09 marzo, 2019

Black Metal: Caos y crímenes en Escandinavia

Para muchos extranjeros, Noruega es un país que acoge con agrado a los turistas, atraídos especialmente por los hermosos paisajes nevados y la posibilidad de practicar deportes de invierno. Para otros, el peregrinaje a ciudades como Oslo y Bergen tiene otras connotaciones. Son los denominados blackpackers ("mochileros negros"), que tienen como principal objetivo visitar algunos de los lugares mas emblemáticos del movimiento musical Black Metal, que en su vertiente noruega tuvo algunos de sus más destacados (y sangrientos) representantes.

Los orígenes del Black Metal en los países escandinavos, principalmente Suecia y Noruega, resulta fascinante no solo para los seguidores de esta ramificación con tintes satánicos del rock duro, sino también para los amantes de las historias negras de crímenes, que acabaron rodeando a algunos de sus principales integrantes, y en cierta manera focalizando la atención en circunstancias ajenas a la propia música. Aunque los antecedentes del Black Metal están presentes desde los años ochenta en bandas inglesas como Venom e italianas como Death SS, el mayor desarrollo de este movimiento se produjo en Noruega. Precisamente fue el segundo album de Venom, Black metal (1982, Impulse Studios), el que inspiró el nombre genérico de esta nueva forma musical. Un album que ya tenía ese sonido rudo, casi primitivo que las bandas posteriores reivindicarían como elemento propio. De hecho, la baja calidad del sonido era, en algunos casos, consciente y deseada. Se trata de lo que Varg Vikernes definía como "necro-sound", ese sonido siniestro y desfigurado que era, también, una forma de rebeldía contra los parámetros tradicionales de la industria musical.

Una de las bandas precursoras de este movimiento fue Mayhem, formada por jóvenes músicos que se declaraban anticristianos y reivindicaban una sociedad más enraizada con los orígenes vikingos y paganos. Esta ideología se concretó algunos años más tarde en el denominado Inner Circle, un grupo ideológico formado por miembros de las primeras bandas de black metal noruego, y posteriormente responsable de profanaciones de tumbas e incendios de iglesias. Entre 1992 y 1995 se quemaron en Noruega 52 iglesias y se profanaron más de 15.000 tumbas. Muchos de estos actos, en realidad, fueron fueron provocados por seguidores del Black Metal, que en muchos casos ni siquiera conocían personalmente a los componentes de los grupos musicales. Pero en otros casos se demostró la participación de músicos como Varg Vikernes, que con estos actos rechazaba la opresión de la llegada del cristianismo a los países escandinavos. El más paradigmático fue el incendio en 1992 de la iglesia de Fantoft, en Bergen, construida en 1150, que en sus orígenes se alzó sobre un lugar sagrado pagano en el que se celebraban los ritos del solsticio. Esta imposición de la religión cristiana sepultando literalmente las tradiciones paganas era, en buena medida, la base ideológica que empujaba a estos jóvenes a actuar: "si la religión cristiana no respetó nuestras tradiciones cuando se impuso, ¿por qué vamos nosotros a respetarlos a ellos?". 

Resulta interesante comparar la representación de esta estética entre lo que se denominaba Black Metal, surgido y desarrollado en Gran Bretaña principalmente, y lo que finalmente se convirtió en Noruega. Mientras que en la escena inglesa el Black Metal era más satírico, utilizaba sangre artificial y camisetas con esloganes satánicos, en Noruega se convirtió en algo más serio y parte de sus integrantes se introdujeron en una espiral de caos que en buena medida se les fue de las manos. Pero el satanismo funcionaba al principio más como un reclamo y una puesta en escena que como una convicción real. A pesar de la mala prensa que tuvo en años posteriores, el Black Metal noruego no tiene nada que ver con la realización de actos satánicos. 

Uno de los primeros componentes de Mayhem fue Østein Arseth, "Euronymus", que es una de las figuras clave en este movimiento. Su historia, rodeada de violencia y locura, es uno de los principales objetos de reflexión en torno a este subgénero musical, y acabó rodeándolo de una cierta envoltura oscura que ciertamente fue decisiva para su posterior resonancia internacional. El primer vocalista del grupo, el sueco Per Yngve Ohlin, "Dead", un joven de personalidad extraña, obsesionado con la muerte, acabó suicidándose a los 22 años. Comentan sus compañeros de grupo en algunas entrevistas que estaba continuamente autolesionándose (lo hacía frecuentemente en los conciertos de Mayhem), y de hecho primero trató de suicidarse cortándose las venas pero, al ver que tardaba demasiado en morir, decidió darse un tiro en la cabeza con una escopeta.


La película Lords of chaos (Jonas Åkerlund, 2018), que protagoniza Rory Culkin interpretando a Euronymus, describe casi de forma absurda el momento en el que éste encontró el cuerpo sin vida del vocalista. Fascinado por la imagen de su imagen muerto, Euronymus, antes de llamar a la policía, cogió una cámara y fotografió el cuerpo destrozado de Dead, que posteriormente utilizaría como portada del album en directo de Mayhem Dawn of the black hearts (1995, Warmaster Records). Es una de las escenas macabras que rodearon la vida de Euronymus, y que el director sueco Jonas Åkerlund describe en esta película que se pudo ver en festivales como Sundance y Sitges. Quizás el acercamiento del realizador no acaba siendo tan oscuro como la historia merecería, y en su desarrollo se toma ciertas licencias sobre todo en cuanto a la relación entre los personajes principales (establece un vínculo de amistad entre Euronymus y Dead que parece que no existió en realidad), la película se plantea como un interesante anti-biopic musical, mucho más atractivo ahora que vivimos el resurgir de los dramas musicales "blancos" con películas como Bohemian rhapsody (Bryan Singer, Dexter Fletcher, 2018) o Rocketman (Dexter Fletcher, 2019).

Neseblod (antes Helvete) en la actualidad
Otra de las figuras clave del movimiento Black Metal noruego fue Varg Vikernes, especialmente a través de su proyecto Burzum, que publicó su primer album, Burzum (1992, Deathlike Silence Productions), bajo el sello discográfico de Euronymus, quien por entonces también regentaba una tienda de discos en Oslo. Este pequeño establecimiento, llamado Helvete ("infierno" en noruego) fue el punto de encuentro de los principales miembros del Black Metal en los años noventa y se dice que en su sótano tenían lugar las reuniones del movimiento Inner Circle, donde se gestarnos parte de las acciones de incendios de iglesias y profanaciones de tumbas. En al actualidad, la tienda está abierta, con el nombre de Neseblod ("hemorragia nasal"), y también es una discográfica especializada en música metal, en la misma dirección donde se encontraba Helvete, en Schweigaards gate 56, situado en Grønland, barrio habitado principalmente por población inmigrante de origen musulmán. En el sótano donde se reunía Inner Circle, ahora se puede encontrar una pequeño museo dedicado al Black Metal noruego, y sin duda es una de las tiendas de obligada visita para los amantes de la música.

La relación entre Euronymus y Varg Vikernes atravesó diferentes vaivenes, motivados en buena medida por la diferente visión que cada uno de ellos tenía del movimiento de Black Metal y una cierta pugna por considerarse cada uno el principal referente del movimiento. Euronymus era más un teórico, preocupado principalmente por ofrecer una imagen siniestra frente a la sociedad; Varg Vikernes, por su parte, reivindicaba una acción más contundente, principalmente con la quema de iglesias de origen cristiano. Pero, al contrario de lo que más tarde publicarían los medios de comunicación, el Black Metal no es un movimiento satánico. En el documental Once upon a time in Norway (Martin Ledang, Pål Aasdal, 2007), los miembros que quedan de la banda Mayhem afirman que las referencias satánicas eran básicamente "postureo", pero que nunca practicaron cultos satánicos ni estaban especialmente interesados en ellos. 

El momento de mayor distanciamiento entre Euronymus y Varg Vikernes se produjo cuando este último decidió conceder una entrevista a un periódico noruego reivindicando como propios del movimiento Inner Circle los incendios provocados de iglesias cristianas. En contra de la opinión del primero, que pretendía liderar un movimiento real, pero oculto a la sociedad, la entrevista de Varg Vikernes provocó, aparte de su propia detención como presunto autor de algunos de estos incendios, una oleada de artículos en medios de comunicación en los que se tergiversaba la realidad y se incorporan los elementos satanistas y de culto al diablo como fundamento principal del Black Metal. Varg Vikernes, aunque fue condenado por los incendios de tres iglesias, siempre ha negado su participación en los mismos. Fue quizás el momento decisivo de la popularidad del Black Metal noruego, pero con una imagen que no tenía nada que ver con la realidad y con imitadores que sí acabaron incorporando el culto satánico a sus acciones. Más allá de la música, el Black Metal acabó siendo etiquetado como un referente peligroso, más que como una reivindicación underground y antisistema. 

Ciertamente ocurrieron otros hechos delictivos alrededor del Black Metal, como el apuñalamiento de un homosexual en un bosque de Lillehammer, una localidad cercana a Oslo. Bård Eithun, "Faust", por entonces batería de la banda Emperor, fue el autor de este asesinato, cuando su víctima se le acercó con la intención de mantener relaciones sexuales. "Simplemente decidí acabar con la vida de este hombre. Quizá mi subconsciente me decía que tenía derecho a hacerlo porque él era gay", afirmaba el propio Faust años después en una entrevista. 

Tøyengata 40B
Pero el hecho decisivo para que el Black Metal se haya rodeado de cierta leyenda negra lo protagonizó de nuevo Varg Vikernes quien una noche se acercó al piso donde se acababa de trasladar Euronymus con la intención de firmar un contrato con su sello discográfico. En ese piso, situado muy cerca de la tienda Helvete, en Tøyengata 40B, Varg Vikernes asestó 23 puñaladas a Euronymus tras mantener una discusión sobre el contrato, acrecentada por su mala relación en aquellos momentos. El documental Until the light takes us (Audrey Ewell, Aaron Antes, 2008), una excelente reflexión sobre el movimiento Black Metal y los hechos macabros que le rodearon, muestra por primera vez la versión que daba Varg Vikernes del asesinato. Según él, Euronymus fue el primero que le atacó, y parte de las heridas se las produjo cuando cayó sobre cristales rotos. En realidad, en palabras de Vikernes, era el componente de Mayhem el que pretendía secuestrarlo y asesinarlo en un bosque cercano. En todo caso, la justicia le condenó a la pena máxima de prisión en Noruega, 21 años. Tras cumplir 16 años en prisión, Varg Vikernes salió bajo libertad provisional en 2009, y actualmente reside en Francia.

Until the light takes us no solamente describe los hechos macabros u oscuros que rodearon a la escena del Black Metal, sino que ofrece una interesante reflexión sobre cómo en determinado momento se acabó tergiversando la imagen de este movimiento musical, haciéndolo más popular pero también menos fiel a su orígenes. En este sentido, el documental resulta mucho más clarificador que la película Lords of chaos, que en cierto modo se limita a establecer un recorrido por algunos de estos acontecimientos que empañaron en buena medida el desarrollo de un subgénero musical que empezaba a aportar ideas brillantes al panorama de la música underground. Y lo hace tomándose algunas libertades que en cierta medida también han molestado a parte de los protagonistas de aquel movimiento precursor de Black Metal, como el hecho de "inventar" una novia para Euronymus. 

El propio Varg Vikernes ha publicado en su página web una serie de siete videos dedicados a a comentar falsedades de la película Lord of chaos (afirma no haberla visto pero sí leído el guión original). Entre ellas, habla de la inexistencia de este personaje femenino y afirma que Euronymus era en realidad homosexual. También califica al actor Emory Cohen, que le interpreta en el film, como un "gordo judío" que en nada se parece a él, y en uno de los videos comenta precisamente su alegato de autodefensa que la justicia le negó. En todo caso, la película, con sus aciertos y sus posibles falsedades, recupera la atención sobre el nacimiento de una de las más reveladoras corrientes musicales que han surgido en los países escandinavos en las últimas décadas, cuya ideología no tiene tanto que ver con el culto al diablo, sino más bien con la reivindicación de las tradiciones ancestrales. 



01 marzo, 2019

Oscar 2019: Protagonistas musicales


Al margen de los análisis generales en torno a la ceremonia de entrega de los Oscars, nuestra atención se centra hoy específicamente en aquellos nombres propios que destacaron por presencia o ausencia en la gala de la Academia de Hollywood. El reconocimiento más destacado del mundo del cine nos trajo algunas curiosidades y también algunas injusticias notables. 

Marc Shaiman

Sin duda es el nombre que a muchos nos hubiera gustado que hubiera conseguido el Oscar a Mejor Banda Sonora, tras siete nominaciones (dos este año) y ningún premio de la Academia hasta el momento. Su trabajo para El regreso de Mary Poppins (Rob Marshall, 2018) es una encomiable continuación de la música de los hermanos Sherman para Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964), y hubiera merecido ya el reconocimiento de la Academia de Hollywood. Y si bien en la categoría de Mejor Canción lo tenía difícil frente a la favorita Lady Gaga, resulta injusto que en la otra categoría musical finalmente fuera derrotado por la aparatosa composición de Ludwig Göransson. Otro de los veteranos sin Oscar es Terence Blanchard, que conseguía este año su primera nominación por la película Infiltrado en el KKKlan (Spike Lee, 2018). Pero también en la categoría de Mejor Canción, la compositora Diane Warren, que estaba nominada por el tema "I'll fight", del documental RBG (Julie Cohen, Betsy West, 2018), se fue de vacío tras 10 nominaciones a los Oscar. Fueron algunos de los veteranos que este año perdieron la oportunidad de conseguir finalmente un Oscar que se les resiste, junto a actores y actrices como Willem Dafoe y Glenn Close. 

March Shaiman y Scott Wittman, nominados al Oscar
Ludwig Göransson

En el lado contrario encontramos al joven compositor sueco, que conseguía su primera nominación y su primer Oscar a la Mejor Banda Sonora. Su éxito es también una historia de amistad, la que comenzó entre él y Ryan Coogler, director de la película Black panther (Ryan Coogler, 2018) cuando estudiaban cine en la USC. Desde entonces vienen colaborando juntos, y la trayectoria de ambos ha ido en paralelo a lo largo de los últimos doce años, hasta convertirse en dos de los profesionales más reconocidos dentro del circuito del Hollywood comercial. Para componer la banda sonora de Black panther, Ludwig Göransson viajó a Senegal y otros países africanos con el objetivo de captar la esencia de la cultura africana, presente en una composición grandilocuente y efectista, que mezcla la espectacularidad sinfónica con las voces folclóricas, pero la intención del compositor de introducir tantos elementos diversos (instrumentos africanos, coros, sintetizadores, orquesta sinfónica...) no termina de crear un conjunto bien combinado, por mucho que utilice aparatosas sonoridades que lo acercan a veces al universo de Alan Silvestri. Pero algo debe tener esta banda sonora, que le ha supuesto a Ludwig Göransson el Oscar, el Grammy y una nominación a los Globos de Oro, que finalmente no logró en favor de Justin Harwitz por Fisrt man (Damien Chazelle, 2018). 

John Ottman

Una de las curiosidades de los Oscar de este año es el premio conseguido por el compositor John Ottman, pero no como autor de bandas sonoras, sino como Montador por su trabajo en la película Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018). En realidad, John Ottman ha venido siendo no solo el habitual compositor de las bandas sonoras de las películas dirigidas por su amigo Bryan Singer desde aquella Sospechosos habituales (Bryan Singer, 1995) con la que ambos se dieron a conocer en Hollywood, sino también el montador de todas sus películas. Y, no habiendo sido nominado hasta el momento como compositor, finalmente ha conseguido su primera nominación y primer Oscar en una faceta (la de compositor-editor) que resulta insólita en el mundo del cine, aunque ciertamente John Ottman estudió Edición en la USC, y su faceta como compositor de música se produjo de forma casual cuando Bryan Singer se quedó sin músico en plena producción de su primera película, Public access (Bryan Singer, 1993). 

Stanley Donen

Ha sido sin duda el ausente más destacado del segmento In Memorian que la Academia de Hollywood dedica en cada ceremonia a las personalidades fallecidas más destacadas de Hollywood. En este caso, dada la relevancia del director de películas como Un día en Nueva York (1949), Cantando bajo la lluvia (1952), Charada (1963) o Dos en la carretera (1967), la Academia se justifica argumentando que Stanley Donen falleció el 21 de febrero, cuando ya el montaje del segmento In Memorian estaba terminado, por lo que fue imposible encontrar un hueco. Pero ante ausencia tan notable quizás se podría haber encontrado alguna solución. En todo caso, no ha sido el único ausente, sino que es algo habitual. Porque hay que tener en cuenta que en los doce meses anteriores fallecieron más de un centenar de miembros de la Academia o veteranos de la industria, por lo que los responsables de la ceremonia deben realizar una selección de quiénes estarán y quienes no en el reconocimiento In Memorian. De esta forma, otros nombres destacados como las actrices nominadas al Oscar Lee Remick (Días de vino y rosas, Billy Wilder, 1962)), Carol Channing (Millie, una chica moderna (George Roy Hill, 1967)) o Sondra Locke (El corazón es un cazador solitario (Robert Ellis Miller, 1968)) o el productor Arnold Kopelson, ganador del Oscar por Platoon (Oliver Stone, 1986) también se quedaron fuera de la lista de homenajeados. 

En el terreno musical, la ausencia más notable, aparte de Stanley Donen, fue la del compositor francés Francis Lai, ganador del Oscar por la banda sonora de la película Love story (Arthur Hiller, 1970). Pero también estuvieron ausentes el músico James Ingram, nominado a dos Oscar por las canciones de las películas Beethoven 2: La familia crece (Rod Daniel, 1993) y Junior (Ivan Reitman, 1994) y el compositor Patrick Williams, aunque su carrera se desarrolló más en el mundo de la televisión. Quienes sí fueron reconocidos en el segmento In memorian fueron el compositor norteamericano John Morris, que fue nominado al Oscar por la canción principal de la película Sillas de montar calientes (Mel Brooks, 1974) y la banda sonora de El hombre elefante (David Lynch, 1980) y el francés Michel Legrand, nominado en trece ocasiones, y ganador del Oscar en tres de ellas, por el clásico "The windmills of your mind" de la película El caso de Thomas Crown (Norman Jewison, 1968) y por las bandas sonoras de Verano del 42 (Robert Mulligan, 1972) y Yentl (Barbra Streisand, 1983). 

John Williams

Aunque ausente de la ceremonia, uno de los protagonistas de la noche fue el veterano compositor, porque fue su música la que sonó en el fragmento In Memorian que homenajeaba a los artistas y profesionales fallecidos. John Williams realizó expresamente para la ceremonia unos arreglos especiales del tema "Leaving home" de la película Superman (Richard Donner, 1978), que interpretaron miembros de Los Angeles Philharmonic Orchestra bajo la dirección del últimamente muy solicitado Gustavo Dudamel, que en los últimos meses ha estado muy ligado a la música de John Williams. La elección del fragmento y de los intérpretes no es nada casual. De hecho, el sello discográfico La-La Land Records acaba de editar una edición especial y limitada de 3 CD de la banda sonora de Superman, con motivo del 40 aniversario de su estreno, restaurando los masters originales, que recientemente se recuperaron de los archivos de Warner Bros. Cuidada hasta el máximo detalle, como suele suceder en las ediciones de La-La Land, los aficionados a la música de cine podemos disfrutar de composiciones inéditas y también de la edición original tal como apareció en 1978, pero con el sonido restaurado. Por otro lado, el próximo 15 de marzo el sello Deutsche Grammophon editará el disco Celebrating John Williams, un pack de 2 CD que recoge la grabación en directo de los conciertos que interpretó Los Angeles Philharmonic Orchestra bajo la dirección de Gustavo Dudamel los pasados 24-27 de enero en el Walt Disney Concert Hall, repasando las bandas sonoras más destacadas del compositor, con el estreno mundial del Adagio de El despertar de la fuerza (J.J. Abrams, 2015). El director de orquesta venezolano, director principal de la Filarmónica de Los Ángeles desde 2010, también ha compuesto música para cine, concretamente para la película Libertador (Alberto Arvelo, 2013) y el documental Free color (Alberto Arvelo, 2019). 

Bette Midler / Barbra Streisand 

Por mucho que a la cadena de televisión ABC no le guste especialmente la presencia de veteranos del cine en la ceremonia de los premios de la Academia de Hollywood, porque no atraen a la audiencia, lo cierto es que uno de los mayores placeres de los Oscar es ver a grandes estrellas del pasado. Este año pudimos disfrutar de la presencia de dos grandes cantantes, actrices y compositoras, con sus más de setenta años muy bien llevados. Por un lado, Bette Midler fue la elegida para interpretar la canción "The place where lost things go", escrita por Marc Shaiman y Scott Wittman para la película El regreso de Mary Poppins (Rob Marshall, 2018), y que en la versión original canta la actriz Emily Blunt. Y aunque esta canción de cuna no hace justicia precisamente al estilo más característico de la cantante, lo cierto es que fue un momento especialmente emocionante de la noche. Bette Midler ha sido nominada al Oscar como Mejor Actriz Principal en dos ocasiones, por su trabajo en las películas La rosa (Mark Rydell, 1979) y Ayer, hoy y por siempre (Mark Rydell, 1991). 

Por otro lado, Barbra Streisand fue la encargada de presentar el fragmento de una de las películas nominadas al Oscar, Infiltrado en el KKKlan (Spike Lee, 2018), consiguiendo con su presencia poner en pie a todos los asistentes a la ceremonia. En total, Barbra Streisand ha sido nominada al Oscar en cinco ocasiones, dos como Actriz Principal, dos como compositora y uno como productora, ganando el premio de la Academia de Hollywood en dos de ellas, como Actriz por Funny girl (William Wyler, 1968) y por la canción "Evergreen" de la película Ha nacido una estrella (Frank Pierson, 1976). 

Precisamente una de las anécdotas de la noche, reproducida luego masivamente a través de las redes sociales, fue la exultante reacción del actor Richard E. Grant ante la presencia de Barbra Streisand. Lo cierto es que el espléndido actor, nominado al Oscar por su maravillosa actuación en ¿Podrás perdonarme algún día? (Marielle Heller, 2018), es un admirador de la cantante y actriz desde que era adolescente. Cuando él tenía solo 14 años y vivía aún en Suazilandia, el pequeño estado africano en el que nació, escribió una carta a Barbra Streisand en la que le confesaba que era un gran admirador suyo desde que vio por primera vez Funny girl (William Wyler, 1968), y la invitaba a pasar unos días en su casa. Seguramente Barbra Streisand nunca recibió esa carta, pero este pasado mes de enero Richard E. Grant la recordaba publicándola en twitter y la cantante le respondía con afecto a través de la red social. 

Richard E. Grant emocionado con la presencia de Barbra Streisand




Infiltrado en el KKKlan se edita en DVD/BluRay el 6 de marzo
El regreso de Mary Poppins se edita en DVD/BluRay el 21 de mayo

Mary Poppins, Black Panther, Cantando bajo la lluvia, Platoon y Funny girl se pueden ver actualmente en Movistar+
RBG, Dos en la carretera, Charada, Días de vino y rosas, El hombre elefante y El caso de Thomas Crown se pueden ver actualmente en Filmin
Love story se puede ver actualmente en Netflix
Superman se puede ver actualmente en HBO España

First man (El primer hombre) y Bohemian Rhapsody ya están editados en DVD/BluRay




26 febrero, 2019

Oscar 2019: Streaming vs. salas de cine

Finalmente, el discurso que Steven Spielberg defendió en las últimas semanas ha predominado en la entrega de los premios de la Academia de Hollywood. Vence una película pensada para una distribución tradicional en las salas de cine, frente a la irrupción cada vez más inevitable de las plataformas digitales. En la producción de la ceremonia, sin embargo, predominan las presiones de la cadena ABC para elaborar un producto eminentemente televisivo, pero que carece de la condición real de celebración del cine. Es la lucha eterna entre la "pequeña" y la "gran" pantalla.

Efectivamente, en las semanas previas a la celebración de la ceremonia de los Oscar de Hollywood, ocurrieron dos circunstancias que sin duda han influido en la forma y el resultado de los premios entregados este año. Por un lado, la vieja guardia de Hollywood, representada por la voz de Steven Spielberg se rebelaba frente a la irrupción de plataformas digitales como Netflix que, con una inteligente (y costosa) campaña publicitaria logró elevar su película Roma (Afonso Cuarón, 2018), (estandarte de esa faceta "artística" que Netflix quiere mostrar frente a la tan criticada producción masiva de bodrios comerciales) al Olimpo de la industria de Hollywood. Spielberg reivindicaba la vigencia de las salas de cine frente a quienes ya las dan por muertas, afirmando que "una vez que te comprometes con un formato televisivo, estás produciendo un telefilme (...). No creo que a las películas que se les dan estrenos simbólicos en un par de salas, por menos de una semana, deban aspirar a una nominación a los premios Oscar". 

De esta forma, se puso de manifiesto la reivindicación que vienen haciendo algunos veteranos directores de cine desde hace algunos años, reticentes a aceptar la incorporación de plataformas digitales a la competición en igualdad de condiciones con las películas distribuidas de forma tradicional. La Academia de Hollywood, con el Oscar a Green Book (Peter Farrelly, 2018) como Mejor Película parece haber adoptado la postura más conservadora. Sí, Roma (Alfonso Cuarón, 2018) está bien para llevarse el Oscar a Mejor Película de Habla no Inglesa, pero no para jugar de tú a tú con los grandes estudios. Y no olvidemos que Steven Spielberg ha sido uno de los mentores de la película de Peter Farrelly. Pero, ¿es Roma un telefilme o contiene más cine que en las muy "televisivas" Green Book y Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018).

Alfonso Cuarón recogió tres Oscar este año
En todo caso, a Netflix le ha salido la jugada bien, pero no tan redonda como hubieran querido. A pesar de las reticencias previas, ha ido incorporando sus películas a las Secciones Oficiales de los festivales más importantes del mundo, con la excepción de un Festival de Cannes que se resiste, presionado por las distribuidoras de cine francesas, a permitir a competición de las películas estrenadas en streaming. Así se produjo el rifirrafe del año pasado entre el director de contenidos de Netflix, Ted Sarandos, y los responsables de la selección de películas del festival, que supuso la retirada por parte de la plataforma de todas las películas que iban a presentarse en el marco del festival. Por el momento, sus producciones siguen sin poder acceder a las secciones competitivas del festival francés. Otros certámenes, sin embargo, han abierto su Sección Oficial a películas no estrenadas en salas de cine, como la Biennale di Venezia, que incorporó en su última edición hasta cuatro películas de Netflix a la competición, entre ellas Roma, que además consiguió el León de Oro como primer paso hacia la que luego sería la más cara campaña publicitaria que ha realizado un estudio con el objetivo de alcanzar las nominaciones al Oscar. Claro que también influiría en el galardón el hecho de que Guillermo del Toro, paisano de Alfonso Cuarón, fuera el presidente del jurado. En la ceremonia de los Oscar fue también Guillermo del Toro el que le entregó el Oscar a Mejor Director a Alfonso Cuarón, sin duda el principal vencedor a nivel personal de la ceremonia, con tres Oscar a la Dirección, Fotografía y Película de Habla no Inglesa.

También hay que decir que, para muchos, el hecho de que Roma fuera incorporada en la categoría de Mejor Película de Habla no Inglesa le pudo restar intención de voto para el Oscar a Mejor Película. En este sentido, la estrategia de pretender un doblete que nunca se había producido en la historia de los premios de la Academia de Hollywood ha podido jugar en su contra frente a sus máximas aspiraciones. 

Lo cierto es que dos de las vencedoras de una noche de reparto equilibrado, Green Book (Peter Farrelly, 2018) y Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018), son producciones que tienen cierto tufo a telefilme. La primera es una agradable historia de amistad que parece menos real de lo que pretenden sus autores, pero que desarrolla con menos eficacia de la que sería deseable una temática en torno al racismo que acaba resultando obvia y desafinada. Se la ha comparado injustamente con Paseando a Miss Daisy (Bruce Beresford, 1989), que también se llevó el Oscar a Mejor Película y Guión, entre otras cosas porque la película de Beresford contiene más lecturas que la simple valoración sobre el racismo, haciendo una sólida reflexión sobre el paso del tiempo. Y si bien es cierto que algunos de sus 4 Oscars fueron concedidos por simpatía (el de la veterana Jessica Tandy) o por escasa competencia (el de Mejor Película), resulta curioso revisarla en comparación con la película del ex-director de comedias zafias Peter Farrelly.

Por otro lado, Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018), del "innombrable" Bryan Singer, del que nadie se quiso acordar en sus agradecimientos por mor de su espantada del set de rodaje, es posiblemente la mejor película que se podía haber hecho sobre Queen pero la peor que se ha perpetrado sobre un genio como Freddie Mercury. El empeño de Brian May y Roger Taylor por dilapidar el legado musical de Queen ha producido monstruos como éste, una blanca y superficial visión del mundo de la música (es mucho más profunda la que muestra Bradley Cooper en Ha nacido una estrella (Bradley Cooper, 2018), la gran derrotada de la noche). 

Olivia Colman, Mahershala Ali y Regina King
En todo caso, la evolución al final que está del lado de las plataformas digitales. Un ejemplo premonitorio es el del las películas documentales. Al principio, hubo cierta resistencia a que compitieran en igualdad de condiciones producciones que, en realidad, estaban realizadas por canales de televisión o plataformas digitales. Pero finalmente las categorías de largometrajes y cortometrajes documentales acogen en realidad a producciones pensadas para su estreno en televisión o streaming, porque es difícil encontrar en la actualidad alguna producción en que no esté apoyada financieramente por alguna plataforma. El documental vencedor de este año, Free solo (Jimmy Chin, Elizabeth Chai, 2018) es una producción de National Geographic que, aunque ciertamente no aporta nada nuevo al subgénero de documental deportivo, con los temas recurrentes de superación personal, conflicto entre los sueños por alcanzar y la vida real, etc., tiene a su favor que es el más cinematográfico de todos, con imágenes espectaculares beneficiadas además por las proyecciones previas a los miembros de la Academia en una de las salas IMAX de Los Angeles, lo que sin duda contribuyó a su predominio sobre las otras producciones: la casi favorita RBG. Jueza icono (Julie Cohen, Betsy West, 2018), sobre una carismática jueza del Tribunal Supremo, en cuya vida también se basa la recientemente estrenada películas de ficción Una cuestión de género (Mimi Leder, 2018), o la que más nos gusta, Minding the gap (Keire Johnson, Bing Liu, Zack Mulligan, 2018), en torno a la evolución de la amistad entre tres amigos adolescentes a lo largo de los años, una historia rodada a lo largo de una década que nos recuerda a Boyhood (Richard Linklater, 2014), pero mucho más intensa y emocionante. 

En el terreno de los cortometrajes documentales, Netflix lleva ya años siendo la estrella, con nominaciones y premios desde su irrupción en 2014. Un año más, un documental distribuido por la plataforma digital, el muy interesante Period. End of sentence (Una revolución en toda regla) (Rayka Zehtabchi, 2018), en torno a cómo se enfrentan las mujeres indias de bajos recursos al estigma que rodea a la menstruación, por encima de la favorita Final de partida (Rob Epstein, Jeffrey Friedman, 2018), de dos veteranos y premiados directores de documentales. 

Curiosamente, en este enfrentamiento entre la vieja guardia y la nueva ola dentro la Academia de Hollywood, resulta que al final se ha perdido la oportunidad de reconocer a tres de los veteranos que esa noche aspiraban a conseguir por fin ese Oscar que se les viene resistiendo. Glenn Close, excelente en la película La buena esposa (Björn Runge, 2017), se quedó por séptima vez a las puertas del premio de la Academia, frente al, por otro lado, también excelente trabajo de la británica Olivia Colman en La favorita (Yorgos Lanthimos, 2018). Willem Dafoe, tras cuatro nominaciones, tampoco pudo recoger el Oscar, finalmente en manos del favorito Rami Malik. Y el compositor Marc Shaiman, también nominado en siete ocasiones, tuvo que ceder su muy merecido premio por la banda sonora de El regreso de Mary Poppins (Rob Marshall, 2018) frente a la mediocre y aparatosa música del sueco Ludwig Göransson para Black Panther (Ryan Coogler, 2018).

La otra dicotomía que se pudo ver en la edición de los Oscar de este año, en realidad una constante en los últimos años, se produce entre lo que pretende ser la ceremonia y lo que finalmente es. De una celebración del cine se ha convertido en un espectáculo eminentemente televisivo que debe acatar las imposiciones de la cadena televisiva ABC. Y, aunque sigue siendo el programa de televisión no deportivo más visto en Estados Unidos, lo cierto es que las cifras de espectadores del año pasado encendieron todas las alarmas. Porque la edición presentada por Jimmy Kimmel se convirtió en la menos vista de la historia, con 26.5 millones de espectadores, apuntillando el descenso continuo de la audiencia que venía sufriendo la ceremonia desde los 40 millones de espectadores que vieron los Oscar de 2014. 

Esta tendencia reforzó las presiones de la cadena de televisión, obligando a la Academia de Hollywood a tomar decisiones polémicas de las que tuvo que dar marcha atrás. Primero con la intención de entregar los premios de algunas categorías en las pausas publicitarias, fuera de la retransmisión televisiva, que finalmente no se produjo. Después con el anuncio de que solo dos de las cinco canciones nominadas serían interpretadas en el escenario, decisión que tuvieron que suspender tras las presiones de la propia Lady Gaga, que amenazó con no interpretar su canción "Shallow" de la película Ha nacido una estrella (Bradley Cooper, 2918), ganadora del Oscar. Pero sobre todo con la intención de producir una ceremonia sin presentador principal, tras la retirada del cómico Kevin Hart por sus polémicas estupideces homófobas. El resultado ha sido una ceremonia más corta, pero al mismo tiempo una de las más desangeladas de los últimos años, con un patético inicio protagonizado por los restos de la banda Queen encabezada por Adam Lambert. 

A pesar de todo, sin anfitrión, con números musicales sosos (y la ausencia por problemas de agenda del esperado Kendrick Lamar), y solo con algunas chispas de ingenio en algunas intervenciones, las cifras de audiencia, han aumentado frente a la debacle del año pasado, alcanzando los 29.6 millones de espectadores en Estados Unidos, pero sin rebasar la psicológica barrera de los 30 millones. Lo cual, al menos, puede haber hecho suspirar a los responsables de la cadena ABC, que este año tuvieron que ofrecer garantías especiales a los anunciantes para evitar la fuga de ingresos publicitarios. 


A pesar de la lectura que se pueda realizar de las películas ganadoras de este año, lo cierto es que la irrupción de las plataformas digitales, con Netflix a la cabeza, ha sido la gran revolución de la distribución y exhibición cinematográficas. Ni las salas IMAX, ni la experiencia de las proyecciones 3D o 4D han conseguido cambiar la forma de ver películas como lo ha hecho la posibilidad de tener a nuestra disposición un catálogo amplio de títulos a la carta. Si bien es cierto que su influencia real en la industria no parece que hasta el momento sea cuantificable, especialmente por la falta de credibilidad de sus cifras de audiencia, que publican con cuentagotas y solo de aquellas producciones que les interesa. Estas cifras, que parecen abultadas especialmente en el caso de Netflix, están rodeadas de una opacidad que impide analizar con verdadera eficacia la trascendencia de las plataformas digitales. En España, por ejemplo, los datos de audiencia que ofrecen plataformas como Movistar+, a base de porcentajes poco creíbles, es de risa. 

También se enfrentan a nuevos retos, como la imposición de la Unión de Europea de obligar a las plataformas digitales a disponer en su catálogo de al menos un 30% de contenido europeo, cifra que hasta el momento Netflix o Amazon no cumplen, por mucho que vengan invirtiendo en los últimos años en producciones más internacionales. Esta inversión, de hecho, es la excusa que plantea Netflix para incrementar el precio a sus suscriptores, previsto para el próximo mes de marzo, lo cual también será un reto para la compañía, que podría suponer una fuga de clientes hacia otras plataformas que, por el momento, no tienen previsto realizar subidas de precio. 

Pero será interesante ver qué ocurre este año en la temporada de premios, especialmente con un nuevo intento por parte de Netflix de incorporarse al primer plano de la producción cinematográfica, sobre todo con el estreno próximo de El irlandés (Martin Scorsese, 2019), el tan esperado proyecto de uno de los nombres mas representativos de esa "vieja guardia" de Hollywood de la que hemos hablado, cuyo teaser se estrenó precisamente en las pausas publicitarias de esta última ceremonia de los Oscar. Primero veremos si finalmente será la película que inaugure el Festival de Cannes, a pesar de la controversia entre la plataforma digital y el certamen francés. Y, tras su estreno simultáneo en salas de cine y streaming en otoño, claramente enfocado a estar presente en la carrera de los Oscar, también comprobaremos si definitivamente Netflix alcanza su objetivo tan preciado, que este año solo ha conseguido acariciar. 

La guerra continúa...



28 diciembre, 2018

Las mejores bandas sonoras de 2018 (y 4ª parte)

Último de nuestros repaso las bandas sonoras más interesantes que se han publicado a lo largo del año, ahora repasando las ediciones que se han producido en los tres últimos meses. Esta es la música de cine que nos parece más destacada en 2018. 


The predator - Henry Jackman
Lakeshore Records  28 / 9 / 2018

Desde los primeros momentos de la banda sonora, enseguida apreciamos esa reminiscencia a los interesantes trabajos que Alan Silvestre realizara para las dos primeras entregas de la serie cinematográfica: Depredador (John McTiernan, 1987) y Depredador 2 (Stephen Hopkins). Ese aire marcial que predomina en temas como "Project Stargazer" tienen la contundencia y la sonoridad que nos recuerdan a las bandas sonoras creadas en los años ochenta por Silvestri y Jerry Goldsmith, y juegan a favor de ese aire de déjà vu que encontramos aquellos espectadores que vivimos los estrenos de aquellas primeras películas. Afortunadamente, si en el terreno estrictamente cinematográfico la película decepciona como segundo intento de reboot, no ocurre lo mismo con la música de Henry Jackman, uno de los compositores más camaleónicos del actual panorama. Su trabajo funciona perfectamente en dos vertientes: por un lado, y la principal, en el enfoque hacia los monstruos alienígenas, con pasajes de acción que al mismo tiempo tienen un trasfondo oscuro, como en "Out of the cage". Es en este punto de vista en el que encontramos las referencias más notables a Alan Silvestri, y sin duda resultan mucho más acertadas que el intento que realizó John Debney en el primer remake, Predators (Nimród Antal, 2010). En segundo lugar, y en este caso como la principal aportación no referencial, están los pasajes más intimistas, centrados en el niño autista ("Rory"), y sobre todo en un leit motiv de personaje, especialmente desarrollado en "The good soldier", primero como introducción introspectiva para luego expandirse hacia un tono más heróico en referencia al grupo de soldados en "Team McKenna". Al margen de las reminiscencias a la música de Alan Slvestri, esta aportación es la más notable de una interesante banda sonora, que encuentra su momento más destacado en el espléndido tema "Alien abduction", que introduce voces corales que le impregnan de mayor contundencia al conjunto.


El reino - Olivier Arson
Quartet Records  4 / 10 / 2018

El trabajo del compositor francés para la película de Rodrigo Sorogoyen es una banda sonora poco convencional. Si en su anterior colaboración, Que Dios nos perdone (Rodrigo Sorogoyen, 2016) y en la serie de televisión La zona (Movistar+, 2017) los sonidos electrónicos eran utilizados de una forma más "tradicional", adaptándose al uso convencional de la composición para cine, en El reino (Rodrigo Sorogoyen, 2018), el planteamiento es más ambiental, y más descriptivo en la escenificación general de la corrupción como podredumbre de la sociedad, sin elaborar ningún discurso especialmente identificativo con los personajes. De esta forma, la construcción ambiental de estas suites electrónicas, que se presentan en la edición discográfica en seis partes que no hacen referencia a momentos determinados de la película, se convierte en una suerte de descripción repetitiva y hasta en algunos momentos claustrofóbica del "estado de las cosas" que plantea la película. La música es constante en la puntualización de los momentos de tensión y de acción, pero poco a poco se va difuminando conforme se desarrolla la historia, dejando a los personajes en una especie de vacío atmosférico que contribuye también, por ausencia, a remarcar su mezquindad. En este sentido, se trata de uno de los trabajos más acertados del año, porque contribuye a elaborar un discurso que ya está sobre el guión, pero que se enriquece con la sonoridad electrónica, y se convierte por tanto en una composición inteligente y original.   

306 Hollywood - Troy Herion
Lakeshore Records  5 / 10 / 2018

Uno de los documentales más destacados de 2018, el primero que ha inaugurado el Festival de Sundance a comienzos de año, es esta película dirigida por los hermanos Elan y Jonathan Bogarin, que elaboran una interesante incursión en el terreno de los recuerdos y la memoria a través de esta especie de búsqueda arqueológica en los objetos que encuentran en la casa de su abuela fallecida. Este recorrido es al mismo tiempo sentimental y también tiene algo de indagación detectivesca que lleva a los cineastas a reproducir el pasado. En este sentido, la música compuesta por el neoyorquino Troy Herion es también una suerte de indagación sonora que ensaya diferentes propuestas de tonalidades diversas y contrapuestas, pero todas ellas conectadas con cierto aire de elegancia. Encontramos por un lado una apertura, ese "Model House Opening", que tiene cierto aire de cuento, para introducirnos inmediatamente en los sonidos del pasado, con un excelente tema principal de aires añejos, "Grandma interviews", que luego escucharemos desarrollado con la incorporación de efectos de sonido y diálogos, en el maravilloso "Catalogues". Por otro lado, encontramos músicas que nos recuerdan a las composiciones de Jon Brion en los temas más contemporáneos como "What we found - Part 1", que incorpora también una voz solista que le da cierto aire de ensoñación. Lo más interesante de este recomendable trabajo de Troy Herion es su constante capacidad de experimentación que convierte cada tema en un continuo descubrimiento de instrumentaciones originales y fascinantes, especialmente en los pasajes que tienen cierto aire antiguo como los magníficos "Fashion dance" y, sobre todo, ese "Grandma archive" que uno no se cansa de redescubrir.  

  
Night of the l¡ving dead - Bird Peterson
Teenage Riot Records  5 / 10 / 2018

En la versión original de la película La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968), el director utilizó mayormente música de archivo ya que, según confesaba en la edición de la banda sonora Night of the living dead (1982, Varèse Sarabande), ninguno de los que pusieron en marcha el proyecto sabían nada de música y no tenían presupuesto para contratar a un compositor. Así que gastaron poco más de 1500 dólares en música preexistente de Capitol Production Music Library, el catálogo de Capitol Records, con la colaboración de Karl Hardman, responsable del archivo, que seleccionó músicas preexistentes de Spencer Moore, Philip Green o William Loose, finalmente incorporadas por George A. Romero en distintas escenas de la película. Aunque en conjunto el resultado fue más que aceptable, siempre ha quedado pendiente la duda de saber cómo hubiera funcionado una composición original para la película. A lo largo de los años, se han creado diversas bandas sonoras "alternativas", siendo la más interesante la aportación "ochentera" del británico Robert Ogden, OGRE y el norteamericano Dallas Campbell en lo que llamaron un rescore de Night of the living dead (2016, Lakeshore Records). Ahora es el DJ Bird Peterson, que este mismo año ha publicado su album de dance Infinity Molasses (Teenage Riot Records, 2018), el que se ha involucrado en la recreación musical de esta icónica película de terror. Utilizando como base los sintetizadores, Bird Peterson construye una banda sonora de cierto aire hipnótico al principio, como anticipando el horror que se avecina, y poco a poco va resultando cada vez más asfixiante. Este experimento, cuyo resultado en la propia película se puede ver en internet
 (aunque con decisiones discutibles como la eliminación de algunas escenas), funciona especialmente bien en los momentos de los ataques de los zombis, ofreciendo un sonido repetitivo y amenazador, como en la primera aparición de los muertos vivientes, "They're coming to get you, Barbara" o en el extenso "From worse to worser", de 17 minutos, que suena en la secuencia del sótano y las primeras noticias en torno al origen de la epidemia, donde Peterson realiza un ejercicio de ambientación sonora clautrofóbica que conecta bien con la pesadilla que viven los protagonistas. En este sentido, aunque ciertamente puede ser más o menos innecesaria, la nueva banda sonora consigue dotar a la película de una cierta modernidad que sin embargo no resulta molesta, sino que mantiene con elegancia un constante desasosiego que ofrece una lectura si cabe más opresiva en la revisitación de una película que marcó el género de terror.  

Happy New Year, Colin Burstead - Clint Mansell
Lakeshore Records  5 / 10 / 2018

Esta comedia dramática que utiliza la celebración del Año Nuevo como elemento de fractura familiar tiene como aspecto primordial ese toque de comedia dramática que su director, Ben Wheatley, atesora de su experiencia como realizador en series como Doctor Who (BBC, 20014-). Para su banda sonora el compositor Clint Mansell ha escogido un acercamiento de instrumentaciones sencillas, casi formada por una orquesta de cámara, potenciado además por un trabajo realizado en tiempo récord. Si la película se rodó en tan solo 11 días, la banda sonora se grabó y mezcló en un solo día. Pero es este carácter de minimalismo, casi diríamos que apresurado, el que confiere a la música ese íntimo acercamiento al centro familiar manteniendo al mismo tiempo un distanciamiento que le confiere esa sonoridad a música medieval. Especialmente notables son las composiciones que tienen también un cierto sabor céltico, como en "[enter, drum & colours]" o "[flourish, with spoils]". La filmografía del director, con trabajos de cierta violencia explícita como la recomendable Kill List (Ben Wheatley, 2011), sin duda establece el carácter inusual de esta propuesta. Y en este sentido, Clint Mansell acierta en el desarrollo, cada vez más disonante, de la banda sonora, especialmente en tema como "[music still, with shouts]", que al principio introduce incluso algunos cánticos de nuevo con aire céltico, para ir desembocando poco a poco en un diálogo disfuncional entre la flauta y el violín, que acaba resultando inquietante. Aunque la banda sonora, incluso en los propios títulos de los temas, está formada casi por interludios musicales, Clint Mansell concluye con una espléndida composición de 8 minutos, "[re-enter, with rabble]" que aporta cierta luminosidad.

Werk ohne Autor - Max Richter
Deutsche Grammophon  5 / 10 / 2018

La intensa actividad musical del compositor Max Richter, entre conciertos por todo el mundo, grabaciones de nuevos trabajos autónomos y reediciones de sus álbumes, le permite sin embargo, trabajar en el cine con una o dos bandas sonoras cada año. 2018 ha sido un año especialmente prolífico, con composiciones para películas como White boy Rick (Yann Demande, 2018) o la serie L'amica geniale (HBO, 2018-). Pero nosotros destacamos especialmente dos de estas bandas sonoras. Por un lado, el thriller alemán Werk ohne autor (Florian Henckel von Donnersmarck, 2018), centrado en la vida del pintor Gerhard Richter, que consiguió pasar de la Alemania del Este a la Alemania occidental. La música de Max Richter aquí es introspectiva esencialmente, algo que maneja con excelencia gracias al uso de sus habituales creaciones minimalistas, que afloran especialmente en intensos temas como "Enemy Lines". Al contrario que otros trabajos suyos para el cine, aquí Max Richter nos regala extensas composiciones que le permiten elaborar frases musicales que se van construyendo a fuego lento, como en "Your Pen, your word", que acaba desembocando en un ostinato que prácticamente se acopla a la siguiente composición, "A way out", como parte de una suite continua en la que se desarrollan las líneas de tensión de la historia. 


Mary, Queen of Scots - Max Richter
Deutsche Grammophon  7 / 12 / 2018

En un ámbito completamente distinto al que comentábamos anteriormente, nos encontramos la banda sonora de María, reina de Escocia (Josie Rourke, 2018), un trabajo más centrado en la mirada externa hacia unos personajes de relevancia histórica. Para este drama de época, Max Richter bucea en la música del Renacimiento, siguiendo en cierta manera la estela de su trabajo autónomo Recomposed by Max Richter: Vivaldi, The Four Seasons (2014, Deutsche Grammophon). El leitmotiv principal, centrado en la reina María Estuardo a la que da vida la actriz Saoirse Ronan, presente ya en los primeros compases de "The shores of Scotland", contrasta con la más romántica utilización del harpa para la reina Isabel I, interpretada por Margot Robbie, en temas como ""Elizabeth's portrait". En todo caso, ambos temas aportan esa dosis de lirismo que predomina en una película que adopta principalmente el punto de vista femenino. Por contra, la visión masculina está aquí representada por la guerra, con la percusión como principal elemento, como en "The claim to the Throne". Estamos ante uno de los trabajos más ambiciosos y complejos de Max Richter, que incorpora también voces (bellísimo ese coral "If ye love me") y elementos electrónicos, que aportan una tonalidad más moderna a temas como el fúnebre "Pray for me". Regio y espectacular en ocasiones, lírico y colorista en general, estamos ante uno de los mejores trabajos de su autor. 


Girl - Valentin Hadjadj
Deutsche Grammophon  5 / 10 / 2018

La valiente película del director Lukas Dhont en torno a la transexualidad es posiblemente una de las visiones más emocionantes sobre la condición humana que se han estrenado este año. La música corre a cargo del compositor francés Valentin Hdjadj, del que ya hemos escuchado interesantes bandas sonoras, sobre todo en el género de animación, en películas como Avril et le monde truqué (Christian Desmares, Franck Ekinci, 2015). Lo interesante de la propuesta, para esta película que ganó el premio al Mejor Actor en la sección Un Certain Regard y la Caméra d'or al Mejor Director en el Festival de Cannes, es que Lukas Dhont no se centra tanto en el bullying o las amenazas externas, sino que está más interesado en el conflicto interior de la protagonista, y de esta forma, la descripción del sentimiento transgénero en realidad es una transposición de los cambios en la pubertad. Ese planteamiento es importante, porque permite a Valentin Hadjadj elaborar una banda sonora esencialmente introspectiva, que se apega a los sentimientos del personaje principal, pero sobre todo transmite las emociones que la protagonista no expresa externamente. La música se convierte así en la expresión íntima del personaje, y contribuye a transmitir su evolución, estructurada sobre dos temas, "Summer", más íntimo, con el violín como elemento principal, y "Winter", más abierto a la sección de cuerdas, más emocionalmente expresivo. Hasta llegar a ese revelador y liberador "Lara", que muestra el descubrimiento de la auténtica personalidad.     

The sisters brothers - Alexandre Desplat
Lakeshore Records  12 / 10 / 2018

La incursión del francés Jacques Audiard en el género western le ha valido el León de Plata al Mejor Director en la Mostra de Venecia. De nuevo colaborando con el realizador, Alexandre Desplat elabora una espléndida lectura contemporánea del género, desde el tema principal, "The Sisters Brothers", que incorpora un piano a modo jazzístico, contundente y efectivo. Este es precisamente uno de los hallazgos de la partitura que propone Desplat, utilizando el piano como instrumento que lidera buena parte de las composiciones, pero también con el uso del combo, que le da un aire más moderno y casi diríamos que cercano al universo sonoro de John Cage. De hecho, el compositor huye del uso de los instrumentos de viento, tan presentes en el género, para realizar una banda sonora más acústica, que despega en algunos momentos con sonidos más cercanos al género, como en "To Jacksonville", pero que encuentra su lugar más cómodo en la introducción de sonoridades más contemporáneas, especialmente con la utilización del violín eléctrico (interpretado por su esposa, Dominique  Lemonnier), como en "Two brothers, two friends". Especialmente interesante es la introducción de la guitarra eléctrica en temas como "To San Francisco", que casi podría ser una composición para una película que se desarrolla en la actualidad, más que en el género del western. Hay algunos usos comunes en la música de Desplat, como la utilización de percusiones únicamente para temas de acción como "Gun fight", especialmente viniendo de otro trabajo en el que el compositor prácticamente solo utilizaba instrumentos de percusión, como Isla de los perros (Wes Anderson, 2018). En realidad, la banda sonora de Alexandre Desplat está más cerca del cine noir que del propio cine del oeste, y es sin duda uno de sus mejores trabajos en 2018. 

Le jeu - Christophe Julien
Editions Milan  12 / 10 / 2018

La película italiana Perfetti sconosciuti (Paolo Genovese, 2016) ha traspasado eu propio éxito internacional para convertirse en una de las películas más versionadas, en posteriores producciones como la española Perfectos desconocidos (Álex de la Iglesia, 2017), la mexicana Perfectos desconocidos (Manolo Caro, 2018) y ahora la francesa Le jeu (Fred Cavayé, 2018). Esta comedia negra y malsana en torno a un grupo de amigos que descubren la falsedad de su relación cuando comienzan un juego de revelación de secretos ha trascendido el éxito en su propio país, quizás con no tan buenos resultados como la versión original, espléndida comedia de personajes que planteaba un final abierto no presente en otras versiones, como la española. De todas ellas, el mejor planteamiento musical es el que propone Christophe Julien en esta banda sonora que se estructura en torno a un excelente tema principal, "Le jeu", que propone una base melódica retentiva, pero al mismo tiempo incorpora ese tono negro que tiene la historia, aún más presente en composiciones como "Phone dark side". Hay también momentos de tonalidad cómica como en esos pizzicatos de "Strangers du tango", pero en general predomina un tono más sórdido a lo largo de la banda sonora. Es interesante sobre todo el uso del piano y el acordeón en "L'aveu de Ben", una especie de tema liberador que tiene sin embargo un poso de melancolía.  

Capharnaüm - Khaled Mouzanar
Decca Records  12 / 10 / 2018

La película libanesa Cafarnaúm (Nadine Labaki, 2018) es una de las más premiadas a lo largo de este año: Presentada en Cannes y San Sebastián, está nominada al Globo de Oro como Mejor Película Extranjera y tiene serias posibilidades de cara a los Oscar. Esta historia sobre un niño de 12 años que decide demandar a sus padres en el Tribunal Internacional de Justicia, es una historia conmovedora en torno a la pobreza, pero al mismo tiempo genera cierta polémica por su mirada algo condescendiente con la desoladora vida de muchos niños obligados a trabajar en las calles de Beirut. Músico y directora, marido y mujer, ya habían colaborado juntos en Caramel (Nadine Labiki, 2007) e ¿Y ahora adónde vamos? (Nadine Labiki, 2012), y por tanto ambos se entienden perfectamente en la transposición musical de las historias que cuenta. Esta quizás sea la banda sonora menos estrictamente melódica de las tres, porque el compositor se centra más en el aspecto documental que plantea la directora en buena parte de las secuencias. En este caso, se trata de un trabajo que, utilizando una pequeña formación orquestal, no renuncia del todo a la construcción de frases melódicas, como en el tema dedicado al niño protagonista, "Zeyn", pero con un planteamiento algo más minimalista. Así ocurre también con el tema principal, "Capharnaüm" que se construye progresivamente con sonoridades étnicas e introducción de voces que van creando un sentimiento de desolación. Este sentimiento también está presente en otro de los temas principales, el hermoso "Eye of God", que suena mientras vemos una toma aérea cenital de la ciudad de Beirut, y a la que la música le otorga un sentimiento desgarrador. 

First Man - Justin Hurwitz
Back Lot Music  12 / 10 / 2018

Uno de los mayores aciertos del director Damien Chazelle es hacer una película que habla de un acontecimiento histórico rodeado de cierta épica, pero utilizando en buena parte planos cerrados y reconvirtiendo la historia de la llegada del primer hombre a la luna en un acercamiento íntimo, más humano, pero al mismo tiempo sin eliminar completamente el aspecto heroico. Ganadores ambos del Oscar el año pasado por La La Land (Damien Chazelle, 2016), músico y director sin duda merecen al menos otra nominación este año. Porque, como ocurría en aquella, la parte musical juega aquí un papel fundamental, y está desarrollada con eficacia y originalidad. En el aspecto melódico, la banda sonora se estructura principalmente sobre dos temas principales: uno intimista y familiar, y otro relativo a la misión espacial, que expresa la soledad y la belleza que experimentan los astronautas. Este intimísimo, expresado por el uso de instrumentos como el harpa, encaja perfectamente con esas imágenes de una familia marcada por el dolor de la pérdida de una hija, y se desarrolla con gran belleza en temas como "The Armstrongs".  En el aspecto relativo a la misión, está marcado por el uso de sintetizadores "retros" de finales de los sesenta, como el sintetizador Moog o el Echoplex, que Jerry Goldsmith utilizó en la banda sonora de El planeta de los simios (Franklin Schaffner, 1968). Pero sobre todo destaca el uso del theremin, instrumento que patentó el inventor ruso Léon Theremin en 1928, que aporta ese aire de película espacial de los años 50, como Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951), en cuya banda sonora Bernard Herrmann le dio un papel protagonista. El instrumento, que el propio Justin Hurwitz aprendió a tocar, va apareciendo levemente a lo largo de la película, hasta convertirse en elemento principal en la última parte, la del viaje lunar, especialmente notable en temas como "Crater". Y es donde aparece también la épica, con el uso más destacado de la orquesta, presente en espectaculares composiciones como "Apollo 11 launch" o "The landing", quizás el tema más representativo de la excelencia de esta banda sonora.

What they had - Danny Mulhern
Varèse Sarabande  19 / 10 / 2018

Compositor y multinstrumentista, Danny Mulhern tiene tras de sí una extensa lista de colaboraciones, especialmente en televisión, que combina con sus trabajos autónomos como el recientemente editado Safe house (2018, 1631 Recordings AB). Su estilo, que tiene referentes minimalistas pero se sostiene sobre todo en logrados pasajes melódicos, tiene ese aire intimista que encaja perfectamente con esta película sobre una crisis familiar, basada la experiencia real de su debutante directora, la actriz Elizabeth Chomko. El trabajo de Danny Mulhern, que utiliza el piano como principal instrumento, consigue crear una atmósfera íntima que al mismo tiempo se mueve por pasajes que tienen un cierto aire jazzístico como "Come for a run with me", aunque en ciertos momentos recurre a la utilización de instrumentos de viento como la trompa, en temas como "This was the perfect time", que otorgan una intimidad especial a determinadas escenas, en las que los personajes se sinceran.  El trabajo de Danny Mulhern está dotado de una extraordinaria sensibilidad y refleja la desolación de unos personajes que se tienen que enfrentar a una enfermedad como el Alzheimer. En este sentido, la banda sonora funciona como una especie de suite en torno a la memoria que incorpora tonalidades emocionales gracias a temas que están dotados de una gran carga emocional, como ese sutil "Bridget and Emma", en el que se introduce de forma puntual el sonido del violonchelo, casi difuminado conforme se desarrolla el tema. Sensible y emocionante, estamos ante una de las más bellas composiciones del año.


Buñuel en el laberinto de las tortugas - Arturo Cardelús
Rosetta Records  19 / 10 / 2018

Yo galgo - Arturo Cardelús
Skinny Dog International  16 / 11 / 2018

El compositor madrileño Arturo Cardelús se dio a conocer en con la banda sonora de In a heartbeat (Esteban Bravo, Beth David, 2017), cortometraje de animación que introducía una trama romántica gay en una historia para niños. Su trabajo como concertista es más conocido, y desde hace algunos años reside en Los Angeles, sin perder la conexión con el cine español. Sus más recientes composiciones tienen que ver precisamente con el cine de animación y con el género documental. Por un lado, la película Buñuel en el laberinto de las tortugas (Salvador Simó, 2018), cuyo estreno se ha pospuesto hasta el próximo año. Se trata de una historia de animación que muestra el trabajo de Luis Buñuel mientras preparaba el rodaje del documental surrealista Las hurdes (Luis Buñuel, 1933), pero se centra sobre todo en la personalidad del genio de Calanda. Grabada en Londres, la banda sonora tiene como eje principal un hermoso vals dedicado al personaje protagonista, "Luis Buñuel", y sobre él se van tejiendo el resto de composiciones, en las que el leit-motiv está muy presente. Hay temas de gran belleza como "La lotería", que establece un diálogo entre la guitarra solista y una base coral, y momentos que tienen un aire más de ensoñación, como "Laberinto", en el que los coros, primero infantiles y después marcados por las voces masculinas, resultan casi religiosos. Es un trabajo de tono romántico, con pasajes especialmente bellos y que nos muestra la experiencia de Arturo Cardelús en el trabajo de orquestación. 

Por otro lado, el documental Yo galgo (Yeray López Portillo, 2018) se centra en la utilización de perros galgo en las cacerías, pero sobre todo refleja ese enfrentamiento entre la tradición cruel y la modernidad en los pueblos más olvidados. Se trata de un trabajo más oscuro que el anterior, porque parte de la historia tiene que ver con las terribles consecuencias que tiene la utilización de estos galgos en la práctica de la caza. Así, encontramos temas de etérea tristeza como "Little did I know", en el que la utilización de los sonidos electrónicos predomina para construir sonoridades dramáticas. Y hay composiciones desgarradoras, como "Tú no eliges la liebre", en la que el violonchelo subraya la desolación y el dolor. Si en la anterior banda sonora la base melódica era importante, aquí predominan las sonoridades atonales, en algunos casos discordantes, que como en "Discarded" adquieren un tono especialmente dramático. Una de las protagonistas del documental es una galgo hembra que, tras criarse en Dinamarca, regresa a España. Y a ella, que quizás por haber tenido la posibilidad de criarse apartada de la crueldad de la tradición cetrera, ha podido sobrevivir, es a la que se dedican los temas más luminosos de la banda sonora, como "Bacalao".  

Un día más de vida - Mikel Salas
919703 Records DK  19 / 10 / 2018

El documental de animación es ya una forma habitual de contar historias reales pero con la libertad creativa que ofrece trabajar con imágenes generadas por ordenador que, como en este caso, permiten incluir escenas de ensoñación casi abstractas que, en buena medida, funcionan mejor como reflejo del caos de la guerra que las propias escenas de acción. Para la película codirigida por el español Raúl de la Fuente, ganadora del Premio Europeo, la música corre a cargo de Mikel Salas, colaborador del director también en su anterior documental, I am Haití (Raúl de la Fuente, 2014). A la película le perjudica la constante comparación con Vals con Bashir (Ari Folman, 2008), quizás porque no se conocen otras muchas muestras de animación documental que se han realizado posteriormente, pero en esta comparación sí sale beneficiada la banda sonora, que toma un camino más épico y de acción que la que creara Max Richter para aquella. El compositor navarro consigue aquí un espléndido trabajo que combina perfectamente la música frenética de las escenas de guerra, como "A soldier", con aquellas que describen con emoción los desastres humanos que provoca el conflicto angoleño. Destaca especialmente el uso de las voces solistas en esa hermosa evocación de la esperanza que es la canción "O meu menino". Mikel Salas es un músico que se mueve con comodidad en el género de acción, con trabajos anteriores como [Rec]3: Génesis (Paco Plaza, 2012), y sabe combinar con acierto las sonoridades electrónicas con una orquesta de cuerda, lo que resulta especialmente efectivo en las escenas más interesantes y hermosas de la película, aquellas que evocan las ensoñaciones del protagonista, como en ese frenético comienzo "Luanda", que introduce elementos de jazz. Sin duda, una banda sonora que, aunque acabe pasando desapercibida entre la lista de premios de este año, es uno de los mejores trabajos españoles de 2018. 

The nutcracker and the four realms - James Newton Howard
Walt Disney Records  26 / 10 / 2018

James Newton Howard es uno de esos compositores con capacidad para adaptarse a proyectos de gran envergadura con resultados habitualmente acertados. Sus últimas bandas sonoras están muy marcadas por la tradición sinfónica clásica, especialmente con referencias a Prokofiev en Gorrión rojo (Francis Lawrence, 2018), y ahora en esta adaptación al cine del ballet El Cascanueces, obra máxima de Piotr Chaikovski basada en el cuento "El cascanueces y el rey de los ratones", de E.T.A. Hoffmann. La banda sonora de James Newton Howard es obviamente referencial a la gran composición del músico ruso, con una presencia constante en temas como "Clara's new world", y en cierto modo el trabajo de Newton Howard pasa por hacer más "cinematográfica" la música original del ballet, incorporando elementos novedosos como las voces corales, y esa cadencia de gran sinfonismo que el compositor sabe manejar con especial soltura. En este sentido, las mejores composiciones que consiguen esa unión perfecta entre la música de Chaikovski y la incorporación más fílmica de Newton Howard son "The Machine Room fight" y "Queen Clara", éste último especialmente logrado en un desarrollo brillante que tiene la firma del mejor James Newton Howard. 


Fantastic beasts: The Crimes of Grindewald - James Newton Howard
WaterTower Music  9 / 11 / 2018

El compositor ya nos ofreció un excelente trabajo en la película Animales fantásticos y dónde encontrarlos (David Yates, 2016). y ahora en su continuación consigue también una notable banda sonora de gran espectacularidad. Y ciertamente en una tesitura diferente, ya que se trata de un trabajo mucho más oscuro que el de la primera parte, pero que contiene excelentes temas de extensa duración como "The thestral chase" con el que se abre, y en el que incorpora con maestría elementos tan dispares como las voces corales o los sintetizadores que, siempre en el caso de James Newton Howard están usados con precisión. Los nuevos temas creados para esta película son especialmente interesantes, primero un desenfadado y romántico tema para el personaje de Leta en "Newt and Leta", que tiene algo de esa sonoridad de la música rusa a la que hacíamos referencia antes, y después el mágico "Dumbledore", con cierto aire volátil, que marca en buena medida el tono de parte de esta banda sonora. Sin duda estamos ante un año especialmente inspirado para un compositor que, a pesar de su presencia en proyectos de gran presupuesto, merecería un mayor reconocimiento. 

Possum - The Radiophonic Workshop
The Radiophonic Workshop  26 / 10 / 2018

The Radiophonic Workshop es toda una institución en el mundo de la televisión. Creada en 1958 para crear efectos de sonido y música para las producciones de radio y televisión de la BBC, acabó siendo una influencia notable para la música electrónica. Pero sus trabajos, aunque presentes en la mayor parte de las producciones televisivas y radiofónicas de las últimas décadas, casi nunca han conocido ediciones discográficas. Quizás su obra más conocida fue la creación del tema principal de la serie Doctor Who (BBC, 1963-1989), principalmente compuesto por sonidos de manipulación de cintas y osciladores, algo así como un preludio del posterior trabajo de los DJ. Curiosamente, en estos cincuenta años de existencia, The Radiophonic Workshop nunca había participado en la banda sonora de una película, por lo que es especialmente interesante la edición de la música de Possum (Matthew Holmes, 2018), una pesadilla kafkiana que ciertamente es una rara avis en el género de terror de este año, pero también uno de los proyectos más interesantes. Tratándose de una creación de The Radiophonic Workshop, es lógico que la banda sonora esté compuesta principalmente por efectos de sonido que ciertamente ofrecen una visión introspectiva del personaje principal, excelente Sean Harris, un tipo oscuro y traumatizado por acontecimientos de su infancia que resulta al mismo tiempo patético y desasosegante. Y esta falta de convencionalismo de la banda sonora es lo que la hace especialmente interesante, porque provoca una cierta inquietud constante, pero al mismo tiempo incorpora elementos melódicos con flautas, como en los "Main Titles" o en "A demonstration". Parte de la banda sonora se ha creado con sonidos del archivo de Delia Derbyshire, productora responsable de The Radiophonic Workshop desde su nacimiento hasta 1973, ofreciendo una mezcla de turbación e instrospección que son perfectos para el ambiente tenso y casi absurdo de la película dirigida por Matthew Holmes. 

Boy erased - Danny Bensi, Saunder Jurriaans
Back Lot Music  26 / 10 / 2018

El trabajo conjunto de Danny Bensi y Saunder Jurriaans suele deparar casi siempre resultados interesantes. Su capacidad para generar sonoridades que tienen al mismo tiempo una intensa base melódica pero al mismo tiempo contribuir con instrumentaciones singulares que transmiten sonidos diferentes a los habituales, son algunas de sus mejores contribuciones a la música de cine. En este caso ambos vuelven a colaborar con el actor y director Joel Edgerton tras su interesante trabajo en El regalo (Joel Edgerton, 2015), para esta película centrada en la terapia de conversión a la que debe someterse el protagonista para "curar" su homosexualidad. El acercamiento musical a esta historia de tono intimista en la que es importante la evolución interior del personaje principal se sostiene en una pequeña formación orquestal que permite una sonoridad más intimista. Y se construye en base a algunas orquestaciones singulares, como uno de los temas principales, interpretado por dos violines y un órgano de pedal, que se escucha en momentos de introspección como "Assembly", y en momentos íntimos como "The funeral", aquí introduciendo un elemento de distorsión a través de la percusión. Es este lado intimista el que funciona especialmente bien en la banda sonora, con algunos momentos de luminosidad, representados por el piano en temas como "Cameron", y con pequeñas referencias a la condición cristiana de la familia del protagonista, introduciendo voces corales de niños que también representan la inocencia, como en "Between us". Es destacable también la canción "Revelation", precioso tema escrito por el sudafricano Troye Sivan y el islandés Jonsi, nominada al Globo de Oro. 

The extraordinary journey of the Fakir - Nicolas Errèra
ENKA  1 / 11 / 2018

Basada en la novela del escritor francés Romain Puértolas, esta película se acerca a la dura realidad de la inmigración, pero adoptando en la figura de su protagonista un aire de cuento con cierto aire optimista. La historia de un joven indio que decide viajar a París para cumplir el sueño de su madre, y que acaba metido en un rocambolesco trayecto que le lleva desde Francia hasta Inglaterra, España e Italia, ofrece una mirada irónica que el compositor francés Nicolas Errèra describe con acierto en una banda sonora ecléctica, variada en su mezcla de estilos pero compacta en su estructura. La música mantiene como eje principal al protagonista, un personaje optimista y aventurero que vive aventuras inimaginables, y en torno a él se centra un hermoso tema principal, "Aja's Theme", que lo hace cercano y cordial.  Y en general las composiciones de Nicolas Errèra mantienen ese tono vitalista, a pesar de las circunstancias adversas que rodean al protagonista, identificándose con la propia actitud del personaje. Lo es en los pasajes que tienen lugar, por ejemplo, cuando la policía persigue a los inmigrantes ilegales, y que la música suaviza, o en ese número musical que protagoniza el jefe de policía (Ben Miller) en la irónica canción "Send them to Spain". Hay también, en los pasajes que tienen lugar en Italia, simpáticas referencias a la música de Nino Rota, como en "You're in love". Nicolas Errèra consigue en definitiva, una banda sonora de múltiples aristas que funciona perfectamente dando el tono adecuado a una película más interesante de lo que en principio podría esperarse.    

If Beale Street could talk - Nicholas Britell
Lakeshore Records  9 / 11 / 2018

Resulta interesante comprobar las dos colaboraciones director-músico que el año pasado destacaron en los Oscar: Damien Chazelle-Justin Herwitz y Barry Jenkins-Nicholas Britell, han vuelto a ofrecer este año dos películas de gran calidad tanto en la pantalla como en la música. Los primeros con First man (Damien Chazelle, 2018) y los segundos con El blues de Beale Street (Barry Jenkins, 2018), una historia de amor basada en la novela del prestigioso escritor norteamericano James Baldwin. El acercamiento a esta apasionada búsqueda de la justicia por parte de la protagonista tiene, por razones obvias, una textura con raíces jazzísticas que esta presente a lo largo de toda la banda sonora, y especialmente en temas de sonoridades complejas como "Ya who enter here". Pero lo más interesante de la banda sonora es su construcción en base a instrumentos de metal y los instrumentos de cuerda. En un principio, la idea del director consistía en solo usar instrumentos de viento, pero Nicholas Britell aportó la necesidad de introducir las cuerdas para mostrar el carácter romántico de la relación. Así, en el primer encuentro sexual entre la pareja protagonista se introducen los violonchelos para reflejar la pasión corporal y el romanticismo, como podemos escuchar en "Eros". Muchos de los temas de la banda sonora, por cierto, tienen como título diferentes referencias griegas que describen el amor y la pasión, como "Eros, "Agape" o "Encomium". En la utilización de los instrumentos de viento hay también una cierta sonoridad al cine "noir" clásico, como en "Mrs. Victoria Rogers", que aporta también una textura cercana a la música de Dmitri Tiomkin o Franz Waxman. Estamos, como en Moonlight (Barry Jenkins, 2016), ante una excelente banda sonora repleta de hallazgos y complejas texturas superpuestas que conectan, casi de forma epidérmica, con la pasión que describen las imágenes del director. 

Evelyn - Patrick Jonsson
Air-Edel Records  26 / 11 / 2018

El director británico Orlando von Einsidel ha sido nominado al Oscar en dos ocasiones, por el largometraje documental Virunga (Orlando von Einsidel, 2014) y por el corto documental The White helmets (Orlando von Einsidel, 2016), por el que consiguió la estatuilla. En sus proyectos cinematográficos ha contado con la colaboración del compositor sueco Patrick Jonsson, que ha creado excelentes trabajos musicales. Ahora, en su último documental, el director se aleja de los escenarios violentos del tercer mundo para acercarse a una historia más personal, contada en primera persona, sobre un hermano que se quitó la vida cuando tenía 22 años. Esta historia, Orlando con Einsidel cuenta desde su propia experiencia junto a su familia, funciona como una especie de duelo que en su momento no existió, por el shock que supuso la noticia. En este sentido, la banda sonora de Patrick Jonsson es también un lamento, hermoso y lleno de sensibilidad, que pone los vellos de punta. Desde se emotivo y sincero tema "I can barely say his name" con el que se inicia la banda sonora, Patrick Jonsson dispone ya los instrumentos principales de la música, un piano de tonalidad triste, y los violines como contrapunto melódico. Pero sobre todo consigue momentos de gran emotividad, de belleza etérea, como en "He was here", que se refieren a esa figura casi fantasmal que ha permanecido en la memoria familiar. Hermoso trabajo del compositor para un documental doloroso.   
Rémi sans famille - Romaric Laurence
Editions Milan  7 / 12 / 2018

Esta es una superproducción francesa de género infantil estrenada estas Navidades, en torno al viaje que inicia un niño sin familia junto a una troupe de artistas a lo largo de Francia. Película de estética preciosista y personaje extrovertidos, cuenta con la partitura del compositor francés Romaric Laurence, experimentado en películas de acción de gran presupuesto. Pero aquí encontramos su faceta más heterogénea, con una partitura eminentemente melódica que está formada por temas de gran belleza como el coral "Une comptine, ma comptine". Para la banda sonora, el compositor ha contado con una gran orquesta que le permite elaborar pasajes de gran espectacularidad, que subrayan las imágenes de una película repleta de paisajes de ensueño. La utilización de la voz solista del niño Thibault Sallès es recurrente a lo largo de la partitura, que también se sostiene en las voces corales como elemento de ensoñación, que dan ese aire de cuento que tiene la película, como en el tema "Rémi Seul chez les Driscoll", que contiene también momentos de acción. Pero es en el lado melódico en el que la banda sonora gana, especialmente en hermosos temas como "La dame de l'auberge et joli-cœur", de tonalidad romántica, que en algunos momentos nos recuerda a la música de Jean-Claude Petit. Sin duda se trata de un trabajo maduro que permitirá a Romaric Laurence acceder a otro tipo de producciones. 

Aquaman - Rupert Gregson-Williams
WaterTower Records  14 / 12 / 2018

El músico británico nos ofreció el año pasado un interesante trabajo para la película Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017) y ahora vuelve a hacerse cargo de la música de una adaptación del universo DC, en la esperada y bien acogida por la crítica Aquaman (James Wang, 2018). Su acercamiento, como el de la propia película, es maravillosamente retro, con la introducción de sintetizadores con sonido de los ochenta que ciertamente es uno de sus mayores aciertos. Nuevamente, el compositor introduce la guitarra eléctrica, como ya ocurriera en Wonder Woman, como instrumento que subraya las escenas de acción, y maneja con acierto la mezcla de sonidos electrónicos con la gran orquesta y los coros. El conjunto es en definitiva un trabajo notable, que ya desde el tema principal "Arthur" nos introduce en esa ambientación, que tiene sus principales referentes en los sonidos de maestros de la música electrónica como Vangelis y especialmente Jean-Michel Jarre. En las escenas de acción, como "Atlantean soldiers", Rupert Gregson-Williams hace uso de las percusiones y los instrumentos de viento como elementos marciales que funcionan como preparativo para el combate, con una contundencia certera. El músico británico acierta especialmente en las escenas de acción, con un inteligente uso de la orquesta, apabullante en  algunos casos como en "Suited and booted". Estamos sin duda ante una de las mejores bandas sonoras para películas de superhéroes de este año. 


L'Empereur de Paris - Marco Beltrami, Marcus Trumpp
Gaumont  14 / 12 / 2018

El joven compositor alemán Marcus Trumpp es uno de los que forman parte del equipo habitual de Marco Beltrami, que suele realizar músicas adicionales para la mayor parte de las bandas sonoras del compositor. Pero en algunas ocasiones, como ocurre con los colaboradores de Hans Zimmer, el ayudante adquiere protagonismo en la elaboración de algunos trabajos. Es el caso de este producción francesa que supone una nueva colaboración de ambos con Jean-François Richet tras las dos partes de Mesrine (Jean-François Richet, 2008), de nuevo con Vincent Cassel como protagonista. Aunque suponemos que buena parte del trabajo corre a cargo de Marcus Trumpp, también encontramos en algunos pasajes el sello característico de Marco Beltrami. En general, se trata de una banda sonora de tono grandilocuente y que bucea al mismo tiempo en las sonoridades románticas, ya desde ese intenso y espectacular tema principal, "1805", que recrea con vehemencia el París napoleónico de principios del siglo XIX. La contundencia de los violines y la energía de los instrumentos de viento ya generan la tensión que está presente en esta historia de mafias, también presente en temas como "One after the other". El piano toma protagonismo en los momentos románticos, como en el tema dedicado a uno de los personajes femeninos, "Annette". Es una banda sonora que abunda en la espectacularidad pero al mismo tiempo , como en ese contundente "Revenge", que es de una gran belleza pero al mismo tiempo sobrecogedor. 






Girl y El blues de Beale Street se estrenan el 25 de enero

María, reina de Escocia se estrena el 8 de febrero
Cafarnaúm se estrena el 15 de febrero
El Emperador de París se estrena el 29 de marzo

Identidad borrada se estrena el 5 de abril
Obra sin autor se estrena el 12 de abril
Buñuel en el laberinto de las tortugas se estrena el 26 de abril