y un cierto desequilibrio en la forma de desarrollar las diferentes tramas, desde la conversión de Sakura en un miembro de los Bofurin siguiendo sus propias reglas hasta el enfrentamiento con la banda rival Shishitoren, liderada por Kōki Yamashita (Derek Snow). La novedad del manga Wind breaker es que ofrecía una historia para adolescentes con protagonistas pandilleros que sin embargo no trataba a los personajes tan claramente como protagonistas y antagonistas, aunque se establezca un conflicto entre ellos. Y el hecho de que una de las pandillas se base en el pacifismo antes que en la violencia para resolver sus problemas aporta una perspectiva diferente a lo habitual en este tipo de historias, aunque acabe en un enfrentamiento por las calles de Makochi. La puesta en escena juega con el colorismo del manga, con los Bofurin representados con el color verde que hace referencia la naturaleza y los Shishitoren adquiriendo en la película el color amarillo, un cambio respecto a la obra original en la que el rojo era el color que les representaba. Pero aunque el director Kentarô Hagiwara (1980, Japón) intenta centrarse en los diferentes arcos narrativos de los personajes principales, algunas de sus decisiones parecen demasiado aleatorias. La dificultad de trasladar el universo de un manga o un anime a una historia con actores reales está sobre todo en dar credibilidad a los personajes y sus apariencias, que en una animación pueden tener cierta justificación, pero resultan más ridículas en imagen real. Y no siempre Wind breaker consigue que sus personajes se sientan como algo más que representaciones más o menos fieles a los personajes de la historia original. En el apartado de las luchas, funcionan bien las coreografías, pero hay una falta de experiencia en la dirección de estas secuencias, a veces tomando planos más cercanos que no terminan de encajar dentro de la escena completa, y en general con poca habilidad para elaborar una propuesta visual que resulte atractiva, a pesar del colorido y una adecuada ambientación, creando un distrito comercial en Okinawa. Wind breaker capta el tono del manga, pero profundiza menos en sus personajes y elabora secuencias de lucha menos espectaculares de lo que se podría esperar, aunque se trata de un entretenimiento adecuado que tampoco toma demasiados riesgos. 

The Specials

Eiji Uchida

Japón 2026 | 110' | Horizon |

Fantasporto '26: Premio del Público


Desde el éxito de su película Midnight swan (2021), el director Eiji Uchida (1971, Brasil) ha llevado una carrera tan prolífica que el año pasado estrenó tres películas y este año también ha dirigido otras tres, dos de las cuales se han presentado en Fantasia Festival. La más comercial es The Specials (Eiji Uchida, 2026), una comedia que hace constantes referencias al género de yakuzas, mezclándolo con una especie de comedia social al estilo Full Monty (Peter Cattaneo, 1997). La excusa para este planteamiento tan singular es más o menos sencilla: un miembro de la yakuza llamado Kumashiro (Kippei Shîna) contrata a cuatro asesinos independientes para eliminar al jefe Honjō (Renji Ishibashi), el poderoso líder del sindicato rival Honjō-gumi. Hasta el momento, ejecutar el asesinato ha sido complicado porque Honjō usa frecuentemente dobles, lo que genera constantes dudas sobre su paradero. Sin embargo, Kumashiro ha descubierto una debilidad en su rival: Honjō jamás faltará a la actuación de su nieta  en una competición de baile. El improbable plan consiste en que los asesinos, todos ellos inexpertos en coreografía excepto Daiya (Daisuke Sakuma), formen un grupo de baile que pueda competir para llegar a la final del concurso donde, aprovechando que están sobre el escenario con Honjō sentado en primera fila, poder dispararle a quemarropa sin posibilidad de fallar. Son tantas arbitrariedades las que pueden dar al traste con el plan que éste parece inconsistente, pero en una comedia como The Specials tampoco importa demasiado. Los asesinos acabarán consiguiendo a una instructora muy particular en Asuka (Urara), una niña huérfana que considera a Daiya como un padre después de que éste la salvara de un ataque a su familia en el que él mismo había participado, traicionando a su líder. La comedia radica en la primera parte de la película en estos torpes mafiosos que son expertos asesinos capaces de disparar a su objetivo a gran distancia, pero no tienen el más mínimo talento en coordinar su pie izquierdo con su mano derecha. En esta edición de Fantasia Festival hemos visto otra muestra de mafiosos metidos a bailarines en la película Break free (Yu Nakamoto, 2026), así que parece un subgénero muy transitado últimamente por el cine japonés. En el caso de la que comentamos, hay una clara referencia a las películas yakuza clásicas, sobre todo a través de guiños procedentes de un reparto en el que encontramos algunos habituales actores de las películas de mafia de Takeshi Kitano y Takashi Miike, lo que añade una especie de capa de nostalgia hacia la época de esplendor de este género cinematográfico. Y ver a actores como Hitoshi Ozawa, que fue uno de los iconos del cine de yakuzas desde sus primeros trabajos en los años ochenta y ha dirigido varias de ellas, tratando de coordinarse con las coreografías de baile, añade un toque hipertextual al sentido del humor de la película. 

Sin embargo, The Specials acaba resultando no solo bastante previsible sino algo cursi en el desarrollo de sus personajes, especialmente en relación con la niña Asuka que le da un perfil algo infantil a la propuesta. Incluso en las coreografías que se proponen para el concurso, marcadas por otro toque nostálgico que añade la inclusión de canciones pop de los años ochenta, la presencia de dos jóvenes músicos y bailarines como Daisuke Sakuma, del grupo de J-pop Snow Man, y Yuta Nakamoto, del grupo de K-pop NCT (Neo Culture Technology), tratan de compensar las debilidades coordinadoras del resto de miembros del cuerpo de baile. Pero también parece una descarada estrategia comercial para hacer más exitosa la película. Las secuencias de acción son claras deudoras de dos de los principales referentes del director Eiji Uchida: por un lado, el cine de John Woo y por otro lado las películas de John Wick. Pero la combinación de cine de acción con muertes violentas y comedia musical con trasfondo social no termina de encajar bien, creando un híbrido bastante extraño en el que la presencia de la niña Asuka en medio de algunas secuencias muy sangrientas puede resultar un tanto incómoda. Incluso hay elementos del guión que no están lo suficientemente cohesionados, dejando el descubrimiento de Asuka de que los componentes del grupo de baile The Specials son realmente sicarios, como una especie de subtrama que no parece merecer una conclusión adecuada. El cine coreano quizás debería reflexionar sobre la  discutible introducción de personajes (y por tanto actores) infantiles en películas de alto contenido violento, no solo como elementos adyacentes, sino formando parte de las secuencias más sangrientas, porque quizás no son tan necesarios como parecen reflejar. En todo caso, The Specials puede funcionar como una comedia con sentido del humor básico que tiene su mayor virtud en la mirada admirativa hacia el género de yakuzas que tuvo momentos de mayor esplendor. Para los aficionados al cine de acción oriental, es demasiado blanda y excesivamente cursi como para resultar siquiera entretenida.

Suzuki=Bakudan

Akira Nagai

Japón 2025 | 137' | L'Ecran Fantastique | ★★

Hochi Film Awards '26: Mejor actor secundario (Jirō Satō)

Academia del Cine Japonés '26: Mejor Actor secundario (Jirō Satō)

Fantasia '26: Premio del Público (L'Ecran Fantastique)

Cuando a una película se la compara constantemente con Se7en (David Fincher, 1995) puede surgir cierto interés, pero también cierta aprensión hacia lo que vamos a ver. En relación con la comparación, este thriller japonés no decepciona, porque hay una evidente influencia: al igual que John Doe (Kevin Spacey) era un seudónimo que utilizaba para el personaje el nombre que se le asigna a las personas anónimas, en el caso de Tagosaku Suzuki (Jirō Satō) también resulta un nombre demasiado común como para levantar sospechas (Suzuki en japonés es tan habitual como Rodríguez en España), y todas sus escenas, más de la mitad de la película, se desarrollan en una sala de interrogatorios. Al principio, todo parece normal cuando los agentes Sara Koda (Sairi Ito) y Taito Yabuki (Ryota Bando) arrestan a un hombre sin hogar por destrozar una máquina expendedora de refrescos. Pero cuando es interrogado, Suzuki revela que es capaz de predecir lo que sucederá en el núcleo comercial de Akihabara, en el centro de Tokio. Cuando un artefacto explosivo detona en el este lugar, y una segunda bomba explota en otra zona que había descrito Suzuki, es enviado a la Unidad de Crímenes Violentos, considerado como un posible terrorista, porque afirma que otros artefactos van a seguir explotando a lo largo de toda la ciudad, aunque él no se hace responsable de ellos. Conforme se desarrolla Suzuki=Bakudan (Akira Nagai, 2025), un intenso thriller lleno de giros de guión, el extrovertido mendigo se va transformando en una figura oscura que parece disponer de información privilegiada, mientras el negociador Teruji Kiyomiya (Atsuro Watabe) y su asistente Ruike (Yuki Yamada) tratan de averiguar cuáles son las verdaderas intenciones de Suzuki y su grado de implicación en los artefactos explosivos. Ciertamente, la tensión de la película es sobresaliente, aunque la mayor parte de ella transcurra dentro de una sala de interrogatorios, con un trabajo de interpretación de Jirō Satō que ha sido reconocido en los premios de la Academia de Cine de Japón, el único galardón de las 12 nominaciones que consiguió la película. Alrededor de este personaje surgen otras subtramas que quizás alargan demasiado la duración, como la de los dos agentes de policía que lo detuvieron, o la de un veterano policía caído en desgracia, llamado Yugo Hasebe (Masaya Katô), que podría tener alguna relación con el interrogado. La película funciona perfectamente como un retorcido thriller psicológico en el que los detalles en el comportamiento y los gestos de Suzuki son incluso más importantes que sus respuestas, aunque a veces pierde el ritmo y parte del suspense. 

Uno de los problemas que surgen dentro de un guión que retuerce las tramas y elabora giros constantemente, es que la resolución no llega a ser demasiado clara, y se vuelve confusa en el tercer acto. La historia está basada en la novela Bomb (Bakudan) (2022), del autor Katsuhiro Go (1980, Japón), que fue un gran éxito de ventas, y en el que ya se destacaban las influencias de la película de David Fincher. En el terreno visual, hay un contraste interesante entre la planificación cerrada, casi claustrofóbica y opresiva, que el director Akira Nagai utiliza en la sala de interrogatorios, con las tomas aéreas para mostrar el bullicio de las zonas comerciales de Tokio donde el antagonista ha anunciado que van a explotar las bombas, estableciendo momentos de tensión y de suspense muy logrados. Dentro de una trama que se sostiene en el enfrentamiento psicológico entre Suzuki y sus interrogadores, sobre los que ejerce cierto control al elegir quién es el más adecuado para él, sabiendo que necesitan urgentemente de la información que pueda aportar, el director también deja espacio para introducir elementos relacionados con el comentario social. Para el personaje de Suzuki, el orden social establecido no existe, teniendo en cuenta la forma en que son tratadas las personas sin hogar, sufriendo una progresiva invisibilidad que él ahora subvierte al disponer de una ventaja sobre sus interrogadores. Hay que señalar que buena parte de los componentes de la Unidad de Crímenes Violentos parecen demasiado jóvenes como para ejercer funciones de tanta responsabilidad, algunos de ellos casi tienen aspecto de estudiantes en vez de investigadores profesionales. Pero algunos de estos detalles de la película que resultan inverosímiles no enturbian su capacidad para crear tensión con elementos relativamente sencillos, gracias a una buena planificación y un montaje notables. A pesar de sus defectos de ritmo, Suzuki=Bakudan es un thriller elegante y efectivo, que consigue ir más allá del puro entretenimiento para construir una red de mentiras y de medias verdades que acaban elaborando una muestra lo suficientemente sólida de cine de género. 

The last footage

Arkar Soe Oo

Myanmar 2026 | 88' | Horizon |


La modesta industria cinematográfica de Myanmar (Birmania) solo ofrece algunos destellos de talento, como el director taiwanés Midi Z (1982, Myanmar), con películas como The road to Mandalay (2016), que denunciaba la discriminación de la población birmana en Taiwán, y Nina Wu (2019), que recibió una Mención Especial en el Festival de Sitges, realizando una denuncia de los resortes que protegen a los abusadores en la industria del cine internacional. Pero, al margen de esas muestras, realizadas desde la diáspora, el cine que se hace en Myanmar tiene escasa repercusión internacional, producido principalmente para un mercado local a través de películas de género que no suelen estar disponibles en los mercados de fuera del país, a no ser que pasen por secciones específicas como Open Doors del Festival de Locarno. Aunque no hay muchas muestras de cine de terror, 
quizás porque el verdadero terror ya se vive en la inestabilidad política del país. En 2021, una junta militar dio un golpe de Estado, deteniendo a la presidenta Aung San Suu Kyi, hija de un conocido héroe de la revolución contra el colonialismo británico, y ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1991, cuando los galardones estaban dotados de auténtico significado. Desde entonces permanece detenida y se la ha dado por muerta en varias ocasiones, aunque en mayo de este mismo año sus abogados confirmaron que su situación había cambiado a arresto domiciliario. El ex-general golpista Min Aung Hlaing se convirtió en presidente del país en marzo de 2026, tras unas elecciones controladas por el ejército después de eliminar a todos los partidos de la oposición y controlar a los partidos que se presentaban. En medio de esta situación, el joven director Arkar Soe Oo ha producido con escasos recursos y un grupo de amigos la que se anuncia como primera película birmana de "metraje encontrado", ese subgénero del horror que puso de moda El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999), una de las referencias más claras de esta historia. Curiosamente, la otra película que el director menciona como muy influyente en el tipo de terror que quería construir es la española [REC] (Jaume Balagueró, Paco Plaza, 2007). Quizás la característica más singular de The last footage (Arkar Soe Oo, 2026) es que es una de las primeras que utiliza para justificar el punto de vista en primera persona unas gafas inteligentes que se ha comprado uno de los protagonistas, Aung Khant (interpretado por el propio Arkar Soe Oo), al que solo le vemos en tercera persona en algunos momentos. Cuando se compra unas gafas con cámara 4K Pro, el mismo formato en el que está dirigida la película, decide grabar el viaje que realiza con sus amigos Mya (Lain Maw Thee), Wa Na (Thiha Tin Aung Soe), Linn (Li Li Kyaw Khaing), Daisy (Adira Oo) y Thu Ya (Charlie Nyein) a una cabaña remota en un apartado bosque, el lugar idóneo para que aparezcan fantasmas y criaturas relacionadas con el folclore local. La intención del director es introducir al espectador en una experiencia inmersiva a través de la perspectiva en primera persona de las gafas Pro 4K, siguiendo principalmente el esquema de El proyecto de la bruja de Blair, pero no termina de conseguirlo porque esta elección de punto de vista se acaba convirtiendo en su principal desventaja. 

Hay que reconocer algunas ideas interesantes que pueden, o no, haber surgido de la falta de presupuesto, pero que al final acaban siendo efectivas. El director ejerce como operador de cámara, adoptando por tanto la mirada de su personaje, lo que hace que la interacción con el resto de personajes no parezca demasiado artificial. Mientras que la narrativa entre el primer acto y los dos restantes cambia de manera consistente y justificable, pasando de una estructura entrecortada que introduce elipsis para presentar a los personajes a través de los momentos que realmente interesan a la historia, mientras que, cuando se adentran en el bosque y surgen las criaturas, la narración visual se sostiene sobre todo a través de largos planos secuencia mostrados únicamente desde el punto de vista de Aung Khant, lo que por otro lado requiere que el personaje esté presente en todas las secuencias, tenga o no una función clara más que mirar los acontecimientos. The last footage, aunque consigue salvar con mayor habilidad la justificación de grabarlo todo a través del recurso de las gafas, no puede evitar caer en todos los tópicos del género de metraje encontrado, y también en todas sus flaquezas. Pero es quizás el empeño del director por aportar una puesta en escena que se parezca a la de sus referentes cinematográficos lo que acaba complicando el desarrollo de la propuesta. Sobre todo en un tercer acto en el que los supervivientes son perseguidos por un demonio local, al que se enfrentan en una secuencia final bastante amateur, ejecutada con mucha imprecisión y con un ritmo francamente mejorable. A la representación de la criatura con pocos recursos se le añade una coreografía de lucha que a veces resulta bastante ridícula, y el guión no se esfuerza demasiado en que los hilos narrativos expuestos con anterioridad terminen de encajar. Al final no le queda claro al espectador cuál es el origen ni el objetivo de la bruja, los demonios y la criatura, y la historia se siente tan empeñada en centrarse en el enfrentamiento físico que se olvida de explorar los entresijos psicológicos. A pesar de todo, The last footage no es una película descartable porque contiene algunos buenos hallazgos y resulta meritoria su pretensión de abordar un género comercial con escasos medios. El director ya tiene rodada su siguiente película, que pretende presentar a la selección del próximo Festival de Cannes, así que ambiciones no le faltan. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

La maldición se puede ver en Prime Video.
El grito se puede ver en Lionsgate+.
Rashomon se puede ver en Acontra+, Filmin, Plex, Prime Video y Tivify.
Train to Busan y Seoul Station se pueden ver en Acontra+, Filmin y Prime Video.
Península se puede ver en Acontra+ y Tivify.
Se7en se puede ver en Filmin y HBO Max. 
The road to Mandalay y Nina Wu se pueden ver en Filmin. 
El proyecto de la bruja de Blair se puede ver en Lionsgate+, Netflix, Plex y Rakuten.