14 febrero, 2023

Las series más destacadas de 2023: Enero-Febrero

Carlos Saura manifestó en más de una ocasión que no le gustaba mirar atrás, pero que le preocupaba que España estuviera olvidando que vivió una Guerra Civil. Sus películas, especialmente aquellas que retrataban a un país sepultado, en su etapa con Elías Querejeta como productor, mantienen la contundencia del lenguaje y la virulencia del mensaje. La Academia de Cine, sin embargo, elaboró una ceremonia de los 37 Premios Goya que miraba constantemente hacia atrás, quizás por la presidencia de un Fernando Méndez-Leite al que no parece gustarle que a las películas se les llame "pelis". En su sobriedad y ligereza, a pesar de alcanzar de nuevo una duración excesiva, la ceremonia fue correcta y soportable, pero también rancia, especialmente en una temporada en la que se celebraba la eclosión de los nuevos talentos. Antonio Dechent y Clara Lago, mejor él que ella, fueron lo suficientemente discretos (solo hicieron tres intervenciones) como para pasar tan desapercibidos como los presentadores de un programa de José Luis Moreno. Pero hubo una sensación de querer mirar atrás en vez de hacia adelante, desde los números musicales hasta los montajes de transición, lo que además se reflejó en que el guión no tenía previsto ningún reconocimiento a Agustí Villaronga, fallecido el pasado mes de enero, y solo las intervenciones de Fernando Esteso, Blanca Portillo y Nora Navas hicieron referencia a uno de los cineastas más vanguardistas de nuestro cine, al margen de su presencia en el In Memorian. Fue una buena decisión colocar el homenaje a Carlos Saura al comienzo, con una valiente presencia de sus familiares más cercanos para recoger el Goya de Honor, tal como estaba previsto. Y a partir de ahí se desarrolló una ceremonia que de nuevo fue reivindicativa con temas de actualidad pero suave respecto a la mala convivencia de los socios de gobierno, que estaban presentes (nadie se acordó esta vez de las mujeres maltratadas). As bestas (Rodrigo Sorogoyen, 2022) fue la justa vencedora por ser la mejor película de todas las nominadas, pero la Academia de Cine perdió la oportunidad de reflejar el cambio de perspectiva que suponía tener a más mujeres directoras entre las nominadas. Da la impresión de que Carla Simon sufrió la maldición de ese tipo de votos en los que muchos académicos votaron a Rodrigo Sorogoyen pensando que ella sería la ganadora de todas formas. Hace falta algo de pedagogía entre los miembros de la Academia de Cine para que sean conscientes de que no solo basta con parecer, sino que se necesita ser. El cine español se ha caracterizado en los últimos años por ser inclusivo y reflejar la diversidad de nuestra sociedad, una reivindicación que es mucho más importante que los eslóganes lanzados sobre el escenario. Faltó precisamente más cine en la ceremonia, apuesta de futuro y una mirada menos nostálgica. Mientras, el legado cinematográfico de Carlos Saura, como buena parte del cine español, permanece en manos de Enrique Cerezo, quien a través de su distribuidora Mercury Films tiene un catálogo de 7.000 películas de las que muchas están disponibles en su propia plataforma, FlixOlé, nacida en 2017. Un reducto de cine hecho en España que tiene también un cierto perfil rancio (suelen proponer listados de películas bélicas para el Día del Padre o películas románticas para el Día de los enamorados), pero que ofrece un amplio catálogo de filmes y series de producción española así como clásicos de RKO.

El anuncio el pasado 8 de febrero del final de las cuentas compartidas en cuatro países: España, Portugal, Canadá y Nueva Zelanda, ha confirmado la arriesgada estrategia de la plataforma de establecer una cuenta por hogar, provocando reacciones indignadas a través de las mismas redes sociales en las que Netflix siempre ha alentado la política de compartir cuentas. Habrá que esperar algunas semanas y posibles reacciones de la plataforma para ver si estos mensajes de usuarios indignados se concretan en una comprensible cancelación de suscripciones, o solo se trata de un arrebato para acabar, como suele suceder, aceptando lo inevitable. En realidad, la plataforma roja no solo ha alentado desde su nacimiento las cuentas compartidas, sino que su tarifa de precios ya incluía la posibilidad de compartirlas en los planes más caros, razón por la que Netflix ha ido aumentando progresivamente el precio de estos planes, Estándar y Premium, de forma que el coste de 13€ y 18€ por poder ver el contenido en Full HD y 4K respectivamente (más del doble que sus competidores) era una manera de contrarrestar la posibilidad de que se pudieran compartir cuentas. Es más, el Plan estándar solo permitía dos pantallas simultáneas y el Plan Premium cuatro pantallas simultáneas, por lo que ya se establecía un límite. Se calcula que unos 100 millones de usuarios utilizan cuentas compartidas, es decir, la cifra de 230 millones que ha colocado a Netflix en una posición privilegiada en el sector del streaming, y que le ha servido para medir el éxito de sus contenidos y conseguir contratos publicitarios para su Plan básico con anuncios está apoyada en buena medida en permitir que hubiera usuarios que co-pagaban una suscripción. En España, el Informe de uso de cuentas compartidas de las OTTs, efectuado por Barlovento Comunicación sobre un cuestionario online a 2.300 personas, arrojaba cifras significativas: el 61,3% de los suscriptores de Netflix usaban cuentas compartidas, pero de ellos el 58,7% abandonarían la plataforma si se les impidiera usarlas y entre los que se crearían una cuenta propia, el plan con publicidad sería la opción menos elegida, solo el 11,8%. Si Netflix ya se destacaba por ser la plataforma de streaming más cara, aún lo es más frente a sus competidores, y su estrategia puede generar una huída de usuarios a estas, lo cual es especialmente peligroso para la compañía. En una entrevista con la revista Bloomberg (21/1/2023), los actuales co-CEOS de Netflix se enorgullecen de ser la única plataforma de streaming que arroja beneficios, lo que es cierto, pero también es la única cuyo modelo de negocio es exclusivamente el streaming, mientras que Walt Disney, Amazon o Warner Discovery tienen una mayor diversificación de negocios. Por tanto, Netflix, necesita más que ninguna otra generar un mayor número de suscripciones, lo que unido a su progresiva pérdida de reputación con cancelaciones y recortes presupuestarios no parece que ayude a mejorar su situación este año. Curiosamente, Netflix anuncia en sus redes sociales que 2023 se cumple el 10 aniversario del estreno de series como House of cards (Netflix, 2013-2018) y Orange is the new black (Netflix, 2013-2019), dos de sus series más representativas, pero también de una forma de producción que ha ido abandonando con el paso de los años.  

El mismo día que se lanza en ocho países de Europa Central y del Este, SkyShowtime ha anunciado la fecha final de su desembarco en los dos territorios que faltaban para completar su expansión en Europa. El 28 de febrero llega definitivamente a España y Andorra con una amplia oferta que tiene como principales reclamos españoles el estreno de dos producciones de Paramount+: Bosé (SkyShowtime, 2022) a partir del 3 de marzo, una biografía sobre el cantante Miguel Bosé que no consigue encontrar el tono adecuado, aunque cuenta con un nivel de producción notable. Y la muy interesante Los enviados (SkyShowtime, 2021-), la serie de Juan José Campanella que reunía al actor español Miguel Ángel Silvestre y al mexicano Luis Gerardo Méndez en un thriller que funciona correctamente, sobre todo por la química entre ambos actores, y de la que este año se espera el estreno de su segunda temporada. La plataforma estará disponible en España a un precio final de 5,99 €, pero contará con un período limitado de tiempo en el que será de 2,99 € siempre que se mantenga la suscripción. La aplicación de SkyShowtime está disponible en Apple iOS, tvOS, dispositivos Android, Android TV, Google Chromecast y LG TV, pero también a través de los Smart TV Samsung posteriores a 2017, después de que se haya anunciado un acuerdo con Samsung por el que SkyShowtime también estará disponible desde el 14 de febrero en los televisores inteligentes de la marca. Entre las series que formarán parte del catálogo se encuentran las excelentes series europeas Funeral for a dog y Souls o el universo Taylor Sheridan con 1883, 1923, Tulsa kingMayor of Kingstown, de la que se está emitiendo su segunda temporada y Yellowstone, de la que se incluye hasta la primera tanda de episodios de la temporada 5. También las recientemente canceladas American Gigolo y Let The Right One In, el muy recomendable true crime A Friend of the Family o el interesante thriller de David E. Kelley The Calling. Menos destacables son las producciones HaloFunny WomanThe Fear IndexThe Great GameThe Midwich CuckoosThe OfferThe Rising o The Undeclared War. Las series españolas que por el momento formarán parte del catálogo son las que se adquirieron en el acuerdo con Warner Discovery: Foodie love, Todo lo otro, Sin novedad, la primera temporada de Por H o por B, y su segunda temporada pendiente de estreno, que ya aparecerá como una producción SkyShowtime Original. 

Mientras, en Estados Unidos las matrices de SkyShowtime viven tiempos convulsos. Por un lado, las pérdidas en Estados Unidos de Peacock, el servicio de streaming de NBCUniversal, siguen siendo sangrantes y alarmantes, con 2.5 mil millones malgastados durante 2022 y una previsión de al menos 3 mil millones de dólares perdidos para 2023, a pesar de ser una de las que más ha crecido en número de suscriptores, alcanzando los 20 millones en territorio norteamericano. Pero el anuncio de que su plan con publicidad ya no es gratuito para los usuarios, costando ahora 4.99$, puede afectar a este crecimiento. Por otro lado, la desaparición de Showtime en el panorama digital, que se ha maquillado como una fusión con Paramount, pero que en la práctica supone la destrucción de toda su planificación de contenidos, hasta el punto que esta "fusión" ha provocado la cancelación de algunas de sus series recién estrenadas como American gigolo (Showtime, 2022) y Let the right one in (Showtime, 2022). Ante la falta de rentabilidad de los servicios de streaming, la estrategia es parecida a la de James Gunn con DC Studios: destruirlo todo y empezar desde cero, en vez de reordenar la narrativa y aprovechar los éxitos. De hecho, en esta nueva etapa del formato de series, que podría definirse como el comienzo de su declive, ya han desaparecido dos de los canales por cable que contribuyeron al auge de las series: HBO fue desmantelada con HBO Max y ahora la nueva plataforma surgida de Warner Discovery se llamará Max, borrando del todo la referencia a ella. Aunque por el momento se anuncia que la nueva fusión se llamará Paramount+ with Showtime, es fácil adivinar que ésta última también acabará desapareciendo del enunciado, mientras planea la sombra de una posible venta de Hulu por parte de Walt Disney, algo a lo que Bob Iger parece bastante abierto. A pesar de que el boom de las series se sostenía sobre propuestas originales, la única estrategia que conocen los directivos, temblorosos por las pérdidas económicas de las plataformas de streaming, es exprimir los éxitos con spin-offs y reboots, como ya se ha planteado en torno a Billions (Showtime, 2016-) y Dexter (Showtime, 2006-2022). Pero está claro que este movimiento apesta a imposición de Paramount+, que quiere seguir los réditos que le ha dado Yellowstone (SkyShowtime, 2018-), que precisamente se rumorea que podría concluir esta temporada para "reinventarla" como una nueva serie sin Kevin Costner, más ocupado con sus propios proyectos, y a la que se incorporaría Matthew McConaughey. La estrategia pasaría por recuperar la licencia de la serie, ya que en Estados Unidos solo se puede emitir por el canal lineal Paramount Network, pero no por Paramount+. Esto provocó la creación de los spin-offs que sí se emiten en streaming y ahora un final de Yellowstone como tal para redefinir la serie y, sobre todo, reordenar sus canales de emisión. 

Tras su presentación en 2015, Berlinale Series fue la primera selección de novedades en formato series que se incorporaba a un festival de categoría A, y posteriormente numerosos festivales cinematográficos han ido incorporado un tipo de contenido que demuestra el buen estado de las producciones serializadas. A partir de este año da un paso más adelante incorporando el Berlinale Series Award que, en colaboración con la revista norteamericana Deadline, otorgará un galardón entre las siete series seleccionadas. Los tres componentes del jurado que entregará el premio en una ceremonia el 22 de febrero son la guionista danesa Mette Heeno, creadora de Hijos de la nieve (Sundance TV, 2021) y Carmen Curlers (Filmin, 2022-), el actor estadounidense André Holland, que fue productor y protagonista de la miniserie The Eddy (Netflix, 2020) y la productora israelí Danna Stern, responsable de Fauda (Netflix, 2015-), Shtisel (Netflix, 2013-2021) o las versiones internacionales de Your honor (Movistar+, 2020-2022). Sin representante española, las producciones que compiten por el Berlinale Series Award son: el thriller Spy/Master (HBO Max, 2023), en torno a un agente secreto rumano durante la Guerra Fría; la producción china Why Try to Change Me Now (iQIYI, 2023), dirigida por Zhang Delai, quien ganó el premio al Mejor Cortometraje en el Festival de Berlín con Day is done (2020), que se desarrolla en la China de los años noventa; la producción australiana Bad behavior (Stan, 2023), sobre cómo el deseo de pertenecer pone en marcha una dinámica cruel; o la serie india Dahaar (Prime Video, 2023), protagonizada por una agente de policía que investiga la desaparición de mujeres en Rajasthan. También participan la producción italiana Le buone madri (Disney+, 2023), que explora la dinámica de las esposas e hijas en una familia de mafiosos, la danesa Agent (TV 2, 2023), protagonizada por Nikolaj Coster-Waldau, sobre un agente de actores con un planteamiento parecido al de la popular serie francesa Call my agent! (RTVE Play, 2015-2020) y la noruega Arkitekten (Viaplay, 2023), que plantea un futuro hipergentrificado en el que una becaria de una empresa de arquitectura debe vivir en una zona de estacionamiento porque ya no quedan espacios públicos. Por último, también se proyectará, pero fuera de concurso, la esperada serie alemana El quinto día (Movistar+, 2023), una interesante propuesta sobre un equipo de investigación que trata de enfrentarse a determinadas acciones de venganza de la naturaleza en contra del ser humano: ballenas que hunden barcos o mariscos que envenenan las costas. 

Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series mencionadas y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.

Gannibal
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Disney+, 28 de diciembre-1 de febrero
Creada por Masaaki Ninomiya, Takamasa Ôe
Dirigida por Shinzô Katayama, Hayato Kawai

Solo por los nombres que están implicados en Gannibal (Disney+, 2022) esta producción de Hulu merecería mayor atención de la que está teniendo. Producida por Teruhisa Yamamoto y adaptada por Takamasa Ôe, ambos nominados al Oscar respectivamente por la película y el guión adaptado de Drive my car (Ryûsuke Hamaguchi, 2021), la serie tiene como principal director a Shinzô Katayama, uno de los recientes talentos del thriller japonés, responsable de películas muy recomendables como Siblings of the cape (2018) y especialmente Sagasu (Missing) (2021), un poderoso thriller sobre la eutanasia con numerosos giros de guión que gustó mucho en sus proyecciones en el Fantasia Film Festival 2022. La historia adapta un manga escrito por Masaaki Ninomiya que comenzó a serializarse en 2018 y consta de 13 volúmenes y 120 episodios, alcanzando la notable cifra de 2,1 millones de copias vendidas hasta diciembre de 2022 solo en Japón. Casi como su propio título indica, se trata de una historia relacionada con el canibalismo que se desarrolla en una ficticia aldea rural del interior del país, donde llega un nuevo policía (Yûya Yagira) para investigar la desaparición de su antecesor. Los habitantes de Kyokamura parecen atemorizados por el clan de los Goto, una familia a la que acusan de celebrar ceremonias en las que practican el canibalismo y de ser responsables de algunas misteriosas desapariciones de bebés durante los últimos años (efectivamente, antropofagia y niños, una mezcla cuanto menos sorprendente para una plataforma como Disney+). Pero Gannibal, a lo largo de sus siete episodios de duración dispar que van desde los 35 hasta los 55 minutos de duración, es una de las propuestas más interesantes de terror mezclado con drama familiar que se pueden ver en la actualidad. Desde los intensos primeros minutos de Ofrenda de flores (T1E1), la historia mantiene un ritmo equilibrado que mezcla escenas de terror que no evitan el tratamiento sangriento de las acciones de un anciano de fuerza descomunal que parece esconder el secreto de las verdaderas intenciones de la familia Goto. 

Shinzô Katayama consigue mantenerse equidistante entre lo que podría haberse desarrollado con mayor efectismo si se hubiera tratado de una adaptación anime y lo que se representa a través de una historia con actores reales. Hay una intención clara de establecer un contraste entre la belleza del entorno rural y la violencia que permanece escondida, mientras progresivamente la trama se vuelve más oscura hasta unos episodios finales en los que se desvelan acontecimientos pasados que influyen en la actualidad. La familia Goto está bien representada en sus disensiones internas, pero su lealtad hacia el nuevo líder Keisuke (Shô Kasamatsu) es absoluta. La relación entre Keisuko y el nuevo policía Daigo Agawa articula parte de la trama principal, consiguiendo gracias a sus dos jóvenes actores una atmósfera constante de tensión y peligro. Yûya Yagira, quien interpreta al protagonista, fue el actor más joven en conseguir el Premio de Interpretación Masculina en el Festival de Cannes cuando a los 14 años lo recibió por su trabajo en la excelente película Nadie sabe (Hirokazu Koreeda, 2004). Desde entonces ha tenido una carrera irregular e incluso trascendió un posible intento de suicidio, aunque él siempre lo ha calificado como un malentendido. Ahora, a una edad más adulta, parece haber iniciado una nueva trayectoria con películas como El chico de Asakusa (Gekidan Hitori, 2021), basada en las memorias Takeshi Kitano, en la que Yûya Yagira interpreta al director japonés en su época juvenil. 

Uno de los elementos destacados de Gannibal es la creación de una atmósfera que es al mismo tiempo tenebrosa y atrayente, en la que se establece la dicotomía entre las tradiciones ceremoniales japonesas y la oscuridad de los ritos prohibidos. Conforme se acerca un final que queda totalmente abierto a una continuación, esta atmósfera se va haciendo progresivamente más asfixiante, especialmente cuando se desvelan las intenciones respecto al destino de algunos de los niños desaparecidos. No es que la primera temporada nos deje respuestas abiertas, sino que directamente concluye con un cliffhanger que invita a una nueva temporada. En esta construcción formal tiene mucha influencia la música compuesta por Brian D'Olivera, un músico nacido en Trinidad y Tobago y criado entre Venezuela y Austria hasta que decidió establecerse en 2005 en Montreal, donde fundó su estudio La Hacienda Creative, participando en películas anime como The Witcher: La pesadilla del lobo (Kwang Il Han, 2021), que le abrió las puertas para participar en esta serie. Su música de tonalidad tenebrosa pero al mismo tiempo etérea a través de la voz solista de Maiko Horisawa. Gannibal es uno de esos rincones tenebrosos que se esconden entre la programación familiar de Disney+.

American Horror Story: NYC (Temp. 11)
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Disney+, 28 de diciembre-17 de febrero
Creada por Ryan Murphy, Brad Falchuk
Dirigida por John J. Gray, Max Winkler, Jennifer Lynch, Paris Barclay, Our Lady J

La temporada 11 de esta serie que convirtió a Ryan Murphy en uno de los nombres más relevantes de la televisión de la última década es la más controvertida, pero también uno de los proyectos más personales de su creador. American Horror Story NYC (Disney+, 2022) se desarrolla en el Low Manhattan de 1981, dentro de la comunidad homosexual que comenzaba a sufrir la tragedia de la pandemia del SIDA, un elemento que comienza a plantearse como trasfondo en los primeros episodios pero que va tomando protagonismo conforme se desarrolla la historia, y finalmente se revela como el tema principal de la temporada. Aunque ya lo trató en las últimas temporadas de Pose (Disney+, 2018-2021), su acercamiento esta vez es más rotundo y descarnado, incluso más contundente en su crítica a la pasividad policial y la complicidad política en la expansión de la pandemia. Aunque tiene un desarrollo irregular, lo más interesante de American Horror Story NYC es cómo utiliza algunos de los iconos LGTBI+ más característicos de la época y los introduce en esa coctelera de referencias cinéfilas que viene siendo la serie desde sus comienzos, de forma que acaba creando una mirada arriesgada, casi experimental, al drama de una de las grandes epidemias del siglo pasado. Y también provocativa, en esa representación de los aspectos menos amables de la comunidad homosexual: los bares sórdidos, los encuentros furtivos en las zonas de cruising o los cuartos oscuros. Y sin embargo, curiosamente esta temporada de American Horror Story (Disney+, 2018-) evita muchas veces la violencia explícita, establece cortes de montaje cuando se va a producir el acto violento, lo cual resulta significativo. 

En este entorno, la serie se enfoca en varios personajes principales como Gino (Joe Mantello), un periodista abiertamente gay que investiga una serie de asesinatos dentro de la comunidad homosexual y su novio Patrick (Russell Tovey), un policía dentro del armario. Cuando Adam (Charlie Carver, que también es guionista de algunos episodios), descubre que su pareja ha desaparecido, sus sospechas se dirigen a Big Daddy, un gigante con estética leather que atemoriza a la zona, y que más tarde se revelará como lo que realmente representa. La trama del asesino en serie está inspirada, como no podía ser menos, en un caso real, el llamado Last call killer (el asesino de la última llamada), apodo con el que la policía llamó a Richard Rodgers, un enfermero gay que atraía a hombres en bares de ambiente, y que al menos asesinó y descuartizó a dos personas entre 1991 y 1993. Pero en el episodio Gracias por su servicio (T11E2) hay referencias directas a otro asesino convicto, Paul Bateson, quien había trabajado como extra en El exorcista (William Friedkin, 1973), y en cuya historia el mismo director se basó para su película Cruising (A la caza) (William Friedkin, 1980), protagonizada por Al Pacino, de la que se encuentran guiños claros a lo largo de la temporada. La iconografía homosexual de American Horror Story NYC es uno de sus elementos más destacados, desde la utilización del periódico The Native, donde trabaja Gino, que fue en la realidad el único periódico de temática gay durante los primeros años de la pandemia del SIDA, hasta la clara referencia al fotógrafo Robert Mapplethorpe en el personaje de Theo Graves (Isaac Powell), quien se relaciona con Sam (Zachary Quinto), un sugar daddy siniestro y manipulador. 

En Señales de humo (T11E3) se hace referencia a la teoría de la conspiración surgida a finales de los ochenta según la cual el SIDA fue provocado por un experimento del gobierno en personas homosexuales, pero lo que sí es cierto es que el psiquiatra Robert Galbraith Heath había realizado en 1970 experimentos diseñados para convertir a un hombre homosexual en heterosexual. Pero a lo largo de la historia encontramos otras referencias cinematográficas, como el asesinato de la ducha en el thriller Vestida para matar (Brian DePalma, 1980) o el apodo Velvet touch de uno de los personajes que hace referencia al título original de la película Hedda Gabler, cae el telón (Jack Gage, 1948). Pero es el doble episodio final, Réquiem 1981/1987 (T11E9-10), dirigidos por Our Lady J y Jennifer Lynch, la hija del director David Lynch, los que introducen más elementos experimentales y una iconografía más cercana a los grandes directores del cine LGTB en los años ochenta y noventa, como Derek Jarman y su Sebastiane (Paul Humfress, Derek Jarman, 1976) o Gregg Araki y su provocativa Vivir hasta el fin (1992). Estos dos últimos episodios profundizan en la tragedia del SIDA y en la representación de la enfermedad como el camino hacia una muerte inevitable. La historia adopta el verdadero terror a través de la vida real, aunque con una puesta en escena que a veces parece una pesadilla (esa escena de hombres trajeados cayendo en una tumba), lo que acaba otorgando a esta temporada una singularidad dramática. 

Happy valley (Temp. 3 y Final)
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Movistar+, 3 de enero-7 de febrero
Creada por Sally Wainwright
Dirigida por Patrick Harkins, Sally Wainwright, Fergus O'Brien

La creadora de Happy Valley (BBC, 2014-2023), Sally Wainwright (1963, Reino Unido), ha tardado siete años en concluir una serie que se planteó como una historia de tres temporadas, en parte por haberse ocupado de otros proyectos como la comedia de época Gentleman Jack (BBC/HBO Max, 2019-2022) que se interrumpió de forma brusca en su segunda temporada tras la decisión de HBO de abandonar la producción, lo que provocó su cancelación, aunque todavía se están buscando fuentes de financiación alternativas. Pero esta pausa ha beneficiado a la historia, sobre todo porque ha permitido convertir a Ryan (Rhys Connah), el nieto de la agente de policía Catherine Cawood (Sarah Lancashire) e hijo del psicópata Tommy Lee Royce (James Norton) en el eje central de la historia, sin tener que cambiar de actor. Rhys Connah, que tenía ocho años cuando debutó en la primera temporada, es ahora un adolescente de 16 años, lo que permite establecer una relación diferente con su abuela y también con su padre. Esto que amplía la perspectiva de una serie que ya no es solo una historia sobre mujeres aprisionadas por la violencia interna en sus hogares, como era principalmente en las anteriores temporadas, sino que se plantea en esta ocasión como una propuesta que reflexiona sobre las conexiones y desconexiones entre padres e hijos y sobre las diferentes percepciones que provocan las personas dependiendo de las distintas circunstancias en las que se producen. Esta idea de convertir a Ryan en un joven que pudiera tener ideas propias sobre la relación que quería establecer con su padre surgió, según la guionista, desde el final de la segunda temporada, por lo que la pausa fue en cierta manera buscada con la intención de no prescindir del actor que lo interpreta. 

Happy Valley se ha convertido a lo largo de estos años en una serie de culto, un thriller que ha sabido encajar la trama policíaca con un drama familiar en el que nada parece aleatorio, incluso en las conexiones entre la hermana de la protagonista, Clare Cawood (una excelente Siobhan Finneran) y el propio Tommy en anteriores momentos de la historia que también se convierten en objeto de reproche por parte de Catherine. Porque lo que Sally Wainwright consigue construir con especial cuidado son las relaciones entre los personajes, y una de las más rotundas es la que se convierte en un enfrentamiento directo entre Clare y Catherine al comienzo del Episodio 3. Los actores de la serie, y especialmente las actrices, consiguen monólogos poderosos, como el del personaje de Ann Gallagher (Charlie Murphy), una de las mujeres que vivieron el infierno de una relación con Tommy, quien tiene ahora un papel más secundario pero en el Episodio 6 estalla en una diatriba de desahogo y desesperación. Ese estigma es el que está impregnado en Catherine Cawood, a punto de jubilarse pero todavía pendiente de los movimientos de Tommy, como la constatación dramática de que la pesadilla del abuso no termina cuando el culpable está en la cárcel, sino que su sombra se cierne constantemente sobre las víctimas, directas o secundarias. Esa permanencia de la herida psicológica que no cicatriza nunca. 

Poco se puede decir más sobre la revelación que fue el trabajo de Sarah Lancashire en las primeras temporadas, una actriz que el año pasado nos regaló una hermosa interpretación en la serie Julia (HBO Max, 2022-), de cuya segunda temporada ya confirmada no hemos oído hablar más, lo cual no se sabe si es bueno o malo viniendo de HBO Max. En todo caso, retoma el personaje de Catherine Cawood con un tono mayor de melancolía y una mirada puesta en la jubilación. En algunos momentos su personaje puede rozar el drama arrebatado, pero es en la gestualidad sutil en la que se marcan los detalles de una conexión absoluta con la guionista, incluidos esos toques de humor que surgen de forma aparentemente espontánea en los momentos más dramáticos. Incluso cuando el guión parece desnivelado, como si hubiera demasiadas cosas que contar en solo seis episodios, con la introducción además de dos subtramas que acaban conectándose entre sí, la estructura de la historia es modélica. El último episodio, que llega a los 70 minutos de duración, sabe centrarse en la trama principal, regalarnos uno de los momentos más esperados de esta temporada, una secuencia tragicómica llena de suspense y de tensión en la que James Norton está absolutamente espléndido, y de camino concluir las subtramas manteniéndolas como lo que son, tramas paralelas que refuerzan la idea principal de que las mujeres, al final, son las víctimas pero también pueden ser sus propias salvadoras.  

Makanai: La cocinera de las maiko
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Netflix, 12 de enero
Creada por Hirokazu Koreeda
Dirigida por Hirokazu Koreeda

Otro de los directores destacados que se han incorporado al catálogo de la plataforma roja es el reconocido Hirokazu Koreeda (1962, Japón), que ha estrenado recientemente su última película, Broker (2022). Aunque Koreeda ejerce principalmente como productor ejecutivo y solo dirige los dos primeros episodios, en esta adaptación del popular manga de Aiko Koyama, que también fue adaptado como serie de animación, hay características de su cine, con temas como la familia o la ausencia. Es el director más sutil y cercano, que recuerda a Después de la tormenta (2016), la película semiautobiográfica que precedió a la versión más punzante sobre el entorno familiar que fue Un asunto de familia (2018), ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Y en cierta manera también es una reinterpretación de la imagen que se ha transmitido de las geishas, sobre todo a partir de la publicación del libro Memorias de una geisha (1997, Ed. Debolsillo) en la que el autor Arthur Golden ofrecía una visión occidentalizada que las relacionaba con la prostitución, y que años más tarde se adaptaría al cine en la película Memorias de una geisha (Rob Marshall, 2005). Las geiko y maiko (dos denominaciones de las geishas) han perdido presencia en Japón, desde las 80.000 que había en los años 20 hasta las menos de 1000 que hay en la actualidad, especialmente debido a las secuelas de la pandemia del COVID-19. Koreeda ha manifestado que no conocía realmente el mundo de las geishas, pero ha construido un entorno que desprende calidez y amabilidad, aunque siempre con esa proyección de sumisión femenina hacia hombres adinerados. La misión de las geishas es básicamente la de entretener a través de diferentes artes a hombres que pagan por tenerlas bajo su protección. 

Procedentes de su hogar en la localidad de Aomari, las dos adolescentes Sumire (Natsuki Deguchi) y Kiyo (Nana Mori), cuya luminosidad transmitida por la actriz no se oscurece en ningún momento, llegan a Kioto para aprender a ser geishas, bajo la supervisión de sus nuevas "madres". El personaje de Kiyo es, de hecho, el que representa mejor la principal característica de una serie amable que sobre todo consigue crear una atmósfera cálida en torno a esta familia formada desde la convivencia de las aprendices geiko, y que se desarrolla durante un período de un año, hasta que Sumire consigue su presentación como geisha. Pero la serie en realidad se centra en la figura de la makanai, como su título indica, que hace referencia tanto a la cocinera como a la comida que prepara en la casa principal. En este sentido, Makanai: La cocinera de las maiko (Netflix, 2023) se concentra en los detalles de la preparación de platos que no son muy sofisticados, sino que pertenecen a la tradición culinaria de las cocinas japonesas. Y ese aspecto es el que conecta con otra de las series japonesas más interesantes de la plataforma, La cantina de medianoche: Historias de Tokio (Netflix, 2016-2019), una adaptación de una famosa serie estrenada en Japón en 2009, que cuenta diferentes historias en torno a un pequeño restaurante que abre solo por las noches. 

Conforme la historia se desarrolla, el protagonismo de Sumire y Kiyo deja paso a otros personajes que experimentan subtramas centradas en sus propios anhelos personales, pero también en las más veteranas como Azusa (Takako Tokiwa), quien convive con su hija Ryoko (Aju Makita) en la casa. El embarazo provocó que Azusa perdiera toda oportunidad de convertirse en una maiko, y al mismo tiempo su hija se siente como la causa principal de la frustración que pudo experimentar su madre. Es una trama agridulce, que también explora los sacrificios que deben realizar las jóvenes aspirantes para, al final, conseguir el objetivo de servir a los hombres. El planteamiento cinematográfico en los dos primeros episodios demuestra el talento de Hirokazu Koreeda como director, quien observa al principio el interior de la casa desde una perspectiva más externa, un poco a la manera de los planos de Yasujiro Ozu, pero que progresivamente se va involucrando cada vez más en la acción que se desarrolla en el interior. También hay que decir que el resto de los episodios se los reparten notables directores como Hiroshi Okuyama, responsable de la espléndida película Jesús (2018), y Takuma Satô, que dirigió la interesante ¿Algún llorón por ahí? (2019), ganadora del premio a la Mejor Fotografía en el Festival de San Sebastián. Hay algunos episodios especialmente divertidos como Carnaval (T1E8) en el que las aspirantes se disfrazan de zombies usando como modelo La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968), en una de las referencias cinematográficas de la serie. La primera incursión de Hirokazu Koreeda en el formato seriado es una propuesta agradable, un poco naif si se quiere, pero de un visionado rico en detalles.


Atlanta (Temp. 4 y Final) ****
Disney+, 18 de enero
Creada por Donald Glover
Dirigida por Hiro Murai, Angela Barnes, Adamma Ebo, Donald Glover

Comentábamos en nuestro repaso a las mejores series de 2022 que el final de algunas producciones notables estrenadas entre 2015 y 2017,  los años previos a la proliferación de las plataformas de streaming (en 2015 Netflix comenzó la expansión internacional que la situó en una posición privilegiada), suponía el cierre de una etapa en la historia de la televisión. La serie Atlanta (Disney+, 2016-2022) es una de las que forman parte de esa época de renacimiento de la denominada "televisión de prestigio" que permitía a los creadores experimentar con lenguajes y narrativas diferentes a las habituales. También nació cuando había un cierto auge de la que se consideraba como Black TV, con comedias familiares como Black-ish (Disney+, 2014-2022), que también estrenó en 2022 su octava y última temporada, una serie cuyo primer episodio en el año 2014 fue visto por 11 millones de espectadores. Pero Atlanta ofrecía otro tipo de humor, una independencia irreverente que ha sentado las bases de un tipo de dramedia que se aleja de los cánones habituales de la black sitcom domesticada y complaciente. Y eso que a la propia serie se la ha criticado recientemente de contar historias negras para una audiencia no negra, algo que a Donald Glover le molesta especialmente. Las dos primeras temporadas de la serie han pasado a la historia como referentes fundamentales para producciones posteriores pero al mismo tiempo la tercera temporada, estrenada cuatro años después de la segunda, se ha convertido en "algo diferente, o quizás ha reforzado su carácter inconformista, aunque sea sacrificando a sus propios seguidores", como decíamos en nuestro comentario sobre Atlanta - Temp. 3.

Tras el paréntesis desarrollado en Amsterdam, que ofrecía una visión sobre Europa algo cercana a la típica mirada de estudiante norteamericano, llena de estereotipos y tópicos, e incluso utilizando tradiciones que ya no se practican como tropo para abordar el tema del micro racismo, la temporada final regresa a Atlanta, su espacio conocido y representativo, y de alguna manera también recupera la narrativa que la hizo popular. Pero se puede decir que, en la línea de su propia idiosincrasia, la cuarta temporada de Atlanta es decepcionante y, sin embargo, sigue siendo mejor que muchas series. Porque, aunque mantiene esa habilidad para crear una conexión con los personajes a través de historias que tienen un carácter surrealista, como en The most Atlanta (T4E1), el reencuentro de los protagonistas desde una especie de ensoñación extraña, hay temas que se repiten y una cierta falta de evolución narrativa que al final ha acabado colocando a algunos personajes en una especie de círculo vicioso, especialmente en el caso de Paper Boi (Bryan Tyree Henry) que continúa su adaptación a la fama con otro episodio de pesadilla como el que vimos en la tercera temporada, aquí en Crank dat killer (T4E6) enfrentado a la idea de que un antiguo compañero de clase quiere asesinarle (introduciendo un tiroteo en un centro comercial), que parece repetir esquemas anteriores, aunque resulta más divertido e inquietante el otro episodio que protagoniza, Andrew Wyeth, Alfred's world (T4E9) en el que un descanso en el campo acaba en una pesadilla casi cercana al folk horror, ambos por cierto dirigidos por Hiro Murai, el auténtico creador de la tonalidad especial de la serie. Hay otra muestra de la maestría de Hiro Murai en otro episodio que hace referencia a las películas de terror, Snipe hunt (T4E7), en el que Earn (Donald Glover), Van (Zazie Beetz) y su hija Lottie (Austin Elle Fisher) hacen una excursión al bosque. La historia es la menos interesante, tratando de hacer evolucionar la relación serpenteante entre ambos, a raíz de una oportunidad de trabajo para Earn, pero tiene un notable trabajo de dirección que bordea los géneros de manera sutil. 

También hay momentos en los que las reflexiones se vuelven demasiado obvias, como en The homeliest little horse (T4E2) en la que durante unas sesiones de terapia Earn recuerda algunos momentos de racismo experimentados en el pasado, o en la tradicional crítica a Tyler Perry, multimillonario de la cultura negra más conservadora, representado como Mr. Chocolate (Donald Glover) en su universo de telecomedias simplonas en Work ethic! (T4E5), cuando Van comienza a trabajar en una serie familiar que acaba de nuevo en una historia con toques de pesadilla surrealista. Pero en su crítica más o menos evidente, tiene gracia la presencia de Donald Glover envuelto en uno de esos maquillajes grotescos tan característicos de la serie de películas protagonizadas por Tyler Perry en el papel de Madea que comenzó con Diario de una chiflada (Darren Grenta, 2005) y continúa hasta El regreso a casa de Madea (Tyler Perry, 2022). Casi como conexión al espíritu de antología de la tercera temporada, en The Goof who sat by the door (T1E8) se propone una imaginada fábula sobre el único presidente negro en la historia de Walt Disney, una reflexión irónica sobre las escasas posibilidades de que ésto ocurra en la propia casa donde se produce la serie, que se desarrolla alrededor de la película Goofy e hijo (Kevin Lima, 1995), la única protagonizada por este personaje secundario con el que se sentía identificada, al parecer, parte de la comunidad negra. Quizás el principal problema de Atlanta en las últimas dos temporadas es que se ha vuelto demasiado autoconsciente de su heterogeneidad y en ese sentido se siente como si estuviera representada por ese restaurante de sushi al que acuden, por compromiso, los protagonistas en el episodio final It was all a dream (T4E10). Earn y Van quieren dar su apoyo a la iniciativa de un amigo promocionándola con la presencia de Paper Boi, pero el problema es que este negocio de un chef negro formado en Japón tiene poco que hacer contra la popularidad de un restaurante de la franquicia Popeyes y sus grasientas patatas fritas con especias. La exitosa cadena de restaurantes, por cierto, tomó su nombre del personaje principal de la película The French Connection. Contra el imperio de la droga (William Friedkin, 1971). Es un buen episodio final porque de alguna manera define a la propia serie, tan singular y al mismo tiempo tan autocomplaciente que ha marcado un camino necesario en la reciente historia de la televisión. 

Ópera (Temp. 2)
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Disney+, 18 de enero
Creada por Cécile Ducrocq, Benjamin Adam, Simon Jablonka
Dirigida por Stéphane Demoustier, Jean-Baptiste Pouilloux

Con algo de retraso respecto a su estreno en Francia a través de la cadena de televisión de pago OCS, pero también respecto a la propia plataforma Disney+ en otros países, llega a España la segunda temporada de esta serie francesa sobre los entresijos y la burocracia del prestigioso Ballet de la Ópera de París. Como ya comentamos en nuestra recomendación de la primera temporada, Ópera (Disney+, 2021-) es una serie que refleja con acierto la confrontación entre una estructura tradicional y en cierta manera estancada en el tiempo y las nuevas sensibilidades de la sociedad moderna. Por eso uno de los personajes principales es Flora (Suzy Bemba) cuya piel oscura no supone problemas integración fuera del ballet pero resalta especialmente en un entorno formado predominantemente por bailarinas de raza blanca. Pero el tema de ese racismo latente ya se exploró en la primera entrega y esta segunda avanza recolocando a sus protagonistas para enfrentarlos a nuevos conflictos. En esta ocasión, Zoé Monin (Ariane Labed) recupera el ritmo de trabajo como primera bailarina (étoile) pero, tras la experiencia que tuvo en la primera temporada, absorbe esta nueva oportunidad con la conciencia de que su edad, joven pero veterana, ya anuncia cada vez menos tiempo como artista de primera línea, e intenta aprovechar todas las oportunidades aunque eso suponga un desgaste físico y mental. De hecho, el personaje de Zoé está más que inspirado en la bailarina Aurelie Dupont quien, después de 32 años desde que entró a formar parte del Ballet Nacional de Francia, donde fue durante mucho tiempo su étoile y más tarde directora, se retiró el año pasado para ejercer como maestra, siendo sustituida en la dirección por el bailarín español José Carlos Martínez. Por otro lado, el sueño de Flora por formar parte de la compañía es también la constatación de que las dificultades no han hecho más que empezar. Pero la temporada aborda otras problemáticas que ponen de manifiesto el complejo equilibrio entre la vida personal y la profesional en el mundo de la danza, pero también consigue representar dentro del suntuoso Palais Garnier de París, aunque con muchas escenas rodadas en la Ópera de Lieja (Bélgica), una especie de radiografía de la sociedad francesa. 

Creada por Benjamin Adam y su esposa Cécile Ducrocq, quien trabajó como guionista en Oficina de infiltrados (Canal+, 2015-), esta producción cuenta historias ficticias pero que están claramente inspiradas en acontecimientos reales, como ya explicamos respecto a la primera temporada. Y en este caso la figura de la profesora de baile Diane Tallandier (Anne Alvaro) representa la disciplina confundida con el abuso, explotando a las bailarinas con un objetivo concreto sin importar las consecuencias físicas o psicológicas. Puede parecer que la serie adopta un recurso fácil y tradicional, que está presente en otras películas sobre danza, sin ir más lejos la española Las niñas de cristal (Jota Linares, 2022). Pero lo cierto es que un cuestionario interno en el Ballet de la Ópera reveló en 2016 que el 77% de los bailarines habían sido víctimas o testigos de escenas de acoso moral. Y también hay una reflexión sobre la forma en que una institución tan tradicional afronta este tipo de acusaciones, no equilibrando del todo la presunción de inocencia con el derecho a reclamar una explicación. El trasfondo de la serie aborda cómo una institución arraigada en el pasado puede adaptarse a las necesidades de una sociedad moderna sin perder la esencia de su perfil romántico. Y sin duda lo consigue manteniendo el equilibrio entre la disección de los conflictos internos de la compañía y la suntuosidad de los escenarios que aportan la belleza de la danza y sus referentes clásicos. En esta segunda temporada se utiliza como leit motiv principal el ballet La consagración de la primavera (1913), que supuso todo un acontecimiento cuando se estrenó,  precisamente, en el Teatro de los Campos Elíseos de París el 29 de mayo de 1913. Fue una obra vanguardista que supuso la colaboración entre el músico Igor Stravinsky, el pintor Nikolái Roerich y el coreógrafo Nijinsky, pero que no obtuvo el reconocimiento merecido hasta años después, cuando se volvió a estrenar en 1920, convirtiéndose en una de las más habituales del repertorio clásico de danza.  

Memorias de una escritora
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Filmin, 24 de enero
Escrita por Dunja Gry Jensen, Per Daumiller
Dirigida por Jeanette Nordahl

Hay un creciente interés en la vida de la escritora Karen Blixen (1885-1962, Dinamarca) que se plasma en varios proyectos audiovisuales, como la película El pacto (Bille August, 2021), basada en las memorias del escritor Thorkild Bjørnvig, sobre su tóxica relación en los últimos años de su vida. Las historias escritas por la autora han sido llevadas a la pantalla en varias ocasiones con éxito, como Una historia inmortal (Orson Welles, 1968), El festín de Babette (Gabriel Axel, 1987) y, sobre todo, Memorias de África (Sidney Pollack, 1985), la crónica de su estancia en el continente africano, además del próximo estreno de Ehrengard (Bille August, 2023) basada en el libro publicado en 1963. La actriz Connie Nielsen (1965, Dinamarca) es una de las impulsoras de esta nueva adaptación, The dreamer (Filmin, 2022) que, aunque no está basada en su obra, extrae fragmentos de uno de los cuentos que formaban parte de su primer libro, Seven Gothic Tales (1934), que firmó con el seudónimo Isak Dinesen que seguiría utilizando el resto de su carrera. El proyecto, que parte de una idea de Connie Nielsen y Karoline Leth, supone el regreso de la actriz afincada en San Francisco a su país y su idioma natales, y ofrece el retrato del nacimiento de Karen Blixen como autora literaria después de que regresara a Dinamarca tras acabar arruinada y perder su granja africana, relato que daría pie a su novela más conocida, que comenzaba con la famosa frase: "Tuve una granja en África". 

La escritora es acogida en la gran mansión de su familia, y comienza a escribir el que sería su primer libro, no sin dificultades para editarlo tanto en su país como en Inglaterra. Siete cuentos góticos finalmente conseguiría publicarse en Estados Unidos, donde cosechó un éxito notable que la convirtió en una autora reconocida. Pero la serie, desarrollada por Dunja Gry Jensen, guionista de The good traitor (El embajador Kauffman) (Christina Rosendahl, 2020), y dirigida por Jeanette Nordahl, directora de Wildland (2020), es un espléndido retrato de una mujer con notables contradicciones y una relación complicada con su familia debido a una personalidad perfeccionista y una soledad constante, empeorada por las consecuencias de la ingesta de arsénico desde su estancia en África, un tratamiento que funcionó como remedio de la sífilis que había contraído, pero al mismo tiempo estaba degradando sus órganos internos. En algunas entrevistas, Connie Nielsen ha mostrado su rechazo al retrato que algunos autores han dado de Karen Blixen: "Es una broma que Thorkild Bjørnvig y otros hayan exhibido a Karen Blixen después de su muerte", afirma. "Las relaciones con hombres jóvenes fueron tóxicas porque ella era mujer. Y algunos escribieron sobre ella después de muerta porque ya no podía defenderse. Eso me parece cobarde.(Ekko Filmagasinet, 17/9/2022)

Aunque físicamente Connie Nielsen no guarda demasiado parecido físico con Karen Blixen, incluso tuvo que someterse a una estricta dieta para perder peso después de su participación en la película Wonder Woman 1984 (Patty Jenkins, 2020), la actriz consigue ofrecer una interpretación notable de un personaje que se muestra con sus debilidades y una compleja personalidad, casi siempre centrada en ser reconocida como escritora frente a la incredulidad de su propia familia, empeñada en conseguir su objetivo de publicar aunque tuviera que utilizar algunas amistades personales de su tía Bess (Solbjørg Højfeldt), o las influencias de su cuñado Knud (Lars Mikkelsen). El Episodio 4 está dedicado casi exclusivamente a los problemas que encontró la autora en la traducción al danés de su libro escrito en inglés Seven Gothic Tales, lo que la llevó a reescribirlo ella misma desde el principio. Pero sobre todo la serie acierta en su retrato de una mujer que se reveló contra los convencionalismos de su época, y que insistió en impulsar su carrera a toda costa, aunque desde el punto de vista personal estuviera marcada por sus fracasos sentimentales y una soledad que solo se apaciguaba a través de la relación con su madre Ingeborg (Hanne Uldal). Con una espléndida puesta en escena en forma de un clásico drama histórico, la serie explora también la psicología de Karen Blixen a través de fragmentos oníricos de su cuento The dreamer, una fantasía sobre una mujer misteriosa que seduce a tres hombres, representados por las tres figuras masculinas que se establecen como fundamentales en la vida de la escritora: su exmarido Bror Blixen (Johannes Kuhnke), su gran amor Denys Finch Hatton (Lochlann O'Mearáin) y su hermano Tommy (Joachim Fjelstrup). Pero las figuras masculinas, excepto la de su hermano, no tienen una representación especialmente positiva en la serie, envueltas en una especie de misoginia crónica pero al mismo tiempo necesarias para conseguir introducirse en el mundo literario. The Dreamer es una producción sobresaliente en la línea de los relatos de época en los que suele acertar la cinematografía danesa, que puede ser discutible en algunos aspectos de su representación de la autora danesa, pero que se beneficia de una profundidad en el retrato del personaje. 

La confesión del diablo: Las cintas perdidas de Eichmann 
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RTVE Play, 25 de enero-1 de febrero
Escrita por Yariv Mozer, Kobi Sitt
Dirigida por Yariv Mozer 

TVE ha estado programando a través de La 2 una serie de documentales centrados en el Holocausto con motivo del Día Internacional en Memoria de las Víctimas que la UNESCO estableció el 27 de enero, día en el que las tropas soviéticas liberaron en 1945 a los prisioneros del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Entre ellas, disponibles también en RTVE Play tras su emisión en lineal, se encuentra la espléndida serie La confesión del diablo: Las cintas perdidas de Eichmann (RTVE Play, 2022), aunque el mediocre buscador de la plataforma puede hacer difícil encontrarla dentro del catálogo de documentales. Se trata de una película dirigida por Yariv Mozer (1978, Israel), un cineasta enfocado en la etapa posterior al holocausto y especialmente en las conexiones internacionales de Israel que permitieron la impunidad de algunos notables oficiales nazis, como se detalla en su otra película Ben-Gurion. Epilogue (2016) que rescataba una entrevista de seis horas con el que fuera Primer Ministro del Estado de Israel. El director también ha abordado algunos relatos en torno a la comunidad gay de su país, en los documentales The invisible men (2012) y Undressing Israel: Gay men in the promised land (2012) y la ficción Snails in the rain (2013). Pero La confesión del diablo, que se estrenó en la televisión israelí el verano pasado y que hace una semanas ha sido adquirida por Amazon Prime Video para su distribución internacional, se sostiene en el reciente descubrimiento de una grabación perdida que no pudo ser utilizada por la fiscalía del Distrito Judicial de Israel en el juicio contra el ex-oficial nazi Adolf Eichmann en 1961, aunque finalmente fue condenado a la pena capital. Esta entrevista que le había realizado en 1957 el periodista pro-nazi Willem Sassen cuando Eichmann se encontraba refugiado en Argentina, era una confesión clara sobre la persecución al pueblo judío en la que él mismo describía su implicación directa. Pero cuando Adolf Eichmann fue capturado, las cintas originales desaparecieron y solo permaneció una transcripción escrita de las 28 horas de entrevista. 

A lo largo de sus dos episodios de una hora y cuarto y una hora y media de duración respectivamente, La confesión del diablo utiliza imágenes de archivo del juicio contra Adolf Eichmann y recrea en forma de ficción el momento de la entrevista que Sassen y un grupo de colaboradores realizaron al ex-oficial nazi. Las cintas, rescatadas recientemente en los Archivos Nacionales de Alemania, a los que el director tuvo acceso privilegiado para utilizar fragmentos en audio, ofrecen el relato de la progresiva maquinación de los nazis para elaborar un plan de exterminio que estaba diseñado desde el principio. Eichmann incluso hace referencia a otros oficiales y detalla cómo él directamente acudía al campo de Auschwitz-Birkenau para coordinar las masacres. La primera parte de la serie se centra en relatar el periplo de Adolf Eichmann hasta Argentina, un país que aún estaba gobernado por Juan Domingo Perón, pero que era muy receptivo a la acogida de los nazis huidos de Europa. Allí, Eichmann desarrolló una trayectoria como empresario, conociendo al periodista Willem Sassen, para el que accedió a permitir una entrevista en profundidad en la que se encontraba lo suficientemente cómodo como para hablar sin temor sobre su participación en el Holocausto. Pero en 1960 fue secuestrado por agentes del Mosad en la conocida Operación Garibaldi, manteniéndolo en cautiverio hasta que fue trasladado sin ningún tipo de garantía legal al Estado de Israel con el objetivo de ser sometido a juicio.

La confesión del diablo es un excelente trabajo de investigación que no evita las cuestiones más controvertidas, como las referencias que hizo Adolf Eichmann a destacados colaboradores judíos de los nazis, entre ellos algún miembro del recién formado Estado de Israel. Por otro lado, plantea la idea de que las cintas en realidad exoneraban al periodista húngaro Rudolf Kastner como colaborador nazi, quien fue asesinado en 1957 después de que una corte israelí le acusara de haber contribuido al exterminio judío. Y sobre todo hace referencia a la posible participación de Ben-Gurion en la ocultación de las cintas originales, a pesar de que hubieran sido la prueba definitiva contra Adolf Eichmann. Al no poder usar este material y solo aceptarse como prueba una parte de las transcripciones, la defensa finalmente utilizó el relato de supervivientes de los campos de concentración para establecer una narrativa sobre el holocausto. La actitud de bloqueo del gobierno de Israel se debía en buena medida a la necesidad que éste tenía de establecer buenas relaciones diplomáticas con Alemania Occidental, pero también para evitar referencias incómodas a ministros de su propio gobierno en el entorno del holocausto. Presentado en el Festival DocAviv 2022, La confesión del diablo es un trabajo relevante que despeja algunas dudas importantes sobre el juicio de Adolf Eichmann y propone controvertidos planteamientos  sobre una parte de la posguerra que no ha sido desarrollada por cuestiones políticas. 

Terapia sin filtro
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Apple tv+, 27 de enero-24 de marzo
Creada por Jason Segel, Brett Goldstein, Bill Lawrence
Dirigida por James Ponsoldt, Ry Russo-Young, Randall Keenan Winston

Con su punto de partida relativamente atractivo sobre un terapeuta que decide adoptar otro tipo de perspectiva respecto a sus pacientes, haciendo todo lo contrario a lo que se supone que debe hacer un terapeuta, la nueva comedia creada por Jason Segel junto a los creadores de Ted Lasso (Apple tv+, 2020-), que en su tercera temporada se ha enfrentado a las indecisiones del nuevo showrunner Jason Sudeikis, adopta nuevamente ese tono de buen rollo que tenía aquella, pero envuelto en problemáticas más profundas. En realidad, la propia Ted Lasso ha explorado en algunos episodios temas como la depresión provocada por la ausencia, y de alguna manera el personaje de Jimmy (Jason Segel) también se enfrenta a sus propios demonios personales utilizando el humor como estrategia pero sin saber exactamente cómo conducir su vida. Demasiado recurrente en cuanto al tema de la esposa fallecida y la hija adolescente (Lukita Maxwell) que se siente abandonada por un padre que no sabe afrontar el duelo, la serie no evita los lugares comunes, pero al menos trata de construir alrededor del protagonista a personajes más o menos elaborados. Eso funciona en algunos casos, especialmente en el desarrollo posterior de Paul (Harrison Ford), el jefe de Jimmy, un hombre arisco que ha ocultado a su propia hija que padece los primeros síntomas del Parkinson y que irá protagonizando su propia subtrama en torno a la comunicación en su familia. 

Jimmy encuentra a la primera "víctima" de su nueva estrategia terapéutica en Sean (Luke Tennie), un joven cuyo estrés postraumático tras haber tenido experiencia militar en el extranjero le provoca ataques de violencia extrema. Los primeros episodios de la serie se centran sobre todo en el protagonista, lo que permite a Jason Segel mostrar su habitual despliegue de gestualidades exageradas para construir un personaje que tampoco se diferencia tanto de otros creados por él mismo para series como Desde otro lugar (Prime Video, 2020). Mientras que introduce personajes interesantes pero a los que no se les acaba sacando partido posteriormente como Liz (Christa Miller), la vecina que ha acaparado la relación con la hija de Jimmy ante la doble ausencia de su madre fallecida y su padre distraído con sus propios problemas. Al final del episodio Fortress of solitude (T1E2), cuando la mayor parte de los personajes están presentados y "colocados", comenzamos a darnos cuenta del escaso interés que tienen los guionistas en profundizar en estos personajes y en llevar la historia a alguna parte. De ahí que comiencen a tomar protagonismo los histriones de la serie: la compañera de trabajo de Jimmy, Gabby (Jessica Williams) y su mejor amigo, Brian (Michael Urie). Ella es una especie de Ted Lasso de la terapia, una joven siempre positiva, simpática y algo infantil que sin embargo proporciona solo bromas simples y previsibles. Brian es el personaje homosexual típico de las comedias de los años noventa, el otro contrapunto divertido que al menos ofrece algunos episodios bien construidos como Imposter Syndrome (T1E6) que se desarrolla alrededor de su fiesta de compromiso, y que consigue capturar un sentido del humor al estilo Blake Edwards, en una celebración en la que ocurren situaciones absolutamente incómodas. 

Son estos momentos los que proporcionan a Terapia sin filtro una prestancia por encima de lo habitual a pesar de que decide convertirse en una comedia de situación banal en la que los pacientes de Jimmy aparecen solo cuando a los creadores les conviene. Como Grace (Heidi Gardner), que mantiene una relación tóxica con su novio, otro de esos personajes desaprovechados que no acaba de profundizar en un aspecto tan complejo como el que trata, y para la que los guionistas deciden adoptar el humor negro en Closure (T1E10) como un camino hacia un posible mayor protagonismo en una segunda temporada ya confirmada. La gran estrella de la producción, Harrison Ford, muy activo últimamente con la confirmación de las nuevas temporadas de ésta y su otra serie 1923 (SkyShowtime, 2023-), funciona humorísticamente por contraposición. Su personaje huraño y hastiado de las extravagancias de Jimmy acaba siendo el que tiene diálogos más punzantes, aunque la subtrama familiar sea algo pastelosa. Terapia sin filtro es una serie que acaba apostando por el camino fácil sin que su guión sea especialmente brillante, pero que logra conformar un conjunto de personajes de los que, con algo más de dedicación, pueden aprovecharse sus virtudes.

Carmen Curlers
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Filmin, 31 de enero
Escrita por Mette Heeno
Dirigida por Natasha Arthy, Lisa Jespersen, Josefine Kirkeskov, Christian Tafdrup

La producción de series en Dinamarca tiende a la recreación de historias familiares de época, y de hecho uno de sus dramas más longevos es Hotel El Balneario (Filmin, 2013-), una crónica social que se desarrolla entre 1928 y 1940 que el año pasado estrenó su novena temporada. La plataforma Filmin ha estrenado también este mes la excelente Memorias de una escritora (Filmin, 2022), que cumple rigurosamente con los cánones del tipo de producción que en Dinamarca saben desarrollar con habitual acierto. Carmen Curlers (Filmin, 2023-) también podría englobarse dentro de este género de época pero, a diferencia de lo que es habitual, se desarrolla en los años sesenta y tiene un tono mucho más distendido, de comedia sutil y planificación dinámica, con el uso de la pantalla dividida y algunas referencias al estilo elegante de películas como El caso de Thomas Crown (Norman Jewison, 1968), con la utilización en algunas ocasiones de la pantalla dividida. La serie se inspira en el libro Carmen (2011), escrito por Soren E. Jønsen sobre la historia de Arne Bybjerg Pedersen, un empresario extravagante que fue pionero en la fabricación de rizadores de pelo eléctricos en Dinamarca, que puede parecer un invento simple pero cambió el aspecto y la posición de las mujeres en la sociedad danesa de la época. Su empresa Carmen Curlers se convirtió en un éxito internacional hasta que en 1969 la vendió a la multinacional norteamericana Clairol, que era su principal cliente, y se trasladó con su familia a Australia, donde administró una granja hasta su muerte, ocurrida en noviembre del año pasado. Por tanto, la trama principal de la serie en torno a la expansión de la marca Carmen Curlers se desarrolla entre 1963 y 1969 pero, aunque una idea inicial la planteaba como un largometraje y después como una miniserie de 10 episodios, la propuesta de la guionista principal, Mette Heeno (1976, Dinamarca), responsable de series notables como Hijos de la nieve (Snöänglar) (Sundance TV, 2021), fue que la historia se desarrollara durante tres temporadas de ocho episodios cada una, a lo que DR accedió sorprendentemente, porque no es habitual este tipo de compromisos, sobre todo en un momento en que los canales públicos están viviendo una profunda crisis de audiencia y de cierta identidad. Pero el plan de DR Drama para los próximos cuatro años es ambicioso, con la producción de seis series de alto presupuesto y dos de perfil más alternativo, tratando de recuperar a los espectadores perdidos.  

En realidad, el planteamiento de Carmen Curlers, es también más ambicioso, y se construye principalmente como una crónica social sobre el comienzo de la emancipación de las mujeres en los años sesenta, una época llena de acontecimientos sociales importantes, como el nacimiento de los sindicatos, que derivan en temas mucho más amplios relacionados con las cuestiones de género, las condiciones de trabajo o la invisibilidad de las relaciones homosexuales. El protagonista principal es Axel Byvang (Morten Hee Andersen), el empresario obsesionado con una idea que incluso pone en peligro su propia estabilidad familiar, pero alrededor de él se han creado personajes de ficción como Birthe Windfeld (Maria Rossing), la mujer de un granjero que debe comenzar a trabajar cuando a su marido le diagnostican un cáncer y que será fundamental en el movimiento laboral femenino; o se ha ampliado la relevancia de Tove (Rosalinde Mynster), la esposa de Axel que se siente desplazada por la obsesión empresarial de su marido. Lo que hace bien la serie es crear un entramado de historias paralelas que enriquecen la trama principal, como la de Poul, un vecino que se opone a la construcción de la fábrica en unos terrenos junto a su casa y que representa la tradición. El personaje está interpretado por el actor y director Christian Tafdrup, que el año pasado dirigió el inquietante drama Speak no evil (Christian Tafdrup, 2022), una de las mejores películas de terror del Festival de Sitges, que también ha ejercido como director de dos episodios, alternándose con realizadoras como Natasha Arthy, que ha dirigido series como The killing (DR, 2007-2012).

La eclosión colorista de la década de los sesenta permite que la puesta en escena sea vistosa, con la utilización principal de colores primarios y una concepción visual que, como decíamos, conecta con las películas anglosajonas de la época. El trabajo de la directora de producción Knirke Madelung, quien también participó en la serie Algo en que creer (DR, 2017-2018) y la diseñadora de vestuario Rebecca Richmond es extraordinario, y ayudan a una narrativa dinámica y vitalista, incluso con el añadido de alguna coreografía musical que, lejos de resultar forzada, ayuda a crear la atmósfera de sueño hecho realidad. Aunque esta vistosidad a veces esconde aspectos más frágiles, especialmente en la figura del peluquero Frans (Nicolai Jørgensen), uno de los principales colaboradores de Axel, quien no tiene asumida su identidad sexual y que descubre, cuando experimenta la vida nocturna de la comunidad homosexual de Copenhague en el episodio El artista (T1E7), que la sociedad danesa es poco receptiva a determinados comportamientos. Carmen Curlers es una de las series nominadas a los TV Drama Vision del Festival de Gotemburgo que se ha celebrado hace unos días y logró atraer a 1,3 millones de espectadores en su estreno, aunque le faltaron medio millón más para batir la audiencia del drama de época de la competencia Hotel El Balneario (TV2, 2013-). Con la temporada dos en pleno rodaje, Carmen Curlers insufla un carácter más desenfadado a las ficciones hechas en Dinamarca, y consigue aportar dinamismo sin que éste resulte artificial, con unos conflictos que generan una cierta energía a la narrativa. 

Sospechoso
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Movistar+, 3-10 de febrero
Creada por Peter Berry
Dirigida por James Strong, Camilla Strøm Henriksen

Estrenada en el mes de noviembre en ITV antes del lanzamiento un mes después de la nueva versión de su plataforma digital, que ahora se llama ITVX, Sospechoso (ITV, 2022) cuenta en principio con la garantía de la producción ejecutiva de Peter Berry, guionista de Gangs of London (Sky, 2018-), y Jake Lushington, productor de la exitosa serie Vigil. Conspiración nuclear (Movistar+, 2021-) La historia está adaptada de la novela Sospechoso (2004, Ed. Rocabolsillo), del escritor australiano Michael Robotham, del que también se han trasladado a la pantalla otros libros en forma de series como The secrets she keeps (2020), y a quien Stephen King calificó en su momento como "el maestro absoluto del thriller psicológico". El punto de partida tiene como elemento principal al habitual falso culpable que debe huir de la policía mientras trata de averiguar la verdad del crimen por el que los investigadores le consideran más culpable conforme se descubren ls contradicciones de su declaración y los secretos que ha ocultado. En este caso se trata del psicólogo Joe Loughlin (Aidan Turner) que es sospechoso de asesinato aunque él tiene el convencimiento de que todo es una trampa urdida por uno de sus pacientes. A través de sus cinco episodios los puntos de giro no son especialmente sorprendentes, pero la serie mantiene la tensión y el suspense en todo momento, gracias a un buen trabajo de dirección que se reparten James Strong, veterano director británico que ha realizado episodios de series como Vigil. Conspiración nuclear y Broadchurch (ITV, 2013-2015) y la directora noruega Camilla Strøm Henriksen, responsable de series como Occupied (Prime Video, 2015-2020). 

Uno de los elementos fundamentales en este tipo de historias es la personalidad de su protagonista, y en este caso el actor Aidan Turner, casi irreconocible con una tupida barba hipster, al que muchos recordarán especialmente gracias a su torso desnudo y su carismático personaje en la serie Poldark (ITV, 2015-2019), realiza un interpretación sólida, lo suficientemente dubitativo como para que el espectador tenga sospechas de su sinceridad y adecuadamente tenso en los momentos más complicados. Al personaje se le añade un aspecto que le hace mucho más complejo y frágil, ya que padece unos incipientes síntomas de alzheimer. Aunque el guión a veces camina por un terreno resbaladizo en el que encontramos algunos desequilibrios respecto a la credibilidad del desarrollo de la historia, la serie se beneficia también de unos personajes secundarios bien construidos, especialmente el detective Vince Ruiz (Shaun Parkes) y su compañera Riya Devi (Anjli Mohindra), que aportan el suficiente interés como para hacernos desear un procedimental protagonizado por estos personajes.  

Aunque The suspect no es un thriller totalmente bien ensamblado, está interpretado con eficacia y es mucho más entretenido que otras muestras de series policíacas estrenadas recientemente como la británica Ridley (ITV, 2022-) con Adrian Dunbar metido en el papel de un ex-policía enfrentado a casos poco interesantes, o la producción canadiense Three pines (AXN, 2022), una sosa y poco creíble serie de investigaciones en torno a asesinatos que se producen en un mismo pueblo. También hay que agradecerle que no busque formas retorcidas de mostrar escenarios del crimen, como en casi todas las historias policíacas en las que los guionistas inventan asesinatos lo más crueles posibles. Aquí todo es mucho más sencillo y mucho más complejo al mismo tiempo, cada episodio termina en un adecuado cliffhanger y acaba construyéndose una historia de intriga y sospechas que funciona de forma más eficiente, por ejemplo, que The control room (Filmin, 2022). 

Reservation dogs (Temp. 2)
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Disney+, 8 de febrero
Creada por Sterlin Harjo, Taika Waititi
Dirigida por Sterlin Harjo, Erica Tremblay, Danis Goulet, Tazbah Chávez, Blackhorse Lowe

Casi de forma clandestina, Disney+ ha estrenado la segunda temporada de Reservation dogs (Disney+, 2021-), a pesar de que hace meses ya la había incluido en su catálogo en otros territorios. Pero no hay mal que por bien no venga, así que ya se puede disfrutar en España de esta excelente nueva temporada de una de las sorpresas de 2021. Hay algunos apuntes en el final de su segunda temporada que indican de qué manera una serie como ésta puede encontrar el camino adecuado para seguir retando al espectador con ideas creativas. El Mapa Indígena de América con el que se cierra el último episodio representa los lugares a los que han sido relegadas las poblaciones indias, y es al mismo tiempo un reflejo del orgullo de un pueblo diverso pero también la constatación de una comunidad desplazada a espacios cerrados donde pueden convivir entre ellos, pero sin formar una parte activa de la sociedad que les rodea. De alguna forma, la serie que crearon Sterlin Harjo, que había dirigido anteriormente algunas películas con mejores intenciones que resultados como Barking water (2009) y Taika Waititi, aunque su participación es más como mentor que de implicación en el proyecto, se ha convertido en la representante de un resurgir de la relevancia de la comunidad nativa americana que han tenido que protagonizar ellos mismos porque, al contrario que con las comunidades negras o asiáticas, nadie se ha preocupado en saber por qué los nativos no estaban adecuadamente representados en la cultura audiovisual norteamericana, cuando son realmente los habitantes autóctonos del país. Series como Rutherford Halls (Peacock, 2021-2022), que ha sido cancelada tras dos temporadas, o Dark winds (AMC+ 2022-) han seguido un camino que es importante, no solo porque se enfocan en las problemáticas de la comunidad indígena sino porque están escritas, dirigidas y protagonizadas por representantes de esa misma comunidad.

Otra de las señales que indican que Reservation dogs está construida con inteligencia es que se permite el lujo de dar una conclusión más o menos cerrada a la trama horizontal que ha acompañado a la serie durante las dos temporadas. De forma que el episodio I still believe (T1E10) escrito por Tommy Pico y dirigido por Sterlin Harjo, se siente como un perfecto desenlace de la serie que sin embargo se coloca en el final de esta temporada, aunque antes de su conclusión se anunció que FX había encargado una tercera que se estrenará durante 2023. Pero cuando un programa se siente lo suficientemente confiado en que tiene material para seguir construyendo a sus personajes, se puede permitir el lujo de ir cerrando arcos narrativos que en otros casos se podrían estirar varias temporadas. La habilidad de la sala de guionistas de Reservation dogs es la de encontrar el equilibrio adecuado entre una comedia con algunos tintes de realismo mágico que de alguna forma representan a un pueblo que se sostiene en la presencia de los ausentes, y una cierta mirada desoladora hacia una generación de jóvenes que cada vez se sienten más desarraigados de su propia comunidad. Pero también es una serie sobre la pérdida, que se materializa a través de episodios muy emocionantes como Mabel (T2E4), escrito por Sterlin Harjo y Devery Jacobs, la actriz que interpreta al personaje de Elora, que esta temporada se ha incorporado como guionista. El episodio se adentra en la ceremonia de la muerte para la comunidad indígena, pero no como un final, sino como el traspaso de la sabiduría de los mayores a las generaciones jóvenes. 

Cuando comienza esta nueva aventura, el grupo de amigos que forman los protagonistas de alguna manera se encuentran cada vez más alejados, pero aunque se pierde el sentido de camaradería que había en la primera temporada, esta situación permite a los creadores desarrollar varios episodios centrados en cada uno de los personajes, y se convierten en grandes propuestas narrativas que funcionan por sí mismas pero al mismo tiempo alimentan su propio desarrollo. Uno de los más brillantes es Roofing (T2E3), escrito por Sterlin Harjo y Chad Charlie, que se centra en el primer día de trabajo de Bear (D'Pharaoh Woon-A-Tai) reparando tejados. Siendo una divertida representación de la masculinidad, resulta significativo que esté dirigido por una mujer, Erica Trembley, quien también ha participado como guionista en Dark winds, pero sobre todo aborda un proceso de autodescubrimiento a través del duelo compartido entre el joven Bear y Danny (Michael Spears), el padre de su amigo Daniel (Dalton Cramer), cuyo suicidio es el arco horizontal de la serie. Otro momento de brillantez es Say gold cheesey boy (T2E7), escrito por Bobby Wilson y dirigido por Blackhorse Lowe, que tiene a Cheese (Lane Factor) como protagonista cuando es recluido en un centro de menores, con la participación del excelente Marc Maron como actor invitado.

También es cierto que hay algunos lugares comunes en esta temporada, como This is where the plot thickens (T2E8), que es el típico episodio alucinatorio que hemos visto en otras series como Atlanta (Disney+, 2016-2022), protagonizado por el policía indígena Big (Zahn McClarnon), a quien esta temporada se le ha visto poco; o Wide net (T2E5), escrito y dirigido por Tazbah Chavez, que es algo así como el Resacón en Las Vegas (Todd Phillips, 2009) de las matriarcas de la comunidad. Pero quizás la mejor representación de cómo Reservation dogs consigue celebrar las tradiciones indias tomándolas con humor es el divertido Decolonativization (T2E6), escrito por Erica Trembley y dirigido por Tazbah Chavez, sobre una sesión de educación tribal que tiene momentos muy divertidos pero que sirve sobre todo para reconectar a los protagonistas y lanzarlos hacia los dos magníficos episodios finales. Porque Offerings (T2E9), escrito por Migizi Pensoneau, y I still believe (T2E10), ambos dirigidos por Sterlin Harjo, contienen los momentos más surrealistas, divertidos y emocionantes que hemos visto este año, y confirman sin ninguna duda a Reservation dogs como una de las grandes series del momento.    


El quinto día se estrena en Movistar+ el 13 de marzo. 
Ted Lasso se estrena en Apple tv+ el 15 de marzo.
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Películas mencionadas: 

Drive my car, Nadie sabe, A la caza, Vestida para matar, Una historia inmortal, Memorias de África, Wildland y El caso de Thomas Crown se pueden ver en Filmin.
El chico de Asakusa, The witcher: la pesadilla del lobo, Memorias de una geisha, ¿Algún llorón por ahí?, El regreso a casa de Medea y Las niñas de cristal se pueden ver en Netflix. 
El exorcista se puede ver en Prime Video. 
Después de la tormenta se puede ver en Filmin y Pluto tv.
Un asunto de familia se puede ver en Filmin y HBO Max.
La noche de los muertos vivientes se puede ver en Classics, Filmin, FilmBox+, FlixOlé, Mubi y Plex. 
Goofy e hijo y The French Connection. Contra el imperio de la droga se pueden ver en Disney+.
El festín de Babette se puede ver en Acontra+, Filmin y Movistar+.
The good traitor (El embajador Kauffman) se puede ver en Filmin y Prime Video. 
Wonder Woman 1984 se puede ver en HBO Max. 
Resacón en Las Vegas se puede ver en HBO Max y Movistar+. 


06 febrero, 2023

FIMUCS II: Reflexiones sobre música de cine


El 2° Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla (FIMUCS) parece tener la intención de consolidar una iniciativa que en 2021 tuvo que lidiar con la pandemia del coronavirus, retrasando su cita desde el mes de marzo hasta noviembre, y que este año se engloba dentro de las actividades en torno a la celebración el próximo 11 de febrero de la gala de los premios Goya en Sevilla, lo que ha servido para enfocar la programación como una antesala de los galardones que otorga la Academia de Cine. Aunque es significativa la ausencia de los compositores nominados este año, que no participaron ni siquiera en las jornadas formativas, si bien Iván Palomares participó en la primera edición como director de orquesta en el Homenaje a Ennio Morricone que incluyó también bandas sonoras de cine español. Esta propuesta nace como una iniciativa impulsada por la Universidad Loyola junto a la promotora Sevilla Film Orchestra y la web de bandas sonoras SoundTrackFest, en colaboración con la Academia de Cine. La participación de la Universidad le da al festival un carácter formativo interesante, apoyando parte de la programación en las Jornadas sobre Música y Cine que organiza la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas en colaboración con SoundTrackFest, ofreciendo mesas redondas, encuentros y una clase magistral en la sede de la Fundación Valentín de Madariaga. Aunque no se plantearon estrictamente debates, sino mesas redondas en las que los conferenciantes hablaban de sus propios proyectos, con un enfoque más técnico en algunos casos (Arnau Bataller y Víctor Reyes en "Instrumentos virtuales, instrumentos reales y everything in between") y con más curiosidades en otros (Zeltia Montes y Federico Jusid en "Cómo crear una banda sonora y no morir en el intento"), pero con una ausencia de sinergias que implicaran a otros componentes de la producción cinematográfica para plantear debates más amplios sobre la función de la música de cine. En este sentido la incorporación del director Juanma Bajo Ulloa a la mesa redonda "Componiendo a cuatro manos. La colaboración entre dos compositores y un director", junto a Bingen Mendizábal y Koldo Uriarte, fue interesante aunque esta se acabó desviando de su enunciado principal y apenas se habló del trabajo musical en la película Baby (Juanma Bajo Ulloa, 2020). Estas jornadas son uno de los puntos fuertes del festival, pero siempre que su diseño se enfoque en aspectos diferenciadores y evite la repetición, como ocurrió en algún caso. En la primera edición una de las mesas redondas se tituló "La composición de música para animación" y tuvo como ponentes a Zacarías M. de la Riva y Manel Gil-Inglada, y este año se repitió el mismo enunciado en la mesa redonda titulada "El corazón del cine de animación: la música", de nuevo con Zacarías M. de la Riva, pero acompañado por Joseba Beristain. Las Jornadas sobre Música y Cine se cerraron con una apasionada clase magistral de José Nieto que seguía los análisis que el compositor madrileño ha llevado a cabo en libros como Música para la imagen (1996, Ed. Fundación Autor SGAE) y Música y estructura narrativa (2022, Ed. Letra de Palo). Esta faceta formativa de FIMUCS propone un punto de vista diferenciador para seguir explorando en próximas ediciones.

Un aspecto de las concurridas Jornadas de Música y Cine.                                           © FIMUCS

La edición de este año propuso tres conciertos, dos sinfónicos y un tercero titulado “Nuevas miradas para la música de cine”, integrado por versiones de bandas sonoras a cargo de estudiantes del Grado en Creación y Producción Musical de la Universidad Loyola, una titulación desarrollada junto a la Universidad de San Francisco (EE.UU.) y de la que es responsable Francisco Cuadrado, decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Loyola, y asimismo director del Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla, FIMUCS, al que hay que agradecer su atención con la prensa. 

UNA NOCHE POCO AVENTURERA

El concierto “Una noche de aventuras” abrió esta edición del Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla con un programa bastante heterodoxo dedicado a las bandas sonoras del género de aventuras, con un enfoque más popular que atrajo a más público que el segundo, sin llenar la sala, y que interpretó la ROSS bajo la dirección de David Hernando Rico, director de orquesta vallisoletano formado en la Universidad de Música en Eslovaquia y que fundó en 2000 la Orquesta Sinfónica de Bratislava cuyas siglas originales, BSO (Bratislava Symphony Orchestra) es toda un declaración de principios sobre su enfoque muy centrado en el repertorio y grabación de bandas sonoras, siendo la orquesta elegida por numerosos compositores de música de cine españoles e internacionales. David Hernando Rico ha grabado con la BSO más de un centenar de bandas sonoras como La gran aventura de Mortadelo y Filemón (Javier Fesser, 2004), de Rafael Arnau y Mario Gosálvez, Tiovivo, c. 1950 (José Luís Garci, 2004) de Pablo Cervantes, A la deriva (Ventura Pons, 2009) de Carles Cases, Héroes (Pau Freixas, 2010) de Arnau Bataller, Los pingüinos de Madagascar (Simon J. Smith, 2014) de Lorne Balfe, Angry birds: La película (Clay Kaytis, Fergal Reilly, 2016) o la reciente El gato con botas: El último deseo (Joel Crawford, Januel Mercado, 2022), ambas de Heitor Pereira, así como videojuegos del nivel de Assassin’s Creed III (2012) de Lorne Balfe y Batman: Arkham origins (2013) de Christopher Drake.

Se podría decir que la dirección de David Hernando Rico no consiguió extraer la fuerza necesaria de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en la mayor parte de las piezas interpretadas, que sonaron demasiado apagadas y evidenciaron una cierta falta de ensayos. Aunque se evitó el recurso de las imágenes de películas como soporte del concierto, sí se utilizó la figura del presentador, en este caso el joven Javi Cuadrado, que si bien podía ser justificable para presentar a los compositores invitados, sus intervenciones resultaron más esforzadas que acertadas. El concierto comenzó con una suite algo tibia de la música que Miklós Rózsa (1907, Hungría-1995, Los Angeles) compuso para Ben-Hur (William Wyler, 1959), y continuó con El señor de los anillos: La comunidad del anillo (Peter Jackson, 2001) que nos hizo recordar aquel estreno mundial de la Sinfonía para concierto de la trilogía de El señor de los anillos arreglada por Howard Shore (1946, Canadá) en los Encuentros de Música de Cine de 2004, en los que el propio compositor dirigió a la ROSS. Esta vez contó con la participación vocal de Blanca Miralles Rodríguez, una joven de 12 años de Mairena del Aljarafe que fue semifinalista en La Voz Kids, y que transmitió frescura pero también inseguridad.

La selección de piezas interpretadas fue tan acertada como poco arriesgada, y ahí estaban las habituales Robin Hood. Príncipe de los ladrones (Kevin Reynolds, 1991) de Michael Kamen (1948, Nueva York-2003, Londres), y El primer caballero (Jerry Zucker, 1995) de Jerry Goldsmith (1929, Pasadena-2004, Beverly Hills) como concesiones populares, aunque afectadas por la deficiente sonoridad de la sala. En esta primera parte del concierto hay que destacar las varias intervenciones de los instrumentos de viento solistas, especialmente el clarinete, que aportaron sobriedad. En el repertorio interpretado fue acertada sin embargo la introducción de piezas de compositores españoles como El capitán Trueno y el Santo Grial (Antonio Hernández, 2011), de Luis Ivars (1960, Alicante), quien intervino brevemente para comentar su trabajo en una banda sonora que no conseguía suplir las deficiencias de la película a pesar de cierta ampulosidad “zimmeriana”. Otra de las aportaciones españolas fue la música de Joseba Beristain (1978, Azcoitia) para la película de animación Elcano & Magallanes. La primera vuelta al mundo (Ángel Alonso, 2019), una interesante composición que por su planteamiento sinfónico (fue interpretada originalmente por la Orquesta Sinfónica de Euskadi) encajaba mejor con la estructura de la ROSS y fue un contundente inicio de la segunda parte del concierto.

Concierto "Una noche de aventuras" (ROSS bajo la dirección de David Hernando Rico).                                          © FIMUCS

Esta segunda parte también incluyó el estreno mundial de la suite de la banda sonora de Tadeo Jones 3. La tabla Esmeralda (Enrique Gato, 2022) que su compositor Zacarías M. de la Riva (1972, Barcelona) reconoció que solo había tenido tres días para arreglar como pieza para concierto. De todas formas, el hecho de que las bandas sonoras de las películas de Tadeo Jones hayan sido grabadas por la Bratislava Symphony Orchestra bajo la dirección de David Hernando Rico proporcionó una interpretación más ajustada y conseguida. En general se puede decir que la ROSS se fue acomodando progresivamente y encontró un sonido más limpio y menos dubitativo en la segunda parte del concierto. De esta forma sonaron con mayor contundencia King Kong (Peter Jackson, 2005) de James Newton Howard (1951, Los Angeles) y Cómo entrenar a tu dragón (Dean DeBlois, Chris Sanders, 2010) de John Powell (1963, Londres), aunque no se entiende bien esta tendencia a incluir música de películas de animación en un concierto dedicado al género de aventuras. La conclusión llegó con la inesperada y acertada elección de la suite para concierto “The flight to Neverland” de la película Hook (Steven Spielberg, 1991), que suele incorporar John Williams (1931, Nueva York) en sus presentaciones. Pero cuando pensábamos que FIMUCS había conseguido programar un concierto sobre cine de aventuras sin caer en la tentación de incluir ninguna referencia a Indiana Jones, David Hernando Rico se sacó de la manga un bis-popurrí de los temas de siempre de John Williams, precedido por un primer bis con el tema principal de Elmer Bernstein (1922, Nueva York-2004, California) para la película Los siete magníficos (John Sturges, 1960), quizás por eso de dejar a los espectadores con cuerpo de cine. En todo caso, esta primera cita fue de menos a más, pero dejó un sabor de boca agridulce.

DE GALA CON LOS GOYA SIN LOS NOMINADOS A LOS GOYA

El segundo concierto estuvo dedicado al cine español, bajo el título "De Gala con los Goya", de nuevo interpretado por la ROSS bajo la dirección de David Hernando Rico, con un programa que se anunciaba como dedicado a compositores nominados o ganadores de premios Goya, compuesto por una selección variada de bandas sonoras que no siempre estaban conectadas directamente con los galardones de la Academia de Cine. De hecho, aunque desde la organización del festival nos aclaran que la programación estaba definida desde hace tiempo, se echó en falta la presencia de algunas de las bandas sonoras nominadas este año, especialmente Las niñas de cristal (Jota Linares, 2022), de Iván Palomares, y Los renglones torcidos de Dios (Oriol Paulo, 2022), de Fernando Velázquez, las dos más sinfónicas. Tampoco ninguno de los nominados participó en las Jornadas sobre Música y Cine, posiblemente por estar ya comprometidas las mesas redondas, pero esto evidencia en cierta manera que las nominaciones a los Goya de este año contradicen el propio concepto del festival, más enfocado hacia el tradicional predominio del sinfonismo cuando la mitad de los trabajos finalistas se apoyan en sonoridades electrónicas, como As bestas (Rodrigo Sorogoyen, 2022), de Olivier Arson, ganadora del Premio Feroz a la Mejor Banda Sonora, o Modelo 77 (Alberto Rodríguez,  2022), de Julio de la Rosa. Lo que nos lleva a preguntarnos si tienen sentido conciertos con orquesta sinfónica para bandas sonoras que no se apoyan en estas formaciones musicales. Por ejemplo, la música de El buen patrón (Fernando León  de Aranoa, 2021), compuesta por Zeltia Montes (1979, Madrid) y ganadora del Goya 2022, está planteada para una pequeña formación de cámara con predominio de instrumentos de viento, y no gana especialmente con los arreglos como Suite sinfónica, apoyándose en el violonchelo como instrumento solista. La suite acabó siendo demasiado larga y no hizo honor al excelente uso de la música en la película, por más que se acompañara de imágenes aleatorias en la pantalla.

Antonio Dechent pensando que estaría mejor en su casa viendo un partido de fútbol.         © FIMUCS

Esta vez la presentación del concierto corrió a cargo de un profesional veterano como Antonio Dechent, pero casi hubiéramos preferido que el director de FIMUCS, Francisco Cuadrado, hubiera elegido a otro miembro de su familia para presentarlo. Porque el actor sevillano cumplió con desgana y prácticamente parecía estar leyendo por primera vez sobre el escenario el guión que le habían escrito. No sabemos si fue por improvisación de la organización o porque Antonio Dechent hubiera preferido estar viendo el fútbol, pero su intervención transmitió falta de respeto, especialmente teniendo en cuenta que la mayor parte de los compositores estaban presentes en la sala. Afortunadamente solo intervino para presentar cada una de las dos partes del concierto, que musicalmente comenzó con un homenaje a los clásicos del cine español, a través de la Suite “Historia de nuestro cine” dedicada al compositor Augusto Algueró (1934, Barcelona-2011, Torremolinos), sobre sus bandas sonoras para las películas La fierecilla domada (Antonio Román, 1956), El ruiseñor de las cumbres (Antonio del Amo, 1957), El secreto de Mónica (José María Forqué, 1962), Cabriola (Mel Ferrer, 1965) y Las chicas de la Cruz Roja (Rafael J. Salvia, 1958), vehículos de lucimiento para Carmen Sevilla, Joselito, Marisol y Concha Velasco. Esta suite forma parte del catálogo de Musimagen, la Asociación de Compositores de Música para Audiovisual, que viene realizando un trabajo de recopilación en una serie de “suites históricas” para orquesta sinfónica del trabajo de compositores clásicos de cine españoles. “Historia de nuestro cine” tiene arreglos de Claudio Ianni y se estrenó en 2015 en el Teatro Monumental de Madrid con motivo del 30 aniversario de la Academia de Cine con la orquesta de RTVE y posteriormente también se interpretó en la gala de los Goya de 2017. Es una creación adecuada para la orquesta que incluye algunas melodías reconocibles del maestro de la composición que funcionó bien como introducción.

Más actual, pero no menos clásico, José Nieto (1942, Madrid) también fue protagonista del concierto al margen de su clase magistral en las Jornadas de Música y Cine. Nominado a los Goya en once ocasiones, ha ganado en seis de ellas, pero no trabaja en el cine desde su última colaboración con Vicente Aranda en Luna caliente (2009), que también fue la última película del director. Esta ausencia del mundo audiovisual e incluso de la música aplicada a otras manifestaciones artísticas como el ballet o el teatro, que le valió el premio Max a la Mejor Composición Musical para Espectáculo Escénico por El burlador de Sevilla (2004), es en parte una decisión personal tomada por José Nieto, quien dedica más tiempo a la docencia, y ha manifestado en algunas ocasiones que no se siente cómodo con el sistema de trabajo actual. Él mismo afirma que en su música para cine nunca ha usado una orquesta convencional, por lo que adaptar sus trabajos como piezas de concierto supone, según él, “reescribir la música, tratando de que no pierda personalidad, para una orquestación más tradicional”.  De José Nieto, el único compositor que ha recibido el Premio Nacional de Cinematografía, se interpretó una suite de su banda sonora para Carmen (Vicente Aranda, 2003), que fue la primera película por la que obtuvo un premio Goya, en aquella ocasión en la categoría de Mejor Canción. La suite es la misma que se incluyó en el álbum José Nieto 75 Aniversario (2018, Saimel Ediciones), un imprescindible recopilatorio con arreglos del propio compositor interpretados por la Joven Orquesta Sinfónica de Granada. Sin embargo, la interpretación de la ROSS estuvo carente de ímpetu y al mismo José Nieto, sentado cerca de nosotros, no pareció convencerle demasiado.

Concierto "De Gala con los Goya" (ROSS bajo la dirección de David Hernando Rico).                © Marina Casanova

El uso de imágenes de las películas acompañando a los conciertos de música de cine es uno de los recursos más controvertidos de los últimos años, sobre todo porque minimiza el valor de las propias composiciones, descontextualizando su función. Tendría sentido si la pieza interpretada tuviera como fondo la secuencia para la que se ha compuesto, pero en un concierto resulta poco probable. Lo demás es tratar de hacer la interpretación “más entretenida”, lo cual supone un menosprecio al trabajo de los compositores. Sin embargo, es una práctica habitual incluso en prestigiosas citas como los World Soundtrack Awards de Gante, cuando unos premios de esa categoría deberían promover la relevancia de las bandas sonoras. Pero podría justificarse si la edición de las imágenes se pusiera al servicio de la interpretación, pensando en la música que las va a acompañar, algo que no suele ser habitual. Por eso, cuando mejor funcionó en el concierto fue con el montaje realizado por Aitor López de Aberásturi, colaborador de Juanma Bajo Ulloa, de las imágenes de Baby (Juanma Bajo Ulloa, 2020), para acompañar a la Suite de Bingen Mendizábal (1962, Vitoria-Gasteiz) y Koldo Uriarte (1976, Araia), aunque David Hernando Rico no consiguiera una adecuada sincronización con ese montaje, quizás por la falta de ensayos que mencionábamos antes. Precisamente el 10 de febrero se estrena en algunas salas el documental que ha dirigido Aitor López de Aberásturi, Bidean jarraituz (2023), que está dedicado a la trayectoria del compositor Bingen Mendizábal y la relación entre su música y el cine. Y ya que se supone que el Festival de Sevilla colabora con FIMUCS, sería interesante una mayor implicación de sus responsables, no solo aportando el logotipo, para programar proyecciones especiales que ampliaran la cobertura del Festival Internacional de Música de Cine. 

Con buen criterio se escogió para el final de la primera parte del concierto una Suite de la película La sombra de la ley (Dani de la torre, 2018), compuesta por Manuel Riveiro (1974, Catoira), que consigue un tema principal sinfónico muy contundente para un intento fallido de cine negro que contaba en esta banda sonora nominada al Goya 2019 con la colaboración de Xavi Font (1972, Lleida). La música de Arnau Bataller (1977, Valencia) para Mediterráneo (Marcel Barrena, 2021), nominada al Goya 2022, abrió la segunda parte con eficacia, aunque sus composiciones para la película introducen elementos electrónicos que “distorsionan” la realidad y que se echaban en falta. De Víctor Reyes (1962, Salamanca) pudimos escuchar el nostálgico tema “Max” de la película En la ciudad sin límites (Antonio Hernández, 2002), una de las primera bandas sonoras dirigidas por David Hernando Rico, en cuya interpretación brilló el violonchelo solista. El carácter sinfónico de estas piezas ayudó a mejorar el sonido de la orquesta, lo que se notó en la música de La piel del tambor (Sergio Dow, 2022), de Roque Baños (1968, Murcia), quien no pudo asistir al festival por compromisos laborales en Hollywood. Su aportación es una insulsa banda sonora para una no menos insulsa intriga sobre la novela de Arturo Pérez Reverte que pasó sin pena ni gloria por los cines, y parecía una elección más dirigida a ese toque de sevillanía que los organizadores de conciertos que se celebran en Sevilla parecen sentirse obligados a introducir. El romanticismo melódico de El verano que vivimos (Carlos Sedes, 2020), nominada al Goya 2021, y la contundencia épica de Orígenes secretos (David Galán Galindo, 2020) ambas del prolífico compositor español Federico Jusid (1973, Argentina), destacando el piano solista en la primera y la sección de metales en la segunda, fueron una buena conclusión para un concierto que terminó en un notable crescendo, aunque el desbarajuste de la despedida con todos los compositores sobre el escenario enfrió el desenlace.

Despedida de FIMUCS 2023 con los compositores invitados sobre el escenario.               © FIMUCS

Quizás una de las conclusiones más significativas y, por qué no decirlo, más decepcionantes, de estos dos conciertos desde un punto de vista musical es que los compositores españoles de las nuevas generaciones se reflejan más en los músicos de Hollywood que en sus antecesores españoles, tienen una sonoridad más estandarizada, se parecen más a John Williams o Hans Zimmer que a Antón García Abril o José Nieto, quien compuso una de las primeras grandes bandas sonoras sinfónicas españolas para El caballero del dragón (Fernando Colomo, 1985). De alguna manera son producto de una homogeneización de la música aplicada, y se podría decir que la programación de algunos encuentros de música de cine contribuyen a maleducar el oído de los espectadores ofreciendo lo de siempre en el mismo formato de siempre. Es uno de los grandes desafíos de un festival como FIMUCS, que acierta en el enfoque formativo y en su centralidad en los compositores de música cinematográfica en España, pero que necesita una mayor amplitud en su propuesta concertística que le diferencie del resto de festivales.

FIMUCS se enfrenta a varios retos importantes, entre ellos definir cuál es su identidad como festival y crecer posiblemente hacia ese carácter internacional que define su nombre, sobre todo teniendo como referente a los Encuentros Internacionales de Música de Cine de Sevilla, un perfil de festival que es casi imposible de organizar en la actualidad, contando con la dirección orquestal de la mayor parte de los compositores invitados, la participación de los principales creadores musicales para cine (se podría decir que solo faltó la presencia de John Williams) e incluso con la recuperación de bandas sonoras clásicas a través de la edición discográfica de algunos de sus conciertos. El mundo del cine y su estructura económica ha cambiado tanto que resulta necesario un planteamiento más comercial para que un encuentro de estas características sobreviva, y si no que se lo pregunten a los World Soundtrack Awards. Pero FIMUCS debe corregir algunos aspectos importantes, como el nivel técnico de sus intérpretes solistas o la propia sede de los conciertos, un auditorio de Cartuja Center CITE que no está especialmente adaptado para conciertos sinfónicos, ahogando la amplitud sonora de la orquesta. Al margen del Teatro de la Maestranza, es también más adecuada la acústica del Teatro Lope de Vega, abierto a iniciativas como la proyección el pasado fin de semana de la película El maquinista de la General (Clyde Bruckman, Buster Keaton, 1926), con la ROSS interpretando en directo la música compuesta por Timothy Brock, quien también fue el director de la orquesta, y que consiguió agotar las entradas los dos días, por lo que no parece haber una falta de interés del público sevillano en iniciativas en torno a la música de cine. Apoyándose en sus aciertos, y tratando de definir finalmente una fecha de celebración concreta cada año, el Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla tiene una base sólida que puede consolidarle como una de las citas más destacadas en el panorama de festivales dedicados a bandas sonoras.

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Películas mencionadas: 

Bidean Jarraituz se estrena en cines el 10 de febrero. 

La gran aventura de Mortadelo y Filemón, Tiovivo, c. 1950, La fierecilla domada, El ruiseñor de las cumbres, El secreto de Mónica, Cabriola, Las chicas de la Cruz Roja y Luna caliente se pueden ver en FlixOlé.
Héroes se puede ver en FlixOlé y Prime Video. 
Los pingüinos de Madagascar se puede ver en HBO Max, Netflix y Prime Video. 
Angry birds: La película, Las niñas de cristal, Los renglones torcidos de Dios, La sombra de la ley y Orígenes secretos se pueden ver en Netflix. 
Ben-Hur se puede ver en HBO Max y Movistar+. 
El señor de los anillos: La comunidad del anillo se puede ver en HBO Max y Prime Video.
King Kong, El buen patrón y Mediterráneo se pueden ver en Movistar+. 
Cómo entrenar a tu dragón se puede ver en Netflix y Prime Video. 
Hook se puede ver en Filmin. 
Los siete magníficos se puede ver en MGM. 
Carmen se puede ver en Filmin, FlixOlé y Prime Video. 
El verano que vivimos y El caballero del dragón se pueden ver en Prime Video. 
El maquinista de la General se puede ver en Classix, Filmbox+, Filmin, Mubi, Plex y Prime Video.


03 febrero, 2023

Gotemburgo 2023 - Parte 2: Lazos familiares

Nuestra segunda crónica del Festival de Gotemburgo, que se celebra hasta el 5 de febrero, continúa repasando algunas de las películas más interesantes que forman parte de su programación, no solo en las secciones competitivas sino también en otras secciones paralelas, lo que supone un recorrido por algunos títulos destacados que se han podido ver recientemente en otras muestras cinematográficas. En esta ocasión el tema que comparten las películas de las que hablamos son los lazos familiares, reflexiones en torno a la familia a través de vidas frustradas, de enfermedades mentales, del dolor y de la muerte.

Amor y matemáticas

Claudia Sainte-Luce, 2022 | International Competition | ★★★


Las historias que suele contar la directora Claudia Sainte-Luce (1982, México) están marcadas por miradas a la sociedad mexicana que se construyen desde las relaciones familiares, como en Los insólitos peces gato (2013), que ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Gijón. Con una prolífica trayectoria reciente que la ha llevado a estrenar tres películas en dos años, presentó en el Festival de Toronto Amor y matemáticas (2022), ganadora del premio al mejor Actor en el Festival de La Habana, y pasó por el Festival de Berlín El reino de Dios (2022), que posteriormente consiguió el premio a la Mejor Dirección en el Festival de Gijón. La primera participa en la Sección Oficial del Festival de Gotemburgo como una muestra de la progresiva madurez de la cineasta mexicana, a través de una historia que transmite la monotonía de una familia de clase media en la que Billy (Roberto Quijano) lleva una existencia apática como hombre de la casa, cocinando y cuidando al bebé mientras su esposa Lucía (Daniela Salinas) trabaja, y tratando de poner en marcha iniciativas empresariales algo peregrinas junto a su hermano. La mudanza de una nueva vecina supone un cambio radical en esta situación, porque Mónica (Diana Bovio) reconoce a Billy como ex-miembro de un popular grupo de música juvenil, de la que ella era seguidora, y le proporciona la esperanza de un regreso al mundo de la música que no parece demasiado realista pero que insufla una bocanada de aire fresco a la existencia del protagonista. 

Con un estilo muy característico de la directora, a través de una puesta en escena sobria, que en muchas ocasiones coloca a los personajes en habitaciones poco iluminadas que reflejan la apatía de sus vidas, la cámara se mueve entre unos y otros en planos secuencia en los que los diálogos ágiles contrastan con la sobriedad de los espacios, un acierto de la guionista Adriana Pelusi en la primera película de Claudia Sainte-Luce que no escribe ella. El retrato de esta clase media que vive en una especie de burbuja alejada de la sociedad se hace a partir de la imperfección de sus vidas, lo que está representado en la zona en la que viven Billy y su familia, un barrio residencial a medio construir, en medio de grandes descampados que invitan a la planificación de más casas adosadas, iguales las unas a las otras. La subtrama del perro de Lucía que desaparece o es desaparecido es uno de los soportes de la historia principal, la que unirá los destinos de Billy y Mónica y establecerá un grado de confianza que él no ha logrado con su esposa. Billy es la representación de una vida frustrada que tuvo un momento de brillantez, y que no ha podido crecer sino que se ha ido empequeñeciendo gradualmente. Mientras otros miembros de la banda comenzaron carreras en solitario, él se ha tenido que conformar con que alguna aficionada le reconozca en el supermercado y le recuerde la frustración de su existencia. Hay un tono de comedia seca que dibuja una sonrisa amarga, virtud principal de una película sutil que se recrea en los gestos y las miradas, encontrando un camino que revela el desasosiego de una burbuja, que no se tiene que enfrentar a las problemáticas sociales, pero que al mismo tiempo se mantiene en un constante desequilibrio emocional. 

Sister, What grows where land is sick?

Franciska Eliassen, 2022 | Ingmar Bergman Competition | ★★★


La visión de un mundo que se enfrenta a la destrucción es una manera poderosa de acercarse a las enfermedades mentales, algo que logra en una extraña mezcla de drama psicológico y pulsión ecofeminista la película Sister, What grows where land is sick? (Hermana, ¿qué crece donde la tierra está enferma?) (Franciska Eliassen, 2022), cuyo título internacional es más reflexivo pero menos misterioso que el título original, Den siste våren (La última primavera). La directora debutante de este largometraje que consiguió una Mención Especial y el Premio del Jurado Joven en la sección Cineastas del Presente en el Festival de Locarno, se enfrentó cuando tenía 13 años a los primeros síntomas de una enfermedad mental que sufrió su hermana, y a esa relación que se forjó entre ellas le dedicó el cortometraje Søster (Franciska Eliassen, 2022), que en realidad fue una especie de ensayo que le sirvió para conseguir financiación para afrontar el largometraje. Se trata de una película independiente que no tiene el apoyo económico de la administración pública del país, y que se estrenará en Noruega durante el mes de marzo, después de pasar por varios festivales internacionales. Franciska Eliassen (1997, Noruega) rodó esta historia personal en 2019 durante solo siete días, pero después tuvo un accidente que le causó una conmoción cerebral de la que tuvo que recuperarse y posteriormente llegó la pandemia, de forma que también recoge en su propio desarrollo de producción las complejidades de su vida. La historia está contada desde el punto de vista de Eira (Keira Lahart), alter ego de la directora, quien narra que un día decidió cometer la traición de comenzar a leer los diarios de su hermana Vera (Ruby Dagnall), a través de los cuales ella y los espectadores nos adentramos en las reflexiones ecologistas y vitales de una joven que siente la necesidad de rebelarse contra un mundo en peligro de extinción. La mirada en realidad se introduce en la experiencia de Vera, que comienza a sufrir síntomas de una posible enfermedad mental mientras conecta con la mitología y las leyendas ancestrales en busca de un equilibrio con la naturaleza. 

El planteamiento de la directora es fascinante, y pone en duda el concepto de distorsión psicológica planteado en una sociedad que de hecho no se puede considerar normal a sí misma. Y surge la pregunta de si es la mente de Vera o es el mundo el que está enfermo en realidad. De alguna manera ella no encaja dentro de la idea de equilibrio que consiste en compartimentar y etiquetar, lo que se pone de manifiesto en su cada vez más complicada relación con sus amigos. Eira decide dejarse llevar por el mundo de Vera y tratar de entender sus miedos y sus reflexiones manteniéndose cada vez más cerca de ella, y explorando los significados de las palabras escritas en su diario. La película se construye progresivamente en torno a momentos de soledad de las dos hermanas y secuencias de ensoñación, quizás, que reflejan el mundo interior de Vera, en las que aparecen representaciones de seres mitológicos que pueblan los bosques, máscaras que dan vida a las antiguas brujas, esas otras mujeres perseguidas y maltratadas por tener una concepción del mundo diferente, y con las que de alguna manera la propia Vera se siente identificada. Es la persecución de lo femenino como una especie de amenaza frente al patriarcado cuando no ocupa el espacio que se le ha asignado. 

Franciska Eliassen, que también asume la producción y el montaje, va derivando su película hacia terrenos cada vez más etéreos, sinuosos e imaginativos, como si se estuviera impregnando la propia historia de la experiencia interior de Vera, pero nunca se desequilibra hacia lo meramente superficial, sino que elabora capas narrativas de imágenes y sonidos que acaban moviendo a la reflexión y contagiando las dudas sobre el concepto de normalidad que hemos establecido. Es una mirada poética que consigue captar la atención hacia un ecologismo que nace del interior y se conecta con las representaciones ancestrales de respeto a la naturaleza. Y por tanto su película amplía su mirada desde la historia personal hacia una reflexión más amplia, una visión generacional que se representa en las fotografías y recortes que conforman una especie de laberinto personal en la habitación de Vera, pero que describe con habilidad la progresiva desaparición de un mundo destruido por sus propios habitantes. 

Driving mum

Hilmar Oddsson, 2022 | Nordic Light | ★★★


La ganadora del Gran Premio a la Mejor Película en el Festival de Tallin 2022, además de conseguir un galardón a la Mejor Música, fue la comedia islandesa Driving mum (Hilmar Oddsson, 2022), cuyo sentido del humor seco como el árido paisaje durante el recorrido en coche que hacen los protagonistas, acaba siendo un espléndido reflejo del sentimiento absurdo de la vida. Jón (Þröstur Leó Gunnarsson) vive con una madre autoritaria (Kristbjörg Kjeld) cuya muerte también está marcada por una imposición, cuando deja por escrito la orden de ser enterrada en Eyrarbakki, el pueblo donde nació, que se encuentra en la otra punta de Islandia. Como hijo sometido en su tardía madurez, Jón decide cumplir el deseo de su madre maquillándola y llevándola sentada en el asiento trasero de su coche, tan destartalado que parece que está a punto de desfallecer también. Y este recorrido mostrado con una fotografía monocromática que sin embargo consigue capturar la aridez y la espectacularidad de los paisajes islandeses es el centro de la narración de esta película. A lo largo del viaje, en el que Jón no oculta que su madre está muerta, ella le habla mientras son acompañados por su inseparable perro Brezhnev que también tendrá una extraña experiencia con la muerte. 

La interacción del protagonista con personajes que se cruzan en su camino es habitualmente ruda y maleducada, tal es la escasa socialización que ha tenido en esa especie de penitencia vital que ha experimentado conviviendo con su madre, como una especie de sacrificio por decisiones equivocadas tomadas en el pasado. En esos años ha aprendido a hacer ganchillo y elaborar chalecos de lana, y se ha aficionado a tomar fotografías. Pero el viaje, como todos los viajes cinematográficos, supone también una transformación personal, un auto-aprendizaje de socialización aunque sus primeros encuentros (con unas cumpleañeras coquetas, con un conductor enfadado por el lento discurrir del vehículo de Jón...) son más bien toscos. El toque de realismo mágico que impregna la película se va haciendo progresivamente más profundo, con la presencia de una especie de coro de actores disfrazados que acompañan al protagonista en una referencia sacada directamente del cine de Federico Fellini, subrayada por una banda sonora de instrumentaciones básicas que tiene también algo de sonoridad circense. Pero el trabajo del compositor Tõnu Kõrvits (1969, Estonia) se hace cada vez más etéreo, recuperando algunas composiciones de su album Mirror (2016, ECM Records) que grabó con la violonchelista Anja Lechner y el Coro Filarmónico de Tallin, que suena en una noche de ensoñación del protagonista. 

El director Hilmar Oddsson (1957, Islandia) se recrea con una tonalidad que está entre la comedia absurda y la reflexión existencial surrealista, pero siempre mantiene el equilibrio a través de un tono melancólico que en cierta manera evita que la película pueda ser considerada realmente como una comedia. En una escena en la que Jón habla con un turista (Thomas Lemarquis) en dos idiomas distintos, como si tuvieran una conversación pero en realidad cada uno de ellos refiriéndose a algo distinto, se refleja perfectamente ese tono particular que impregna la película. Es una situación absurda y cómica, pero al mismo tiempo también muestra la barrera comunicativa del protagonista. Jón ha vivido aprisionado junto a su madre en un lugar remoto de Islandia, escuchando cintas de cassette de programas de radio grabados, en un aislamiento del que, en definitiva, no puede desprenderse. La conclusión es que Jón es una especie de animal enjaulado que fuera de su encierro es incapaz de sobrevivir, lo que acaba convirtiendo a la comedia en una mirada de amargura sobre la imposibilidad de alcanzar la libertad. 

El visitante

Martín Boulocq, 2022 | Voyage | ★★★


La película boliviana El visitante (Martín Boulocq, 2022) consiguió el premio al Mejor Guión internacional en el Festival de Cine de Tribeca a través de una historia sencilla pero que refleja una realidad social cada vez más presente en Latinoamérica. Si algo tienen en común los recientes asaltos a los poderes del Estado en Brasil (2023) y Estados Unidos (2021) es que ambos estuvieron impulsados y fomentados por líderes de las iglesias evangélicas, cercanas generalmente a posiciones de extrema derecha, que cuestionan los instrumentos democráticos siempre que no les favorezcan. La historia de esta película habla precisamente de las imposiciones de este tipo de religión que es absorbente y excluyente a través de uno de estos excluídos, Humberto (Enrique Araoz), quien acaba de salir de la cárcel por una razón que no se explica y tuvo un pasado alcohólico que provocó que su hija Aleida (Avet Mena) acabara siendo acogida por sus abuelos Carlos (César Troncoso), un pastor de una iglesia evangélica en Cochabamba y su esposa Elizabeth (Mirella Pascual), tras la muerte de la madre en circunstancias poco claras. La intención de Humberto es la de recuperar a Aleida demostrando que ha cambiado, pero su situación económica, sin un trabajo estable, y las reticencias de sus suegros hacen difícil que pueda conseguir la custodia incluso utilizando las vías legales. 

Humberto parece tener una estrategia para lograr llegar a su hija, que pasa por ganarse la confianza de Carlos demostrando que se ha convertido en un buen feligrés de la iglesia evangélica, participando en algunas de sus reuniones y mostrándose como una persona sumisa que ha dejado atrás conflictos pasados que se intuyen en las conversaciones entre ambos. Por el momento, se dedica a cantar piezas de ópera en funerales (el actor Enrique Araoz es en realidad tenor) mientras hace algunos trapicheos con los que de alguna manera imita la técnica que utilizan las propias iglesias evangélicas: "Hacemos misión y al mismo tiempo generamos riqueza", dice a uno de sus colaboradores. Al final, se trata de un juego de poder que se posiciona de forma paralela entre la predicación de Carlos y la búsqueda de aceptación de Humberto, lo que se pone de manifiesto en una escena en la que éste parece querer resistirse a participar del engaño que practica el pastor delante de sus feligreses, cuando es requerido para que suba al escenario y se deje exorcizar los demonios. Mientras la cámara se acerca al rostro de Humberto, la resistencia se refleja en una mirada que parece la de un animal embravecido. Pero la necesidad de ceder para poder recuperar a su hija es la predominante. 

Martín Boulocq (1980, Bolivia), uno de los pocos directores que ha desarrollado una carrera más o menos estable en un país como Bolivia donde hacer cine es una aventura sin apenas apoyo público, utiliza su propia ciudad, Cochabamba, como una parte protagonista de la historia, a través de un pasado que refleja también conflictos como la llamada Guerra del Agua, protestas ciudadanas que tuvieron lugar en 2000 en contra de la privatización del abastecimiento de agua potable al municipio, y que de alguna manera se acabó reproduciendo durante el rodaje de la película en 2019 cuando estalló la crisis política que acabó con la renuncia del presidente Evo Morales acusado de fraude electoral. Es un trasfondo que no se representa de forma directa pero que está latente en el propio conflicto interno que se cuenta en la película, y que en términos generales es el conflicto entre ricos y pobres, entre la ciudad y el campo... Con planos generales y movimientos de cámara lentos, que plantean una acción interna de los personajes dentro del encuadre, el director muestra la tensión frustrada, y en cierta manera construye un suspense implícito en las interacciones de Carlos y Humberto, en las que no está claro si en algún momento puede surgir la violencia. La utilización de la música es especialmente lograda, mezclando canciones evangélicas usadas con ironía con elementos más sutiles como la interpretación de Luciano Pavarotti del aria "Nessun Dorma" de la ópera Turandot (1921) de Puccini, que suena en un momento especialmente relevante. En contraste, los breves encuentros entre padre e hija muestran una actitud más relajada, pero la película no se posiciona claramente en favor del protagonista, lo cual es una decisión inteligente, porque de alguna manera coloca a Aleida en un lugar intermedio en el que ella es víctima de estos conflictos de poder, como se muestra en la excelente secuencia del bautismo. El visitante maximiza su mensaje a través de un relato sencillo que se sostiene en una narrativa ágil y habilidosa. 

Le lycéen

Christophe Honoré, 2022 | Masters | ★★★☆☆


En la última película de Christophe Honoré (1970, Francia), el director propone una mirada a su propia experiencia como adolescente desde un punto de vista emocional. Le lycéen (El estudiante) (2022), cuyo título internacional es el críptico Winter boy y en España llevará el título de Dialogando con la vida, como si los distribuidores quisieran hacer aún más retórica la película, consiguió para el debutante actor Paul Kircher la Concha de Plata a la Mejor Interpretación en el Festival de San Sebastián 2022 y está nominada a dos premios Lumiére 2023 por su guión y como mejor revelación masculina. Se trata de una historia que Christophe Honoré confiesa que ha ido postergando durante varios años hasta que se ha sentido lo suficientemente fuerte como para afrontar su propia adolescencia en medio de la tragedia de la muerte. Como si se tratara de una premonición fatídica, el joven Lucas (Paul Kircher) y su padre (Christophe Honoré) tienen un conato de accidente poco antes de que este último muera en un accidente de coche: "Pensé que moriría entonces. ¿Por qué no morí ese día?", se pregunta el protagonista en una narración que reflexiona sobre su propia historia. El director utiliza la voz en off del narrador autodiegético que toma como influencia la novela de Fiódor Dostoievski El adolescente (1875, Ed. Alba Editorial) para implicarle personalmente a través de la emoción y la reflexión en una especie de diario grabado en video que no termina de encajar del todo. 

Pero Le lycéen es principalmente una historia de crecimiento desordenado, afectado por un sentimiento de duelo que se expresa a través de una búsqueda de identidad, alejado de su madre Isabelle (Juliette Binoche) cuando Lucas decide pasar unos días con su hermano Quentin (Vincent Lacoste) en París, donde el protagonista se entrega a los deseos de su identidad sexual y encuentra consuelo en la pretendida relación con Lilio (Erwan Kepoa Falé), el compañero de piso de Quentin, quien ejerce la prostitución, para lo que necesita el piso durante buena parte del día. Esto obliga a Lucas a deambular por las calles de París, tener sus propios encuentros sexuales a través de aplicaciones de citas y de alguna manera buscar su propio camino en medio del desorden de su estado mental: "Mi vida se ha convertido en una fiera a la que ya no puedo acercarme sin que me muerda", dice como narrador. Pero la fiebre adolescente, unida a la búsqueda de su identidad y el duelo no resuelto por la muerte de su padre es un cóctel demasiado explosivo para una etapa tan difícil en la vida del protagonista. La propia música del compositor japonés Yoshihiro Hanno, que es un ejemplo de reflexión sutil sobre la historia, titula a los pasajes etéreos con los que subraya las escenas de Lucas por las calles de París como "Lost" (perdido), una definición concreta y certera de esos momentos de incertidumbre vital. 

Pero Christophe Honoré se detiene demasiado en cierta autocomplacencia que no beneficia a la historia, se vuelve reiterativo y melodramático en ocasiones, aunque está bien apoyado por la naturalidad rebelde del actor protagonista, cuya introspección emocional devora a su propia familia. En una decisión poco acertada, la madre toma la palabra en el tercer acto para ofrecer su propia narrativa, pero su presencia ha sido tan secundaria anteriormente, que este proceso de reconversión de su relevancia no termina de articularse bien dentro de la historia, en un intento por colocarla delante de la cámara y detrás de una cámara de video mientras graba la expresión de madurez de su hijo a través de una canción. Otras decisiones son más certeras, como la de situar la acción en la actualidad, evitando la representación del pasado para no distraernos de la transformación interior de Lucas. Y las referencias a la propia adolescencia de Christophe Honoré y su entorno cultural se mantienen solo a través de algunas canciones de Orchestral Manoeuvres  in the Dark y Robert Palmer que suenan en la banda sonora.

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Películas mencionadas:

Dialogando con la vida se estrena en cines el 5 de mayo.

Los insólitos peces gato se puede ver en Filmin.