SkyShowtime, 2-23 de enero
Reino Unido, 2025 - 5x50'
Creada por Joe Barton
Dirigida por Julian Farino, Alice Seabright
A partir de una rumorología extendida por Alexander Pushkin respecto a un supuesto enfrentamiento entre Antonio Salieri y Wolfgang Amadeus Mozart, que ya ha sido rebatida por biógrafos de ambos compositores, el dramaturgo Peter Shaffer (1926, Inglaterra-2016, Irlanda) escribió la obra teatral Amadeus (1979), que convirtió esa leyenda urbana en un excelente estudio sobre la envidia. Pero este relato se popularizó con la adaptación al cine en Amadeus (Miloš Forman, 1984), un gran éxito de público, ganadora de ocho Oscars y convertida en un clásico que este mismo año ha recuperado el British Film Institute en una proyección especial en 70 mm. Sin embargo, el director checo, que venía de dirigir películas musicales como Hair (1979) y Ragtime (1981), la llevó a su terreno y convirtió una obra de carácter íntimo en un gran espectáculo musical, representando a Mozart como una especie de estrella punk y subversiva. En la obra original el protagonista es Antonio Salieri, generalmente representado como mucho más mayor que Mozart, aunque en realidad solo les separaban seis años, y su frustración por tener una carrera musical intensa (ejerció durante 36 años como Hofkapellmeister, director musical de la corte de Viena) y ser un devoto cristiano, para ver cómo el don de la genialidad parece haber sido concedido a un joven compositor que no necesita esforzarse mucho en la creación de sus grandes obras. En uno de los monólogos más conocidos, Salieri declara la guerra a Dios a través de su animadversión hacia Mozart, que parecer incorporar en su propio nombre Amadeus su condición privilegiada como "amado de Dios". En la miniserie Amadeus (SkyShowtime, 2025), este monólogo de venganza subrayado por el rencor es uno de los momentos más sobrecogedores: "De ahora en adelante, tú y yo somos enemigos. Reduce al hombre, reduce a Dios", cerrando el Episodio 2 (T1E2) cuando Antonio Salieri (un inmenso Paul Bettany) acaba de escuchar la Gran Misa nº 17 en do menor (1783) y siente el menosprecio divino hacia su dedicación religiosa. Podría surgir la duda sobre la necesidad de una nueva adaptación si tenemos en cuenta la popularidad de la película de Miloš Forman, pero en realidad, esta versión aporta elementos diferenciadores, al mismo tiempo que se acerca más al tono de la obra teatral, es menos espectáculo musical y más retrato psicológico. El reconocido guionista Joe Barton (1985, Reino Unido), creador de series como Giri/Haji: Deber/deshonor (Netflix, 2019) y Palomas negras (Netflix, 2024-), se ha encargado de una adaptación que explora temas que no se abordaron profundamente en la película, como el entorno de la masonería o los efectos de la guerra en la sociedad vienesa a través del Emperador José II de Austria (Rory Kinnear), pero también desarrolla aspectos más allá de la obra, ampliando la presencia de Constanze Mozart (Gabrielle Creavy) o introduciendo al libretista Lorenzo Da Ponte (Enyi Okoronkwo). No se trata por tanto de una biografía histórica ni de una nueva versión de la película, sino de una reinvención en clave ficticia que está construida como una historia en la que Antonio Salieri se siente atormentado por su legado frente a la evidente genialidad de su rival Mozart.
Amadeus se construye a partir de un diseño de producción espectacular, rodada en escenarios de Budapest, recreando algunas de las óperas de Mozart y con la incorporación del director musical Benjamin Holder al frente de Hungarian Studio Orchestra para reproducir sus obras, que no iguala la calidad de la banda sonora de la película, con el prestigioso Sir Neville Marriner como director de orquesta, pero ofrece una aproximación destacable. La serie justifica ampliamente su duración de cinco episodios porque trata de ampliar las perspectivas hacia los temas que aborda, ofreciendo un contexto bélico que resulta interesante para subrayar la sensación de desprecio que percibe Antonio Salieri hacia la importancia de su trabajo en la corte, y refuerza la presencia de personajes secundarios como José II, cuyo primer comentario a una composición de Mozart es "tiene demasiadas notas", una absurda crítica por la que el compositor recién llegado a Viena se siente traicionado ante el silencio afirmativo de Salieri. Will Sharpe, protagonista de series recientes como Sin medida (Netflix, 2025) y director de películas como Mr. Wain (2021) y la miniserie Cómo meterse en un jardín (HBO Max, 2021), compone a un Mozart menos infantil que Tom Hulce, reflejando su arrogancia en la escena del histórico duelo de pianos con Muzio Clementi en la Nochebuena de 1781, y aportando complejidades personales conforme se siente más repudiado por la corte y por la francmasonería de la que era devoto, representada en óperas como La flauta mágica (1791). Pero también es presentado como un joven impetuoso y lascivo, que equilibra mal su dedicación musical con su vida familiar, y se revela como un provocador al incorporar a sus composiciones Las bodas de Fígaro (1785), una ópera bufa con libreto de Lorenzo Da Ponte, basada en un texto de Pierre-Augustin de Beaumarchais que fue prohibido por el Emperador, algo que Antonio Salieri se encarga de recordarle. Gabrielle Creevy, protagonista de In my skin (BBC, 2018-2021), compone una Constanze más independiente y protagonista, ampliando la relevancia del personaje en la trayectoria de Mozart. La dirección de Julian Farino en los tres primeros episodios y Alice Seabright en los dos últimos mantiene el equilibrio, en una historia que Joe Barton convierte en una especie de relato fantasmal en el que Salieri ve amenazada la relevancia de su legado musical al ser contemporáneo de la genialidad de Mozart, introduciendo elementos de metanarrativa que explican el origen de la leyenda sobre la rivalidad de ambos. Este tipo de conflictos suelen aparecer en la obra de Peter Shaffer, y también están presentes en Equus (1973) o en The Royal hunt of the sun (1964), adaptada en la película La caza real del Sol (Irving Lerner, 1969). Pero Joe Barton consigue elaborar otra de esas series equilibradas gracias a personajes bien desarrollados, extrayendo elementos de la obra teatral y quizás también de la película para construir sin embargo una propuesta tan clásica como contemporánea, creando junto a Paul Bettany uno de los Antonio Salieri más profundamente atormentados.
AMC+, 8 de enero
Francia, 2024 - 8x60'
Creada por Benjamin Charbit, Noé Debré
Dirigida por Jean-Baptiste Saurel, Émilie Noblet
El héroe enmascarado creado por Johnston McCulley en 1919 ha sido revisado por varios proyectos recientes, desde la serie española Zorro (Prime Video, 2024) hasta la francesa que ahora se ha estrenado en nuestro país, una coproducción entre France Télévisions y Paramount+ que ofrece un enfoque diferente, aunque con una mirada más actualizada, dando más relevancia a los personajes femeninos. El planteamiento de Zorro (AMC+, 2024) se dirige más hacia la comedia, y de hecho está creada por dos autores que han abordado el género: Benjamin Charbit, guionista de las películas Gagarine (Fanny Liatard, Jérémy Trouilh, 2020) y The beast (La bestia) (Bertrand Bonello, 2023), y Noé Debré (1986, Estrasburgo), creador de series como Parliament (France tv, 2020-) y El sentido de las cosas (HBO Max, 2025). Esta versión francesa se rodó en la Sierra Alhamilla (Almería), en paisajes similares a los que fueron el escenario de los spaghetti westerns, pero en este caso Don Diego de la Vega (Jean Dujardin) es un héroe ya maduro que retoma su disfraz ante los excesos cometidos por Don Emmanuel (Eric Elmosnino), que está construyendo un casino con métodos esclavistas. De manera que hay un sentido paródico de un personaje al que el traje le está ajustado, los zapatos crujen debido al tiempo que han estado guardados y tiene que practicar la firma porque ha perdido soltura, adoptando un sentido del humor que se ha comparado con la saga de parodias de espías que comenzó con OSS 117: El Cairo, nido de espías (Michel Hazanavicius, 2006), también protagonizada por Jean Dujardin. Este tono de comedia resulta efectivo en los primeros episodios, pero también prescinde de la reflexión sobre la figura del héroe que proponen otros acercamientos, centrándose más en la relación entre Diego de la Vega y su esposa Gabriella (Audrey Dana), que adquiere mayor importancia a lo largo de la temporada. Esta confrontación con la masculinidad que tradicionalmente representa el personaje del Zorro es lo más interesante de la serie, creando un arco narrativo para Gabriella que la convierte en amante del Zorro pensando que lo hace a espaldas de su marido, y posteriormente establece una identificación de ella misma, que adopta la personalidad del héroe en una versión femenina. Francia se ha acercado al personaje de una manera más clásica en algunos precedentes destacados como la película El Zorro (Duccio Tessari, 1975), que protagonizó Alain Delon como el héroe enmascarado, y que también fue rodada en España.
Hay algunos aciertos en esta versión francesa si la comparamos con la española: el antagonista Don Emmanuel tiene la suficiente entidad como para resultar ambivalente, como enemigo de El Zorro pero colaborador de Don Diego de la Vega, mientras que el tratamiento de Bernardo (Salvatore Ficarra), el ayudante mudo del héroe, es mucho más adecuado, eligiendo a un actor que se ha formado en el vodevil y la pantomima, de manera que resulta lo suficientemente expresivo en sus gestos como para entender lo que dice sin necesidad de una "traducción" continua, como ocurría con Paco Tous. Ambientada en Los Angeles en 1821, Zorro se ha rodado completamente en España, tanto en el desierto de Almería como en los alrededores de Toledo, lo que aporta a la estética de la serie un tono de spaghetti western que introduce cierta nostalgia. Siguiendo el estilo de las películas de aventuras que Jean-Paul Rappeneau desarrolló en Gracias y desgracias de un casado del año II (1971) y Cyrano de Bergerac (1990), esta versión dirigida por Jean-Baptiste Saurel y Émilie Noblet trata el sentido épico con una mirada más realista, aunque tiene algunos problemas en mantener el ritmo a lo largo de los ocho episodios. Un poco secuestrada por sus propias referencias y el carácter paródico del personaje, Zorro pierde de vista la reflexión sobre la figura del héroe (Don Diego representa como alcalde el sistema pero al mismo tiempo lucha contra él cuando se disfraza del enmascarado) para convertirse en una comedia costumbrista sobre un matrimonio a punto de fracasar al que únicamente revive la visión idealizada de un personaje irreal. Pero no es suficiente para que este nuevo acercamiento al héroe resulte demasiado apasionante, seguramente porque la creación a cuatro manos no encuentra el equilibrio adecuado: Noé Debré asumió el proyecto desde el principio creando el entorno socio-político, mientras que Benjamin Charbit adoptó la responsabilidad de desarrollar el tono de vodevil de la historia. Hay momentos divertidos y un desenlace ingenioso que deja abierta la posibilidad de la representación del héroe en otros personajes, pero al final da la sensación de que esta nueva versión del Zorro es demasiado superficial y vodevilesca.
Movistar Plus+, 8 de enero
Estados Unidos, 2025 - 10x45'
Creada por Jason Richman, Michael Seitzman sobre la novela de John Grisham
Dirigida por Russell Lee Fine, Randy Zisk, Michael Seitzman
Resulta curioso que en un entorno audiovisual que ha apostado por las IP (Propiedades Intelectuales), autores que en su momento fueron notablemente adaptados en películas de éxito, aparezcan fuera de las tendencias de producción de las series recientes. El ex-abogado John Grisham (1955, Arkansas) conoció un momento de auge durante los años noventa con la adaptación de sus thrillers legales, logrando éxitos como La tapadera (Sydney Pollack, 1993), El informe Pelícano (Alan J. Pakula, 1993) o El cliente (Joel Schumacher, 1994), con grandes directores y conocidas estrellas de Hollywood. La popularidad de estas películas duró una década, con algunas de las últimas propuestas como El jurado (Gary Fleder, 2003) que no funcionaron en taquilla y adaptaciones a series como La tapadera (NBC, 2012), que tampoco terminaron de funcionar. Esta puede ser una de las razones de que las productoras hayan dejado de interesarse en las novelas de John Grisham, pero también la pérdida de las opciones de compra al haber expirado muchos de los acuerdos previos, lo que obliga a renegociar una nueva adquisición de derechos con el autor. También se habla de cierta saturación de las historias de dramas legales, pero el éxito que han tenido otras propuestas recientes como El abogado del Lincoln (Netflix, 2022-) contradicen esta idea. En todo caso, algunos nuevos proyectos como The partner, basado en la novela El socio (1997, Ed. Debolsillo), con Tom Holland como protagonista, indican que ha renacido el interés por las adaptaciones de sus novelas. Entre ellas también se encuentra Legítima defensa (Movistar Plus+, 2025), que ya ha sido renovada para una segunda temporada en la que la historia se distanciará de la obra original, pero manteniendo algunos personajes. De hecho, esta primera temporada que sigue de manera más fiel la novela Legítima defensa (1995, Ed. Debolsillo), también introduce elementos diferenciadores para ampliar la historia original. La serie está protagonizada por el reciente graduado en derecho Rudy Baylor (Milo Callaghan), quien se hace cargo de un caso de negligencia médica junto a la socia principal de un bufete modesto, Jocelyn Stone (Lana Parrilla), y el poco ortodoxo asistente legal Deck Shifflet (P.J. Byrne). Tras haber fracasado en su intento de formar parte del prestigioso bufete Tinley Britt, dirigido por el despiadado Leo Drummond (John Slattery), el joven abogado debe enfrentarse a éste y a su propia novia, Sarah Plankmore (Madison Iseman), que ahora está trabajando para ellos. El caso destapa una conspiración relacionada con la muerte de un joven, y la trama se complica con la persecución de un enfermero, Melvin Pritcher (Dan Fogler), que ha podido asesinar a varios pacientes, pero cuyos crímenes podrían haber sido ocultados por el hospital para evitar ser acusados de falta de control. Esta última es la parte más desarrollada en la serie, que la película Legítima defensa (Francis Ford Coppola, 1997) dejaba a un lado. De hecho, aquella adaptación ponía el foco en los abusos de la industria farmacéutica como una amenaza contra el sistema, mostrado en el alegato final del abogado Leo Drummond (Jon Voight): "Si fallan a su favor, allanarán el camino hacia el control gubernamental de la cobertura sanitaria", considerando la sanidad pública como una amenaza. Aunque permanecen algunas de estas denuncias contra la industria sanitaria privada a través de la madre de la víctima, Dot Black (Karen Bryson), la propuesta de los showrunners Michael Seitzman y Jason Richman prefiere centrarse en el aspecto criminal de la negligencia y ofrecer una lectura más generalizada sobre las fracturas de la justicia impulsadas por la manipulación institucional que representa el bufete de Leo Drummond.
El desarrollo de la serie adopta el formato de una especie de David contra Goliat, a través de las estrategias de un joven graduado para hacer frente a la maquinaria legal apoyada en la riqueza, pero no está claro que profundice realmente en los entresijos de ese sistema imperfecto que denunciaba la novela de John Grisham, un sistema legal que está fracturado, desde la propia formación hasta el veredicto del jurado, todo sostenido sobre unos cimientos que ya reflejan sus grietas. Pero
Legítima defensa introduce un elemento de thriller con la presencia de un asesino que en cierta manera enfoca la historia en una subtrama más oscura pero menos contundente en cuanto al sistema legal. Con Melvin Pritcher comienza la serie en el prólogo del primer episodio, y él se convertirá en un testigo importante para el caso, de manera que adopta una relevancia central. La otra subtrama que sí se incluye tanto en la novela como en la película de Francis Ford Coppola es la de una vecina, Kelly Riker (Robyn Cara), que se encuentra atrapada dentro de un matrimonio abusivo con su marido Cliff (Fionn Ó Loingsigh), en el que Rudy se involucra personalmente. Pero en la serie parece mucho más anecdótica que en la historia original, en la que definía claramente el carácter del protagonista. Aunque la acción principal tiene lugar en Charleston, la serie se rodó principalmente en Dublín, lo que explica esa sensación de ciudad sin personalidad y las muchas secuencias en interiores, además de la presencia de actores secundarios predominantemente irlandeses o ingleses. Esto no beneficia al aspecto visual de una producción que transmite, como otras muchas en los últimos años que han buscado localizaciones más baratas, la sensación de estar ambientadas en espacios asépticos y sin personalidad. Si comparamos al británico Milo Callaghan con Matt Damon, protagonista de la adaptación cinematográfica, el primero es convincente como recién graduado en la Facultad de Derecho, pero menos como un abogado de Memphis, y el desarrollo del personaje, a pesar de los diez episodios, resulta más plano, mientras que la relación con su novia Sarah, que en la serie se convierte en su contrincante, es demasiado sosa. Pero es interesante el arco de este personaje femenino, porque representa la absorción del sistema institucional frente al idealismo inicial. De hecho, la película contaba con algunos personajes femeninos que, aunque secundarios, estaban bien retratados, ya fuera como testigos o como figuras clave en la vida del protagonista. En la serie, adoptan un mayor protagonismo: el personaje de Mickey Rourke es sustituido aquí por la ambigua Jocelyn Stone (Lana Parrilla), y la madre Dot Black (Karen Bryson) adquiere mayor presencia. Pero están retratadas con cierta tendencia al estereotipo.
Legítima defensa supone el regreso de la cadena de cable USA Network a la producción original, aprovechando el renovado éxito que tuvo su serie
Suits (SkyShowtime, 2011-2019), no así el reboot
Suits L.A. (SkyShowtime, 2025). Por tanto, se trata de una serie que tiene el aspecto de un drama legal solvente pero convencional. La idea original, cuando era un proyecto para Hulu, era crear un entorno legal con personajes de las novelas de John Grisham, sobre la adaptación de
Un abogado rebelde (2015, Ed.Plaza & Janés), pero ese proyecto fue cancelado. Sin embargo, la segunda temporada podría recuperar esa idea, aunque el showrunner Michael Seitzman todavía estaba barajando escenarios y posibilidades, quizás para convertirla en algo parecido a la segunda temporada de
Presunto inocente (Apple tv, 2024-), con un nuevo caso pero solo el regreso de algunos personajes.
Apple tv, 9 de enero-27 de febrero
Israel-Estados Unidos, 2024 - 8x45'
Creada por Dana Eden, Maon Kohn, Omri Shenhar, Moshe Zonder
Dirigida por Daniel Syrkin
Después de algunos retrasos en la producción, la tercera temporada de la serie de espías más popular de la televisión israelí y una de las más exitosas a nivel internacional en Apple tv, se estrenó en enero del año pasado en Israel, aunque hasta un año después no se ha producido su estreno internacional en la plataforma norteamericana. El ataque terrorista del 7 de octubre de 2023 influyó en la agenda de producción, a pesar de haber conseguido que el rodaje continuara durante la huelga de guionistas de Hollywood. También resulta curioso que Apple decidiera retrasar la serie por los acontecimientos en Israel pero ahora no tenga problema en hacerlo en medio de las protestas ciudadanas que se están produciendo en Irán. Precisamente la conexión con la realidad a través de las tensiones entre Irán e Israel, y el programa de armas nucleares del primero, es uno de los aspectos más interesantes de esta serie. El descubrimiento de que algunos agentes de inteligencia iraníes eran en realidad agentes encubiertos del Mossad israelí, se introdujo como uno de los elementos principales de una historia en la que las lealtades son frágiles debido a las decisiones de los propios servicios de inteligencia en contra de sus agentes, como vimos al final de la segunda temporada. Pero la percepción actual en torno a los conflictos armados, el genocidio de Gaza y las tensiones con Irán también han influido en el desarrollo de la historia. A finales de 2023 el canal Kan 11 que emite Teherán (Apple tv, 2020-) en Israel, pidió a los guionistas que cambiaran el comienzo de la cuarta temporada que ya estaba en producción, porque se iniciaba con un ataque con misiles desde Irán hacia territorios israelíes. De hecho, el estreno original previsto para abril de 2024 en Israel se suspendió por el ataque real de Irán, como respuesta a la invasión del sur del Líbano por parte del régimen de Netanyahu. Cuando Apple tv compró los derechos de la primera temporada de una serie de espías en la que estaba implicado como co-creador y jefe de guionistas Moshe Zonder (1965, Israel), creador del éxito Fauda (Netflix, 2015-), no solo le dio una proyección internacional sino que se comprometió a co-financiar las siguientes temporadas, lo que permitió incorporar al reparto a estrellas de Hollywood: Glenn Close en la segunda temporada y Hugh Laurie en esta tercera. A lo largo de la historia, la hacker Tamar Rabinyan (Niv Sultan) trabaja para el Mossad infiltrándose en Teherán, su lugar de nacimiento, bajo una identidad falsa y enamorándose de Milad (Ahervin Alenabi), un joven opositor contra el régimen iraní, mientras les persigue el agente de la inteligencia Faraz Kamali (Shaun Toub), que tiene su propia historia personal. El final de la segunda temporada mostraba la traición del Mossad hacia Tamar, y es el punto de partida de una tercera temporada en la que la protagonista se encuentra en un terreno intermedio entre las agencias de inteligencia de ambos países, atrapada en la capital de Irán, aunque en realidad la serie se rueda en Grecia.
Esta tercera temporada de Teherán fue recibida como una decepción en su estreno en Israel y de hecho la intención de mantenerse fiel a sí misma, pero al mismo tiempo tratar de permanecer en un terreno neutral en medio de conflictos internacionales reales, perjudica a la historia. Esto provoca que no pueda ser tan ambigua respecto a los servicios secretos israelíes como lo era en las temporadas anteriores, pero tampoco puede situarse en una posición demasiado sionista por la diferente percepción internacional hacia Israel después de los ataques que han destruido Gaza. De manera que la trama se hace más general en torno a la amenaza nuclear de Irán y el intento de los servicios de inteligencia de ambos países por hacerse con una cabeza nuclear que podría poner en peligro la seguridad nacional: la intención no es lanzar el ataque contra Israel, sino contra la propia Teherán. Tamar Rabinyan también debe situarse en un terreno más independiente, aunque la aparición de Nissan (Sasson Gabbay), un veterano agente del Mossad, la obliga a volver a colaborar con la agencia israelí, que está de nuevo liderada, como en la segunda temporada, por Yulia Magen (Sara von Schwarze). La incorporación del actor Sasson Gabbay, uno de los intérpretes de la serie Shtisel (Netflix, 2015-2021) y protagonista absoluto de su precuela Kugel (Yes tv, 2024), es una de las más interesantes de esta temporada, porque consigue crear a un agente aparentemente inactivo, que puede ser despiadado pero que entabla una relación casi fraternal con Tamar. El otro lado está representado de nuevo por el oficial de la Guardia Revolucionaria iraní Faraz Kamali, que mantiene ciertas dudas sobre los procedimientos de su propio gobierno, y su esposa Nahid (Shila Ommi), que conecta con un refugio de mujeres que han huido del maltrato en sus hogares. La presencia internacional está representada por el actor británico Hugh Laurie interpretando a Eric Peterson, un inspector nuclear sudafricano que podría tener una agenda oculta. Aunque el guión trata de darle un trasfondo humano, sobre todo a través de la relación con su hija, es el personaje que se siente más forzado y plano, aunque adopte un papel central en los últimos episodios. A pesar de ello, Teherán sigue manteniendo el pulso de escenas de acción y de tensión constantes, cliffhangers continuos y cambios de rumbo en unos personajes cuyas lealtades tienden hacia uno u otro lado, dependiendo de sus intereses personales o de las posibilidades de extorsión que puedan utilizar sus enemigos. La caza de Faraz hacia Tamir sigue manteniendo la tensión, incluso cuando a veces tienen que colaborar juntos, y la ambigüedad se manifiesta también a través de Ramin Gamzi (Phoenix Ray), un empresario que mantiene cierto equilibrio entre el sentido de justicia y el beneficio económico. Con un perfil más internacional, Teherán se hace más convencional, pero mantiene el suspense en sus tramas cruzadas y sus persecuciones, mientras cada vez le resulta más difícil defender una cierta colaboración interna entre individuos de dos países enfrentados, lo que establece un curioso diálogo con la realidad.
El infiltrado (Temp. 2) ★★★☆☆ Prime, 11 de enero
Reino Unido-España, 2026 - 6x60'
Creada por David Farr
Dirigida por Georgi Banks-Davies
Hace diez años, la miniserie El infiltrado (Prime, 2016-) se convirtió en un éxito de crítica y de audiencia por aportar al mundo de la televisión esa elegancia discreta de las novelas del escritor John Le Carré (1931-2020, Reino Unido), y del propio libro, El infiltrado (1993, Ed. Debolsillo), sobre Jonathan Pine (Tom Hiddleston), un ex-militar que trabaja como director nocturno de un hotel y que acaba involucrado en un mundo de espionaje cuando asesinan a su novia y la agente de inteligencia Angela Burr (Olivia Colman) le convence para que trabaje de forma encubierta, ganándose la confianza del magnate británico Richard Roper (Hugh Laurie), sospechoso de traficar con armas. Después de aquel éxito, el guionista David Farr (1969, Reino Unido) ha tardado diez años en poner en marcha una nueva temporada con la incorporación de Amazon Prime junto a la BBC, y con una historia que parece querer ser el inicio de una franquicia protagonizada por Jonathan Pine, porque ya está confirmada una tercera temporada. Pero, al contrario que George Smiley, éste no es un personaje que haya sido revisitado por John Le Carré en su literatura, por lo que la serie comienza una nueva etapa en la que aborda historias originales al margen del escritor. A pesar de que David Farr ha comentado en algunas entrevistas que sintió la inspiración de un sueño que tuvo la misma noche que murió John Le Carré en diciembre de 2020, parece claro que la principal razón por la que no se había embarcado en una nueva serie era la negativa del escritor a que tuviera una continuación, porque él veía El infiltrado como una película de seis horas que no necesitaba recuperar al personaje. El propio productor ejecutivo e hijo del escritor, Simon Cornwell, afirma que quizás David Farr se sintió más liberado para escribir un nueva historia después de la muerte de su padre. En realidad, la propia familia también ha continuado la obra de John Le Carré con la publicación de la novela La decisión de Carla (2025, Ed. Planeta), escrita por Nick Harkaway, que vuelve a tener como protagonista al agente George Smiley, el personaje de títulos emblemáticos como El espía que surgió del frío (1963, Ed. Booket) y El topo (1974, Ed. Booket). La nueva serie comienza cuatro años después de los acontecimientos anteriores, con Anthony Pine adoptando la identidad de Alex Goodwin (Tom Hiddleston) y el regreso esporádico de Angela Burr (Olivia Colman), e introduciendo algunos subterfugios narrativos para, de alguna manera, extender la sombra de Richard Roper. En el presente, Alex Goodwin dirige la organización secreta Night Owls (Búhos Nocturnos), cuyo cometido principal es vigilar sin intervenir directamente, que actúa al margen del MI6 y que puede sonar un poco al grupo de agentes que dirige Jackson Lamb (Gary Oldman) en Slow Horses (Apple tv, 2022-). De hecho, a nadie se le escapa que ésta es una de las series de referencia para la recuperación de las historias de espías que se está produciendo. Tras un acontecimiento que involucra a su jefe Rex Mayhew (Douglas Hodge), el protagonista comienza a sospechar que hay algunos flecos no del todo cerrados que están relacionados con Richard Roper, y que están conectados con un grupo de traficantes colombianos, encabezados por Teddy Dos Santos (Diego Calva), que tiene contactos con importantes empresarios como Juan Carrascal (Unax Ugalde). El problema principal es que introducir otra vez el mundo de los traficantes colombianos, en un momento en el que hemos visto tantas series de acción ambientadas en ese entorno, con todos los estereotipos habituales, como el personaje de Roxana Bolaños (Camila Morrone), y con actores que ni siquiera son colombianos, como el mexicano Diego Calva y el español Alberto Ammann, que interpreta al periodista Alejandro Queltaros, parece una decisión demasiado cómoda.
Como la primera temporada, El infiltrado es una coproducción hispano-británica que ha sido rodada principalmente en Cataluña, Cantabria y Tenerife, con algunas escenas en Colombia, y mantiene esa elegancia en los espacios en los que se desarrolla la historia, principalmente mansiones de lujo y grandes resorts. Podríamos recomendar visionar la primera temporada antes de embarcarse en ésta, porque queda algo lejana en la memoria, pero al mismo tiempo la revisión de una miniserie tan perfectamente urdida acaba perjudicando a esta nueva temporada. Si comparamos, por ejemplo, el episodio piloto de la primera, de ritmo preciso y cargado de tensión (la escena de la fotocopiadora), con el de la segunda, adoptando la narrativa a fuego lento, como si hubiera la necesidad de componer a los personajes desde cero, sin duda sale perdiendo esta nueva propuesta. Y eso que la construcción de la historia, especialmente alrededor del personaje de Pine/Goodwin, se refleja notablemente en la estructura de la primera, como si quisiera agarrarse a la confianza de elementos que funcionaron: el catalizador de la nueva infiltración es una tragedia, el protagonista se divide en dos personalidades, su identidad y la que debe adoptar para ganarse la confianza de los traficantes, lo que le obliga a ser más ambiguo y a lidiar con contradicciones morales, y los límites entre los aliados y los traidores acaban siendo cada vez más borrosos, especialmente con personajes que pretenden ser ambiguos como Roxana Bolaños. La primera temporada fue uno de los primeros trabajos de Susanne Bier (1960, Dinamarca) en Gran Bretaña, mientras que la británica Georgi Banks-Davies se encarga de todos los episodios de ésta, después de haber dirigido series como I hate Suzie. (Sky, 2020) y Kaos (Netflix, 2024). Pero la sensación que transmite es el de una trama de espías convencional, que juega en terreno conocido, y que a veces tiene cierta tendencia a presentarse como una especie de versión más realista de las películas de James Bond (no debe ser casualidad que Amazon se embarque en proyectos que preparen el camino del género de espías hacia su pretensión de reinterpretar al agente 007 en las próximas películas, después de haberle arrebatado el control de la franquicia a la familia Broccoli). Y desde luego, el villano Teddy Dos Santos es mucho más estereotipado y plano que Richard Roper y su secuaz Lance Corkoran, dos de los personajes que aumentaron el interés de la primera temporada. Es curioso que este mes encontramos a los actores que los interpretaron en otras series que versionan el género de espías: Hugh Laurie en la tercera temporada de Teherán (Apple tv, 2020-) y Tom Hollander en la enrevesada The Iris affair (SkyShowtime, 2025). Hay una falta de ADN propio en El infiltrado, aunque a veces tenga pequeños toques de habilidad en personajes secundarios logrados, como la agente Sally Price-Jones (Hayley Squires), que siempre tiene la palabra justa para recordar a Anthony Pine que no se olvide de que los ricos son los villanos.
Filmin, 13 de enero
Suecia, 2025 - 5x45'
Creada por Alex Haridi
Dirigida por Goran Kapetanovič
Montecarlo' 25: Ninfa de Oro Mejor Serie, Mejor Actor (Jakob Oftebro)
Kristallen Awards '25: Mejor Actor (Jakob Oftebro)
Desde su título original, Stenbeck, transformado tanto para su estreno internacional como para su estreno español, parece claro que la figura del magnate multimillonario Jan Stenbeck (1942, Suecia-2002, Francia) es principalmente local, reconocido como uno de los empresarios más relevantes de la comunicación en Suecia pero más desconocido en el ámbito internacional, aunque llegó a barajar la idea de comprar una antigua base norteamericana en Vietnam para convertirla en una especie de ciudad parecida a Hong-Kong. Se cuenta de él que fue un hombre de negocios visionario pero agresivo con sus competidores, y se refleja en la miniserie que sus ataques de ira le llevaban a humillar y maltratar verbalmente a sus subordinados, recordándoles que no serían nada si no fuera por él. Jan Stenbeck fue un millonario con buenas ideas que desarrollaban otros, y algunos le comparan con grandes magnates norteamericanos. Por lo que muestra esta historia que recorre su trayectoria desde 1975 hasta que murió de un infarto en 2002, se parece más a una especie de Silvio Berlusconi, porque fue principalmente el responsable de la televisión privada comercial TV3, desafiando la seriedad de la televisión pública, aunque nunca estuvo interesado en la política. Frente a ésta, ofrecía en su programación concursos, telenovelas y azafatas con los pechos desnudos (las mamachicho suecas), pero ya se había enfrentado al sistema de telecomunicaciones monopolizado por el Estado, creando la primera compañía de telefonía inalámbrica, y utilizando los satélites que había comprado para emitir su nuevo canal de televisión. En Suecia está considerado como el máximo representante de la transformación de la sociedad, desde la Social Democracia de los años setenta al liberalismo de los noventa. El magnate (Filmin, 2025) comienza con El otro país - 1975 (T1E1), un episodio inicial en el que Jan Stenbeck (Jakob Oftebro) todavía trabaja en Morgan & Stanley con una vida alejada de Suecia y el comienzo de una familia en Estados Unidos cuando conoce a Merril McCloud (Zoe Boyle). Pero la muerte de su hermano, que dirigía la empresa familiar Kinnevik, líder en la industria del acero, y un cambio en el testamento de su padre, le llevan a regresar a Suecia para hacerse cargo de la dirección de la empresa. La crisis del acero provoca la necesidad de una reestructuración de un negocio ya obsoleto, por lo que Jan Stenbeck propone un nuevo modelo de negocio basado en la telefonía móvil, lo que le lleva a enfrentarse, incluso en los juzgados, a sus hermanas Margaretha (Malin Crépin) y Elisabeth (Julia Marko).
La serie se centra sin embargo, más en la vida privada de Jan Stenbeck que en sus múltiples negocios, limitándose a los sectores de la telefonía y la televisión, para ofrecer sin embargo una representación del poder y la soledad, con una familia en Estados Unidos a la que apenas atiende, enfocado principalmente en sus empresas, y con una relación superficial con sus más estrechos colaboradores. En el episodio
Un bocado más - 1991 (T1E5), durante una entrevista de televisión, menos amable de lo que Stenbeck esperaba, se le pregunta cómo lleva "
que sus empleados se inclinen ante usted. Es sorprendente cómo negociadores duros se convierten delante de usted en perritos falderos", le dice la presentadora. Pero el episodio que mejor refleja la dinámica familiar de Jan Stenbeck es
Lo que Svensson quiere - 1986 (T1E4), en el que una importante visita de compradores italianos relacionados con el negocio artístico de su esposa Merril, acaba en una violenta discusión de pareja. El creador y guionista de la serie, Alex Haridi (1979, Suecia), jefe de guionistas en la comedia
Amor y anarquía (Netflix, 2020-2022) y creador del nordic noir
Sanningen (TV4, 2023-), que acaba de ser renovado para una tercera temporada, desarrolla un drama familiar que tiene ecos de tragedia, con un protagonista que vive la soledad del éxito y los sacrificios para mantener el poder, pero que no es tratado de una forma condescendiente, sino reflejando su prepotencia y su personalidad decadente. Aunque no se refleja en la serie, en los últimos años de su vida Jan Stenbeck se apartó de la vida pública y se retiró a una granja en Luxemburgo. Los cinco episodios se sienten escasos para adentrarse en los principales rincones de su trayectoria profesional y personal, pero
El magnate es un drama bien elaborado que se sostiene sobre todo en la estupenda interpretación del actor noruego Jakob Oftebro, que suele trabajar en producciones suecas, y que a lo largo del año pasado recibió el premio de interpretación en el Festival de Montecarlo y el premio Kristaleln de la televisión sueca. A pesar de interpretar a un personaje antipático, Jakob Oftebro consigue extraer cierta humanidad de él, y se compromete con la serie incluso aumentando de peso para parecerse más al personaje, aunque en el último episodio hay una mayor labor de maquillaje. La serie está dirigida por Goran Kapetanović (1974, Bosnia), que ha dirigido recientemente las dos temporadas del true crime sueco
Reza, obedece, mata (SkyShowtime, 2021-2025).
AMC, 19 de enero
Irlanda, 2025 - 6x45'
Creada por Ray Lawlor
Dirigida por Rachel Carey, Gary Shore
Una de las sorpresas agradables de hace dos años fue la comedia negra
Obituary (RTÉ, 2023-), que conseguía distanciarse de los dramas habituales de la televisión pública irlandesa para construir una historia morbosa sobre Elvira Clancy (Siobhán Cullen), una escritora de necrológicas en un periódico local que, después de una muerte accidental, se dejaba llevar por sus deseos ocultos y comenzaba a asesinar a personas que "
se lo merecían" para mantener su empleo, aunque en realidad se trataba de una mezcla entre una asesina en serie y una criminal que elimina personas para evitar que la atrapen. Un inteligente guión de Ray Lawlor, que anteriormente solo había escrito la miniserie
Le ceangal (TG4, 2020-2021), realizada a través de una webcam durante la pandemia del coronavirus, construye una oscura comedia bastante entretenida a través de un personaje complejo en el entorno de un pequeño pueblo ficticio llamado Kilraven (en realidad está rodada entre las localidades de Bundoran y Ballyshannon, en el condado de Donegal). Con dos nuevos directores, Rachel Carey y Gary Shore, que se reparten los seis episodios, la segunda temporada comienza
in media res, con Elvira siendo fichada por la policía con la cara ensangrentada, para trasladarnos hasta seis meses antes, justo a los acontecimientos que siguen al final de la primera temporada. Con Hughie Burns (David Ganly), el antiguo editor de The Kilraven Chronicles, en la cárcel, se incorpora una nueva editora, Vivienne Birch (Máiréad Tyers), que pondrá las cosas difíciles a la plantilla del periódico, y una becaria llamada Ruby (Aisling Reid), que ni siquiera necesita cobrar porque procede de una familia adinerada y es capaz de robarle las ideas a Elvira lo que, inevitablemente, la coloca en el punto de mira para la próxima necrológica de la periodista asesina. Pero un giro de guión en el episodio
Death becomes her (T2E1), cuyo título es una irónica referencia a la película
La muerte os sienta tan bien (Robert Zemeckis, 1992), convertirá a Elvira de asesina en investigadora de un posible criminal que, digamos, podría estar haciéndole la competencia. Este es el principal punto de interés de una serie que evita la repetición para ir ampliando la historia con nuevas aportaciones pero que en esta nueva temporada adopta un ritmo algo más lánguido que en la primera. En este caso, Elvira no solo planea los asesinatos de personajes siniestros como el traficante de drogas local Albert McGovern (Brian Robinson), sino que debe evitar que las investigaciones de su novio periodista Emerson Stafford (Ronan Raftery) y de la detective Rose Mulcahy (Noni Stapleton) les conduzcan hasta ella, mientras el antiguo editor Hughie la amenaza con contar todo lo que sabe sobre su padre Ward (Michael Smiley), que en esta temporada aparece en algunos flashbacks. Hay alguna subtrama política en torno a las próximas elecciones que parece querer desarrollar a personajes como Emerson, pero que se siente algo forzada dentro de la historia principal, y resulta absurda en algunos momentos.
La segunda temporada de Obituary consigue mantener ese tono macabro que resulta bastante cautivador, y tiene algunos episodios muy logrados, como el enfrentamiento que se produce en Armas de destrucción menor (T2E4), mientras Siobhán Cullen, que recibió el premio Rising Star de la Academia de Cine y Televisión de Irlanda por la primera temporada, sigue brillando con un personaje marcado por profundos traumas personales, como describe ella misma cuando va a visitar a su padre en el episodio Búsqueda inútil (T1E5): "Creo que me lo enseñaste todo. Solo por ser mi padre, me diste esta oscuridad. Una oscuridad que siempre pensé que significaba que si alguien llegaba a conocer mi verdadero yo, tarde o temprano tendría que matarlo". Reflejando a un personaje que ha estado luchando constantemente por ocultar su verdadera personalidad, aquella que no puede ser aceptada por la sociedad, la que la convierte en un monstruo a los ojos de los demás. Los elementos góticos irlandeses se mezclan con habilidad con una investigación que está llena de atajos complicados, evitando que la protagonista sea una versión femenina de otros asesinos en serie que hemos conocido a través de la ficción. Hay una complejidad profunda que construye a Elvira, pero al mismo tiempo da la impresión de que esta segunda temporada tiene menos éxito en el dibujo de los personajes que la rodean. También sigue sobresaliendo la estupenda banda sonora del compositor irlandés Steve Lynch, que recoge influencias de la música celta, pero las incorpora a sonoridades electrónicas y vocales que funcionan como descripción psicológica de los personajes. Esta temporada de Obituary llega a un desenlace que parece precipitado, especialmente en lo que respecta a Emerson, y que no resuelve todas las preguntas, lo que podría hacer pensar en una tercera temporada aún no confirmada.
Filmin, 27 de enero
Bélgica, 2024 - 10x35'
Creada por Frederik Daem, Zwanger Guy
Dirigida por Deben Van Dam
Séries Mania' 25: Mención Especial - Panorama Internacional
Premio Hustinx '25: Mejor Serie Dramática
Para las últimas semanas de 2024, la plataforma belga Streamz, un canal privado en lengua flamenca que tiene acuerdos con multinacionales como Paramount, lanzó una producción original que no se parece demasiado a un cuento navideño, sino que es un retrato bastante realista y algo pesimista de la juventud bruselense en una ciudad "que nos asfixia". A través del protagonista, Gigi (Liam Jacqmin), un joven de diecisiete años que compagina los estudios con algún trabajo esporádico como diseñador de camisetas y sudaderas, Putain (Filmin, 2024) ofrece una mirada que está influida en su forma y en su formato 16:9 por la película de culto brasileña Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002), pero también se pueden encontrar similitudes con otras historias que abordan entornos urbanos periféricos, como la película francesa El odio (Mathieu Kassovitz, 1995) o la serie británica Skins (BBC, 2007-2015). Creada por el músico Gorik van Oudheusden (1988, Bélgica), más conocido por su nombre artístico como el rapero Zwangere Guy, que también ha escrito algunos de los temas de una espléndida banda sonora de estilos variados e interpreta a Thierry, el padre de Gigi, parte de la historia está basada en su propia adolescencia, subrayada sin embargo por un tono de ficción a veces surrealista que aporta el co-guionista Frederik Daem (1988, Bélgica). Desde los primeros episodios sabe construir el entorno que rodea al protagonista Gigi, con una madre adicta, Anaïs (Liesa Van der Aa), que no es capaz de mantener su trabajo como camarera, y que acaba de volver con su ex-novio de mala reputación Fabrice (Roda Fawaz), lo que provoca que Gigi tome la decisión de abandonar su apartamento. Su amiga Rania (Hind) es una joven de origen norteafricano que tiene problemas con su familia porque ha decidido ingresar en la Academia de Policía, a los que culpan de la muerte de su hermano, mientras que Zola (Victoria Djamusala) es una joven idealista con tendencia a sermonear sobre los derechos humanos y el cambio climático. Snokkie (Felix Heremans) es el mejor amigo de Gigi, pero pertenece a una familia acomodada, y su sensación de asfixia le lleva a refugiarse en el alcohol y en la adicción al sexo en el episodio On va (T1E8), una vez que pierde su virginidad. Aunque el tono de la serie es generalmente naturalista, marcado por una fotografía oscura que enmarca a los personajes en fondos desenfocados, hay algunos elementos surrealistas y metanarrativos que en cierta manera son un sustituto inteligente de las rupturas de la cuarta pared habituales, pero que están colocados de manera sutil y breve, como elementos de humor para sorprender al espectador, especialmente a través del curioso personaje de Yves Zijlmans (Pierre Boeraeve), el dueño de una tienda de segunda mano en la que suele reunirse el grupo de amigos, que está convencido de que vive dentro de una serie de televisión, como dice en el episodio Plus Vite (T1E4): "A veces tengo la sensación de que estamos siendo filmados y lo que decimos ha sido escrito por gente que se encuentra en un universo paralelo".
Putain toma su nombre de la expresión que lanzan los protagonistas habitualmente, un "¡joder!" que define un estado de ánimo de desesperanza y de continuos conflictos provocados por las normas sociales. Cuando Gigi trata de alquilar una habitación, recibe una respuesta negativa al no disponer de un trabajo estable, lo que se convierte en un círculo vicioso de difícil solución. El constante conflicto con su realidad y con situaciones que se escapan a su control, es especialmente contundente cuando se describe esa mirada urbana y grisácea de una ciudad como Bruselas que resulta sofocante. De hecho, el año pasado también tuvo éxito otra producción que ofrecía una mirada singular a la capital belga, la serie Oh, Otto! (Streamz, 2025), esta vez acercándose a los espacios de ambiente queer. Las adicciones se convierten en una vía de escape pero también en una forma de permanecer atrapados, como le ocurre a Anaïs, la madre de Gigi, incapaz de salir de su propio círculo vicioso, incluso aunque se vea amenazada por la llegada de una asistente social en el episodio Mais (T1E6). La relación de Gigi con su padre Thierry (Gorik van Oudheusden), una especie de líder callejero que se queja constantemente del sistema en Tu vas (T1E3), que se centra en un encuentro entre ambos, refleja el abandono que siempre ha sufrido el joven, cuando Thierry acaba más interesado en un partido de fútbol que en aprovechar la tarde con su hijo. El creador de la serie, Zwangere Guy, se marchó de su casa cuando tenía 14 años y se refugió en el entorno de sus amistades, lo que en cierto modo se refleja en la historia que cuenta en esta propuesta. Convertida en uno de los mayores éxitos de la plataforma Streamz en Bélgica, Putain consigue transmitir a través del multilingüismo, con una mezcla de francés, neerlandés, inglés y árabe, la multiculturalidad que define a los barrios periféricos de Bruselas, los que conforman la auténtica ciudad que vive de espaldas a la imagen internacional del Parlamento Europeo. Y proporciona autenticidad la mezcla de actores no profesionales (la mayoría de los protagonistas jóvenes) con nombres reconocidos como Liesa Van der Aa o Roda Fawaz a los que hemos visto en series como El día (Filmin, 2018) y 1985 (Filmin, 2023). A través de esta visión de una Bruselas que representa los valores europeos pero en su interior se enfrenta a las propias contradicciones de la diversidad cultural y racial, ofrece una visión compleja de nuestra sociedad, y de aquellos que habitan esa multiculturalidad. En Ensemble (T1E7), cuando Gigi asiste a una ceremonia de compromiso en la familia congoleña de su novia Zola, se da cuenta de que ella no se siente identificada con las costumbres tradicionales que se imponen alrededor del matrimonio. Putain es una de esas impactantes propuestas sobre la juventud que describen un horizonte incierto, pero al mismo tiempo celebran la amistad, las familias escogidas, la solidaridad y los sueños, aunque sean imposibles. Como cuando en Tout (T1E1), Zola se ofrece a ayudar a Isaiah (Anthony Nti), un joven que vive en la calle: "¿Quieres ayudarme? Solo quiero jugar en la NBA. Si me das una oportunidad, como comprarme un billete de avión, conseguirme un pasaporte y esas cosas, estará bien", le contesta el joven.
The death of Bunny Munro ★★★★★ SkyShowtime, 30 de enero
Reino Unido, 2025 - 6x40'
Creada por Pete Jackson sobre la novela de Nick Cave
Dirigida por Isabella Ëkloff
Festival de Londres '25: Sesión Especial
Festival de Estocolmo '25: Stockholm Series
En 2003, una serie de desastres se sucedieron alrededor del muelle oeste de Brighton, el conocido como West Pier: las tormentas de finales de 2002 provocaron el derrumbe de parte del muelle y la sala de conciertos, y en marzo de 2003 el pabellón y otras secciones fueron destruidos por un gran incendio. Solo dos meses después otro incendio redujo la sala de conciertos a cenizas, derrumbándose durante una tormenta. El muelle de Brighton está considerado como un reducto de la época victoriana, y aunque se barajó la posibilidad de restaurarlo, finalmente la estructura de hierros ha quedado como una representación del pasado decimonónico entregado al deterioro progresivo que provoca el agua. Las imágenes fantasmagóricas de la sala de conciertos ardiendo forman los créditos de The death of Bunny Munro (SkyShowtime, 2025), introduciéndonos en una historia que también habla de decadencia. Basada en la segunda novela de Nick Cave, La muerte de Bunny Munro (2009, Ed. Malpaso), la serie recoge esa primera imagen que comenta el músico que se le vino a la cabeza cuando comenzó a escribir la historia: "Mientras escribía dos imágenes me venían a la mente. La primera era el West Pier en llamas. La segunda, los shorts dorados de lamé de Kylie Minogue que lució en el video de "Spinning Around". El guión original de la película comenzaba con eso: ese incendio y los shorts de Kylie Minogue superpuestos". Efectivamente, la creación de este relato sobre la pérdida y las adicciones comenzó como una propuesta del director John Hillcoat, que le sugirió a Nick Cave que escribiera otro guión después de trabajar juntos en La propuesta (2005). Cuando el proyecto no encontró financiación, el músico decidió escribirla como novela. La adaptación en formato de serie ha sido elaborada por Pete Jackson, guionista inglés que debutó con la excelente Somewhere boy (Filmin, 2022), y ahora está escribiendo una serie de acción real para HBO Max que dirigirá James Gunn, basada en la novela gráfica V de Vendetta (1980-2000), de Alan Moore y David Lloyd. Bunny Munro (Matt Smith) es un crápula que utiliza su trabajo como vendedor de cosméticos para dar rienda suelta a su adicción al sexo, seduciendo a algunas de sus clientas, mientras su esposa Libby (Sarah Greene) sufre depresión y ninguno de los dos se ocupa realmente de su hijo de nueve años Bunny jr. (Rafael Mathé). Tras una circunstancia trágica, Bunny debe hacer frente a su responsabilidad como progenitor, aunque no sea el mejor ejemplo para su hijo. En Family man (T1E1), cuando se siente asfixiado por las miradas acusatorias de los familiares de Libby en su funeral, su reacción instintiva es aliviar la presión haciéndose una paja en el cuarto de baño, para después tener una discusión a gritos con la madre de ella, Doris Pennington (Lindsay Duncan), quien rechaza hacerse cargo del joven Bunny: "El problema es que cuando le miro, solo te veo a ti. Y cuando te miro, solo puedo ver a mi hija sola, con miedo y rota. Cuando te miro, solo veo a mi pequeña ahorcada", dice Doris. A pesar del ambiente tóxico que rodea a los personajes, la serie tiene ese punto de humor que Pete Jackson ya demostró en su anterior proyecto, como cuando los servicios sociales acuden a entrevistar a Bunny, a quien no consideran un padre adecuado, y éste decide "secuestrar" a su propio hijo. Es un padre egocéntrico, que intenta mantener su propia identidad en orden, un hombre ensimismado y hedonista que se ve obligado a cuidar de un niño mientras recorre Brighton para acudir a reuniones de trabajo. Pero sobre todo es un viaje en el que Bunny Munro está cada vez más absorbido por el dolor y Bunny hijo comprende que la imagen idealizada de su padre no se corresponde con la realidad.
La adaptación como serie evita algunos de los pasajes más explícitos de la novela de Nick Cave (1957, Australia), aunque la directora Isabella Eklöf (1978, Suecia), conocida por películas como
Holiday (2018) y realizadora de la mitad de los episodios de las dos últimas temporadas de
Industry (HBO Max, 2020-) también introduce cierta sensualidad en la primera parte, que se va haciendo cada vez más sórdida conforme el viaje de Bunny se va introduciendo en el terreno de la pesadilla, como un encuentro con una joven drogadicta en
Dead man (T1E6). Pero el guión amplía su mirada hacia Bunny junior, quien a pesar de todo ve a su padre como una figura heroica, aportando cierto respiro dentro del viaje interior de la historia. A veces conversa con su madre Libby a quien ve como una especie de fantasma tranquilizador, y la serie aporta el reflejo de lo más cercano a una familia normal que ha conocido el joven Bunny cuando en
Con man (T1E4) le acoge Yvonne (Alice Feetham), una bailarina de striptease que es madre soltera, experimentando algo tan sencillo como un desayuno en familia. La novela está solo descrita desde el punto de vista de Bunny Munro, mientras que la serie muestra la mirada inocente de Bunny junior, que aporta el debutante Rafael Mathé con una naturalidad sorprendente, a pesar del ambiente sórdido en el que le introduce su padre. Mientras que Matt Smith incorpora un atractivo al protagonista que no tenía en el libro, donde el personaje era un tipo del que las mujeres se reían. El actor está acostumbrado a incorporar a personajes oscuros como en la serie
La casa del dragón (HBO Max, 2022-) o el musical
American psycho (2013) pero en este caso sus acercamientos seductores parecen menos patéticos, aunque sufra alguna humillación que le confronta con la mezquindad de sus acciones, que se retroalimenta con el dramatismo machista de su amigo Poodle (Johann Myers) en
Cocksman (T1E3). El recorrido por el Sur de Inglaterra mientras Bunny va perdiendo el contacto con sus clientas se introduce en una atmósfera de ensoñación en la que la única redención posible es la de Bunny junior, que puede cortar el contagio de mezquindad y abuso que ha transmitido al protagonista su padre, Bunny Senior (David Threlfall). El verano soleado de la costa de Brighton aporta cierta textura vibrante a
The death of Bunny Munro mientras el personaje se desplaza en un descapotable que sustituye al pequeño utilitario de la novela, aportando cierto respiro al personaje. Pero permanece una especie de aura trágica que está representada por la figura de un asesino en serie que aparece habitualmente en la televisión o en los periódicos que encuentra el protagonista a su paso, una oscuridad que la directora maneja como un elemento metafórico que se apropia de una atmósfera inquietante. Conforme el dolor de la pérdida se hace más evidente, el camino se vuelve más oscuro, hasta el episodio
Showman (T1E6) que adquiere un tono cercano a David Lynch, con Bunny Munro cantando frente a todas las mujeres a las que se ha follado, que son sus únicas espectadoras. Nick Cave tiene un cameo, compone junto a Warren Ellis la banda sonora e introduce su canción "Bright horses", del álbum
Ghosteen (2019, Ghosteen Ltd.), en un momento destacado de la historia. La serie captura esa mezcla de suciedad y ternura que transmitía la novela, pero tiene más empatía con el personaje principal, un tipo depravado y moralmente perdido que sin embargo descubre que tiene una conexión emocional con su hijo.
Filmin, 2 de febrero
Reino Unido, 2025 - 6x45'
Creada por Neil Forsyth
Dirigida por Patrick Harkins
El mes pasado se estrenó en España la primera temporada de
The gold (Filmin, 2023-2025), una producción británica extrañamente inédita en nuestro país hasta la fecha, a pesar de su conocido reparto, y que ahora recupera su segunda y última temporada, un recorrido que su creador Neil Forsyth (1978, Escocia) siempre concibió como dos partes que acompañarían a "
las dos mitades del oro" robado en el asalto al almacén Brink's-Mat. La anterior temporada narraba los acontecimientos que rodearon a la historia real que tuvo lugar en noviembre de 1983, cuando una banda de ladrones irrumpió en un almacén ubicado en un polígono industrial cercano al aeropuerto de Heathrow. Habían planeado robar un cargamento de pesetas españolas, pero se encontraron con tres toneladas de lingotes de oro con destino a Hong Kong, valoradas en 26 millones de libras: el botín más lucrativo de la historia criminal británica. Parte de la historia también se centraba en la persecución que llevó a cabo la Brigada Móvil de la Policía Metropolitana, con el superintendente Brian Boyce (Hugh Bonneville) al mando, mientras el grupo de ladrones trataba de convertir ese oro en dinero. Pero también descubría cómo las investigaciones de la policía solo habían estado rastreando la mitad del oro robado, por lo que esta última entrega se centra en cuál fue el camino seguido por la otra mitad. En esta ocasión encontramos al comerciante de joyas John Palmer (Tom Cullen), al que la prensa británica apodó "Goldfinger", disfrutando de un buen estilo de vida en Tenerife, que la policía sospecha que podría provenir del dinero robado, mientras Charlie Miller (Sam Spruell) acaba de salir de la cárcel y piensa que algo de la riqueza de Palmer también debería disfrutarla. El creador Neil Forsyth introduce elementos de ficción en esta recreación de la realidad, y la serie deja claro desde el principio que está basada tanto en los hechos reales como en las teorías que han circulado sobre el paradero del oro, que nunca fue recuperado en su totalidad. La primera temporada de
The gold no solo funcionó por no centrarse en el robo en sí, sino en la persecución posterior, sino sobre todo por trazar un paralelismo con las diferencias de clases durante los años del thatcherismo en Gran Bretaña, porque parte del blanqueo del oro se produjo a través de los negocios inmobiliarios que surgieron en aquella época en Inglaterra, pero también de las inversiones en España. A la segunda temporada le cuesta algo impulsarse en los primeros episodios, principalmente por la ausencia destacada de dos de los personajes más interesantes de la primera: Kenneth Noye (Jack Lowden) y Edwyn Cooper (Dominic Cooper), y aunque uno de ellos regresa, esta segunda entrega se centra sobre todo en otros personajes. Brian Boyce continúa con su cacería personal, acompañado por los agentes Tony Brightwell (Emun Elliott) y Nicki Jennings (Charlotte Spencer), pero esta vez despertando menos interés en los medios, a pesar de que la investigación sigue abierta. Como dice Boyce: "
Se trata de Brink's-Mat. Nunca se acaba".
A pesar de cierta falta de impulso, la segunda parte incorpora algunos personajes interesantes, como el egocéntrico experto en impuestos Douglas Baxter (Joshua McGuire), un graduado en Cambridge que se dedica a trapicheos y que es elegido por Charlie Miller para que blanquee el dinero negro. A lo largo de la historia, la posesión de riqueza, ya sea limpia o sucia, acaba difuminando las diferencias entre clases sociales, y el guión de The gold tiene una especial habilidad para establecer este paralelismo entre el hampa y las altas esferas, que no tienen escrúpulos en codearse con quien tiene una cartera abultada. Esto es lo que funciona especialmente bien en el caso de John Palmer y su relación con los negocios inmobiliarios en España, el comienzo de una burbuja que ya sabemos que acabaría estallando. La historia también se resiente quizás porque entra directamente en el terreno de la ficción especulativa, ya que no se sabe con certeza nada de lo que pudo ocurrir con la segunda mitad del oro, de manera que hay una construcción de posibilidades que a veces pueden acabar siendo algo forzadas. Pero eso no evita que la serie se mantenga a un buen nivel, especialmente alrededor de esa reflexión sobre cómo el botín del robo no solo puede proporcionar estabilidad económica, sino también una paranoia constante respecto a la persecución de la policía y una sensación de inseguridad al tener que utilizar a bandas criminales para blanquear el dinero. La segunda temporada funciona como un espejo de la primera, pero enfocándose progresivamente en el núcleo central de los ladrones conforme se desarrollan sus relaciones y regresan algunos de los miembros más destacados. De hecho, al tratar de reproducir las virtudes que rodeaban a la ambición de la primera parte, esta segunda parece tratar de ampliar la mirada también a otros personajes, a pesar de que quizás hubiera funcionado mejor si se hubiera centrado en dos o tres principales. Pero la virtud principal de la conjunción entre la primera y la segunda temporadas de The gold es conseguir una alquimia en la que se establece esta transformación de la criminalidad callejera que se encontró con los lingotes de oro, con la esencia de los sistemas corruptos de las grandes finanzas, reflejando el botín como una metáfora de la permanencia de la criminalidad como un elemento transversal de la sociedad, a través de personajes que nunca pueden dejan de ser criminales a pesar de conseguir atravesar las barreras de las clases sociales.
Movistar Plus+, 5 de febrero
Canadá, 2025 - 6x45'
Creada por Jacob Tierney
Dirigida por Jacob Tierney
La gran sorpresa televisiva de 2025 llegó a finales de noviembre, cuando una serie de la que muchos esperaban un éxito relativo, incluido el CEO de contenidos de HBO, Casey Bloys, responsable de los grandes éxitos de la cadena desde 2016 (quien pensó que podría ser solo un producto de nicho para una audiencia queer), acabó resultando una de las cinco series más vistas de HBO Max en Estados Unidos. Fue Jason Butler, jefe de contenidos de HBO Max en Australia, que había adquirido los derechos de esta producción canadiense para su territorio, quien sugirió que podría ser interesante para Estados Unidos. La plataforma canadiense Crave tenía previsto lanzar la serie en febrero de 2026, pero cuando vieron la reacción que despertó en redes sociales la publicación de las primeras imágenes, se adelantó al 28 de noviembre para aprovechar la campaña de Navidad. Más que rivales (Movistar Plus+, 2025-) se ha convertido en la serie original más vista en la historia de la plataforma en Canadá, y ya está confirmada una segunda temporada. Adaptada por Jacob Tierney (1979, Montreal), que en su país es muy popular por el éxito de las doce temporadas de la comedia Letterkenny (Crave, 2016-2023), la serie está basada en los seis libros dedicados a jóvenes jugadores de hockey homosexuales en un entorno de masculinidad heteronormativa, escritos por Rachel Reid (1980, Canadá). De hecho, los dos protagonistas, el jugador canadiense Shane Hollander (Hudson Williams) y el ruso Ilya Rozanov (Connor Storrie), que juega en Boston, son los personajes de la segunda novela, Más que rivales (2018), que en España publica la editorial Montena el próximo 26 de marzo. Otra de las certezas que ha subrayado el éxito de esta producción canadiense es comprobar cómo el streaming ha desaprovechado en los últimos años un género romántico literario de gran éxito, el denominado BL (Boy's Love), historias de amor entre personajes masculinos, pero que son principalmente consumidas por lectoras heterosexuales. Mientras Netflix o Disney+ están haciendo concesiones ideológicas a la administración norteamericana eliminando series de contenido queer, Más que rivales se ha convertido en la reivindicación de este género, porque los libros de Rachel Reid, con descripciones sexuales bastante explícitas, fueron muy populares entre las mujeres, y la serie también ha conseguido su mayor índice de audiencia entre el público femenino. Otro personaje de las novelas, que aparece en la primera, Game changer (2015), es el jugador Scott Hunter (François Arnaud), quien no sabe compaginar la visibilidad del éxito en su profesión con su relación con el camarero Kip Grady (Robbie G.K.), un joven que se relaciona en un entorno inclusivo sin secretos sobre su identidad sexual. Ambos son los protagonistas del tercer episodio, Hunter (T1E3), de manera que esta adaptación va introduciendo hábilmente a otros personajes de los libros a lo largo de su desarrollo, y Hunter será muy importante para la historia principal, especialmente en el excelente episodio Creeré en cualquier cosa (T1E5), que tiene una especial conexión con la relación entre Shane e Ilya. Es muy interesante cómo Jacob Tierney se centra en un relato principal, pero toma prestados elementos de otros de los libros para reforzarlo.
La relación secreta entre los protagonistas se desarrolla a lo largo de varios años, al estilo de Normal people (RTVE Play, 2020), pero siguiendo el calendario de hockey sobre patines, porque cuando sus equipos se enfrentan es cuando pueden disfrutar de su intimidad, generalmente apasionada y sexual. Ilya tiene el trasfondo de una familia que se encuentra en Rusia, un país opresivo para la comunidad LGTB, pero también la facilidad de mantener una fachada hetero porque es bisexual. Mientras que Shane se da cuenta progresivamente de que es gay, sobre todo cuando comienza una relación con Rose Landry (Sophie Nélisse) en el episodio Rose (T1E4), siendo consciente de que el sexo apasionado es más profundamente romántico para él que para Ilya. Hay un importante apoyo en la gran química entre los actores Hudson Williams y Connor Storrie, amigos desde la infancia, y un divertido juego entre el carácter más provocador de Ilya y el más tímido de Shane. En su desarrollo, Más que rivales es una historia marcada por el camino tradicional de las relaciones homosexuales que tienen que encontrar vías de escape porque no pueden ser expuestas públicamente, especialmente si se producen en un entorno como el deportivo, donde todavía hay resistencias heteronormativas, aunque evita hábilmente alguos tópicos de las historias románticas. Y de alguna manera la serie consigue exponer esta problemática sin ser radicalmente reivindicativa, solo describiendo una relación que parece destinada a mantenerse en secreto, oculta tras una Fundación solidaria que permitiría a Ilya y Shane encontrarse más a menudo, pero solo posiblemente visible cuando las carreras deportivas de ambos hayan terminado. La serie tiene escenas de sexo de alta temperatura y cuerpos masculinos dionisíacos, pero sobre todo cuenta con una capacidad para transmitir el pulso romántico y está brillantemente escrita, dando pequeños pasos hacia los conflictos internos más desafiantes a los que se enfrentan sus protagonistas. Este impulso romántico también está marcado por la incapacidad para expresar sus sentimientos que tiene, sobre todo, Ilya respecto a Shane. Una conversación telefónica entre ambos en el episodio Creeré en cualquier cosa (T1E5), en la que Ilya solo puede explicar el infierno interior que está viviendo hablando en ruso, un idioma que Shane no entiende, es una de las escenas más hermosas que hemos visto recientemente. Crave ya ha confirmado una segunda temporada que se sabe que estará basada en la última novela, The long game (2022), que también está centrada en la histora de Ilya y Shane. Pero los dos actores protagonistas también han revelado que han firmado un contrato para ocho temporadas, aunque esta es una práctica habitual en este tipo de adaptaciones.
El agente secreto se estrena en salas de cine el 20 de febrero.
El último vikingo se estrena en salas de cine el 6 de marzo.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
Los pecadores se puede ver en HBO Max y Movistar Plus+.
La chica de la aguja, El primer asesinato, Amadeus, Ragtime, La muerte os sienta tan bien y Holiday se pueden ver en Filmin.
Hair se puede ver en Movistar Plus+ y Prime.
Mr. Wain se puede ver en Acontra+.
La caza real del sol se puede ver en Plex.
Gagarine y The beast se pueden ver en Prime.
OSS 117: El Cairo, nido de espías y Cyrano de Bergerac se pueden ver en Acontra+, Filmin y Tivify.
El Zorro se puede ver en FlixOlé y Plex.
La tapadera se puede ver en Atresplayer.
El informe pelícano se puede ver en Netflix y Tivify.
El cliente y El jurado se pueden ver en Disney+ y Netflix.
Ciudad de Dios se puede ver en Acontra+, HBO Max y Run:time
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