03 febrero, 2023

Gotemburgo 2023 - Parte 2: Lazos familiares

Nuestra segunda crónica del Festival de Gotemburgo, que se celebra hasta el 5 de febrero, continúa repasando algunas de las películas más interesantes que forman parte de su programación, no solo en las secciones competitivas sino también en otras secciones paralelas, lo que supone un recorrido por algunos títulos destacados que se han podido ver recientemente en otras muestras cinematográficas. En esta ocasión el tema que comparten las películas de las que hablamos son los lazos familiares, reflexiones en torno a la familia a través de vidas frustradas, de enfermedades mentales, del dolor y de la muerte.

Amor y matemáticas

Claudia Sainte-Luce, 2022 | International Competition | ★★★


Las historias que suele contar la directora Claudia Sainte-Luce (1982, México) están marcadas por miradas a la sociedad mexicana que se construyen desde las relaciones familiares, como en Los insólitos peces gato (2013), que ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Gijón. Con una prolífica trayectoria reciente que la ha llevado a estrenar tres películas en dos años, presentó en el Festival de Toronto Amor y matemáticas (2022), ganadora del premio al mejor Actor en el Festival de La Habana, y pasó por el Festival de Berlín El reino de Dios (2022), que posteriormente consiguió el premio a la Mejor Dirección en el Festival de Gijón. La primera participa en la Sección Oficial del Festival de Gotemburgo como una muestra de la progresiva madurez de la cineasta mexicana, a través de una historia que transmite la monotonía de una familia de clase media en la que Billy (Roberto Quijano) lleva una existencia apática como hombre de la casa, cocinando y cuidando al bebé mientras su esposa Lucía (Daniela Salinas) trabaja, y tratando de poner en marcha iniciativas empresariales algo peregrinas junto a su hermano. La mudanza de una nueva vecina supone un cambio radical en esta situación, porque Mónica (Diana Bovio) reconoce a Billy como ex-miembro de un popular grupo de música juvenil, de la que ella era seguidora, y le proporciona la esperanza de un regreso al mundo de la música que no parece demasiado realista pero que insufla una bocanada de aire fresco a la existencia del protagonista. 

Con un estilo muy característico de la directora, a través de una puesta en escena sobria, que en muchas ocasiones coloca a los personajes en habitaciones poco iluminadas que reflejan la apatía de sus vidas, la cámara se mueve entre unos y otros en planos secuencia en los que los diálogos ágiles contrastan con la sobriedad de los espacios, un acierto de la guionista Adriana Pelusi en la primera película de Claudia Sainte-Luce que no escribe ella. El retrato de esta clase media que vive en una especie de burbuja alejada de la sociedad se hace a partir de la imperfección de sus vidas, lo que está representado en la zona en la que viven Billy y su familia, un barrio residencial a medio construir, en medio de grandes descampados que invitan a la planificación de más casas adosadas, iguales las unas a las otras. La subtrama del perro de Lucía que desaparece o es desaparecido es uno de los soportes de la historia principal, la que unirá los destinos de Billy y Mónica y establecerá un grado de confianza que él no ha logrado con su esposa. Billy es la representación de una vida frustrada que tuvo un momento de brillantez, y que no ha podido crecer sino que se ha ido empequeñeciendo gradualmente. Mientras otros miembros de la banda comenzaron carreras en solitario, él se ha tenido que conformar con que alguna aficionada le reconozca en el supermercado y le recuerde la frustración de su existencia. Hay un tono de comedia seca que dibuja una sonrisa amarga, virtud principal de una película sutil que se recrea en los gestos y las miradas, encontrando un camino que revela el desasosiego de una burbuja, que no se tiene que enfrentar a las problemáticas sociales, pero que al mismo tiempo se mantiene en un constante desequilibrio emocional. 

Sister, What grows where land is sick?

Franciska Eliassen, 2022 | Ingmar Bergman Competition | ★★★


La visión de un mundo que se enfrenta a la destrucción es una manera poderosa de acercarse a las enfermedades mentales, algo que logra en una extraña mezcla de drama psicológico y pulsión ecofeminista la película Sister, What grows where land is sick? (Hermana, ¿qué crece donde la tierra está enferma?) (Franciska Eliassen, 2022), cuyo título internacional es más reflexivo pero menos misterioso que el título original, Den siste våren (La última primavera). La directora debutante de este largometraje que consiguió una Mención Especial y el Premio del Jurado Joven en la sección Cineastas del Presente en el Festival de Locarno, se enfrentó cuando tenía 13 años a los primeros síntomas de una enfermedad mental que sufrió su hermana, y a esa relación que se forjó entre ellas le dedicó el cortometraje Søster (Franciska Eliassen, 2022), que en realidad fue una especie de ensayo que le sirvió para conseguir financiación para afrontar el largometraje. Se trata de una película independiente que no tiene el apoyo económico de la administración pública del país, y que se estrenará en Noruega durante el mes de marzo, después de pasar por varios festivales internacionales. Franciska Eliassen (1997, Noruega) rodó esta historia personal en 2019 durante solo siete días, pero después tuvo un accidente que le causó una conmoción cerebral de la que tuvo que recuperarse y posteriormente llegó la pandemia, de forma que también recoge en su propio desarrollo de producción las complejidades de su vida. La historia está contada desde el punto de vista de Eira (Keira Lahart), alter ego de la directora, quien narra que un día decidió cometer la traición de comenzar a leer los diarios de su hermana Vera (Ruby Dagnall), a través de los cuales ella y los espectadores nos adentramos en las reflexiones ecologistas y vitales de una joven que siente la necesidad de rebelarse contra un mundo en peligro de extinción. La mirada en realidad se introduce en la experiencia de Vera, que comienza a sufrir síntomas de una posible enfermedad mental mientras conecta con la mitología y las leyendas ancestrales en busca de un equilibrio con la naturaleza. 

El planteamiento de la directora es fascinante, y pone en duda el concepto de distorsión psicológica planteado en una sociedad que de hecho no se puede considerar normal a sí misma. Y surge la pregunta de si es la mente de Vera o es el mundo el que está enfermo en realidad. De alguna manera ella no encaja dentro de la idea de equilibrio que consiste en compartimentar y etiquetar, lo que se pone de manifiesto en su cada vez más complicada relación con sus amigos. Eira decide dejarse llevar por el mundo de Vera y tratar de entender sus miedos y sus reflexiones manteniéndose cada vez más cerca de ella, y explorando los significados de las palabras escritas en su diario. La película se construye progresivamente en torno a momentos de soledad de las dos hermanas y secuencias de ensoñación, quizás, que reflejan el mundo interior de Vera, en las que aparecen representaciones de seres mitológicos que pueblan los bosques, máscaras que dan vida a las antiguas brujas, esas otras mujeres perseguidas y maltratadas por tener una concepción del mundo diferente, y con las que de alguna manera la propia Vera se siente identificada. Es la persecución de lo femenino como una especie de amenaza frente al patriarcado cuando no ocupa el espacio que se le ha asignado. 

Franciska Eliassen, que también asume la producción y el montaje, va derivando su película hacia terrenos cada vez más etéreos, sinuosos e imaginativos, como si se estuviera impregnando la propia historia de la experiencia interior de Vera, pero nunca se desequilibra hacia lo meramente superficial, sino que elabora capas narrativas de imágenes y sonidos que acaban moviendo a la reflexión y contagiando las dudas sobre el concepto de normalidad que hemos establecido. Es una mirada poética que consigue captar la atención hacia un ecologismo que nace del interior y se conecta con las representaciones ancestrales de respeto a la naturaleza. Y por tanto su película amplía su mirada desde la historia personal hacia una reflexión más amplia, una visión generacional que se representa en las fotografías y recortes que conforman una especie de laberinto personal en la habitación de Vera, pero que describe con habilidad la progresiva desaparición de un mundo destruido por sus propios habitantes. 

Driving mum

Hilmar Oddsson, 2022 | Nordic Light | ★★★


La ganadora del Gran Premio a la Mejor Película en el Festival de Tallin 2022, además de conseguir un galardón a la Mejor Música, fue la comedia islandesa Driving mum (Hilmar Oddsson, 2022), cuyo sentido del humor seco como el árido paisaje durante el recorrido en coche que hacen los protagonistas, acaba siendo un espléndido reflejo del sentimiento absurdo de la vida. Jón (Þröstur Leó Gunnarsson) vive con una madre autoritaria (Kristbjörg Kjeld) cuya muerte también está marcada por una imposición, cuando deja por escrito la orden de ser enterrada en Eyrarbakki, el pueblo donde nació, que se encuentra en la otra punta de Islandia. Como hijo sometido en su tardía madurez, Jón decide cumplir el deseo de su madre maquillándola y llevándola sentada en el asiento trasero de su coche, tan destartalado que parece que está a punto de desfallecer también. Y este recorrido mostrado con una fotografía monocromática que sin embargo consigue capturar la aridez y la espectacularidad de los paisajes islandeses es el centro de la narración de esta película. A lo largo del viaje, en el que Jón no oculta que su madre está muerta, ella le habla mientras son acompañados por su inseparable perro Brezhnev que también tendrá una extraña experiencia con la muerte. 

La interacción del protagonista con personajes que se cruzan en su camino es habitualmente ruda y maleducada, tal es la escasa socialización que ha tenido en esa especie de penitencia vital que ha experimentado conviviendo con su madre, como una especie de sacrificio por decisiones equivocadas tomadas en el pasado. En esos años ha aprendido a hacer ganchillo y elaborar chalecos de lana, y se ha aficionado a tomar fotografías. Pero el viaje, como todos los viajes cinematográficos, supone también una transformación personal, un auto-aprendizaje de socialización aunque sus primeros encuentros (con unas cumpleañeras coquetas, con un conductor enfadado por el lento discurrir del vehículo de Jón...) son más bien toscos. El toque de realismo mágico que impregna la película se va haciendo progresivamente más profundo, con la presencia de una especie de coro de actores disfrazados que acompañan al protagonista en una referencia sacada directamente del cine de Federico Fellini, subrayada por una banda sonora de instrumentaciones básicas que tiene también algo de sonoridad circense. Pero el trabajo del compositor Tõnu Kõrvits (1969, Estonia) se hace cada vez más etéreo, recuperando algunas composiciones de su album Mirror (2016, ECM Records) que grabó con la violonchelista Anja Lechner y el Coro Filarmónico de Tallin, que suena en una noche de ensoñación del protagonista. 

El director Hilmar Oddsson (1957, Islandia) se recrea con una tonalidad que está entre la comedia absurda y la reflexión existencial surrealista, pero siempre mantiene el equilibrio a través de un tono melancólico que en cierta manera evita que la película pueda ser considerada realmente como una comedia. En una escena en la que Jón habla con un turista (Thomas Lemarquis) en dos idiomas distintos, como si tuvieran una conversación pero en realidad cada uno de ellos refiriéndose a algo distinto, se refleja perfectamente ese tono particular que impregna la película. Es una situación absurda y cómica, pero al mismo tiempo también muestra la barrera comunicativa del protagonista. Jón ha vivido aprisionado junto a su madre en un lugar remoto de Islandia, escuchando cintas de cassette de programas de radio grabados, en un aislamiento del que, en definitiva, no puede desprenderse. La conclusión es que Jón es una especie de animal enjaulado que fuera de su encierro es incapaz de sobrevivir, lo que acaba convirtiendo a la comedia en una mirada de amargura sobre la imposibilidad de alcanzar la libertad. 

El visitante

Martín Boulocq, 2022 | Voyage | ★★★


La película boliviana El visitante (Martín Boulocq, 2022) consiguió el premio al Mejor Guión internacional en el Festival de Cine de Tribeca a través de una historia sencilla pero que refleja una realidad social cada vez más presente en Latinoamérica. Si algo tienen en común los recientes asaltos a los poderes del Estado en Brasil (2023) y Estados Unidos (2021) es que ambos estuvieron impulsados y fomentados por líderes de las iglesias evangélicas, cercanas generalmente a posiciones de extrema derecha, que cuestionan los instrumentos democráticos siempre que no les favorezcan. La historia de esta película habla precisamente de las imposiciones de este tipo de religión que es absorbente y excluyente a través de uno de estos excluídos, Humberto (Enrique Araoz), quien acaba de salir de la cárcel por una razón que no se explica y tuvo un pasado alcohólico que provocó que su hija Aleida (Avet Mena) acabara siendo acogida por sus abuelos Carlos (César Troncoso), un pastor de una iglesia evangélica en Cochabamba y su esposa Elizabeth (Mirella Pascual), tras la muerte de la madre en circunstancias poco claras. La intención de Humberto es la de recuperar a Aleida demostrando que ha cambiado, pero su situación económica, sin un trabajo estable, y las reticencias de sus suegros hacen difícil que pueda conseguir la custodia incluso utilizando las vías legales. 

Humberto parece tener una estrategia para lograr llegar a su hija, que pasa por ganarse la confianza de Carlos demostrando que se ha convertido en un buen feligrés de la iglesia evangélica, participando en algunas de sus reuniones y mostrándose como una persona sumisa que ha dejado atrás conflictos pasados que se intuyen en las conversaciones entre ambos. Por el momento, se dedica a cantar piezas de ópera en funerales (el actor Enrique Araoz es en realidad tenor) mientras hace algunos trapicheos con los que de alguna manera imita la técnica que utilizan las propias iglesias evangélicas: "Hacemos misión y al mismo tiempo generamos riqueza", dice a uno de sus colaboradores. Al final, se trata de un juego de poder que se posiciona de forma paralela entre la predicación de Carlos y la búsqueda de aceptación de Humberto, lo que se pone de manifiesto en una escena en la que éste parece querer resistirse a participar del engaño que practica el pastor delante de sus feligreses, cuando es requerido para que suba al escenario y se deje exorcizar los demonios. Mientras la cámara se acerca al rostro de Humberto, la resistencia se refleja en una mirada que parece la de un animal embravecido. Pero la necesidad de ceder para poder recuperar a su hija es la predominante. 

Martín Boulocq (1980, Bolivia), uno de los pocos directores que ha desarrollado una carrera más o menos estable en un país como Bolivia donde hacer cine es una aventura sin apenas apoyo público, utiliza su propia ciudad, Cochabamba, como una parte protagonista de la historia, a través de un pasado que refleja también conflictos como la llamada Guerra del Agua, protestas ciudadanas que tuvieron lugar en 2000 en contra de la privatización del abastecimiento de agua potable al municipio, y que de alguna manera se acabó reproduciendo durante el rodaje de la película en 2019 cuando estalló la crisis política que acabó con la renuncia del presidente Evo Morales acusado de fraude electoral. Es un trasfondo que no se representa de forma directa pero que está latente en el propio conflicto interno que se cuenta en la película, y que en términos generales es el conflicto entre ricos y pobres, entre la ciudad y el campo... Con planos generales y movimientos de cámara lentos, que plantean una acción interna de los personajes dentro del encuadre, el director muestra la tensión frustrada, y en cierta manera construye un suspense implícito en las interacciones de Carlos y Humberto, en las que no está claro si en algún momento puede surgir la violencia. La utilización de la música es especialmente lograda, mezclando canciones evangélicas usadas con ironía con elementos más sutiles como la interpretación de Luciano Pavarotti del aria "Nessun Dorma" de la ópera Turandot (1921) de Puccini, que suena en un momento especialmente relevante. En contraste, los breves encuentros entre padre e hija muestran una actitud más relajada, pero la película no se posiciona claramente en favor del protagonista, lo cual es una decisión inteligente, porque de alguna manera coloca a Aleida en un lugar intermedio en el que ella es víctima de estos conflictos de poder, como se muestra en la excelente secuencia del bautismo. El visitante maximiza su mensaje a través de un relato sencillo que se sostiene en una narrativa ágil y habilidosa. 

Le lycéen

Christophe Honoré, 2022 | Masters | ★★★☆☆


En la última película de Christophe Honoré (1970, Francia), el director propone una mirada a su propia experiencia como adolescente desde un punto de vista emocional. Le lycéen (El estudiante) (2022), cuyo título internacional es el críptico Winter boy y en España llevará el título de Dialogando con la vida, como si los distribuidores quisieran hacer aún más retórica la película, consiguió para el debutante actor Paul Kircher la Concha de Plata a la Mejor Interpretación en el Festival de San Sebastián 2022 y está nominada a dos premios Lumiére 2023 por su guión y como mejor revelación masculina. Se trata de una historia que Christophe Honoré confiesa que ha ido postergando durante varios años hasta que se ha sentido lo suficientemente fuerte como para afrontar su propia adolescencia en medio de la tragedia de la muerte. Como si se tratara de una premonición fatídica, el joven Lucas (Paul Kircher) y su padre (Christophe Honoré) tienen un conato de accidente poco antes de que este último muera en un accidente de coche: "Pensé que moriría entonces. ¿Por qué no morí ese día?", se pregunta el protagonista en una narración que reflexiona sobre su propia historia. El director utiliza la voz en off del narrador autodiegético que toma como influencia la novela de Fiódor Dostoievski El adolescente (1875, Ed. Alba Editorial) para implicarle personalmente a través de la emoción y la reflexión en una especie de diario grabado en video que no termina de encajar del todo. 

Pero Le lycéen es principalmente una historia de crecimiento desordenado, afectado por un sentimiento de duelo que se expresa a través de una búsqueda de identidad, alejado de su madre Isabelle (Juliette Binoche) cuando Lucas decide pasar unos días con su hermano Quentin (Vincent Lacoste) en París, donde el protagonista se entrega a los deseos de su identidad sexual y encuentra consuelo en la pretendida relación con Lilio (Erwan Kepoa Falé), el compañero de piso de Quentin, quien ejerce la prostitución, para lo que necesita el piso durante buena parte del día. Esto obliga a Lucas a deambular por las calles de París, tener sus propios encuentros sexuales a través de aplicaciones de citas y de alguna manera buscar su propio camino en medio del desorden de su estado mental: "Mi vida se ha convertido en una fiera a la que ya no puedo acercarme sin que me muerda", dice como narrador. Pero la fiebre adolescente, unida a la búsqueda de su identidad y el duelo no resuelto por la muerte de su padre es un cóctel demasiado explosivo para una etapa tan difícil en la vida del protagonista. La propia música del compositor japonés Yoshihiro Hanno, que es un ejemplo de reflexión sutil sobre la historia, titula a los pasajes etéreos con los que subraya las escenas de Lucas por las calles de París como "Lost" (perdido), una definición concreta y certera de esos momentos de incertidumbre vital. 

Pero Christophe Honoré se detiene demasiado en cierta autocomplacencia que no beneficia a la historia, se vuelve reiterativo y melodramático en ocasiones, aunque está bien apoyado por la naturalidad rebelde del actor protagonista, cuya introspección emocional devora a su propia familia. En una decisión poco acertada, la madre toma la palabra en el tercer acto para ofrecer su propia narrativa, pero su presencia ha sido tan secundaria anteriormente, que este proceso de reconversión de su relevancia no termina de articularse bien dentro de la historia, en un intento por colocarla delante de la cámara y detrás de una cámara de video mientras graba la expresión de madurez de su hijo a través de una canción. Otras decisiones son más certeras, como la de situar la acción en la actualidad, evitando la representación del pasado para no distraernos de la transformación interior de Lucas. Y las referencias a la propia adolescencia de Christophe Honoré y su entorno cultural se mantienen solo a través de algunas canciones de Orchestral Manoeuvres  in the Dark y Robert Palmer que suenan en la banda sonora.

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Películas mencionadas:

Dialogando con la vida se estrena en cines el 5 de mayo.

Los insólitos peces gato se puede ver en Filmin.



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