03 junio, 2022

FCAT 2022 - Parte 1: La historia construye el presente



El 19 Festival de Cine Africano. FCAT se desarrolla desde el 27 de mayo hasta el 5 de junio en una edición que se define como híbrida, aunque en formato digital, a través de la plataforma Filmin, incluye más o menos la mitad de su programación. El festival está compuesto por la secciones oficiales a competición Hipermetropía y En breve, y las secciones paralelas Afroscope, Miradas españolas y Entre la tinta y la pantalla, además de Sesiones Especiales y una retrospectiva dedicada a la directora de documentales egipcia Atteyat al-Abnoudy. Organizado por la Asociación Cultural Al-Tarab, que tiene su sede en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla, incluye dentro de sus actividades de difusión de la cultura africana en España este festival de cine que se ha ido consolidando en sus ediciones presenciales en tarifa y Tánger, ofreciendo una visión amplia de la producción cinematográfica africana, y contando entre los miembros del jurado con el director Lemohang Jeremiah Mosese, que ha puesto a su pequeño país Lesoto en el punto de mira de los festivales internacionales, sobre todo gracias a su obra maestra This is not a burial, it's a resurrection (2019). Nuestras crónicas del FCAT 2022 se centran principalmente en las películas que pueden visionarse de forma digital, y que por tanto cuentan con un acceso más amplio para los interesados en el cine africano 

HIPERMETROPÍA

Ganador del Premio Especial del Jurado en Sheffield Doc Fest 2021, se estrena en España el documental portugués Constelações do Equador (Silas Tiny, 2020), que realiza una retrospectiva precisa de la crisis política desatada en 1967, cuando el Coronel Chukwemeka Odumegwu Ojukwu declaró la independencia del estado de Biafra de Nigeria, lo que provocó una respuesta contundente por parte del gobierno nigeriano, encabezado por Yakubu Gowon. El conflicto duró tres años y acabó con la vida de al menos 1 millón de personas, muchos de ellos a causa del hambre provocado por el bloqueo económico al que fue sometido el declarado nuevo país, y más tarde por la ocupación de las tropas y el exterminio en represalia por la rebeldía. La película está coproducida por Portugal y Santo Tomé y Príncipe, una pequeña nación insular (por entonces colonia portuguesa) que se convirtió en el origen del puente humanitario creado por la Joint Churches Ad (Ayuda Conjunta de las Iglesias), una organización religiosa que fletó dos aviones que, en peligrosos vuelos nocturnos, llevaban suministros y productos básicos a la región de Biafra, y participaron también en la evacuación de niños.


En Constelações do Equador el director Silas Tiny (1982, Santo Tomé y Príncipe), nacido cinco años después de que terminara la guerra de Biafra, realiza una bellísima y profunda incursión en la memoria a través de los recuerdos que han quedado de aquellos años. De hecho, los restos de los aviones que fueron utilizados para ese puente humanitario permanecen en el aeropuerto de Santo Tomás y Príncipe, como reductos sin el reconocimiento merecido de esta acción civil en ayuda a las víctimas del bloqueo. La mirada de Silas Tiny también se detiene en las fichas de los niños que fueron acogidos en su país, en las que se describen los traumas psicológicos que sufrieron muchos de ellos, captados originariamente para formar parte de las tropas militares de Biafra. Más que las propias entrevistas, la fuerza del documental radica en esas imágenes, en esa atmósfera opresiva que las acompaña, en las grabaciones de un reportaje de radio que entrevistó a los niños. 

Ellos son los protagonistas de la primera parte del documental, la más interesante, la más conmovedora sin necesidad de utilizar recursos dramáticos, mientras que posteriormente se realiza un relato de los hechos políticos y de la ayuda humanitaria, que cuentan dos pilotos que participaron en ella, y que también se apoya en fotografías de archivo de las acciones de rescate y de la evacuación de los niños. Los restos de los aviones, como esqueletos de la memoria, se muestran en su estado de abandono. El director tiene una singular capacidad para crear una narrativa clara que resulta emocionante, pero que al mismo tiempo es claramente informativa en torno a los hechos. Quizás por eso resulta decepcionante la utilización de una entrevista a un ex-soldado de la república de Biafra que narra su experiencia y su condición de testigo de la muerte de su hermano y la mutilación de su madre. Es una terrorífica descripción de la guerra, pero hasta ese momento Silas Tiny había conseguido provocar nuestra reflexión sin recurrir al drama explícito. No obstante, Constelações do Equador queda como uno de los documentales más escalofriantes que hemos visto recientemente. El presidente de Nigeria, Yakubu Gowon, declaró al final de la guerra que no había "ni vencedores ni vencidos". Pero quedó la huella del millón de personas asesinadas o muertas bajo sus órdenes. 

También llega como estreno español el documental ganador del Premio a la Mejor Ópera Prima y el Premio Espérance en el Festival de Marsella, In the billowing night (Erika Etangsalé, 2021), que también formó parte de la programación de IDFA 2021 y Visions du Réel 2022. Se trata de una reflexiva y atmosférica incursión en la identidad de la directora, que nace de unos sueños extraños que descubre que comparte con su padre Jean-René. Esta coincidencia lleva a Erika Etangsalé (1983, Francia) a explorar el origen de la familia paterna en Isla Reunión, situada al este de Madagascar, y de la que Jean-René partió con destino a París, en una especie de singular proceso de emigración que surgió en los años sesenta de la denominada Oficina para el desarrollo de las migraciones en los departamentos de Ultramar, que inició el proyecto BUMIDOM, que consistía en impulsar la emigración de jóvenes trabajadores a Francia porque el país necesitaba mano de obra. Pero casi todos ellos fueron a trabajar a la construcción y casi todas ellas a las enfermerías, en lo que algunos han calificado como una deportación obligatoria (entre 1962 y 1984 más de 2.000 niños fueron sacados de sus hogares y llevados a la Francia continental para repoblar las zonas rurales).


El padre de la directora es taciturno, callado en muchas ocasiones, y no ha compartido casi nada de sus orígenes con su hija Erika, nacida en la localidad de Mâcon, a pesar de que tanto ella como sus hermanas tienen los rasgos físicos de su padre, piel morena y ojos oscuros, y ninguno comparte los de su madre, una francesa rubia y con ojos azules. "Nadie creería que ella es mi madre", dice la directora en la narración. Poco a poco Jean-René cuenta detalles sobre lo que recuerda de su vida en Isla Reunión y también de la llegada a Francia cuando era un adolescente, y el trabajo duro en París, que en un principio era visto como una nueva oportunidad, pero que se fue transformando en una decepción. Erika Etangsalé intenta atravesar los silencios a través de su propia voz, que se mezcla con los recuerdos del padre, pero también con un profundo respeto hacia ese silencio que es, en cierta medida, un rasgo de tranquilidad. Y apunta algunos de sus recuerdos con imágenes de archivo en blanco y negro que muestran el ataque a las oficinas de BUMIDOM en 1968, en el que se reivindicaba la independencia de las Antillas.  

El hogar es mostrado por primera vez desde el exterior, y a través de la ventana vemos a la madre y el padre compartiendo un momento de relajación. Esta postura de respeto es una constante a lo largo de la película que establece sin embargo una conexión casi más espiritual que física. También hay una mirada desde el exterior cuando Jean-René y Erika conversan en una cafetería, el momento en el que la hija comienza a descubrir al padre. Hay una sutil estructura en la película que se manifiesta de una forma suave, entre los recuerdos, la neblina matinal de Mâcon, las imágenes de archivo que muestran la violencia, y las grabaciones caseras en color de Jean-René, que reflejan una vida aparentemente estabilizada. Pero el trauma del desarraigo que ha estado enterrado (hay dos entierros en la película) durante tanto tiempo, refleja también las consecuencias de la frustración de su desconexión con los orígenes. "Nuestro nombre, Étangsalé, era el nombre de una vieja plantación. Ahora es una playa, una ciudad. No es nuestro nombre real. Fue un nombre que nos impusieron. No sabemos de dónde provienen nuestros ancestros. Ni sus nombres", recuerda Jean-René en un momento de revelación de su no-identidad. 

El cine africano, y en especial el género documental, vive un momento especialmente dulce, con la presencia de numerosas películas en los festivales internacionales. Les voix croisés (Xaraasi Xane) (Raphaël Grisey, Bouba Touré, 2022) consiguió el premio Louis Marcorelle y el Premio de la Juventud en Cinéma du Réel 2022, y estuvo presente en la sección Markers de Hot Docs 2022. La película propone también un profundo recorrido histórico, en este caso por la emigración maliense y las reivindicaciones laborales de los inmigrantes. La colaboración entre el director Raphaël Grisey (1979, Francia) y el fotógrafo Bouba Touré (1948, Tafacirga, antiguo Sudán francés) ha supuesto un trabajo que funciona en una doble vertiente como relato histórico y como homenaje a este último, quien no pudo completar la película, porque falleció en enero de 2022. Bouba Touré formó parte de la ola de emigración africana que llegó a París en 1965, para trabajar en fábricas que requerían mano de obra barata. Pero las condiciones en las que vivían hacinados, los sueldos bajos y las horas de trabajo, que fueron documentadas por el activista a través de sus fotografías, provocaron las primeras protestas laborales de los inmigrantes, procedentes de las colonias africanas. En 1971 se fundó la Asociación Cultural de los Trabajadores Africanos en Francia (ACTAF) y a mediados de los setenta, un grupo de estos trabajadores decidió formarse como agricultores para regresar a Malí, donde crearon la cooperativa llamada Somankidi Coura en 1977. En ambas asociaciones se encontraba Bouba Touré como uno de sus principales impulsores. 

El documental utiliza el ingente material gráfico del activista para reconstruir estas diferentes etapas de la emigración y el regreso, elaborando un trabajo dinámico y complejo que mezcla las imágenes de archivo con rodaje actual, enlazado con el relato en off del propio Bouba Touré, que viene colaborando con Raphaël Grisey desde 2006 en una labor de archivo y documentación que tiene como objetivo la transmisión audiovisual de la historia, del que surgen el video Cooperative (Raphaël Grissey, 2008) y el cortometraje Bouba Touré, 58 rue Trousseau, Paris, France (Bouba Touré, 2008), en el que muestra su antiguo apartamento del Distrito 11 de París convertido en un archivo de fotografías y material de la época en la que fue inmigrante. Parte de ese documental se incluye en Les voix croisés, así como fragmentos de la película de ficción Safrana ou le droit à la parole (Sidney Sokhona, 1978), en la que Touré participó como actor. Hay por tanto un amplio material que es utilizado con inteligencia en un montaje complejo en el que no se sigue una narración lineal sino que mezcla las protestas de los trabajadores africanos en los años sesenta con las de los inmigrantes sin papeles en la actualidad, la creación de la cooperativa en los setenta y la situación de la inmigración en Francia. Pero hay una sorprendente cohesión en esta fusión de espacios temporales en la que se reflexiona sobre la dificultad de mantener una agricultura de subsistencia en África, que sigue siendo económicamente dependiente de los países occidentales, promotores de una agricultura industrial que socava las posibilidades de emancipación de los países africanos. Como afirma Bouba Touré en el documental: "La ayuda humanitaria es otra forma de colonización". 

AFROSCOPE

Uno de los fenómenos musicales más curiosos es el nacimiento de la denominada rumba congolesa, que en diciembre del año pasado fue incluida por la UNESCO en la lista del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y que surgió en los años cuarenta del siglo pasado, entre las dos ciudades que limitaban con el río Congo, Léopoldville (actual Kinshasa) y Brazzaville. La película The rumba kings (Alan Brain, 2021) entrevista a muchos de los músicos que participaron en el desarrollo de este estilo musical, que fusionaba los sonidos de la música cubana que traían los marineros que llegaban al puerto de Matadi, y que se difundía a través de las ediciones discográficas y la radio, una de las principales formas de evasión que tenían los congoleños explotados por la administración belga, que ejercía un control férreo. Pero la prohibición de bailar en la calle, por ejemplo, impulsó la creación de los primeros bares, lugares en los que se reunían los trabajadores al finalizar su jornada laboral y que acabó creando un espacio de libertad a través de la música. Las primeras canciones de rumba "imitaban" el idioma español, pero eran palabras inventadas por los músicos congoleños que no tenían sentido, pero que sonaban bien, hasta que lentamente se fue integrando la lengua original en las canciones, estableciendo una mezcla singular entre la cultura caribeña y la africana, siempre conectadas entre sí. 

El documental del director norteamericano-peruano Alan Brain, que actualmente reside en Marruecos, ofrece una narración lineal en torno al nacimiento de este estilo musical a través de entrevistas con numerosos músicos y de imágenes de archivo, con la música presente en todo momento. Es un acercamiento convencional sin embargo, y que a veces ofrece lecturas algo exageradas, como afirmar que la rumba congolesa contribuyó a la independencia de la República del Congo, pero consigue transmitir la resonancia de la música en el entorno social de la diáspora africana. Uno de los primeros éxitos internacionales de la rumba congolesa fue el álbum Marie-Louise (1999, Label Bleu), en el que el cantante Antoine Wendo Kolosoy introdujo como canción principal que daba título al disco un diálogo entre él y el guitarrista Henri Bowane en el que se hablaba sobre la forma de conquistar a una joven, introduciendo insinuaciones sexuales en la letra que molestaron tanto a las autoridades que acabaron expulsando a Papa Wendo de Léopoldville y la iglesia católica congoleña le excomulgó. En este disco se introdujo por primera vez el denominado sebene, un solo improvisado de guitarra eléctrica que servía como intermedio para que los bailarines exhibieran sus habilidades, y que se ha convertido en un elemento principal de la rumba congolesa. 

LA TERCERA RAÍZ

También la música está presente en Vals de Santo Domingo (Tatiana Fernández Geara, 2021), un documental que enfoca su mirada a la sociedad dominicana a través de tres adolescentes que estudian danza, y que es una de las películas presentes en esta sección dedicada a la afrodescendencia en Latinoamérica, este año más centrada en la República Dominicana. Raymundo, Ángel y Víctor, que tienen entre 12 y 14 años, se consideran bailarines profesionales, a pesar de los prejuicios sobre esta faceta artística que provoca el hecho de que sean los únicos miembros masculinos de la clase de danza. Esta hermosa película, con tonalidades poéticas, se beneficia de la simpatía de sus tres protagonistas, pero también de una forma sutil de conectar sus sueños con la sociedad dominicana, cuyo conservadurismo crea dificultades, como en el juego popular del palo encebado o cucaña con el que empieza el documental, para alcanzar el premio. De alguna manera, la danza se convierte en en un espacio de expresión personal, y las improvisaciones que plantea la profesora en una forma de encontrar las identidades personales. Representar las relaciones familiares a través de los movimientos muestra los entresijos de unas familias que apoyan el camino emprendido con mayor o menor interés. La identidad sexual también se representa cuando se les pide que cambien los roles masculino y femenino, lo que manifiesta después las bromas y los insultos que los tres han recibido cuando eran más jóvenes sobre su dedicación al baile. Ellos también están educados en esa sociedad patriarcal en la que el hombre es "el colchón de la mujer", como en la danza clásica, mientras que la danza contemporánea establece una posición más equilibrada entre mujeres y hombres. "A mi no me importa ser el colchón siempre que la mujer esté flaca", concluye Víctor. 

El "Vals de Santo Domingo" es una composición del maestro dominicano Bullumba Landestoy, que murió en 2018 a los 93 años, y que ha creado algunas de las piezas más bellas de la música de su país. En la hermosa banda sonora de la película esta composición está interpretada por el dúo de piano y clarinete de Laura Pimentel y Darleny González. En Vals de Santo Domingo, que logró una Mención Especial en el Festival de Guadalajara 2021, Tatiana Fernández Geara (1983, Santo Domingo) crea una intimidad especial con los tres protagonistas, que demuestran su pasión por la danza bailando en los ensayos, pero también en los recesos, expresando esa unión singular que ha provocado el hecho de que sean los únicos chicos de la clase, como una barrera de protección mutua frente a las posibles incomprensiones que no tiene que ver con la identidad sexual. Ellos cuentan sus historias a través de los movimientos, pero también del juego en el que sus cuerpos son los instrumentos para reivindicarse. Cuando la directora, que también se encarga de la fotografía, compone esa secuencia conmovedora en la que Raymundo, Ángel y Víctor bailan en las calles, les permite un acto de resistencia frente a la sociedad dominicana, una provocación frente a la incomprensión. Y así el relato íntimo se amplía para mostrar una visión mucho más extensa de su país.  

Seleccionada en el Festival de Rotterdam 2021, Liborio (Nino Martínez Sosa, 2021) es la primera película como director del dominicano Nino Martínez, cuya carrera en el cine comenzó cuando se trasladó a Madrid, donde se inició como montador, siendo colaborador habitual del director Jaime Rosales en filmes como La soledad (2007) o Tiro en la cabeza (2008), y también en otras producciones como Yo, también (Antonio Naharro, Álvaro Pastor, 2009) o El silencio del viento (Álvaro Aponte Centeno, 2017). La película está basada en la figura de un campesino al que se dio por desaparecido durante una tormenta y que regresó a la aldea en la que vivía como una especie de profeta. Muchos de los campesinos creyeron que había vuelto de la muerte, y en una época como 1916, con el contexto de la intervención de Estados Unidos en República Dominicana, provocó que esta personalidad mesiánica fuera el germen del liborismo, una creencia popular que persiste hoy en día, pero que en su época se transformó básicamente en un movimiento de resistencia campesina contra los invasores norteamericanos. 

Lo que más le interesa al director es el retrato de esta figura de jornalero-curandero en la que se erigió Liborio Mateo. Desde el principio, en la representación de su desaparición literal, se nos cuenta la historia tal como quedó en la memoria de sus seguidores. Hay por tanto en la película un velo de espiritualidad que se fusiona de forma inteligente con la descripción de una realidad en la que los pueblos campesinos comenzaban a sentirse oprimidos por la intervención militar. Y este carácter de Mesías que es capaz incluso de devolver la vida a los muertos, se muestra a través de una fotografía de claroscuros con una gran profundidad no solo visual sino también mística. Pero lo más interesante de la propuesta es cómo el director decide aproximarse a través de la mirada de una serie de personajes que acompañaron a Liborio. Hay momentos en los que se nos cuenta la historia desde el punto de vista de su hijo, que le vio desaparecer, otros en los que el punto de vista se acerca a su amante, a uno de sus seguidores o a un niño al que adopta tras la muerte de su madre durante el embarazo. El protagonista de esta historia se convierte en una especie de personaje secundario, pero que sobrevuela la textura, la narrativa y el sentido espiritual de la película. Curiosamente, aun siendo él mismo montador, Nino Martínez Sosa ha contado con el prestigioso Ángel Hernández Zoido como co-editor. Liborio es una película muy hermosa en su superficie y muy profunda en su contenido. 


Bouba Touré, 58 rue Trousseau, Paris, France se puede ver en Vimeo. 
Liborio se puede ver en MUBI. 
La soledad y Tiro en la cabeza se pueden ver en Filmin.


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