Durante esta semana mantenemos nuestras crónicas del festival Séries Mania para enfocarnos principalmente en los encuentros de Séries Mania Forum, el Foro Profesional que se celebra en paralelo con las proyecciones y conferencias del festival, y seguimos comentando las series más destacadas que han formado parte de su programación. Mientras otros festivales pierden influencia y los encuentros profesionales de Berlín o Cannes parecen disminuir en presencia de productoras y proyectos, Séries Mania sigue creciendo en poder de convocatoria, aumentando en 10.000 espectadores el récord que logró el año pasado, y alcanzando este año la cifra de 108.000. Séries Mania Forum ha acreditado a 5.000 profesionales, incluidos 500 compradores de 75 países que se han reunido en el Lille Grand Palais, un 20% más que en la edición anterior. En esta penúltima crónica nos enfocamos en dos conferencias de Séries Mania Forum y hablamos de series que tratan conflictos sociales o internacionales en sus argumentos.
SALLY WAINWRIGHT: MUJERES REBELDES
Sin duda alguna, Sally Wainwright (1963, Inglaterra) es uno de los nombres fundamentales de la creación británica para televisión. Su carrera comenzó mientras compaginaba un trabajo como conductora de autobús con colaboraciones en los guiones de la radionovela The Archers (BBC Radio, 1951-), protagonizada por una familia de granjeros, que comenzó a emitirse durante la posguerra para educar a los agricultores ingleses, convirtiéndose en un clásico que se sigue emitiendo en la actualidad. Su primer éxito fue la reconocida Last tango in Halifax (BBC, 2012-2020), un relato familiar protagonizado por Anne Reid, Sarah Lancashire y Derek Jacobi que se ha convertido en un referente de las comedias sobre la vejez, y cuyo argumento estaba basado en la historia real de su madre, quien tras enviudar se trasladó a un pueblo para vivir con su hija y encontró consuelo en un grupo de amigos. Aunque a nivel internacional tuvo una mayor repercusión Happy Valley (BBC, 2014-2023), el excelente drama criminal, más cercano a un drama personal, que escribió pensando en Sarah Lancashire como protagonista. Posteriormente ha creado series como la estupenda Gentleman Jack (Max, 2919-), que no pudo concluir debido a una cancelación temprana por parte de HBO Max, y la entretenida Renegade Nell (Disney+, 2024). Pero Sally Wainwright ha regresado a sus orígenes en la televisión pública británica para llevar a cabo su último y personal proyecto: Riot Women (BBC, 2025), en el que cinco mujeres deciden formar una banda de punk, compaginando los ensayos con su condición de madres, esposas y mujeres trabajadoras. En un panel de Séries Mania Forum junto a la productora Roanna Benn, reveló algunas claves de este último proyecto que se estrenará próximamente: "Tuve esta idea hace diez años, y ha ido evolucionando hasta que empecé a escribirla hace dos. Es un proyecto muy personal, que trata sobre mi vida, sobre la menopausia y sobre la lucha de mi madre con la demencia. Llegas a una edad en la que tienes que lidiar con cosas como padres ancianos que necesitan tu ayuda, hijos difíciles, un marido que me abandonó.... Y al mismo tiempo estás en la cima de tu carrera, siendo arrastrada en todas direcciones. Así que quería describir esa sensación. La menopausia te hace invisible y puede verse como una pérdida de energía, pero quería encontrar una forma de darle una nueva energía".
Riot women puede recordar en su planteamiento a We are lady parts (Filmin, 2021-), en cuanto a la expresión de las problemáticas personales de un grupo de mujeres a través de una banda musical. Pero Sally Wainwright utiliza este vehículo como reflejo de una alternativa a la realidad diaria: "La idea es confrontar esa especie de elemento de fantasía de una banda de rock con el hecho de experimentar la menopausia. Sobre todo se basa en la intención de hablar de un grupo de mujeres de cierta edad. Pero no se trata de una comedia, aunque hay mucho humor, porque es también una historia muy oscura. Creo que se parece más a Happy Valley que a Last Tango in Halifax". Protagonizada por un reparto de grandes actrices como Lorraine Ashbourne, Joanna Scanlan, Tamsin Greig, Rosalie Craig y Amelia Bullmore, la serie incluye algunos trasfondos dramáticos: "Hay una historia criminal de fondo. Uno de los personajes está lidiando con un secreto, y a lo largo de los seis episodios comienza a hablar de este tema. Aunque se trata de una banda musical, hay una conexión entre los personajes alrededor de temas muy personales. Se escribieron algunas canciones expresamente para ser interpretadas en la serie, pero no se puede considerar un musical".
A lo largo de los últimos años hemos visto una mejor acogida de los productores y los espectadores a historias protagonizadas por personajes maduros o viviendo su vejez, como True love (Filmin, 2024), que participó el año pasado en Séries Mania, pero para la productora Roanna Benn, sigue siendo difícil que una historia como ésta sea bien recibida por las plataformas o distribuidoras: "La serie trata temas como la violencia doméstica o el abuso policial, pero no hay muertos, lo que la hace más complicada de presentar a las plataformas. Todo el mundo quiere trabajar con Sally Wainwright en Gran Bretaña, así que es fácil desarrollar un proyecto con ella. Al principio es difícil de vender porque es sobre una banda de música pero no es un musical, está centrada en mujeres de mediana edad, pero tampoco es solo eso. Sin embargo, cuando lees el guión se entiende perfectamente cuál es su tono. Tenemos dos buenos compañeros, BritBox y Mediawan, que han sido muy colaborativos, pero si no estuviera escrita por Sally Wainwright, en este clima actual, no sería el tipo de serie que los productores están buscando".
PATRICK WALTERS: HISTORIAS JUVENILES PARA PÚBLICOS AMPLIOS
Si Sally Wainwright representa la veteranía en la creación de series británicas, Patrick Walters (1987, Inglaterra) es el ejemplo de un productor joven que ha ido creciendo profesionalmente gracias a su apuesta por proyectos arriesgados. Es el responsable de que una novela gráfica que no quería publicar nadie se convirtiera en uno de los mayores éxitos juveniles de los últimos años, la serie Heartstopper (Netflix, 2022-). Esta historia refleja con especial sensibilidad las relaciones sentimentales, pero abordando temas que se han hecho más relevantes conforme se han ido desarrollando las temporadas, como la depresión o el trastorno alimenticio. En su vida personal, Patrick Walters ha experimentado algunos momentos difíciles, como la muerte en 2012 de su pareja de forma repentina durante una noche, víctima del síndrome de muerte súbita cardíaca. El primer contacto que tuvo con la novela gráfica de Alice Oseman se produjo en 2018, cuando ella decidió lanzar una campaña de kickstarter después de que rechazaran la publicación en numerosas editoriales: "Alice decidió autopublicarse en internet. Durante ese proceso, yo me encontré con esta historia y me pareció muy bonita y pensé que podría ser una buena serie. En aquel momento Netflix y yo estábamos en la misma página, pensamos que era un proyecto muy interesante y esperábamos que se convirtiera en un éxito". Patrick Walters comenzó a trabajar en 2014 en See-Saw Films, cuyo primer proyecto para televisión había sido la miniserie Top of the lake (Sundance Channel, 2013-2017), y en 2018 fue ascendido a Jefe de Desarrollo, lo que le proporcionó una buena base para llegar a la producción con Heartstopper, incluso imponiendo su criterio: "Aunque Alice no había escrito ningún guión, yo insistí mucho a Netflix en que ella debía ser la showrunner de la serie, porque era quien podía trasladar mejor el universo de los personajes".
Mientras See-Saw Films ha producido otras series destacadas como Slow horses (Apple tv+, 2022-), el éxito de Heartstopper ha superado a cualquiera de sus producciones, por lo que en 2023 Patrick Walters consiguió tener dentro de la productora su propio sello: Fanboy, dedicado a desarrollar ficción con una mayor independencia. El primer proyecto que ha salido de esta compañía ha sido Sweetpea (SkyShowtime, 2024), el drama sobre una asesina protagonizado por Ella Purnell: "Cuando hicimos Heartstopper pensamos que Netflix era la mejor opción porque tiene esta capacidad de llegar a 190 países y captar a la audiencia joven más rápidamente. Sin embargo, para Sweetpea, Sky es el lugar perfecto porque necesita series que puedan generar conversación y tener un impacto en la audiencia". De hecho, una de las claves del éxito según Patrick Walters es enfocarse en el target más adecuado para después conseguir ampliar el público: "Creo que hay que crear historias que se dirijan a un segmento de público determinado, de forma que puedan verse reflejados. Así que debe tener un atractivo concreto y una especificidad. Entonces puedes captar al público, la serie acaba hablándoles y se sienten identificados con ella. Heartstopper está enfocada a un segmento de público determinado, pero también puede apelar a otro tipo de audiencia". Entre sus próximos proyectos, aunque todavía no está confirmada oficialmente una cuarta temporada de Heartstopper, Patrick Walters sigue enfocado en "historias con protagonistas jóvenes que hablen directamente a la audiencia. Estamos desarrollando una serie protagonizada por un grupo de adolescentes. Y he trabajado mucho con Samantha Strauss [quien también tiene un sello dentro de See-Saw Films], que ha estrenado recientemente la serie Vinagre de manzana (Netflix, 2025). Siempre hemos querido adaptar alguna de las novelas juveniles de Judy Blume". Hace unas semanas se dio a conocer la noticia de que la compañía francesa Mediawan había adquirido el 51% de las acciones de See-Saw Films, lo que supone un reto para el futuro, aunque Patrick Walters no quiso entrar en demasiados detalles sobre el nuevo control que ha desembarcado en la empresa: "See-Saw Films es una productora que suele mantener siempre proyectos muy independientes, y he visto que otras compañías que también ha adquirido Mediawan tienen ese mismo perfil, así que aunque hace poco tiempo que se ha producido la compra, creo que es una oportunidad muy excitante poder ver cómo se desarrolla a partir de ahora". En España, Mediawan ha adquirido importantes productoras como Boomerang TV, Good Mood, de Daniel Écija y Weekend Studio, de Tomás Cimadevilla.
LAS SERIES MÁS DESTACADAS DEL FESTIVAL
Un thriller político cargado de tensión que consigue evitar que los aspectos diplomáticos enturbien la intensidad de la historia, aunque sea introduciendo algunos elementos algo forzados.
Pueden encontrarse algunos puntos en común entre esta serie y la película Cónclave (Edward Berger, 2024): ambas comienzan en el exterior para introducirnos en el interior de las negociaciones, intrigas y alianzas alrededor de un acontecimiento relevante para el resto del mundo, que habitualmente no se conocen. Las primeras imágenes de The deal (RTS, 2025) muestran a los medios de comunicación para reflejar qué es lo que nos llega a través de las pantallas de los televisores, pero inmediatamente se cierran las puertas para abordar todo aquello que los medios nunca podrán enseñar. En este caso, se desarrolla en 2015 cuando Suiza acogió las negociaciones relacionadas con el programa nuclear de Irán, encabezadas por Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania, Rusia y China, que concluyó con un acuerdo por el que el país islámico se comprometía a realizar un uso exclusivamente pacífico de su energía nuclear, aunque tres años después Donald Trump se retiró de ese acuerdo durante su primer mandato. En su labor como documentalista, el creador y director de la serie, Jean-Stéphane Bron (1969, Suiza), ya se había interesado por los entresijos de algunas instituciones, como el mundo artístico en La Ópera de París (2017) o el entramado judicial norteamericano en Cleveland contra Wall Street (2010). De nuevo en colaboración con Alice Winocour (1976, Francia), con la que ha escrito los guiones de Próxima (Alice Winocour, 2019) y Memorias de París (Alice Winocour, 2022), se introduce esta vez en el entorno de la diplomacia y las redes de negociaciones que se producen dentro de la propia negociación central, para diseñar un thriller político que mantiene la tensión a través de los personajes ficticios creados para esta ambiciosa miniserie. Tomando como personaje central a Alexandra Weiss (Verlee Baetens), jefa de protocolo del anfitrión suizo, la historia se adentra en los diferentes encuentros entre las delegaciones diplomáticas para tratar de alcanzar un acuerdo, pero que se ven perjudicados por los intereses y las agendas ocultas de los diferentes países. Lo que hace bien el guión es mostrar cómo los diplomáticos que tienen como misión presionar a la parte contraria para alcanzar un acuerdo beneficioso, al mismo tiempo sufren la presión de sus superiores, e incluso de su propia vida personal. Esto se refleja sobre todo en el personaje de la subsecretaria estadounidense Cindy Cohen (Juliet Stevenson), que intenta moderar la inclinación hacia las sanciones por parte del representante del Tesoro, Andrew Porter (Sam Crane), al mismo tiempo que recibe llamadas de su madre que padece demencia senil.
En realidad, todos los representantes se enfrentan al contrario, pero también a las posiciones más beligerantes dentro de sus propias delegaciones, como el ministro reformista iraní Mohsen Mahdavi (Anthony Aziz), presionado de cerca por un miembro de los Guardianes de la Revolución, Ali Katibi (Alexander Behrang Keshtkar), que pretende mantener una posición más estricta por parte de Irán. En los dos episodios visionados, la tensión es constante y tienen la habilidad de no entrar en detalles demasiado complicados, centrándose más en las contradicciones personales de los protagonistas. En este sentido, puede ser algo forzada la introducción de Payam Sanjabi (Arash Marandi), un científico que ha sido liberado de prisión para servir como consultor, pero que ha sido amante de Alexandra Weiss, lo que la enfrenta a una presión adicional entre su trabajo y su vida personal. Los elementos de thriller se subrayan con la amenaza del Mossad, el servicio de inteligencia israelí, que ha infiltrado a agentes en el hotel donde se celebran las negociaciones (es una realidad que el Mossad trató de influir en estos acuerdos), de forma que The deal juega con diferentes elementos que la hacen particularmente atractiva. Lo que no se puede negar es que hay un conocimiento del tema, que permite a los creadores y una mesa de cinco guionistas introducir elementos como la llamada backchannel diplomacy (diplomacia por la espalda), que practican tanto estadounidenses como iraníes, que consiste en mantener reuniones en secreto con otras delegaciones para ganar apoyos en la negociación principal. También se apoyan en documentación real y especialmente en el libro de memorias escrito por Wendy Sherman, subsecretaria de Estado de Joe Biden y participante en las negociaciones reales con Irán como representante del gobierno de Barack Obama, que describió en un artículo publicado en la revista Foreign Affairs titulado How we got the Iran deal (2018). The deal acaba siendo un thriller político cargado de tensión que consigue evitar que los aspectos diplomáticos enturbien la intensidad de la historia, aunque sea introduciendo algunos elementos algo forzados.
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© Johan Hannu / Viaplay GroupA life's worthSuecia, Francia 2025 | 6x45' | Temporada completa | Panorama Internacional | ★★★☆☆Creada por Mona Masri, Oliver DixonDirigida por Ahmed Abdullahi |
El conflicto de los Balcanes se refleja como un espejo de las guerras actuales a través de la experiencia de un grupo de soldados jóvenes, con una visión humanista que no termina de encontrar la manera de evitar los lugares comunes.
Sin la fortaleza que tenía hace algunos años, la compañía sueca Viaplay comienza a regresar a la producción de series originales tras la crisis profunda que sufrió desde 2023. Este año tiene dos producciones destacadas: Vanguard (SVT, 2025), biopic sobre la figura de Jan Stenbeck, una especie de Rupert Murdoch sueco, y el drama bélico A life's worth (Viaplay, 2025), centrado en un pelotón de las fuerzas armadas suecas dentro de las operaciones de la ONU durante la guerra de los Balcanes. Pero no se enfoca tanto en los aspectos geopolíticos sino en la experiencia humana de este grupo de soldados demasiado jóvenes metidos en medio de una limpieza étnica cruel. La serie está inspirada en el libro Ett halvt år, ett helt liv (Medio año, media vida) (2023) en el que el autor Magnus Ernström contaba su experiencia personal como soldado en una misión de cascos azules durante seis meses, enfrentados a la oposición de los bosnios. Rodada en Lituania y Eslovaquia, la serie se centra en el primer batallón sueco en 1993 que tiene como base el Campamento Valhall en el Norte de Bosnia, liderado por el coronel Andreasson (Johan Rheborg), que debe mantener un frágil equilibrio a través de negociaciones constantes con los grupos de asalto locales. Su objetivo principal es evitar que la población civil sea masacrada o utilizada como escudos humanos, especialmente en el Episodio 3 (T1E3), en el que deben liberar a un grupo de musulmanes secuestrados en la escuela de la pequeña aldea de Vares, donde uno de los retenidos es Muharem (Alban Ukaj), que trabaja como cocinero en el campamento Valhall. La serie plantea cuestionamientos sobre la dificultad de mantenerse neutrales dentro de un conflicto armado tan cruel. El batallón está formado por soldados jóvenes que tienen diferentes perspectivas de la guerra: Micke Forss (Michael Cunningham) es el hijo del Ministro de Exteriores sueco, que está destinado a seguir los pasos de su padre en la carrera diplomática, pero se une al batallón, en principio, solo para mejorar su currículum; Babic (Toni Prince) es de origen serbio pero se ha unido a las fuerzas internacionales en contra de la limpieza étnica; Strand (Edvin Ryding), convierte la profesión de soldado en un entorno de seguridad y fortaleza después de haber sufrido acoso escolar en su infancia; y Kilpinen (Erik Enge) es un paramédico para quien el ejército se convierte en el único lugar con la disciplina adecuada para no seguir los pasos de las adicciones de su padre.
La adaptación ha sido escrita por Mona Masri (1985, Suecia), que trabajó en los guiones de Dinero fácil (Netflix, 2021-2022) y Cowboy de Copenhague (Netflix, 2023), y Oliver Dixon, guionista de Paradis City (Prime Video, 2025). El planteamiento de la serie puede recordar a otras historias sobre soldados en guerras externas, como Generation Kill (Max, 2008) o Valley of tears (Max, 2020), aunque con un menor trasfondo político. La intención de A life's worth es acercarse más al impacto humano que provoca un conflicto en un grupo de soldados, incluso aunque formen parte de una misión que pretende ser neutral. A pesar de los esfuerzos del coronel Andreasson, el batallón sueco se ve obligado a intervenir en varias ocasiones y en este sentido la historia plantea el conflicto constante entre la política teórica y la experiencia real sobre el terreno, pero lo hace sin profundizar demasiado y con cierta tendencia a los estereotipos, especialmente en la última parte de la temporada. Por eso, cuando trata de multiplicar los puntos de vista, centrándose en familias croatas, como la historia de Nevena (Alena Dzebo), la esposa de Muharem, que representa a quienes tienen que huir de sus hogares, o la de Eldin (Lazar Dragojevic) y su hija pequeña Lana (Eva Porobić), como ejemplo de quienes tratan de sobrevivir en medio de la guerra, se siente algo superficial. Hay un buen pulso en la dirección de Ahmed Abdullahi (1981, Somalia), que ha dirigido series como el thriller Top dog (C More, 2020-2023), especialmente en las escenas de acción que tienen un tono realista. El arco de los dos últimos episodios se centra en el secuestro de los soldados suecos por parte de un grupo militar bosnio con la intención de intercambiarlos por dinero, pero es el que muestra las mayores flaquezas de una historia que utiliza discursos estereotipados respecto a la confrontación de los políticos con los oficiales que conocen el terreno, de manera que A life's worth nunca termina de ser tan relevante como pretende. En su reparto encontramos nombres conocidos, como Edvin Ryding, que protagonizó Jóvenes altezas (Netflix, 2021-2024), o Sandra Stojiljkovic, una de las policías de La delgada línea azul (Filmin, 2021-2024), y la actriz hispano-sueca Ruth Vega Fernández, nacida en Canarias, interpreta a una periodista que está preparando un reportaje sobre la intervención de los cascos azules suecos. La guerra terminará cambiando a este grupo de soldados jóvenes, el contacto con la realidad les obliga a modificar su forma de ver el conflicto, en algunos para reforzar su compromiso y en otros para acabar desistiendo. A life's worth sabe lo que quiere, pero no termina de conseguirlo.
Un thriller de cocción lenta que se centra en la construcción de la familia desestructurada de la protagonista, pero que se alarga en su desarrollo que quiere ser transcendente, entregándose a una narrativa demasiado convencional.
Tres series se han estrenado recientemente ambientadas en la ciudad de Filadelfia, aunque no precisamente para mostrar sus mayores virtudes: Ladrones de drogas (Apple tv+, 2025), que comienza siendo una buddy movie sobre dos delincuentes y termina en una historia histriónica centrada en un solo protagonista; la divertida comedia Deli boys (Disney+, 2025), sobre dos hermanos paquistaníes que descubren que la cadena de tiendas de conveniencia que han heredado, es un negocio para blanquear dinero; y El largo río de las almas (Movistar Plus+, 2025), un thriller oscuro de familias desestructuradas. Curiosamente, ninguna de ellas se ha rodado exactamente en Filadelfia: la primera se rodó en parte en Ontario, la segunda en Chicago y la última en Nueva York. Pero reflejan el aspecto urbano y oscuro de una ciudad que en las estadísticas aparece como la tercera con mayor criminalidad de los Estados Unidos. La serie a la que más recuerda también se desarrollaba en Filadelfia, aunque en Mare of Easttown (Max, 2021), se trataba de una versión ficcionada del pueblo en el que nació su creador, Brad Ingelsby. La historia está protagonizada por la patrullera local Mickey Fitzpatrick (Amanda Seyfried), que se enfrenta a una investigación en torno a un posible asesino en serie de jóvenes drogadictas que viven en la calle y en algunos casos ejercen la prostitución. Aunque está dotada de una especial perspicacia, ha renunciado a promocionarse como investigadora criminal para poder seguir vigilando las calles, porque su hermana Kacey (Ashleigh Cummings) forma parte de ese grupo de jóvenes sometidas a la adicción. Mickey se implica en el caso cuando la aparición de las primeras víctimas coincide con la desaparición de su hermana. Ayudada por su antiguo compañero de patrulla Truman Dawes (Nicholas Pinnock), que ha estado de baja desde que se lesionó, comienza tratando de averiguar dónde está Kacey, lo que la conduce a establecer conexiones con los asesinatos. Basada en el best-seller El largo río de las almas (2020, Ed. Alianza Editorial), de la escritora Liz Moore (1983, Boston), que también se ha encargado de la adaptación junto a la showrunner Nikki Toscano, esta serie se plantea como un thriller de cocción lenta que se interesa más por construir el entorno de Mickey, marcado por la desestructuración familiar que provocaron las adicciones de su hermana, mientras ella trata de dar a su hijo de siete años Thomas (Callum Vinson) la estabilidad que nunca tuvo, ayudada por su abuelo Gee (John Doman).
Con una interpretación compungida, Amanda Seyfried adquiere el compromiso de conducir la historia a través de un personaje principal que se desenvuelve entre el drama familiar, con flashbacks que descubren los entresijos de la relación con Kacey desde que eran adolescentes, y el thriller de asesino en serie que acaba resultando demasiado previsible, creando un misterio que nunca termina de funcionar. Sobre todo porque El largo río de las almas quiere ser profundamente dramático en la construcción del personaje protagonista, pero lo hace utilizando recursos torpes y convencionales: una banda sonora de piano lánguido, cliffhangers rodados como si se tratara de un procedimental de televisión por cable, especialmente en la sorprendente revelación del episodio Punto ciego (T1E4), o la utilización repetida del "Lacrimosa" del Requiem de Wolfgang Amadeus Mozart en el último episodio, Expiación (T1E4), como si quisiera darle mayor trascendencia a la secuencia del descubrimiento final. La protagonista está rodeada de personajes estereotipados como el ex-marido violento Simon Cleare (Matthew Del Negro), que ya intuimos para qué será utilizado durante parte de la investigación, o su hijo Thomas que nunca llega a transmitir la sensación de que es un niño real, protagonizando algunas conversaciones con su madre que resultan poco creíbles para su edad. El largo río de las almas se siente como su título, demasiado larga y sinuosa, demasiado extendida en su desarrollo, con la excusa de dar más profundidad al personaje de Mickey, y solo en algunos momentos, sobre todo durante el comienzo, en Estas chicas (T1E1), parece tener un planteamiento más novedoso. La incorporación de un nuevo compañero de Mickey, Eddie Lafferty (Dash Mihok), es una vuelta de tuerca interesante, porque introduce a un novato pero de mediana edad, que ha decidido incorporarse a la policía después de muchos trabajos, pero sin estar demasiado preparado para la presión que supone. Y hay una interesante referencia al fracaso de la policía como una fuerza realmente protectora para los ciudadanos, como afirma Winton (Russell G. Jones) en Punto ciego (T1E4): "No necesitamos protegernos de nosotros mismos, necesitamos protegernos de la policía. Lo único de lo que la gente puede estar segura es de que no puede contar con ellos". Pero este thriller lento y soporífero a veces, acaba siendo una miniserie fallida que no evita los convencionalismos y se pierde en los clichés del género.
A partir de un personaje que representa las relaciones históricas entre algunos países nórdicos, esta comedia de humor negro se revela como una propuesta divertida e inteligente que profundiza en los problemas de nuestra sociedad.
Sin duda, una de las propuestas más sugestivas de esta edición de Séries Mania es esta producción islandesa que cuenta con una de las grandes damas de la interpretación en Dinamarca, Trine Dyrholm, a la que podemos ver en La chica de la aguja (Magnus von Horn, 2024) y próximamente en Second victims (Zinnini Elkington, 2025) y Beginnings (Jeanette Nordahl, 2025), ambas presentadas en el marco del Festival de Berlín. Ella es la protagonista y la que da título a una serie que se desarrolla en un edificio de vecinos y tiene al principio un planteamiento que puede recordar a la serie argentina El encargado (Disney+, 2022-), porque el personaje principal es Ditte Jensen (Trine Dyrholm), una antigua miembro de los servicios secretos daneses que ha decidido retirarse a las afueras de Reykjavik. Es la nueva propietaria de un apartamento, haciendo frente a los habituales conflictos vecinales, no solo desde su prepotencia danesa hacia un país que fue colonia de Dinamarca durante 400 años, sino sobre todo desde su perspectiva de una agente que utiliza su experiencia y entrenamiento para resolver los problemas cotidianos de una manera poco ortodoxa. La promoción de la serie la describe como una mezcla entre Rambo, Napoléon y Pippi Calzaslargas, con una pretendida amabilidad hacia sus vecinos que sin embargo oculta una personalidad mucho más oscura y maquiavélica. De esta manera, The Danish woman (RÚV, 2025), que tiene previsto su estreno a finales de este año, no solo es una propuesta divertida y algo alocada, al menos en los primeros episodios, sino que representa a través del personaje de Ditte la condescendencia habitual de algunas naciones nórdicas hacia otras. Ella tiene la intención de ayudar, pero lo hace siempre desde una posición de superioridad, como cuando en su primer reunión de vecinos se niega a hablar islandés: "Son ustedes los que deberían haber aprendido danés. Fuisteis daneses hace tiempo". De ahí que el título en una producción principalmente islandesa, aunque con participación de Francia y Dinamarca, tenga un significado especialmente relevante. De hecho, de alguna forma la serie se hace más actual precisamente en un entorno geopolítico en el que regresan las ideas de los imperialismos y se ponen en práctica las frases de Maquiavelo sobre el fin como justificación de los medios utilizados para alcanzarlo.
Al co-guionista y director, Benedikt Erlingsson (1969, Islandia) le conocemos como actor en series como Blackport (AMC+, 2021) y The Minister (RÚV, 2020-202), pero también ha dirigido películas como La mujer de la montaña (2018), que asimismo tenía como protagonista a una mujer de mediana edad que trataba de defender el medio ambiente con métodos algo peculiares. A pesar de tener buenas intenciones, Ditte Jensen no puede evitar espiar a sus vecinos y tratar de resolver algunos de sus problemas, que abarcan todo tipo de situaciones en los dos episodios que se han proyectado en Séries Mania: un vecino que organiza fiestas con la música demasiado alta, una joven que se queda embarazada, una madre que tiene un hijo adicto a las pantallas y que es tratada con desprecio... Ninguno de estos problemas serán un obstáculo para Ditte, y ella intentará resolverlos todos. The Danish woman abarca temas como la inmigración, la juventud, el alcoholismo o la defensa del medio ambiente, ofreciendo una historia llena de humor que también tiene algunos momentos conmovedores. La protagonista, además, es por su parte espiada por unos agentes daneses enviados para tratar de convencerla de que regrese a los servicios secretos para una misión especial, y por supuesto no han elegido a los agentes más inteligentes. Aunque desde la mirada internacional algunas referencias puedan ser mejor captadas por la relación entre los países nórdicos, se plantean de una manera lo suficientemente general como para no entorpecer la efectividad de la historia. Otra de las características curiosas y divertidas en The Danish woman es que, aprovechando la formación musical de Trine Dyrholm, los créditos iniciales y finales contienen versiones de canciones pop interpretadas por ella misma mientras lleva a cabo coreografías improvisadas con un hermoso paisaje islandés de fondo, a veces compartidas con otros actores de la serie. Lo que acaba dejando una sensación optimista y positiva en el espectador. Lo más interesante de esta historia es su capacidad para establecer el contraste entre la nueva vecina y los habitantes del edificio, construyendo un personaje complejo que va más allá del retrato de la mujer madura disgustada con el mundo, pero que recoge la tradición de Cándido o el optimismo (1759, Ed. Navona Editorial), de Voltaire, ese personaje que quiere tener una vida apacible pero está continuamente rodeado de miserias que se empeña en arreglar de alguna forma. De manera que se revela como una propuesta divertida e inteligente que profundiza en los problemas de nuestra sociedad.
Tiene un planteamiento formal sobrio, pero un trasfondo narrativo que tiene resonancia más allá del género de ciencia-ficción, planteando preguntas sobre la sociedad que remueven y conmueven al espectador.
Planteada como una miniserie que se desarrolla exclusivamente en un apartamento de un rascacielos cuyos grandes ventanales dejan ver el skyline de una ciudad moderna, esta propuesta del director, afincado en Alemania, Pedro Harres (1984, Brasil) está protagonizada por Sadia Durandt (Henriette Confurius), una psicóloga de terapia del comportamiento que se ha especializado en atender a pacientes con una característica común: son capaces de volar. En el primer episodio habla con Ms. Baker (Lise Risom Olsen), que se dedica a transportar órganos para trasplantes en diferentes hospitales aprovechando su capacidad para desplazarse volando, pero sufre efectos secundarios como el insomnio y continuas pesadillas. Esta habilidad, que ya tenía su abuela, no surge de traumas similares ni de los mismos orígenes emocionales, sino que cada paciente vuela a su manera, y acepta o rechaza esta posibilidad según sus circunstancias personales. Mr. Stahl (Adrian Grünewald), que acude a la consulta en el tercer episodio, está atormentado por esa capacidad para volar, lo que le provoca bloqueos psicológicos en los exámenes de la universidad. Mientras Ms. Baker tiene controlados sus movimientos y puede utilizarlos para ayudar a otras personas, el vuelo de Mr. Stahl es descontrolado y provoca accidentes. A través de una tonalidad de realismo mágico que incorpora los elementos de la literatura latinoamericana, Wingspan (2025) propone una reflexión sobre cómo una habilidad especial puede afectar a diferentes personas según su trasfondo personal y social. Pero al mismo tiempo reflexiona sobre los miedos de nuestra sociedad, los retos impuestos y la dificultad de aceptación de las características que nos definen pero también nos diferencian de los demás. En esta circunstancia se puede mirar la habilidad de volar como un elemento de ventaja pero también de aislamiento, porque los pacientes tienen en común la sensación de ser diferentes, y a partir de ahí la historia deja libertad al espectador para interpretarlo como prefiera: podemos pensar en un paralelismo con temas como la inmigración o la raza.
La miniserie está producida por Arkanum Pictures, responsable de la espléndida The good sister (Sarah Miro Fischer, 2025), una coproducción con España que fue seleccionada en la sección Panorama del pasado Festival de Berlín. Siendo el artífice de la idea original, Pedro Harres se encarga de la dirección aportando un formato que encierra a los personajes y utiliza sobre todo primeros planos para mostrar sus complejidades psicológicas. Es una puesta en escena sencilla, que se desarrolla en una sola habitación, la consulta de la terapeuta, pero que utiliza la luz y el fondo de la ciudad para establecer una atmósfera diferente en cada uno de los episodios. En el segundo, Sadia recibe la visita de su padrastro, Mr. Baker (Reiner Schöne), y en la conversación también se revela el trasfondo personal de ella: su madre Hannah también tenía esta particularidad de poder volar: "Fui ingenuo al pensar que podía salvar a personas que no podían ser salvadas. No cometas el mismo error", le dice Mr. Baker a Sadia. Wingspan tiene un planteamiento formal sobrio, pero un trasfondo narrativo profundo, que aborda cuestiones relevantes a través de una mirada de fantasía que tiene resonancia más allá del género de ciencia-ficción en el que se envuelve. Su corta duración, en realidad casi un mediometraje de 35 minutos, puede transmitir una sensación de frustración por no desarrollar más algunos de sus interesantes temas, pero también la rodea de la misma atmósfera intrigante en la que se desenvuelve la historia. Y plantea preguntas que pueden no ser respondidas pero remueven y conmueven al espectador en su acercamiento a estos personajes bienaventurados pero también condenados por una habilidad que los hace diferentes.
Deli boys se estrena en Disney+ el 25 de abril.
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Películas mencionadas:
La mujer de la montaña se puede ver en Filmin.