26 noviembre, 2006

Festivales: 2 + 2 = 6

No se sabe por qué extraña razón, cuando se lanzan al aire las cifras de espectadores de festivales de cine, solo hay que elaborar sencillas sumas para darse cuenta de que las cantidades no cuadran. Como en el Sevilla Festival de Cine, que como se distraigan, les va a acabar saliendo más público que el que cabe en las salas de los cines.


Ahora que acaba de concluir el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva es hora de hacer cuentas. ¿Ha tenido éxito? ¿Ha habido espectadores? ¿Se han llenado las salas? ¿Quién ha cronometrado los diez minutos de aplausos que se le dieron a la película “¿Por qué se frotan las patitas?” en una gala dirigida por Kulturama Producciones, o lo que es lo mismo, La Zanfoña Producciones, que a la vez es la propia productora de la película? Cifras, cifras y más cifras. En la era de la comunicación, la competitividad y los “shares” de audiencia, hasta los eventos culturales públicos deben justificar su existencia con cifras de taquilla. Vamos, como si el hecho de ser soporte de cinematografías desconocidas, de dar a conocer a artistas olvidados o de presentar obras de calidad no fuera suficiente como para asumir la necesidad de la existencia de un Festival de Cine, por ejemplo.

Sorprende esta manía de valorar todo por su éxito de público, cuando se trata de eventos culturales necesarios para estimular la vida social en una ciudad. Ahí estaba por ejemplo la obsesión de determinados medios de comunicación sevillanos por contar literalmente el número de espectadores que entraban en las salas durante el Festival de Sevilla, Cine y Deporte. Obsesión, por cierto, que no hemos visto estos últimos años. Y todo para demostrar que aquel festival no interesaba a nadie (tampoco era cierto) y que por tanto su existencia no tenía sentido.

No sabemos aún las cifras de Huelva, pero mucho nos tememos que éstas se utilizarán como balance de la gestión de su recién inaugurado equipo de dirección. Craso error. Habría que valorar si realmente los actos, las películas, los invitados... han sido lo suficientemente interesantes como para volver a convertir a Huelva en un centro neurálgico del, en muchas ocasiones deficiente cine latinoamericano. Pero lamentablemente los políticos (y más los que tenemos por Andalucía) tienen un nivel cultural cercano al subsuelo. Y como solo saben contar electores, lo que les anima, les seduce, les pone las pilas y hasta se la pone dura son los números.

Sí conocemos, sin embargo, los números del Sevilla Festival de Cine. ¡80.000 espectadores! La hostia, vamos. Que no cabía ni un alfiler en ningún sitio, aunque la gala de Clausura estuviera medio vacía. Pero, ¿de dónde sale esta cifra? Comparecía nuestro flamante delegado de Cultura ante los medios de comunicación para dar fe de las cuentas. Un 30% más de espectadores que el año pasado. Desglosemos los datos facilitados:

Nervión Plaza – 59.000

Teatro Lope de Vega – 9.000

Seminario Fassbinder – 400

Exposición – 7.000

Clases magistrales – 100

Ciclo Mes de la Danza – 100

Proyecciones Lebrija – 155

Proyecciones Los Palacios – 155


Pues mira por donde, si hacemos la suma se nos han perdido 4.000 espectadores por el camino. O más. Porque la cifra que se está dando no es la de 80.000, sino la de “más de 80.000”. ¿Y dónde está esta gente? ¿Son los que solo fueron a los cócteles y ya no vieron nada más del festival? ¿Cómo es posible que el delegado de Cultura se presente ante los medios de comunicación con datos que no cuadran?

Hemos empezado este artículo afirmando lo absurdo que es que solo se utilicen las cifras para justificar un evento cultural público. Pero lo que tampoco se debería permitir es que la propia organización juegue con los números al alza para autojustificarse. Porque entonces sí que vamos mal. Que sea la organización la que se apunte al carro de lanzar cifras como si fueran caramelos de la cabalgata de Reyes, y encima cometan la torpeza (segunda torpeza grave, la primera fue la de dar un premio ex-aequo sin que el Reglamento lo permita) de dar cifras que no cuadran, levanta sospechas inapropiadas. Pero no se preocupen. Si seguimos así, el año que viene puede que haya hasta más espectadores que los que caben en el Nervión Plaza y el Teatro Lope de Vega juntos. O quizás se cuenten hasta los que visitan la página web del festival porque, total, como han visto un fotograma de las películas, se pueden considerar espectadores. ¿O no?

Fotos: Sevilla Festival de Cine - Lolo Vasco


20 noviembre, 2006

Huelva: buscando su identidad

El Festival de Huelva no se consolida porque no se encuentra un candidato idóneo como para sacar adelante esta importante cita pese a quien le pese, aunque le tenga que decir cuatro verdades al alcalde bailongo y a la consejera dicharachera.

Tras el repaso al más o menos reciente cine europeo en Sevilla, comienza una cita con el cine latinoamericano en Huelva. Dos festivales que generalmente se han respetado (sobre todo porque Sevilla comenzó de la mano del que fuera fundador del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, José Luis Ruiz). Esta cita anual ha acabado siendo, eso sí, una patata caliente en medio de las trifulcas, ciscos y zapatiestas entre la Junta de Andalucía, que siempre ha apostado "de boquilla" por el festival pero nunca ha sabido qué hacer con él, y el Ayuntamiento de Huelva, que siempre ha querido apoderarse del festival, pero no se sabe muy bien para qué. En definitiva, la cita anual con el cine allende los mares, se presenta como la prueba irrefutable de que un festival, cuando no adopta un único perfil político (todo lo contrario que Sevilla o Málaga), acaba siendo zarandeado por las mezquindades de los políticos (las reuniones del Patronato en Huelva han sido auténticos rifirrafes que no han hecho más que entorpecer la estabilidad de esta importante cita cinematográfica).

Y así, mientras este año el Sevilla Festival de Cine vivía los problemas que pueden surgir cuando la mitad de su organización acaba desistiendo de seguir intentando poner en orden el continuo desorden, en Huelva andan así desde hace varios años. En este último caso, más bien porque no se encuentra un candidato con suficientes cojones para sacar adelante el festival pese a quien le pese, aunque le tenga que decir cuatro verdades al alcalde bailongo y a la consejera dicharachera.

No le faltan a Eduardo Trías (the new director) y a su inexperto pero voluntarioso equipo ganas de hacerlo bien, aunque no lo hayan conseguido del todo este año (ya se hacen notar ciertas deficiencias de organización), pero el proyecto es arduo y difícil. Sobre todo porque el cine latinoamericano está de moda (ahora algo menos), lo cual, aunque pueda parecer paradójico, juega en contra del festival de Huelva. Porque, cuando ni al sereno le importaba un bledo el cine que se hacía en Chile o Brasil, Huelva era la cita idónea para servir de punto de encuentro de cineastas esforzados que sobresalían sobre los demás. Pero ahora, todo quisqui está interesado, y así festivales que quieren abarcar lo inabarcable, como San Sebastián o Málaga, dedican secciones completas que casi son subfestivales a estas cinematografías. Y lo que queda para las fechas de Huelva son las sobras. Y con sobras no se consolida una muestra de estas características.

El Festival de Cine Iberoamericano se inauguró en lo que podríamos denominar como "la noche de La Zanfoña", ya que mientras esta misma productora se encargaba de organizar la gala, también era una producción de La Zanfoña (productora sevillana) la que abría el festival: ¿Por qué se frotan las patitas?, de Álvaro Begines. Un musical ya comentado en este blog cuando aún quedaban retoques por hacer a un montaje previo demasiado largo, pero que, al fin, no termina de solventar los errores ya citados en nuestro comentario.

La programación de esta nueva edición del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva adolece de los problemas ya planteados. Hay lo que hay o, mejor dicho, lo que queda. Por tanto, que la Sección Oficial tenga en general (tampoco hemos visto todas las películas, hay que decirlo) una calidad mediocre no es extraño. Eso sí, que no se hayan encontrado secciones paralelas minimamente interesantes ya es un poco más grave. Y dedicar un premio Ciudad de Huelva a Ernesto Alterio nos parece excesivo.

Por destacar, podemos destacar de las películas que hemos podido ver Chicha tu madre, coproducción entre Argentina y Perú dirigida por Gianfranco Quattrini, que estuvo en el Festival de Mar de Plata y que mezcla el fútbol con el tarot contándonos una historia de interés irregular sobre un taxista aficionado a leer las cartas. Entre la comedia sutil y el drama social, la película no termina de encontrar el equilibrio adecuado. Con mayor solidez está hecha Solo Dios sabe, de Carlos Bolado, una producción mejicano-brasileña en la que ha participado como productor (también es protagonista) el actor Diego Luna. Su compañera de reparto es la actriz brasileña Alicia Braga, sobrina de Sonia Braga, y ya la pudimos ver en Ciudad de Dios. Esta imposible historia de amor pasional consigue mantener el interés gracias a un buen empaque visual y unas interpretaciones igualmente apasionadas, aunque se vuelva un poco melodramática. Y buenas posibilidades de cara a los premios tiene Cuatro mujeres descalzas, quizás la mejor de las películas seleccionadas. Santiago Loza es el director de esta película argentina de corte sencillo: cuatro mujeres relacionadas de modo diferente que se reúnen para asistir a un eclipse de luna. Cuatro historias frustradas, cuatro vidas truncadas sentimentalmente, cuatro retratos perfectamente definidos de la mujer latinoamericana. Es una película triste, pero al final surge el destello de cierta esperanza. Es también una película arriesgada, solo sostenida sobre los diálogos que mantienen, a dos o cuatro voces, las protagonistas. Pero consigue atrapar, eso sí, gracias a las cuatro protagonistas: Eva Bianco, María Onetto, María Pesack e Inés Sánchez Aizcorbe.

12 noviembre, 2006

Sevilla Festival de Cine: Burócratas vs. Cineastas

Sevilla Festival de Cine presume de ser un festival que “promociona el cine europeo”. Por eso resulta paradójico que la mitad de las películas premiadas ya tengan distribución. Pero lo peor es la falta de respeto de los jurados que este año han participado en la muestra.


Concluyó la tercera edición del Sevilla Festival de Cine con un balance diferente según provenga de la organización o de los cronistas y espectadores. Curioso distanciamiento que no hace más que plantear serias dudas sobre si existe realmente una conexión entre la dirección del festival y el sentimiento general de los verdaderos protagonistas (no los políticos, ni los ejecutivos de las instituciones europeas, sino el público que ha aguantado estoicamente las penurias organizativas).

El director del festival, Manuel Grosso, afirmó que las cancelaciones, cortes y demás desajustes de este año “son equivalentes a los de otros años”. Pero espectadores y cronistas están de acuerdo en confirmar que no recuerdan un primer fin de semana tan desastroso en los dos + tres años deportivos de historia de este evento. Minimiza también la ausencia de representantes de las películas programadas (en la clausura, ningún director premiado estuvo presente, lo cual dio lugar a una foto final de risa: Pilar Távora, Lucía Hoyos, Gervasio Iglesias... ¿qué era eso? ¿Los Premios ASECAN?). Y ya va siendo hora que se dé mayor protagonismo a los cineastas que a los ejecutivos. Se anuncia una espectacular cifra de 80.000 espectadores que ya me dirán de donde salen si ya el año pasado la de 65.000 que se dio oficialmente contrastaba con la real disminución (con partes de taquilla en la mano) en las salas. No habría que asustarse: un festival debe encontrar su público y no pasa nada porque se vaya ajustando en número. Pero aquí parece que lo importante es hacer campaña con cifras espectaculares. Eso sí ¿se cuentan como espectadores los que se han quedado sin ver las películas canceladas? ¿Y los niños que los primeros días de las sesiones de Europa Joven vieron cómo no había llegado la copia de una película porque, digamos, no se había pagado a tiempo el canon de exhibición?

Sevilla Festival de Cine presume de ser un festival “joven” que “promociona el cine europeo”. Loable labor. Por eso resulta paradójico que la mitad de las películas premiadas ya tengan distribución. Es más, el reparto entre distribuidoras ha sido equitativo: premios para Golem (Venus), Alta Films (La vida de los otros) y Wanda (Borrachera de poder, La suerte de Emma). Luego, si se pretende apoyar la exhibición de películas europeas, ¿no sería más lógico premiar títulos que no tengan distribución para promover su compra?

En todo caso, Sevilla Festival de Cine parece más preocupada por el apoyo institucional que por la labor real de difusión del cine. Se está convirtiendo en un festival de burócratas, con una evidente falta de respeto (proyecciones en DVD de ínfima calidad, no tener en cuenta los formatos de las copias...) hacia los cineastas, ausentes en su mayoría. Pero peor ha sido la falta de respeto de unos jurados que también han estado ausentes. No es de recibo que los jurados de secciones competitivas como la Oficial o Eurodoc no asistan toda la semana al evento, y que muchas de las películas las acaben viendo en sus casas en DVD porque están muy ocupados. Resulta aún más sangrante cuando algunos, como Gerardo Herrero, son productores y directores de cine, y por tanto habría que exigirles mayor respeto por las obras de sus colegas. Si Sevilla Festival de Cine quiere compararse a festivales grandes, que cumpla también con su obligación de tener jurados que al menos sean capaces de hacer su trabajo.

Lo más grave con respecto a los premios este año, sin embargo, proviene de cierta desorientación por parte de los organizadores, que acaba provocando hasta incongruentes (a ver cómo lo arreglan ahora) incumplimientos del reglamento. Porque dar el Premio del Jurado ex-aequo a las últimas películas de Claude Chabrol y Otar Iosseliani está muy bien, pero no está contemplado en el Reglamento del Festival que se puede descargar desde su página web, y en el que, literalmente, se expone: "Los diferentes premios de las categorías a concurso no podrán declararse ex-aequo ni desiertos". ¿Comorrrr? Entonces ¿qué pasa? ¿A los jurados no se les entregan los Reglamentos del Festival? ¿O son los responsables directivos quienes no se lo saben? Craso error que podría costarle al Ayuntamiento tener que desembolsar, no 30.000 euros entre las dos distribuidoras, sino 30.000 a cada una de ellas porque, si quisieran exigir el cumplimiento real del reglamento, puesto que el premio ex-aequo supone una flagrante metedura de pata, deberían pedir el pago de la cantidad íntegra prometida. Claro que quizás es que piensan que ninguna distribuidora va a tener la osadía de comprar los derechos de una película de Iosseliani.

29 octubre, 2006

Cine Inédito (III)

De nuevo, hacemos un repaso a películas inéditas en España que, en algunos casos, se han visto favorecidas por su pase en festivales de cine, pero que en definitiva no terminan de encontrar su espacio en las carteleras españolas. No obstante, nos parecen lo suficientemente interesantes como para comentarlas.

Empezamos por un trabajo cinematográfico no estrictamente cinematográfico. Me explico: en realidad forma parte de un conjunto artístico que se sostiene principalmente sobre una exposición de fotografías del artista canadiense Gregory Colbert, montada en un espacio itinerante que por el momento solo se ha visto en algunas ciudades norteamericanas y en Enero llegará a Tokio. Ashes and snow (título genérico del proyecto) es también una novela (compuesta por una serie de cartas ficticias), una banda sonora y una película de 60 minutos de duración que contiene la representación en movimiento de las fotografías que Colbert ha tomado en distintos continentes. El documento (más que documental) muestra algunas de las composiciones e imágenes más bellas que hemos visto en mucho tiempo, con un sentido de la estética digna de mención. La música creada por Lisa Gerrard (conocidas son sus aportaciones al cine en otros trabajos como Gladiator, Ali o Whale rider) contribuye al hermoso poder hipnótico de esta película narrada por Laurence Fishburne que, desgraciadamente, será difícil de ver en España.

Otra propuesta interesante es la del neocelandés Vincent Ward, que despuntó hace unos años con una curiosa historia de aventuras (Navigator), pero siempre encontró dificultades para poder terminar sus otros proyectos, con resultados irregulares (Map of the human heart, What dreams may come). Finalmente, el año pasado rodó River Queen, historia que profundiza en la relación entre ingleses e indios mahoríes durante la colonización en 1860. La historia de una mujer irlandesa (espléndida Samantha Morton) que tiene un hijo con un guerrero mahorí y se encuentra perdida entre dos civilizaciones enfrentadas, consigue trasladarnos la sinrazón de la violencia y la imposición colonizadora. Kiefer Sutherland y Stephen Rea la acompañan en una película que también tuvo problemas de producción, siendo despedido Vincent Ward a mitad de filmación, y contratado de nuevo en pleno proceso de posproducción.

Afortunadamente, el Festival de Sitges ha traído a España interesantes títulos que aún permanecen inéditos. Por un lado, la ganadora del premio a la Mejor Película y Mejor Actriz, la alemana Réquiem, de Hans-Christian Schmid, de la que el Sevilla Festival de Cine programó su interesante Lichter (Distant lights) en 2004. Lamentablemente, este año no se podrá ver en Sevilla su última película, aunque sí se estrenará próximamente en España con el titulo Réquiem (El exorcismo de Micaela). Se trata de una dramática historia ambientada en los años 70 protagonizada por una joven epiléptica a la que la férrea convicción religiosa de sus padres condujo a someterse a sesiones de exorcismo. Interesante propuesta en tono casi documental que se ve favorecida por una contundente interpretación de la actriz Sandra Hüller.

También Sitges acogió el pase de Brick, (estreno previsto para el 10 de Noviembre) Premio al Director Revelación y Premio Especial del Jurado en Sundance en 2005. Propuesta divertida la del director y guionista estadounidense Rian Johnson que traslada una típica trama de cine negro, en la que los personajes hablan como si hubieran salido de una novela de Dashiel Hammett, pero con la particularidad de que son estudiantes de instituto. Así que aquí hay investigadores listillos, macarras violentos, femme fatales, y todo el universo detectivesco, pero con acné. La película no zozobra en el ridículo (como otros intentos) gracias a los actores y a un magnífico trabajo de guión y dirección que mantienen el nivel muy alto, y acaba haciéndola más interesante si cabe que títulos más convencionales y menos logrados como La dalia negra.

Recientemente hemos podido ver una nueva historia llegada de Oriente que contiene, siempre lo hemos dicho, la más novedosa concepción cinematográfica de los últimos años. Sin embargo, The banquet, del chino Xiaogang Feng (responsable de aquella divertida propuesta titulada El funeral del jefe que se pudo ver en el Festival de Sevilla) se mueve por derroteros más clásicos; de hecho, se trata de una versión libre de Hamlet. La película ha sido elegida como representante de Hong-Kong en los Oscar y traslada una espectacular puesta en escena (el decorado construido es el mayor que se ha hecho para una película china) con hermosas secuencias, siempre con una cuidada estética y planificación, y con bien dosificadas escenas de lucha. Pero resulta más introspectiva de lo habitual y quizás por ello llega a resultar cansina. Destaca la hermosa partitura creada por Tan Dun, uno de los compositores más destacados de la música contemporánea, ganador del Oscar por Tigre y dragón, de la que también fue protagonista la bella actriz Ziyi Zhang (a la que hemos visto asimismo en Memorias de una geisha) y que aquí se desenvuelve con soltura en el papel de una pérfida Emperatriz.

Si quieres participar en nuestro blog, escribe tus comentarios y cuéntanos tu opinión sobre el último cine que has visto. / If you want to take part in our blog, write your commentaries about the last films you have watched.

12 octubre, 2006

Cabezas y patitas

Dos de las propuestas "andaluzas" de la temporada encuentran eu hueco en la cartelera entre planteamientos de cierta originalidad y arriesgada puesta en escena. Andalucía sigue ofreciendo, quizás, las películas más novedosas del cine español, eso sí, con resultados dispares.

Que Santiago Amodeo tiene la cabeza bien puesta es algo que quedaba claro desde sus primeras incursiones en el mundo del cortometraje, y sus proyectos co-escritos y co-dirigidos junto a Alberto Rodríguez. Y aunque su primera película en solitario, Astronautas, no llegara a alcanzar para nosotros el grado de interés que esperábamos, sobre todo por un final demasiado acomodaticio, lo cierto es que siempre hemos visto en este director esa capacidad para, al menos, hacer las cosas de forma diferente, plantear historias quizás mil veces vistas pero con un envoltorio arriesgado.

Así ocurre con Cabeza de perro, en realidad una historia de amor de las de toda la vida, pero protagonizada por un joven con una extraña enfermedad mental. Aunque sí es cierto que resulta más atractiva la relación tierna con el anciano (espléndido Manuel Alexandre) que con la chica de turno, bastante desdibujada (los personajes femeninos no son el fuerte de Amodeo). Aquí Santiago Amodeo logra un planteamiento visual, una narrativa y una puesta en escena con la que consigue desposeer a la historia de todo aquello que la pueda situar en el terreno del cine convencional. A Santiago Amodeo la productora madrileña Tesela le "sugirió" remontar la película porque era demasiado extraña, poco comercial. Sinceramente, creemos que cayeron en un error, porque el público de Cabeza de perro, por mucho que nos la quieran vender con el careto de Juan José Ballesta (que en esta película tampoco demuestra grandes capacidades como actor) para recoger los frutos del éxito de Siete vírgenes, no es una película para el gran público. Es una película más personal, más original, que podía haber sido más redonda si no hubiera sufrido los recortes finales.

Y ahí es donde encontramos, además, las auténticas diferencias entre Santiago Amodeo y Alberto Rodríguez, dos directores interesantes pero por distintas razones. De hecho, tras sus trabajos juntos en el cortometraje Bancos y en el largometraje El factor Pilgrim, y viendo sus carreras en solitario, se entiende que estuvieran destinados a trabajar por separado. No pueden ser más divergentes las propuestas de Astronautas y Cabeza de perro en oposición a El traje y Siete vírgenes. Particularmente, nos interesan más las de Amodeo, sin quitar méritos a las de Rodríguez.

Otra propuesta hecha en Andalucía es ¿Por qué se frotan las patitas?, primer largometraje de Álvaro Begines, director de algún cortometraje poco inspirado. En este caso, con el planteamiento defensor de los okupas y de cierta libertad de acción, se adentra en la historia de una mujer mayor (sinceramente, no vemos a Lola Herrera tan mayor como se pretende hacer en la película) que decide romper con su familia y buscar su propia identidad como mujer. Lo novedoso del tema es que se plantea como un musical andaluz que utiliza conocidos temas populares más o menos recientes para incorporarlos como números musicales al argumento. No es desdeñable la idea, aunque el "Aserejé" no sea precisamente la mejor canción para incorporar a un musical. Sin embargo, el conjunto queda irregular, por un guión que resulta en muchos momentos anodino, y porque los playblacks no están especialmente logrados.

Los personajes tampoco logran levantar el vuelo, quizás también porque hemos visto tantas veces a Antonio Dechent hacer el mismo papel que ya no resulta creíble, y porque Lola Herrera, repetimos, no da el pego como viejecita rebelde. Y ya si se ponen a cantar con voces perfectas, la verosimilitud se va al cuerno.

27 septiembre, 2006

Festivales muertos, genios muertos, músicos bocazas

El mundo de la música de cine anda revuelto. Por un lado, la muerte de Sir Malcolm Arnold, compositor de extraordinaria dimensión que sin embargo acabó siendo conocido popularmente por una melodía que ni siquiera escribió. Por otro, las declaraciones de James Horner menospreciando la música rechazada de Gabriel Yared en "Troya" y arremetiendo contra Terrence Malick. Por último, la confirmación definitiva del desinterés que ha provocado en Sevilla la desaparición de la cita más importante de la música de cine en Europa.

La programación que para la temporada ha hecho pública el Teatro de la Maestranza de Sevilla confirma definitivamente lo que ya se sabía. El Encuentro Internacional de Música de Cine, que se convirtió (lo sigue siendo aún porque no ha surgido ningún evento de su trascendencia) en la cita con la música de cine más importante de Europa, ha sucumbido ante la indiferencia de los gestores culturales y los medios de comunicación. Nadie parece echar de menos esos conciertos que trajeron a Sevilla a todos los grandes músicos de cine clásicos (verbigracia John Williams, que sigue siendo la asignatura pendiente en España, aunque hay alguna reciente iniciativa que continúa intentándolo). Por aquí pasaron Jerry Goldsmith, John Barry, Elmer Bernstein, Georges Delerue, Ennio Morricone... además de nuevas incorporaciones al universo fílmico como Howard Shore, Patrcik Doyle, Roque Baños o Gabriel Yared.

Curiosamente, aquel estreno de la Sinfonía de El señor de los anillos se convirtió en la definitiva debacle del encuentro, en cuyo seno ya se vislumbraba la verdadera razón de su deceso: El desinterés de sus promotores, principalmente la Diputación Provincial de Sevilla, reforzada por el cada vez mayor distanciamiento de su mentor, Carlos Colón, de los preceptos socialistas (contra los que viene soltando diatribas desde su púlpito en el populista Diario de Sevilla). En definitiva, lo de siempre.

Lo peor, en todo caso, es la absoluta indiferencia del mundo cultural sevillano que, como en otras ocasiones, deja pasar la oportunidad de seguir siendo referente de la música. Sí, Sevilla es promocionada desde su Ayuntamiento como la Ciudad de la Música, pero defenestra una cita que al menos en los últimos años contó con el repaldo del público.

Otra cosa es que la organización del último concierto fuera un desastre (no por los organizadores, sino por el pasotismo de los patronos), y la espantada del Coro de la Maestranza a última hora (actitud poco profesional) provocó que al final fuera un coro, digamos, rociero quien se encargara de emular los aires elfos de la banda sonora.

Lástima que la vida cultural siga pendiente de los caprichos de la vida política.

Mientras tanto, se nos fue Malcolm Arnold, a los 84 años, antes de estrenar su última obra en Londres, inspirada en Los tres mosqueteros. Este músico de exquisito prestigio, aunque tan poco programado por las orquestas españolas, acabó llegando a la popularidad gracias a la famosa Marcha del Coronel Bogey, tonada de Kenneth Alford que, como Malcolm Arnold confesaba en una de sus últimas entrevistas para Miguel Ángel Ordóñez y Pablo Nieto en la revista virtual Scoremagacine, escogió sin ninguna razón especial, y acabó convirtiéndose en sello representativo de su música aunque no tuviera nada que ver con él. Suponemos que muchos académicos de Hollywood votaron la banda sonora de El puente sobre el río Kwai para ganar el Oscar mientras silbaban la melodía, creyendo que era obra de Arnold. Paradojas que sólo el cine puede producir.

Y James Horner ha levantado la caja de los truenos con sus declaraciones para Daniel Schweiger en la radio online filmusicworld con respecto a su trabajo en Troya y poco menos que su condición de salvador del desastre. Pero lo más curioso es su absoluto desprecio por la música que había creado Gabriel Yared ("música de película de Hércules de los 50") y su relato poco respetuoso de los hechos que llevaron a Wolfgang Petersen a despedir al compositor libanés. Las declaraciones sueltan chispas, llegando a afirmar que la banda sonora de El paciente inglés es prácticamente Bach (vamos, que no tenía nada de original). Claro que si lo afirma un compositor cuyas "referencias" clásicas son más que evidentes, por no decir constantes, produce risa. James Horner afirma que tuvo sólo 10 días para componer la música de Troya, justo el mismo tiempo en el que Malcolm Arnold usó para componer la banda sonora de El puente sobre el río Kwai.

También habla de su trabajo en El nuevo mundo y cómo se despreció su música, haciendo un desaguisado tal en el montaje que, como afirma, "la película era incomprensible, no se entendía. Todo el mundo lo decía. Todo el mundo. Pero el director tenía el poder del montaje final. Y mi música ya no tenía sentido". Y sigue diciendo: "Fue una de las experiencias más decepcionantes que he tenido. A Terrence Malick le gustaba mi música, pero no tenía ni idea de qué hacer con ella, no tenía ni idea de cómo utilizarla".

Bueno, al menos de falta de sinceridad no se puede acusar a James Horner. Pero, ya lo sabemos, no es un tipo que tenga muchos amigos entre la profesión debido a su (parece que justificada) fama de prepotente.