23 mayo, 2021

DOK.fest Munich 2021 - Parte 8: Somos diferentes, somos iguales

La edición de 2021 del Festival Internacional de Documentales DOK.Fest Munich llega a su último día tras dos semanas de proyecciones que hemos estado comentando en nuestras crónicas. Uno de los últimos premios concedidos ha sido el Premio del Público, que ha recaído en el emocionante documental noruego He's my brother (Cille Hannibal, Christine Hanberg, 2021), que ya recibió una Mención Especial en la sección NORDIC:DOX Award del CPH:DOX, sobre la relación entre hermanos protagonizada por Christine y Peter, un joven nacido con una extraña enfermedad. Con este galardón se cierra la lista completa de Premios de DOK.fest:

Viktor DOK.international: Anny (Helena Trestíková, 2020)
Viktor DOK.deutsch: Zuhur's daughters (Laurentia Genske, Robin Humboldt, 2021)
Viktor DOK.horizonte: Cosas que no hacemos (Bruno Santamaría, 2020)
Student Award: The case you (Alison Kuhn, 2020)
VFF Documentary Film Production Award: The other side of the river (Antonia Kilian, 2021)
Documentary Film Music Award: Soldaten (Christian von Brockhausen, Willem Konrad, 2021)
Premio Aldeas Infantiles: School of hope (Mohamed El Aboudi, 2021)
DOK.edit Award: Nemesis (Thomas Imbach, 2020)
DOK.Series Award: Un pedazo de paz (Jacobo Albán, 2021)
Audience Award: He's my brother (Cille Hannibal, Christine Hanberg, 2021)

DOK.panorama

El objetivo del gobierno danés, que preside en minoría la socialdemócrata Mette Frederiksen desde 2019, es alcanzar la cifra de cero demandantes de asilo. El año pasado, de hecho, se concedió asilo a tan solo 600 personas, en parte motivado por la crisis del coronavirus. La justificación de estas posición más conservadora frente a la inmigración es que es necesario trabajar en la integración de los inmigrantes que actualmente existen en Dinamarca, un país que precisamente no ha elaborado leyes muy integradoras. Su antecesor en el gobierno, el conservador Lars Løkke Rasmussen implantó algunas de las leyes más restrictivas de Europa, como un Código Penal más duro para los barrios habitados mayoritariamente por inmigrantes, la prohibición del burka en los espacios públicos o la controvertida "ley de joyas" que permite a la policía requisar dinero y objetos a los refugiados para sufragar los gastos de su atención pública. Medidas que no parecen encaminadas a una integración mayor en la sociedad danesa. 


En este contexto, el documental Min bror, mit hjem (Follow your home) (Kathrine Ravn Kruss, 2021), estrenado en la sección Nordic:Dox Award del CPH:DOX 2021, aborda directamente esta problemática a través de la historia de dos hermanos refugiados procedentes de Afganistán. Popal, de 21 años, fue el primero que llegó a Copenhague, huyendo de los talibanes  y consiguiendo asilo debido al peligro que suponía para él regresar a su país. Él cumple los requisitos del "buen inmigrante", habla un danés fluido, que parece la característica principal por la que se considera estar integrado en la sociedad, y ha sido acogido por una familia cristiana. Años después de llegar a Dinamarca, consigue reunirse con su hermano menor, Darmal, de 18 años, que pudo salir de Afganistán, donde también corría el peligro de ser incorporado a las fuerzas militares de los talibanes. El documental comienza cuando Popal y Darmal ya se han reunido, y cuando a éste se le niega el asilo. 

El largo proceso de apelación que tiene lugar para tratar de conseguir la condición de refugiado es el centro de la película, pero desde el punto de vista de esa situación de desequilibrio constante que supone esperar durante más de dos años una respuesta del Tribunal de Apelaciones, lo que no es precisamente una forma ideal de integrar a los refugiados en la sociedad danesa. La directora mantiene su mirada en los dos hermanos, especialmente en Popal, más extrovertido, pero también muestra el estado de ánimo cada vez más desesperanzado de Darmal, que comienza un proceso de distanciamiento emocional tanto de su hermano como de la familia que los acoge, como un instrumento para asumir con mayor facilidad la posible noticia de su separación. En este sentido, Follow your home es una apuesta sencilla que utiliza el retrato de personajes para plantear una reflexión más general sobre las políticas migratorias de Dinamarca, que hace unas semanas comenzó a revisar los permisos de residencia de refugiados sirios con la intención de devolverlos a su país, del que considera que ya no supone un peligro para ellos. Esta decisión se basa en un estudio de la Junta de Refugiados cuya veracidad ha sido puesto en duda por numerosas organizaciones internacionales.  

DOK.focus Empowerment

Una de las películas vencedoras del pasado Festival de Sundance fue Writing with fire (Sushmit Ghosh, Rintu Thomas, 2021), que consiguió el Premio del Público en la sección World Cinema y un Premio Especial del Jurado en la sección Impact and Change, además de haber sido seleccionada para el F:ACT Award del CPH:DOX. El documental comienza con la descripción del sistema de clases de la India, que divide a la sociedad en cuatro grupos: brahmins (sacerdotes y profesores), kshatriyas (guerreros y gobernantes), vaishyas (granjeros y comerciantes) y shudras (obreros). Pero fuera de este sistema de castas, y por tanto por debajo de todos ellos, se encuentran los dalits o intocables, que son los parias, los que nunca pueden acceder a ser más de lo que son. Precisamente un grupo de mujeres dalits, que debido a su condición de excluidas del sistema de castas son las más vulnerables en cuanto a la violencia de género, cuyas denuncias ni siquiera reciben la atención de la policía, fundaron hace unos años el periódico Khabar Lahariya, que principalmente centraban en las problemáticas de los dalits, y cuya repercusión ha terminado siendo imprescindible para que muchos de estos problemas sean atendidos por las  autoridades. 


A pesar de que muchos vaticinaban el fracaso de esta iniciativa, especialmente tras la transformación de los medios de comunicación en formato digital, el periódico ha sabido reciclarse, consiguiendo incluso una repercusión mayor con millones de seguidores de su canal de YouTube. La película acompaña a cuatro de estas periodistas en su búsqueda de las noticias: Meera, Kavita, Suneeta y Shyamkali. Meera es la redactora jefe, con estudios universitarios y ferviente defensora de la libertad de prensa, aunque en su familia no se recibe con satisfacción su trabajo, como se muestra en una escena en la que discute con su padre, que no entiende por qué no tiene una vida como mujer casada. Ella es la encargada junto a Kavita de realizar la cobertura de las elecciones y entrevistar al Ministro Principal del estado de Uttar Pradesh, un populista de derechas que es refrendado en las urnas. 

El trabajo de Suneeta se enfoca más hacia la minería ilegal, porque de hecho ella vivió en una aldea minera que fue cerrada pero que siguen explotando las mafias, como otras muchas minas en su zona. Pero también cubre el asesinato de una mujer que recibió un hachazo, y que muestra la vulnerabilidad que sufren en la sociedad india, principalmente conservadora y patriarcal. Shyamkali, por su parte, es una periodista novata que ha sufrido abusos de su marido, al que abandonó para incorporarse al periódico, y a la que en principio le resulta difícil adaptarse a la tecnología digital porque nunca se le ha permitido tener un móvil en sus manos. 

Writing with fire es un documental que transmite la valentía de estas mujeres en una sociedad eminentemente hostil. Se muestra cierto paternalismo por parte de sus compañeros periodistas masculinos, que le dan "consejos" sobre su trabajo: "No deberías preguntar tan directamente, tienes que ser más amable". Pero ellas establecen los parámetros de un periodismo reivindicativo, que quiere ser un instrumento para dar visibilidad a los problemas de unos ciudadanos, especialmente las mujeres, que no son habitualmente protagonistas de historias en los medios de comunicación. Y aunque su final es de alguna manera poco esperanzador (una de las reporteras abandona su trabajo para cumplir su compromiso de casarse), el conjunto ofrece una mirada optimista hacia cómo es posible cambiar los tópicos establecidos para construir una sociedad más justa.  

DOK.music

El director de Here we move here we groove (Sergej Kreso, 2021) define a la música en su documental como una especie de caballo de Troya, que le permite hablar de temas más generales. Y, efectivamente, el principal enfoque de la película es la transformación de Europa, representada en la escena musical de Berlín, y también en la propia familia de Robert Soko, DJ nacido en Bosnia que se trasladó a Alemania en 1993, donde creó la formación Balkan Beats Soundsystem, influida por las sonoridades musicales de la antigua yugoslavia, y especialmente la repercusión internacional de las bandas sonoras de Goran Bregovic para películas como Underground (Emir Kusturica, 1995). Cuando llegó a Berlín, Robert Soko comenzó a trabajar como taxista, y este antecedente profesional es utilizado de forma inteligente por el director Sergej Kreso, que tiene en común con Robert Soko su origen bosnio y su emigración en 1993, huyendo de la guerra, en este caso a Holanda, donde ha desarrollado su carrera como cineasta. La primera parte de la película se convierte así en una especie de road-movie en la que el DJ conduce por las calles de Berlín, recogiendo a miembros de su banda o familiares, en una especie de ensoñamiento en el que reflexiona sobre su vida. 


Pero el documental, que tuvo su estreno mundial en la sección de Documentales Holandeses del IDFA 2020, se acerca a un momento de crisis creativa de Robert Soko, que se siente estancado en sus propuestas musicales. "Mi trabajo es casi mecánico, sé lo que ofrecer, lo que le gusta al público, pero no siento que aporto nada". Esta saturación creativa se resuelve sin embargo con un nuevo proyecto que se inspira en esa transformación de Europa en un espacio multicultural que han traído las constantes crisis migratorias. Y plantea una cierta hipocresía sobre cómo aceptamos esta multiculturalidad, que nos interesa, sin entender que estamos en una sociedad diversa, que se alimenta con la inmigración. Hay momentos en los que el director muestra el hogar de Robert Soko, que es una especie de microuniverso de esta nueva sociedad. Él mismo es de origen bosnio, habla alemán e inglés, mientras su esposa se crió en Francia pero es de origen árabe. Y entre ambos hay algunas discusiones sobre qué tipo de educación tienen que darle a su hija pequeña, en un hogar donde se hablan cinco idiomas diferentes. 

Su último proyecto musical es, precisamente, un reflejo de esta multiculturalidad, a través del Balkan Beats Soundystem que incorpora a cantantes asentados en Berlín pero de origen palestino, afgano, iraquí, bosnio o latino, y que conformaron su álbum Arigato amigo (2017, BalkanBeats Records), pero también forman parte de la banda sonora de la película, Here we move here we groove (2020, BalkanBeats Records). Este documental musical es, por tanto, un acercamiento a una realidad que define a Europa como un espacio de convivencia cultural, una mirada a la complejidad de la convivencia, pero también una celebración de la creación artística más allá de las fronteras. 

BEST OF FESTS

Seleccionada para la sección ACID de Cannes 2020, Loin de vous j'ai grandi (Marie Dumora, 2020) es una película que continúa un proyecto comenzado hace más de veinte años por su directora, que ha realizado varios documentales centrados en una misma familia. Avec ou sans toi (Marie Dumora, 2001) fue su primer documental, que se adentraba en un centro de acogida infantil en Alsacia, y tenía como protagonistas a Belinda y Sabrina, dos hermanas de 11 y 9 años. Posteriormente, su cámara se centró en algunos jóvenes, uno de ellos novio de Belinda, que se enfrentan a la mayoría de edad en Emmenez-moi (Marie Dumora, 2004). En Je voudrais aimer personne (Marie Dumora, 2010), vuelve a centrarse en Sabrina, que ahora es una madre adolescente, y en Belinda (Marie Dumora, 2016), realiza una retrospectiva del personaje, mostrando la niñez que reflejó en su primer documental, pero también su crecimiento hasta convertirse en una joven veinteañera. Esta fue su película que alcanzó mayor repercusión, siendo seleccionada en la Berlinale y en la sección ACID de Cannes. 


Loin de vous j'ai grandi (Far from you I grew), regresa a este grupo de jóvenes, ahora enfocada en la figura del hijo de Sabrina, Nicolas, que fue separado de su madre por los servicios sociales y vive en un hogar de acogida, casi como cierre de un círculo vital que comenzó hace años con Sabrina viviendo también en un centro infantil. Su vida transcurre entre este hogar que pronto tendrá que abandonar y sus dudas sobre si regresar con su madre, a la que ha visitado solo de forma esporádica, y que ha iniciado una nueva relación. Las reflexiones sobre la identidad propia y sobre la definición de hogar están nuevamente en el centro de la propuesta de esta directora. El problema es si realmente esta nueva incursión, aunque tangencial en la vida de Sabrina aporta algo diferente a lo que ya hemos visto en los anteriores documentales de Marie Dumora. Nos parece que no, que se trata de un regreso a una temática ya agotada que incluso erra en la introducción de elementos más metafóricos, como la obsesión de Nicolas por las historias de Jack London, representada en escenas de cierta artificialidad. Esta nueva incursión en las vidas frustradas de sus personajes se siente como una especie de Boyhood (Richard Linklater, 2014) que no ha sabido detenerse a tiempo. 



Belinda se puede ver en Filmin. 
Boyhood (Momentos de una vida) se puede ver en Amazon Prime y HBO España. 


22 mayo, 2021

Docsbarcelona 2021 - Día 5: El tiempo pasa, el tiempo pesa

En esta quinta jornada de Docsbarcelona, en la que no hay presentaciones de películas, nos acercamos a algunos títulos que ya han recibido el reconocimiento en festivales internacionales, como el Premio a la Mejor Dirección en Sundance o el Premio Especial del Jurado en Visions du Réel. También comenzamos a comentar los cortometrajes que forman parte de la sección DOC-U, que está dedicada a producciones documentales realizadas por alumnos de diferentes escuelas de cine del territorio español. 

PANORAMA

A poco que un espectador se introduzca en las más recientes historias documentales que se seleccionan en los festivales de cine, parece más clara la idea de que el Estado Islámico no se sostiene realmente en una ideología o una creencia religiosa, sino que ha ido derivando hasta convertirse en una mafia que intenta mantener un estado de esclavitud que le reporta beneficios económicos. Las esclavas sexuales del Daesh se denominan "sabayas", y son mujeres (en muchos casos niñas) secuestradas para servir como objetos de venta durante el resto de sus vidas. Cuando en el documental Sabaya (Hogir Hirori, 2021) vemos el rescate de una niña de siete años que ha sido escondida en el campo de refugiados de al-Hol, en el Norte de Siria, y que fue secuestrada cuando tenía tan solo dos años, la sensación que produce es estremecedora. 


La película, que logró el Premio a la Mejor Dirección en Sundance, el Premio del Jurado en Hong-Kong y el Premio al Mejor Documental en Moscú, se centra en las mujeres yazidíes del Norte de Iraq que fueron secuestradas por el Daesh en su cruzada contra las minorías étnicas y religiosas. Pero, tras la derrota del Estado Islámico en algunas regiones, muchas de ellas sin embargo permanecen escondidas en campos de refugiados para que se mantenga su condición de esclavas susceptibles de ser vendidas. Una organización yazidí sin ánimo de lucro se dedica a infiltrar a mujeres en los campamentos para intentar averiguar la ubicación de las secuestradas y rescatarlas. El director Hogir Hirori, sueco de nacimiento iraquí, acompañó con su cámara a algunos de estos rescates, la mayor parte ocurridos durante la noche, para evitar una respuesta violenta. 

Aunque el Estado Islámico ha sido derrotado en buena parte de Siria, sus vestigios siguen estando presentes después de las guerras. "Les hemos vencido militarmente, pero aún queda la ideología", dice uno de los activistas que, pistola en mano, protagoniza estos rescates. Hay una cierta normalidad esquemática en el trabajo de esta ONG, recibiendo constantemente mensajes desde las infiltradas en el campo de refugiados de al-Hol, hasta que consiguen contactar con algunas de las secuestradas y el mecanismo se pone en marcha para iniciar el rescate. Pero éste no supone un final estrictamente feliz: algunas mujeres que han tenido hijos con miembros del daesh son separadas de éstos, porque la ley yazidí no permite los niños con padres musulmanes. De forma que se establece también una cierta ambigüedad en la liberación de estas esclavas. 

El director logra transmitir la tensión de estas acciones de rescate, incluso con la utilización de cámaras ocultas que llevan las mujeres infiltradas, pero que en realidad tienen la finalidad de subrayar la atmósfera de thriller, más que aportar información adicional. Cuando una de las mujeres rescatadas comenta que, a lo largo de su vida, ha sido vendida a doce hombres diferentes, la realidad de esta esclavitud que pretende ser para siempre se hace palpable. Sabaya es un documental emocionalmente duro y formalmente bien elaborado en la construcción de una narración que a veces puede parecer repetitiva, pero que va incorporando sucesivamente elementos que son cada vez más complejos. 

El Premio Especial del Jurado en Visions du Réel fue para el excelente Les enfants terribles (Ahmet Necdet Cupur, 2021), coproducción entre Francia, Alemania y Turquía que compone una mirada a la familia que resulta impactante. Porque es un acercamiento desde la realidad a la confrontación entre los padres y los hijos, una guerra de generaciones que contrapone la necesidad de encontrar un espacio propio alejado de las tradiciones. La historia se vertebra a través de tres hermanos: por un lado Mahmut, que se casó con una adolescente de 15 años alentado por sus padres pero que dos años después se arrepiente de la boda, y pretende divorciarse e iniciar una vida fuera del entorno familiar; por otro lado, la joven Zeynep quiere continuar sus estudios fuera del pueblo, lejos de los límites impuestos a las mujeres; por último, Ahmet es el tercer vértice, el hermano que consiguió emigrar y que regresa en 2018 con su cámara para encontrarse con una auténtica lucha de poderes dentro de su propia familia.


El documental se desarrolla a lo largo de tres períodos de tiempo, desde los primeros meses de 2018 hasta septiembre de 2019, para dar el último salto temporal hasta 2020. Pero el período más complejo es el primero, cuando la rebelión de los hermanos Mahmut y Zeynep se hace más radical. La cercanía que ofrece la cámara del director, que forma parte de la familia y por tanto tiene un acceso privilegiado a escenas que un desconocido no podría haber capturado, es lo más notable, porque consigue hacernos partícipes de las disputas entre padres e hijos, a veces con un marcado tono violento. El enfrentamiento es también de sexos, porque mientras el padre es el que se enfrenta al hijo ("ya no eres mi hijo"), la madre es la que confronta a la hija ("Dios me creó para quedarme en casa"). Hay una sensación de opresión constante, de ofuscación provocada por las tradiciones que son completamente destruidas por la actitud de los hijos. No hay una violencia física, pero sí una violencia verbal que en algunas escenas como la discusión entre madre e hija, llega a momentos de tensión notable.

La mirada del director, que se marchó de su hogar muchos años antes, permite asistir a estos momentos de confrontación que seguramente son comunes en muchas familias turcas en las que hay un enfrentamiento generacional debido a las tradiciones. Pero al mismo tiempo tiene esa mirada externa, esa posición de espectador de la revolución que se está produciendo en su familia, que llega a momentos especialmente logrados en sus conversaciones más íntimas con sus hermanos, Mahmut y Zeynep, que explican (si es que hay que ser explicada) su actitud de rebeldía. Pero también capta conversaciones "secretas" que acaban siendo terribles. La madre susurra a su hijo Mahmut que, si se quiere ir puede hacerlo, pero sin divorciarse. Pretende que no rompa el matrimonio para mantener las apariencias, pero que si quiere casarse con otra mujer en el extranjero puede hacerlo. Y esa actitud de sumisión que pretende la madre en la esposa de su hijo es incluso más sorprendente que los gritos y las actitudes violentas del padre. Es un debut brillante, que nos hace testigos de la implosión en el núcleo de una familia.

LATITUD

Seleccionada en los festivales Hot Doc 2020 y Tribeca 2020, la producción mexicana 499 (Rodrigo Reyes, 2020), es un híbrido entre ficción y documental que muestra la crónica del viaje de Hernán Cortés a México en el año 1521, siguiendo la ruta entre Veracruz y Ciudad de México. La celebración en 2021 del 500 aniversario de la conquista de la ciudad azteca de Tenochtitlan es lo que inspira, precisamente, el título de la película. Pero para este recorrido el director introduce un elemento singular: la presencia de un soldado que acompañó a Hernán Cortés, que funciona como una especie de guía para el espectador a través de este recorrido, una introducción arriesgada de esta anacronía en forma de conquistador, que sin embargo, funciona muy bien gracias a un inteligente trabajo de planificación. Porque lo que vemos en el documental no es el relato del pasado, sino la presentación de historias reales relacionadas con la violencia que se han producido en el presente.


En cierta manera, la película 499 plantea que esta violencia que vive México en la actualidad proviene de la violencia que practicaron los conquistadores españoles. Así, el soldado cuenta anécdotas históricas que enlazan el pasado con el presente: se dice que a Hernán Cortés le regalaron un grupo de mujeres indígenas como esclavas sexuales, y asistimos a un estremecedor relato de feminicidio contado por la madre de la víctima. Lo que consigue Rodrigo Reyes es integrar perfectamente este personaje anacrónico, esta especie de fantasma que deambula por la que fue civilización azteca, para introducir elementos de reflexión sobre la violencia que se genera en México. Hay un solo momento en el que esta imbricación no termina de funcionar y parece más una broma, en la escena en la que un sicario enseña su arsenal de pistolas al conquistador. Pero en general esta apuesta arriesgada del director Rodrigo Reyes no solamente funciona extremadamente bien, sino que construye una narración original que plantea muchas preguntas y reflexiones profundas sobre las huellas del pasado en el presente.

DOC-U

Las producciones realizadas por alumnos de Escuelas de Cine tienen su propia sección en Docsbarcelona. Hoy hablamos de dos documentales que hacen una retrospectiva de los meses de confinamiento, desde un punto de vista personal. En Carta abierta (Esteve Pallarès Ogàyar, 2021), producido por la Escola de Mitjans Audiovisuals de Barcelona (EMAV), el director refleja las consecuencias de la pandemia a través del confinamiento. El tiempo pasa y el tiempo pesa. Las jornadas se van haciendo cada vez más lentas después de 45 días de aislamiento, 1.104 horas y 66.240 minutos. El hogar se convierte en un espacio reducido en el que las actividades pueden llegar a ser variadas pero también se acaban haciendo monótonas. Se desempolva el tocadiscos para escuchar música que hacía años que no se escuchaban, se rescatan viejas cintas de películas, se retoman aficiones olvidadas... En tres minutos, el cortometraje consigue reflejar esa sensación de reclusión que ha provocado un virus. La forma en que una pandemia se ha metido también en nuestras cabezas. 


En La fiesta del fin del mundo (Paula González, Andrés Santacruz, Gloria Gutiérrez, 2021) también se reflejan las consecuencias del confinamiento. Producido por la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), se establece un diálogo entre dos jóvenes que no se conocen. Sus mensajes a través de una red social se convierten en un refugio del aburrimiento que provoca el aislamiento, e inician un viaje imaginario en el espacio, encontrándose en una supuesta fiesta en la que no pueden parar de bailar, como si se hubieran contagiado de la epidemia de baile de 1518, un extraño caso de coreomanía en el que miles de personas no podían dejar de danzar, y que fue también el punto de partida del cortometraje Strasbourg 1518 (Jonathan Glazer, 2020), que también establece un paralelismo entre el covid-19 y aquella epidemia. 

El siguiente paso es un viaje en el tiempo, hacia el año 1758, cuando "la viruela pegaba heavy". Hay una especie de abstracción en torno a la experiencia de vivir una epidemia en mitad de la tecnología de la información, repleta de mensajes contradictorios, y esa serenidad del siglo XVIII, que sin embargo provocó que la población europea diezmara notablemente. A través de este diálogo escrito que vemos en pantalla, los directores establecen una reflexión sobre esa especie de "normalidad" en la que se convirtió el confinamiento, como una asunción de que no tocar, no abrazar, no establecer contacto directo podría llegar a ser asumible para una humanidad habituada a tocar, a abrazar, a conectar... "¿te gustaría conocernos cuando esto acabe?", pregunta él. "pero nos conocemos por aquí", responde ella. "Nos imaginamos por aquí, fantaseamos por aquí. ¿No es mejor así?." 


En las recomendaciones de un reciente informe elaborado por la Universidad del País Vasco, la Universidad de Granada, la Universidad Miguel Hernández, la Universidad de Murcia, la UNED y la Universidad de Barcelona, titulado "Las consecuencias psicológicas de la Covid-19 y el confinamiento", se establece que "los efectos psicológicos del confinamiento y de la crisis sanitaria pueden aparecer demorados en el tiempo y presentar tendencia a cronificarse, como es habitual en el curso del estrés postraumático, y otras patologías relacionadas con las medidas de cuarentena que se han observado en el contexto internacional de la crisis de la COVID-19".


21 mayo, 2021

Docsbarcelona 2021 - Días 3-4: El hombre frente el espejo

La programación de Docsbarcelona 2021 sigue ofreciendo una selección muy interesante de documentales que se han visto en festivales internacionales. Curiosamente, tras el año de pandemia la producción de documentales no ha disminuido, sino que podemos decir que esta es una de las mejores ediciones del festival de los últimos años, que incluye películas notables y una programación muy robusta en cuanto a calidad. 

PANORAMA

Lo más simple es a veces lo más difícil. Tan sencillo como transmitir sensaciones a través de la contemplación de la vida en el campo. En santuarios de animales o granjas orgánicas, el director de Gunda (Viktor Kossakovsky, 2020) traslada esta sensación de vida, que funciona como contraposición al acto de matar animales que protagoniza el hombre. Se puede estar más o menos de acuerdo con el mensaje vegano de la película, el que transmite su director en las entrevistas y las entrevistas con argumentaciones má o menos discutibles. Pero lo que no se puede discutir es la belleza formal de esta película, producida por Joaquin Phoenix, vegano desde los tres años y activista contra el traslado de animales a los mataderos. 


Seguramente es casi imposible mostrar de una forma más hermosa el sentimiento de empatía por los animales, aquí protagonizado por una cerda que, cual Hitchcock protagoniza la silueta del cartel de la película; un gallo con una malformación y un grupo de vacas, todos ellos filmados en granjas ecológicas de Gran Bretaña, Noruega y España, que son ecológicas pero no dejan de ser granjas. El nacimiento de los lechones de Gunda se convierte en el viaje narrativo de la película, rodada en un blanco y negro que subraya la sensación de cercanía, pero también un cierto aire irreal, como una fantasía orwelliana de un mundo de placidez que parece no existir. La película, que inició su trayectoria de festivales en Berlín 2020, ha pasado prácticamente por todos los festivales de cine posibles, ha sido nominada a los Premios del Cine Europeo, pero no consiguió ser finalista en los Oscar, para los que parecía ser una de las favoritas. 

La cámara de Kossakovsky se sitúa a la altura de los ojos en muchos casos, subrayando la empatía con los protagonistas animales. La presencia del ser humano es puntual, lejana a través del sonido, pero prácticamente ausente, incluso en el momento crucial de la muerte. Hay que alabar la decisión del director de dejar fuera los momentos más crueles de la vida en la granja, porque muchas veces se confunden ser reivindicativo con mostrar esta crueldad. "Es más efectivo", dice el director, "enseñar la belleza del mundo animal que mostrar la violencia". Y parece tener razón, porque Gunda es más emocionante y reflexiva que mil campañas sobre la crueldad elaboradas por asociaciones animalistas. Pero el final es inevitable. Esos últimos quince minutos son tan expresivos y tan desgarradores al mismo tiempo. Es la manifestación de la vida (y la muerte) en imágenes hipnóticas. La poesía de la supervivencia.

Presentada en el Festival de Sundance 2021, Playing with sharks: The Valerie Taylor story (Sally Aitken, 2021) supone, en cierta manera, el descubrimiento para muchos espectadores de una buceadora australiana que consiguió destacar en una época en la que predominaban las figuras masculinas (lo siguen haciendo) en la difusión de la vida en los fondos marinos, encabezados por Jacques Cousteau en Francia. A sus 85 años de edad, ella continúa buceando de forma esporádica, y participa activamente en el relato de su vida en este documental que viene a reivindicar su importancia como conservacionista, consiguiendo las primeras leyes de protección a favor de algunas especies de tiburones. Junto a su marido Ron Taylor, practicaron primero la caza de tiburones, pero después de una experiencia que dejó huella en ellos, decidieron cambiar el arpón por una cámara subacuática y difundir la forma de vida de los tiburones en vez de cazarlos. 


"Yo no era una chica Bond", comenta Valerie Taylor. Pero su físico exuberante de mujer rubia le hacía parecerlo, y le permitió convertirse en la portada de revistas dedicadas a la naturaleza, pero también de la prensa amarilla. Uno de los aciertos de este documental es saber mostrar de qué forma la percepción de la vida salvaje ha cambiado desde los años sesenta y setenta hasta nuestros días. Mientras que ahora nuestra mirada es mucho más curiosa y notablemente más empática con las grandes especies animales, en aquella época el foco principal estaba puesto en la peligrosidad y la violencia de estas especies. Solo hay que ver el cartel del documental Blue water, white death (Peter Gimbel, James Lipscomb, 1971), que protagonizaron Valerie y Ron Taylor en torno a los tiburones blancos, para darse cuenta de esta percepción. 

Y quizás este aspecto también es uno de los más controvertidos de Playing with sharks, porque su posición amable, admiradora con la protagonista, evita una reflexión más profunda sobre hasta qué punto participó ella misma en la difusión negativa de los tiburones. En 1968, el escritor Peter Benchley, un gran admirador de Valerie y Ron Taylor, escribió la novela Jaws, que al año siguiente sería adaptada al cine como Tiburón (Steven Spielberg, 1975), y en cuyo rodaje participó el matrimonio submarinista para grabar las escenas con tiburones reales (para los cinéfilos hay algunas imágenes de archivo realmente curiosas). La repercusión mundial que tuvo la película provocó también una especie de veda abierta a la caza de los tiburones, considerados demasiado peligrosos. Y Valerie Taylor se lamenta de haber participado en esta visión negativa. Sin embargo, el documental no plantea preguntas sobre por qué siguieron trabajando en otras películas similares como Orca. La ballena asesina (Michael Anderson, 1977) o Tiburón 2 (Jeannot Szwarc, 1978). Y esta falta de cuestionamiento de la protagonista no beneficia a la historia. 

En todo caso, Valerie y Ron Taylor se convirtieron con el paso de los años en dos de los pioneros en el conservacionismo de especies de tiburones, además de seguir trabajando en imágenes acuáticas para otros títulos de Hollywood como El lago azul (Randal Kleiser, 1980) o La isla del Dr. Moreau (John Frankenheimer, 1996). A lo largo del documental, hay interesantes aportaciones de ambientalistas como Jean-Michel Cousteau o el biólogo Jeremiah Sullivan que contribuyen a bendecir la relevancia del trabajo de Valerie Taylor. Pero también se deja patente la inabarcable esquilmación de los tiburones que ha llevado a cabo el hombre a lo largo de muchas décadas. 

Durante las manifestaciones que celebraban el segundo aniversario de la llamada Primavera árabe, el 25 de enero de 2013 en la Plaza Tahir de El Cairo, el tumulto fue aprovechado para cometer cientos de agresiones sexuales contra mujeres, que después se repetirían en otras manifestaciones a lo largo de los meses siguientes. Las mujeres, que formaban parte de ese reclamo de cambio, se vieron sometidas y atacadas entre aquellos que supuestamente seguían sus mismas reivindicaciones. Y entonces se demostró que la sociedad egipcia tenía aún muchas cosas que cambiar. En As I want (Samaher Alqadi, 2021), que fue seleccionado para la sección Encounters en la Berlinale 2021 y la sección F:ACT Award en CPH:DOX 2021, la directora de origen palestino toma la decisión de utilizar su cámara como arma. Frente a las constantes agresiones verbales que sufren las mujeres en las calles de El Cairo, ella responde con las imágenes de los abusadores, se enfrenta a ellos con un instrumento que refleja sus actos, borra la impunidad para retratar el abuso. Son algunas de las escenas más poderosas de este documental que reivindica un derecho fundamental: vivir sin ser acosadas. 


As I want es un reflejo de los meses posteriores a la revolución, con la llegada al poder de Mohamed Morsi y su posterior destitución en un golpe de Estado que fue recibido con clamores por parte de los ciudadanos (solo para que el general Abdelfatah al-Sisi acabara como presidente tras dos elecciones con oponentes de paja y una fuerte represión contra los Hermanos musulmanes). Pero al mismo tiempo se trata de una mirada introspectiva en la que la directora establece un diálogo con su madre, que falleció "sin conocer sus derechos", y al mismo tiempo en su propia condición de mujer embarazada que pronto será madre. En su regreso a Ramallah, Alqadi recuerda una infancia que parece irreal, el momento en el que una fotografía provocó que su hermano la amenazara con un cuchillo y que su madre la dejara encerrada en casa durante un año. La Escuela de Cine de Egipto fue su escapatoria. Solo encontró el apoyo de su padre: "Tú siempre decías a papá: 'Has estropeado a tu hija'. ¿Por qué me estropeó? ¿Porque nunca me levantó la mano? ¿O porque pensó que las jóvenes deberíamos tener una educación?". 

Esa búsqueda de libertad es la que convierte a Samaher Alqadi es una activista que utiliza su cámara como expresión de libertad, y que construye una película poderosa, que fusiona perfectamente la mirada intimista con la reivindicación general que habla de que la revolución no solo consiste en cambiar gobiernos, sino transformar una sociedad desde sus cimientos. 

LATITUD

Por su parte, A última floresta (The last forest) (Luiz Bolognesi, 2020) seleccionada en la sección Panorama del Festival de Berlín 2021 y también presente en la programación de Visions du Réel 2021, se acerca a la tribu Yanomami, que habita la cuenca amazónica, enfrentados a la deforestación que provocan las multinacionales de la madera en Brasil. El director brasileño ya se acercó a esta tribu en su película Ex-pajé (Luiz Bolognesi, 2018), pero lo interesante de esta nueva propuesta es que da voz directa a los miembros de la tribu, convirtiendo a su líder, Davi Kopenawa, portavoz de renombre internacional, en el creador de las historias que nos cuenta la película. De forma que construye un film que no documenta la realidad, sino que representa la realidad a través de relatos que están protagonizados por diversos personajes, y que se constituyen como el eje central de una reivindicación que también tiene elementos fantásticos. 


The last forest es un vehículo para hacer al espectador partícipe de la cultura de esta tribu indígena, colocándola en el centro interior de la historia en vez de mostrar una mirada externa. De esta forma, en secuencias como la del ritual de los alucinógenos consigue involucrarnos emocionalmente con los protagonistas, ser partícipes de esta huida de la realidad que al mismo tiempo provoca euforia y conexión con las tradiciones ancestrales. La película se transforma así desde una postura meramente antropológica o, si se quiere de denuncia ecológica, en una propuesta mucho más profunda, que trata de arrastrarnos al terreno de las emociones. Una línea difusa que la hace inclasificable como documental o como película de ficción, pero que la sitúa en un terreno diferente, complejo y fascinante al mismo tiempo. 

SESIONES ESPECIALES

"¿Es usted una persona libre?", es la primera pregunta con la que el realizador de este documental aborda a Mijaíl Gorbachov en Gorbachev. Heaven (Vitaly Mansky, 2020), que consiguió el Premio al Mejor Director en IDFA 2020 y se ha visto en numerosos festivales como Visions du Réel o CPH:DOX. A sus 89 años, el exlíder soviético ya tiene visibles problemas de movilidad, aunque mantiene todavía una cierta claridad mental, como cuando protagonizó otra entrevista en Meeting Gorbachev (Werner Herzog, 2018), un documental algo enturbiado por la evidente admiración del director alemán. Rodado en la casa que costearon algunas de las repúblicas que surgieron de la desmantelación de la Unión Soviética, apenas sale de ella y apenas es invitado a actos oficiales, condenado a una especie de ostracismo en su propio país, olvidado por Vladimir Putin y su séquito, aunque en un telegrama de felicitación enviado el pasado mes de marzo por su noventa cumpleaños, hubo un reconocimiento a su labor: "Usted, con razón, pertenece a la pléyade de personas extraordinarias y brillantes de la era moderna, que ejercieron una influencia significativa en la historia patria y mundial". 


En el documental, Gorbachov afirma que "yo tengo la libertad de decir lo que quiera", pero quizás porque tampoco hace afirmaciones que puedan molestar, ni siquiera hacia figuras ya fallecidas como su antecesor Leonid Brézhnev o su sucesor Boris Yeltsin. Vitaly Mansky también parece admirar a Gorbachov, como ya demostró en su anterior documental, que puede ser considerado como una precuela de éste, Putin's witnesses (Vitaly Mansky, 2018), en el que hacía una disección inteligente e irónica sobre la llegada al poder de Vladimir Putin, pero a veces adopta una postura de confrontación cuando el entrevistado no es claro en sus respuestas. Ciertamente, hay silencios a lo largo de la película que son más elocuentes que las palabras. 

El director consigue un acercamiento íntimo hacia Gorbachov, subrayado por una fotografía que atrapa esos claroscuros de una casa que permanece en una luz tenue todo el tiempo, convertida en una especie de lugar de retiro y soledad. La presencia de su esposa, Raísa Gorbachova, con la que estuvo casado durante 46 años y que falleció en 1999 a causa de una leucemia, es constante a través de fotografías y de grandes retratos. Esta intimidad contrasta con la visita que hace Gorbachov a la casa de sus asistentes para celebrar el Año Nuevo, donde la presencia de fondo constante, a través de la televisión, es la de Vladimir Putin. En estos detalles encontramos esa mirada cargada de ironía de Vitaly Mansky: Gorbachov es observado por su esposa en la intimidad del hogar, pero cuando sale de su casa es vigilado por Putin. 

De hecho, la forma que tiene el director de abordar al ex-político es inteligente. Siendo consciente de que la edad ya ha afectado a su claridad mental, deja que sea el entrevistado el que guíe la conversación, a veces yendo de un tema a otro. Y entonces surgen las referencias al pasado, que no son especialmente reveladoras respecto a su discurso habitual, pero que dejan ver alguna de las contradicciones de su trayectoria, como esa especie de no reconocimiento tácito a su relevancia en el panorama político mundial. Expone su admiración por Lenin frente a la violencia de Stalin (su propio abuelo sufrió torturas), pero también hay un reconocimiento a algunos de sus errores en la deconstrucción de la Unión Soviética y la creación de una nueva organización política y territorial que a veces ha provocado serios problemas de convivencia. Quizás porque, siendo un defensor de las libertades, se revela también como un nostálgico de la antigua URSS. El retrato de Mijaíl Gorbachov en este acercamiento íntimo es el de una figura enigmática que parece callar muchas cosas. Pero, curiosamente, esta representación no le minimiza como personaje sino que ensalza su posición como uno de los líderes más relevantes de la historia moderna.  


Gunda se estrena en cines el 28 de mayo. 

Tiburón se puede ver en Netflix, Amazon Prime, Movistar+ y Filmin. 
Los testigos de Putin se puede ver en Filmin. 


20 mayo, 2021

DOK.fest Munich 2021 - Parte 7: La mirada optimista

A lo largo de esta semana continuaremos ofreciendo crónicas del DOK.fest Munich que se celebra hasta el 23 de mayo. De esta forma, aunque ya hemos comentado casi todas las películas de las secciones competitivas, destacaremos otros títulos interesantes que forman parte de las secciones paralelas, donde se encuentran algunos de los documentales que mayor repercusión han tenido en los últimos festivales internacionales. 

DOK.horizonte

Presentada en Hot Docs 2021, donde ha ganado recientemente el Premio Especial del Jurado y el Premio del Público, School of hope (Mohamed El Aboudi, 2021) es una visión del cambio climático desde la perspectiva de los nómadas del desierto de Marruecos, en especial la tribu Oulad Boukais, la última comunidad que permanece con su vida errante a través de un paisaje árido. Con 15 años de sequía constante, los nómadas se han acostumbrado a aprovechar la poca agua que encuentran, muchas veces llena de arcilla, no apta para el consumo. Los miembros de esta tribu estaban acostumbrados a vivir de forma errante, aprovechando la abundancia de agua que encontraban a su paso. Pero las etapas de largas sequías han provocado que tengan que cambiar radicalmente su forma de vivir. Ahora se han convertido en una comunidad sedentaria, instalándose en los pocos lugares donde encuentran agua. Y, paradójicamente, también ha cambiado su perspectiva respecto a la educación, porque antes vivían sin necesidad de ella, pero ahora solo encuentran una perspectiva de futuro para sus hijos a través de la formación. 


De esta forma, el director marroquí Mohamed El Aboudi, asentado desde hace años en Finlandia, conecta las consecuencias del cambio climático con la necesidad de la educación en áreas aisladas. En mitad del desierto, a 150 km de la capital, se encuentra una pequeña construcción que se denomina la "escuela de la esperanza", adonde llega un nuevo profesor que forma a los hijos de los Boukais. Cuando pregunta dónde está el baño, el guía que le acompaña señala al desierto. Sin las necesidades básicas, la escuela sin embargo se convierte en la única forma de que los niños encuentren un futuro, de que se conviertan en profesores o médicos, de que aprendan correctamente la lengua para poder abandonar un horizonte inexistente. 

Esta introducción del tema central de la película, en torno a la educación como instrumento de esperanza, a través de las consecuencias del cambio climático en las tribus nómadas, es uno de los principales valores del documental. Porque, a pesar de las consecuencias que tiene para las tribus nómadas esta permanente sequía, el mensaje que se transmite es de esperanza, a través de algunos momentos que tienen humor, pero sobre todo subrayando la posibilidad de que algunos de estos niños, que asisten a la escuela incluso caminando 12 kilómetros cada día, consigan finalmente continuar sus estudios y tener un futuro diferente. La escuela de la esperanza se convierte así en la escuela por la supervivencia. 

DOK.guest Canada

Mencionábamos anteriormente el festival canadiense Hot Docs, y precisamente Canadá es el país invitado de esta edición de DOK.fest, a través de una selección de documentales recientes, entre los que se encuentra Le silence (Renée Blanchar, 2020), que aborda el tema de los abusos sexuales perpetrados por varios sacerdotes en la comunidad francófona de New Brunswick. El planteamiento inicial proviene de una historia personal de la directora, que dedicó su primer documental, Vocation ménagère (Renée Blanchar, 1996) a una comunidad religiosa, y años después comprobó que uno de los protagonistas de este documental, el sacerdote Yvon Arsenault, fue condenado a prisión tras admitir abusos a nueve niños que se produjeron en los años setenta. 


La directora reflexiona sobre el silencio que rodea a estos abusos sexuales. En primer lugar, el que han mantenido las víctimas durante muchos años, que no se atrevían a denunciar por temor a no ser creídos o a posibles comentarios en torno a su sexualidad. Pero también el silencio de quienes sospechaban de estas prácticas y nunca lo pusieron en conocimiento de las autoridades. Y, sobre todo, el silencio de la Iglesia Católica, que afrontó el problema encubriendo a los abusadores. La directora ofrece una panorámica de estos hechos a través del testimonio de algunas de las víctimas que son adultos (los abusos juzgados fueron cometidos también en los años setenta), pero que no pueden desprenderse del profundo impacto psicológico que tuvo para ellos acceder por primera vez al conocimiento del sexo a través de las prácticas de sus abusadores. 

El silencio que describe el título del documental también reflexiona sobre cómo es posible que en una comunidad tan pequeña como la aldea de Cap-Pelé, hayan podido ocurrir estos hechos sin que nadie supiera nada, o sin que trascendiera hasta décadas después. Porque las primeras denuncias acabaron convirtiéndose en una especie de fichas de dominó que desveló abusos sistemáticos por parte de varios sacerdotes. "Este silencio puede resultar ensordecedor.", comenta la directora. "Revela una dimensión tan oscura de la vida humana y expone una injusticia y una crueldad tan profundas que nada nos gustaría más que taparnos los ojos y los oídos y simplemente pasar de largo, siguiendo nuestro propio y agradable sendero por la vida. Esta reacción puede ser legítima, pero ¿es así como avanza una sociedad? Yo creo que no". 

La conexión con su propia experiencia tras descubrir que había filmado a un abusador sin saberlo, exponiendo las virtudes de la vida católica sin saber que ocultaba terribles secretos, la convierte también en co-protagonista de su propio documental, tratando de conectar con el pasado y también de conocer la versión de los abusadores que, por supuesto, no quieren participar en el documental. Y realmente tampoco es necesario. Algunas voces es preferible que permanezcan en silencio. 

Best of Fests

También canadiense es la película Wandering, a Rohingya story (Mélanie Carrier, Olivier Higgins, 2020), que estuvo seleccionada en la Seminci 2020 y consiguió el Premio del Público en el Festival de Quebec 2020. Los directores se acercan al mayor campo de refugiados del mundo, el de Kutupalong, en Bangladesh, que hasta 2017 acogía solo a 34.000 refugiados, pero la persecución contra los rohingya, pueblo de creencia musulmana, y el genocidio de más de 24.000 muertos provocó el exilio de 700.000 personas desde Birmania, haciendo que Kutupalong pasara a tener, en 2018, casi 600.000 refugiados. La crisis, mal gestionada por la presidenta de Birmania, Aung San Suu Kiyi, premio Nobel de la Paz, ha acabado en una crisis política que desembocó en un golpe de estado el pasado mes de febrero que supuso el final de la transición democrática. 


El documental muestra Kutupalong en su momento de mayor afluencia de refugiados, y se alimenta del trabajo del fotógrafo quebequense Renaud Philippe, que ha documentado tanto el propio campo de refugiados de Kutupalong como los refugiados de Sudán en Uganda o la ciudad de Barpak en Tíbet. Junto a Olivier Higgins, Renaud Philippe se encargó de la fotografía de la película, mostrando una mirada diferente, de una estética extraordinaria. Los directores huyen de los habituales reportajes informativos en torno a los campos de refugiados, y ofrecen una visión más cercana de la vida diaria, pero también más elaborada, cercana a la poesía cinematográfica, que consigue una atmósfera especial, una experiencia mucho más inmersiva.

Esta cercanía también se consigue a través de las palabras de Kalam, uno de los refugiados que, sin embargo, no tiene un protagonismo personal, sino solo a través de sus palabras, que tienen también una cierta textura poética, en la que describe sus pesadillas habitadas por fantasmas amenazadores. Sin aparecer directamente en pantalla, sus palabras sirven para introducir a los personajes y para describir situaciones complicadas, como la necesidad de vigilancia que deben tener los padres con sus hijos, muchos de ellos secuestrados por las mafias del tráfico de seres humanos. Kalam, que trabaja para la organización Save the Children, fue el guía y traductor de los directores en el campo de refugiados, y también ayudó en el sonido y las entrevistas, por lo que su trabajo es fundamental a pesar de no estar directamente presente en las imágenes. Incluso los textos que escribió no están leídos por él mismo sino por Mohamed Shofi, líder de la comunidad rohingya en la ciudad de Quebec, ya que las condiciones del campo de refugiados impidieron captar con la atmósfera adecuada para grabar las palabras de Kalam. 

Pero esta ausencia, que al mismo tiempo es una constante presencia, no reduce el impacto de sus palabras. Se consigue así un documental que es ante todo estético, de una belleza formal arrebatadora, que al mismo tiempo consigue captar la existencia casi irreal de quienes son apátridas, sin pasaporte, ni identificación, ni posibilidad de abandonar el campo de refugiados. 

DOK.focus Empowerment

En 2019, cuatro estudiantes universitarios que vivían en Saint-Denis, decidieron poner en marcha un desfile del Orgullo en el propio barrio, considerado zona de conflictos raciales en la periferia de París, y mayoritariamente habitado por emigrantes, principalmente provenientes del Norte de África. La organización de este Pride está documentada por los directores de La première marche (Hakim Atoui, Baptiste Etchegaray, 2020), conectándola con el reconocimiento a la celebración del Orgullo inspirada por los acontecimientos de Stonewall, pero trasladada en esta ocasión a una zona aparentemente hostil. En los últimos años se ha producido en Francia una especie de movimiento de reivindicación de la dignidad de las zonas de la periferia a través de películas dirigidas por habitantes de estos barrios, como en Divinas (Houda Benyamina, 2016) y sobre todo, Los miserables (Ladj Ly, 2019). Dentro de esta tendencia se puede englobar este documental que tiene mejores intenciones que resultados, desarrollándose en un término medio entre la producción amateur y un cierta mirada sin complejos. 


Lo más interesante de la película es su acercamiento a una reivindicación que va más allá de la temática homosexual, pero que por el contrario está inspirada en el deseo de unidad y de comunidad. La estructura del documental vacila entre la descripción de los preparativos, que es lo más interesante, y el retrato de cada uno de estos jóvenes que ponen en marcha el desfile. Hay en ellos sentimientos que tiene relación con la aceptación de la homosexualidad en países como Marruecos, pero también con la educación como instrumento para despertar en ellos estas inquietudes de activismo. Pero realmente los acercamientos personales son demasiado tibios, y parecen recursos de relleno más que parte del contenido. 

Resulta mucho más atractivo el seguimiento a las actividades de organización de la marcha, y sobre todo su confrontación con una realidad que a veces juega más con las apariencias. La escasa respuesta que tiene la presentación del Pride en un acto en la Universidad, o las entrevistas agresivas en Europe 1, que está considerada como la Fox News de Francia, emisora de gran audiencia entre los sectores más conservadores, proponen  un escenario más hostil para la manifestación que el propio barrio de Saint-Denis, aunque algunos presagian que la marcha puede sufrir ataques por parte de los sectores musulmanes más radicales. La iniciativa de esta nueva generación de activistas y el éxito masivo de la manifestación demostraron que los prejuicios impiden el desarrollo de estas zonas periféricas. Es este mensaje optimista lo que mejora el interés de un documental irregular en su desarrollo. 

DOK.music

Los documentales centrados en el seguimiento de estrellas de la canción durante varios años plantean siempre algunas dudas sobre la honestidad de la propuesta, y el grado de implicación personal de sus protagonistas. Hace unos meses se estrenaba Billy Eilish. The world's a little blurry (R.J. Cutler, 2020) y ahora llega 7 years of Lukas Graham (René Sascha Johannsen, 2021), que acompaña la explosión internacional del grupo danés encabezado por Lukas Forchhammer, a partir del momento en que consiguen un contrato con la multinacional Warner Bros. y graban el primer disco bajo su protección, Lukas Graham (2016, Warner Bros.) que incluía la canción "7 years" que les llevó a conseguir tres nominaciones a los premios Grammy. En realidad, el director quería grabar al grupo desde el comienzo de su éxito en Dinamarca, pero por entonces un familiar de Lukas Forchhammer ya estaba grabando un posible documental que finalmente no se desarrolló. 


René Sascha Johannsen ha grabado algunos videoclips del grupo, por lo que su implicación personal es evidente, lo que se ve reflejado en estos siete años de grabación que han pasado por momentos importantes en la trayectoria vital del cantante del grupo, como la muerte de su padre o el nacimiento de sus dos hijos. Pero da la impresión de que se trata de un documental "fandom", especialmente destinado a los seguidores del grupo, que un acercamiento realmente interesante al mundo de la música o la personalidad de su protagonista. Se destacan los rasgos "positivos" de Lukas Forchhammer, al que se convierte en único protagonista (el resto de los miembros del grupo son meros comparsas), como el hecho de querer mantener un contacto directo con sus fans hablando con ellos después de los conciertos, algo que se hace cada vez más difícil conforme su fama se engrandece. 

También se abordan aspectos tópicos del esfuerzo y el trabajo que supone mantener un ritmo de conciertos y apariciones públicas, que realmente no aportan nada nuevo ni especialmente interesante. Hay algunos apuntes hacia temas que podrían haberse desarrollado más, como la presión que ejerce Warner para conseguir un sencillo que se convierta en un éxito, o este distanciamiento cada vez mayor respecto a los seguidores motivado por la fama, pero son retazos que se quedan solo apuntados, como si el director no quisiera (o no pudiera debido a las restricciones de la filmación) abordar estos aspectos más complejos. También hay algunos momentos en los que, por fin, el protagonista parece no ser consciente de que está siendo grabado, como cuando se muestra molesto por no haber conseguido ningún Grammy de los tres a los que estaba nominado. Pero son escasos destellos de realidad, porque hay una consciencia palpable a lo largo de la película de los momentos en los que se están grabando las escenas. . De forma que 7 years of Lukas Graham se queda en un documental que puede ser interesante para los seguidores del grupo pero que es intrascendente para el resto de los espectadores.  



19 mayo, 2021

Docsbarcelona 2021 - Día 2: Propuestas españolas

Nuestra segunda crónica de Docsbarcelona se centra en una jornada que está dedicada a directores españoles que presentan sus proyectos en la programación del festival. Al margen de la inauguración con Balandrau, infern glaçat (Guille Cascante, 2021), este año se presentan varios títulos que además están teniendo una importante repercusión internacional. Como Room without a view (Roser Corella, 2021), que participó en CPH:DOX y Hot Docs y también ha sido seleccionado en el Festival de Cracovia, donde competirá en la Sección Oficial Lobster soup (Pepe Andreu, Rafa Molés, 2020); El secreto del Doctor Grinberg (Ida Cuellar, 2020) comenzó su trayectoria de festivales el año pasado en Sheffield Doc Fest, donde este año competirá The return: Life after ISIS (Alba Sotorra, 2021), que ha estado también en festivales como CPH:DOX, Hot Docs o SXSW, y que ha sido seleccionada a competición en el Festival de Tesalónica. 

A pesar de pandemias y confinamientos, el resultado de 2020 ha sido por tanto muy fructífero para el género documental español, con producciones que en muchos casos coinciden en abordan problemáticas más allá del territorio nacional, en países como Líbano, Islandia, Argentina o Siria.

PANORAMA

La imagen corporativa de esta edición de Docsbarcelona toma como referencia la producción española Lobster soup (Pepe Andreu, Rafa Molés, 2020) también se presentó hace unas semanas en Visions du Réel, y plantea una propuesta que se acerca a la idiosincrasia de un pequeño pueblo islandés de pescadores a través de una cafetería que se hizo popular por su sopa de langosta, situada fuera de los circuitos turísticos tradicionales. De hecho, Grindavík no es especialmente atractivo, pero está rodeado de esa naturaleza glacial que caracteriza a buena parte del país. Allí los hermanos Alli y Krilli fundaron en los años setenta Bryggjan Café, una cafetería que se convirtió en un lugar de encuentro entre los habitantes de la zona, ahora ya ancianos pescadores que cuentan anécdotas y que se reúnen una vez al mes para recordar a los que han fallecido. Esta especie de Cheers con ritmo pausado islandés se convierte en un lugar donde se preserva la memoria, entre café y sopa, entre fotografías que retratan la juventud de quienes se congregan diariamente para dejar pasar el tiempo.


Hay muchas historias que se condensan en esta cafetería: el ex-boxeador que recuerda sus mejores momentos, el traductor de "El Quijote" al islandés, el volcán que está a punto de entrar en erupción... Bryggjan Café se convierte así en un microcosmos en el que pasado y presente se dan la mano, mientras los hermanos Alli y Krilli experimentan el dilema de aceptar una oferta de unos inversores para vender el local y dejar que ellos lo conviertan en un restaurante, que quiere seguir teniendo un aspecto localista pero que no tendrá la autenticidad de siempre. Este dilema funciona como cuerpo principal de la narración, pero es solo un soporte para reflexionar sobre el turismo y la transformación de estas pequeñas localidades que también se enfrentan al dilema de entregarse a la economía de recreo o mantener su personalidad propia. Los directores plantean una respuesta que acaba siendo desmoralizadora, cuando muestran como epílogo a un grupo de turistas islandeses que visitan Benidorm, un pequeño pueblo de pescadores ahora convertido en un monstruo urbanístico; o cuando vemos a uno de los antiguos visitantes de la cafetería tratando de recordar la letra de una canción tradicional. La memoria comienza a perderse.

Se calcula que existen más de 64.000 mujeres extranjeras, muchas de ellas con niños, en los campos de refugiados kurdos, que provienen de matrimonios con activistas del ISIS o que se sintieron atraídas por los videos propagandísticos en los que se mostraba una realidad que finalmente comprobaron que era falsa. También hay mujeres que abrazaron la causa terrorista con intensidad, como pudimos ver en el documental Children of the enemy (Gorki-Glaser Müller, 2021), presentado en CPH:DOX, sobre los intentos de un abuelo sueco de origen chileno por conseguir rescatar a sus nietos del campo de refugiados al-Hol, al Norte de Siria, después de que su hija, que había huido para formar parte del ISIS, muriera en enfrentamientos armados. Un esfuerzo titánico para conseguir que el gobierno sueco se involucrara en el rescate de estos niños. 

También en al-Hol se desarrolla el documental The return. Life after ISIS (Alba Sotorra, 2021), que se centra en las mujeres occidentales que esperan, después de huir del Estado Islámico, que sus respectivos países les permitan el regreso a su país. Algunas de ellas tuvieron una importante repercusión mediática, como la británica Shamima Begum, pero en general no solo hay un rechazo a considerar su vuelta, sino que en muchos casos la pertenencia a un grupo terrorista islámico supone la pérdida de la ciudadanía. La directora catalana ha grabado durante dos años a estas mujeres inglesas, norteamericanas, canadienses, holandesas o alemanas que son repudiadas por sus propios países de origen.


Se trata de una realidad que es compleja, no solo porque implica reconocer a personas que de hecho renunciaron a sus países cuando huyeron a Siria, sino porque ningún país occidental parece querer dar el primer paso para la aceptación de estos regresos, convirtiéndolo en una cuestión política que afecta sin embargo a las vidas de miles de mujeres. A pesar de que en casos como estos se trataba de huir de hogares infelices cuando eran todavía adolescentes, como Shamima, que dejó Reino Unido cuando solo tenía quince años, pero afirma no haber participado nunca en actividades terroristas. El caso de la norteamericana Hoda Muthana es más complejo, ya que fue una activa difusora de mensajes de captación del ISIS a través de redes sociales, lo que provocó que su ciudadanía fuera revocada. 

Pero el documental de Alba Sotorra no está tan interesado en participar en el debate político, sino más bien en el aspecto humano. La cámara de la directora se centra en las historias contadas por estas mujeres, y en las contradicciones que rodean su situación. Especialmente interesante es el acercamiento al otro lado cuando la atención se detiene en Sevinaz Evdike, de familia kurda, que participa en el desarrollo de actividades de autoayuda para estas mujeres. Ella es productora del documental y ha trabajado anteriormente con la directora en el cortometraje El patio de Kobane (Alba Sotorra, 2018). Pero su realidad como mujer kurda tiene también sus contradicciones: "No sé qué estoy haciendo con estas mujeres. Ellas son nuestras enemigas. Vinieron de otros países a nuestra tierra y nos humillaron. Ahora tenemos que cuidar de ellas". Su familia, sin embargo, proclama que "es un deber ayudarles, sin ningún sentimiento de venganza". 

Esta posición, que es radicalmente valiente, también pone en tela de juicio la actitud de los países respecto a sus propias ciudadanas, revocándoles la nacionalidad y no permitiendo su regreso. Curiosamente, países como Alemania sí permiten que sus hijos sean considerados alemanes, pero esto supone una actitud mezquina que provoca la separación de madres e hijos. El debate es cada vez más intenso en la comunidad internacional, y el documental de Alba Sotorra lo muestra a través de los medios de comunicación, pero de alguna forma adopta una posición clara acercándose al drama humano de estas mujeres, aunque sin adoctrinar, permitiendo que el espectador participe también de una reflexión que, en realidad, no debería ser tan compleja.  

LATITUD

Tras su paso por CPH:DOX y Hot Docs, y antes de participar en la sección World Stories del Festival de Cracovia, llega a Docsbarcelona Room without a view (Roser Corella, 2021), que la directora nacida en Barcelona pero afincada en Berlín, donde tiene su propia productora, ha enfocado en el denominado sistema kafala instaurado en Líbano, por el que los empleados, principalmente de la construcción y del servicio doméstico, deben disponer de un patrocinador (su empleador) que es quien está a cargo de su visa y su estado legal. Este sistema es, en la práctica, una forma de explotación que aprovechan agencias de empleo para sostener un sistema de esclavitud, especialmente con trabajadoras emigrantes de Kenia, Etiopía, Bangladesh, Nigeria o Ghana. Los empleadores incluso son aconsejados por las agencias para que escondan el pasaporte de las jóvenes que tienen a su cargo, que habitualmente viven en las casas con derecho, teóricamente, a días de descanso que en la práctica no se cumplen. 


Roser Corella ha conseguido, a través del trabajo de una ONG con algunas de estas empleadas, un acceso privilegiado a ellas, aunque enfrentándose a los temores por las represalias y las deportaciones. El título Room without a view hace referencia a las diminutas habitaciones en las que viven las empleadas del servicio doméstico, que están previstas incluso desde los planos arquitectónicos de los edificios en construcción, lo que muestra la institucionalización de esta forma de explotación en Líbano y en otros países de Oriente Medio. La mirada de la directora se distancia para mostrar una realidad que en sí misma es impactante, y consigue la implicación de algunas de las familias que emplean a estas trabajadoras domésticas, transmitiendo su punto de vista particular, su aceptación de un sistema tan normalizado que resulta sorprendente. 

Pero quizás lo más interesante es la descripción de los engaños a los que las jóvenes emigrantes son sometidas por parte de las agencias de trabajo, a veces dándoles una información falsa sobre el tipo de trabajo que va a realizar y las condiciones. El sistema kafala se revela así como una especie de tráfico humano que está amparado por las propias instituciones.  

El pasado año pudimos ver El secreto del Doctor Grinberg (Ida Cuéllar, 2020) en la programación de Sheffield Doc Fest, y más tarde se presentó en el Festival de Cine Español de Málaga. Abrazando el subgénero del "true crime", la historia se centra en la figura de Jacobo Grinberg, un neurofísico mexicano que estudió la telepatía pero también se adentró en el mundo del chamanismo y la curandería, y cuyas investigaciones le reportaron una cierta resonancia en el mundo científico, aunque sus teorías no eran del todo aceptadas. En 1994, Jacobo Grinberg desapareció sin dejar rastro, y la mayor parte del documental se centra en las diversas teorías en torno a su desaparición. Primer largometraje de su director, El secreto del Doctor Grinberg pierde la oportunidad de adentrarse en temas de interés como los estudios sobre la neurofísica, y se decanta por la historia criminal, lo cual es una opción más comercial, pero no por ello más interesante. El problema es que estas investigaciones, que parecen acomodarse a una de las teorías más insólitas, tampoco llegan a una conclusión definitiva. 


El documental está rodado con buen pulso, quizás con algunas propuestas visuales en torno a algunos entrevistados que no terminan de encajar bien, y con un montaje dinámico que ayuda a entender bien la historia, a pesar de su complejidad, especialmente en todo lo que se refiere a las teorías sobre su desaparición. Le sobran algunos efectismos que parecen más propios de un reportaje de Cuarto Milenio (Cuatro, 2005-), que tratan de subrayar los elementos de investigación periodística. Al final, el director consigue lo que pretendía, que es difundir en cierta manera las investigaciones realizadas por este científico, pero se deja atraer por el elemento criminal y nos sustrae de la posibilidad de entender mejor el trabajo de este investigador, y analizar con mayor profundidad las delicadas barreras entre la ciencia y las creencias metafísicas, y hasta qué punto prácticas como el chamanismo pueden ser explicadas de una forma científica. 

Recientemente hemos podido ver la serie Altsasu (ETB, 2020) que abordaba los hechos acontecidos en esta localidad vasca durante una noche de 2016, en la que dos guardias civiles y sus parejas supuestamente recibieron una paliza por parte de un grupo de jóvenes radicales. Anteriormente otros documentales han abordado el tema, como el cortometraje escocés Altsasu (Eoin Wilson, 2019) o el largometraje Altsasu. Ferides obertes (Anna SanMartí, Albert Segura, 2019). Todos coinciden con el documental Altsasu (Gau hura) (Marc Parramon, Amets Arzallus, 2021) en la denuncia de una injusticia flagrante cometida contra unos jóvenes que fueron acusados de terrorismo, y condenados por agresiones a la autoridad con penas desproporcionadas. 

Hay muchos matices en esta historia, que el documental refleja solo de manera parcial, centrándose más en el proceso judicial. Por ejemplo, esa permanencia del pasado de violencia amparada en la colaboración más o menos directa de poblaciones vascas, que impregna a una juventud que, sin embargo, ni siquiera la ha vivido en persona. Altsasu (Navarra) es una de estas poblaciones en las que el sentimiento nacionalista se contamina del odio a las instituciones que representan al Estado español, especialmente la guardia civil, y esta contaminación se contagia a una parte de la sociedad que mantiene un enfrentamiento constante, creando una atmósfera de tensión permanente que posiblemente sea el caldo de cultivo para que se produzcan trifulcas como la que ocurrió en la noche del 15 de octubre de 2016. 


Los directores están más interesados, sin embargo, en el juicio contra estos jóvenes que es un claro ejemplo de utilización de los instrumentos policiales y judiciales por parte de un gobierno para mantener la presión política en una parte del país que, a pesar del fin de ETA, mantiene una postura de confrontación con el Estado central. La acusación de terrorismo fue claramente una estrategia del gobierno para llevar el caso a un terreno "más amable", desde las instituciones vascas a la Audiencia Nacional en Madrid, y poder dar una condena ejemplarizante. El hecho de que no se produjeran detenciones esa noche, los partes médicos que mostraban una simple torcedura de tobillo como resultado de la pelea, el video en el que se veía a uno de los guardias civiles sin rastros de sangre... son pruebas claras a favor de la versión de los jóvenes. Pero la participación como presidenta en la sala de la Audiencia de Concepción Espejel, esposa de un alto mando de la guardia civil, subraya el alcance de la estrategia nacional: "La guardia civil nos detiene, la guardia civil nos investiga y la guardia civil nos juzga", dice una de las madres. 

Altsasu (Gau hura) no aporta demasiados elementos diferenciadores de las otras producciones realizadas hasta la fecha, centrándose en el drama humano de los acusados, especialmente de Iñaki Abad, y de sus madres, representadas por Bel Pozueta, cuyo hijo afirma no haber estadoen el bar esa noche. Los directores abordan la tradición de la cultura vasca como un elemento de revisión histórica pero también de acercamiento poético, lo que alimenta la atmósfera de un documental que plantea un punto de vista claro en torno a la injusticia, lo que en vez de apaciguar provoca un enfrentamiento más contundente. Pero al menos propone una realidad en la que se expresa la duda sobre si al Estado español le interesa mantener un cierto ambiente conflictivo en determinadas zonas para no abordar de forma clara y directa las problemáticas nacionalistas. 



Altsasu (serie) se puede ver en Filmin.