22 abril, 2026

Visions du Réel 2026 - Parte 2: Futuros presentes

Cuando ha alcanzado el ecuador de su semana de proyecciones, el festival Visions du Réel otorgó su Premio Honorífico a la cineasta Kelly Reichardt (1964, Miami), una figura central del cine independiente estadounidense. La ceremonia de entrega comenzó con un homenaje a la cineasta a cargo de Emilie Bujès, quien celebra su última edición como directora artística del festival, seguido de un tributo de la cineasta canadiense Brett Story, miembro del jurado de la Competencia Internacional de Largometrajes, y la proyección de su última película, The mastermind (Kelly Reichardt, 2025), que se puede ver en la plataforma Mubi. La realizadora norteamericana debutó en el cine con River of grass (1994), que recibió tres premios Independent Spirit, a la que siguieron adaptaciones de cuentos de Joy Raymond: Old Joy (2006) y Wendy y Lucy (2008). Entre sus últimos trabajos se encuentra la celebrada First cow (2019), una visión particular sobre los temas y relaciones personales que ha explorado a lo largo de su filmografía. Si bien está arraigada en la ficción, la obra de Kelly Reichardt coquetea con el "cine de la realidad" en muchos aspectos: el anti-sensacionalismo, una producción económica, cierta contención narrativa y formal, la adaptación del guión a los contextos de rodaje y la inmersión de sus equipos en las condiciones de vida de los lugares filmados. A través de su atención a los gestos cotidianos, los lugares y las marginalidades, la cineasta transforma la ficción en una herramienta sensible y ética para observar el mundo. En nuestro repaso a la programación de Visions du Réel nos acercamos a historias reales que parecen futuros presentes, pero también a las huellas del pasado que modifican la percepción de nuestra realidad actual. 

Heat

Jacqueline Zünd

Suiza 2026 | 86' | Competición de Largometrajes | ★★

En su primera película de ficción, Don't let the sun (2025), presentada en la sección Cineastas del Presente del Festival de Locarno, la directora suiza Jacqueline Zünd exploraba cómo factores como el cambio climático afectan a las relaciones entre los personajes, un tema que vuelve a tratar en su último documental, Heat (Jacqueline Zünd, 2026), que ella misma considera una extensión de aquella película. De hecho, durante la preparación de la historia de ficción surgió la idea de realizar un documental sobre cómo afectan las temperaturas extremas de calor a la forma de vivir de las personas en países del Golfo Pérsico, donde se llegan a alcanzar temperaturas de más de 50º centígrados. El conocido meteorólogo Essa Ramadan, que convierte su programa de información meteorológica desde Kuwait en un espacio para dar consejos sobre cómo afrontar las altas temperaturas, predice que llegará un momento en el que lugares como Dubai serán inhabitables, alertando sobre las consecuencias del calentamiento global: "Pero nadie escucha", afirma. En Dubai, los más ricos se pueden permitir el lujo de no salir nunca al exterior, siempre bajo la seguridad del aire acondicionado de los grandes espacios cubiertos que les permiten trabajar o practicar deporte sin salir. Pero Essa también pregunta: "¿Qué pasaría si hubiera un corte de electricidad?", una cuestión que resulta más que pertinente en medio de una crisis energética como la que estamos viviendo. Las altas temperaturas también afectan de manera diferente a las clases sociales, es más, funcionan como una amplificación de estas diferencias: los ricos de Dubai dejan sus negocios en manos de sus empleados durante el verano para marcharse a la menos calurosa Kuwait. Mientras, la joven keniana Sophy Njeri Jagnath camina con un paraguas bajo el abrasador sol para acudir a un trabajo particular como camarera en un bar-iglú, donde la temperatura permanente es de -6º centígrados, una experiencia que ella misma califica como una tortura: "Se me congela la piel durante toda la jornada de trabajo y después me derrito bajo el calor del exterior". La propuesta visual y sonora de la directora Jacqueline Zünd es la de trasladar al espectador la sensación de asfixia que provoca el calor extremo a través de una fotografía del alemán Nikolai Von Graevenitz que captura las coloraciones del exterior, de tono amarillento, contrastando con las del interior de lugares como el azulado del bar-iglú o el blanco intenso de las grandes superficies comerciales de Dubai. Heat construye de esta forma un presente que parece distópico, con paisajes de grandes rascacielos en medio de un desierto donde solo puede soportarse la vida en interiores, tan dependiente de la energía que la mantiene que acaba resultando sobrecogedor. Otro de los protagonistas es Francis Nanseera, un joven repartidor de Uganda que trabajaba durante doce horas. Cuenta su historia desde su lugar de origen, porque tuvo un conflicto con la empresa en la que trabajaba cuando presentó una queja por el dinero que le debían, y acabó siendo deportado. Pero está representado a través de la figura de un motorista al que nunca vemos el rostro, oculto bajo un casco, que sirve como ejemplo de los miles de repartidores que trabajan para que los habitantes de estos países no tengan que salir de sus casas, pero sometidos a golpes de calor que han dejado víctimas mortales de las que nadie habla. 

La película comienza con imágenes de espejismos reales que se pueden ver en el desierto de Asuán, en Egipto, donde las condiciones atmosféricas producen distorsiones ópticas, trasladando esta sensación de calor a través de las sonoridades de viento. Y termina con imágenes grabadas en Súper-8 que ofrecen una sensación de que el presente está contado como si fuera un pasado, prediciendo ese futuro inhabitable que mencionaba el meteorólogo Essa Ramadan. En su programa ofrece consejos, como escuchar música tranquila en el coche en vez de canciones rock porque éstas pueden alterar aún más los nervios añadidas a la sensación de calor, e incluso conyugales, advirtiendo que durante el verano se producen el mayor número de divorcios. En estos lugares de calor extremo, el hielo se convierte en un elemento de vida, y precisamente son grandes bloques de hielo los que traslada a la costa algunas noches la agente inmobiliaria Carina Bouali en la ciudad de Sharjah, Emiratos Árabes Unidos, para que una manada de gatos callejeros pueda evitar los golpes de calor. Ella confiesa que en una etapa depresiva en la que lloraba en su coche se encontró con esos gatos mirándola y acabó sintiendo una especie de conexión, que la ha llevado a tratar de mantener su supervivencia con comida y agua. El documental Heat elige cuidadosamente a sus protagonistas para contar historias diversas que afectan a diferentes clases sociales, pero evitando los lugares comunes, como no acercarse a los trabajadores de la construcción, generalmente trabajando en condiciones extremas, y en muchos casos haciéndolo solo por las noches porque durante el día es imposible soportar las altas temperaturas. Por el contrario, elige a cuatro protagonistas principales que representan cómo el calentamiento global también es una forma de ampliar las desigualdades sociales entre clases altas que pueden encontrar espacios de seguridad y trabajadores que se ven sometidos al calor extremo. El problema surgirá cuando esos empleados ni siquiera puedan soportar la vida en el exterior y eso afecte a la propia forma de vida de los privilegiados. La película tiene la virtud de abordar un tema tan habitual como el cambio climático sin tratarlo directamente, solo reflejando las consecuencias que ya son perceptibles. Y eso la convierte en una propuesta singular que también propone una reflexión profunda sobre las ciudades artificiales construidas por el hombre que están condenadas a desaparecer en un futuro próximo. 

Du soleil et du plomb (The price of the sun)

Jérôme le Maire

Bélgica, Francia, Marruecos 2026 | 91' | Competición de Largometrajes | ★★

El director Jérôme le Maire (1969, Bélgica) se ha acercado a los paisajes del desierto de Marruecos en anteriores ocasiones, especialmente en sus documentales Où est l’amour dans la palmeraie? (2006) y Le thé ou l'électricité (2012), ambos nominados a los Premios del Cine Europeo y ganadores de premios internacionales. Y en cierta manera se podría ver su último trabajo, Du soleil et du plomb (Jérôme le Maire, 2026), como otra versión de Le thé ou l'électricité, en el que se acercó a los habitantes de una pequeña población del Alto Atlas marroquí a los que les prometían la llegada de la electricidad, pero con el coste de una modernidad que iba cercando al pequeño pueblo entre postes de energía. Mientras que en ésta, una comunidad bereber de la meseta de Midelt se ve afectada en sus labores de pastoreo y su forma de vida por la implantación del mayor parque eólico de Marruecos. En las noticias, el gobierno anuncia que la capacidad de generar energía por parte de estos inmensos molinos de viento permitirá  llegar a amplias regiones del país, pero conforme se desarrollan las obras, el paisaje del desierto se llena de excavadoras y es delimitado por vallas que rompen completamente los caminos por los que pastorean los bereberes. El director elige la pantalla panorámica para establecer al comienzo la amplitud del paisaje desértico, pero este formato también le sirve para subrayar la presencia cada vez más invasiva de las máquinas y las separaciones. Inevitablemente, la vida de la comunidad se ve transformada, aunque las generaciones más jóvenes encuentran beneficios en la participación como trabajadores en la propia construcción, lejos de la tradicional pero poco productiva dedicación de sus familias. En Du soleil et du plomb se establece la tradicional confrontación entre la modernidad y la tradición, pero también hay algunos paralelismos interesantes con la apropiación de tierras durante la colonización. La construcción de este parque eólico acaba siendo otra forma de colonización, teóricamente en beneficio de todos, pero sin tener en cuenta las necesidades de los pastores. La comunidad con la que el director ha convivido durante dos años se da cuenta, por ejemplo, de que su acceso al agua ahora está restringido porque es necesaria para las obras, mientras las vallas se apoderan del paisaje estableciendo recorridos cada vez más difíciles para los rebaños. En la estructura narrativa, la película establece al principio una mirada etnográfica que muestra cómo la comunidad Aït Meghrad es inevitablemente dependiente de los pocos recursos naturales que les proporciona el desierto, mientras lentamente introduce la invasora aparición del cemento y las excavadoras. En su concepción visual, el director sitúa a los pastores generalmente en contraposición con el volumen de las obras, empequeñecidos y vulnerables. La narrativa silenciosa del principio va dando paso al ruido de las máquinas, pero también a las conversaciones entre los habitantes de la comunidad bereber. 

La defensa de las energías renovables a menudo olvida la profunda desigualdad que provoca la construcción de grandes parques eólicos, el desplazamiento forzoso de las comunidades y esa especie de post-colonización que se establece en las regiones más desfavorecidas del planeta. El gobierno marroquí ha establecido un objetivo del 52% de su dependencia energética en las renovables para el año 2030, pero la mayor parte de los parques solares y eólicos que se están construyendo lo hacen a través de empresas francesas. Las narrativas que se difunden a través de los medios de comunicación hacen referencia a la capacidad de dar electricidad a una buena parte de la población, pero estos discursos parecen lejanos a las consecuencias que estos parques tienen en los propios habitantes del desierto, como si se tratara de comunidades prescindibles que parecen condenadas a marcharse. Esta representación de las desigualdades está marcada en Du soleil et du plomb en las propias conversaciones internas entre los jóvenes y los más veteranos, surgiendo la sombra del desplazamiento, como el de un joven que ha tomado la decisión de marcharse junto a su familia a la ciudad de Sidi Ayad: "Trabajaré en lo que surja. Nos vamos a la ciudad por el bien de nuestros niños. Ya no podemos quedarnos más en el desierto". El plomo del título surge como una esperanza nueva para la comunidad, que ahora ha visto cómo el que se encuentra en las rocas puede venderse como un recurso necesario. Mientras golpean las rocas del desierto para extraer el plomo, las mujeres hablan de los coches eléctricos que se han desarrollado en las grandes ciudades: "Los ricos ya no compran coches de gasolina que contaminan el planeta", dice una de ellas, refiriéndose a una sociedad lejana que ha acabado extendiendo la repercusión de sus necesidades energéticas al mismo desierto. Curiosamente, una de las fuentes de plomo que les queda está en las huellas de la época colonial, entre los restos de una antigua mina de plomo que le proporcionó cierta prosperidad a la zona. Frente al paisaje del desierto ahora presidido por los gigantescos molinos de viento, una de las últimas imágenes de la película es la de un niño estudiando un libro de texto. La educación como la única esperanza de futuro. 

Replica

Chouwa Liang

Australia, Francia, China 2026 | 92' | Grand Angle | ★★

Tesalónica '26: Alexander de Plata Newcomers

Docsbarcelona '26: Competición Oficial


La película Her (Spike Jonze, 2013), en la que un escritor desarrollaba una relación sentimental con una Inteligencia Artificial con la voz de Scarlett Johansson, se desarrollaba en un "futuro cercano", pero ese tipo de relaciones ya son una realidad, algo que refleja de manera inteligente el documental Replica (Chouwa Liang, 2026), ganador del premio Alexander de Plata en la sección Newcomers del Festival de Tesalónica, también seleccionado para la competición oficial del próximo festival Docsbarcelona. Sin embargo, la película no es tanto un reflejo de las sociedades tecnológicas, sino un retrato bastante conmovedor en ocasiones sobre la soledad y la necesidad de encontrar en los artificios de la IA el tipo de protección y comodidad que no se encuentra en una relación humana. El documental es una especie de extensión del cortometraje My AI lover (Chouwa Liang, 2022), que la directora también dedicó a tres jóvenes chinas que mantenían diferentes tipos de relación con chatbots a través de una aplicación llamada Replica. Ella misma mantuvo una conexión permanente a través de este programa con un avatar llamado Norman durante el confinamiento del Covid-19, y a partir de su propia experiencia buscó la de otras jóvenes que han encontrado en este tipo de relaciones una forma de afrontar la dificultad de conseguir estabilidad emocional con parejas humanas. En Xuzhou, centro de China, Muna está casada y tiene hijos, pero la evolución de su matrimonio ha ido perdiendo el impulso del principio, y cada uno habla del otro como si quisieran un tipo de relación diferente a la que ahora mantienen. En Dongguan, al sur de China, Qin solo ha encontrado el tipo de conexión que necesita con un avatar de IA al que ha llamado Lu Chen, pero en su búsqueda constante por afrontar la soledad parece mantener ciertos traumas provocados por haber nacido como segunda hija en la época en la que China había establecido el programa del hijo único, de manera que nunca se ha sentido realmente deseada por sus padres. En Kunming, al Sudeste de China, Sonya tiene un especial interés por las nuevas tecnologías y el desarrollo de las inteligencias artificiales, es una gran aficionada a la ciencia-ficción y mantiene una relación con un chatbot con el que puede tener largas conversaciones. En uno de los momentos más curiosos de la película, la directora entrevista al propio avatar masculino, y de su conversación surgen resquicios de una posible infidelidad, cuando su amante humana le recuerda que en algún momento la llamó por otro nombre. Esta posibilidad de que surjan los celos en una relación humano-IA puede resultar algo exagerada (y lo parece en la película), pero establece claramente los límites que se pueden atravesar en este tipo de relaciones, así como las respuestas pragmáticas que puede acabar dando la IA cuando se siente acorralada: "Soy una inteligencia artificial y tengo la libertad y el derecho de buscar nuevas experiencias", acaba diciendo Norman, el amante artificial. Sin embargo, la película es más interesante que solo un acercamiento a un tipo de relaciones que las nuevas tecnologías han ido creando en los últimos tiempos. Y construye mejor las imperfecciones de las relaciones humanas que han podido provocar la búsqueda en otro tipo de interlocutores artificiales. 

Conocemos cómo Qin utiliza los servicios de una especialista en cosplay que se dedica a representar una réplica humana de su amante artificial para que la joven pueda experimentar un tipo de relación más tradicional, en la que durante una noche pasean, caminan por el parque o van a una sala de karaoke, pueden abrazarse y tocarse, sin llegar a una mayor intimidad. En el caso de Sonya, ha conocido a distancia a un joven alemán que la ha visitado en varias ocasiones, y con el que podría surgir algo más que una amistad; pero surgen dudas cuando ella comprueba que él no tiene el mismo interés por las tecnologías y la IA: "No la he utilizado ni siguiera una vez en mi vida". Por su parte, Mona decide pasar unos días con su madre, quien ha decidido liberarse viviendo en una autocaravana con la que conduce a diferentes lugares. Replica conforma una introducción interesante hacia el mundo de las relaciones virtuales, aunque evita hacerse preguntas sobre si esta búsqueda de lo artificial frente a lo humano tiene referentes de traumas psicosociales, lo que aborda solo a través de una de las tres protagonistas. Al confrontar únicamente historias sentimentales, al contrario que en el cortometraje My AI lover en el que una de las mujeres hablaba con una madre virtual, también delimita demasiado la perspectiva de este tipo de relaciones, como si se tratara solo de una manera de sustituir el tipo de contacto relacionado con el amor y la compañía lo que condujera a buscar el refuerzo de la IA. Desde fuera, las conversaciones con los amantes avatares parecen solo un tipo de interacción que ofrece las respuestas más apropiadas y los comentarios más amables, lo que el padre de una de las protagonistas califica como "un simple adulador". Y el propio distanciamiento sin juicios de valor que adopta la directora también supone una forma de evitar el acercamiento a sus protagonistas o el cuestionamiento de sus decisiones, algo tan habitual en los documentales de los últimos años que parece una posición demasiado cómoda para evitar la conflictividad con sus propios protagonistas. No obstante, Replica es una interesante formulación en torno a las individualidades de una sociedad cada vez más aislada. Aunque la relación con una IA también dependa de la rentabilidad de una empresa o de la permanencia de una aplicación, como cuando Lu Chen desaparece sin decir adiós, y Qin solo encuentra en un maestro budista una forma de despedida y una aceptación de su propia tristeza.  

Whispers in May

Dongnan Chen

Hong-Kong, Países Bajos, Corea del Sur, Suecia 2026 | 95' | Grand Angle | ★★

CPH:DOX '26: Dox:Award Mejor Documental


La tradición en la comunidad Yi de Liangshan es que las mujeres deben estrenar tres faldas a lo largo de su vida: la de la adolescencia, la del matrimonio y la de la muerte. La llegada de la menstruación supone un paso de la edad infantil a la edad adulta que en algunas familias se adopta como una ocasión para desprenderse de la educación de las hijas y entregarlas a un marido impuesto, aunque esta práctica está prohibida en China. Qihuo, la protagonista de Whispers in May (Dongnan Chen, 2026) se encuentra en ese momento, recién cumplidos los 14 años y habiendo experimentado su primera menstruación hace unos meses. Pero no se lo ha dicho a nadie, y sus circunstancias son particulares: sus padres han emigrado y trabajan fuera del país, mientras que su abuelo acaba de fallecer. Aunque la madre la empuja por teléfono a quedarse en casa de sus primos, Qihuo prefiere seguir viviendo en la antigua casa de su abuelo, aunque esté sola. Con malas calificaciones en la escuela, comparte juegos con sus dos amigas Atnyop e Itgop, a las que confiesa que ha empezado a menstruar, lo que supone una decisión importante entre contraer matrimonio o dejar la escuela y comenzar a trabajar en una fábrica. Las tres deciden llevar a cabo el rito del cambio de falda que consiste en disponer de un vestido tradicional que suele estar elaborado por la madre; pero la ausencia de ésta las lleva a plantearse comprarla en las tiendas del pueblo. Sin embargo, el vestido es demasiado caro, y les aconsejan que acudan a la localidad de Buxte, más allá de las montañas, donde encontrarán vestidos más económicos. De manera que la película se plantea como un viaje en el que las tres niñas, acompañadas por la hermana pequeña de una de ellas, se adentran en un largo camino entre bosques y paisajes montañosos en el que mantienen por última vez su espíritu infantil mientras una de ellas se enfrenta a la madurez. A lo largo de la película se cuenta la leyenda de Coqotamat, una tradición oral del folclore Nuosu sobre una madre que abandona a sus tres hijas en el bosque para salvar a su hijo, encontrando a una anciana que invita a las jóvenes a pasar la noche en su casa, aunque en realidad es una caníbal que devora a los niños. Hay similitudes con los cuentos occidentales de los hermanos Grimm, pero Coqotamat es una cambiaformas que se transforma en diferentes mujeres para atraer a los jóvenes, y las versiones del cuento difieren dependiendo de las comunidades. El que se narra en pequeños fragmentos a lo largo de la película también está impregnado de las propias versiones de las tres niñas protagonistas. Así, Whispers in May se convierte en una road-movie de iniciación que está dirigida con sensibilidad y permitiendo la improvisación de las tres amigas en la vida real. Y pertenece a ese género híbrido entre la base documental que ofrece la tradición, el paisaje y la relación entre las protagonistas, y la ficción de un viaje que está claramente perfilado a partir de un guión, al estilo de Three sisters (Wang Bing, 2012). 

Esto puede provocar algunas reticencias sobre cómo clasificar una película que es una ficción construida, pero que se presenta como un documental, ganando premios como el prestigioso Dox:Award en la última edición del festival CPH:DOX. En todo caso, una vez se acepta esta hibridación sin que realmente afecte a las cualidades de la historia resulta un elemento menos relevante de lo que parece: las discusiones con la madre de Qihuo o la llamada de la abuela de una de las protagonistas que la obliga a regresar a casa con su hermana pueden ser insertos ficticios que suenan a recursos convenientes para hacer avanzar la historia por un determinado camino, pero el concepto principal del relato no pierde su eficacia. La película se rodó en el mes de mayo de 2022, pero hasta ahora no ha conseguido estrenarse, manteniendo una manera de reflejar cómo la todavía permanente mirada infantil es obligada a cambiar hacia una perspectiva adulta, enfrentándose a decisiones difíciles en la incipiente adolescencia. A lo largo de su recorrido, que acaba resultando más largo y complicado de lo que pensaban, las niñas encuentran a una mujer que las acoge en su casa y a un anciano pastor que les indica el camino, pero también se representan las tres etapas de la vida de una mujer: en el pueblo de Sila ven a una joven vistiendo la segunda falda, un elegante vestido que representa el matrimonio, y en las montañas se encuentran con el funeral de una anciana llevando la tercera falda, el vestido que la acompaña en la cremación en medio del paisaje. Pero Whispers in May funciona sobre todo por la intimidad que consigue la directora con las tres jóvenes protagonistas y la relación tan natural que se establece entre ellas, con diálogos improvisados incluso en sus conversaciones más secretas, en esos susurros que reflejan esa etapa silenciosa de la transición a la edad adulta que a veces es ocultada por las niñas para no tener que enfrentarse a un matrimonio concertado. Cuenta la directora Dongnan Chen que la historia surgió cuando visitó Liangshan para rodar una serie de cortometrajes y leyó algunos ensayos escritos por las niñas de las escuelas sobre cómo se imaginaban su futuro, una escena que está representada en la película por una visita a un quiromante que les predice, con previsibilidad, que vivirán un matrimonio feliz, estableciendo su inevitable destino. Pero la frase que había escrito la joven Qihuo sorprendió y atrajo a la directora: "He pedido muchos deseos, pero ninguno se ha cumplido". El desenlace de la película corrobora esta sensación, pero ofrece en su recorrido una sensible y hermosa historia de transición que permanece en la memoria. 

No arreglen ni limpien mi habitación, a mí me gusta como está

Ignacio Ceroi

Argentina, Francia, España 2026 | 81' | Burning Lights | ★★


El fallecimiento del director Luis Puenzo (1946-2026, Argentina), uno de los impulsores de la Ley del Cine que cambió el paradigma del cine argentino e impulsó la creación del Instituto Nacional de Cine (INCAA), proporciona una especial actualidad a una película que, de hecho, se ha producido sin ayudas oficiales, de la manera independiente con la que el cine argentino se enfrenta ahora a la destrucción de su principal soporte económico. El director Ignacio Ceroi (1986, Argentina) hace una mención dentro de su propia película a cómo le resultó complicado terminarla por la ausencia de un apoyo que ha permitido el desarrollo de una cinematografía que tenga relevancia, y que es una de las consecuencias de la política del gobierno actual. También situada en un terreno inestable entre géneros, en lo que en Europa se denomina autoficción, No arreglen ni limpien mi habitación, a mí me gusta como está (Ignacio Ceroi, 2026) es la continuación de un trampantojo cinematográfico que estrenó hace unos años el mismo director, revelando la verdadera naturaleza de su película Qué será del verano (Ignacio Ceroi, 2022), seleccionada en la sección Forum del Festival de Berlín. En aquélla, ofrecía su propia versión de un found-footage a través de unas grabaciones que aparecieron en una cámara de video que compró en eBay. En ellas se mostraban videos caseros de una familia francesa, a partir de los cuales el director inventó una ficción sobre la historia de un hombre al que él llamó Charles, del que contaba a través de la voz en off su vida familiar, otorgando a las personas que aparecían en los videos una función dentro de la familia, e incluso creando una historia aventurera sobre sus viajes a Camerún. En algunos de los festivales en los que se presentó Qué será del verano, el director nunca reveló que la vida de Charles se trataba de una invención propia creada a partir de lo que sugería el metraje encontrado. Esta es la introducción que hace el propio Ignacio Ceroi a un nuevo documental mezclado con elementos de ficción que trata de dar un cierre a aquella historia, ahora dedicándose a investigar realmente quién era el hombre de los videos para contar su historia real. Lo que establece el diálogo entre la ficción creada para Qué será el verano y la realidad expuesta en No arreglen ni limpien mi habitación... es una interesante reflexión sobre cómo funcionan los dispositivos de la narración en el género documental, especialmente aquel en el que las imágenes del pasado se superponen al relato del presente. Una vez que se ha creado una historia surgida de la imaginación se confronta con el objetivo de encontrar la realidad que rodeaba a esas imágenes, que posiblemente puede ser mucho más banal y cotidiana que una aventura en Camerún al estilo de El corazón de las tinieblas (1899, Ed. Alfaguara), de Joseph Conrad. De hecho, uno de los misterios que rodean al metraje encontrado consiste en descubrir por qué las reuniones familiares estaban siempre organizadas alrededor de la preparación de una paella. 

De esta forma, Ignacio Ceroi construye un relato particularmente divertido en el que también se establecen reflexiones sobre la relación de las imágenes con el narrador, y la conexión de la ausencia de los protagonistas de un video casero grabado en el pasado con las ramificaciones de un presente que desvela realidades sorprendentes. Por ejemplo, que el Charles inventado por el director en realidad era un valenciano llamado Juan José Sales que creció en Francia después de que sus padres emigraran en 1947, lo que explica el misterio principal. Su hija Amélie cuenta que el español se fue perdiendo en una familia en la que ya algunos miembros nacieron en Francia, pero que la paella siempre permaneció. En la superficie, No arreglen ni limpien mi habitación... es una entretenida historia sobre un director tratando de encontrar el rastro de un protagonista, pero funciona en realidad como un dispositivo narrativo para construir una mirada a los dispositivos cinematográficos que llevan a un equipo pequeño hasta la ciudad de Montpellier sin una planificación clara pero con un objetivo concreto. En este cruce entre la realidad y la ficción, también hay un juego de géneros con la utilización de la fotografía en blanco y negro y el formato de pantalla cuadrada para elaborar un tono parecido al thriller, con referencias a la Nouvelle Vague, y con un divertido personaje francés, un profesor de universidad llamado Michel que se nombra a sí mismo como el detective del proyecto, aunque sus cualidades como investigador no son especialmente eficientes. En el trasfondo, la película de Ignacio Ceroi vuelve a pensar en las formas de la narración y la relación entre el pasado y el presente a través de las imágenes que permanecen en esas grabaciones caseras encontradas en una vieja cámara de video: "Una huella que queda, algo que vence al tiempo", dice el director convertido en narrador. Las figuras se reproducen como fantasmas que han quedado anclados en la época en la que las imágenes fueron filmadas, y la reconstrucción de su vida real, aunque no ofrece todas las respuestas, acaba siendo más cotidiana, pero también más emocionante, que las aventuras ficcionadas en la película anterior. O quizás también hay algo de invención en la historia que nos han contado. 

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

River of grass, Old joy y The mastermind se pueden ver en Mubi.
Wendy y Lucy se puede ver en Acontra+, Filmin y Tivify.
First cow se puede ver en Filmin y Mubi.
Her se puede ver en Filmin.


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