Llegamos al final de nuestras crónicas de Fantasia Festival, en una edición de cuya programación hemos reseñado unos cincuenta largometrajes y cortometrajes, como una muestra destacada de una de las citas más importantes del género fantástico que se celebra cada año en la ciudad de Montreal. Pronto llegarán las cifras de asistencia y los datos de medios acreditados, pero lo cierto es que dedicamos desde hace algunas ediciones una amplia cobertura a un festival que ofrece algunos de los títulos más destacados que posteriormente formarán parte de la programación de otras muestras cinematográficas como Sitges. En nuestra última crónica hemos querido volver a la referencia de la primera que realizamos con críticas de películas, dedicada a una selección de títulos que provienen de la cinematografía asiática, tan presente en la programación de Fantasia Festival.
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The mouthsTakashi ShimizuJapón 2026 | 89' | Horizon | ★★★★★ |
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ColonyYeon Sang-hoCorea del Sur 2026 | 122' | Proyección Especial | ★★★☆☆Cannes '26: Fuera de concurso |
El festival suele tener una fijación por algunos directores, y en el caso de Yeong Sang-ho (1978, Corea del Sur) lo ha demostrado estrenando todas sus películas recientes, desde que hace una década presentara Train to Busan (2016), que conmemorando su décimo aniversario se vuelve a estrenar en Estados Unidos a mediados de agosto. A pesar del éxito internacional y las buenas críticas, el director coreano siempre se ha negado a ampliar el universo de su película y ha preferido explorar otro tipo de zombis, como hizo en la secuela Península (2020), con bastante menos acierto. También ha abordado el formato de series con Rumbo al infierno (Netflix, 2021-2024) y otros géneros en títulos como Revelación (2025), pero su regreso a los entornos plagados por seres humanos infectados ha despertado una mayor atención, hasta el punto que Colony (Yeong Sang-ho, 2026) tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes. La premisa que se incluye en esta nueva incursión en el universo de los zombis es la posibilidad de que se comporten de una manera parecida a las colonias de hormigas, cuya comunicación se produce a través de la expulsión de señales químicas, las feromonas, que establecen una conexión con el resto para intercambiar información sobre la detección de comida o incluso dar instrucciones precisas. A partir de este planteamiento, durante una conferencia sobre biotecnología el científico Seo Yeong Cheol (Koo Kyo Hwan) decide tomar venganza por lo que él considera un robo a su proyecto por parte de Kang U Cheol (Kim Jong Tae), director ejecutivo de la empresa Chains Bio. De manera que se inyecta a sí mismo la única vacuna que existe contra un virus creado por él, y al director le inocula este virus que provoca una especie de moho blanco que se expande para infectar a otros seres vivos. Si alguien está pensando en The last of us (HBO Max, 2023-) puede estar en lo cierto, pero en realidad es un concepto de contagio que proviene de la propia naturaleza, especialmente el hongo llamado Ophiocordyceps, que infecta a especies como las hormigas y las arañas para manipular su comportamiento. De esta manera, la película introduce una cierta novedad dentro del género de zombis, al incorporar a un claro antagonista que es quien controla a todos los zombis. Como en sus anteriores películas, el director desarrolla la mayor parte de la historia dentro de un entorno cerrado, en este caso un centro comercial que forma parte de un rascacielos, lo que proporciona esa sensación de claustrofobia que tan bien supo manejar en Train to Busan. Entre los supervivientes de una infección que rápidamente es aislada y confinada por las autoridades coreanas, se encuentra Kwon Se Jeong (Gianna Yun), una profesora de biotecnología desempleada que ha sido invitada al evento por su exmarido Han Gyu Seong (Go Soo) con la intención de conseguirle un trabajo, y que se convertirá en la principal protagonista. Ella detecta el patrón de comportamiento de los infectados, que no solo responden a órdenes concretas sino que se "actualizan" progresivamente, corriendo a cuatro patas primero y lanzándose contra carteles con fotografías de humanos, para ir adquiriendo mayor conciencia que les permite distinguir a las personas de sus representaciones.
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The SpecialsEiji UchidaJapón 2026 | 110' | Horizon | ★★☆☆☆Fantasporto '26: Premio del Público |
Desde el éxito de su película Midnight swan (2021), el director Eiji Uchida (1971, Brasil) ha llevado una carrera tan prolífica que el año pasado estrenó tres películas y este año también ha dirigido otras tres, dos de las cuales se han presentado en Fantasia Festival. La más comercial es The Specials (Eiji Uchida, 2026), una comedia que hace constantes referencias al género de yakuzas, mezclándolo con una especie de comedia social al estilo Full Monty (Peter Cattaneo, 1997). La excusa para este planteamiento tan singular es más o menos sencilla: un miembro de la yakuza llamado Kumashiro (Kippei Shîna) contrata a cuatro asesinos independientes para eliminar al jefe Honjō (Renji Ishibashi), el poderoso líder del sindicato rival Honjō-gumi. Hasta el momento, ejecutar el asesinato ha sido complicado porque Honjō usa frecuentemente dobles, lo que genera constantes dudas sobre su paradero. Sin embargo, Kumashiro ha descubierto una debilidad en su rival: Honjō jamás faltará a la actuación de su nieta en una competición de baile. El improbable plan consiste en que los asesinos, todos ellos inexpertos en coreografía excepto Daiya (Daisuke Sakuma), formen un grupo de baile que pueda competir para llegar a la final del concurso donde, aprovechando que están sobre el escenario con Honjō sentado en primera fila, poder dispararle a quemarropa sin posibilidad de fallar. Son tantas arbitrariedades las que pueden dar al traste con el plan que éste parece inconsistente, pero en una comedia como The Specials tampoco importa demasiado. Los asesinos acabarán consiguiendo a una instructora muy particular en Asuka (Urara), una niña huérfana que considera a Daiya como un padre después de que éste la salvara de un ataque a su familia en el que él mismo había participado, traicionando a su líder. La comedia radica en la primera parte de la película en estos torpes mafiosos que son expertos asesinos capaces de disparar a su objetivo a gran distancia, pero no tienen el más mínimo talento en coordinar su pie izquierdo con su mano derecha. En esta edición de Fantasia Festival hemos visto otra muestra de mafiosos metidos a bailarines en la película Break free (Yu Nakamoto, 2026), así que parece un subgénero muy transitado últimamente por el cine japonés. En el caso de la que comentamos, hay una clara referencia a las películas yakuza clásicas, sobre todo a través de guiños procedentes de un reparto en el que encontramos algunos habituales actores de las películas de mafia de Takeshi Kitano y Takashi Miike, lo que añade una especie de capa de nostalgia hacia la época de esplendor de este género cinematográfico. Y ver a actores como Hitoshi Ozawa, que fue uno de los iconos del cine de yakuzas desde sus primeros trabajos en los años ochenta y ha dirigido varias de ellas, tratando de coordinarse con las coreografías de baile, añade un toque hipertextual al sentido del humor de la película.
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Suzuki=BakudanAkira NagaiJapón 2025 | 137' | L'Ecran Fantastique | ★★★★☆Hochi Film Awards '26: Mejor actor secundario (Jirō Satō)Academia del Cine Japonés '26: Mejor Actor secundario (Jirō Satō) |
Cuando a una película se la compara constantemente con Se7en (David Fincher, 1995) puede surgir cierto interés, pero también cierta aprensión hacia lo que vamos a ver. En relación con la comparación, este thriller japonés no decepciona, porque hay una evidente influencia: al igual que John Doe (Kevin Spacey) era un seudónimo que utilizaba para el personaje el nombre que se le asigna a las personas anónimas, en el caso de Tagosaku Suzuki (Jirō Satō) también resulta un nombre demasiado común como para levantar sospechas (Suzuki en japonés es tan habitual como Rodríguez en España), y todas sus escenas, más de la mitad de la película, se desarrollan en una sala de interrogatorios. Al principio, todo parece normal cuando los agentes Sara Koda (Sairi Ito) y Taito Yabuki (Ryota Bando) arrestan a un hombre sin hogar por destrozar una máquina expendedora de refrescos. Pero cuando es interrogado, Suzuki revela que es capaz de predecir lo que sucederá en el núcleo comercial de Akihabara, en el centro de Tokio. Cuando un artefacto explosivo detona en el este lugar, y una segunda bomba explota en otra zona que había descrito Suzuki, es enviado a la Unidad de Crímenes Violentos, considerado como un posible terrorista, porque afirma que otros artefactos van a seguir explotando a lo largo de toda la ciudad, aunque él no se hace responsable de ellos. Conforme se desarrolla Suzuki=Bakudan (Akira Nagai, 2025), un intenso thriller lleno de giros de guión, el extrovertido mendigo se va transformando en una figura oscura que parece disponer de información privilegiada, mientras el negociador Teruji Kiyomiya (Atsuro Watabe) y su asistente Ruike (Yuki Yamada) tratan de averiguar cuáles son las verdaderas intenciones de Suzuki y su grado de implicación en los artefactos explosivos. Ciertamente, la tensión de la película es sobresaliente, aunque la mayor parte de ella transcurra dentro de una sala de interrogatorios, con un trabajo de interpretación de Jirō Satō que ha sido reconocido en los premios de la Academia de Cine de Japón, el único galardón de las 12 nominaciones que consiguió la película. Alrededor de este personaje surgen otras subtramas que quizás alargan demasiado la duración, como la de los dos agentes de policía que lo detuvieron, o la de un veterano policía caído en desgracia, llamado Yugo Hasebe (Masaya Katô), que podría tener alguna relación con el interrogado. La película funciona perfectamente como un retorcido thriller psicológico en el que los detalles en el comportamiento y los gestos de Suzuki son incluso más importantes que sus respuestas, aunque a veces pierde el ritmo y parte del suspense.
Uno de los problemas que surgen dentro de un guión que retuerce las tramas y elabora giros constantemente, es que la resolución no llega a ser demasiado clara, y se vuelve confusa en el tercer acto. La historia está basada en la novela Bomb (Bakudan) (2022), del autor Katsuhiro Go (1980, Japón), que fue un gran éxito de ventas, y en el que ya se destacaban las influencias de la película de David Fincher. En el terreno visual, hay un contraste interesante entre la planificación cerrada, casi claustrofóbica y opresiva, que el director Akira Nagai utiliza en la sala de interrogatorios, con las tomas aéreas para mostrar el bullicio de las zonas comerciales de Tokio donde el antagonista ha anunciado que van a explotar las bombas, estableciendo momentos de tensión y de suspense muy logrados. Dentro de una trama que se sostiene en el enfrentamiento psicológico entre Suzuki y sus interrogadores, sobre los que ejerce cierto control al elegir quién es el más adecuado para él, sabiendo que necesitan urgentemente de la información que pueda aportar, el director también deja espacio para introducir elementos relacionados con el comentario social. Para el personaje de Suzuki, el orden social establecido no existe, teniendo en cuenta la forma en que son tratadas las personas sin hogar, sufriendo una progresiva invisibilidad que él ahora subvierte al disponer de una ventaja sobre sus interrogadores. Hay que señalar que buena parte de los componentes de la Unidad de Crímenes Violentos parecen demasiado jóvenes como para ejercer funciones de tanta responsabilidad, algunos de ellos casi tienen aspecto de estudiantes en vez de investigadores profesionales. Pero algunos de estos detalles de la película que resultan inverosímiles no enturbian su capacidad para crear tensión con elementos relativamente sencillos, gracias a una buena planificación y un montaje notables. A pesar de sus defectos de ritmo, Suzuki=Bakudan es un thriller elegante y efectivo, que consigue ir más allá del puro entretenimiento para construir una red de mentiras y de medias verdades que acaban elaborando una muestra lo suficientemente sólida de cine de género.
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The last footageArkar Soe OoMyanmar 2026 | 88' | Horizon | ★★☆☆☆ |
La modesta industria cinematográfica de Myanmar (Birmania) solo ofrece algunos destellos de talento, como el director taiwanés Midi Z (1982, Myanmar), con películas como The road to Mandalay (2016), que denunciaba la discriminación de la población birmana en Taiwán, y Nina Wu (2019), que recibió una Mención Especial en el Festival de Sitges, realizando una denuncia de los resortes que protegen a los abusadores en la industria del cine internacional. Pero, al margen de esas muestras, realizadas desde la diáspora, el cine que se hace en Myanmar tiene escasa repercusión internacional, producido principalmente para un mercado local a través de películas de género que no suelen estar disponibles en los mercados de fuera del país, a no ser que pasen por secciones específicas como Open Doors del Festival de Locarno. Aunque no hay muchas muestras de cine de terror, quizás porque el verdadero terror ya se vive en la inestabilidad política del país. En 2021, una junta militar dio un golpe de Estado, deteniendo a la presidenta Aung San Suu Kyi, hija de un conocido héroe de la revolución contra el colonialismo británico, y ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1991, cuando los galardones estaban dotados de auténtico significado. Desde entonces permanece detenida y se la ha dado por muerta en varias ocasiones, aunque en mayo de este mismo año sus abogados confirmaron que su situación había cambiado a arresto domiciliario. El ex-general golpista Min Aung Hlaing se convirtió en presidente del país en marzo de 2026, tras unas elecciones controladas por el ejército después de eliminar a todos los partidos de la oposición y controlar a los partidos que se presentaban. En medio de esta situación, el joven director Arkar Soe Oo ha producido con escasos recursos y un grupo de amigos la que se anuncia como primera película birmana de "metraje encontrado", ese subgénero del horror que puso de moda El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999), una de las referencias más claras de esta historia. Curiosamente, la otra película que el director menciona como muy influyente en el tipo de terror que quería construir es la española [REC] (Jaume Balagueró, Paco Plaza, 2007). Quizás la característica más singular de The last footage (Arkar Soe Oo, 2026) es que es una de las primeras que utiliza para justificar el punto de vista en primera persona unas gafas inteligentes que se ha comprado uno de los protagonistas, Aung Khant (interpretado por el propio Arkar Soe Oo), al que solo le vemos en tercera persona en algunos momentos. Cuando se compra unas gafas con cámara 4K Pro, el mismo formato en el que está dirigida la película, decide grabar el viaje que realiza con sus amigos Mya (Lain Maw Thee), Wa Na (Thiha Tin Aung Soe), Linn (Li Li Kyaw Khaing), Daisy (Adira Oo) y Thu Ya (Charlie Nyein) a una cabaña remota en un apartado bosque, el lugar idóneo para que aparezcan fantasmas y criaturas relacionadas con el folclore local. La intención del director es introducir al espectador en una experiencia inmersiva a través de la perspectiva en primera persona de las gafas Pro 4K, siguiendo principalmente el esquema de El proyecto de la bruja de Blair, pero no termina de conseguirlo porque esta elección de punto de vista se acaba convirtiendo en su principal desventaja.






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