 |
Gomorra. Le originiTemporada 1 | Sky | Italia 2026 | 6x50' ★★★★☆ Creada por Leonardo Fasoli, Maddalena Ravagli, Roberto SavianoDirigida por Marco D'Amore, Francesco Ghiaccio
|
Hace más de diez años comenzó la trayectoria de una serie que cambió el modelo de las producciones para televisión en Italia. Roberto Saviano (1979, Nápoles) había sido amenazado públicamente por la Camorra, con todo lo que eso significa, tras la publicación de su novela Gomorra (2006, Ed. Debate), que sigue siendo una excelente disección del entramado de negocios de la mafia napolitana. Después llegó el éxito internacional de su adaptación al cine en la película Gomorra (Matteo Garrone, 2008), pero sobre todo el estreno de la serie Gomorra (Sky, 2014-2021), que actualmente no se puede visionar en ninguna plataforma en España. A partir de la novela se construyó un universo de personajes que se fue extendiendo durante cinco temporadas y el largometraje El inmortal: Una película de Gomorra (Marco D'Amore, 2019), el primer paso atrás en el tiempo para contar los comienzos de Ciro Di Marzio (Marco D'Amore), uno de sus protagonistas, en los años ochenta. En 2025, Roberto Saviano consiguió una victoria histórica en los tribunales italianos, con la confirmación de la condena contra el capo mafioso Francesco Bidognetti por la amenaza que lanzó en un juicio en 2008. Y mientras tanto, el universo de su novela se ha seguido expandiendo, ahora con una nueva mirada al pasado que reproduce la ciudad de Nápoles en 1977 para contar otros orígenes, los de Pietro Savastano y el comienzo de su relación en la adolescencia con la que sería su esposa, Immacolata Savastano, que aparece en la primera temporada de la serie. La historia original ya había realizado algunas incursiones en el pasado, especialmente en las dos últimas temporadas, pero Gomorra. Le origini (Sky, 2026-) se adentra aún más en la Italia de los años setenta y las luchas por el poder de los diferentes clanes mafiosos, construyendo un relato que no se limita a la relación entre Pietro e Imma, sino que acaba creando un entorno propio que funciona de manera independiente a su predecesora, lo que permite desarrollarla a lo largo de más temporadas. En todo este proceso, el actor Marco D'Amore (1981, Italia), que encarnaba a Ciro Di Marzio, ha ido convirtiéndose en una pieza fundamental de la serie. Comenzó dirigiendo episodios en la cuarta y, sobre todo, quinta temporada de Gomorra, escribió y dirigió la película El inmortal, y ha sido uno de los impulsores de esta precuela junto al creador original Leonardo Fasoli. Aunque podría decirse que Gomorra. Le origini se puede ver sin ni siquiera tener como referencia la serie principal, lo cierto es que el tono de fatalidad que acompaña a los personajes contribuye a que su relato anticipado resulte mucho más contundente. En el primer episodio Pietro (Luca Lubrano) es solo un adolescente algo tímido, hijo adoptivo de una familia pobre que renuncia a su apellido Savastano, mientras Imma (Tullia Venezia) es una joven que estudia en el conservatorio y aspira a mudarse a Nueva York. La serie retrata un entorno sin futuro en el barrio marginal de Secondigliano, y en este sentido no contiene la aproximación al mal y la oscuridad formal de la historia original, con jóvenes que parecen atrapados, como Angiolè, A' Sirena (un excelente Francesco Pellegrino) o el pequeño huérfano Fucariello (el descubrimiento Antonio Incalza).
La Italia de los años setenta, con sus aspiraciones de revolución e ideales sociales, se propone como un trasfondo de vidas que no tienen acceso a esos ideales, mientras Angiolè trata de complacer a Don Antò (Ciro Capano), jefe de Forcella y padre de Michele Villa, ‘o Sant (Renato Russo), un joven impulsivo que aspira a heredar su negocio. Cuando habla con su tío, Angiolè hace referencia a la ira que lleva dentro como un sentimiento que le devora, un refugio de la desesperanza que se extiende por los habitantes de Secondigliano, que él mismo aspira a controlar gracias al servicio que ha hecho a Don Antò. Pero las relaciones se transforman y Angiolè pasa de controlar el juego ilegal en un bar de mala muerte, a convertirse en el principal contrincante del capo mafioso. Como hemos dicho, Pietro es el protagonista y muchas de las situaciones las vemos desde su propia mirada, pero la serie aspira a construir un universo propio, y el desarrollo de una segunda temporada ya confirmada promete ser más épico que esta primera. También se introducen personajes como Annalisa Maglioca (Fabiola Balestriere), a la que en la serie original conocimos como Scianel, pero que ahora es una joven madre víctima de los celos violentos de su marido, y en los epílogos de cada episodio la acción se traslada a la prisión de Poggioreale donde surge la figura de O Paisano (Flavio Furno), quien comienza a reunir a miembros de la mafia para crear una "nueva Camorra", que se intuye que será protagonista en la segunda temporada. En esta historia de desesperanza, hay sin embargo momentos de optimismo y vitalidad, marcada por una selección musical estupenda y una excelente banda sonora de Pasquale Catalano que incluye en su tema principal un silbido interpretado por Marco D'Amore, como si fuera una referencia a las grandes composiciones de Ennio Morricone en los años setenta. Entre ese mundo de violencia surge una historia de amor entre Pietro e Imma que aporta cierta luminosidad, como cuando en el Episodio 5 (T1E5) se reúnen con los vecinos del barrio de Secondigliano para ver en una pequeña pantalla de televisión la serie Sandokán (RAI, 1976), cantando juntos el tema principal de Guido & Maurizio De Angelis. Como hemos visto en otras producciones italianas, la reproducción de la ciudad de Nápoles en los años setenta es sobresaliente, construyéndose el barrio de Secondigliano en un gran estudio cinematográfico en San Giovanni a Teduccio, una zona que se conoció en alguna época como el Bronx de Nápoles. Frente al retrato de las las ambiciones de poder de criminales despiadados, Gomorra. Le Origini habla sobre los sueños de un grupo de jóvenes que albergan alguna esperanza de futuro y viven la muerte como algo lejano e intangible, pero a la que se acercan inevitablemente, como en el primer asesinato que comete Pietro en el Episodio 4 (T1E4): "Mamá, tu hijo es un asesino. Hoy he matado a un hombre". Y esta consciencia de una condición que sabemos que no le abandonará, se siente mucho más pesada y rotunda.
 |
SandokánTemporada 1 | RAI | Italia, Francia 2025 | 8x52' ★★☆☆☆ Creada por Davide Lantieri, Scott Rosenbaum, Alejandro SermonetaDirigida por Jan Michelini, Nicola Abbatangelo
|
Después de una producción que tuvo que retrasarse por el coronavirus en 2021, uno de los proyectos más ambiciosos de la televisión pública italiana RAI se estrenó en diciembre en Italia, con más de 6 millones de espectadores en sus primeras emisiones, y el pasado mes de enero a través de Netflix en algunos territorios internacionales, aunque en España los derechos de emisión pertenecen a Mediaset, que todavía no ha anunciado fecha ni formato de estreno. Directamente basada en la miniserie italiana Sandokán (RAI, 1976), que se estrenó originalmente con doce episodios de 30 minutos, aunque en otros países se redujo a seis episodios de una hora de duración, la nueva Sandokán (RAI, 2025) no adapta exactamente ninguno de los once libros que le dedicó el escritor Emilio Salgari (1862-1911, Italia) al personaje apodado El Tigre de Malasia, sino que se anuncia como inspirada en sus personajes, permitiéndose cierta libertad para introducir cambios aunque básicamente toma elementos de la primera novela, publicada por entregas, Los tigres de Mompracem (1900, Ed. Debolsillo), recogida en España en un volumen recopilatorio. Pero incluso la temporada termina justo en el momento en que Sandokán se dirige a la isla de Mompracem, que se convertirá en su principal refugio, y los guionistas han dado al personaje un origen más ambiguo refiriéndose a su infancia en una tribu nativa aislada, en lugar del origen malasio que tiene en la novela. Posiblemente para justificar el protagonismo del actor turco Can Yaman, con rasgos claramente europeos que poco se asemejan a los dayak, indígenas de Borneo de donde proviene el personaje, al contrario de lo que ocurría con Kabir Bedi quien, aunque británico, es de origen indio. En todo caso, esta producción de clara vocación internacional que está rodada en inglés, necesitaba una estrella y Can Yaman lo es especialmente en Italia, donde reside desde hace años, aunque a través del éxito de las telenovelas turcas. Esta inspiración permite introducir modificaciones, pero los elementos principales de los libros permanecen. Situada en Borneo, en el año 1845, la historia se aleja del origen de Sandokán (Can Yaman) como mano derecha de un príncipe malasio para convertirlo en el superviviente de una tribu masacrada por soldados ingleses liderados por Lord Guillonk (Owen Teale), padre de Lady Marianne (Alannah Bloor), que es la prometida del capitán James Brooke (Ed Westwick) pero que acabará secuestrada por los piratas y enamorada del protagonista. Entre los miembros de ese grupo de rebeldes que se enfrentan al control del comercio en el sudeste asiático por parte del Imperio Británico, se encuentran el portugués Yáñez de Gomera (Alessandro Preziosi, al que podemos ver en Portobello (HBO Max, 2025)) y hasta el propio Emilio Salgari (Samuele Segreto). Se trata de una licencia que recuerda a aquellas memorias sobre el autor italiano que escribió Lorenzo Chiosso, tutor de sus hijos, en un momento de exaltación de su figura para la causa fascista de Mussolini, en las que se inventó que Emilio Salgari había conocido al verdadero Sandokán en uno de sus viajes a Malasia, aunque en realidad el escritor apenas salió de Italia en su vida y desde luego nunca viajó a Malasia.
Rodada principalmente en localizaciones de la región italiana de Calabria y en un estudio cinematográfico de Formello, en la provincia de Roma, Sandokán quiere ser ambiciosa en la reproducción del entorno y en el desarrollo de una historia que se alarga hasta episodios de una hora de duración. Y pretende aportar un cierto humor travieso en la relación entre algunos personajes, especialmente entre Sandokán y Yáñez de Gomera, lo que no termina de funcionar del todo, al igual que tampoco funciona la química entre Marianne y el guerrero para elaborar un romance que se siente apresurado y poco romántico. Si bien Can Yaman tiene el físico adecuado para interpretar al personaje aunque le falten rasgos asiáticos, sus limitaciones como actor se hacen patentes en la representación de un protagonista que parece demasiado plano, que no divierte cuando es más atrevido, ni refleja el trauma por la pérdida de su familia. También perjudica a la nueva versión una excesiva reverencia a la serie de 1976, de la que solo se produjo una temporada, aunque Kabir Bedi protagonizó varias películas como el personaje. Tanto, que la música del grupo de rock Calibro 35 utiliza constantemente la popular canción compuesta por Guido & Maurizio De Angelis para la serie original, no ya como tema principal sino como recurso repetitivo. Los hermanos De Angelis fueron compositores de la música de algunas de las películas italianas más populares de la época, especialmente las comedias de acción protagonizadas por Bud Spencer y Terence Hill, y de series como Orzowei (RAI, 1976-1977). Esta mirada referencial a la producción de los años setenta, incluso se ha anunciado un posible cameo de Kabir Bedi para la segunda temporada, se convierte también en un recordatorio que cuestiona la necesidad de retomar una historia sin aportar elementos realmente diferenciadores. Es cierto que hay una mirada más directa hacia la esclavitud que ejerce el Sultán Muda Hashim (Matt McCooey) amparada por el protectorado británico, pero hay una escasa profundidad en los aspectos geopolíticos de mediados del siglo XIX, a pesar de la larga duración de los episodios. Por el contrario, Sandokán parece tener la vocación de un relato de aventuras por encima de todo, sin conseguir que tampoco en este aspecto resalten unas escenas de acción que se sienten decepcionantes, con luchas de espadas que parecen sacadas de primero de esgrima en una escuela de teatro. La primera parte de la temporada dedicada a la impostura de Sandokán como si fuera una víctima de su banda de piratas, dentro del palacio de Lord Guillonk, resulta demasiado endeble y poco intensa, mientras que la segunda parte, que se desarrolla en Singapur (recreado en los estudios Cinecittá), durante el secuestro de Marianne y el reencuentro de Sandokán con sus orígenes, acaba siendo caótica narrativamente, incluso con una ceguera momentánea en el episodio In the dark (T1E6) que resulta bastante ridícula. La nueva versión de Sandokán se encuentra entre un melodrama telenovelero y una historia de aventuras torpemente realizada, pero ni siquiera consigue tener demasiada sustancia.
 |
Absolute 100Miniserie | Telekom Srbija | Serbia 2025 | 6x50' ★★★★☆ Creada por Srdan Golubović, Ivan KneževićDirigida por Srdan Golubović, Stefan Ivančić, Katarina Mutić, Nikola Stojanović
|
El debut en el largometraje del director Srdan Golubović (1972, Serbia) le colocó en una posición destacada dentro del panorama internacional: Tiro al blanco (2001) se consolidó como una de las propuestas más sólidas de una época que provenía directamente de la revolución del 5 de octubre de 2000, cuando miles de yugoslavos se lanzaron a las calles de Belgrado para protestar contra la anulación de unas elecciones que había perdido Slobodan Milošević, quien al año siguiente enfrentaría cargos por crímenes de guerra en el Tribunal Penal Internacional. La historia seguía a dos hermanos deportistas de tiro al blanco: Igor, que había sido reclutado como francotirador en la guerra y regresó traumatizado, y Sasha, quien se está preparando para el campeonato de tiro al blanco pero decide utilizar sus habilidades contra los traficantes que acosan a su hermano. Hace unos años, Srdan Golubović y el guionista Ivan Knežević decidieron adaptar esta historia a la actualidad, manteniendo la trama central, pero incorporando elementos más contemporáneos: la historia se convirtió en una miniserie y el personaje del hermano menor cambió de género para ser incorporado por una protagonista femenina. Tras su conclusión, Absolute 100 (Telekom Srbija, 2025) permaneció incomprensiblemente guardada durante dos años en los archivos de la televisión pública serbia, hasta que el año pasado tuvo su estreno mundial en el Festival de Karlovy Vary, donde en una inusual sesión especial se proyectaron las cinco horas completas de la miniserie. Uno de los directores de la serie apuntaba en Karlovy Vary que hay varias producciones supervisadas por la televisión pública que permanecen sin estrenar, pero sin que se justifique de forma oficial. El perfil público de Srdan Golubović, un director que expresa abiertamente sus opiniones políticas y que está consolidado internacionalmente gracias a películas como Círculos (2013) y Padre (2020), y la existencia de una supuesta lista negra del gobierno en la que están incluidos determinados creadores se barajan como posibles razones. Así que sus responsables decidieron proponer el estreno en el festival y distribuirla en países como Francia. La historia es parecida a la del largometraje, protagonizada en esta ocasión por Sonja (Anita Ognjanović), una joven que está demostrando su habilidad para el tiro al blanco y que está a punto de clasificarse para el campeonato nacional de ese deporte. Pero su entorno familiar es complejo: su padre (Boris Isaković) es un veterano discapacitado de la guerra de los Balcanes acosado por el desalojo debido a las deudas que acumula, que vive en un pequeño apartamento de Nuevo Belgrado, un proyecto de desarrollo urbano tras la 2ª Guerra Mundial, siendo una de las zonas más bombardeadas durante la guerra de 1999. Mientras que su hermano Vuk (Miodrag Dragičević), que trata de ayudar a Sonja en su carrera deportiva, está envuelto en una pandilla de narcotraficantes liderada por Mili (Marko Grabež). Cuando Vuk es testigo de un asesinato perpetrado por uno de los colaboradores de Mili, es obligado a esconderse para no convertirse en otra víctima, pero Sonja solo ve una manera de proteger a su hermano, usando su puntería en el tiro al blanco para matar a quien le está persiguiendo. El asesinato sin embargo provoca una auténtica perturbación en la zona, con la intervención del inspector Mirković (Muhamed Hadžović), quien investiga el caso de forma minuciosa, el padre de Mili, el empresario de negocios dudosos Aleksandar Milić (Dejan Čukić), y un jefe de policía corrupto interpretado por Vuk Kostić, quien interpretó a Sasha en la película original.
A través del recurso del thriller, que recogía elementos del cine norteamericano, Tiro a blanco abordaba directamente temas como la permanencia del trauma y las consecuencias de la experiencia en la guerra, expresada desde la perspectiva de los dos hermanos protagonistas. En Absolute 100, el formato de miniserie permite a los creadores centrarse en otros temas manteniendo algunos que se trataban en el largometraje, como ese post-traumatismo del ex-soldado, aquí representado por el padre de Sonja y Vuk. Pero ella, una joven de 19 años a la que el conflicto bélico le resulta ya lejano, solo expuesto desde la discapacidad de su padre, afronta otras circunstancias que reflejan los desafíos actuales en un barrio marginal de la ciudad de Belgrado. Esta actualización de los temas beneficia a una historia que mantiene un alto grado de tensión, incluso aunque los mejores episodios sigan siendo los que dirige el propio Srdan Golubović, con momentos de suspense especialmente logrados. Él se ha encargado del primer episodio y de los dos últimos, mientras que el resto corren a cargo de tres de sus antiguos alumnos de cine: Stefan Ivančić , Katarina Mutić y Nikola Stojanović. También permanecen algunas de las influencias de las historias de investigación internacionales, como la figura del inspector Mirković, un investigador peculiar que toca la trompeta y se guía por un sentido de la moral que le aleja del retrato de la corrupción policial que se muestra en sus superiores. Al mismo tiempo que compone una trama de thriller, esta lograda revisión de la historia original consigue introducir el reflejo de una sociedad que todavía trata de sobrevivir en medio de los traumas y de los recuerdos, que incluso impregnan a las generaciones más jóvenes. Y el enfoque menos masculinizado que el que tenía la película permite una mayor amplitud en la perspectiva de los acontecimientos. Sonja se mueve en un mundo de hombres del que trata de escapar a través de la disciplina deportiva del tiro al blanco, pero acaba atrapada por la violencia y la decadencia de una sociedad destrozada, y el trabajo de la joven actriz Anita Ognjanović es extraordinario, en la forma en que expresa esa ansiedad permanente en la que vive. Este retrato de vidas arruinadas, endeudas y envueltas en dinámicas de poder y en una especie de normalización de la corrupción ofrece una mirada nada complaciente hacia un país como Serbia, rodeada de tristes paisajes de edificios compactados que provocan una mayor asfixia, pero que también sirven a la protagonista como un adecuado entorno laberíntico que le permite usar su habilidad de francotiradora. Absolute 100 es una destacada miniserie que nos devuelve el pulso de un director que siempre ha estado interesado en retratar las dinámicas familiares en entornos hostiles, como esa frustrante lucha por la custodia de su hijo que lleva adelante el protagonista de la película Padre (2020). Y, a pesar de un cierto desequilibrio en los episodios centrales, consigue establecer un notable paralelismo entre un thriller lleno de tensión y un drama psicológico sobre personajes que tratan de sobrevivir en una sociedad que se siente fracasada.
 |
The Gray houseMiniserie | Prime Video USA | Estados Unidos 2024 | 8x70' ★★★☆☆ Creada por Darrell Fetty, Leslie Grief, John SaylesDirigida por Roland JofféFestival de Montecarlo '24: Inauguración
|
Otra serie que ha permanecido archivada hasta ahora después de que inaugurara con todos los honores el Festival de Montecarlo hace dos años es The Gray House (Prime Video, 2024), una ambiciosa mirada a la Guerra Civil norteamericana con nombres tan sólidos como John Sayles colaborando en el guión, dirigida por Roland Joffé (1945, Inglaterra), reconocido director hace unas décadas por sus películas Los gritos del silencio (1984) y La Misión (1986), y producida por Morgan Freeman, Kevin Costner y Leslie Grief, responsable de la aclamada miniserie Hatfields & McCoys (History Channel, 2012). A pesar de sus responsables, la serie distribuida por Paramount Global solo fue adquirida a finales del año pasado por Prime Video USA para su estreno en Estados Unidos, que hasta este fin de semana no la ha emitido finalmente. En su formato de ocho episodios cuya duración oscila entre sesenta minutos y una hora y veinte, la propuesta recuerda a las grandes miniseries que se producían en los años setenta y ochenta, sobre todo con Raíces (ABC, 1977), estructurada de la misma forma, pero en su aspecto formal la representación de la alta sociedad de Virginia y su entorno guerracivilista remite a Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939). Creada por Leslie Grief y Darrell Fetty, que fueron también los responsables de Texas rising (Channel History, 2015), la anterior miniserie dirigida por Roland Joffé, el acercamiento a la guerra de Secesión a través de las propietarias blancas de una mansión que forman parte en secreto del conocido como Ferrocarril Subterráneo, una red de ayuda a los esclavos negros, se presenta como una grandilocuente crónica sobre la guerra civil norteamericana que tropieza en la exposición de las tramas y resulta menos convincente en la representación del pueblo de Richmond, a veces envuelto en cierto aroma de cartón piedra. La serie fue rodada íntegramente en Rumanía, en algunos barrios característicos de Bucarest como el distrito de Primăverii y en unos estudios cinematográficos en la capital rumana. Comienza el 4 de julio de 1860, ocho meses antes del estallido de la guerra civil entre el Sur esclavista y el Norte abolicionista, previo a la autoproclamación de Jefferson Davis (Sam Trammell) como presidente de la Confederación del Sur, durante un baile de sociedad para celebrar el Día de la Independencia, organizado por Eliza Van Lew (Mary-Louise Parker) y su hija soltera Elizabeth Van Lew (Daisy Head). Ellas representan una apariencia de damas integradas en un entorno esclavista, mientras en secreto ayudan a jóvenes sometidos a huir de sus dueños con la ayuda de su porteador Isham Worthy, interpretado por el veterano Ben Vereen, del que todavía recordamos su trabajo en películas como Empieza el espectáculo (Bob Fosse, 1979). En el largo episodio Nothin' like the Fourth of july (T1E1), que dura casi una hora y veinte minutos, se presenta a otras protagonistas, como la joven sirvienta Mary Jean (Amethyst Davis), una joven que regresa de Liberia tratando de llegar a The Gray House, que al parecer está inspirada en algunas crónicas reales, y la prostituta Clara Parish (Hannah James), que afrontará la llegada de la guerra con un espíritu más pragmático. En la red de espionaje que se vuelve más activa conforme se acerca la guerra civil, también tiene una especial importancia una figura misteriosa a la que llaman The Shadow Man que sirve como enlace para la familia Van Lew, ocultando su rostro. Alrededor de esta trama principal se crea un entorno de personajes y subtramas que no siempre resultan interesantes, y a veces da la sensación de que podrían haberse eliminado para desatascar el desarrollo de la historia. Lo que no se le puede negar a un guión en el que se apunta la colaboración del aclamado guionista John Sayles sin que se detecte realmente cuál ha sido su aportación, es su ambiciosa mirada, que introduce en el episodio First blood (T1E3) acontecimientos relevantes como la batalla de Bull Run, en julio de 1861, en una imagen curiosa con miembros de la alta sociedad y periodistas observando el combate como espectadores desde una colina, y personajes secundarios como John Wilkes Booth (Charles Craddock), el asesino de Abraham Lincoln (Don Mullen), aunque no se aborda directamente este suceso.
Hay que acercarse a una serie que se proclama como inspirada en hechos reales, aunque cuenta en los créditos con consultores históricos, con cierta credulidad frente a la fidelidad a los acontecimientos que describe, pero es cierto que durante la guerra civil se desarrolló en Richmond un entramado de colaboradores con el bando abolicionista, especialmente cuando Jefferson Davis estableció la ciudad como capital de los Estados Confederados de América, después de la victoria en Bull Run. The Gray House refleja acertadamente las distintas formas con las que la proclamación del estado secesionista afectó a unos y a otros: "No importa lo bien que me traten las señoras Van Lew, este mundo les pertenece a ellas, no a nosotros. No habrá un lugar para nosotros mientras no seamos quienes nos rebelemos", dice Mary Jean, ahuyentando en cierta manera la posibilidad de que la historia sea percibida como otro relato de salvadora blanca de esclavos negros. La serie tiene más problemas para hacer creíbles algunas subtramas de ficción, como la intermitente relación entre Elizabeth, que no oculta su pensamiento abolicionista, y su pretendiente Hamton Arsenault (Colin Morgan), un caballero de Luisiana que termina como oficial en las tropas confederadas, mientras utiliza el trazo grueso para representar a los antagonistas esclavistas, especialmente el agente de la ley Stokely Reeves (Paul Anderson) y el cazador de esclavos Bully Lumpkin (Robert Knepper), dos personajes tan perversos que parecen caricaturas. Hay un intento de ofrecer tantas perspectivas que la historia principal se resiente y se desequilibra, mientras a veces la representación de la atmósfera bélica parece demasiado estereotipada, pero no se puede negar que Roland Joffé aporta su oficio en la dirección, incluso cuando resulte algo inflada por el uso de panorámicas y grúas que tratan de aportar cierto carácter épico a las imágenes. Y a pesar de que en algunos momentos las calles de Richmond tengan poca credibilidad, el diseño de producción consigue que Rumanía parezca Virginia y algunos paisajes exteriores adquieren un aliento bucólico, como en los primeros momentos en los que Elizabeth y Hamton todavía mantienen un ligero acercamiento romántico antes de que la guerra les separe. Sin embargo, The Gray House no resulta especialmente deslumbrante en cuanto a la representación de la guerra y la alta sociedad, pero el diseño de producción funciona con solvencia. Lo que más sorprende es que, a pesar de estar rodeada de tantos nombres destacados, la sensación que transmite es de absoluta medianía, sobre todo cuando se va acercando a una resolución que pretende reflejar el caos del final de la guerra. Como en la banda sonora, en la que se vuelven a reunir los estupendos compositores Bruce Broughton y John Debney tras colaborar juntos en Texas rising, pero sin que destaque demasiado un trabajo musical que resulta solamente funcional. Incluso se incluye en los créditos finales una canción compuesta por Diane Warren, la eterna nominada al Oscar, también este año por el documental sobre su trayectoria profesional Diane Warren: Relentless (Bess Kargman, 2024). También se ha hablado mucho estos días de los acentos sureños exagerados, especialmente en el caso de Mary Louise Parker y otros actores principales, y ciertamente a veces suenan extraños. Aunque trate de reconocer la labor de las heroínas, anónimas o no, en la lucha contra la esclavitud en medio de una guerra en la que el Sur se jugaba su principal soporte económico basado en la opresión, la profusión de personajes y tramas en The Gray House acaba absorbiendo el protagonismo de los personajes principales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario