
El pasado fin de semana concluyó la 57 edición del festival Visions du Réel en su formato presencial, aunque se extiende en formato online hasta el 4 de mayo, solo para territorio suizo, completando una programación que ofrece la posibilidad de ver una selección de cincuenta películas entre las 165 que han formado parte de su programa oficial. El resumen de este año, el último bajo la dirección artística de Emilie Bujès, que se incorpora en julio como directora al Festival Internacional de Cine de Ginebra (GIFF), el más grande que se celebra en Suiza, es el del triunfo español de La noche de la infancia (Xisi Sofia Ye Chen, 2026), consiguiendo el máximo galardón del festival, junto a la alta presencia de documentales de producción española, con otro premio para Historias del buen valle (José Luis Guerín, 2025), que se había programado en la sección Highlights, en la que se destaca lo mejor que ha pasado por festivales anteriores. Alternamos nuestras crónicas de Visions du Réel con las del festival Canneseries, que acaba de terminar con el premio al Mejor Guión para la serie Yo siempre a veces (Movistar Plus+, 2026), culminando una semana de éxitos que quizás no tengan tanta repercusión como la presencia española en el Festival de Cannes, pero que siguen demostrando el buen momento del audiovisual hecho en España desde su proyección internacional.
COMPETICIÓN INTERNACIONAL DE LARGOMETRAJES
Premio Especial: del Jurado: A fire there | Marlene Edoyan | Canadá Premio Interreligioso: Dentro | Elsa Amiel | Francia, Suiza
BURNING LIGHTS
Premio Especial del Jurado: Baby Jackfruit Baby Guava | Nông Nhật Quang | Vietnam, Corea del Sur
Mención Especial: The case against space | Graeme Arfield | Reino Unido, Francia
Mención Especial: The illusion of a quiet night | Olga Chernykh | Ucrania
COMPETICIÓN NACIONAL
Premio del Jurado: Nicole Nicole | Lauren Dällenbach | Suiza, Francia Premio Especial del Jurado: What comes from sitting in silence? | Sophie Schrago | Francia, Corea del Sur, Suiza, EE.UU.
Mención Especial: Der runde Tisch | Juliette Menthonnex, Benjamin Bucher | Suiza
COMPETICIÓN DE MEDIOMETRAJES Y CORTOMETRAJES
Mejor Mediometraje: Ici, ailleurs | Comes Chahbazian | Bélgica, Armenia
Premio Especial del Jurado: Ampio appartamento in palazzo di pregio | Tiziano Locci, Tito Puglielli | Italia
Mejor Cortometraje: Guided tour | Alba Jaramillo | Francia, Puerto Rico
Premio Especial del Jurado: Memories of a window | Amin Pakparvar, Mehraneh Salimian | Irán, Estados Unidos, Alemania
Mención Especial: Sawyer Avenue, Sunday afternoon | Bill Morrison | Estados Unidos
GRAND ANGLE
Premio del Público: Birds of war | Janay Boulos, Abd Alkader Habak | Reino Unido, Líbano, Siria
OPENING SCENES
Premio Tënk: Welcome to set | Cyan Bae | Países Bajos
PREMIO ESPECIAL
Premio Perception Change: Historias del buen valle | José Luis Guerín | España, Francia
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Djéliya, mémoire du MandéBoubacar SangaréBurkina Faso, Costa de Marfil, Mali, Senegal, Francia 2026 | 112' | Competición | ★★★★☆Visions du Réel '26: Mención Especial del Jurado
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En agosto del año pasado el compositor norteamericano Jay Gambit, que trabajó en la banda sonora del documental The last Hillbilly (Diane Sara Bouzgarrou, Thomas Jenkoe, 2020) publicó en su perfil de Bandcamp la autoedición de su trabajo para Djéliya, memoire du Mandé (Boubacar Sangaré, 2026), composiciones atmosféricas que aportan una tonalidad reflexiva y casi esotérica que hubieran dado a la película un reflejo más místico. Creada a partir de su proyecto musical Crowhurst, Jay Gambit escribe en el perfil de la banda sonora que en esos momentos no sabía en qué estado de postproducción se encontraba la película, pero lo cierto es que finalmente su música no se ha utilizado, sustituyéndola por canciones africanas del reconocido percusionista maliense Baba Sissoko, que le dan otro carácter más optimista. La publicación de Jan Gambit de su banda sonora en Bandcamp nos da la oportunidad de apreciar cuál fue el acercamiento inicial a esta historia sobre un joven de Mali que decide iniciar un viaje de varios meses por África en la búsqueda de su formación como griot, el depositario de la tradición oral de su país, siguiendo los pasos de un padre, también griot, al que nunca conoció. Posiblemente el cambio de perspectiva respecto a cómo abordar este trayecto es el que ha influido en la decisión de prescindir de la música ambiental de Jay Gambit, que aportaría una mirada más introspectiva, para convertir la película en una especie de documental musical en el que las canciones de Baba Sissoko acompañan al joven Sékou en su búsqueda personal. Esta transmisión de la historia de forma oral se realizaba no solo contando relatos tradicionales, sino también a través de la música, lo que se refuerza con la propia presencia de Baba Sissoko como una especie de acompañante invisible de la travesía de Sékou. La cultura mandinga, o mandé, forma parte de la tradición de un grupo étnico muy amplio formado por trece millones de personas que se extienden desde Mali hasta Costa de Marfil, lo que antiguamente formaba parte del Imperio de Malí. El empeño del protagonista de esta historia por seguir la tradición de su padre, a pesar de que en su caso no ha podido transmitirse de forma hereditaria porque no le ha conocido, es también una búsqueda de identidad tratando de recoger la esencia del conocimiento paterno a través de otros djelis que le han conocido. Y especialmente la leyenda de Sundiata Keita, que acompaña el viaje y que forma parte de la tradición oral de la cultura mandé, convertida en una epopeya mística que acaba estableciéndole como el primer Emperador del Imperio Malí. En Djéliya, memoire du Mandé, las tradiciones y la historia de África se entremezclan para conformar un proceso que no solo es personal sino también histórico, pero reflejando la inestabilidad de una forma de transmisión que parece anclada en el pasado, en parte por las huellas de la colonización: "Nuestra generación ya no tiene ese tipo de iniciación que tuvieron nuestros ancestros. Las cosas han cambiado mucho. Yo me eduqué en una escuela de blancos. Básicamente me enseñaron desde una mirada occidental. Aunque eso no me impidió estudiar las tradiciones que me transmitió mi padre", cuenta el cineasta y griot Dani Kouyaté, cuya última película, Katanga - La danse des scorpions (2024), mezcla la tradición mandinga con una adaptación de Macbeth (1606, Ed. Cátedra) de William Shakespeare.
La intención de Sékou Timité parece navegar incluso a contracorriente, en una sociedad en la que la transmisión oral del conocimiento ni siquiera resulta necesaria, como se refleja cuando él mismo acude a una biblioteca de literatura africana y contempla una intervención del historiador senegalés Djibril T. Niane, autor del libro Soundjata ou l'épopée mandingue (1971), fallecido en 2021: "En el pasado, el djeli siempre fue visto como alguien cercano a los reyes. Eran consejeros y narradores de la Historia. Hoy esa Historia se enseña en las escuelas. No necesitamos a los djeli para conocer nuestro pasado. Pero siguen siendo importantes para la sociedad africana hoy en día. Nuestras ceremonias no estarían completas sin la presencia de un djeli". A lo largo de la segunda película del director burkinés Boubacar Sangaré, seleccionado en el Festival de Berlín por Or de vie (2023), la historia de la familia del protagonista se entrelaza con los relatos de la epopeya de Sundiata y las tradiciones históricas en torno a la cultura mandinga, construyendo una reflexiva propuesta sobre la dificultad de la pervivencia de la cultura autóctona en África, irremediablemente impregnada y contaminada por la cultura blanca impuesta durante años. En un mundo globalizado, lidiando con los conflictos étnicos perpetuos, los narradores y su papel unificador se encuentran relegados al olvido. Pero esta interacción constante entre la acción individual y el patrimonio colectivo se revela igualmente como un retrato de un joven griot de hoy, y al mismo tiempo como un ensayo poético sobre la necesidad de preservar la historia oral en un mundo saturado de imágenes y escritura instantánea. Djéliya, memoire du Mandé es también un viaje musical muy relevante, que habla de los instrumentos que han acompañado a los djeli durante siglos junto a sus canciones, como el histórico Sosso Bala, conservado como un tesoro nacional en la ciudad de Labé (Guinea). Un instrumento que se cuenta que era tocado por Sundiata, y que es el origen del resto de balafones mandé que se han extendido como un reflejo de la unidad cultural del pueblo africano.
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Alea JacarandasHassen FerhaniFrancia, Argelia 2026 | 78' | Burning Lights | ★★★★☆Visions du Réel '26: Premio del Jurado
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Otra relación paternal muy diferente es la que mantiene el director Hassen Ferhani con su padre, el periodista, escritor y crítico de arte Ameziane Ferhani, cuyo libro más conocido mundialmente es Senderos de Argel (2018), no editado en España. Fallecido en 2023 antes de que se terminara de rodar el documental, Alea Jacarandas (Hassen Ferhani, 2026) surge de las conversaciones del director con su padre como un reflejo de la historia y el desarrollo de la sociedad argelina a través de los lugares de la ciudad de Argel en los que crece la jacaranda, esos árboles en los que florecen flores violetas y que conforman un paisaje de color al iniciarse la primavera. Ameziane Ferhani se había fijado en esta colorista presencia para utilizarla como eje central del libro en preparación L’Inspecteur des jacarandas, su primera novela de ficción, y el director Hassen Ferhani se había comprometido a acompañarle y grabarle a lo largo de su recorrido por las calles de Argel donde permanecen plantados estos árboles, que llegaron como consecuencia de la colonización, otra de esas huellas que han acabado impregnando a la sociedad africana, cuando una de las primeras acciones del colonialismo francés fue la creación del Jardín Botánico en el centro de Argel, que incorporaba especies de todo el mundo que posteriormente se fueron esparciendo como especies invasoras por la ciudad. En un diálogo entre Ameziane Ferhani y su amigo, el actor Samir El Hakim, que también fue uno de los protagonistas del documental 143, rue du désert (Hassen Ferhani, 2019), ganador del premio al Mejor Director Revelación en el Festival de Locarno, Ameziane les llama "árboles exiliados", mientras que Samir apunta que son más bien "árboles deportados". Como en su anterior película, hay una representación del proceso de creación cinematográfica en el que el entrevistado a veces interrumpe al director para cuestionarle él mismo, o vemos al actor Samir El Hakim repasando el guión y los diálogos que tiene aprendidos. Se conforma así una especie de autorreflexión sobre cómo se construye una obra artística, algo que une y al mismo tiempo separa los puntos de vista de padre e hijo, el primero dedicado a la literatura y el segundo reflejándose a través de su cámara. Una idea de introducción meta-cinematográfica que surgió durante el proceso de edición y tras la necesidad de encontrar una forma de terminar la película a pesar de las grabaciones que quedaron definitivamente abandonadas tras la muerte no esperada de Ameziane Ferhani. De hecho, hay escenas rodadas con Samir El Hakim que son posteriores a su fallecimiento e incluso respuestas de Hassen Farhani posteriores a la pregunta que su padre le formula en una ocasión en la que interrumpe el texto que estaba leyendo para inquirirle: "¿Te inspiró verme escribir y leer a tomar una cámara?". Si en ese momento no escuchamos ninguna respuesta del director, en el proceso de edición decidió incorporar una escena en la que él mismo con 18 años grababa a su padre con una cámara de VHS, una interacción entre el lenguaje cinematográfico y la realidad que sirve como una clara declaración de que efectivamente hubo algo de influencia del padre en el deseo del hijo por tomar una cámara y grabar a su familia.
La jacaranda, ese "árbol del exilio" que llegó a Argel en 1838 procedente de Latinoamérica, pero traído por los colonizadores franceses, representa sin embargo para Ameziane la libertad, la imaginación y la belleza, y a lo largo de su proceso de investigación topográfica para su último libro, había documentado unos 200 árboles en diferentes lugares de la ciudad de Argel. Ésta se convierte en una coprotagonista que refleja la historia de un país que siempre ha estado zozobrando entre el deseo de libertad y la opresión a la que ha sido sometida. La panorámica de ese perfil de Argel que muestra una zona urbana de casas blancas a orillas del Mediterráneo que reflejan el paso del tiempo, se muestra tan deteriorada como hermosa. El propio Ameziane recuerda que durante la guerra civil argelina que se extendió desde 1992 hasta 2002, con la derrota del Grupo Islámico Armado, su propia vida estuvo en peligro debido a su trabajo como periodista, pero nunca se planteó salir del país. En los años setenta, durante su juventud, había estudiado en la ciudad francesa de Toulouse, pero finalmente decidió regresar: "Estaba tratando de solucionar en Francia los problemas que estaba teniendo en mi propia casa". El autor argelino era un representante de la intelectualidad de su país, pero al mismo tiempo se le retrata como una persona cercana que podía hablar sobre cuestiones más cotidianas con sus vecinos, pero siempre persistiendo en el profundo conocimiento de la historia de Argelia. Como cuando la cámara le acompaña a la placa conmemorativa de mármol romano en la calle Bab Azzoun, para recordar que bajo los adoquines de la ciudad existen tumbas que provienen de la época romana, cuando recibió el nombre de Icosium (La ciudad de las gaviotas). Estas huellas del paso de civilizaciones como los romanos, los bizantinos, los judíos y los árabes conforman la complejidad histórica de un país que parece entregado al caos. El propio título del documental hace referencia a la frase pronunciada por Julio César cuando cruzó el Rubicón: "Alea iacta est" (La suerte está echada), la misma que pronuncia Ameziane Ferhani cuando firma el contrato con un editor francés para la publicación de su próximo libro, reflejando que ya no hay vuelta atrás.
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Nicole NicoleLauren DällenbachSuiza, Francia 2026 | 81' | Competición Nacional | ★★★★☆Visions du Réel '26: Premio del Jurado
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De las relaciones familiares que estamos reflejando en nuestra crónica de Visions du Réel, una de las más complejas es la que mantienen las protagonistas de Nicole Nicole (Lauren Dällenbach, 2026), comprensiblemente premiada como mejor película suiza por la capacidad de introducir un tema difícil de dependencia emocional pero al mismo tiempo hacerlo con una extraordinaria sensibilidad. En su debut como directora, Lauren Dällenbach filma a su propia familia, pero principalmente a través de su abuela Alberte, de 87 años, y su tía Nicole, de 55 años, ambas todavía viviendo juntas y habiendo creado a lo largo del tiempo una dependencia mutua. En una villa a orillas del lago Leman, Nicole siempre ha vivido en la casa familiar junto a su madre, después de que cuando era niña se le diagnosticara un déficit cognitivo que ha acabado sobreprotegiéndola dentro de su propia familia. La madre de la directora es la hermana de Nicole que trata de hacerle entender que tiene que iniciar un proceso de emancipación de la casa familiar que debería haber comenzado hace tiempo, porque la edad avanzada y los achaques cada vez más frecuentes de su madre Alberte acercan cada vez más la posibilidad de que se quede sola. Resulta claro que Nicole es relativamente incapaz de valerse por sí misma y enfrentarse a los desafíos diarios, desde hacer la comida hasta encargarse de los gastos, pero también parece que se ha instalado en una especie de comodidad que le ha permitido no tener que hacer frente a ese tipo de problemas, siempre de alguna manera protegida por su madre. Y aunque ella es la protagonista, alguna conversación entre la directora y Alberte también muestran otro aspecto importante de la historia: "Quizás soy yo la que tiene miedo de quedarse sola", reconoce ella. Nicole Nicole expone una problemática que puede ser reconocible en muchas familias, esa cierta co-dependencia que puede provocar la falta de emancipación de alguno de los hijos del entorno familiar, aunque en este caso es más complejo. Cuando se solicita una ayuda gubernamental para que Nicole se pueda valer por sí misma, vivir en su propio apartamento con una ayuda estatal, su nivel de deficiencia cognitiva no alcanza el grado de discapacidad mental que se requiere para poder recibir el apoyo social. Ella forma parte de ese grupo de personas que tienen un ligero retraso cognitivo, pero no lo suficiente como para ser considerada discapacitada, lo que agrava el problema de encontrar un camino para la emancipación. Pero lejos de centrarse en los aspectos administrativos de la historia, la película prefiere quedarse en las escenas cotidianas, en las conversaciones íntimas y en los esfuerzos de los familiares, especialmente la hermana de Nicole, por hacerle entender que es ella la que tiene que tomar la decisión de independizarse, no como una obligación de enfrentarse a sus propios problemas, sino como una liberación para desarrollar el derecho a vivir su propia vida, una posibilidad que en realidad nunca se ha planteado porque nunca lo ha necesitado.
Es la sensibilidad con la que está contada la historia lo que provoca que Nicole Nicole sea un documental conmovedor, pero que también reflexiona sobre un cierto tipo de relación familiar que puede ser contraproducente. Es una situación en la que todos han tomado las decisiones que han considerado más convenientes para los demás, pero eso precisamente es lo que la hace más compleja. Apoyándose en la cercanía familiar, se reflejan algunas conversaciones íntimas que pueden ser dolorosas, como cuando a Nicole se le plantea la posibilidad de que su madre Alberte pueda fallecer en cualquier momento. Esa realidad que en los exámenes psiquiátricos que se le han realizado ella ni siquiera se había planteado como tangible, supone un golpe de efecto que estalla en un arrebato emocional, pero que parece necesario para entender que necesita inevitablemente disponer de un proyecto de vida que no dependa de la existencia de su madre. En la última parte de la película, Nicole experimenta junto a la directora un viaje que le hace explorar otras posibilidades, como asistir a una silent disco o disfrutar de un paseo en bicicleta, y resulta un reflejo hermoso pero al mismo tiempo significativo de cómo le ha faltado disponer de espacio propio que nunca se había planteado. La introducción de un elemento de fantasía en la historia puede recordar al tratamiento de algunos documentales anteriores, especialmente Adrianne & the castle (Shannon Walsh, 2024), en el que la representación del duelo se efectuaba a través de la tendencia a crear mundos de fantasía de su protagonista. En este caso, la afición por las fotonovelas de Nicole, esas narraciones noveladas de historias románticas que parecen reliquias del pasado, llevan a la directora a plantear la posibilidad de que ella misma sea la protagonista de su propia fotonovela. El proceso de realización de esa historia de fantasía en la que Nicole tiene la posibilidad de interpretar a diferentes personajes es uno de los momentos más divertidos de la película, envuelto en esa especie de fantasía que también en cierto modo refleja el distanciamiento de la realidad en la que ha estado viviendo durante mucho tiempo. No se trata de un elemento disperso que se incorpora a la historia, sino de un complemento adecuado para reforzar el carácter de una protagonista que necesita encontrar su propio espacio para liberarse de su propia irrealidad.
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Vacío luminosoUberto RapisardiEspaña, Francia 2026 | 87' | Proyecciones Especiales | ★★★☆☆
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Cuando está a punto de cumplirse el ciclo completo de la trayectoria internacional de la película Sirât (Oliver Laxe, 2025), con el casi inmediato inicio de una nueva edición del Festival de Cannes donde tuvo su estreno mundial el año pasado, parece interesante hacer una reflexión sobre el recorrido que ha llevado a cabo una historia singular, con una perspectiva casi se diría que mística en torno a la naturaleza humana y los falsos profetas. De manera que Vacío luminoso (Uberto Rapisardi, 2926) surge en un momento adecuado, donde es posible mirar hacia los entresijos del rodaje de la película con una perspectiva diferente, y resulta interesante escuchar la forma en que Oliver Laxe se refiere a su historia cuando acababa de rodarla, sin la contaminación de la relevancia que obtuvo más tarde, la selección en el Festival de Cannes, el éxito de taquilla en España y otros países como Francia o las nominaciones al Oscar. Son unas reflexiones mucho más puras, en una entrevista que se realizó en el hotel en el que se hospedaba en Marruecos durante los últimos días del rodaje, todavía con la adrenalina de la obra recién acabada. Rodada por Uberto Rapisardi, que trabajó como cámara en la película, Vacío luminoso no es exactamente un Making of, o al menos da la impresión de que tiene una vocación de documental más independiente que el simple reflejo del rodaje, siguiendo la línea de El peso de los sueños (Les Bank, 1982) o Corazones en tinieblas (Eleanor Coppola, Fax Bahr, George Hickenlooper, 1991), aunque obviamente el rodaje de Sirât no fue tan controvertido como los de Fitzcarraldo (Werner Herzog, 1982) o Apocalypse Now (Francis Coppola, 1979), que reflejaban aquellos documentales. Sin embargo, el enfoque del director se centra en esa especie de convivencia en una pequeña comunidad que se estableció durante el rodaje en Marruecos, en la exaltación emocional de la rave que se rodó en Toledo y con la que se inicia la película, o en la forma en que unos protagonistas que nunca habían tenido experiencia en el cine se enfrentan a un sistema de trabajo que es totalmente ajeno a lo que habían conocido (e incluso a lo que ellos mismos defienden como estilo de vida). Joshua Liam Herderson, uno de los actores no profesionales que interpretan al grupo de ravers, ofrece algunas reflexiones interesantes sobre las contradicciones a las que se enfrentaban: "La moral que refleja la película no está acorde con la forma en que está realizada. Oliver es una persona muy espiritual pero también muy ambiciosa, y la ambición devora a la espiritualidad. Él es un esclavo de esta industria". A lo largo del documental se muestra cómo hay una intención de formar parte del proyecto, pero también una dificultad para adaptarse a un sistema de producción que exige responsabilidades por el presupuesto que supone un solo minuto de rodaje. Abordando su proyecto más ambicioso, producido por Pedro y Agustín Almodóvar a través de su productora El Deseo, la presión sobre un director como Oliver Laxe que habitualmente transmite sosiego acaba estallando en alguna ocasión, y se cuenta una anécdota sobre un momento en el que necesitó apartarse del rodaje (literalmente huir) para volver a encontrarse a sí mismo en un lugar solitario.
Pueden interpretarse como una cierta impostura algunas de las reflexiones que hace el director en este documental, como cuando afirma en la entrevista que "no sé en qué momento me encuentro, si voy a seguir haciendo películas más grandes, más pequeñas, o ni siquiera si voy a seguir haciendo cine"; pero lo cierto es que Sirât nace como una búsqueda personal y al mismo tiempo artística que ofrece una manera particular de desarrollar la narrativa cinematográfica. También son significativas las elecciones que hace Uberto Rapisardi respecto a los entrevistados, más interesado en desarrollar la narrativa de la reflexión sobre las contradicciones del proceso de creación artística que en aportar una mirada más equidistante y distanciada. En este sentido, Vacío luminoso navega a favor de la corriente de la película, evitando a veces desviarse hacia una mayor objetividad. Apenas hay declaraciones de Sergi López, quizás el único actor profesional que tiene la película, pero con la capacidad para separar la ficción de la realidad, esa forma que tienen los grandes actores de establecer una barrera entre su personaje y ellos mismos. Durante el rodaje de una de las escenas más emocionantes de Sirât, el primer punto de giro impactantes de la historia, la mayor parte de los actores no profesionales están arrebatados por la emoción, mientras que el comentario de Sergi López entre toma y toma es tan despreocupado como significativo: "¿Ya estamos hartos de hacer el capullo?". El documental, que solo se construye a partir del visionado necesario de la película porque desvela sus principales giros de guión, ofrece un acercamiento inmersivo a las circunstancias del rodaje, a veces caracterizadas por elementos adversos como tormentas de arena, especialmente en las secuencias del tercer acto en el desierto de Marruecos, y afronta una introducción dentro de cómo es el funcionamiento del proceso artístico, desde la intención del director hasta cómo la estructura industrial del cine afecta directamente al desarrollo del lenguaje narrativo, a veces en una confrontación clara. Siempre manteniendo esa especie de actitud zen que tiene el director Oliver Laxe, también refleja las incertidumbres a las que se enfrenta un realizador que ha dado un paso de gigante en su carrera, desde películas pequeñas hasta un sistema de producción complejo como el de Sirât, incluso antes de su repercusión internacional.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
The last Hillbilly y Corazones en tinieblas se pueden ver en Filmin.
Or de vie (A golden life) se puede ver en dafilms.com y Truestory.
Adriane & the castle se puede ver en Plex.
Sirât se puede ver en Movistar Plus+.
Apocalypse Now se puede ver en Filmin y Movistar Plus+.
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