18 junio, 2026

Raindance '26 - Parte 1: Perdiciones


Una nueva cita con el cine independiente se celebra en Londres desde el Raindance Film Festival, cuya programación incluye una larga lista de producciones internacionales, de las que comentaremos algunas de ellas en nuestras próximas crónicas. Este año, algunos nombres destacados visitan las sedes del festival para recibir los Premios Icon que reconocen su trabajo: entre ellos para el actor Brian Cox (1946, Escocia), la actriz Miriam Margolyes (1941, Reino Unido) y el cineasta Lloyd Kaufman (1945, Nueva York), del que se proyectará el documental Occupy Cannes! (Lily-Hayes Kaufman, 2025), sobre su productora Troma. También se entregará el premio a título póstumo al músico Eddie Cochran (1938, Minnesota-1960, Reino Unido), junto al estreno del documental Eddie Cochran: Don't forget me (Kirsty Bell, 2026) en la jornada de clausura. En cuanto a presencia española, destaca la selección de los documentales En silencio: La resiliencia de Isco Alarcón (Sara Sálamo, 2025) y Copeland (Pablo Aragüés, 2026), un retrato del músico Stewart Copeland.

American muscle

Joel Veach

Estados Unidos 2026 | 81' | Discovery Award | ★★

Cinequest Film Festival '26: Premio del Público

A pesar de sus evidentes influencias y sus claras referencias, algunas películas consiguen traspasar los límites de ser simplemente una reproducción de otros escenarios y situaciones que forman parte de la imaginería cinematográfica. Desde ese desierto del Valle de la Muerte en California donde se desarrolla la historia (esta película se rodó durante 12 días en la localidad californiana de Santa Clarita), American muscle (Joel Veach, 2026) recuerda inmediatamente al universo de No es país para viejos (Joel Coen, Ethan Coen, 2007), aunque el director debutante Joel Veach ha afirmado en alguna entrevista que la película imprescindible que el equipo tenía que ver antes de comenzar el rodaje era Sangre fácil (Joel Coen, 1984). En todo caso, está claro que los hermanos Coen marcan claramente su debut como director con una historia sobre perdedores que, inevitablemente, tienen todas las cartas para serlo incluso más. Es el caso del joven mecánico Ray (David W. Thompson) que trabaja en un taller en medio del desierto donde la clientela no es especialmente abundante, mientras cuida de su padre enfermo, al que nunca vemos claramente, quien parece estar prácticamente agonizando. Ray debe 100.000 dólares a un mafioso llamado Frank, al que tampoco veremos en toda la película, pero tiene un plan para poder pagar su deuda: cobrar el seguro de vida de su padre cuando éste muera. El problema es que, antes de que eso suceda, dos matones enviados por el mafioso, que simplemente se presentan como Uno (Brenda Sexto III) y Dos (Gbenga Akinnagbe), tienen un poco de prisa en cobrar el dinero, y desde luego no tienen la paciencia necesaria para esperar al fallecimiento del padre de Ray. Precisamente en medio de esa difícil situación, él recibe la visita de su hermana Maggie (Liana Wright-Mark), quien hace tiempo decidió salir de la atmósfera opresiva familiar. A lo largo de la película asistimos a la memoria de una infancia marcada por los abusos de un padre violento cuya filosofía sobre educar los músculos como única forma de supervivencia da título a la película. También los dos matones y sus conversaciones a veces casi filosóficas pueden recordar a Reservoir dogs (Quentin Tarantino, 1992), pero esa es una influencia que casi se podría encontrar en cualquier título del subgénero neo-noir que se haya hecho en los últimos años. Precisamente estos dos personajes, que incluso tienen un arco narrativo aunque son secundarios, fueron el punto de partida de un guión que en principio nació como obra de teatro, y eso se puede captar en muchas de las escenas de la película, generalmente apoyadas en diálogos entre pocos personajes. No es casualidad que Joel Veach hubiera escrito anteriormente el guión de Old man (Lucky McKee, 2022), un thriller psicológico que se desarrolla en una cabaña con un excursionista y un anciano como únicos protagonistas. 

Hay ciertos desequilibrios en la narrativa y alguna suspensión de la incredulidad que parece demasiado insalvable, pero también hay elementos interesantes en este particular thriller que se desarrolla entre diálogos bien elaborados y algunos momentos casi surrealistas protagonizados por los personajes. Particularmente, los dos matones que comienzan a sufrir una crisis de identidad cuando se enfrentan a una situación inesperada: no conseguir terminar su misión. Uno de ellos empieza a sospechar que haber encontrado un coyote herido en la carretera cuando estaban llegando a su destino podría ser una especie de señal del destino, así que deciden acudir a una tarotista que encuentran en el camino, aunque no crean demasiado en ello: "Él cree en las energías, yo solo creo en las líneas rectas", dice Uno. En realidad, tampoco llegamos a saber qué respuesta consiguen encontrar en las cartas, porque el guión introduce una elipsis en el momento preciso, y son algunas de esas ausencias (como la de los personajes de Frank y el padre de los dos hermanos) las que introducen una economía de recursos en la narrativa que hace que la historia sea mucho más fluida y original. Joel Veach, quien también interpreta un pequeño papel como el dependiente de una tienda llamado Carl, apuesta por no tener que contarlo todo, y eso invita al espectador a ser mucho más activo en su forma de ver la película. El tiempo corre y el plazo para pagar los 100.000 dólares (los dos matones no aceptan soluciones intermedias) obligan a Ray a tomar decisiones que, sin embargo, en vez de mejorar su situación, lo que hacen es empeorarla. Pero esa es su realidad permanente, algo que Maggie sabe perfectamente: "Te conozco, Ray. Tenías las maletas hechas en la puerta cuando entré, y apuesto mi vida a que si esos tipos no hubieran aparecido, habrías cogido el dinero y te habrías escapado". American muscle, sin embargo, no es solo un thriller sobre las muchas formas en que una situación peligrosa puede arruinarse más de lo que está, sino que habla sobre vidas arruinadas por el abuso de un padre alcohólico y violento, la de dos hermanos que afrontaron la situación de maneras diferentes: Maggie huyendo y liberándose, y Ray quedándose y siendo atrapado por una vida envuelta en malas apuestas y peores decisiones. Hay en el fondo de una historia que a veces tiene muchos puntos de ironía, una sensación de tragedia que acompaña a sus personajes de una manera que parece elaborada por un destino fatal inevitable. 

Born to lose

Joseph Zentil

Estados Unidos 2026 | 112' | International Feature | ★★

Cinequest Film Festival '26: Estreno Mundial

Hay un cierto paralelismo entre las historias de ésta y la anterior película, ambas estrenadas en el Cinequest Film Festival, dedicado al cine independiente, que se celebra en el mes de marzo en San José y Mountain View en California. Son aproximaciones a perdedores que abordan la identidad heredada a través de protagonistas que parecen envueltos en un círculo vicioso de malas decisiones. En el caso de Born to lose (Joseph Zentil, 2026) su explícito título define desde el principio a Andy Logan (Dylan Arnold), un motero adicto a la cocaína que, cuando regresa a la casa familiar en Paducah (Kentucky), encuentra a su padre muerto. Siguiendo la colaboración que mantenía su padre con el mafioso local Roddy (Shane Callahan), dueño de un club de striptease, Andy se ofrece también para traficar para él. Pero la pérdida de una bolsa con pastillas le acaba metiendo en una deuda mayor con Roddy, de la que solo puede salir reparando la vieja Harley-Davidson Panhead de su padre para venderla, junto al antiguo amigo de éste Jed Duncan (James Le Gros). Con una clara referencia a la canción "Born to be wild" (1968) del grupo Steppenwolf que popularizó la película Easy rider (Buscando mi destino) (Dennis Hopper, 1969), esta historia se mira en el espejo de aquella como una referencia a las películas sobre motociclistas a través de una compañera inseparable del protagonista: su Harley-Davidson Sportster. El legado familiar se representa a través de ese estilo de vida común, pero también desde otra mirada distinta, la de la hermana de Andy, Julie Logan (Ambyr Childers), que expone una fractura psicológica de la que es difícil escapar, ella también envuelta en el círculo de la delincuencia a través de su relación con el mafioso Roddy. El director Joseph Zentil, que ha dirigido videoclips y anuncios publicitarios, ha tardado ocho años en levantar el proyecto y adopta una estética poco luminosa, en secuencias principalmente nocturnas o en interiores en clubes y bares, y exteriores generalmente grisáceos, envueltos en el ruido de las motocicletas que son más que una cultura dentro de su entorno. Born to lose se mueve a un ritmo pausado a través del cual la experiencia de Andy se desarrolla con suficiente desenvoltura, marcada por un montaje que el propio director reconoce haber tenido que reducir para que la película no alcanzara las dos horas. A través de esta historia de perdedores también se construye un cierto retrato de esa Norteamérica profunda que se esconde en los pequeños pueblos en los que el desempleo, las adicciones y la violencia doméstica forman una parte casi orgánica de la atmósfera opresiva que les rodea. 

Uno de los impulsores de esta producción ha sido el chef canadiense Matty Matheson, al que también podemos ver como actor en la serie The Bear (Disney+, 2022-2026). Metido últimamente en el terreno audiovisual como productor ejecutivo, ha sido una destacada incorporación al proyecto, no solo como productor sino también como actor, interpretando a un personaje particular, el histriónico vendedor de coches Bucky, cuyos anuncios publicitarios están permanentemente emitiéndose en la televisión. Incluso se aprovechó el rodaje de sus escenas para que él mismo adoptara también al personaje en un primer teaser de la película que está narrado al estilo de los anuncios de Bucky. Lo que, sin embargo, puede dar una imagen equivocada de la historia, porque es mucho más nostálgica y oscura de lo que parece viendo ese teaser, con más dosis de drama que de comedia. El mérito del director es conseguir que Born to lose se sienta incluso atemporal, que la construcción de esa atmósfera que rodea al protagonista parezca una historia actual, pero también tenga la textura de las películas de los años ochenta, mirando de reojo a esas conexiones entre padres e hijos que se han reflejado en títulos como Hombres frente a frente (James Foley, 1986), en la que un joven Sean Penn trataba de compartir la vida criminal de su padre Christopher Walken. El proyecto también se inspira en la experiencia de Joseph Zentil en la cultura motociclista, algo que se refleja bien en la autenticidad que desprenden los escenarios y los personajes que forman parte de la comunidad. Pero se transmite la sensación de que, lejos de convertir a estos vehículos en la parte central de la historia, hay un intento bastante logrado de que estos espacios formados por talleres de motos personalizadas y trayectos por carreteras solitarias formen una parte esencial de la construcción de los personajes, que se refleja en esa forma de describir la cultura motociclista como una filosofía de vida: "Recuerda, nunca te salgas de la carretera. Mantente en ella".

Fränk

Tõnis Pill

Estonia 2025 | 109' | International Feature | ★★

Tallinn Black Nights Film Festival '25: Baltic Competition

EFTA '26: Mejor Película, Director, Guión, Fotografía, Diseño de producción


Convertida en uno de los éxitos locales del pasado año en Estonia, y ganadora de algunos de los principales premios que concede cada año la Academia de Cine y Televisión (EFTA) en una ceremonia celebrada el pasado mes de abril, Fränk (Tõnis Pill, 2025) es una especie de coming-of-age protagonizado por preadolescentes en el que se nos advierte al comienzo que algunas imágenes pueden resultar incómodas para el espectador. Porque el retrato que hace el director debutante de la vida en un pequeño pueblo de la campiña estonia a principios de los 2000 es todo menos optimista, aunque plantee un desenlace más o menos esperanzador. El protagonista es Paul (Derek Leheste), un joven que ha decidido irse a vivir con su tío Aivar (Märt Pius), huyendo de la violencia doméstica que ejerce su padre y de la relación de dependencia que tiene su madre Jane (Katariina Tamm), incapaz de salir de un bucle de enamoramiento envuelto en amor tóxico. La pequeña localidad en la que vive Aivar mantiene todavía la atmósfera de la era postsoviética y sus consecuencias, con casas abandonadas, pocos habitantes y antiguas fábricas que ya no funcionan. Los jóvenes de la zona tienen pocas cosas que hacer, excepto reunirse para beber alcohol y esnifar pegamento a escondidas, envueltos ya desde niños en las adicciones como única forma de pasar el tiempo. En su camino a casa, Paul conoce a Sasha (Oskar Seeman), un joven desfigurado y discapacitado al que los chicos llaman Fränk en referencia al monstruo de Frankenstein. Sasha vive con su hermano, pero suele deambular por las vías del tren o pedir limosna en la puerta de la tienda local, a menudo sufriendo las bromas y el acoso violento de los jóvenes del pueblo. De alguna manera, Paul siente cierta curiosidad por él, pero al mismo tiempo acaba formando parte del acoso para sentirse integrado en un grupo de chicos de 13 años que parece liderado por Jasper (Tõru Kannimäe), quien vive con un padre permanentemente deprimido por la muerte de su esposa, y con el que solo comparte algunas excursiones de caza que tratan de transmitirle una cierta masculinidad. El debut de Tõnis Pill (1992, Estonia) provoca, efectivamente, cierta incomodidad, no solo por la representación de estos jóvenes ya envueltos en las adicciones, una realidad que suscitó cierta controversia en Estonia cuando se estrenó la película, sino sobre todo por las prácticas abusivas que ejercen sobre el joven discapacitado Sasha. Pero, a raíz de una de estas situaciones extremas, Paul acaba acercándose a Sasha como el único habitante del pueblo que realmente desprende una bondad que él mismo no ha conocido. En realidad, los protagonistas de la película sufren continuamente abusos mientras ellos también los ejercen, no solamente los niños, sino también los adultos. 

La película a veces puede resultar algo exagerada en este retrato tan desesperanzador de la juventud en Estonia, especialmente en un tercer acto en el que el liderazgo de Jasper se ve amenazado por el conocimiento de Paul de las notas anónimas que le envía a una dependienta de la tienda del pueblo de la que está secretamente enamorado. Jasper es un personaje interesante, un joven que no puede traspasar la grieta de comunicación que se ha abierto con su padre después de la muerte de su madre, pero su desarrollo se siente demasiado grueso y excesivamente conveniente. Sin embargo Fränk funciona mejor como una hermosa historia sobre una amistad improbable entre Paul y Sasha, con una interpretación de Oskar Seeman que hubiera necesitado algo más de sutileza. Quizás lo que mejor logra esta historia coescrita por Tõnis Pill y Laura Raud es que, a pesar de la atmósfera abusiva en la que viven los personajes, rodeados de maltrato doméstico, acoso, masculinidad tóxica y adicciones, consigue transmitir un cierto mensaje inspirador, una idea de que hay otras salidas aparte de la de salir huyendo del pueblo a lo desconocido que se le pasa por la cabeza a Paul en algún momento. Puede faltar, teniendo a una mujer como co-guionista, algún personaje femenino más fuerte, porque los que se retratan, incluso la agente de policía del pueblo, parecen demasiado supeditadas a los personajes masculinos. Sin embargo, Fränk no es una película oscura, sino que refleja cierta luminosidad, contraponiendo a dos personajes que tienen en común un entorno familiar abusivo (Paul y Jasper) con el carácter de Sasha quien, a ojos de los demás, puede ser un "error de la naturaleza", pero sin embargo despliega bondad porque solo ha conocido el amor y la comprensión de su hermano Jarko (Priit Võigemast), con el que vive, y que se convierte en su principal protector sin arrebatarle su propia libertad. A pesar de que reflexiona sobre la verdadera condición de los monstruos, los que son designados como tal por sus deformaciones físicas frente a los que realmente lo son por sus deformaciones interiores, Fränk consigue desarrollar con sensibilidad una historia de comprensión y aceptación que se desarrolla, a pesar de todo, en el contexto de un hermoso verano en Estonia.  

En silencio

Sara Sálamo

España 2025 | 84' | Female Gaze |

Festival de San Sebastián '25: Made in Spain

Festival de Sevilla '25: Panorama Andaluz


Hay una escena en este documental dirigido por la actriz Sara Sálamo sobre el período de convalecencia de su marido, el futbolista del Real Betis Balompié, Isco Alarcón, en el que ella cuenta la anécdota de mostrar un gesto de malhumor cuando la cámara del estadio de fútbol la enfocó después de un gol de Isco. En realidad, estaba molesta porque había perdido la oportunidad de grabar ella misma el gol de su marido, para incluirlo dentro del documental. Es un momento significativo que puede resumir el principal defecto de esta película: perder las mejores oportunidades, desaprovechar las posibilidades de un planteamiento que, sobre el papel, puede ser interesante pero cuando se ha trasladado a imágenes acaba desenfocado. En silencio (Sara Sálamo, 2025), que tiene un subtítulo que parece destinado a atraer la atención de los aficionados al fútbol, por si acaso, se estrenó en el Festival de San Sebastián y pasó por el Festival de Sevilla antes de estrenarse brevemente en algunas salas de cine. Ahora ha conseguido el mérito de ser reconocido fuera de España con esta selección en Raindance Film Festival como una propuesta diferente a los típicos documentales sobre deportistas, más centrada en la mirada íntima que en el recorrido por los éxitos del jugador. Y elegir precisamente un período de seis meses de inactividad de un futbolista de élite como Isco Alarcón es una decisión valiente, alejada de los habituales retratos, aunque hay una cierta tendencia en los últimos años a ofrecer miradas mucho más humanas de sus protagonistas. El problema de En silencio es que da la sensación de que tampoco tiene mucho que decir más allá de ese retrato personal, porque tampoco la personalidad de Isco es demasiado locuaz (parece más hablador con las cámaras de las ruedas de prensa que con la de su propia esposa). Alternando primeros planos que tratan de ofrecer una mirada más íntima, con panorámicas tomadas con drones que intentan presentar la dimensión más épica de la figura pública de Isco Alarcón, el documental le acompaña en los momentos de indecisión que se producen tras una lesión importante de peroné que en 2024 le mantuvo alejado de los terrenos de juego, rompiendo una buena racha y seguramente también, a pesar de su total recuperación, sus futuras posibilidades para ser convocado para la selección nacional de fútbol. En alguna conversación, el propio jugador malagueño apunta que la lesión parecía menos grave pero la recuperación acabó alargándose varios meses más, pero esto ni siquiera es introducido en el documental como un punto de inflexión en el desarrollo de la narración, sino como un apunte casi anecdótico. Faltan elementos de reflexión que aporten una mirada más profunda sobre la ruptura momentánea de una carrera deportiva más allá de alguna intervención como narradora de Sara Sálamo, solo para decir algunas obviedades, o los continuos planos de Isco mirando el campo de fútbol desde la barrera. 

En silencio cuenta con una buena planificación, aunque a veces parezca demasiado impostada (el reflejo de la directora en una ventana a través de la cual vemos a Isco al otro lado), y Sara Sálamo a veces toma la decisión (equivocada) de incorporarse ella misma dentro del relato, como en una discusión demasiado preparada, entre ambos porque Isco se queja de que ella no le avisa con suficiente tiempo de antelación para grabar. Parece un recurso evitable porque, al margen de mostrar cierta complicidad como pareja que no era necesaria, no aporta nada especialmente interesante al documental. Ella también reflexiona sobre esa dualidad entre esposa y directora al enfrentarse a la figura de su marido, lo que provoca la sensación de que no parece tener demasiado claro qué quiere contar, dando vaivenes continuamente entre el perfil humano del futbolista y su propia implicación en la narración de la película. Esta especie de admiración por la estrella de fútbol frente a su condición de padre que se transmite en las imágenes, que siempre tratan de ofrecer la personalidad más positiva y amable, sin fisuras de ruptura emocional, perjudica a la mirada del documental, y además se queda en la representación superficial del conflicto que plantea. Al final de la proyección de En silencio, no se ha profundizado demasiado en el drama que para un futbolista puede suponer una lesión, si es que esa era la intención, no hay reflexiones sobre el miedo a un futuro inestable, no hay un reflejo que trascienda la simple mirada entristecida de un jugador que no puede participar en el próximo partido de la competición de liga. Y a pesar de que en ciertos momentos parece querer contrastar las expectativas de los aficionados y los medios de comunicación sobre la recuperación del futbolista desde el exterior, a través de imágenes de televisión o de redes sociales, con el sentimiento más íntimo y personal del entorno familiar, tampoco llega a funcionar en este sentido, perdiendo de nuevo una oportunidad de profundizar en la contraposición entre la vida personal y la vida pública de un jugador que muchas veces resulta decisivo para los éxitos de su equipo.  

_____________________________________
Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

No es país para viejos se puede ver en HBO Max, Movistar Plus y Tivify.
Sangre fácil se puede ver en Movistar Plus. 
Reservoir dogs se puede ver en Linosgate+.
Easy rider se puede ver en Filmin. 
Hombres frente a frente se puede ver en Prime Video.

No hay comentarios:

Publicar un comentario