A pesar de querer mantener un perfil político bajo, esta edición del Festival de Berlín será recordada por las continuas referencias a la tibieza con la que la organización ha abordado el tema del genocidio perpetrado por Israel contra Palestina, en línea con la falta de condena explícita del gobierno alemán que financia buena parte del certamen. Pero al contrario de ir acallando las críticas, las preguntas sobre temas políticos han seguido estando presentes en unas ruedas de prensa en las que cierto margen a la hora de conceder acreditaciones permite que periodistas no específicamente dedicados al mundo del cine como el youtuber Tilo Jung, que planteó la pregunta sobre el genocidio que provocó la respuesta de Wim Wenders, puedan tener presencia. Quizás en otros festivales como Cannes o San Sebastián, donde solo se acredita a periodistas cinematográficos que mantienen una actitud más sumisa, este tipo de cuestiones no se plantearían. Antes de la celebración del festival, el Palestinian Film Institute anunció que no acudiría porque no tenía garantías de que los organizadores no denunciaran a la policía alemana a los cineastas que forman parte de la organización, como ya hicieron el año pasado con uno de sus propios empleados, y la Cinematheque Alternative Film Center, de El Cairo había retirado de la programación los cortometrajes The sad Song of Touha (2026), de Attiyat Al-Abnudi y The dislocation of Amber (1975), de Hussein Shariffe. Una carta abierta firmada por 81 cineastas, muchos de ellos presentes en diferentes ediciones del Festival de Berlín, ha vuelto a recordar que la postura de la organización respecto al tema palestino contrasta con la que mantiene en otros conflictos como la invasión de Ucrania o las manifestaciones en contra del régimen de Irán. El actor español Javier Bardem firma este duro manifiesto junto a otros actores y actrices como Tilda Swinton, Angeliki Papoulia, Mark Ruffalo, Saleh Bakri, Tatiana Maslany, Peter Mullan y Tobias Menzies, o directores como Mike Leigh, Lukas Dhont, Ken Loach, Nan Goldin, Miguel Gomes, Adam McKay y Avi Mograbi, recordando que esta postura silenciosa se produce "en un momento en que conocemos nuevos y horripilantes detalles sobre los 2.842 palestinos "evaporados" por las fuerzas israelíes utilizando armas térmicas y termobáricas de fabricación estadounidense, prohibidas internacionalmente. A pesar de la abundante evidencia de las intenciones genocidas de Israel, sus crímenes atroces sistemáticos y su limpieza étnica, Alemania sigue suministrando a Israel armas utilizadas para exterminar a los palestinos en Gaza".
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Un hiver russePatrick ChihaFrancia 2026 | 87' | Panorama | ★★★☆☆ |
Un acercamiento particular a la invasión de Ucrania por parte de Rusia es la que hace este documental que no tiene como protagonistas a ucranianos sino a jóvenes rusos que viven exiliados porque no encajaban dentro de la imagen patriota de apoyo al conflicto o su complicidad silenciosa. La imagen de ciudadanos rusos que huían a pie o en bicicleta hacia la frontera con Georgia en el momento en que se produjo la invasión de Ucrania en 2022 está en el origen de un documental cuyo título hace referencia a ese estado de permanente espera, en el que el tiempo parece detenerse, que llevan viviendo estos grupos de exiliados con sus pertenencias siempre en bolsas, sin una sensación de estabilidad, en ciudades como Estambul o París, donde han acabado residiendo. Pero al mismo tiempo ellos son vistos con una actitud negativa, como los invasores aunque hayan huido precisamente porque no se consideraban comprometidos con la retórica patriótica rusa, y posiblemente también huyendo del reclutamiento forzoso. El padre de uno de los jóvenes retratados se incorporó de manera voluntaria al regimiento Wagner y murió en combate, lo que les recuerda la fragilidad de ese patriotismo innecesario. Se calcula que más de 900.000 rusos se han exiliado a causa de la invasión de Ucrania, la mayor ola de emigración de los últimos años provocada por la movilización parcial anunciada por las autoridades en septiembre de 2022, cuando centenares de miles de hombres en edad militar fueron convocados por el gobierno. En Un hiver russe (Patrick Chiha, 2026), la mirada se centra en dos personajes: Margarita Zubatova, que llevó una larga travesía desde Turquía hasta otros países y acabó residiendo en Francia, y que comenzó en la película sirviendo como traductora para el director en sus entrevistas con exiliados en Estambul, hasta que Patrick Chiha (1975, Austria) descubrió que ella misma era interesante para ser filmada. Y Yuri Nosenko, una figura adolescente representativa de la escena punk en los años 2000 a través de su banda Anti-Utopia, quien también se ha encargado de componer la banda sonora del documental. Junto a ellos se retrata a algunos de sus amigos, que conviven en una especie de comunidad formada por exiliados: Philipp, Andrew y Tatianna también aportan sus experiencias a un documental que, como es característico en el director, mantiene la huella de la improvisación, acercándose a conversaciones entre los protagonistas, que pueden ser o no puestas en escena, pero se van desarrollando de una manera natural. En uno de estos diálogos entre Margarita y Yuri, hablan sobre lo que han olvidado de Moscú: "He notado que he empezado a olvidar ciertos nombres. Lugares a los que solía ir. He empezado a mezclarlos", dice Margarita.
Esta aceptación de la improvisación que caracteriza a los documentales del director de Brothers of the night (2016) y Si esto fuera amor (2020), ganador del premio Teddy en el Festival de Berlín, puede provocar que Un hiver russe a veces se sienta desenfocado o disperso, sin una estructura narrativa clara, mezclando conversaciones o reflexiones y ciertos recursos visuales que aportan una sensación fantasmagórica que refuerza esta idea de permanencia en un limbo, como la escena inicial, mostrada en una especie de imagen de infrarrojos de los tanques rusos recorriendo las calles de Moscú. También el hecho de que la mayor parte de los protagonistas del documental pertenezcan al mundo artístico parece influir en su forma de expresarse y en su propio comportamiento, a veces demasiado impostado. Margarita guarda en un almacén en Estambul la mayor parte de su vestuario, mucho más amplio de lo que cualquiera podría tener, reflejando ese estado de inestabilidad permanente en el que no hay un espacio que se pueda considerar como un lugar donde vivir. Hay una puesta en escena estilizada que busca constantemente los espacios que transmiten la zozobra de unas vidas interrumpidas por las consecuencias de la guerra, al igual que se describe por parte de ellos cómo la escena cultural de Moscú, en muchos casos rebelde y contestataria, se ha ido desmantelando progresivamente bajo la imposición de leyes cada vez más restrictivas, como la que negaba la existencia de una guerra, a la que el gobierno ruso siempre ha llamado "operación especial". No obstante, el director justifica la ausencia de referencias directas a Ucrania comentando que, aunque mantiene contacto con cineastas ucranianos y ha participado en talleres de cine en Kiev en los últimos años, considera que esa parte de la historia debe ser contada por los propios ucranianos. El carácter estilizado de las imágenes de Un hiver russe muestra la espera continua de unos ciudadanos que ni siquiera imaginan el momento en el que podrán volver a Rusia, asumiendo el exilio permanente pero anhelando la posibilidad de un futuro posible.
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© Aporia Filmworks/Screening EmotionsLustRalitza PetrovaBulgaria, Dinamarca, Suecia 2026 | 77' | Forum | ★★★★☆ |
Contaba la directora Ralitza Petrova (1976, Bulgaria) cuando estrenó su primera película Godless (2016), ganadora del Leopardo de Oro en el Festival de Locarno, que su intención era tratar de dominar lo que ella denomina cine haiku, aquel que, como en la poesía japonesa, la tensión emocional surge del contraste entre elementos opuestos. Su nuevo largometraje también explora esta idea de los contrastes a través de una psicóloga penitenciaria, Lilian (Snejanka Mihaylova) que está acostumbrada al rechazo cuando se enfrenta a través de una videocámara a los reclusos de una cárcel estadounidense en la que trabaja, analizando sus posibilidades de reinserción de una manera apática, siguiendo expresamente las pautas de una lista de preguntas preestablecida, lo que por otro lado le permite aspirar a una promoción en su trabajo. Sin embargo ésta es interrumpida por la noticia de la muerte de su padre en Bulgaria, un hombre al que ella insiste en que "solo he visto una vez", y que se refleja en la propia experiencia de la directora, cuando en 2016 afrontó el fallecimiento de un padre al que apenas había conocido a lo largo de su vida, educado principalmente por sus abuelos, lo que establece una especie de duelo por una ausencia que ya había estado presente. Cuando Lilian viaja a Bulgaria para hacerse cargo del funeral de su padre, que en otras circunstancias acabaría formando parte de un cementerio sin nombre, también afronta la obligación de hacerse cargo, como única heredera, de una importante deuda que tenía su padre. El viejo apartamento en el que vivía se convierte en un espacio para los secretos guardados y algunos objetos que pueden tener el suficiente valor como para cubrir la deuda, pero al mismo tiempo supone una especie de viaje interior de la protagonista que conecta, de una manera casi freudiana, el descubrimiento de la vida de un padre al que en realidad nunca conoció, con cierto grado de espiritualidad. Porque Lilian también tiene un mundo interior complejo, viviendo un momento en el que está tratando de seguir el proceso de un programa de celibato voluntario que la aleje del fantasma de la adicción al sexo que se refleja en una escena en la que masturba a un desconocido en una sauna. Se trata de una recaída en el impulso sexual que se muestra a través del título Lust (Lujuria) (Ralitza Petrova, 2026) y en la representación simbólica de una serpiente que mantenía su padre en el apartamento, pero que también se aparece en los sueños de la protagonista. Las escenas oníricas están tan arraigadas en la realidad que se crea una sensación de ansiedad similar al horror. De hecho, en la película hay unas ciertas maneras de suspense, como si se tratara de una historia de género, lo que se expresa a través de un concepto visual que resalta la sensación de soledad y de retraimiento, que encuentra a la protagonista en muchas escenas como si estuviera escondida, o en algunos encuadres en los que se muestra su rostro recortado, su figura incompleta. La misma apatía que ella expresaba frente a los reclusos es la que Lilian recibe de las autoridades cuando le notifican que la deuda de su padre debe ser asumida por ella, envuelta en un proceso burocrático de un país que está deseando abandonar, pero que le impide evitar pagarla.
A lo largo del proceso que experimenta Lilian se reproduce una especie de mirada espiritual, de desarrollo interior de la protagonista, reforzado por la elección de la música religiosa que describe el aria "Erbarme dich (Ten piedad, Dios mío)" de la Pasión de San Mateo, de Johann Sebastian Bach que acompaña al personaje al principio y el final de una película que contiene cierto misticismo sobre los padres ausentes y los hijos que cargan el peso de su ausencia. El retrato de un personaje que ha desconectado de sí misma al tiempo que desconecta del trauma que la ha acompañado está descrito de forma certera a través de este proceso de cambio en el que Lilian se encuentra, pero que le resulta difícil llevar a cabo, un fracaso constante que sin embargo se modifica conforme se enfrenta a todo lo que sucede en la historia, encontrando la versión más inaccesible de ella misma. Lust es una película que refleja este proceso interior a través de los espacios interiores en los que se desarrolla, y que en cierto modo reproducen una forma de encierro: la prisión , las oficinas estatales o el propio apartamento de su padre en e que ella acaba atrapada una noche cuando no es capaz de abrir la cerradura. En esta especie de redención que experimenta el personaje también tiene una especial relevancia la práctica del shibari, el arte japonés de la atadura con cuerdas, que nació como una forma de tortura pero se ha convertido en un recurso habitual de las sesiones bondage. Para quienes la practican es una experiencia que tiene elementos de espiritualidad, no practicadas necesariamente como BDSM sino com una forma de liberación personal. A pesar de lo que solo podría parecer una historia de reconexión con la ausencia de un padre ausente, Lust se acaba conformando como una reflexiva incursión en un proceso de desintoxicación espiritual de la adicción al sexo, adentrándose en los lados oscuros del la protagonista, pero de una manera que se siente cómoda y que resalta por su honestidad. La forma en que reconocer el cuerpo de su padre evita que éste sea incorporado a una fosa común es también una especie de redención personal de Lilian, que no solo conecta con la figura paterna nunca establecida, sino que la libera de la propia soledad que a ella misma la ha acabado absorbiendo.
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Handbook for superheroesAnoo Bhagavan, Patrik ForsbergSuecia 2025 | 91' | European Film Market | ★★★☆☆ |
Uno de los éxitos internacionales de la literatura infantil sueca es la serie de libros Manual para superhéroes (2017, Ed. Harper Collins Ibérica), de la que en España se han publicado los tres primeros de los diez que componen la colección hasta la fecha, el último de ellos editado en 2025. Se trata de una historia creada por el matrimonio formado por Elias Våhlund (1973, Suecia) y su esposa Agnes Våhlund (1985, Suecia), autor de las historias e ilustradora respectivamente, que surgió cuando tuvieron que enfrentarse al acoso escolar que sufrió su hija. De esta forma, las historias protagonizadas por el personaje de Lisa cuando descubre un libro cuyas instrucciones le permiten convertirse en una heroína, son también una reflexión sobre las diferentes maneras de hacer frente al acoso escolar, que asimismo incorpora elementos psicológicos sobre los acosadores. Con más de un millón de ejemplares vendidos solo en Suecia y la publicación en 18 países, los libros se han convertido en un éxito más allá de su país, que ahora ha traspasado la literatura para acercarse a otras disciplinas: la producción de un espectáculo musical estrenado en algunas ciudades suecas durante el año pasado y el estreno comercial en las Navidades de la adaptación cinematográfica Handbook for superheroes (Anoo Bhagavan, Patrik Forsberg, 2025), que logró un destacado éxito y a lo largo de estos primeros meses de 2026 ha llegado a las pantallas de otros países nórdicos, como Dinamarca y Noruega. El proceso de producción de esta versión para cines no ha sido fácil, porque en 2019 se anunció el proyecto, bajo la producción de Charles B. Wessler, ganador de un Oscar por Green book (Peter Farrelly, 2018), pero finalmente la película se ha estrenado únicamente como una producción escandinava. De hecho, a pesar de ganar el Oscar, el productor norteamericano solo ha estrenado desde entonces la película Palmer (Fisher Stevens, 2021). Handbook for superheroes se centra en los primeros libros, principalmente El libro mágico (2017, Ed. Harper Collins Ibérica) y La máscara roja (2017, Ed. Harper Collins Ibérica), presentando a Lisa (Elle Kari Bergenrud) como una niña que se acaba de mudar a la localidad ficticia de Rosenhill, donde comienza a sufrir las burlas de un trío de compañeros de clase. Pero la adaptación también incluye al antagonista del tercer libro, Solos (2018, Ed. Harper Collins Ibérica), el malvado Wolfgang (Robert Gustafsson), quien está decidido a robar en la exposición de la colección de monedas de Paul Ponsonby-Jones. De manera que el guión de Anoo Bhagavan establece dos tramas paralelas a través del descubrimiento de Lisa de sus poderes y cómo se enfrenta a sus acosadores, y su intención de evitar que Wolfgang consiga apoderarse de unas monedas que son muy importantes para una ciudad en crisis como Rosenhill. Con un estilo de animación 3D que puede recordar a producciones de Pixar como Los increíbles (Brad Bird, 2004), la película establece desde el principio las motivaciones de sus personajes y construye un grupo de secundarios que tienen más trasfondo de lo que es habitual en las producciones animadas. En este sentido, al igual que los libros se esfuerza por profundizar en las vulnerabilidades de los antagonistas, ya sean los tres niños acosadores o el villano principal, pero en un acercamiento que solo aporta algo más de complejidad.
Desde el punto de vista visual, Handbook for superheroes tiene más éxito en la elaboración de los fondos, creando un entorno alrededor de la ciudad de Rosenhill que tiene un cierto aire nostálgico, pero que funciona adecuadamente en contraste con los colores principales que caracterizan a los personajes: rojos, azules, amarillos o blancos, de manera que enmarca sus aventuras en un universo de cierta melancolía. Pero quizás flojea algo más en la representación de los humanos y, sorprendentemente, en la de los animales que acompañan a Lisa, principalmente la pareja de hamsters Olga (Shima Niavarani) y Oskar (Shebly Niavarani), y posteriormente la gaviota Steve (también con la voz del actor Robert Gustafsson). En cuanto a la narrativa, la película nunca se hace repetitiva ni disminuye su ritmo, aunque tampoco aporta nada especialmente novedoso, e incluso la elección de animaciones 3D en un estilo más bien convencional puede terminar siendo demasiado artificial para reproducir el estilo de las ilustraciones que Agnes Våhlund aporta en los libros, mucho más artesanal y diversificado en las formas de los personajes. Es posible que la intención sea acercar estas historias a un formato más asequible y tradicional para los espectadores infantiles, pero al mismo tiempo elimina la particularidad del estilo original. Handbook for superheroes es emocionante y conmovedora a veces, tiene un buen sentido de humor que aporta la gaviota Steve, aunque elija un aspecto poco arriesgado, y consigue transmitir la esencia del libro sobre la necesidad de afrontar los problemas, no a través de la fuerza sino de corazón, y de que lo importante no es encajar en un lugar, sino encontrar el espacio propio. Aunque Lisa puede volar, hablar con los animales e incluso desaparecer, sus problemas cotidianos debe afrontarlos sin superpoderes, demostrando que ella misma también puede ser una heroína sin máscara.
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Chimney Town: Frozen in timeYûsuke HirotaJapón 2026 | 98' | Generation Kplus | ★★★★☆ |
La película de clausura de Festival de Rotterdam 2021 fue, inusualmente, un largometraje de animación, Poupelle of Chimney Town (Yûsuke Hirota, 2020), basado en un libro escrito por Akihiro Nishino en 2016, pero introduciendo numerosos cambios. Aquela historia contaba la relación de amistad entre el joven deshollinador Lubicchi (Yuzuna Nagase) y un robot hecho de basura llamado Poupelle (Masataka Kubota), que sin embargo terminaba con la desintegración de éste último. Tras conseguir un notable éxito a nivel mundial, con selecciones en festivales como Annecy y Fantasia, y nominaciones a los premios Annie, los mismos responsables de aquella han estrenado en el Festival de Berlín su secuela, Chimney Town: Frozen in time (Yûsuke Hirota, 2026), que recupera a Lubicchi un año después de los acontecimientos ocurridos en la primera película, enfrentado aún al duelo por la desaparición de su amigo. Sin embargo, las aventuras que vivirá el protagonista le llevarán fuera de la Ciudad Chimenea para atravesar un mar onírico que desemboca en la Fortaleza de Tiempo, donde acaban todos los relojes que han dejado de funcionar. Acompañado ahora por Fluff (Megumi), un gato que tiene el cometido de ser mensajero de los relojes de tiempo de las personas, y por Nagi (Lubicchi descubre que está detenido porque el reloj de la Torre principal ha dejado de funcionar desde hace un siglo, debido a la separación entre Gus (Yoshihara Mitsuo), el guardián de la torre del reloj, y su amada Nagi (Koshiba Fuka), un espíritu vegetal que ha adoptado forma humana pero piensa que no es posible el amor entre ella y Gus, porque lo que decidió desaparecer. Gus sin embargo la ha estado esperando durante cien años, provocando que el reloj de la Fortaleza del Tiempo también se detenga a las 11:59. Pero la única forma que tiene Lubicchi de regresar a Ciudad Chimenea es conseguir que precisamente ese reloj vuelva a funcionar. De esta forma, la secuela de aquella película que parecía improbable dada su resolución, encuentra una manera de proseguir las aventuras de Lubicchi al mismo tiempo que introduce una ciudad nueva que permite reproducir esa creativa puesta en escena, colorista y variada, que ya desarrollaron los responsables de la historia original. En este caso, Fortaleza del Tiempo tiene un aspecto menos caótico que el de Ciudad Chimenea, marcado ahora por las tonalidades verdosas y azuladas, con una representación del reloj de la torre expuesto sobre toda la ciudad desde el cielo que resulta muy espectacular, pero al mismo tiempo adoptando una cierta familiaridad. Esa idea de vivir en el limbo que adopta el título de nuestra crónica se refleja en el sentimiento de duelo que plantea una historia que, si en la primera parte abordaba el concepto de "creer", en la segunda se centra en la espera y las formas diversas de afrontar la ausencia.
De esta forma, los personajes con los que se cruza Lubicchi se pueden considerar un reflejo emocional de su propia manera de lidiar con la desaparición de su amigo Poupelle: Fluff es el paso del tiempo, Gus es la espera y Nagi es la fe. Desde el punto de vista estético, Chimney Town: Frozen in time es tan espectacular como la película original, aunque abandone algunos de los elementos que la hicieron especial. La propia ausencia de un personaje tan carismático como el robot hecho de basura se sustituye sin embargo por otros nuevos secundarios como el gato Fluff o los hermanos Comet & Whinny (Yamadera Koichi), antiguos reparadores de relojes que ahora viven como inventores, y que cuando Lubicchi les pide que arreglen el reloj de la torre, ellos simplemente le responden: "No se puede arreglar lo que no está roto". Aunque algunos de sus inventos acabarán siendo importantes para que Lubicchi avance en su camino. También desaparece buena parte del estilo steampunk que tenía Poupelle of Chimney Town, para adoptar un estilo que puede parecerse más al clásico de Studio Ghibli. Respecto al proceso de animación, el director Yûsuke Hirota menciona un estilo que combina las técnicas de animación limitada de Japón con el expresivo movimiento de los personajes en 3DCG y una combinación de arte de fondos en 2D y 3D. Aunque la presencia de Poupelle se limita a algunas escenas de flashback, es interesante que la película no abandone del todo al personaje. A pesar de ofrecer una expresividad visual absolutamente emocionante, también es cierto que en el último tramo, cuando se desvelan los paralelismos entre la historia de Gus y el proceso de duelo de Lubicchi, la historia tiende hacia un tono algo sentimental que está reforzado por la música de Fuuki Harumi. Pero a pesar de ciertos desequilibrios en la narrativa, Chimney Town: Frozen in time está a la altura de su predecesora y es una secuela mucho más convincente de lo que pudiera esperarse.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
Brothers of the night se puede ver en Mubi y OUTtv.
Si esto fuera amor se puede ver en Filmin.
Green book se puede ver en Lionsgate+.
Palmer se puede ver en Apple tv.
Los increíbles se puede ver en Disney+.
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