A pesar de que la directora del Festival de Berlín parece apostar por una atmósfera "happy", con baile en la alfombra roja y la inauguración de la comedia romántica afgana No good men (Shahrbanoo Sadat, 2026), las controversias se suceden en una edición de la que se han retirado algunas películas. La escritora india Arundhati Roy se retiró de la presentación de In Which Annie Give It Those Ones (Pradip Krishen, 1989), una película de la que fue guionista y que iba a tener un pase especial en Berlinale Classics. Ahora han sido los productores del próximo largometraje sudanés Blue Card (Mohammed Alomda, 2027), los que ha retirado su película del Foro de Coproducción debido a la negativa de la Embajada de Alemania en El Cairo a concederles un visado para viajar a Alemania por "riesgo migratorio", considerando que podrían no regresar a su país. El productor sudanés, residente en Egipto, Amjad Abu Alala ha dirigido anteriormente la película You Will Die At Twenty (2019), ganadora del premio al Mejor Debut en el Festival de Venecia, fue productor de Goodbye Julia (Mohamed Kordofani, 2023), premiada en Un Certain Regard del Festival de Cannes. El Foro de Coproducción les ofreció la posibilidad de participar de forma remota, pero ellos han considerado que no pueden participar en un festival que se celebra en un país que "nos ha hecho sentir indeseados". Mientras las puertas de Europa comienzan a cerrarse, especialmente para aquellos que provienen de países en foclito, los festivales de cine tendrán que repensar que papel juegan en el panorama internacional y cómo pueden ser plataformas de países no occidentales que son considerados riesgos migratorios. De hecho, algunos periodistas con amplia experiencia en la cobertura del Festival de Berlín ya han destacado en sus redes sociales cómo la participación presencial de periodistas internacionales en la edición de este año parece mostrar una progresiva disminución, con pases de prensa matinales que ni siquiera son capaces de llenar las salas.
Como suele ocurrir en este tipo de encuentros cinematográficos, el fallecimiento esta semana del actor Robert Duvall a los 95 años ha resonado de manera notable en el Festival de Berlín, pero incluso más el del maestro Frederick Wiseman a los 96 años, director de esos característicamente largos documentales, porque él mismo obtuvo el Premio FIPRESCI en este mismo festival por su película Near death (1989), que hablaba precisamente sobre cómo los enfermos, familiares y enfermeros de una Unidad de Cuidados Intensivos en un hospital de Boston se enfrentaban a la muerte.
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Nina RozaGeneviève Dulude-De CellesCanadá, Italia, Bulgaria, Bélgica 2026 | 103' | Competición Oficial | ★★★★☆ |
La emigración moldea vidas partidas que se dividen entre el origen y el destino de manera permanente, aunque algunos emigrantes quieran romper con los lazos que les unen a su pasado. Aunque la directora canadiense Geneviève Dulude-De Calles no menciona un punto de partida concreto para su segunda película, después de A colony (2019), que fue seleccionada en la Semana de Cine de Valladolid, sí hace referencia al padre de un amigo personal que era de origen uruguayo pero aun manteniendo una relación a distancia con su familia, decidió no volver a visitarlos. Este exilio permanente asumido de manera personal surge de la incomodidad de enfrentarse a un pasado que resuena lejana en la vida actual del emigrante, y ha servido como base para el personaje principal de Nina Roza (Geneviève Dulude-De Calles, 2026), una historia sobre las conexiones rotas y los regresos incómodos. Tras la muerte de su esposa, Mihail (Galin Stoev) decidió marcharse de su Bulgaria natal y emigrar a Canadá, criando solo a su hija pequeña en Montreal. Transcurridos veintiocho años, ha roto completamente los lazos con Bulgaria e incluso recrimina a su hija Roza (Michelle Tzonchev) que le enseñe a hablar búlgaro al hijo de ella, porque lo considera inútil para su futuro. Mihail ha desarrollado una carrera como experto en arte, organizando exposiciones y ahora recibe el encargo por parte del marchante Christophe (Christian Bégin) de averiguar si es real el talento de Nina (las hermanas gemelas Sofia y Ekaterina Stanina), una niña de un pequeño pueblo de Bulgaria cuyo precoz interés por la pintura se ha hecho viral a través de las redes sociales. Aunque Mihail no tiene ningún deseo de regresar a Bulgaria, la curiosidad por esta posible artista le conduce a un viaje en el que reconecta con esas raíces que había querido perder. Para desarrollar esta idea, la directora utiliza un concepto que se sostiene en la identidad doble que mencionamos al principio, la doble nacionalidad de Mihail y el reflejo en el que se convierte Nina de su propia hija Roza, a la que recuerda constantemente. Pero sobre todo se centra en la búsqueda interna del protagonista, que también se refleja a través de una búsqueda externa sobre la verdad en torno al talento de la joven artista, expresada en los silencios y los recorridos que lleva a cabo Mihail a través de esa Bulgaria que ahora le parece desconocida, lo que puede recordar a veces a aquella película también presentada en el Festival de Berlín, Los caminos que no escogemos (Sally Potter, 2020), en la que Javier Bardem imaginaba sus otras vidas posibles. Esto provoca un cierto tono de melancolía que a veces puede resultar demasiado etéreo, en esta exploración de las inquietudes personales del protagonista que surge de la reconexión con una cultura que había querido dejar atrás, sustituyéndola por el arte contemporáneo y la lengua francesa.
Al mismo tiempo que se desarrolla esta trama de búsqueda interior, la película reflexiona sobre el mundo del arte a través de una joven artista cuya pasión por la pintura se acaba mercantilizando, basando el personaje de Nina en una joven pintora australiana llamada Aelita Andre de la que con nueve años se inauguró una exposición en Nueva York. La película adopta en la primera parte un cierto tono más relajado, especialmente cuando Mihail se enfrenta a esa personalidad búlgara que había olvidado: como cuando un taxista le reconoce como alguien que hace mucho tiempo que no ha regresado: "Creí que era un turista", le dice. Pero conforme se desarrolla adopta un tono reflexivo que la aleja de su planteamiento inicial, y que a veces puede resultar monótono, especialmente en los largos primeros planos en los que Mihail refleja en silencio una cierta nostalgia recuperada de su cultura y su entorno. Pero en otras ocasiones funciona con una lucidez especial para transmitir una sensación de extrañeza, como cuando Mihail visita a su hermana Elvira (Svetlana Yancheva), quien le reprocha que no haya mantenido el contacto durante tantos años, y él se siente como un desconocido en medio de una familia a la que no ha visto crecer. Al mismo tiempo, establece como intrínsecamente conectada con el entorno de Nina su propio talento artístico, que Mihail sospecha que no es auténtico. Cuando la galerista Giulia (Chiara Caselli), quien se ha convertido en una especie de agente artística de Nina, le enseña a Mihail los cuadros que ha pintado la niña, destaca una característica singular: "La pintura que utiliza proviene de pigmentos naturales. Son colores regionales, que solo se encuentran donde ella vive". La obra de Nina está conectada intrínsecamente con el lugar donde vive, y sin embargo la intención de Giulia es proporcionarle los recursos necesarios para que se traslade a Italia y estudie en Florencia, en contra de los deseos de Nina. En la película, la directora se pregunta en qué lugar se sitúa el artista dentro del mundo del arte contemporáneo que está permanentemente comercializado, sobre todo cuando pintar surge de un espíritu lúdico. Nina Roza se sitúa en este complicado equilibrio entre una historia reflexiva sobre los orígenes y un deseo de mostrar la conexión del arte con el entorno, tratando de evitar la representación hiperrealista para acercarse a una mirada que mezcla lo tangible con lo simbólico.
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© Panama FilmLondonSebastian BrameshuberAustria 2026 | 120' | Panorama | ★★★★★ |
Hace más de un década conocimos a Bobby Sommer, un actor no profesional que interpretaba al personaje principal de la película Museum hours (Jem Cohen, 2012), presentada en el Festival de Locarno, un celador del Museo de Historia del Arte en Viena que entabla amistad con una visitante canadiense que está en la ciudad para acompañar a un amigo enfermo. No sabemos si el director Sebastian Brameshuber (1981, Austria) ha visto aquella película, pero hay algo de aquel personaje en el protagonista de esta historia, como si fuera una continuación en la que Bobby (Bobby Sommer) ya es un hombre retirado que cobra su pensión, y que realiza frecuentes viajes entre Viena y Salzburgo para visitar, asimismo, a un amigo que se encuentra en el hospital, y con el que no ha tenido contacto en muchos años. En realidad, director y actor se conocieron cuando éste grabó un poema para el mediometraje Of stains, scrap & tires (Sebastian Brameshuber, 2019), y desde ese momento comenzaron a hablar sobre este proyecto. El planteamiento es tan sencillo como singular: un trayecto entre las dos ciudades en coche, que Bobby realiza varios días a la semana, recogiendo a pasajeros que también viajan por diversas razones a través de la autopista West Autobahn, una vía de comunicación que conecta Viena con Salzburgo, y que tiene un pasado especial, siendo la primera autopista construida en Austria, diseñada por el régimen nazi y cuyos primeros tramos se comenzaron a construir poco después de la anexión de Austria en 1938, aunque solo dos tramos se habían abierto al tráfico cuando las obras se interrumpieron por el comienzo de la 2ª Guerra Mundial en 1942. Este trasfondo histórico es relevante como un espacio que instrumentaliza el paisaje y que también conecta con la mirada al pasado que proponen algunas de las reflexiones que hace Bobby a lo largo de sus diferentes recorridos por esa autopista rodeada de montañas. London (Sebastian Brameshuber, 2026) únicamente muestra los trayectos que realiza Bobby acompañado por diferentes pasajeros, y las conversaciones que se entablan entre ellos sirven para conocerles mejor, pero también para ir desgranando aspectos de la personalidad del protagonista: un soldado que se pregunta qué significa luchar, un aprendiz de supermercado que va a ver a su familia, un académico que analiza la historia de la autopista, una mujer queer a punto de casarse... El título, que parece desconectado de la ruta geográfica por la que discurre la historia, hace referencia a ese estado mental de divagación que se establece en largos recorridos por carretera, pero también a esa condición de ciudad situada en un lugar al que no se puede acceder por vía terrestre, distanciada como permanece distante el pasado al que se aferra el protagonista a través de los recuerdos de su amistad rota. La película se ha rodado completamente en un estudio en el que se proyectaban las imágenes del paisaje grabado con anterioridad, en grandes pantallas alrededor del vehículo, y los diálogos han surgido de las interacciones personales de los pasajeros escogidos con el propio Bobby, de manera que las conversaciones no están basadas en un guión previo, aunque la construcción del personaje principal tiene una base dramatúrgica.
De esta forma, London se desarrolla a lo largo de una frontera difusa entre la ficción y el documental que el director establece de una forma natural, como si en realidad no existiera una diferenciación entre lo documental y lo ficticio, ambos entrelazados como un acto de negociación para crear un punto de inflexión y mantener una fricción constante. Una narrativa ficticia dentro de una realidad cotidiana se establece a lo largo de una historia en la que el pasado impregna necesariamente el presente, y las conversaciones que se establecen entre varios desconocidos consiguen tener ese tipo de intimidad que a veces solo es posible con personas a las que se sabe que nunca se volverá a ver. Los interlocutores de Bobby son en su mayor parte actores no profesionales, excepto la actriz Anca Cipari, quien interpreta a una autoestopista rumana que pide a Bobby que la acerque a la próxima parada de un autobús que acaba de perder, a pesar de la barrera del idioma. También interpreta a uno de los pasajeros el director Ted Fendt (1989, Filadelfia), quien asimismo presenta su última película en la sección Forum del Festival de Berlín, Foreign travel (2026), y Clifford Agu, que fue protagonista de la anterior película del director, Movements of a Nearby Mountain (Sebastian Brameshuber, 2019), en la que el paisaje también se establecía como un elemento fundamental para entender a los personajes. London es una propuesta que mantiene su propio ritmo, muchas veces pausado y marcado por el ritmo que surge de las conversaciones entre estos desconocidos que viajan por la autopista West Autobahn sin conocer el pasado que la rodea, a veces dilatando más las conexiones entre ellos a través de largos silencios y otras conectando inmediatamente. En alguna ocasión Bobby ayuda a algún refugiado, a inmigrantes que tratan de cruzar hasta Alemania o simplemente a soldados que llevan a cabo el servicio militar obligatorio. Hay algún elemento de distopía en la parte final, cuando el comienzo de la invasión de Ucrania que se menciona en las noticias de la radio provoca que exista un control militar más estrecho respecto a los vehículos que circulan por la autopista, pero al mismo tiempo se establece como un eco de las guerras del pasado, especialmente la guerra de los Balcanes. En esta constante vinculación entre el pasado y el presente, entre lo ficcional y lo documental, London encuentra un camino apasionante, en el que la palabra y el diálogo se convierten en el soporte principal de la construcción de los personajes.
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If pigeons turned to goldPepa LubojackiChequia, Eslovaquia 2026 | 110' | Forum | ★★★☆☆ |
Resulta complejo enfrentarse a un documental que cuenta historias tan íntimas y personales, tan cercanas a las propias vidas que rodean a los directores que parecen una especie de traición a la confianza compartida para dejar mostrar los aspectos más expuestos de una existencia complicada. En el caso de Pepa Lubojacki, directora no binaria, ha centrado algunos de sus primeros trabajos en temas como la binariedad de género y los estereotipos, pero también el trauma familiar, la adicción y la codependencia. Hija de un hombre adicto, su primer documental es un trabajo personal en el que sobre todo ha utilizado móviles para grabar y algunas animaciones que elle ha realizado durante el proceso de edición de las más de 200 horas que grabó en torno a su relación con su hermano David Lubojacki, también absorbido por el alcoholismo y la vida en la calle, y sus dos primos David Richter y Marco Arnone, quienes igualmente llevan años sobreviviendo por las calles de Praga. Cuenta Pepa Lubojacki que fue una situación dramática vivida por su primo David la que impulsó la necesidad de hablar de las adicciones y los traumas familiares, cuando le tuvieron que amputar las dos piernas después de permanecer durante días tendido en un banco sin que nadie le prestara ninguna atención. Curiosamente, es el único miembro de su familia cercana que ha conseguido desintoxicarse, y cuando su prima le pregunta cómo consiguió quitarse de la adicción a las drogas, él responde: "Bebiendo alcohol. Y del alcohol me desintoxiqué encontrando a una buena mujer". Pero If pigeons turned gold (Pepa Lubojacki, 2026) es principalmente el retrato de una hermana que trata desesperadamente de salvar a su hermano David del alcoholismo que marca los vaivenes de su vida. Elle menciona que "no pude salvar a mi padre", quien murió a causa de su adicción, y de alguna manera permanece un trauma personal que le conduce a situarse siempre al lado de su hermano, aunque haya largos espacios de tiempo en los que, literalmente, parece haber desaparecido. A pesar de que en algunos momentos pudiera haber encontrado algo de estabilidad, en un piso alquilado que se compromete a pagar buscando un trabajo, las recaídas de David son constantes, y los ultimátums que se le imponen para poder permanecer en los apartamentos que le encuentra su hermana son constantemente rotos. En este tipo de películas también da la impresión desde fuera que la propia grabación del documental es una excusa para estar conectada con su hermano, estableciendo un calendario de rodaje que de alguna manera sirve para introducir una cierta continuidad en la vida errática del protagonista. Para reflejar el pasado, Pepa Lubojacki utiliza algunos recursos visuales como animaciones realizadas con Inteligencia Artificial de los labios de fotografías de su padre y su hermano, y una paloma que sirve como narradora con una plantilla de lipsync de esas que se utilizan en redes sociales como Tik Tok, construyendo una narrativa original aunque algo caótica que se apoya asimismo en la música electrónica de Adam Matej, también conocido como DJ GÄP.
Pero en su intento de reflejar la verdadera naturaleza de las adicciones, hay pasajes en If pigeons turned gold que quieren ser didácticos, describiendo el proceso de las adicciones o el síndrome de Wernicke-Korsakoff que puede provocar daños cerebrales en las personas alcohólicas: "¿Se puede vivir el duelo por una persona que aún no está muerta?" se pregunta la directora en algunas de las reflexiones que introduce de forma gráfica a lo largo del documental. Si bien el retrato de la adicción y la incapacidad de su hermano David para salir de ella está bien reflejado a través de la relación entre ambos, hay algunos pasajes que pretenden ser poéticos o reflexivos, y cierto didactismo en algunos momentos que distorsiona el carácter personal de la propuesta. David muchas veces justifica sus recaídas diciendo que "soy así", como una excusa para explicar por qué se entrega a la bebida después de un período en el que parece haber logrado cierto control. Y de alguna forma la conclusión de la película es parecida, una aceptación de que no es posible cambiar a una persona adicta si ésta no quiere cambiar, y por tanto quienes le acompañan deben estar preparados para estar disponibles cuando lo necesiten. No estamos seguros de que este grado de aceptación pueda ser refrendado por muchos expertos en la materia, pero al menos parece más clara la idea de que las personas no pueden ser definidas solo por sus adicciones, y de que la raíz de su problema está precisamente en aspectos psicológicos que tienen relación con los traumas familiares. Da la impresión de que, cuando el proyecto del documental ganó el premio al Mejor Proyecto Europeo en la sección New Vision del Festival de Documentales de Ji.hlava, estaba más enfocado en los primos David y Marco, que ahora ocupan un lugar secundario, enfocándose más en su propio hermano. Y convirtiendo la película en un viaje personal en el que elle intenta comprender a su hermano, no como un héroe de la infancia y un adolescente popular, sino como su yo actual, más caótico pero igualmente apasionante, un proceso de comprensión de la adicción en sí misma, de sus raíces y su esencia. Pero en el largo camino de casi dos horas que se construye en la película hay desvíos que parecen innecesarios y conclusiones que resultan discutibles.
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Son of revenge: The story of KalevalaAntti J. JokinenFinlandia 2026 | 143' | European Film Market | ★★★☆☆ |
Esta semana se ha estrenado en Finlandia una de las producciones más esperadas del año, que también forma parte de las diferentes proyecciones del EFM (European Film Market), uno de los mercados audiovisuales más importantes que se desarrolla dentro de las actividades del Festival de Berlín. La leyenda de Kalevala es una de las más conocidas de la mitología nórdica y se imparte en las escuelas como objeto de estudio, considerada como una de las principales epopeyas nacionales finlandesas. Mezcla de memoria y concepción filosófica del universo del pueblo finlandés, la historia de Kalevala es una de las más grandes epopeyas de Europa, y fue recopilada a través de las fábulas y baladas populares que existían por el autor Elias Lönnrot (1802-1884, Finlandia) en su libro Kalevala (1835, Ed. Alianza Editorial). Se cuenta que, como otras mitologías populares del centro y norte de Europa, esta historia influyó en El señor de los anillos (1954, Ed. Minotauro), lo que es muy probable porque el propio J.R.R. Tolkien escribió una versión en prosa del poema de Kalevala en La historia de Kullervo (1915, Ed. Minotauro). A pesar de su carácter épico y de definición de un pueblo, ha habido escasas adaptaciones de este relato, solo presente en la miniserie de televisión Rauta-aika (La edad de hierro) (Yle, 1982) y en la coproducción soviético-finlandesa Sampo (Aleksandr Putshko, 1959), inspirada libremente en la leyenda, que se estrenó en Estados Unidos con un nuevo montaje y el título The day the Earth frozen. De manera que Son of revenge: The story of Kalevala (Antti J. Jokinen, 2026) es un acontecimiento importante que ha sufrido numerosos altibajos a lo largo de su producción, con cambios de productoras, y una financiación de más de 5 millones de euros que prácticamente duplica el presupuesto medio de las películas finlandesas. Para recrear el entorno de los pueblos medievales en los que se desarrolla la leyenda, se construyó un escenario realista del siglo XII en los bosques de Carelia, en los que tiene lugar este relato de venganza, como su propio título internacional indica. Recibida con críticas mixtas, la película trata de evocar un entorno en el que se mezcla la fantasía con la realidad histórica, partiendo del enfrentamiento entre dos hermanos, Untamo (Eero Aho) y Kalervo (Johannes Holopainen), que están en permanente disputa por la posesión de tierras y el acceso al poder. Inflamado por la influencia del druida Wäinö (Ilkka Koivula) y por su falta de descendencia, Untamo decide atacar el hogar de su hermano, asesinándole junto a su esposa y llevándose consigo a Kullervo, el hijo de Kalervo. Es una modificación respecto a la historia original porque, en aquélla, la esposa de Kalervo solo está embarazada y Untamo no la mata sino que la secuestra, criando a Kullervo como si fuera su propio hijo. El cambio en la película, que muestra a Kullervo como un niño, puede restar credibilidad al hecho de que no descubra que Untamo es su padre hasta que es adulto, como si no tuviera recuerdos de su infancia, pero la historia trata de dar un giro en el tercer acto que intenta justificarlo de alguna manera.
Más que como una epopeya épica, Son of revenge: The story of Kalevala está construida como una historia personal y un proceso interior de reconocimiento de los orígenes, y en este sentido quizás no se terminan de aprovechar desde el punto de vista visual las posibilidades geográficas de los bosques de Carelia. El director Antti J. Jokinen (1968, Finlandia), especializado en dramas históricos como Helene (2020), aporta cercanía a los personajes y un tono oscuro y violento a la trama, envolviendo a los protagonistas en una especie de dramatismo constante. Pero no consigue ofrecer un desarrollo convincente de Kullervo (Eias Salonen), que como personaje no termina de evolucionar más allá de una ira permanente, tanto en la comunidad en la que aún piensa que es hijo legítimo de Untamo, como más adelante, cuando descubre que en realidad Untamo es su tío y ha sido el culpable de la muerte de su verdadero padre. A medida que crece, los traumas infantiles le acechan a través de pesadillas, lo que puede explicar la memoria borrada de sus años de infancia, y en cierto modo su personaje, aunque es el protagonista, acaba siendo más funcional que realmente relevante, reflejando la rabia de una juventud que no se siente integrada dentro de una sociedad que le resulta siempre hostil. La aparición de uno de los pocos personajes femeninos importantes, Aino (Ronja Orasta), se queda algo difuminado porque, una vez que cumple su misión dentro de la narrativa y del desarrollo personal de Kullervo, desaparece sin que se la mencione nunca más. También hay que resaltar que en el European Film Market se ha presentado una versión de dos horas que es más reducida que las dos horas y veinte que dura la versión estrenada en Finlandia, lo que puede explicar la sensación de que algunos acontecimientos ocurren demasiado deprisa. Pero a tenor de algunas de las críticas que ha recibido en su país, que hacen referencia a una duración excesiva, puede que esta versión más recortada finalmente sea mucho más adecuada. Son of revenge es una epopeya que funciona bien como un vehículo de entretenimiento con cierta interioridad filosófica en torno a los orígenes y el sentido de pertenencia, un poco a la manera de los dramas históricos shakesperianos, y para quienes no conocen directamente la historia de Kullervo se puede disfrutar de una película épica que nunca se desequilibra del todo.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
Goodbye Julia se puede ver en Plex.
Movements of a nearby mountain se puede ver en Truestory.
Helene se puede ver en Filmin.
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