28 septiembre, 2010

La fascinación por México

El grupo musical Nine Rain, un sexteto liderado por el norteamericano Steven Brown, ha puesto música a la película inacabada de Sergei Eisenstein ¡Que viva México! en un disco que refleja la fascinación de dos miradas extranjeras por el país mexicano.

Un día, Steven Brown, harto de su país de origen, hizo girar un globo terráqueo y puso el dedo sobre él. El lugar sobre el que se detuvo su dedo acabaría siendo su residencia: México. Allí formó el grupo musical Nine Rain, que se ha convertido en uno de los más representativos de una creación de vanguardia que nace de la tierra mexicana para expandirse hacia todo el mundo. En 2009 publicaron el album ¡Que viva México!, la representación de su trabajo musical para acompañar las imágenes de la película inacabada de Sergei Eisenstein, que algunos críticos consideran "el proyecto más grande del director pero también su mayor tragedia personal". 

Porque de la película solo se pudo rodar una cuarta parte. Dividida en cuatro episodios, un prólogo y un epílogo, ¡Que viva México! atravesó por todo tipo de dificultades hasta que, un año después del comienzo del rodaje, Eisenstein desistió de este proyecto tan querido. Pero la labor del guionista Grigori Aleksandrov, que recuperó el material filmado en 1979 y realizó un montaje siguiendo los storyboards del propio director, nos han permitido al menos vislumbrar los deseos del cineasta. Algo es algo. 

Ahora, esta película mutilada por la falta de presupuesto cobra vida de nuevo con la aportación musical de Nine Rain, con esa mezcla de jazz contemporáneo, música folclórica y sonidos vanguardistas que permiten escuchar esta grabación, como hacemos En Primera Fila, de forma independiente, sin la necesidad de acompañarla con las imágenes sobre la que fue creada. 

¡Que viva Mexico! es una doble satisfacción: la de recuperar para nuestra memoria un clásico del cine mudo desconocido por su carácter inconcluso, pero también la de acercarnos a la música de una de las formaciones más interesantes del panorama musical. Y demuestra una vez más, como en otros experimentos artísticos de esta índole, que el cine mudo mantiene su esencia acompañado con la reinterpretación musical de nuestros días. 

19 septiembre, 2010

La miopía de la Academia de Cine

Tras anunciarse la lista de tres candidatas elegidas por la Academia para ser posibles representantes españolas para el Oscar, no se termina de entender cuáles son los criterios que llevan a elegir títulos tan escasamente golosos para Hollywood. 

La terna de prefinalistas que optan a representar a España en la carrera por los Oscar no parece despertar muchas esperanzas de que este año haya un título español en la ceremonia. Por un lado, Celda 211, de Daniel Monzón, si bien es cierto que conocerá un remake en Hollywood, no tiene en su argumento y estética nada que la diferencie de decenas de películas que nos llegan del cine norteamericano, aunque aporte ciertas dosis de calidad. Resulta curioso que el año pasado no fuera seleccionada por la Academia (es decir, no creían los miembros que tuviera posibilidades de cara a los Oscar) y este año sí hayan creído en sus aspiraciones. 

Lo que nos centra de nuevo en el absurdo de los reglamentos. En teoría, solamente pueden participar en esta selección aquellas películas que se hayan estrenado antes del 30 de septiembre de 2010. Según esta norma, la cinta de Icíar Bollaín También la lluvia no podría participar, ya que tiene previsto su estreno comercial el ¡7 de enero de 2011! Pero existe la posibilidad, para los productores que quieran incluir sus películas dentro de la lista de candidatas, de hacer lo que se denomina un "estreno técnico". Es decir, mantener una copia durante siete días en una sala comercial. Lo que suele hacerse es "estrenar" en un pequeño pueblo sin demasiada repercusión y por tanto acceder a la lista de candidatos. 

Y digo yo: si es posible hacer ésto ¿por qué coño no cambian el reglamento y permiten que películas no estrenadas pero producidas este año entren directamente en la lista? Con esta absurda regla se permite que algunos títulos tengan dos posibilidades de ser seleccionadas.. en detrimento de muchas otras. Así ha conseguido su participación Celda 211 y así También la lluvia tendrá el año que viene las mismas probabilidades de entrar en terna, ya que oficialmente se estrenaría dentro del plazo estipulado. Igualmente ocurre con películas no elegidas este año, como Balada triste de trompeta, de Álex de la Iglesia o Amador, de Fernando León de Aranoa.

La segunda seleccionada es la que posiblemente tenga menos posibilidades siquiera de ser escogida como representante del cine español. Lope, de Andrucha Waddington, al margen de ser un tostón inaguantable, desde luego poco interés despertaría en Hollywood, por mucho que su director se haya empeñado en tratar de copiar un clásico contemporáneo que sí se llevó un Oscar: Cyrano de Bergerac, de Jean-Paul Rappeneau. Por último, También la lluvia, de Icíar Bollaín tiene la ventaja de tratar un tema social como la inmigración, pero poco sabemos de ella y sinceramente pocas posibilidades tendría de cara a los premios de la Academia de Hollywood. 

Lo que no se entiende realmente es cómo una película que tiene todos los ingredientes para acabar siendo carne de Oscar ni siquiera se ha mencionado. La espléndida, emocionante última cinta de Achero Mañas, Todo lo que tú quieras, habría sido la mejor candidata, en mi opinión, para acceder a la carrera por el Oscar. Aparte de sus méritos como historia que trata de manera singular, original y arriesgada el incondicional amor que siente un padre por su hija, es una película que conecta sabiamente con el espectador, consigue convertir un drama de padre e hija (¡por fin una niña creíble, natural, magnífica en el cine español!) en una reflexión sobre los prejuicios de una sociedad que no termina de aceptar a quienes son diferentes tratando de encontrar explicaciones psicológicas a todo lo que le rodea. 

Algunos comentarios negativos sobre Todo lo que tú quieras no parecen entender qué tiene que ver hablar sobre el aún enquistado rechazo a la visibilidad de la homosexualidad con el drama de un padre que tiene que ejercer de madre (literalmente). No entender eso es perderse la esencia de una película que habla de prejuicios mucho más amplios. Y ahí (nunca hubiera pensado decir ésto) tiene mucho que aportar el trabajo descarnado de Juan Diego Botto, un actor que habitualmente me deja helado y que aquí consigue hacer creíble lo que podría haber sido ridículo. 

Pero se ve que, o nadie fue a la proyección de la película, o es que los miembros de la Academia no saben encontrar los valores de una historia que, ésta sí, tiene posibilidades de cruzar fronteras.   

15 septiembre, 2010

La pornografía zombi de Bruce LaBruce

La última película de Bruce LaBruce, L.A. Zombie, censurada para su proyección en el Festival de Melbourne, se ha proyectado en el Festival de Locarno como rivindicación de la obsesión del director por la pornografía sangrienta.
 
Bruce LaBruce siempre ha mostrado una particular visión del cine pornográfico, desde que sus primeras películas le consolidaban ya como un realizador que estaba interesado por el mundo del porno gay, pero al mismo tiempo introduciendo elementos del cine independiente que englobaban sus películas en un circuito más comercial. Y de hecho, la consolidación de LaBruce como director que se salía de la distribución habitual de la pornografía homosexual le vino precisamente de la aceptación de su cine en un mercado tan "indi" como el Festival de Sundance, donde logró presentar su película Hustler white (1996). A partir de ahí, muchos han querido ver en este cineasta canadiense que se mueve últimamente con comodidad entre productoras X de Alemania, una especie de líder adelantado de lo que en su momento se dio en llamar queer punk porno. O lo que es lo mismo, una personal representación del mundo del porno aportando cierta identidad personal a sus producciones, que ni son el típico producto para espectadores onanistas ni tampoco resultan cómodas para el público habitual de las salas comerciales.

No skin off my ass (1996)
El cine de Bruce LaBruce se ha vuelto en los últimos años más bizarro y mucho más experimental, no se sabe si debido a una evolución personal o simplemente por una cuestión de adaptación a los nuevos tiempos. Dado el elemental contenido cinematográfico de sus películas, que tampoco se preocupan mucho por una elaborada concepción visual, las propuestas de este realizador acaban resultando interesantes gracias sobre todo a su desmedida intención provocadora, a pesar de lo cual ha conseguido estar en la programación de muchos de los festivales más importantes del panorama. En los noventa, filmes como No skin off my ass (1991), Super 81/2 (1993) o la citada Hustler white, que contenía ya algunas escenas de sexo explícito, comenzaron a marcar esta provocadora visión del mundo gay, que se inspiraba tanto en grandes directores de cine "tradicional" como Robert Altman o Federico Fellini, como en representantes del "queer cinema" intelectual como Kenneth Anger, Paul Morrisey o Andy Warhol. 

Skin Flick aka Skin Gang (1999)
Hay dos constantes en el reciente cine de LaBruce: la cultura skin (como elemento provocador) y la obsesión por la muerte (como paralelismo en torno al sexo). Ya en Alemania, donde ha venido produciendo sus títulos más pornográficos, películas como Skin gang (1999) o The Raspberry Reich (2004), LaBruce comienza a dar muestras de su particular interés por introducirnos en los límites de la violencia y los grupos que la representan (una banda de skinheads en la primera y un grupo terrorista en la segunda). Y consigue, entre mamadas y enculamientos, elaborar una reflexión en torno a estos elementos que distorsionan nuestra realidad teñida de normalidad. Pero tampoco le faltan ciertas pinceladas de provocación que resultan divertidas, como aquella escena de Skin gang en la que un skin se masturba y termina eyaculando encima del Mein Kampf, la biblia del nazismo que escribió Adolf Hitler. Ni qué decir tiene, por supuesto, que toda esta parafernalia skin le permite también rodearse de esa iconografía sadomasoquista que sirve para que Bruce LaBruce construya sus habituales escenas de sexoduro. 

La otra obsesión reciente del director canadiense es la muerte, representada por los zombis. De Otto; or, Up with dead people (2007) ya hablamos en nuestro post El regreso de los no-muertos. Aunque contiene también esas escenas explícitas de sexo gay (aquí embadurnadas de sangre y vísceras), entre ellas una penetración "estomacal" en el cuerpo agujereado de un zombi, lo cierto es que Otto no es más que una historia de amor adolescente, y en ese sentido posiblemente se trata de una de las películas que mejor fusiona el carácter gamberro-experimental de Bruce LaBruce con una tendencia hacia el romanticismo sucio que debería explorar más asiduamente. 

L.A. Zombie (2009)
Ahora, Bruce LaBruce ha presentado en el Festival de Locarno su última película, L.A. Zombie, precedida de la polémica (y la publicidad gratuita) que le ha proporcionado el hecho de que fuera seleccionada para el Festival de Cine de Melbourne, incluida en su catálogo y finalmente censurada su proyección por el reglamento de la Film Classification Board que la ha considerado como no apta para circuitos comerciales. Pero estas circunstancias externas ya han provocado el interés por ver un film que también cuenta como aliciente (para los pornófilos gays) de tener en su reparto al actor porno francés François Sagat, que ha acabado convirtiéndose en la estrella del Festival de Locarno gracias a dos trabajos como protagonista fuera de los circuitos estrictamente pornográficos. Su papel como "muerto viviente empalmado" en L.A. zombie y su interpretación sensible en Homme au bain (Hombres en el baño), la última propuesta del siempre controvertido Christophe Honoré. La película de Bruce LaBruce, que bucea de nuevo en el universo del sexo sangriento, promueve la última filosofía del realizador canadiense, que busca encontrar un espacio en el cine porno experimental, una suerte de revisión para mentes abiertas de la convencional trayectoria del último cine independiente. 


11 septiembre, 2010

El cinéfilo frente a la ética

Como espectadores nos enfrentamos a veces a estrenos que nos hacen dudar sobre la necesidad real de sentarnos en una butaca y contemplar durante una hora y media las tribulaciones de unos cineastas cuyas pretensiones no terminan de estar claras. Algunos ejemplos recientes nos han colocado entre la curiosidad cinéfila y el morbo sádico. 

 El cine y la televisión son entretenimiento... pero también son capaces de acercarnos a realidades crueles pero necesarias (...o no). Como aficionados al cine, nos enfrentamos a veces a la reflexión sobre por qué nos ponemos delante de una pantalla a ver historias que nos hieren moralmente. Solo hay una razón de peso: no se puede hablar de algo sin tener el suficiente conocimiento. Ha ocurrido recientemente con la miniserie de Tele 5 Vuelo IL8714, contra la que se han escrito diatribas de todo tipo movidas por la incomprensión hacia la necesidad de llevar a la pequeña pantalla un accidente que dolió tanto. La posición de las víctimas puede ser comprensible, pidiendo que al menos se esperara a las conclusiones definitivas de la comisión de investigación, aún abierta. Lo que no se entiende es la demonización de una serie a la que se ha calificado de morbosa, por supuesto sin haberla visto. 


El varapalo que se ha llevado Tele 5 con las raquíticas cifras de audiencia (no más de un 8% de share en las dos entregas) habrá alegrado a muchos. Nunca viene mal una cura de humildad, y si no que se lo pregunten a la selección española de baloncesto. 

Dicho lo cual hay que afirmar otra cosa: Vuelo IL8714 es una de las tv-movies menos morbosas y más interesantes que se han estrenado recientemente en España. Dirigida con astucia por Norberto López Amado, que presentó este año en el Festival de Berlín su interesante documental 7 días con Norman Foster, la película no abunda tanto en el drama de las víctimas como en la investigación policial. Es en realidad, más una versión decente de CSI que una dramática historia de supervivientes. Y el plantel de actores, encabezado por Carmelo Gómez, Emma Suárez, Fernando Cayo y Luis Callejo (solvente actor, protagonista de otro de los fiascos de Tele 5, la serie Supercharlie) hace un trabajo creíble y certero. No sé si las víctimas han tenido la oportunidad de ver la miniserie, pero yo no he visto por ninguna parte falta de respeto ni morbo fácil. Claro que aquí nos tragamos todo lo que hagan sobre el 11-S, pero que no nos toquen nuestros dramas. 

Otra película que nos enfrenta a nuestros sentimientos de rechazo es Les 7 jours du talion (2009), una producción canadiense dirigida por Daniel Grou, que proviene también del mundo de la televisión, y que adapta la novela de Patrick Senécal. La historia nos plantea una reflexión dura, brutal: ¿qué harías si tuvieras delante al violador y asesino de tu hija de 8 años? O lo que es lo mismo, ¿somos capaces de convertirnos en bestias de igual dudosa moral que los asesinos más sanguinarios? La película no escatima escenas de violencia extrema (quizás un poco pasada de rosca en este sentido), pero lo que plantea es interesante, sin concesiones, especialmente cuando el padre-torturador se enfrenta al rechazo de una acción que él considera más justa que cualquier condena carcelaria. Hay momentos intensos, dolorosos, y uno se pregunta si es necesario plantear este tipo de cuestiones de forma tan explícita. Pero cinematográficamente no tiene demasiados reproches. 

Pasamos al terreno de los oportunistas. Si en España una especialmente sensible comisión de censura (llamemos a las cosas por su nombre) decidió el año pasado otorgar la calificación X a Saw 6, que este año terminará estrenándose tras los convenientes recortes en los primeros brutales minutos (pero no más brutales que algunos de los que ya hemos visto en la saga), más vale que ni siquiera se intente estrenar en nuestro país Grotesque (2009), de Kôji Shiraishi, un tipo que debe estar mal de la mollera. En Gran Bretaña se ha prohibido el estreno en cualquier formato de esta película, y de esta forma la están convirtiendo en un objeto de culto para cinéfilos aficionados a la casquería. Grotesque es como una peli porno, pero en cuanto a violencia. Su historia (un psicópata secuestra a una pareja para torturarla) es una mera excusa para que asistamos (cámara de video en mano) a una sucesión de escenas de desmembramiento, tortura, sangre y sadomasoquismo que son soportables por lo absurdo de la situación. Las pretensiones del anormal director no están muy claras, más que por conseguir hacer el filme más burdo e inútil de la historia del cine.

Por su parte, Uwe Boll es uno de esos directores del que hablamos de vez en cuando, porque cada vez nos sorprende su capacidad de reinventarse y reinventar el cine (para mal, claro). Director de productos infames como En el nombre del rey (2007), ha sido capaz de convertirse en el director menos rentable de la historia del cine. Pero este Ed Wood del siglo XXI continúa produciendo sus paranoias con ínfulas de cine comercial quizás con la intención de recaudar aún menos que con su anterior película. Claro que cuando se nos empieza a poner pretendidamente serio, la cosa empieza a cabrear. Ahora, Uwe Boll, alemán afincado en Hollywood, pretende haber hecho la película definitiva sobre el genocidio con su superproducción (rodada en video, claro) Auschwitz (2010). Vale, otra película mala sobre los nazis malos. Pero el trailer (y la imagen que acompaña este comentario) parece que nos deja claro de qué va el rollo.  Y tratar de impactar con escenas violentas con niños no parece que sea la mejor forma. Para los que acaben viendo esta película, imprescindible ver antes el capítulo de la serie Extras en el que Ben Stiller dirige una película sobre el holocausto. Así por lo menos tendremos la actitud adecuada para verla con cierta distancia.

Advertimos que este trailer puede herir la sensibilidad de algunos espectadores y desde luego de muchos aficionados al buen cine.

07 septiembre, 2010

Sonidos electrónicos hipnóticos

En Primera Fila os presentamos este verano una recopilación de programas monográficos que dedicamos a trabajos concretos o compositores que habitualmente se acercan a nuestro programa. Pero también nos introducimos en sonidos diferentes que provienen de nombres recién incorporados al mundo de la música de cine. Una colección de programas ecléctica que nos introduce en la música más interesante del momento. 

Nuestra apuesta pasa esta semana por algunas sonoridades electrónicas que provienen de recientes descubrimientos en nuestro programa. World's End Girlfriend se asomó a nuestro espacio musical radiofónico a través de la banda sonora de la película Air doll. Las aportaciones de Katsuhiko Maeda al mundo del cine han sido esporádicas y podríamos decir que no del todo completas, ya que sus trabajos más conocidos, Late bloomer (2004) y Air doll (2009), en realidad lo que hacen es recoger composiciones previas del músico japonés para obras autónomas, pero con arreglos específicos. Por eso resulta más interesante acercarse a su discografía desde sus composiciones al margen de la gran pantalla.

En el primero de los dos programas que dedicamos a World's End Girlfriend presentamos sus melodías distorsionadas a través de sus primeros trabajos: Farewell kingdom (2001), Dreams end come true (2002), The lie lay land (2005), y sobre todo Palmless prayer / Mass murder refrain (2006), su colaboración con la banda de rock electrónico japonesa MONO, que dio lugar a uno de los discos más hermosos que se han publicado en los últimos años.

Quizás Katsuhiko Maeda aka World's End Girlfriend no es un compositor fácil de escuchar, dependiendo de lo acostumbrados que se tengan los oidos a sonoridades diferentes a las habituales, pero resulta fascinante acercarse a sin prejuicios a su apuesta musical. 

04 septiembre, 2010

El festival autocomplaciente

Desde el principio el Sevilla Festival de Cine Europeo ha mantenido una interesante política de apoyo a la distribución de las películas premiadas. Pero es un sinsentido que se premien títulos ya adquiridos antes de presentarse en la muestra. 

El Festival de Cine Europeo ha dado el pistoletazo de salida a la nueva temporada con una nota de prensa que nos desvela que todas las películas premiadas en la pasada edición han sido estrenadas en España, habiendo cumplido en este sentido sus objetivos al 100%. Una especie de mensaje autocomplaciente que sirve para mirarse el ombligo y felicitarse a sí mismo por haber logrado el propósito de estos galardones: que las películas que los reciben consigan distribución en nuestro país. 

Desde el principio el festival ha mantenido una interesante política de apoyo a la distribución de las películas, otorgando los premios a las posibles distribuidoras y no a las productoras de los films presentados, al contrario que hacen otras muestras cinematográficas de mayor envergadura. La teoría está bien, siempre que la práctica sea igualmente seria. Pero el Sevilla Festival de Cine Europeo ha apostado en las últimas ediciones por un cine ya consolidado y ya comercializado, lo que choca de lleno con las utopías de ayudar a estrenar cine inédito. Porque, no nos engañemos, pocas distribuidoras españolas van a descubrir en Sevilla películas que no hayan visto en otros festivales  y mercados de mayor enjundia, entre otras cosas porque la programación del festival europeo se nutre principalmente de lo que se ha podido ver en Berlín, Cannes o Venecia. Así que convencer a una distribuidora que no ha visto ya los posibles valores de una película, para que adquiera los derechos de distribución con mayor valentía de lo que lo suelen hacer, es como tratar de encontrar un oasis en un desierto.

Si lo que se pretende es apoyar la distribución parece un sinsentido que se premien (diría más, que se seleccionen) películas que ya han sido adquiridas en España. Y desde luego resulta ridículo congraciarse de haber conseguido ayudar a la distribución de películas como Un profeta, Lourdes, 44 inch chest o Nothing personal, que de hecho ya habían sido adquiridas para el mercado español, y por tanto, tenían asegurado su estreno. 

Sería más lógico enfocar la Sección Oficial a títulos inéditos, en vez de alcanzar determinados acuerdos con distribuidoras para presentar sus películas. Pero también hay que reconocer que se trataría de algo utópico por dos razones o culpables: 1. El público. Intentar una buena aceptación del público pasa por ofrecer películas con nombres (actores, directores...) y títulos que llamen la atención. 2. Las distribuidoras. Es difícil conseguir películas de una empresa de dsitribución si no les ofreces la Sección Oficial y por tanto la probabilidad de conseguir pasta. Así son.

Por tanto, esa contribución a la distribución de la que se jacta el Sevilla Festival de Cine Europeo tiene una envoltura algo cínica, porque de hecho difícilmente se puede argumentar un apoyo a lo que no necesita ser apoyado. 

Back soon, de Sólveig Anspach
Lo que también resulta sorprendente es que no se mencionen aquellos títulos que, por lo que nosotros sabemos y lo que publica el Ministerio de Cultura, ni siquiera se han estrenado en el plazo establecido. Es el caso, por ejemplo, de la mayor parte de los títulos premiados en 2008: Back soon, de Sólveig Anspach (Giraldillo de Oro), Katia's sister, de Mijke de Jong (Giraldillo de Plata) o The mother, de Antoine Cattin y Pavel Kostomarov (Premio Eurodoc). Todos ellos, que nosotros sepamos, inéditos aún en España. La verdad es que no sabemos a fecha de hoy si se han devuelto los premios obtenidos, porque en este sentido la información ha brillado por su ausencia (nada de notas de prensa), pero resulta insólito que se reivindiquen los valores de un festival cuando sus objetivos no parecen haberse logrado del todo. 

02 septiembre, 2010

Recordando Nueva Orleans

En Primera Fila os presentamos este verano una recopilación de programas monográficos que dedicamos a trabajos concretos o compositores que habitualmente se acercan a nuestro programa. Pero también nos introducimos en sonidos diferentes que provienen de nombres recién incorporados al mundo de la música de cine. Una colección de programas ecléctica que nos introduce en la música más interesante del momento.

Nueva Orleans sepultada tras el Katrina
Estos días se celebra el quinto aniversario de la tragedia que provocaron el huracán Katrina y la desorganización gubernamental en Nueva Orleans. Algunas películas se han acercado a estos hechos, pero han sido los documentales los que mejor han reflejado la desesperación que vivieron los ciudadanos (especialmente los de raza negra que vivían en barrios pobres) y la descoordinación que protagonizaron los políticos, haciendo que fueran peores las consecuencias posteriores que la propia devastación provocada por la rotura de los diques. El impresionante e imprescindible mural cinematográfico que presentó Spike Lee en When the leeves broke: A requiem in four acts (2006) es posiblemente el reflejo más demoledor de lo que ocurrió en la ciudad de Nueva Orleans. De hecho, el director acaba de estrenar en HBO la segunda parte de aquella película, If God is willing and Da Creek don't rise (2010), que regresa a aquellos lugares en los que estuvo hace cuatro años para mostrar la difícil tarea de reconstrucción de la ciudad y de las vidas de sus protagonistas. Aunque finalmente el desastre del vertido de petróleo en el Golfo de México obligó a Spike Lee a dedicar la última parte de este documental al mayor problema ecológico en la historia de los Estados Unidos.

El actor Wendell Pierce en Treme
La otra producción que ha sabido ser un reflejo realista y vital de las consecuencias del Katrina es la serie de David Simon y Eric Overmyer Treme, que se estrenó este año también a través de HBO y que además tiene en común con el documental de Spike Lee a uno de sus protagonistas, el actor Wendell Pierce, oriundo de Nueva Orleans, que cuando ocurrieron los hechos se encontraba trabajando en la serie The wire.

Treme está formada por 10 capítulos de ritmo acompasado que van desgranando los pormenores de un crisol de vidas enfrentadas a un futuro impredecible. En nuestro programa ya os ofrecimos algunos de los temas que formaban parte de esta serie que tiene en la música su principal soporte narrativo. Porque Treme no solamente es una crónica de la devastación, sino sobre todo es un homenaje a la música que surge de la calle y que tiene en Nueva Orleans uno de sus principales baluartes. Con esta serie hemos aprendido algo más de los sonidos negros de una ciudad alegre que recibió una bofetada ecológica. Y con su música, hemos abierto los oidos a una clase magistral de honestidad y talento. Algunos ejemplos los podemos escuchar esta semana en nuestro espacio radiofónico En Primera Fila.