02 abril, 2021

Las mejores bandas sonoras de 2021: Enero-Marzo

Como cada año, hacemos un repaso trimestral a las bandas sonoras más interesantes que se han ido editando en formato digital o físico. Durante el primer trimestre, algunas de estas ediciones pertenecen a producciones que se han estrenado durante el pasado año, pero cuyas ediciones digitales o físicas se han producido a comienzos de 2021. Precisamente esta circunstancia de transición entre un año y otro, y la temporada de premios provoca que la cantidad de ediciones sea menor. A continuación describimos los trabajos que más nos han gustado de estos primeros tres meses. 


Akelarre - 
Aránzazu Calleja, Maite Arroitajauregui
Plaza Mayor  8/01/2021

El trabajo musical de la película Akelarre (Pablo Agüero, 2020) es sin duda merecedor del Premio Goya que ha recibido. Porque se trata de una banda sonora que captura esta atmósfera opresiva de la Inquisición, al mismo tiempo que una cierta tonalidad mágica que rodea al grupo de jóvenes protagonistas que son acusadas de brujería. La colaboración musical comenzó con Maite Arroitajauregui, más conocida por su nombre artístico como Mursego, que sobre todo se encargó de las canciones que interpretan las niñas. Pero más tarde se incorporó Aránzazu Calleja, una compositora más veterana en la composición de música para cine, que se encargó de la parte más instrumental. Maite Arroitajauregui es chelista, mientras que Aránzazu Calleja es violinista, por lo que el acercamiento a la música no diegética tiene una lógica representación en un cuarteto de cuerda. La música contrapone el lado más poético de las niñas ("Eskailerak") con la atmósfera más grave y oscura de la inquisición ("Epaileak"). Las compositoras realizaron una investigación en torno a los instrumentos tradicionales vascos de la época en la que se desarrolla la película, el año 1609, pero finalmente se decidió utilizar como uno de los instrumentos principales la "nyckelharpa", también conocida como viola de teclas, que proviene de la música tradicional de Suecia, y que interpreta el músico Xabi Zeberio ("Kondena") junto a su formación Alos Quartet. Aunque la historia se basa en las memorias del juez de la Inquisición Pierre de Lancre, la película no es estrictamente historicista, sino que acompaña al proceso de madurez y transformación del grupo de jóvenes acusadas, y por tanto las coreografías y canciones, interpretadas por las propias actrices, representan también esta madurez, mucho más dulces al comienzo ("Festa") pero más viscerales, liberadoras... y amenazadoras al final ("Akelarre"). Es un trabajo espléndido y riguroso de acompañamiento musical a la transformación de los personajes principales. 

Patria - 
Fernando Velázquez
Quartet Records  15/01/2021

Editada tres meses después del final de la serie, la banda sonora de Fernando Velázquez llegó por fin en su formato de audio, con una estructura que se diferencia de la música tal como aparece en las imágenes. Porque, aunque la mayor parte de los títulos de los temas hacen referencia a un personaje concreto, no es un trabajo que esté realizado en base a leitmotivs, sino que tiene una creación que engloba a todos los personajes, una especie de paraguas musical de las emociones. También este punto de vista emocional se hace notar en la ausencia de instrumentaciones locales vascas, que pudieran situar la acción geográficamente. Hay una intención mucho más universal, de elementos fácilmente reconocibles, como ese clarinete que refleja la soledad de Bittori ("Geráneo"). Curiosamente, el tema principal ("Patria") surge como evolución del momento en el que la protagonista anuncia su regreso al pueblo colocando un geranio en su balcón. Hay también temas que Fernando Velázquez afirma que salieron de la edición final, como ese brote de esperanza de Nerea, que fue sustituido en la serie por una canción ("Nerea"). Patria es una banda sonora de sentimientos, de cierta sonoridad que refleja las heridas, como el aislamiento del Txato a través de las voces corales ("Txato txibato"), y que se libera también en el momento final, en esa especie de concordia gélida que es uno de los momentos más emocionantes de la novela y de la serie ("Miren y Bittori").    

The serpent - 
Dominik Scherrer
Dubois Records  15/01/2021

El compositor británico nacido en Suiza Dominik Scherrer es un músico habitual de la televisión inglesa para series como Primeval (BBC America, 2007-2011) o Agatha Christie: Miss Marple (ITV, 2004-2013), y ha colaborado con el director de The serpent (BBC, 2021), Tom Shankland, en otras producciones como Ripper Street (BBC, 2012-2016) o The missing (BBC, 2014-2016). Para esta espléndida serie estrenada recientemente en Netflix que trata sobre la investigación en torno a un asesino cuyas víctimas eran jóvenes turistas en Tailandia y otros países asiáticos, desarrolla una banda sonora que se sostiene principalmente en sintetizadores cuyo sonido hace referencia a las películas de los años setenta ("State of Flux"), porque la trama se desarrolla precisamente en esa década. La utilización de algunos instrumentos del entorno como los xilófonos o el hang (un instrumento de percusión metálico que tiene una sonoridad asiática pero de hecho se creó en Suiza), también nos sitúan en los ambientes desérticos ("Afghanistan driving") o nepalíes ("Colonel Somphol of Interpol"), creando una sonoridad que tiene una intención más ambiental que de descripción de los personajes. En la construcción que alterna presente con pasado, Dominik Scherrer establece mucho más misterio y tensión en las músicas que acompañan a la trama del asesino ("Dominique's passaport") que a la del joven secretario de la Embajada holandesa que comienza la investigación, en la que introduce incluso voces femeninas ("Embassy phone calls"). A través de la música, Dominik Scherrer consigue equilibrar las diferentes líneas temporales con las que se nos cuenta la historia con un sonido que las unifica y las fusiona en una sonoridad homogénea. 

The Cemil Show - 
Taner Yücel
Digital  21/01/2021

Esta producción turca presentada en el pasado Festival de Rotterdam, gira en torno a un personaje apático que se evade de su realidad a través de las películas Yesilçam, un subgénero de acción producido en Turquía en los años setenta que tenía una cierta reminiscencia de las blaxploitation norteamericanas. La película juega con la realidad y la ficción, que se va haciendo cada vez menos clara conforme el protagonista se obsesiona cada vez más con la maldad y la violencia que desprende una de las estrellas de estas películas. Al final, se trata de un retrato psicológico que comienza como una comedia pero que se va haciendo más inquietante. El compositor Taner Yücel ofrece también una banda sonora que se mueve en dos vertientes diferentes: la que representa las películas que obsesionan al protagonista y la que muestra la progresiva distorsión de la realidad que sufre. En la primera parte, el músico se deja influir por compositores clásicos como John Barry, con temas jazzísticos como "Zorbalar da sever", que suena como el címbalo húngaro sonaba en The ipcress files (Sidney J. Furie, 1965), y otras incursiones en las sonoridades de los setenta ("Romantique érotique"). Pero también hace un uso más amplio de la orquesta, siempre con cierta tonalidad antigua ("Kabus", "Kabus Overture"). En la segunda vía, los sintetizadores están más presentes, describiendo la deriva psicológica del protagonista ("Sanri/Içimdeki Alev"), pero que termina conectando la realidad con la fantasía a través del jazz e instrumentos solistas como la trompeta (Işiklar"). Es un interesante trabajo que consolida a Taner Yücel como una de las voces musicales más destacadas del panorama internacional. 

Wandavision - 
Christophe Beck, Kristen Anderson-López, Robert López
Hollywood Records  22/01/2021 - 12/03/2021

La banda sonora de Bruja Escarlata y Visión (Disney+, 2021-) se ha editado conforme se iban estrenando los episodios, la misma estrategia que con The Mandalorian (Disney+, 2020-). En este caso, es una decisión acertada, porque la evolución de las referencias a las sitcom de diferentes épocas ofrece una variedad de estilos que hace disfrutable cada banda sonora por separado. Christophe Beck, habitual compositor de música para películas producidas por Disney, consigue un trabajo muy acertado en la recreación de las composiciones para los distintos programas de televisión en los que habitan los personajes. Pero sobre todo acierta en la separación completa de los dos tipos de composición que necesita la trama: la de la fantasía y la de la realidad. En este sentido, no trata de fusionar o lanzar puentes entre la música referencial del pasado y la más sinfónica y espectacular del MCU, sino que establece estilos radicalmente diferentes, como si se tratara de dos películas diferentes (de hecho, es así de radical la separación entre ambos mundos). Comenta el compositor que intentaron imitar el estilo de las sitcom de los años sesenta, setenta y ochenta, pero tuvieron que introducir más música para subrayar las escenas, porque en las series de aquellas épocas no se utilizaba tanto la banda sonora como soporte emocional. Es espléndida la variedad de creaciones para los "momentos sitcom", utilizando principalmente instrumentos solistas y sintetizadores, que se despliegan sobre todo en los primeros episodios, mientras que las canciones introductorias están compuestas por Robert López y Kristen Anderson-López, creadores de éxitos musicales de Broadway como Avenue Q (2003) y The book of Mormon (2011), que ya colaboraron con Christophe Beck en la banda sonora de Frozen (Chris Buck, Jennifer Lee, 2013). Podemos encontrar auténticas delicias entre sus composiciones ("A newlywed couple", "We got something cooking", "W-V 2000 - Instrumental").  

Como decíamos, no hay una intención de fusionar el mundo de Westview y la realidad desde el punto de vista musical, lo cual es una decisión acertada. Christophe Beck introduce breves elementos de composiciones sinfónicas en algunas escenas que hacen referencia a la realidad, pero establece una separación absoluta de estilos, lo cual beneficia al desarrollo de la historia. Es a partir del final del tercer episodio cuando ya se crean las pautas de lo que será la música "de la realidad" ("No home"), con un tono enigmático y amenazador que de alguna forma ya dejaba apuntar en el espléndido tema para el personaje de Wanda ("Wanda's Theme (End Credits from Wandavision") que nos hacía presagiar la llegada de nuevos descubrimientos en los créditos finales de los primeros episodios. Resulta curioso cómo la duración de las bandas sonoras va aumentando, desde los escasos 7 minutos del Episodio 1 hasta los 36 minutos del Episodio 9. Esta mayor presencia musical nos sitúa completamente en la realidad y subraya las escenas de acción. Christophe Beck hace un excelente trabajo en temas que fusionan música electrónica y sinfónica ("Mission's failure"), y consigue brillar en los momentos relacionados con los personajes ("Wanda and Vision (Love Theme of Wandavision"), "I am Vision"), especialmente en el emocionante "Sokovia", variación del tema de Wanda, o en el espléndido cierre ("What I am"). 


The little things - 
Thomas Newman
WaterTower Records  29/01/2021

Hacía tiempo que Thomas Newman no se adentraba en terrenos oscuros y en atmósferas tenebrosas. Para una película que en general ha recibido malas críticas, y de hecho es bastante decepcionante, el compositor ha creado una banda sonora compleja, no especialmente agradable de escuchar. Con una mayor parte de composiciones atmosféricas, la música funciona sobre todo en el plano psicológico, porque la película, de hecho, no es una historia de persecución del asesino, sino una crónica de un policía veterano que trata de rendir cuentas con su pasado. Esta idea de la conexión con el pasado, de lo que está pendiente, se refleja en una banda sonora que utiliza bucles repetitivos, especialmente en el uso del arpa en los recuerdos del policía ("Buck twenty"). Destaca también el tema en torno al siniestro personaje de Sparma, con un riff de piano que muestra tensión ("I won't bite"), y que será el leitmotiv principal de la banda sonora. Es decir, el tema, que de hecho anticipa la condición de antagonista del personaje ("Shirley Temple to go"), convierte a éste en el objeto principal sobre el que circula la banda sonora. En la parte más atmosférica, creando un velo de misterio, destaca el uso de sonoridades de instrumentos de viento, pero muy sombrías ("Strong box") o de voces casi fantasmales ("Mosman's"). Thomas Newman crea continuas distorsiones de los instrumentos, que de alguna manera reflejan esa distorsión de la realidad, oscura, tenebrosa, en la que habitan los protagonistas. 

Minari - 
Emile Mosseri
Milan Records  12/02/2021

Nominada al Oscar, la banda sonora de Emile Mosseri, uno de los jóvenes compositores más interesantes del momento, nos introduce en una atmósfera casi de ensoñación en el retrato de esta familia de inmigrantes coreanos que tratan de construir una vida en tierras nuevas. El músico se centra principalmente en el personaje de Jacob, el padre de familia, como eje central de la banda sonora, porque también él es el soporte de su familia y el eje central de la historia. Para ello, utiliza una guitarra acústica desafinada que ofrece una conexión con la tierra, mientras que una voz femenina y una cierta sonoridad de theremin, pero ejecutada con un sintetizador Korg de los años ochenta ("Big Country"), proponen una atmósfera de sueño, de esperanza en una vida futura que surge, precisamente, de una pequeña zona de cultivo. Las canciones "Rain song" y "Wind song", que están cantadas en coreano por la actriz Han Ye-ri, que interpreta a la esposa de Jacob, transmiten cierto aire de liberación, pero al mismo tiempo también conectan con la relación entre el niño y la abuela, la más dulce de las que se crean en la película. Emile Mosseri crea una banda sonora que contiene elementos sencillos, pero que construye una compleja mirada psicológica, desarrollándose hacia una textura cada vez más melancólica. Encontramos también excelentes pasajes de serenidad, como "Grandma picked a good spot", que es una hermosa melodía interpretada al piano. 

Woman in motion - 
Colin O'Malley
Digital  16/02/2021

Este documental se centra en la figura de Nichelle Nichols, conocida por interpretar al personaje de la teniente Uhura en las tres temporadas de Star Trek (Paramount, 1966-1969). Pero su importancia relevancia va más allá, ya que fue una de las primeras actrices afroamericanas en tener  un personaje destacado en una serie de éxito (protagonizó el primer beso interracial de la historia de la televisión con el Capitán Kirk). Aunque Woman in motion (Todd Thompson, 2019) se detiene en su faceta posterior, como colaboradora de la NASA para reclutar astronautas afroamericanas a través del programa "Woman in Motion". Colin O'Malley es un compositor que ha trabajado sobre todo en la periferia de la música audiovisual, componiendo para parques temáticos, cadenas de televisión como CNN o videojuegos como Tomb Raider: Underwood (Eidos Interactive, 2008). En esta banda sonora nos ofrece una variada lista de composiciones que utiliza sintetizadores, una formación de cuerdas y voces corales. Hay creaciones de gran espectacularidad ("We are go for launch") que se sostiene sobre un diálogo entre instrumentos de viento y voces femeninas, que representan la relevancia del personaje principal. Y evita cualquier referencia a las sonoridades de la serie "Star Trek", aunque algunos temas subrayen momentos relevantes (They're doing Star Trek", "Creating Uhura"). Las voces femeninas aparecen sobre todo en las secuencias que se relacionan con la NASA ("Astronaut training"), pero el compositor introduce algún homenaje a la música de sintetizador de los años setenta ("Stratos"), y alcanza de nuevo pasajes de explosión orquestal en la última parte de la banda sonora ("The final launch"). Nichelle Nichols, que ahora tiene 89 años y le fue diagnosticada demencia en 2018, también ha sido bailarina y cantante, comenzando su carrera musical junto a Duke Ellington. También se incluye una hermosa versión de "Fly me to the moon" que ella misma interpretó a los ochenta y cuatro años en 2016. 

To Olivia - 
Debbie Wiseman
Decca Records  19/02/2021

Centrada en el contraste entre el éxito profesional de  la pareja formada por el escritor Roald Dahl y la actriz Patricia O'Neal y, por otro lado, la tragedia personal que marcó sus vidas con la muerte de su hija, víctima del sarampión, To Olivia (John  Hay, 2021) ha sido calificada de manipuladora por el hecho de alterar los acontecimientos reales para enfatizar el dramatismo de la historia. En todo caso, nos permite recuperar para el cine a la compositora Debbie Wiseman, más enfocada en la televisión en los últimos años. Su trabajo es clásico, pero al mismo tiempo muy efectivo. Desde el tema principal ("To Olivia") que se construye sobre dos pasajes melódicos, que representan a los dos protagonistas, pero que están intrínsecamente unidos durante toda la banda sonora. El piano solitario se refuerza con la aparición de las cuerdas, construyendo un muy hermoso tema inicial que marca las pautas del resto de la partitura, y que tiene una nueva oportunidad de desarrollarse en temas como "Sorry a second time". La orquesta se vuelve más oscura en aquellas escenas que tienen relación con la enfermedad de la hija ("Gone for a walk"), donde hacen su aparición los violonchelos, dando un dramatismo casi fúnebre a la música. La controversia que ha provocado la película proviene sobre todo de la forma en que muestra la influencia que tuvo la muerte de la hija en el rodaje de Hud, el más salvaje entre mil (Martin Ritt, 1963), que le dio a Patricia Neal su único Oscar, porque en la realidad este rodaje se terminó cuatro meses antes de que se produjera la tragedia. Esta circunstancia se muestra al final de la partitura, en "And the Oscar goes to...", que expande la orquesta para finalizar con una ligera muestra de esperanza. Aunque Patricia Neal no pudo recoger el Oscar porque estaba en un estado avanzado de embarazo del que sería su cuarta hija. 

Raya and the last dragon - 
James Newton Howard
Walt Disney Records  26/02/2021

Aunque su nominación al Oscar por la excelente Noticias del gran mundo (Paul Greengrass, 2020) ha reconocido su trabajo durante el año de la pandemia, posiblemente sea esta banda sonora la que contiene un estilo más claramente ligado al compositor, que viene colaborando con Disney desde hace muchos años. La banda sonora de Raya y el último dragón (Don Hall, Carlos López Estrada, Paul Briggs, 2021) es espectacular en la utilización de instrumentaciones muy variadas, que mezcla instrumentos orientales con una gran orquesta, coros y percusiones. Y en este terreno el compositor se encuentra muy cómodo. El tema principal ("Young Raya and Namaari") es muy hermoso y vital, y desarrolla el crecimiento del personaje a lo largo del resto de la banda sonora. Mientras que en las composiciones para escenas de acción ("Betrayed", "Escape from Talon") James Newton Howard utiliza principalmente percusiones chinas, instrumentos de viento y orquesta. Curiosamente, tratándose de una historia con personajes chinos, no hay una presencia muy importante de sonoridades de la zona, aunque se utilizan instrumentos característicos como la flauta transversal, el laúd o la cítara. Pero James Newton Howard opta en algunos momentos destacados por la introducción de sintetizadores ("Noi and the origins"). Hay algunas composiciones especialmente logradas, como el mágico "Sisu swims", o esa versión de aire espiritual del tema principal que encontramos en "Running in raindrops", que son muy reconocibles como sonido de James Newton Howard, e incluso recuerda a otros trabajos suyos como Waterworld (Kevin Reynolds, 1995). La banda sonora brilla especialmente en la parte final, que muestra el crecimiento personal de la protagonista, el final de un viaje hacia la madurez y hacia una convivencia en paz. El ramillete de composiciones ("The Druun close", "Return", "The new world") quizás no están a la altura de otros trabajos suyos para Disney, pero es uno de los más elaborados y vitalistas que ha realizado en los últimos años.

Zack Snyder's Justice League - 
Thomas Holkenborg
WaterTower Records  18/03/2021

El estreno de esta visión de la Liga de la Justicia por parte del director Zack Snyder se ha convertido en uno de los acontecimientos cinematográficos del año, y ha logrado eclipsar a la llegada a HBO Max de Wonder woman 1984 (Patty Jenkins, 2020). Convertido en una especie de "acto de justicia" con el que Zack Snyder pudo cerrar su trilogía de películas DC, este montaje del director le permite construir una especie de épica de superhéroes que solo ha sido posible a partir del momento en que el desarrollo de las plataformas digitales ha aumentado, con HBO Max como exponente de las producciones de Warner Bros. También ha supuesto para Thomas Holkenborg la oportunidad de regresar a un proyecto del que fue desplazado tras la renuncia de Zack Snyder, siendo sustituido por Danny Elfman en Liga de la Justicia (Joss Whedon, 2017). Y el resultado está a la altura de esta "ópera gráfica" creada por el director, en la que resuenan con más intensidad las sonoridades épicas en una banda sonora casi omnipresente a lo largo de sus cuatro horas de duración. Mientras que en la reciente Godzilla vs. Kong (Adam Wingard, 2021) el compositor Junkie XL/Thomas Holkenborg no consigue captar la esencia mítica de los monstruos, en Zack Snyder's Justice League su capacidad para la creación de una gran obra musical es indudable.

En primer lugar, porque es una continuación estilística de las partituras de Hans Zimmer para El hombre de acero (Zack Snyder, 2013) y Batman v Superman (Zack Snyder, 2016), recuperando sobre todo el tema de Supermán ("I teach you, overman"), mientras que Danny Elfman hacía una anacrónica referencia a la música de John Williams. Pero al mismo tiempo creando leitmotivs nuevos como el de Wonder Woman, más tribal ("Wonder Woman defending/And what rough beast"), porque la representación que hace Zack Snyder del personaje es más guerrera, o incluso introduciendo un nuevo tema para Batman, que rompe con el personaje atormentado de Batman v Superman para construir un perfil más heróico, que aparece en su majestuosidad coral al final de "A hunter gathers". Pero quizás el mayor acierto de Thomas Holkenborg es la creación de un tema sublime para la Liga de la Justicia ("Fight is our nature"), más desarrollado en "The crew at Warpower", que contrasta en su concepto heroico con la oscuridad del leitmotiv de Steppenwolf ("Indivisible"). Es un trabajo musical que se adhiere a las imágenes de Zack Snyder (más interesante en su faceta visual que en la narrativa), y que contribuye a otorgar a la película su carácter épico.  

Senior moment - Laura Karpman
Moviescore Media 26/03/2021

La compositora Laura Karpman es conocida especialmente por sus trabajos para televisión, con los que ha ganado 5 premios Emmy. Suyas son las bandas sonoras de Underground (WGN, 2016-2017) o Lovecraft Country (HBO Max, 2020-), y también de la comedia romántica Love is love is love (Eleanor Coppola, 2020). En el caso de Senior moment (Giorgio Serafini, 2021), se trata de una historia de amor en la madurez, con tres veteranos actores como protagonistas: William Shatner (volvemos al Capitán Kirk), Jean Smart y Christopher Lloyd, para la que la compositora ha creado una muy entretenida banda sonora repleta de hallazgos sonoros de una gran variedad creativa. El tema principal (“Senior Center”), es una dinámica composición apoyada en las bases electrónicas y el piano, que introduce al comienzo de la película elementos latinos, pero se va desarrollando hacia diferentes texturas a lo largo de la historia, como en “Car crash”, cuya introducción con un solo de batería le da una sonoridad jazzística. La mezcla entre los instrumentos orgánicos, que se asocian a estos personajes maduros (“Romance”) con ráfagas de sonidos electrónicos en forma de remixes (un poco al estilo de los ochenta), que aportan una vitalidad nostálgica (“Girl chase”), dan como resultado una sonoridad particular, alegre y desenfadada. Hay momentos más dramáticos como el magnífico “Heart attack”, que está construido casi como si se tratara de un tema de acción con toques de jazz. Pero nos quedamos sobre todo con el maravilloso canto a la vida que es “The calvary”.

La templanza - 
Iván Palomares
Lakeshore Records/Amazon  26/03/2021

La serie que adapta la novela de María Dueñas cuenta con una puesta en escena muy cuidada y, a pesar de algunos elementos de dirección que no encajan bien, se trata de una producción que ha sorprendido por su buen acabado, en una historia ambiciosa que se desarrolla entre Jerez, México y La Habana, representados con mayor o menor fortuna en la isla de Tenerife donde se rodó, que consigue desprenderse de la etiqueta de folletín para componer una serie de época más consistente. A ello contribuye la excelente composición musical de Iván Palomares, que se construye a partir de un tema principal muy hermoso ("La Templanza Opening Titles"), que tiene ese carácter de cierta épica romántica (anticipando el encuentro posterior entre los dos personajes principales), y que escuchamos más desarrollado en "Alan's Theme and the passage time", con el que se realiza ese recorrido de veinte años que nos lleva hasta los dos protagonistas de la historia, tras un prólogo dedicado a su juventud. Iván Palomares introduce también elementos electrónicos que otorgan cierta atemporalidad a la música, pero sobre todo subrayan esa época de transformación y modernización en la que se desarrolla la historia. El ambiente latinoamericano se muestra con la guitarra acústica como principal instrumento, centrado en personajes ("Fausta Calleja") o en espacios  ("Havana Harbor"), mientras que el viñedo de Jerez, escenario principal, se describe a través de la guitarra flamenca interpretada por Jaime Batanero en el magnífico "Reviving La Templanza", una mezcla de sonoridades flamencas e instrumentaciones de cuerda que funciona muy bien, y que se hace especialmente hermosa al final del episodio 4, en la escena de la muerte de uno de los personajes secundarios, que remite directamente a las raíces, con una especie de lamento flamenco interpretado por la voz de Marta Cañas. La edición digital, sin embargo, es muy breve, y no contiene muchas composiciones que en la serie tienen fuerza, como el rescate en la mina. Interpretada por la Sofia Session Orchestra & Choir, se trata de una banda sonora espléndida con una fuerte carga romántica. 





Akelarre y The serpent se pueden ver en Netflix. 
Patria y Zack Snyder's Justice League se pueden ver en HBO.
Wandavision se puede ver en Disney+.
La Templanza se puede ver en Amazon Prime. 



19 marzo, 2021

Oscar 2021: Curiosidades y anécdotas de las nominaciones

A poco más de un mes para la celebración de la entrega de los Oscar 2021, la Academia de Hollywood ha decidido los finalistas que optarán al premio en una ceremonia que no se sabe aún si será virtual, presencial o híbrida, teniendo en cuenta que se está produciendo una ligera apertura del confinamiento en algunos estados norteamericanos, aunque las recomendaciones médicas sean contrarias a ello. Lo que está claro es que será una entrega de premios inusual, con la incorporación ya confirmada por los productores Jesse Collins, Stacey Sher y Steven Soderbergh de la estación de trenes Union Station de Los Angeles, que se unirá al Dolby Theater como sede principal. 

A pesar de la decepcionante audiencia que ha conseguido Mank (David Fincher, 2020), que parecía hacer peligrar su presencia en los Oscar, finalmente lidera con sus 10 categorías la lista de películas nominadas, mientras que Nomadland (Chloé Zhao, 2020), Minari (Lee Isaac Chung, 2020), El juicio de los 7 de Chicago (Aaron Sorkin, 2020), Sound of metal (Darius Marder, 2019), Judas and the black Messiah (Shaka King, 2021) y El padre (Florian Zeller, 2020) han logrado seis nominaciones cada una, dándose la circunstancia de que todas son finalistas en la categoría de Mejor Película. 

En unas nominaciones que parecen reivindicar más que nunca la diversidad, encontramos algunas anécdotas y curiosidades que repasamos a continuación. 

Netflix sí. La plataforma Netflix ha logrado nada menos que 35 nominaciones al Oscar en una edición en la que se aceptaban películas no estrenadas en salas de cine, debido al cierre provocado por el confinamiento. Se trata de la segunda productora en la historia del cine más veces nominada en una misma edición de los Oscar, porque en 1941 United Artists logró 45 nominaciones. Miramax consiguió 40 nominaciones en 2003, pero nueve de ellas fueron para la película Las horas (Stephen Daldry, 2002) que estaba distribuida por Paramount en Estados Unidos, así que estas nominaciones se cuentan para la distribuidora. 

Netflix no. Netflix no consiguió igualar el récord que tenía precisamente Paramount, que colocó tres producciones en la categoría de Mejor Película en 1982. Éstas fueron Atlantic City (Louis Malle, 1980), En busca del arca perdida (Steven Spielberg, 1981) y Rojos (Warren Beatty, 1981), aunque el Oscar fue finalmente para Carros de fuego (Hugh Hudson, 1981), distribuida por 20th Century Fox. Porque solo dos películas de Netflix, Mank y El juicio de los 7 de Chicago, han sido finalistas, mientras que La madre del blues (George C. Wolfe, 2020), a pesar de sus cinco nominaciones, no se encuentra en esta categoría. Algunos analistas sugieren que es difícil que un estudio pueda apoyar adecuadamente a más de dos producciones, pero también es cierto que la necesidad de tener al menos un 5% de los votos para poder ser nominada en la categoría principal ha podido reducir las opciones. De hecho, este año solo 8 películas han logrado este porcentaje. 

Sin protagonista. A pesar de una cantidad notable de producciones de temática afroamericana que tenían opciones para el Oscar (La madre del blues, Una noche en Miami, Da 5 bloods) solamente Judas and the black Messiah ha conseguido situarse en la categoría de Mejor Película. Mientras que sus dos actores principales, Daniel Kaluuya (el favorito) y Lakeith Stanfield han sido nominados como actores de reparto, lo cual en realidad deja a la película sin protagonista. La decisión de los académicos es extraña, porque Warner Bros. había presentado a Lakeith Stanfield como aspirante en la  categoría de Mejor Actor Principal. Es una de las escasas ocasiones en las que las votaciones de los académicos actores ignoran las sugerencias de las productoras. En 2009, Kate Winslet ganó el Oscar como Actriz Principal por El lector (Stephen Daldry, 2008), pero había sido sugerida para la categoría de Mejor secundaria. 

Nominación póstuma. Si ocurre lo mismo que en los Globos de Oro, Chadwick Boseman podría ser el tercer actor en ganar el Oscar tras su muerte. El primero fue Peter Finch por Network (Sydney Lumet, 1976) como Actor Principal y años más tarde Heath Ledger por El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008) como Actor de reparto. Los otros actores con nominaciones póstumas han sido James Dean por Al Este del Edén (Elia Kazan, 1955), que fue también nominado al año siguiente por Gigante (George Stevens, 1956); Ralph Richardson, secundario por Greystoke: La leyenda de Tarzán, rey de los monos (Hugh Hudson, 1984); y Massimo Troisi por El cartero (y Pablo Neruda) (Michael Radford, Massimo Troisi, 1994).

Diversidad. Esta edición se puede considerar como una de las de mayor diversidad étnica, aunque nadie echa en falta, por ejemplo, que ningún latino esté en las categorías principales. Steven Yeun se ha convertido en el primer actor asiático nominado al Oscar, mientras que la veterana Youn Yuh-jung es la primera actriz coreana nominada, ambos por Minari (Lee Isaac Chung, 2020); mientras que Riz Ahmed es el primer actor musulmán nominado al Oscar, por Sound of metal (Darius Marder, 2019). Por su parte, la realizadora de Nomadland (2020), Chloé Zhao es la primera mujer asiática nominada como directora. 

Mejor hablamos de mujeres. Pero la mayor satisfacción la ofrecen la presencia de mujeres en las principales categorías. Es el primer año que dos directoras compiten en la misma edición: Chloé Zhao por Nomadland y Emerald Fennell por Una joven prometedora. Y ambas ocupan ya la lista de mujeres directoras finalistas, solo siete hasta la fecha: Lina Wertmüller por Pascualino Siete Bellezas (1975), Jane Campion por El piano (1994), Sofia Coppola por Lost in Translation (2003), Kathryn Bigelow por En tierra hostil (2008) y Greta Gerwig por Ladybird (2017). De ellas, solamente Kathryn Bigelow ha conseguido el Oscar como Mejor Directora. 

Haciendo historia. Chloé Zhao también ha hecho historia al estar nominada en cuatro categorías: Dirección, Guión Original, Montaje y Película, siendo la primera mujer en conseguirlo. Mientras que Emerald Fennell iguala a Sofia Coppola y Fran Walsh al estar nominada en tres categorías: Dirección, Guión Original y Película. Sofia Coppola fue nominada en Dirección, Guión Original y Película por Lost in Translation (2003), mientras que Fran Walsh recibió nominaciones en Película, Guión Adaptado y Canción por El Señor de los anillos: El retorno del rey (Peter Jackson, 2003). 

Los más nominados (sin Oscar).
Las categorías musicales nos han traído a los profesionales que más veces han sido nominados, pero sin llevarse ningún premio de la Academia de Hollywood. El caso más sonoro es el de la letrista Diane Warren, nominada a la Mejor Canción por La vida por delante (Edoardo Ponti, 2020) junto a Laura Pausini. Esta es su décimo segunda nominación al Oscar, pero nunca lo ha conseguido. Anteriormente ha sido finalista por Maniquí (Michael Gottlieb, 1987), Íntimo y personal (Jon Avnet, 1996), Con Air (Simon West, 1997), Armageddon (Michael Bay, 1998), Música del corazón (Wes Craven, 1999), Pearl Harbor (Michael Bay, 2001), Beyond the lights (Gina Prince-Bythewood, 2014), The hunting ground (Kirby Dick, 2015), Marshall (Reginald Hudlin, 2017), RBG (Julie Cohen, Betsy West, 2018) y Más allá de la esperanza (Roxann Dawson, 2019). De hecho, ha sido nominada consecutivamente desde la edición de 2018.

Por su parte, el compositor James Newton Howard consigue su novena nominación al Oscar por Noticias del gran mundo (Paul Greengrass, 2020) y, si no se produce una sorpresa en la categoría de Mejor Música original, podría ser otra edición en la que se vaya con las manos vacías. James Newton Howard ha sido nominado anteriormente por las bandas sonoras de El príncipe de las mareas (Barbra Streisand, 1991), El fugitivo (Andrew Davies, 1993), La boda de mi mejor amigo (P.J. Hogan, 1997), El bosque (M. Night Shyamalan, 2004), Michael Clayton (Tony Gildroy, 2007) y Resistencia (Edward Zwick, 2008), y en la categoría de Mejor Canción por Junior (Ivan Reitman, 1994) y Un día inolvidable (Michael Hoffman, 1996). 

La actriz Glenn Close es otra eterna aspirante sin premio, sumando con su nominación como Actriz secundaria por Hillbilly, una elegía rural (Ron Howard, 2020), ocho candidaturas. También fue finalista como Actriz Secundaria por El mundo según Garp (George Roy Hill, 1982), Reencuentro (Lawrence Kasdan, 1983) y El mejor (Barry Levinson, 1984), y como Actriz Principal por Atracción fatal (Adrian Lyne, 1987), Las amistades peligrosas (Stephen Frears, 1988), Albert Nobbs (Rodrigo García, 2011) y La buena esposa (Björn Runge, 2017). 

Ren Klyce consigue en esta edición dos nominaciones al Oscar por el sonido de Mank (David Fincher, 2020) y Soul (Pete Docter, Kemp Powers, 2020), que suman nueve nominaciones sin haber logrado, hasta la fecha, el Oscar. Habitual colaborador de David Fincher, anteriormente fue finalista en otras siete ocasiones, por El club de la lucha (David Fincher, 1999), El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher, 2008), Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres (David Fincher, 2011) y Star Wars: Los últimos Jedi (Rian Johnson, 2017). En estas dos últimas películas, tuvo doble nominación en Mezclas de Sonido y Sonido. 

Por su parte, tampoco ha logrado ningún Oscar todavía el diseñador de producción Nathan Crowley, que este año es finalista por sexta ocasión por Tenet (Christopher Nolan, 2020). Anteriormente fue nominado por El truco final (Christopher Nolan, 2006), El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008), Interstellar (Christopher Nolan, 2014), Dunkirk (Christopher Nolan, 2017) y First man (El primer hombre) (Damien Chazelle, 2018). 

Los más nominados (con Oscar). Viola Davis se convierte en la actriz negra con más nominaciones al Oscar, gracias a su candidatura como Mejor Actriz por La madre del blues (George C. Wolfe, 2020). Anteriormente consiguió el Premio de la Academia como Secundaria por Fences (Denzel Washington, 2016), y fue nominada como secundaria por La duda (John Patrick Shanley, 2008) y como actriz principal por Criadas y señoras (Lee Daniels, 2011). Pero la actriz que más veces ha sido finalista es Frances McDormand, que este año suma dos nominaciones (como actriz y productora) por Nomadland (Chloé Zhao, 2020) a sus otras cinco: como secundaria en Arde, Mississippi (Alan Parker, 1988), Casi famosos (Cameron Crowe, 2000) y En tierra de hombres (Niki Caro, 2005), y como Actriz principal en Fargo (Joel Coen, Ethan Coen, 1996) y Tres anuncios en las afueras (Martin McDonagh, 2017), por las que ganó en ambas ocasiones.

Anthony Hopkins consigue su sexta nominación con El padre (Florian Zeller, 2020), aunque solo tiene un Oscar como Actor Principal por El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991). En esta categoría también ha sido nominado por Lo que queda del día (James Ivory, 1993) y Nixon (Oliver Stone, 1995), mientras que como Actor Secundario fue nominado por Amistad (Steven Spielberg, 1997) y el año pasado por Los dos Papas (Fernando Meirelles, 2019). 

Hace veinte años que se incorporó a la lista de candidaturas al Oscar la categoría de Mejor Película de Animación. Y Pete Docter se convierte gracias a Soul (2020) en el director que más veces ha sido finalista al Oscar, en nueve ocasiones de las cuales ha ganado dos. Ganó el premio como productor por Up (Pete Docter, Bob Peterson, 2009) y por Del revés (Pete Docter, Ronnie Del Carmen, 2015), y también ha sido nominado como productor por Monstruos, S.A. (Pete Docter, David Silverman, Lee Unkrich, 2001) y como guionista por Toy story (John  Lasseter, 1995), WALL·E (Andrew Stanton, 2008), Up (Pete Docter, Bob Peterson, 2009) y Del revés (Pete Docter, Ronnie Del Carmen, 2015), así como por el cortometraje El coche nuevo de Mike (Pete Docter, Roger Gould, 2002). 

El guionista y productor Eric Roth, consigue su primera nominación como productor en la categoría de Mejor Película por Mank (David Fincher, 2020), pero ya ganó el Oscar por el Guión Adaptado de Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994), y ha sido nominado por los guiones de El dilema (Michael Mann, 1999), Munich (Steven Spielberg, 2005), El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher, 2008) y Ha nacido una estrella (Bradley Cooper, 2018). Aaron Sorkin, que no ha conseguido una nominación como director, pero sí por el Guión Original de El juicio de los 7 de Chicago (Aaron Sorkin, 2020), ganó el Oscar por La red social (David Fincher, 2010) y fue finalista por Moneyball (Bennett Miller, 2011) y Molly's game (Aaron Sorkin, 2017), otra película por la que fue nominado como guionista pero no como director. 

En la categoría de Sonido se suelen encontrar los nombres más habituales de los Oscar. Por ejemplo, Michael Minkler suma 13 nominaciones con Greyhound (Aaron Schneider, 2020), de las que ha ganado tres Oscar por Black Hawk derribado (Ridley Scott, 2001), Chicago (Rob Marshall, 2002) y Dreamgirls (Bill Condon, 2007). Mientras que David Parker, nominado este año por Mank (David Fincher, 2020) y Soul (Pete Docter, Kemp Powers, 2020) tiene ya once nominaciones, de las que ha ganado dos Oscar por El paciente inglés (Anthony Minghella, 1996) y El ultimátum de Bourne (Paul Greengrass, 2007). 

Una categoría menos. Precisamente la categoría de Mejor Sonido es la que ha sufrido el cambio más importante según los nuevos reglamentos de la Academia de Hollywood. Es una de las más veteranas, ya que se entrega desde el año 1930, pero a lo largo de las décadas posteriores se ha ido desglosando en otras como Efectos de Sonido (1963-1967), Edición de Efectos de Sonido (1981-1999) y Edición de Sonido (2000-2020). Pero de nuevo se ha decidido que, a partir de esta edición habrá solo una categoría denominada Sonido, que incluye tanto los efectos como la edición y las mezclas.

Los más veteranos. Anthony Hopkins se convierte a sus 83 años, en el actor de mayor edad que ha sido nominado a un Oscar, récord que ostentaba anteriormente Richard Farnsworth, que fue nominado con 79 años por Una historia verdadera (David Lynch, 2000). Pero es la diseñadora de vestuario Ann Roth, finalista con 89 años por La madre del blues (George C. Wolfe, 2020), la persona de mayor edad que ha sido nominada al oscar en toda su historia. En realidad, es la misma edad que tenían Agnès Varda, nominada por el documental Visages villages (Agnès Varda, JR, 2017) y James Ivory, nominado por el guión adaptado de Call me by your name (Luca Guadagnino, 2017), ambos en la edición de 2018. 

Dobles nominaciones. Ya hemos comentado las cuatro nominaciones que ha logrado Chloé Zhao como productora, directora, montadora y guionista por Nomadland (Chloé Zhao, 2020), y las tres nominaciones de Emerald Fennell como productora, directora y guionista de Una joven prometedora (Emerald Fennell, 2020). Pero también hay que destacar algunas dobles nominaciones como las de Sacha Baron Cohen como Actor Secundario por El juicio de los 7 de Chicago (Aaron Sorkin, 2020) y guionista por Borat, película film secuela (Jason Woliner, 2020). O la de Leslie Odom, Jr., que es finalista en las categorías de Mejor Actor Secundario y Mejor Canción por Una noche en Miami (Regina King, 2020). 

La producción danesa Otra ronda (Thomas Vinterberg, 2020) ha logrado una doble nominación como Mejor Película Internacional y Mejor Dirección, y aunque el Oscar en la primera categoría es para el país, aunque habitualmente suele permanecer en la productora, es el director quien lo recibe. El año pasado Parásito (Bong Joon Ho, 2019) logró tanto el Oscar a Mejor Película Internacional como el de Mejor Director, además de Guión y Película. Y el año anterior Pawel Pawlikowski fue nominado como Director y su película Cold war (2018) como Película de Habla no Inglesa. El documental Collective (Alexander Nanau, 2020), una espléndida crónica de la corrupción en el sistema sanitario Rumanía ha sido nominado también como Mejor Film Extranjero.

Mirando a los Oscar desde fuera. La presencia extranjera en los Oscar de este año se concreta en países como Túnez, que consigue su primera nominación con The man who sold his skin (Kaouther Ben Hania, 2020). Y al margen de Dinamarca, Hong Kong, Rumanía y Bosnia y Herzegovina, otros países que están presentes en los Oscar de este año son: en la categoría de Cortometraje de Animación, Francia con el muy premiado Genius Loci (Adrien Merigeau, 2020) e Islandia con el divertido Yes-people (Gísli Darri Halldórsson, 2020); en la categoría de cortometraje de ficción, Palestina con The present (Farah Nabulsi, 2020) e Israel con el cortometraje rodado en un solo plano secuencia White eye (Tomer Shushan, 2019); en la categoría de cortometraje documental, Noruega con Do not split (Anders Hammer, 2020), rodado en Hong Kong; y Chile está presente con el divertido pero al mismo tiempo conmovedor retrato de la vejez que hace el documental El agente topo (Maite Alberdi, 2020), coproducción con España y único representante latino en los Oscar. 


La 93 ceremonia de los Premios Oscar se celebra el domingo 25 de abril, está producida por Jesse Collins, Stacey Sher y Steven Soderbergh y será retransmitida como es habitual por ABC.


Nomadland se estrena en salas el 26 de marzo. 
Otra ronda se estrena en salas el 9 de abril.
Una joven prometedora se estrena en salas el 16 de abril.

Mank, El juicio de los 7 de Chicago, La madre del blues, Da 5 bloods, La vida por delante, Noticias del gran mundo y Hillbilly, una elegía rural se pueden ver en Netflix. 
Sound of metal, Una noche en Miami y Borat, película film secuela se pueden ver en Amazon. 
Collective se puede ver en HBO España. 






13 marzo, 2021

Zinegoak 2021 - Parte 3: Huyendo de las etiquetas

Nuestra última crónica dedicada al Festival Zinegoak 2021 se detiene en las películas que forman parte de su programación, pero también nos centramos en las Jornadas Profesionales, una faceta de los festivales de cine que es habitual como plataforma de encuentro entre profesionales con proyectos debajo del brazo buscando financiación, y distribuidoras, plataformas o televisiones que buscan títulos para sus catálogos. En esta edición Zinegoak ha agrupado las diferentes iniciativas que tenía enfocadas al Mercado de proyectos en una sola propuesta. De esta forma, nace a partir de 2021 ZG/PRO, que ha acogido diferentes actividades: el Encuentro Internacional de Festivales LGTBI+ de Europa del Sur ha reunido a los responsables de festivales como Chéris-Chéris (Francia), Queer Lisboa (Portugal), Mix Milano (Italia) y Thessaloniki International LGBTIQ Film Festival (Grecia) para organizar estrategias comunes; Work in Progress ha presentado cuatro proyectos de ficción, documental y serie que buscan financiación; y finalmente las 2ª Jornadas Profesionales ZG. 

También se ha presentado la webserie documental Ni Naiz Naizena (Yo soy quien soy) (2021) que ofrece en diez episodios de diez minutos de duración las historias de diez personas trans, cuyo estreno está previsto para este año. Nuestro último repaso a las secciones competitivas de Zinegoak 2021 se enfoca precisamente en historias de diversidad, el tema principal del festival de este año, en las que las fronteras no están definidas del todo, que plantean miradas reivindicativas pero al mismo tiempo tratan de encontrar un lenguaje que huye de categorías y etiquetas. 

En un lánguido día de verano, tres personajes tienen un encuentro que de alguna forma supondrá un cambio en sus vidas en la película Comets (Tamar Shavgulidze, 2019). Nana es una mujer viuda que vive en una pequeña casa con jardín, donde pasa esas tardes de calor junto a su hija, Irina, a la que ha dado el mismo nombre que un amor de adolescencia. Quizás es una forma de recordar a su amante con el paso de los años, de no olvidar esa relación romántica que comenzó justamente en ese mismo jardín. Y precisamente Irina, la amante, aparece como una visita inesperada que convertirá esa tarde melancólica en una especie de luminosidad del pasado. La película tiene también un ritmo pausado, y se detiene especialmente en las conversaciones, con un diálogo largo tomado de forma frontal entre madre e hija, en un plano secuencia que de alguna manera introduce al espectador en la charla que mantienen ambas.

Más tarde, cuando se establece el contacto entre Irina y Nana en el jardín, la directora opta por una construcción más convencional, de plano-contraplano, que conecta directamente con las imágenes del pasado, cuando vemos a las dos jóvenes iniciando ese tímido acercamiento romántico. De forma que los flashback en realidad se sienten como parte de la propia conversación, el pasado como contenido del presente. Ambas, ya con vidas diferentes y contrapuestas (Nana se casó y ha vivido siempre entre ese pequeño pueblo y Tiflis, mientras que Irina ha tenido una vida más nómada, entre Alemania y Polonia), actualizan de alguna forma sus recuerdos e aunque sus percepciones a veces se muestran diferentes sobre determinados detalles.

Conforme se desarrolla la película, la directora toma una decisión acertada y otra equivocada. Por un lado, deja una cierta posibilidad de recuperación de la relación, pero también introduce desde el principio un elemento (un taxi que espera a Irina para llevarla al aeropuerto) que mantiene un cierto suspense en torno a su decisión final. Por otro lado, conecta el último flashback de las jóvenes con una película de ciencia-ficción que están viendo, y que introduce en la última parte una secuencia de metaficción en la que vemos un fragmento de esta historia de fantasía que, en apariencia, no tiene nada que ver con la trama que nos ha estado narrando. De alguna manera, esta introducción de un elemento externo le da a la película una sensación de extrañeza que resulta atractiva, pero al mismo tiempo se nos frustra la necesidad de volver a los personajes protagonistas, de despedirnos de ellas. La directora tampoco ha dado una explicación muy clara sobre la introducción de este elemento de ciencia-ficción y se nos antoja más como un capricho que como una necesidad.

Ganador del Teddy Award al Mejor Documental en el Festival de Berlín 2020, Si c'était de l'amour (Patric Chiha, 2020) toma como base la pieza de danza "Crowd" (2017), de la coreógrafa franco-austríaca Gisèle Vienne, que representa una rave de los años noventa en la que un grupo de jóvenes de diferentes procedencias interactúan creando "historias" propias. En la pieza de danza, la coreógrafa juega con la idea del tiempo, haciendo que los protagonistas bailen y se muevan en cámara lenta, mientras suena música techno. Esta representación ofrece una visión muy plástica, casi fantasmal, de la fiesta que comparten. 

El director austríaco propone su propia interpretación de la obra, que se representa como una visión personal que utiliza los ensayos para ir creando también un espacio irreal en el que los géneros cinematográficos, entre el documental y la ficción, se confunden. También hay una indefinición de los géneros sexuales en una obra que transpira deseo y sensualidad, en la que hay jóvenes que se ven atraídos por otros jóvenes, donde los conceptos de heterosexualidad y homosexualidad no existen. En la obra original existía una especie de subtexto, de historias previas de cada uno de los personajes, que los actores conocen pero que no están mostrados de forma explícita.   

Pero Patric Chiha introduce algunas conversaciones entre los bailarines, en los descansos de los ensayos, en las que se describen estas historias. Proponiendo también algunas reflexiones interesantes sobre si el actor transmite en el escenario su propia experiencia, o es la experiencia sobre el escenario la que alimenta su forma de ver la vida. Con una plasticidad exquisita, esta obra de docu-ficción que rehúye de las etiquetas se construye en torno al proceso de creación en conexión con el crecimiento personal. Es una película que se abre al deseo, a la sensualidad y a las emociones. 

También compitió por el Teddy Award de la Berlinale 2020 la producción alemana Kokon (Leonie Krippendorff, 2020), que supone el segundo largometraje de su directora, y que asimismo fue estrenado en España en la pasada edición del Festival LesGaiCineMad. Se trata de una historia de madurez que está protagonizada por una joven de 14 años que, al mismo tiempo que comienza a experimentar los cambios en su cuerpo con la llegada de la menstruación, también empieza a darse cuenta de que su atracción por las chicas va más allá de una simple relación de amistad. Es el descubrimiento del amor y la sexualidad en una etapa difícil, en la que todo resulta demasiado extraordinario para lo que realmente es, en la que el deseo a veces se enfrenta a la mente.

La película funciona en el plano de la relación entre el grupo de amigas, y la especial conexión entre Nora y su hermana. También en el retrato de la juventud durante el verano de 2018 en la ciudad de Berlín. Pero hay una simbología en la historia que resulta poco imaginativa, por no decir extremadamente convencional. 

A estas alturas, utilizar una oruga que se acaba convirtiendo en mariposa como símbolo de la transformación de la protagonista de niña a mujer, resulta incluso ridículo por su obviedad. Al mismo tiempo, la directora introduce dos formatos de pantalla diferentes: 4:3 en la primera parte, cuando Nora tiene dudas sobre su sexualidad, y finalmente, cuando ya de alguna forma se ha liberado de su propia represión, la pantalla se amplía hasta los 16:9. Es un recurso tan utilizado en este tipo de historias que también acaba resultando demasiado anodino. Aunque la película desprende una honestidad que evita que naufrague estrepitosamente, la directora y guionista camina por terrenos convencionales que hacen poco destacable su propuesta. 

La realidad que plantea el largometraje Valentina (Cássio Pereira dos Santos, 2020) es terrible. En Brasil, existe un abandono escolar de personas trans del 82%, y su expectativa de vida es de 35 años. De hecho, esta producción no solo se programa a competición, sino también dentro del ciclo Brasil Transversal, que incluye otros dos títulos que reflejan la difícil situación del colectivo transexual: Bixa travesty (Claudia Priscilla, Kiko Goifman, 2018) e Indianara (Aude Chevalier-Beaumel, Marcelo Barbosa, 2019). La historia se centra en una joven que se ha trasladado con su madre desde Sao Paulo hasta un pequeño pueblo, en parte debido a un trabajo que ha conseguido ésta, pero en buena medida por la necesidad de empezar de cero después de que Valentina haya tenido problemas con su anterior escuela, en la que no se le ha inscrito por su nombre social, sino por el nombre masculino con el que nació. 

En el nuevo instituto, tratan de conseguir una matrícula para Valentina con su nombre social, amparándose en una ley brasileña que lo establece así. Pero para ello necesitan la firma del padre, que se quedó en Sao Paulo, lo que refuerza la representación de esa masculinización de la sociedad brasileña que impide que evolucione hacia una aceptación de la diversidad. El debut como director de Cássio Pereira dos Santos tiene como protagonista a Thiessa Woinbackk, que en la realidad es una activista y youtuber trans que también debuta como actriz. Ambos realizan un trabajo notable, el primero creando un drama que sin embargo tiene una mirada de reivindicación que no se siente forzada, y ella componiendo un personaje complejo, lleno de personalidad, que suponemos también forma parte de su propia realidad. 

La película se desarrolla con buen ritmo planteando cuestiones importantes sobre la transexualidad en Brasil. Especialmente cuando Valentina prefiere ocultar su condición trans, a pesar de que esta circunstancia modula su vida y siempre está presente en cada paso que da. En este sentido, la historia consigue un personaje nada estereotipado, pero sin embargo sí cae en el estereotipo de los personajes masculinos, que se plantean como demasiado superficiales. Más interesante en este sentido es el retrato del padre, que a pesar de estar separado acude en auxilio de su hija. Resulta llamativo que, a pesar de tener una familia que la apoya en todo momento, que la entiende, la protege y la cuida (seguramente en la realidad no hay muchos padres como los que vemos en esta película), Valentina debe seguir luchando por conseguir que se la acepte como mujer. Hay una cierta tendencia al melodrama en la película, y una resolución del conflicto que se plantea de forma algo forzada, pero también hay una visión optimista, reivindicadora de la libertad por encima del abuso. 

Desde Brasil también se presenta en la programación de Zinegoak el documental Mães do Derick (Denise Kelm, 2020), que tiene como protagonista a un niño que vive en una comuna de mujeres lesbianas que ejercen como madres. De esta forma, el joven Derick crece con cuatro mujeres en medio de un terreno ocupado ilegalmente en la costa de Paraná, una zona especialmente conservadora de Brasil. La directora tiene una evidente complicidad con las protagonistas, y a través de la anécdota del niño educado en esta comuna ofrece una mirada inteligente al empoderamiento de la mujer. Ellas viven, construyen sus casas y mantienen su libertad sin la necesidad de ningún hombre. Y Derick se convierte en el único referente masculino de la familia.

Aunque la directora a veces no consigue equilibrar el retrato feminista y una especie de pretensión musical a través de los temas de rap que interpreta una de las protagonistas, rodados con formato de videoclip, Mães do Derick tiene algunas aportaciones interesantes, sobre todo en secuencias curiosas, como cuando una de las jóvenes madres riega unas plantas con sangre menstrual. En momentos como este el documental adquiere una dimensión casi esotérica, en la tradición femenina de la brujería, y es en este retrato que casi roza la irrealidad donde la película encuentra un camino diferente. Hay tiempo para hablar del feminismo, del anti-capitalismo o del sentimiento queer en una sociedad brasileña que se ha hecho más conservadora. Y aunque se trata de un documental que zozobra a veces, el conjunto ofrece algunas ideas y hallazgos visuales realmente atractivos.  

La fabrique du consentement: regards lesbo-queer (Mathilde Capone, 2019) es otro documental, éste de corte experimental, que reflexiona sobre la idea de consentimiento, pero desde la perspectiva de la comunidad lesbo-queer. El proyecto tiene un planteamiento singular, ya que la directora primero realizó trece entrevistas en Francia y Quebec dentro de la comunidad gay y lésbica, y las transcribió para elaborar un guión, convertido después en texto que interpretan una serie de actores y actrices como si fueran los entrevistados. "Hay personas que se sienten extremadamente cómodas frente a la cámara y otras que no. Hablamos de temas íntimos, sexualidad, relación con el cuerpo, opresión y violencia sexual. Cuando llega el momento de la filmación, cambia profundamente la relación, el discurso pronunciado y el discurso recogido. Quería crear un contexto íntimo donde estuviera sola con una grabadora para encontrar caminos de vida del orden de los sensibles".

De esta forma, el documental se apoya en el anonimato para construir una serie de conversaciones que acaban siendo íntimas. Esta "representación" de ese anonimato se muestra a través de escenas que incluyen a un personaje que solo se ve de espaldas, como si pretendiera esconder su identidad. Pero la base principal del documental está en esa serie de entrevistas realizadas previamente y "actuadas" frente a la cámara. Se plantean así cuestiones que amplían la perspectiva en torno al consentimiento, que no se expresa solo a través de una idea binaria (el sí o el no), sino que tiene una lectura mucho más amplia, que tiene que ver con las agresiones sexuales, pero también con los límites autoimpuestos y con una especie de pacto necesario entre los amantes. 



10 marzo, 2021

Zinegoak 2021 - Parte 2: Amar en tiempos difíciles

Nuestro segundo repaso a la programación del 18º Festival Internacional de Cine y Artes Escénicas Gaylesbitrans de Bilbao se enfoca hoy en algunas películas que hablan de las relaciones homosexuales en entornos adversos, en países que prohíben las libertades y sociedades que cercenan los derechos humanos, lugares que niegan o, directamente, persiguen a la comunidad LGBTI+. Pero también nos acercamos a películas que nos hablan del deseo y de la ausencia. 

Presentada en los principales festivales de cine documental del año pasado como Sheffield Doc/Fest, CPH-DOX o DocLisboa, Mon amour (David Teboul, 2020) es un proceso de duelo convertido en cine. El director habla de la muerte de su novio, Frédéric Luzy, que produjo algunos documentales como Callas assoluta (Philippe Kohly, 2007), y cuya vida nos la presenta en conexión con la película Hiroshima, mon amour (Alain Resnais, 1959). Como el personaje de la novela de Marguerite Duras, Frédéric Luzy nació en Nerve, y desde esta búsqueda de la inocencia el director narra en primera persona su relación amorosa, llena de altibajos, hasta el fallecimiento por sobredosis del que él tiene un sentimiento de culpabilidad. El documental, de casi tres horas de duración, es una carta de amor y de dolor que comienza como un ensayo que describe los momentos de separación, el sentimiento de la ausencia previa a la muerte: "La última vez que hicimos el amor... disgusto... mis manos acariciando sus huesos a través de la piel".

David Teboul es claro hablando de su relación, nada idílica. La narración en off se superpone a largas y lentas panorámicas que acompañan sus palabras. Para encontrar, quizás, algunas respuestas, decide viajar a Siberia, "el fin del mundo", donde el documental toma un camino diferente, aunque sin dejar de lado las reflexiones que describen momentos de su relación. En cierto modo, sigue la estela de Lettre de Sibérie (Chris Marker, 1958), deteniéndose en entrevistas con los habitantes de un pueblo remoto, casi abandonado, en el que los pocos residentes añoran la época de la Unión Soviética.

David Teboul conoce el lugar, porque ha rodado algunas películas en Rusia, como Bania (2005) documental en el que retrataba los baños rusos como una suerte de homerotismo de la vejez. En las entrevistas, el director pregunta sobre el amor, sobre las relaciones de sus protagonistas, una idea obsesiva que le ha llevado a explorar los relatos de otros para tratar de encontrar algún sentido a su propio fracaso amoroso. Son historias trágicas, que a veces hablan de maltratos, de incomprensión, de pérdidas prematuras... Pero también hay lugar para la esperanza, como esa hermosa historia de amor de dos ancianos que se acompañan tomando una taza de té cuando uno de los dos no puede dormir por la noche. Es un amor incondicional, profundo, que transmite ternura: "A veces le toco la mejilla y le digo: ¡abuelito! estás todo erizado. Ve a afeitarte". Es ese amor casi imposible, casi inimitable. Y quizás también es la respuesta más dolorosa que el amante con sentimiento de culpa pudo encontrar: "Un día, estábamos paseando por la playa de Normandía. Me dijiste, 'Nunca nos dejaremos el uno al otro'. Yo repetí, 'Nunca nos dejaremos el uno al otro'. Tiempo después me confesaste que estabas mintiendo".

El género documental también se presenta dentro de esta sección en Tiempos de deseo (Raquel Marques, 2020), que se estrenó dentro de la programación de L'Alternativa 2020. La directora portuguesa afincada en Barcelona se acerca a ese momento crucial en la vida de una mujer que llega con el embarazo y el deseo de ser madre. La protagonista es precisamente una amiga de la directora que quiere llegar a la maternidad desde su condición de lesbiana y soltera, afrontando el embarazo con la ayuda de sus amigas cercanas. Raquel Marques pone su mirada en este proceso que es también de transformación en la vida de una mujer, que pasa a ser soporte para su hijo/a, que no solo implica un cambio físico sino también psicológico. 

La mirada de la directora, sin embargo, es la de una mujer que ha decidido no pasar por ese proceso, y en cierta manera la película se plantea más como una especie de ensayo que como un documental. Pero esta posición del no-deseo hacia la maternidad implica también un punto de vista respecto a lo que se muestra, incidiendo quizás demasiado en los aspectos negativos del embarazo, en las molestias y la transformación física: "El otro día lloré por el cambio de escena, por no reconocerme a mí misma". La nueva vida se convierte así en una especie de invasora de la intimidad, de un espacio personal y único que dejará de ser único y personal. Hay también una reflexión sobre el concepto de familia y de maternidad, pero no ayuda demasiado esa tonalidad lánguida que sobrevuela toda la película, esa especie de reflejo de cierta trascendencia que quieren tener las palabras. 

Como en Mon amour (David Teboul, 2020), Siberia es también el paisaje desolador mostrado en la película Siberia and him (Viatcheslav Kopturevskiy, 2019), que propone una historia de amor de tintes trágicos desde el mismo comienzo, cuando Sasha, interpretado por el propio director, recibe una llamada de su amante Dima diciéndole que deben dejar de verse. Ante esta decisión, Sasha intenta suicidarse. La relación entre estos dos hombres es el objeto de la película, una relación prohibida pero también controvertida porque Dima es el marido de la hermana de Sasha. Cuando ambos son enviados a un largo trayecto a través de los paisajes angostos de Siberia para visitar a la abuela, que vive en un pequeño poblado aislado, el drama de la ruptura está presente, pero también el deseo irrefrenable de sentirse libres en medio de una naturaleza que es angosta, pero al mismo tiempo liberadora. 

Las sociedades opresivas como la rusa, aquí no reflejada como tal, pero sí mostrada a través de un amor prohibido que debe ser escondido, provocan también una visión trágica del amor. Y en Siberia and him esta condición está plenamente expuesta. La relación que mantienen los protagonistas no parece tener una salida clara, y en cierto modo el viaje a pie que deben realizar funciona como un paréntesis en sus vidas, más que como una oportunidad de afianzarla. Como director, Viatcheslav Kopturevskiy contrasta los planos abiertos del paisaje de Siberia con el enfoque más cerrado, los primeros planos que son casi epidérmicos, que se acercan a la piel, las manos y las miradas, a veces provocando que la imagen se vea borrosa, lo que de alguna manera refleja la propia relación difusa de los protagonistas. 

Apoyada en una hermosa partitura del compositor japonés Yasuhiko Fukuoka, la película camina sobre una delicada línea de melodrama que resulta demasiado exagerada, y propone una visión de la homosexualidad atrapada en un círculo vicioso del que es imposible escapar, abocada a un desenlace nada esperanzador. En este sentido, hay una sensación victimista en la historia que nos recuerda a una representación de la homosexualidad que ya está algo superada, pero que se entiende viniendo de una sociedad represora. Pero el director carga demasiado las tintas en esta visión y los minutos finales se sienten algo forzados. 

La sociedad china, curiosamente, es mucho más abierta respecto a la homosexualidad que la rusa. En 1997 se despenalizaron las relaciones gays, pero existe una aceptación que tiene más que ver con la invisibilidad, no existen leyes contra la discriminación y no hay una manifestación externa de los movimientos LGBTI+. De hecho, se calcula que el 80% de los hombres homosexuales chinos se casan con mujeres por presiones familiares, y según un estudio de las Naciones Unidas, apenas el 5% de las personas LGBTI viven su sexualidad de forma abierta. Todo ello se refleja, como trasfondo, en la película Suk suk (Ray Yeung, 2019), que tiene como protagonistas precisamente a dos hombres ya maduros que a lo largo de su vida han mantenido una visibilidad heterosexual aunque sus sentimientos sean realmente homosexuales. 

Pak trabaja como taxista y vive un matrimonio respetuoso pero aburrido, mientras prepara los detalles de la boda de su hija. En un parque donde se practica el cruising conoce a Hoi, un hombre viudo que vive con la familia de su hijo, pero que tiene una sexualidad más liberada, visitando algunas de las saunas gay de la ciudad de Hong-Kong. La relación que se establece entre ambos supone un efecto liberador para Pak, que comprueba cómo se puede vivir la homosexualidad de una forma más o menos exteriorizada, pero siempre envuelta en una discreción obligada por la sociedad. 

La propuesta del joven director Ray Yeung es interesante porque se enfoca en un amor de madurez, lo que le permite reflejar también la envoltura heterosexual que rodea a la vida familiar de los dos protagonistas, y que es una evidencia de esa aceptación a través de la negación que se practica en China. La actitud del hijo de Hoi, por ejemplo, cuando se da cuenta de que su padre está viendo una información relacionada con la homosexualidad revela esa realidad: el silencio, la mirada hacia otro lado... Y en el caso de Pak parece claro que nunca se planteará el divorcio, aún más afianzado por el hecho de que se encuentra realizando los preparativos para la boda de su hija. La relación se convierte por tanto en clandestina, en subrepticia. Los momentos de intimidad entre los dos protagonistas son hermosos, se sostienen en las miradas y en las caricias, pero también en momentos de cotidianidad que parecen representaciones de un sueño, de una vida probable pero inviable.  

El documental mexicano Cosas que no hacemos (Bruno Santamaría, 2020), estrenado internacionalmente en Hot Docs 2020, ganó una Mención Especial en Viña del Mar, y nos acerca a un manglar situado entre los estados de Nayarit y Sinaloa, una de las zonas donde la violencia del narcotráfico está más presente, pero lo hace centrándose en la mirada de los niños, en una zona donde la presencia de los adultos, principalmente pescadores, es escasa durante el día. Dentro de esta visión infantil, la película acompaña al mayor de ellos, Arturo, en un proceso de madurez que se encuentra entre su todavía sentimiento de niño y su cada vez mayor necesidad de manifestarse como adulto. Pero este proceso de crecimiento es también un proceso de transformación, porque para Arturo no se trata solo de hacerse mayor, sino también de querer ser mujer. Un secreto que guarda para sí hasta que, durante el rodaje de tres años del documental, acaba transformando el punto de vista de la película. El director comenta que "hubo una empatía gigante entre Arturo y yo, que tenía que ver con un rechazo a las masculinidades adultas del pueblo. Yo le conté que tenía novio, pero que mis papás no lo sabían. Y él me contó que también guardaba un secreto frente a sus papás, y es que se viste de mujer."

De esta forma, Cosas que no hacemos se convierte en un coming-of-age protagonizado por un joven enfrentado a su identidad sexual. Y se trata de uno de los documentales más hermosos en torno a la transformación de un adolescente que hemos podido ver el año pasado en muestras como el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. El contraste entre la alegría y el juego de los niños y la necesidad de reflexión y de tranquilidad que tiene Arturo, entre la luz del día y la oscuridad de una noche que se convierte en refugio, pero también esconde peligros, consigue un equilibrio formal extraordinario. Una mañana, los niños descubren un gran charco de sangre donde parece haber habido un asesinato, y de alguna manera la inocencia se ve interrumpida por la realidad violenta de México, el paraíso se transforma en infierno, mientras Arturo recibe con resignación algún grito lejano de "puto" (maricón) cuando camina por el pueblo. 

Bruno Santamaría es una de las voces más interesantes del cine mexicano, que este año además vuelve a tener una importante proyección internacional con la probable nominación al Oscar de Ya no estoy aquí (Fernando Frias, 2019). Y forma parte de un grupo de cineastas que trabajan en colaboración en diferentes proyectos; por ejemplo, él fue director de fotografía del documental Lo mejor que puedes hacer con tu vida (Zita Eriffa, 2018), de la responsable de sonido de Cosas que no hacemos. Un trabajo en equipo que ha dado lugar a varias producciones recientes muy interesantes. 

Lo que consigue Bruno Santamaría en su último documental es una conexión personal con los protagonistas, gracias la que construye espléndidos momentos de intimidad, como aquel en el que Arturo decide compartir con sus padres su deseo de vestirse de mujer. Una secuencia rodada con una dosis de suspense, pero al mismo tiempo con una emoción que nos atrapa. Y que se extiende también a otras escenas como la de la "transformación" de Arturo que está rodada como una fantasía o un sueño. 

Mientras en una pequeña población de México la principal aspiración de un adolescente es la de poder vestirse de mujer, como reflejo de su deseo de feminidad, en otros países como Suecia, donde las cuestiones de género están más reconocidas, hay también jóvenes que no se sienten identificados con lo masculino ni con lo femenino. Always Amber (Hannah Reinikainen Bergenman, Lia Hietala, 2020), presentada en la Sección Panorama de Berlín 2020, tiene como protagonista precisamente a una persona no binaria que está más cerca en realidad del género fluido, que se identifica con un género u otro dependiendo de las diferentes etapas de su vida en las que se encuentra. Pero Amber, cuando asiste a las entrevistas con la terapeuta que debe establecer su idoneidad para poder practicarse una operación de mastectomía, no se define como "él" o "ella", sino como "ellos". 

Como ocurría con el anterior documental, éste comenzó queriendo contar una historia, pero acabó transformándose en otra cosa. En un principio se centraba en la amistad entre Amber y Sebastian, dos adolescentes no binarios. Pero a los seis meses de rodaje, su relación se rompió debido a un problema sentimental, y las directoras decidieron centrarse en Amber y su búsqueda de la identidad propia (no sabemos por qué evitaron grabar a Amber y Sebastian por separado). Porque precisamente la parte menos interesante para nosotros es aquella en la que las directoras dan una cámara a Amber para que se grabe, porque son las que muestran una adolescencia más estereotipada, pendiente más de la superficie que del fondo. 

Pero cuando el documental se centra en su búsqueda interior resulta mucho más impactante. Porque plantea una reflexión interesante sobre cómo el reflejo en el que se miran las personas no binarias es lo que provoca a veces su necesidad de someterse a una operación radical. No se trata de una decisión tomada a la ligera, sino de una necesidad por no sentirse integrados en una sociedad. Y resulta interesante cómo Amber comienza a tener dudas cuando se siente aceptado tal como es. "No me suelen gustar las decisiones que tomo cuando estoy mal. ¿Cuánto debería cambiar yo solo porque la sociedad no cambia lo suficientemente rápido? Algunas personas piensan como mi madre, que lamentaré la decisión en el futuro, y que no tengo que cambiarme porque no tengo nada de malo, lo sé". Aunque el documental se mueve entre la apatía que provocan las superficialidades adolescentes y la profundidad psicológica que supone un cambio radical, consigue hacernos reflexionar sobre la necesidad de evitar las etiquetas que acaban por constreñir la identidad de las personas.

Como proyección especial fuera de la competición se ha presentado una de las mejores películas que vimos en el pasado Festival de Gotemburgo. Limbo (Ben Sharrock, 2020) es el debut de su director y tiene como protagonistas a cuatro refugiados que han sido trasladados a unas remotas islas escocesas, un lugar casi deshabitado, con cuatro casas mal contadas que acoge a los emigrantes con amabilidad, pero también con cierta condescendencia. El personaje principal es un músico sirio que mantiene contacto con sus padres, que se quedaron en Turquía, y con su hermano, que decidió permanecer en Siria para luchar. Una herida en la mano le impide tocar el laúd, con el que se convirtió en un reconocido intérprete en su país antes de la guerra, pero parece más bien que se trata de una excusa que convierte al instrumento, que lleva siempre consigo en una maleta, en su conexión con Siria, pero también en su incapacidad para volver a tener una vida normal. "Un ataúd del alma", como lo describe su compañero iraquí homosexual, que ha huido de su país porque fuera de él "puedo ser quien soy".


Lo que hace de esta película especial es su sentido del humor agridulce, su economía de recursos en la planificación que utiliza un formato 1:33 pero que construye encuadres muy bien elaborados. El contexto de esta pequeña localidad convertida en refugio de refugiados también es utilizado por el director para escenas de una comicidad seca, pero muy efectiva. El estilo de Ben Sharrock nos recuerda en ciertos momentos a las mejores películas de Aki Kaurismäki. La primera escena, chocante pero muy divertida, muestra a dos profesores como si estuvieran bailando en una discoteca, que en realidad pretende ser una lección sobre cómo se debe tratar a una mujer respetando los límites de la educación. Esta comicidad del momento esconde, sin embargo, un subtexto muy crítico en torno a la "reeducación" de los refugiados, una predisposición a pensar que por provenir de países árabes son abusadores. Las lecciones que imparten estos profesores son algunos de los momentos más hilarantes de la película.

Pero esta comedia agridulce se va haciendo menos dulce y más agria conforme se desarrolla. La eterna espera de los protagonistas en esas remotas islas mientras se decide su situación legal se convierte en una especie de prisión al aire libre. Este lugar amable pero recóndito se convierte en un anhelo de una vida nueva, mientras la lejanía de su familia va medrando poco a poco la moral del protagonista. La cabina de teléfono en medio de la nada representa también la inanidad de una vida que no tiene un futuro claro. Limbo es una película espléndida, pequeña en su forma pero grandiosa en su contenido.


Zinegoak se puede ver en salas de Bilbao y Filmin hasta el 14 de marzo. 

Suk suk y Always Amber se pueden ver en Filmin hasta el 11 de marzo.
Mon amour se puede ver en Filmin hasta el 12 de marzo.