31 agosto, 2010

Sobrevivir en el Oeste

En Primera Fila os presentamos este verano una recopilación de programas monográficos que dedicamos a trabajos concretos o compositores que habitualmente se acercan a nuestro programa. Pero también nos introducimos en sonidos diferentes que provienen de nombres recién incorporados al mundo de la música de cine. Una colección de programas ecléctica que nos introduce en la música más interesante del momento.

Estamos terminando nuestros programas especiales del verano. El miércoles 15 de septiembre volveremos a estar En primera Fila acercándonos a la actualidad en primera persona. Pero hemos seguido manteniendo durante estos meses nuestra presencia en este blog, continuamos dando la oportunidad a nuestros seguidores de conseguir regalos y nuestro espacio radiofónico sigue adelante con mucha y buena música.

Posiblemente uno de los videojuegos más destacados de 2010 sea Red Dead Redemption, una sorpresa llegada de la mano de Rockstar Games que, aunque en principio no aporta grandes novedades respecto a los juegos sandbox (no lineales), como toda la serie GTA o Mafia, tiene el atractivo de estar situado en el Oeste. Y desde luego se trata del juego que mejor ha sabido sacar partido a ese universo vaquero. La experiencia de jugar a Red Dead Redemption es infinita (si te gustan esta clase de juegos) y, una vez terminado el hilo principal (un final digno de una buena historia del Oeste, con sorpresa incluida), se puede seguir disfrutando en Multijugador con nuevas posibilidades tanto en Modo Libre como en Desafíos. En este sentido, Red Dead Redemption logra llevarnos hasta la experiencia máxima de un juego.

En la parte musical, el trabajo de Bill Elm y Woody Jackson es espléndido e inmejorable. Temas que recogen los sonidos de la música del cine del Oeste, pero al mismo tiempo introducen elementos de rock que alimentan el resultado final.  Y cuentan con colaboraciones como las del cantante sueco Jose González, los norteamericanos Ashtar Command y el inglés Jamie Lidell que nos emociona cuando su canción (una versión corta del tema que da título a su último album Compass, publicado este año. Os recomendamos no perderos la ¡impresionante! versión larga) suena en un momento decisivo del juego, y uno tiene ganas de seguir cabalgando hacia el horizonte hasta que se acabe el tema.

En primera Fila nos acercamos esta semana a la que para nosotros es la mejor banda sonora del año para uno de los mejores juegos del año: Red Dead Redemption.

28 agosto, 2010

El mejor ¿musical? del año: El lado positivo de la vida

Monty Python celebró el 40 aniversario con uno de esos acontecimientos irrepetibles que, al menos, ahora tenemos la oportunidad de ver en DVD/Bluray. No es el Mesías: es un sinvergüenza retoma la historia de Brian veinte años después para convertirlo en un oratorio que no es un oratorio. 

La trayectoria de los Monty Python parece resistirse a ser olvidada, dadas las continuas reediciones de sus películas y espectáculos televisivos, en especial durante la celebración de su 40 aniversario. Un logro meritorio, teniendo en cuenta que llevan separados más de la mitad de esos cuarenta años que se conmemoraron en 2009. Con cada uno de los componentes supervivientes (Graham Chapman falleció hace unos años) dedicados a diversos menesteres (Michael Palin enfrascado en documentales de viajes para televisión, Terry Gilliams con sus siempre personales películas, Terry Jones dedicado a la literatura infantil y John Cleese con una incipiente carrera como actor de comedia), el único que ha mantenido durante estos últimos años el espíritu de ese humor irreverente, incisivo pero nunca soez que caracterizó a los Monty Python ha sido Eric Idle. 

Con inteligencia, ha sabido reconvertir historias que marcaron su trayectoria humorística en musicales de éxito con la ayuda del compositor John Du Prez, como ese Spamalot basado en la película Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (1975) que ha triunfado en los escenarios de Broadway y también en España. Desde luego, que la influencia de este decisivo equipo humorístico inglés ha sido fundamental no solo en el mundo del espectáculo sino en la sociedad en general, queda demostrado gracias al origen de uno de los términos más utilizados en el lenguaje informático: spam. En sus shows televisivos, los Monty Python solían gritar "¡Spam!", haciendo referencia a la carne en lata que se comercializó en los años 40 y que solían comer los soldados soviéticos y británicos durante la Segunda Guerra Mundial. Básicamente, era un término que se refería a esta carne como "comida basura". Y de la popularidad que adquirió la palabra "spam" en los años setenta surgió su utilización como definición del "correo basura" que nos invade continuamente.

Tras el éxito del musical Spamalot, y con la inminente conmemoración del 40 aniversario del origen del grupo, Eric Idle se planteó homenajear a los Monty Python haciendo referencia a una de sus películas más importantes: La vida de Brian (1979), de la que coincidía precisamente la celebración del 30 aniversario de su estreno. Y para ello utilizó como base El Mesías de Händel, un oratorio escrito por el músico alemán en plena crisis creativa y que, para escarnio de las empresas de gestión de derechos, él decidió que su obra sería "siempre para los enfermos y los presos, pues he sido enfermo y con ella me he curado; y he estado preso y ella me ha liberado". De hecho, es el primer oratorio con el que Händel realmente consiguió un éxito, tras el fracaso consecutivo de sus anteriores intentos. El oratorio, una obra para coro y orquesta que se diferencia de la ópera en que existe representación, pero sin envoltura escénica, es el punto de partida de este divertimento creado por Eic Idle y con música de John Du Prez para cinco solistas, orquesta y coro. 

Una de las presencias más divertidas: Michael Palin
No es el Mesías: es un sinvergüenza nos cuenta la vida de Brian en forma de ópera, pero donde tienen cabida desde rancheras mexicanas hasta, por supuesto, el clásico "Always look on the bright side of life". Y aunque al principio choca un poco esta mezcla extraña de voces operísticas, la Orquesta y Coros de la BBC y el humor de los Monty Python, pronto nos consigue atrapar y nos lleva durante dos horas a uno de los momentos musicales más divertidos que hemos visto en mucho tiempo. Tiene el desparpajo, la mala uva y la irreverencia de las mejores obras de los Monty Python, y de nuevo Eric Idle nos transporta al mejor humor inglés que ellos pusieron de moda en los años setenta y principios de los ochenta. 

Los cinco solistas
Los cameos de Michael Palin (magnífico y desternillante), Terry Jones, Terry Gilliam y Carol Cleveland (la única miembro femenina del grupo) ofrecen algunos de los mejores momentos de esta obra que es recomendable disfrutar en bluray, dada la buena calidad de imagen y la espectacularidad de su trabajo musical, grabado en la celebración que tuvo lugar en el Royal Albert Hall de Londres durante una sola representación el 23 de octubre de 2009, pero que meses antes se había estrenado en Toronto, aunque con menor suntuosidad. La edición que se ha lanzado incluye también algunos interesantes reportajes sobre el proceso de preparación de la obra y los minutos anteriores a la representación. Y algunos preguntarán ¿y John Cleese? Bueno, Eric Idle le disculpa con elegancia en el Making of. Uno de los miembros más conocidos del grupo parece que no quiere saber nada de su pasado en los Monthy Python. Una lástima. 

Para los amantes de los musicales (en forma de oratorio), para los seguidores de uno de los grupos humorísticos más influyentes de todos los tiempos, para los aficionados a los grandes espectáculos, No es el Mesías: es un sivergüenza es una de las obras más recomendables de esta temporada. Aunque sólo la podemos disfrutar "enlatada", como los "Spam".

25 agosto, 2010

"Dar cera, pulir cera"

En Primera Fila os presentamos este verano una recopilación de programas monográficos que dedicamos a trabajos concretos o compositores que habitualmente se acercan a nuestro programa. Pero también nos introducimos en sonidos diferentes que provienen de nombres recién incorporados al mundo de la música de cine. Una colección de programas ecléctica que nos introduce en la música más interesante del momento.

La última semana de agosto la dedicamos a las bandas sonoras de las películas de la saga Karate Kid y sus remakes. En nuestro espacio radiofónico nos acercaremos a la serie original a través de la música creada por Bill Conti en uno de los mejores momentos de su carrera. El primer programa está dedicado a repasar algunos de los temas principales de la película que dirigió John Avildsen en 1984, años después de su éxito de crítica y público con Rocky. Karate Kid, con el inolvidable trío protagonista que formaban Ralph Macchio, Pat Morita y Elisabeth Shue, se convirtió en otro de esos éxitos masivos de los años ochenta, y siguió manteniendo su popularidad con sus dos secuelas: Karate Kid II (1986) y Karate Kid III (1989). Más tarde, tratando de reciclar y recuperar una serie que ya se había agotado, los productores decidieron retomar la historia y lanzar una continuación olvidable, si no fuera porque, en la pretensión de cambiar el sexo del protagonista, El nuevo Karate Kid (1994) fue uno de los primeros papeles de la actriz Hillary Swank, y ha quedado como una pequeña curiosidad. 

No es que Karate Kid sea una de esas películas que marcan la retina cinéfila, pero sí es cierto que fue producto y al mismo tiempo marcó la memoria colectiva de una época en la que se sucedían los éxitos comerciales con cierto interés cinematográfico. Y desde luego introdujo un estilo de cine de acción para adolescentes que influyó en muchos títulos posteriores. 

En todas las películas de la serie (incluida la secuela bastarda) la música corrió a cargo de Bill Conti, un compositor que, a pesar de la popularidad de algunos de sus trabajos, no ha terminado de ser valorado en su justa medida, y suele ser reivindicado por muchos aficionados al cine gracias a bandas sonoras menos conocidas pero de profunda destreza como F.I.S.T. (1978), Gloria (1980), Evasión o victoria (1982), Másters del Universo (1987) o Las aventuras de Huckelberry Finn (1993). Otro de los trabajos memorables de Bill Conti fue el de Elegidos para la gloria (1983), que a pesar de otorgarle un Oscar fue muy criticado por considerarse un plagio de la obra Los planetas de Gustav Holst, pero que escuchada con más detenimiento, y a pesar de sus evidentes referencias, resulta una partitura orquestal de gran calidad. Y recordemos que la música de Bill Conti no sólo nos ha acompañado a través de sus trabajos para el cine, sino que también sus temas principales para series míticas de la televisión como Dinastía o Falcon Crest han marcado un estilo. 

Para la saga Karate Kid, Bill Conti creó un universo sonoro que se construía sobre hermosas melodías y un buen trabajo sinfónico, especialmente en las tres primeras partes. Siendo la segunda, para la que contó con un mayor presupuesto, la que le dio la oportunidad de componer una banda sonora más compleja y ambiciosa. Para la cuarta parte, sin embargo, Bill Conti sólo pudo utilizar sonidos sintetizados, que en la mayor parte de los casos resultaban mediocres. De forma que la serie Karate Kid nos ofrece un panorama completo de la capacidad sinfónica de Bill Conti, pero también de su escasa destreza con los sintetizadores. 

En el remake producido por la familia de Will Smith, The Karate kid (2010) se nos presenta con modificaciones sustanciales que tratan de hacer más familiar la película, pero cayendo en el desarrollo insustancial. Solo la presencia de Jackie Chan como un heredero respetable de Pat Morita salva una película sosa e innecesaria. Sin embargo, en el terreno musical, James Horner nos ofrece una partitura que, en la línea de la pretensión de los productores, aporta mayor espectacularidad. Ni qué decir tiene que Horner cuenta con una variedad orquestal que Bill Conti no tuvo, pero consigue no caer en la repetición de esas cadencias musicales a las que nos tiene acostumbrados, aportando momentos de melodías de gran belleza y pasajes de sonidos contundentes. Nuestro segundo espacio radiofónico de En Primera Fila presenta la música de James Horner para la nueva versión de Karate Kid.

21 agosto, 2010

Relaciones sorprendentes

El cine nos habla con frecuencia de las relaciones humanas. Algunas de las últimas películas que hemos visto nos sitúan precisamente entre idilios poco habituales de personajes un tanto insólitos. Es una forma de mostrarnos que los sentimientos van más allá de los convencionalismos.

Spike Jonze estrenó en Sundance y Berlín el cortometraje I'm here (2010), una de esas historias de "amor" que se salen de lo habitual. Jonze, que últimamente está adoptando una especial capacidad para transmitir sentimientos de forma ejemplar (también en la preciosa historia de Donde viven los monstruos (2009)), nos trae en esta ocasión una original propuesta sobre la relación entre dos robots que habitan una gran ciudad. Andrew Garfield (el próximo Spiderman) y Sienna Guillory protagonizan esta deslumbrante historia de cómo el amor puede acabar siendo desinteresado y desprendido. Y logra en 30 minutos hacernos cómplices de estos dos robots que comparten algo más que sentimientos sencillos. El cortometraje puede verse gratuitamente en la web www.imheremovie.com, una sala de cine virtual a través de la que se distribuye esta hermosa fábula.

Otra relación especial es la que mantienen los protagonistas de la producción belga SM-rechter (2009), de Erik Lamens. Esta película se basa en la historia real de un juez del que en 1997 se hicieron públicas sus habituales prácticas sadomasoquistas con su esposa. Y por ello fue condenado y apartado de la judicatura. El director Erik Lemens nos presenta la historia como una relación amorosa llevada al extremo, y las prácticas masoquistas como una vía de escape a la depresión que padece la mujer del protagonista. Es, de hecho, un acto de amor infligir dolor a su pareja. La reflexión sobre una sociedad incapaz de asumir que la vida privada no tiene por qué afectar a la vida pública, es atractiva, y la película cuenta con un ritmo adecuado para contarnos esta increíble historia. El problema es que Erik Lemens está tan empeñado en santificar a su protagonista rodeándole de personajes caricaturescos que no termina de ahondar en la verdadera naturaleza de esta relación, y no acabamos de entender cómo es posible que un juez que realizaba prácticas sadomasoquistas consentidas, pudiera acabar condenado por violación. 

El director francés Alan Guiraudie viene avalado por los comentarios positivos que sobre su mediometraje Ce vieux rêve qui bouge (2001) realizó Jean-Luc Godard en el Festival de Cannes. Pero intuimos, aunque sólo hemos visto el último de sus tres largometrajes, que su cine poco tiene que ver con el del ponderado padre de la "nouvelle vague". Lo que ha hecho Guiraudie en Le roi de l'evasion (2009), que presentó en la Quincena de Realizadores de Cannes, es una película provocadora que se enfrenta con todas sus consecuencias a esa sociedad que ya hemos dicho que no soporta los idilios que se salen de las normas. Y el realizador ya afirmaba en el pasado Festival de Gijón que estaba harto de que "los guapos siempre vayan con los guapos, los homosexuales con los homosexuales y los heteros con los heteros". Así que en Le roi de l'evasion vemos a un cuarentón gay entrado en carnes correr de un lado a otro en calzoncillos porque nadie acepta su relación pasional con una joven de dieciséis años. En este sentido, hay que aplaudir que el director se salte todos los convencionalismos y hasta se le pueden perdonar algunos excesos en busca de la provocación (aquí vemos desde a un anciano pollón promiscuo hasta relaciones sexuales campestres entre el cuarentón gay y la adolescente hormonada). Le roi de l'evasion es una película extraña, algo deshilachada por momentos, pero de apasionado fervor "anti-Sarkozy". Y eso siempre resulta estimulante. 

Uno de esos directores que ha conseguido desbordar de talento el cine argentino es Pablo Trapero que, tras el duro retrato carcelario de la magnífica Leonera (2008) se adentra de nuevo en ese terreno de la corrupción y la noche que ya reflejó en aquella muestra maestra de cine negro sucio que era El bonaerense (2002). Lo hace en su última película, Carancho (2010), de la mano del siempre desbordante Ricardo Darín y de la actriz Martina Gusman (una de las habitantes de aquella cárcel de mujeres leonas). Aquí encontramos otra relación especial entre un abogado que se dedica a sacar indemnizaciones por accidentes de tráfico, aunque sea a base de estafas, y una doctora toxicómana que acaba envuelta en una violenta trama de corrupción que llena de mierda a la sociedad bonaerense. Trapero es uno de esos directores que maneja el tempo como nadie, y que nos da siempre muestras de un pulso narrativo ejemplar. Ayudado aquí por el excelente trabajo de fotografía de Julián Apezteguia (impresionante trabajo de planos secuencia continuos), Pablo Trapero construye uno de sus mejores thrillers y nos demuestra una vez más la capacidad del cine argentino para elaborar el mejor cine de género que se hace actualmente (el año pasado fue El secreto de sus ojos). Carancho muestra un entorno sucio, podrido, que comprime a los dos protagonistas, abocados a sufrir por mantener una relación imposible.

Por último, la BBC nos presenta una relación más habitual, pero que está marcada por la difícil decisión sobre el futuro de los protagonistas. La tv-movie Dive (2010), escrita y dirigida por el premiado Dominic Savage, se acerca a la relación entre dos adolescentes que tienen que enfrentarse a la responsabilidad de mantener sus sueños o simplemente aceptar una realidad sin innecesarias expectativas ("lo único que quiero es vivir tranquilamente en esta ciudad"). La película, dividida en dos entregas tituladas Lindsay's story y Robert's story, tiene un planteamiento sencillo y no especialmente sorprendente pero, cuando escuchas que como tema principal se utiliza la hipnótica composición de Max Richter "On the nature of daylight" (de poderosa presencia también en películas como Vals con Bashir o Shutter island) entonces sabes que la cadencia narrativa de Dive te acabará atrapando (aunque se abusa en exceso de la música). Y efectivamente, esta historia de amor desapasionada pero emocionante capta las miradas, los rostros, las sensaciones de paisajes envolventes y sentimientos a flor de piel. Con un trabajo excepcional de los jóvenes Aisling Loftus y Jack O'Connell, que aportan la rebeldía afligida de ella y la indolencia risueña de él, Dive bucea en los sentimientos sin caer en la sensiblería, y nos presenta de nuevo uno de esos dramas contundentes de la televisión inglesa. 

17 agosto, 2010

El músico inconformista

En Primera Fila os presentamos este verano una recopilación de programas monográficos que dedicamos a trabajos concretos o compositores que habitualmente se acercan a nuestro programa. Pero también nos introducimos en sonidos diferentes que provienen de nombres recién incorporados al mundo de la música de cine. Una colección de programas ecléctica que nos introduce en la música más interesante del momento.

A Gabriel Yared se le ha encasillado durante algún tiempo en historias románticas, por su capacidad para crear melodías capaces de seducirnos, pero conociendo sus primeras incursiones en el cine francés, donde se le conocía como un autor heterodoxo, y sus colaboraciones habituales con directores como Anthony Minghella, Gabriel Yared se nos desvela como un autor que ha sabido experimentar con sonidos de amplia cobertura musical gracias a su capacidad de adaptación a géneros de todo tipo.

En nuestro espacio radiofónico repasamos esta semana el doble CD que, bajo el título Retrospective, hace un interesante repaso a la trayectoria de este compositor nacido en El Líbano en 1949, donde vivió hasta los dieciocho años. En Beirut era difícil encontrar música, pero su padre le llevaba discos de Prokofiev, Bártok, Debussy y Ravel, y así comenzó su afición a componer. Llegó a Francia en 1969 y allí comenzó una formación musical que le llevó a convertirse en uno de los músicos de cine más importantes del país. Hasta que llegó El paciente inglés, y entonces su fama se hizo internacional.

La relación de Gabriel Yared con Hollywood ha sido tempestuosa, debido a su forma de trabajar y a las exigencias de tiempo de las productoras. El caso más flagrante en esta confrontación tuvo lugar con la película Troya (2004), en cuya banda sonora Yared trabajó durante un año, llegando a calificar el resultado como una de las partituras más destacadas de su carrera. Pero tras un "screening test" para algunos espectadores, la productora decidió sustituir sus composiciones y contratar a James Horner, que tuvo que componer una nueva banda sonora (repitiendo esquemas de trabajos anteriores) en tan solo unas semanas. Gabriel Yared se mostró especialmente decepcionado por la actitud del director, Wolfgang Petersen, que en ningún momento se enfrentó a la decisión de la productora, a pesar de haber dado el visto bueno a sus composiciones durante todo ese año. Afortunadamente para los aficionados y amantes de las curiosidades, el compositor decidió publicar por su cuenta un album que incluía su banda sonora rechazada, a pesar de la negativa y las amenazas de Warner Bros. Curiosamente, Gabriel Yared sustituyó recientemente el trabajo rechazado de Matthew Herbert para la película Manolete (algunos de sus temas se incluían en el disco Score, que tuvimos ocasión de escuchar En Primera Fila a principios de este verano), componiendo una partitura más clásica y romántica. 

Nuestros dos espacios semanales de radio están dedicados a la música de Gabriel Yared, desde sus partituras más populares y melódicas hasta sus trabajos menos conocidos y experimentales, incluidos en el doble album Retrospective, que se publicó en 2007.

14 agosto, 2010

Momentos destacados de la tele

Hacemos un repaso a algunos de los capítulos que han conseguido sorprendernos en la temporada 2009-2010. Momentos cumbre de algunas de las series que han marcado la historia reciente de la televisión. 

The Tudors  
S04E10. Un final inmejorable para una de las series que ha mantenido nuestro interés durante los últimos años. Michael Hirst ha tenido la capacidad de trasladar a la pequeña pantalla la intensa biografía de Enrique VIII convirtiendo la fidelidad histórica en un instrumento para crear una trama entretenida. Los Tudor, cuya primera temporada mantiene el liderazgo de audiencia en la televisión pública, es un ejemplo de cómo acercarse a personajes históricos con inteligencia. Y el último episodio de la cuarta temporada demuestra que se puede dar un broche de oro a una serie que en ningún momento ha desfallecido. 

 Flight of the Conchords
S02E05 (Unnatural love). Ni qué decir tiene que el director invitado más adecuado para una serie como ésta es Michel Gondry, que en el episodio 5 de la segunda temporada consigue uno de los momentos más divertidos de la serie, con dos números musicales (Too many dicks on the dance floor y Girlfriends from my past) que están a la altura de la trayectoria videoclipera de Gondry. Redondea las virtudes de este episodio esa descacharrante rivalidad entre australianos y neocelandeses que se plantea cuando Jermaine se enamora de una chica de Australia. Fabuloso humor con retranca. 


Treme
S01E08 (All on a Mardi Grass Day). El talento de David Simon para construir la difícil estructura de una serie de televisión tiene algunos momentos de gran calidad en determinados episodios de The wire, por ejemplo. Y en su última serie, cuyo desarrollo discurre hasta el clímax del Mardi Grass (la gran celebración de carnaval en Nueva Orleans), nos ha dado algunas muestras de esa perfecta creación narrativa. Este capítulo, que nos describe el día más especial del año en la ciudad herida por el Katrina, es una espléndida conjunción de escritura certera e interpretaciones ajustadas. David Simon consigue trasladarnos desde la alegría de un día festivo hasta la amargura de una celebración que ya no es la misma para sus protagonistas. Perfecta. 

Breaking bad 
S03E01 (No más). Vince Gill sigue ofreciéndonos una de las mejores serie que se emiten actualmente en la televisión norteamericana. Y logra en cada temporada dejarnos pegados al sillón esperando que lleguen nuevos episodios. Si el final de la segunda temporada es uno de los más espectaculares que hemos visto en mucho tiempo, retomar la trama con una capacidad de sorpresa parecida era casi imposible. Pero lo consigue. Ese comienzo con los cuates arrastrándose por el suelo mientras se nos presenta a dos de los personajes que van a marcar parte de la trama principal logra estar a la altura. Y la tercera temporada de Breaking bad mantiene, aunque con algunos altibajos, esa perfecta conjunción de personajes bien delimitados y puntos de giro impactantes. 

Cranford 
S02E01 (August 1844). La serie inglesa más deliciosa de los últimos años regresaba a finales de 2009 como regalo de Navidad. Y se agradecía que en sus dos episodios de 90 minutos nos devolvieran a estos entrañables personajes que emocionan con solo verlos representados por actrices de altos vuelos. Pero lo más sorprendente es que, tras tres años desde su primera temporada, Cranford mantiene ese delicado equilibrio entre el folletín ñoño y la clásica recreación histórica de la que es maestra la televisión inglesa. Y esa secuencia en el tan denostado tren que lleva la modernidad a este pueblo de tradición enraizada, con esos primeros planos silenciosos que reflejan la grandeza del reparto es uno de los más emocionantes y divertidos que hemos visto este año. 


Sherlock
S01E01 (A study in pink). Tras la renovación del personaje que planteó Guy Ritchie en su versión de Sherlock Holmes parecía difícil dar una vuelta de tuerca más radical. Sin embargo, esta miniserie de tres episodios estrenada este verano en Inglaterra demuestra que aún es posible sacar nuevas posibilidades a un clásico de la literatura tantas veces llevado a la pantalla. Trasladando la acción a la actualidad, este Sherlock Holmes sigue siendo un clarividente, pero sus creadores, Steven Moffat y Mark Gatiss (responsables de la aclamada nueva versión de Doctor Who) logran darle ese toque de modernidad que necesita gracias a una realización que bebe de las fuentes de Trainspotting. Tampoco hay que quitarle honores al director Paul McGuigan, que consigue ofrecernos uno de los episodios más entretenidos que hemos visto en televisión últimamente. El segundo capítulo se desarrolla en terrenos más clásicos y resulta menos convincente, pero la serie retoma el ritmo frenético y los originales planteamientos visuales (ese homenaje a Der Golem, de Paul Wegener y Carl Boese)  que consigue una conclusión espléndida para una miniserie que ya tiene asegurada su continuidad en el futuro con más episodios de una hora y media. 

12 agosto, 2010

Música para recrear la Historia más negra

En Primera Fila os presentamos este verano una recopilación de programas monográficos que dedicamos a trabajos concretos o compositores que habitualmente se acercan a nuestro programa. Pero también nos introducimos en sonidos diferentes que provienen de nombres recién incorporados al mundo de la música de cine. Una colección de programas ecléctica que nos introduce en la música más interesante del momento.

La segunda edición de nuestro espacio radiofónico está dedicada a dos jóvenes compositores que han publicado recientemente en Moviescore Media. Por un lado Ilan Eshkari y su partitura para el drama bélico romano Centurión y por otro Christian Henson y la banda sonora de la coproducción europea Black death. Dos trabajos musicales que destacan por su interesante concepción de la música para películas de corte histórico, con la aportación de instrumentaciones originales que nos acercan a dos de las composiciones más destacadas de la temporada. 

Al británico Ilan Eshkeri le conocíamos por sus interesantes trabajos para Stardust y La joven Victoria, dos aportaciones que se acercan también al terreno histórico-fantástico. Este londinense ha colaborado con compositores como Edward Shearmur y Michael Kamen, y también se ha acercado recientemente a películas de corte más contemporáneo, como Kick ass. Su trabajo para Centurión, una película que se centra en un grupo de soldados romanos que logran sobrevivir a la batalla más cruenta que vivieron los centuriones de la Legión 9ª en la antigua Bretaña, tiene la espectacularidad que se requiere en este tipo de bandas sonoras, introduciendo elementos de música antigua como cantos célticos, bien acoplados con el sinfonismo interpretado por la London Metropolitan Orchestra. Una partitura de ejecución perfecta que resalta las principales cualidades de una película entretenida, con cierta tendencia a la sanguinolencia y a las decapitaciones pero que consigue mantener el interés con una trama de aventuras un poco pasada de rosca, pero de gran efectividad. 

Por su parte, Christian Henson, del que Moviescore Media ya ha publicado otras bandas sonoras, nos presenta Black death, creación musical para una coproducción europea que se desarrolla en la época de la peste negra que asoló el continente en el siglo XIV y que dejó tras sí entre un 30% y un 60% de muertos dependiendo del país. Protagonizada por Sean Bean y el joven Eddie Redmayne (al que este verano podemos ver en la adaptación televisiva de la novela de Ken Follett Los pilares de la Tierra), la película no consiguió buenas críticas pero sí se ha destacado la partitura de Christian Henson. Su trabajo se apoya en la utilización de voces como instrumentos principales, y en la ejecución de fragmentos musicales con otros instrumentos contemporáneos (como la guitarra de cuatro cuerdas), pero de los que se extraen sonoridades que recuerdan a la música del siglo XIV. Una partitura oscura y angosta que logra trasladarnos a una época de violencia, creencias religiosas y misterios tenebrosos. Y sin duda uno de los mejores trabajos para el cine de este año. 

Más información sobre el catálogo de Moviescore Media en www.moviescoremedia.com

10 agosto, 2010

Arropando al guerrero

En Primera Fila os presentamos este verano una recopilación de programas monográficos que dedicamos a trabajos concretos o compositores que habitualmente se acercan a nuestro programa. Pero también nos introducimos en sonidos diferentes que provienen de nombres recién incorporados al mundo de la música de cine. Una colección de programas ecléctica que nos introduce en la música más interesante del momento.

James Newton Howard
La colaboración entre James Newton Howard y M. Night Shyamalan es una de las más fructíferas de los últimos años, más por el excelente trabajo del músico que por los resultados decepcionantes de las últimas películas del director. Aprovechando el estreno de Airbender. El último guerrero, nos acercamos en nuestra edición semanal radiofónica a la banda sonora compuesta por James Newton Howard, extrayendo algunos de los pasajes más destacados. Estructurada en suites largas que nos presentan el desarrollo musical completo de una partitura de gran calidad, ésta se presenta como un trabajo eminentemente sinfónico que se sostiene en las voces corales para describir esa espiritualidad que acompaña a los personajes durante toda la historia. Newton Howard se apoya en su habitual colaborador Pete Anthony como director de la orquesta y uno de los seis orquestadores de la banda sonora. Con reminiscencias de otros trabajos realizados para Shyamalan, como La joven del agua o El bosque, en su construcción más melódica, se trata sin duda de una de las grabaciones más interesantes que ha hecho James Newton Howard en los últimos años, junto a la espléndida Resistencia

Airbender está basada en la serie de animación Avatar: La leyenda de Aang, producida por Nickelodeon y animada en Corea del Sur con influencias del manga. La película, que se iba a titular como la serie, tuvo que cambiar su título cuando James Cameron anunció su proyecto Avatar. Se trata de la primera de una trilogía anunciada que, eso sí, se producirá una vez se sepa que resulta rentable en taquilla. 


Del compositor norteamericano también nos llegará este verano su banda sonora para la película de acción protagonizada por Angeline Jolie Salt, en la que de nuevo demuestra su capacidad para construir una partitura trepidante, como lo es en buena medida Airbender.

06 agosto, 2010

Natali, Vincenzo

Hay directores que, a pesar de no conseguir resultados completos en sus películas, resulta admirable su capacidad para elaborar propuestas originales que nos atrapan desde el principio. Es el caso, por ejemplo, del cineasta estadounidense Vincenzo Natali. 

En realidad, Natali es un director canadiense, porque su familia se trasladó a Toronto cuando él solo tenía un año, y allí es donde creció y desarrolló su vida personal y profesional. Que un joven realizador consiga que su primera película se convierta en objeto de culto es algo más que un logro, y demuestra la capacidad de Vincenzo Natali para sorprender. Cube (1997) es un ejemplo de cine hecho con pocos medios y una puesta en escena minimalista, pero tiene una inteligente forma de construir escenas de suspense que acaban enganchándonos. Y de camino demostró que aún era posible plantear cine de ciencia-ficción sin recurrir a efectos visuales que ahoguen la película. Algo así como lo que ha ocurrido recientemente con Moon (2009), de Duncan Jones, con la que le unen varias similitudes. El éxito, eso sí, provocó también la continuación innecesaria en dos films más, en los que no participó Natali: la secuela Cube 2: Hypercube (2002) y la precuela Cube zero (2004).

Pero conseguir una película que alcance tal impacto cinéfilo puede convertirse en un arma de doble filo, dadas las expectativas que alimenta. Y quizás si Cypher (2002) hubiera sido el debut de Vincenzo Natali, habría sido tratada con mayor interés. Es cierto que esta nueva historia de suspense futurista, realizada con más medios que la anterior, no termina de acoplar con acierto sus múltiples elementos, pero los que la defendemos, incluso como una propuesta que en algunos momentos está por encima de su predecesora, encontramos un thriller bien construido, bien dosificado y dirigido con una capacidad para las escenas de acción que parecía difícil de encontrar en un director como Natali. 

Inédita en España, Nothing (2003) es la película más absurda que ha realizado el director. Para mí, tiene la media hora de arranque más impresionante que he visto en mucho tiempo, sobre todo si se ve desde la ignorancia de cualquier elemento sobre la trama que vamos a ver a continuación. Divertida, sorprendente, ingeniosa... Nothing sin embargo comienza a desinflarse en el segundo acto y acaba haciéndose cansina, pero ese final surrealista la confirman como una propuesta inusual y diferente. 

En 2005, Vincenzo Natali dirigió, con producción de Jeremy Thomas, un documental sobre Terry Gilliam titulado Getting Gilliam, que se rodó cuando éste se encontraba dirigiendo su irregular Tideland. Sin haber tenido oportunidad de verlo, parece que las críticas lo valoraron como un espléndido trabajo de personificación de un realizador singular. Lo que, unido al certero documental Lost in La Mancha (2002), nos lleva a la conclusión de que son mejores las películas sobre Terry Gilliam que las películas de Terry Gilliam.

Tras algunos años de ausencia, Vincenzo Natali regresa al género de ciencia-ficción con Splice, que aquí la distribuidora ha subtitulado como Experimento mortal, quizás tratando de subrayar cierto carácter terrorífico que el trailer también enfatiza. Pero Splice es una película de Vincenzo Natali, no lo olvidemos, y aunque al comienzo pueda parecer una historia de terror, poco a poco nos vamos dando cuenta que se trata de una película sobre las relaciones humanas. Al fin y al cabo, un tema que está presente en toda su filmografía. Splice es una propuesta arriesgada, y en algunos momentos (sobre todo al final) zozobra cerca del ridículo, pero contiene momentos de magnífico pulso narrativo, principalmente cuando los protagonistas se encuentran en el laboratorio. Y, como suele ocurrir en el cine de Natali, cuando nos creemos que se trata de una más de las advertencias sobre el uso del ADN, nos acabamos encontrando con una reflexión sobre la familia y sobre la relación de dependencia (a veces obsesiva, a veces malsana) que se establece entre sus miembros.  

Splice se desenvuelve bien entre el cine comercial y la propuesta personal de un cineasta que siempre nos sorprende, y que esperamos que nos siga ofreciendo nuevas lecturas insólitas de un género que parece atrofiado.

03 agosto, 2010

El fantasma vuelve a triunfar

En Primera Fila os presentamos este verano una recopilación de programas monográficos que dedicamos a trabajos concretos o compositores que habitualmente se acercan a nuestro programa. Pero también nos introducimos en sonidos diferentes que provienen de nombres recién incorporados al mundo de la música de cine. Una colección de programas ecléctica que nos introduce en la música más interesante del momento.

En nuestro espacio radiofónico seguimos dedicando nuestro tiempo al teatro musical. Y esta semana nos acercamos a la secuela de una de las obras cumbre de los escenarios ingleses: El fantasma de la ópera. En el teatro Adelphi de Londres se representa Love never dies, la segunda parte de esta historia que convirtió a Andrew Lloyd Webber en uno de los nombres fundamentales del musical. Ambientada en esta ocasión en Coney Island, a principios del siglo XX, la historia transcurre diez años después del final de su predecesora, y presenta a Christine como una famosa cantante que es atraída a Nueva York por el misterioso dueño del Circo The Phantom. 

Aunque las críticas han sido tibias y en algunos casos muy negativas, calificando la obra como monótona e incongruente, lo cierto es que Love never dies parece estar funcionando entre el público desde su estreno en el mes de marzo, aunque Andrew Lloyd Webber tuvo que pagar una multa de 20.000 libras por pintar de negro la fachada del teatro Adelphi (considerado como edificio de interés especial) para promocionar la obra.

Aunque no podemos calificar la obra porque no la hemos visto, lo cierto es que el doble CD + DVD que se ha editado de la banda sonora, del que ofrecemos una selección en los dos programas de esta semana, nos presenta una partitura espectacular con melodías preciosas que posiblemente se encuentren entre lo mejor que ha escrito Andrew Lloyd Webber en los últimos años, aquí acompañado por Glenn Slater en el libreto y las letras. Y merece la pena escuchar temas como Till I hear you sing, Look with your heart o el impresionante aria Beneath a moonless sky, que si oyéndolo en el disco te pone los pelos de punta, en directo debe ser fabuloso. Por supuesto, con las voces espectaculares del joven iraní Ramin Karimloo (que será además uno de los protagonistas del concierto especial del 3 de octubre por el 25 aniversario del estreno de Los Miserables, en el O2 Arena de Londres) y Sierra Boggess (que ya demostró sus dotes en la versión musical de La sirenita). 

Esta semana tenéis una nueva oportunidad de disfrutar de la secuela de El fantasma de la ópera En Primera Fila, en dos ediciones.