Terminamos nuestras crónicas del Festival Raindance, que se ha celebrado en Londres, ya con la mirada puesta en Fantasia, el festival de cine de fantástico de Montreal, cuya tercera ola de películas seleccionadas se presentó ayer y a la que dedicaremos una crónica previa la próxima semana. Podríamos decir que el tema al que dedicamos nuestra última crónica enlaza directamente con el cine de género, porque hablamos de películas que abordan el tema de la muerte, a través de historias directamente de terror o de fantasías que esconden tras la imaginación la verdadera crueldad de la realidad. La muerte como un deseo o como un renacimiento se convierte en el tema central de los títulos con los que cerramos nuestra cobertura del Festival Raindance.
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Ida, who sang so badly that even the dead rose up and joined her in songEster IvakičEslovenia, Croacia 2025 | 109' | Narrative Feature | ★★★★☆Cottbus '25: Mención Especial Jurado EcuménicoLjubljana '25: Premio FIPRESCITorino '25: Mejor Película
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A través del realismo mágico, la historia de la protagonista de esta película se desarrolla en parte fuera de la realidad opresiva de la Eslovenia socialista cuando pertenecía a la ex-Yugoslavia en los años setenta. El debut como directora de largometrajes de Ester Ivakič (1992, Eslovenia) se inspira en varios de los relatos cortos recopilados en el libro Ninguna voz (2016) de la escritora y activista LGBT Suzana Tratnik (1963, Eslovenia), de la que en España solo se ha publicado su antología de cuentos Posiciones geográficas (2005, Ed. Dos Bigotes). El largo título es una descripción del personaje de Ida (Lana Marić), una joven que vive en medio de un paisaje idílico en la campiña de la región de Transmurana, envuelta en sus propias ensoñaciones, que están representadas con una tonalidad etérea, porque la realidad que la rodea se está volviendo cada vez más problemática. No solo por el trasfondo político de la imposición comunista sino porque, en su círculo cercano, la relación de sus padres Ivana (Judita Franković Brdar) y Stanko (Matej Puc) es más inestable, con continuas discusiones, su mejor amiga Terezka (Liza Muršič) parece estar entregándose al fanatismo religioso y en la escuela tiene que lidiar con una sádica profesora (Lara Maria Vouk). Su principal soporte familiar es su anciana abuela (Milena Stropnik), que sin embargo también se encuentra cada vez más debilitada, casi como si estuviera acariciando la muerte. El conjunto de relatos escritos por Suzana Tratnik ofrece una peculiar representación de estos personajes que rodean a Ida, a través de siete historias que hablan sobre la pérdida de la inocencia, como variaciones sobre los motivos del paso del tiempo y la muerte que aborda la autora en colecciones anteriores. Ida, who sang so badly that even the dead rose up and joined her in song (Ester Ivakič, 2025) traslada este universo particular con especial precisión, creando una mezcla de realidad e imaginación que construye el mundo personal de la protagonista. La joven piensa que su canto podría salvar a su abuela de la muerte, por lo que se une al coro de la escuela, pero tiene un problema: como indica el título, Ida canta tan mal que incluso los muertos se levantan para acompañarla en su canción. A la película le perjudica, sin embargo, estar basada en varios relatos que originalmente eran independientes, porque a veces las subtramas que rodean a la historia principal pueden parecer menos unificadas de lo que deberían, lo que transmite la sensación de una cierta dispersión en el relato. A veces se introducen personajes fuera del contexto de Ida, como simbologías de la llegada de la muerte, que sin embargo no están tan integrados dentro del mundo de la protagonista, y quizás se echa en falta que la película se centrara más en el personaje principal y hubiera prescindido de otras tramas que no aportan demasiado, lo que también habría reducido el metraje.
No obstante, en esta película que de nuevo aborda la religión y la juventud en medio de la imposición de los ideales socialistas, el mayor éxito es la expresividad de la protagonista, la debutante Lana Marić, y la sutileza de la descripción de su mundo interior. La fotografía de Rok Kajzer Nagode ofrece hermosas composiciones de los paisajes naturales de la región, que la directora utiliza para subrayar la soledad en la que se encuentra Ida quien, a través de un viaje con su madre, se da cuenta de que su voz desafinada es capaz de servir como elemento de comunicación con los espíritus de los muertos, percibiendo que en realidad la muerte no es algo que se pueda esquivar. Es el tratamiento de la atmósfera lo que unifica las historias que se han adaptado del libro de Suzana Tratnik, y es el reflejo de una transición desde la niñez hasta la madurez la que conforma el mejor tratamiento de la película, una ópera prima lo suficientemente sólida como para introducir a su directora en el punto de mira del panorama cinematográfico de la Europa del Este. Incluso el montaje establece una dispersión del tiempo que a veces puede resultar confusa, pero que encaja con la textura y la tonalidad de la historia. Pero Ester Ivakič consigue evadir todas las posibles trampas que le sugiere el relato: Ida no aprende a cantar y su voz no es capaz de salvar a su abuela. La muerte es una permanencia constante pero no especialmente amenazadora, sino que se propone como un proceso natural que para nada es trágico sino, simplemente, inevitable.
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The unluckiest girl in the worldRyosuke HayazakaJapón 2026 | 50' | Narrative Feature | ★★★☆☆
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Basándose en las máquinas gacha, aquellas que dispensan una cápsula que contiene una figura o un juguete que se debe atrapar mediante una manivela, esta pequeña historia adopta su título original, que podría traducirse como Gacha Life, sobre este concepto nacido en Japón, el país del mundo con más máquinas expendedoras. La protagonista es Yamanoura (Kyōka Shibata), una empleada de Recursos Humanos que se considera a sí misma la chica más desafortunada del mundo, con una personalidad retraída y sin demasiado éxito con los hombres. Su ex prometido la abandonó al día siguiente de la pedida de mano, mientras que su actual novio es constantemente infiel. Pero ella se resiste a abandonarle por temor a que lo que venga pueda ser peor. Como la típica persona a la que siempre se le pegan en el zapato los chicles que hay en la calle, el destino de Yamanoura parece inevitablemente el de morir en un accidente de tráfico mientras cruza un paso de cebra, lo que efectivamente sucede. Pero el más allá es algo diferente de lo que la protagonista de The unluckiest girl in the world (Ryosuke Hayazaka, 2026) habría imaginado. Encontrándose con una versión más extrovertida de sí misma, ahora tiene la oportunidad de elegir entre cualquiera de sus ex amantes mediante una máquina gacha, extrayendo una cápsula que la enviará directamente a la vida que habría podido tener con el prometido que huyó o con un influencer online demasiado narcisista. El viaje personal lleva a la protagonista a revivir los fracasos amorosos de su vida, en un proceso en el que comienza a dudar si la mala suerte que la ha acompañado ha sido fruto del destino, de la casualidad o de decisiones que ella acabó tomando, y que la condujeron hacia estos hombres. La idea de una máquina gacha en la que el usuario confía en la suerte para conseguir el regalo más valioso, se traslada de una manera divertida a la vida de una joven que reflexiona sobre su pasado reviviendo los errores cometidos. Es un concepto que mezcla la conciencia de la vida pasada, como en Cuento de Navidad (Brian Desmond Hurst, 1951), con la repetición continua de las decisiones tomadas, como en Atrapado en el tiempo (Harold Ramis, 1993). Pero en este caso es Yamanoura la que, entre todos los amores fracasados que ha tenido, debe elegir con quién pasará su nueva vida. Sin ser una película de empoderamiento femenino, The unluckiest girl in the world no deja a los hombres en buen lugar, pero en este caso no porque los describa en general como aprovechados o poco comprometidos, sino porque Yamanoura ha terminado conformándose con los peores amantes.
Presentada en un formato de 1:1, que en cierta manera puede representar esa realidad en la que la protagonista se ha visto atrapada, y con una duración de solo 50 minutos, la película se beneficia pero también se perjudica de una propuesta de bajo presupuesto que nunca termina de desarrollar del todo a sus personajes, como un mediometraje que plantea una historia original y sencilla en la que predomina el concepto visual por encima de la trama. Hay una mirada divertida y burlona que contradice la idea del destino y el azar para determinar que nuestras vidas dependen de las decisiones que tomamos, no de la suerte que tengamos. A lo largo de las relaciones recuperadas, también se establecen comentarios irónicos sobre las redes sociales, el matrimonio, o el mercantilismo de una sociedad en la que incluso las relaciones personales pueden convertirse en reclamos publicitarios. Con una estructura narrativa que pasa de una historia a otra, la película se puede sentir demasiado episódica, lo que afecta a la cohesión de la trama principal. Mientras que la actriz y DJ Kyōka (1999, Japón), a la que hemos visto en títulos como Goodbye, bad magazines (Shoichi Yokoyama, 2022), ofrece una interpretación divertida dentro de las limitaciones que tiene un personaje que no está lo suficientemente desarrollado. La propuesta surrealista que hace el director y montador Ryosuke Hayazaka puede tener algunos problemas de estructura, pero ofrece una corta y entretenida historia que reflexiona sobre el destino, las citas online, la suerte y las decisiones que marcan nuestro futuro. The unluckiest girl in the world quizás no consigue responder demasiadas preguntas, pero dentro de su excentricidad y su carácter lúdico, plantea algunas cuestiones bastante relevantes.
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Tokyo nightfallYuto ShimizuJapón 2026 | 79' | Narrative Feature | ★★★★☆
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En la corta trayectoria del director Yuto Shimizu, que vive entre Tokio y Los Angeles, fundando su productora cinematográfica Arct'4 Film para el estreno de sus cortometrajes y de su primera película, My fireworks (2025), hay una idea presente en torno al suicidio como una decisión personal que también puede expresar un deseo real de seguir viviendo. Pero es quizás en su segundo largometraje, Tokyo nightfall (Yuto Shimizu, 2026), donde desarrolla más un tema que puede resultar especialmente incómodo, sobre todo si se aborda desde una perspectiva sin connotaciones negativas. En todo caso, el suicidio es también reflejado como una consecuencia de la profunda soledad en la que grandes urbes como Tokio y Los Angeles pueden sumir a sus habitantes. El protagonista es Anemashi (Iori Abe), un repartidor de comida a domicilio al que los clientes a los que lleva los pedidos ni siquiera le miran a la cara cuando abren la puerta, y que sobrevive envuelto en los recuerdos de su hermana Anna (Utano Aoi), quien sufrió un shock emocional cuando fue testigo del suicidio de su mejor amiga (literalmente la vió caer desde el balcón de su apartamento). A partir de entonces el carácter alegre de Anna cambió radicalmente y se sumió en una profunda depresión que desembocó en un desenlace trágico. Los videos caseros de Anna y sus amigos comunes Hattori (Taiga Hironaka) y Nozu (Kosuke Tanaka) en una época anterior despreocupada y alegre vuelven continuamente a la pantalla, como un contraste con la existencia triste y solitaria de Anemashi. Cuando él decide inscribirse en una fiesta clandestina que parece tener como finalidad un suicidio colectivo, Hattori y Nozu se introducen en el local para tratar de evitar que su amigo tome una decisión drástica. A través de un tema tan complejo como controvertido, la película sin embargo explora otras ideas, especialmente el dolor y el duelo, pero también el sentimiento de culpa que Anemashi tiene por considerar que no estuvo realmente presente cuando su hermana lo necesitaba, dándole una distancia que quizás no era lo más apropiado. En las grabaciones de video, Anna juega a hacer preguntas recurrentes a sus amigos: "¿Cuál es tu recuerdo más feliz? ¿Cuál es tu recuerdo más triste?", con algunas respuestas sorprendentes, cuando uno de ellos no tiene absolutamente ningún recuerdo feliz. Tokyo nightfall no solo habla de personajes marcados por la tragedia como Anemashi y Anna, sino que ofrece una mirada melancólica hacia la juventud japonesa, la que habita una gran ciudad en la que la soledad y la tristeza acaban siendo lugares emocionales habituales. Hay una repetición en la estructura de las grabaciones caseras que en cierta manera funciona como un ritual de despedida y de duelo, convirtiendo a sus protagonistas en figuras fantasmales.
De hecho, en la utilización de los colores azulados para el exterior nocturno de Tokio o de rojos intensos para el interior de la discoteca en la que se celebra la fiesta, también se transmite una sensación de que estamos viendo una historia de fantasmas. Tokyo nightfall no es una película fácil de ver en el sentido de que no ofrece un juicio sobre las decisiones tomadas por algunos personajes o por los invitados a una rave que es una celebración de la muerte elegida. También se plantea como una escapatoria a vidas sin sentido, a soledades asumidas y a existencias frustradas, a través de un grupo de jóvenes que parecen sentir que no le importan a nadie. Hay una estructura circular en el principio y el final de la película, con un plano cenital de la azotea de la discoteca que se va alejando progresivamente hasta conformar un laberinto de calles que revelan esa soledad de la arquitectura milimétrica de Tokio. "Si supiéramos lo que piensan todos, la vida no sería tan difícil. Todos estamos llenos de contradicciones. Pensar demasiado es perder el tiempo", dice Hattori. En el espacio confinado donde jóvenes marcados por la desesperación han decidido morir juntos, los personajes protagonistas intentan escapar, mientras las emociones que habían mantenido ocultas comienzan a mostrarse, tanto respecto a sus relaciones personales, como con la propia Anna. Tokyo nightfall, que se estrena el próximo 31 de julio en Japón, es una película que reflexiona sobre la sensación de malestar de una juventud, pero también sobre la fortaleza de la amistad y la necesidad de compartir el dolor para hacerlo más soportable.
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The trekMeekaaeel AdamsSudáfrica 2026 | 105' | Horror | ★★★★☆Fantasporto '26: Premio Especial del JuradoFantaspoa '26: Mejor Fotografía
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Situada en 1846 en el desierto de Kalahari que necesita atravesar un grupo de colonos blancos, The trek (Meekaeel Adam, 2026) se sitúa en un terreno medio entre el terror y el género del oeste para romper con las narrativas tradicionales de ambos e introducir elementos del folclore sudafricano. La familia neerlandesa-afrikáans formada por el granjero Karel (Morne Visser) y su esposa Jakoba (Trix Vivier), embarazada de nueve meses, y su hija adolescente Karolina (Leah Lindeque) tiene la oportunidad de conseguir un rancho en propiedad si logran escoltar al engreído inglés Blake (Rob van Vuuren) a través del Kalahari. Pero un accidente con la escopeta de éste espanta a los caballos y quedan varados en mitad del desierto. Con la ayuda del misterioso cazador Atshumao (Maurice Carpede), un nombre que solo se menciona en los títulos de crédito, su expedición se torna cada vez más tensa a medida que el hambre, el agotamiento y la desconfianza se apoderan de ellos, mientras dos espíritus del desierto, figuras del folclore sudafricano, acechan su viaje y observan cómo su aparente sentido del orden comienza a desmoronarse. Cuando Blake es arrastrado por una fuerza invisible, los límites entre la realidad y la imaginación se hacen cada vez más frágiles, estableciendo sus visiones como una especie de sentimiento de culpa por su participación en una masacre racista años atrás. El director Meekaaeel Adam (1988, Sudáfrica), que también ejerce como director de fotografía, subvierte la tradicional mirada hacia la conquista de la tierra haciendo que ésta no sea solamente un espacio vacío sino que esté viva, introduciendo elementos relacionados con la memoria, la resistencia y las consecuencias del pasado. Atshumao cuenta a la joven Karolina una leyenda sobre dos hermanos gemelos, la tierra y la lluvia, enfrentados y separados. Aunque no se ofrece una explicación concreta, estas dos fuerzas parecen surgir como guías, pero también como representación de las diferencias raciales entre blancos y negros que han marcado la historia de Sudáfrica. La película, entre sus elementos de género, surge como una reflexión sobre la propiedad, el colonialismo y la necesidad de comprender el pasado. La diferente percepción de la raza se presenta como uno de los temas principales a través de la separación entre tierra y lluvia que hacen los afrikaners blancos y la percepción de que son dos elementos inseparables por parte del cazador. La mitología de los pueblos Khoen entrelaza la vida, la tierra árida y la lluvia, y sus mitos divinizan los elementos meteorológicos para sobrevivir en las zonas más secas del desierto.
La propuesta del director Meekaaeel Adam consigue construir un viaje, al que hace alusión el título, que acaba siendo más profundo y psicológico que los que se ofrecen en este tipo de historias, actuando en el retrato del paisaje árido y el comportamiento de los personajes en un plano más metafórico que real. La película rompió la ausencia de cine sudafricano en el reconocido festival Fantasporto, donde se convirtió en su pasada edición en la primera producción del país que era seleccionada en su Sección Oficial, consiguiendo el Premio Especial Manoel de Oliveira, mientras que en el festival brasileño Fantaspoa también fue reconocida por su fotografía, una expresiva representación de la vasta extensión del desierto que el propio director presenta también como un recurso simbólico. Por el camino, hay algunas interpretaciones demasiado exageradas como la del actor sudafricano Rob van Vuuren, que interpreta al inglés Blake con demasiada tendencia al histrionismo, especialmente en una parte en la que parece haber sido poseído, mientras que Morne Visser ofrece un contraste más mesurado a través de un personaje que, sin embargo, también está cargado por la responsabilidad del objetivo de conseguir una propiedad en suelo africano que su esposa no parece estar muy segura de que sea lo suficientemente fértil como para sobrevivir. The trek ofrece elementos de terror en algunos pasajes, con una especial capacidad para crear momentos de suspense y una sensación amenazadora constante que surge directamente de la tierra por la que transcurre el recorrido de la caravana. El tercer acto, sin embargo, deriva hacia una mezcla de elucubración, visiones y realidad que se apoya sobre todo en la imagen en cámara lenta, haciendo referencias al pasado, para crear una atmósfera desasosegante, pero también confusa y demasiado alargada. Resulta más interesante la exploración de las diferentes percepciones generacionales representadas en el personaje de la adolescente Karolina, que incluso se presenta como menos inocente de lo que pudiera parecer, estableciendo una mayor identificación con el cazador Atshumao. El viaje que propone el director, una de las voces más interesantes de la nueva generación de cineastas sudafricanos, es irregular pero consigue una mezcla de géneros inusual que plantea una reflexión sobre las consecuencias del colonialismo histórico.
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Pinocchio: UnstrungRhys Frake-WaterfieldReino Unido 2026 | 82' | Horror | ★★★☆☆BIFFF '26: Competición Méliès
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La estrategia de los cineastas Rhys Frake-Waterfield (1991, Reino Unido) y Scott Jeffrey Chambers, actor de series como Malpractice (ITV, 2023-), a través de su productora Jagged Edge Productions, de tomar personajes infantiles de dominio público para incorporarlos a historias de terror ha tenido mejores resultados en taquilla que en la traslación a la pantalla. Así ha surgido lo que se denomina como el universo Twisted Childhood (Infancia Retorcida) que en realidad ha sido una estrategia para desarrollar producciones de bajo presupuesto dentro del género que mejor se presta a ello. Pero ha conseguido una notable popularidad con títulos como Winnie the Pooh: Miel y sangre (Rhys Frake-Waterfield, 2023) y su secuela Winnie the Pooh: El bosque sangriento (Rhys Frake-Waterfield, 2024), y posteriormente Peter Pan: Pesadilla en Nunca Jamás (Scott Chambers, 2025) y Bambi: La venganza (Dan Allen, 2025). En preparación se encuentran una tercera entrega de Winnie the Pooh y una película que unirá a algunos de los personajes de este particular universo. Pero, entre todas ellas, la última entrega por el momento, Pinocchio: Unstrung (Rhys Frake-Waterfield, 2026) consigue utilizar con habilidad los elementos más conocidos del cuento de Carlo Collodi para ofrecer una muestra de cine de terror con muñeco revivido que no solo resulta convincente y bastante entretenida, sino que también es extremadamente violenta, tanto que la versión cuyo estreno está previsto a finales de julio en Estados Unidos sufrirá la censura de una de las escenas de muerte (no se ha especificado cuál, pero quizás la que implica a una niña), obligados por la MPAA para conseguir al menos la calificación R para menores de 17 años acompañados. También es cierto que se trata de la producción con mayor presupuesto de las que se han estrenado hasta el momento, pasando de los 50.000 euros de la primera entrega de Winnie the Pooh a alcanzar los 500.000 euros en esta última, lo que presenta una atmósfera mucho más turbia y ofrece la posibilidad de representar al personaje de Pinocho a través de un logrado trabajo de marionetas, una decisión acertada que evita los efectos visuales digitales para utilizar efectos prácticos. La historia principal sigue el camino del cuento original, trasladándola a la actualidad, con el joven James (Cameron Bell) viviendo en la mansión de su abuelo Gepetto (Richard Brake), tras perder a sus padres y en poco tiempo a su mejor amigo, víctima de un cáncer. Gepetto decide construir un muñeco de madera llamado Pinocho (voz de Jude Evan Lloyd), cuya conciencia le permite hablar y moverse, como una especie de sustitución del amigo y los padres que ha perdido James. A pesar de que Gepetto advierte a su nieto de que nunca lleve a Pinocho fuera de la casa, porque la confrontación con el mundo real puede hacerle perder su inocencia, evidentemente hace lo contrario. Y Pinocho, después de observar una sucesión de hechos fortuitos que parecen sacados de la saga de Destino final (James Wong, 2000), comienza a darse cuenta de la crueldad del mundo y, empujado por la conciencia representada en Cricket (voz de Robert Englund) decide convertirse en un niño humano, aunque sea extirpando los órganos necesarios a sus víctimas.
La habilidad del guión de esta película que parece distanciarse del resto de propuestas que tenían un objetivo principal centrado en el entretenimiento, es que conecta la historia de Pinocho con una cierta referencia a la obra Fausto (1808, Ed. Alianza Editorial), de Goethe, presentando al personaje de Gepetto como una especie de figura con aspiraciones casi divinas: "Tenía razón cuando pensé que la vida del alma, la energía vital, o como quieran llamarla, no permanece después de la muerte y puede ser aprovechada. Esto podría conducir a una especie de renacimiento que nos permitiría burlar a la muerte", dice en una grabación encontrada De esta manera, exceptuando al protagonista James, casi todos los personajes de la película tienen un componente maléfico, especialmente Grillo, al que interpreta el mítico Robert Englund, que en vez de ser la voz de la conciencia de Pinocho, adquiere un carácter mefistofélico, sugiriendo al muñeco de madera las peores perversiones violentas para adquirir forma humana. Pinocchio: Unstrung no tiene problemas en ofrecer escenas muy sangrientas, con especial énfasis en los ojos y las dentaduras de las víctimas, lo que presenta algunos momentos bastante truculentos. Curiosamente, aunque tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine Fantástico de Bruselas (BIFFF '26) y se estrena el 24 de julio en Estados Unidos, la película está ausente del festival Fantasia, la próxima cita con el fantástico que cubriremos también, y no sabemos aún si se podrá ver en Sitges. No es difícil percibir que de alguna manera la historia es más deudora de películas como Muñeco diabólico (Lars Klevberg, 2019) que del propio cuento original, sobre todo a partir del segundo acto en el que Pinocho asume su necesidad de adquirir forma humana. También porque la empresa de Todd Masters, que tuvo bastante éxito con la utilización de animatrónica en aquella revisión de la original Muñeco diabólico (Tom Holland, 1988), se ha encargado de todos los elementos relacionados con el personaje de Pinocho, y se refleja su experiencia en este terreno, dándole al mismo tiempo a esta nueva versión un cierto aire de cine de terror de los ochenta. El tercer acto, más desenfrenado, también introduce algunos elementos de humor con referencias a películas clásicas como Tiburón (Steven Spielberg, 1975) o E.T. El extraterrestre (Steven Spielberg, 1982), lo que muestra cuál es el reflejo en el que se mira el director. El guión se siente a veces demasiado superficial en el desarrollo de los personajes, pero algunas ideas interesantes que retuercen el sentido original del cuento y las dosis de violencia extrema acaban conformando la más destacable de todas las películas estrenadas dentro del universo de la Infancia Retorcida.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
Cuento de Navidad se puede ver en Filmin, Plex y Prime Video.
Atrapado en el tiempo se puede ver en Movistar Plus.
Winnie the Pooh: Miel y sangre se puede ver en Planet Horror, Prime Video, Rakuten y Tivify.
Winnie the Pooh: El bosque sangriento se puede ver en Planet Horror y Tivify.
Peter Pan: Pesadilla en Nunca Jamás se puede ver en Planet Horror.
Destino final se puede ver en Movistar Plus.
Muñeco diabólico (1988) se puede ver en MGM+ y Tivify.
Muñeco diabólico (2019) se puede ver en AMC+.
E.T. El Extraterrestre se puede ver en Prime Video y Tivify.
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