Cuando ha alcanzado el ecuador de su semana de proyecciones, el festival Visions du Réel otorgó su Premio Honorífico a la cineasta Kelly Reichardt (1964, Miami), una figura central del cine independiente estadounidense. La ceremonia de entrega comenzó con un homenaje a la cineasta a cargo de Emilie Bujès, quien celebra su última edición como directora artística del festival, seguido de un tributo de la cineasta canadiense Brett Story, miembro del jurado de la Competencia Internacional de Largometrajes, y la proyección de su última película, The mastermind (Kelly Reichardt, 2025), que se puede ver en la plataforma Mubi. La realizadora norteamericana debutó en el cine con River of grass (1994), que recibió tres premios Independent Spirit, a la que siguieron adaptaciones de cuentos de Joy Raymond: Old Joy (2006) y Wendy y Lucy (2008). Entre sus últimos trabajos se encuentra la celebrada First cow (2019), una visión particular sobre los temas y relaciones personales que ha explorado a lo largo de su filmografía. Si bien está arraigada en la ficción, la obra de Kelly Reichardt coquetea con el "cine de la realidad" en muchos aspectos: el anti-sensacionalismo, una producción económica, cierta contención narrativa y formal, la adaptación del guión a los contextos de rodaje y la inmersión de sus equipos en las condiciones de vida de los lugares filmados. A través de su atención a los gestos cotidianos, los lugares y las marginalidades, la cineasta transforma la ficción en una herramienta sensible y ética para observar el mundo. En nuestro repaso a la programación de Visions du Réel nos acercamos a historias reales que parecen futuros presentes, pero también a las huellas del pasado que modifican la percepción de nuestra realidad actual.
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HeatJacqueline ZündSuiza 2026 | 86' | Competición de Largometrajes | ★★★★☆ |
En su primera película de ficción, Don't let the sun (2025), presentada en la sección Cineastas del Presente del Festival de Locarno, la directora suiza Jacqueline Zünd exploraba cómo factores como el cambio climático afectan a las relaciones entre los personajes, un tema que vuelve a tratar en su último documental, Heat (Jacqueline Zünd, 2026), que ella misma considera una extensión de aquella película. De hecho, durante la preparación de la historia de ficción surgió la idea de realizar un documental sobre cómo afectan las temperaturas extremas de calor a la forma de vivir de las personas en países del Golfo Pérsico, donde se llegan a alcanzar temperaturas de más de 50º centígrados. El conocido meteorólogo Essa Ramadan, que convierte su programa de información meteorológica desde Kuwait en un espacio para dar consejos sobre cómo afrontar las altas temperaturas, predice que llegará un momento en el que lugares como Dubai serán inhabitables, alertando sobre las consecuencias del calentamiento global: "Pero nadie escucha", afirma. En Dubai, los más ricos se pueden permitir el lujo de no salir nunca al exterior, siempre bajo la seguridad del aire acondicionado de los grandes espacios cubiertos que les permiten trabajar o practicar deporte sin salir. Pero Essa también pregunta: "¿Qué pasaría si hubiera un corte de electricidad?", una cuestión que resulta más que pertinente en medio de una crisis energética como la que estamos viviendo. Las altas temperaturas también afectan de manera diferente a las clases sociales, es más, funcionan como una amplificación de estas diferencias: los ricos de Dubai dejan sus negocios en manos de sus empleados durante el verano para marcharse a la menos calurosa Kuwait. Mientras, la joven keniana Sophy Njeri Jagnath camina con un paraguas bajo el abrasador sol para acudir a un trabajo particular como camarera en un bar-iglú, donde la temperatura permanente es de -6º centígrados, una experiencia que ella misma califica como una tortura: "Se me congela la piel durante toda la jornada de trabajo y después me derrito bajo el calor del exterior". La propuesta visual y sonora de la directora Jacqueline Zünd es la de trasladar al espectador la sensación de asfixia que provoca el calor extremo a través de una fotografía del alemán Nikolai Von Graevenitz que captura las coloraciones del exterior, de tono amarillento, contrastando con las del interior de lugares como el azulado del bar-iglú o el blanco intenso de las grandes superficies comerciales de Dubai. Heat construye de esta forma un presente que parece distópico, con paisajes de grandes rascacielos en medio de un desierto donde solo puede soportarse la vida en interiores, tan dependiente de la energía que la mantiene que acaba resultando sobrecogedor. Otro de los protagonistas es Francis Nanseera, un joven repartidor de Uganda que trabajaba durante doce horas. Cuenta su historia desde su lugar de origen, porque tuvo un conflicto con la empresa en la que trabajaba cuando presentó una queja por el dinero que le debían, y acabó siendo deportado. Pero está representado a través de la figura de un motorista al que nunca vemos el rostro, oculto bajo un casco, que sirve como ejemplo de los miles de repartidores que trabajan para que los habitantes de estos países no tengan que salir de sus casas, pero sometidos a golpes de calor que han dejado víctimas mortales de las que nadie habla.
La película comienza con imágenes de espejismos reales que se pueden ver en el desierto de Asuán, en Egipto, donde las condiciones atmosféricas producen distorsiones ópticas, trasladando esta sensación de calor a través de las sonoridades de viento. Y termina con imágenes grabadas en Súper-8 que ofrecen una sensación de que el presente está contado como si fuera un pasado, prediciendo ese futuro inhabitable que mencionaba el meteorólogo Essa Ramadan. En su programa ofrece consejos, como escuchar música tranquila en el coche en vez de canciones rock porque éstas pueden alterar aún más los nervios añadidas a la sensación de calor, e incluso conyugales, advirtiendo que durante el verano se producen el mayor número de divorcios. En estos lugares de calor extremo, el hielo se convierte en un elemento de vida, y precisamente son grandes bloques de hielo los que traslada a la costa algunas noches la agente inmobiliaria Carina Bouali en la ciudad de Sharjah, Emiratos Árabes Unidos, para que una manada de gatos callejeros pueda evitar los golpes de calor. Ella confiesa que en una etapa depresiva en la que lloraba en su coche se encontró con esos gatos mirándola y acabó sintiendo una especie de conexión, que la ha llevado a tratar de mantener su supervivencia con comida y agua. El documental Heat elige cuidadosamente a sus protagonistas para contar historias diversas que afectan a diferentes clases sociales, pero evitando los lugares comunes, como no acercarse a los trabajadores de la construcción, generalmente trabajando en condiciones extremas, y en muchos casos haciéndolo solo por las noches porque durante el día es imposible soportar las altas temperaturas. Por el contrario, elige a cuatro protagonistas principales que representan cómo el calentamiento global también es una forma de ampliar las desigualdades sociales entre clases altas que pueden encontrar espacios de seguridad y trabajadores que se ven sometidos al calor extremo. El problema surgirá cuando esos empleados ni siquiera puedan soportar la vida en el exterior y eso afecte a la propia forma de vida de los privilegiados. La película tiene la virtud de abordar un tema tan habitual como el cambio climático sin tratarlo directamente, solo reflejando las consecuencias que ya son perceptibles. Y eso la convierte en una propuesta singular que también propone una reflexión profunda sobre las ciudades artificiales construidas por el hombre que están condenadas a desaparecer en un futuro próximo.
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Du soleil et du plomb (The price of the sun)Jérôme le MaireBélgica, Francia, Marruecos 2026 | 91' | Competición de Largometrajes | ★★★★☆ |
El director Jérôme le Maire (1969, Bélgica) se ha acercado a los paisajes del desierto de Marruecos en anteriores ocasiones, especialmente en sus documentales Où est l’amour dans la palmeraie? (2006) y Le thé ou l'électricité (2012), ambos nominados a los Premios del Cine Europeo y ganadores de premios internacionales. Y en cierta manera se podría ver su último trabajo, Du soleil et du plomb (Jérôme le Maire, 2026), como otra versión de Le thé ou l'électricité, en el que se acercó a los habitantes de una pequeña población del Alto Atlas marroquí a los que les prometían la llegada de la electricidad, pero con el coste de una modernidad que iba cercando al pequeño pueblo entre postes de energía. Mientras que en ésta, una comunidad bereber de la meseta de Midelt se ve afectada en sus labores de pastoreo y su forma de vida por la implantación del mayor parque eólico de Marruecos. En las noticias, el gobierno anuncia que la capacidad de generar energía por parte de estos inmensos molinos de viento permitirá llegar a amplias regiones del país, pero conforme se desarrollan las obras, el paisaje del desierto se llena de excavadoras y es delimitado por vallas que rompen completamente los caminos por los que pastorean los bereberes. El director elige la pantalla panorámica para establecer al comienzo la amplitud del paisaje desértico, pero este formato también le sirve para subrayar la presencia cada vez más invasiva de las máquinas y las separaciones. Inevitablemente, la vida de la comunidad se ve transformada, aunque las generaciones más jóvenes encuentran beneficios en la participación como trabajadores en la propia construcción, lejos de la tradicional pero poco productiva dedicación de sus familias. En Du soleil et du plomb se establece la tradicional confrontación entre la modernidad y la tradición, pero también hay algunos paralelismos interesantes con la apropiación de tierras durante la colonización. La construcción de este parque eólico acaba siendo otra forma de colonización, teóricamente en beneficio de todos, pero sin tener en cuenta las necesidades de los pastores. La comunidad con la que el director ha convivido durante dos años se da cuenta, por ejemplo, de que su acceso al agua ahora está restringido porque es necesaria para las obras, mientras las vallas se apoderan del paisaje estableciendo recorridos cada vez más difíciles para los rebaños. En la estructura narrativa, la película establece al principio una mirada etnográfica que muestra cómo la comunidad Aït Meghrad es inevitablemente dependiente de los pocos recursos naturales que les proporciona el desierto, mientras lentamente introduce la invasora aparición del cemento y las excavadoras. En su concepción visual, el director sitúa a los pastores generalmente en contraposición con el volumen de las obras, empequeñecidos y vulnerables. La narrativa silenciosa del principio va dando paso al ruido de las máquinas, pero también a las conversaciones entre los habitantes de la comunidad bereber.
La defensa de las energías renovables a menudo olvida la profunda desigualdad que provoca la construcción de grandes parques eólicos, el desplazamiento forzoso de las comunidades y esa especie de post-colonización que se establece en las regiones más desfavorecidas del planeta. El gobierno marroquí ha establecido un objetivo del 52% de su dependencia energética en las renovables para el año 2030, pero la mayor parte de los parques solares y eólicos que se están construyendo lo hacen a través de empresas francesas. Las narrativas que se difunden a través de los medios de comunicación hacen referencia a la capacidad de dar electricidad a una buena parte de la población, pero estos discursos parecen lejanos a las consecuencias que estos parques tienen en los propios habitantes del desierto, como si se tratara de comunidades prescindibles que parecen condenadas a marcharse. Esta representación de las desigualdades está marcada en Du soleil et du plomb en las propias conversaciones internas entre los jóvenes y los más veteranos, surgiendo la sombra del desplazamiento, como el de un joven que ha tomado la decisión de marcharse junto a su familia a la ciudad de Sidi Ayad: "Trabajaré en lo que surja. Nos vamos a la ciudad por el bien de nuestros niños. Ya no podemos quedarnos más en el desierto". El plomo del título surge como una esperanza nueva para la comunidad, que ahora ha visto cómo el que se encuentra en las rocas puede venderse como un recurso necesario. Mientras golpean las rocas del desierto para extraer el plomo, las mujeres hablan de los coches eléctricos que se han desarrollado en las grandes ciudades: "Los ricos ya no compran coches de gasolina que contaminan el planeta", dice una de ellas, refiriéndose a una sociedad lejana que ha acabado extendiendo la repercusión de sus necesidades energéticas al mismo desierto. Curiosamente, una de las fuentes de plomo que les queda está en las huellas de la época colonial, entre los restos de una antigua mina de plomo que le proporcionó cierta prosperidad a la zona. Frente al paisaje del desierto ahora presidido por los gigantescos molinos de viento, una de las últimas imágenes de la película es la de un niño estudiando un libro de texto. La educación como la única esperanza de futuro.
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ReplicaChouwa LiangAustralia, Francia, China 2026 | 92' | Grand Angle | ★★★☆☆Tesalónica '26: Alexander de Plata NewcomersDocsbarcelona '26: Competición Oficial |
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Whispers in MayDongnan ChenHong-Kong, Países Bajos, Corea del Sur, Suecia 2026 | 95' | Grand Angle | ★★★★☆CPH:DOX '26: Dox:Award Mejor Documental |
La tradición en la comunidad Yi de Liangshan es que las mujeres deben estrenar tres faldas a lo largo de su vida: la de la adolescencia, la del matrimonio y la de la muerte. La llegada de la menstruación supone un paso de la edad infantil a la edad adulta que en algunas familias se adopta como una ocasión para desprenderse de la educación de las hijas y entregarlas a un marido impuesto, aunque esta práctica está prohibida en China. Qihuo, la protagonista de Whispers in May (Dongnan Chen, 2026) se encuentra en ese momento, recién cumplidos los 14 años y habiendo experimentado su primera menstruación hace unos meses. Pero no se lo ha dicho a nadie, y sus circunstancias son particulares: sus padres han emigrado y trabajan fuera del país, mientras que su abuelo acaba de fallecer. Aunque la madre la empuja por teléfono a quedarse en casa de sus primos, Qihuo prefiere seguir viviendo en la antigua casa de su abuelo, aunque esté sola. Con malas calificaciones en la escuela, comparte juegos con sus dos amigas Atnyop e Itgop, a las que confiesa que ha empezado a menstruar, lo que supone una decisión importante entre contraer matrimonio o dejar la escuela y comenzar a trabajar en una fábrica. Las tres deciden llevar a cabo el rito del cambio de falda que consiste en disponer de un vestido tradicional que suele estar elaborado por la madre; pero la ausencia de ésta las lleva a plantearse comprarla en las tiendas del pueblo. Sin embargo, el vestido es demasiado caro, y les aconsejan que acudan a la localidad de Buxte, más allá de las montañas, donde encontrarán vestidos más económicos. De manera que la película se plantea como un viaje en el que las tres niñas, acompañadas por la hermana pequeña de una de ellas, se adentran en un largo camino entre bosques y paisajes montañosos en el que mantienen por última vez su espíritu infantil mientras una de ellas se enfrenta a la madurez. A lo largo de la película se cuenta la leyenda de Coqotamat, una tradición oral del folclore Nuosu sobre una madre que abandona a sus tres hijas en el bosque para salvar a su hijo, encontrando a una anciana que invita a las jóvenes a pasar la noche en su casa, aunque en realidad es una caníbal que devora a los niños. Hay similitudes con los cuentos occidentales de los hermanos Grimm, pero Coqotamat es una cambiaformas que se transforma en diferentes mujeres para atraer a los jóvenes, y las versiones del cuento difieren dependiendo de las comunidades. El que se narra en pequeños fragmentos a lo largo de la película también está impregnado de las propias versiones de las tres niñas protagonistas. Así, Whispers in May se convierte en una road-movie de iniciación que está dirigida con sensibilidad y permitiendo la improvisación de las tres amigas en la vida real. Y pertenece a ese género híbrido entre la base documental que ofrece la tradición, el paisaje y la relación entre las protagonistas, y la ficción de un viaje que está claramente perfilado a partir de un guión, al estilo de Three sisters (Wang Bing, 2012).
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No arreglen ni limpien mi habitación, a mí me gusta como estáIgnacio CeroiArgentina, Francia, España 2026 | 81' | Burning Lights | ★★★☆☆ |
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):





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