13 julio, 2011

Sesión doble de verano: El odio

En nuestra segunda sesión de cine inédito proponemos un programa doble dedicado al odio, con dos películas canadienses que abordan de distinta forma este sentimiento que puede provocar auténticas tragedias.

El director Dennis Villeneuve se ha convertido ya en uno de los nombres más destacados del panorama internacional, especialmente tras la nominación al Oscar de su película Incendies (2010). Su anterior cinta, sin estrenar en España, aborda uno de los sucesos más impactantes ocurridos en Montreal en las últimas décadas. Polytechnique (2009) se centra en la masacre que tuvo lugar en 1989 en una Escuela Politécnica École. Hasta aquí, todo parece indicar que estamos ante un proyecto deudor del retrato semipoético que realizó Gus Van Sant sobre la masacre que perpetraron dos locos adolescentes en el Instituto Columbine en su película Elephant (2003). Y ciertamente encontramos en Polytechnique algunos rasgos de ensimismamiento formal que nos recuerdan a aquélla. 

Pero las circunstancias del acto violento que muestra la película de Dennis Villeneuve tienen en sí mismas unas características más insólitas. El protagonista de la matanza, que por supuesto solo tuvo cojones de pegarse un tiro después de haber matado a catorce personas, tenía un claro objetivo: las estudiantes femeninas. Obsesivo misógino (del que tampoco se nos dan demasiados datos para entender ese sentimiento, quizás porque en definitiva es imposible entenderlo), su propósito era "limpiar" la Escuela Politécnica de mujeres que en el futuro podrían ostentar cargos de responsabilidad. Y este sentimiento de odio absurdo, pero profundamente enraizado en el personaje, es el que nos mueve a una reflexión más estimulante. Una especie de pérdida de poder masculino que se traduce en odio anti-femenino, más que anti-feminista. 

Rodada en un magnífico blanco y negro, con esos planos abiertos que Villeneuve ha convertido en marca de la casa, Polytechnique tiene un tono reflexivo y poético, pero al mismo tiempo seco y duro. Sin apenas palabras, sin recursos externos, el relato de los hechos está contado con precisión y cierta aspereza. Y consigue reflejar la impotencia y la irracionalidad de ese momento en el que un tipo, escopeta en mano, entra en una escuela y se dispone a cazar seres humanos.

Otro director canadiense que ha venido despuntando en el Festival de Cannes es el joven Xavier Dolan-Tadros, actor, guionista y director de sus dos películas hasta el momento (ambas seleccionadas en la prestigiosa Quincena de Realizadores). La última de ellas, Les amours imaginaries (2010) aborda lo que parece una constante en su cine, las relaciones humanas. En este caso se trata de una relación a tres bandas, contada con cierta ironía, cuando un joven guaperas se sitúa en medio de dos amigos (chico y chica) que comienzan a librar una batalla sentimental con sordina para llevarse al huerto al rubio seductor. Pero, hablando de odios, nos detenemos más en la primera película de Xavier Dolan (a quien como actor habíamos visto brevemente en la durísima cinta de terror franco-canadiense Martyrs (2008), de Pascal Laugier).  

J'ai tué ma mère (Yo maté a mi madre) (2009) es una historia confesada como autobiográfica que Xavier Dolan escribió cuando tenía 16 años y rodó con 19. Básicamente es la trayectoria diaria de un adolescente que no soporta a su madre, con la que vive solo, tras el abandono del padre. Es la descripción de una convivencia imposible, repleta de reproches, gritos y discusiones por cualquier cosa, como una relación matrimonial que ha tocado fondo. Al margen de ciertos amaneramientos de estilo que resultan pedantes (forma parte de la personalidad propia del director, a tenor de algunas de las entrevistas que hemos visto), J'ai tué ma mère consigue mantener con coherencia el dibujo de los personajes, especialmente el del adolescente pijo con el que es difícil sentirse identificado como espectador, y el de la madre insoportable pero madre al fin y al cabo (en una escena, un solo susurro de ella nos llega al alma). 


Se ha tachado a la película de tener una excesiva influencia de, una vez más, Gun Van Sant, y una insistencia en la homosexualidad del hijo como reflejo de su rebeldía, en una proyección tópica de las relaciones materno-filiales (el protagonista no encuentra la confianza necesaria para mostrar su relación sentimental con otro chico). Lo primero es posible, pero tampoco molesta demasiado; lo segundo es, simplemente, una opción del director que, no lo olvidemos, cuenta una historia basada en su propia experiencia. 

A Xavier Dolan, visto que las carencias de su primera película no terminan de resolverse en Les amours imaginaries hay que seguirle la pista para ver si consigue desembarazarse de esa pedantería que a veces hace tambalearse la narración de sus historias. De Dennis Villeneuve esperamos con interés sus próximas incursiones en la dirección. Pero sin duda esta sesión doble nos permite conocer los primeros trabajos de dos de los directores canadienses más interesantes del momento. 

10 julio, 2011

Nos vamos a Broadway

A partir de esta semana, como hacemos casi todos los años, nos acercamos a los escenarios de Broadway a través de los Premios Tony para conocer las bandas sonoras más destacadas de los musicales que han triunfado (o no) en Nueva York. Pero tampoco nos olvidamos del West End de Londres. 

En Primera Fila se acerca durante el mes de julio a las grabaciones de los musicales más destacados de la temporada. Ya sabemos que en España también se preparan versiones interesantes de musicales como El rey león, pero también es cierto que el sistema de producción en nuestro país impide disfrutar en la mayor parte de las ocasiones de las grabaciones de las versiones españolas.

En Primera Fila deja aparcado el cine durante varias semanas para convertirse en un programa dedicado al teatro musical. Al fin y al cabo, la interrelación entre ambas formas de entretenimiento tiene una amplia trayectoria. Los Premios Tony son los galardones que marcan lo más destacado de cada temporada, y por eso nos sirven de referencia para seleccionar algunas de las obras que ofrecemos durante este mes. A partir de esta semana, abrimos el telón: 

Miércoles 13 / Sábado 16
The book of mormon
Que los creadores de la serie South Park (Trey Parker y Matt Stone) y uno de los responsables de Avenue Q (Robert López) se reúnan para poner en marcha un musical ya es de por sí interesante. Que hayan conseguido una de las obras más divertidas (a tenor de las críticas) que se han estrenado en Broadway en los últimos años, no sorprende. Y que sea también una de las más taquilleras, por encima de Spiderman. Turn off the dark, resulta meritorio. En definitiva, el musical de la temporada en Broadway, que va camino de convertirse en otra de esas obras que permanecen en cartel durante años. Las canciones son reflejo de ese talento que tienen sus creadores, y algunos números, solo con escucharlos, resultan desternillantes. 

Viernes 15 / Domingo 17
The Scottsboro boys
Todavía andan coleando obras inacabadas del tándem formado por John Kander y Fred Ebb, a pesar de que éste último falleció en 2004. Ésta es una de esas obras, terminada finalmente por John Kander para su estreno durante el pasado año, primero en el Off-Broadway y después en los escenarios principales. Curiosamente, esta historia basada en el juicio más largo de la historia de los Estados Unidos, con varios jóvenes de raza negra acusados injustamente de haber violado a unas chicas en un tren, logró mejores resultados en el Off-Broadway que en su paso a la cartelera principal. Pero, a pesar de concluir sus representaciones en diciembre de 2010, logró nada menos que 12 nominaciones a los Premios Tony. Lo cual es un mérito indudable. Sin ser de las mejores obras de este dúo de músico y letrista (recordemos, responsables de Cabaret o Chicago), tiene ese aire de homenaje al teatro que han sabido dar a los musicales dos de los mejores autores de las últimas décadas. 

Miércoles 20 / Sábado 23
Priscilla. Queen of the desert
Otro de los éxitos recientes de Broadway es esta adaptación de la película que dirigió Stephan Elliott en 1994. Obra de trayectoria curiosa, ya que se trata de la primera adaptación de un musical australiano que se estrena en Broadway. En realidad, Priscilla. Queen of the desert se presentó en Sidney en 2006, y desde 2009 se representa en Londres y otros países, así que Broadway se estaba resistiendo a dejar entrar a este musical "extranjero". Otra de las curiosidades es su protagonista, Tony Sheldon, que ha interpretado el mismo personaje en las versiones de Sidney, Londres y Nueva York, con más de 1200 representaciones durante estos cinco años.

Viernes 22 / Domingo 24
Women on the verge of the nervous breakdown
Efectivamente, la versión musical de Mujeres al borde de un ataque de nervios llegó por fin a los escenarios de Broadway a principios de año. Lo cierto es que la adaptación parece mantener la fidelidad al original consiguiendo hacer comprensible esta historia al público neoyorquino. Pero no olvidemos que Pedro Almodóvar quiso hacer un homenaje a la comedia slapstick norteamericana, así que tampoco quedaba tan lejos. La grabación que escuchamos presenta algunos números interesantes y un aire de jazz contemporáneo que le va muy bien a la historia. Lástima que ni la crítica ni el público terminaran de dar el beneplácito a esta obra que estuvo en cartel menos de un mes. 

Miércoles 27 / Sábado 30
How to succeed in business without really trying
Esta obra de los años sesenta ha sido reestrenada en varias ocasiones en Broadway, demostrando la actualidad de esta historia sobre un joven que decide triunfar por el camino más fácil: la mentira. Aún se recuerda la versión que protagonizó Matthew Broderick hace unos años, y esta temporada se ha presentado un nuevo reestreno que tenía, de cara a la taquilla, el reclamo de su protagonista, Daniel Radcliffe. Fuera ya de las exigencias de agenda de las películas de Harry Potter, Radcliffe ha comenzado una interesante carrera teatral, primero con la obra Equus y ahora con su primer trabajo en los escenarios de Broadway, bien tratado por la crítica. John Larroquette, ganador del premio Tony este año, le acompaña en un musical a la vieja usanza. 

Viernes 29 / Domingo 32
Legally blonde
Para terminar este mes dedicado a los musicales nos acercamos a los escenarios del West End. Esta temporada no ha habido grandes ni relevantes estrenos en Londres, y la obra que más ha destacado, en taquilla y en premios (ha conseguido nada menos que tres Premios Laurence Olivier) es la versión del musical que adaptaba la película Una rubia muy legal. Presentada en Broadway en 2007, en Londres es donde ha logrado mayor relevancia esta obra, entretenida y con buen sentido del humor, que además cuenta con números musicales de altura que dan a esta adaptación un aire de comedia elegante. Curiosamente, ninguno de los actores y actrices principales que estrenaron la obra están ahora representándola, pero finalmente nos queda la grabación de sus canciones para apreciar por qué han recibido los principales galardones del teatro en Londres.  

06 julio, 2011

Sesión doble de verano: Noé vs. Sono


El argentino Gaspar Noé y el japonés Sion Sono son dos directores que se caracterizan por hacer un cine que no deja indiferente. Más o menos discutibles en cuanto a su manera de concebir la narrativa cinematográfica, ambos comparten una mirada insólita y polémica.

A Sion Sono le conocíamos por algunos títulos que recibieron el halago de la crítica, como Suicide club (2002) y, sobre todo, Love exposure (2008), historias que tienen en común una compleja mirada psicológica de personajes que no terminan de encontrar su sitio en la sociedad. La descripción de este tipo de caracteres, muchos de ellos desplazados de los círculos tradicionales de la “normalidad”, es una de las características de un cineasta que consigue atraparnos con historias singulares, dirigidas con garra. Su última película, Cold fish (2010), responde precisamente a ese estudio de personajes que tanto gusta al director japonés. 

La historia de Cold fish comienza de forma contundente, con imágenes de una familia aparentemente normal: normal en la rebeldía de la hija adolescente, normal en la decepción de la mujer, normal en la apatía del protagonista. Pero esta “normalidad” se verá trastocada cuando aparece un exageradamente simpático personaje que convertirá en un infierno la vida del apático protagonista. Y el descubrimiento de su lado oscuro, psicótico, se convertirá en catalizador de su personalidad oculta. 

Las dos horas y media de Cold fish contienen algunas de las escenas más violentas que hemos visto en el cine de Sion Sono hasta el momento, tirando en numerosas ocasiones hacia un “gore” quizás algo gratuito, pero que contribuye a conformar la psicopatía de determinados personajes. Cold fish tiene entre sus virtudes la de saber aglutinar distintos géneros (la comedia, el terror, el suspense…) sin que chirríen demasiado, aunque a veces se nos quede la sonrisa helada. Entre sus defectos, una tendencia hacia el grand guignol con algunos personajes y cierto desbarajuste en el tercer acto al que contribuye también su excesivo metraje. Pero sin duda, Cold fish es una de las propuestas más singulares y uno de los retratos más impactantes de la evolución psicológica de un personaje que hemos visto en mucho tiempo.

El argentino afincado en Francia Gaspar Noé tiene un posicionamiento provocativo en sus planteamientos cinematográficos. Tras la paja mental de su contribución al cúmulo de perversiones sexuales que supuso Destricted (2006) (por lo menos su segmento, entre tetas y pollas, contenía alguna interesante reflexión sobre la soledad, por encima de la pura pedofilia de personajes como Larry Clark), Noé presentó en el Festival de Cannes Enter the void (2009), objeto de numerosos remontajes y sesiones de postproducción que impidieron que se estrenara en su versión definitiva hasta 2010.

En Enter the void, por supuesto, el sexo está presente (recordemos que Gaspar Noé es el tipo que nos presentó una violación de 20 minutos en Irreversible), pero en este caso se plantea una propuesta en torno a la muerte tomando como base "El libro tibetano de los muertos", que describe las experiencias del alma después de la muerte. Y de eso va precisamente la película. Si durante la primera media hora asistimos a un alucinante ejercicio visual que adopta el punto de vista subjetivo del protagonista (a la manera de La dama del lago (1947)), cuando éste muere nos encontramos con la representación de su alma perdida en forma de una imágenes cenitales que sobrevuelan recuerdos pasados y realidades futuras (una especie de vuelta de tuerca al alucinante viaje existencial de 2001. Una odisea del espacio, referente confeso de la película). 

Al singular aspecto visual (en ocasiones apabullante, sorprendente) contribuye sin duda la aportación de Marc Caro (Delicatessen) en el diseño escénico (ese Japón invadido de luces de neón) y de Thomas Bangalter, uno de los miembros del dúo Daft Punk, en el diseño de sonido (impactante si se puede acceder a alguna edición en Dolby). 

Enter the void es un viaje, primero alucinatorio (el mundo de las drogas) y después fantasmal (la muerte), adoptando ambos (las drogas y la muerte) una especie de camino paralelo, como si un chute de LSD o DMT fuera, en realidad, un viaje astral que separa el alma del cuerpo. En este planteamiento visualmente insólito encontramos, sin embargo, algunos baches: una excesiva duración (dos horas y media) a la que contribuye la repetición de determinados fragmentos, como si el director no tuviera claro que como espectadores hemos captado el mensaje; una tendencia a la violencia y el sexo algo gratuitos, marca del director, por otro lado; y una cierta pedantería narrativa que termina por cansarnos. 

Pero eso no quita para que estemos ante una insólita visión cinematográfica que, junto a Cold fish, nos permite disfrutar de un programa doble alucinante y alucinatorio. 

03 julio, 2011

Claire Denis: la mujer que vino de África

Claire Denis estrena por primera vez en España, a pesar de tener tras sí una amplia filmografía de sólido cine emocional. La distribución en España tiene estas cosas.

El cine de Claire Denis está marcado en buena medida por su adolescencia vivida en una antigua colonia francesa en África. De ahí que Una mujer en África pueda considerarse como una de sus películas más personales. La historia de su protagonista, empeñada en sacar adelante una plantación de café a pesar de estar rodeada de una auténtica guerra entre militares y rebeldes, muestra con una vehemencia que pocas veces hemos visto en el cine, esa casi psicótica mirada colonialista que no era capaz de ver la opresión ejercida contra los africanos. Esa condescendencia cínica frente a quienes son pisoteados tiene algo de la esquizofrenia que acaba invadiendo a uno de los protagonistas. Y la visión de la directora, siempre claramente crítica frente a los aires de superioridad de los occidentales, se muestra de manera rotunda en esta película.

Que la filmografía de una directora como Claire Denis permanezca inédita en España da bastantes señales del tipo de distribución que tenemos en nuestro país. Tras una carrera que comenzó a finales de los ochenta, solo algunos ciclos aislados en festivales o salas cinéfilas nos han ido descubriendo el trabajo de una de las cineastas más interesantes de Francia.

Una mujer en África (2009) se puede ver como un reverso de la anterior película de Claire Denis, 35 rhums (35 chupitos de ron) (2008), por supuesto inédita en España. Mientras que en la primera asistimos a la resistencia nada heróica de una mujer blanca ("white material") en el país africano, en la segunda nos introducimos en la vida, sencilla y poco destacable, de unos emigrantes en París. Y así la directora construye una especie de díptico que no tiene por qué ser del todo compatible, pero que nos permite calibrar los dos reflejos de un colonialismo insensato.

En ambas películas sin embargo el discurso es el mismo, crítico, políticamente comprometido, quizás no novedoso, pero no por repetitivo menos cierto: "La deuda es una forma de dominación de los países del Sur.  ¿De qué deudan hablan? Los países del Sur siempre deben a los del Norte. ¿Por qué no se ha pedido una indemnización por el comercio de esclavos?", comenta un grupo de estudiantes en una escena de 35 rhums. "Gente como usted es la que mantiene la corrupción en este país", le espeta un soldado a la protagonista de Una mujer en África. Es curioso, discursos como estos se podrían fundamentar últimamente en Grecia. Las mismas recetas para descabezar la soberanía de países abocados a estar endeudados eternamente. Europa se parece cada vez más a África.

En realidad, el continente africano siempre ha estado presente en el cine de Claire Denis, a veces de una forma más clara y en ocasiones de manera menos palpable. Desde la descripción de una relación de respeto y odio entre dos militares en Beau travail (1999) hasta la exposición precisa de su infancia en el África colonial y su traslado a París cuando era adolescente, en la película para televisión US go home (1994). Pero en esta última etapa del cine de la realizadora francesa hay como una especie de regreso a los orígenes. Su primera película, Chocolat (1988) giraba en torno a una mujer que recuerda su vida durante el colonialismo. La siguiente, S'en fout la mort (1990), mostraba a dos hombres africanos intentando sobrevivir en París dedicándose a las peleas de gallos. De nuevo el reverso de la moneda, de esa mirada nada complaciente.

En Una mujer en África Isabelle Huppert vuelve a componer uno de esos personajes complejos, a veces incomprensibles en sus acciones. Nadie mejor que esta actriz experimentada en exprimir los sentimientos más contradictorios de sus personajes, para describir el empecinamiento de una mujer de mentalidad colonial, construido desde la experiencia vital de la directora. Sólo con esa imagen de la protagonista en la plantación de un café que no quieren ni los propios africanos, sobrevolada por un helicóptero desde el que le gritan que debe marcharse, se construye un discurso político anticolonial mucho más efectivo que el de muchas películas.

22 junio, 2011

Centenario de un genio

Bernard Herrmann nació un 29 de junio de 1911 en Nueva York. Aquel día, poco podía imaginar su madre que estaba dando a luz a uno de los grandes genios (si no el mayor genio) de la música contemporánea. En primera Fila dedica una serie de programas especiales a su obra.

Bernard Herrmann fue, como suelen ser los genios, una personalidad difícil y casi enfermiza. No debe ser casual que su trayectoria esté unida a dos de los grandes directores de la historia del cine: Orson Welles (con el que en realidad trabajó en solo dos ocasiones, pero pariendo dos de las mejores bandas sonoras de todos los tiempos, al margen de su intensa colaboración en las emisiones radiofónicas del Mercury Theatre en la CBS) y Alfred Hitchcock. Tampoco estos realizadores tienen fama de ser muy equilibrados desde el punto de vista psicológico, y quizás por eso consiguieron mantener un difícil status profesional que evitó que se cruzaran sus personalidades.

La esencia de Herrmann está en su capacidad para imbricar la tradición de la música clásica norteamericana con el romanticismo tardío de compositores como Rachmaninoff y con la innovación que unos, aún primitivos, instrumentos electrónicos aportaban en su época. Bandas sonoras como Ultimátum a la Tierra (1951) provocan todavía admiración por la sabia utilización de sonoridades diferentes, novedosas, que difícilmente han podido ser imitadas en interpretaciones más actuales.

Ni qué decir tiene que esta búsqueda constante de nuevas formas de transmitir la psicología de los personajes o la atmósfera de las escenas cinematográficas (hoy en día sólo encontramos esta inquietud en el compositor Marco Beltrami) tiene su punto álgido en la banda sonora de Psicosis. Se trata de uno de esos trabajos que construyen en buena medida la esencia de una película, e incluso el propio Bernard Herrmann afirmaba que su música aportaba un buen porcentaje a la efectividad de la historia. Desde luego, no podemos negarlo.

Otra de las características más destacadas de Bernard Herrmann es que muchas de sus bandas sonoras son difícilmente reproducibles con la sonoridad con la que fueron grabadas originalmente. Su empeño en crear orquestaciones especiales que se salían del propio ámbito de las formaciones orquestales hizo que buena parte de los músicos fueran contratados exclusivamente para las sesiones de grabación. Usó 10 harpas en Duelo en el fondo del mar (1953), 12 flautas en Cortina rasgada (1966) o el serpentón, un instrumento de viento pocas veces utilizado en la música contemporánea, en La hechicera blanca (1953). Sus composicones aportan así esos sonidos característicos indisociables a las propias películas, que son casi imposibles de reproducir. 

Bernard Herrmann ha influido en buena parte de la música de cine actual. Músicos como Danny Elfman, Christopher Young, Graeme Revell o Brian Tyler han recogido las pautas sonoras de Herrmann, y las han adaptado a sus particulares estilos, con mayor o menor fortuna.

Después de cien años desde su nacimiento, tras setenta años de su primer trabajo para el cine, Ciudadano Kane (1941), Bernard Herrmann sigue siendo una de las figuras más importantes del universo musical cinematográfico. En primera Fila queremos dedicarle el homenaje que se merece con cuatro programas que hacen un repaso, no tan exhaustivo como quisiéramos, a su filmografía. Esta es la programación de las próximas semanas:

Miércoles 29 de junio / Sábado 2 de julio:

Ciudadano Kane
El hombre que vendió su alma
El cuarto mandamiento
Alma rebelde (Jane Eyre)
Concierto macabro
Ana y el rey de Siam
El fantasma y la Sra. Muir
Ultimátum a la Tierra
La casa en la sombra

Viernes 1 de julio / Domingo 3 de julio:

Las nieves del Kilimanjaro
Duelo en el fondo del mar
El capitán King
El jardín del diablo
El príncipe de los actores
Sinuhé, el egipcio
Pero... ¿quién mató a Harry?
El hombre que sabía demasiado
Falso culpable
El hombre de Kentucky
Williamsburg: The story of a patriot 

Miércoles 6 de julio / Sábado 9 de julio:

Vértigo
Simbad y la princesa
Con la muerte en los talones
Viaje al centro de la Tierra
Los viajes de Gulliver
Psicosis
La isla misteriosa
Jasón y los argonautas

Viernes 8 de julio / Domingo 10 de julio:

El cabo del terror
Marnie, la ladrona
Alegre amanecer
Cortina rasgada
Fahrenheit 451
La novia vestía de negro
Nervios rotos
La batalla del río Neretva
Las hermanas
Fascinación
Taxi driver

14 junio, 2011

Premios Tony 2011

La temporada de musicales en Broadway ha tenido como protagonista principal a las adaptaciones cinematográficas. Afortunadamente, The book of mormon y The Scottsboro boys han demostrado que aún es posible ser originales sobre los escenarios.

De las 9 obras musicales que se han repartido las principales nominaciones de los Premios Tony de esta temporada, 4 eran adaptaciones de películas (Catch me if you can, Sister act, Priscilla. Queen of the desert y Women on the verge of a nervous breakdown!) y otras 2 eran reposiciones (Anything goes, How to succeed in business without really trying). Esto significa que solamente The book of mormon, The Scottsboro boys y Baby you! (una biografía de la cantante de The Shirelles) han sido las obras originales que han merecido el reconocimiento de la profesión, aunque finalmente la primera ha arrasado con 9 galardones en detrimento de la segunda, que se ha ido de vacío a pesar de sus 12 nominaciones. Algo completamente injusto, dado el excelente trabajo musical de John Kander y Fred Ebb, dos de los autores más destacados en la renovación del musical, especialmente a partir de las décadas de los sesenta y setenta (Cabaret, Zorba, Chicago...), y de la mano del coreógrafo y director Bob Fosse.

Para algunos críticos, ésta no ha sido una buena temporada en Broadway, en términos artísticos. Porque si hablamos de cuestiones económicas, la venta de entradas ha subido desde la pasada temporada hasta llegar a recaudar más de 1 billón de dólares, gracias especialmente a éxitos de público como The book of mormon, la obra creada por Trey Parker y Matt Stone, responsables de South Park, y Robert López, coautor de uno de los musicales de mayor éxito reciente, Avenue Q, que continúa en cartel en Nueva York, triunfó en Londres durante cuatro años y ha sido visto por más de 80.000 espectadores en Madrid (actualmente la versión española se encuentra de gira por España con fechas cerradas en San Sebastián, Vitoria, Bilbao y Barcelona hasta finales de noviembre).

También ha contribuido, a pesar de su accidentado estreno, las ventas del musical Spider-man. Turn off the dark, que hoy precisamente abre el telón de nuevo tras una profunda reestructuración de la obra después de las críticas adversas y los cambios de producción drásticos como el despido de su directora, Julie Taymor. Esta semana también se publica la que se anuncia como banda sonora del musical, una selección de canciones que no respetan el orden narrativo y que además, con las modificaciones sufridas en la obra, ha quedado ya desde antes de su publicación, obsoleta además de incompleta, ya que Bono y The Edge han compuesto algunas canciones nuevas. No obstante, con las reservas necesarias ante una edición que no corresponde fielmente con la obra original (suponemos que la compañía tendrá bajo la manga la posibilidad de lanzar otra edición "completa" más adelante), En primera Fila tendremos ocasión de repasar algunas de sus canciones. 

Si el cine se ha beneficiado en muchas ocasiones de los éxitos de Broadway, desde hace unos años vivimos el fenómeno contrario. La repercusión de éxitos cinematográficos contribuye a la buena marcha del teatro musical. Y así adaptaciones como Shrek, Sister act, Priscilla. Queen of the desert, Billy Elliot, etc. han dado un nuevo impulso a las obras musicales. Y también la incorporación de estrellas cinematográficas a los escenarios, como ocurre este año con Daniel (Harry Potter) Radcliffe, protagonista de la reposición del musical mil veces versionado How to succeed in business without really trying.

La ceremonia de los Premios Tony este pasado fin de semana no deparó sorpresas importantes en los premiados, y demostró una vez más que resultaría más entretenido trasnochar para ver los Tony que hacerlo para ver los Oscar. Hay una diferencia clara entre el ritmo, la buena disposición, los guiones y por supuesto la calidad de los números musicales que se pueden ver en ambas ceremonias. Y el excelente trabajo como maestro de ceremonias de Nick Patrick (Cómo conocí a tu madre) Harris, acompañado en alguna ocasión por Hugh Jackman (hacemos una petición formal para que vuelva a los Oscar después del desastre de la última edición), nada tiene que ver con la escasa empatía de los últimos presentadores de los premios de la Academia de Hollywood. 

The Scottsboro boys fue el gran damnificado del triunfo de The book of mormon, porque compartía buena parte de las nominaciones. También se fue con las manos vacías la adaptación musical de la película de Pedro Almodóvar Mujeres al borde de un atque de nervios, así que no podrá tener una nueva oportunidad tras el desinterés del público en su estreno oficial en enero, que obligó a cancelar las representaciones antes de la fecha prevista. El resto de obras se quedó con las migajas, destacando el premio al veterano John Larroquette (el inolvidable fiscal Dan Fielding de la serie Juzgado de guardia), que acompaña a Daniel Radcliffe en How to succeed in business without really trying. 

La ceremonia, por cierto, no pudo celebrarse en su escenario habitual, el Radio City Music Hall, porque éste se encuentra reservado por el Cirque du Soleil para las representaciones de su último espectáculo, Zarkana, que se estrenó en Nueva York hace unos días y a partir de noviembre se podrá ver en Madrid.

A pesar de cierta falta de originalidad y algunos trabajos decepcionantes (Marc Shaiman no logra alcanzar la rotundidad de sus canciones para Hairspray con la adaptación de la película Atrápame si puedes (Catch me if you can), de Steven Spielberg), los musicales continúan atrayendo al público, tanto en los escenarios de Broadway o el West End como en Madrid o Sevilla (el paso de la obra Chicago por el Teatro Lope de Vega ha sido todo un éxito de público). 

Premios Tony 2011 (Musicales):

The book of mormon
9 Premios / 14 Nominaciones
Mejor Musical
Mejor Dirección (Casey Nicholaw y Trey Parker)
Mejor Libreto (Trey Parker, Robert López y Matt Stone)
Mejor Música (Trey Parker, Robert López y Matt Stone)
Mejor Actriz de Reparto (Nikki M. James)
Mejores Orquestaciones (Larry Hackman & Stephen Oremus)
Mejor Diseño Escénico (Scott Pask)
Mejor Diseño de Luces (Brian McDevitt)
Mejor Diseño de Sonido (Brian Ronan)

Anything goes
3 Premios / 9 Nominaciones
Mejor Reposición
Mejor Actriz Principal (Sutton Foster)
Coreografía (Kathleen Marshall)

Catch me if you can
1 Premio / 4 Nominaciones
Mejor Actor Principal (Norbert Leo Butz)

How to succeed in business without really trying
1 Premio / 8 Nominaciones
Mejor Actor de Reparto (John Larroquette)

Priscilla. Queen of the desert
1 Premio / 2 Nominaciones
Mejor Diseño de Vestuario (Tim Chappell & Lizzy Gardner)