Las secuelas del debate político en torno al Festival de Berlín siguen manifestándose una semana después de su conclusión, pero en un sentido radicalmente distinto. Tras las protestas de la comunidad cinematográfica a través de un manifiesto firmado por un centenar de profesionales en contra de la condición apolítica del cine que defendió Wim Wenders, presidente del jurado oficial, en la rueda de prensa del primer día del festival, han sido sin embargo algunos comentarios manifestados en la gala de clausura los que han colocado a la directora Tricia Tuttle en una posición difícil. Ya hemos dicho en nuestras crónicas que su gestión de la polémica sobre la libertad de expresión no fue muy acertada, lanzando comunicados y concediendo entrevistas a lo largo del festival que en realidad contribuyeron a mantener viva la polémica y distraer la atención de la programación. Pero lo que ha despertado las mayores críticas han sido las declaraciones manifestadas durante la entrega de premios de algunos de los ganadores, especialmente el director sirio-palestino Abdallah Alkhatib, quien ganó el premio a la Mejor Ópera Prima en la sección Perspectivas por Chronicles from the siege (2026). En su discurso de aceptación acusó al gobierno alemán de ser "cómplice del genocidio en Gaza" (Amnistía Internacional declaró en 2025 que la reanudación de de la venta de armas a Israel por parte de Alemania era "irresponsable e ilícita, y conlleva el riesgo de complicidad en los crímenes de derecho internacional de Israel"), lo que provocó malestar en el Ministro de Cultura, el conservador y nacionalista Wolfram Weimer. Hace unos días el periódico Build, un medio sensacionalista alemán que ha recibido el mayor número de amonestaciones por violación del código ético periodístico, filtró la noticia de que Tricia Tuttle había sido convocada por el patronato de la Berlinale, a instancias de Wolfram Weimer, sugiriendo que podría ser despedida antes de los cinco años comprometidos. Pero esta información parece más un deseo de la línea editorial pro-israelí de Build que una realidad, aunque todavía se están llevando a cabo conversaciones entre la dirección del festival y el patronato. Mientras tanto, durante esta semana Tricia Tuttle ha recibido el apoyo de más de 3.000 figuras culturales, unos 700 cineastas alemanes e internacionales y unos 500 trabajadores del festival en distintos comunicados, e incluso de instituciones como la Academia de Cine alemana y la propia Comunidad de Cine de Israel, en un comunicado firmado por varios directores de festivales de cine israelíes que consideran que un festival debe ser "un espacio de debate abierto a todas las voces". Entre los partidos políticos alemanes, el SPD y Los Verdes también han apoyado a la directora del Festival de Berlín, e incluso han ido más allá, manifestando que "el verdadero escándalo es la forma en que el Ministro de Cultura está politizando la Berlinale".
Nuestra última crónica de Berlinale Series Market Selects se acerca a otras series que han sido proyectadas durante las sesiones del Festival de Berlín, seleccionadas por sus posibilidades en los mercados internacionales.
La historia de la popular escritora checa Simona Monyová (1967-2011, República Checa) no ha sido llevada al cine o la televisión hasta ahora, a pesar de que su trayectoria personal y profesional ha trascendido más allá del ámbito literario, aunque se han adaptado algunos de sus libros a la televisión, en telefilmes como Roznese tě na kopytech (Olga Dabrowská, 2012) y Sebemilenec (Filip Renc, 2013). Desconocida en España, donde ninguno de sus libros ha sido publicado, la autora se convirtió en un personaje popular gracias al éxito de sus novelas románticas en las que establecía un vínculo emocional con los lectores a través del sentido del humor y la representación de mujeres que son impulsivas, lo que en determinados sectores fue criticado como un tipo de literatura popular. Ahora, la miniserie Monyová (TV Nova, 2025) trata de reflejar la historia personal de la escritora, que acabó envuelta en la dinámica de la violencia doméstica y tuvo un final trágico muy reconocible para los espectadores checos. Evitando el relato estrictamente cronológico, la propuesta se sitúa más específicamente en una descripción psicológica de la ama de casa Simona Monyová (Tereza Ramba), quien comienza a dar los primeros pasos como escritora a través de relatos románticos que son menospreciados por algunos miembros de su familia. Con una vida familiar estable pero aburrida, su primer marido, Pavel (Kryštof Hádek) es un hombre apático que acepta sin demasiado entusiasmo el progresivo éxito literario de su esposa, pero al mismo tiempo mantiene un cierto respeto por su trabajo. A pesar de tener una familia tradicional con tres hijos en la ciudad de Brno, el mismo aliento romántico que Monyová describe en sus novelas la conducen a vivir una aventura con el cámara de televisión Adam Lang (Igor Orozovič), separándose de su primer marido y casándose con él. Sin embargo, el descubrimiento del verdadero carácter de éste envuelve su segundo matrimonio en una pesadilla de violencia doméstica que se convertirá en el tema central de la historia. El mismo equipo responsable de la serie, con Barbora Námerova y Klára Follová a la cabeza, ha desarrollado también una miniserie documental titulada Love doesn't hurt (TV Nova, 2025), que bajo la dirección de Tomáš Klein, no está directamente conectada con la historia de Simona Monyová, pero aborda los patrones de violencia en las relaciones sentimentales y cómo los inicios sutiles pueden convertirse en una realidad cotidiana. Monyová obtuvo el premio Primetime Killer Award, máximo galardón del reconocido festival de series Serial Killer, que se celebra todos los años precisamente en la ciudad de Brno, donde vivió la escritora, siendo la segunda ocasión que este galardón se entrega a una producción checa, aunque el festival, nacido en 2018, tiene una historia corta. El jurado destacó que más allá de la relevancia local que pudiera tener la historia, ésta "es una revelación de muchos aspectos de la relación de los artistas entre la inspiración y la experiencia real, y aborda las complejas relaciones entre hombres y mujeres en la actualidad".
Precisamente el enfoque de un relato que podría ser confundido, a partir de su planteamiento, con un tradicional true crime, trata de huir de los resortes narrativos habituales para construir, al menos en los dos primeros episodios que hemo podido visionar, una historia de empoderamiento, un reflejo de la capacidad de una mujer que, a pesar de estar absorbida por un matrimonio monótono con un hombre apático, decide tomar caminos arriesgados, no solo en su vida profesional sino también en su vida personal. Hay una percepción de que la persona se deja llevar por la resonancia de sus personajes, un deseo de Simona por encontrar esa historia romántica que ella imaginaba para las protagonistas de sus novelas, aunque la realidad la conduce hasta una trampa en la que el maltrato se convierte en un espacio del que no tiene escapatoria. Su reflejo de la realidad muestra la relevancia de una historia de violencia doméstica que se produce en el entorno de una mujer que se sale de los patrones que se asignan tradicionalmente a las víctimas de maltrato, alguien que ha conseguido tomar decisiones propias, que tiene una independencia económica y una capacidad para discernir las amenazas. Por eso Monyová parece dirigirse a lo largo de los restantes episodios hacia un estudio psicológico sobre las relaciones tóxicas y cómo éstas acaban atrapando en una espiral interminable. El hecho de que la serie esté principalmente enfocada desde la creación femenina aporta una mirada diferente, que no juzga ni lanza preguntas sobre la capacidad de Simona para marcharse, sino que establece la complejidad de este tipo de relaciones que absorben emocionalmente. La fortaleza exterior que transmite el personaje se percibe como un contrapunto de su fragilidad interior, y esto lo expresa con acierto la interpretación de Tereza Ramba, asumiendo como la principal virtud de un guión escrito bajo el formato de una sala de guionistas, la de encontrar una manera de no limitar a la protagonista al perfil de víctima, sino retratarla desde una personalidad multifacética: inteligente e imaginativa, pero al mismo tiempo impulsiva y vulnerable. Es interesante el planteamiento de la directora Zuzana Kirchnerová (1978, República Checa), quien presentó el año pasado su primer largometraje, Caravan (2025) en Un Certain Regard del Festival de Cannes. En el primer episodio de Monyová hay un tratamiento estilístico que surge del tono romántico de las novelas de la escritora, amplificado por el uso de una narración inspirada en sus relatos que funciona como una voz interior del personaje, y puede recordar al estilo de Elena Ferrante en La amiga estupenda (HBO Max, 2018-2024). El segundo episodio, que describe la separación de Pavel y el comienzo de la relación con Adam Lang, hay una estética kitsch que refleja a la protagonista desde su psicología, pero cuando surgen los primeros síntomas de control, la fotografía se vuelve más dura, casi documental. Con un estreno previsto para los próximos meses, Monyová consigue mantener un equilibrio que traspasa el posible desconocimiento de la obra de la escritora fuera de la República Checa y Eslovaquia, para describir patrones de comportamiento que son comunes en otras sociedades como la española.
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K1Marruecos 2026 | 2M, 8x45' | Episodios 1 & 3 | ★★★☆☆Creada por Khadija AlamiDirigida por Nour Eddine Lakhmari, Hisham Ayush, Yasmin Bankiran |
Las producciones cinematográficas marroquíes tienen cierta presencia en los festivales de cine, pero suele ser más desconocida a nivel internacional la producción audiovisual para televisión, generalmente marcada por dramas en forma de telenovelas que tienen un consumo local. Un reciente artículo del crítico de cine egipcio Joseph Fahim analizaba las vicisitudes de la televisión árabe en la era del streaming, estableciendo varios hitos a lo largo de los últimos cincuenta años: desde las primeras comedias sociales de finales de los años sesenta y principios de los setenta hasta los dramas familiares de los ochenta y noventa, pasando por la influencia de los cambios que se generaron tras la Primavera Árabe en los años 2000, con la relajación de la censura que dio lugar a algunas telenovelas de gran éxito producidas en países como Túnez, y las tramas de temática social que se desarrollan en la actualidad. La aparición de las grandes plataformas internacionales como Netflix han marcado un cambio sustancial en la producción de contenido audiovisual árabe, estableciéndose una guerra no declarada entre Netflix y los habituales canales públicos. Pero si bien la plataforma de streaming suele tener éxito con sus estrenos internacionales, sus incursiones en la producción de contenido árabe ha sido generalmente torpe y con escaso éxito. Su primera serie árabe fue la producción jordana de terror para adolescentes Jinn (Netflix, 2019), pero en realidad ha conseguido escasa repercusión incluso a nivel local, exceptuando la serie jordana Escuela para señoritas Al Rawabi (Netflix, 2021) o el largometraje libanés-egipcio Perfectos desconocidos (Wissam Smayra, 2022), primera película árabe de la plataforma, que abordaba temas como la homosexualidad, escasamente tratados en el audiovisual árabe debido a la censura. Se trataba de un remake de la conocida película italiana Perfectos desconocidos (Paolo Genovese, 2016), que también tuvo una versión española dirigida por Álex de la iglesia. Las series árabes, lo que se denomina como musalsalat, abordan relaciones interpersonales, enfoques sociopolíticos y dramas históricos. Pero si bien las temáticas pueden resultar limitadas, eso no significa que no puedan tener interés para el público internacional; el ejemplo principal son las telenovelas turcas que, desde su perspectiva principalmente heteropatriarcal, han conquistando el mercado internacional. El Ramadán, que se celebra hasta mediados de marzo, suele ser la época más habitual para estrenar producciones audiovisuales comerciales en países como Marruecos. Pero el canal 2M, que transmite tanto en francés como en árabe, y que se ha convertido desde 2025 en el segundo canal de la emisora pública SNRT, permite algunas perspectivas algo menos tradicionales.
Es el caso de K1 (M2, 2026), un procedimental policíaco que tiene como protagonista a un grupo de investigación de élite que pertenece a la Oficina Nacional de la Policía Judicial, y que está compuesta por los mejores policías de diferentes departamentos. Son los encargados de combatir el crimen organizado, colaborando en algunas ocasiones con la Interpol y con organismos internacionales, pero la serie también trata de acercarse a las problemáticas personales de sus miembros, que deben lidiar con traumas psicológicos provocados por la pérdida o el abandono. Claramente influida por los procedimentales de la televisión por cable norteamericana, K1 es un intento del audiovisual marroquí por realizar un tipo de series que tengan vinculación con los espectadores locales pero al mismo tiempo cierta ambición para adentrarse en mercados internacionales. Es la primera producción marroquí seleccionada en Berlinale Series Market Selects, y durante el mercado de series del Festival de Berlín se ha vendido a países como Francia, Bélgica y Alemania. La serie ha sido creada por Khadija Alami (1962, Marruecos), una productora muy relevante dentro del audiovisual de su país, especialmente a través de los servicios para rodajes internacionales que lleva a cabo su compañía K Films, sirviendo desde hace años como enlace de producción para series como Homeland (Disney+, 2011-2020) o Los hombres de SAS (HBO Max, 2022-2025). A través de las investigaciones del grupo de élite K1 se abordan temas relevantes dentro de la sociedad marroquí, y en los dos episodios que hemos visto, a pesar de cierta modestia de producción y algunas resoluciones apresuradas, encontramos un enfoque interesante hacia cuestiones sociales. En el Episodio 3 (T1E3), el trasfondo de una investigación se desarrolla dentro de esas raves de música electrónica que se organizan en el desierto, como las de la película Sirât (Oliver Laxe, 2025), que en realidad son una nueva forma de colonización occidental de los espacios tradicionalmente habitados por los beduinos. Hay un reflejo sobre cómo los nómadas que provienen de países occidentales se perciben como turistas que han sustituido los hoteles por autocaravanas que afectan al paisaje y a sus habitantes. Se podría decir que K1 es más interesante por los trasfondos de las historias que por las propias investigaciones centrales, destacando la relevancia de personajes femeninos dentro de un tipo de género que tradicionalmente está protagonizado por hombres. La realización de los episodios corre a cargo de directores con experiencia como Nour Eddine Lakhmari (1964, Marruecos), seleccionado en la Semana de Cine de Valladolid con sus películas Casanegra (2008) y Zero (2013), o la cineasta Yasmine Benkiran (1984, Marruecos), cuyo largometraje Queens (2022) fue seleccionado en la Semana de la Crítica del Festival de Venecia.
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The struggle for mother waterCanadá 2026 | Filmoption (sin plataforma), 8x52' | Episodios 1 & 6 | ★★★★☆Escrita por Michael ZelnikerDirigida por Michael Zelniker |




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