El Festival de Venecia se ha impregnado en sus primeras jornadas de la controversia en torno al posicionamiento tibio de la muestra cinematográfica respecto al genocidio en Gaza. Mientras el presidente del jurado oficial, el director Alexander Payne, trataba de evitar pronunciamientos políticos en la rueda de prensa inicial, el director del festival, Alberto Barberá, manifestaba su tristeza por lo que está sucediendo en Palestina pero, en la línea de otros festivales de cine internacionales, ha sido mucho más contundente contra la invasión de Ucrania, por ejemplo. No obstante, ya el año pasado hubo polémica en Venecia por la proyección del documental Russians at war (Anastasia Trofimova, 2024), que sigue a un batallón del ejército ruso en Ucrania, por ser considerado propaganda para Moscú, algo que la directora negó. Entre las decisiones que se han exigido al director del festival se encuentra la de no invitar a algunos actores que han manifestado públicamente su simpatía sionista, como la actriz israelí Gal Gadot y el actor británico Gerard Butler, que en 2018 asistió a una gala para apoyar al ejército de Israel, ambos componentes del amplio reparto de la película In the hand of Dante (Julian Schnabel, 2025), que se proyecta la próxima semana fuera de concurso. También es cierto que demonizar a determinadas personas por sus posicionamientos respecto a los ataques contra Gaza no parece lo más lógico, entre otras cosas porque la mayor parte de los dirigentes políticos occidentales se negaban a pronunciar la palabra genocidio hasta hace poco más de un mes. En todo caso, Gal Gadot ha tomado la decisión personal de no asistir y el director del festival Alberto Barberá ha dejado claro que no va a retirar la invitación a nadie.
Este sábado una manifestación pro-palestina se ha dirigido hacia la sede del Festival de Venecia en el Palazzo del Cinema para expresar su rechazo al silencio de la industria cinematográfica respecto a la limpieza étnica que está llevando a cabo el gobierno de Israel ante los ojos del mundo, sobre todo porque se la compara con la posición unánime y pública que tuvo frente a la invasión de Ucrania. Entre los manifestantes se encontraba el actor italiano Roberto Zibetti, que participa en tres de las películas que se proyectarán en la programación del festival, uno de los pocos intérpretes que ha sabido mantener el equilibrio entre el compromiso artístico y un posicionamiento claro contra el genocidio, sin matices. Comenzamos nuestras crónicas del Festival de Venecia que, como es habitual, no se centran en los estrenos comerciales de la sección oficial, sino que se enfocan en las secciones paralelas: Orizzonti, Giornate degli Autori, Venezia Spotlight y Semana de la Crítica.
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LagunaŠarūnas BartasLituania, Francia 2025 | Giornate degli Autori - Evento Especial | ★★★★☆ |
Siempre resulta sorprendente cuando un director de cine toma la decisión de expresar a través de una película sus emociones más personales, como el dolor y el sentimiento de pérdida, que podría imaginarse como un aspecto demasiado íntimo para ser compartido con espectadores desconocidos. Por eso el regreso al cine del director Šarūnas Bartas (1964, Lituania), seleccionado en festivales como Cannes y Berlín con películas como Few of us (1997), Seven invisible men (2005) o Frost (2017), es una experiencia dolorosa y profundamente personal que sin embargo encuentra en la convergencia de este sentimiento más allá de la pantalla, su verdadero sentido. Este año, el director también estrenó la película de ficción Back to the family (2025) en la programación del Festival de Rotterdam, por lo que hay que celebrar su reencuentro con el cine por partida doble. Pero en Laguna (Šarūnas Bartas, 2025) es donde transmite la intimidad del proceso de un duelo imposible de cerrar por la pérdida de su hija Ina Marija, sin que se trate de una forma de sanación sino, en sus propias palabras, "un acto necesario para compartir el impacto de la pérdida". Ina Marija había iniciado una carrera como actriz desde que trabajó con su padre en la película Paz en nuestros sueños (2015), pero en 2021 un conductor ebrio, al parecer hijo de un político lituano, que conducía a demasiada velocidad la atropelló mientras ella iba en bicicleta. Šarūnas Bartas había viajado junto a su hija por la selva mexicana hace unos años, donde encontraron una pequeña localidad en la costa del Pacífico en la que tenía previsto realizar una película que retratara a sus habitantes, y algo de eso queda en las imágenes, pero este proyecto se ha transformado en un regreso íntimo con su hija menor Una Maria para explorar los sentimientos personales ante la pérdida. Sin embargo, la elección de Laguna no solo responde al deseo de volver a un lugar en el que ha estado con su hija mayor, y en el que que él mismo siente su presencia: "Miro alrededor y veo lo que permanece de ella en cada criatura. El eco de los pasos de Inutè perdura". Sino que encuentra el reflejo de una naturaleza que se regenera constantemente, en la que la existencia resuena de una forma permanente, cuando los sonidos de la noche sustituyen a los del día, pero nunca se apagan, en un ciclo persistente como el regreso de las tortugas marinas adultas a la misma playa en la que nacieron para esconder sus huevos y dejar que sus crías encuentren su propio camino hacia el océano.
Parece sorprendente que en una película que hace referencia a la muerte se transmita tanta vida, en la observación de la fauna y la flora que emerge de esta naturaleza que parece virgen, sin haber sido todavía contaminada por la mano del hombre. Por eso Laguna no se recrea en el dolor, aunque lo haya, permanente y profundo, sino que extrae la esperanza de la existencia alrededor de esa pequeña localidad mexicana. En las declaraciones que permanecen de lo que podría haber sido el proyecto inicial, algunos ancianos del lugar reflejan la resistencia y la supervivencia, a pesar de la pobreza y el aislamiento, aunque también hacen referencia a la muerte, a la que miran de cerca: "Cuando eres joven, uno no piensa en morir. Pero cuando eres mayor ya quieres morir", dice un anciano. "No quieres vivir, porque la vida es dura, sin dinero, ni comida. Pero gracias a Dios sigo aquí". Puede haber una sensación de huida en la forma en que Šarūnas Bartas comparte únicamente con su hija Una la experiencia de regresar a los lugares donde estuvo con su otra hija, una manera de aislarse para vivir el duelo sin interferencias. Y poder hacerlo de una forma directa, en la pequeña celebración del cumpleaños del padre, que resulta conmovedora, pero también en la conversación sobre la muerte en la que Una habla sobre un lugar al que van las almas de quienes se han ido definitivamente, recibiendo una respuesta más pragmática del padre: "No sabemos cómo es el final, y eso es lo que hace que la vida sea interesante", aunque después les veamos refugiarse en una pequeña iglesia y encender una vela a una virgen local. La alternancia entre la observación del entorno, la de las criaturas que habitan los manglares, pero también la de los cadáveres que quedan como huellas del paso de tormentas y depredadores, con las conversaciones entre padre e hija conforman una película que fluye sin una estructura aparentemente definida, dejando que los sentimientos surjan sin forzarlos. Cuenta Šarūnas Bartas que incluso sus monólogos nacen del momento concreto, sin preparación previa, y que alguna narración escrita previamente no fue utilizada. Es esta expresión sincera del sufrimiento y el sentimiento de pérdida la que define este viaje personal que sin embargo se refleja en la vida que fluye alrededor para sentir la esperanza de que se puede seguir adelante aunque el dolor golpee con la fuerza de un huracán.
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La GioiaNicolangelo GelorminiItalia 2025 | Giornate degli Autori | ★★★☆☆ |
La improbable relación entre un joven de diecinueve años y una profesora madura que apenas ha conocido el amor se sostiene en la inspiración de la obra de teatro Se non sporca il mio pavimento (Si no me ensucia el suelo) de los dramaturgos Giuliano Scarpinato y Gioia Salvatori, que también se encargan del guión de la película, quienes a su vez se basaron en un hecho real ocurrido en el año 2016. El director Nicolangelo Gelormini (1978, Italia) convierte la historia en un cuento oscuro pero al mismo tiempo luminoso, en el relato de una presa en medio de un mundo de depredadores, situando ese momento mágico del primer beso entre el joven Alessio (Saul Nanni) y la madura profesora Gioia (Valeria Golino) en un bosque como el de Caperucita Roja. Como si se tratara del Narciso de la mitología griega, Alessio es un joven que ha repetido varios cursos y tiene a su alrededor a numerosos pretendientes, un personaje superficial que utiliza su belleza para enamorar en su propio beneficio. Mantiene una relación sexual interesada con Cosimo (Francesco Colella), un hombre casado amigo de la familia y con el que su madre Carla (Jasmine Trinca) le permite estar porque puede proporcionar dinero a su inestable situación económica. Pero también se entrega a otros hombres, empujado por su amante, después de actuar travestido en un club nocturno. Una casualidad conecta los mundos radicalmente opuestos de Alessio y Gioia, cuando ésta comienza a darle clases de francés en su casa mientras se entrega a la seducción del joven, que consigue absorberle de la vida monótona que lleva entre el instituto y un viejo apartamento habitado por su madre controladora Gisella (Betti Pedrazzi) y un padre con alzheimer. Gioia encuentra esa alegría que proporciona romper con la rutinaria cotidianidad que la rodea, se envuelve en la belleza y en la espontaneidad que transmite Alessio, y parece haber encontrado ese tipo de pasión amorosa que solo había experimentado leyendo las historias de Gustave Flaubert, como una Madame Bovary que ha estado alimentando ilusiones románticas hasta que aparece el amante esperado.
La Gioia (Nicolangelo Gelormini, 2025) se refleja como una nueva notable colaboración entre el director y la actriz Valeria Golino, a quien dirigió en su película Fortuna (2020), y con quien compartió dirección en uno de los episodios de la celebrada miniserie El arte de la alegría (SkyShowtime, 2024), que dirigió principalmente ella. En esta ocasión consigue crear un personaje complejo de una mujer madura con aspiraciones románticas juveniles pero profundamente anticuadas, como cuando Alessio le pinta los labios y ella misma bromea diciendo que la marca que le ha dejado el pintalabios en la mano se parece a un estigma. Hay un impulso de autodestrucción en las seducciones del joven cuando entrega su cuerpo a otros hombres con una expresión de rechazo, pero también en la propia relación que mantiene con Gioia, que toma decisiones impulsivas arrastrada por la pasión amorosa que le provoca. Incluso cuando una amiga le pide que abra los ojos, ella prefiere dejarse llevar por la ceguera de una relación que parece imitar la tormentosa historia amorosa de los poetas Rimbaud y Verlaine que también forman parte de sus lecturas. Pero el director proporciona una mirada poética que reproduce esa alegría a la que hace referencia el título, el placer momentáneo de dos amantes, la vida suspendida en medio de canciones de amor como "Reality" que escribió Vladimir Cosma para la película La fiesta (Claude Pinoteau, 1980), cuyo estribillo menciona que "los sueños son mi realidad". Incluso cuando Gioia se mimetiza con el pelo rubio de Alessio jugando con una peluca mientras se hacen promesas que nunca van a llegar a cumplirse. Alejándose de la victimización y del sensacionalismo de las adaptaciones de historias reales dramáticas, la película no evita los acontecimientos que condujeron al desenlace, pero construye personajes secundarios como el explotador Cosimo o la mezquina Carla que contribuyen a entender las decisiones de los protagonistas. La Gioia refleja la realidad a través del filtro de un deseo tóxico que conduce inevitablemente a la autodestrucción en un mundo degenerado y cínico.
El viaje de una abuela y sus dos nietas al Hach, la peregrinación a la Meca que se plantea como una experiencia transformadora, es el punto de partida de la directora Shadah Ameen, de origen saudí pero formada en Gran Bretaña, para plantear una road movie sobre los diferentes grados de libertad de las mujeres en una sociedad como la de Arabia Saudita, en su segunda película después de haber logrado un premio de la Semana de la Crítica en el Festival de Venecia con su debut Scales (2019), que fue elegida como la representante saudí para los Oscar. Es el año 2001, aunque hay pocas referencias temporales, y la abuela Sitti (Khairia Nathmy) viaja en un autobús para dirigirse a La Meca junto a la adolescente Sara (Raghad Bokhari) y su hermana Janna (Lamar Faden). La primera escena en el interior del vehículo presenta a los personajes con claridad: el carácter estricto y tradicional de Sitti contrasta con la actitud más rebelde de Sara, mientras Janna observa el conflicto generacional. Sitti corre las cortinas de la ventana, pero queda una rendija abierta para que Janna pueda observar el exterior, lo que es una inteligente metáfora de esa visión restringida que se le permite a la joven. Pero Sara desaparece durante la primera parada de la peregrinación, en lo que Sitti piensa que puede ser un secuestro, que después se revela como una huida. Tratando de evitar que su padre se entere, Sitti decide ir en busca de su nieta junto a Janna, contratando a Ahmed (Nawaf Al-Dhufairy), un conductor de origen paquistaní que tiene asuntos pendientes con su patrocinador, en un trayecto que les llevará desde los lugares sagrados de La Meca hasta las montañas nevadas de Tabuk. Se trata de un viaje que también supone una transformación para Janna y la perspectiva respecto a su abuela, presentada al principio como una referencia estricta pero que durante el largo camino siguiendo la pista de Sara se revela como una fuente de conocimiento, que transmite a Janna la orientación a través de las constelaciones, pero también le da rotundas lecciones de vida: "Algunos animales, no importa lo que te esfuerces en domesticarlos, nunca entenderán lo que es mejor para ellos. Y si los dejas libres sufrirán un destino terrible". Una advertencia quizás demasiado obvia sobre la decisión que ha tomado su hermana. Pero a lo largo de esta road movie que recoge la diversidad cultural de Arabia Saudita y la belleza de unos paisajes desérticos capturados con elegancia por el director de fotografía chileno Miguel I. Littin-Menz, se reflejan tres respuestas generacionales femeninas respecto a una sociedad que las sitúa en segundo plano. Al situar la historia en 2001, cuando las restricciones eran más radicales, las coloca en una relación de dependencia respecto a sus familiares masculinos, padres o maridos, que es similar a la dependencia de los inmigrantes como Ahmed con sus patrocinadores, sin los cuales no tienen permitido quedarse en el país.
Este reflejo de las diversidades culturales se manifiesta a través de las lenguas que se hablan a lo largo de la película: árabe, urdu, turco... y las relaciones interdependientes que deben soportar los personajes, que es uno de los elementos fundamentales para que Hijra (Shadah Ameen, 2025) consiga distanciarse de otras películas que abordan las miradas femeninas en las sociedades árabes. Las protagonistas son de origen saudí, pero Sitti proviene también de la emigración, habiendo llegado en peregrinación junto a su padre cuando era niña, cuando su familia decidió quedarse en el país, y utilizando la resistencia como principal forma de supervivencia. Sara es la rebeldía que toma la decisión de escapar de esa sociedad en busca de una mayor libertad más allá de las fronteras. Janna es la última generación de mujeres que trata de hacer oír su voz dentro de la propia sociedad saudí, pero cuyo camino es largo y complicado, como demuestra un desenlace abierto que puede no resultar convincente para algunos espectadores, pero que transmite una necesaria ambigüedad sobre el destino de esas nuevas generaciones de mujeres que quieren ser escuchadas desde la ruptura absoluta hacia el exterior como Sara o desde la rebeldía interior como Janna. A lo largo de este viaje que no solo atraviesa geografías, sino diferentes generaciones, se reflejan las transformaciones que sufren ciudades como La Meca y Yeda durante la peregrinación musulmana, pero también los cambios personales que suponen para sus peregrinos, mostrando el mosaico cultural que se forma en los lugares a los que se acude después del Hach. Pero Hijra es sobre todo una película que habla sobre la libertad de las mujeres que han llevado sus historias en silencio y las distintas formas de aceptarla: la que la entiende como resistencia, la que la busca en la huida y la que la reivindica dentro de la propia sociedad saudí.
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FatherTereza NvotováEslovaquia, República Checa, Polonia 2025 | Orizzonti | ★★★☆☆ |
Con un largo plano secuencia que muestra el entorno familiar de Michal (Milan Ondrik), para acompañarle en su traslado en coche hasta la guardería donde deja a su hija de dos años Domenika y posteriormente su llegada a la redacción de la revista en la que trabaja, la película introduce todos los elementos necesarios para entender el grado de frustración que acaba provocando en el protagonista una realidad terrible: en contra de lo que pensaba su padre, Dominika no ha bajado del vehículo y se ha quedado encerrada durante siete horas con una temperatura exterior de 37º, lo que acaba provocando su muerte. Basada en hechos reales, Father (Tereza Nvotová, 2025) se adentra en un drama absorbente que refleja la responsabilidad de un padre enfrentado a la muerte de su hija por una negligencia suya, y el proceso de duelo que hace tambalear su matrimonio con Zuzka (Dominika Moravkova), al mismo tiempo que es retratado en la opinión pública como un monstruo irresponsable y prácticamente como un asesino. La intención de la directora eslovaca en la construcción de una caligrafía visual que se sostiene a lo largo de toda la película en planos secuencia sin editar, rodados en tiempo real, es introducir al espectador en la pesadilla que experimenta Michal sin que podamos distanciarnos del personaje a través del montaje, sino presentando su realidad de una manera directa y continua. Esto funciona extraordinariamente bien en algunos momentos, como ese comienzo de la historia que refleja muchas de las circunstancias que rodean al personaje: el estrés del trabajo, las altas temperaturas en una oficina donde el aire acondicionado se ha estropeado... Pero otras veces, como en el transcurso del juicio, revelan demasiado su artificiosidad y algunas obviedades, en un momento en el que la cámara se distancia en lo visual y en lo sonoro de la sala, donde se está describiendo la autopsia practicada al cadáver de la niña, para acercarse a la ventana y enfocar a un grupo de jóvenes que juegan despreocupadamente en un parque. Ese poder de inmersión que consiguen algunas secuencias se pierde en otras en las que hay demasiada constancia de la coreografía diseñada alrededor de los personajes, quizás porque no se limita al seguimiento de éstos con cámara en mano, sino que en algunos casos pasa de la steadycam a la grúa o el dron en un trabajo excepcional del director de fotografía Adam Suzin, pero que no puede evitar cierta superficialidad desde el punto de vista narrativo. En este sentido, funcionan mejor algunos primeros planos del actor Milan Ondrik, que se entrega emocionalmente a su personaje, mientras la acción transcurre fuera de campo.
Esto no quiere decir que Father no sea interesante desde el punto de vista de la descripción de un personaje complejo, con el que consigue que nos impliquemos emocionalmente sin necesidad de justificarlo o dramatizarlo en exceso. Hay algunos apuntes destacados sobre el funcionamiento de la memoria, especialmente cuando Michal describe cómo está absolutamente seguro de haber visto a su hija salir del coche y correr hacia la guardería, o cuando recuerda que lanzó una mirada al asiento trasero, donde se encontraba su hija, poco antes de dirigirse a su trabajo, sin tener constancia de que ella siguiera allí. Esto no es una justificación del protagonista, sino que existen estudios que hablan del cerebro en estado de memoria procedimental o en piloto automático cuando se encuentra en determinadas situaciones, y distracciones que no activan la llamada memoria prospectiva, la que permite recordar acciones futuras como dejar a un niño en la guardería, antes de dirigirse al trabajo. Es una propuesta interesante que sin embargo se queda algo difuminada dentro de la acción dramática de la historia. El desarrollo del juicio al que se enfrenta Michal puede recordar a películas como Anatomía de una caída (Justine Triet, 2023) en cuanto a la representación de la ambigüedad ética con la que se plantea la acusación, no solo juzgando los hechos concretos sino incorporando una valoración moral del acusado sobre su idoneidad como padre o como marido. Tereza Nvotová (1988, Eslovaquia) ofreció una interesante incursión en el género de terror folk feminista en su película anterior, Nightsiren (2022), que ganó el Leopardo de Oro en la sección Cineastas del Presente del Festival de Locarno y varios premios en Sitges, entre ellos Mejor Película Europea. En este cambio de registro que supone Father, demuestra su capacidad para elaborar una atmósfera visual y sonora que se apoya en matices complejos de la narrativa, usando la música del compositor Jonatan Pastirčák, más conocido como Pjoni, para resaltar la psicología del protagonista. Y consigue un drama que, a pesar de cierta artificialidad, se construye desde una perspectiva personal y emocional.
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MatadorPedro AlmodóvarEspaña 1986 | Venezia Classici | ★★★★☆ |
La sección Venezia Classici es el espacio donde se recuperan en pantalla grande películas que han sido restauradas recientemente y documentales que giran en torno al mundo del cine. Entre las primeras, el Festival de Venecia recupera esta edición títulos como El muelle de las brumas (Marcel Carné, 1938), El tren de las 3:10 (Delmer Daves, 1957) o Lolita (Stanley Kubrick, 1962), y entre los documentales, destacan el español Memoria de los olvidados (Javier Espada, 2025), que recoge imágenes del rodaje de Los olvidados (Luis Buñuel, 1950), bajo la coordinación del director del Centro Buñuel de Calanda, Javier Espada, y Megadoc (Mike Figgis, 2025), sobre el rodaje de Megalópolis (Francis Ford Coppola, 2024). A punto de cumplirse cuarenta años desde su estreno, Matador (Pedro Almodóvar 1986) también forma parte de esta selección incluida en Venezia Classici, siendo la segunda película de ficción española que forma parte de esta sección desde que se iniciara en 2012, tras el estreno hace dos ediciones de la versión restaurada de La caza (Carlos Saura, 1966). Como aquella, la versión renovada en 4K ha sido realizada en colaboración entre Video Mercury y la plataforma FlixOlé, ambas propiedad de Enrique Cerezo, bajo la supervisión del productor Agustín Almodóvar. Sus proyecciones en Venecia desde mañana lunes cuentan con la presencia de la actriz Assumpta Serna, pero también serán un homenaje póstumo al actor Eusebio Poncela, que falleció hace unos días y que interpretaba a uno de los personajes principales de la película. Matador es un título algo olvidado dentro de la filmografía de Pedro Almodóvar, entre otras cosas porque se encuentra en mitad de películas tan relevantes como ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1985) y los éxitos de La ley del deseo (1987) y Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). El propio director la ha mencionado en el libro de Frédéric Strauss Conversaciones con Pedro Almodóvar (2000, Ed. Akal) como una de sus películas más flojas. Aunque el mal recuerdo también puede estar contagiado por la complicada relación que tuvo con el productor Andrés Vicente Gómez, lo que en parte motivó que los hermanos Almodóvar decidieran crear la productora El Deseo para gestionar directamente los derechos de sus producciones. Matador también es una película que rompe con el estilo que había mantenido el director en sus anteriores historias, incluso compartiendo el guión con el escritor Jesús Ferrero (1952, Zamora), algo que es inusual en su filmografía. Se trata de una propuesta más oscura que se acerca a géneros como el giallo italiano, al que hace referencia directa en la impactante escena inicial en la que el torero retirado Diego Montes (Nacho Martínez) se está masturbando mientras contempla escenas de películas como Seis mujeres para el asesino (Mario Bava, 1964), estableciendo desde el principio la conexión entre placer sexual y muerte. Tanto que Quentin Tarantino confesaba en su libro Meditaciones de cine (2022, Ed. Reservoir Books) que le impactó mucho cuando aún no era director: "Mientras veía a mis héroes, los inconformistas del cine estadounidense de los setenta, someterse a una nueva forma de hacer negocios solo para conservar su empleo, la valentía de Pedro se burlaba de sus compromisos calculados. Mis sueños cinematográficos siempre incluían una reacción cómica ante lo desagradable, similar a la conexión que las películas de Almodóvar establecían entre lo desagradable y lo sensual".
Aunque mantiene algunas escenas cómicas características del cine anterior de Pedro Almodóvar, incluso con un cameo del propio director además del habitual de su hermano Agustín, Matador es una especie de thriller erótico que utiliza la tauromaquia, una actividad solo ocasionalmente abordada en su cine, pero no como una representación del enfrentamiento entre el toro y el torero, sino como un reflejo de las relaciones humanas. El personaje de la abogada María Cardenal (Assumpta Serna) encuentra el placer erótico en el asesinato de sus amantes mientras practica sexo (Almodóvar ha dicho en alguna entrevista que la primera escena en la que aparece ella era sexo no simulado), mientras que el matador retirado debido a una cornada ha dejado de enfrentarse a los toros, pero sigue obsesionado con matar. La relación entre ambos se establece como un enamoramiento pasional que se refleja en la escena del beso agónico en la película Duelo al sol (King Vidor, 1946). Mientras que el alumno de la escuela de tauromaquia Ángel (Antonio Banderas) es un joven reprimido por la religiosidad del Opus Dei que representa su madre Berta (Julieta Serrano), y que trata de demostrar su virilidad asaltando a Eva (Eva Cobo), la novia de Diego Montes. Para Almodóvar, esa cierta feminidad que adopta un torero frente al toro está presente en la forma en que María Cardenal practica sexo con sus amantes/víctimas, pero también en la mirada del comisario (Eusebio Poncela) cuando acude a la escuela de tauromaquia, a través de los primeros planos de los paquetes delanteros y los culos apretados en los trajes de luces. Pero sobre todo Matador comienza a mostrar una mayor estilización en el cine de Pedro Almodóvar, con una cuidada composición de planos, una presencia más destacada de la puesta en escena y el vestuario y, gracias a la fotografía de Ángel Luis Fernández, algunas escenas rodadas con exquisitez, como el encuentro entre Diego Montes y María Cardenal en el viaducto conocido como el puente de los suicidas en Madrid: "A los dos nos obsesiona la muerte", dice él. Hay otro aspecto peculiar en esta película respecto a otro cine de Pedro Almodóvar, y es la introducción de elementos de fantasía, como la extraña capacidad de Ángel para transmitir acontecimientos que suceden en otro lugar, expresada a través de fenómenos meteorológicos como una tormenta en la escena del intento de violación o un eclipse en los momentos finales. Incluso una solvencia en los diálogos melodramáticos escritos por Jesús Ferrero: "Hasta ahora siempre hice el amor sola. Te quiero más que a mí misma muerta. ¿Te gustaría verme muerta?". A pesar de sus desequilibrios, Matador quizás sea la película más apropiada para redescubrir a un Pedro Almodóvar que estaba comenzando a encontrar su auténtica personalidad.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
Frost, Paz en nuestros sueños, Anatomía de un caída, Nightsiren y Lolita se pueden ver en Filmin.
La fiesta se puede ver en Acontra+, Filmin y Tivify.
El muelle de las brumas se puede ver en Prime Video.
El tren de las 3:10 y Megalópolis se pueden ver en Movistar Plus+.
Los olvidados se puede ver en Acontra+.
Matador y La caza se pueden ver en FlixOlé.
¿Qué he hecho yo para merecer esto?, La ley del deseo y Mujeres al borde de un ataque de nervios se pueden ver en Movistar Plus+ y Netflix.
Seis mujeres para el asesino se pueden ver en Cultpix y Filmin.
Duelo al sol se puede ver en Acontra+, Filmin, Pluto tv y Tivify.
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