18 agosto, 2011

Bollywood y la España de pandereta

El denominado Bollywood ha estrenado este verano con éxito una comedia sobre la amistad en la que tres amigos recorren la España turística más tópica. Pero las cosas son así; la industria del cine indio viene para rescatar al cine occidental de la crisis económica. Y hay que darles lo que pidan. 

La industria cinematográfica de la India es una de las más rentables del panorama internacional. Auto-suficiente en términos económicos, su volumen de producción anual supera con creces el de cualquier país. Y la mayor parte de estas producciones consiguen dar beneficios en un territorio que es, después de China, el más poblado del mundo. Sin embargo, la tendencia en los últimos años pasa por ramificarse hacia el exterior, traspasando sus fronteras no solo con el estreno en circuitos internacionales de largometrajes de alto presupuesto como Lagaan (2001) o Mi nombre es Kahn (2010), sino también con la participación en la producción de títulos occidentales (aunque algunos de temática india) como Slumdog millionaire (2008), Come, reza, ama (2010), Miral (2010) o Misión: Imposible 4 (2011).

El mismo Steven Spielberg ha echado mano de un acuerdo con la compañía india Reliance Entertainment para reflotar su productora Dreamworks a un paso del colapso económico, con la participación de esta productora con sede en Bombay en títulos tan significativos como Cowboys & aliens, Reel steel o War horse, el último film dirigido por Spielberg.

Así las cosas, este verano ha llegado a las pantallas de la India una de las películas que ha logrado mayor repercusión mediática y de público: Zindagi na milegi dobaru (2011), que se podría traducir como No viviremos otra vez, pero que algunos ya han bautizado como Solo se vive una vez, como la canción de Azúcar Moreno, por eso de continuar con el folclore. Porque esta película, que ha sido el mejor estreno del año en la India a nivel de recaudación, embarca a tres amigos en una viaje de despedida de soltero (uno de ellos está a punto de casarse) a través de algunas de las fiestas más celebradas de la España turística: la tomatina, los encierros de Pamplona...

En clave de comedia un poco ñoña, Zindagi na milegi dobaru no quiere dejarse en el saco ninguno de los tópicos sobre España: y ahí tenemos sus sesiones de flamenco, su alegría festiva, sus toros y sus morenazas sueltecitas. En fin, todo lo que intelectualizó Hemingway, pero aquí pasado por la batidora del cine comercial de Bollywood. Dirigida por Zoya Akhtar, una de las jóvenes realizadoras más prometedoras del cine indio, y protagonizada entre otros por su hermano Farhan Akhtar, también responsable del guión, Zindagi na milegi dobaru habla sobre el poder de la amistad, y ciertamente consigue algunos momentos emocionantes de camaradería masculina, como en la secuencia de paracaidismo. 

El viaje de estos amigos se convierte en una road-movie por territorio español que es también una catarsis para sus complejos y sus temores. Y en ese viaje experimentan algunas de las sensaciones más estimulantes de sus vidas: bucean en la Costa Brava, se pringan en la tomatina de Buñol (Valencia), practican paracaidismo en Sevilla, bailan en Alájar (Huelva) y corren los Sanfermines. Y hay que decir al menos que el encierro que se ve en esta película resulta bastante más creíble que el de Noche y día, y mejor rodado, aunque se abuse de la cámara lenta para maquillar la mansería de los toros.




La película ha logrado buenas críticas en su país, destacando el buen trabajo de su directora, pero a nosotros nos resulta larga (en la línea de la producción cinematográfica india), con trazos de comedia facilona y con números musicales tediosos y repetitivos (ese momento Vidal Sassoon). 

La banda sonora, en la que destacan solo algunas canciones (tampoco estamos ante un musical, sino ante una comedia con algunos videoclips insertados), corre a cargo del trío de compositores formado por Shankar Mahadevan, Ehsaan Noorani y Loy Mendonsa, bastante más inspirados en la película Kal ho na ho (2003), y que incluyeron también un tema suyo en Slumdog millionaire. La letra es del poeta, letrista y guionista de Javed Akhtar, padre de la directora y del guionista y co-protagonista. 

Entre sus composiciones para la película está esa mezcla entre el sonido "indi" y el flamenco que podría formar parte perfectamente de cualquier banda sonora de la serie Torrente. Señorita, interpretada por la gaditana María del Mar Fernández, forma parte de una escena rodada en el pueblo onubense de Alájar, con coreografía de parvulario que incluye un toro mecánico no se sabe muy bien por qué, pero resulta tan pegadiza que se ha convertido en el acontecimiento musical de año en la India.

Por lo menos Zindagi na milegi dobaru sirve como reclamo turístico para España, y en eso la productora es bastante generosa incluyendo en su web enlaces con algunas de las fiestas que se muestran, aunque teniendo en cuenta que el 25% de la población de la India vive por debajo del nivel de pobreza, no sabemos cuánto turismo indio acabaremos recibiendo gracias a la película.  

10 agosto, 2011

London calling

Unos días después de que la organización de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 eligiera como himno oficial la canción de The Clash, para sorpresa de muchos, la descripción de un Londres apocalíptico que muestra se ha hecho realidad. 

Que una organización conservadora como la de los Juegos Olímpicos de 2012, apoyada por un gobierno conservador como el de David Cameron, elija una canción de una banda tan contestaria como The Clash, como himno de una celebración deportiva que atraerá las miradas de todo el mundo, no es más que el reflejo del cinismo y la incongruencia de la clase política que nos ha tocado soportar en la mayor parte de los países occidentales. La elección de London calling sorprendió a muchos, y aún suenan en blogs y medios de comunicación tradicionales de Inglaterra las críticas a tan curiosa decisión. O se les coló un punk en la organización, o alguien quiso gastarles una broma. 

Porque London calling es, quizás, la canción menos apropiada para servir de "llamada" musical hacia los Juegos Olímpicos. El tema que publicó The Clash en el album del mismo título que les catapultó a la fama en 1979, puede ser himno de muchas cosas, y de hecho lo ha sido desde entonces, pero difícilmente resulta un reclamo lógico para una ciudad que se quiere presentar al mundo como todo lo contrario a lo que el tema describe. Influido por las emisiones radiofónicas de la 2ª Guerra Mundial, de donde surge su título, y por un accidente que tuvo lugar ese mismo año en una central nuclear de Pensilvania, London calling muestra una ciudad devastada, y también hace referencia a conflictos raciales y a peligros reales en torno al mundo de las drogas. 

Ese Londres "infernal" que describe la canción se convirtió en realidad hace unos días. Curiosa coincidencia. En la película Billy Elliot (2000), Stephen Daldry utilizó la canción de The Clash como fondo de los disturbios que tuvieron lugar durante la huelga minera de 1984. Años antes, en 1981, el barrio londinense de Brixton vivió uno de los disturbios más graves de su historia, iniciados (como los de ahora) por una más que dudosa intervención policial. En aquellos momentos se vivían importantes problemas de cohesión social, y pocos son los que relacionan los sucesos actuales con aquellos. Pero no hay que olvidar que Londres, como estos días está sucediendo en Santiago de Chile, ha vivido numerosas protestas estudiantiles que vienen lanzando mensajes poco tranquilizadores. Mientras los gobiernos administran de forma incompetente la crisis financiera tratando de practicar una política de recortes sociales, la base principal de un futuro próximo comienza a resquebrajarse. Y quienes se ven inmersos en ese incierto mañana, se lanzan a las calles para reclamar una justicia social que parece hundida. 

La consecuencia de esta pésima gestión educativa la estamos viendo estos días en las calles de Londres y otras ciudades inglesas. En su mayor parte, los hoodies que siembran el caos por donde pasan no son más que adolescentes criados en la injusticia social, y sus argumentos brillan por su ausencia. Resultan casi tan ineptos como los políticos que con sus acciones han creado monstruos descerebrados que arrasan incluso con quienes viven su propia injusticia. La abuela Pauline Pearce, que se ha hecho famosa por hacerles frente con frases tan lapidarias como: "No nos estamos reuniendo para luchar contra una causa, estamos haciendo polvo un Foot Locker (tienda de zapatillas deporticas) y robando zapatillas, sucios ladrones", descarga en sus palabras más verdad que la que aglutinan David Cameron, la policía y los hoodies. Estamos ante el enfrentamiento entre varios tipos de salvajes, y las consecuencias las pagan siempre los ciudadanos normales.

En V de Vendetta (2006), Londres se convierte en el campo de batalla de un "justiciero" que practica la guerrilla para desenmascarar a un gobierno tiránico. La máscara de Guy Fawkes se ha convertido en símbolo de las protestas de algunos grupos como Anonymous, reflejo de su condición de movimiento antigubernamental. Algunos países lideran un movimiento ciudadano que parece imparable, entre ellos España, modélica en el carácter pacífico de sus protestas, pero firme en su persistencia y en la capacidad para no someterse a la brutal campaña de descrédito por la mayor parte de los medios de comunicación, que se mantienen gracias al apoyo de determinadas fuerzas políticas. 

En medio de todos estos sucesos, resulta significativa la actitud de las fuerzas policiales. Mientras los sindicatos protestan con poca vehemencia por los recortes que sufren, algunos como el SUP en España dedican más esfuerzo a indignarse por los insultos de los "indignados" que a reivindicar la necesidad de que se les dote de los medios adecuados para realizar su trabajo (que no es precisamente el de desalojar a ciudadanos hipotecados). En Inglaterra, David Cameron anuncia que las fuerzas de seguridad se quedan sin vacaciones, y moviliza a 16.000 agentes para que hagan frente a los disturbios. Eso sí, su gobierno ha despedido recientemente a 11.000 policías debido a los recortes presupuestarios. Pero los representantes policiales prefieren, como en España, dedicarse a otras cosas, y lanzan sus arengas contra las redes sociales y el servicio de mensajería de Blackberry. No hay protestas contra los recortes que les han llevado a ser literalmente aplastados por los saqueadores.

En su primer álbum, The Clash (1977), la banda británica cantaba sobre la situación social y los conflictos raciales en temas como London's burning. 34 años después, el barrio de Tottenham ha ardido literalmente, y las protestas se han extendido a otras ciudades. Pero estos brotes, de diferente índole, que surgen en países como Inglaterra, Francia, Chile o España no son más que el comienzo de una auténtica revolución ciudadana.

London calling - The Clash

31 julio, 2011

En agosto recordamos a John Barry

En Primera Fila dedicamos varios programas a repasar la filmografía de John Barry, uno de los grandes músicos de cine de las últimas décadas. Durante el mes de agosto volvemos a escuchar todos los programas especiales, ahora de forma continua. 

El comienzo de 2011 trajo una noticia triste para los aficionados a la música de cine con el fallecimiento, el 30 de enero, de John Barry, uno de los nombres fundamentales de la composición cinematográfica. Creador de un sonido peculiar en sus primeros trabajos para el cine, que recogía la cultura "beat" recién nacida en Gran Bretaña, John Barry supo rubricar la firma sonora más característica de una de las series de mayor éxito del cine inglés: la saga de James Bond. Pero también demostró su capacidad para crear composiciones complejas de base coral y sinfónica como El león en invierno (1968) o de sonoridades melódicas como Nacida libre (1966).

En nuestra serie de programas dedicamos los primeros espacios al sonido 007, con la polémica suscitada por la interminable batalla judicial contra Monty Norman por la autoría del tema principal de James Bond, y los trabajos más destacados de las décadas de los años sesenta y setenta, sin duda los más fructíferos de su carrera profesional. 

El estilo de John Barry se fue modificando a lo largo de los años, con tendencia al sinfonismo más melódico, con estructuras musicales similares que marcaban una personal manera de entender la música de cine, y que dio lugar a grandes trabajos "marca de la casa" como Memorias de África (1985) o Bailando con lobos (1990), pero que también le fueron distanciando cada vez más del cine. Pero también encontramos bandas sonoras marcadas por los sonidos jazzísticos en los que se forjó su trayectoria musical, que dieron lugar a obras imprescindibles como Fuego en el cuerpo (1982), Cotton Club (1984) o A killing affair (1986).

En nuestros programas hablamos del cada vez mayor distanciamiento entre el trabajo de John Barry y el sistema de producción moderno, haciendo hincapié en algunas de las bandas sonoras rechazadas en su última etapa. Y nos hemos acercado a las composiciones no cinematográficas de John Barry (algunas de ellas surgidas precisamente de trabajos rechazados para el cine), que se han publicado en álbumes como The beyondness of things (1999) o Eternal echoes (2001), así como en su última composición, una colaboración con la cantante Shirley Bassey que firmaba junto al letrista Don Black (uno de sus colaboradores más destacados) con el significativo título "Ous time is now" (Ahora es nuestro momento).

Nueve programas que emitimos entre los meses de febrero y marzo y que ahora ofrecemos de forma continuada durante todo el mes de agosto, para repasar la trayectoria musical de uno de los grandes compositores de bandas sonoras de todos los tiempos: John Barry (1933-2011).

27 julio, 2011

Sesión doble de verano: 1. Venganza 2. Asesinato

En nuestra sesión doble de esta semana nos acercamos a dos historias donde, una vez más, la desesperación provoca brotes de violencia: Confessions, del japonés Tetsuya Nakashima y Yellow sea, del coreano Hong-jin Na.

¿Es posible mantener el ritmo durante una hora y media cuando se comienza una película con los 20 minutos más febriles que se han visto en mucho tiempo? La respuesta que nos ofrece el director Tetsuya Nakashima en su última película parece positiva. Kokuhaku (Confessions) (2010) es un thriller psicológico de rotunda fuerza visual que construye la venganza de una profesora sobre dos de sus alumnos, responsables de la muerte de su hija, en base a una serie de confesiones que llevan a cabo cada uno de los protagonistas de la historia.

Confessions es una película relativamente inédita en España, ya que a pesar de no haber sido estrenada en cines, Mediatres la acaba de lanzar en DVD. La apuesta de esta joven distribuidora por las producciones más destacadas del cine oriental ha permitido que podamos ver en nuestro país títulos como Mother, Encontré al diablo o Space battleship Yamato, la adaptación al cine de la famosa serie nipona, éxito absoluto en la taquilla japonesa. 


Tetsuya Nakashima es conocido principalmente por sus películas Kamikaze girls (2004) y Memories of Matsuko (2006), ambas dotadas de una concepción visual trepidante e imaginativa (para algunos con cierta tendencia al concepto de videoclip), que se pone de manifiesto en todo su esplendor en Confessions, lo que le aporta una contundencia y un ritmo que hacen que la historia se desarrolle casi en un suspiro. En la película volvemos a la idea del asesinato “porque sí”, sin razones de peso, las que parecen mover a los dos adolescentes que cometen el crimen, pero también al resto de alumnos de la clase que, tras el anuncio hecho por su profesora, prefieren continuar su vida como si nada hubiera pasado (ese retrato de la adolescencia apática es uno de los más duros que se han hecho últimamente). Hay que reconocer que la trama puede resultar algo rocambolesca, un pelín retorcida y con cierta tendencia al exceso, pero también hay que mostrar la admiración que nos provoca el trabajo de un director que no se limita a contar la historia con los resortes clásicos.

Desde Corea nos llega la última película de Na Hong-jin, el debutante realizador de uno de los thrillers más impactantes de los últimos años, The chaser (2008), que nos ofrecía un duelo interpretativo inmejorable entre Yoon-suk Kim y Ha Jung-woo, dos de los actores más populares del cine coreano, rostros habituales en las producciones más internacionales del país. La cinta de la que hablamos es Hwanghae (2010), cuyo estreno internacional tiene doble título, The murderer (El asesino) y The yellow sea (El mar amarillo, que es como se denomina a la franja marítima que separa la China oriental y Corea del Sur. Bien recibida en la Sección Un Certain Regard del pasado Festival de Cannes, The yellow sea tiene nuevo como protagonistas a los mismos actores, en otro duelo en el que, ahora, intercambian los papeles de protagonista y antagonista. El primero es un taxista con problemas económicos que trata de saldar una cuantiosa deuda cometiendo un asesinato que le encarga el segundo, un mafioso callejero.

Con una duración que sobrepasa con creces las dos horas y media (en Cannes se presentó una versión recortada en unos 20 minutos) The yellow sea contiene todos los elementos que hicieron de The chaser un hito en el cine de género oriental (mundial, porque el mejor cine de género de los últimos tiempos nos está llegando de la cinematografía coreana), pero le falta perfilar mejor a los personajes, especialmente algunos secundarios, y resulta algo confusa en determinados momentos. No obstante, Na Hong-jin vuelve a demostrar su pulso envidiable en la construcción de escenas de persecución que son ya marca de la casa. Si The chaser tenía una persecución a pie insuperable, The yellow sea contiene dos momentos de auténtica magia que reflejan bien la personalidad de un cineasta que sabe extraer los mejores recursos de una historia complicada. 

20 julio, 2011

Sesión doble de verano: El terror está a nuestro lado

Nuestra tercera sesión doble de verano está dedicada a dos muestras de género inéditas en España que guardan en sus entrañas narrativas reflexiones preocupantes sobre la violencia y la venganza como elemento liberador (o quizás no tanto).  

Por cuestiones que no entendemos, el reciente cine británico encuentra pocas vías de distribución en España. Y eso a pesar de que los jóvenes cineastas ingleses (ya lo hemos comentado en alguna ocasión), vienen planteando desde hace tiempo algunas de las propuestas de género más interesantes del cine europeo. Es el caso de Eden Lake (2008), del debutante James Watkins, un thriller terrorífico que contiene algunos de los momentos más espeluznantes que hemos visto en mucho tiempo. Eso sí, sin necesidad de psicópatas invencibles,  exceso de sustos gratuitos (alguno hay), ni seres paranormales. Que James Watkins se perfila como uno de los cineastas a los que hay que tener en cuenta lo indica el rodaje de su última película, The woman in black, otra incursión en el género de horror, con un reparto encabezado nada menos que por Daniel Radcliffe, Ciarán Hinds y Janet McTeer. Y que, suponemos, sí tendrá una distribución decente.

Volviendo a Eden Lake, lo que la convierte en una atípica propuesta es su condición de reflejo de la violencia a cargo de un grupo de niñatos más peligrosos, por su sensación de impunidad, que cualquier psicópata de andar por casa. Este pandilleo violento lo ha reflejado también recientemente Daniel Barber en la cruda Harry Brown (2009), y casi al mismo tiempo volvió a ser protagonista de una producción inglesa, por lo que mucho nos tememos que el tema resulta más real y preocupante de lo que parece. El infierno en el que se convierte el fin de semana de una pareja de tortolitos a orillas del lago del título es comparable a otras muestras de terror producido por humanos, como Deliverance (1972), de John Boorman, Tarde de perros (1975), de Sydney Lumet o la poco valorada El rey de la montaña (2007), de Gonzalo López-Gallego. 


Es cierto que el desarrollo de la historia escrita y dirigida por James Watkins tiende al exceso en un segundo acto que pone a prueba la forma física de sus protagonistas, Kelly Reilly y Michael Fassbender, pero también es verdad que Eden Lake contiene un modélico primer acto que mantiene el suspense sin llegar al efectismo, dosificando la tensión hasta el enfrentamiento; y que el final es un golpe bajo que, no por esperado, nos evita una sesión de desasosiego que pocas películas de conclusiones efectistas han conseguido sembrar. Al fin y al cabo, parece querer decirnos el director, a estos cachorros terroríficos les ampara algo más que su propia crueldad. 

La segunda parte de nuestra sesión doble tiene como protagonista a una de las propuestas más interesantes del cine coreano, del que vienen llegándonos habitualmente destacados trabajos de difícil clasificación. Es lo que le ocurre a Bedevilled (2010), debut en la dirección de Chul-soo Jang, que con esta película pasa a engrosar la lista de directores de relevancia procedentes de Corea del Sur (Kim Ji-Woon (Encontré al diablo), Chan-Wook Park (Oldboy, Thirst), Kim Ki-duk (Breath), Bong Joon-Ho (Memories of murder, The host)). La película, que comienza como un drama y termina como un slasher, tiene también, como en el caso de Eden Lake, un comienzo impactante, dosificado, de narración milimétricamente estructurada, que nos introduce lentamente, sin demasiada urgencia por entrar a trapo en los momentos más duros, en la historia de unos personajes que van adquiriendo su status en la trama (la abuela tirana, el marido violento, el hermano salvaje, la mujer esclavizada...). 


De la primera parte interesa especialmente cómo construye con astucia la personalidad de la joven pija decepcionada con su vida urbana y la de su amiga de la infancia, que ha permanecido en una lejana isla rural en la que la familia y que sufre el maltrato de su marido y, en general, de una familia anclada en el peor de los pasados: "Una mujer solo es feliz cuando tiene una polla en la boca" (esto no lo dice el marido, ni un personaje masculino, sino la abuela de la familia). 


Este microespacio (la isla, exterior e interior) que exuda violencia se convierte en el catalizador de un drama que vivimos desde la mirada, incrédula pero también hipócrita, de la amiga que regresa al lugar de su infancia. Y el director, aunque sea a base de retorcer la crueldad de los personajes, consigue transmitirnos esa impotencia hasta niveles de auténtica rabia. A partir de ahí, la película podría haber caminado por los cauces habituales del género dramático, pero se decanta por otra vertiente mucho más impactante (para algunos, innecesaria). Pero, por otro lado, este discurrir nos permite darnos cuenta de que en realidad estábamos ante una historia de terror (nada hay más terrorífico que una paliza dada en el interior del hogar), y que el tercer acto no es más que la consecuencia explícita de la violencia implícita de la primera parte.  

Bedevilled y Eden Lake nos muestran un terror más cercano, sin renunciar a los elementos habituales del género. Y lo hacen con un planteamiento narrativo que consigue traspasar la pura retahíla de asesinatos sin sentido. Ahí es donde está el valor de dos de los títulos más contundentes de los últimos años.

17 julio, 2011

Mildred Pierce: La multinominada

Con 21 nominaciones a los Premios Emmy, la miniserie de Todd Haynes consigue colocarse entre las producciones de televisión con mayor número de candidaturas, aunque sin superar las 22 nominaciones que obtuvo la comedia 30 rock en 2009. Pero..., ¿cuáles son sus méritos?


Mildred Pierce es el último éxito de crítica y audiencias que ha conseguido HBO. Dirigida por Todd Haynes, adapta la novela que James M. Cain escribió en 1941, y que ya tuvo una adaptación al cine a cargo de Michael Curtiz en 1945 titulada en España Alma en suplicio, protagonizada por Joan Crawford. Aunque hay que decir que Curtiz convirtió esta historia de una abnegada madre que tiene que sacar adelante a sus hijas cuando se separa de su marido, en un thriller, introduciendo un asesinato que no estaba en la obra original.

Nada de eso hay en la miniserie Mildred Pierce. Lo que tenemos es un intenso melodrama que tiene como eje fundamental a esta madre de familia (acuciada además por una hija caprichosa) que debe tragarse su orgullo para trabajar de camarera, y a la que rodean no pocos hechos dramáticos que pondrán a prueba su personalidad. En cierto modo, Mildred Pierce es una especie de continuación formal de Lejos del cielo (2002), aquella excelente película en la que Todd Haynes resucitaba el espíritu de los melodramas de los años 40 y 50, y en la que había ya alguna referencia a la adaptación que hizo Michael Curtiz de la novela de James M. Cain. 

Ni qué decir tiene que para Mildred Pierce es necesaria una actriz de esas que saben cargar sobre sus hombros todo tipo de registros, desde la alegría más adolescente hasta la tragedia más demoledora. Si Joan Crawford logró el Oscar en 1945, no parece vano pensar que Kate Winslet conseguirá el Emmy este año. Dotada de esa capacidad que solo tienen las grandes intérpretes para trasladarnos los sentimientos más profundos de sus personajes, Kate Winslet realiza un trabajo perfecto, creíble y emocionante. Pero también está acompañada por otras actuaciones no menos solventes, y reconocidas en las seis nominaciones de interpretación que ha conseguido la miniserie: Guy Pearce (el nuevo amante), Brian F. O'Byrne (el ex-marido), Evan Rachel Wood (la hija, a la edad en la que aparece en las dos últimas partes), Melissa Leo (la mejor amiga), Mare Winningham (la compañera de trabajo) funcionan como soporte de lujo para la interpretación de Winslet, y lo hacen también dando credibilidad a sus personajes. 

En Mildred Pierce encontramos una traslación naturalista de la obra original de James M. Cain, novela que sorprendió por ser más psicológica que otras de su autor, no en vano responsable de grandiosos thrillers como "Pacto de sangre" (1936), que en cine se convertiría en la obra maestra de Billy Wilder Perdición (1944),  y "El cartero siempre llama dos veces" (1940), también objeto de notables adaptaciones al cine, que forman junto a "Mildred Pierce" el triángulo de obras mayores de su bibliografía. A Todd Haynes le interesa más mostrarnos de forma realista a esta mujer luchadora, y lo hace adoptando un cierto distanciamiento que no por ello resulta menos emocionante (ese final desolador de la segunda parte pone los vellos de punta). 

Pero es en la cuarta y quinta entregas, cuando el conflicto entre madre e hija se hace más inevitable, cuando Mildred Pierce alcanza su condición de obra grande, de magnífico retrato no solo de unos personajes complejos (ahí se nota la fidelidad a la novela original de James M. Cain), sino también de una sociedad que salía, como la protagonista, de una profunda depresión para resurgir con mayor ímpetu. Mildred Pierce merece, sin duda, las 21 nominaciones a los premios Emmy.

Nominaciones Premios Emmy:

Miniserie - HBO/A Killer Films/John Wells Production
Dirección - Todd Haynes
Guión - Todd Haynes, Jon Raymond
Reparto - Laura Rosenthal
Actriz Principal - Kate Winslet
Actor de reparto - Guy Pierce
Actor de reparto - Brian F. O'Byrne
Actris de reparto - Evan Rachel Wood
Actriz de reparto - Melissa Leo
Actriz de reparto - Mare Winningham
Fotografía - Ed Lachman
Edición - Camilla Toniolo (Parte 4)
Música original - Carter Burwell
Tema Principal - Carter Burwell
Dirección artística - Mark Friedberg, Peter Rogness, Ellen Christiansen-De Jonge
Vestuario - Ann Roth, Michelle Matland (Parte 2)
Peluquería - Jerry DeCarlo, Jerry Popolis
Maquillaje - Patricia Regan, Linda Melazzo
Edición de sonido - Elisa Riley, Tony Martínez, Thomas Younkman, Brian Dunlop, Todd Kasow, Ellen Heuer (Parte 5)
Mezclas de sonido - Drew Kunin, Leslie Shatz, Bobby Johanson, Joshua Reinhardt (Parte 5)
Efectos visuales - Lesley Robson-Foster, John Bair, Renuka Ballal, Nathan Meier, Constance Conrad, Maci Ichimura, Josephine Noh, Aaron Raff, Scott Winston (Parte 5)