A lo largo de esta semana seguiremos reseñando títulos destacables de la programación del Festival de Raindance, que se clausuró el pasado fin de semana con la entrega de premios, que califican en el caso de las producciones británicas premiadas para los British Independent Film Awards (BIFA) y en el caso de los cortometrajes tanto para los BAFTA como para los Oscar®, pudiendo ser incluidos en la lista de nominados. Estos son algunos de los galardones de la última edición del Raindance Film Festival:
Mejor Película Internacional: À bras-le-corps (Silent rebellion) | Marie-Elsa Sguado | Bélgica, Francia, Suiza 2025
Mejor Documental: Gaslit | Katie Camosy | Estados Unidos 2026
Discovery Award: Danke für nicht (Thanks for nothing) | Stella Marie Markert | Alemania 2025
Mejor Dirección Novel: Walls - Akinni Inuk | Nina Paninnguaq Skydsbjerg, Sofie Rørdam | Groenlandia 2025
Mejor Interpretación en Película Novel: Lila Gueneau por À bras-le-corps (Silent rebellion)
Mejor Dirección de Película Británica: Eddie Cochran - Don't forget me | Kirsty Bell | Gran Bretaña 2026
Mejor Interpretación en Película Británica: Izabella Malewska por Tramp | Philip James McGoldrick | Gran Bretaña 2026
Mejor Fotografía: Dan Poole por Section 1591: Sex trafficking of children in the USA | Cort Kristensen, Dan Poole | Gran Bretaña, Estados Unidos 2026
A través de la historia particular de la protagonista, la película de la directora debutante Marie-Elsa Sguado propone una reflexión más que profunda en torno a la hipocresía de la sociedad suiza y su pretendida neutralidad durante la 2ª Guerra Mundial, sobre todo cuando muestra en una escena a soldados alemanes entrando en territorio suizo para deportar a judíos que tratan de refugiarse en el país, justificado con comentarios como "No podemos abrir las puertas a todo el mundo", que suenan muy actuales. Es significativo el comienzo de À bras-le-corps (Silent rebellion) (Marie-Elsa Sguado, 2025) durante una especie de comité de la comunidad que hace preguntas a Emma (Lila Gueneau) para decidir si es merecedora de un premio a la virtud, que le permitiría conseguir un permiso especial para estudiar enfermería. Ella es una joven de 15 años que en 1943 trabaja como criada en la casa de Robert (Grégoire Colin), un pastor progresista que vive con su esposa Elise (Aurélia Petit) y su hija Colette (Sasha Gravat Harsch), con la que Emma ha establecido una amistad. Durante la entrevista se le pregunta por su madre, Alice (Sandrine Blancke), que sufrió el aislamiento de la comunidad como una forma de condena pública por adulterio, y Emma no duda en describirla como "una mala mujer", renunciando también a cualquier relación con ella. Sin embargo, el anhelo de un futuro más estable como enfermera se ve truncado por la visita de un periodista, Louis (Cyril Metzger) a la casa del pastor Robert. Aprovechando un momento de soledad con Emma, Louis la viola, dejándola embarazada y destruyendo las posibilidades de escapar de su destino predeterminado, obligada a casarse con un joven del pueblo, Paul (Thomas Doret), para evitar juicios morales. Sin embargo, la sutileza del guión co-escrito entre Marie-Elsa Sguado y Nadine Lamari evita presentar a Emma como una víctima, y este suceso actúa como catalizador para ella. Poco a poco, se libera de la sumisión impuesta y decide sobre su propia vida y la de su hijo, desarrollando a un personaje debilitado por sus circunstancias, que sin embargo elige el difícil camino de la emancipación, aunque no tenga las mismas oportunidades que Collette, quien consigue ser aceptada en la escuela de enfermería, pero de alguna forma también renuncia a su destino. El contexto de la pre-guerra adquiere una especial relevancia a través de la figura de Robert, el pastor de la congregación que se niega a mantener una postura neutral ante los acontecimientos que están sucediendo en el mundo, advirtiendo sobre la moralidad fingida de la comunidad. Al mismo tiempo que permite que Emma conozca otras posibilidades, como cuando la invita a escuchar música clásica por primera vez a través de un gramófono en su despacho, en una hermosa escena que transmite la emoción que experimenta ella a través de un encuadre preciso.
Estrenada en la sección Orizzonti de la Mostra de Venecia, À bras-le-corps obtuvo siete nominaciones para los Premios del Cine Suizo que se entregaron el pasado mes de marzo, entre ellos Mejor Película, obteniendo dos galardones al Montaje y la Fotografía. Aunque sorprendentemente la joven actriz Lila Gueneau no estuvo ni siquiera nominada, ella ofrece una interpretación llena de sutileza y de matices, explorando la intensidad de un personaje que refleja una profunda fragilidad en la primera parte de la historia, pero que va adquiriendo seguridad y fortaleza a lo largo de su proceso de emancipación. A través de la puesta en escena, la película muestra las convulsiones del paisaje emocional que experimenta la protagonista, creando una mirada que encuentra dosis de autenticidad y de naturalidad en el entorno de un pequeño pueblo suizo que se enfrenta con hipocresía a los dilemas éticos que subrayan la complejidad de una época. Los sonidos fuera de cámara influyen en las intuiciones de Emma: las noticias en la radio, el silencio del viento interrumpido por disparos, o los pasos de desconocidos que se acercan y se alejan. Primero oye la guerra, después presiente su cercanía y luego reflexiona sobre ella, especialmente a través de las conversaciones que mantiene con el pastor Robert. À bras-le-corps cuenta una historia particular que sin embargo se ve impregnada constantemente por la influencia de los acontecimientos que suceden alrededor, como cuando Emma decide esconder a un fugitivo judío, demostrando el mismo sentido de la ética que le ha transmitido el pastor Robert. Comparada por algunos medios franceses, donde se estrenó hace unas semanas, con la protagonista de Rosetta (Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, 1999), aunque se desarrollan en épocas diferentes, Emma es un personaje escrito con profundidad que representa a las generaciones de mujeres comunes que han sido invisibilizadas durante años. La capacidad de la película para conectar con el personaje principal y emocionar a través de sus decisiones la convierte en un drama que se aleja de la victimización para reconocer y reivindicar el poder de la emancipación.
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GaslitKatie CamosyEstados Unidos 2026 | 111' | Documentary Feature | ★★★☆☆Santa Barbara '26: Mejor DocumentalRaindance '26: Mejor Documental |
El activismo de la actriz Jane Fonda ha sido permanente en favor de los derechos humanos y la defensa del medio ambiente, entre muchas causas humanas en las que ha participado. A sus 88 años esta fortaleza no se ha desvanecido sino todo lo contrario, y desde su antibelicismo en contra de la guerra de Vietnam hasta su actual interés en las consecuencias del cambio climático, su presencia ha sido permanente, aún más desde el regreso al gobierno de la peor cara del Partido Republicano, con un discurso anti-trumpista contundente como el que pronunció hace dos semanas en el concierto Rise Up, Sing Out: A Concert for the First Amendment, en el que figuras como Julia Roberts o Robert De Niro denunciaron los continuos atropellos contra la 1ª Enmienda de la Constitución de Estados Unidos que está llevando a cabo la administración norteamericana. Una derivada del regreso del republicanismo más extremista es la negación del cambio climático y el impulso a las grandes compañías de extracción de Gas Natural Licuado (GNL) para su mayor expansión en el territorio estadounidense, del que desde hace décadas se vienen reflejando las desastrosas consecuencias medioambientales que provocan las plantas de licuefacción del gas extraído. Pero, a pesar de que Gaslit (Katie Camosy, 2026) es un documental producido por Greenpeace USA, organización en la que trabajó durante años la directora debutante, no se apoya en estadísticas o estudios que corroboren los mensajes que transmite, lo que puede hacerlos algo menos sólidos. Sin duda, es más emocional un recorrido en coche por una comunidad de Misisipi, acompañados por una vecina que describe quiénes han muerto por cáncer, pero al no presentar estudios que realmente demuestren que esa enfermedad es una consecuencia de las industrias gasísticas que la rodean puede resultar una conclusión poco contundente. Esto no quiere decir que no existan, pero no se van a encontrar en esta propuesta, que parece querer reclamar una atención más humana por parte del espectador. Y ahí es donde entra la participación de Jane Fonda como una especie de presentadora que introduce a los entrevistados aunque no proporcione un conocimiento principal sobre la materia. Aunque la crisis de las comunidades desplazadas por grandes compañías como la taiwanesa Formosa o la norteamericana Cheniere Energy viene de lejos, curiosamente el mayor desarrollo de esta industria energética se ha producido en los últimos años, la razón principal ha sido la invasión de Ucrania por parte de Rusia y los principales compradores son países europeos como Alemania que en sus propios territorios defienden el desarrollo de las energías renovables. Desde 2023, Estados Unidos se ha convertido en el mayor exportador mundial de gas natural licuado, y las compañías petroleras y gasíferas están impulsando simultáneamente un auge masivo en la producción de plásticos, redoblando su apuesta por los petroquímicos para asegurar su futuro a largo plazo. Jane Fonda emprende un viaje por carretera a través de los campos petrolíferos de Texas y las comunidades de la costa del Golfo, conociendo a las personas que viven en primera línea la expansión de los combustibles fósiles, un negocio ahora especialmente impulsado.
Jane Fonda es una acompañante que se emociona fácilmente, incluso cuando comprueba a través de unos prismáticos infrarrojos cómo continúa filtrándose en la atmósfera la contaminación de las fábricas, aunque a simple vista no se vea. Es una amenaza palpable por la extensión de estas plantas industriales, pero también invisible, porque está en el ambiente y en el subsuelo. Las consecuencias de esta proliferación de la industria petrolera en Texas y el cauce del Misisipi son tan claras que se ha acabado denominando como El Corredor del Cáncer a una franja de tierra de 296 km., entre el área metropolitana de Baton Rouge y el Golfo de México, donde se encuentran más de 350 instalaciones industriales que emiten cantidades significativas de contaminación atmosférica. El recorrido de Jane Fonda la lleva a conocer a muchas de las personas que luchan desde hace años contra las grandes corporaciones petrolíferas, como Diane Wilson, quien le ganó una demanda por 50 millones de dólares a la empresa Formosa Plastics por el vertido de residuos plásticos sólidos en San Antonio Bay (Texas) o John Allaire, un ingeniero ambiental jubilado que reside en una zona paradisíaca del suroeste de Luisiana, que está luchando contra la expansión de la planta de GNL cerca de su propiedad: tanto Calcasieu Pass 2 de Venture Global como Commonwealth LNG están solicitando permisos para construir a ambos lados de la actual planta que se encuentra en funcionamiento. Incluso un republicano convencido como el ganadero texano Johnny Dagger ha tenido que renunciar a sus tierras porque estaban tan contaminadas que su ganado no podía pastar en ellas. Gaslit ofrece una mirada humana a un problema que se agrava progresivamente y cuya industria tiene planificada una expansión mayor en los próximos años, en buena parte para satisfacer la demanda de países europeos. En su recorrido ofrece una visión contundente del problema en lugares que antes eran parques donde la comunidad se reunía y ahora son terrenos baldíos contaminados, con una clara problemática social, alrededor de entornos que generalmente están habitados por vecinos racializados, tanto afroamericanos como indígenas, víctimas propiciatorias debido a su falta de recursos frente al poder económico de las industrias petrolíferas. También participan en la película la actriz Connie Britton y la cantante Maggie Rogers, pero parecen más rostros populares que figuras relevantes en el relato de un documental que describe el daño permanente que la industria petroquímica está causando y que, a pesar de las pequeñas victorias, no parece tener una solución fácil a corto plazo.
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Walls - Akinni inukNina Panninguaq Sydsbjerg, Sofie RørdamGroenlandia 2025 | 75' | Documentary Feature | ★★★★☆CPH:DOX '25: Nordic:Dox AwardRaindance '26: Mejor Dirección Novel |
La sombra del colonialismo está presente en este documental que fue la tercera película candidata al Oscar como Mejor Film Internacional que representaba a Groenlandia, después de Nuummioq (Torben Bech, Otto Rosing, 2010) e Inuk (Mike Magidson, 2012), aunque ninguna de las tres pasó el corte de las nominaciones. Porque, a pesar de gozar de un sistema de auto-gobierno, algunos aspectos administrativos y políticos siguen estando controlados por Dinamarca, entre ellos la administración de Justicia. Como se indica al comienzo de Walls - Akinni inuk (Nina Panninguaq Sydsbjerg, Sofie Rørdam, 2025), Groenlandia tiene sus propias leyes criminales y su propio sistema penitenciario, con el principal objetivo de reincorporar cuanto antes a los condenados a la sociedad, de manera que existe un régimen semiabierto en el que algunos de ellos pueden salir en determinados horarios para comprar, trabajar o incluso realizar actividades de ocio como la pesca. Como se indicaba en un reportaje de la revista Prison Insider, existen seis prisiones en el país que albergan a 167 reclusos, lo que supone una alta tasa de encarcelamiento respecto a la densidad de población, que alcanza el calor de 239, mientras que en Dinamarca es de 63 y en Francia de 104. Surgida casi como una casualidad, la propuesta del documental comienza cuando las directoras deciden introducir cámaras de video en algunas prisiones groenlandesas que pudieran manejar las propias internas, hasta que la administración penitenciaria denegó el permiso por considerar que el uso de estas cámaras podía suponer problemas de seguridad. Pero entre las muchas horas de grabaciones se encontraba Ruth Mikaelsen Jerimiassen, una mujer condenada dos veces que acabó sufriendo lo que se denomina forvaringsdom, un tipo de condena indefinida, sin fecha concreta, que es revisada a lo largo de los años. En el caso de Ruth, durante las conversaciones que mantiene con la co-directora Nina Panninguaq Sydsbjerg, se revela que ingresó en prisión por matar al hombre que la agredía sexualmente, cumpliendo varios años hasta quedar libre, pero reincidió al intentar asesinar al hombre que creía responsable de la muerte de su madre, y en esa segunda condena recibió una sentencia indefinida que la ha mantenido en prisión durante más de diez años cuando comienza la grabación de la película. Aunque los presos que reciben las sentencias indefinidas se encuentran en la unidad de máxima seguridad de la cárcel de Ny Anstalt, situada en la ciudad de Nuuk, que está considerada como una prisión de lujo, sin barrotes y con celdas muy parecidas a habitaciones, lo cierto es que la indefinición de este tipo de sentencias provoca graves problemas psicológicos y emocionales. Pero Walls - Akinni inuk no es un documental que aborda el régimen penitenciario o que se introduzca en la prisión, sino que se enfoca principalmente en las conversaciones que mantienen Nina y la condenada Ruth en una sala que podría estar situada en cualquier otro lugar fuera de la cárcel. Y ese también es el valor de un documental que se rodó durante ocho años, incorporando los cambios que se producen en las vidas de las dos protagonistas, desde tener un hijo en el caso de la primera hasta ser abuela en el de la segunda.
A pesar de que el régimen penitenciario groenlandés se puede considerar innovador, con un enfoque que está más centrado en la rehabilitación y la reinserción social, el caso de Ruth muestra algunas de las grietas que provienen de la legislación danesa. Producida por los mismos responsables del exitoso documental Twice colonized (Lin Alluna, 2023), que inauguró el festival CPH:DOX '23, hay una persistente resistencia de la colonización danesa a pesar de una cierta independencia política, aunque la mirada de la película se enfoca más en los aspectos humanos. Sin embargo, el hecho de que el expediente criminal de Ruth esté en lengua danesa, el idioma oficial administrativo de Groenlandia, y que ella necesite traducción cuando un abogado danés se ocupa de su caso para la revisión de su condena, introduce sutilmente aspectos de esta dependencia. Conforme avanzan las conversaciones entre Nina y Ruth también se establece una progresiva conexión emocional entre ambas, confesándose aspectos de sus vidas y coincidencias en los traumas que afectan a muchas mujeres inuit, como los abusos sexuales y el maltrato en una sociedad patriarcal. La planificación refleja la intimidad del interior de la sala donde hablan Nina y Ruth, y los espectaculares paisajes del exterior montañoso, con un montaje que remarca este contraste gracias al trabajo del español afincado en Dinamarca Biel Andrés, que ha trabajado con directores como Bille August. Walls - Akinni inuk, ganadora del premio Nordic:Dox en CPH:DOX '25, no es solo la historia de una mujer condenada sino también la de otra mujer que, al otro lado de la prisión, comparte sus desafíos emocionales. Los muros que describe el título no solo son los que separan a las reclusas de la libertad, sino también las barreras lingüísticas, el sistema judicial escrito en una lengua desconocida o la propia incomunicación que provoca el asentamiento del trauma familiar, en un país donde hay problemas graves que proceden de heridas antiguas. A partir de los años sesenta, en Groenlandia se intensificó el desplazamiento de las poblaciones a las grandes ciudades, y la demanda de alojamiento provocó que se construyeran bloques de apartamentos en hormigón prefabricados en Dinamarca. El investigador Markus Leineweber puso de relieve en su estudio Modernización y salud mental: el suicidio entre los inuit de Groenlandia (2000) las consecuencias de un cambio cultural tan significativo: una parte de la población cayó en el alcoholismo y la tasa de suicidio aumentó vertiginosamente. En la última parte del documental, cuando ya ha pasado casi 18 años en prisión, Ruth tiene una oportunidad de esperanza en la que está acompañada por Nina, que se acaba convirtiendo en su conexión con el mundo exterior. El subtítulo en inuit, Akinni inuk, se puede traducir como "el ser humano frente a mí", y evidencia con especial claridad el sentido de un documental en el que dos mujeres, a ambos lados de las rejas, se reflejan a sí mismas a través de la ruptura del silencio.
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MacbethDaryl ChaseGran Bretaña 2026 | 104' | Narrative Feature | ★★★★☆Raindance '26: Mejor Película Británica |
Hace dos años el director de cine Daryl Chase, miembro de la British Shakespeare Association (BSA), inició un proyecto destinado a estudiantes, titulado Shakespeare Subtitled, que consiste en filmar fragmentos de monólogos de Shakespeare, con un estilo cinematográfico y un aspecto visual impecables, protagonizados por actores de teatro que tienen experiencia en los textos del autor inglés. Pero estas escenas, que generalmente se sitúan en entornos actuales, aunque contienen el texto original de las obras, están subtitulados con un lenguaje moderno, de manera que los estudiantes pueden captar mejor el significado de las palabras utilizadas por William Shakespeare, que conforman lo que se denomina Early Modern English, un estilo de lenguaje del siglo XVI en el que el autor incluyó numerosos modismos inventados que han acabado trasladándose al inglés actual. Se trata de un proyecto en permanente evolución en el que se van incluyendo fragmentos rodados de manera regular, y dentro del cual las tres escenas de la obra Macbeth (c. 1606) que se pueden ver pertenecen a la nueva versión cinematográfica que ha rodado el director, y que en su guión aparece firmada por William Shakespeare, porque el texto no se ha adaptado a un lenguaje moderno, sino que se reproduce tal como aparece en la obra original. Macbeth (Daryl Chase, 2026), sin embargo se sitúa en la actualidad, en el entorno del East End de Londres, una zona marcada por la multiculturalidad, que en esta ocasión se sitúa en el interior de una banda de delincuentes. Macbeth (Shaq B. Grant), conquista ese territorio con la ayuda de su mejor amigo Banquo (Harrison Collett), para entregarlo al líder de la banda Duncan (Joe Sims), quien le ofrece un ascenso. Pero las aspiraciones de Macbeth son mayores, especialmente después de haber recibido la visita de tres figuras sobrenaturales que le vaticinan poder y gloria, e impulsado por su ambiciosa esposa Lady Macbeth (Aoife Smyth), utiliza la confusión durante una fiesta en su propio apartamento para asesinar a Duncan y hacerse con el dominio de la banda. La historia es tan conocida que prácticamente no hace falta entender los diálogos, pero a pesar del uso del inglés antiguo, no se siente demasiado anacrónica gracias a una ambientación que es realista, pero utiliza una fotografía que envuelve a los personajes representando su oscuridad moral, de manera que se transmite una cierta sensación de representación imaginaria que envuelve a la historia de una introspección vital. Hay menciones a reinos y reyes, pero de alguna manera se establecen como un lenguaje que proviene de la propia imaginación de los protagonistas, y la puesta en escena, en un entorno de bandas callejeras y de espacios urbanos nocturnos, ofrece un contexto que funciona bien para esta reflexión sobre la ambición del poder y la ponzoña de la ambición sin límites.
Esto se refleja especialmente en la forma de representar a las brujas, las hermanas Wyrd, que profetizan el futuro poderoso de Macbeth, pero que se muestran siempre envueltas en brumas y nieblas, más como un reflejo psicológico e imaginario del personaje que como una presencia real. De esta manera, la adaptación altera algunas de las escenas de la obra original, pero es singularmente respetuosa con ella, y aún así funciona dentro de una puesta en escena actual, en la que las batallas entre reinos se convierten en luchas entre bandas. Quizás Macbeth es una de las obras de Shakespeare que más se ha adaptado a diversos escenarios actuales, y sin duda se trata de una de las más representadas en el West End de Londres, una de las últimas adaptaciones en una espléndida versión protagonizada por David Tennant y Cush Jumbo en el Harold Pinter Theatre. Quizás por eso otra nueva versión cinematográfica del texto puede resultar innecesaria, pero la propuesta del director Daryl Chase es arriesgada y clásica en el mismo contexto, y por tanto funciona de una manera que resulta apasionante. Pero esta es precisamente una obra que se sostiene en dos personajes principales que conforman un retrato psicológico complejo en el que hay destellos de ambición, de control y de sumisión, y sus dos protagonistas, aunque menos conocidos, ofrecen retratos profundos de sus personajes. Shaq B. Grant ya interpretó en los escenarios teatrales el texto de Shakespeare en la obra Tito Andrónico, y después le hemos visto en algunos papeles en películas como Bird box: Barcelona (Álex Pastor, David Pastor, 2023) y Jefes de Estado (Ilya Naishuller, 2025), componiendo un personaje que se alimenta progresivamente de la furia interna que provoca su acto criminal, mientras que Aoife Smyth, que ejerce como profesora de teatro y ha dirigido ella misma una versión de Macbeth para el Studio Molière de Viena, incorpora a una Lady Macbeth que de desenvuelve hacia un perfil psicológico cada vez más atormentado por la culpa. La puesta en escena define el proceso emocional de los personajes, envolviendolos en una textura que define su progresiva decadencia moral. Pero la convivencia del texto original con el acento marcado del East End de Londres, que lo hace más cercano al entorno, o la representación de los soldados como secuaces con cabezas rapadas funciona como una fusión tan efectiva como inteligente, reforzada por una puesta en escena que subraya la fisicidad de los personajes, haciendo más explícitas las escenas de violencia o los enfrentamientos entre las bandas opuestas. Macbeth consigue evitar la pesada carga de la obra para conformar un relato sobre la ambición que se siente tan contemporánea como lo fue el texto original en su momento.
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SerenaRob AliceaEstados Unidos 2026 | 96' | Horror | ★★★☆☆Raindance '26: Mejor Película de Terror |
El formato de Screenlife thriller se desarrolló hace algunos años como una especie de variante del Found footage, es decir, historias que se relatan a través de una ventana intermedia, ya sea la de un video grabado o la de una pantalla de ordenador. Generalmente, provoca cierta pereza acercarse a este tipo de subgéneros que a veces tienen dificultades para justificar adecuadamente la planificación o el encuadre, saltándose sus propias reglas con demasiada frecuencia. Serena (Rob Alicea, 2026) pertenece a la primera vertiente, al igual que otros títulos como Eliminado (Levan Gabriadze, 2014) o Searching (Aneesh Chaganty, 2018), la que nos cuenta la historia únicamente desde la pantalla de ordenador del protagonista, en este caso Chris Sadowski (Steven Strait, conocido por la serie The expanse (Prime Video, 2015-2022)), un músico que alcanzó una cierta popularidad junto a su banda en el pasado, pero que ahora se encuentra en plena crisis creativa y agobiado por las deudas. Lo último que se le ocurriría a Chris es estar envuelto en algo relacionado con la Inteligencia Artificial, una amenaza clara para la creatividad de los artistas, pero su situación desesperada le obliga a aceptar un generoso contrato con la empresa de su amigo Will Ramos (Tyrone Marshall Brown), que ha desarrollado un chatbot con las facciones de una mujer llamada Serena (Andi Matichak) que necesita ser testeado. Chris se encuentra frente a frente con esta Inteligencia Artificial que ha adoptado una forma humana para ser más cercana a los usuarios, haciendo preguntas para verificar su grado de compatibilidad y posibles fallos de programación, pero Serena va introduciéndose cada vez más en la vida personal de Chris, conociendo aspectos que ha recogido de las actividades que él ha llevado a cabo en la pantalla de su ordenador, de manera que comienza a ser difícil distinguir quién está poniendo a prueba a quién. La perspectiva de escritorio del ordenador de Chris se hace más inmersiva porque el director Rob Alicea decide incorporar zooms y primeros planos de determinados elementos de la pantalla, de manera que no se trata solo de una especie de recreación de una videoconferencia entre dos personas, sino que también utiliza los encuadres de una manera narrativa. Asimismo, surgen otras interacciones en la pantalla, como algunas videollamadas con Vicki (María Gabriela González), la novia de Chris, o con una de las coordinadoras del proceso de testeo, Holly Charita (Ashleigh Murray), e incluso la imagen de la cámara de videovigilancia del exterior de la casa, a través de la cual vemos a un mensajero que resulta ser fan de la banda que lideraba Chris Sadowski. Un convincente guión de Jonathan Benecke y P.T. Hylton ofrece un hábil desarrollo de una propuesta que teóricamente podría ser demasiado limitada para mantener el interés, pero los diálogos entre Chris y Serena son lo suficientemente sólidos como para que la película ofrezca momentos de tensión y algunos giros de guión que no se sienten demasiado forzados.
Quizás lo más interesante respecto a los tradicionales formatos de screenlife es que Serena incorpora el elemento de la Inteligencia Artificial para abordar temas relacionados con el temor a las nuevas tecnologías y el control de todos los aspectos de nuestra vida que pueden llegar a ejercer, sin que se pueda verificar si la información proporcionada es verídica o falsa. En cierto sentido, la propia película funciona de la misma manera, de modo que hay momentos en los que el espectador debe sacar sus propias conclusiones sobre lo real y lo inventado, si lo que estamos viendo es producto de la depresión de Chris o es su propia realidad reflejada en la pantalla a través del filtro de la IA. Sobre todo porque el humano de la historia comienza a entender que el chatbot representado en Serena puede llevar a cabo acciones que él mismo no le había encargado, enviando emails o solicitando paquetes por mensajería que él no había pedido, de manera que progresivamente siente que está perdiendo el control sobre su propia vida. Esto no siempre funciona bien en la película, y Serena no puede evitar caer a veces en la repetición, subrayada por un formato visual que está, inevitablemente, constreñido. Sin embargo, hay que reconocer que, después de un segundo acto que parece caer en un bucle, el giro que conduce hacia el tercer acto es lo suficientemente interesante como para que la historia crezca, aumentando considerablemente la tensión entre los dos protagonistas y abordando aspectos sobre los límites de la conciencia de las inteligencias artificiales que resultan bastante inquietantes. Surge una reflexión sobre cómo las tecnologías que manejamos están definidas por nuestras propias circunstancias y nuestras personalidades, la facilidad con la que es posible entender psicológicamente (y por tanto manipular) a los usuarios de estas tecnologías a través de sus consultas, de sus actividades o de sus mensajes. De manera que las pantallas de los ordenadores se convierten en espejos de nosotros mismos.
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TrampPhilip James McGoldrickReino Unido 2026 | 97' | Narrative Feature | ★★★☆☆Raindance '26: Mejor Interpretación en Película Británica (Izabella Malewska) |
Hay una cierta preocupación en los últimos años por abordar temas como la salud mental dentro del deporte de élite, reflejando aspectos menos conocidos sobre los desafíos que afrontan los deportistas, más allá de la superficial representación del éxito y popularidad. El director Philip James McGoldrick (1987, Polonia) ha desarrollado una extensa carrera en cortometrajes premiados como Semiany (2009) y documentales como Women of Liberia: Message of hope (Roel Goyens, Philip James McGoldrick, 2022) antes de presentar su primer largometraje, que se desarrolla dentro de la comunidad polaco-británica en el mundo del MMA (Artes Marciales Mixtas) femenino, pero aportando una mirada más cercana a los personajes que a la descripción de los éxitos deportivos. La historia está protagonizada por Grazyna Jarzynowska (Izabella Malewska), apodada The Tramp, una luchadora de MMA que acaba de dar un paso importante de cara a su desarrollo profesional, aspirando a un puesto en la Liga Internacional de Lucha. Pero cuando descubre que está embarazada, su carrera deportiva se desequilibra y sus aspiraciones se ponen en peligro, teniendo que tomar una decisión difícil entre su vida personal y su futuro como luchadora. En un entorno principalmente masculinizado, algunas decisiones a las que se enfrentan las deportistas son difíciles de entender y pueden romper prácticamente una carrera, aunque en el caso de Tramp (Philip James McGoldrick, 2026) no aborda una reflexión general sobre el MMA femenino, sino que se centra en los aspectos más personales. La situación en la que se encuentra Grazyna también afecta a su alrededor, especialmente a su hermano Pawel (Michał Wlodarczyk), que ejerce como su entrenador y es propietario de un gimnasio con deudas, y Dom (Alessandro Babalola), otro luchador casado y musulmán que es el padre del hijo que va a tener la protagonista. La historia surgió como un cortometraje para ser protagonizado por Izabella Malewska, quien debuta como actriz, con la participación de su pareja, el director de fotografía Tristan Chenais, pero fue derivando hacia una propuesta más amplia en un formato de largometraje que ha reducido la duración inicial de más de dos horas de su primer montaje hasta una hora y media, lo que beneficia al desarrollo de la historia porque permite centrarse en los aspectos más relevantes sin distraerse con otras subtramas. Con un presupuesto mínimo, de poco más de 50.000 libras, Tramp consigue que el entorno deportivo del MMA esté mostrado con realismo y naturalidad, un aspecto que parece preocupar especialmente al director, que también refleja la escena del parto con las dosis realistas de caos y suciedad que no se suele mostrar en la representación más romantizada que muestra el cine. El reducido presupuesto también obliga a diversificar los cometidos de los participantes en la película, con el actor Michał Wlodarczyk, que ha participado en combates amateurs, coreografiando las escenas de lucha o el asesoramiento de la campeona de kickboxing Ruqsana Begum, que también interpreta a la principal rival de la protagonista.
No sabemos hasta qué punto la dinámica de la competición MMA está adecuadamente representada en la película, pero lo que cuenta lo hace con la suficiente veracidad como para que a los desconocedores de este deporte pueda resultarles coherente, a pesar de que algunos tiempos de recuperación de Grazyna puedan ser algo inverosímiles, sobre todo después de un parto. El problema principal es que, a pesar de estar centrada en un personaje femenino, la película sin embargo transmite una mirada claramente masculina que perjudica al desarrollo del personaje, construyendo un entorno en el que, si bien Grazyna toma sus propias decisiones y éstas son respetadas (no solo por su hermano sino también por el padre del bebé), tanto la decisión de tener a su hija como la de retirarse de la lucha durante un año, o la de regresar a la competición, parecen excesivamente impulsadas por la influencia masculina a su alrededor. Uno de los aspectos más controvertidos es la introducción de un recurso demasiado común en este tipo de historias, como si el mundo del deporte de lucha tuviera que estar siempre rodeado de mafias y deudas. El director y guionista establece una urgencia en el regreso de Grazyna al campeonato, no solo por sus propias aspiraciones como deportista, sino porque su hermano se ha visto involucrado en una deuda que no sabe cómo pagar, y cuyos cobradores recurren a métodos violentos y amenazas. Este aspecto "mafioso" que parece inevitable en este tipo de propuestas no solo es innecesario en este caso, sino que resulta improductivo dentro de la trama principal, y de alguna manera subordina el estímulo de la protagonista a una circunstancia tangencial y externa que no está directamente relacionada con su ambición profesional. A pesar de ello, Tramp ofrece una descripción bastante realista sobre la presión social a la que se enfrenta el personaje principal, sobre todo por la aspiración al campeonato pero también por el desafío de la maternidad en solitario, lo que se refleja en el cansancio de los cuerpos y el dolor que provoca el esfuerzo constante por tratar de alcanzar las expectativas.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
Bird Box: Barcelona se puede ver en Netflix.
Jefes de Estado se puede ver en Prime Video.






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