24 julio, 2018

El fútbol como reflejo de la sociedad: ¿Qué es ser francés?


Fuente: Reuters
Estos días Francia es el centro de buena parte de las noticias política y económicas que se generan en un verano en el que habitualmente no se suele hablar mucho de política. Pero julio se ha convertido, en menos de dos semanas, en la mayor alegría del gobierno de Emmanuel Macron y, poco después, en su gran decepción. Francia ganó la Copa del Mundo con un equipo formado en un 80% por jugadores que, aunque nacidos como franceses, en su mayor parte son la segunda generación de una familia de inmigrantes africanos. Mientras los sucesos protagonizados por un guardaespaldas cercano al presidente, Alexandre Benalla, que se hizo pasar por policía para cometer agresiones contra algunos estudiantes que se manifestaban el 1 de mayo, hace temblar los cimientos de un gobierno que ya iba cayendo en picado en los índices de aceptación. 

Muchos de los estudiantes que se manifestaron el 1 de mayo contra una reforma universitaria que no gusta a la mayor parte de la comunidad educativa, son hijos de inmigrantes. Según el estudio "Trayectoria y orígenes", que se publicó en 2016, un 29% de la población francesa es de origen inmigrante (extranjeros llegados al país o hijos de inmigrantes). 

En el documental Les Bleus: Une autre histoire de France (Pascal Blanchard, Sonia Dauger, David Dietz, 2016), uno de los entrevistados afirma categóricamente que "el fútbol es el reflejo de la sociedad francesa". Y así parece atestiguarlo una trayectoria que, entre las Copas del Mundo de 1998 y 2018, ha sufrido cambios fundamentales y numerosas muestras de racismo. 

En 1998, el defensa Marcel Desailly tenía sus orígenes en un país africano, Ghana, mientras que la estrella del equipo nacional, Zinedine Zidane, era hijo de una familia argelina que huyó a Francia durante la guerra de Argel. En el equipo francés de 2018, 15 de los 23 jugadores son hijos de padres que emigraron desde países como Camerún, Congo, Marruecos, Mali, Senegal, Guinea, Angola, Argelia, Togo, Argelia y España. 

Las autoridades deportivas francesas, sin embargo, se han mostrado especialmente ofendidas por esta referencia al origen emigrante de los grandes héroes del fútbol francés, siendo muy vehementes en referirse a los jugadores como hijos de Francia, nacidos, educados y entrenados en el país. Y obviando, en la medida de lo posible, el origen migratorio de sus familias. Justamente, cuando el gobierno de Macron había desarrollado un proyecto de Ley sobre Inmigración que endurece aún más si cabe la condición de delincuentes de aquellos que emigran a Francia. 

Pero la realidad es indudable, por mucho que moleste. E igualmente son franceses y también son africanos estos jugadores  como aquellos otros hijos de inmigrantes que atentaron en París en noviembre de 2015, provocando centenares de muertos. Pero en aquella ocasión, las autoridades sí se esforzaban en demostrar los orígenes "no franceses" de estos terroristas. Ser hijo de inmigrantes te puede convertir, por tanto, en el mayor héroe o en el mayor villano, dependiendo claro está de tu capacidad de integración o de la capacidad de integración que tenga un país. 

En 2005, siendo Nicolas Sarkozy Ministro de Interior, se produjeron los grandes disturbios en la comuna de Argenteuil, en los suburbios de París, cuando dos jóvenes murieron electrocutados mientras se escondían de la policía. Los incidentes, que se extendieron a todo París, provocaron que se declarara durante 3 días el estado de excepción. En 2017, el municipio de Bonigny también vivió nuevos disturbios que a muchos le recordaron a aquellos de 2005, cuando un joven fue violado durante un control policial. Un estudio sobre estos controles en la ciudad de París publicado en 2009 demostraba que los negros y los norte africanos tenían entre seis y ocho veces más posibilidades de ser arrestados que los blancos. 

Durante mucho tiempo al equipo nacional se le ha llamado Black, blanc, beur (negro, blanco y árabe). Pero ya en 2005 el Frente Nacional y reconocidos intelectuales arremetían contra la presencia de jugadores negros en el equipo. El filósofo Alain Finkielkraut escribía: "La gente dice que el equipo nacional francés es admirado por todos por ser black-blanc-beur. De hecho, el equipo ahora es black-black-black, lo que lo convierte en el hazmerreír de toda Europa". En 2007, el historiador Gérard Noiriel, uno de los máximos estudiosos del fenómeno migratorio en su país, era categórico en torno a la tolerancia de Francia en su libro The Historian in the Cité: "Los franceses no se han convertido en más tolerantes hacia los inmigrantes en los últimos treinta años". 

Efectivamente, la realidad a veces se da de bruces contra los subterfugios políticos. Y de eso sabe mucho el equipo nacional de Francia. En 2010, la Federación Francesa de Fútbol fue acusada por el medio de comunicación Médiapart de promover un sistema de discriminación racial según el cual las escuelas de fútbol no podían reclutar a más del 30% de jugadores negros o árabes entre los 13 y 16 años. Todo ello, al parecer, con el beneplácito del seleccionador francés, por entonces Laurent Blanc, quien ya había esta do envuelto en la polémica cuando decidió retirar la comida "halal" (aquella que se prepara según las prácticas  de la religión musulmana), del menú de la selección nacional. Una grabación de audio mostraba a Laurent Blanc haciendo referencia a la selección española, por entonces campeona del mundo, afirmando que en España no había jugadores negros y sin embargo conseguían grandes éxitos.

Los hijos de inmigrantes han sido las grandes estrellas de las últimas semanas en Francia. Si en 1998 se celebraba la Copa del Mundo con la imagen de la gran estrella, Zinedine Zidane, proyectada sobre el Arco del Triunfo en los Campos Elíseos, en 2018 la gran figura ha sido el joven Kylian Mbappé. El primero, de padres argelinos; el segundo, de padre camerunés y madre argelina. Pero también han sido los grandes protagonistas de los disturbios que se han vivido en los últimos años en la capital francesa, en buena medida provocados por la dificultad para encontrar acomodo en una sociedad que solo integra a quienes le interesa. 

Quizás ahí también está el origen de los terroristas que, habiendo nacido en Francia buena parte de ellos, sembraron el caos en París en la noche del 13 de noviembre de 2015. Precisamente, entonces se jugaba un partido amistoso entra las selecciones de Francia y Alemania. Y fue cerca del estadio de fútbol donde comenzó la sucesión de explosiones y disparos que sembraron el caos en la ciudad durante más de tres horas. La serie documental 13 Novembre: Fluctuat nec mergitur (Netflix, 2018), describe minuciosamente los acontecimientos que se vivieron a través de los testimonios de algunos de sus supervivientes.   No se trata de un documental especialmente revelador, pero sí resulta incisivo en su forma de describir con todo detalle esas más de tres horas de terror que vivió París. Una de esas supervivientes fue la hermana de Antoine Griezman, jugador del equipo nacional, que logró salir con vida de la sala Bataclan. Pero la prima de otro jugador de la selección, Lassana Diarra, fue una de las víctimas mortales. 

La película Made in France (Nicolas Boukhrief, 2015), titulada posteriormente en España Objetivo: París, mostraba a un periodistas infiltrado en las cédulas extremistas de la capital francesa. Su estreno estaba previsto para el mes de enero de 2015, pero la masacre contra la revista Charlie Hebdo ese mismo mes retrasaron la presentación hasta el 18 de noviembre. Ni qué decir tiene que, tras los atentados del 15 de noviembre, el estreno de la película fue pospuesto sine die, y de hecho nunca se ha visto en las salas de cine de Francia, siendo relegada directamente a los videoclubes. Pero, al margen de sus logros cinematográficos, la película plantea una realidad que a muchos franceses les resulta insoportable: la mayoría de los ataques suicidas que se han perpetrado en el país han sido protagonizados por franceses. O lo que es lo mismo, el peligro, la radicalización, la falta de integración, es un problema que surge de las entrañas de la propia Francia. 

Igual que cuando las autoridades francesas tratan de "minimizar" el origen africano de los jugadores de su equipo nacional que han conseguido la Copa del Mundo, o de "maximizar" las raíces árabes de los atacantes suicidas, la mirada a la realidad de una inmigración que parece más que nunca una amenaza (ahí está el triunfo de los discursos radicales en muchos países europeos) resulta obtusa y plantea pocas soluciones. En Francia, ese sentimiento también está radicalizado. Quizás porque para muchos resulta difícil responder a la pregunta: "¿Qué es ser francés?". 



Les Bleus se puede ver en Netflix España
13 Noviembre: Atentados en París se puede ver en Netflix España






03 julio, 2018

Las mejores bandas sonoras de 2018 (2ª Parte)

Como hemos realizado durante el año pasado, comenzamos aquí nuestro repaso a las mejores bandas sonoras publicadas durante 2018, enfocándonos en el segundo trimestre que acaba de terminar. Esta es la música de cine que nos parece más interesante.


3 tage in Quiberon - Christoph M. Kaiser, Julian Maas
Colosseum Records  6 / 4 / 2018

La película, presentada en el Festival de Berlín, se centra en una entrevista que dio la actriz Romy Schneider en una clínica de rehabilitación. En el aspecto musical, la banda sonora discurre entre canciones de corte jazzístico, creadas expresamente para la película, y composiciones que tienen principalmente al piano como instrumento solista. La partitura tiene un aire nostálgico que, junto a la fotografía en blanco y negro, dan a la cinta una cierta textura de Nouvelle Vague. El tema principal, "3 tage in Quiberon" sobre el que pivota toda la banda sonora, es un hermoso vals y en algunos momentos las composiciones de Christoph M. káiser y Julian Maas nos recuerdan, en temas como el melancólico "Und das Wind inmmer so bleiben", a la música de Max Richter. Hay otros momentos destacados, como el precioso tema "Abschied in Quiberon", que incorpora la guitarra como elemento principal, o ese aire funesto y desgarrador de "Jeder für sich". Aunque en general la película se ve lastrada por una cierta afectación, la banda sonora consigue dar un sentido melancólico y sensual a una historia que resulta más interesante fuera que dentro de la pantalla. 

Ghost stories - Frank Ilfman
Varèse Sarabande  13 / 4 / 2018

Esta película de terror británica en torno a las psicofonías está protagonizada por el siempre solvente Martin Freeman, y ciertamente tiene algunos momentos interesantes. Pero destaca especialmente el trabajo musical del compositor israelí Frank Ilfman, una elegante incursión en el terreno del género de terror con cierto aire gótico. Desde el comienzo, en la introductoria "The Allerton Suite" nos encontramos con esa cadencia clásica que se aleja de los habituales sonidos electrónicos o ambientales para construir una estructura melódica sólida que se va desarrollando a lo largo de la hora de duración que dura la banda sonora, incluyendo también algunos diálogos que en este caso no resultan molestos. Frank Ilfman elabora una banda sonora con ritmo sutil y acompasado que por supuesto estalla en algunos momentos, pero siguiendo esa línea clásica en temas muy herrmanianos como "The Chase". También hay momentos para la utilización de una voz solista femenina en la canción de cuna "Daddy's got meow meow: The lullaby", que tiene ese aire de sutileza inquietante a lo Krysztof Komeda en La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968), que volverá a aparecer en otros momentos, como "Corridor of truth". En general, estamos ante una de las bandas sonoras más interesantes que hemos escuchado dentro del género de terror en los últimos años, que bebe de las fuentes clásicas y consigue ese tono tétrico pero al mismo tiempo de sutil belleza, que podemos encontrar en otro de los temas principales, el espléndido "Priddle's Theme". 

Submergence - Fernando Velázquez
Varèse Sarabande  13 / 4 / 2018

El compositor Fernando Velázquez se ha convertido en poco tiempo en la estrella de la música de cine en España, siendo actualmente el más solicitado, incluso para proyectos internacionales, sobre todo gracias al tándem que forma con el director Juan Antonio Bayona. Tan es así que solo en 2017 compuso la música para seis películas y una serie de televisión. Entre sus actuales proyectos editados, hay trabajos más funcionales que otros, con cierta tendencia al sentimentalismo. Por eso, resulta gratificante encontrar una banda sonora como Inmersión (Wim Wenders, 2017), mucho más comedida en su planteamiento melódico, a pesar de que se trata de una historia romántica, envuelta en cierto trasfondo político. Quizás por influencia del director, habituado a envolver sus películas en recursos musicales más moderados, estamos ante una banda sonora sorprendentemente contenida, con un tema principal que tiene recursos románticos, pero al mismo tiempo con un toque melancólico, que se sostiene como eje a lo largo de toda la película. Y así, en pasajes como "Danny & James", aparece plenamente desarrollada, con un aire a lo Gabriel Yared que sin duda conecta perfectamente con la historia. El hecho de que prácticamente la música esté presente en casi todo el metraje permite a Fernando Velázquez encontrar espacio para completar una larga banda sonora que, a pesar de algunas escenas de tensión o acción, guarda una coherencia inteligente, y encuentra momentos especialmente logrados como esa suite de once minutos "Bomb makers / Submergence / The bottom of it / Made of water". Se trata de una de las mejore composiciones de un músico que muchas veces nos decepciona en su tendencia a la sensiblería melódica, pero que aquí encuentra el equilibrio justo. 

Paterno - Evgueni Galperine, Sacha Galperine
Lakeshore Records  27 / 4 / 2018

Esta producción de HBO dirigida por Barry Levinson y protagonizada por Al Pacino se centra en la historia de Joe Paterno, reconocido entrenador de fútbol universitario que se vio envuelto en acusaciones de abuso sexual al final de su carrera. Los hermanos compositores, Evegueni y Sacha Galperine, ya nos habían llamado la atención en trabajos para producciones rusas como Loveless (Andrey Zvyagintsev, 2017), pero ya habían trabajado anteriormente en otra película de HBO, The wizard of lies (Barry Levinson, 2017). Su capacidad para crear atmósferas opresivas pero al mismo tiempo utilizando melodías bien construidas y recursos instrumentales poco habituales les sitúa entre los compositores más innovadores e interesantes del momento. El tema con el que se abre la banda sonora, "He is the game", es contundente y dramático, con un curioso uso del violín electrónico y disonante que estará presente a lo largo de toda la banda sonora. Es en la descripción de todo ese conglomerado mediático que acaba rodeando al protagonista donde Evgueni y Sacha Galperine construyen grandes momentos, como con "The quiet Storm", con ese sonido de lejanía que va haciéndose cada vez más opresivo. Esa distorsión de una carrera profesional perfecta está presente en la música en el uso de esos instrumentos cuyo sonido también está distorsionado, el violín al principio o el piano en "The wound", creando así una banda sonora espléndida en la recreación del drama psicológico que vive el protagonista.  

Avengers: Infinity War - Alan Silvestri
Hollywood Records  27 / 4 / 2018

Si en nuestro anterior post hablábamos del trabajo de Alan Silvestri para la película Ready Player One (Steven Spielberg, 2018), parece claro que este año nos presenta al compositor en estado de gracia, ahora con otro trabajo destacable que, de nuevo, encuentra en el sonido más característico de la década de los ochenta el referente más preciso para elaborar una banda sonora que, a fuerza de recuperar un estilo ya perdido, acaba resultando novedoso para lo que podemos escuchar en la actualidad. Estamos ante una propuesta vintage que, en determinados temas como "He won't come out", tienen el característico sello de Alan Silvestri en la creación de escenarios de acción, y para la que recupera algunas composiciones de su otra colaboración con el universo Marvel en Los Vengadores (Joss Whedon, 2012), un trabajo que podemos calificar como más coherente que éste, aunque aquí encontramos mayor diversidad temática. Aunque el conjunto está por debajo de la banda sonora que comentamos en nuestro anterior post, hay en ésta grandes momentos como esos excelentes y contundentes "Help arrives" y, especialmente, "A small price", dinámico tema con cierto aire oscuro que introduce las voces corales con ese talento que nos recuerda a otros trabajos de Alan Silvestri como el espléndido Abyss (James Cameron, 1989). En conjunto, este último trabajo de Silvestri brilla especialmente en su segunda parte, repleto de aciertos musicales, especialmente cuando se adentra en ciertos senderos de oscuridad. Aunque pudiera parecer en ciertos momentos algo dispersa, y con escasos momentos de continuidad, lo cierto es que estamos ante una de las bandas sonoras más complejas que Alan Silvestri ha compuesto en los últimos años, contundente, febril y sombría en algunos pasajes.


Brother's nest - Richard Pleasance
LilliPilli IP  1 / 5 / 2018

Esta producción australiana se presenta como una comedia negra en la que dos hermanos planifican el crimen perfecto en una casa abandonada en un páramo solitario. Se trata por tanto de una película independiente, rodada con pocos recursos, pero en la que su director consigue mantener durante una hora y media el interés y la tensión de una situación cada vez más complicada. Buena parte de este logro lo consigue gracias a una banda sonora que, desde el comienzo, consigue crear una ambientación de desasosiego, con ese rasgueo de guitarras que nos pone en situación al principio de la película. A continuación escuchamos por primera vez el tema de los hermanos, "Siblings' Theme", que en cierta manera nos recuerda en su tono a la música de Carter Burwell para la película Fargo (Joel Coen, Ethan Coen, 1996), apoyándose en el sonido del violonchelo, aunque a veces lo encontramos también interpretado al piano, como en "A brother's piano Theme", en los escasos momentos de cierta luminosidad en la trama. Precisamente en ese terreno complicado de la comedia negra en la que se mueve la historia, el australiano Richard Pleasance consigue algunos momentos especialmente interesantes, como ese "Phone tracking" en el que va tejiendo un sonido tenso "in crescendo", que se alimenta con algunos diálogos, aquí no especialmente molestos. Se trata de una banda sonora corta en duración, pero muy interesante en su contenido. 


Ci vuole un fisico - Tony Canto
Creazioni Artistiche Musicali  3 / 5 / 2018

De origen siciliano, el compositor Tony Canto ha desarrollado una destacada carrera como músico a lo largo de los últimos años, con la publicación de cuatro álbumes y con un especial interés en la música de Latinoamérica, donde ha trabajado junto a cantantes como la brasileña Adriana Calcanhotto. En el cine, tras algunas colaboraciones junto a Paolo Buonvino en bandas sonoras como Manuale d'amore (Giovanni Veronesi, 2005), también ha trabajado en solitario para algunas películas. Ci vuole un físico (Alessandro Tamburini, 2018) es una comedia que habla de las relaciones entre hombres y mujeres, y aunque no plantea grandes hallazgos, sí funciona como esa característica comedia italiana que, sin complejidades, consigue su propósito de entretener. Apoyándose sobre todo en la guitarra, el instrumento principal que utiliza, Tony Canto elabora una vitalicia y alegre banda sonora que proyecta precisamente ese espíritu optimista que tiene la película. La música está muy arraigada en los orígenes sicilianos del compositor, y desde la versión instrumental del tema "Lunedi" con la que se abre la banda sonora, nos sitúa en ese género tan italiano, con cierto espíritu de Nino Rota. Ecléctico trabajo que contiene momentos espléndidos como ese "Calypso dei vecchi", e incluso funciona en los pasajes más intimistas como "Laghetto",  gracias a la maestría interpretativa de la guitarra de Tony Canto. 


Bad samaritan - Joseph LoDuca
Varèse Sarabande  4 / 5 / 2018

Joseph LoDuca es un veterano compositor al que conocemos principalmente por su trabajos para la trilogía de Posesión infernal (Sam Raimi, 1981) y últimamente en el terreno televisivo para series como The librarians (TNT, 2014-2018) o Ash vs. Evil Dead (Starz, 2015-2018). Habituado a crear bandas sonoras que recrean de forma certera momentos de tensión, su trabajo para este thriller es quizás más comedido, buceando en terrenos que en algunos momentos se nos antoja que tienen un cierto sonido a James Newton Howard, especialmente en temas de acción como "The captive". Pero la película permite a Joseph LoDuca elaborar una extensa banda sonora, de unos 70 minutos, en los que muestra su versatilidad desde composiciones melódicas que recrean el origen irlandés del protagonista, como "Portland", hasta temas más intensos como "The name of that guy", bien estructurados y ciertamente repletos de buenos hallazgos musicales. A pesar de su duración, la banda sonora de Bad samaritan (Dean Devlin, 2018) no se hace repetitiva gracias al buen uso que hace Joseph LoDuca de los recursos electrónicos unidos al sonido orquestal, y acaba siendo uno de los trabajos más creativos de su autor, lleno de acertadas composiciones como "Domestic disturbance", que comienza co un piano de sonido amable para ir convirtiéndose poco a poco en un tema de acción trepidante. 

Wild - Matthijs Kieboom
MovieScore Media  16 / 5 / 2018

Este documental de producción holandesa parece más un video promocional de la región de Veluwe, una de las más hermosas de Holanda, que una película en torno a la vida en la naturaleza. En todo caso, su propósito se centra en los animales que habitan los dos parques naturales que se encuentran en la región. Realizada con medios destacables, aunque con un cierto tono didáctico-infantil, lo más destacable es el trabajo musical de Matthijs Kieboom, uno de los compositores holandeses más prolíficos de su país. Siguiendo una estructura clásica, su acercamiento a las escenas que componen el documental está marcado por una especial capacidad para crear pasajes melódicos muy bellos, que funcionan siempre como descripción de los animales protagonistas, más majestuoso con los ciervos, más contundentes con los jabalíes, o del paso del tiempo. En este último aspecto, destacan los breves pero hermosos pasajes en torno a los cambios estacionales, ya que el documental se desarrolla durante un ciclo completo de un año, destacando especialmente "A change of season: Pt. 3, Autumn". La música es a veces juguetona, como en "Flies and dragonflies", y a veces casi pastoral, como en "The Hunt: Pt. 1, Playing deers". En su conjunto, es un trabajo repleto de momentos melódicos de gran belleza.

On Chesil Beach - Dan Jones
Decca Records  18 / 5 / 2018

Basada en la conocida novela de Ian McEwan, En la playa de Chesil (Dominc Cooke, 2018) explora temas tan controvertidos como los abusos sexuales en la Inglaterra de los años sesenta. Pero el tratamiento musical se asemeja al de una película de época, y el trabajo de Dan Jones, habitual colaborador de producciones televisivas de la BBC, es absolutamente soberbio. Para mostrar la fragilidad del personaje principal, Florence (interpretado por Saoirse Ronan), el compositor decidió contar con la colaboración de una de las jóvenes violinistas más reconocidas del momento, Esther Yoo, que ciertamente resulta brillante en los pasajes más melódicos como "Walk in the Meadows", pero sobre todo encuentra su sitio en la casi aterradora interpretación solista que realiza en el tema "Fear of sex", en uno de los momentos trascendentales de la película. El trabajo se Dan Jones se centra principalmente en mostrar la relación entre la pareja principal, y en este sentido resulta acertada esta manera de acercarse a la historia, porque acaba siendo una propuesta musical más psicológica y emotiva. Temas como "You May enter" o  el espléndido "Pointing electronics", interpretado por el pianista Paul Israel, son piezas de una gran belleza y al mismo de una gran profundidad emocional. A lo largo de la banda sonora se introducen también algunas composiciones clásicas que suenan en la película, con la buena decisión de incluirse en sus versiones completas, como no podía ser menos en una edición de Decca Records. 

Mary Shelley - Amelia Warner
Decca Records  25 / 5 / 2018

Curioso acercamiento a la relación entre Mary Shelley y el poeta Percy Shelley, a cargo de la directora saudí Haifaa Al-Mansour, responsable de aquella espléndida cinta La bicicleta verde (Haifaa Al-Mansour, 2012). Ahora, en su primera incursión en el sistema de producción occidental, construye un interesante drama de época, aunque algo errático argumentalmente, que nos ofrece una visión feminista y reivindicativa de la trascendencia de esta autora en un mundo de hombres, especialmente tras la publicación de su novela Frankenstein o el moderno Prometeo (ul.ed. Random House, 2015). En el terreno musical, encontramos todo un descubrimiento en la compositora Amelia Warner, más conocida por su trabajo como actriz y cantante, que aquí realiza su segunda banda sonora. Y lo hace creando una hermosa composición, capaz de transmitir ese sentimiento de soledad e infelicidad que vive la protagonista, pero también de mostrar el profundo romanticismo con el que vive sus primeros encuentros con Percy Shelley. Estamos ante una banda sonora espléndida, apoyada en su tema principal por una voz solista femenina que describe el profundo sentimiento feminista de la protagonista, especialmente en temas como "Mary's decision". Pero hay otros grandes hallazgos, como ese emocionante romanticismo de "King's Cross", mientras la música se va desvaneciendo en cierta oscuridad para mostrarnos la difícil relación entre los amantes ("Mary's nightmare"), hasta que finalmente estalla emocionalmente en ese esperanzador y cautivador "The book" que se convierte en la auténtica liberación personal de la protagonista. Sin duda, estamos ante una de las compositoras más interesantes que han surgido en los últimos años. 

Edie - Debbie Wiseman
Silva Screen  25 / 5 / 2018

Tras el recopilatorio que comentamos el año pasado, la compositora inglesa Debbie Wiseman regresa al primer plano de la música cinematográfica con una de sus bandas sonoras más acertadas. Edie (Simon Hunter, 2017) es una conmovedora y luminosa historia sobre una mujer que, a sus 83 años, y tras la muerte de su autoritario marido, decide reencontrarse con su juventud subiendo una montaña en su Escocia natal. El trabajo de Debbie Wiseman es hermoso y esperanzador, y consigue transmitir esa sensación de vitalidad que propone la historia. El primer tema, "Training day",  ya nos describe ese tono que se mantiene a la lo largo de la banda sonora, emotivo y luminoso, con la guitarra como instrumento predominante, que a lo largo de las composiciones se alternará con el arpa y el piano como instrumentos solistas. Hay también un cierto poso de melancolía en algunos pasajes, la mayor parte de los cuales está reflejado en el uso del clarinete como reminiscencia del pasado, como en ese hermoso y nostálgico "Alone in the past", o en "New clothes, new life", un tema que tiene la firma clara de ese sonido elegante y melódico de las bandas sonoras compuestas por Debbie Wiseman. Y que desemboca en esa preciosa suite, "Evening row", casi épica, pero siempre con ese aire melancólico, que encontramos al final del álbum. Sin duda, uno de los trabajos más notables de Debbie Wiseman. 

Nobody famous - Spencer Creaghan
Silva Screen  25 / 5 / 2018

También el año pasado comentábamos entre lo mejor de 2017 la banda sonora del cortometraje The second life (Pedro Pimentel, 2017), a cargo del joven compositor canadiense Spencer Creaghan. A lo largo de estos últimos meses ha tenido una trayectoria muy prolífica, componiendo para otros cortometrajes y para algún largometraje alimenticio, como el thriller Black water (Pasha Patriki, 2018), con Jean-Claude Van Damme y Dolph Lundgren. Pero nuevamente nos ha sorprendido con el complejo trabajo musical para la comedia negra Nobody famous (Sarah Rotella, 2018), en torno a las relaciones envenenadas entre un grupo de jóvenes aspirantes a actores que se reúnen en una cabaña durante un fin de semana. El tono negro de la historia permite a Spencer Creaghan desarrollar un trabajo complejo que tiene a las voces corales como reflejo de esa personalidad oscura que aflora a lo largo de la película. Espléndida la apertura con "Overture/Nobody famous", que nos describe un ambiente claustrofóbico, casi de cuento de hadas tenebroso. Y en esa escala discurre buena parte de la banda sonora, en la que el compositor demuestra su inteligente capacidad para elaborar una sombría partitura que tiene momentos arrebatadores como ese ingenioso "The rigorous reverential rioting", que estalla en una acumulación de vientos y voces corales casi operístico que nos deslumbra. 


Bajo la piel de lobo - Paloma Peñarrubia
Rosetta Records  1 / 6 / 2018

Esta película sobre un cazador solitario en las montañas del Norte de España cuenta con un sólido trabajo de la casi debutante Paloma Peñarrubia, compositora malagueña que hasta el momento había trabajado solo en cortometrajes, y se enfrenta por primera vez a una banda sonora orquestal. Interpretada por músicos de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, es una hermosa partitura que centra sus temas principales en los protagonistas, pero también en el espectacular paisaje de las montañas de Huesca. Así, "Martinón" se acerca a este personaje solitario a través del violín como instrumento principal, reflejando la soledad y cierto aire de desolación. En contraposición, la música que plasma el entorno, al mismo tiempo duro y bello, es más melódico y contiene elementos más esperanzadores, como en "Llegada a La Roteña". Destacable también es la presencia de la txalaparta, instrumento de percusión tradicional del País Vasco que aporta un sonido singular a las composiciones más dinámicas como "Trineo de vuelta",  y en algunos momentos tiene reminiscencias de aquel espléndido trabajo de Ángel Illarramendi para la película El aliento del diablo (Paco Lucio, 1993), pero quizás más por la singularidad sonora que por intención real de la creadora. Paloma Peñarrubia se nos revela así como una de las voces más interesantes en el panorama de la música de cine española.

McQueen - Michael Nyman
Milan Records  8 / 6 / 2018

El estreno simultáneo en los principales países occidentales del documental McQueen (Ian Bonhôte, Peter Ettdegui, 2018) indica la relevancia de su protagonista, Alexander McQueen, uno de los diseñadores europeos más iconoclastas y controvertidos de las últimas décadas. Su fulgurante carrera desde ayudante de diseñador hasta convertirse en uno de los máximos exponentes de la nueva ola de creadores británicos, y su trayectoria marcada por los excesos y una mirada algo trágica de la vida, que le llevó a suicidarse en 2010, son sin duda elementos interesantes para elaborar un documental notable como éste. Se dice que en el estudio de Alexander McQueen solía sonar la música de Michael Nyman para acompañar sus creaciones. Y es, entre estas razones, por lo que los directores siempre tuvieron claro que querían al músico británico para elaborar la banda sonora de su película. Cierto es que las composiciones originales brillan por su ausencia. En realidad, estamos casi ante un recopilatorio de los trabajos más destacados del músico, que en los últimos años se ha dedicado más a trabajos autónomos o en la creación de óperas y música para la escena. En todo caso, lo que importa es la imbricación de la música con las imágenes, aunque aquella haya sido escrita para otras películas. Y aunque encontramos aquí composiciones ya conocidas como El contrato del dibujante (Peter Greenaway, 1982), El piano (Jane Campion, 1992) o The libertine (Laurence Dunmore, 2005), ciertamente parecen las más adecuadas para retratar la frenética trayectoria y la oscura vida del diseñador inglés. La música está omnipresente a lo largo del documental, otorgando una motivación rítmica a la historia que resulta perfecta para abordar la compleja personalidad de Alexander McQueen. Casi como único elemento original, entre los temas que componen los 2 CD de esta banda sonora se encuentra la publicación de "Dealing for the Sarabande", un encargo que hizo Alexander McQueen en 2006 a Michael Nyman para uno de sus desfiles, inédito hasta la fecha.

Hereditary - Colin Stetson
Milan Records  8 / 6 / 2018

En los últimos años se está produciendo una interesante incorporación de nuevos músicos al cine, muchos de ellos provenientes de otras disciplinas, y que están aportando ideas novedosas y diferentes al panorama de las bandas sonoras. Uno de los últimos en llegar es Colin Stetson, saxofonista y compositor, del que conocemos especialmente sus colaboraciones con Arcade Fire, pero que ha desarrollado una más que notable carrera en solitario. Destacamos entre ella su revisión de la popular Sinfonía Nº 3 de Henryk Górecki en el apabullante album Sorrow-a remaigning of Gorecki's 3rd symphony (2016, 52Hz). Ahora, para la espléndida muestra de terror psicológico Hereditary (Ari Aster, 2018), Colin Stetson realiza, no su primera incursión en el cine, pero sí al menos en una película producida por un gran estudio de Hollywood. La elección del músico ya indica que la intención del director era la de transgredir el sonido característico del género de terror. Y ciertamente, no es Hereditary una película que recurra a los habituales golpes de efecto musicales, sino que, desde el punto de vista sonoro, prefiere jugar con la ambientación y ese segundo plano que contiene casi tanta información como lo que vemos directamente en pantalla. En este sentido, Colin Stetson consigue crear una oscura partitura en la que introduce sus particulares experimentaciones sonoras ("Mourning"), dando a la película una envoltura lúgubre ahonda en el complejo entramado psicológico de la historia. Su bagaje en la composición de música polifónica y su magistral uso del saxofón alto y bajo para crear sonidos casi de otros mundos están muy presentes en pasajes como "Aftermath", de aire pesallidesco, pero no es casual que su habitual sonido aparezca justo en ese controvertido final, "Reborn", quizás el momento más revelador de la música autónoma que viene desarrollando este compositor. 

The man who killed Don Quixote - Roque Baños
Meliam Records  11 / 6 / 2018

Presentada en el pasado Festival de Cannes, la aventura cinematográfica que Terry Gilliam ha vivido durante casi 20 años ha acabado siendo un producto irregular y algo caótico, pero representativo de un sueño que al final el director pudo convertir en realidad, y al final en una especie de traslación a la realidad del empeño de un soñador por encontrar su particular camino hacia la gloria. Lo que ha permanecido durante todo este largo proceso es la intención de Terry Gilliam de que fuera un compositor español quien pusiera música a su película. Y no cabe duda que, en la actualidad, Roque Baños es uno de los músicos más capacitados para abordar un proyecto tan complejo. Y sin duda consigue una de las bandas sonoras más elaboradas para una película de Terry Gilliam. Desde el principio, en ese magnífico "I am Don Quixote", Roque Baños nos muestra los resortes de su trabajo: un breve pasaje romántico como tema principal, la incorporación de un coro masculino que aporta sobriedad, la aparición de la guitarra española como elemento de cohesión y una cierta épica de acción que también tendrá una importancia clara a lo largo de la banda sonora. Estos ingredientes irán conformando un sólido trabajo en el que no predominará ninguno de ellos, sino que se irán conjuntando en pasajes inteligentemente creados. Así, Roque Baños incorpora incluso sonidos electrónicos en temas de acción como "Boss's wife", o se permite experimentar con instrumentaciones poco habituales que aportan un sonido insólito en pasajes como "Quixote vive!". Roque Baños demuestra en esta banda sonora su ecléctica capacidad para adaptarse a todo tipo de géneros, bien sea creando hermosos pasajes a lo Shostakovich como en "Waltz in the Castle" o mostrando su vena romántica en hermosos temas como "Angelica's love", o en ese arrebatador "A slap dance and kiss", en el que encontramos la versión más épico del tema principal. Ese eclecticismo que le hace pasar de la comedia a la acción, del suspense al romanticismo, imbricado todo por ello por la música tradicional española y ciertas sonoridades arábigas convierten a éste en uno de los mejores trabajos realizados por Roque Baños en los últimos años. 


Children of the Snow Land - Chris Roe
Trackstone Records  15 / 6 / 2018

Ganador del Premio al Mejor Documental en el London Independent Film Festival, Children of the Snow Land (Zara Balfour, Marcus Stephenson, 2018) cuenta la historia de un grupo de adolescentes que nacieron en las montañas de Nepal pero fueron llevados desde pequeños a la escuela Snow Land para acceder a la educación que en sus poblados no existe. Tras 10 años sin ver a sus padres, regresan ya formados a sus hogares y se reencuentran con sus padres y familiares. Se trata de una película emotiva que acompaña a estos jóvenes en un largo viaje hasta el encuentro final. Este viaje, físico y emocional, es subrayado con talento por el joven compositor inglés Chris Roe, que aporta una banda sonora de melódica construcción, pero sin caer en el tono meloso que se podría esperar. Al contrario, hay una cierta cadencia sonora que mantiene un equilibrio a lo largo de todo el trabajo, habitualmente en un tono más contemplativo, como si la mirada del compositor quisiera reflejar reflejar las emociones de una forma modesta. Solo en algunos pasajes, como "United by survival",  con la colaboración del músico nepalí Amrit Gandhari, la música explosiona en diferentes tonalidades. El hermoso trabajo de Chris Roe se apoya especialmente en dos instrumentos: el bansuri, una flauta de bambú que interpreta Jenny Hogan, y que aporta el sonido que nos sitúa en las altas montañas de Nepal, y el harpa, especialmente notable en "Letting go for love", que aporta ese tono apacible que conforma buena parte de la banda sonora, aquí interpretada por Olivia Jageurs. Pero hay que mencionar especialmente el tema "A bright future", grandioso en la conjunción del piano, el bansuri y el sarangi, el violín nepalí. 

Mi querida cofradía - Javier Rodero
Independent  28 / 6 / 2018

Javier Rodero es un compositor acostumbrado lidiar con la comedia, en excelentes trabajos como Anacleto: Agente secreto (Javier Ruiz Caldera, 2015) o la serie Mira lo que has hecho (Movistar +, 2018-). Su capacidad para crear pasajes melódicos que contienen una cierta sorna parece la más adecuada para esta comedia de humor negro que obtuvo el Premio del Público y el de Mejor Actriz de Reparto en el pasado Festival de Málaga. Mi querida cofradía (Marta Díaz de Lope Díaz, 2018) es una comedia costumbrista con tintes de thriller que pone en solfa algunos aspectos especialmente tradicionales de la tradición religiosa en España. En este sentido, Javier Rodero elabora una banda sonora que circula por dos ámbitos diferentes, pero bien conexionados. Por un lado, la incursión en la música tradicional española, con temas como "Carmen" o "No hay mancha que se la resista" que toman como base este sonido folclórico para introducirnos en el ambiente de Semana Santa en el que se desarrolla la historia. Por otro lado, y conforme avanza la película, el tono va inclinándose más hacia el humor negro, y ahí aborda el compositor una gama más lúgubre, pero manteniendo el aire cómico, en pasajes logrados como "Pesa como un muerto" o "María". Javier Rodero consigue equilibrar estos dos elementos que refuerzan una banda sonora precisa en su contenido y, aunque en algún momento cae en cierta reiteración, bien ejecutada en su conjunto.  


Calibre - Anne Nikitin
MovieScore Media  29 / 6 / 2018

Este potente thriller estrenado esta semana en Netflix, y que algunos han comparado con Deliverance (John Boorman, 1972), cuenta con una solvente música de la compositora canadiense Anne Nikitin. De ella hemos escuchado buenos trabajos como The imposter (Bart Layton, 2012), director con el que ha vuelto a colaborar este año en American animals (Bart Layton, 2018), otra banda sonora destacable. Pero nos parece especialmente interesante su aportación, contenida pero no menos elaborada para Calibre (Matt Palmer, 2018), en la que introduce sencillas instrumentaciones para ir construyendo, como ocurre en la propia historia, una narración cada vez más claustrofóbica. La banda sonora tiene un cierto aire de desolación, en la que Anne Nikitin, con el uso de un violín solista, describe la soledad del bosque en el que se desarrollan los hechos más importantes, en temas como "Calibre", que además conecta a través de los violines con ese espacio casi primario que se intuye en el pequeño pueblo en el tiene lugar la historia. La introducción de los instrumentos de viento y algunos sonidos vocales, como en "They've got the other one", acaba creando una atmósfera cada ves más opresiva, hasta llegar a temas como "Confession", que contienen los pasajes más oscuros de la banda sonora. Anne Nikitin, que suele afirmar que la primera vez que prestó atención a la música de cine fue cuando vio la película El piano (Jane Campion, 1992), consigue crear uno de los trabajos más asfixiantes y al mismo tiempo fascinantes de este año. 



26 junio, 2018

Max Richter: Las músicas flexibles

En el año 2004, un compositor conocido aún escasamente, Max Richter, publicó el álbum The Blue Notebooks (2004, FatCat Records). Aunque ciertamente este músico británico nacido en Alemania ya había conseguido un buen recibimiento con su primer disco en solitario, Memoryhouse (2002, FatCat Records), contando nada menos que con la BBC Symphony Orchestra, el impacto que produjo The Blue Notebooks fue destacado en un momento en el que la fusión entre música electrónica y los sonidos orquestales aún no había sufrido el despegue que ahora conocemos. Ahora, 15 años después, Max Richter ha vuelto a grabar el disco completo y ha introducido algunos temas y remezclas nuevas que componen una interesante revisión de un disco elaborado en un contexto social y político que marcaría la futura cohesión mundial con la huella de la mentira y la hipocresía.

The Blue Notebooks nació como respuesta a los acontecimientos que en 2003 desembocarían en la invasión norteamericana de Irak, apoyada (y aplaudida) por el resto del mundo occidental. Conceptualmente, toma su título de los Cuadernos en octava de Franz Kafka (1883-1924), una serie de reflexiones escritas por el filósofo alemán entre 1917 y 1919 que no se publicaron como obra completa hasta muchos años después. Algunos fragmentos, leídos por la actriz Tilda Swinton, aparecen a lo largo del album marcando una línea temática en la que también están presentes algunos poemas del poeta ruso Czeslaw Milosz (1911-2004).

Ciertamente, en este album no parece haber una intención de romper formalmente con la creación musical, más bien está marcado por una concepción tradicional de la composición, marcada más por los autores clásicos que por los aparentemente influyentes músicos contemporáneos, como Philip Glass, con los que se le ha comparado en ocasiones. En The Blue Notebooks predominan los pasajes melódicos más que la transgresión, estructurados en dos partes bien definidas: suites, habitualmente orquestales, mezcladas con algunos interludios, principalmente interpretados por el piano.

Entre las primeras, ha tenido especial trascendencia "On the nature of daylight", melancólica composición que contiene sin embargo una cierta luminosidad, y que ha trascendido su propio contexto para convertirse en pieza clave de algunas películas. Sin embargo, no es la composición más compleja de las que encontramos en el disco. Resulta más elaborada "Shadow journal", perfecta suite que introduce una base electrónica permanente para ir incorporando la melodía a través de una solitaria viola, mientras mantiene una cierta cadencia misteriosa que resulta hipnótica. Es el tema más claramente político del disco, nacido de la sensación de impotencia que Max Richter tenía frente a la violencia de la guerra. El fragmento de un poema de Czeslaw Milosz que suena en la voz de Tilda Swinton habla de la destrucción de las ciudades.

Más esperanzadora es la pieza "The trees", sostenida sobre piano y cuarteto de cuerda, que posiblemente es uno de los momentos más luminosos de un disco que transmite en general una sensación triste, y supone, como penúltimo tema, una conclusión con cierto aire épico.

La capacidad melódica de Max Richter se vislumbra especialmente en sus composiciones más breves, en general para piano, en las que consigue crear auténticas gemas musicales en menos de dos minutos. Así ocurre con el bien conocido "Vladimir's blues", que luego sería parte fundamental de la ambientación musical de la serie The leftovers (HBO, 2014-2017). El Vladimir del título se refiere al escritor Vladimir Nabokov (1899-1977), y hace referencia a una de sus principales aficiones, las mariposas. Hay en la pieza algunas referencias tonales a las composiciones para piano de Frédéric Chopin (1810-1849).

Siguiendo la estructura de "On the nature daylight", la pieza final "Written in the sky" propone una vuelta al principio, marcando un cierre completo del album. Esta referencia estructural, marcada por una melodía de nuevo arrebatadora, refleja el intenso trabajo realizado por Max Richter antes de la publicación del disco. Y nos devuelve precisamente a esa composición que, como decíamos antes, ha acabado trascendiendo su propio contexto.

Como músico de cine, Max Richter se dio a conocer especialmente tras su trabajo en el documental de animación Vals con Bashir (Ari Folman, 2008), para el que precisamente utilizó algunos temas del album The Blue Notebooks. Pero, al margen de sus excelentes trabajos para series y películas, comenzó a darse a conocer gracias a la utilización de "On the nature daylight" en filmes de diversa procedencia. Esa finalidad melancólica le han hecho formar parte intrínseca de las imágenes creadas por directores como Marc Forster, Anne Fontaine o Martin Scorsese.

Una de las primeras películas que usó esta composición fue Más extraño que la ficción (Marc Forster, 2006), una excelente historia sobre el mundo de la creación protagonizada por Will Ferrell, Emma Thompson y Dustin Hoffman.



Otros títulos como los franceses Conexión Marsella (Cédric Jiménez, 2014) o Las inocentes (Anne Fontaine, 2016) han utilizado esta pieza, pero es en dos películas especialmente donde su imbricación ha sido total.

Para Shutter island (Martin Scorsese, 2010), el supervisor musical Robbie Robertson decidió utilizar "On the nature daylight" como parte fundamental de la historia. Músico también, Robbie Robertson ha sido colaborador de Martin Scorsese desde que trabajaron juntos en El último vals (Martin Scorsese, 1978), y es el responsable de la magnífica selección musical de casi todas sus películas posteriores. El excelente gusto musical de Robbie Robertson le llevó a realizar un experimento que acabó siendo certero y exquisito: realizar un smash-up de la canción "This bitter Earth" extrayendo la voz de Dinah Washington e incorporándola a la pieza compuesta por Max Richter, dando lugar a uno de los más hermosos (y fantasmagóricos) fragmentos musicales que hemos escuchando en mucho tiempo. Tal fue su acierto que el propio Max Richter ha querido introducir esta versión en la última edición del álbum The Blue Notebooks.




Por su parte, La llegada (Denis Villeneuve, 2016) incorpora "On the nature daylight" al comienzo y al final de la película, y se convierte también en una pieza clave de la película, no solo desde el punto de vista temático, sino también como elemento indispensable para darle esa estructura cerrada que tiene. Tan es así, que fue la razón esgrimida por la Academia de Hollywood para eliminar la candidatura al Oscar del trabajo realizado por el compositor Jóhan Jóhannsson, en una decisión polémica y ciertamente injusta.




La nueva edición de The Blue Notebooks incorpora, en el segundo CD de la edición física, algunas novedades. Entre ellas, una nueva pieza de piano que completa en cierta manera esos interludios marcados en el disco original. "A catalogue of afternoons", en todo caso, parece más un requerimiento de la compañía discográfica que una composición realmente personal, y sirve solo, en su, como siempre, elegante ejecución, como una especie de introducción de las novedades que completan esta publicación. Entre ellas, dos versiones de "On the nature daylight": una interpretada por una orquesta completa, y la versión "On the nature daylight (Entropy)", que devuelve el concepto original de la pieza para cuarteto de cuerda.

Entre las últimas puestas en escena que esta composición ha inspirado se encuentra un videoclip que sirve como promoción de esta edición de The Blue Notebooks por sus 15 años de existencia. Dirigido por George Belfield, tiene como protagonista a la actriz Elisabeth Moss, que confesaba recientemente inspirarse habitualmente en esta pieza de Max Richter para incorporar a sus personajes, entre ellas ese intenso trabajo emocional que lleva a cabo en la espléndida serie The handmaid's tale (Hulu, 2017-), cuya segunda temporada está a punto de concluir. Se trata de un videoclip sencillo que quizás consigue capturar más la superficie que la profundidad emocional de la pieza, en el que la cámara sigue a Elisabeth Moss a lo largo de una larga caminata tras recibir una noticia por teléfono, y que acaba en una catarsis afectiva. En cierto modo, parece inspirarse en el videoclip de Radiohead para la canción "Daydreaming", en el que seguíamos a Thom Yorke mientras caminaba por distintos espacios. Pero si en aquel caso existía una profunda carga simbólica y de introspección vital (esas 23 puertas que cruza el músico que simbolizan sus 23 años de matrimonio), aquí encontramos menos intensidad pero no por ello resulta menos emocionante, especialmente gracias a esa sensación de sufrimiento que sabe transmitir la actriz norteamericana.



La edición 2018 de The Blue Notebooks se nos propone como un acercamiento algo más reflexivo y sosegado a las composiciones que creó Max Richter hace 15 años. Si entonces solo tuvo tres horas para grabar todo el álbum, como él mismo ha contado en algunas ocasiones, ahora encontramos una interpretación más compleja, en algunos casos. Cierto es que las mezclas añadidas para justificar una edición más extensa, no aportan grandes novedades ni hallazgos especialmente interesantes. Y quizás hubiera sido más acertado reeditar el álbum tal como se publicó en su momento. Pero al menos tenemos la oportunidad de regresar a uno de los discos más apasionantes de los últimos años. 


The Blue Notebooks (15 years)
Max Richter
Deutsche Grammophon
Ed. Digital: 11 / 5 / 2018
Ed. 2 CD/2LP: 2 / 7 / 2018

12 junio, 2018

Oslo Pix Film Festival 2018 - Camino de la madurez


En este extraño verano en el que las temperaturas son más altas en los países escandinavos que en el Sur de Europa, es interesante encontrar una cita cinematográfica queá nos permita disfrutar de ese otro Oslo que, para muchos resulta inédito. Acostumbrados a las estampas invernales, es más que recomendable acercarse a la capital de Noruega cuando los rayos del sol la iluminan, aunque habitualmente sea durante poco tiempo (no es el caso de este año, cuya primavera "veraniega" se está extendiendo más de lo que los propios noruegos están acostumbrados). Porque, entre todas las capitales nórdicas, Oslo es especialmente una ciudad que vive la calle, los parques y sus hermosos fiordos a pleno rendimiento. Y no son pocas las actividades callejeras que se desarrollan a lo largo de estas semanas, ofreciendo un aspecto diferente para una ciudad como ésta, muy parecida a la de los veranos españoles. Porque, al fin y al cabo, aunque las temperaturas sean altas, hay casi siempre una leve brisa que permite disfrutar al aire libre sin caer desfallecido por la deshidratación.

Oslo Pix Film Festival es una muestra cinematográfica que aprovecha este mes de junio (antes de ese julio que muchos noruegos se toman como vacaciones) para desarrollar sus actividades. Se trata de un festival muy joven, que este año llega a su segunda edición, y en ese sentido quizás le falta algo de definición. Pero, al hilo de lo que mencionábamos antes, la idea de convertir toda una calle principal de Oslo en la "festivalgata" (la calle del festival), con numerosas actividades, proyecciones al aire libre y zonas para descansar, es todo un acierto. Y resulta una forma muy acertada de acercar el festival a su público potencial, aquel que pasea entre la calle principal de Oslo, Karl Johans gate, y el paseo de Aker Brygge, siempre repleto de turistas y de zonas de ocio y restauración.

Oslo Pix Festival, al contrario que sus hermanos, Film Fra Sør (del que ya hablamos en un anterior post) y la Semana de Cine Árabe, de los mismos organizadores, se presenta como una muestra más abierta temáticamente y con cierta ambición de encontrar su sitio como el principal festival de cine de la ciudad. De esta forma, su programación ofrece una amplia variedad de películas internacionales de ficción y documental, así como alguna retrospectiva interesante. Y también contempla ciertas concesiones al cine más popular con estrenos nacionales de películas de próximo estreno, como Ocean's 8 (Gary Ross, 2018), Love, Simon (Greg Berlanti, 2018) o Hereditary (Ari Aster, 2018), que quizás serían más justificables si al menos las distribuidoras hicieran el esfuerzo por invitar a algunos de sus protagonistas. Entre ellas, Con amor, Simon es una de las propuestas más interesantes, comedia estudiantil que homenajea con acierto a las películas de instituto de los años ochenta, y que afronta con buen sentido del humor un planteamiento singular sobre lo difícil que puede seguir resultando en la actualidad salir del armario para un joven. Especialmente por el trabajo de su actor protagonista, Nick Robinson, y un guión con grandes hallazgos, 

Por su parte, Hereditary viene precedida por las buenas críticas obtenidas en su pase en el pasado Festival de Sundance. Y ciertamente es una nueva muestra de terror que va más allá de la simple sucesión de sustos, para elaborar una atmósfera que nos va introduciendo en una historia en la que los personajes tienen más fondo psicológico de lo habitual. El debut del cortometrajista Ari Aster supone sin duda uno de los alicientes de la película, con un trabajo de dirección que resulta absorbente e inteligente, y un trabajo de Toni Collette que merecería atención en las listas de premios cinematográficos del año.

La retrospectiva del festival ha estado dedicada al director norteamericano Alex Ross Perry, guionista y realizador de títulos que están entre la pretenciosidad y la excelencia. De su aún breve carrera se han proyectado sus tres títulos más representativos, el controvertido Listen up Philip (Alex Ross Perry, 2014), comedia algo relamida que se ahoga en un guión pomposo, la excelente Queen of Earth (Alex Ross Perry, 2015), estudio de personajes envuelto en formato de thriller que hasta el momento es la mejor película de su director y guionista; y finalmente el estreno de Golden exits (Alex Ross Perry, 2018), que, a través de dos mujeres que sospechan de la infidelidad de sus maridos, pretende elaborar una composición de personajes complejos, pero se queda en una propuesta discursiva en la que los caracteres principales no parar de hablar sin decir cosas que realmente nos interesen.

La presencia española en el festival ha sido corta e irregular. Destaca especialmente el estreno de El silencio de los otros (Robert Bahar, Almudena Carracedo, 2018), documental realizado entre Estados Unidos (donde residen sus directores) y España, con la producción de Pedro Almodóvar, que aborda la temática de la recuperación de los familiares desaparecidos en fosas comunes durante la posguerra española. Ganadora del Premio del Público en la Sección Panorama de la pasada Berlinale, aunque ciertamente el tratamiento de dirección no aporta grandes hallazgos y resulta algo convencional, la película sin embargo contiene momentos de gran emoción gracias a esas personas que llevan años luchando por recuperar los cadáveres de sus familiares. El director, Robert Bahar, estuvo presente en el festival y participó en un interesante debate en el que pudimos comprobar el interés fuera de nuestro país por una tema que no es demasiado conocido, y la incomprensión que, desde fuera, se tiene hacia la actitud de los diferentes gobiernos de la democracia, que aún no han realizado el esfuerzo necesario por que se recupere la memoria de los desaparecidos.

También han estado presentes dos películas ya estrenadas en España, Estiu 1993 (Carla Simón, 2017), excelente elección por parte de los programadores de la que es sin duda una de las mejores películas españolas del año pasado; y Júlia ist (Elena Martín, 2017), irregular propuesta que no termina de transmitir ese ambiente que protagonizan los jóvenes españoles que viajan a otros países con el programa ERASMUS, y que resulta algo artificial en su retrato de la vida estudiantil en una ciudad extranjera, en este caso Berlín.

La inmigración ha estado muy presente en Oslo Pix 2018. Entre otros retratos de la misma, destacamos Styx (Wolfgang Fischer, 2018), una película de tono minimalista en la que el director nos introduce, prácticamente sin palabras, en el drama de la inmigración, cuando la protagonista, que viaja sola en un yate cuando se encuentra una patera llena de refugiados y consigue rescatar a uno de ellos. Ganadora del Premio Ecuménico de la Sección Panorama de la pasada Berlinale, Styx consigue convertir en claustrofóbico un espacio tan amplio y abierto como el océano, y el director utiliza una planificación cuidada y un diseño de sonido absorbente para introducirnos en un drama presente en las costas europeas. Por su parte, Une saison en France (Mahamat-Saleh Haroun, 2017) se acerca a la inmigración ya asentada en Europa, a través de la dramática historia de un hombre que trata de conseguir el status de refugiado en Francia. El director no hace concesiones, y aquí no encontramos finales felices ni miradas de esperanza, sino una visión dura y deprimente de un París poco acogedor, sucio, triste y xenófobo. 

París también está presente en otros títulos que han pasado por el festival, con una notable presencia de títulos franceses. Pero el retrato es más optimista en Jeune femme (Leonor Serraille, 2017), ganadora de la Cámara de Oro en el Festival de Cannes del pasado año, y nominada a dos Premios César. También conocida como Montparnasse Bienvenue, la historia se sostiene en torno a una protagonista que es un auténtico torrente de personalidad, aunque con tendencia a contar mentiras sobre su vida (excelente interpretación de Laetitia Dosch, que de hecho consiguió el Premio a Mejor Actriz en la pasada SEMINCI de Valladolid), y que regresa a París, una ciudad en la que su desbordante mirada optimista parece encontrar su mejor acomodo. La directora coloca la cámara siempre cerca de la protagonista, consciente de que es su magnetismo el que consigue atrapar al espectador. También encontramos una interesante mirada femenina en Ava (Lea Mysius, 2017), que también compitió en el Festival de Cannes y ha estado en los premios César. En este caso, la protagonista es una adolescente de 13 años cuya visión se está degradando y que tiene precisamente una particular concepción de las personas y el mundo que la rodea. Rebelde e inconsciente, pero también enamoradiza y pragmática, Ava nos ofrece un retrato peculiar de la juventud gracias a una película fresca, divertida, algo alocada y muy seductora. 

La programación de Oslo Pix 2018 quizás adolece de cierta falta de definición, como decíamos antes, probablemente porque intenta encontrar acomodo en todo tipo de público. Y ciertamente Oslo, a pesar de ser una capital relativamente pequeña, acoge con singular interés todo tipo de propuestas culturales. Algunos títulos presentes en el festival son particularmente arriesgados por su concepción formal o narrativa, y por tanto, controvertidos de cara a unos espectadores que quizás deben encontrar una mirada diferente. Es el caso de Laissez bronzer les cadavres (Helène Cattet, Bruno Forzani, 2017), una producción belga que homenajea al spaghetti western con un planteamiento formal impactante e hipnótico. Ciertamente casi no hay ninguna historia que contar, puesto que buena parte de la película se centra en un tiroteo que a los directores les sirve para construir su propio lenguaje cinematográfico, que bebe de diversos géneros y encuentra, si el espectador está dispuesto a entrar en el juego, sus mejores recursos en la visión poliédrica de una matanza sangrienta. Por su parte, November (Rainer Sarnet, 2017), es una de las producciones de género fantástico más singulares de este año. Rodada con una espléndida fotografía en blanco y negro que le valió el Premio del Jurado en el Festival de Tribeca, a veces no sabes bien si están viendo un cuento o una propuesta experimental, pero ciertamente resulta difícil abstraerse del poder hipnótico que tiene esta historia que se desarrolla en un pequeño poblado donde la magia negra está presente en cada rincón. Tiene en ese sentido algunas similitudes formales con The witch (Robert Eggers, 2015), pero no es tanto un relato de terror como una narración que ahonda en las tradiciones más oscuras del Este de Europa. 

También el género fantástico bucea la producción norteamericana The endless (Justin Benson, Aaron Moorhead, 2017) una curiosa propuesta que protagonizan los propios directores, al margen de encargarse del montaje, el guión y la producción, que en este caso nos transporta a una aparentemente inofensiva comuna de culto para adentrarse poco a poco en una especie de universo paralelo en el que el tiempo y el espacio no funcionan tal como los concebimos. A pesar de su evidente factura de cine independiente, El infinito tiene, en su concepción formal y también en el uso de un certero sentido del humor, con el que los directores dejan claro que estamos ante un relato de puro entretenimiento, sus principales alicientes, a pesar de que la resolución no termine de ser suficientemente satisfactoria. 


Para terminar nuestro repaso a parte de la programación de Oslo Pix Film Festival, tenemos que recomendar dos películas. La producción búlgara Ága (Milko Lazarov, 2018), que en cierto modo homenajea a aquel clásico Nanuk, el esquimal (Robert J. Flaherty, 1922), a través del seguimiento a una pareja de esquimales en su largo trayecto por las frías estepas del Norte. Mientras su hija a desarrollado una vida más cosmopolita, esta pareja mantiene las tradiciones ancestrales de caza y migración. A pesar de apenas contar con diálogos, la película está rodada con singular pericia, logrando imbuirnos de los espectaculares paisajes blancos de la estepa mongol, pero al mismo tiempo acercando  la cámara a estos rostros marcados por la supervivencia y el paso del tiempo. Y contiene uno de los finales más emocionantes que hemos visto en muchos años. Por su parte, la producción suiza The divine order (Petra Biondina Volpe, 2017), que fue seleccionada por su país para representarle en los Oscar de este año, aunque no logró nominación, se centra en la lucha de las mujeres suizas por conseguir el voto a principios de los años setenta. Ciertamente es una película tradicional en su concepción formal y narrativa, pero está contada con buen pulso y resulta atractiva en todo momento. 


La gran vencedora de Oslo Pix Film Festival 2018 ha sido la producción norteamericana The tale (Jennifer Fox, 2018), que ha conseguido el Gran Premio del Jurado y el Premio del Público. Se trata de una dura historia producida por HBO en torno a los abusos sexuales en la infancia, y está protagonizada de hecho por Laura Dern, convertida en los últimos meses en uno de los rostros más visibles del movimiento #metoo, que denuncia los abusos sexuales sufridos por mujeres en la industria de Hollywood. Cuenta además con el impactante trasfondo de ser una historia que la propia directora vivió realmente, y la propia Jennifer Fox estuvo en el festival para tener un encuentro con los espectadores. La toma de consciencia que adquiere una mujer madura de los abusos que sufrió en su infancia es el detonante de una historia en la que, en forma de thriller, irá tratando de descubrir qué sabían quienes la rodeaban en ese momento y, sobre todo, por qué no hicieron nada para impedirlo. En este sentido, la película resulta conmovedora en su tratamiento de esta especie de negación del relato, pero al mismo tiempo ofrece una mirada que, para nosotros, resulta algo distante, especialmente por la forma escogida por la directora de contarla. En algunos momentos se convierte en una especie de documental (la propia protagonista es directora de documentales y profesora de cine), que, al margen de algunos momentos especialmente dolorosos, convierte al relato en una revisión algo desangelado de una historia que, suponemos, debería remover nuestro interior y plantearnos preguntas. En este sentido, The tale tiene mayores pretensiones que logros, lo que no le resta impacto emocional en algunos momentos. 


PREMIOS

Oslo Grand Prix Internacional
The tale, Jennifer Fox

Grand Pix Ficción Nórdica
Amatører, Gabriel Pichler

Grand Pix Documental Nórdico
The distant barking of dogs, Simon Lereng Wilmont

Premio del Público
The tale, Jennifer Fox





Ocean's 8, Love, Simon y Hereditary se estrenan el 22 de junio
El infinito (The endless) se edita en DVD el 27 de junio

Golden exits y Júlia ist se pueden ver en Movistar +
Estiu 1993 se puede ver en Filmin
The tale se puede ver en HBO España