16 febrero, 2026

Berlinale 2026 - Parte 1: Mujeres y políticas

"Toda película es política. Las más políticas son aquellas que pretenden no serlo: las de 'entretenimiento'. Porque descartan la posibilidad de un cambio. En cada plano te dicen que todo está bien como está. Son una promoción del estado de las cosas". Esta es una declaración del director alemán Wim Wenders, realizada hace unos años, que muchos han considerado una contradicción con las que expresó como presidente del jurado en la presentación del Festival de Berlín: "Debemos estar fuera de la política porque si hacemos películas que son meramente políticas, entraremos en el terreno político. Nosotros debemos ser el contrapeso de lo político, lo contrario a lo político". Pero esta respuesta a una pregunta del periodista alemán Tilo Jung, que presenta el programa online de entrevistas políticas Jung & Naiv y que está planteando estas cuestiones en las ruedas de prensa, ha acabado provocando un debate sobre el posicionamiento del Festival de Berlín respecto a causas como las protestas del movimiento Mujer, Vida y Libertad en Irán, o la condena clara de la invasión rusa en Ucrania, ofreciéndose en su momento como plataforma para los cineastas ucranianos, frente a la tibieza con la que se posiciona respecto al genocidio cometido por Israel en Palestina y la invasión de territorios palestinos como Gaza y Cisjordania, que ha provocado más de 72.000 muertos, casi 600 desde el supuesto acuerdo de paz de octubre de 2025, según datos de Amnistía Internacional. Ante las críticas que han recibido Wim Wenders por su contradicción, pero también Michelle Yeoh y Neil Patrick Harris por su negativa a expresar opiniones sobre la situación política global, la directora del Festival de Berlín, la británica Tricia Tuttle, lanzó un comunicado el sábado reclamando el derecho de los artistas a no expresar sus opiniones políticas si no quieren hacerlo. Y aunque puede resultar extraño preguntar a Michelle Yeoh por la situación en Estados Unidos cuando ella vive desde hace años en Suiza, esta postura "apolítica" ha molestado a algunos autores como la escritora Arundhati Roy, quien decidió no acudir al festival como tenía previsto debido a que esa posición supone silenciar "un genocidio del pueblo palestino por parte del Estado de Israel que cuenta con el apoyo y la financiación de los gobiernos de Estados Unidos y Alemania, así como de varios otros países europeos, lo que los convierte en cómplices del crimen". El escritor estadounidense Viet Thanh Nguyen también expresó su sorpresa en redes sociales sobre lo que él denomina "La excepción palestina. Estoy profundamente decepcionado con Wim Wenders, cuyas películas admiro. El arte y la política no son lo mismo, pero se superponen, y esa superposición exige una respuesta más rigurosa que la que Wenders ofreció en la Berlinale. Se refugia en la idea de que el arte debería centrarse en la empatía, lo cual es una concepción limitada del arte y de la empatía". La controversia surge por el hecho de trasladar estos temas de la pantalla a las ruedas de prensa y pretender que los artistas se posicionen cuando se les pregunta sobre cuestiones políticas, pero el propio Tilo Jung, que plantea esas cuestiones, afirmaba en la revista Variety que en una época en la que los fascismos están regresando, el arte debería posicionarse porque se está jugando su propia libertad: "Nadie espera una charla TED. Pero al menos esperan una respuesta. Si un artista tiene miedo de hablar abiertamente sobre el fascismo, entonces no debería venir. Porque estos son otros tiempos". En la inauguración de festival, artistas iraníes desfilaron por la alfombra roja con carteles de "Irán libre" y la Asociación de Cineastas Independientes de Irán realizó una performance en la Potsdamer Platz, con voluntarios tendidos en el suelo para simbolizar a las víctimas de las protestas de enero de 2026. Legitimando estas formas de protesta, la pregunta es si el Festival de Berlín se habría solidarizado también con una manifestación propalestina que denunciara el genocidio cometido por Israel.  

© Leyla Bouzid

À voix basse (In a whisper)

Leyla Bouzid

Francia, Túnez 2026 | 112' | Competición Oficial | ★


Nuestra primera crónica está dedicada a un tema tan político como la emigración, en este caso a través de los desafíos que supone el regreso. La directora Leyla Bouzid (1984, Túnez), quien se trasladó a Francia para completar sus estudios superiores, menciona precisamente que sus películas anteriores, À peine j'ouvre les yeux (2015) y Una historia de amor y deseo (2021), hablan de "cómo las fuerzas políticas y sociales moldean la esfera privada y modifican nuestros sentimientos más profundos, nuestro comportamiento, nuestra sexualidad". La historia de À voix basse (Leyla Bouzid, 2026) comienza con el regreso de Lilia (Eya Bouteraa) a la casa familiar en la ciudad costera de Susa, en Túnez, un lugar al que es cercano la propia familia de la directora, quien ha rodado en la casa de su abuela, manteniendo el aspecto de buena parte del interior, y permitiendo que los claroscuros formen parte de la puesta en escena de la película. Tras vivir varios años en Francia, Lilia ha vuelto a un hogar principalmente habitado por mujeres para asistir al funeral de su tío Daly (Karim Rmadi), a quien encontraron muerto completamente desnudo, iniciándose una investigación policial que podría desvelar su homosexualidad. Sus hermanas Wahida (Hiam Abbass), madre de Lilia, y Hayet (Feriel Chama) siempre han conocido la homosexualidad de Daly, pero han tratado de mantenerla oculta frente a la abuela Néfissa (Salma Baccar), porque hubiera supuesto un escándalo para la familia. En Túnez, la homosexulidad está considerada un delito, estipulando en el Código Penal que la condena puede ser de hasta tres años por "relaciones sexuales consentidas entre dos adultos del mismo sexo". Se trata de una ley colonialista redactada por los franceses durante la época del Protectorado en 1913, que no ha cambiado pero ha sido aplicada de forma más o menos estricta según los gobiernos. Durante los últimos tres años, bajo el segundo mandato del presidente conservador Kaïs Saied, elegido por un 90% de apoyo electoral, las detenciones han aumentado, y una "prueba anal", que muchas ONG internacionales han denunciado como una forma de tortura, se considera probatoria de las actividades sexuales de los acusados. A través de la historia de Daly, la protagonista también enfrenta su propia intimidad, porque Lilia ha viajado a Túnez con su actual pareja, Alice (Marion Barbeau), a la que ha mantenido alejada de su familia para ocultar su propia relación. Poco a poco, el descubrimiento de la situación de ocultamiento que sufre la comunidad homosexual en Túnez provoca una especie de emancipación de ella frente a su propia familia y su país de origen. La situación de control que parece mantener Lilia al principio se va desmoronando conforme se adentra en un terreno hostil donde su realidad se hace cada vez más visible, frente a la invisibilidad habitual de las relaciones lésbicas en Túnez. Esta aproximación de Leyla Bouzid a un aspecto controvertido de su país se equilibra entre un drama familiar que tiene la suficiente fortaleza como mantener la tensión y una mirada amable a las relaciones familiares a pesar de los resentimientos, como en una escena metafórica en la que Lilia, su madre y su tía tratan de sacar a un pájaro que se ha metido en la habitación de Daly, atrapado entre las cuatro paredes hasta que una ventana se abre a la libertad. 

El proceso que experimenta Lilia está narrado con una especial delicadeza, pero al mismo tiempo transmitiendo la rebeldía que supone asimilar su propia identidad sexual, y la respuesta de su madre Wahida, que ha aceptado la homosexualidad de Daly pero se siente traicionada cuando descubre que Lilia tiene una relación con otra mujer, es una reflexiva mirada a la propia actitud discriminatoria respecto a la visibilidad de las relaciones lésbicas. La ciudad de Susa es utilizada como un elemento importante para reflejar su pasado como una de las principales ciudades portuarias de África y su presente como una ciudad turística en la que aparentemente hay una mayor libertad pero en realidad es profundamente conservadora. La presencia de Daly como si se tratara de una aparición fantasmal destaca en los claroscuros del interior de la casa como una mirada al pasado familiar, que también se superpone al presente en algunos flashbacks que se incorporan a la realidad de Lilia en forma de recuerdos. Esta evocación del poder de la memoria se representa como un homenaje a la película La jetée (Chris Marker, 1962), a través de uno de esos flashbacks que se muestran como una sucesión de fotografías estáticas. À voix basse entrelaza hábilmente la relación familiar y el entorno hostil de la policía investigando una muerte que la autopsia ha aclarado que no tiene un origen violento, solo para dilucidar si Daly era homosexual. Y aunque puede perder algo de fuerza en ciertas representaciones de algo parecido al realismo mágico, la película consigue mantener una atmósfera evocadora que resulta lo suficientemente atractiva. A lo que también contribuye la delicada aportación musical de Yom (1980, Francia), clarinetista de origen judío cuyo álbum Alone in the light (2023, Planètes Rouges) acompañó a la directora  durante la producción de la película. En una historia de secretos identitarios que se mantienen ocultos dentro de una sociedad que los condena radicalmente, À voix basse logra esa condición de cine sutil y emotivo que al mismo tiempo proclama la rebeldía como una forma de emancipación personal, a través de las mujeres de una familia que, de una u otra forma, reclaman su espacio y sus propias decisiones. 

Enjoy your stay

Dominik Locher, Honeylyn Joy Alipio

Suiza, Francia, Filipinas 2026 | 99' | Panorama | 


El anuncio de un referéndum que se celebrará en Suiza el próximo mes de junio para decidir si se establece un número máximo de habitantes hasta 10 millones, a partir del cual se cerrarían las fronteras a la inmigración, es una más de las contradicciones en un país cuya riqueza se ha basado, como en la mayor parte de los países occidentales, en la explotación laboral de lo inmigrantes. Esta contradicción es expuesta de manera rotunda en el drama Enjoy your stay (Dominik Locher, Honeylyn Joy Alipio, 2026), cuyo título hace referencia a la nota que se incluye en los hoteles de las estaciones de esquí suizas dedicadas a los clientes, que viven de espaldas al trabajo irregular y mal pagado que realizan muchos inmigrantes para mantener el aspecto impoluto de sus instalaciones. El director Dominik Locher (1982, Suiza), que ya ha abordado temas sociales en títulos como Tempo girl (2013) y Goliath (2015), menciona el sentimiento de rabia que experimentó al leer un artículo sobre la explotación migrante en un país como Suiza que promueve una fachada de riqueza y estabilidad, pero manteniendo ocultos a los trabajadores invisibles que limpian en casas particulares en condiciones precarias y, en muchos casos, abusivas. La imagen de postal de las pistas de esquí suizas se mantienen en la película como una pantalla de falsa transparencia, que supone en realidad un trasfondo a la mano de obra barata e irregular que explota esa apariencia. La protagonista Luz (Mercedes Cabral) es una más de las trabajadoras filipinas que trabajan de manera irregular en la empresa de limpieza que administra Thibault (Alexis Manenti), quien además las utiliza para servir como limpiadoras y camareras para sus propias fiestas particulares. Luz se presta a todo tipo de trabajos para conseguir el dinero necesario para traer a su hija Sofía, cuya custodia mantiene su marido en Filipinas, quien no tiene ningún problema en trasladar el conflicto sobre la custodia paternal a un popular programa de la televisión filipina, obligando a Luz a ser entrevistada a través de videoconferencia para defender su derecho como madre a hacerse cargo de Sofía en las mejores condiciones posibles. La necesidad de conseguir recaudar el dinero suficiente también conduce a Luz a aceptar la propuesta de Thibault y su jefe Valentin (Raphaël Tschudi) de ser una especie de facilitadora de mano de obra barata y convertirse por tanto en cómplice de la trama de explotación laboral que ella misma está sufriendo. De manera inteligente, los directores deciden no mostrar a los clientes de los hoteles de la estación de esquí, porque es precisamente la invisibilidad de las trabajadoras irregulares las que mantiene ese sistema de explotación al margen de las apariencias. Thibault, que tiene una relación cercana pero claramente autoritaria con sus trabajadoras, incluso usándolas como cuidadoras de su hijo, les suele indicar que salgan siempre por las puertas traseras de los hoteles para evitar cruzarse con los huéspedes. Una de las fortalezas de Enjoy your stay es precisamente la de retratar este sistema de invisibilidad constante que permite a Suiza, como representación de los países occidentales, mantener la fachada de riqueza mientras permite una explotación laboral que resulta demasiado evidente. 

Sin embargo, Luz tampoco es retratada de una manera condescendiente, sino que está envuelta en conflictos internos y morales que la llevan incluso a traicionar a Mae (Hasmine Killip) una de sus compañeras de trabajo cuando se encuentra enferma, buscando un reemplazo rápido. Las estafas en los sueldos que se prometen y los que finalmente se pagan, o las largas jornadas laborales que empalman trabajos de limpieza con horas extra como camareras, están descritos con un ritmo asfixiante que mantiene la cámara siempre cercana a Luz, y que refleja la intensidad y el estrés provocado por la necesidad de realizar todo tipo de labores para lograr los objetivos económicos. Al situar la historia en el entorno de fin de año, en la época de mayor actividad de las estaciones de esquí suizas, Enjoy your stay también dibuja alrededor de la protagonista otra falsa realidad de fiestas y diversión, frente a la otra cara que viven las trabajadoras filipinas. Varias denuncias que se han interpuesto en Suiza a lo largo de los últimos años han puesto de manifiesto un sistema oculto de explotación y trata de seres humanos, especialmente en el sector del trabajo doméstico, donde el control es más difícil, incluso con invitaciones realizadas por los empleadores, que se ofrecen a pagar el vuelo a sus futuras empleadas, pero manteniéndolas en condiciones precarias y de manera irregular. La denuncia que expone la película se refleja de una manera clara, pero sin victimizar totalmente a las trabajadoras: Luz, poderosamente interpretada por Mercedes Cabral, conocida actriz de telenovelas filipinas, es una parte del engranaje de esta explotación, pero al mismo tiempo utiliza el propio sistema explotador para su beneficio. Aunque pueda parecer algo simplista en la exposición de su narrativa, estableciendo la tradicional confrontación entre ricos explotadores y pobres explotados, Enjoy your stay consigue capturar de una manera lúcida cómo la propia construcción de un sistema capitalista endémico y necesitado de mano de obra barata para sobrevivir, es el que establece este tipo de relaciones de poder, esta clase de entorno laboral de esclavitud permanente. 

© Colectivo Colmena

Chicas tristes (Sad girlz)

Fernanda Tovar

México, España, Francia 2026 | 86' | Generation 14plus | ★

El Colectivo Colmena es una comunidad de cineastas independientes creada en 2015 en México que cuestiona la jerarquía convencional de la industria cinematográfica con una forma de producción autosuficiente, hasta el punto que recientemente han comenzado a distribuir sus propias películas. Chicas tristes (Sad girlz) (Fernanda Tovar, 226) es su cuarto largometraje, con otros dos proyectos en fase de desarrollo. A través de una historia de amistad entre dos jóvenes de dieciséis años, La Maestra (Rocío Guzman) y Paula (Darana Álvarez), que comparten entrenamiento durante un verano para participar en el Campeonato Panamericano de Natación Juvenil que se celebrará en Brasil, la historia cuestiona la representación de las mujeres dentro de la sociedad mexicana y se hace preguntas sobre cómo dos adolescentes se enfrentan a una situación de abuso sin saber exactamente que se ha tratado de un abuso. La directora Fernanda Tovar (1991, México), debuta en el largometraje tras el éxito de cortos como Quiero estrellarme en seco contra el parabrisas del amor (2024), estrenado en el Festival Tribeca, y hace referencia a la sensación de que las mujeres mexicanas son "chicas tristes", adoptando este sentimiento como el título de su película, para plantearse la realidad de que esa tristeza también puede darse en situaciones de alegría y compañerismo. El entorno de las dos adolescentes en una especialidad deportiva que requiere una cierta exposición del cuerpo, pero que al mismo tiempo es lo suficientemente cerrado como para provocar una situación más complicada cuando se plantea la posibilidad de que una de ellas haya sufrido una violación, permite una confrontación más clara con la incertidumbre de revelar el secreto. Hay una referencia a la emigración, cuando el grupo de amigas habla durante la primera parte de la película sobre la deportación de un joven que se ha visto obligado a regresar a México. Paula se siente atraída por Daniel (Lucio Lemus), uno de sus compañeros en el equipo de natación, y durante una noche de fiesta piensa que tendrá la oportunidad de vivir su primera experiencia sexual como una ocasión especial, pero según relata ella a su amiga, en el último momento tuvo dudas y decidió decir que no. Pero a la mañana siguiente parece claro que ocurrió algo más aquella noche y que el consentimiento fue violentado. Cuando le preguntan a ChatGPT sobre una situación parecida, la IA responde de una forma tajante que realizar un acto sexual sin el consentimiento de la otra persona es objetivamente una violación. Es interesante que la directora decida incluir dentro de la incertidumbre de las dos adolescentes una herramienta tan deshumanizada como la Inteligencia Artificial, que da una respuesta rotunda y sin matices, una frase concisa a nuestras dudas existenciales, sin empatía ni calidez humana. La Maestra y Paula prefieren preguntarle a un sistema artificial antes que confesar sus dudas al padre de la segunda, buscando una respuesta sin tener que responder ellas a otras preguntas. 

Sad girlz , que cuenta con la coproducción española de Potenza Producciones, fundada por Carlo D'Ursi, nació como una película sobre la violencia de género y sus zonas grises dentro de la adolescencia, pero la directora afirma que fue cambiando de perspectiva cuando comprobó que en la Marcha del Día Internacional de la Mujer había muchas jóvenes mexicanas que reclamaban sus derechos y proclamaban eslóganes en contra de la violencia sexual. De manera que el objetivo era entender cómo se enfrentan estas adolescentes mexicanas esa realidad que sigue siendo un problema grave en México. Durante los primeros 15 días del mes de enero de 2026, se produjeron 31 feminicidios en 19 estados mexicanos, lo que marcó un aumento de la violencia de género respecto a la tendencia de los últimos años. Ni siquiera tener como presidenta a una mujer, Claudia Sheinbaum, ha conseguido que el gobierno mexicano haya sabido enfrentar una violencia tan transversal dentro de una sociedad que sigue manteniendo comportamientos profundamente machistas. Las dudas de Paula respecto a lo que sucedió durante la fiesta se mezclan con la atracción que sigue teniendo hacia Daniel, a quien solo se representa en algunas escenas, transmitiendo la sensación de que tampoco es realmente consciente de haber cometido un abuso sexual. El entorno cerrado de las pruebas de natación también aumenta la sensación de asfixia al tener que convivir diariamente con el violador. A pesar de ello, Chicas tristes no es una película pesimista, y subraya la solidaridad que puede encontrarse en la amistad, incluso aunque esta amistad requiera tomar decisiones difíciles. Cuando La Maestra pregunta a Paula por qué no le ha contado nada a su padre, ella hace referencia al estigma de ser vista de una forma diferente, ya siempre definida por la experiencia que ha sufrido. Como cuando Raz (Tatsumi Milori), una amiga que no está definida en la película por su transexualidad, lo que supone una mirada agradablemente diferente a la habitual, menciona que le gustaría vivir en un sitio donde nadie la conozca, porque determinadas acciones acaban definiendo de manera permanente a las mujeres. A pesar de su tema y su título, Chicas tristes es una hermosa película sobre la amistad, en la que la directora deja todo el peso en el trabajo de interpretación de las dos jóvenes protagonistas, pero también define su relación a través de la planificación, como en la escena en la que el progresivo alejamiento de ambas amigas se muestra en una conversación en la que La Maestra se encuentra en primer plano y Paula se ve reflejada en un espejo que la sitúa en otro espacio.

© Eliza Capai

A fabulosa máquina do tempo

Eliza Capai

Brasil 2026 | 72' | Berlinale Generation: Inauguración | ★


La fortaleza del cine brasileño está bien representada en una sección como Generation Kplus, dedicada a películas que tienen protagonista juveniles, en la que se estrenarán cuatro largometrajes procedentes de Brasil, y se ha inaugurado precisamente con este documental absolutamente desinhibido y original, un proyecto lúdico elaborado con un grupo niñas que viven en Guaribas, en el sertão del estado de Piauí, un lugar que alguna vez tuvo uno de los IDH (Índice de Desarrollo Humano) más bajos de Brasil. El documental nació desde que la directora Eliza Capai (1979, Brasil) participó en un proyecto financiado por Agência Pública para investigar cómo la Bolsa Família había afectado a las relaciones de género. Bolsa Família es un programa del gobierno que consiste en transferencias monetarias para familias muy pobres que canaliza el beneficio a las mujeres y exige que los niños, niñas y adolescentes asistan a la escuela. Aunque se trata de una cantidad muy pequeña, que no llega a 30 dólares al mes por cada miembro de la familia, ha contribuido a que Brasil se haya ido eliminando del Mapa del Hambre que elabora anualmente la ONU. Después de varios proyectos realizados por la zona, Eliza Capai llevó a cabo un taller de cine con algunas niñas del municipio, del que han surgido las ideas principales de este interesante documental. Es curioso cómo el cine brasileño que está consiguiendo más repercusión internacional, generalmente realizado por directores masculinos, mira hacia el pasado desde una perspectiva contemporánea, pero el cine que realizan muchas mujeres cineastas brasileñas tienen una mirada hacia el futuro, como indica la propia directora: "Nuestra imaginación del futuro está moldeada por la distopía, el caos, la guerra y la desesperación. Quiero ayudar a construir un cine donde el futuro sea deseable, placentero, abundante, alegre y pacífico. Para alcanzar ese futuro placentero, debemos aprender a soñarlo". Y así es como A fabulosa máquina do tempo (Eliza Capai, 2026) se plantea desde una perspectiva lúdica en la que son las niñas las que juegan a ser sus propias directoras y protagonistas de sus historias, las que imaginan el futuro y viajan al pasado, y las que entrevistan a sus madres, muchas de ellas tan jóvenes que tuvieron a sus hijas cuando eran adolescentes. De manera que, aunque la película está planteada con un maravilloso sentido de la diversión, aborda algunas de las problemáticas a las que se van a enfrentar estas niñas cuando sean mujeres adultas: "Antes de todo, todo era oscuridad. No había luz, no había nada. Entonces Dios empezó a jugar y a inventar todas las cosas, e hizo al hombre del polvo, y a la mujer del hombre... ¿Serían diferentes las mujeres si también fueran hechas del polvo? Me alegro de no ser mujer todavía. Ni yo ni mis amigas", dice la narradora Manuzinha al comienzo de la película. La mayor parte de las protagonistas están criadas en religiones evangélicas, de manera que la mitología bíblica impregna sus realidades y también su imaginación. Aunque viven en casas de tierra sin agua corriente, tienen la oportunidad de ir a la escuela y soñar con un futuro mejor que el presente que viven sus madres y el pasado que vivieron sus abuelas. "El pasado era vivir para no morir. Venimos de los esclavos. Aquí no había agua, no había comida, no había donde vivir", les dice su abuela cuando ellas se embarcan en una máquina del tiempo imaginaria para viajar hasta 2003, cuando comenzó a implementarse el programa Bolsa Família, durante el primer mandato de Lula da Silva. 

El propio crecimiento de las niñas es planteado como si se tratara de una máquina del tiempo, aquella en la que son capaces de vislumbrar un futuro con el que pueden soñar: ser policías, militares, abogadas o doctoras son posibilidades que están presentes como nunca lo estuvieron en la imaginación de sus madres, algunas de las cuales tuvieron que dejar los estudios para casarse. Es en las entrevistas que hacen las hijas a las madres donde se muestran las distorsiones del machismo, del alcoholismo de los maridos y de la discriminación de género. Casi todas las niñas asumen que sus familias les permiten hacer cosas diferentes a los hijos varones, mientras ellas deberán asumir el papel de amas de casa y madres, algo contra lo que algunas ya se rebelan, elaborando una narrativa de ficción en la que se imaginan a un matrimonio que no tiene recursos para atender al marido en los servicios médicos cuando se pone enfermo, porque éste no ha permitido a su mujer salir a trabajar. A fabulosa máquina do tempo es una entretenida mezcla de ficciones creadas por sus protagonistas, de realidades descritas por sus familiares y de reconstrucción de un mundo que quizás algún día puede llegar a ser mejor. Y esta mirada optimista y alegre resulta contagiosa, vitalista y reivindicativa, desde una perspectiva femenina que se resiste a ocupar un lugar secundario, incluso en localidades que rozan la pobreza como Guaribas. Dentro de su sencillez y su carácter lúdico, este documental de desbordante alegría consigue profundizar en temas como la influencia de la religión y las estructuras sociales impuestas en las zonas más desfavorecidas de un país que todavía necesita construir muchos puentes para ayudar a muchas familias a salir de la pobreza y el analfabetismo. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

La jetée se puede ver en Filmin y Mubi.

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