07 marzo, 2022

Las series más destacadas de 2022: Enero-Febrero

Los primeros meses de 2022 han ofrecido una amplia variedad de estrenos que prácticamente saturan los contenidos de las plataformas digitales. Es por tanto una tarea complicada destacar entre la numerosa lista de producciones aquellas que más interés tienen. Algunos estrenos como Furia (Filmin, 2021-), que llegó a España el 15 de febrero, La vuelta al mundo en 80 días (Movistar+, 2021-), el 25 de febrero o Countrymen (Filmin, 2021-), que llegó a la plataforma el 28 de febrero, ya los hemos comentado en anteriores crónicas y en algunos casos incluimos series que no se han estrenado todavía en nuestro país pero que llegarán próximamente, sobre todo cuando Paramount+ introduzca por fin su nueva plataforma Sky Showtime, que permita ponerse al día, por ejemplo, con las producciones de Taylor Sheridan. Hemos dejado para una próxima crónica que repasará de forma monográfica las recientes producciones nórdicas algunos estrenos destacados fuera de España, como las nuevas temporadas de Perni (Filmin, 2021-), Wisting (Filmin/Movistar+, 2019-) y El tiempo de la felicidad (Filmin, 2018-). 

Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.

Estación Once *****
HBO Max, 16 de diciembre-13 de enero
Creada por Patrick Somerville 
Dirigida por Hiro Murai, Jeremy Podeswa, Helen Shaver, Lucy Tcherniak

En los últimos meses del pasado año ha habido dos acercamientos al género fantástico que trataban de utilizar una narrativa y un punto de vista diferentes. Invasión (Apple tv+, 2021-) fracasó en su intento de construir una invasión extraterrestre desde una mirada más íntima, más personal en torno a personajes cuyas historias vitales se cruzan con la catástrofe mundial. Más acertada es la visión postapocalíptica de Estación Once (HBO Max, 2021), que adapta la novela de Emily St. John Mandel Estación Once (2014, Ed. Kailas) mostrando de forma fragmentada la supervivencia a lo largo de 20 años después de que un virus acabara con el 99% de la población. Premonitoria en cuanto a la pandemia, ya que los episodios Wheel of fire (T1E1) y Hurricane (T1E3) se rodaron en enero y febrero de 2020 antes de que la producción tuviera que interrumpirse, la serie se centra en un grupo de actores que forman la compañía Travelling Symphony, que interpreta obras de William Shakespeare para tratar de preservar el arte como una forma de subsistencia de la condición humana. Es curioso que Invasión a veces parece notablemente influida por The leftovers (HBO, 2014-2017), pero es Patrick Somerville, el creador de Estación Once, quien proviene de colaborar en los guiones con Damon Lindelof. En una entrevista en la revista Rolling Stone comentaba que utilizó en el desarrollo de su serie la "escuela de giros" de Damon Lindelof: "La gente no quiere giros. Lo que quiere es que se le diga cuatro veces que un personaje viene, y que al final venga. No se trata de provocar la sorpresa, sino la esperanza". 

También se pueden ver algunas huellas de The leftovers en esta serie, pero la mirada es menos trágica, mucho más esperanzadora. Reivindica el arte, principalmente el teatro, como la representación primigenia del ser humano, y es éste, a través de una novela gráfica titulada precisamente "Estación Once", escrita por Miranda Carroll (Danielle Deadwyller), a la que se dedica el episodio de título shakesperiano Rosencrantz and Guildenstern aren't dead (T1E4), el que funciona como catalizador de los personajes principales. Especialmente de Kirsten (Matilda Lawler), a la que el virus acabó haciéndola compañera de Jeevan (Himesh Patel) y Frank (Nabhaan Rizwan) en un apartamento, y que descubre una especial conexión con el cómic. 20 años más tarde, Kirsten adulta (Mackenzie Davis) forma parte de la compañía Travelling Symphony y sigue obsesionada con esa novela gráfica. Utilizando una narración fragmentada que, al contrario de lo que ocurre en otras series, es necesaria para que los espacios temporales, el Año Cero de la pandemia y el año 20 que establece un presente post pandémico, sean perfectamente reconocibles, tejiendo lentamente las circunstancias que rodean a los personajes en la actualidad. Esta forma no cronológica de contar la historia también permite presentar episodios encapsulados para narrar tramas que se cierran pero que tienen influencia en los acontecimientos posteriores, como en The Severn City Airport (T1E5), pero sobre todo en Goodbye my damaged home (T1E7), que recuerda al Cuento de Navidad (1843) de Charles Dickens, con la Kirsten adulta regresando al apartamento en el que vivió como Kirsten niña, como si se tratara del fantasma de un futuro probable. 

Son estas referencias, la narración fragmentada y, sobre todo, un punto de vista que tiene algo de melancólico, pero también de esperanzador, en torno a la forma en que el ser humano puede sobrevivir a una catástrofe, lo que convierte a Estación Once en una de las propuestas más sólidas y más apasionantes de la temporada. Mientras que Hiro Murai sienta las bases de la historia en los dos episodios que dirige, aportando un sentido del humor que parece sacado de su trabajo para la serie Atlanta (FX, 2016-), el veterano Jeremy Podeswa aporta la solidez de su extensa carrera para enlazar las diferentes historias, especialmente en los dos últimos episodios. La supervivencia no es suficiente. 

1883 ****
Paramount+, 19 de diciembre-27 de febrero
Escrita por Taylor Sheridan 
Dirigida por Taylor Sheridan, Ben Richardson, Christina Alexandra Voros

La primera precuela de Yellowstone (Paramount+, 2018-) nos traslada a los antepasados de John Dutton, el patriarca de la popular serie, a través del recorrido que hizo su familia hasta Montana, donde se asentaron e iniciaron su imperio de varias generaciones. Pero 1883 (Paramount+, 2021-) permite a Taylor Sheridan abordar de forma directa el género western, que en buena medida se había dibujado en varios de sus proyectos cinematográficos como Sicario (Denis Villeneuve, 2015) o Comanchería (David McKenzie, 2016). La serie sin embargo no es estrictamente dependiente del universo de Yellowstone, más bien incluye algunas referencias que los seguidores de la serie pueden reconocer pero ofreciendo una historia totalmente independiente sobre los colonos del viejo Oeste, aunque mantiene, si no intensifica, esa mirada melancólica hacia un estilo clásico de narración. De hecho, uno de los principales referentes de esta propuesta es la miniserie Lonesome dove. La gran aventura (CBS, 1989) que protagonizaron Robert Duvall y Tommy Lee Jones, como dos ex-rangers que inician un viaje hasta Montana en busca de ganado. Los personajes principales de Shea (Sam Elliott) y Thomas (LaMonica Garrett) son también dos ex-soldados que sirven de guías a un grupo de colonos holandeses y alemanes a través de las grandes llanuras del Oeste, a los que se unen James Dutton (Tim McGraw) junto a su familia. 

Pero la decisión de que la narradora de este trayecto sea Elsa Dutton (Isabel May) es posiblemente una de las más discutibles, porque se entiende que se quiera ofrecer el punto de vista más inocente, incluso más romántico frente a la violencia que se irá mostrando a lo largo del viaje (Elsa nació el 9 de abril de 1865, el mismo día que se produjo la batalla de Appomattox, que supuso el final de la Guerra Civil americana). El problema es que Taylor Sheridan no tiene tanta precisión en los personajes femeninos como en los masculinos, y aunque en este caso muestra a una joven de espíritu libre, rebelde con el papel que se le otorga a las mujeres en el viejo Oeste, los textos de la voz en off resultan algo remilgados y en algunos casos pueriles. Y aunque es cierto que se trata de transmitir los pensamientos de una joven de dieciocho años, hay una sensación de languidez muchos menos interesante que el retrato que se hace de los vaqueros, e incluso de la propia madre de Elsa, Margaret Dutton (Faith Hill), un personaje más trabajado en esa fuerte personalidad aun manteniéndose dentro del estatus establecido. 

Pero 1883 es, ante todo, un excelente western que muestra con crudeza los peligros y la violencia de una época en la que la vida tenía un precio no demasiado alto, en el que el viaje de los colonos se  ve constantemente amenazado por los peligros de la naturaleza, en el intenso episodio The crossing (T1E3), en el que se muestra la desolación de la pérdida de una forma muy emocionante, pero también por los ladrones y las tribus indígenas. Se ha discutido, como no podía ser menos, la representación que se hace de los indios en la serie, acusándola de ser revisionista, pero ya en Yellowstone había una conexión entre la familia Dutton y las tribus indígenas, una especie de respeto mutuo en el que se sobreentiende que ha existido una ocupación fraudulenta de las tierras. Como afirma Águila Manchada (Graham Greene) en This is not your heaven (T1E10): "Debes saber que dentro de siete generaciones mi pueblo se levantará y recuperará sus tierras", estableciendo el primer compromiso entre los indios y los Dutton que se mantendrá siempre. La historia escrita por Taylor Sheridan es una visión melancólica, violenta y triste de la colonización del viejo Oeste, un western clásico que conmueve en el retrato de personajes abocados a la desesperación, como el complejo Shea, un impresionante Sam Elliott, que representa el comienzo de la desaparición de una forma de vida y una época, para bien y para mal, como cuando un oficial del ejército le habla del ferrocarril como sustituto de esas largas travesías en carreta, que es lo que magistralmente conecta el espíritu de esta precuela con Yellowstone. Sam Elliott calificaba la película nominada al Oscar El poder del perro (Jane Campion, 2021), como "una película de mierda" en una entrevista en el podcast WTF que presenta el actor Marc Maron: "Están todo el tiempo hablando de homosexualidad en esta jodida película. ¿Dónde está el western en este western?". Hay algunos cameos de lujo como los de Billy Bob Thornton, Tom Hanks, Graham Greene, que protagonizó Bailando con lobos (Kevin Costner, 1990) y el propio Taylor Sheridan, que también interpreta un personaje secundario en Yellowstone. Y, como en ésta, la extraordinaria banda sonora de Brian Tyler, acompañado por Breton Vivian, aporta la magnificencia pero también la melancolía de una época pasada, con un 1883 Theme deudor del estilo de John Barry. 

Aunque Paramount+ ha anunciado que quiere una segunda temporada de 1883, convertido en el mejor estreno de una serie desde 2015, Taylor Sheridan ha afirmado en algunas entrevistas que él quería contar una historia cerrada y no está demasiado interesado en continuarla donde se quedó, sino en afrontar otra precuela titulada 1932 (Paramount+, 2023-) que mostraría a la familia Dutton en la época de la Gran Depresión. En España, tanto la serie matriz Yellowstone como el resto de sus precuelas y spin-off se están reservando para el lanzamiento de SkyShowtime, que incluirá todos los contenidos de Peacock y Paramount+.

Manhunt: The night stalker ****
Filmin, 11 de enero
Escrita por Ed Whitmore 
Dirigida por Marc Evans

Estrenada en España en diciembre de 2020, Manhunt (Filmin, 2019) fue un sorprendentemente sólido policíaco que se basaba en las experiencias reales del inspector jefe Colin Sutton, que a lo largo de su carrera resolvió con éxito más de 30 casos relevantes en la reciente historia policial británica. Aunque no es habitual que las series basadas en crímenes reales tengan una segunda temporada, el éxito de esta producción para ITV, que no alcanzaba cifras de audiencia parecidas desde Broadchurch (ITV, 2013-2017), ha llevado a una nueva entrega que está basada en otro de los casos más relevantes resueltos por el investigador. Entre 1992 y 2009 un atacante había cometido asaltos a casas de personas de avanzada edad abusando de ellas, convirtiéndose en el acosador nocturno más peligroso de Londres durante 17 años. Colin Sutton, ya retirado, fue reclamado para ayudar en la investigación ante la falta de resultados, y comenzó así la denominada Operación Mainstead, que estaba encabezada por el DCI Simon Grant, pero coordinada por Sutton, y que finalmente llevaría a la detención del acosador. El inspector jefe jubilado aplicó una táctica parecida a la que había utilizado en el caso de Levi Bellfield, que se relata en la primera temporada, desechando las pruebas de ADN que eran la base de la investigación hasta ese momento y desplegando un grupo de 70 oficiales que vigilaban la zona en la que solía actuar el acosador. Este aspecto hace que la narración se enfoque en los problemas presupuestarios de la policía y la descoordinación de los diferentes cuerpos de seguridad.

Manhunt: The night stalker (Filmin, 2021) se centra más en el trabajo policial, no tanto en el enfrentamiento entre el criminal y el investigador, siguiendo la línea marcada en la primera temporada, y que tiene algunos paralelismos con The investigation (Movistar+, 2021), la serie danesa que se enfoca en la labor policial de oficina más que en las escenas de acción. De igual manera, Colin Sutton (Martin Clunes) no actúa a pie de calle, y cuando se muestra alguna persecución policial la vemos desde el punto de vista del inspector en el centro de mando, lo que aprovecha bien el director Marc Evans, que repite tras la primera temporada, para reforzar la tensión y el suspense, porque coloca al espectador en una posición en la que no dispone de toda la información de lo que está ocurriendo. El actor Martin Clunes se arriesgó en la primera parte de la serie a abandonar su habitual y cómodo terreno de la comedia para introducirse en un personaje más serio, menos expresivo, consiguiendo un trabajo notable. Pero hay en la serie un aspecto esencial que la diferencia, y que destaca especialmente el trabajo del guionista Ed Whitmore, que es la introducción del elemento humano de las víctimas. La fragilidad de éstas, principalmente ancianos y ancianas que eran asaltados dentro de sus propias casas, está bien reflejada en secuencias en las que podemos ver aspectos de ese hogar atacado, pero también en la propia incredulidad sobre su situación. Uno de los ataques está mostrado desde el punto de vista de la habitante de la casa, en una escena que es casi de terror, mientras que en otro de ellos se muestra la vergüenza que un anciano siente por reconocer que ha sido abusado sexualmente. Este aspecto humano se incorpora a la propia investigación, junto a la frustración de la policía por no conseguir atrapar al acosador, y hace que la serie tenga una personalidad propia, e incluso convierte a esta segunda temporada en una propuesta muy superior a la primera. 

El pacificador ****
HBO Max, 13 de enero-17 de febrero
Escrita por James Gunn 
Dirigida por James Gunn, Jody Hill, Rosemary Rodríguez, Brad Anderson

Mientras Marvel/Disney crea su propio multiverso a través de series que se sienten como subtramas estiradas, y que tan solo con Bruja Escarlata y Visión (Disney+, 2021-) ha aportado cierta entidad autónoma, DC/Warner propone también una relectura de su particular universo heróico desarrollando spin-offs que se alimentan de y al mismo tiempo alimentan a las producciones cinematográficas. Pero se agradece que una de las primeras apuestas provenga de El escuadrón suicida (James Gunn, 2021), revisión gamberra de la muy endeble Escuadrón Suicida (David Ayer, 2016), que curiosamente tuvo malas críticas de profesionales y fans pero consiguió mejores resultados en taquilla que la versión posterior. Se trata de El Pacificador (HBO Max, 2022-), de la que se ha anunciado la confirmación de una segunda temporada, que tiene como protagonista a un personaje que no acabó bien en la película, pero que recupera sus habilidades (en realidad, no demasiadas) para reivindicar su condición de superhéroe. La serie demuestra una vez más que son mucho más robustas las propuestas que encuentran un camino propio en medio del canon de estos universos narrativos que las que se adhieren a él conectándose de forma tan completa que pierden entidad, algo que le ha ocurrido recientemente a El libro de Boba Fett (Disney+, 2022-) con el protagonista convertido en secundario de su propia serie en los últimos episodios. 

James Gunn siempre ha considerado a Lloyd Kaufman como uno de sus principales maestros. Gracias a él se incorporó al equipo creativo de Troma, la productora de películas gore de serie Z que tuvo su auge en los años setenta y ochenta, y con el que escribió el guión de Tromeo y Julieta (Lloyd Kaufman, 1996). Y esa influencia está afortunadamente aún viva en proyectos como El pacificador, que no se toma demasiado en serio ese mundo de superhéroes que describe, como ya ocurriera con Super (James Gunn, 2010), la primera película en la que abordaba las dificultades a las que se enfrenta un tipo normal sin demasiadas habilidades heroicas, que en cierta manera tiene similitud con el protagonista Christopher Smith (John Cena). James Gunn tiene la habilidad de subvertir esa cierta seriedad que las películas "oscuras" de superhéroes han desarrollado en los últimos años, desde la coreografía de inicio en cada episodio hasta la construcción de personajes secundarios que tienen algo de esperpénticos. Pero también se desarrolla un aspecto humano en el personaje principal, en la relación con su padre y el trauma del pasado, que consigue hacerlo más complejo, incluso en su condición de personaje secundario, de héroe ninguneado que busca un espacio propio entre las grandes estrellas del firmamento heróico. La serie es posiblemente una de las más divertidas que se han estrenado este año, por su irreverencia y ese tono gamberro que James Gunn, que ejerce en solitario la labor de guionista, algo inusual en este tipo de proyectos, sabe equilibrar con los momentos de acción bien elaborados que se le suponen a estas historias, como la entretenida y violenta presentación de Judomaster (Nhut Le). Incluso el diseño de esa "vaca" que alimenta a las mariposas (y que tiene un cierto toque conmovedor) conecta con los inicios del director, sobre todo con las larvas amenazantes de su debut Slither: La plaga (James Gunn, 2006). El desempeño de la serie parece confirmar su buen rendimiento, con un episodio final emitido a mediados de febrero que consiguió, según anunciaba el propio director en redes sociales, la mejor audiencia histórica en un solo día, con un aumento del 44% respecto al estreno de la serie.

After life - Temp. 3 y final ***
Netflix, 14 de enero
Creada por Ricky Gervais
Dirigida por Ricky Gervais

En el proceso de duelo por la muerte de un ser querido se describen cinco etapas habitualmente, pero la Dra. Therese A. Rando, directora del Instituto para el Estudio y Tratamiento de la Pérdida en Warwick, Rhode Island, describía en su libro Cómo seguir viviendo cuando muere alguien a quien amas (1991) tres fases principales: Negación, Confrontación y Acomodación. Ricky Gervais parece acogerse a esta tesis y construye en tres temporadas cada una de esas etapas de duelo que vive su personaje Tony (Ricky Gervais) después de haber perdido a su esposa Lisa (Kerry Godliman) a causa del cáncer en la comedia dramática After life (Netflix, 2019-2022). El protagonista se convierte en una persona al que la vida ya no le ofrece demasiados alicientes, y en la segunda temporada se enfrentaba también a otra muerte cercana. Pero, según esas tres etapas del duelo, ésta sería el final del proceso, la aceptación de la muerte y la asunción de que es necesario seguir adelante. Curiosamente, sin embargo, la temporada anterior parecía abrir más posibilidades a la sanación del personaje, especialmente a partir de la aparición de la enfermera Emma (Ashley Jensen). Pero de alguna manera Tony da un paso atrás en su rehabilitación del dolor, y en esta última entrega hay incluso una mayor presencia de los recuerdos con Lisa, mientras su compañera de cementerio, Anne (Penelope Wilton), uno de los personajes más encantadores que ha escrito Ricky Gervais al que encarna una gran dama de la interpretación, es capaz de mirar hacia adelante. 

Junto a Tony, parece haber también cierto estancamiento en esta temporada, la que ha recibido críticas menos favorables, pero esta inmovilidad también transmite una sensación de alivio y de comodidad. Porque ciertamente no queremos que cambien mucho las cosas en ese periódico de mala muerte que dirige su amigo Matt (Tom Basden), ni en las entrevistas con personajes extravagantes que realiza Tony junto a su compañero Lenny (Tony Way), aunque se explore con mayor profundidad la soledad de la secretaria Kath (Diane Morgan). Como es habitual, Ricky Gervais ha creado un microcosmos de personajes con los que es fácil sentirse cómodos, mientras reflexiona sobre la vida y sobre la pérdida. Se echa en falta, sin embargo, para tratarse de una temporada final, un desenlace más cerrado para algunos de los personajes que nos han acompañado durante estos años. Lo hay, esperanzador, para Anne y Kath, por ejemplo, pero algunos otros como Emma quedan algo abandonados. Es cierto que a Ricky Gervais le ha salido una serie que se puede considerar sensiblera, y que esta tendencia a la lágrima fácil es más destacada en esta última temporada, pero ciertamente es difícil no sentirse identificado con Tony en algunos momentos, en esa sensación de pérdida que parece infranqueable cuando la vida sigue, dejando el recuerdo de quienes han ido quedando por el camino. Pero la serie consigue un desenlace notable, una secuencia final abierta a interpretaciones, hermosa y emocionante bajo la delicada voz de Joni Mitchell interpretando la versión orquestal de "Both sides, now" (1967) que siempre estará unida a la película Love actually (Richard Curtis, 2003): "Son las ilusiones de la vida lo que recuerdo / No conozco la vida / No conozco la vida en absoluto". 

Somebody somewhere ****
HBO Max, 17 de enero-27 de febrero
Creada por Hannah Bos, Paul Thureen
Dirigida por Jay Duplass, Robert Cohen

Algo escondida entre los muchos estrenos que HBO Max viene presentando en los últimos meses, Somebody somewhere (HBO Max, 2022-) es una de esas historias que no está dotada de elementos iniciales que puedan resultar especialmente atractivos, pero cuyo desarrollo y personajes acaban creando una comunidad con la que es fácil empatizar. La protagonista es Sam (Bridget Everett), que regresa a su pequeño pueblo natal de Kansas llamado Manhattan, con toda la ironía que tiene ese nombre en un entorno rural, debido al fallecimiento de su hermana mayor. Allí retoma la vida en una familia complicada compuesta por su madre Mary Jo (Jane Brody), entregada a la bebida, y su padre Ed (Mike Hagerty), entregado a la derrota, y en un trabajo como corregidora de exámenes que la devuelve a la monotonía. Pero cuando conoce a su compañero de trabajo Joel (Jeff Hiller) encuentra una conexión con otro punto de vista sobre la vida en el pueblo, un soñador que compone collages con fotografías de todo aquello que le gustaría hacer, que tiene una mirada más allá del pueblo en el que posiblemente este condenado a acabar viviendo el resto de sus días, como todos. Las fiestas que organiza por las noches en la iglesia, con la excusa de ensayar en un coro, se convierten en una forma de exhalación vital para Sam, lejos de las preocupaciones diarias. 

Creada por Hannah Bos y Paul Thureen, guionistas de la interesante película El verano de Cody (Andrew Ahn, 2019), está producida por Mark Duplass, actor en series como The morning show (Apple tv+, 2019-), y su hermano Jay Duplass, al que hemos visto en Transparent (Prime Video, 2014-2019) y La directora (Netflix, 2021-), que se alterna en la dirección con Robert Cohen. Ambos son productores de series como Animals (HBO Max, 2016-2018) y Room 104 (HBO Max, 2017-2020) y películas como Language lessons (Natalie Morales, 2021). La historia se beneficia de una composición de personajes profunda y llena de matices, y de relaciones que funcionan con inteligencia, como la de Sam y su padre Ed o la de Sam y Joel, estableciendo un entorno en el que como espectador se siente la comodidad de la conexión inmediata. La comediante Bridget Everett, que realmente nació en la ciudad de Manhattan, aporta con ejemplaridad esa fragilidad de su personaje, poco habituada a expresar emociones, laxa en las relaciones sociales, perdida en esos lugares comunes que la vida ha ido colocando en su camino, sin razón aparente para quedarse, pero sin ninguna razón para marcharse. Ese paso atrás que supone regresar a la ciudad de la que se fue, esa carrera frustrada como cantante, se van apagando poco a poco en conexión con esa especie de fantasía que suponen las reuniones con sus nuevos amigos. El guión crea diferentes subtramas que conectan a los personajes, pero a veces parece que no sabe qué hacer con ellos, como con el novio de Joel, Michael (John Hudson Odom), que funciona más como soporte de su pareja que como personaje con entidad propia. Pero la serie sabe equilibrar con acierto, y sin esfuerzo, la sonrisa con la emoción, la comedia con el drama, como en la escena de Mrs. Diddles (T1E7) en la que Sam interpreta una canción dedicada a su amistad con Joel. Porque Somebody somewhere no es exactamente una serie cómica, sino un drama con apuntes humorísticos, que habla sobre la pérdida (física y psicológica) de un referente, el que representaba la hermana mayor, la que mantenía el equilibrio familiar, pero también habla de las adicciones, del alcoholismo y de la soledad, convirtiéndose en uno de los estrenos más reveladores de los últimos meses, que ya tiene confirmada una segunda temporada, a pesar de no haber sido uno de los estrenos más exitosos de la plataforma. Porque ciertamente son personajes con los que apetece compartir más historias. 

Pajares & Cía. ****
ATRESplayer Premium, 23 de enero-23 de febrero
Creada por Carlos Torres
Dirigida por Carlos Torres

Entre las series documentales sobre personajes destacados de la transición española, como Ruiz-Mateos. El primer fenómeno viral (RTVE Play, 2021), Lola (Movistar+, 2021) o Raphaelismo (Movistar+, 2022), le toca el turno ahora a Andrés Pajares, protagonista de este documental de cinco episodios que recorre la carrera artística del actor desde que formó pareja con Fernando Esteso en algunas de las películas más taquilleras del cine español, hasta que cayó en desgracia con sus constantes apariciones en programas del corazón, pasando por su breve y frustrada etapa como actor dramático que le valió un Goya por su trabajo en la película ¡Ay, Carmela! (Carlos Saura, 1990). Escrita y dirigida por Carlos Torres, y producida por Jordi Évole y Ramón Lara, responsables de los programas Salvados (La Sexta, 2009-) y Lo de Évole (La Sexta, 2020-), lo más interesante de la serie es que ofrece un repaso a la evolución cinematográfica en España desde que comenzó la democracia, con la etapa del destape y las denominadas "españoladas" que reflejaban el ansia de libertad que se vivía en el país, aunque esta representación se limitara a historias de tono machista protagonizadas por "españolitos medios" frente a exuberantes mujeres que se quitaban la ropa con cualquier excusa. Pero, como apunta David Trueba, el entrevistado que aporta las ideas más interesantes, "todo estaba ilustrado desde la perspectiva de una derecha conservadora, pero al mismo tiempo tan claramente transparente de la sociedad". Efectivamente, las nueve películas protagonizadas por Pajares/Esteso, desde Los bingueros (Mariano Ozores, 1979) hasta La Lola nos lleva al huerto (Mariano Ozores, 1984) se convirtieron en grandes éxitos de taquilla, y representaron una sociedad patriarcal y machista que utilizaba la representación sexual de la mujer como una forma de liberación. "En los personajes de Pajares y Esteso hay la sublimación del lugar y el país en el que crecieron nuestros abuelos", comenta David Trueba. "Son cosas que nos definen, y hay que verlas como las cuevas de Altamira".  

El auge de estas "españoladas" que aportaron, no obstante, algunos de los nombres más ilustres del cine español como Alfredo Landa, José Sazatornil Saza o José Luis López Vázquez, acabó con la llegada del PSOE al gobierno en 1982 y de Pilar Miró a la Dirección General de Cinematografía, y con la aprobación de ayudas que daban prioridad a las películas "de calidad", dejando a las producciones comerciales abandonadas a su suerte. El periodista Juan Sanguino apunta que fue "una intención un poco paternalista de "reeducar" al público español. La Ley Miró de 1983 funcionó, pero relegó toda una industria de cine de serie B al ostracismo". Pero también es cierto que las películas de Andrés Pajares y Fernando Esteso comenzaban a dar signos de agotamiento entre los espectadores, y la decisiva ley cinematográfica contribuyó al éxito internacional de películas como Los santos inocentes (Mario Camus, 1984), ganadora del Premio de Interpretación en el Festival de Cannes para Francisco Rabal y Alfredo Landa. Después de separarse de Fernando Esteso como pareja artística, Andrés Pajares tenía más aspiraciones como actor y trabajó en películas como Moros y cristianos (Luis García Berlanga, 1987), recibiendo el Premio Goya por ¡Ay, Carmela! (Carlos Saura, 1990) y el Premio ACE Latino en Nueva York por Bwana (Imanol Uribe, 1996). 

Mientras esta evolución del cine español en paralelo con la sociedad es abordada en los tres primeros episodios, los dos siguientes están más centrados en los problemas psicológicos de Andrés Pajares que le llevaron a un infierno alimentado por los medios de comunicación. Hay que alabar en la serie la participación de entrevistados que aportan argumentos interesantes, huyendo de la presencia de personajes populares que no tienen mucho que decir, como ocurre en otras de las series documentales recientes. David Trueba, José Sacristán, Concha Velasco, Antonio Resines, Carmen Maura, María Barranco, Emma Ozores, Fernando Colomo o Sara Mora, junto a periodistas o profesores de cine, hablan desde el conocimiento, lo que ofrece aportaciones relevantes. Hay un ritmo, sin embargo, que hace que la serie se acerque más al formato de La Sexta columna (La Sexta, 2012-) y a otros programas informativos de la cadena, lo que le perjudica como una producción con entidad y personalidad propia, pero es un problema habitual en los documentales producidos por periodistas. 

Los últimos tres días ****
Filmin, 25 de enero
Escrita por Bojan Vuletić
Dirigida por Bojan Vuletić 

Una de las propuestas más interesantes de Filmin a principios de año es Los últimos tres días (Filmin, 2021), producción serbia que se centra en días previos a la detención de Slobodan Milošević, acusado por el Tribunal Internacional de La Haya de genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad. El fin de semana entre el 29 de marzo y el 1 de abril de 2001 se produjeron negociaciones para que el ex-presidente de Yugoslavia y Serbia se entregara voluntariamente al gobierno serbio, evitando la violencia que podría producirse entre sus seguidores. Slobodan Milošević (Boris Isaković) estuvo durante todo el fin de semana parapetado en su casa junto a su familia, circunstancia que se toma como referencia para el título original de la serie, Porodica (Familia), y que es, junto a las actuaciones del gobierno, la base principal de la historia, que tiene como personaje fundamental a Mirjana Marković (Mirjana Karanović), la esposa del político. La serie, estrenada en Serbia el 29 de marzo de 2021, vigésimo aniversario de los acontecimientos, está dirigida por Bojan Vuletić (1977, Serbia), del que conocíamos la comedia de tono kafkiano Réquiem por la Sra. J (2017), que se enfrenta a la difícil labor de condensar las negociaciones para sacar al ex-presidente de su casa de forma pacífica. Basada en grabaciones, informaciones públicas y testimonios de testigos, completadas con personajes y hechos ficticios, se compone el retrato de una familia que alardeaba de su impunidad, pero que se ve enfrentada al desmoronamiento, que supone también el final de una época. 

El director introduce dos subtramas que acompañan a la historia principal: una que tiene que ver con la cobertura mediática, centrada en una joven periodista que intenta ofrecer un punto de vista objetivo a pesar de las presiones que se ejercen en la televisión pública, y la otra en la búsqueda de un niño que se pierde en medio de las concentraciones frente a la casa de Milošević. Y aunque ésta última se siente algo aislada, sirve sin embargo para establecer uno de los principales temas de la serie en torno a las nuevas generaciones que desconocen parte de su historia: "Los jóvenes a los que doy clases tienen ahora veinte años. No saben quién es Slobodan Milošević. Quería que la historia no se olvide, pero tampoco se relativice, que los jóvenes exploren por su cuenta", comentaba el director en diario Danas. Hay una posición equidistante en la propuesta, en tanto que no solo muestra el desmoronamiento del personaje principal, sostenido sin embargo en su arrogancia, sino también la incapacidad de un gobierno que utiliza estrategias de engaño y se presenta torpe e inútil en la gestión de la crisis. Pero también hay una postura clara cuando se descubre en la casa de Milošević una cámara de seguridad llena de regalos y objetos de oro, y a continuación se muestran imágenes de archivo de la pobreza que vivió el país durante y después de la guerra. Perjudicada por una duración excesiva en la que cinco episodios se hacen demasiado extensos, la serie sin embargo es un retrato certero de la deshumanización a través de un entorno familiar que vive su propia realidad, aislada, separada de la auténtica realidad. 

The responder ****
Movistar+, 31 de enero-28 de febrero
Creada por Tony Schumacher
Dirigida por Tim Mielants

Una de las apuestas de la BBC para principios de año ha llegado a España casi simultáneamente a su estreno en Gran Bretaña, y se trata de una drama policial que sobre el papel puede no aportar diferencias respecto a otras series del género, pero que cuando adquiere forma visual se convierte en una de las propuestas más interesantes que hemos visto recientemente. A lo largo de cinco noches que componen cada uno de sus cinco episodios, acompañamos a Chris Carson (Martin Freeman) un policía de Liverpool que ha sido degradado por sospechas de corrupción y que ahora trabaja como "responder", un agente de cercanías nocturno encargado de resolver altercados domésticos y pequeños delitos. Su trabajo es descrito de forma clara en el primer episodio, en el que acude a un accidente de tráfico donde debe recoger partes del cuerpo destrozado de la víctima, media en un conflicto entre vecinos y confirma la muerte natural de una anciana. Sus años en el cuerpo de policía han creado una capa emocional inaccesible, pero también han provocado estrés y depresión que trata de resolver visitando a la terapeuta de la policía. Chris es, de hecho, un policía corrupto que mantiene informado a Carl Sweeney (Ian Hart), un amigo del infancia que se gana la vida como narcotraficante y que le suministra dinero a cambio de su colaboración, con el que Chris puede afrontar los gastos de la residencia en la que se encuentra su madre (Tina Tushingham, veterana actriz que interpretó a la hija de Yuri (Omar Sharif) y Lara (Julie Christie) en Doctor Zhivago (David Lean, 1965) y a la que hemos visto recientemente en el thriller Última noche en el Soho (Edgar Wright, 2021)). 

The responder es el primer guión para televisión de Tony Schumacher, que trabajó como "responder" en Liverpool, y más tarde abandonó la policía para dedicarse a ser taxista nocturno hasta que comenzó a escribir novelas. Su experiencia aporta un conocimiento profundo de las calles de su ciudad y la labor policial, lo cual le permite construir personajes complejos como el protagonista, pero también como Casey (Emily Fairn), una adicta que roba un alijo de cocaína que se convertirá en la trama horizontal de la serie, pero también el de Rachel Hargreaves (Adelayo Adedayo), una joven polícia en prácticas que debe convertirse en compañera de Chris a regañadientes, porque él representa ese tipo de policía al que ella nunca quisiera parecerse. El retrato de Rachel como una joven a la que le resulta difícil imponer su autoridad porque de hecho ella misma está sometida en su propia casa es sobrecogedor, especialmente gracias a la interpretación de la joven actriz en los dos últimos episodios, cuando el miedo es capaz de paralizarla. Su novio manipulador Steve está interpretado por Philip Barantini, director del último capítulo de la serie y de la aclamada película Hierve (Philip Barantini, 2020). Pero The responder es ante todo Martin Freeman, que adopta al personaje de Chris con ambición, que construye la depresión y la inestabilidad mental con miradas y gestos. Esta dualidad que tienen los dos personajes principales, como policías que son incapaces de solventar sus vidas personales ejecutando un trabajo que les obliga a todo lo contrario, es la mejor aportación de la experiencia personal de Tony Schumacher como ex-policía.  

La serie se construye como un thriller efectivo, que sin embargo aporta una amplia variedad de lecturas en torno a las heridas emocionales que un trabajo en primera fila puede provocar, pero también personajes que muestran cierta desolación vital, como cuando Marco (Josh Finan) el compañero de Casey, describe su propia realidad: "Nosotros nunca ganamos". Se trata de una historia llena de esos pequeños matices que van creando un policíaco diferente, tanto emocional como narrativamente. 

Euphoria - Temp. 2: Stand still like the hummingbird ****
HBO Max, 7 de febrero
Escrita por Sam Levinson
Dirigida por Sam Levinson

***contiene spoilers***

Esta esperada segunda temporada ha sido decepcionante en general, porque construye relaciones entre personajes que parecen agotadas desde el principio, como esa subtrama entre Cassie (Sydney Sweeney) y Nate (Jacob Elordi), pero también incorpora algunas nuevas caras que sin embargo se revelan como meros instrumentos para desestabilizar a la pareja formada por Rue (Zendaya) y Jules (Hunter Schafer), que es el personaje más damnificado de esta temporada, condenado a una presencia my secundaria a pesar de haber sido la protagonista del mejor de los dos episodios especiales estrenados como antesala de esta segunda temporada, Fuck anyone who's not a sea blob (HBO Max, 2021). De hecho, Elliott (Dominic Fike) no tiene trasfondo como personaje, aparece y desaparece en función de la necesidad del guión para establecer una fricción en la pareja protagonista. Pero en ese contexto el episodio Quédate quieta como un colibrí (T2E5) es realmente brillante, especialmente en su primera parte, y demuestra lo que Euphoria podría ser si se eliminara toda la parafernalia agotadora de música constante y malabarismos visuales (algunos podrán pensar que es esto precisamente lo que hace a la serie especial). Es más, se trata del episodio más centrado, menos virtuoso pero al mismo tiempo más desgarrador, cuando finalmente se descubre que Rue sigue siendo una adicta. La limpieza del trabajo de dirección permite además el lucimiento de Zendaya, pero también de su madre Leslie (Neta King) y de su hermana Gia (Storm Reid), y refleja la desesperación que produce la adicción, impulsada además por la pérdida de una maleta llena de opioides. 

El mejor episodio de la temporada toma su título del libro Inmóvil como el colibrí (1962, Ed. Terapias Verdes/Navona), una colección de relatos de Henry Miller, y es en el que confluyen y colisionan los principales conflictos de la temporada, y convierte la huida de Rue en una especie de reflejo de aquel Paul Hackett (Griffin Dune) de Jo, qué noche (Martin Scorsese, 1980). Es también el episodio en el que mejor se utiliza la música, de una forma mucho más sutil que en la sucesión de videoclips que suele usar Sam Levinson. Se hace más presente la música original de Labrinth para la serie, pero hay un momento de "liberación" en esta caída al fondo de la abstinencia que sufre Rue, cuando decide entrar en una casa para robar, que comienza con uno de esos guiños al espectador que rompen la cuarta pared y utiliza la versión de Sharon Cash del tema "Fever", una canción original de 1956 que se hizo popular con la versión que Peggy Lee grabó 1958. Casi todo el episodio parece querer alimentar las teorías sobre el destino que tendrá Rue en la serie, y que ya muchos seguidores se han atrevido a vaticinar en las redes sociales. Cuando Rue habla de cómo le gustaría morir, en una playa mecida por las olas del mar, o las situaciones que la ponen al borde de ser atropellada, nos hacen preguntarnos si será una superviviente o una víctima de las drogas. En el reciente y espléndido documental Life of crime: 1984-2020 (Jon Alpert, 2021), que también se puede ver en HBO Max, el director acompaña a tres adictos durante tres décadas y ofrece una visión dura y realista sobre los vaivenes de las adicciones. 

También destaca en el episodio la última secuencia, especialmente por esa magnífica incorporación de Laurie (Martha Keller), la dealer que ha comenzado a hacer negocios con Rue. La actriz Martha Keller suele bordar esa monotonía y languidez en personajes como el que interpretaba en la serie Baskets (FX, 2016-2020), pero aquí esa especie de amabilidad frágil hace que las escenas en las que aparece estén dotadas de una tensión extrema. Euphoria es una serie compleja que a veces se pierde en su propia envoltura, pero hay ocasiones como ésta en las que consigue trascender sus defectos para construir una de las mejores representaciones de la montaña rusa que supone la adicción a las drogas. Pero Euphoria tiene un grave problema en cómo desaprovecha las posibilidades de personajes interesantes, como Jules, que queda como un recuerdo del pasado en la memoria de Rue: "Jules fue mi primer amor. Así es como quiero recordarla". 

State of the Union - Temp. 2 ****
HBO Max, 14 de febrero
Creada por Nick Hornby
Dirigida por Stephen Frears

En los últimos años, las tendencias de consumo de las plataformas han ido abandonando el formato que pudiera parecer más lógico en una sociedad con prisas para todo, y ni siquiera una iniciativa cuyo planteamiento no era en su origen desacertado como Quibi acabó fracasando por falta de impulso. Pero después de cierta explosión de series con episodios-píldora de escasa duración, han quedado finalmente como propuestas más anecdóticas que corrientes, con algunos hallazgos interesantes como la española El tiempo que te doy (Netflix, 2021-) y otros notables como State of the Union (HBO Max, 2019-) que colocaba a la pareja formada por Tom (Chris O'Dowd) y Louise (Rosamund Pike) en un pub inglés minutos antes de cada una de sus sesiones de pareja, construyendo unos deliciosos episodios de diez minutos que se sostenían en diálogos afilados y con mucho sentido de la ironía en torno a la cotidianeidad de una vida en común abocada al fracaso. Ganadora del Emmy a la Mejor Comedia en formato corto y el Emmy de Interpretación a sus dos actores, State of the Union regresó el día de los enamorados (aunque en realidad la serie habla sobre el desenamoramiento) en una segunda temporada con cambio de pareja y de escenario, pero con la virtud intacta de la buena escritura y las excelentes interpretaciones. 

La serie es una creación a cuatro que tiene a Nick Hornby como guionista y a Stephen Frears como director en su primera colaboración juntos después de Alta fidelidad (Stephen Frears, 2000), aunque la película solo estaba basada en su libro, mientras que el escritor británico ha desarrollado posteriormente una carrera como guionista en películas notables como An education (Lone Scherfig, 2009) y Brooklyn (John Crowley, 2015). Los otros dos vértices son los actores, que en esta segunda temporada, trasladada a una cafetería en los Estados Unidos, interpretan a una pareja más madura que ha recorrido un camino más largo que la anterior pareja. Scott (Brendan Gleeson) y Ellen (Patricia Clarkson) también se reúnen minutos antes de subir a una sesión de terapia, en un momento de sus vidas en el que ella quiere abordar un cambio mientras él prefiere mantener una postura más acomodaticia. Pero en esta ocasión se introduce un tercer vértice, Jay (Esco Jouley), la barista asexual y no binaria de la cafetería Mouthfeel (Sensación en boca), un personaje que de alguna forma sirve para expandir la relación entre la pareja, pero contribuye especialmente al arco principal de Scott, que en realidad es quien sufre la principal transformación. En este sentido, la historia estaba más equilibrada en la primera temporada entre los dos miembros de la pareja, mientras que en esta ocasión Ellen es una mujer liberal que tiene ya tomada una decisión que posiblemente la llevará a pedir el divorcio, mientras que Scott es una especie de dinosaurio en cuestiones sociales que irá acercándose progresivamente a Jay, cuya asexualidad y no binarismo es un mundo tan desconocido como el de las variedades de café ("no quiero tres tuestes diferentes, solo quiero un café").  

Pero el principal cambio está en la madurez de los protagonistas, ambos superando los sesenta, Scott ya jubilado, aspirando a pasar una vida de tranquilidad dedicado a pescar o jugar al golf, mientras que Ellen absorbe su pasado para enfocarlo en el activismo y el altruismo. El punto de vista de Scott se define en The last box (T2E10) cuando describe las aplicaciones de citas, en las que se encuentran siempre franjas de edad excepto cuando llega a "+ de 60", la que ya no tiene un límite fijado: "Somos la última casilla. Bueno, la penúltima. La última es una caja de pino". Paralelamente, en la primera temporada también era el personaje masculino, allí un crítico musical en paro, el que no encontraba ajuste dentro del cambio, mientras que ella era la que forzaba un paso adelante. Y en este punto hay que destacar ese trabajo sutil de dirección que hace Stephen Frears, prácticamente la planificación de un diálogo que dura 100 minutos en total, y que esconde una maestría en la utilización del plano-contraplano, pero también en la introducción de algunos leves travellings que marcan el ritmo de la acción, como en The road most (T2E7), y que definen a los personajes, cuando se confronta la necesidad de Ellen de "reinventarnos a nosotros mismos, vivir la vida que queramos" frente a la estática actitud de Scott: "Prefiero estar cómodo contigo que estar incómodo con otra persona". Más que en la primera temporada, esta segunda comienza de forma algo titubeante en la definición de unos personajes que se acercan a la caricatura (el conservadurismo de Scott), pero que lentamente van definiéndose en episodios que pasan de la descripción general de la sociedad hacia la intimidad personal de una pareja en vías de extinción. 

Vikingos: Valhalla ***
Netflix, 25 de febrero
Creada por Jeb Stuart
Dirigida por Niels Arden Oplev, Steve Saint Leger, Hannah Quinn, David Frazee

El final de la serie Vikingos (History Channel, 2013-2020) traspasó los límites de History Channel para emitirse en Amazon Prime Video y más tarde en HBO (actualmente las seis temporadas de la serie se pueden ver en Netflix y en HBO Max). La serie más vista del canal especializado en historia recibió el apoyo de la plataforma Netflix para la serie hermana Vikingos: Valhalla (Netflix, 2022-), que se traslada cien años adelante desde la trayectoria de Ragnar Lothbrok y su descendencia, centrándose en algunas figuras históricas como el rey Olaf "el Santo" (Jóhannes Haukur Jóhannesson), responsable de la brutal cristianización de Noruega, el explorador groenlandés Leif Erikson (Sam Corlett) y su hermana Freydís Eiríksdóttir (Frida Gustavson), Harald III de Noruega (Leo Suter) y el rey Canuto II de Dinamarca (Bradley Frigard). La historia se inicia con la masacre del Día de San Bricius (1002) en la que el rey de Inglaterra Etelredo II (Bosco Hogan) mandó asesinar a todos los nobles con ascendencia nórdica, lo que provocó una venganza que, según los libros de historia, estuvo encabezada por el rey de Dinamarca Svend I, el antecesor de Olaf "el Santo", pero que en la serie es éste junto al rey Canuto II, Harald III y Leif Erikson quienes se unen para iniciar la invasión de Inglaterra. A la producción original se la ha criticado en ocasiones su falta de rigor histórico, pero la nueva propuesta continúa la idea de construir una ficción a partir de personajes reales, lo que se plantea de forma clara desde el principio. 

En esta nueva propuesta, el creador de Vikingos, Michael Hirst, solo ejerce como productor, ya que ha estado desarrollando otros proyectos como la serie Billy the kid (Epix, 2022-), que se estrena en abril, y la miniserie Leningrado, sobre la ciudad rusa sitiada durante la II Guerra Mundial que podría verse afectada por las sanciones económicas a Rusia, ya que está coproducida por el oligarca Alexey Kuzmichev, uno de los empresarios residentes en Londres, pero cercanos a la esfera de Vladimir Putin. El creador y guionista de Vikingos: Valhalla es Jeb Stuart, autor de algunos de los guiones más destacados de películas de acción en los años noventa como Jungla de cristal (John McTiernan, 1990) y El fugitivo (Andrew Davies, 1993), que recientemente escribió la curiosa miniserie bélica de animación The liberator (Netflix, 2020). En este sentido, tiene cierta lógica la deriva de la serie hacia la acción, dejando a un lado parte del misticismo que tenían sobre todo las primeras temporadas de su antecesora. También contribuye el hecho de que Netflix ha hecho una apuesta importante por la serie y en este sentido es más lucida en las escenas de batalla, como el momento en el que se pretende derribar el puente de Londres. 

Vikingos: Valhalla gana en espectacularidad lo que pierde en profundidad de los personajes, incluso en el retrato de Freydís, que se queda en Kattegat para viajar a Uppsala, y que se enfoca más en la convivencia entre los vikingos. En este sentido, es una serie entretenida a la que no se le puede exigir sin embargo que revele grandes aspectos de la época ni las relaciones entre los habitantes nórdicos, y ni siquiera parece demasiado interesada en explorar la llegada del cristianismo a los territorios paganos, más que como un elemento de confrontación que alimente una vez más el conflicto y las luchas por el poder. Si esto funciona como continuación de Vikingos, es algo que posiblemente tendrá que ir asentándose con el paso del tiempo. 


Language lessons se estrena en cines el 4 de marzo.
Billy the kid se estrena el 24 de abril en EPIX. 

Sicario se puede ver en Movistar+, Netflix, Rakuten y Starzplay.
Comanchería se puede ver en Movistar+ y Prime Video. 
El Escuadrón Suicida, Escuadrón Suicida, Jo, qué noche, Life of crime: 1984-2020 y El fugitivo se pueden ver en HBO Max.
Bailando con lobos, Super y El verano de Cody se pueden ver en Movistar+. 
¡Ay, Carmela! se puede ver en FlixOlé y HBO Max. 
Los bingueros y La Lola nos lleva al huerto se pueden ver en FlixOlé.
Los santos inocentes se puede ver en FlixOlé, HBO Max, Movistar+, Prime Video y RTVE Play.
Moros y cristianos se puede ver en Movistar+ y RTVE Play.
Réquiem por la Sra. J y Hierve se pueden ver en Filmin. 
Love actually se puede ver en Movistar+ y Netflix. 
Doctor Zhivago se puede ver en HBO Max y Movistar+. 
Alta fidelidad, Brooklyn y Jungla de cristal se pueden ver en Disney+.
Vikingos se puede ver en HBO Max y Netflix. 



28 febrero, 2022

19º Festival Internacional de Cine de Salento

Fundado en 2004 por Luigi Campanile, el Festival Internacional de Cine de Salento se celebra cada mes de septiembre en la localidad de Tricase, situada justo en la punta del "tacón" de esa especie de bota que forma la fisonomía de Italia. Toda esa zona es la sub-península de Salento que pertenece a la región de Apulia, también llamada La Puglia, una zona poco explorada por el turismo que está bañada por dos mares, el Jónico y el Adriático. En este entorno de paisajes naturales y arquitectura barroca se presentan producciones independientes como forma de promoción del cine pero también de la zona. El Festival Internacional de Cine de Salento ha desarrollado en los últimos dos años una gira llevando las producciones italianas del festival a ciudades como Zúrich, Londres, Hong-Kong, Nueva York, Santiago de Chile, Oslo, Moscú y San Petersburgo. En la programación del festival itinerante se incluyen cuatro películas italianas que han logrado diversos galardones en la edición de 2021. 

El premio a la Mejor Película fue para Re Minore (Giuseppe Ferlito, 2020), una producción de la Associazione Culturale Immagina, que ya había logrado el Premio del Jurado Popular en el Festival de Cine de Salerno 2020. Rodada en 2019 en la región de Sicilia, entre las localidades de Sciacca, Caltabellotta y Burgio, la acción se desarrolla en este último municipio de algo menos de 3.000 habitantes, donde Mimì (Francesco Catalanotto) es un niño que se aficiona a los sonidos que surgen cuando golpea todo tipo de objetos por la calle. Así comienza una vocación que le lleva a estudiar como ingeniero de sonido en Londres, donde conoce a su novia Mirella (Letizia Toni). Varios años después, el joven Mimì (Gabriele Ferrantelli) regresa con su pareja a Burgio, donde se reencuentra con su padre Jaco (Santo D'Aleo), el Maestro Corona (Vincenzo Catanzaro) y una comunidad pequeña enfrentada a problemáticas universales como la inmigración. A su llegada al pueblo, Mimì es recibido por un terremoto, uno de los muchos que se producen en Sicilia provocados por la actividad volcánica del Etna. Pero también es una metáfora de la sacudida que la llegada del joven y su novia Mirella provocarán en el pueblo, especialmente en su relación con el Maestro Corona, profesor de música que se ve desplazado en las fiestas religiosas por las aportaciones sonoras de su ex-alumno, bien recibidas por el nuevo párroco del pueblo, el Padre Santino (Nicola Puleo), cuya visión más actualizada de la religión le enfrenta a veces con sus propios feligreses. 


En una de sus clases, el Maestro Corona comenta que la 9ª Sinfonía de Beethoven (1824) está compuesta en Re Menor, "una tonalidad musical muy utilizada tanto en el pasado como en el presente, sobre todo por su significado trágico". De hecho, tiene un sonido más oscuro que la mayor, y en el siglo XIX estaba considerada como la tonalidad más apropiada para la tristeza, algo que Piero Piccioni representó de forma espléndida, por ejemplo, en temas como "Overture in Re Minor" para la película Escándalo en el convento (Domenico Paolella, 1973), una representante tardía del subgénero "nunsploitation". Giuseppe Ferlito (1975, Italia) utiliza este paralelismo para construir una película "en re menor", que poco a poco se va haciendo más dramática, especialmente cuando Corona comienza a sentirse desplazado por Mimì, no solo en las creaciones musicales para los acontecimientos religiosos, sino en la propia escuela. Es también el contraste entre lo tradicional y lo novedoso en una región que mantiene todavía un aspecto barroco debido a sus construcciones y una cierta mentalidad clásica. Como tema secundario hay referencias a la forma en que los vecinos afrontan la llegada de inmigrantes, especialmente cuando no reciben ningún tipo de ayuda del gobierno italiano. También hay un cierto tratamiento poético en la representación de esta inmigración, cuando Mimì recorre parte del paisaje cercano a Burgio grabando todo tipo de sonidos y cuando se acerca a la costa no capta los sonidos pacíficos del mar, sino gritos de desesperación de los náufragos. 

Re Minore coquetea con varios géneros como el drama, la realidad social y la investigación policial para construir un mosaico que representa los contrastes en la región de Sicilia, que no solo se enfrenta a desastres naturales como los habituales terremotos, sino también a desastres provocados por los humanos, como la inmigración. Es un planteamiento ambicioso que no siempre consigue narrarse con habilidad, que abarca demasiados temas para concretarse o profundizar en alguno de ellos. Para una película que da tanta importancia a la música, la propia utilización de la banda sonora resulta fallida, demasiado sobrecargada. Giuseppe Ferlito es el director de la Escuela de Cine de la Associazione Culturale Immagina, y parece claro que buena parte de la película está realizada por técnicos y actores no profesionales, pero a pesar de sus defectos hay una honestidad y una complejidad en el retrato de la comunidad que parece reflejar con acierto la idiosincrasia de Sicilia, la zozobra de abordar nuevos tiempos desde una mirada tradicional, el naufragio de los recursos sociales para abrir los brazos a quienes huyen de la pobreza. 

La partita (Francesco Carnesecchi, 2019) es un drama que utiliza los noventa minutos que dura un partido de fútbol, lo mismo que la película, para construir varias historias relacionadas con el Sporting Roma, un equipo de barrio con mala fortuna en la portería. La película es una ampliación del cortometraje La partita (Francesco Carnesecchi, 2016) que estaba protagonizado por los mismos actores, pero tuvo que retrasar su estreno previsto para 2020 debido a la pandemia y acabó distribuyendose en la plataforma Netflix a nivel internacional, estrenándose en España con el título de Un partido decisivo. Pero mientras el corto se centraba en el terreno de juego durante la final del campeonato juvenil que juega el Sporting Roma, el largometraje extiende el abanico de personajes que, también en los alrededores del campo de fútbol, ejercen influencia en el propio partido. El enfrentamiento deportivo se convierte en un microcosmos en el que hay mucho más en juego que ganar una final, especialmente para el presidente del Sporting, Italo (Alberto Di Stasio), que ha apostado todo lo que le quedaba en el partido, relacionándose con la mafia local, para el entrenador Claudio Bulla (Francesco Pannofino), que conseguiría ganar un campeonato por primera vez, y para el principal jugador del equipo, Antonio (Gabriel Fiore), que siente la presión de los aficionados y de su propio entrenador. Para cada uno de ellos ganar es una cuestión de vida y muerte, en algún caso literalmente.   


Siendo ésta la base del cortometraje, el director Francesco Carnesecchi (1985, Italia) construye otras subtramas que implican a más personajes, creando una visión amplia no ya del propio equipo, sino del barrio en el que se encuentra, con implicaciones que hablan de la mafia, de los partidos amañados y de las polémicas apuestas en los ámbitos más locales del deporte italiano. Hay interesantes recursos visuales en la película, especialmente en las secuencias del partido, que se juega en un terreno de arena y polvo que en un día caluroso del mes de mayo se convierte en el peor enemigo de los equipos. En la trastienda está la intención del hijo del presidente, Leo (Daniele Mariani) de invertir un dinero que no tienen en introducir la hierba artificial en el campo, a lo que su padre se niega: "El fútbol ha nacido en la tierra", que es la resistencia a la desaparición. La película comienza como una comedia, para ir desviándose progresivamente hacia el drama con consecuencias violentas, y aunque no consigue del todo combinar las diferentes historias, más interesantes cuanto más cerca están del terreno de juego, acaba construyendo una visión del fútbol, de Roma y de Italia, como espacios de vida en los que se mantienen las tradiciones en colisión con una fuerza superior, que hace añicos el pasado para construir un presente no necesariamente mejor. 

También sufrió las consecuencias de la pandemia la película Est - Dittatura last minute (Antonio Pisu, 2020), que no pudo estrenarse en salas hasta 2021. Basada en la historia real de tres amigos italianos que decidieron viajar a Rumanía, envuelta en la dictadura que mantuvo a Nicolae Ceaușescu como presidente entre 1967 y 1989, la historia tiene como protagonistas a Rice (Lodo Guenzi), Pago (Matteo Gatta) y Bibi (Jacopo Constantini), tres jóvenes que quieren aprovechar un viaje de vacaciones por el Este de Europa para encontrar aventuras en un momento histórico decisivo en el continente, más allá de su ciudad natal de Cesena. Aunque su primer destino es Hungría, la caída del muro de Berlín y la desintegración de los estados socialistas les lleva a buscar el único país en el que todavía está en pie una dictadura, aunque por poco tiempo. Su intención es grabar con una cámara de super 8 su propio viaje, lo que en la realidad desembocó en el libro Addio Ceausescu. Tre giovani romagnoli alla scoperta e all'avventura oltre la Cortina di Ferro (2019), escrito por Andrea Riceputi y Maurizio Paganelli. 


A su llegada a Budapest, el desconocido Emil (Liviu Cheloiu), que ha escuchado su intención de viajar a Rumanía, les pide que lleven una maleta a su familia, que se encuentra en Bucarest, ya que él huyó del país y no puede regresar. Esta valija se convertirá en el objeto de tensiones entre los amigos, alguno de ellos temeroso de ser descubierto por la policía secreta, pero también convierte su viaje a Rumanía en una aventura inesperada. El director Antonio Pisu (1984, Italia) introduce imágenes reales de las grabaciones en Super 8 que hizo el trío de amigos, junto a material de archivo que refleja la vida de pobreza en la que se mantenía la población rumana. Hay una buena química entre los tres actores protagonistas, lo que contribuye a una mayor fluidez en la historia y se equilibra con inteligencia un cierto tono de comedia juvenil con la crudeza de la vida en las repúblicas socialistas de finales de los ochenta. Este contraste también puede provocar discusión respecto a la perspectiva de la historia, en cuanto parece que hay una mirada trivializada del drama, un cierto aire de superioridad inconsciente en estos jóvenes que viajaron desde la estabilidad de sus vidas seguras hasta el interior del drama humano. 

La música de Davide Caprelli, ganadora del Premio a la Mejor Banda Sonora en el Festival de Salento, recorre con habilidad los momentos de camaradería, amistad y tensión que viven los protagonistas, con la aportación imprescindible de la vocalista Ciara Sorace. Hay contundencia en el uso de las percusiones y las guitarras eléctricas, pero sobre todo una hermosa melodía principal con el piano como instrumento solista que aporta cierto aire melancólico, aunque en la banda sonora tiene especial importancia la canción "Felicitá", de Al Bano & Romina Power, y sobre todo la triste y melancólica "L'ombra della luce" de Francesco Battiato, que incluyó en su álbum Come un cammello in una grondaia (1991, EMI) . 

Hablar de Renato Casaro es hablar del cine más comercial de los años setenta y ochenta, porque fue el ilustrador que creó algunas de las imágenes más icónicas de esas décadas, primero en su Italia natal y posteriormente en Hollywood. El documental L'ultimo uomo che dipinse il cinema (Walter Bencini, 2020), que pasó por la sección Sitges Documenta del Festival de Sitges 2020, es un recorrido algo convencional por uno de los últimos creadores de esos carteles que eran auténticas obras de arte y que muchos aficionados con cierta edad recordamos haber buscado en las antiguas tiendas de souvenirs cinematográficos. La película cuenta con la participación de algunos de los directores y productores para los que trabajó y actores que ilustró, como Dario Argento, Aurelio De Laurentiis, Carlo Verdone y Terence Hill, además de con el propio Renato Casaro en su casa de Marbella. Su trabajo como pintor de carteles comenzó temprano desde que se desplazó a Roma y se introdujo en un mundo cinematográfico en pleno apogeo, con Italia como escenario del rodaje de numerosas películas de Hollywood, pero también con una intensa producción propia, hasta que creó su propio estudio en Cinecittà con 21 años. Como muchos artesanos de la época, trabajó intensamente creando las versiones para Italia de los carteles de producciones internacionales, lo que le permitió desarrollar su estilo personal, inspirándose en las obras de Angelo Cesselon y Averado Ciriello pero, sobre todo, del norteamericano Norman Rockwell. 


El productor Dino De Laurentiis le dio la oportunidad de pintar el cartel de la superproducción La Biblia... en su principio (John Huston, 1966), y a partir de entonces comenzó una colaboración continuada que le llevaría a Hollywood. Antes conoció a Sergio Leone en el set de rodaje de Mi nombre es ninguno (Tonino Valerii, 1973), que él co-dirigía. Ya había creado el cartel de Le seguían llamando Trinidad (Enzo Barboni, 1970) y sería el responsable de las ilustraciones de buena parte de las películas protagonizadas por la pareja formada por Terence Hill y Bud Spencer. Acompañó a Dino De Laurentiis cuando se trasladó a Hollywood y comenzó su etapa más internacional en los ochenta. Desde Flash Gordon (Mike Hodges, 1980) hasta Conan, el bárbaro (John Milius, 1982), desde Dune (David Lynch, 1984) hasta El guerrero rojo (Richard Fleischer, 1985), la creación artística de Renato Casaro ha producido imágenes imborrables que son memorables como Acorralado (Ted Kotcheff, 1982), La historia interminable (Wolfgang Petersen, 1984), Cotton Club (Francis Ford Coppola, 1984), El nombre de la rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986), El corazón del ángel (Alan Parker, 1987) o Bailando con lobos (Kevin Costner, 1990). Una de las características de sus creaciones es la de mostrar a personajes masculinos empuñando armas y se encuentran similitudes en la posición de los protagonistas de carteles como Un psicópata en la familia (Jeff Bleckner, 1984) y Rambo: Acorralado Parte II (George P. Cosmatos, 1984). También comenzó a colaborar con Bernardo Bertolucci, para el que creó los carteles de El último Emperador (Bernardo Bertolucci, 1987) y El cielo protector (Bernardo Bertolucci, 1990). 

Renato Casaro tuvo la clarividencia de guardar buena parte de sus bocetos, lo que permite al documental adentrarse en algunas de las ideas originales descartadas. En Italia, por ejemplo, no se utilizó el cartel que había dibujado para Érase una vez en América (Sergio Leone, 1984), sino que se sustituyó por uno que incluía una composición fotográfica. Se destacan algunas de sus creaciones en ilustraciones para el cine, como la que realizó para la película Terror en la Ópera (Dario Argento, 1987), que muestra la silueta de un rostro destacando los ojos aterrorizados. Su trabajo comenzó a disminuir a finales de los años noventa, y se ha dedicado a diferentes exposiciones y a su obra artística autónoma, entre la que se encuentran algunos cuadros espléndidos dedicados a Andalucía en la colección Orientalism & Andalucia, que se pueden ver en su página web. Recientemente ha regresado al cine cuando el director Quentin Tarantino le contrató para crear el cartel de su película Érase una vez... en Hollywood (Quentin Tarantino, 2019). Renato Casaro se queja de que el marketing actual está diseñado por ordenador y ha perdido personalidad. Y ciertamente este documental refleja buena parte del componente artístico que tiene toda su obra. 


La partita se puede ver en Netflix. 

Escándalo en el convento, Flash Gordon, El nombre de la rosa y El último Emperador se pueden ver en Filmin. 
Mi nombre es ninguno y Le seguían llamando Trinidad se pueden ver en FlixOlé. 
Conan, el bárbaro se puede ver en Disney+. 
Dune se puede ver en Filmin, Movistar+, Rakuten y Starzplay.
Acorralado y Rambo: Acorralado - Parte II se puede ver en Netflix. 
La historia interminable se puede ver en Filmin, HBO Max y Netflix. 
Bailando con lobos se puede ver en Movistar+. 
El cielo protector se puede ver en Filmin y Prime Video. 
Érase una vez en América y Érase una vez... en Hollywood se pueden ver en Prime Video. 


25 febrero, 2022

Las series españolas de 2022: Parte 1

Nuestro primer repaso a las series españolas del año se detiene en los principales estrenos de enero y febrero, que en general han sido bastante irregulares tanto en resultado crítico como de audiencias. 2022 no comienza demasiado bien para la ficción nacional, que se estrella con algunas de las apuestas más importantes y que parece demasiado, especialmente de RTVE y, en menor medida, de Telecinco. Destacan el buen rendimiento de Mentiras (Atresmedia, 2020-) en su emisión lineal después de haber pasado dos años de su estreno en la plataforma, y la primera producción de ficción española de Starzplay.   

Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.

No ha podido tener mejor timing el estreno de la segunda temporada de Nasdrovia (Movistar+, 2020-2022), una serie que se desarrolla en el entorno de la mafia rusa, que se convierte en el principal cliente del restaurante Nasdrovia del que son dueños Edurne (Leonor Watling), Julián (Hugo Silva) y el cocinero Franky (Luis Bermejo). El nombre del local hace referencia a la palabra Naz daróvie, que significa "salud", pero que en realidad es una expresión más de Polonia que de Rusia, donde se utiliza la expresión Za zdaróvie, que significa "por la salud". Basada en la novela El hombre que odiaba a Paulo Coelho (2016, Ed. La Esfera de los libros), de Sergio Sarria, la serie introduce numerosos cambios, como el hecho de convertir en protagonista principal al personaje de Edurne, que es la que rompe la cuarta pared para dirigir sus reflexiones directamente a los espectadores. La historia aborda la crisis de los cuarenta a través de dos abogados que parecen tener sus vidas perfectamente diseñadas, con una estabilidad económica y un trabajo continuo, pero que sienten que hay algo que les falta, ese sentido de aventurarse, esa sensación de que en realidad se sostienen sobre plataformas de seguridad que les impiden vivir la vida plenamente. Lo que les llevará a la inversión en el restaurante y a quedar atrapados en los entresijos de la mafia rusa. Producida por Globomedia (The Mediapro Studio) y escrita por Luismi Pérez, el propio autor Sergio Sarria y Miguel Esteban, ambos han sido guionistas del programa El intermedio (La Sexta, 2006-) y éste último co-creador de El vecino (Netflix, 2019-2021), la serie contiene dosis de thriller mafioso y un humor cínico que aborda cuestiones relacionadas con nuestra sociedad. 

La segunda temporada abunda en este sentido del humor, pero se hace más seria, girando hacia el género thriller y dando aún más protagonismo a Edurne, quedando Julián en una posición secundaria y Franky en un cameo prácticamente. La situación de la protagonista se hace mucho más peligrosa en el entorno de un cambio de liderazgo que encabeza Boris (Anton Yakovlev), que ahora es un personaje menos ambivalente que en la primera temporada, en la que incluso a veces establecía cierta empatía con el espectador. Más estereotipado en esta segunda parte, es el principal objetivo de una serie de conspiraciones que pretenden acabar con su vida. De nuevo bajo la dirección de Marc Vigil, hay continuos altibajos en la temporada, que se balancea entre géneros con desequilibrio, pero que curiosamente funciona mejor cuanto más complejos son los episodios, como en Vinieron del Este (T2E4), que incluye un cameo del actor Jaime Blanch (recordemos que Marc Vigil ha sido el director habitual de la serie El Ministerio del tiempo (RTVE, 2015-)). Las referencias a la pandemia y el estado de alarma en los últimos episodios de la temporada propone una visión cínica en torno al confinamiento, con vecinos en los balcones regañando a quienes caminan por la calle, aunque estén huyendo de una amenaza. Pero hay una cierta aceleración en el final del episodio Showtime (T2E6) que quiere resolverlo todo demasiado rápidamente. Aunque Movistar+ la ha anunciado como la última temporada, el desenlace de la serie no es concluyente, y la música con la que se cierra deja la puerta abierta a una nueva historia de los protagonistas en otro contexto. 

En línea con la producción de series documentales dedicadas a figuras destacadas de la reciente historia musical de España, que tienen cierto aire de nostalgia retro, Raphaelismo (Movistar+, 2022) continúa el camino de Lola (Movistar+, 2021), pero también de otras series en el terreno de la ficción como Bosé (Paramount+, 2022), centrada en la figura de Miguel Bosé, que intentará revalidar el éxito de las telenovelas Selena. La serie (Netflix, 2020-2021) y Luis Miguel. La serie (Netflix, 2018-2021). El documental sobre Raphael está producido por Dadá Films & Entertainment, productora fundada en 2017 por Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, que son también los directores, y que tienen tras sí una nominación al Goya a Mejor Documental por Anatomía de un dandy (Charlie Arnaiz, Alberto Ortega, 2020) y también produjeron la película El mundo fuera (Charlie Arnaiz, Óscar García Blesa, Alberto Ortega, 2020), que recogía videos de aficionados a la música de Alejandro Sanz enviados durante el confinamiento. Raphaelismo juega sobre seguro porque cuenta con la colaboración del propio Raphael y de toda su familia, además de entrevistar a muchos de sus colaboradores y algunos de sus seguidores. En cierta manera, este proyecto colaborativo crea una red de seguridad sobre lo que se cuenta, un control sobre la narrativa escrita por Luis Sánchez-Polack y Casandra Valdés que en otros casos como el de Francisco Umbral en Anatomía de un dandy permitía una mayor libertad para afrontar con profundidad la personalidad controvertida del protagonista. Pero a su favor hay que decir que Raphael no evita mencionar algunos de los momentos más duros de su carrera, que vista en retrospectiva podría considerarse un camino sembrado de éxitos. La retirada debido a la presión cuando se encontraba en su momento de mayor auge internacional, la depresión, la enfermedad... forman parte del relato de un cantante que abrió las puertas del extranjero a la música hecha en España. 

Tampoco se evitan temas como la orientación sexual del artista, puesta en duda a veces a pesar de llevar casado cincuenta años con Natalia Figueroa, pero a la que su amaneramiento en el escenario y las letras de algunas canciones escritas por Manuel Alejandro como "Digan lo que digan", de la película Digan lo que digan (Mario Camus, 1967) o "Qué sabe nadie" (1981) alimentaban con cierta ambigüedad. Como se contaba en Lola (Movistar, 2021), la apertura del país después de la muerte de Franco supuso también para Raphael la etiqueta de cantante franquista, y ahí es donde quizás el documental sufre las consecuencias de un excesivo control de la narrativa. Mientras que a Lola Flores se la define sin problemas como una artista de mentalidad conservadora aunque absolutamente libre como mujer, y se dedica un fragmento extenso a la imagen de las folclóricas como referentes del régimen dictatorial, en el caso de Raphael se evitan los posicionamientos políticos, se pasa rápidamente y se habla del artista apolítico (si se puede ser apolítico en medio de una dictadura). Falta aún una película que aborde la utilización de los artistas que hizo el régimen de Franco para mostrar una supuesta apertura al exterior, y cómo especialmente los músicos se dejaron querer por la dictadura en favor del crecimiento de sus carreras profesionales. 

En otros aspectos Raphaelismo es más interesante en cuanto reflejo de un cantante que ha traspasado nuestras fronteras, desde su histórica actuación en el madison Square Garden de Nueva York en 1969 hasta el reciente y exitoso concierto en el Carnegie Hall en 2019, y que ha sabido adaptarse y renacer en varias ocasiones. Hay también, como las hay en Lola, algunas entrevistas que aportan poco como la de David Bisbal, otras de auténticas "raphaelistas" como Alaska (que parece ser presencia habitual en estos documentales) o Carlos Areces, y de algunos nombres que han formado parte del último renacimiento del cantante, como el director de cine Álex de la Iglesia o el joven músico Lucas Vidal. Pero Raphaelismo tiene sobre todo un personaje secundario sin el que esta serie documental no tendría la misma envoltura: el compositor jerezano Manuel Alejandro, imagen viva de la música española a sus recién cumplidos noventa años, con una memoria extraordinaria para recordar anécdotas, responsable de los éxitos de varias generaciones de cantantes españoles, y figura inseparable de la carrera artística de Raphael. 

Podría parecer extraño hablar de una serie como Mentiras (Atresmedia, 2020-) después de dos años de su estreno en la plataforma digital ATRESplayer Premium, pero su reciente emisión en la televisión lineal de Antena 3 con unas audiencias espectaculares la convierten en un fenómeno extraordinario en la evolución televisiva reciente. Porque lo habitual es que series que no funcionan en las emisiones lineales tengan una segunda vida en las plataformas digitales, pero no que ocurra lo contrario. Los seis episodios de esta serie protagonizada por Ángela Cremonte y Javier Rey han logrado traspasar la barrera del millón y medio de espectadores, alcanzando su  máximo en el último episodio, con casi dos millones, cifras que están muy por encima de otros estrenos recientes como Sequía (RTVE, 2022-) que solo superó el millón en su primer capítulo, y casi a la altura del drama criminal Entrevías (Tele5, 2022-), la gran apuesta de ficción nacional de Telecinco en un año particularmente negativo en cuanto a audiencias para los canales de Mediaset. Hay que tener en cuenta la diferencia de espectadores entre las plataformas digitales de los canales tradicionales y sus emisiones lineales. ATRESplayer Premium cerraba la primera mitad de 2021 con 437.000 suscriptores, por lo que el éxito de la serie en lineal ha triplicado su posible visionado en la plataforma (no existen cifras oficiales).   

Mentiras tiene como creador a Curro Novallas, responsable de series como Traición (RTVE, 2017-2018) y Alta mar (Netflix, 2019-2020) y productor ejecutivo de Los protegidos. El regreso (Atresmedia, 2021), que ejerce también como co-director junto a Norberto López Amado. Se trata de una adaptación bastante fiel de la serie británica Liar (ITV, 2017-2020) que escribieron Harry Williams y Jack Williams en un momento de auge del movimiento Metoo, que logró una mayor difusión del uso del hashtag #metoo en redes sociales a raíz de las acusaciones de abusos al productor de Hollywood Harvey Weinstein en 2017. En este contexto, los hermanos Williams crearon una historia que plantea una reflexión sobre los puntos de vista en un caso de abuso sexual en el que solo se cuenta con la palabra de la víctima. Protagonizada por Joanne Froggatt e Ioan Gruffudd, la serie tuvo dos temporadas, la segunda de las cuales se estrenó en 2020, el mismo año que llegó a ATRESplayer Premium la adaptación española. Esta sigue con bastante fidelidad la primera temporada original, lo que supone quizás uno de sus mayores problemas, ya que abunda en los problemas que surgían en la historia original, cuyo planteamiento inicial da paso a partir del final del episodio No sirve de nada (T1E3) a una convencional trama criminal en que en buena medida dinamita los aspectos reflexivos de la propuesta en torno a los abusos. Los cambios en la versión española contribuyen a hacer aún más absurda la historia, dándole un protagonismo innecesario a Amal (Sofía Oria), la novia de Sergio (Victor Duplá), el hijo de Xavier (Javier Rey), o sustituyendo un tranquilizante que consigue Laura (Joanne Froggatt) en la versión original, por una pistola que pretende usar Laura (Ángela Cremonte) en la versión española. Mentiras no solo cae en los mismos errores que Liar (los dos episodios finales son particularmente absurdos en ambas series) sino que en cierta medida profundiza aún más en ellos. Hasta la fecha, no hay confirmación de que la serie tenga un segunda temporada, aunque la versión británica sí contaba con una nueva historia protagonizada también por Joanne Froggatt. 

La última propuesta de Pau Freixas, responsable de series de éxito como Polseres vermelles (Filmin, 2011-2013), que ha tenido adaptaciones en Francia, Italia o Estados Unidos, y Benvinguts a la familia (TV3, 2018-2019) se presentaba en enero como una de las series españolas más esperadas. Todos mienten (Movistar+, 2022) toma su título de una frase de Sherlock Holmes y precisamente se sostiene sobre un argumento contado en forma de puzzle que se desata a partir de la publicación en las redes sociales de un encuentro sexual entre Macarena (Irene Arcos) y su alumno adolescente Iván (Lucas Nabor). La acción transcurre en Belmonte, una urbanización costera del Mediterráneo que recuerda al escenario y la dinámica de Big little lies (HBO, 2017-2019), donde hay una convivencia familiar entre los vecinos que sin embargo se sostiene en mentiras y secretos ocultos. El video sexual desmorona la aparente estabilidad de los habitantes y amigos, descubriendo en cada episodio algunos de estos secretos mientras se intenta averiguar quién es el autor de un crimen. 

La serie está dirigida por el propio Pau Freixas con ritmo y un entramado de líneas narrativas que funciona en los primeros episodios, pero que conforme se desarrolla la serie va revelándose como insustancial, descentrándose de la trama principal en ocasiones para ir componiendo otros enfoques que aportan poco o nada. Que una serie de seis episodios parezca demasiado larga es sintomático de su incapacidad para mantener el nivel que consigue en los dos o tres primeros episodios, perdiéndose al final en ramificaciones innecesarias. Incluso el envidiable reparto formado por actores y actrices notables está desequilibrado, entre solventes interpretaciones como la de Irene Arcos, Juan Diego Botto y Ernesto Alterio, cuyo personaje defiende con maestría a pesar de que va perdiendo entidad paulatinamente, algunas otras de gran profesionalidad como Leonardo Sbaraglia y Jorge Bosch, y otras realmente flojas como Natalia Verbeke o Miren Ibarguren. Eva Santolaria, pareja de Pau Freixas, recibe en la serie créditos como guionista, aunque en realidad ejerce como editora de guiones, y el director le regala el único personaje que tiene un monólogo de ocho minutos en el Episodio 5, aunque lamentablemente no consigue transmitir ninguna emoción. 

También era muy esperada la serie Feria. La luz más oscura (Netflix, 2022-), creada por Agustín Martínez, autor de La caza. Monteperdido (RTVE, 2019-2021) y Carlos Montero, responsable de los éxitos de Élite (Netflix, 2018-2019) y El desorden que dejas (Netflix, 2020). Se trata de un thriller sobrenatural que conecta las sectas con la Guerra Civil, creando un submundo que plantea la confrontación entre la luz y la oscuridad, la vida y la muerte, lo real y lo irrreal, a raíz de la desaparición de los padres de las dos protagonistas, Sofía (Carla Campra) y Eva (Ana Tomeno) y el descubrimiento de un grupo de cadáveres en una antigua mina abandonada. El escenario de una cueva que funciona como una entrada a otro mundo recuerda demasiado a la excelente serie alemana Dark (Netflix, 2017-2020) pero la construcción de esta doble realidad es mucho más endeble, más rebuscada y menos inquietante. La acción se desarrolla en Feria, un pueblo imaginario de Andalucía que en realidad es la hermosa población gaditana de Zahara de la Sierra, que forma parte de la Ruta de los pueblos blancos de Cádiz, y que realmente es un escenario que aúna belleza y misterio. 

Pero la búsqueda de la inquietud, incluso del terror en la serie se pierde en un guión absurdo y en un incompetente trabajo de dirección a cargo de Jorge Dorado y Carles Torrens que no sabe extraer la intriga de esta historia sobre la fe ciega, y mucho menos parece interesado en dar solvencia a los actores, especialmente en el caso de las dos jóvenes protagonistas que, no siendo estrictamente debutantes, parecen realmente perdidas en sus personajes. Tampoco ayuda un estructura que ciertamente perjudica a la serie, especialmente cuando en El Templo (T1E4), que se desarrolla casi por completo en 1975, cerca de la muerte de Franco, se desvela buena parte del misterio que se ha ido construyendo en los tres episodios anteriores, y el resto de la serie juega más en el terreno de lo sobrenatural, pero sin que el suspense funcione adecuadamente. La propuesta de Feria. La luz más oscura es tan atractiva al principio como fallida al final, zancadilleada constantemente por decisiones de guión absurdas e innecesarias. La serie está producida por Filmax, veterana empresa catalana de producción y distribución que también es responsable de Todos mienten, y que se ha recuperado en los últimos años de las consecuencias de la crisis económica. En 2010 entró incluso en concurso de acreedores, teniendo que deshacerse de parte de sus compañías. 

Tra estrenarse en ATRESplayer Premium en noviembre de 2021, la segunda temporada de Toy boy (Atresmedia/Netflix, 2019-) se ha incorporado en febrero a la plataforma Netflix, aunque con escasa promoción, y eso que se trata de una de las series españolas que mejor funcionan (esta misma semana se encontraba todavía en el Top 10 en 43 países). Producida por Plano a Plano, fundada por César Benítez en 2014, él mismo ejerce como creador junto a Juan Carlos Cueto y Rocío Martínez Llano. Entre los tres son responsables de algunos de los éxitos más relevantes de la ficción en España, desde El internado (Antena 3, 2007-2010) hasta Águila roja (RTVE, 2009-2016) pasando por El príncipe (Telecinco, 2014-2016) y Valeria (Netflix, 2020-) y han sabido construir una propuesta de thriller erótico que ofrece lo que se espera, especialmente enfocada en la cosificación masculina en respuesta a la habitual cosificación femenina que se encuentra en las producciones de corte erótico. Sería deseable, en todo caso, una mejor construcción de la narrativa y unos personajes menos estereotipados. 


Aunque Netflix apostó por esta segunda temporada compartiendo presupuesto con Atresmedia, sorprende la escasa publicidad que ha realizado, quizás por el hecho de ser segunda pantalla de difusión después de ATRESplayer Premium, e incluso no está confirmada la puesta en marcha de una tercera temporada que los creadores, a tenor del final de ésta, parecen tener clara. Si Toy boy no se ha caracterizado por un nivel interpretativo especialmente alto, aunque en su reparto tenga nombres tan solventes como Cristina Castaño, Pedro Casablanc y María Pujalte, esta segunda temporada consigue rebajar aún más el nivel con la incorporación de Álex González y Maxi Iglesias, pero en realidad no es lo que más importa en una serie creada para consumo rápido, desarrollada siguiendo el esquema de los thriller eróticos de los años ochenta y noventa, y que en esta segunda parte, aun manteniendo la estructura de bailes eróticos (algo repetitivos) y escenas de sexo light (aún más repetitivas), ha tenido que adaptarse a un formato más cercano a Netflix que a ATRESplayer, reduciendo su propuesta de trece a ocho episodios de una hora, lo que realmente beneficia al desarrollo de la historia. El director de la primera temporada, Iñaki Mercero, es sustituido en esta por Javier Quintas, director de producciones de Álex Pina como La casa de papel (Netflix, 2017-2021) o Sky rojo (Netflix, 2021), que se ha encargado de todos los episodios excepto de dos de ellos, dirigidos por Laura M. Campos, directora habitual de Plano a Plano. 

La gran apuesta de RTVE para principios de año ha sido Sequía (RTVE-RTP, 2022), thriller hispano-portugués creado por Joaquín Llamas, que comenzó sus emisiones lineales con un aceptable 9% de share (1.277.000 espectadores) y siendo la emisión más vista en diferido del mes de enero a través de RTVE Play, consiguiendo llegar a 415.000 visionados. Pero conforme se ha desarrollado ha sufrido duramente la competencia de Entrevías (Telecinco, 2022-), perdiendo más de medio millón de espectadores, lo que finalmente ha provocado que RTVE precipitara el final de la serie emitiendo dos episodios por día y reprogramando sus dos últimos episodios hasta el late night del jueves (aunque no se han emitido debido a la programación especial por la guerra en Ucrania), aunque sí se han "preestrenado" a través de RTVE Play. La trayectoria de la serie en  Portugal, donde se ha emitido en la televisión pública RTP casi simultáneamente con España con el título de Crimes submersos (Crímenes sumergidos), ha sido parecida. El primer episodio tuvo un aceptable 7,3% de share (347.700 espectadores) que ha ido bajando gradualmente hasta el mínimo del 4,1% (161.400 espectadores). En este sentido, la tendencia es significativa y se pueden extraer las mismas conclusiones: es una serie que ha despertado interés pero que no ha conseguido retener a la audiencia. 


Sequía traza un thriller en torno a dos cuerpos encontrados en el pequeño pueblo sumergido de Campomediano, en la frontera hispano-portuguesa que emerge debido a la falta de agua de un pantano, involucrando a la familia Barbosa, que controla la energía hidroeléctrica que se extrae del embalse. La investigación policial es llevada a cabo por la inspectora española Daniela Yanes (Elena Rivera) y el policía portugués Hélder (Marco D'Almeida), que se enfrentan a una cadena de mentiras y secretos en las que se mezclan los intereses políticos con las relaciones familiares. El reparto se completa con actores y actrices españoles como Rodolfo Sancho, Miguel Ángel Muñoz y Miryam Gallego, y portugueses como Guilherme Filipe, Margarida Marinho y Rita Loureiro. La primera producción creada por Joaquín Llamas, que hasta el momento había ejercido solo como director de series como Tierra de lobos (Telecinco, 2010-2014) o Caronte (Telecinco, 2020-), quiere tener un cierto aire del nordic noir en cuanto al equilibrio entre el mantenimiento de un misterio y el interés en profundizar en cómo afecta el crimen a los diferentes personajes, lo cual es una propuesta interesante en tanto que huye de la trama típica del whodunit (quién lo hizo), pero que no consigue del todo su propósito, y su interés por los personajes acaba por ralentizar el ritmo de la historia. La trama se desarrolla en la actualidad, pero conecta con hechos del pasado, aunque al final no está claro si se centra más en la trama principal que en las subtramas protagonizadas por los diferentes personajes. Hay cierta confusión en el desarrollo de la historia con secundarios que entran y salen de escena sin aparente lógica, como el periodista Óscar Santos (Miguel Ángel Muñoz), y tampoco ayuda un trabajo de dirección que se alternan el propio Joaquín Llamas y Oriel Ferrer, que no sabe sacar partido del ritmo y las escenas de acción. Quizás el hecho de que parte de la serie esté hablada en portugués puede ser una de las razones por las que ha ido perdiendo un perfil de espectadores que no está acostumbrado a los subtítulos. 

La plataforma Starzplay se ha aliado con Pantaya, un servicio de transmisión en español para Estados Unidos, para realizar coproducciones desde el mercado hispano que tengan una proyección internacional. Ambas plataformas pertenecen, de hecho, a la productora norteamericana Lionsgate y el acuerdo ha dado lugar a producciones como la chilena Señorita 89 (Starzplay, 2022), de Lucía Puenzo, que se estrena esta misma semana. En España, a su vez, se han unido a The Mediapro Studio para estrenar la primera producción realizada en nuestro país, Express (Starzplay, 2022-), creada por Iván Escobar, responsable de El barco (Antena 3, 2011-2013), Vis a vis (Fox, 2015-2019) y su nefasta continuación Vis a vis: El oasis (Fox, 2020). Se da la circunstancia de que Iván Escobar comenzó su carrera como guionista trabajando para Daniel Écija y Álex Pina en sus series Los Serrano (Telecinco, 2003-2008) y Los hombres de Paco (Antena 3, 2005-2010), que el año pasado se intentó recuperar sin demasiado éxito, formando así una especie de triunvirato de creadores que han marcado el desarrollo de la ficción española en las últimas décadas, desde los canales tradicionales lineales hasta la llegada de las plataformas digitales. 


De hecho, Express tiene varios puntos en común con Vis a vis, no solo porque compartan a la actriz malagueña Maggie Civantos como protagonista, sino porque se construye en torno a un personaje femenino central marcado por un trauma y por ciertos tics de ritmo y concepción visual que ya resultan conocidos. Bárbara Vázquez (Maggie Civantos) es una psicóloga criminalista que trabaja junto a su exmarido, el inspector de policía Santa Varela (Esteban Meloni), realizando perfiles de secuestradores que sirvan para resolver casos de secuestros exprés, una forma de rapto extendida sobre todo en países latinoamericanos como México, y que ella misma sufrió hace unos años. El trauma ha desestabilizado su relación con sus dos hijas, hasta que recibe la oportunidad de trabajar para una compañía de seguros que pondrá todos los medios a su alcance y un equipo de colaboradores heterogéneo para resolver este tipo de delitos. La propuesta se desarrolla como un thriller policíaco que consigue en los primeros episodios un ritmo frenético, con un estilo cercano al cómic que recuerda a Vis a vis: El oasis o Sky rojo (Netflix, 2021), pero que se va centrando paulatinamente en los aspectos familiares de la protagonista, especialmente a partir de El papel higiénico (T1E5), en el que estalla un conflicto provocado por su hija Gus (Alba Plana). 

Express se desequilibra en su intención de ser un procedimental con cierto tono irónico que utiliza el sentido del humor para describir las relaciones entre los personajes, especialmente en el caso de Santiago (Vicente Romero), pero al mismo tiempo tratando de huir de los arquetipos de este tipo de producciones, lo que no consigue del todo, especialmente en la creación de ese grupo que investiga los secuestros que, en realidad, está lleno de personajes arquetípicos, aunque algunos de ellos destaquen especialmente como Maribel (Ana Marzoa), una mujer ciega que ha desarrollado el oído de forma especial. De hecho, en esta mezcla de elementos entre la inestabilidad personal y familiar de la protagonista y la investigación procedimental de cada episodio, es en la que surgen los principales problemas, tratando de utilizar elementos típicos de las producciones internacionales (el propio título es un anglicismo) y al mismo tiempo tener una personalidad característica de nuestro país. Hay un batiburrillo de referencias, ritmos y tramas que acaba siendo desordenado, entre lo que pretende ser y lo que consigue finalmente, y en el que se pierden las reflexiones sobre nuestro estilo de vida abocado a la rapidez y a la actividad acelerada aunque, por si no lo hubiéramos captado, Santiago ofrece un monólogo sobre el miedo rompiendo la cuarta pared en Piojos (T1E8), que sirve como firma temática de la serie. Flaco favor a la inteligencia de los espectadores.  


Señorita 89 se estrena en Starzplay el 27 de febrero.

Nasdrovia, Raphaelismo y Todos mienten se pueden ver en Movistar+.
Mentiras se puede ver en Atresplayer Premium y Netflix. 
Feria. La luz más oscura y Toy boy se pueden ver en Netflix.
Sequía se puede ver en RTVE Play.
Express se puede ver en Starzplay. 

Anatomía de un dandy se puede ver en Filmin. 
El mundo fuera y Caronte se pueden ver en Prime Video. 
Digan lo que digan se puede ver en FlixOlé.
Liar se puede ver en HBO Max. 
Tierra de lobos se puede ver en Mitele.
El barco se puede ver en Atresplayer Pemium y Netflix. 
Vis a vis se puede ver en Netflix y Prime Video. 
Los Serrano se puede ver en Mitele y Prime Video. 
Los hombres de Paco se puede ver en Atresplayer Premium y HBO Max.