Nuestra última crónica del Festival de Róterdam se acerca a otras miradas que provienen de países principalmente asiáticos, desde el terror indonesio con trasfondo político hasta la última aportación del coreano Park Chan-wook a esa excelencia de narrativa cinematográfica a la que nos tiene acostumbrados. La programación de Róterdam también tiene espacio para la última película de acción de artes de marciales protagonizada por Jackie Chan, o para un agradable crimen acogedor que se desarrolla en un pequeño pueblo de Francia. El Festival de Róterdam se clausura hoy con la ceremonia de entrega de premios, para dar paso desde la próxima semana a una de las citas más destacadas de la temporada, el Festival de Berlín al que también nos acercaremos a través de algunas de las series y películas que forman parte de su programación, fuera de las competiciones oficiales.
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The hole, 309 days of the bloodiest tragedyHanung BramantyoIndonesia 2026 | 99' | Harbour | ★★★★☆ |
El cine de terror indonesio sale a veces de los circuitos específicos de género fantástico para incorporarse a festivales más generalistas, algo en lo que Hanung Bramantyo (1975, Indonesia) tiene experiencia, desarrollando su extensa filmografía entre diferentes géneros. Su película Miracle in Cell No. 7 (2022) se convirtió en la séptima más taquillera en toda la historia de Indonesia, y su drama histórico Gowok: Kamasutra Jawa (2025) compitió en la sección Big Screen del Festival de Róterdam del año pasado. La programación del festival se abre de nuevo a una película del director, que explora los elementos tradicionales del horror pero al mismo tiempo construye una interesante y bastante profunda mirada al pasado político del país. Durante el año 1964, la aldea administrativa de Lubang Buaya sufre una serie de muertes crueles cada 30 días, cuando aparece algún funcionario local asesinado con un agujero en la espalda que deja ver su columna vertebral, y con una palabra escrita en su piel que hace referencia a la razón de su muerte, al estilo de las marcas de los siete pecados capitales que se encontraban en la escena del crimen de las víctimas de la película Seven (David Fincher, 1995). El último es el agente de policía Suripno (Dinmas Herjuno) quien acaba de ser asesinado en su propia cama, con un enorme agujero cortado en su espalda. Tras la ola de asesinatos, es enviado a la localidad desde Yakarta el soldado Soegeng (Baskara Mahendra) para investigar en una aldea que conoce bien porque fue criado por su padre adoptivo Sukarya (Mathias Muchis). Recién casado con Arum Wangi (Carissa Perusset), que ha tenido una educación en países occidentales, en realidad su cometido está más enfocado a tratar de contrarrestar los rumores de que los militares han podido tener alguna relación con las muertes. La búsqueda de la verdad se convierte así en una intención de encontrar una verdad más cómoda con los estamentos militares, lo que subraya la mirada crítica de la película. El trasfondo de la historia se encuentra en un hecho trascendental para la política del país que tuvo lugar el 30 de septiembre de 1965, al que se hace referencia al principio, cuando seis generales del ejército indonesio fueron secuestrados y asesinados, arrojando sus cuerpos a un agujero. El llamado Movimiento del 30 se septiembre está considerado como un intento de golpe de Estado y la versión del gobierno del presidente Suharto acusó rápidamente al Partido Comunista de Indonesia (PKI) de estar involucrado en esos asesinatos, dentro de un relato construido como la verdad oficial que se guiaba por la tendencia de involucrar a los comunistas en cualquier acontecimiento violento que se produjera en el país. Esta propaganda se intensificó con el estreno de una película de alto presupuesto titulada Pengkhianatan G30S/PKI (Arifin C. Noer, 1984) que narraba los acontecimientos desde la culpabilidad del PKI, y aunque investigadores occidentales han concluido que el Movimiento 30 de Septiembre fue un intento de purgar al gobierno indonesio de las influencias anticomunistas, lo cierto es que también fue utilizado para alimentar el odio contra los rojos. Aunque The hole (Hanung Bramantyo, 2026) está construida como una película de terror tradicional en torno a apariciones, fantasmas y muertes sangrientas, la fábula creada alrededor de los acontecimientos políticos del pasado marca de una manera destacada el desarrollo de la historia, y ofrece por tanto un contexto mucho más interesante.
Desde el punto de vista del género, The hole extiende todo su potencial a través de las apariciones de una figura sobrenatural a la que llaman Hollow Ghost, que tiene relación con acontecimientos del pasado, mientras Arum Wangi siente la presencia de una figura femenina que también parece querer atraparla. El desmoronamiento del entorno familiar de Soegeng le convierte en una especie de espejo que refleja la historia del supuesto asesino, un titiritero llamado Suradji (Iskaka Khiva) que ha sufrido la violencia de los militares y el terrateniente de la aldea, quienes secuestraron a su prometida Ninsigh (Anya Zen), una bailarina que, como otras jóvenes del pueblo, es sometida a continuas violaciones y abusos. También hay una referencia clásica a un libro de maldiciones que tiene relación con el pasado histórico español: "Entre 1256 y 1258, este libro fue traducido al español por orden de Alfonso X de Castilla. Es conocido con el nombre de "Picatrix". Se creía que era un libro de salmos, pero el contenido real es el de magia negra". Se trata de una referencia curiosa a la existencia real de un grimorio escrito originalmente en árabe con el título Ghāyat al-Ḥakīm (que significa "La meta del sabio"), que se tradujo por primera vez en Toledo durante el reinado de Alfonso X el Sabio en el siglo XIII, marcando la historia de las Artes Mágicas en Europa. La segunda parte de la película abunda en la representación de la violencia estructural y de la corrupción que se extiende por los sectores más favorecidos y tiene como víctimas a los más desfavorecidos. Dentro de la envoltura de thriller de terror, The hole es una representación de la corrupción política y Lubang Buaya se convierte en un microcosmos de Indonesia, en la que los estamentos de poder, desde militares hasta dueños de las tierras o líderes religiosos, están profundamente contagiados por la corrupción. Si bien hay apariciones y escenas sangrientas que pueden satisfacer a los aficionados al género de terror indonesio, adoptando un ritmo adecuadamente dinámico por parte del director, es la violencia estructural la que sobresale dentro de la película, y en cierto modo las escenas de abusos que sufren algunas mujeres de la aldea son más violentas e impactantes que las habituales escenas de ataques sangrientos. Podría ser excesivo calificar a The hole como un thriller político en su sentido más profundo, pero lo cierto es que los elementos reflexivos sobre la corrupción que impide llegar a la verdad, un concepto que está tratado en la película como objeto de manipulación, alimentan la historia para hacerla mucho más trascendental. La referencia a los elementos fantásticos se convierte en una forma de ocultar los acontecimientos reales, mientras los monstruos que surgen del más allá con una intención vengativa y acusadora se representan como un reflejo de las monstruosidades que pueden llegar a ejercer los seres humanos.
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Conrad & Crab - Idiotic gemsClaude SchmitzBélgica, Francia 2026 | 87' | Harbour | ★★★★☆ |
Decíamos de la anterior película del director, Los otros Laurens (Claude Schmitz, 2023), presentada en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, que estaba envuelta constantemente en la dualidad, desarrollándose "casi siempre en un plano doble, entre lo fantasmal y lo real, explorando las posibilidades de la duplicidad". En cierta manera podríamos utilizar esta misma frase para definir su nueva propuesta Conrad & Crab - Idiotic gems (Claude Schmitz, 2026), cuyo título original adopta el nombre de la pequeña localidad francesa en la que se desarrolla, Sainte-Marie-aux-Mines, durante la celebración de su festividad más popular, la Feria de Minerales, Fósiles y Gemas, la segunda más grande del mundo detrás de la que se celebra en Austin (Texas). Para vigilar posibles sustracciones, la comisaria principal del pueblo contrata a dos policías que provienen de Perpignan, Francis Conrad (Francis Soetens) y Alain Crab (Rodolphe Burger), que en realidad son amigos veteranos que realizan algunas colaboraciones antes de retomar su trabajo como investigadores. No es una asignación que les convenza pero cuando se produce el robo de una gema, se esmeran tanto en conseguir atrapar a los ladrones que utilizan métodos de conversación-interrogatorio algo peculiares y no especialmente eficaces. El director Claude Schmitz (1979, Bélgica) utiliza a dos personajes secundarios de Los otros Laurens para elaborar una especie de película spin-off que se desarrolla como un cozy crime (crimen acogedor), en el que el objeto de la investigación es menos importante que la relación que mantienen los dos amigos y la que establecen con otros habitantes del pueblo. Si en la anterior película Conrad y Crab eran dos personajes que hacían comentarios humorísticos al fondo de una historia más oscura, en esta reunión entre ambos se convierten en el centro de una trama que evoca los clásicos dúos de las buddy movies norteamericanas o el cine francés de los años ochenta. Pero el director utiliza este arquetipo de personajes, para describir a los suyos con sus características ligeramente envejecidos, casi como si fueran de otra época. No solamente el trabajo policial los une, sino que hay algo que los mantiene juntos, incluso aunque uno de ellos comience una relación romántica con una vecina del pueblo. La idea surgió de la química entre Francis Soetens y Rodolphe Burger, que no son actores con una formación académica, y a los que generalmente el director rueda a través de improvisaciones, sin un texto previo. La propuesta es confrontar a estos dos amigos inseparables con otros personajes y comprobar cómo se comportan y se relacionan entre ellos, mientras el director hace referencia a cómics de Hervé como Las joyas de la Castafiore (1963, Ed. Juventud) para describir una cierta antinarrativa en la que la atmósfera y los personajes importan más que la trama.
Pero si hay algunas referencias, que no sabemos si son conscientes, son las que marcan el ritmo de una película que puede recordar a directores como Aki Kaurismäki y Jim Jarmusch. De hecho, la elección del pequeño pueblo de Sainte-Marie-aux-Mines, que es donde se encuentra la granja familiar de Rodolphe Burger, ofrece esa peculiaridad de una localidad al margen de la ruta de la Alsacia vinatera para situarse en un plano más etéreo, con una atmósfera al estilo de Twin Peaks (SkyShowtime, 1990-1991), marcada por la desindustrialización y las dificultades económicas y sociales. En Conrad & Crab hay muchas escenas de los personajes caminando por las calles del pueblo, que parece querer capturar ese particular ritmo tranquilo del verano, que está reforzado por el rodaje cronológico planteado por el director. Primero se rodaron las escenas que se desarrollan en la Feria de Minerales, después se muestra el desmantelamiento de las carpas y la partida de los visitantes para dejar un pueblo de calles solitarias en el que se percibe la permanencia de una cierta melancolía. Conforme se adentran en la investigación, la película también se centra en la relación entre los dos amigos, y desde la mitad de la historia ya deriva directamente hacia los desafíos de ambos personajes. Cuando Crab conoce a Nour Zeroual (Samia Lemmiz), con la que siente que puede iniciar una relación, se muestra constantemente nervioso porque piensa en el momento en que le va a confesar a su amigo que está saliendo con una mujer, lo que podría afectar a la complicidad que han mantenido hasta ese momento. Los dos personajes son lo suficientemente característicos como para poder iniciar una serie de películas centradas en sus propias aventuras particulares, y tienen algunas de esas características que los hacen peculiares, como las permanentes gafas de sol negras que lleva puestas Alain Crab. La propia investigación policial se desarrolla con cierta cordialidad a través de los interrogatorios que derivan hacia conversaciones triviales, incluso a pesar de que termina con una persecución y una escena de acción un tanto particular. Al final de la película, el director recuerda a los espectadores que Rodolphe Burger es un músico reconocido a través de una actuación musical durante los títulos de crédito. Tiene tras de sí una larga carrera de más de 30 años, su estudio de sonido Klein Leberau está situado en Sainte-Marie-aux-Mines y tiene previstos algunos conciertos para los próximos meses en París.
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The shadow's edgeLarry YangHong Kong, China 2025 | 141' | Limelight | ★★★★☆ |
También retoma un personaje anterior la última película de acción protagonizada por el incombustible Jackie Chan, a sus 71 años. En este caso se trata del líder de una banda de atracadores que es conocido como The Shadow (Tony Leung), porque su identidad es desconocida, y que ya en la película Eye in the sky (Yau Nai-Hai, 2007) era el antagonista de una historia de atracos y escenas de acción. Aquella película tuvo después un remake coreano, Cold eyes (Choi Ui-seok, Kim Byung-seo, 2013) y en cierta manera se puede considerar que The shadow's edge (Larry Yang, 2026) se sitúa en un término medio entre una nueva versión y una continuación, porque The Shadow está interpretado por el mismo actor, el veterano Tony Leung Ka Fai, quien no coincidía con Jackie Chan desde que trabajaron juntos en el drama histórico de acción El mito (Stanley Tong, 2005). La secuencia del principio muestra a una banda de atracadores que está dirigida por Fu Longsheng, conocido por la policía como The Shadow, y formada por sus cinco hijos adoptivos, entre ellos los dos hermanos gemelos Xi Wang y Xi Meng (ambos interpretados por CiSha), entrando en la torre de un banco en Macao, donde no roban dinero físico sino un libro de cuentas perteneciente a un hombre de negocios millonario en el que se encuentran anotadas las claves para entrar en su monedero de criptomonedas. Bajo la dirección de Larry Yang, quien se encargó de reescribir buena parte de la historia de la película original imaginando al antagonista como un superviviente de los acontecimientos que se producen en Eye in the sky, esta secuencia de acción inicial muestra las cualidades de una producción realizada con buenos medios y unas coreografías de luchas y persecuciones muy espectaculares. Jackie Chan venía abordando en los últimos años producciones más infantiles y juveniles como Panda plan (Luan Zhang, 2024) y Karate Kid: Legends (Jonathan Entwistle, 2025), por lo que su regreso al cine de acción para adultos, con secuencias elaboradas y bastante sangrientas, ha sido recibido con entusiasmo por sus seguidores, que han convertido a The shadow's edge en una de las películas más taquilleras en China de la larga carrera del actor. De hecho él mismo ha anunciado que ya se prepara una secuela que prácticamente se anuncia en la escena postcréditos de la película. El robo del banco lleva a la policía a recurrir al agente retirado Wong Tak-chong (Jackie Chan) para que les ayude a localizar a La Sombra, especialmente después de que hayan podido acceder a una imagen suya captada de forma involuntaria. Junto a la joven policía He Qiuguo (Zifeng Zhang), el agente coordina un sistema de vigilancia que trata de identificar al cabecilla de la banda en el barrio donde creen que puede estar escondiéndose.
The shadow's edge intenta ofrecer algo de profundidad en los personajes, especialmente a través de la relación entre Fu Longsheng y sus hijos adoptivos, aunque lo que realmente funciona es la dinámica que se crea entre los personajes principales, con Tony Leung construyendo un antagonista rodeado de ambigüedades psicológicas. El guión tampoco es tan profundo como podría parecer, sin embargo, y de alguna manera la incursión en las relaciones familiares del antagonista y el trasfondo personal del protagonista suenan demasiado superficiales dentro de una película que principalmente se impulsa por las escenas de acción, no solo aquellas que se basan en coreografías muy contundentes, sino también algunas que rodean al sistema de vigilancia que elabora Wong. La coordinación entre veteranos y jóvenes en ambos lados de la ley funciona como un elemento de reflexión sobre los reemplazos generacionales y la sabiduría de la veteranía, por supuesto inclinándose hacia un mensaje que contrapone el carácter más reflexivo de la vieja guardia frente al más impulsivo de los miembros más jóvenes de la banda y de la policía. En cierto sentido, The shadow's edge también reivindica en sí misma esta confrontación, conformándose como una película de acción clásica, con secuencias de luchas coreografiadas desde una perspectiva más tradicional, pero al mismo tiempo elaborando escenas espectaculares que podría envidiar cualquier película de la saga Misión: Imposible, especialmente la inicial en las torres financieras de Macao. Y que están subrayadas por la excelente banda sonora del compositor Nicolas Errèra (1967, Francia), muy ligado a las producciones chinas desde hace tiempo. También es destacable la habilidad de Larry Yang (1981, China) para mostrar las coreografías con una nitidez que se suele echar de menos en las películas de acción occidentales, con cierta tendencia a las cámaras temblorosas que pretenden transmitir el caos de la acción, pero en realidad enturbian la transparencia de las coreografías. Los amantes del cine de artes marciales encontrarán buenas secuencias de uno contra uno y uno contra todos, en estupendas escenas como el enfrentamiento entre Tony Leung y Jackie Chan en una cafetería que resulta espectacular. Desde el punto de vista de la historia y los personajes, quizás The shadow's edge resulta bastante más superficial de lo que pretende, y posiblemente también acaba siendo más larga de lo necesario, pero como una película de acción bien elaborada, consigue recuperar el pulso de los mejores títulos de Jackie Chan. No faltan las tomas falsas que se incluyen casi siempre en los créditos finales.
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Complaint No. 713317Yasser ShafieyEgipto 2025 | 80' | Bright Future | ★★★★☆Cairo International Film Festival '25: Mejor Guión
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La tranquilidad rutinaria de una pareja que ha sobrepasado los sesenta años se ve alterada por el mal funcionamiento de un frigorífico cuya reparación desestabiliza la vida familiar y su relación personal, en el debut en el largometraje del director Yasser Shafiey, que se desarrolla en un único espacio, haciendo referencia a las comedias tradicionales para televisión de directores egipcios como Raafat El-Meehy (1940-2015, Egipto), quien primero trabajó como guionista en la década de los setenta y ya en los ochenta se incorporó a la corriente del realismo egipcio, a través de comedias que funcionaban como retratos de la sociedad. Cuando el frigorífico de la casa comienza a tener problemas, Sama (Sherine) está preocupada porque necesita mantener en frío la tarta para la celebración de su cumpleaños y el 37 aniversario de su boda con Magdi (Mahmoud Heimedia). Él pretende descongelar el frigorífico a martillazos, pero acaba provocando un destrozo mayor, y los invitados a la fiesta, entre ellos su hijo (Ali El Tayeb), acaban enfermos porque la tarta no se ha conservado correctamente. La falta de funcionamiento del frigorífico parece un reflejo de su propia situación: Magdi ha trabajado durante años en el Ministerio de Agricultura y vive de una pequeña pensión, mientras que Sama también es una funcionaria que pronto accederá a la jubilación. Esa sensación de vidas caducas, una especie de obsolescencia programada asignada a los seres humanos a través de la burocracia de la jubilación, se representa en el problema que surge por la avería del electrodoméstico, cuya solución más fácil sería comprar otro, pero la inflación provocada por las fallidas políticas económicas del gobierno egipcio han desembocado en una subida de precios. Al mismo tiempo, la intención de que el frigorífico siga funcionando mediante el servicio de reparación de la compañía se convierte en una cuestión de dignidad para la mentalidad patriarcal de Magdi, que se considera el único que puede negociar con los técnicos. Pero el proceso burocrático de llamadas, días de espera, reparaciones incompletas y quejas al servicio al consumidor acaba convirtiéndose en una experiencia kafkiana, mientras la relación dentro del matrimonio se desmorona progresivamente. Comenta el director y guionista que su película Complaint No. 713317 (Yasser Shafiey, 2025), que ganó el premio al Mejor Guión en el Festival Internacional de Cine de El Cairo, trata sobre "Al Qahr", una palabra que no tiene traducción en ningún otro idioma. Es una expresión que describe un estado de opresión, de angustia extrema o de ira reprimida ante una injusticia irresistible, una evocación de la sensación de impotencia profunda que se debe a la histórica situación de humillación y fracasos que han experimentado los países árabes. Este es el impulso que lleva al protagonista a insistir en la reparación del electrodoméstico y a ejercer sus derechos como consumidor, por muchas llamadas que tenga que hacer. El número que le asignan para su queja, el 713317, es un número capicúa, lo que subraya la sensación de ese círculo vicioso que parece que nunca acaba.
La historia también incluye una trama relacionada con una vecina y sus dos hijos, que trata de separarse de su marido maltratador, un reflejo de otras situaciones demasiado cotidianas dentro de una sociedad patriarcal y machista, pero parece un elemento demasiado forzado como incorporación a la historia principal. Visualmente, el electrodoméstico se convierte en un tercer personaje dentro de la cocina donde se desarrolla buena parte de la acción, un testigo mudo de las cada vez más habituales discusiones entre la pareja sobre cómo afrontar el problema. "En esta casa nada dura", dice Magdi en una de estas discusiones, reflejando que la reparación del frigorífico no es el principal problema al que se enfrenta el matrimonio. El hecho de que la pensión de Sama vaya a ser superior a la que él mismo recibe es un golpe al pundonor de un hombre que quiere seguir siendo el benefactor del núcleo familiar. El concepto visual de la película, rodada en planos fijos, está basado en la estructura de las sitcom, las comedias de situación que se construyen a partir de escenas cortas que tienen finales y transiciones abruptas, lo que refuerza la idea de una puesta en escena televisiva que se mueve en el terreno de la comedia, pero que esconde un drama vital para sus protagonistas. La propia televisión está presente como elemento de presión social, a través de un anuncio que promociona una nueva generación de frigoríficos, que suponen una tentación pero derivan hacia una pesadilla para Magdi. El enfrentamiento entre lo nuevo y lo viejo, lo caduco y lo moderno, se hace presente a través de los sueños del protagonista. Complaint No. 713317 abunda en esa sensación de que nadie atiende a las reclamaciones, de que nadie escucha y de que los problemas hay que afrontarlos solos, como un reflejo de ciudadanos que se consideran abandonados. Desde el apartamento de Sama y Magdi, que transmite sensación de tiempo pasado, con paredes antiguas y muebles viejos, se muestra una representación de la clase media egipcia que ni siquiera se puede plantear comprar un nuevo electrodoméstico. El laberinto de evasivas y largas esperas que supone contactar con la empresa le da un aspecto absurdo a la historia que la separa de una mirada realista: el técnico (Mohamed Radwan) que acude para reparar el frigorífico cuenta su historia personal como un ingeniero que ha estudiado en Estados Unidos, pero su dedicación parece poco comprometida. El frigorífico que se resiste a seguir funcionando es como un país que está sometido progresivamente al deterioro y la crisis permanente, manteniendo su actividad como forma de resistencia.
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No hay otra opciónPark Chan-WookCorea del Sur 2025 | 139' | Limelight | ★★★★★Festival de Venecia '25: Sección OficialFestival de Sitges '25: Mejor Película
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En los créditos finales de esta película, el director Park Chan-wook (1962, Corea del Sur) dedica un agradecimiento especial a Costa-Gavras (1933, Grecia), quien adaptó hace veinte años la novela The ax (1997), del escritor norteamericano Donald Westlake, en su película Arcadia (Costa-Gavras, 2005). El hecho de que la historia sobre un trabajador de una fábrica de papel que pierde su trabajo y se embarca en una carrera violenta para lograr un segunda oportunidad resuene de una manera tan cercana a la actualidad, indica que nuestra sociedad no solo no ha cambiado sino que se encamina hacia un futuro desolador. En su novela, el escritor reflexionaba sobre la diferencia entre los despidos laborales que habían sufrido sus padres motivados por la crisis de la Gran Depresión y los que se estaban llevando a cabo a finales de los noventa en medio de una etapa de recuperación económica: "La diferencia es que todos pasamos juntos por la Depresión. Fue como un campamento de entrenamiento para todos. Ahora, quienes sufren esta situación están aislados" respondía Donald Westlake (1933, Nueva York-2008, México) en una entrevista durante el lanzamiento de su libro. La virtud principal de No hay otra opción (Park Chan-wook, 2025) como sátira social radica en su capacidad para captar las preocupaciones de nuestro mundo, especialmente en el entorno laboral, y al mismo tiempo hacerlo con un entramado narrativo de thriller irónico que funciona perfectamente, gracias sobretodo a la capacidad del director para ofrecer una de sus habituales coreografías de cámara que suelen caracterizar su cine. En una industria cinematográfica que piensa que el virtuosismo consiste en elaborar largos planos secuencia, el director coreano opta por el montaje y los zooms que recoge del estilo de sus películas de referencia como Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958), regalando algunas secuencias memorables para incorporar a la galería de grandes momentos del cine negro. Como esa en la que el protagonista Yoon Man-su (Lee Byung-hun) se introduce en la casa de uno de sus rivales y el volumen de la canción "Redpepper dragonfly" (1981) de Cho Yong Pil apenas deja escuchar los diálogos. Él mismo afirma al principio de la historia, con un tipo de satisfacción que sabemos que se va a volver en su contra: "Lo tengo todo". Y efectivamente ha atesorado todo aquello que la sociedad considera como un éxito: tiene una familia junto a su esposa Miri (Ye-jin Son), un hijastro adolescente y una hija propia que es un portento del violonchelo aunque solo habla para repetir lo que otros han dicho. También posee una buena casa, dos perros, una suscripción a Netflix y un buen trabajo en una fábrica papelera, que es básicamente el sustento de la felicidad de Man-su. Pero esto último es precisamente lo que se desmorona, y con ello el castillo de naipes sobre el que ha construido su felicidad. Cuando la fábrica es adquirida por una empresa norteamericana, comienzan los recortes a través de los despidos, y el puesto aparentemente indefinido que ha mantenido durante 25 años también se acaba. La justificación que ofrece la empresa es que "no hay otra opción". Reincorporarse al mercado laboral a una edad madura es difícil, y tras más de un año sin un trabajo estable, Man-su ve la oportunidad de volver a la empresa pero la única opción que vislumbra es la de deshacerse de los otros candidatos para un puesto muy especializado.
El cambio de escenario desde los Estados Unidos de los años noventa y Francia de principios de los 2000 hasta Corea del Sur en la actualidad, introduciendo elementos diferenciadores como la entrada de la IA en el mundo laboral de una forma arrasadora, también le da otro trasfondo a la historia, sobre todo en una sociedad como la coreana donde permanecen ciertas derivas patriarcales. El hombre es el que provee, así que el candidato Bummo (Lee Sung-min) le pregunta a su esposa Ara (Yeom Hye-ran): "¿Es posible que un hombre desempleado pueda amar?", en medio de la crisis matrimonial provocada por su alcoholismo. El virtuosismo de Park Chan-wook consigue que No hay otra opción sea mucho más oscura que la novela o la película de Costa-Gavras, pero al mismo tiempo tan absolutamente divertida que incluso la memorable interpretación de Lee Byung-hun como un aspirante a criminal al que no le sale todo como tenía previsto se siente casi como una extensión de los personajes de las comedias slapstick, pero con mucho sentido del patetismo. Y esa oscuridad viene ofrecida por un entorno que parece más distópico si no fuera perfectamente identificable, con la contracción del mercado laboral como consecuencia de la irrupción de las nuevas tecnologías, que no solo afecta a las labores más mecánicas sino también en buena medida a las más especializadas, de manera que cada vez hay menos espacio para trabajadores humanos en el estrecho embudo de las carreras profesionales. La deshumanización provocada por el capitalismo se ha vuelto más real y por tanto la película adquiere un tono mucho más perverso. Aunque esas anticipaciones en los movimientos de cámara y esos encuadres ajustados al milímetro nos hagan disfrutar como espectadores de la excelente caligrafía cinematográfica, la desesperación del protagonista también provoca cierta incomodidad, envuelta entre el suspense y la comedia. La película de Park Chan-wook también refuerza esa idea de impunidad que provoca el capitalismo, el "todo vale" que imponen las empresas, y las connotaciones que adquieren las expresiones que se refieren a los despidos. En la época de la novela, Donald Westlake afirmaba que se le quedó grabado el eufemismo que utilizó la empresa AT&T para despedir a sus trabajadores: "Cesado para seguir avanzando". A lo que él mismo respondía que era una forma escalofriante de referirse a un despido: "Porque, si lo piensas, tu trabajo no progresa, pero desde la perspectiva periférica puedes ver otros trabajos que sí progresan. Así que es como la muerte, una descripción de una muerte lenta". En la película, se utiliza una expresión coreana popular cuando se menciona un cese laboral: "Que te corten la cabeza", una especie de broma que intenta hacer Man-su a los nuevos dueños norteamericanos. Y la psicología habla de "muerte laboral" cuando se refiere al proceso de adaptación a un despido que requiere también una etapa de duelo. Llevando estas ideas hasta sus últimas consecuencias, Park Chan-wook ofrece un entretenido thriller que tiene comentarios muy profundos sobre el destino del ser humano en una sociedad deshumanizada.
No hay otra opción se estrena en salas de cine el 13 de febrero.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
Seven se puede ver en Filmin, HBO Max, Netflix y Prime.
Los otros Laurens y Vértigo se pueden ver en Filmin.
Cold eyes se puede ver en Kocowa.
El mito se puede ver en AMC+ y Tivify.
Panda plan se puede ver en Movistar Plus+.
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