El lunes 19 de octubre se inaugura la 13ª edición de Serielizados Fest con la serie catalana In vitro (3Cat/HBO Max, 2026), que se estrena ese mismo lunes en las dos plataformas y con la programación presencial que se extenderá en Barcelona hasta el 28 de octubre. Este año, el formato online que se puede visionar a través de Filmin estará disponible un poco más tarde, entre el 10 y el 22 de noviembre. En la competición Nacional participan algunas producciones españolas destacadas como Matar a un oso (Movistar Plus, 2026), que inaugura la Seminci de Valladolid unos días antes, Segunda temporada (Filmin, 2026), la nueva producción de la plataforma catalana que se estrena el 27 de octubre, y la temporada 2 de Celeste (Movistar Plus, 2024-2026). También se proyectarán otras series españolas en diferentes secciones como Sicarios (Movistar Plus, 2026), una docuserie de Carles Porta, Justo: El poder d’una veu (3Cat, 2026), una biografía del comunicador Justo Molinero, la webserie antológica y futurista Future manifest (2026), creada por Marc Martínez Jordán, y Episòdic: El principi d’Arquimedes (Betevé, 2026), la primera temporada de la serie antológica producida por la televisión local de Barcelona y Serielizados que clausurará la programación presencial del festival. Entre los invitados de este año se encuentran el guionista Steven Moffat (1961, Reino Unido) y su esposa Sue Vertue, productora de sus series, que este año están realizando una gira por festivales como Séries Mania y hace unos días el MIPCOM para presentar su nueva comedia Number 10 (BBC, 2026). El creador de Sherlock (Disney+, 2010-2019) y Douglas is cancelled (SkyShowtime, 2024) y responsable de dos etapas de Doctor Who (Disney+, 2005-2021, 2023-2024) ofrecerá una Masterclass, y en nuestras crónicas de Séries Mania podéis encontrar un resumen de su intervención en el festival francés. Otro invitado que estuvo en Séries Mania es Hagai Levi (1963, Israel), que ahora presenta en España su excelente miniserie Etty (Arte, 2026) en la competición internacional y también ofrecerá una Masterclass. Precisamente, nuestro primer repaso a la programación de Serielizados Fest está dedicado a las series que componen la competición internacional del festival, que se podrán ver a lo largo de la próxima semana en Barcelona.
Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.
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EttyMiniserie | Arte | Francia, Alemania, Países Bajos 2025 | 6x52' ★★★★★ Creada y escrita por Hagai Levi sobre los diarios de Etty HillesumDirigida por Hagai LeviFestival de Venecia '25: Fuera de concursoSéries Mania '26: Proyección Especial
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Presentada en el Festival de Venecia de 2025 y seleccionada en Séries Mania, la última propuesta de Hagai Levi (1963, Israel) se estrenó con una breve trayectoria por salas de cine tanto en Israel como en Francia, como un largometraje dividido en dos partes antes de su emisión en plataformas. Curiosamente, Serielizados Fest será el único festival en el que se proyecten solo los dos primeros episodios, porque tanto en Venecia como en Séries Mania (haciendo una excepción) se pudo ver completa. De hecho, Etty (Arte, 2025) surgió primero como una propuesta de largometraje que, según el creador, necesitó expandirse hasta una estructura de serie. Sin duda se trata de la mejor obra de Hagai Levi, creador de las versiones originales israelíes de posteriores remakes norteamericanos e internacionales como En terapia (HBO Max, 2008-2010) y The affair (SkyShowtime, 2014-2019) y de algunas producciones fallidas como el remake de la serie de Ingmar Bergman Secretos de un matrimonio (HBO Max, 2021) y cuya miniserie Our boys (HBO, 2019), basada en el asesinato real de un adolescente palestino a manos de un grupo de jóvenes israelíes, fue calificada por Benjamin Netanyahu como "antisemita". Su último proyecto se inspira en los diarios que escribió la joven estudiante Etty Hillesum (1914, Países Bajos-1943, Auschwitz), que vivió en Ámsterdam durante la ocupación nazi entre 1941 y 1943, muriendo en el campo de concentración de Auschwitz a los 29 años. Estos diarios y sus cartas comenzaron a ser recopilados en libros a partir de los años ochenta, y recientemente ha aumentado el interés por su lectura. En España se publicó Una vida conmocionada. Diario de Etty Hillesum (2007, Ed. Anthropos Editorial), pero actualmente solo está disponible la recopilación El corazón pensante de los barracones. Cartas (2001, Ed. Anthropos Editorial). Una de las características más peculiares de la descripción que hace Etty Hillesum de su vida es la relación que mantuvo con el psicoquirólogo alemán Julius Spier, hasta el punto que su diario comienza diciendo: "El 3 de febrero de 1941, llegué al mundo", señalando la fecha en que le conoció como si toda su vida anterior no fuera importante. Esta relación fue tan estrecha y emocional que el deseo de Etty de mantenerse cerca de él fue la principal razón por la que acabó acudiendo voluntariamente al campo de concentración de Westerbork, del que posteriormente fue trasladada al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Mientras Julius Spier, como inmigrante judío alemán, no podía evitar la deportación, Etty Hillesum como holandesa tuvo la posibilidad de trabajar en el Consejo Judío de Ámsterdam, pero decidió acudir a Westerbork como asistente social, a pesar de que tuvo la oportunidad de escapar. La serie también comienza cuando Etty (una extraordinaria Julia Windischbauer) tiene 27 años y se encuentra estudiando en la universidad mientras mantiene una relación sentimental con Han Wegerif (Leopold Witte), un contable viudo de 62 años a quien llamaba cariñosamente "Papá Han" en sus diarios y cartas. Pero la historia no está ambientada en 1941, sino en una Ámsterdam actual, con una estética más cercana a los ochenta, que establece la historia de Etty dentro de una atemporalidad sugerente. Hagai Levi afirma que no quería que el holocausto desviara la atención sobre el relato personal de la protagonista, de manera que construye una especie de ucronía en la que Ámsterdam está ocupada por un régimen totalitario en un tiempo indefinido, no se ven las estrellas amarillas que señalaban a los judíos, pero los lugares públicos comienzan a marcarse con carteles que prohíben la entrada a los judíos, y solo hay algunas referencias a la gestapo o a la existencia de campos de concentración. Esta eliminación del contexto histórico consigue universalizar el mensaje, hablando del autoritarismo en un sentido más general, lo que es especialmente relevante en una época en la que se están aceptando los extremismos de perfil fascista con peligrosa normalidad.
Cuando Etty decide someterse a terapia, le recomiendan las prácticas del profesor Julius Spier (Sebastian Koch), un alemán que desarrolla en Ámsterdam un tratamiento que mezcla la psicoterapia con la quiromancia. Una de las características de los diarios escritos por Etty Hillesum, el único referente que se tiene de la vida de su autora, es la espiritualidad que se desprende de ellos, cuestionándose el sentido de la vida conforme la opresión del autoritarismo se estrechaba en torno a la comunidad judía en Ámsterdam. En un espectacular comienzo sin diálogos del episodio El cielo dentro de mí (T1E4), vemos una larga fila de ciudadanos desplazándose en bicicleta por las calles de Ámsterdam, mientras un tranvía pasa por su lado, reflejando la prohibición ya generalizada del acceso de los judíos a los lugares públicos. Pero pronto entendemos que ese amplio grupo de ciclistas se dirige hacia un almacén donde sus bicicletas son confiscadas por las autoridades para ser destruidas: "Todo lo que he perdido es algo menos que perder. Poco a poco estoy encontrando el coraje para dejarlo todo atrás. Cada cosa, cada norma. Toda convencionalidad, toda sensación de seguridad", escribe Etty Hillesum. La relación personal de ella con Julius Spier es también una salvación, una manera de alejar cierta atracción hacia la muerte en su estado depresivo, que se produce sin embargo cuando el odio se extiende progresivamente a lo largo de su propio entorno. Lo que consigue el espléndido guión de Hagai Levi es conformar su miniserie Etty como un reflejo de una mujer que se enfrenta a sus sentimientos entre Han Wegerif y Julius Spier, al mismo tiempo que su entorno se vuelve cada vez más peligroso y opresivo, una mirada íntima que se enmarca dentro de una generalidad asfixiante, lo que se convierte lentamente en un acto de resistencia. En algún momento, Etty sabe que incluso cuando le arrebatan todo (su hogar, su libertad, incluso su vida) aún conserva una esencia interior que no puede perderse. El descreimiento y la negación de lo que está ocurriendo se transforma en una necesidad de comprensión y solidaridad con quienes sufren más que ella misma, como trata de explicar a su amigo Max Polak (Chris Peters), quien le ofrece un trabajo en el Consejo judío para que evite el campo de concentración, pero no puede darle garantías para hacer lo mismo con Julius Spier. Ella justifica su decisión de rechazar la posibilidad de escapar en un diálogo emocionante sobre la espiritualidad que mantiene con Klaas Smelik (Gijs Naber), un amigo para el que Etty graba fragmentos de sus diarios en el programa de radio literario El hilo rojo, que sirve como recurso para introducir la narración en primera persona en la historia. Pero a pesar de que la serie acoge con una mirada comprensiva las difíciles (y quizás equivocadas) decisiones que toma la protagonista, es la descripción de su crecimiento moral, emocional y psicológico la que eleva el relato hasta un nivel de profunda conmoción. Porque su aceptación no se trata de un sacrificio en el sentido literal de la palabra, y el propio director evita la consideración de Etty Hillesum como una mártir que sabía que iba a morir cuando se dirigía a Westerbork a ayudar a los prisioneros, lo que está subrayado por la secuencia final cargada de una cierta esperanza, y está envuelto en la sutil pero muy presente banda sonora de Volker Bertelmann (1966, Alemania), ganador del Oscar por Sin novedad en el frente (Edward Berger, 2022), junto a Raffael Seyfried y Ben Winkler. De manera inteligente, el último episodio Un vendaje para muchas heridas (T1E6) se detiene donde se detuvieron los diarios de Etty Hillesum, justo antes de dirigirse al campo de concentración de Westerbork, con las últimas palabras escritas en ellos: "En tiempos difíciles se suelen tirar por la borda, con un gesto despectivo, los logros espirituales de artistas que vivieron épocas más fáciles. Se rechazan con la siguiente observación: ¿de qué nos sirve todo eso en estos momentos?", termina escribiendo Etty Hillesum: "Tal vez sea comprensible, pero es mezquino. Y terriblemente empobrecedor. Una quisiera ser un bálsamo derramado sobre tantas heridas".
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CamaradasMiniserie | Arte | Francia 2026 | 8x35' ★★★★☆ Creada por Benjamin Charbit, con la colaboración de Dominique BaumardDirigida por Benjamin Charbit, Dominique BaumardSéries Mania '26: Mejor Actriz Competición Francesa (Manon Kneusé)
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Ahora que se están produciendo las manifestaciones de estudiantes en Francia, esta miniserie adquiere una especial relevancia porque recuerda la lucha sobre la educación que fue el detonante de Mayo del 68. Es una historia que nos traslada al pasado, pero no con una mirada nostálgica, sino con una gran capacidad para dialogar con el presente, creada por Benjamin Charbit, un autor muy activo que ha escrito series como Zorro (AMC+, 2024) y El sentido de las cosas (HBO Max, 2025), y largometrajes como La guerre des prix (Anthony Dechaux, 2026). En este caso, refleja la creación de un proyecto experimental llevado a cabo por el gobierno de Charles De Gaulle para tratar de apaciguar la revolución estudiantil de 1968, a través de una idea tan brillante como perversa: la creación del Centro Universitario Experimental de Vincennes en otoño de ese mismo año, un proyecto que asimilaba buena parte de las reivindicaciones de los manifestantes, pero aislándolo y alejándolo del centro de París. Durante más de una década, la izquierda radical llevó a cabo una reestructuración de la educación universitaria, y por este centro pasaron algunos de sus principales referentes, como Madeleine Rebérioux, Hélène Cixous, Gilles Deleuze, Jean-François Lyotard o Jean Douchet. Pero en 1980 la universidad se integró dentro del sistema tradicional, trasladándose desde Vincennes hasta París y convirtiéndose en la actual Universidad Paris-VIII-Vincennes-Saint-Denis. De manera que Camaradas (Arte, 2026) aborda una utopía educativa que acabó asimilada por el sistema, y que ya trató el cineasta Raoul Peck (1953, Haití) en su miniserie de ficción L'école du pouvoir (Canal+, 2009). Aunque en el caso del acercamiento actual, lo hace desde un punto de vista humorístico, a través de varios personajes, entre profesores y alumnos, que abrazan la subversión en medio de un clima político y social efervescente. En este contexto, Claudine (Manon Kneusé) es una prostituta del Bois de Boulogne, que acepta infiltrarse en este foco de izquierdismo para el servicio de inteligencia francés (RG), un lugar que ha ahuyentado a su clientela burguesa. Pero en Vincennes, no solo los estudiantes son revolucionarios sino también las ideas filosóficas que se abordan, desde Michel Foucault hasta Monique Wittig, pasando por el sociólogo Pierre Bourdieu. Un mundo lleno de ideas explosivas en el que se aborda la lucha de clases y la igualdad de género como conceptos que son innovadores. Al final del primer episodio, Claudine tiene su carnet de estudiante universitaria en una mano y un fajo de billetes en la otra, mientras un texto en pantalla nos pregunta: "¿A qué líder preferirías obedecer?". Inspirándose en personajes reales que fueron clave en el apogeo de la "teoría francesa", Camaradas revive la caótica experiencia estudiantil a través de un humor absurdo que trata con ironía la confrontación de los pensamientos dentro de la propia izquierda, a veces marcados por ataques de verbalidad violenta, que refleja de una manera precisa las disputas en el seno de las izquierdas que en la actualidad han provocado el auge de las ideologías fascistas, lo que la conecta directamente con nuestra época.
Construida como una comedia coral, también son protagonistas de Camaradas el profesor Gérard (Pierre-François Garel) y su alumna Françoise (Lulja Comar) que encuentran junto a Amadéo (Micha Lescot) la complicidad necesaria para mantener las protestas estudiantiles, y el nuevo director André Merloux (Grégory Gadebois), que acaba de ser elegido con una ligera ayuda fraudulenta de su secretaria Nino (Émilie Incerti Formentini): "Lo único de lo que debe preocuparse es de ser el mejor director para Vincennes. El Partido piensa que usted es la mejor opción para este puesto, ¿Acaso va dejar el control a los gaullistas solo porque piensa que no está legitimado?". Pero incluso es cuestionado por algunos grupos radicales de izquierdas dentro de la propia universidad, que terminan secuestrándolo en el caótico Episodio 6 (T1E6). Adoptando un formato de cámara en mano en plano secuencia que reflejan la ebullición de los movimientos estudiantiles en una universidad que intentan construir una forma de educación libre y utópica, hay claras alusiones a la Nouvelle Vague en forma de referencias visuales o sonoras, como el tema principal de Georges Delerue para la película La noche americana (Francois Truffaut, 1973). Como curiosidad, algunos de los intérpretes de esta serie como Micha Lescot y Grégory Gadebois también participaron en otro acercamiento a la Nouvelle Vague y las revoluciones de Mayo del 68 en el largometraje Mal genio (Michel Hazanavicius, 2017), dedicado a la figura de Jean-Luc Godard. Desde una perspectiva actual, la serie trata estos idealismos surgidos en una época de revoluciones internas con un tono irónico, utilizando muchas imágenes de archivo que se superponen a la ficción, y estableciendo paralelismos entre los discursos de ideología fascista y de ideología de izquierdas que a veces utilizan los mismos calificativos y enarbolan las mismas amenazas cuando se refieren al contrario. Los archivos, planteados desde el propio guión, sirven también para darle estructura a la serie a través de determinadas ideas que son predominantes en cada episodio: en el Episodio 4 (T1E4), podemos ver a Pierre Bordieu hablando sobre la revolución social, mientras que en el Episodio 5 (T1E5) Michel Foucault reflexiona sobre la vigilancia... La idea principal es que los pensadores que marcaron la época no estén interpretados por actores, sino que estén representados por sí mismos. La serie co-escrita por Dominique Baumard, que ha trabajado en Oficina de infiltrados (SkyShowtime, 2015-2020) es un éxito en su retrato de la época y en el caos cargado de utopía que la rodeaba, permitiendo a través de la comedia que nos identifiquemos con los personajes protagonistas, tanto profesores como estudiantes, que son capaces de soñar con futuros posibles, de vivir la ilusión de reconstruir la sociedad desde el principio. Quizás las protestas estudiantiles actuales son más pragmáticas, enfocadas en la falta de recursos y el deterioro de los edificios, más que en el deterioro del pensamiento ideológico, pero uno de los aciertos de Camaradas es reflejar las ramificaciones que surgieron de esta revolución intelectual y social.
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NakedMiniserie | ARD | Alemania 2025 | 6x50' ★★★☆☆ Creada por Silke Eggert, Sebastian LadwigDirigida por Bettina OberliDeutscher Fernsehpreis '26: Mejor Dirección
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A pesar de algunos esfuerzos de la televisión pública alemana por romper ciertos límites dentro de la producción de ficción, la miniserie Naked (ARD, 2025) acabó demostrando que existen barreras infranqueables. Durante su presentación en el Festival de Munich de 2025, sus creadores anunciaron que se planteó en la cadena de televisión la posibilidad de que fuera estrenada solamente en la mediateca de ARD, el servicio de streaming del canal, pero finalmente encontró un hueco en las emisiones lineales, eso sí, en una franja horaria casi de madrugada, emitiendo los episodios cerca de las 12 de la noche. El problema quizás no sea el carácter más o menos explícito de las escenas sexuales, que lo son en los primeros episodios, sino el tratamiento de una adicción al sexo que en la propia serie se nos recuerda que en términos psiquiátricos no es definida tanto como una conducta adictiva sino como una hipersexualidad, estableciéndose todavía un debate en el que algunos expertos la consideran como un síntoma de otras condiciones psiquiátricas. De hecho, Naked funciona mejor cuando habla de una relación de codependencia que cuando aborda directamente el deseo compulsivo del protagonista en relación con el sexo. Principalmente escrita por Silke Eggert (1973, Alemania) basándose en una experiencia propia, la serie cuenta la relación que mantienen Marie (Svenja Jung), una madre separada, y Luis, interpretado por el actor de ascendencia chilena Noah Saavedra (1991, Austria), protagonista de la reciente miniserie El segundo atentado (Filmin, 2025). Esta relación, basada en un sentimiento amoroso profundo, introduce a Marie en un apasionado juego sexual en el que Luis parece insaciable. Pero su deseo en realidad está provocado por una necesidad compulsiva de explorar todo tipo de relaciones sexuales, desde la masturbación hasta los encuentros con desconocidos en clubes y fiestas privadas. Marie se ve obligada a equilibrar esta nueva relación marcada por prácticas sexuales incluso arriesgadas, con el cuidado de su hijo Santos (Thore Anker) y la presencia demasiado constante de su ex-pareja y padre del niño, David (Aurel Mertz). Hasta que se da cuenta de que el apasionamiento de Luis es el síntoma de una necesidad compulsiva que a veces le lleva a mantener relaciones tóxicas que derivan en problemas legales, como cuando una antigua pareja, Verena (Hanna Hilsdorf), lo denuncia por agresión sexual, aunque entre ellos parece que existe un tipo de conexión bastante problemática en ambos sentidos. Pero esta circunstancia provoca que Marie comience a asumir que Luis necesita ayuda psicológica para evitar unos impulsos sexuales que conducen a una constante búsqueda más allá de su propia relación sentimental.
Conforme se desarrolla la historia, el foco se centra en Marie, ofreciendo un interesante retrato de una mujer que también parece experimentar una especie de adicción, pero hacia Luis. Cuando se da cuenta de que el deseo compulsivo es difícil de disminuir, ella misma comienza a ser partícipe de las fantasías de Luis, traspasando las barreras de su propia moralidad. Y es este retrato de codependencia el que resulta más acertado que la descripción de la hupersexualidad de Luis, que a veces se siente demasiado superficial y esquemática, a pesar de que Noah Saavedra ofrece una interpretación más matizada que la actriz Svenja Jung. El tratamiento de la adicción al sexo, como la denomina Marie antes de ser corregida por una terapeuta, está mostrado con cierta sordidez, bajo neones de color rojo y una cierta oscuridad que de alguna manera ofrece una representación sucia y poco morbosa de las relaciones que tiene Luis fuera de su ámbito de pareja, lo que en cierto modo se puede sentir como un planteamiento algo manipulador que sitúa al espectador en el rechazo cuando se trata de determinados escenarios y prácticas sexuales. Pero el trabajo de dirección de Bettina Oberli (1972, Suiza), que recibió el premio de la televisión alemana Deutscher Fernsehpreis el pasado mes de septiembre, es mucho más sutil y preciso cuando muestra las pequeñas transgresiones que comete Luis dentro del entorno de sus relaciones de pareja, penetrando a Marie cuando está dormida o forzando en ocasiones el desarrollo sexual. De manera que, cuando se produce la denuncia de Verena ya conocemos algunos antecedentes de cierta tendencia por parte de Luis a traicionar ciertos límites en las relaciones sexuales con sus parejas, lo que ofrece un perfil más complejo del protagonista. También resulta interesante cómo Naked se atreve a abordar la propia dependencia de Marie como una forma de adicción, evitando que la historia desemboque en un planteamiento simplista que establezca límites a la normalidad. Pero en cierto sentido, la miniserie no termina de conseguir que sus personajes tengan suficiente entidad, porque a veces se les rodea de situaciones que resultan demasiado obvias. Luis trabaja como publicista y es el encargado de elegir a chicas jóvenes de aspecto adolescente para una campaña de publicidad, lo que provoca un comentario social sobre la hipocresía de las grandes corporaciones en torno a la diversidad, mientras que Marie acaba siendo chantajeada por un adolescente en el instituto en el que es profesora, por un video de ella practicando sexo con Luis en los servicios públicos del centro. Pero se sienten elementos adyacentes que, en vez de alimentar el retrato de los personajes introduciendo nuevos temas, a veces interfieren en la credibilidad de la historia que nos está contando.
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A better placeMiniserie | ARD | Alemania, Francia 2025 | 8x45' ★★★★☆ Creada por Alexander Lindh, Laurent MercierDirigida por Anne Zohra Berrached, Konstantin BockFestival de Colonia '24: Top Ten TV
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El debate sobre si las condenas a prisión son simplemente un castigo o también deben ser una herramienta para reintegrar a los condenados a la sociedad es uno de los más extendidos en países que gestionan el sistema penitenciario desde una perspectiva social, no económica como en Estados Unidos, donde las cárceles son simplemente un negocio más. Siguiendo esa reflexión, la miniserie A better place (WRD/Canal+, 2025) tiene un planteamiento interesante que imagina una ciudad ficticia alemana llamada Rheinstadt, en la que el alcalde Amir Kaan (Steven Sowah) establece como una de las líneas principales de su gestión el apoyo a una iniciativa llamada TRUST, una organización liderada por la criminóloga Petra Schach (Maria Hofstätter), que coordina un programa piloto: liberar a un centenar de presos para reintegrarlos en la sociedad a través de un seguimiento personalizado. La idea es que la mayor parte de los condenados necesitan solamente un entorno más adecuado para no volver a caer en los delitos que cometieron, aunque esto plantea rápidamente dos problemas: uno hace referencia a si la sociedad está preparada para aceptar a estas personas que no han cumplido las condenas en su totalidad, y el más importante tiene relación con la reacción de los familiares o víctimas de sus delitos. ¿Puede una mujer violada aceptar que el perpetrador lleve una vida normal? La serie trata de colocarse en diferentes perspectivas, desde la política hasta la humana, acompañando a los liberados que tratan de reintegrarse, pero también a las víctimas que no están de acuerdo con esta medida, aunque el programa también tiene en cuenta una iniciativa de apoyo psicológico que permita reunir a culpables y víctimas. La iniciativa sigue las tesis del filósofo Michel Foucault (1926-1984, Francia), que estudió las cárceles desde la perspectiva de su papel reintegrador, considerando que estaban ideadas como un sistema de poder y control sobre los individuos, más que como una herramienta disciplinaria. Según el filósofo, la mayor parte de la delincuencia tiene relación con las circunstancias sociales en las que viven los criminales, y por tanto, pueden ser reinsertados modificando ese entorno social. Pero la serie también plantea la dificultad de hacerlo, como en el caso de Nader Massad (Youness Abbaz), un joven que acaba de ser liberado y comienza a trabajar en un concesionario de coches, pero cuya hermana Yara (Aysima Ergün) sigue involucrada en negocios de trapicheos de drogas, lo que acaba, inevitablemente, salpicándole a él. Otro de los liberados es Mark Blum (Johannes Kienast), condenado por atropellar a una joven y huir, quien trata de volver a una vida en familia, aunque la relación con su esposa Eva (Katharina Schüttler), una trabajadora social de TRUST, se ha enfriado debido al tiempo en prisión, y la reacción de sus dos hijos es muy diferente: mientras Niki (Dylan Blake Mendoza) está contento con su regreso, Alina (Miri Sommer) ya se había acostumbrado a vivir sin su presencia.
En el lado de las víctimas, Nesrin Gül (Alev Irmak) es la madre de un joven que fue asesinado por motivos racistas por Klaus Bäumer (Richard Sammel), uno de los liberados. En el episodio Böse Menschen gibt es nicht (No hay gente mala) (T1E2), aparte de sentir miedo físico por el hecho de cruzarse con el asesino de su hijo en la calle, ella inicia una campaña junto a otros familiares de víctimas en contra del programa TRUST, transmitiendo el dolor y el trauma que provoca en ellos la liberación de los presos. Conforme se desarrollan los episodios, A better place parece enfocarse en las complejidades de un sistema social que no permite que se establezcan este tipo de iniciativas porque la "confianza" que propugna el programa TRUST no se sostiene en una realidad. Cuando en Eure Freiheit ist unser Knast (Tu libertad es nuestra prisión) (T1E7) las acciones de protesta comienzan a hacer mella en la credibilidad política del alcalde, éste decide tranquilizar a los ciudadanos de Rheinstadt obligando a los presos liberados a llevar una pulsera telemática para controlar sus movimientos, por lo que la criminóloga Petra Schach le acusa de estar pervirtiendo el verdadero sentido del programa: en cierta manera, está volviendo a encarcelar a los presos. Quizás la serie tiene mejores planteamientos de reflexión que resultados satisfactorios en cuanto a cómo desarrolla las historias, a veces demasiado movidas por decisiones de los personajes que parecen dispositivos de guión para reproducir los conflictos. Pero abre tantas posibilidades para replantearse los beneficios y los perjuicios del actual sistema penitenciario y su verdadera función en la sociedad, que resulta una de las más atractivas y estimulantes que destacamos la pasada temporada. En algunos momentos, cuando las protestas de los ciudadanos comienzan a hacerse más violentas, parece el retrato de una distopía que establece la difícil convivencia entre los derechos de unos y las reivindicaciones de otros. A better place ha sido creada por Alexander Lindh (1988, Alemania), guionista mitad alemán, mitad finlandés que también fue el responsable de la serie de dos temporadas MaPa (Joyn, 2020-2023), aquella mirada particular a la paternidad, y por Laurent Mercier (1967, Francia), guionista de la miniserie La promesse (TF1, 2020). Enfocada con acierto en algunas historias individuales que tienen especial relevancia, A better place se pregunta cuál es el sentido de justicia en una sociedad que cada vez está menos alineada con el respeto a los derechos humanos.
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Ann droidTemporada 1 | Filmin | Reino Unido 2026 | 6x30' ★★★★☆ Creada por Diane Morgan Dirigida por Joseph RobertsEstreno en España: 22 de diciembre
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A pesar de que la actriz y guionista Diane Morgan suele tener éxito con sus estrenos, especialmente sus populares mockumentaries La Tierra según Philomena Cunk (2022, Netflix) y La vida según Philomena Cunk (Netflix, 2024), lo cierto es que su último proyecto ha roto todas las expectativas, convirtiéndose en la serie de más éxito de la BBC este año. Las cifras de audiencia publicadas por la televisión pública británica indican que el primer episodio de Ann droid (BBC, 2026), estrenado a mediados de julio, fue visto por más de 4 millones de espectadores en su primera semana de emisión, de los cuales casi la mitad provienen de BBC iPlayer, su plataforma digital. Curiosamente, estas cifras superan al éxito que obtuvo en mayo la segunda temporada de Amandaland (BBC, 2025-), spin-off de la comedia Motherland (BBC, 2016-2022), que protagonizaban Diane Morgan y Sharon Horgan, pero ahora solo con ésta última como protagonista. A través del humor absurdo y una especie de distopía suave que se desarrolla en un futuro muy cercano, las guionistas Diane Morgan y Sarah Kendall, actriz australiana que ha escrito guiones para comedias como Things you should have done (BBC, 2024-) y We might regret this (BBC, 2024-), plantean reflexiones sobre la vejez y el duelo a través del personaje de Sue (Sue Johnston), que todavía no ha podido superar la muerte de su marido hace dos años y se enfrenta a la soledad cuando su hijo Michael (Paul Ready) decide que quiere volver con su esposa Renee (Andrea Valls) después de haberse separado porque ella le fue infiel con su instructor de jiu-jitsu Chris (Maximilian Osinski). En la sociedad que se representa en la serie, los robots domésticos que acompañan a personas mayores son una realidad habitual, así que Michael decide comprar un robot básico de cuidado de ancianos denominado oficialmente AnnDroid Z58/100. Es un modelo de segunda mano que estuvo a punto de ser destruido por algunas consecuencias desastrosas de su comportamiento, ampliamente superado por otras actualizaciones más recientes. Pero Sue decide llamarla Linda (Diane Morgan) para hacerla más "humana", aunque prefiere quedarse sola antes que vivir con un androide, y espera que pasen las 48 horas del período de prueba para devolverla. En 1971 el experto en robótica Masahiro Mori acuñó el término "valle inquietante" para referirse a ese momento en el que a medida que las máquinas se parecen más a los humanos acaban provocando una sensación de rechazo. Aunque al principio la apariencia humana provoca tranquilidad y confianza, llega un punto en el que esta empatía se convierte en incomodidad. En la serie, se produce un proceso contrario en Sue respecto a Linda, primero como un rechazo pero progresivamente adoptando una calidez y una comodidad mayor, aunque la interpretación de Diane Morgan utiliza conscientemente la imagen tradicional de los humanoides con gestos bruscos y mirada perdida. Pero sobre todo Linda le sirve para lanzar ese tipo de humor absurdo a través de reacciones demasiado honestas y palabras demasiado sinceras que provocan incomodidad a su alrededor, como cuando le piden que cuente historias a unos niños en el Episodio 5 (T1E5), durante un acampada para ver meteoritos, y acaba provocando el caos en el camping con su visión excesivamente pesimista del futuro de la humanidad. La serie plantea preguntas sobre si es posible que los androides lleguen a provocar la suficiente confianza como para ocupar un espacio dentro del cuidado de ancianos. En un reciente artículo, los profesores Gaby Clark y Andrew Zinin planteaban estas preguntas a partir del análisis de la serie: "¿Podrían los robots ayudar a combatir la soledad en las personas mayores? ¿Puede una máquina brindar compañía sin reemplazar la conexión humana?" (TechXplore, 19/8/2026). Mencionando programas piloto que se están desarrollando con personas virtuales que ofrecen conversación e incluso mascotas robóticas en residencias de ancianos.
Precisamente es en este aspecto en el que Ann droid destaca especialmente como retrato de una vejez que ha sido relegada a un lugar secundario, igual que la propia Linda se ha convertido en un robot de segunda mano porque no ha estado a la altura de las necesidades de sus dueños. Es el entorno de Sue el que funciona con mayor precisión, como su amiga Eileen (Kathryn Hunter), la dueña de una tienda de objetos antiguos. Cuando Sue le pregunta si tiene tiempo para tomar una taza de té, ella le responde: "Claro que tengo tiempo. Tengo 81 años y todos mis amigos están muertos", no sin antes hacer un repaso a las esquelas del día: "Sally Harris se está muriendo, Sally Whittle ya está muerta". Temas como el miedo a la muerte están presentes a lo largo de toda la serie, como en el Episodio 3 (T1E3) cuando Sue es empujada por Linda a acompañar a sus amigos Eileen y Tom (David Hargreaves), a esparcir las cenizas de Harry en la playa, lo que acaba en una aventura en una Feria de atracciones donde Sue termina atreviéndose a montar en una montaña rusa. También aportan momentos de humor Phyllis (Margot Leicester), una vecina snob y chismosa que vive un golpe de realidad cuando piensa que le están preparando una fiesta sorpresa de cumpleaños porque nadie la ha felicitado, y su marido Jeffrey (Rupert Vansittart), que tiene un apasionamiento exagerado por las androides con formas femeninas. Funciona sobre todo la relación entre el personaje robótico Linda y la protagonista humana Sue, interpretada por una dama de la televisión británica, Sue Johnston, que ha protagonizado series extensas como la comedia familiar The Royle Family (BBC, 1998-2012) y el policíaco Caso cerrado (BBC, 2000-2011), y fue nominada al BAFTA como actriz secundaria por su trabajo en Truelove (Channel 4, 2024), además de ejercer en los años ochenta como una activista por los derechos de la comunidad LGBTIQ+. Paul Ready interpreta a su hijo Michael en un personaje parecido al que el mismo actor encarnó en Motherland, otra comedia protagonizada por Diane Morgan, como un hombre inmaduro que se deja llevar por las mentiras de su esposa Renee y que no ejerce realmente como un hijo con dedicación a su madre, excepto cuando necesita su dinero. Él mismo sufre las consecuencias de la introducción de los robots en la vida laboral cuando es desplazado por un humanoide llamado Keith (Andy Jones), en la tienda de instrumentos musicales en la que trabaja, debido a los amplios conocimientos musicales que guarda en su sistema y porque además es capaz de tocar 26 instrumentos con absoluta precisión. Pero Ann droid hace hincapié en el elemento humano y las conexiones personales, y son los momentos más extrañamente emocionales los que consiguen plantear las cuestiones principales de una serie que se pregunta si los robots no funcionarían mejor si tuvieran defectos como los humanos, si fueran incompetentes pero al mismo tiempo tuvieran una capacidad de empatía conmovedora.
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Negocios turbiosMiniserie | Movistar Plus | Reino Unido 2026 | 3x50' ★★★★☆ Creada por Joseph BullmanDirigida por Joseph BullmanEstreno en España: 22 de octubre
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El nivel de indignación que puede provocar una serie dramática basada en hechos reales es directamente proporcional al nivel de deshumanización que pueden transmitir las decisiones tomadas por los responsables de que determinadas situaciones no se produzcan. En el caso de Negocios turbios (Movistar Plus, 2026), se alinea con ese tipo de denuncias que en clave de ficción son capaces de concienciar más allá de su repercusión mediática, como Mr. Bates contra Correos (Movistar Plus, 2023) y en menor medida Ciudad tóxica (Netflix, 2025), que provienen esencialmente de ese cine sobre los oprimidos que han desarrollado durante décadas directores como Ken Loach o Mike Leigh. La denuncia en este caso tiene relación con la progresiva contaminación de los ríos de Inglaterra y Gales debido a las aguas residuales y la falta de control sobre los vertidos de las industrias. Y, como ocurre en numerosas ocasiones en la historia reciente de Gran Bretaña, el origen está en las políticas privatizadoras de Margaret Thatcher, como apunta el comienzo del primer episodio, Los detectives accidentales (T1E1), cuando la Primera Ministra que construyó las bases de la desestabilización de la sociedad británica, anunciaba con orgullo en 1989 que la privatización de la gestión del agua iba a ser beneficiosa para todos. De aquellos barros vienen estos lodos, nunca mejor dicho, y como ya demostró la excelente miniserie documental Shifty (BBC, 2025), las políticas económicas de la década de los ochenta fueron el desastre de la convulsión social que ha sufrido Gran Bretaña hasta nuestros días. Pero a pesar de este comienzo, Negocios turbios no se centra tanto en las repercusiones políticas sino en la realidad social de sus protagonistas. La historia se desarrolla principalmente a partir de 2016, cuando dos vecinos retirados, Ashley Smith (David Thewlis), un policía que investigaba a compañeros corruptos, y Peter Hammond (Jason Watkins), un profesor de matemáticas en Oxford, comienzan a preocuparse por la neblina marrón que desde hace años viene cubriendo el antes transparente río Windrush. Las habilidades investigadoras de Ashley y los algoritmos creados por Peter forman parte de una investigación que desembocará en una lista de vertidos residuales incontrolados que se han ido produciendo en las últimas décadas, debido a la cada vez menor inversión por parte de la empresa de gestión de aguas South West Water, lo que contrasta con los millonarios beneficios que tiene la compañía. Minutos antes, otra trama paralela nos ha situado en un alegre día de playa de 1999, cuando el matrimonio formado por Mark Preen (Tom McKay) y Julie Preen (Posy Sterling) está de vacaciones con sus hijas en Dawlish, una playa con bandera azul. Pero una de ellas, Heather (Madison Waterworth), de tan solo ocho años, sufre un malestar que la lleva al hospital, donde muere dos días después por una intoxicación de E.coli 0157. A lo largo de los dos primeros episodios, asistimos a la lucha en los tribunales del matrimonio Preen por demostrar que la contaminación de la playa fue la causante de la muerte de su hija. Esta historia profundamente dramática contrasta con cierto sentido del humor que se desprende de la investigación que llevan a cabo Ashley y Peter varios años después, en un tono más desenfadado a pesar de la gravedad de los hechos que describe, que se refleja incluso en la propia imagen promocional de la serie, que parece más cercana a un crimen acogedor que a una historia de denuncia medioambiental.
Negocios turbios apuesta por un formato casi documental, en el que los actores hablan a la cámara cuando reproducen los emails que envían a la empresa de gestión de aguas, y las contestaciones vagas y los aplazamientos de los responsables de la compañía. Y la serie de Joseph Bullman, un director especializado en documentales, quiere ser tan precisa en los datos que suministra que a veces puede resultar algo confusa para los espectadores no ingleses, con sobreimpresiones que subrayan datos que contradicen a los diálogos, o referencias a documentación externa, casi como notas a pie de página, que se superponen a las imágenes. Esto también provoca que los personajes, especialmente los dos protagonistas, estén vagamente desarrollados, sin que apenas nada de su entorno personal tenga relevancia más allá de su propia investigación. Llegados al episodio La delatora (T1E3), Peter muestra signos de cansancio ("Es agotador. No puedo más"), en el largo proceso de denuncias no escuchadas y alargamientos artificiales de las respuestas que reciben, como una continua sensación de fracaso que nunca derivará en responsabilidades reales: "Ningún directivo de las empresas ha sido acusado formalmente", se queja Ashley. Este episodio presenta a la confidente Hanna Swift (Channel Cresswell), que está inspirada en el confidente real Robert Forrester, que durante años proporcionó información sobre las prácticas irregulares de la Agencia de Medio Ambiente encargada de controlar los vertidos de las industrias. Una de las denuncias más graves de la serie es precisamente la falta de control del organismo público que tiene como principal función evitar que se produzcan vertidos contaminantes a los ríos. Pero las puertas giratorias, la corrupción o la ineficacia de las multas a empresas que tienen beneficios millonarios son el reflejo de un sistema roto, que elude la gestión pública pero también el control necesario sobre la gestión privada. Sir James Bevan (Alex Jennings) surge como la figura del funcionario con claros conflictos de intereses entre la dirección de la Agencia de Medio Ambiente y sus participaciones en empresas privadas como South West Water o Thames Water. Pero como resultado de un sistema que lo permite: en 2010, el gobierno conservador de David Cameron estableció lo que se denominó el "autocontrol operativo" para recortar gastos públicos, lo que la funcionaria Sophie Harrison (Charlotte Ritchie) defiende en la serie. En vez de efectuar inspecciones periódicas, se permitió a las empresas de gestión de aguas que fueran ellas mismas las que comunicaran a la Agencia de Medio Ambiente si se había producido algún vertido de aguas residuales. Según se indica al final de la serie, desde que se privatizó esta gestión se han vertido cada vez mayores productos contaminantes, y en 2024 se calcula que se produjeron más de un millón de vertidos de aguas residuales en los ríos ingleses. Negocios turbios quizás no funciona, por su propia narrativa, de una manera tan emocional como otras series parecidas, pero su minuciosa descripción de los hechos y su claridad expositiva provocan la indignación necesaria en el espectador. Como afirma Ashley dirigiéndose a la cámara: "Estamos tratando de acabar con el mayor sindicato del crimen organizado de Inglaterra. El dinero que han acumulado estas empresas desde la privatización de las aguas, 145 mil millones de libras, lo han conseguido porque han convertido la ilegalidad en su modelo de negocio".
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