En nuestras crónicas de adelanto de la programación de Séries Mania 2026, nos enfocamos en la sección de Formatos Cortos, entre las que compite la producción española Sense filTRES (3Cat, 2025), premiada por su Guión en el South International Series Festival y clausura de Serielizados 2025. Entre las otras series que participan en esta sección se encuentran dos producciones francesas del canal Arte, habitual en esta categoría: la segunda temporada de Happiness (Arte, 2019-), una comedia sobre dos chicas adolescentes iraníes que acaban de llegar a Francia desde Teherán. La primera temporada está disponible en Arte España; y La dernière heure (Arte, 2026), que cuenta la historia de una joven que también emigra a Francia para cuidar a su madre, quien padece alzheimer. Canadá también presenta dos series: Ayer's cliff (ICI Tou.tv, 2026), una comedia familiar, y la distopía Les saturnides (TV5, 2026), que se desarrolla en Montreal, donde la aparición de una aurora boreal sume a la población en una especie de insomnio. Finlandia presenta la comedia juvenil Atlantida Pasila (Yle, 2026), que se desarrolla en un bar oculto de Helsinki; desde Japón se estrena Hirayasumi (NHK, 2026), basada en una novela gráfica de Keigo Shinzo, sobre un joven solitario que hereda una extraña planta; y Australia presenta Homebodies (SBS, 2026), que plantea una situación peculiar cuando Darcy regresa a casa para cuidar a su madre y descubre que ella convive con el fantasma de Darcy adolescente, antes de someterse a la transición de género. Un total de ocho series que compiten por el premio que concede un jurado juvenil. Asimismo, Séries Mania ofrecerá varias Clases Magistrales a cargo de algunos destacados profesionales del audiovisual, entre los que se encuentran los reconocidos Russel T. Davies (1963, Gales), responsable de las últimas temporadas de Doctor Who (Disney+, 2005-) y creador de miniseries como Queer as folk (Channel 4, 2000-2005), It's a sin (Channel 4, 2021) y Nolly (ITV, 2023), y Steven Moffat (1961, Reino Unido), también guionista de Doctor Who y creador de series como Sherlock (Prime, 2010-2017). Entre los últimos invitados confirmados se encuentra el compositor Cristóbal Tapia de Veer (1973, Chile), que fue músico de la serie The white lotus (HBO Max, 2021-) hasta que tuvo el enfrentamiento público con su creador Mike White, y de la banda sonora de Lord of the flies (BBC, 2026). Precisamente la incluimos en nuestra segunda entrega de la semana dedicada a series internacionales se centra en algunos de los estrenos recientes que se han producido en Gran Bretaña e Irlanda.
Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.
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Small prophetsTemporada 1 | BBC Two | Reino Unido 2026 | 6x30' ★★★★★ Creada por Mackenzie CrookDirigida por Mackenzie CrookSéries Mania '26: Panorama Internacional
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A Mackenzie Crook (1971, Inglaterra) se le conoce más en España como Gareth en la serie The office (Prime Video, 2001-2003) y por la saga de películas que comenzó con Piratas del Caribe: La maldición de la perla negra (Gore Verbinski, 2003), pero desde entonces no solo ha consolidado su carrera como actor, sino que como guionista ha creado series encantadoras como Detectorists (BBC, 2014-2022), en la que él mismo interpretaba junto a Toby Jones a dos aficionados a detectar metales que pasan sus días recorriendo los campos abiertos y caminos de Danebury, una ciudad ficticia del Norte de Essex, cruzándose con personajes excéntricos. Ya en aquella serie demostraba su capacidad para escribir diálogos cargados de un sentido del humor absurdo, envueltos en situaciones peculiares, pero podríamos decir que en su última propuesta ha perfeccionado esa capacidad para colocar a sus personajes en situaciones ridículas sin que pretenda ser una parodia, y al mismo tiempo ha introducido un elemento de realismo mágico que conecta con las tradiciones orales de Inglaterra, lo que aporta un tono especialmente atractivo a esta historia sobre la pérdida y la esperanza. Small prophets (BBC Two, 2026), seleccionada para la próxima edición de Séries Mania, es una de las series más cautivadoras que podremos ver este año, una comedia melancólica que consigue momentos absolutamente conmovedores. La historia está protagonizada por Michael Sleep (Pearce Quigley), un hombre de mediana edad cuya vida se ha estancado después de que su pareja Clea desapareciera sin dejar rastro siete años atrás, dejándole en una casa de su propiedad en la que Michael atesora cajas sin abrir repletas de libros que habían sido enviadas a Clea, con una ligera esperanza de que algún día regrese, y reproduciendo en una pequeño salón la imagen exacta de una fotografía familiar de ella tomada el día de Navidad, como una especie de permanencia de la memoria que le conecte directamente con Clea a pesar de su ausencia. Su vecino Clive (Jon Pointing) es un entrometido que siempre trata de inmiscuirse en la vida de Michael para descubrir el misterio que parece rodearle, mientras que el hermano de Clea, Roy (Paul Kaye), le presiona para que desaloje la casa para poder venderla y resolver sus problemas económicos. El protagonista trabaja en una gran tienda de bricolaje en la que el encargado Gordon (Mackenzie Crook) no consigue ganarse el respeto de sus trabajadores (se pueden ver algunas características del personaje de David Brent (Ricky Gervais) en The office), entre los que se encuentra Kacey (Lauren Patel), que se convertirá en una colaboradora de Michael cuando lleva a cabo un proyecto especial. A éste le gusta dejar a Gordon con la palabra en la boca cuando recibe las frecuentes llamadas de la residencia en la que se encuentra su padre Brian (Michael Palin), que siempre tiene alguna excentricidad que molesta a los residentes. Este entorno familiar se construye con un talento especial para construir personajes complejos que al mismo tiempo tienen motivaciones claras. Los profetas a los que hace referencia el título son un descubrimiento que es mejor no desvelar, pero que tiene relación con la tradición de duendes y hadas que envuelve a las historias fantásticas europeas. Cuando su padre Brian le habla sobre los homúnculos, figuras relacionadas con la tradición europea de la alquimia, Michael se embarca en una tarea complicada pero que si da resultado puede ofrecerle las respuestas a sus principales preguntas, especialmente las que están relacionadas con la desaparición de Clea.
Pero Small prophets habla en realidad de un tema tan común como la crisis de mediana edad, a través de un personaje que parece tan desenfadado y despreocupado que ni siquiera le importa que su jefe Gordon le sugiera que podría despedirle, o que se note demasiado que su vida se ha quedado en un punto muerto durante siete años. De hecho, la envidia de su vecino Clive, un personaje completamente diferente del que Jon Pointing interpretó en Big boys (Filmin, 2022-2025), pero al que también aporta cierto encanto a pesar de ser una especie de villano, proviene de la sensación de que el barbudo Michael parece más feliz que él mismo, a pesar de que teóricamente su vida familiar y profesional es más estable. En la introducción de un cierto realismo mágico, la serie revela algunas de sus principales influencias, y se pueden detectar matices de creadores como Michel Gondry o Charlie Kaufman, un tipo de escritores que parecen tener poca cabida en el entorno audiovisual actual. Incluso los efectos visuales de la serie están realizados con la técnica de stop-motion que le aporta un cierto carácter artesanal y anacrónico, pero que encaja adecuadamente con su tono nostálgico. De hecho, Mackenzie Crook siempre ha mencionado que después de trabajar como actor en The office y sufrir cierto encasillamiento como tipo raro, se sentía más cómodo escribiendo comedias suaves que no tuvieran ese tipo de situaciones incómodas o de vergüenza ajena, sino que estuvieran pobladas por personajes más encantadores. Y Small prophets lo consigue en todos sus términos, con un sentido del humor muy peculiar que surge de situaciones extravagantes, como cuando en el Episodio 2 (T1E2) un cliente le pregunta a Michael: "Disculpe, ¿venden cubos?" en un pasillo que está repleto de estanterías con cubos azules y éste le responde: "No, no vendemos. Nadie los pide, son demasiado anticuados". La historia también está marcada por planteamientos que quedan sin resolver, y que no sabemos si se resolverán en algún momento, como la razón de la desaparición de Clea, el trasfondo de un adolescente vecino del barrio en el que vive Michael, que siempre está en bicicleta observando pero sin decir nada, o por qué una mancha de aceite tiene la forma de un conejo. Pero son precisamente estos elementos quizás mágicos, quizás simplemente cotidianos, los que enmarcan Small prophets en un tipo de historias que reivindican sentirnos maravillados por los pequeños detalles, incluso aunque éstos surjan de la propia imaginación. Los momentos en los que Kacey y Michael están juntos a partir del tercer episodio son absolutamente cautivadores en la forma en que conectan sus historias y sus aspiraciones. Ella sueña con trabajar algún día en la clásica telenovela australiana Vecinos (Eleven Network, 1985-2025), a pesar de que ya ha sido cancelada pero, ¿por qué no soñar también con cosas imposibles?
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Lord of the fliesMiniserie | BBC/Stan | Reino Unido-Australia 2025 | 4x60' ★★★★☆ Adaptada por Jack Thorne sobre la novela de William GoldingDirigida por Marc Munden
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Posiblemente adaptar la obra más conocida del escritor William Golding (1911-1993, Reino Unido), que ha tenido adaptaciones notables como El señor de las moscas (Peter Brook, 1963) y otras menos logradas como El señor de la moscas (Harry Hook, 1990), aunque es la primera vez que sus herederos dan permiso para llevarla al formato de miniserie, no se puede considerar una apuesta excesivamente arriesgada por parte de la televisión pública BBC. Pero esta coproducción británico-australiana que se ha estrenado simultáneamente en Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda antes de tener su estreno internacional en la sección Berlinale Special del Festival de Berlín, tiene unas características que la pueden hacer poco apropiada para la franja habitual de los domingos por la noche en la que BBC emite sus series más ambiciosas. La propuesta pesadillesca y compleja del director Marc Munden, que está muy en línea con la puesta en escena de aquel experimento televisivo que fue El tercer día (BBC, 2020), es tan poco apropiada para esta franja horaria que ha recibido críticas muy negativas por parte de los espectadores que suelen consumir a esa hora thrillers más convencionales como la segunda temporada de El infiltrado (Prime, 2016-). La obra original de William Golding, veterano de la 2ª Guerra Mundial, surgió precisamente como una respuesta a la visión más optimista sobre el naufragio de tres adolescentes que había descrito Robert Michael Ballantyne (1825, Escocia-1894, Italia) en su novela La isla de coral (1857, Ed. Zenda), publicada recientemente en España con prólogo de Arturo Pérez-Reverte. Se cuenta que William Golding quiso ofrecer su visión de escepticismo hobbesiano, muy alejada de la leyenda del buen salvaje, para reflejar a través de un grupo de niños supervivientes de un accidente de avión en medio de una aparente guerra mundial de la que no se dan muchos detalles en el libro, que el ser humano está destinado a ser cruel y salvaje en el peor sentido de la palabra, incluso cuando la supervivencia depende de la colaboración mutua. Hay muchas interpretaciones alegóricas sobre lo que representa el enfrentamiento entre Ralph y Jack, tomando al primero como una metáfora de la democracia frente al totalitarismo que representa el segundo, lo que para un escritor que conoció dos guerras mundiales puede tener sentido. Y al mismo tiempo puede ser una manera de entender esta adaptación reflejada en el auge de las ideologías extremistas en la actualidad. Pero la adaptación de Jack Thorne (1978, Reino Unido), el dramaturgo mejor considerado en Gran Bretaña después del éxito de Adolescencia (Netflix, 2025) no se centra en este tipo de metáforas de índole político, sino que se enfoca en la naturaleza humana y coloca en primer plano la bondad y rectitud de un personaje como Piggy (David McKenna), quien no por casualidad protagoniza el primer episodio. Aunque Lord of the flies (BBC/Stan, 2026) pueda parecer una consecuencia de la aproximación a la complejidad psicológica de un adolescente que describió Jack Thorne en Adolescencia, lo cierto es que son dos series producidas en paralelo que se rodaron simultáneamente, por lo que no hay influencia de una sobre la otra. Dividiendo la estructura narrativa en cuatro partes, como ha hecho en otras miniseries como Ciudad tóxica (Netflix, 2025) y National Treasure (AMC+, 2016), que también fue dirigida por Marc Munden, la historia centra cada episodio en un personaje diferente, empezando por Piggy (T1E1), para desarrollar la complejidad psicológica a través de cuatros puntos de vista, haciendo avanzar la acción al mismo tiempo. Pero el guionista está más interesado en ofrecer una perspectiva optimista, sin descartar algunas de las consecuencias violentas de la convivencia entre los jóvenes.
La serie mantiene la época en la que está ambientada la novela El señor de las moscas (1954, Ed. Alianza Editorial), al mismo tiempo que el misterio sobre el origen del accidente aéreo y el entorno en el que han vivido los supervivientes, pero introduce algunos antecedentes que tratan de explicarles psicológicamente, lo que a veces puede resultar innecesario. El comportamiento de Simon (Ike Talbut ) en el episodio dedicado a él, Simon (T1E3), cuando comienza a ser consciente de que Jack (Lox Pratt), que había sido su amigo, está adoptando un viraje hacia el totalitarismo, se apoya en la infancia marcada por un padre abusivo que maltrataba a su madre: "Mi padre me llevó a su estudio un día. Me dijo que eligiera a quién de los dos prefería: a él o a ella. Le contesté que no podía preferir a ninguno de los dos. Pero no era verdad, yo quería a mi madre y odiaba a mi padre. Fui un cobarde", le cuenta a Ralph (Winston Sawyers). Lord of the flies se apoya en Piggy y Ralph como los centros morales de la historia, mientras desarrolla una progresión cada vez más extrema respecto a la forma de supervivencia, basada en el conflicto entre el sentimiento de comunidad, ayudando y protegiendo a los más jóvenes, o en la ley del más fuerte que propugna Jack, quien se autoproclama como el "líder de los cazadores" después de una brutal y violenta cacería de un jabalí en el episodio Jack (T1E2), adoptando una arrogancia con la que el director homenajea a Malcom McDowell en la película If... (Lindsay Anderson, 1968). Pero aunque pueda estar reflejado como el antagonista de la historia, el guión trata de introducir algunos elementos de vulnerabilidad en este personaje, el que representa la confrontación entre el orden artificial y el orden natural, propugnando la violencia como una forma de supervivencia. Jack Thorne afirmaba en alguna entrevista que el libro se ha malinterpretado como una historia sobre blanco contra negro, pero que en realidad él quería encontrar los matices grises en los personajes. Y en esta composición de tonalidades morales tiene una importancia destacada la puesta en escena creada por el director Marc Munden, cargada de primeros planos con objetivo gran angular, colores saturados que ofrecen una imagen colorista de la isla durante el día pero rojiza y amenazadora cuando llega la noche, y de reflejos de la fauna y la flora de la isla malasia en la que se rodó toda la serie, que grabó aprovechando que las jornadas de rodaje del reparto de 30 niños debían ser más cortas. Esto proporciona a la serie una textura de cine de terror de los años setenta, más experimental en su reflejo de la masculinidad, subrayada por un inquietante tema principal de Hans Zimmer y Kara Talve que introduce distorsiones de sintonización de una emisora de radio, pero sobre todo con la arriesgada música original del compositor de origen chileno Cristóbal Tapia de Veer, que se apoya en voces infantiles como referencia al coro eclesiástico del que formaban parte muchos de los protagonistas.
Se crea una atmósfera de extrañeza que conecta con composiciones previas de obras de clásicos del siglo XX como el himno "Antífona" de Cinco canciones místicas (1906-1911) de Ralph Vaughan Williams (1872-1958, Reino Unido), el Cuarteto para el fin de mundo (1941), que Olivier Messiaen (1908-1992, Francia) compuso durante la Segunda Guerra Mundial, o la gran obra coral "Funeral Canticle" (1996) que el compositor John Tavener (1944-2013, Reino Unido) compuso para el funeral de su padre. La historia habla sobre el desmantelamiento de una sociedad que al principio se basa en la democracia y en la participación de todos para ir derivando hacia la confrontación por el poder y la fuerza totalitaria como soporte del control. En un contexto como el final de una guerra mundial fue un mensaje poderoso que todos podían entender, pero en el contexto actual también se revela como un reflejo de esas sociedades que se apoyan en la falta de memoria para ir construyendo perfiles cercanos al fascismo. Los actores debutantes consiguen crear personajes complejos y creíbles, en un equilibrio sobresaliente en el que destacan los cuatro protagonistas, especialmente David McKenna (Piggy) y Lox Pratt (Jack), que también ha sido elegido como uno de los intérpretes principales de la serie Harry Potter (HBO Max, 2027). La nueva adaptación de El señor de las moscas es una adaptación particularmente inteligente que se mantiene fiel a la novela pero resulta tan inquietante como sugestiva, en la que el episodio final dedicado a Ralph (T1E4) propone un enfrentamiento abierto a través del cual los niños han perdido toda la inocencia, ocultando bajo máscaras y pinturas faciales el poco rastro de humanidad que queda en ellos. Es el único episodio con flashbacks más tradicionales que desembocan en una deriva totalitaria en la que la guerra y la violencia se han apoderado de la isla.
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Dirty businessMiniserie | Channel 4 | Reino Unido 2026 | 3x50' ★★★★☆ Creada por Joseph BullmanDirigida por Joseph Bullman
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El nivel de indignación que puede provocar una serie dramática basada en hechos reales es directamente proporcional al nivel de deshumanización que pueden transmitir las decisiones tomadas por los responsables de que determinadas situaciones no se produzcan. En el caso de Dirty business (Channel 4, 2026), se alinea con ese tipo de denuncias que en clave de ficción son capaces de concienciar más allá de su repercusión mediática, como Mr. Bates contra Correos (Movistar Plus+, 2023) y en menor medida Ciudad tóxica (Netflix, 2025), que provienen esencialmente de ese cine sobre los oprimidos que han desarrollado durante décadas directores como Ken Loach o Mike Leigh. La denuncia en este caso tiene relación con la progresiva contaminación de los ríos de Inglaterra y Gales debido a las aguas residuales y la falta de control sobre los vertidos de las industrias. Y, como ocurre en numerosas ocasiones en la historia reciente de Gran Bretaña, el origen está en las políticas privatizadoras de Margaret Thatcher, como apunta el comienzo del primer episodio, The accidental detectives (T1E1), cuando la Primera Ministra que construyó las bases de la desestabilización de la sociedad británica, anunciaba con orgullo en 1989 que la privatización de la gestión del agua iba a ser beneficiosa para todos. De aquellos barros vienen estos lodos, nunca mejor dicho, y como ya demostró la excelente miniserie documental Shifty (BBC, 2025), las políticas económicas de la década de los ochenta fueron el desastre de la convulsión social que ha sufrido Gran Bretaña hasta nuestros días. Pero a pesar de este comienzo, Dirty business no se centra tanto en las repercusiones políticas sino en la realidad social de sus protagonistas. La historia se desarrolla principalmente a partir de 2016, cuando dos vecinos retirados, Ashley Smith (David Thewlis), un policía que investigaba a compañeros corruptos, y Peter Hammond (Jason Watkins), un profesor de matemáticas en Oxford, comienzan a preocuparse por la neblina marrón que desde hace años viene cubriendo el antes transparente río Windrush. Las habilidades investigadoras de Ashley y los algoritmos creados por Peter forman parte de una investigación que desembocará en una lista de vertidos residuales incontrolados que se han ido produciendo en las últimas décadas, debido a la cada vez menor inversión por parte de la empresa de gestión de aguas South West Water, lo que contrasta con los millonarios beneficios que tiene la compañía. Minutos antes, otra trama paralela nos ha situado en un alegre día de playa de 1999, cuando el matrimonio formado por Mark Preen (Tom McKay) y Julie Preen (Posy Sterling) está de vacaciones con sus hijas en Dawlish, una playa con bandera azul. Pero una de ellas, Heather (Madison Waterworth), de tan solo ocho años, sufre un malestar que la lleva al hospital, donde muere dos días después por una intoxicación de E.coli 0157. A lo largo de los dos primeros episodios, asistimos a la lucha en los tribunales del matrimonio Preen por demostrar que la contaminación de la playa fue la causante de la muerte de su hija. Esta historia profundamente dramática contrasta con cierto sentido del humor que se desprende de la investigación que llevan a cabo Ashley y Peter varios años después, en un tono más desenfadado a pesar de la gravedad de los hechos que describe, que se refleja incluso en la propia imagen promocional de la serie, que parece más cercana a un crimen acogedor que a una historia de denuncia medioambiental.
Dirty business apuesta por un formato casi documental, en el que los actores hablan a la cámara cuando reproducen los emails que envían a la empresa de gestión de aguas, y las contestaciones vagas y los aplazamientos de los responsables de la compañía. Y la serie de Joseph Bullman, un director especializado en documentales, quiere ser tan precisa en los datos que suministra que a veces puede resultar algo confusa para los espectadores no ingleses, con sobreimpresiones que subrayan datos que contradicen a los diálogos, o referencias a documentación externa, casi como notas a pie de página, que se superponen a las imágenes. Esto también provoca que los personajes, especialmente los dos protagonistas, estén vagamente desarrollados, sin que apenas nada de su entorno personal tenga relevancia más allá de su propia investigación. Llegados al episodio The Whistleblower (T1E3), Peter muestra signos de cansancio ("Es agotador. No puedo más"), en el largo proceso de denuncias no escuchadas y alargamientos artificiales de las respuestas que reciben, como una continua sensación de fracaso que nunca derivará en responsabilidades reales: "Ningún directivo de las empresas ha sido acusado formalmente", se queja Ashley. Este episodio presenta a la confidente Hanna Swift (Channel Cresswell), que está inspirada en el confidente real Robert Forrester, que durante años proporcionó información sobre las prácticas irregulares de la Agencia de Medio Ambiente encargada de controlar los vertidos de las industrias. Una de las denuncias más graves de la serie es precisamente la falta de control del organismo público que tiene como principal función evitar que se produzcan vertidos contaminantes a los ríos. Pero las puertas giratorias, la corrupción o la ineficacia de las multas a empresas que tienen beneficios millonarios son el reflejo de un sistema roto, que elude la gestión pública pero también el control necesario sobre la gestión privada. Sir James Bevan (Alex Jennings) surge como la figura del funcionario con claros conflictos de intereses entre la dirección de la Agencia de Medio Ambiente y sus participaciones en empresas privadas como South West Water o Thames Water. Pero como resultado de un sistema que lo permite: en 2010, el gobierno conservador de David Cameron estableció lo que se denominó el "autocontrol operativo" para recortar gastos, lo que la funcionaria Sophie Harrison (Charlotte Ritchie) defiende en la serie. En vez de efectuar inspecciones, se permitió a las empresas de gestión de aguas que fueran ellas mismas las que comunicaran a la Agencia de Medio Ambiente si se había producido algún vertido de aguas residuales. Según se indica al final de la serie, desde que se privatizó esta gestión se han vertido cada vez mayores productos contaminantes, y en 2024 se calcula que se produjeron más de un millón de vertidos de aguas residuales en los ríos ingleses. Dirty business quizás no funciona de una manera tan emocional como otras series parecidas, pero su minuciosa descripción de los hechos y su claridad expositiva provocan la indignación necesaria en el espectador. Como afirma Ashley dirigiéndose al espectador: "Estamos tratando de acabar con el mayor sindicato del crimen organizado de Inglaterra. El dinero que han acumulado estas empresas desde la privatización de las aguas, 145 mil millones de libras, lo han conseguido porque han convertido la ilegalidad en su modelo de negocio".
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These sacred vowsMiniserie | RTÉ | Irlanda 2026 | 6x52' ★★★☆☆ Creada por John ButlerDirigida por John ButlerSéries Mania '26: Panorama Internacional
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Santa Cruz de Tenerife es el lugar de veraneo habitual para una parte de la clase media irlandesa, por lo que situar la boda de una pareja procedente de Irlanda en esta localidad española parece lo más lógico, aunque el creador John Butler (1972, Irlanda), que ha trabajado en comedias como The outlaws (HBO Max, 2021-2024) también apunta la ventaja de los incentivos fiscales. En todo caso, These sacred vows (RTÉ, 2026), la última producción del canal público irlandés, utiliza los soleados paisajes de localidades tinerfeñas como San Miguel de Abona, Adeje, Granadilla de Abona, Guía de Isora, Santiago del Teide y Arico para enmarcar esta comedia sutil que ofrece diferentes perspectivas de una misma historia. La serie se está emitiendo en la actualidad y se presentará en el mercado internacional dentro de la sección Panorama del festival Séries Mania. A primera vista, la historia podría parecer una versión low cost de The white lotus (HBO Max, 2021-), proponiendo un gancho de misterio que implica una muerte, para desarrollar posteriormente una trama que se interesa más por el retrato de personajes que por la resolución del enigma. En realidad los primeros minutos remiten más al comienzo de El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950), con la voz en off de un cadáver que flota en una piscina: "Soy el muerto. Y estas historias siempre comienzan con uno. Hay cierta comodidad en la repetición. Un poco parecido al ritual de una misa". Porque, efectivamente, el cadáver pertenece al cura Vincent (Tom Vaughan-Lawlor), el protagonista del primer episodio, un antiguo amigo de los padres de la novia, que no entiende porqué le han invitado para que oficie su boda cuando hace años que no mantiene contacto con ellos. Abordando la hipocresía de las bodas católicas cuando en realidad ni los invitados ni los novios son realmente católicos, la historia aprovecha esta tendencia laica desde el punto de vista del sacerdote: "A nadie le interesa un cura estos días, vivo o muerto", dice Vincent, que se encuentra como pez fuera del agua en la villa en la que se hospeda durante varios días junto a un grupo de invitados. A lo largo de una semana, todos vivirán experiencias reveladoras mientras a la pareja no la vemos en ningún momento. El interés no está en los novios, sino en los invitados, y cada uno de ellos será protagonista de su propio relato, conectado con los otros, a lo largo de cinco episodios (el último ofrece una perspectiva colectiva). El segundo episodio, Cormac (T1E2), está protagonizado por un joven maestro de escuela que se está recuperando del trauma de una agresión homófoba. Cormac (Adam John Richardson) está comenzando a sentirse más seguro en sus relaciones con otros chicos, y entabla una relación secreta con un hombre maduro, Jerry Byrne (Jason O'Mara), sin saber que se trata del padre de la novia. Su esposa Sandra (T1E3) es la protagonista del tercer episodio, una artista que dejó su profesión para ser madre, enfrentándose ahora a una crisis de identidad, mientras que los dos restantes están protagonizados por Ava (India Mullen), la mejor amiga de Cormac que descubre su relación con Jerry, mientras le oculta a su novio inglés Felix (Tom Hanson) que tiene herpes genital, y por Elodie (Jade Auguste), una estudiante de intercambio francesa que se encuentra viviendo con los Byrne y su impetuosa hija adolescente Karen (Isolt McCaffrey). En el episodio suena varias veces la voz de Caetano Veloso cantando su versión de "Cucurrucucú Paloma" (1954), que nos recuerda a aquella escena de la película Hable con ella (Pedro Almodóvar, 2002) y la frase de Darío Grandinetti: "Este Caetano me ha puesto los vellos de punta".
Aunque no desean una boda formal para su hija en una iglesia, Jerry y Sandra quieren asegurarse de que sus nietos puedan acceder a una escuela católica, y esa es la principal razón por la que han llamado a Vincent. Pero el ambiente de diversión, alcohol y alguna que otra droga de una convivencia con invitados a un casamiento no parece el más adecuado para un sacerdote que desde hace años es abstemio, tratando de evitar la tentación que le condujo al alcoholismo en el pasado, y que le llevará de nuevo en medio del sol abrasador de un verano en Tenerife. Los relatos son irregulares, entre los que tienen cierto atractivo, como el de Cormac y su aventura con el maduro infiel, y los que no tienen demasiado interés como el de la crisis de identidad de Sandra o el de Elodie persiguiendo constantemente a su amiga incontrolable Karen, y sufriendo las miradas lascivas de los maduros compañeros de golf del padre de ésta: "¿Quieres una lección de golf? Es fácil una vez que lo dominas". Los relatos se conectan a través de algunos giros más o menos efectivos, pero el conjunto en These sacred vows nunca llega a ser demasiado refrescante, menos cómico de lo que puede parecer al principio y con más tendencia al retrato estereotipado. Si el creador John Butler afirma que generalmente los novios son los menos interesantes en las bodas a las que ha asistido, su recorrido por los traumas y conflictos internos de los invitados que presenta en su serie tampoco terminan de ser especialmente apasionantes. También está el cura del pueblo, el padre Sandoval (Gustavo Salmerón), que pide una alta compensación económica para que su iglesia sea utilizada como escenario de una boda por una familia que nunca asiste a sus misas. Pero ni siquiera algunos personajes algo más extravagantes consiguen elevar la serie un poco más allá de una comedia demasiado sutil como para resultar divertida y demasiado plana para ser intrigante. Con un espíritu de entramado narrativo que el propio creador admite que tiene influencias de películas como Vidas cruzadas (Robert Altman, 1993), al menos hay algunas referencias seriéfilas que acaban siendo entretenidas, como cuando el padre Vincent le propone a Karen que lea un pasaje de la biblia en la boda, y ella le contesta: "Prefiero escribir algo o leer un diálogo de Normal people (RTVE Play, 2020)"; cuando precisamente India Mullen, una de las protagonistas de esta serie, interpretó a uno de los personajes principales de aquella.
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Under salt marshMiniserie | Sky | Reino Unido 2026 | 6x45' ★★★☆☆ Creada por Claire OakleyDirigida por Claire Oakley, Mary Nighy
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Cuando la prensa recibe únicamente los visionados previos de los primeros episodios de una serie en vez de la temporada completa puede significar que la plataforma se está asegurando de que no se desvelen spoilers importantes, o que la historia es tan buena que merece la pena mantener la intriga. Pero a veces también es una estrategia para mejorar el nivel de las críticas sabiendo que el desarrollo de la historia se desequilibra progresivamente. Con solo dos episodios disponibles para la crítica cuando se estrenó Under salt marsh (Sky, 2026) hace más de un mes, el resultado es que la diferencia de valoración entre la prensa (visionado parcial) y los espectadores (visionado completo) es significativamente dispar. Este thriller atmosférico encabezado por dos nombres atractivos, Kelly Reilly de Yellowstone (SkyShowtime, 2018-2024) y Rafe Spall de Ciclos (Apple tv, 2020-) metidos en personajes muy diferentes de los que les conocemos, despierta altas expectativas en un inicio absorbente, que sin embargo se va deshaciendo conforme deriva hacia los caminos trillados de los falsos culpables y las conexiones del pasado con el presente, con una resolución decepcionante. Ambientada en la ficticia localidad galesa de Morfa Halen, donde al parecer no vive ningún galés, como cuando en España se ambienta una historia en Galicia sin que nadie hable gallego, la historia tiene una ligera conexión con Dirty business (Channel 4, 2026) porque también cuenta con un trasfondo de aguas contaminadas. En medio de una zona de marismas a las que hace referencia el título, la profesora de primaria y ex-policía Jackie Ellis (Kelly Reilly) encuentra una noche el cuerpo sin vida de su alumno Cefin Hill (Jack Thomas-Humphreys), y decide acudir inmediatamente a decírselo a sus padres. A pesar de haber sido investigadora en un pasado cercano, las cicatrices de la desaparición de su sobrina de nueve años Nessa (Amara Atwal), hace tres años siguen abiertas psicológicamente. Para indagar sobre la muerte del niño es enviado al pueblo su ex-compañero el detective Eric Bull (Rafe Spall), con el que mantiene un clara hostilidad desde que ambos trabajaron juntos en la desaparición de Nessa, culpándole de haber sido el responsable de que ella fuera retirada del caso por una suspensión grave. Hay una atmósfera intrigante en los primeros episodios de Under salt marsh, y la melancolía que rodea a todos los personajes consigue un tono casi nórdico que se expande más hacia las heridas internas de los protagonistas que hacia las pistas externas que puedan conducir a la resolución del caso y su previsible conexión con el pasado. Morfa Halen, el nombre ficticio del pueblo, significa en galés "salt marsh" (marisma salada), y es probablemente lo único galés en una serie que utiliza sus paisajes para envolver a la historia. En tomas aéreas descubrimos que durante la noche la subida de la marea separa al pueblo del continente, cuando las aguas cubren el asfalto de la única carretera. Esta sensación de aislamiento fue una de las inspiraciones de la creadora Claire Oakley cuando la experimentó en la isla Shell, al Norte de Gales, donde el acceso desde el exterior solo se produce a través de un camino que cruza el estuario del río Artro cuando hay marea baja. De hecho, hay una cierta autosuficiencia entre los habitantes del pueblo en la serie, una individualidad que también los separa entre sí, alejándolos del habitual carácter comunitario. Para terminar de empeorarlo, Morfa Halen se enfrenta al desplazamiento debido al cambio climático, y aunque se esfuerzan en construir defensas marinas contra la invasión de las mareas, parece solo una forma de retrasar lo inevitable.
También se producen vertidos de aguas residuales en una antigua cantera que pertenece al principal latifundista de la zona, el abuelo de Cefin, Solomon Bevan (Jonathan Pryce), y los primeros resultados de la autopsia indican que el niño tiene en su cuerpo agua salina, a pesar de que ha sido encontrado en una zanja cubierta por agua de lluvia. Una de las críticas que se ha hecho a la serie es que perpetúa la imagen estereotipada de la identidad galesa vista desde la perspectiva inglesa, cuando algunos personajes hablan entre sí para que la policía angloparlante no entienda lo que dicen, o con determinadas representaciones tópicas de la melancolía permanente de la zona. Pero ese no es el principal problema de una historia policial que nunca sabe encontrar el tono adecuado más allá de la tristeza permanente, y que tampoco termina de ser muy absorbente más allá de la intriga que transmiten los dos primeros episodios. Como podía esperarse, algunas pistas comienzan a conectar la muerte de Cefin con la desaparición de Nessa, y Jackie se da cuenta de que se les escapó algo importante cuando investigaron en el pasado, mientras ahora comienza a inmiscuirse demasiado en el trabajo policial de su ex-compañero. Él también guarda un secreto que le da al personaje una mayor ambivalencia, aunque en realidad nunca se desarrolla del todo. Y surgen de nuevo sospechosos que fueron interrogados hace tres años, como el apicultor Kieran Benbow (Morgan Watkins) o el tío del mejor amigo de Cefin, Dylan Rees (Harry Lawtey), cuya coartada durante la noche del asesinato no está clara. La cuestión no es que la serie se tome su tiempo para ir desgranando las conexiones entre los personajes, sino que la languidez del principio se vuelve monótona conforme se desarrollan los episodios, algunos actores como Jonathan Pryce, él mismo procedente de Gales del Sur, parecen demasiado desaprovechados, y los hilos narrativos que vinculan el asesinato del presente con la desaparición del pasado resultan poco sólidos. La resolución se produce en mitad de una gran tormenta que amenaza con destruir las defensas construidas y con acelerar la progresiva desaparición del pueblo, como una especie de apocalipsis que conduce a sus habitantes a un destino inevitable. Es una buena idea la de desarrollar una trama policial en medio de una zona que está al límite de su existencia, transmitiendo una sensación de aislamiento y de urgencia permanente. Pero el guión también se inunda de ramificaciones que acaban enturbiando la claridad de la historia y desembocando en un thriller policial menos desafiante de lo que parecía prometer al principio.
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The LadyMiniserie | ITV/Britbox | Reino Unido 2026 | 4x50' ★★☆☆☆ Creada por Debbie O'MalleyDirigida por Lee Haven Jones
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Hay algunos estrenos que son particularmente inoportunos y no parece el momento más adecuado para una historia que involucra a Sarah Ferguson, aunque no esté centrada en ella, cuando las miradas están puestas en su estrecha relación con el pederasta Jeffrey Epstein, con el que seguía teniendo contacto incluso después de su condena, lo que ha desembocado en el cierre de su entidad benéfica Sarah's Trust. Tanto, que la actriz que la interpreta en esta miniserie true crime, Natalie Dormer, ha decidido no realizar ninguna promoción y donar su sueldo a organizaciones benéficas que luchan contra el abuso sexual infantil. Pero ésta tampoco es la historia de la ex esposa del ex príncipe Andrés, sino que su presencia resulta tangencial (ni siquiera está representado su marido) en una historia protagonizada por su antigua asistente Jane Andrews (Mia McKenna-Bruce, lo único interesante de la reciente Agatha Christie: Las siete esferas (Netflix, 2026)), quien acabó siendo juzgada por el asesinato de su amante, lo que no es un espóiler porque la serie comienza en septiembre de 2000, cuando la policía acaba de llegar a la escena del crimen, investigada por el circunspecto inspector Jim Dickie (Philip Glenister), mientras la novia de la víctima, Jane Andrews, parece haber huido. A partir de aquí, la estructura narrativa mezcla el presente de principios de los dos mil con el pasado en el que la joven protagonista mira fascinada en el televisor la retransmisión de la boda entre Lady Diana y el ahora rey Carlos en 1981. Con ciertos aires de grandeza, Jane sueña con tener acceso a ese mundo de lujo y de princesas desde una tienda de Marks & Spencer en la pequeña localidad de Grimsby, mientras busca en los anuncios de los periódicos las ofertas de empleo, donde encuentra uno para trabajar como asistente personal de vestuario, pero sin más detalles. Al cabo de un tiempo recibe una carta del Palacio de Buckingham invitándola a participar en la entrevista para el puesto que se había anunciado, ante la sorpresa de toda su familia. Así que Jane se dirige hasta Londres donde tiene la fortuna de encontrarse en persona con Sarah Ferguson (Natalie Dormer), hacer un comentario atinado sobre su ropa y establecer una especie de vínculo especial con ella. Jane Andrews acabará siendo la asesora de vestuario de la Duquesa de York, y la serie sugiere que gracias a ella abandonó sus vestidos de señora aburrida y encontró un estilo personal con vestidos de colores alegres y hasta aflamencados. El retrato que se ofrece de Sarah Ferguson es el de una mujer esnob, bastante alegre pero al mismo tiempo atormentada por sus relaciones personales, pero manteniendo cierta distancia con sus empleadas a pesar de que Jane piensa que tiene una relación más cercana a la amistad de lo que realmente es. Jane se adapta bien al entorno de palacio, aunque muchos de los trabajadores se burlan de ella por su acento, y acaba convirtiéndose en un clon de Sarah Ferguson, vistiendo la misma ropa cuando acude a fiestas. Primero mantiene una relación sentimental con el empresario Luis Castillo (Sean Teale), que se tuerce después de un viaje a Grecia al que ella se apunta sin haber sido invitada, y que acabará provocando también el distanciamiento con Sarah Ferguson. Y más tarde conoce a Thomas Cressman (Ed Speleers), con el que mantiene una relación marcada por los celos, que acabará desembocando en un terrible asesinato.
Anunciada como una producción de los responsables de The Crown (Netflix, 2016-2023), que se rumorea que Netflix podría estar interesada en continuar para abordar el escándalo de Andrew Mountbatten-Windsor, escrita por Debbie O'Malley, guionista de algunos episodios de Todas las criaturas grandes y pequeñas (Filmin, 2020-) y dirigida por el siempre solvente Lee Haven Jones, quien dirigió hace un año una historia con ciertas similitudes, El caso de Ruth Ellis (Filmin, 2025), sobre una mujer que asesinó a su amante y fue condenada a pena de muerte, hay suficiente talento en esta serie como para abordar la trama desde una perspectiva psicológica. De alguna manera, se plantea que no estamos simplemente ante un asesinato por despecho, después del descubrimiento de algunas relaciones turbias de Thomas Cressman, sino que hay un trasfondo de enfermedad mental y de impulsos suicidas. Aparece una silueta de Lady Di en el entorno de una puerta y Jane se entrega con pasión a unas relaciones sentimentales que no le corresponden como ella pretende, igual que aspira a ser algo más amistoso que una simple asistenta para Sarah Ferguson, como una constante consecución de decepciones personales que van produciendo mella en el equilibrio mental de la protagonista. A pesar de este intento de aportar complejidad al personaje, y del buen trabajo de la actriz Mia McKenna-Bruce, tan aparentemente vulnerable pero al mismo tiempo tan segura de sí misma, The Lady nunca termina de ir más allá de un true crime convencional, y detenerse tanto tiempo en sus relaciones sentimentales, las esperas, las discusiones y los desplantes acaba resultando repetitivo. Hay, no obstante, una interesante representación de las diferencias sociales, de la manera en que la protagonista nunca termina de encajar en el entorno social al que aspira pertenecer, de la forma en que quienes pertenecen a otro estatus superior solo le permitirán saborear un sorbo del lujo y los privilegios, pero nunca disfrutar plenamente de ellos. Pero esto ya nos lo ha contado mucho mejor El talento de Mr. Ripley (Anthony Minghella, 1999). Cuando se desarrolla el juicio contra Jane Andrews, en el cuarto y último episodio, la historia adquiere un cierto tono sensacionalista al centrarse en el testimonio de ella, en el que afirmó que había sufrido maltrato y violaciones por parte de Thomas Cressman, dejando una incertidumbre sobre la posibilidad de que sus afirmaciones tuvieran visos de realidad. Se agradece que el retrato de Jane Andrews no se limite al de una arribista desequilibrada, pero al final tampoco hay los suficientes elementos como para considerarla un personaje trágico.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
El señor de las moscas se puede ver en Acontra+, Filmin y Tivify.
If... se puede ver en Prime.
Piratas del Caribe: La maldición de la perla negra se puede ver en Disney+.
Hable con ella se puede ver en Movistar Plus+ y Netflix.
El talento de Mr. Ripley se puede ver en HBO Max y SkyShowtime.
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