La 4ª edición del South International Series Festival se celebra en Cádiz entre el 30 de octubre y el 4 de noviembre, presentando una programación que se alimenta principalmente de los próximos estrenos de plataformas y canales de televisión españoles, con una breve selección de producciones internacionales inéditas. Esta será la última edición que la organización Womack Group ha decidido celebrar el festival en otoño, para trasladarse a partir del próximo año a la primavera, con fechas confirmadas entre el 30 de abril y el 5 de mayo de 2027, un movimiento que le sitúa más cerca de otros festivales de series europeos, como Canneseries, que también se traslada desde el año que viene a febrero, Séries Mania, que se celebra en marzo, y Montecarlo, que tiene lugar en junio. Y le aleja del habitual colapso de festivales de cine que se produce en España en el otoño, que en los últimos años también han acabado acaparando las presentaciones de series españolas. Precisamente, la SEMINCI de Valladolid estrenó hace unos días la miniserie Matar a un oso (Movistar Plus, 2026), que ha sido la ganadora del premio a la Mejor Serie Nacional en el festival Serielizados, donde se proyecta esta semana. En la Sección Nacional, también han recibido premios la recién estrenada Segunda temporada (Filmin, 2026) como Mejor Guión y Celeste T2 (Movistar Plus, 2024-2026) como Mejor Interpretación para Carmen Machi. Asimismo, se ha concedido una Mención Especial a la producción catalana In vitro (3Cat/HBO Max, 2026). En la Sección Internacional tampoco ha habido sorpresas, con el premio a Mejor Serie para la excelente Etty (Arte France, 2025), que hubiera merecido también el de Mejor Interpretación para su protagonista Julia Windischbauer, aunque al final ha recaído en Diane Morgan por la comedia Ann droid (Filmin, 2026-), y el Mejor Guión ha sido para la francesa Camaradas (Arte, 2026). Tomando el relevo, South International Series Festival se inicia dentro de unos días, con homenajes al guionista británico afincado en España Ronan Bennett, creador entre otras de las series Top boy (Netflix, 2011-2023), Chacal (SkyShowtime, 2024-) y Tierra de mafiosos (SkyShowtime, 2025-), aunque él no está implicado directamente en la segunda temporada, y los actores españoles Álvaro Morte y Ana Duato. En nuestro acercamiento a la programación del festival, repasamos algunos de los títulos internacionales que han sido seleccionados en las dos secciones competitivas.
Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.
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American hostageEstados Unidos 2026 | Movistar Plus, 8x50' | Inauguración | ★★★☆☆Creada por Shawn Ryan, Eileen Myers sobre una historia realDirigida por Adam Arkin, Nina Lopez-Corrado
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En algunas ocasiones se producen esas coincidencias temáticas que acaban provocando que con pocos meses de diferencia se estrenen películas o series que abordan historias similares, aunque con distintas perspectivas. En muchos casos, el origen de estas coincidencias está en que una misma idea ha pasado por diferentes estudios y ha acabado siendo retomada en algún momento por aquellos que la rechazaron. No sabemos las circunstancias sobre cómo la historia real que protagonizó Tony Kiritsis en 1977 ha acabado siendo al mismo tiempo tanto una película como una serie de productoras diferentes, pero este año han coincidido el largometraje Prime crime: A true story (Gus Van Sant, 2025) y la miniserie American hostage (Movistar Plus, 2026) abordando la misma trama: el secuestro de un agente inmobiliario que mantuvo a Estados Unidos en vilo durante 63 horas. La diferencia principal es que el punto de vista de Gus Van Sant se enfoca en la historia del secuestrador y su víctima (Bill Skarsgård y Dacre Montgomery), dejando al periodista Fred Temple (Colman Domingo) como un personaje secundario y ficcionado como un DJ de música negra, mientras que la serie tiene una mirada más colectiva pero convierte en principal protagonista al locutor de radio. De hecho, la historia está basada directamente en la estructura narrativa del excelente pódcast American hostage (Criminal Content, 2022-2023) que protagonizó Jon Hamm interpretando al mismo personaje. Es precisamente con el conocido locutor de un programa de radio del canal local WIBC de Indianápolis, con el que comienza esta serie creada por Shawn Ryan, creador del éxito El agente nocturno (Netflix, 2023-) y Eileen Myers, que ha colaborado con el anterior en otras series como Último destino (ABC, 2012-2013). Pero, al contrario que la película de Gus Van Sant, más centrada en el apartamento en el que se mantiene al rehén, la serie amplía su mirada hacia otros aspectos de la historia. Tony Kiritsis (Giovanni Ribisi) es un hombre de mediana edad que había invertido su dinero en un centro comercial con una hipoteca firmada por el padre de Dick Hall (Kristoffer Polaha), pero está convencido de que padre e hijo le engañaron para sabotear su proyecto y acabar quedándose con el terreno. Una de las imágenes más relevantes del suceso fue fotografiada por John H. Blair, ganando el Premio Pulitzer en 1978: el recorrido a pie que efectuó Tony Kiritsis apuntando con una escopeta a Dick Hall por el centro de Indianápolis usando un mecanismo llamado "dead man's wire" (el cable del hombre muerto), que consistía en un cable rodeando el cuello del secuestrado y atado a la escopeta, lo que impedía que éste pudiera hacer un movimiento de huida y que la policía disparara al secuestrador. Considerando al locutor Fred Heckman (Jon Hamm) como un hombre de confianza, Tony Kiritsis decide llamar por teléfono a su programa y convertirle en su interlocutor. De manera que la serie proporciona una mirada hacia el control de los medios de comunicación, el llamado cuarto poder, reflexionando sobre la amenaza actual que se cierne sobre él, con políticos censurando la presencia de periodistas que no se alinean con sus narrativas o gobiernos utilizándolos como daños colaterales en las guerras. En este caso, la censura que imponía la FCC al multar a los medios de comunicación por cada palabra malsonante que utilizaban se convierte en una justificación del director de la emisora para negarse, al principio, a que Tony Kiritsis sea entrevistado en directo.
Hay un cierto sentido del humor en el tratamiento narrativo, especialmente en el trabajo de dirección de los primeros episodios a cargo del actor y director Adam Arkin, que también interpreta a un personaje, y que utiliza algunos recursos propios del cine de acción de los años setenta, como la pantalla dividida. De hecho, el aspecto visual y algunos temas relacionados con una noticia convertida en un espectáculo narrado en directo tiene claras referencias a Tarde de perros (Sidney Lumet, 1975), la estupenda película protagonizada por Al Pacino como un atracador cuyo robo se convierte en un fenómeno mediático. Sobre todo en estos primeros episodios se juega de una manera divertida con los efectos de sonido al sintonizar la radio y con los elementos tecnológicos, con una estupenda creación musical-sonora en los créditos iniciales que proporciona un tono de juego. Pero a partir de mitad de temporada, especialmente a raíz de una confesión que hace el locutor de radio Fred Heckman durante una conversación con Tony Kiritsis transmitida por la emisora, en el episodio Una muestra de lo que ofrece Indianápolis (T1E4), comienza a adquirir una tonalidad más dramática, que se intensifica durante el resto de los episodios dirigidos por Nina López-Corrado. Da la impresión, sin embargo, que los apuntes sobre los medios de comunicación y los intentos de interferencia del FBI y la policía en cómo debe abordar el locutor su relación con el secuestrador, plantean un camino que no termina de recorrerse, prefiriendo un tratamiento más enfocado en los personajes. A pesar de su evidente acto criminal, Tony Kiritsis comienza a sentir el apoyo de muchos ciudadanos, con manifestaciones en la puerta de su apartamento, porque si bien sus acciones son condenables, su reivindicación parece justa. Fred Heckman es la representación de la ética periodística al negarse a mentir al secuestrador siguiendo su premisa de decir siempre la verdad, especialmente cuando le proponen convencer a Tony para que firme un acuerdo de inmunidad que es falso. Lo que le cuesta su propio puesto como director de noticias, ante la presión de su compañero periodista Ben Hairston (William Jackson Harper). Pero cuando la serie deja a un lado el interesante enfoque sobre los medios de comunicación, solo hay algunos elementos que mantienen el interés de la narrativa: la relación entre Fred/Tony y la que mantienen la esposa del primero, Barbara (Mireille Enos), y la esposa de Dick Hall, Ibby (Kat Cunning), que podría distraer la historia, pero funciona gracias a la dinámica conmovedora de dos mujeres situadas fuera del foco del protagonismo. Y sin duda resulta innecesario el episodio retrospectivo Noticias y mercados de la Luna (T1E6), que trata de establecer los antecedentes de los personajes. A pesar de esto, American hostage tiene problemas para ser tan relevante como parecía en los primeros episodios, construyendo una historia bien contada pero que a veces pierde el foco sobre los temas realmente importantes que deja entrever.
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Alguien debería prohibir los domingos por la tardeFrancia 2026 | Sundance tv, 8x30' | Oficial Ficción | ★★★★☆Creada por Isabel CoixetDirigida por Isabel Coixet
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Hay una frase que Isabel Coixet (1960, Barcelona) utiliza desde hace años como título para publicaciones, pódcast y series. En 2011 publicó el libro Alguien debería prohibir los domingos por la tarde (2011, Ed. El Aleph Editores), en el que planteaba reflexiones sobre el cine y la vida, y desde 2020 ha presentado el programa Alguien debería prohibir los domingos por la tarde en Radio 3, que se emite precisamente los domingos. Ahora traslada el mismo título a su nueva incursión en el formato de series tras la inicial Foodie love (Arte, 2019) y dirigir un episodio de la docuserie Ingredientes para la vida (Apple tv, 2024). A pesar de contar con un título idéntico, Alguien debería prohibir los domingos por la tarde (Sundance TV, 2026), una producción de Arte Francia que en España se estrenará a través de Sundance TV y se presentará oficialmente en el marco del South International Series Festival, no está directamente relacionada con los anteriores proyectos. Pero hay algunas similitudes en cuanto a los planteamientos relacionados con el arte cinematográfico y las propias inquietudes de la protagonista Louise (Liv Henneguier), una aspirante a cineasta que ha escrito el guión de una posible película en la que recrea la ficticia historia de amor entre Françoise Hardy (Louise Follain) y el cantante británico Nick Drake (Charles Gabriel) en los sesenta, que la misma Isabel Coixet describía en un artículo en El Correo hace unos años como parte de sus descubrimientos presentando el programa radiofónico: "He descubierto que las canciones de Nick Drake y Françoise Hardy se complementan bien con textos de Joan Didion" (El Correo, 12/5/2023). De manera que la serie vuelve sobre constantes temáticas que la directora catalana ha abordado como escritora y como presentadora de su programa radiofónico, pero construyendo una historia de ficción alrededor, que bebe de las referencias cinéfilas que pueden hacernos recordar a películas como París nos pertenece (Jacques Rivette, 1961). Si en aquélla un estudiante de literatura se adentra en la investigación de la muerte de un músico español por las calles de París, la capital francesa también se convierte en protagonista cuando Louise acude desde Limoges para aprovechar una beca de una escuela de cine que le permitirá discutir su guión con el aclamado guionista norteamericano Ted McKey (Tim Robbins), ganador de un Oscar pero ahora completamente vendido a la industria de Hollywood escribiendo películas de superhéroes: "El cine está muerto. Nosotros solo estamos en su funeral pretendiendo que sigue vivo", es una de sus primeras frases. Para su sorpresa, Ted McKey no está en París, sino que la mentoría se produce por videoconferencia, una decisión que no permite que exista una interacción en persona del actor norteamericano que ya participó en La vida secreta de las palabras (Isabel Coixet, 2005). Pero, por otro lado, esta relación digital a través de una pantalla es aprovechada narrativamente para establecer la distancia que separa al veterano guionista de la joven aspirante: "Nunca serás conocida si sigues escribiendo historias como ésta. Esta película no le interesa a nadie", le dice a Louise en su primer encuentro, de forma amable pero categórica. La protagonista acaba compartiendo piso con los otros dos protagonistas de la historia, que representan las vidas de jóvenes veinteañeros en un París que está mostrado huyendo de los tópicos de postal pero manteniendo una belleza reconocible. La propia Isabel Coixet afirmaba en su estreno en Francia el pasado mes de marzo que quería hacer una especie de antídoto contra Emily en París (Netflix, 2020-2026), un proyecto del que le habían ofrecido dirigir su primer episodio, pero que ella rechazó.
Aunque la ciudad que muestra la serie es un París que evita la postal de los lugares emblemáticos y se centra más en el distrito XIX a través de su multiculturalidad, no deja de ser una especie de estereotipo hipster de la capital francesa, pero funciona bien como contexto de una historia protagonizada por jóvenes que se abrazan a la melancolía. Charlie (Clara Bretheau) tiene una afección misteriosa que se irá desvelando y enlaza un trabajo precario con otro, enamorándose de Zoe (Chloé Lecerf) aunque sin saber tratarla con especial romanticismo. Es un personaje melodramático que lanza frases pretenciosas como: "Finjamos que el amor existe", pero conforme descubrimos más sobre su pasado, y sobre todo, sobre su relación con su madre Alix (Jeanne Balibar), de alguna manera se entiende su dolor y su tendencia autodestructiva. Su amigo Nelson (Théo Christine) es casi como un hermano y está haciendo un riguroso aprendizaje como itamae para dominar el arte del sushi, pero guarda en secreto su relación amorosa con Alix porque sabe que Charlie la consideraría una traición. Tratando de liberarse de esta relación, se siente atraído por mujeres maduras como Anna (Nathalie Poza), una camarera española que sabe que está enamorado de otra mujer. Los tres deciden establecer una especie de ritual que explica el título de la historia: ver una película triste los domingos por la tarde para ahuyentar la melancolía del lunes, y cada episodio adopta el título de una de esas películas, como Sans toi ni lois (T1E3) que hace referencia a Sin techo ni ley (Agnès Varda, 1985) o In the mood of love (T1E5) en referencia a Deseando amar (Wong Kar-Wai, 2000). Con un tono de nostalgia que se refleja en las escenas en Super 8 que muestran la historia de amor imaginada por Louise entre Françoise Hardy y Nick Drake, que nunca sucedió en la realidad, Alguien debería prohibir los domingos por la tarde no es tanto un reflejo de una generación de jóvenes veinteañeros en un París idílico, sino una reflexión sobre el cine y la creación artística, a veces con tendencia a impartir lecciones de cinefilia, como en las referencias algo pretenciosas a directores poco conocidos como Guy Gilles (1938, Argelia-1996, Francia). No obstante, las reflexiones sobre la melancolía por el cine en un medio tan poco cinematográfico como una plataforma de streaming no dejan de presentar una mirada irónica. Más precisa conforme se desarrollan los episodios, la serie va descubriendo algunos aspectos que los protagonistas mantienen en secreto, y destacan especialmente algunas secuencias singularmente conmovedoras, como la despedida entre Nelson y Alix en el episodio The last picture show (T1E7), en referencia a La última película (Peter Bogdanovich, 1971). La representación de París proviene de la idealización de una experiencia vital de la propia Isabel Coixet, que llegó a la capital francesa para estudiar en La Sorbona cuando tenía 22 años, y cuyas vivencias fueron menos amables que las que retrata en el caso de Louise. De manera consciente, hay una reescritura de su propia vida que se refleja en unos personajes generalmente positivos, aunque a veces caiga en ciertos estereotipos del melodrama característico de su cine. Pero la serie consigue momentos de sensibilidad poética que están entre lo mejor de Isabel Coixet, sobre todo en los dos últimos episodios, en los que describe la ruptura y el reencuentro, estableciendo un juego de espejos del cine dentro del cine que acaba resultando bastante conmovedor.
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Breitscheidplatz 19/12 (Blindspot Berlin)Alemania 2026 | ARD/NDR, 6x45' | Oficial Ficción | ★★★★☆Creada por David Marian, David NawrathDirigida por David NawrathFestival de Toronto '26: Primetime
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Detrás de un grave atentado terrorista hay, indudablemente, un grave fallo de seguridad, pero los secretos oficiales y la falta de transparencia en muchos casos acaban alimentando las narrativas alternativas y las teorías conspirativas. Es lo que plantea el creador y director de esta serie, David Nawrath (1980, Alemania) al querer abordar los acontecimientos sucedidos durante los meses previos al atentado yihadista ocurrido en el mercado navideño de Breitscheidplatz el 19 de diciembre de 2016. Con un estreno previsto para el 30 de octubre en Alemania, la miniserie construye personajes ficticios, pero está basada en los resultados de una comisión de investigación parlamentaria que llegó a la conclusión de que la policía criminal que investigaba a Anis Amri, el autor material del atentado, y a otros sospechosos tenía una grave falta de personal, que las autoridades judiciales y de seguridad no coordinaron el intercambio de información y que los funcionarios cometieron graves errores de juicio. Las solicitudes de asilo de Amri fueron rechazadas, pero nunca fue deportado, e incluso cuando trató de salir de Alemania unos meses antes de cometer el atentado, la policía fronteriza le impidió la salida porque no contaba con la documentación adecuada. El 19 de diciembre, Anis Amri asesinó al conductor polaco de un camión de mercancías y lo dirigió hacia el mercado navideño de Breitscheidplatz en Berlín, matando a 12 personas y dejando a decenas heridas. En 2021, una víctima más falleció debido a las secuelas de las lesiones que le provocó. Aunque la oleada de graves atentados terroristas perpetrados en Europa por el Estado Islámico ha remitido, el nivel de peligro sigue siendo alto, y este pasado mes de julio otro terrorista embistió con una furgoneta de reparto a las personas que participaban en una celebración en Berlín, matando a una de ellas. Blindspot Berlin (ARD, 2026) es un tenso thriller que sigue a la vigilancia que los investigadores antiterroristas efectuaron hacia el círculo salafista del predicador Abu Walaa, del que se sospechaba que lo utilizaba para captar seguidores del Estado Islámico. La historia transcurre de forma cronológica desde 2015, estableciendo una cuenta atrás de los meses previos que quedan hasta el atentado de 2016. Frank Laudin (Albrecht Schuch) es un oficial de seguridad estatal en Renania del Norte-Westfalia, que vigila al estudiante de medicina Baran Soylu (Doguhan Kabadayi) en su intento de unirse a un grupo terrorista. Para llegar a los predicadores del odio que radicalizan a los jóvenes, Laudin introduce a un informante en los círculos del Estado Islámico: el exconvicto Murat Cem (Tamer Trasoglu), que se convierte en un infiltrado arriesgando su vida. En el círculo salafista conoce a Anis Amri (Wael Alkhatib), un joven solitario, inestable y propenso a la violencia. Mientras tanto, la agente y traductora Isra Al-Husseini (Bayan Layla), que huyó de Irak con su familia, también está investigando a Murat Cem sin saber que es un informante, pero el experto del BKA (Oficina Federal de Investigación Criminal), Heyse (Hanno Koffler), considera a Amri como un pez pequeño dentro de las cédulas islamistas en Alemania.
A lo largo de un año en el que se producen algunos graves atentados en Europa, como el ataque contra la sala Bataclan y otras zonas de París o el atropello mortal con un camión en la ciudad de Niza, la información que recibe Frank Laudin parece indicar claramente que Alemania podría ser objeto de otro atentado, pero sus advertencias no son escuchadas por los oficiales a cargo de la lucha antiterrorista. Blindspot Berlin se centra en los personajes, estableciendo una narrativa que se desarrolla de dentro hacia afuera, en vez de enfocarse en la investigación usando a los protagonistas como solo como soportes de la historia. Por el contrario, tiene un especial cuidado en mostrar las consecuencias que el obsesivo trabajo de Frank Laudin provoca en la relación con su esposa Claudia (Sina Martens) y las dificultades que tiene para Isra trabajar en un cuerpo de seguridad alemán debido a su origen iraquí, no solo por los prejuicios que provoca en su propio entorno, sino también por las amenazas que recibe cuando se enfrenta a sospechosos de formar parte del Estado Islámico. Pero el personaje más interesante es el de Murat Cem, el ex-convicto que decide aceptar la oferta de infiltrarse dentro de los círculos de captación de seguidores yihadistas, y cuya vida acaba poniéndose en peligro en más de una ocasión, debido a las sospechas que comienzan a surgir de que existen filtraciones dentro del grupo. La serie mantiene la tensión a lo largo de los seis episodios, revelando un escenario de instituciones desbordadas, fallos sistémicos y una ceguera ante la amenaza evidente. El atentado provocó una gran conmoción en Alemania, no solamente por la cifra de muertos y heridos, sino porque planteó un dilema profundo en torno al Estado de derecho, la democracia occidental, la tensión entre seguridad y libertad, y la colisión entre tolerancia e islamofobia. La dimensión política surge del conflicto, y en cierta manera puede ser considerado como uno de los catalizadores de la deriva hacia la extrema derecha y las narrativas antiinmigración que se han producido en Alemania en los últimos años. En este sentido, el director David Nawrath también menciona la conciencia de que la propia serie puede ser utilizada por este tipo de narrativas populistas para reforzar sus discursos racistas y xenófobos, aunque claramente ofrece una mirada hacia el extremismo que surge de la marginación y el aislamiento. Hay que alabar el tratamiento visual que ofrece del atentado, evitando imágenes violentas pero envolviéndolo en un silencio que lo hace más sobrecogedor. Y también la música electrónica y casi industrial de la compositora Dascha Dauenhauer (1989, Rusia), que refuerza la tensión y crea una atmósfera cada vez más opresiva. Blindspot Berlin pretende ser meticulosa en el tratamiento de la información que ofrece, salida directamente de la comisión de investigación, pero creando tres personajes centrales ficticios que sirven para construir la narrativa adecuada. Puede ser menos intensa que otras propuestas similares como la película Novembre (Cédric Jimenez, 2022), sobre la investigación tras los atentados de París, pero es minuciosa y precisa sin perder su condición de thriller de investigación.
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LIS (Still breathing)Noruega 2026 | NRK, 8x45' | Oficial Ficción | ★★★★☆Creada por Karianne Lund, Nicolai MolandDirigida por André Chocron, Ida Sagmo Tvedte
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Después de la pandemia del coronavirus, y esto no parece una casualidad, la tendencia de los dramas hospitalarios ha pasado de elaborar historias de tono casi de telenovela, a centrarse en aspectos más realistas. Ya en la década de los 2000, con series como House (SkyShowtime, 2004-2012) había un enfoque más personalizado en los aspectos humanos, pero la principal novedad que trajo la atención mediática hacia el trabajo de los profesionales de la medicina durante el confinamiento fue una preocupación de los guionistas por ofrecer a los espectadores ambientaciones más realistas y crudas del funcionamiento de los hospitales y las condiciones de trabajo de sus profesionales. Películas recientes como Turno de guardia (Petra Biondina Volpe, 2025) o La otra víctima (Zinnini Elkington, 2025) han mostrado la tensión de las largas jornadas laborales, y sus consecuencias. Por supuesto, muchos pueden nombrar la influencia de The pitt (HBO Max, 2025-) en este tipo de tratamientos, pero lo cierto es que series como la alemana Push (ZDF, 2024-) o las danesas La enfermera (Netflix, 2023) y Dia i nit (3Cat, 2022-2024), ya lo habían hecho con anterioridad, con la circunstancia de que resulta extraño sentirse más identificado con una producción norteamericana que con producciones europeas, cuando ambos sistemas sanitarios son radicalmente diferentes. Lo que sí ha proporcionado el éxito de la serie norteamericana es una mayor disponibilidad de las cadenas de televisión a abordar estos dramas médicos, y la televisión pública noruega ha tomado el testigo con su primer drama hospitalario, LIS (Still breathing) (NRK, 2026-), cuyo título original adopta el término que especifica el denominado lege i spesialisering (médico especialista), que abarca un período de intervención de los aspirantes a obtener el título, de doce meses en las urgencias de un hospital y seis meses en el servicio de salud municipal, lo que se denomina como LIS1, la primera de las tres fases de prácticas que se deben desarrollar para conseguir la titulación. La joven doctora Petra (Elpida Stojcevska) se encuentra en esta primera fase comenzando a trabajar en el ala quirúrgica de un hospital regional dirigido por el jefe médico Bjørn Ivar (Henrik Rafaelsen), enfrentándose a continuas reestructuraciones de personal que pretenden recortar el presupuesto. El retrato de un sistema sanitario público que siempre se desequilibra entre unas partidas presupuestarias cada vez más reducidas es uno de los reflejos más interesantes de una serie que también consigue construir personajes que se sitúan en un delicado límite moral. Aunque al principio Petra ofrece una visión externa, como recién llegada, de las implicaciones de decisiones complejas en las que hay que predominar la permanencia o no de determinados pacientes en favor de otros porque no hay camas suficientes, pronto algunas de sus propias decisiones tienen también consecuencias. En el episodio Turno de noche (T1E1), cuando se enfrenta a su primera guardia nocturna, salva la vida a una paciente que entró en colapso, pero sin saber que esta paciente había firmado la "orden de no reanimación", lo que provoca una queja interna por parte del enfermero Eivind (Kenneth Homstad), que podría tener consecuencias graves para su carrera. Aunque la serie a veces cae en la típica introducción de relaciones sentimentales entre algunos de los profesionales médicos, trata de darle un cierto giro al hacer que Eivind tenga una relación secreta con el jefe médico Bjørn, pero no puede evitar el estereotipo de esta clase de encuentros clandestinos, a pesar de que la posible bisexualidad de éste no supone ningún problema para su hijo Joakim (Deniz Kaya) que también es uno de los médicos del hospital. Aunque juega un papel secundario, el pragmatismo que podría confundirse con cinismo por parte del cirujano Anders (Anders Baasmo) refleja el lado más despiadado de un sistema sanitario que necesita adoptar decisiones rápidas pero al mismo tiempo aparentemente poco solidarias con los pacientes: dar de alta para desocupar una cama a pesar de que necesite atención médica, elegir quién es merecedor de una operación urgente antes que otro, trasladar a un paciente al hospital central en ambulancia o en helicóptero... Cada una de las decisiones no solo supone una cuestión de vida o muerte, sino también un conflicto presupuestario. Pero mientras médicos veteranos como Anders o Bjørn han conseguido alcanzar un cierto grado de equilibrio psicológico, una joven novata como Petra se enfrenta a conflictos morales complejos, a pesar de que esto suponga reproches por parte de algunos compañeros como Eivind: "No se trata de lo que tú sientes. Solo te importa sentirte bien contigo misma. No ves el panorama general porque eres una pésima profesional", le dice en el episodio Paro cardíaco (T1E7). Still breathing parece mirar hacia las palabras del ex-ministro de Sanidad Bent Høie cuando se refería en 2014 a la necesidad de establecer prioridades en la atención sanitaria debido a que los recursos no son inagotables. Pero la serie nos coloca delante de las consecuencias reales de esta priorización, las que sufren los pacientes que no son atendidos adecuadamente y los médicos que tienen que enfrentarse a estos conflictos éticos. Creado por Karianne Lund (1974, Noruega), una de las guionistas más reconocidas de la televisión noruega por series como Occupied (Prime Video, 2015-2020) o la comedia Hybris (NRK, 2023), este drama médico no solo ha conseguido más de un millón de espectadores en su estreno, siendo uno de los mayores éxitos recientes de NRK, sino que ha generado un debate sobre el sistema sanitario. Estrenando su primera temporada en Noruega el pasado mes de abril, acaban de terminar las emisiones semanales de su segunda temporada, que se estrenó a finales de septiembre, y el canal público ya ha confirmado una tercera temporada para el año que viene.
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Snake killerDinamarca 2026 | Prime Nordic, 4x50' | Oficial Ficción | ★★★★☆Creada por Anders ØlholmDirigida por Anders Ølholm, Kaspar MunkCanneseries '26: Competición
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Estrenada el pasado mes de enero en Prime Video, pero solo en algunos territorios entre los que no está España, esta propuesta ultraviolenta y sucia en torno a policías corruptos puede sonar a películas como Training day (Antoine Fuqua, 2001), y de hecho se trata de uno de sus referentes visuales junto a Serpico (Sidney Lumet, 1973), pero está inspirada en una brigada de la policía danesa que existió realmente, la unidad policial de Copenhague conocida como uropatruljen, que funcionó entre 1965 y 2001, casi siempre rodeada de controversia por sus métodos poco convencionales, y a veces claramente difusos en cuanto a los límites legales, para combatir el narcotráfico. De hecho, el proyecto nació porque uno de los antiguos componentes de esta unidad se puso en contacto con la productora para ofrecer la posibilidad de contar detalles sobre su funcionamiento, principalmente apoyado en una red de informantes que eran extorsionados por la policía proporcionándoles drogas, al mismo tiempo que algunos de los cargamentos decomisados nunca llegaban a los depósitos de la comisaría. A partir de esta propuesta, Anders Ølholm (1983, Dinamarca), director de la muy exitosa Shorta. El peso de la ley (2020), también centrada en una patrulla policial, elabora un guión de ficción que incorpora algunos de los detalles proporcionados en torno a esta unidad de investigación, pero también se inspira en el libro Hærdet (2021), escrito por el ex-policía René Dahl Andersen en colaboración con Casper Fauerholdt. El punto de partida es el habitual en este subgénero de corrupción policial: la incorporación de la joven agente de policía Louis Knudsen (Mira Elisa Obling) a la uropatruljen, no solo por sus méritos sino sobre todo como una forma de aportar diversidad de género a la policía de cara a la sociedad, pero siempre bajo las suspicacias de los componentes masculinos de la patrulla. Entre ellos destacan el explosivo Brian Petersen, conocido como Smiley (Pilou Asbæk), y su veterano compañero Jim Nølse (Lars Ranthe), dos policías de la vieja guardia que tienen sus propios métodos y conocen perfectamente cómo funcionan las zonas más afectadas por el tráfico de drogas, convirtiéndolas en territorios sobre los que ellos mismos se han adjudicado el control. En este caso, el thriller policial Snake killer (Prime Video, 2026) se desarrolla en el barrio de Vesterbro a principios de la década de los 2000, lo que le proporciona a la serie ese tono apagado de thriller de los años setenta que claramente se inspira en títulos clásicos como Taxi driver (Martin Scorsese, 1976), incluso en alguna imagen de Smiley en un coche que parece emular a Travis Bickle en su taxi, pero también bebe de los policíacos de textura europea como French connection (William Friedkin, 1971), con referencias directas a títulos italianos: el episodio Skader uforeneligt med liv (Las lesiones son incompatibles con la vida) (T1E2) utiliza en los créditos finales el tema principal de Stelvio Cipriani para la película Fiel a su mandato (Roberto Infascelli, 1973). La serie se beneficia de un reparto excelente, con los estupendos Pilou Asbæk y Lars Ranthe, dos nombres destacados del cine y la televisión daneses, cruzando miradas que revelan una confianza marcada por los años de trabajo juntos, y algunas incorporaciones que encajan perfectamente, como la del cantante danés Joey Moe interpretando a otro de los policías de la unidad.
Pero la búsqueda del asesino de uno de los principales informantes de Smiley se convierte en una misión mucho más peligrosa de lo habitual, absorbiendo a los protagonistas dentro de los lugares más oscuros de las mafias del narcotráfico, así como enfrentándoles a traiciones inesperadas en un desarrollo que se va haciendo cada vez más oscuro y violento. Comparada con la trilogía de Pusher. Un paseo por el abismo (Nicolas Winding Refn, 1996), con la que comenzó su filmografía uno de los directores daneses más singulares, quizás es una referencia demasiado elevada para una serie que nunca termina de ser tan impactante ni tan violenta. Snake killer no consigue ser tan desasosegante como los thrillers a los que homenajea, a pesar de moverse en entornos claustrofóbicos, aunque la excelente banda sonora electrónica de Martin Dirkov (1979, Dinamarca) recuerda a las sonoridades de la música de Brad Fiedel para los thrillers de los años ochenta. Sus cuatro episodios permiten que la historia no se ande con rodeos y se dirija directamente a los infiernos que habitan sus personajes, tanto los exteriores como los interiores, aunque esto también provoque una falta de profundidad en el retrato de algunos de ellos. Louis Knudsen acaba quedando como una espectadora que desde mitad de temporada prácticamente queda reducida a un personaje secundario, porque son más relevantes los entresijos de este grupo de policías que toman decisiones más controvertidas que la visión éticamente equilibrada de la agente novata. El trabajo de dirección es adecuadamente contundente, repartido entre los dos primeros episodios dirigidos por Anders Ølholm y los dos últimos bajo la dirección de Kaspar Munk (1971, Dinamarca), quien el año pasado estrenó el muy interesante thriller económico germano-danés El dinero de otros (Filmin, 2025). Técnicamente impecable, la serie proporciona a Pilou Asbæk ese tipo de personajes psicológicamente complejos que tan bien sabe interpretar, una especie de Harry el sucio danés que coloca el resultado y sus propios intereses por encima de la legalidad o los métodos convencionales, y cuya sonrisa a la que hace referencia su apodo Smiley, es una referencia de humor negro hacia sus métodos expeditivos. Con algunas escenas muy violentas, Snake killer dibuja dilemas morales y traumas personales que no terminan de traspasar la superficie, y en ese sentido se queda a medio camino de lo que se podría esperar de ella. Pero es un thriller que termina atrapando por los escenarios opacos en los que se desarrolla y el retrato intensamente claustrofóbico de una ciudad de Copenhague que parece más distópica incluso que los entornos urbanos de Blade runner (Ridley Scott, 1982).
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Trade secret: The polar bear marketAustralia, Reino Unido 2025 | Documental 98' | Oficial No Ficción | ★★★★☆Producido por Adam McKayDirigido por Abraham Joffe
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Uno de los documentales más controvertidos estrenados en los últimos meses aborda el comercio legal relacionado con especies en peligro de extinción, centrándose en el oso polar que se incluye en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), con una población estimada de entre 22.000 y 30.000 ejemplares en todo el mundo, y sometido a una de las amenazas más peligrosas a causa del cambio climático y el deshielo de las zonas en las que habita. A pesar de ello, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), un acuerdo global en el que los países que lo conforman se reúnen periódicamente para establecer una jerarquía de especies animales y vegetales que pueden comerciarse debido a que no están en peligro grave de desaparición, mediante tres Apéndices, se ha negado sistemáticamente a cambiar la clasificación del oso polar desde el Apéndice II (especies que no se consideran en peligro pero cuyo comercio debe ser controlado), al Apéndice I, que prohíbe todo tipo de comercio debido a la disminución de la población y la amenaza de extinción. El documental Trade secret: The polar bear market (Abraham Joffe, 2025), que en algunos países se ha estrenado como miniserie de dos episodios, denuncia con nombres y apellidos a los causantes de esta situación: la de una especie amenazada que sin embargo es sometida a un mercado internacional tan discreto que ni siquiera aparece en los medios de comunicación. El primer responsable que se menciona es el gobierno de Canadá, que se niega sistemáticamente a renunciar a una de sus fuentes económicas rentables, bajo la excusa de unas comunidades indígenas que viven de la caza de especies como el oso polar o las focas. Sin embargo, en el documental se muestra el ejemplo de una comunidad inuit en Kaktovik (Alaska), que aprovecha las temporadas de avistamientos de osos polares para el turismo, y que considera que seguir matando a las manadas de osos puede provocar su desaparición. Pero conforme se desarrolló la investigación de seis años efectuada por el director Abraham Joffe, la historia se enfocó progresivamente en la relevancia que ha tenido el asesoramiento de la organización no gubernamental WWF, que suele utilizar la imagen del oso polar para sus campañas de marketing en las que refleja su defensa de las especies en peligro, para que las votaciones del CITES acaben decantándose hacia un lado u otro. Antes de mostrarse en el documental, los resultados de la investigación fueron publicados en el periódico The Guardian en febrero de 2025, afirmando que WWF ayuda a facilitar el comercio de pieles de oso polar, lo que parece una contradicción con sus propios preceptos. La organización ha lanzado un comunicado afirmando que es falso que realicen presiones a la CITES y amparándose en estudios científicos para mostrar que el oso polar aún no está en una situación de peligro, y que incluso el comercio puede ayudar a la especie. Pero la realidad está en las cifras: a pesar de su vulnerabilidad, los osos polares son cazados comercialmente en Canadá, el único país que aún permite esta práctica tras su prohibición en Rusia, Groenlandia, Estados Unidos y Noruega. Entre 2002 y 2021, se exportaron más de 4.000 pieles. Si bien las exportaciones disminuyeron en años posteriores, entre 2015 y 2021 se exportaron un promedio de 150 pieles anuales, cuyos compradores son principalmente chinos, llegando a alcanzar precios de hasta 60.000 dólares.
Hay dos partes bien definidas en este largometraje documental: una primera que se enfoca en la existencia del comercio de pieles, cabezas y colmillos de osos polares y otra que se centra en el trabajo del periodista de investigación Adam Cruise y su intento de conseguir que la siguiente reunión de la CITES pudiera cambiar la inclusión del oso polar en sus apéndices. En un principio, parece recibir el apoyo de algunas organizaciones no gubernamentales noruegas, teniendo en cuenta que el archipiélago de Svalbard es uno de los que acoge a una mayor población de osos polares, pero poco a poco se demuestra que el gobierno noruego, a pesar de su posicionamiento en contra del comercio de esta especie, no está muy dispuesto a enfrentarse a países como Canadá. La cuestión principal está en si el comercio resulta sostenible para la especie o no, pero mientras la postura de WWF defiende que lo es, la Red de Supervivencia de Especies (SSN), que coordina las actividades de más de ochenta organizaciones de conservación, medio ambiente y protección animal de todo el mundo, se ha opuesto al comercio en relación con los osos polares, estableciendo su criterio en las últimas cuatro reuniones de la CITES. Trade secret: The polar bear market quizás se enfoca demasiado en la organización WWF en la última parte del documental, pero las continuadas negativas de los responsables de la ONG a dar explicaciones sobre su postura y a ser entrevistados indica que no se encuentran en una posición cómoda cuando tienen que justificar este apoyo al comercio frente a los más de 5 millones de socios que tienen en todo el mundo. El tema del oso polar es continuamente evitado por los dirigentes de WWF, lo que provoca inevitables sospechas de que puede haber un trasfondo de intereses económicos mucho más profundo. La postura de ex-directivos de WWF como Jean-Paul Jeanrenaud, que trabajó para la organización benéfica durante 27 años, denuncia incluso la capacidad de influencia que tiene esta ONG. Independientemente de los posicionamientos de los implicados y quizás de una cierta mirada particularmente subjetiva de los responsables del documental, lo más devastador que transmite Trade secret es la capacidad del hombre para establecer clasificaciones entre especies que merecen o no merecen ser comerciadas, teniendo en cuenta que su objetivo no es la supervivencia alimentaria, sino una cuestión de egocentrismo: las pieles de los osos polares acaban siendo alfombras en las casas de los compradores y las cabezas de estos hermosos animales que solo deberían verse en su entorno natural, se exhiben como trofeos en las paredes.
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The oligarch and the art dealerDinamarca, Francia, Países Bajos, Suiza, EE.UU. 2026 | DR, 3x60' | Oficial No Ficción | ★★★★☆Producida por Christoph Jörg, Miriam NørgaardDirigida por Andreas DalsgaardSundance '26: Episodic | CPH:DOX '26: Premiere EspecialVisions du Réel '26: Proyección Especial
Canneseries '26: Competición Docuseries
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Desde su estreno en el pasado Festival de Sundance esta producción europea ha conseguido tener un recorrido extenso por algunos festivales de documentales y series que solemos cubrir En Primera Fila, teniendo proyecciones especiales en CPH:DOX y Visions du Réel, y compitiendo en Canneseries. The oligarch and the art dealer (DR/Arte, 2026) se enfoca en una de las mayores batallas legales que se han producido en los últimos años en el mundo del arte, pero sobre todo desvela a través de la compleja relación entre un oligarca ruso y un marchante de arte suizo, cómo el comercio de arte se ha convertido en una intrincada red de favores e influencias en la que conceptos como fraude y verdad se difuminan cuando el dinero y el poder controlan las narrativas. La investigación de este caso comenzó durante la producción del documental The lost Leonardo (Andreas Koefoed, 2021), que indagaba sobre la obra Salvator Mundi (1490-1500), atribuida a Leonardo Da Vinci, que alcanzó en 2017 la cifra récord de 450,3 millones de dólares en la casa de subastas Christie's, sin conocerse la identidad del comprador hasta que The New York Times desveló que fue el príncipe saudí Mohamed bin Salmán, al que se ha implicado en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Si bien esta famosa subasta que alcanzó el récord de la obra más cara en toda la historia forma parte del episodio La batalla por miles de millones (T1E3), el relato comienza algún tiempo antes, centrándose en la relación comercial y personal que mantuvieron los dos protagonistas de esta historia: el multimillonario Dmitry Rybolovlev (1966, Rusia) fue uno de los muchos oligarcas que consiguieron su fortuna tras la caída de la Unión Soviética, mientras Boris Yeltsin vendía empresas estatales, e incluso estuvo un tiempo en la cárcel acusado de planear el asesinato de un socio comercial. Algunas de sus empresas fueron controladas por los aliados de Vladimir Putin, mientras se trasladó a Ginebra, y acabó siendo propietario del equipo de fútbol Monaco AS. Por su parte, Yves Bouvier (1963, Suiza) se hizo famoso por controlar los llamados "puertos francos", grandes almacenes situados en aeropuertos donde los multimillonarios guardan parte de sus bienes artísticos sin tener que pagar impuestos, algunos de los cuales se considera que contienen un valor económico en obras de arte mayor que el de cualquier museo del mundo. Yves Bouvier servía como intermediario para transacciones de obras de arte que él adquiría y posteriormente vendía bajo una comisión del 2%, aunque llevándose también el margen de beneficio. La relación entre ambos comenzó cuando Dmitry Rybolovlev depositó la obra Le Grand Cirque (1956) de Marc Chagall, en una de las zonas francas controladas por Yves Bouvier. Éste se ofreció a localizar el certificado de autenticidad de esta pintura, aunque no le dijo a Rybolovlev que en realidad ya conocía al antiguo propietario de la obra y fue sencillo conseguir la certificación. Pero el oligarca se impresionó de tal manera que le convirtió en su marchante de arte, adquiriendo a lo largo de los años obras de artistas como Klimt, Gauguin, Modigliani y Matisse. Se calcula que el magnate se gastó más de 2 billones de dólares a lo largo de varios años, o al menos esa fue la cifra por la que demandó a Yves Bouvier después de comprobar que las obras compradas habían sido adquiridas por el marchante suizo únicamente para revendérselas al ruso duplicando su precio, y muchas veces sin ni siquiera pagarlas hasta que recibía el dinero de su venta.
The oligarch and the art dealer contiene una entrevista con el propio Yves Bouvier, pero el carácter reservado y poco amigo de la imagen pública de Dmitry Rybolovlev provoca que su versión solo la conozcamos a través de algunos de sus abogados. El suizo defiende que únicamente actuó como un marchante de arte que encuentra el beneficio en los márgenes por los que vende sus obras, y que es el comprador el que acepta el precio, mientras que la acusación del círculo cercano del empresario ruso es que fue sometido a una estafa. La trama desarrollada a lo largo de varios años expone los hechos y la versión de Yves Bouvier, proponiendo un trabajo de investigación que encuentra zonas oscuras tanto en un lado como en otro, lo que incluso llegó a provocar la dimisión de un Ministro de Justicia de Mónaco por tráfico de influencias debido a sus conexiones personales con Rybolovlev en el mismo momento en el que se estaba llevando a cabo el juicio contra Yves Bouvier. Esta no es una historia de víctimas y culpables, sino una representación de la lucha de poder entre dos personajes controvertidos. Pero lo más interesante de The oligarch and the art dealer, construido como un thriller in crescendo que establece momentos de tensión conforme se desarrolla, es la forma en que desvela los mecanismos de influencias que se establecen dentro del comercio de arte, e incluso la implicación de algunas casas de subastas prestigiosas en estos entramados. El propio Dmitry Rybolovlev también demandó a la casa de subastas Sotheby's por considerar que estaba al tanto de las estrategias fraudulentas de Yves Bouvier, que se convirtió en un colaborador habitual de esta compañía, aunque fue absuelta en un juicio celebrado en Nueva York. Se trata de un mundo tan intrincado y complejo que lo que menos importa es el valor artístico de las obras que se mercadean, que son consideradas simplemente como bienes económicos que ofrecen una cierta seguridad a las grandes fortunas, una inversión que se beneficia de un control más bien tenue por parte de las administraciones públicas. El título original de esta producción principalmente danesa es más significativo que el internacional: Velkommen til Pengeland (Bienvenido a la tierra del dinero) dice mucho más sobre el trasfondo de una docuserie que profundiza en un mundo generalmente opaco en el que ninguno de los personajes resulta plenamente fiable, ya que todos tienen motivos para distorsionar la verdad. Aunque está basada en una amplia documentación de testimonios, correos electrónicos, mensajes, registros financieros y actas judiciales, la historia se reconstruye a partir de momentos destacados para contrastar lo que los implicados afirman que sucedió con lo que sugieren las pruebas. El mejor episodio es, precisamente, La batalla por miles de millones (T1E3), en el que se describe el proceso judicial al mismo tiempo que la estrategia de daño reputacional que llevaron los dos protagonistas enfrentados, al margen de la justicia, sobre todo en los medios de comunicación. Ofreciendo un relato que no solo registra una disputa legal, sino que aborda la ambición humana, el derecho a defenderse, el ego y la codicia.
American hostage se estrena el 5 de noviembre en Movistar Plus.
Alguien debería prohibir los domingos por la tarde se estrena el 10 de noviembre en Sundance tv.
Matar a un oso se estrena el 10 de diciembre en Movistar Plus.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
Prime crime: A true story, Tarde de perros, Turno de guardia y La otra víctima se pueden ver en Movistar Plus.
La vida secreta de las palabras se puede ver en Filmin y RTVE Play.
Sin techo ni ley se puede ver en Acontra+.
Deseando amar se puede ver en Filmin, Prime y RTVE Play.
La última película se puede ver en Filmin.
Training day se puede ver en Atresplayer, Movistar Plus, Netflix y Prime.
Serpico se puede ver en FlixOlé y Movistar Plus.
Taxi driver se puede ver en Filmin y Tivify.
French connection. Contra el imperio de la droga se puede ver en Disney+.
Pusher. Un paseo por el abismo se puede ver en Fubo.
Blade runner se puede ver en HBO Max, Movistar Plus y Prime.
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