07 febrero, 2016

Goya 2016: Aniversario de saldo

Lo de la vergüenza ajena es algo que ya tenemos asumido. Especialmente en momentos como los que se vivieron anoche, en una ceremonia de premios que, sin desmerecer en cuanto a ritmo lento y chistes malos con otras galas como los Premios Europeos o los Oscar, tiene algo de compadreo que a veces resulta gracioso y en ocasiones totalmente ridículo. 

Entre las cuestiones que se escapan a nuestra comprensión están algunas decisiones que se toman sobre el desarrollo de la ceremonia. Como bien apunta hoy Jaume Roures, fundador de Filmin, si los premios Goya celebran la calidad de nuestro cine, y además en los últimos años han conseguido ser un escaparate magnífico con audiencias excelentes (anoche casi 4 millones de espectadores y un 28,5% de share), no se entiende que parezcan más empecinados en lanzar burdos mensajes demagógicos y puyas de tono político que a utilizar esta plataforma para promocionar el cine español que veremos en los próximos meses. Este año, por cierto, repleto de nombres destacados que presentan nuevos títulos como Pedro Almodóvar, Icíar Bollaín, Alberto Rodríguez, Juan Antonio Bayona, Daniel Calparsoro o Eduard Cortés. pero, a excepción de Bayona, al resto no les vimos sobre el escenario. 


Dani Rovira parecía abducido por el espíritu de El Hormiguero y acabó incorporando a la gala números de magia protagonizados por el ya un poco cansino Jorge Blass, más propios de un espectáculo de crucero "todo incluido" que de una ceremonia de cine. Pero además nos ofreció uno de los monólogos más largos y aburridos que hemos visto en mucho tiempo, lleno de lugares comunes y con solo alguna nota brillante. Al menos podría haber tenido la valentía de, en vez de arremeter contra los de siempre, hacer alguna referencia a la corrupción en el sistema de subvenciones al cine, como hizo Silvia Abril en los Premios Feroz. Organizar una gala en la que todas las críticas son hacia el exterior, como si el resto del mundo tuviera la culpa de lo bien o mal que le va a nuestro cine (los políticos, la piratería, el IVA, Montoro....) no tiene mucho sentido. Aquí hace falta un Ricky Gervais que le saque los colores a más de uno. 

Antonio Resines, nuevo presidente de la Academia, sacó una vez más el fantasma de la piratería como gran lastre del cine español, algo que resulta bastante reiterativo y, como mucho, dudoso. El problema no parece que los espectadores se descarguen ilegalmente películas españolas, sino en que directamente no tienen interés en verlas. Una película española de éxito suele atraer a una media de 2 millones de espectadores, y títulos de repercusión mediana como la ganadora, Truman, superan escasamente el medio millón. Eso quiere decir que, de los 4 millones de espectadores que tuvo la gala, más de la mitad no había visto la mayor parte de las películas finalistas. Por otro lado, levantar la bandera antipiratería cuando tu propia ceremonia está envuelta en la polémica teniendo desde hace dos años como principal patrocinador a una empresa con varias condenas por infracción de marca y competencia desleal debido a su práctica de copiar perfumes de lujo de otras compañías, no deja de ser incoherente. 

Los premios no depararon demasiadas sorpresas, máxime en una edición que incluía entre sus nominaciones títulos de mediano o bajo recorrido por la taquilla, dejando fuera precisamente a aquellas películas que han dado a nuestro cine el mejor resultado desde hace años (Anacleto, Agente secretoRegresión u Ocho apellidos catalanes), con la escasa presencia de otros títulos taquilleros como Palmeras en la Nieve (lógico premio a la Mejor Canción y a Dirección Artística), El desconocido (merecido galardón al Montaje) o Atrapa la bandera (cantadísimo Goya a Película de Animación). 

Así las cosas, la humanidad que desprende Truman, quizás la mejor película de Cesc Gay hasta la fecha, apoyada siempre en la perfecta química entre Ricardo Darín y Javier Cámara, acabó decantando los principales premios: Película, Director, Guión, Actor protagonista y Actor de reparto. Aunque en algunos momentos parecía que Isabel Coixet iba a acabar dando la campanada con Nadie quiere la noche que, sorprendentemente, consiguió cuatro galardones: Música, Maquillaje y peluquería, Diseño de vestuario y Dirección de producción. Dicen las malas lenguas que tenía la convicción de que este año ella iba a ganar el premio de Dirección. 

Especialmente meritoria es la presencia en los Goya de Lucas Vidal, joven compositor afincado en Los Angeles que ha logrado hacerse un hueco en la industria de Hollywood, con algunas incursiones en el cine español como Invasor (2012) o El estigma del mal (2014). Doblemente nominado por la excelente banda sonora de Nadie quiere la noche y la canción principal de Palmeras en la nieve, logró dos de dos, lo que refuerza su integración total en nuestra industria y le confirma como uno de los más interesantes compositores jóvenes del momento.  

Aunque A cambio de nada no es una película especialmente destacable, los premios que consiguió son justos y dieron algunos de los momentos más emotivos de la gala. El malagueño Miguel Herrán es uno de los vértices principales de la película, y su naturalidad frente a la pantalla le hacen merecedor del premio como Actor revelación. Más discutible es el de Mejor Director Novel para Daniel Guzmán porque, aunque maneja con soltura la historia, los trabajos de Dani de la Torre en El desconocido o Juan Miguel del Castillo en Techo y comida son más meritorios. Y también nos decepcionó que Antonia Guzmán no consiguiera el Goya a Mejor Actriz revelación, por la valentía de una abuela a la hora de ponerse delante de una cámara, aunque el reconocimiento a Irene Escolar, última generación de una larga familia de tradición teatral como los Gutiérrez Caba, por su trabajo en Un otoño sin Berlín, película que solo ella eleva a categoría de gran cine.  

Como también resultó decepcionante que Inma Cuesta no consiguiera el Goya a Mejor Actriz por La novia, a pesar de ser uno de sus mejores trabajos. Pero esta adaptación  emocionante de Bodas de sangre de Federico García Lorca se tuvo que conformar con los premios a Actriz de reparto (Luisa Gavasa) y Fotografía (Miguel Ángel Amoedo), aunque aspiraba a ser una de las triunfadoras de la noche. En el lado opuesto, la modesta Techo y comida logró sorprender con el premio para Natalia de Molina, actriz jienense que ya consiguió el Goya revelación en 2014 por Vivir es fácil con los ojos cerrados, de David Trueba. 

No se sabe si lo peor de la gala fueron los chistes malos de Dani Rovira o los disfraces de Oscar Jaenada y Victoria Abril (aunque a ella se lo perdonamos todo), pero se esperaba más compromiso real de una ceremonia y de una Academia que, tras la interesante etapa marcada por la presidencia de Alex de la Iglesia, parece iniciar una época de retroceso con Antonio Resines a la cabeza. Como muestra, el más que dudoso homenaje otorgado a Mariano Ozores.  



04 febrero, 2016

Estrenos de "midseason" en Estados Unidos: ¿las series del futuro?

Tras la pausa navideña, comienza la midseason en la televisión norteamericana, momento que aprovechan las cadenas de televisión para lanzar algunas de sus últimas novedades. No se trata de la época más fructífera en cuanto a series de calidad, y en ocasiones se acaban estrenando producciones que han salido de la parrillada de otoño por no resultar demasiado convincentes. En todo caso, es una buena forma de calibrar por dónde se mueven las diversas plataformas televisivas. Como de costumbre, la ciencia-ficción es el género preferido para captar la atención de los espectadores. Y entre historias más o menos recurrentes, nombres como los de Juan José Campanella, Chris Carter o Stan Lee dan algo de categoría al comienzo del año. Estas son algunas de las nuevas producciones televisivas que ya hemos podido ver. 

The X-Files
Chris Carter para Fox

La buena acogida de las producciones televisivas está provocando también la recuperación de antiguos éxitos de la pantalla pequeña. Si eso es bueno o es una muestra de cierto agotamiento de las fórmulas establecidas, es algo que iremos comprobando en los próximos años. Chris Carter creó en 1993 una de las series que más ha influido precisamente en la ficción televisiva actual, estableciendo pautas por entonces impensables, como la violencia que se mostraba en algunos capítulos (Home, el capítulo segundo de la cuarta temporada, fue el primero que tuvo que incluir un aviso de calificación para mayores por su alto contenido violento). Pero, ¿merece la pena recuperar a los personajes del pasado, especialmente cuando tanto David Duchovny (Californication) y Gillian Anderson (Hannibal) han encontrado otros caminos en televisión? El piloto de esta nueva entrega no parece despejar la incógnita, porque resulta vago, impreciso y hasta algo aburrido. La cosa mejora a partir del segundo y tercero de los seis capítulos previstos (este último es una curiosa boutade que juega con el humor absurdo), mejorando en la contraposición del presente con elementos que acompañan a los personajes desde temporadas pasadas, aunque en algunos momentos sus tramas parecen recordarnos precisamente a las de otras series posteriores que debían mucho a la estética de Expediente X, como es el caso de Fringe (2008-2013). 


DC's Legends of tomorrow
Greg Berlanti, Marc Guggenheim, Phil Klemmer, Andrew Kreisberg para The CW

El universo DC continúa desarrollándose en televisión, ahora con otra bifurcación de sus series de éxito Arrow (2012-) y The Flash (2014-), cuyos protagonistas también aparecen en esta nueva franquicia. The CW es, posiblemente, la cadena de televisión más pequeña de las que compiten en el mercado televisivo norteamericano, pero su coalición con DC le ha permitido colocarse en buenas posiciones de rating televisivo. Aunque hay que decir que este conglomerado narrativo que se inició con Arrow y se ha ido extendiendo en otras líneas argumentases paralelas puede acabar en un batiburrillo sin sentido. Por el momento se consigue mantener cierta coherencia, lo cual es positivo. En Legends of tomorrow se introduce a varios superhéroes metidos en una máquina del tiempo (Doctor Who (2005-) parece que ha influido en muchos otros universos de fantasía), y la serie tiene las virtudes y los defectos de otros producto televisivos basados en cómics. Entre efectos visuales con cierta decencia y escenarios un poco de cartón piedra (el interior de la máquina del tiempo es una mezcla cutre entre Star Trek (1966-1969) y Marvel's Agents of S.H.I.E.L.D. (2013-)), las dos primeras partes funcionan sin destacar demasiado. Como en Arrow y The Flash, se trata de un entretenimiento de sobremesa que no aporta demasiada profundidad a sus personajes.  Como curiosidad, en el reparto vemos juntos de nuevo Dominic Purcell y Wentworth Miller antes de que protagonicen la resurrección de Prison break (2005-2009).



Lucifer
Tom Kapinos para Fox

También basada en una novela gráfica del mismo título de DC Cómics, que surgió como spin-off del personaje que aparecía en The sandman, Lucifer es una producción de Jerry Bruckheimer para televisión que incorpora como protagonista al hijo del mismísimo diablo, aquí disfrutando de su estancia en la Tierra y poco dispuesto a volver al infierno. Retratar a Lucifer como un inglés en Los Angeles no deja de tener su gracia, y el tono irónico que le da el actor Tom Ellis funciona bien dentro de la trama. Por lo demás, Lucifer parece una serie algo anquilosada en otras historias de investigación policial con cierto sentido del humor negro, como Castle (2009-) o Bones (2005-), y no aporta grandes novedades, por mucho que el protagonista sea inmortal y tenga su lado maquiavélico. Ni siquiera la trama del episodio piloto es lo suficientemente potente como para engancharnos especialmente, y parece un producto realizado con cierta desgana, destinado al público de sobremesa sin demasiadas pretensiones, que funciona a ratos pero no consigue establecer una auténtica identificación entre el espectador y los protagonistas a los que, por cierto, se les intuye un desarrollo más que previsible en sus interrelaciones personales.       



Second chance
Rand Ravich para Fox

Fox apuesta fuerte este año por las novedades de ciencia-ficción. Otro de sus estrenos es esta revisión moderna de Frankenstein, de Mary Shelley, aquí centrada en una compañía de alta tecnología que resucita a un veterano sheriff para intentar salvar a una de sus ejecutivas de un cáncer terminal. La resurrección vendrá acompañada por un rejuvenecimiento y una fuerza descomunal (algo así como un Hulk sin tinte verde), y permitirá al protagonista intentar lavar su propia imagen como policía corrupto. Los primeros episodios están dirigidos por Michael Cuesta, realizador responsable de algunos capítulos de Dexter (2006-2013) y Homeland (2011-)  y de interesantes películas independientes como L.I.E. (2001), lo cual es una garantía de buena ejecución. Y ciertamente, el episodio piloto tiene un dinamismo que nos atrapa y plantea ciertos interrogantes que pueden ser interesantes en su desarrollo. En todo caso, volvemos a una serie de episodios con investigaciones autoconclusivas y un arco argumental que mantiene algo de misterio. La idea de que el protagonista tenga que "recargar la batería" cada cierto tiempo es poco afortunada, porque ralentiza el desarrollo de las historia. Y tampoco parece indicar que la historia se mueva en terrenos poco trillados y desaprovecha la ocasión para reflexionar en serio sobre la naturaleza del alma humana.
 



Colony
Ryan Condal y Carlton Cuse para USA

El planteamiento de esta serie de ciencia-ficción no es demasiado original (un planeta Tierra rodeado de grandes muros que separan a los trabajadores de los colaboracionistas con una invasión alienígena), y recuerda a otras series recientes como Wayward Pines (2015-). Aquí nos tenemos que dejar llevar por unos protagonistas solventes como Josh Holloway (Perdidos) y Sarah Wayne Callies (Prison break, The walking dead), por el creador Carlton Cuse, responsable de series como Perdidos (2004-2010), Bates Motel (2013-2016) o The strain (2014-) y por la participación del argentino Juan José Campanella en la dirección de los tres primeros episodios. Aunque el episodio piloto es un tanto lánguido en el planteamiento de personajes y trama principal, la serie remonta algo una vez están planteadas las principales líneas narrativas, algunas de las cuales pueden dar resultados interesantes. Falta algo de profundidad en los personajes principales, y el desarrollo puede dar lugar a nefastas consecuencias o a una brillante resolución. Al menos el armazón parece consistente, aunque este tipo de historias de enfrentamientos resistencia-contra-invasores suele acabar dando vueltas y vueltas sobre lo mismo, a no ser que tengas un guión sobresaliente y lleno de sorpresas como el de The man in the high castle (2015-).



The magicians
Sera Gamble y John McNamara para Syfy

El planteamiento de esta "universidad para jóvenes con potencial mágico" sin duda nos recuerda a Harry Potter o X-men. Todavía más cuando la primera versión del episodio piloto fue escrita por los guionistas de la película X-men. primera generación (2011), aunque finalmente el proyecto pasó a manos de Sera Gamble y John McNamara. Basada en una novela de Lev Grossman que luego ha publicado dos continuaciones en sendos libros, la historia tiene potencial, con los dos primeros episodios llenos de sorpresas, giros y personajes interesantes que pueden dar de sí para un buen entretenimiento, poniendo las bases de protagonistas y antagonistas con buenas dosis de humor negro. Lo que aleja a The magicians de Harry Potter es que hace pocas concesiones, y si tiene que mostrar escenas de alto contenido violento lo hace (la primera incursión de "La Bestia" es escalofriante). Y en ese sentido parece que nos encontramos ante una producción con posibilidades de elaborar distintas líneas argumentales que resulten atractivas y nos deparen más de una sorpresa. Su target destinado a un público joven no es sinónimo de una historia sin complejidades que puede tener lecturas más profundas para un espectador adulto, y en eso, por el momento, mantiene toda nuestra atención. 



The Shannara Chronicles
Alfred Gough y Millers Millar para MTV

La cadena de televisión musical aporta su granito de arena en la producción de series de aventuras con reminiscencias mitológicas. Los creadores de Smallville (2001-2011) toman como referencia una serie de novelas escritas por Terry Brooks, The swords of Shannara Trilogy, para crear una historia eminentemente destinada a los espectadores adolescentes (el target principal de MTV), repleta de elfos, dragones y criaturas míticas en lucha contra las fuerzas oscuras. Nada nuevo, desde luego, y las referencias a El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien, son más que evidentes, no sólo porque los principales protagonistas sean elfos, sino por la propia estética visual de la serie, la ambientación de los escenarios (también se rodó en Nueva Zelanda) o la propia descripción del líder de los demonios, llamado Dagda Mor. El problema es que todo parece de cartón piedra, por mucho que tenga unos efectos visuales más o menos decentes, aunque no se le puede negar que resulta entretenida para un público poco exigente. La curiosidad la encontramos en la presencia de la actriz española Ivana Baquero, la niña de El laberinto del fauno (2006), que ha iniciado una carrera en Estados Unidos y aquí nos ofrece una interpretación por encima de la media de los jóvenes actores que componen el reparto.      



Dark net
Mati Kochavi para Showtime

Las series documentales pueden convertirse en la última moda de televisión. Éxitos como Making a murderer (2015-) muestran que, elaboradas con inteligencia, pueden atrapar casi tanto como una historia de ficción. Entre las novedades de Showtime este mes de enero se presenta esta incursión documental de ocho episodios en el mundo de internet y cómo éste ha cambiado nuestros comportamientos y nuestra forma de relacionarnos. En este caso, se nos muestra en cada capítulo un ramillete de historias más o menos oscuras sobre cómo internet ha servido a algunos de sus usuarios para cometer delitos, o cómo el mundo virtual ha modificado nuestras relaciones personales: en el primer episodio vemos al amante de una chica creada por ordenador, una relación sadomasoquista en la distancia o una joven sometida a una venganza sexual cuando su ex-novio decidió publicar sus fotos eróticas en todo tipo de páginas web. Es una visión poco esperanzadora, desde luego, de lo que nos ha transformado el mundo virtual, pero al mismo tiempo es una buena forma de darnos cuenta hasta qué punto estamos siendo controlados voluntariamente por programas informáticos que saben casi todo de nosotros. 



Billions
Brian Koppelman, David Levien y Andrew Ross Sorkin para Showtime

Estamos ante una de las series más prometedoras de esta mid-season. El enfrentamiento entre el Fiscal de Estado y un multimillonario cuyos negocios no parecen estar muy claros nos ha presentado en sus dos primeros capítulos unos diálogos inteligentes, una realización dinámica y un tempo preciso para ir desgranando lentamente los resortes que van componiendo la historia. Pero sobre todo Billions tiene la virtud de contar con un duelo interpretativo de altura, el que protagonizan los actores Damien Lewis, que ha sabido superar su trabajo en Homeland (2011-) con trabajos como Wolf Hall (2015) y el siempre espléndido Paul Giamatti, dos actores que continuamente estamos esperando que se encuentren al mismo tiempo en pantalla, porque su trabajo provoca chispazos en la pantalla. Cierto es que el background de los protagonistas suena a forzado (las tendencias sadomasoquistas del fiscal), pero aportan esa debilidad que quizás sea necesaria para próximas entregas. Aunque con estructura de culebrón, la serie contiene suficientes elementos de interés como para captar nuestra atención, y sus posibilidades argumentales han hecho que Showtime haya confirmado una segunda temporada hace unos días.  


American crime story: The People v. O.J. Simpson     
Ryan Murphy para FX

A este paso, Ryan Murphy está consiguiendo tener una serie suya en cada una de las franjas del calendario televisivo de Estados Unidos. Ahora, la franquicia American Horror Story incorpora una extremidad que se dedica a repasar en cada temporada algunos de los casos recientes más impactantes de la historia criminal de América. Algo así como lo que ya se hizo en España con La huella del crimen (1985). Nada nuevo, por tanto, pero aquí viene rodeado de una producción de lujo que tiene a los prestigiosos guionistas Scott Alexander y Larry Karaszewski (responsables de películas como Ed Wood (1994) o El escándalo de Larry Flint (1996) en el desarrollo de la historia. El resultado en su primer capítulo es interesante, especialmente apoyado en la interpretación de unos actores (Cuba Gooding, jr., John Travolta, la habitual Sarah Paulson...) que consiguen hacer creíble la increíble sucesión de despropósitos de uno de los juicios más mediáticos de la historia. Aunque la serie no aporta nada nuevo a las mil versiones de lo que sucedió entre O.J. Simpson y su ex-esposa, lo cierto es que el éxito arrollador del primer episodio deja abiertas buenas posibilidades de cara a próximas temporadas (la segunda podría estar dedicada a las consecuencias del Katrina). Aquí Ryan Murphy se ciñe a los hechos y deja a un lado la paranoia mental que suele estar presente en sus series, en un trabajo mucho más contenido. Lo cual es de agradecer.    



28 enero, 2016

Las películas de animación nominadas al Oscar 2015

En nuestro repaso por algunas categorías de menor resonancia, nos acercamos en esta ocasión a los films nominados al Oscar. Aunque parece bastante clara la ganadora de este año, Del revés, no tienen menor calidad los otros títulos finalistas, aunque se hayan quedado fuera películas de gran relevancia comercial como Los Minions o la producción de Disney-Pixar El viaje de Arlo, en favor de una producción brasileña, El niño y el mundo, o la última película de los Studio Ghibli, El recuerdo de Marnie. Este es el repaso a los nominados al Oscar en la categoría de Largometraje de Animación:

Anomalisa
Duke Johnson, Charlie Kaufman

Charlie Kaufman se ha consolidado como un autor inclasificable, responsable de títulos que no se encuentran en la estela de las producciones de Hollywood. Y quizás por eso, a pesar de escribir y dirigir películas tan sobresalientes como Synecdoche, New York (2008), hay que esperar varios años para saborear sus nuevas historias. Basada en una obra teatral del mismo título que escribió en 2005 bajo el seudónimo de Francis Fregoli, en la que los actores leían sus textos directamente en un atril, sin escenario ni vestuario especial, Anomalisa ha tenido su traslación natural en forma de película de animación, con las voces de David Thewlis, Jennifer Jason-Leigh y Tom Noonan (los mismos actores de la obra teatral). Casi como una continuación coherente con la reflexión sobre la soledad del creador que realizó en Synecdoche, New York, su primera película como director, Charlie Kaufman nos ofrece aquí en forma de animación stop-motion otro acercamiento a la soledad de un hombre en su madurez al que la monotonía le rodea (hombres y mujeres hablan con la misma voz), convirtiendo su vida en un sinsentido, hasta que encuentra una vía de escape en una mujer aparentemente normal que le saca de la monotonía. Con un perfecto trabajo de animación, esta excelente reflexión sobre la madurez debería ser la ganadora del Oscar, aunque suponemos que lo tiene difícil, por introducirnos en un trabajo de animación para adultos (con la mejor escena de cunilingus que hemos visto en mucho tiempo) que, como suele ser habitual en el cine escrito por Charlie Kaufman, se mueve en terrenos poco complacientes. 



Del revés
Pete Docter, Ronnie Del Carmen

Tras una etapa un tanto menor en las producciones de Pixar (sus últimas películas, Cars 2 (2011), Brave (2012) y Monstruos University (2013) se movían en cotas de calidad media comparadas con sus anteriores obras maestras), la productora de John Lasseter nos ofrecía de nuevo una gran película de animación, en la que el concepto "para todos los públicos" cobra un sentido especial, porque Del revés es tan válida como cinta de animación para jóvenes, como visión cultural para adultos. Que una película de animación se presente en el Festival de Cannes da la medida exacta del terreno que maneja Pixar en un campo en el que parece reinar (no sin fracasos creativos, como el reciente El viaje de Arlo (2015)). Del revés se desarrolló durante cuatro años de la mano de uno de los directores más destacados de la compañía, Pete Docter, guionista de títulos como WALL-E (2008) y Up (2009), de la que también fue director, que atesora ya 7 nominaciones al Oscar, entre cortos y largometrajes. Considerada por muchos entre las mejores películas de Pixar, Del revés contiene algunas escenas inolvidables que formarán parte de la iconografía de una de las productoras más exitosas del cine de animación. Pocos dudan que este año el Oscar será para esta película. 



El niño y el mundo
Alê Abreu

A los aficionados al cine de animación la producción brasileña O minino e o mundo les parecerá una película antigua, siendo su estreno de 2014 y logrando algunos de los premios más importantes en su recorrido por festivales destacados como Annecy (Mejor Película y Premio del Público) o La Habana (Mejor Película de Animación). El joven ilustrador Alê Abreu ha conseguido situar su película en lo más alto del panorama del cine de animación internacional, y eso a pesar de un trabajo que en cierto modo sale de la senda habitual del género a nivel comercial. La gran virtud de El niño y el mundo es la de saber construir una historia sencilla (un niño recorre diversos escenarios buscando a su padre, que ha partido para encontrar trabajo) a través de una imaginativa concepción de la animación que va desde el dibujo sencillo del comienzo de la película a procesos mucho más elaborados conforme el niño descubre nuevos mundos. Todo ello retratado con una sorprendente capacidad para adentrarnos en un estilo de animación que resulta atractivo y ensoñador, unido a una denuncia clara y contundente de los sistemas de producción industrial y la explotación laboral (curiosamente, la producción está apoyada económicamente por Petrogas, una compañía que está precisamente en la línea de aquello que se denuncia en la historia). Sin necesidad de diálogos (los pocos que hay están reproducidos al revés, consiguiendo un lenguaje ininteligible) ni personajes estereotipados, Alê Abreu consigue en El niño y el mundo mucha mayor efectividad que los guiones "industriales" de las películas más comerciales.  



El recuerdo de Marnie
Hiromasa Yonebayashi

En 2013 el mítico cineasta Hayao Miyazaki anunciaba su retirada del cine. La productora Studio Ghibli no sobrevivió a la salida de su fundador ni un año, y en 2014 Isao Takahata anunciaba la decisión de que los estudios de animación abandonaban la producción de largometrajes. El recuerdo de Marnie queda, por tanto, como la última película realizaba por esta mítica compañía que ha dado algunos de los mejores títulos de animación de las últimas décadas. El filme, una historia intimista sobre una joven que se siente apartada de quienes le rodean, se mueve en los márgenes habituales de las producciones Ghibli, aunque sin alcanzar la maestría de otros de los últimos títulos de la compañía. Destaca sin duda el interés por los detalles del director Hiromasa Yonebayashi, que logró mejores resultados con su debut, Arrietty (2010). No es por ello desdeñable esta película, de escenarios preciosistas, momentos emocionantes y una técnica de animación inmejorable, en cuyo guión quizás hubiera hecho falta algo más de desarrollo para completar con mejores resultados esta historia sobre el recuerdo. Es una película con un poso de melancolía, y no deja de ser curioso que hable de la memoria siendo el colofón a una compañía que permanece en nuestra memoria como uno de los grandes responsables de la iconografía animada japonesa.   



La oveja Shaun. La película
Mark Burton, Richard Starzak

La factoría Aardman estrenó un nuevo largometraje, esta vez protagonizado por la protagonista de una serie de televisión que se viene emitiendo en la BBC desde 2007, y que a su vez tomaba al personaje de la oveja Shaun de un cortometraje protagonizado por Wallace & Gromit. Dirigida por el veterano Richard Starzak (el director de la serie) y Mark Burton, que también se encargan del guión, Shaun the sheep Movie demuestra una vez más la maestría de esta compañía de animación, aportando en el guión ese "british touch" con un sentido del humor blanco que demuestra que es posible escribir historias sencillas, pero repletas de personajes bien elaborados (hasta la más mínima aparición está estudiada) y escenas que hacen las delicias de niños y de adultos. Todo ello sin necesidad de recurrir al diálogo, como suele ser habitual en las producciones de Aardman Animation. La oveja Shaun es un slapstick que debe mucho a los grandes clásicos del cine mudo, y nos devuelve a ese sentido de la comedia clásico, pero en ningún momento obsoleto. Ni qué decir tiene que la técnica stop-motion (otra película nominada que utiliza este tipo de animación) alcanza la perfección. Aardman Animation ya consiguió el Oscar en 2005 con Wallace & Gromit. La maldición de las verduras





21 enero, 2016

Un repaso a los documentales nominados al Oscar

La carrera hacia el Oscar ha comenzado. La lista de nominados repasa algunos de los títulos más destacados del año, y entre sorpresas y constataciones, aparecen categorías que quedan en segundo plano. Nosotros nos centramos en este post en la de Mejor Documental. 5 títulos que muestran realidades muy diferentes, desde los biopics singulares como Amy o What happened, Miss Simone? hasta el retrato de la violencia pasada en The look of silence o presente en Cartel land y Winter on fire. 5 películas que han dejado en el tintero títulos destacados como The haunting ground, sobre los abusos sexuales protagonizados por miembros de la iglesia católica (curiosamente está nominada su canción principal), la espectacular crónica del ascenso al Himalaya Meru o He named me Malala (la ausencia más destacable de este año por la repercusión mundial de su protagonista, una adolescente amenazada por los yihadistas). 

Amy
Asif Kapadia

Sin duda parece el claro aspirante a llevarse el Oscar este año, aunque no olvidemos que las particularidades de esta categoría (no es votada por todos los miembros de la Academia, sino solo por quienes acreditan haber asistido a los pases especiales), suele traer siempre alguna sorpresa. En todo caso, no solo es favorito por la repercusión internacional de un documental sobre una de las grandes estrellas de la canción de los últimos tiempos, sino porque se trata de un trabajo modélico y posiblemente el mejor documental estrenado en 2015. El británico de origen indio Asif Kapadia ya logró una película notable con Senna, y aquí vuelve a demostrar su capacidad para seleccionar los mejores fragmentos de la vida de la protagonista, y un talento especial para dotar al documental de los resortes necesarios para captar la atención del espectador. Aunque para ello juegue con herramientas tramposas como la del "antagonista" que permita la identificación con el personaje principal (en Senna fue la rivalidad con Alain Prost, aquí es la relación sentimental y autodestructiva con Blake Fiedler-Civil). Amy es el mejor documental que puede tener una estrella de la canción como Amy Winehouse, y con él descubrimos las debilidades de una cantante que sucumbió a los males de la popularidad sin tener apenas tiempo de asimilarlos. 



Cartel land
Matthew Heinemann

Este documental podría ser el perfecto complemento a la película Sicario, de Denis Villeneuve, ya que trata prácticamente el mismo tema, y lo hace con parecida fuerza cinematográfica. La diferencia es que, mientras en la película del canadiense los hechos son más o menos ficticios, la experiencia de Mathhew Heinemann es brutalmente real. Cartel land se centra en dos formas de justicieros a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Dos fuerzas civiles que, ante la inoperancia de los gobiernos, deciden tomarse la justicia por su mano en contra de los carteles de la droga. Unos con clara mentalidad fascista y otro con formas de actuar parecidas a aquellos contra quienes están luchando. Premiada en el Festival de Sundance como Mejor Dcouemtal y Mejor Drector, esta producción que tiene entre sus promotores a la directora Kathryn Bigelow, pertenece a la categoría de "one-man-documentary". Matthew Heinemann, que se inspiró en un artículo publicado en la revista Rolling Stone, se adentra con su cámara en las patrullas paramilitares, viviendo en persona situaciones de auténtico peligro. La gran virtud de Cartel land es un montaje espléndido, apoyado por una banda sonora magnífica de H. Scott Salinas y Jackson Greenberg, que hacen parecer a este documental casi como una película de ficción, trepidante, intenso, de una violencia que resulta impactante. Sin duda se trata de una de las incursiones más interesantes en el mundo de la droga fronteriza, aunque las conclusiones que plantea sean demasiado obvias. 



La mirada del silencio
Joshua Oppenheimer

El director danés nos ofrece una nueva visión en torno al genocidio perpetrado por la dictadura en Indonesia, como una especie de continuación de su anterior documental, The act of killing (2012), que también fue nominado al Oscar. Si en aquella ocasión nos mostraba  entrevistas con los asesinos convertidos en ancianos que ponían en marcha una macabra representación teatral de sus crímenes, en una visión desazonada de la represión, ahora adopta un punto e vista más personal, a través de los ojos del descendiente de una familia que sufrió las matanzas y la persecución de la dictadura. No se trata de una respuesta a quienes acusaban al director de ser demasiado condescendiente con los criminales (aquí la "representación" es mucho más cruda), sino que es una consecución lógica que se rodó al mismo tiempo que el anterior. Dejando de lado elementos más o menos artificiales como la música, el cine de Oppenheimer nos muestra la realidad desnuda, las conversaciones entre este valiente joven optometrista y quienes asesinaron a algunos miembros de su familia de una forma descarnada, con sus silencios y esas miradas que son auténticos cuchillos emocionales. Producido, como el anterior, por Errol Morris y Werner Herzog, Joshua Oppenheimer demuestra aquí que es un alumno aventajado de estos dos maestros del documental. 



Winter on fire: Ukraine's fight for freedom
Evgeny Afineevsky

Aunque no lo consiguió con la película Beasts of no nation, Netflix sí ha logrado incluir en la lista de nominaciones a los Oscar dos documentales de producción propia. El primero de ellos es esta crónica de las protestas civiles que se produjeron en la plaza de Maidán en Kiev, que mostraron a finales de 2013 su rechazo a la posición alejada de Europa adoptada por el presidente Viktor Yanukóvich, y que acabarían siendo el germen de violentos enfrentamientos que desembocaron en la huída del presidente (y que posteriormente provocaría también la guerra civil en el Sur de Ucrania, auspiciada por Rusia ante la deriva europeísta del nuevo gobierno). Hasta 28 operadores de cámara están acreditados en esta narración del origen del conflicto, a las órdenes del director ruso Evgeny Afineevsky, que consigue una coherente descripción de las protestas, introduciendo al espectador en el verdadero corazón de la violencia asesina de la policía. Esta es la mayor virtud de un documental que resulta intenso en la visceralidad de sus imágenes (subrayada por una contundente aunque demasiado enfática banda sonora de Jasha Klebe). En su contra, la narración unidireccional del documental (que pasa de puntillas por la presencia de grupos neonazis infiltrados en las manifestaciones civiles) y por tanto su escasa profundidad en los hechos que narra, lastran el auténtico impacto que producen las imágenes. 



What happened, Miss Simone?
Liz Garbus

El otro documental que Netflix ha conseguido colocar en la carrera de los Oscar es este repaso a la vida y la música de na de las grandes cantantes de todos los tiempos. Y, como suele ser habitual, desgranando los aspectos menos complacientes de una vida dura de racismo, maltrato y lucha vital. "Mi madre era Nina Simone las 24 horas del día. Y eso podía llegar a ser un problema", dice Lisa Simone, apuntando en una sola frase la personalidad bipolar de la cantante. Liz Garbus logra, como lo hace Asif Kapadia en Amy, mostrarnos a través de grabaciones y entrevistas, aunque de una manera algo más convencional, ese otro lado de la aparentemente idílica vida de un artista. El trabajo constante y agotador al que le tenía sometido su marido y representante, la complicada etapa en la que Nina Simone da la espalda a la industria musical para convertirse en voz de la lucha contra el racismo, o la autodestrucción a la que se somete lentamente cuando viaja a África. Un documental que nos descubre otros aspectos de la mujer que soñó con ser la primera pianista negra de música clásica y se convirtió en una de las voces más importantes de la música de todos los tiempos.  






18 enero, 2016

Fabricando a un asesino (Making a murderer), la realidad sobrepasa la ficción

Netflix se ha metido de lleno en la producción de series y películas. Proyectos como Narcos, Jessica Jones o Beasts of no nation (que si bien no ha conseguido colarse entre las nominaciones de los Oscar como se pretendía, al menos ha dejado en alto el listón), muestran el buen momento que vive la producción propia de televisión. El último éxito de Netflix es la docuserie Making a murderer (ya disponible en el portal de Netflix), que desvela el ridículo de un sistema judicial incapaz de hacer frente a la corrupción policial.

El caso de Steve Avery es una de esas crónicas vitales que superan con creces un posible guión de ficción. En 2005, dos estudiantes de la Universidad de Columbia (Moira Demos y Laura Ricciardi), encontraron en un artículo de The New York Times la inspiración para poner en marcha su tesis doctoral. El artículo describía la historia de Steve Avery, condenado por una violación que se demostró gracias a las pruebas de ADN que no había cometido, pero que tuvo que pasar 18 años en la cárcel antes de poder demostrar su inocencia, poniendo n entredicho además la ética de las fuerzas policiales del condado de Manitowoc, que le incriminaron a sabiendas incluso de su inocencia. Éste sin embargo no es el relato que nos describe la serie, sino solo el prólogo de una historia aún más rocambolesca. 

Cuando Steve Avery gozaba de libertad, y tras una demanda millonaria al condado, casualmente fue de nuevo acusado, esta vez por el asesinato de Teresa Halbach, una joven desaparecida en la zona. Y esta vez sí, condenado a una cadena perpetua que aún cumple, a pesar de los numerosos indicios que dejan constancia de la posible manipulación de pruebas por parte de la policía. Este es el grueso del documental, y lo que documentaron Moira Demos y Laura Ricciardi durante más de 10 años, siguiendo todo el juicio y entrevistando a familiares y abogados. La serie, rechazada por otras cadenas de televisión, finalmente fue producida por Netflix después de ver los tres primeros capítulos, y se añadieron posteriormente nuevas grabaciones y un montaje que desgrana con sabiduría los vericuetos de un complejo proceso judicial.

El infierno vivido por Steve Avery resulta escalofriante, y la sucesión de contradicciones y hechos aparentemente probados de corrupción e ineptitud en el seno de la policía acaban siendo devastadores. Lo más terrible, sin embargo, es la constatación de la ineficacia de las instituciones para controlar estos elementos corruptos. Al margen del relato de esta historia terrible para el protagonista, las grandes virtudes de Making a murderer es la capacidad de narrarlo con buenas dosis de suspense, sabiendo dejar cada capítulo en un cliffhanger que nos invita a seguir el siguiente episodio con interés, dosificando la información, sembrando datos, convirtiendo a los protagonistas de la historia casi en los personajes de una trama de suspense. 

Bien es verdad que, a mitad de la serie, cuando ésta se centra más en el desarrollo de los juicios que se celebraron, el interés puede decaer por la excesiva reiteración de datos y declaraciones de diversos testigos. Y que la postura de las cineastas resulta evidentemente más cercana al protagonista, dejando un especial protagonismo a los dos abogados que le defendieron, para poder explicar (y reiterar) al espectador la historia desde su punto de vista. El fiscal del caso, Ken Kratz, a pesar de no haber querido ser entrevistado para la serie, tras su estreno ha realizado declaraciones en las que se quejado de la parcialidad del documental, acusando a las directoras de dejar fuera aspectos de la investigación que incriminaban claramente al protagonista en los hechos enjuiciados. Y en cierto modo, como espectadores desconocedores de la historia, sí que resulta incomprensible que, a pesar de todos los indicios de pruebas falsas que nos describe la parte defensora, las sentencias de los jurados resulten tan claras. 


Desde el punto de vista televisivo, Making a murderer es un ejemplo de producción documental, con sus posible defectos y sus muchas virtudes. Se trata también de una necesaria revisión de los resortes policiales que se manejan a lo largo de una investigación, y de la real capacidad del sistema judicial (en Estados Unidos o en cualquier otro país democrático), para dar a un acusado las herramientas necesarias para demostrar su inocencia. Como comenta uno de los abogados de Steve Avery: "El peor mal de nuestro sistema judicial radica en la certeza infundada de agentes de policía y fiscales, de abogados defensores, jueces y jurados de que solo ellos están en posesión de la verdad. Es una trágica falta de humildad de todos los que participan en nuestro sistema penal. (...) Puedes afirmar que nunca vas a cometer un crimen. Pero es imposible garantizar que nunca te van a acusar de un crimen. Y si eso ocurre... entonces, buena suerte con este sistema penal".  

La historia de Steve Avery continúa tras el estreno de la serie y el apoyo de numerosos personajes públicos y ciudadanos. Tras la petición a la Casa Blanca de un indulto que ésta rechazó el pasado 7 de enero por considerar que le corresponde al Estado de Wisconsin concederlo o no, Steve Avery se ha puesto en manos de una abogada experta en condenas injustas que ha comenzado a trabajar en la reapertura de su caso. Y las directoras tienen la intención de continuar haciendo seguimiento a esta historia con el propósito de estrenar una segunda temporada. Al menos la serie sirve para encender los colores de un sistema judicial que se sabe imperfecto pero al que no le gusta demasiado que se lo recuerden públicamente. 

11 enero, 2016

Golden Globes 2016: Iñárritu vuelve a hacerlo

El director mexicano Alejandro González Iñárritu consigue situarse, un año después de su sorprendente éxito en los Oscar con Birdman (aunque los Globos de Oro entonces no le reconocieron), en una posición envidiable de cara a los premios de la Academia de Hollywood, tras lograr 3 Globos de Oro (Película, Director y Actor Principal), por su épica y valiente El renacido. Iñárritu está últimamente en estado de gracia, y cada nuevo trabajo es un tour de forcé que supera con creces, sin olvidar el trabajo de su director de fotografía, el también mexicano Emmanuel Lubezki, colaborador de otro compatriota destacado como Alfonso Cuarón, y cuyo trabajo en El renacido es todo un alarde que merece sin duda el Oscar.    



La gala de los Globos de Oro, que recuperaba a un Ricky Gervais que no decepcionó, ha puesto en la parrilla de salida a algunos de los nombres que este jueves estarán entre los nominados a los Oscar. Entre ellos, un Sylvester Stallone que logró el Globo de Oro como Mejor actor de reparto por su encomiable trabajo en Creed, el renacimiento de la franquicia de Rocky que le ha permitido recuperar a un personaje mucho más complejo que el que él mismo creó para el otro renacimiento fallido, Rocky Balboa (2006). 



Y ya que hablamos de renacidos, el otro nombre que estuvo presente en la ceremonia fue el de Ennio Morricone, que ganó el Globo de Oro por la banda sonora de Los odiosos ocho, y que por supuesto tuvo que recoger Quentin Tarantino ante la ausencia del maestro italiano, calificándole como el "mejor compositor de todos los tiempos, incluso por encima de Mozart". El premio es un tanto injusto, teniendo en cuenta que Morricone solo escribió 25 minutos de música original para la película, y fueron utilizados fragmentos descartados que compuso para La cosa (1982) y otras bandas sonoras. Sobre todo, compitiendo con el magnífico trabajo de Ryuichi Nakamoto y Alva Noto para El renacido



Sorprendente fue de hecho la nominación de Marte en la categoría de Mejor Comedia o Musical, algo que el propio Ridley Scott comentó entre dientes cuando recogió el Globo de Oro a Mejor Película en esta categoría. Y sobre lo que Ricky Gervais bromeó diciendo que al menos Marte era más divertida que Pixels. A decir verdad, la categoría de Mejor Comedia o Musical suele ser la menos agradecida de cara a los Oscar, teniendo en cuenta que el género no suele estar muy presente entre las películas nominadas. Y quizás por eso las compañías presentan determinados filmes con la esperanza de tener al menos el reconocimiento mediático. Por Marte, Matt Damon logró también el Globo de Oro a Mejor Actor de Comedia, aunque no está clara su presencia en las nominaciones a los Oscar.



La que sí tiene muchas posibilidades incluso de llevarse la estatuilla este año es Jennifer Lawrence por su magnífico trabajo en Joy, una irregular película de David O. Russell que reivindica a la mujer luchadora a través de un personaje que permite a la actriz componer una auténtica creación interpretativa que es lo que al final salva la película de su anodina narración. 



Por su parte, sorprendió el premio para Brie Larson, otra actriz que mantiene con su trabajo el interés en la película La habitación, y que supone sin duda un espléndido tour de force para un filme claustrofóbico que emociona y mantiene la tensión en todo momento.

Esta vez sí, la película biográfica sobre Steve Jobs dirigida por Danny Boyle ha convencido mucho más que aquel fallido biopic protagonizado por Ashton Kutcher, Jobs (2013). Y logró por supuesto el Globo de Oro al Mejor Guión, del que es autor el siempre preciso Aaron Sorkin, y el de Mejor Actriz de reparto, para una sorprendida Kate Winslet. 



De las categorías televisivas, hay que destacar el reconocimiento a dos de las series más sorprendentes del año, Mr. Robot (USA Network), ganadora del premio a Mejor Serie Dramática y Mejor Actor de reparto (Christian Slater), y Mozart in the jungle (Amazon), que recibió el de Mejor Serie de Comedia y Actor Principal (Gael García Bernal). Curiosa coincidencia este año la del director Alejandro González Iñárritu y el actor Gael García Bernal que pisaron la alfombra roja de los Globos por primera vez cuando Amores perros (2000) fue nominada como Mejor Película Extranjera. 



En el apartado de miniseries, la excelente producción británica Wolf Hall (BBC) se llevó el Globo de Oro principal, aunque sus actores no lo consiguieran, especialmente un Mark Rylance hipnótico (en los Oscar podrá ser nominado por su trabajo en El puente de los espías). Sin embargo, tenemos que decir que fue merecidísimo el premio al guatemalteco Oscar Isaac en esta misma categoría, que está espléndido en ese drama político que nos regaló la pasada temporada David Simon en Show me a hero (HBO), y que sitúan a este actor como uno de los más destacados de su generación. Y el de Jon Hamm que, aunque parezca que la última temporada de Mad men (AMC) está a años luz de haberse emitido, consiguió de nuevo el Globo de Oro como Mejor Actor, casi como una última despedida de la serie. 



Sorprendente, y creemos que injusto, fue el Globo de Oro a Lady Gaga por su interpretación en la irregular quinta temporada de American Horror Story: Hotel (FX). Al margen de que esta serie alterna temporadas espléndidas (Freak Show) con otras decepcionantes (Coven), lo cierto es que Hotel se mueve a mitad de camino entre la sordidez y la estupidez, y la presencia de Lady Gaga, por muy comentada que haya sido, no ha terminado de mantener el interés en una historia poco interesante. Al menos el premio dio para una de las imágenes de la noche, la cara de Leonardo DiCaprio cuando Lady Gaga pasa a su lado. 



Aunque para muchos, la presentación de Tina Fey y Amy Poehler fue más divertida, nosotros tenemos una especial predilección por Ricky Gervais, sobre todo por esa expectación que produce no saber qué exabrupto va a soltar por esa boca. Este regreso de Gervais a los Globos de Oro no decepcionó, y tuvo comentarios de todo tipo, incluso para la propia NBC, que retransmitía los premios lo que, según él, era muy loable teniendo en cuenta que era la única cadena de televisión que había conseguido cero nominaciones a los Globos de Oro. Hubo algún momento "tenso" como el reencuentro con Mel Gibson después de que al actor no le sintieran nada bien las bromas que le hizo hace unos años sobre la bebida. En definitiva, Ricky Gervais sabe dar a esta ceremonia el tono desenfadado que necesita (cerveza en mano), aunque los miembros de la Asociación de Periodistas extranjeros de Hollywood que concede los Globos de Oro le parezcan "un grupo de tipos desquiciados que solo te dan el premio para poder hacerse un selfie contigo".