15 mayo, 2008

El festival huérfano

El Festival de Sevilla se queda sin director artístico. Y ya andan buscando por Madrid, que no por Sevilla ni Andalucía, un sustituto. Será que somos tan “europeos” que necesitamos que nos vengan a hacer los deberes desde fuera.


Los protagonistas de esta opereta se lanzan estos días buenas palabras y terminan matizando sus declaraciones. Que si “nunca se ha dicho que no”, que si yo no he dicho eso”. Tendrán que hablar claramente la próxima vez que se les pregunte, porque si cada vez que haces una declaración tienes que hacer 3 más para aclarar la primera, vamos listos. En realidad, lo del Festival de Sevilla siempre ha sido un poco surrealista y algo cutre. Que un festival tenga sus oficinas en los “bajos” del Consulado de Portugal no deja de ser esperpéntico. Y eso que al alcalde de Sevilla, cuando se paseaba por Venecia o Cannes y organizaba fiestas de presentación en las que se trataba por todos los medios de que fuera alguna “estrella” internacional, se le caía la baba con el festival.

Lo de la Andalucía Film Commission también es un poco curioso. En este acaparamiento de gestión de festivales (primero Sevilla, después Islantilla) los directores de las muestras siempre han acabado fuera del proyecto (Juan Labrador, Manuel Grosso) lo cual, hombre, o es mala suerte o es mal rollo. Y, no nos engañemos, desde que Carlos Rosado entró a gestionar el Festival de Sevilla se sabía que Manuel Grosso no iba a durar mucho (se cuenta “off the record” que silbaban los cuchillos en la pasada edición, y que los enfrentamientos en las tomas de decisiones eran diarios). Claro que ahora hay que poner buena cara, irse cada uno para su casa y desentenderse de polémicas que no interesan.

Al Festival de Cine Europeo le quedan unos seis meses para que se celebre su nueva edición (quitemos uno o dos meses de verano en los que poco se puede gestionar). Hasta ahora, se ha hecho poco en cuestión de programación, entre otras cosas porque la oficina funcionaba mal que bien. Al Festival de Cannes, una de las muestras de las que salían mayor número de películas para la programación del festival, parece que no acudirá ningún representante de Sevilla para buscar y, sobre todo, negociar títulos (no se trata solo de seleccionarlas, sino de conseguirlas antes que otros festivales más potentes como San Sebastián, Valladolid o Gijón). Así las cosas, la próxima edición del Festival de Sevilla va a tener que programar series de televisión, como el Festival de Islantilla.

Lo que más sorprende es la tranquilidad aparente de todos. El alcalde anda en las catacumbas del futuro metro de Sevilla a ver si es posible que le salga más barato que el tranvía. La Delegada de Cultura no se entera muy bien de nada de lo que pasa. Y Carlos Rosado anda ahora mismo pensando en si Miguel Ángel Silvestre “El Duque” provocará en Islantilla el mismo fervor adolescente que provocó en el Festival de Málaga. Mientras, el cine europeo se queda huérfano.



03 mayo, 2008

¿Para qué sirve un festival

El Festival de Cine Español de Málaga se ha convertido en un referente para las producciones recientes de nuestro cine. Pero, a la vista de la programación, ¿realmente cumple una función coherente de difusión del cine?


En el ámbito cinematográfico, el Festival de Málaga se perfila, más que como una selección de lo más interesante del panorama español, como una especie de sesión de preestrenos de películas que desembarcan en la cartelera días después. Así que su función de festival queda un poco desdibujada, sobre todo si echamos un vistazo a las películas premiadas.

La gran triunfadora fue una producción andaluza “apadrinada” por el malagueño más internacional. 3 días (premios a la Película, Actriz de reparto, Maquillaje y Guión novel) es una propuesta atractiva de entrada pero que se ve anquilosada por un trabajo de dirección efectista e histriónico, que sepulta los valores de un guión incapaz de sustraerse al típico cine de psicópatas. Cobardes (Premio de la Crítica, Mención Especial del Jurado), confirma a José Corbacho y Juan Cruz como dos directores incapaces, con una historia llena de clichés, de personajes sobados en miles de telefilmes y de recursos de guión inaceptables. Todos estamos invitados (Premio Especial del Jurado, Actor de reparto) es quizás la peor película de Manuel Gutiérrez Aragón en mucho tiempo. Afronta el terrorismo con una desgana y una ineficacia sorprendentes en un director veterano.

Al menos Fuera de carta (Mejor Actor, Premio del Público), si bien tiene todos los tics de productos televisivos como Aída o La que se avecina, consigue entretener, aunque sea a base de las mayores ordinarieces que se han escuchado en mucho tiempo. Ya que no hay otra cosa, es de agradecer cierto cine sin pretensiones de modernez, ni ínfulas de denuncia social.

Sin premio se quedaron la inverosímil Proyecto dos, un thriller que no produce tensión alguna, la supuesta comedia coral 8 citas, enésima incursión en el universo de las parejas con los mismos actores de siempre, o Un poco de chocolate que, a pesar del buen trabajo del maestro Héctor Alterio, no termina de encontrar el equilibrio entre el realismo mágico y la crónica geriátrica.



21 abril, 2008

El drama del clown

A Peter Shub, uno de los clowns más destacados del mundo, le acompaña una tragedia vital que convierte su trabajo en un acto heroico.


Este fin de semana hemos contado con la visita de uno de los clowns más famosos, el norteamericano Peter Shub, dentro de la programación del Festival Internacional de Teatro de Sevilla. Sin duda, todo un acontecimiento para los amantes del arte de la mímica llevada hasta niveles de pureza absoluta y convertido en una cascada de diversión para los espectadores, participantes activos de un espectáculo que Peter Shub ha ido perfeccionando desde que se dio a conocer y trabajó durante largas temporadas en el Circus Roncalli alemán, primero, y en el Cirque du Soleil canadiense, después.

Pero el auténtico placer que produce ver a Peter Shub en solitario es mucho más intenso, teniendo en cuenta que él y su personaje (un ser entrañable) logran atraparnos poco a poco hasta que al final la palabra se convierte en resurrección del gag visual. Igual que otros destacados clowns que nos visitan estos días (Nola Rae, Jango Edwards), Peter Shub se ha situado en una posición envidiable en el panorama teatral-circense, aunque a él le acompaña una tragedia vital que acaba rodeando su trabajo, ya de por sí difícil, de una condición casi heroica.

En 2001, Peter Shub perdió a su hijo de cinco años en un accidente producido en una exposición de esculturas, una de las cuales cayó sobre el niño. Esta dramática pérdida sin duda ha marcado la personalidad de Peter Shub (aún hoy, a pesar del tiempo transcurrido, mantiene un cierto aire de tristeza en su mirada). Pero esta tristeza se transforma cuando Shub sube al escenario. Como él mismo dice: “Puedes ser el hombre más triste del mundo, pero cuando llegas al teatro tienes que entretener al público”.

Todos llevamos un equipaje vital a nuestras espaldas, algunos más pesado que otros, y que uno de los clowns más divertidos del momento tenga tan dura carga que soportar sorprende por la capacidad de este profesional para sobrellevar su drama personal mientras el público ríe a carcajadas.

Las reflexiones de Peter Shub sobre la muerte de su hijo se muestran en un excelente cortometraje documental titulado Awakening from the long sleep of life (Despertando del largo sueño de la vida), dirigido por Constanze Waeger, que es toda una declaración de amor de un padre por su hijo.

14 abril, 2008

"My kid could paint that": ¿Quién es el fraude?

El documental de Amir Bar-Lev indaga en la polémica destapada por el programa 60 minutes sobre las dudas de veracidad en la obra artística de Marla Olmstead, una niña de 4 años comparada con Jackson Pollock y Pablo Picasso.

Hay documentales que, más allá de su condición de obra cinematográfica con cierto poder de fascinación visual, proponen una profunda reflexión al espectador. Si esa es la máxima de un buen documental, My kid could paint that (Mi hijo podría pintar eso), producido por Sony Pictures y estrenado el pasado mes de octubre de 2007 en Estados Unidos, es un excelente trabajo, porque plantea serias disquisiciones sobre el arte moderno y la manipulación. Pero la reflexión que me provoca esta película no tiene tanto que ver con las pretensiones de su director, sino más bien sobre cómo el género documental puede acabar utilizando la manipulación más absoluta para, precisamente, denunciar actitudes manipuladoras. Rizamos el rizo de la ética.

La primera parte de My kid could paint that nos muestra al director (convertido más tarde en casi más protagonista que sus propios protagonistas) retratando el éxito repentino de una niña de 4 años que pinta para divertirse, pero cuyas obras son calificadas como genialidades del estilo abstracto y comparadas con trabajos de Picasso y sobre todo de Pollock. Vendidas por cifras millonarias a coleccionistas que ven en las pinturas lo que ni siquiera la niña ha pretendido pintar, las obras son objeto de exposiciones y la familia Olmstead se convierte de la noche a la mañana en objeto de atención para los medios.

El punto de giro del documental se produce cuando asistimos a la emisión del programa televisivo 60 minutes en el que, tras colocar una cámara oculta para grabar a la niña pintando un cuadro, se “desenmascara” su trabajo, cuyo resultado concluyen que no está a la altura del resto, mientras se escucha al padre de la niña dándole supuestas “instrucciones” sobre lo que debe hacer. Ahí, el documental se convierte en el retrato de una debacle, la de unos padres sometidos a las dudas que se ciernen sobre ellos como “manipuladores” de los cuadros.

Y ahí es donde comienza también la tergiversación del documental. Por un lado, el director Amir Bar-Lev muestra sus propias dudas, los entrevistados cuestionan el trabajo que está haciendo y su empeño se centra ahora en tratar de embaucar a los padres de la niña para conseguir filmarla él mismo mientras pinta. Alguien en Sony le debió decir a Amir Bar-Lev que su documental no iría a ninguna parte si se quedaba en un simple relato de los hechos. Hacía falta carnaza. Y vaya si lo consigue. Igual que la periodista que escribió el primer artículo sobre la niña tiene la desvergüenza de cuestionar a los periodistas que después han hablado de Marla (cuando fue ella la primera que lo hizo), Amir Bar-Lev se inventa una escena en la que pone sobre la cuerda floja a los padres de la joven artista. Y acaba provocando el llanto de la madre. La frase de ella es significativa: “Documentary gold!”, en referencia a ese “momento de oro” con el que sueñan todos los directores de documentales, aquél que pueden “vender” en las promociones.

Amir Bar-Lev consigue su propósito y filma a la niña pintando, pero sólo para concluir (opinión suya personal) que, como ocurrió en el programa 60 minutes, la pintura resultante de ese trabajo “en público” no tiene la calidad de las otras obras de la niña. Curiosamente, el crítico de arte de L.A. Weekly, Doug Harvey, comentando la película, dice: “La gran revelación de Amir Bar-Lev es absurda. Las obras creadas por Marla delante de las cámaras son diferentes de las otras, similares a algunas y mejores que muchas”. Pero es esta conclusión realizada por el director (ya completamente erigido en protagonista de su propia obra y por tanto identificado con el espectador) la que hace que también despierte nuestras dudas. La promoción del documental anuncia: “Manipulación o inspiración: tú decides”. Pero Amir Bar-Lev ya ha decidido por nosotros. ¿Manipulación o cómo un director puede acabar convirtiendo un documental sobre arte en crónica amarillista?

Aunque Marla Olmstead ya no expone en galerías, sus padres mantienen una página web a través de la cual continúan vendiendo sus obras. En ella, han colgado recientemente tres videos que muestran grabaciones de principio a fin de tres de estas obras (dos de las cuales, por cierto, aún no se han vendido). Aunque en la web sólo vemos un resumen de 1 minuto de cada video, se supone que las grabaciones completas están disponibles para la prensa. Los padres de Marla continúan tratando de demostrar que su hija, ya con 6 años, es la autora única de sus obras.


28 marzo, 2008

Y estos son los ganadores

El miércoles 26 de marzo ha tenido lugar la proyección de los cortometrajes finalistas del I Concurso de Cortometrajes de Ficción y Documentales “Miradas del Sur”, organizado por EMA-RTV, en colaboración con la Secretaría General de Acción Exterior de la Consejería de la Presidencia.

La proyección tuvo lugar en La Facultad de Comunicación de Sevilla, con amplia asistencia de público, y con la presencia de D. Juan Ramón Troncoso, Presidente de EMA-RTV, y D. Francisco Barrios, Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, así como de la mayor parte de los directores cuyas obras fueron seleccionadas.

Al terminar la proyección se dieron a conocer los premios otorgados por un Jurado formado por María Teresa Vera Balanza, Vicedecana de Investigación e Innovación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Málaga, Ana Jorge Alonso, Editora de la Revista Redes y Manuel Chaparro Escudero, Director General de EMA-RTV. Las obras premiadas son las siguientes:

Primer Premio
La historia del silencio, de Leonor Jiménez

El Jurado ha valorado especialmente la oportunidad del tema que trata este cortometraje documental, la capacidad para hilar el relato individual y la memoria colectiva, y la apuesta por el diálogo intergeneracional. El documental de Leonor Jiménez indaga en la memoria histórica y las consecuencias del olvido.

Segundo Premio
The quiet, de Kike Mesa

El jurado ha estimado la fuerza del microrrelato para provocar una sensación inquietante y sorprendente, así como lo arriesgado de la propuesta. Con la participación del director Brian Yuzna como narrador, este corto propone una mirada desde el género fantástico hacia un tema inquietante.



23 marzo, 2008

Finalistas Concurso "Miradas del Sur"

Ha sido arduo y difícil (y hasta hemos tenido ciertas divergencias que con una cervecita y mucha entendedera se han resuelto sin que la sangre llegara al río). Pero hemos tenido que decidir los 10 cortometrajes finalistas del Concurso organizado por EMA-RTV.

Como sabéis los que nos seguís habitualmente, EMA-RTV, en colaboración con la Consejería de Presidencia de la Junta de Andalucía, ha puesto en marcha el I Concurso de Cortometrajes de Ficción y Documentales "Miradas del Sur", una iniciativa surgida del interés por acercar más a tres zonas geográficas que quizás están más alejadas en cuanto a conocimiento mutuo que lo que lo están físicamente: Andalucía (España), Algarve y Alentejo (Portugal). Y sin duda el audiovisual es una buena forma de concentrar esfuerzos comunes.

Lo ha sido, sin duda. Nos ha sorprendido la respuesta que hemos recibido por parte andaluza y nos hemos sentido algo decepcionados por la escasa presencia de obras portuguesas. Y eso a pesar de que hemos hecho una labor esforzada a la hora de tratar de llevar a nuestro país limítrofe la propuesta que hemos iniciado. Quizás no ha sido suficiente y en próximas ediciones (esperemos que las haya) habrá que insistir.

En todo caso, aquí están las obras finalistas de esta primera edición del Concurso "Miradas del Sur". Hemos dejado en la cuenta algunos trabajos que nos interesaban, pero sin duda los que han sido seleccionados merecen estar donde están. Ahora, la pelota está en el tejado de nuestro jurado, que decidirá finalmente los dos ganadores del Concurso.

Los finalistas podrán verse el miércoles 26 de marzo en el Salón de Grados de la Facultad de Comunicación de Sevilla, a partir de las 11:00 de la mañana.

Los finalistas son:

Amor/Odio, de Juan José Moreno
Chocolate con churros, de Mario de la Torre Espinosa
Cinco contra uno, de Jorge Naranjo
Espagueti western, de Sami Natsheh
La carpa, de Nacho Sánchez
La historia del silencio, de Leonor Jiménez
Más allá de San Fernando, de Juan Antonio Mesa
Mi tío Paco, de Nacho González
Pura agua, de José Jesús Delgado
The quiet, de Kike Mesa