14 diciembre, 2018

Premio Nobel de la Paz 2018: activismo entre laureles

En los Premios Nobel de la Paz concedidos en los últimos años se alternan las personalidades reconocidas internacionalmente y el activismo que desde cierto anonimato lleva a cabo una denuncia silenciosa a veces en torno a algunas de las afrentas más crueles a la especie humana. Cierto es que en algunas ocasiones el comité que selecciona al premiado acaba cayendo en la red del populismo, como ocurrió con la polémica concesión a Barack Obama en 2009, pero algunas veces su trascendencia mediática puede servir para denunciar realidades atroces que se cometen en países desolados por la guerra. 

Es el caso de este año, con la concesión del Premio Nobel a la activista iraquí Nadia Murad y al ginecólogo congoleño Denis Mukwege, ambos unidos en la lucha contra la violencia sexual como arma de guerra. La primera, tras vivir veinte meses de esclavitud por los yihadistas y lograr huir de de las violaciones a las que fue sometida, vive ahora en Alemania pero continúa denunciando que la minoría yazidi, considerados herejes por los islamistas radicales, viene sufriendo una persecución atroz, especialmente en el caso de las mujeres, de las que ella misma denuncia que más de 3.000 permanecen desaparecidas. El segundo tuvo que huir de Lemera, en la República Democrática del Congo, tras vivir el asesinato de más de 35 pacientes en el hospital que dirigía, a manos de un grupo armado. Y finalmente se ha convertido en el ginecólogo que, junto a su equipo de médicos, ha atendido a más de 50.000 mujeres víctimas de la violencia sexual, cuyo trabajo fue reflejado el año pasado en el documental Congo, un médécin pour sauver les femmes (Angèle Diabang, 2017). 

En su discurso en el Ayuntamiento de Oslo, Denis Mukwege hacía referencia a los teléfonos móviles que portaban los asistentes, todos ellos necesitados del cobalto que en buena parte se extrae en las minas del Congo, y que en vez de producir riqueza para el país, ha provocado guerras y luchas por el poder. Noruega es un ejemplo de cómo la extracción de una fuente natural, en este caso, el petróleo, puede generar riqueza. Pero Noruega no es un país africano, donde la opresión provocada en buena parte por los propios países occidentales, genera pobreza en vez de riqueza. O al menos solo genera riqueza para unos pocos. 

Que el Premio Nobel de la Paz sea el único que se entrega por el Parlamento noruego tiene una explicación difusa. El instaurador de los premios, el científico sueco Alfred Nobel, inventor de la dinamita, decidió esta circunstancia en su testamento, y realmente nunca explicó por qué cinco de los premios se entregaban en Suecia y uno de ellos en Noruega. Ciertamente, en su época Suecia y Noruega estaban unidos, y era el Parlamento noruego el que se encargaba de la política interior, por lo que pudiera pensarse que estaría menos sujeto a influencias externas. En todo caso, desde 1901 el Nobel de la Paz se entrega en Oslo, habiendo tenido varias sedes a lo largo de los años, como la Universidad, pero actualmente tiene como escenario de la ceremonia el Ayuntamiento de la ciudad. 


La celebración de la entrega del Premio Nobel de la Paz se desarrolla durante cuatro días ,entre el 8 y el 11 de diciembre. Y se trata de una cita que de alguna manera quiere hacer partícipe a la ciudad, aunque realmente los actos centrales están exclusivamente abiertos a las autoridades y los medios de comunicación. El día 9 de diciembre, un día antes de la ceremonia de entrega, se celebra a las puertas del Ayuntamiento un concierto de bienvenida a los premiados, que está abierto a la participación de los ciudadanos, rodeado de grandes medidas de seguridad. Es un concierto de perfil local, protagonizado principalmente por destacados artistas noruegos que, como ocurre en muchas de las celebraciones que tienen lugar a lo largo del año, está adornado de cierto aire nacionalista. Es la primera vez que los galardonados con el Premio Nobel de la Paz hacen una aparición pública en la ciudad, y ciertamente a los protagonistas de este año se les veía algo abrumados por las circunstancias. Es en estos casos en los que precisamente el carácter fastuoso de los premios, con cierta tendencia a lo pomposo e institucional, choca directamente con las circunstancias vitales de los premiados. Desde el desierto de Sinjar (Irak) o las colinas que rodean al lago Kivu (Congo) hasta la protocolaria celebración del galardón en Oslo, el camino que han recorrido Nadia Murad y Denis Mukwege ha sido difícil. 


Protocolaria es la ceremonia de entrega del Premio Nobel de La Paz en el Ayuntamiento de Oslo, con la presencia de la familia real noruega. El acto, entre discursos y algunos números musicales, que este año incluyeron la actuación de la cantante sueca Ane Brun, que interpretó el tema "Horizons" escrito por el norteamericano Dustin O'Halloran para la banda sonora de la película Puzzle (Marc Turtletaub, 2018), es una especie de encuentro pomposo que tiene como principal interés los discursos que desarrollan los premiados. Y en este caso ambos hicieron hincapié en la necesidad de establecer un protocolo real de denuncia de las atrocidades que se cometen en países como Iraq y Congo, en los que la utilización de las mujeres como objeto sexual es un hecho que difícilmente puede solaparse. Aunque ciertamente los esfuerzos que hace Naciones Unidas son tan inútiles como casi todo lo que proviene de una institución que funciona más sobre el papel que en la práctica. En el acto destacó, desde el punto de vista mediático, la presencia de la abogada y activista Amal Clooney, esposa del actor George Clooney, que ha sido en buena parte el principal apoyo internacional de Nadia Murad para su denuncia en contra del Daesh. 


El mismo 10 de diciembre por la tarde se celebra en Estocolmo la entrega del resto de los seis Premios Nobel, que este año fueron concedidos a James P. Allison y Tasuku Honjo (Medicina), Arthur Ashkin, Gérard Mourou y Dona Strickland (Física), Frances Arnold y George P. Smith y Sir Gregory P. Winter (Química) y William D. Nordhaus y Paul Homer (Economía). El Premio Nobel de Literatura de este año ha sido pospuesto debido al escándalo de abusos sexuales protagonizado por el dramaturgo Jean-Claude Arnault, marido de la poetisa sueca Katarina Frostenson, que forma parte de la Academia de Suecia. Condenado a seis meses más de cárcel tras una apelación, el escándalo ha removido de tal manera los cimientos de la institución que finalmente ha provocado la suspensión del premio por este año. No deja de ser curioso que, mientras el Premio Nobel de La Paz pone su mirada sobre la triste realidad de la violencia sexual en países azotados por la guerra, también sea la salvaje violación sexual la que haya puesto en entredicho a una de las instituciones más prestigiosas de Occidente. 

En Oslo, el mismo día que se entrega el Premio Nobel de La Paz, tiene lugar por la tarde una concentración que recorre la calle principal, Karl Johanns Gate, hasta el Grand Hotel, donde se alojan los galardonados. Se denomina el Desfile de Antorchas, porque es un encuentro en el que los ciudadanos realizan este recorrido con antorchas encendidas, como homenaje al premiado o premiados de ese año, y se acaban concentrando a las puertas del Grand Hotel, a cuyo balcón se asoman los galardonados para saludar. Es un acto sencillo, pero especialmente emotivo.

De forma paralela a los actos de entrega del Premio Nobel de La Paz, el Nobel Peace Prize Forum, que organizan la Universidad y el Ayuntamiento de Oslo, celebra una serie de conferencias y paneles de discusión en torno a temas relevantes para la comunidad internacional. Este año, el Forum acogió la visita de uno de los premiados con el Nobel, el ex-vicepresidente de los Estados Unidos Al Gore, activista contra el cambio climático, que recibió el Premio Nobel en 2007. No deja de ser curioso que se hable sobre las consecuencias del cambio climático en un país como Noruega, que aún vive de las extracciones de petróleo, siendo la quema de combustibles fósiles una de las mayores causantes de la destrucción de la capa de ozono. 

Noruega suele tener estos contrastes: mientras invierten y se vanaglorian de tener una amplia flota de coches eléctricos, siguen amparándose en el fallo positivo de los tribunales noruegos para continuar realizando perforaciones en el Mar de Barents, en pleno Círculo Polar Ártico, para las que el gobierno noruego concedió 10 licencias a compañías petrolíferas, lo que provocó una denuncia ante la justicia por parte de de Greenpeace. Pero a principios de 2018 los tribunales noruegos le dieron la razón al gobierno, así que Noruega puede seguir esquilmando las aguas del tan sensible Ártico para seguir sacando beneficio de una industria que se les está acabando. Ante esta circunstancia, por supuesto, ni Al Gore ni ninguno de los invitados al Nobel Peace Prize Forum, hicieron referencia alguna. Porque, ante todo, hay que ser educados con los anfitriones, aunque eso nos cueste el futuro del planeta. Son las contradicciones de la sociedad occidental. 



01 diciembre, 2018

La televisión en las mesas de debate

La espectacular repercusión de las producciones televisivas en el actual panorama audiovisual ha convertido a este sector en uno de los que más atención despierta en los foros internacionales. De esta forma, junto al desarrollo de los proyectos de ficción que en cierto sentido han acabado desplazando en el gusto de los espectadores a otro tipo de formatos, están adquiriendo cada vez más importancia las iniciativas que tratan de establecer un diálogo y un debate en torno al presente y, sobre todo, el futuro de esta especie de boom de la ficción "televisiva" que se viene produciendo en los últimos años. 

Dos de los foros más interesantes en este sentido son el C21 International Drama Summit que se ha celebrado estos días pasados en Londres y, con un enfoque más local, pero no menos interesante, los Nordiske Seriedager que tienen lugar en Oslo a comienzos de la temporada. Mientras en España se siguen celebrando encuentros audiovisuales que tienen como principal reclamo la entrega de premios, el formato que se está estableciendo con mayor éxito en los mercados internacionales es el de los encuentros  entre creadores y productores que, si bien no están exentos de la habitual ceremonia de premiados, ésta no resulta sin embargo su vertiente más destacada, sino que forma parte de un programa más extenso de análisis, conferencias y paneles que muestran al público y entre los propios profesionales de qué forma se está desarrollando el sector.  

Mrs. Wilson (BBC, 2018)
Por supuesto, estos debates vienen acompañados de las presentaciones en primicia de las producciones más recientes que se están preparando o tienen previsto estrenarse en los próximos meses. El programa oficial del reciente International Drama Summit de Londres presentaba en su sesión de inauguración el pasado lunes, un día antes de su premiere en la BBC, la miniserie Mrs. Wilson (BBC1, 2018), producción de tres episodios dirigida por Richard Laxton, que tiene como protagonista a la actriz Ruth Wilson, una de las intérpretes principales de la serie The affair (Showtime, 2014-), acompañada por veteranos actores como Iain Glenn y Fiona Shaw. La actriz interpreta a su propia abuela, Alison Wilson, cuya vida estuvo rodeada de descubrimientos sorprendentes tras la muerte de su esposo, un agente de la inteligencia británica que parecía llevar una doble vida. La miniserie, que se presenta como una de las novedades más destacadas de finales de 2018, tiene una factura impecable, y está bien dosificada en la introducción de elementos cada vez más insólitos, beneficiándose de un buen trabajo de Ruth Wilson, una actriz especialmente dotada para dar vida a personajes complejos y de cierta intensidad dramática. Aunque solo hemos podido ver el primer episodio, Mrs. Wilson es una de esas producciones de la BBC que merecen la pena verse. 

Entre las futuras producciones en torno a las cuales se ha hablado en este foro londinense se encuentra Uspjeh (Success) (HBO, 2019-), la primera serie producida por HBO en los países del Este de Europa, un thriller de seis episodios que dirige el croata Danis Tanović, realizador de películas como En tierra de nadie (Danis Tanović, 2001). HBO también se introduce en los países nórdicos con su primera producción de ficción noruega, la serie Fremvandreme (Beforeigners), (HBO Nordic, 2019-), una historia de ciencia-ficción en torno a personas del pasado que aparecen de pronto en el Oslo del presente; una especie de refugiados del tiempo. Creada por Anne Bjornstad y Eilif Skodvin, responsables de la exitosa Lilyhammer (Netflix, 2012-2014), consta de seis episodios de 45 minutos y tiene su estreno previsto para el próximo año. Por su parte el guionista y director sueco Måns Mårlind, responsable de la exitosa Bron/Broen (The bridge) (SVT, 2011-2018), trabaja en el desarrollo de una nueva producción, Shadowplay (ZDF-Viaplay-Canal +, 2019-), que tiene previsto rodarse la próxima primavera. Se trata de un drama policíaco que se desarrolla en el Berlín de 1946, ciudad a la que llega un detective norteamericano para crear una fuerza policial que mantenga la ciudad en orden en mitad del caos de la guerra. 

También estuvieron presentes en el International Drama Summit los responsables de la nueva serie cómica State of union (Sundance TV, 2019-), el guionista Nick Hornsby y el director Stephen Frears, que hablaron sobre esta nueva producción que, a lo largo de sus 10 episodios de tan solo 10 minutos de duración, nos introduce en la relación de una pareja desde que se conocen hasta que contraen matrimonio. En torno a esta serie, se habló sobre los nuevos formatos que tratan de desembarazarse de la típica producción de larga duración a la que estábamos acostumbrados hasta hace poco. Porque la apertura de los canales audiovisuales a televisiones presentes también en internet, y con la posibilidad para el espectador de visionados "a la carta", permite la posibilidad de explorar nuevos formatos, con diferentes duraciones, presentaciones y desarrollos, o al menos formatos que no permitía la televisión más tradicional. 

La presencia española en este destacado foro internacional ha sido más bien escasa, a pesar del éxito en todo el mundo de producciones realizadas en nuestro país como La casa de papel (Antena 3-Netflix, 2017-). Únicamente Movistar+ ha estado presente a través de su delegado Ismael Calleja. Lo cual resulta algo preocupante en cuanto a la trascendencia de la producción de series españolas fuera de nuestras fronteras. 

De forma parcial al menos, sí encontramos participación española en otra de las novedades que se han presentado: la serie Into the dark (Hulu, 2018-), un proyecto producido por Blumhouse Television, filial de la productora que ha dado lugar a algunos de los títulos más representativos del último cine de terror, y cuya división televisiva ha firmado acuerdos con plataformas tan dispares como Amazon Studios, Netflix o Facebook Watch. Recién estrenada en la plataforma Hulu, Into the dark es una propuesta singular que presenta doce largometrajes vinculados a alguna celebración especial que se emiten a razón de uno por mes. Así, los dos primeros capítulos, The body (Halloween) y Flesh & Blood (Acción de Gracias) ya se han podido ver, con una recepción tibia por parte de la crítica. Y aunque ciertamente no son historias comparables en interés y calidad a otras propuestas de argumentos independientes como Black Mirror (Netflix, 2011-), consiguen un entretenimiento sin grandes pretensiones. El 7 de diciembre se estrena la tercera película, Pooka (Navidad), que dirige el español Nacho Vigalondo, ahora inmerso en el rodaje de los tres episodios de los que es responsable para la serie española Justo antes de Cristo (Movistar+, 2019-), una de las apuestas más ambiciosas de la plataforma para el próximo año.  

Las que sí parece que han encontrado un buen nicho de repercusión internacional son las producciones televisivas escandinavas. El éxito de numerosas series, con adaptaciones a la televisión norteamericana incluidas, viene respaldado por el intenso trabajo que realizan los canales de televisión públicos de países como Suecia, Dinamarca, Islandia y Noruega. de esta forma, los aficionados y los profesionales del audiovisual están siempre atentos a las últimas producciones que llegan desde el Norte de Europa. Es el caso de los próximos estrenos producidos en Islandia y Suecia. Del primero podremos ver Flateyjargátan (The Flatey Enigma) (RUV-Sky Vision, 2018-), una miniserie de misterio que se desarrolla en la solitaria isla de Flatey en 1971, donde una joven profesora que viaja desde París para acudir al funeral de su padre, se ve inmersa en un caso de asesinato. Por su parte, Suecia estrenará el próximo año Honour (Viaplay, 2019-), en torno a un bufete de abogadas que está liderado por cuatro mujeres que deben enfrentarse al aún machista mundo de la judicatura, especializándose en la defensa de víctimas de abusos sexuales. 


Pero entre estos países posiblemente sea Noruega, frente al habitual predominio de Dinamarca y Suecia, el que ha desarrollado en los últimos años un mayor nivel de producción que ha desembocado también en una mayor trascendencia internacional. En Londres algunas de las productoras noruegas más importantes presentaron las series más destacadas de esta temporada. Entre ellas se encuentra la ya prestigiosa Lykkeland (NRK, 2018-), ganadora de los premios a Mejor Guión y Mejor Música en el Festival de Cannes. Precisamente en el encuentro Nordiske Seriedager, celebrado en Oslo, pudimos ver los dos primeros episodios de esta nueva serie centrada en la reciente historia de éxito petrolífero que en los años sesenta convirtió a este pequeño país casi sin recursos en uno de los más ricos del mundo. Realizada con un nivel de producción espectacular, recrea a la perfección la época, y tiene un nivel técnico y de interpretación que resultan realmente notables, al margen de una narración con buen ritmo que, al menos en su dos primeros episodios, mantiene la atención en todo momento. También pudimos ver los primeros capítulos de Kielergata (TV Norge, 2018-), un drama de misterio en torno a un hombre que esconde un pasado peligroso. Aunque se trata de una de las producciones más exitosas en estos momentos en Noruega, el resultado nos parece más bien convencional y excesivamente obsesionado con sorprender al espectador mediante giros de guión, lo que al final acaba restando eficacia a su supuesta dosis de suspense. 

La repercusión de las producciones televisivas noruegas tiene como uno de sus principales baluartes a la serie juvenil Skam (NRK, 2015-2017), un éxito sin precedentes en la televisión de ese país que nació precisamente como un encargo de la televisión pública NRK para atraer a un público adolescente que se les estaba escapando debido a la proliferación de los canales y redes sociales en internet. De esta forma, el objetivo era producir una serie que no solo respondiera al formato estrictamente televisivo, sino que también tuviera una traslación a ese mundo virtual que en buena medida era el que estaba resultando un fuerte competidor para la televisión. Este nuevo formato, que ya había sido experimentado en menor medida en otras series anteriores, usando las redes sociales como un vehículo de actualización de las tramas y los personajes mientras se emitían los capítulos, y el hecho de contar historias que conectaban con la realidad social de los adolescentes noruegos, ha acabado convirtiendo a Skam en una de las series icono de la televisión de ese país. 

Panel en torno a la serie Skam (NRK, 2015-2017)
Curiosamente, NRK se negó a emitir la serie en su página web con subtítulos en inglés (ante la demanda de espectadores de todo el mundo que comenzaron a oír hablar de ella) argumentando problemas de derechos musicales. Pero la proliferación de descargas en todo el mundo por parte de espectadores jóvenes que también se reconocían en la problemática de sus protagonistas, hizo que la serie, a pesar de la falta de visión de la propia NRK, se convirtiera también en un éxito en todo el mundo. 

Dos de los responsables de Skam hablaron en los Nordiske Seriedager de la estrategia de venta de derechos para que se realizaran versiones en distintos países, y así han nacido Skam Austin (Facebook Watch, 2018-), Skam Italia (TIMvision, 2018-), la versión alemana Druck (Funk, 2018-), Skam France (France Télévision, 2018-), Skam España (Movistar +, 2018-) y otras muchas versiones, hasta casi convertirse en la producción que más derechos ha vendido en la historia de la televisión europea. Sin embargo, las adaptaciones en otros países han resultado en general poco acertadas en su traslación y de resultados más bien mediocres en cuanto a repercusión. De las que hemos visto, solo Skam Austin (que de hecho se puede ver en la propia página web de NRK) y Skam Italia (que propone una visión más radical de los personajes) resultan interesantes en comparación con la serie original. Skam España, por ejemplo, refleja con poco acierto las tramas originales, y se ve especialmente perjudicada por un generalizado error de casting. Su paso por Movistar + (una plataforma por otro lado con escaso perfil de espectadores adolescentes) ha sido más bien inefectivo. 

Repercusión international de Skam (NRK, 2015-2017)
Otro de los éxitos recientes de la televisión noruega ha sido Heimebane (NRK, 2018-), cuya segunda temporada se estrena el año que viene con cierto retraso respecto a la fecha prevista debido a una huelga de técnicos que se vivió el pasado mes de agosto (sí, en Noruega también se reclaman subidas salariales) y que interrumpió el rodaje de algunas de las producciones que se estaban realizando. Este drama futbolístico que tiene como protagonista a Ane Dahl Torp, una de las estrellas cinematográficas del país, plantea la posibilidad de que una mujer acabe siendo la entrenadora de un equipo de fútbol masculino de divisiones inferiores. La serie no solo conecta con un público más o menos aficionado al deporte, sino que introduce temáticas sociales que resultan interesantes y acaban construyendo una ficción de complejidad argumental más allá de la propia anécdota deportiva. 

En la primavera de 2019 también está previsto el estreno de Wisting (Viaplay, 2019-), otro drama de misterio con un policía muy carismático al que da vida el actor Sven Nordin, prestigioso actor de teatro al que hemos visto en interesantes producciones como Valkyrien (NRK, 2018-). La ambientación invernal de unos paisajes nevados en plena época navideña, en la que se producen dos asesinatos, sirve como trasfondo para las investigaciones del detective William Wisting, protagonista de una serie de exitosas novelas del autor Jørn Lier Horst quien, junto a Jo Nesbø, es uno de los escritores noruegos de mayor repercusión. 

Nordiske Seriedager también es un foro para el mercado internacional, aunque primordialmente está enfocado a las producciones noruegas. Pero también hay cabida para interesantes debates con invitados de fuera de Escandinavia. Este año el director Jeremy Podeswa, uno de los más aclamados realizadores de televisión para series como The Pacific (HBO, 2010), Boardwalk Empire (HBO, 2010-2014) o The handmaid's tale (Hulu, 2017-) fue invitado para hablar de su trabajo en Juego de tronos (HBO, 2011-), de la que es uno de sus habituales realizadores. Aunque no habló de ningún aspecto relacionado con la última temporada, cuyo estreno está previsto para la primavera de 2019, en parte por cuestiones contractuales y en parte porque él no ha intervenido en ningún episodio de esta octava temporada, sí mencionó algunas anécdotas de su trabajo en la séptima temporada, para la que dirigió el primer y el capítulo final, éste último rodado en parte en las sevillanas ruinas de Itálica como escenario principal. Aunque ciertamente en proyectos de este tipo que está sometidos a un estricto secreto resulta difícil que los que están involucrados puedan hablar de temas particulares que pudieran resultar más atractivos. 
Jeremy Podeswa habla de su trabajo en Juego de tronos (HBO, 2011-)
Otra de las series presentadas en Nordiske Seriedager fue la producción documental Convicting a murderer (Shawn Rech, 2019), un proyecto independiente que tiene previsto su estreno para el otoño de 2019, aunque aún no cuenta con el respaldo de ningún canal de televisión. El documental, que pretende estar compuesto de 10 episodios, es una especie de respuesta a la conocida serie Making a murderer (Netflix, 2015-), cuya segunda temporada se ha estrenado recientemente. La serie plantea un trabajo de investigación en el que se establecen determinadas conclusiones respecto a la condena de un acusado de asesinato, haciendo hincapié en la inocencia del convicto. Pero el director de Convicting a murderer, Shawn Rech, explicaba en el encuentro audiovisual noruego que, tras ver la primera temporada de Making a murderer y comenzar a investigar, encontró numerosas lagunas en el relato que realizaban los responsables de ésta, incluidas determinadas manipulaciones de los hechos, por lo que decidió poner en marcha esta especie de respuesta que cuenta con las declaraciones de algunos implicados que no quisieron participar en la producción de Netflix. Y es que la repercusión de las producciones televisivas supone que también están abiertas al escrutinio de los espectadores y de otros cineastas que, de alguna forma, tienen la capacidad de ofrecer un punto de vista diferente. 
Shawn Rech presenta la serie documental Convicting a murderer (2019)
Encuentros como Nordiske Seridager o International Drama Summit son una buena plataforma para captar el pulso de la producción televisiva actual y, sobre todo, de descifrar en alguna medida el futuro próximo de las tendencias de ficción a nivel internacional. Los nuevos formatos, las plataformas que han revolucionado el sector audiovisual en los últimos años, y que afecta también a esa cada vez más delgada línea entre la televisión y el cine (prácticamente ya deberíamos solo hablar de ficción audiovisual, sin distinguir los vehículos de exhibición, porque no existe prácticamente diferencia), o las tendencias argumentales que marcan la producción de los diferentes países (como hemos visto, en los países escandinavos funciona especialmente bien el género policíaco como elemento de internacionalización de sus producciones), son factores fundamentales para entender la deriva de un sector que parece inacabable. 

También son importantes para analizar el comportamiento de los espectadores que, en cierta medida, han ido adaptándose a las nuevas fórmulas de presentación de estas producciones, pero manteniendo aún comportamientos más "tradicionales". En el International Drama Summit se habló de un estudio realizado por Parrot Analytics en torno al comportamiento de los espectadores de estos medios audiovisuales, y una de las conclusiones es que la tendencia hacia la selección de las series funciona más a través del boca a boca que siguiendo intensas campañas publicitarias o estudios de mercado. De este modo, la base del éxito se sigue construyendo aún sobre metodologías más o menos convencionales. 



18 noviembre, 2018

Conexión Estocolmo- Oslo (y 10ª Jornada): Premios


Ganadores del Festival Internacional de Cine de Estocolmo 2018:

Sección Oficial 

Mejor Película: 
Firecrackers (Jasmin Mozaffari, 2018)

Mejor Directora: 
Eva Trobisch por Alles ist gut 

Mejor Debut: 
Skate Kitchen (Crystal Moselle, 2018)

Mejor Guión: 
Nadine Labaki, Jihad Hojeily, Michelle Keserwany, Georges Kabbaz y Khaled Mouzanar por Capharnaüm (Nadine Labaki, 2018)

Mejor Actor: 
Victor Polster por Girl (Lukas Dhont, 2018)

Mejor Actriz: 
Michaela Kurimsky por Firecrackers (Jasmin Mozzaffari, 2018)

Mejor Fotografía:
Hiroshi Okuyama por Jesus (Hiroshi Okuyama, 2018)

Mejor Documental:
Putin’s Witnesses (Vitaly Mansky, 2018)

Mejor Cortometraje:
Judgement (Raymund Ribas Gutiérrez, 2018)

Impact Award: 
Los Silencios (Beatriz Seigner, 2018)

Premio FIPRESCI
Cold War (Pawel Pawlikowski, 2018)

Premio del Público
Capharnaüm (Nadine Labaki, 2018)


Ganadores del Festival Film fra Sør

Espejo de Plata Mejor Película:
Burning (Lee Chang-Dong, 2018)

Mejor Documental Dok:Sør
Makala (Emmanuel Gras, 2017)

Mejor Película Nuevas Voces:
Ayka (Sergej Dvortsevoj, 2018)

Premio del Público:
Shoplifters (Hirokazu Koreeda, 2018)





Skate kitchen se puede ver en Filmin
Shoplifters (Un asunto de familia) se estrena en España el 21 de diciembre
Cafarnaúm se estrena en España el 15 de febrero 



17 noviembre, 2018

Conexión Estocolmo-Oslo (Jornada 9ª): Conflictos

Cuando ya llegamos al final de una semana en la que hemos visto parte de la producción cinematográfica más destacada de estos últimos meses, las historias se recrudecen y nos acercan a ese contexto tenebroso que lleva al ser humano a enfrentarse entre sí. El cine siempre ha sido reflejo y ha servido como reflexión en torno a los conflictos que han jalonado la Historia, bien sea como contexto o como escenario. Pero el conflicto no tiene por qué ser estrictamente físico, sino que también puede reposar en el interior, sirviendo como forjado de nuestra personalidad. 

En Cold war (Pawel Pawlikowski, 2018), el director polaco construye un clásico con los resortes del cine clásico. En este caso la guerra es un recuerdo que sin embargo permanece en el alma de quienes protagonizan esta intensa historia sobre un amor imposible que se desarrolla a lo largo de varias décadas, comenzando en la Polonia de una posguerra mundial que dejó muchas heridas abiertas. El hecho de que Cold war, ganadora del Premio al Mejor Director en el Festival de Cannes y representante polaca de cara a los Oscar, se presente en un más que significativo blanco y negro no se debe entender como una continuidad respecto a la anterior película, Ida (Pawel Pawlikowski, 2013), también rodada en blanco y negro, ya que en principio el director pretendía realizarla en color. Pero sí le da un cierto aire de estilo que la acerca aún más a ese cine de antaño que rezuma verosimilitud. Cold war es posiblemente la mejor película de este año, tan sobria y tan académica en su estilo, pero tan intensa y tan romántica en su descripción de estos dos personajes que se necesitan pero al mismo tiempo no pueden estar juntos. Presentada en la sección Open Zone del Festival de Estocolmo, Cold war ha logrado en este festival el Premio FIPRESCI, uno más de una larga lista que consolidan a Pawel Pawlikowski como uno de los directores más notables del actual panorama cinematográfico. 


En Donbass (Sergey Loznitsa, 2018), la presencia de la guerra es explícita, porque su sinrazón es el principal leitmotiv de la película. El realizador ucraniano nos acerca en esta ocasión a la guerra que tuvo lugar entre 2014 y 2015 en la zona este de Ucrania, un conflicto poblado de soldados que no eran soldados, sino pendencieros aprovechados de la llamada a las armas para robar y asesinar. La película está estructurada en torno a 13 episodios que conforman un retrato brutal y sórdido de la guerra, que a lo largo del metraje se va haciendo cada vez más despiadado, pero sin mostrar escenas especialmente violentas, porque la violencia es más psicológica, más profunda que el simple golpe físico. Pero no por ello se evita que algunos momentos sean especialmente perturbadores, sobre todo cuando se sabe que la mayor parte de os fragmentos están extraídos de escenas que fueron recopiladas de redes sociales. Donbass, que representa a Ucrania de cara a los Oscar, es una película incómoda, pero esa incomodidad es lo que la hace más reveladora. 


Genèse (Philippe Lesage, 2018) es también una película sobre conflictos, pero en este caso conflictos interiores. Fue la gran vencedora de la pasada SEMINCI de Valladolid, ganadora de la Espiga de Oro a Mejor Película y los Premios a Mejor Director y Mejor Actor, no sin cierta polémica, porque muchos consideraban que era excesivo reconocimiento para una película que ciertamente resulta imperfecta en su desarrollo. El director desgrana a través de tres adolescentes el conflicto interior que experimentan en torno al amor y la sexualidad, describiendo momentos que están sacados muchos de ellos de su experiencia propia en la juventud. En este sentido, Genèse es una película que explora con astucia y cierto sentido del humor esta etapa difícil de descubrimiento de sentimientos, de luchas interiores por entender determinadas sensaciones que a veces sucumben a la razón. Es interesante el trabajo de los actores en esta descarnada exposición interior, aunque haya decisiones de dirección que resultan poco comprensibles, sobre todo es estructura en dos partes que parece presentarnos dos películas diferentes cuya conexión temática no resulta especialmente lograda. 



En el Festival Film fra Sør, que también llega al final de una semana intensa, se presentó la película coproducción hispano-uruguaya La noche de 12 años (Álvaro Brechner, 2018), que aborda los difíciles años de la dictadura militar en Uruguay. Presentada en la pasada Mostra de Venecia, la película se centra en tres prisioneros que pasaron esos doce años encarcelados a pesar de cierta apertura a la democracia que finalmente se produjo en el país. Entre ellos, el que más tarde sería presidente de Uruguay, José Mujica, al que aquí interpreta el español Antonio de la Torre. Aunque para muchos espectadores la primera parte de la película es la mas intensa, aquella que trata de reflejar la desolación y el recorrido hacia la locura que amenaza a los protagonistas, personalmente me resulta cansina y exagerada esa acumulación de imágenes y sonidos, de montaje frenético y superposición de imágenes que trata de adentrarse en las mentes de los personajes principales. Secuencias que incluyen algunas obviedades como una referencia a Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975), una película que sí refleja con acierto el estado de locura, pero sin necesidad de recurrir a grandes efectismos visuales. Solo cuando el pulso del director se tranquiliza y la película adquiere un tono de cine clásico cuando comienza a adquirir una textura y un contenido que resultan atractivos y están bien urdidos desde el punto de vista narrativo. Apoyada eso sí en un buen trabajo de actores, entre los que curiosamente solo Alfonso Tort es uruguayo, acompañado por el argentino Chino daría y el español Antonio de la Torre. A pesar de tratarse de una coproducción con España, esta es la película que representa a Uruguay para las nominaciones al Oscar a Mejor Película Extranjera. 


Por su parte, el documental Les tombeaux sans noms (Rithy Pahn, 2018), es una especie de catarsis personal y artística de su director, que se acerca a una zona en la que aparentemente están enterrados familiares suyos, víctimas del genocidio que provocaron los jemeres rojos en Camboya. En este viaje hacia los recuerdos de un niño de 13 años que perdió a buena parte de su familia en la masacre, Rithy Pahn se reencuentra con un país aún marcado por las heridas de aquella cruenta guerra civil. Y se convierte él mismo en protagonista de ceremonias religiosas en las que las ancianas del lugar tratan de conectarse con sus familiares muertos, mientras a través de entrevistas con algunos campesinos encontramos de nuevo esos relatos terroríficos de una época en la que la muerte y la desolación fueron protagonistas. Pero resulta especialmente conmovedora la forma que tiene Rithy Pahn de representar a aquellos seres cercanos que desaparecieron para no dejar rastro, ni siquiera tumbas en las que colocar sus nombres. Es así Les tombeaux sans noms, presentada en la Mostra de Venecia y representante de Camboya para el Oscar, una película llena de poesía, que conecta con esas otras incursiones del director camboyano afincado en Francia, en torno al genocidio de su país, como S-21, la machine de mort Khmère Rouge (Rithy Phan, 2003) o la más reciente La imagen perdida (Rithy Pahn, 2013),  que se adhieren a los recuerdos de la mayor dosis de crueldad que el ser humano ha protagonizado en la era moderna. 


Cold War se estrenó 5 de octubre
La noche de 12 años se estrena el 23 de noviembre


16 noviembre, 2018

Conexión Estocolmo-Oslo (8ª Jornada): El ser humano

El cine suele es, en la mayoría de las ocasiones, una representación de la condición humana. Decía Carl T. Dreyer que las expresiones de sus actores "reflejan los sentimientos inconscientes del personaje, los secretos que reposan en las profundidades de su alma". En esta representación "del alma" se apoyan historias protagonizadas por personajes que, aunque en general traspasan la pantalla para establecer una conexión con el espectador, no tienen por qué ser necesariamente empáticos, sino que en ocasiones encontramos cierta fascinación por aquellos protagonistas cuyos secretos se van desvelando a lo largo de la narración. 

Esta dicotomía de la personalidad del ser humano está bien reflejada en las películas que se acercan a la trayectoria vital de asesinos en serie, como ocurre con El ángel (Luis Ortega, 2018), la traslación a la pantalla de lavada de Carlos Robledo Puch, considerado uno de los más insensibles asesinos de la historia de Argentina, y condenado a cadena perpetua por cometer once asesinatos cuando no había pasado ni la veintena. Llamado "El ángel de la muerte" porque su aspecto de joven de cara angelical no transmitía la frialdad que escondía su oscura personalidad. Convertida en el gran éxito del cine argentino de este año, y seleccionada para representar a su país en la próxima edición de los Oscar, El ángel compite en la Sección Oficial del Festival Film fra Sør y es una película singular porque su director aborda la historia desde una perspectiva irónica, salpicándola de ciertos toques de humor que resultan a veces chocantes, pero que acaban componiendo un acercamiento poco habitual a la trayectoria de un ladrón y asesino. Podría achacarse al director que le de ese aire de ligereza a una historia de crimen y muerte, y en cierto modo hay una cierta tendencia en la planificación a una "tarantinización" de una trama basada en hechos que ocurrieron realmente. Pero también es cierto que es esta decisión creativa la que confiere a la película una cierta envoltura de mordacidad que permiten acercarse al personaje sin quedar atrapado por su frialdad. Desafección que está bien reflejada en el trabajo del joven Lorenzo Ferro, hijo del conocido actor Rafael ferró, pero debutante en esta película, aquí bien secundado por un Chino Darín, otro hijo de actor, en este caso Ricardo Darín, que conforman una química especial entre sus personajes. Con sus defectos (y sus excesos), El ángel es sin duda una de las películas de la temporada. 


Uno de los directores que mejor ha reflejado esta oscuridad del alma humana es el mexicano Amat Escalante, controvertido realizador de títulos que habitualmente han estado rodeados de cierta polémica, bien sea por la explicitud de sus imágenes, como el caso de Heli (Amat Escalante, 2013), o bien por la singularidad de su planteamiento, como en La región salvaje (Amat Escalante, 2016), la que es su última película hasta el momento. Como no todo van a ser películas recientes, hemos recordado uno de los títulos que forman parte de la sección retrospectiva Film fra Før (Películas de antes), que incluye algunos de los títulos que ha pasado por el festival noruego a lo largo de estos casi 30 años de existencia, que celebrará en 2020. Realizada en colaboración con la Cinemateca de Oslo, una filmoteca de amplia y constante programación de cine en el centro de la ciudad, esta sección incluye películas tan conocidas como Ciudad De Dios (Fernando Meirelles, 2002), Yol (El camino) (Serif Gören,  Yilmaz Güney, 1982), La boda del monzón (Mira Nair, 2001) o Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001). Pero nos interesa especialmente La región salvaje como reflejo de esta representación del alma humana desde su perspectiva más oscura. La incursión de Amat Escalante en una cierta forma de cine fantástico, presente en ese "monstruo" que se alimenta del placer sexual del ser humano, y cuya forma tentacular recuerda en buena medida a los monstruos de H.P. Lovecraft. Pero sobre todo, La región salvaje es una película tremendamente sensual, en la que la cotidianidad más o menos trastocada por los secretos convive con la anormal presencia de este ser extraterrestre que da y se alimenta de erotismo. 


En esta representación de la imperfección humana está el interés de las historias. Es lo que ocurre con la película Thunder Road (Jim Cummings, 2018), que se presenta dentro de la Sección American Independents del Festival de Estocolmo. El proyecto surge de un cortometraje de gran resonancia internacional que dirigió y protagonizó el propio Jim Cummings. En esta comedia, rodada en un un único plano secuencia veíamos al protagonista llegando al momento más absurdo del patetismo cuando pretende dar un discurso en el funeral de su madre. La personalidad del protagonista de Thunder Road (Jim Cummings, 2016) era tan singular que muchos se preguntaban qué podía haber detrás de un tipo tan inconscientemente patético. Y la respuesta la ofrece Jim Cummings, de nuevo dirigiendo, escribiendo y protagonizando este largometraje que comienza precisamente con el mismo plano secuencia del cortometraje. A partir de ahí, asistimos a la desequilibrada vida de un personaje al que acabamos entendiendo en su desquiciado temperamento, quizás no tan alocado como pudiera parecer. Aunque hay que decir que a veces la interpretación de Jim Cummings resulta algo histriónica, también por la misma representación del personaje, en general Thunder Road es una comedia realizada con talento y, sobre todo, un inteligente estudio de personaje que tiene más profundidad de lo que se ve en la superficie. Y que complementa con acierto una historia corta que, ésta sí, daba para desarrollar una trama más compleja. 


En la sección American Independents también se incluye la película Puzzle (Marc Turtletaub, 2018), versión norteamericana del film argentino Rompecabezas (Natalia Smirnoff, 2009). Esta historia sobre una tradicional ama de casa que descubre un mundo nuevo cuando comienza a interesarse por la elaboración de rompecabezas y tiene la posibilidad de acceder a la competición nacional. Como en la argentina, la versión norteamericana se centra en el personaje principal, allí interpretada de forma sensible por la actriz María Onetto, aquí en la piel de una excelente Kelly MacDonald, que encuentra en el pasatiempo de los puzzles una forma de salir de su atribulada vida junto a una familia formada básicamente por varones que abusan de ella, aunque sea de forma inconsciente, confundiendo amor maternal con actitud servicial. Es lo más interesante de una película que en su versión original no trascendía especialmente, aunque hay que reconocer que la relación entre la protagonista y su partenaire de juego resultaba mucho más profunda que en esta nueva versión. Por otra parte, en la propuesta de este año el personaje principal acelera su rebeldía frente a su familia, estimulando con ello esa descomposición familiar que actúa en el sentido contrario a la composición de los puzzles.  

Pero, a pesar de su mayor positivismo frente a la protagonista, mucho más liberada en ciertos momentos, aquí se pierde una oportunidad de oro para haber podido  desarrollar con mayor complejidad unos personajes que podrían haber compuesto una película no solo con cierto aire conmovedor, sino mucho más rica en matices. En todo caso, Puzzle es un drama con ciertos toques de humor que funciona en su condición de retrato de la opresión de un machismo soterrado. 




El ángel se estrenó en España el 31 de octubre


15 noviembre, 2018

Conexión Estocolmo-Oslo: Ryuichi Sakamoto

Aunque no es especialmente grande, y tampoco tan efervescente como muchas otras capitales europeas, Oslo mantiene a lo largo del año una constante actividad cultural que se despliega especialmente a lo largo de finales de verano y otoño. Y esconde algunos rincones de especial sensibilidad artística que muchas veces no están en las guías turísticas, pero que resulta interesante descubrir. Es el caso de la Jakob Kirke, una iglesia situada en el centro de la ciudad, junto al río Akerselva, que es el único espacio de origen religioso dedicado a actividades culturales en toda Noruega. Construida en 1880, sirvió como lugar de culto luterano hasta que la escasez de feligreses por la diversificación religiosa de la zona acabó obligando a su cierre en 1985, junto a peligrosos desperfectos ocasionados en las paredes, en buena medida provocados por la modificación de las aguas subterráneas en la zona. Y no sería hasta el año 2000 que, tras una rehabilitación que costó 15 millones de coronas noruegas al gobierno y el Ayuntamiento, Jakob Kirke reabrió sus puertas, esta vez dedicando su espacio a actividades culturales de todo tipo.

Interior de la Jakob Kirke antes del comienzo de la proyección
En este singular emplazamiento, el Festival Film fra Sør ha dedicado una proyección especial del documental Ryuichi Sakamoto: Coda (Stephen Nomura Schible, 2017), un largometraje centrado en la figura de uno de los grandes genios de la música contemporánea, y en nuestro especial interés, de la composición de bandas sonoras. Presentada en la Mostra de Venecia, esta película forma parte de los numerosos trabajos en los que se ha embarcado el compositor después de haber recibido tratamiento contra un cáncer de garganta y haber permanecido durante varios años apartado de la actividad profesional y artística. Son precisamente estos momentos finales de su tratamiento y su regreso a la composición, con su trabajo para la película El renacido (Alejandro González Iñárritu, 2015) y su búsqueda de sonidos nuevos para su más reciente album de estudio, el absorbente async (2017, Commons), los que recoge la cámara del director, acercándose al proceso creativo que vive el compositor desde su casa en Nueva York. 

Hace unos meses contaba el periodista Ben Ratliff en el New York Times una anécdota que le había contado un amigo, y que define bien el carácter de Ryuichi Sakamoto. El músico, que vive actualmente en el West Village de Nueva York, suele ir a un restaurante japonés situado en la zona, llamado Kajitsu. Sin embargo, aunque la experiencia gastronómica siempre era de su agrado, no lo era tanto la música de ambiente que sonaba en el restaurante. Así que un día, cuando regresó a su casa, envió un email al chef de Kajitsu: "Me encanta su comida, respeto su trabajo y su restaurante, pero odio la música que suena. ¿Quién la ha elegido? ¿Quién ha tomado la decisión de elaborar esta terrible mezcla? Déjeme hacerlo a mi. Porque su comida es tan buena como la belleza de Katsura Rikyu. Pero la música en su restaurante es como la Torre Trump". De esta forma, Ryuichi Sakamoto elaboró una serie de playlists con música seleccionada por él mismo, sin cobrar nada, y por cierto sin incluir ningún tema propio. Y esta es la música que suena ahora en el restaurante Kajitsu de Nueva York. 


Es una anécdota que explica en buena medida el retrato del compositor que se hace en Ryuichi Sakamoto: Coda. Él mismo explica que, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las torres gemelas, percibió una realidad chocante para él: durante dos semanas no escuchó nada de música, lo cual para un creador que encuentra la cadencia sonora en cualquier tipo de sonido que le rodea, resulta impactante. En el documental vemos al creador pero también a un personaje que siempre ha estado comprometido. Hay por supuesto referencias a su primera etapa como músico en la Yellow Magic Orchestra, una banda pionera en la utilización de los sintetizadores en la música pop, y por supuesto algunas jugosas anécdotas de su experiencia como compositor para películas como Feliz Navidad, Mr. Lawrence (Nagisa Oshima, 1983), El último Emperador (Bernardo Bertolucci, 1987) o El cielo protector (Bernardo Bertolucci, 1990), pero es especialmente interesante el acercamiento a facetas poco conocidas del músico, especialmente su activismo ecologista y en cierto modo también político. 

La película, de hecho, comienza con imágenes de Fukushima, o más bien de lo que queda de ella, una ciudad fantasmal de la que Sakamoto recupera un piano que sobrevivió al terremoto y el tsunami que acabaron provocando el accidente de la planta nuclear en marzo de 2011. Y extrae de él una serie de sonidos que acabará utilizando en su más reciente album, async (2017, Commons). Es esta búsqueda de la particularidad de un sonido determinado, ya sea el correr del agua en el Ártico o la caída de la lluvia en el patio de su casa en Nueva York, lo que revela a Ryuichi Sakamoto como un creador que encuentra en la naturaleza su principal inspiración. Y en este sentido, el documental que nos ocupa capta con singular eficacia, y casi con un sentimiento íntimo, la personalidad de un compositor total. Y resulta especialmente cautivador poder disfrutar de este retrato cinematográfico en un espacio tan particular como una iglesia que mantiene su aspecto eclesiástico. 

La programación de Film fra Sør incorpora también, como un buen complemento a este documental, otra pieza cinematográfica titulada Ryuichi Sakamoto: async Live at the Park Avenue Armory (Stephen Nomura Schible, 2018), la grabación de un concierto íntimo y minimalista que ofreció el compositor en Nueva York para estrenar su álbum async. Considerado por las principales revistas especializadas como uno de los mejores discos de 2017, async supone el regreso de Ryuichi Sakamoto a la experimentación sonora, en parte inspirada en el mundo del cine, especialmente en la utilización de los sonidos en la película Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972), que tiene su representación en el tema "solari". La actuación, en la que el músico es el único intérprete, con la generación de sonidos programados en un ordenador, junto a la incorporación de "instrumentos" que no son nada comunes, representa en buena medida a un compositor al que su experiencia con el cáncer ha removido su forma de crear. La música de Ryuichi Sakamoto es ahora más íntima, pero al mismo tiempo más rompedora, y sobre todo es una música reflexiva que parece preguntarse constantemente por la mortalidad. No en vano, en uno de sus temas, "fullmoon", Ryuichi Sakamoto recupera un poema que el propio Paul Bowles recitaba en la película El cielo protector (Bernardo Bertolucci, 1990), y cuyas palabras son más que significativas: 

"Because we don't know when we will die, we get to think of life as an inexhaustible well, yet everything happens only a certain number of times, and a very small number, really. How many more times will you remember a certain afternoon of your childhood, some afternoon that's so deeply a part of your being that you can't even conceive of your life without it? Perhaps four or five times more, perhaps not even that. How many more times ill you watch the full moon rise? Perhaps twenty. And yet it all seems limitless."

"Dado que no sabemos cuándo moriremos, podemos pensar en la vida como un pozo inagotable, sin embargo todo ocurre solo un cierto número de veces, y un número muy pequeño en realidad. ¿Cuántas veces recordarás un cierto atardecer de tu infancia, una tarde  que es tan profundamente parte de tu ser que ni siquiera puedes concebir tu vida sin ella? Tal vez cinco o seis veces más, tal vez ni siquiera eso. ¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Tal vez veinte. Y, sin embargo, todo parece ilimitado". 




Ryuichi Sakamoto: Coda y Ryuichi Sakamoto: async Live at the Park Avenue Armory se pueden ver en MUBI