Como cada año, la localidad de La Rochelle acoge el encuentro más importante de la ficción televisiva en lengua francesa, tanto a nivel nacional como internacional, con producciones que provienen de países que tienen el francés como idioma oficial o co-oficial. El Festival de la Fiction se creó en 1999 en la localidad de Saint-Tropez, donde se celebró hasta 2006, pasando desde 2007 a tener como sede principal La Rochelle, y se ha convertido en la cita imprescindible para conocer las producciones de lengua francesa más destacadas de la temporada, donde los principales canales de televisión presentan un avance de sus próximos estrenos, se celebran encuentros profesionales y se ofrece un panorama de otros países como Canadá, Suiza, Bélgica y países africanos de lengua francesa. De manera que la programación presenta este año 45 proyecciones de series inéditas o que han pasado por festivales como Séries Mania para componer una amplia perspectiva del audiovisual francés. Desde hace dos años, hemos incorporado al Festival de la Fiction a nuestro recorrido por los festivales internacionales de series más destacados del mundo, como Séries Mania, Canneseries o Montecarlo, al margen de los que se celebran en España, y a lo largo de las próximas crónicas ofreceremos una selección de la programación de este relevante encuentro.
La inauguración del Festival de la Fiction tuvo lugar en la tarde de ayer con la proyección de los primeros episodios de una de las producciones francesas más ambiciosas de HBO Max, estructurada como un thriller en torno a una obsesión que provoca incomodidad en el espectador. Paolo (HBO Max, 2026) es una historia creada y dirigida por Sébastien Marnier (1977, Francia), que ha explorado en sus tres largometrajes esta incomodidad, tanto en entornos educativos como en La última lección (2018) o familiares como en El origen del mal (2022). Ahora aborda su primera serie como creador y director, aunque ha dirigido algunos episodios de Los reyes de la casa (Disney+, 2024), y en su paso por la competición internacional de Séries Mania tuvo una excelente acogida por parte de la crítica francesa. Se trata de una historia de obsesión que podría recordar al protagonista de la novela de Patricia Highsmith El talento de Mr. Ripley (1955, Ed. Anagrama), pero también con el síndrome del impostor que reflejaba la miniserie basada en hechos reales La confidente (HBO Max, 2024). El protagonista es Paolo da Costa (Jérôme Niel), un hombre que tiene una vida sin demasiadas complicaciones, en cierto modo aburrida trabajando en una empresa de mudanzas, hasta que descubre que uno de los candidatos para las próximas elecciones municipales en la ciudad de Rossion, es Téophane Tolbiac (Yoann Gasiorowski), un antiguo compañero del instituto. Cautivado por la carrera exitosa de un supuesto amigo que ni siquiera se acuerda de él, Paolo se obsesiona con la idea de compartir ese momento, y se incorpora como voluntario en la campaña electoral de Téophane, provocando una conmoción en su propia vida pero también en la carrera política del aspirante a alcalde. Paolo tiene un encuentro bastante turbulento con Yves Toudic (Philippe Katerine), el chófer alcohólico del coche oficial de Téophane, al que no aprecia especialmente: "Antes de dedicarse a la política era un simple escritor que trataba de conseguir un bestseller. Su primer libro funcionó bien y ganó algunos premios, pero el segundo lo destrozaron, un ladrillo de 600 páginas. Pretende tener un matrimonio perfecto pero en realidad es un maricón". El encuentro marca un punto de inflexión en el perfil psicológico de Paolo, quien decide participar activamente en la campaña electoral de Téophane, aunque conforme se implica más, también comienza a traspasar los límites de sus atribuciones. La serie de siete episodios tiene un tono de película de terror, aunque se trate de un drama salpicado de elementos de thriller, y a esto contribuye especialmente la música de PYRIT, nombre artístico del compositor Thomas Kuratli, cuya banda sonora crea una atmósfera inquietante alrededor del personaje principal y sus decisiones imprevisibles, que remite directamente a las sonoridades del giallo. De hecho hay varias referencias directas a películas de terror gore que suele ver Jean Baptiste (Salif Cissé), el hermano de Winnie (Guslagie Malanda), la novia de Paolo. La historia está inspirada en la novela Mimi (2011), escrita por el propio Sébastien Marnier, pero el propio director describe la referencia del libro como un impulso que mantuvo durante muchos años para trasladar la historia al formato audiovisual, pero no como una adaptación. El guión escrito por el propio Sébastien Marnier en colaboración con Juliette Soubrier, traslada la acción a una pequeña localidad ficticia que se inspira en la ciudad de Épernay, en el corazón de la región Champaña-Ardenas.
En la construcción de la fascinación que siente Paolo por la vida de Téophane se reconocen referencias a la película Reencarnación (Jonathan Glazer, 2004), que Sébastien Marnier tenía en mente durante algunas escenas, pero esta confrontación de clases sociales a través de los mecanismos de una cierta seducción también puede recordar a títulos como Teorema (Pier Paolo Pasolini, 1968), en el que una familia burguesa es seducida por un joven misterioso. De hecho, conforme se desarrolla la historia, el formato de serie permite introducir otros elementos que se encuentran alrededor de los dos protagonistas masculinos, especialmente sus entornos familiares. Y una de las virtudes de Paolo es conseguir que en ellos también se encuentren personajes que están dotados de cierta dualidad, especialmente la esposa de Téophane, Géraldine (Magalie Lépine Blondeau), que en realidad es la auténtica organizadora de toda la campaña electoral de su marido, la mente maestra en la sombra. Aunque esta serie no tiene como tema principal el mundo de la política, el contexto de una campaña electoral municipal, que es mucho más cercana, con visitas puerta a puerta y reparto de propaganda electoral en la calle, ofrece una interesante reflexión sobre la conexión entre los políticos y los ciudadanos, que requiere también una capacidad de seducción personal que, en el caso de Téophane, incluso parece estar por encima de sus propias propuestas de gobierno. Pero es el personaje de Paolo, dentro de su mente algo desquiciada, el que de alguna forma deconstruye la imagen del político que ha creado Géraldine alrededor de su marido, para conectarle con la realidad, en una escena determinante en la que invita a Téophane al "mejor restaurante de la región", que no es otra cosa que el local de kebabs de su amigo Sofiane (Ramzi Karmaoui). Cuando Téophane le pregunta si va a votar por él, Sofiane responde: "¿Estás de parte de los ricos o de parte de los pobres?". El elemento que distorsiona una historia que mantiene bien el equilibrio entre el thriller y el retrato psicológico de obsesión está en no desvelar las verdaderas intenciones de sus personajes: no está claro si la fascinación de Paolo es real o busca un objetivo concreto, pero también desconocemos cómo Téophane ha conseguido tener una carrera tan exitosa cuando realmente no es una mente brillante.
Hay un tema recurrente en las producciones que France Télévisions presenta en esta edición del Festival de la Fiction, especialmente en sus tv movies, que forman parte de las competiciones que se denominan Unitaires (Unidades). Se trata del entorno y la resonancia de las decisiones que se toman en los Servicios Sociales públicos, especialmente en relación con la adopción de niños, que está muy presente en otra de las películas presentadas, Notre fils (Elsa Blayau, 2026), que aborda un caso real de adopción por una pareja homosexual, y también en Les témoins (Noémie Lefort, 2026), en la que un ultimátum de una funcionaria provoca que el protagonista tome una decisión impulsiva. Esas serán historias que comentaremos en otras crónicas, pero en el caso de Ça va bien se passer (Todo va estar bien) (Slimane-Baptiste Berhoun, 2026), tres trabajadores de los Servicios Sociales de Marsella se convierten en los principales protagonistas, mientras tratan de compaginar sus propias vidas con el trabajo, al mismo tiempo que deben tomar decisiones importantes sobre las vidas de otros. Julien Fleury (Mathieu Madenian) es un trabajador de una sucursal del Centro Intercomunal de Acción Social en la ciudad de Marsella que se está ocupando de un caso de adopción por parte de una pareja que puede proporcionar la suficiente estabilidad al niño, hasta que descubre que en realidad están separados desde hace meses y fingen una vida matrimonial solo cuando tienen las reuniones con los servicios sociales, porque ella está decidida a seguir con el proceso de adopción para evitar tener que comenzar de nuevo todos los trámites como madre soltera, volviendo a formar parte de una lista de espera que tarda al menos cinco años en resolverse. Julien es una persona tan entregada a ayudar a los demás que en su propia familia tiene cierta dependencia hacia su madre Bulle Fleury (Ariane Ascaride), lo que dificulta el comienzo de una relación sentimental con Rosalie Leval (Ariane Mourier), con la que las citas siempre son interrumpidas por una necesidad de su madre o una urgencia del trabajo. Incluso la interrumpe para acudir en apoyo de su amiga Amara Sacko (Léonie Simaga), otra de las trabajadoras sociales, cuando se enfrenta a sus propios problemas, sobre todo el secreto de su matrimonio con Adéle (Scarlett Bernard-Cabrera), ocultando a su padre Elies (Bass Dhem) que es lesbiana, aunque eso conlleve también esconder la existencia de su nieto. En el trabajo, Amara también tiene un caso difícil cuando Djibril Embolo (Abdramane Diakité), un padre soltero, es acusado por uno de sus vecinos de maltratar a su hijo Aliou (Cizia Rozemblad-Ortega), lo que podría quitarle la custodia. Mientras que el nuevo trabajador social Basile Josso (Clément Debœur), un mínimo refuerzo para la sobrecargada oficina, es un joven recién graduado que sufre tanta ansiedad que se pone enfermo en momentos de tensión. Pero se trata de un personaje poco desarrollado, que se enfrenta al caso de la ayuda solicitada por una joven discapacitada, del que sin embargo no conocemos tantos detalles sobre su vida privada como en el caso de Julien y Amara.
Hay ciertos desequilibrios de ritmo en una historia que habla de personas fundamentalmente buenas y positivas pero que se enfrentan a decisiones difíciles tanto en sus vidas personales como en su labor profesional. Ça va bien se passer es un título que invita al optimismo, lo que describe la manera en que estos trabajadores se enfrentan a una función pública que incide directamente en el futuro de las vidas de los afectados: padres que pueden perder la custodia de sus hijos, madres que desean adoptar o personas que requieren una ayuda social. Pero lo hacen, al contrario de la imagen que suelen presentar muchos dramas, desde una mirada humana, adoptando una perspectiva parecida a la que podemos ver en la serie Perni (Netflix, 2021-2024), lo que también les lleva a enfrentarse al sistema por no seguir los protocolos, a veces deshumanizados, que rigen determinados procesos. Escrita por Jeanne Le Guillou y Bruno Dega, creadores de miniseries como Á l'intérieur (France tv, 2018) o el drama Visions (TF1, 2022), se ha comentado que este telefilm se había planteado como el episodio piloto de una serie, y de hecho transmite esa sensación, sobre todo por un desenlace que deja a los personajes todavía envueltos en sus problemas personales, que parece no terminar de concluir sus historias, dejando la posibilidad de que se puedan continuar. Su principal fortaleza está en un reparto de destacados actores como Mathieu Madenian, que tiene su primer papel como principal protagonista después de una larga carrera en cine y teatro, o Léonie Simaga, a la que hemos visto en Máquina (Sundance TV, 2024) y también podemos ver durante esta edición del Festival de la Fiction en la serie policíaca suiza Uniformes (RTS, 2026-). Pero, sobre todo, con la aparición de la veterana Ariane Ascaride, actriz y esposa del director Robert Guédiguian, con el que ha trabajado habitualmente, como en su próxima película Une femme aujourd'hui (Robert Guédiguian, 2026), aunque en esta ocasión parece algo desaprovechada en su aparición como una madre absorbente del protagonista. Ça va bien se passer es una historia que habla sobre la humanidad necesaria para abordar temas sociales, lo suficientemente amable como para conectar con el espectador, gracias a un trabajo sutil pero no invisible del director Slimane Baptiste Berhoun, que anteriormente había dirigido el irregular thriller Surface (France tv, 2025), aunque quizás le falta algo de profundidad para terminar siendo más trascendente.
En esta época marcada por los precios del petróleo provocados por la extensión hacia otros países de la guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán, ha adquirido cierta actualidad esta miniserie que coproducen el canal francés Arte y la cadena pública belga RTBF, en torno a una de las estafas menos conocidas que se produjeron en Francia en los años setenta, y que hasta 1983 no fue desvelada por el semanario satírico Le Canard Enchaîné en un impactante reportaje. El engaño se produjo después de la crisis del petróleo de 1973 que sucedió al liberalismo de las políticas del presidente Giscard d'Estaing, cuando la empresa francesa líder en la extracción de petróleo Elf Aquitaine fue engañada por un aristócrata belga y un ingeniero italiano, haciéndoles creer que habían inventado un dispositivo que era capaz de detectar la existencia de petróleo antes de realizar cualquier perforación, funcionando como una especie de escáner del terreno. La mentira fue descubierta poco después, pero la empresa ya había realizado grandes inversiones en los testeos del dispositivo, y la estafa fue ocultada en nombre de la seguridad nacional, con la implicación de François Mitterrand. El protagonista de la historia es Léo Sarda (Karim Leklou), un ejecutivo ambicioso que en 1976 trabaja en la empresa Elf, pero que solo ha llegado a su posición porque está casado con Simone de Lestrade (Nicole Colchat), la hija del director ejecutivo de la compañía, Georges de Lestrade (Patrick Chesnais). Desesperado por encontrar un proyecto que le sitúe en una posición más privilegiada frente al directivo que le ha confesado que "hubiera deseado que nunca conocieras a mi hija", Léo encuentra la posibilidad de demostrar su capacidad visionaria apoyando un proyecto que parece tan arriesgado como podría ser decisivo para el futuro de la empresa. El aristócrata belga Arnaud de Toledo (Jérémie Renier), una versión ficticia del personaje real, el noble Arnaud de Villegas, y el falso genio inventor italiano Florindo Bonamici (Laurent Capelluto), proponen una reunión en las instalaciones de Elf para presentar su detector de petróleo y buscar financiación para su desarrollo. El ejecutivo Léo Sarda, convencido o auto-convencido de la eficacia de esta tecnología, dirigirá el proyecto junto a la ingeniera Emma Zenatti (Marie Colomb), adoptando una fe ciega como reflejo de la esperanza del reconocimiento personal, pero también del desarrollo industrial que les permita dejar atrás definitivamente la crisis económica. Eldorado (Arte/RTBF, 2026) es por tanto una serie en torno a la creencia que impulsa a los personajes principales, la necesidad de tener fe como una herramienta para alimentar el anhelo, desoyendo las señales de alarma que se producen a su alrededor. En este sentido, la serie conecta con las falsas empresas tecnológicas y las estafas económicas que se han producido en las últimas décadas, motivadas en buena medida por el mal funcionamiento de los protocolos de seguridad, más que por la capacidad de los estafadores para engañar a sus inversores.
Producida con una textura cinematográfica, formato de pantalla panorámica y una fotografía ocre que recrea los tonos de una película de los años setenta, Eldorado se toma libertades desde el punto de vista de la puesta en escena, igual que los creadores se han tomado libertades en el guión porque todavía existen muchas incógnitas sobre cómo se produjo esta estafa. Esta miniserie está dirigida por Louis Farge, que ha realizado thrillers como Follow (Calle 13, 2023), pero sobre todo ya abordó esta idea de las narrativas construidas como si fueran reales en la recreación del reality show Loft story en la primera temporada de la serie antológica Culte (Prime, 2024-). Tratándose de una de las producciones más ambiciosas del canal Arte, que sale de su terreno principal en Europa para afrontar un rodaje que tuvo lugar en Costa de Marfil, Eldorado cuenta con la producción de Alex Berger, productor de series como Oficina de infiltrados (SkyShowtime, 2015-2020) o La Maison (Apple tv, 2024), y tiene previsto su estreno en noviembre, tras haber conseguido el premio al Mejor Actor para Karim Leklou, que está excelente en un personaje que mezcla ambición y patetismo. Una de las características más atractivas de esta producción es cómo consigue navegar por diferentes géneros: comienza como si fuera un thriller empresarial en los pasillos de Elf, pero al mismo tiempo es una historia de aventuras que se desarrolla en desiertos y selvas, y también adopta el carácter de un drama familiar, especialmente alrededor de Arnaud de Toledo y su esposa Iris (Clémentine Fargeas-Sichler). El director cuenta que la relación entre el noble belga y el inventor italiano la construyó como si se tratara de una relación amorosa, aunque no hay nada romántico ni sexual entre ellos. El sueño de compartir una utopía y alcanzar la posibilidad de una tecnología que consiga realmente detectar petróleo se convierte en una decepción cuando se revela la verdadera naturaleza de su relación personal. Y consigue adoptar un tono de drama psicológico a través de una cámara que atrapa a los personajes dentro de su propia negación de la realidad. Hay un toque aventurero en el Episodio 3 (T1E3), en el que un equipo de la empresa junto a los dos emprendedores realizan un trabajo de exploración en la selva de Ogooué-Maritime, en Gabón, que se convierte en una especie de Fitzcarraldo para sus protagonistas. Pero Eldorado es sobre todo una historia sobre la necesidad de agarrarse a la esperanza de la fe, aunque se sostenga en preceptos falsos: "Hoy en día, a nadie le importa la verdad; lo que importa es contar la historia correcta", dice uno de los personajes.
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Protocole DavaFrancia 2026 | Canal+, 26x3' | Competición Francesa -20' | ★★★☆☆Creada por Sacha Behar, Augustin ShackelpopoulosDirigida por Sylvain Fusse |
Conocidos en los circuitos del humor, los comediantes Sacha Béhar (1990, Francia) y Augustin Shackelpopoulos (1987, Francia) se han hecho populares desde hace más de diez años parodiando el estado de los medios de comunicación, a través del dúo que formaron en 2015, adoptando el nombre de DAVA, acrónimo de Divertissement Ad Vitam Aeternam (Diversión para la eternidad), también el nombre del canal de YouTube en el que primero publicaron fragmentos de sus actuaciones y más tarde crearon sketches cómicos. El éxito del canal les llevó a trasladarlo a los escenarios con espectáculos que se renuevan cada año y que tienen una gran popularidad. La principal característica de sus fragmentos de humor es la independencia que les permite grabar ellos mismos parodiando programas de radio o video podcast, alejados de los medios tradicionales porque éstos son los objetivos de sus burlas, algunas bastante incisivas sobre el tratamiento de temas morbosos. Su primera incursión en un medio tradicional lo hacen a través del programa Protocole DAVA (Canal+, 2026), una recopilación de 26 sketches de entre 1 y 4 minutos de duración en los que trasladan su sentido del humor absurdo en torno a cómo se procesa la comunicación a través de los medios. Los escenarios vuelven a ser recreaciones de programas de radio, tanto musicales como Classic FM o platós de informativos como Hexagonews. A través de sus presentadores paródicos, conforman un espejo sobre cómo la comunicación se ha ido deformando para convertirse en otra cosa, con la irrupción de podcasters tendenciosos, la representación de profesionales que se dejan llevar por sus propias obsesiones o la incorporación de invitados poco acertados en debates y entrevistas. A lo largo de los veintiséis episodios se abordan algunas realidades que tienen que ver con la política o la sociedad francesas, por lo que pueden resultar menos efectivas para espectadores internacionales. Hay una cierta valentía en algunos de estos sketches, como un programa informativo en el que un presentador es impertinente con su invitado por considerarlo demasiado antifrancés, que parece hacer referencia al canal CNews, perteneciente al grupo Canal+, del que es propietario el empresario Vincent Bolloré, controvertido por su ideología de extrema derecha. Hay un cambio importante respecto a sus emisiones en YouTube, porque por primera vez los dos comediantes cuentan con invitados y colaboradores como Éric Judor, Pauline Clément, Thomas VDB o Marc Fraize, interpretando a un ingeniero agrícola que es entrevistado por el presentador de un podcast cuyas preguntas siempre derivan hacia temas sexuales, uno de los personajes que se repiten en varios episodios. Esta fórmula de repetición de personajes y de escenarios, como un estudio de radio o un plató de televisión, permite un cierto desarrollo de las tramas humorísticas. Francia tiene una especial tradición en este tipo de programas de humor, porque Protocole DAVA, aunque esté estructurada bajo la tendencia actual de microserie dividida en episodios, en realidad no deja de ser un programa de sketches de 50 minutos de duración al estilo de los de José Mota.
Lo que establece una diferenciación interesante en este formato es que en vez de imitar los programas de stand-up comedy norteamericanos que han venido imponiendo las plataformas de streaming, especialmente Netflix, mantiene la tradición del tipo de programas de humor formados por sketches que es más europea. Sus dos protagonistas incorporan a personajes que están claramente marcados, con Sacha Béhar encarnando su propia versión del payaso blanco, el personaje serio que ofrece orden y autoridad, tan exagerada que resulta cómica, en contraposición con Augustin Shackelpopoulos, más centrado en la imitación de los modismos de presentadores e informadores en las que se pueden reconocer a locutores de radio como Guillaume Pley o periodistas deportivos de ultraderecha como Pascal Praud. Los temas también son recurrentes, como varios episodios dedicados al fútbol: el entrenador del equipo nacional francés que solo describe el rendimiento de sus jugadores a través de sus signos ascendentes del horóscopo o un debate televisivo en el programa Pes croises para discernir qué equipo ganará el Mundial de Fútbol en el que todos están de acuerdo y en desacuerdo al mismo tiempo (la serie se estrenó en Francia en el mes de marzo). En Crash aérien (T1E13), el consultor aeronáutico Héctor Vélize de Rumbert (Augustin Shackelpopoulos) analiza en un informativo diferentes accidentes de aviación con conclusiones radicales: "La culpa es del piloto de mierda", o describe el funcionamiento de un avión bombero para incendios en Le Canadair (T1E5). El tratamiento sensacionalista está descrito en los episodios en los que se entrevista a una seguidora de asesinos en serie que conoce a varios de ellos, o en la entrevista a un hombre sometido a castración química que apenas se entiende porque casi todas sus palabras son censuradas. La comedia resulta más efectiva algunas veces cuando se sale de los medios tradicionales para quedarse en la periferia, como Autoroute TV (T1E26), un canal local dedicado exclusivamente a la información del tráfico, ofreciendo información puntual sobre los accidentes, una parodia de programas que existen en la realidad, especialmente en el formato radiofónico, como Radio VINCI Autoroutes. Al contrario de lo que podría parecer, la fórmula de Protocole DAVA que consiste en difuminar los límites entre la parodia y el objeto parodiado, funciona en un formato tradicional de televisión, en la que habitualmente se mantienen separados estos elementos. Pero el dúo cómico toma la decisión acertada de no hacer televisión, sino utilizarla para desmontar su lenguaje y desvelar sus absurdas herramientas de comunicación.
Una de las producciones con mayor proyección internacional en festivales como Die Seriale o Cinema Jove, donde ha recibido varios premios, es la comedia dramática de ciencia-ficción Respire fort (2025), creada y dirigida por el director de fotografía Arthur Fanget, quien propone una original historia que se desarrolla en un futuro cercano, el año 2054, con dos personajes que comparten una conexión emocional. Jacques (Dominique Bettenfeld) es un contable minucioso que vive envuelto en una profunda tristeza después de que se produjera un acontecimiento dramático relacionado con su pareja Tom (Franck Georgeon). Cuando está en su apartamento a punto de suicidarse pegándose un tiro en la sien, escucha ruidos molestos en el piso de arriba, y decide subir para protestar a su vecina Ellie (Julia Taraquois), pero lo que se encuentra es una situación especialmente difícil. No es un espoiler, porque aparece en la sinopsis de la serie, revelar que Jacques es lo que se denomina un "temporal", una persona que ha desarrollado una capacidad para retroceder varios segundos en el tiempo, pero se trata de un poder que no puede controlar, y por tanto cada vez que se suicida vuelve al momento antes de disparar la pistola. Sin embargo, en este mundo futurista, los seres humanos que han desarrollado diferentes tipos de poderes, también tienen una contrapartida, y la de Jacques es que, una vez regresa en el tiempo, pierde la memoria de los acontecimientos posteriores. Así que Jacques se encuentra metido en un bucle temporal en el que siempre tiene la idea de suicidarse, pero nunca lo consigue. Ellie, por el contrario, es una joven alegre que vive en un apartamento colorista, un poco almodovariano, y que tiene una relación con Marc (Loïc Yavorsky), del que está tan profundamente enamorada que le perdona el maltrato físico que ejerce sobre ella. Ellie también ha desarrollado un poder, pero solo puede utilizarlo cuando se encuentra en una situación relajada, algo que en compañía del maltratador Marc no es fácil. Pero el encuentro entre Jacques y Ellie les obliga a los dos a cambiar su forma de enfrentarse a sus problemas personales, ya sea la memoria de una tragedia o la realidad de la violencia física. El encuentro se ha producido en otras ocasiones, pero Jacques no se acuerda de ellos, aunque en esta ocasión hay una importante diferencia: "Es la primera vez que me prestas atención", dice Ellie.
Con una excelente puesta en escena, el director y creador de la serie, Arthur Fanget (1988, Francia) demuestra su experiencia como director de fotografía en publicidad y cortometrajes, creando una atmósfera casi onírica en ese apartamento colorista de Ellie, que contrasta con la triste habitación de Jacques, en el que utiliza con inteligencia recursos como los lens flares, destellos de luz que se reflejan en la cámara, y que provienen del exterior a través de las ventanas semicerradas, casi como si remitiera a la prisión en la que se encuentran los personajes de La leyenda del indomable (Stuart Rosenberg, 1967), la primera que utilizó este recurso con una finalidad dramática. En cierta medida, Jacques y Ellie también se encuentran prisioneros dentro de sus propias dinámicas personales, el primero recordando constantemente el accidente sufrido por su pareja, y la segunda metida obsesivamente en una relación tóxica con un maltratador. Para una historia que dura menos de 15 minutos en total, Respire fort tiene todos los ingredientes de una reflexión poderosa sobre la memoria y sobre los círculos viciosos en los que se pueden encontrar algunas personas, tratando temas actuales que remiten a las problemáticas de nuestra sociedad, pero trasladándolos a un futuro en el que desarrollar poderes no siempre ofrece una solución a los problemas, sino que en cierta manera puede llegar a hacerlos más profundos. Es una historia sencilla, que podría malinterpretarse como un cortometraje dividido en partes, pero que por el contrario tiene una estructura episódica muy bien elaborada, que introduce cliffhangers al final de cada pequeña trama de dos minutos, y que ofrece una conclusión tan lógica como conmovedora. La serie surgió como un proyecto para la edición de 2025 del Nikon Film Festival, una propuesta nacida en 2009 que se celebra online, pero con una gala de clausura en el cine Grand Rex de París. Cada edición cuenta con un tema sobre el que deben girar cortometrajes de 2 minutos 20 segundos de duración o series cuyos episodios también duren dos minutos. El tema de 2025 fue "Un superpoder" y ahí es donde encajó esta sorprendente y espléndida miniserie que ha conseguido tener una trayectoria mucho más amplia.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
El origen del mal se puede ver en Filmin.
La leyenda del indomable se puede ver en Movistar Plus.






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