06 mayo, 2021

Las series más destacadas de 2021: Marzo-Abril

Nuestro repaso mensual a las series más destacadas de las últimas semanas se detiene en las producciones estrenadas durante el mes de abril, pero también en aquellas que, habiéndose estrenado en marzo, han concluido en abril. Nuestra intención suele ser la de ofrecer una valoración de las temporadas concluidas, de forma que podemos tener una mejor perspectiva del desarrollo narrativo de las historias. También incluimos alguna serie inédita en España, porque nos parecen lo suficientemente interesantes como para destacarlas de cara a un posible estreno en nuestro país. Y aunque hablamos de las tramas principales de las últimas temporadas, intentamos no hacer spoilers.

Q. Into the storm
HBO, 22 de marzo-4 de abril
Escrita y dirigida por Cullen Hoback

A raíz del asalto al Capitolio en enero de este año, la atención internacional se fijó en QAnon, una figura anónima que venía lanzando mensajes relacionados con teorías de la conspiración desde hace algunos años y al que se considera el caldo de cultivo de los seguidores de extrema derecha que apoyaban las políticas de Donald Trump. El propio presidente contribuyó a través de su parlanchina cuenta de twitter a extender la influencia de QAnon. Y la pregunta principal comenzó a hacerse destacada: ¿Quién está detrás de Q?. 

Cullen Hoback inició este documental de investigación en 2018, que está considerado como un punto de inflexión en la trayectoria de los mensajes posteados por QAnon. La teoría principal es que Q comenzó a publicar mensajes antes de 2018, pero que a partir de ese año existen claras diferencias de estilo y enfoque en sus posts. O lo que es lo mismo, alguien se apropió de la imagen de Q y a partir de 2018 estableció, podríamos decir, una nueva personalidad. A lo largo de los seis episodios de esta serie documental, que está producida por Adam McKay, director de películas como La gran apuesta (2015) y El vicio del poder (2018), Cullen Hoback realiza un trabajo notable de investigación que explica con claridad la evolución de QAnon hasta el pasado mes de enero. 

La relevancia de los mensajes de Q comenzó a hacerse importante desde el momento en que publicó en la web de 4chan, una especie de tablero de mensajes sin censura creado por Fred Brennan, que posteriormente vendió a Jim y Ron Watkins, padre e hijo, que lo convirtieron en 8chan, con la misma filosofía pero más permisivos con mensajes de extrema derecha. La web finalmente fue clausurada porque se utilizó para difundir propaganda de algunos perpetradores de atentados como el que dejó 40 muertos en una mezquita de Christchurch, Nueva Zelanda, en 2019. Curiosamente, este mismo asesino había retransmitido la masacre a través de Facebook Live, pero no hubo consecuencias para esta red social. En algunos momentos da la impresión de que el director pierde el foco de QAnon para centrarse en las disputas que surgieron posteriormente entre Fred Brennan y Jim y Ron Watkins, en una especie de enfrentamiento entre programadores de internet en el que las dos partes practicaron el juego sucio. Pero el documental finalmente no decepciona porque sí desenmascara a QAnon, ofrece una teoría lógica y un nombre concreto. 

Pero, al margen del tema central en torno a la identificación de QAnon, lo más interesante de Q. Into the storm es cómo revela con claridad hasta qué punto internet se ha transformado de un espacio supuestamente abierto a la libertad de expresión a un reducto de manipulación y adoctrinamiento. Y también pone de manifiesto cuál es la catadura moral de los que controlan cuentas de redes sociales y páginas web que se hacen virales y tienen miles de seguidores. Hay un momento en el que Fred Brennan, en su campaña de desprestigio contra sus oponentes, manipula la información que aparece sobre ellos en Wikipedia. De forma que finalmente nos hace reflexionar sobre qué es verdad y qué es mentira en la información que encontramos en la red. ¿Se ha convertido internet en un lugar donde nada de lo que se publica es verdad? ¿Donde todo está sujeto a campañas de manipulación de los usuarios? En el lado negativo, se le puede criticar una cierta falta de profundidad, una mirada más superficial hacia cómo millones de personas han creído teorías de la conspiración tan absurdas como el "pizzagate". 

This country - Temp. 1-3
Filmin, 23 de marzo
Creada por Daisy Cooper, Charlie Cooper
Dirigida por Tom George

La plataforma Filmin estrena en España las tres temporadas de las que consta la serie británica This country (BBC Three, 2017-2020), comedia con un sentido muy british que se construye como un mockumentary protagonizado por dos primos, Kerry y Kurtan, que viven en una zona rural del distrito de Cotswold, y en el que se refleja la vida monótona de cierta parte de la juventud que ha permanecido en estas localidades pequeñas. Los creadores y protagonistas de la serie, Daisy May Cooper y Charlie Cooper, en realidad son hermanos, su propio padre, Paul Cooper, interpreta al padre del personaje de Kerry, y su tío Trevor Cooper da vida a uno de los habitantes más excéntricos del pueblo. El éxito de la primera temporada en 2017 fue tal que la BBC recibió cuatro millones de peticiones de espectadores para que fuera renovada, lo que impulsó a la televisión pública a renovar por una segunda, y más tarde, por una tercera y última temporada, que se estrenó en marzo de 2020. 

La serie construye personajes espléndidos, empezando por los protagonistas, que tienen una mezcla de inmadurez, egoísmo y algo de psicopatía, que los hace impredecibles, pero sobre todo a partir de la segunda temporada desarrolla más otros personajes secundarios como el párroco (Paul Chahidi), que tiene una relación muy especial con los dos primos; Slugs (Michael Sleggs), el amigo del que ambos reniegan; e incluso aciertan en la creación de personajes a los que no se ve, como la madre de Kerry, que puede ser tan desagradable desde su habitación como si tuviera una presencia física (la voz de la madre está interpretada por la propia Daisy May Cooper, que en lo créditos utiliza el seudónimo de Ivy Woodcock). Pero sobre todo compone una historia que refleja realidades sociales muy dramáticas, en torno al abandono de las zonas rurales y el desinterés de las instituciones en su desarrollo. Se trata de fragmentos de experiencias diversas protagonizadas por estos dos primos cuya apatía e inmadurez provoca situaciones absurdas. 

La serie gana cuando entramos en la dinámica de su sentido del humor, cuando los personajes nos resultan familiares y casi podemos adivinar los líos en los que se acabarán metiendo, y sus reacciones ilógicas. Por eso a partir de la segunda temporada This country consigue crecer en una visión mucho más amplia, que aumenta la presencia de otros personajes y construye tramas que son algo más que piezas anecdóticas. Poco antes de comenzar la producción de la tercera temporada, el actor Michael Sleggs, que interpreta al personaje de Slugs, anunció que le quedaban pocos meses de vida, y finalmente falleció en julio de 2019. Su personaje está basado en la relación de amistad que tenía con los dos hermanos creadores de la serie, y de hecho el primer episodio de la tercera temporada incorpora el fallecimiento del personaje de Slugs.  

Considerada como una de las mejores comedias británicas de los últimos años, This country tiene la capacidad de evolucionar desde una primera temporada de construcción de personajes y situaciones absurdas, a otras dos temporadas mucho más complejas en la creación de tramas horizontales y en la relación con otros personajes. Hay incluso algunos paralelismos entre el episodio "The station" (S3,E5), en el que esperan el regreso del párroco en una estación de tren, y el episodio "Oven space" (S1,E3), uno de los más divertidos de la primera temporada en el que esperaban en su casa la llegada de su tío "Nugget" Nuggins, recién salido de la cárcel. Es una serie que construye elementos que acaban resultando icónicos, tan inolvidables como las camisetas deportivas de Kerry o las reacciones impulsivas de Kurtan. 

Shtisel - Temp. 3
Netflix, 25 de marzo
Creada por Ori Elon, Yehonatan Indursky
Dirigida por Alon Zingman

Esta es una de esas series por las que le podemos perdonar muchas producciones mediocres a Netflix. Porque, si no hubiera sido por la difusión que le dio la plataforma norteamericana, seguramente no habríamos tenido acceso a una de las mejores historias familiares que se han hecho para televisión. Las dos primeras temporadas fueron producidas en 2013 y 2014 por el canal por cable israelí Yes Televisión, que da servicio a más de medio millón de clientes. Y su trascendencia hubiera sido solamente local si no hubiera sido adquirida por Netflix para su catálogo en 2018, que la convirtió en uno de los mayores éxitos internacionales que ha tenido una serie israelí, lo que llevó a la plataforma a firmar un acuerdo con Yes para producir el regreso de la familia Shtisel en esta tercera temporada. 

La serie está protagonizada por una familia jaredí, lo que en Occidente denominamos ultraortodoxos, pero su principal hallazgo es que la mirada es desde dentro, no desde fuera, como suele suceder en otras producciones. El propio creador de la serie, Yehonatan Indursky, se educó en una yeshivá (una escuela religiosa) hasta que tomó la decisión de abandonarla para estudiar cine en la prestigiosa Sam Spiegel Film School de Jerusalén, contando con el apoyo de sus padres. Por tanto, se trata de una visión no secular de la tradición familiar jaredí, que trata de ofrecer una visión más cercana y, sobre todo, más humana. Y lo consigue, sin duda, porque al mismo tiempo que nos introduce en las tradiciones y la educación ortodoxa también establece líneas narrativas sobre la forma de coexistencia de esta vida tradicional con esa sociedad moderna que les rodea. 

Hay un equilibrio espléndido entre humor y drama, que establece en las relaciones entre el rabino Shulem (espléndido Doval'e Glickman) y su hijo pequeño Akivi (Michael Aloni), y que tiene más tendencia al melodrama en la vida familiar de la hija mayor, Gitti (Neta Riskin, a la que hemos visto en El espía (Netflix, 2019)), con su marido Lipe (Zohar Shtrauss, que también interpretó a un ultraortodoxo en el drama homosexual Eyes wide open (Haim Tabakman, 2009)), que es la más elaborada y compleja trama narrativa de toda la serie. Pero también funcionan bien los elementos mágicos que introducen los creadores en algunos momentos, en los que la vida y la muerte parecen coexistir. En las primeras temporadas de Shtisel encontrábamos a actrices que luego se han dado a conocer con otras producciones, como Ayelet Zurer, a la que hemos visto en Perdiendo a Alice (Apple tv+, 2020) o Shira Haas, que protagonizó Unorthodox (Netflix, 2020). 

La tercera temporada mantiene la hipnótica presencia de esta familia, y conecta elementos interesantes con anteriores temporadas, como una cierta reflexión sobre la realidad y la ficción, y cómo ésta nos influye. En la primera temporada la abuela se quedaba fascinada por las telenovelas cuando introducen un televisor en las habitaciones de su residencia, y su hijo Shulem descubre entre la lista de las personas por las que ella reza cada noche los nombres de los protagonistas de sus series preferidas. En esta tercera temporada Lipe quiere ayudar en el casting de una serie que se rueda sobre judíos ortodoxos, aun sabiendo que entre los jaredíes no está bien vista la televisión, en un auto guiño humorístico. Pero también se tratan temas complejos como el aborto, la depresión, los servicios sociales o los matrimonios concertados, en una maravillosa narración que no elude la crítica pero que destaca sobre todo el lado humano. 

The serpent
Netflix, 2 de abril
Creada por Richard Warlow, Toby Finlay
Dirigida por Tom Shankland, Hans Herbots

La primera semana de 2021 supuso un impulso importante para BBC iPlayer, la plataforma digital de la BBC, que rompió todos los récords después de un 2020 excepcional en cuanto al aumento de usuarios. En solo siete días se visionaron 162 millones de programas en esta plataforma que es gratuita, pero a la que solo se puede tener acceso en el territorio inglés. Los dos estrenos más vistos de esos días fueron la serie documental A perfect planet (BBC, 2021), presentada por David Attenborough, y el thriller The serpent (BBC One, 2021).

Protagonizada por Tahar Rahim, al que hemos visto recientemente en The Mauritanian (Kevin MacDonald, 2020), la serie de ocho episodios sigue la trayectoria de Charles Sobhraj, que mató al menos a una docena de personas entre 1975 y 1976 en países como Tailandia, Nepal o India. El actor francés de origen argelino encarna al protagonista como una persona de aspecto tranquilo pero que esconde una personalidad oscura, reencarnándose en Alain Gautier, un vendedor de piedras preciosas, pero que también toma la identidad de sus víctimas, utilizando sus pasaportes para viajar.

Impulsada y dirigida en los primeros cuatro episodios por Tom Shankland, realizador de series tan solventes como Ripper Street (BBC, 2012-2013) y The missing (Starz, 2014-2016), el guión está escrito por Richard Warlow, que también fue guionista de Ripper Street, quien toma la decisión de contar la historia de este criminal con una estructura no lineal. Por el contrario, realiza saltos temporales que nos sitúan en la investigación más reciente iniciada por el secretario de la Embajada de Holanda en Bangkok, Herman Knippenberg, y al mismo tiempo en los hechos que se investigan. Esta decisión puede ser controvertida (de hecho, la crítica norteamericana ha acogido la serie con tibieza precisamente por esta forma de narración) pero consigue mantener la tensión estableciendo un paralelismo entre el criminal y el investigador, y al mismo tiempo le permite centrarse en las víctimas, sobre todo en los primeros episodios. Es una decisión narrativa que quizás sacrifica un retrato más complejo del personaje principal, pero que contribuye a una construcción más amplia, que enfoca su atención en más personajes.

Posiblemente uno de los mejores thrillers que hemos visto este año, The serpent consigue ir más allá del simple retrato de un asesino, porque muestra un reflejo de la década de los setenta en los países orientales tras la finalización de la guerra de Vietnam, que al mismo tiempo muestra de la vulnerabilidad del ser humano. Criado en Francia, Charles Sobhraj desprecia su origen de padre indio y madre vietnamita, su piel oscura que es vista con recelo, de forma que su aspecto exterior es esmerado, pero falso. Es un personaje nihilista que menosprecia también a los hippies que se convertirán en sus víctimas, a los jóvenes blancos que viajan en condiciones modestas pero con el respaldo económico de sus padres. Ese ansia de aventura y de libertad se convierte en un infierno frente a este depredador del capitalismo.

Bocas de arena
Filmin, 7 de abril
Escrita por Ángel Aldarondo
Dirigida por Koldo Almandoz

La televisión pública vasca ETB lanzó una convocatoria de proyectos para miniseries hace dos años, con la intención de recuperar una posición perdida respecto a otras cadenas autonómicas en el terreno de la ficción, especialmente mirando a Cataluña o Galicia. La convocatoria permitió la producción de tres series: Alardea, de Virginia Yagüe, sobre una profesora que encabeza a un grupo de mujeres que reivindican su derecho a participar en el desfile de su ciudad, limitado solo a los hombres; Altsasu, de Harkaitz Cano, Andoni de Carlos y Mikel Álvarez, estrenada en Filmin el 16 de abril, sobre los acontecimientos reales de una controvertida pelea en un bar de Alsasua; y finalmente Bocas de arena (ETB, 2020). 

Escrito por Ángel Aldarondo, Marian Fernández y Koldo Almandoz, y dirigida por éste último, Bocas de arena toma como premisa una leyenda de pescadores según la cual, "a quien cuente los secretos del mar la boca se le llenará de arena". A pesar de no contar con un presupuesto especialmente abultado, el director consigue convertir el escenario natural en un lugar asfixiante, de techos bajos, moho y oscuridad, creando una especie de noir vasco que bebe directamente de series destacadas cuya fuerza principal está en las imágenes y la ambientación. Se nos viene a la cabeza inmediatamente The killing (Netflix, 2011-2014), porque también está protagonizada por una inspectora que carga con un pasado tortuoso (Nagore Aranburu) y un joven ertzaintza del pueblo (Eneko Sagardoy). A esta atmósfera asfixiante, de neblina y oscuridad, contribuye el cuidado trabajo de Javier Agirre, director de fotografía de los últimos éxitos del cine vasco, ganador del Goya por Handia (Aitor Arregi, Jon Garaño, 2017) y nominado por La trinchera infinita (Aitor Arregi, Jon Garaño, Jose Mari Goenaga, 2019) y Akelarre (Pablo Agüero, 2020). 

También destaca especialmente la hermosa y melancólica música compuesta por Aitor Etxebarria, que conecta con aquel excelente trabajo musical que realizó para el documental Gernika. Markak (Hannot Mintegia, 2016). La investigación, que tiene como trasfondo la venta de drogas, se va desarrollando lentamente, encajando las piezas de un puzzle en el que las relaciones personales son complejas y los secretos son abundantes. Quizás al final estas piezas no terminan de estar totalmente ajustadas, y la narración es lo que más flojea en la serie, en su intención de buscar el impacto antes que la credibilidad. Pero se trata de una espléndida producción que nos ofrece un interesante ejemplo de cine negro con sabor salino.  

Snabba cash (Dinero fácil)
Netflix, 7 de abril
Creada por Oskar Söderlund
Dirigida por Jesper Ganslandt, Måns Månsson

La película Snabba cash (Daniel Espinosa, 2010) fue uno de los éxitos más destacados del cine comercial realizado en Suecia. Basada en la novela escrita por Jens Lapidus, primera entrega de la denominada Trilogía de Estocolmo, su estreno promovió las carreras de sus dos protagonistas: Joel Kinnaman, que al año siguiente estrenaría la serie The killing (Netflix, 2011-2014), y Matías Varela, sueco de origen español que ha desarrollado una carrera en Suecia pero al que hemos visto recientemente en la segunda temporada de Hierro (Movistar+, 2020-2021); y también de su director, el sueco de origen chileno Daniel Espinosa, que iniciaría una carrera en Hollywood con El invitado (Daniel Espinosa, 2012). Titulada en España Dinero fácil, la película tuvo dos secuelas también protagonizadas por Joel Kinneman y Matías Varela: Snabba cash II (Babak Najafi, 2012) y Easy money: Life Deluxe (Jens Jonsson, 2013). 

Diez años después, el autor de las novelas originales, Jens Lapidus, ha desarrollado con el escritor Oskar Söderlund una especie de continuación de aquellas películas, que también es una continuación de las propias novelas, ahora protagonizada por personajes nuevos. Pero, básicamente, adoptando una estructura parecida, con una protagonista que se mueve entre las altas finanzas y los bajos fondos. El tema principal de las novelas era, de hecho, establecer un paralelismo entre los movimientos mafiosos del narcotráfico y los subterfugios utilizados por las grandes empresas, en una línea delgada entre las actitudes delincuentes de unos y de otros. Y ciertamente la serie consigue mantener ese equilibrio difícil entre las virtudes de la primera película en su presentación temática y esa sensación de fatalidad que se encuentra en la segunda película. 

Snabba cash es una espléndida serie de acción que construye tres personajes notables: Leya (Evin Ahmad) que trata de conseguir una posición en el mundo de las finanzas pero no consigue desprenderse de su relación con el narcotráfico; Salim (Alexander Abdallah), un matón que asume su vida marcada por la violencia; y el adolescente Tim (Ali Alarik) que de alguna forma representa la inocencia perdida, un joven que se ve atrapado en un mundo de odio. La serie ofrece una visión muy clara de la sociedad en Suecia, y especialmente del predominio de los suecos árabes de segunda generación en los sectores menos privilegiados, una especie de fracaso de la integración. Realizada con un ritmo notable, y con un último episodio que está lleno de intensidad, la serie plantea una reflexión interesante sobre las consecuencias de las decisiones y la forma de asumir estas consecuencias. Es, posiblemente, una de las mejores series estrenadas este año en el maremágnum de Netflix. 

Them. Covenant
Amazon Prime Video, 9 de abril
Creada por Little Marvin
dirigida por Nelson Cragg, Daniel Stamm, Janicza Bravo, Craig William Macneill, Ti West

Aunque se la ha comparado con las películas de Jordan Peele, esta serie encuentra más referencias directas en películas de terror de los años setenta y ochenta como La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968), Amenaza en la sombra (Nicolas Roeg, 1973) o El resplandor (Stanley Kubrick, 1980). Situada en la que se denomina como Gran Migración que iniciaron muchas personas de raza negra huyendo de la segregación racial que promulgaba la Ley Jim Brown en el Sur, la historia plantea que este desplazamiento en realidad acabó enfrentándose a otro tipo de racismo, en una sociedad que promulgaba de cara al exterior la inclusión pero que ocultaba aún profundas huellas de la supremacía blanca. 

Lo interesante de la propuesta es que funciona en dos planos: el exterior de la casa a la que llega la familia Emory, y el interior del hogar, que no es el lugar seguro que podría parecer. El creador Little Marvin, se enfrenta a su primer proyecto importante, que está producido por Lena Waithe, co-guionista y actriz de Master of none (Netflix, 2015-) y creadora de The Chi (Showtime, 2918-). Según él, la historia toma como planteamiento principal la difícil conclusión que presenta una realidad terrible: "¿Qué es más aterrador, el crujido misterioso en el sótano o la mirada vigilante de la vecina?". Se establece así una nueva muestra de ese Black Horror que conecta, efectivamente, con la representación del racismo en películas como Us (Jordan Peele, 2019), pero sobre todo con acercamientos al género desde el trauma, como en His house (Remi Weekes, 2020). 

Esta incursión en el pasado traumático que se hace presente terrorífico es uno de los grandes aciertos de la serie, que funciona especialmente bien en la construcción de dos episodios clave que dan título a la primera temporada: Covenant I. (S1,E5), en el que se cuenta el trauma que atenaza a la familia, pero especialmente a la madre, que es un episodio provocador en el uso de la violencia; y Covenant II. (S1,E9), una incursión en blanco y negro en los elementos sobrenaturales que aguardan en el interior de la casa. Aunque le falta cierto equilibrio en la coexistencia del género de terror con la historia social (algunas subtramas como la de Betty Wendell (Alison Pill espléndida en su encarnación de la envidia) parecen algo aisladas), Them tiene muchos elementos de interés en su búsqueda del terror y la violencia como representación del pasado racista, marcada también por una espléndida selección de canciones de la época. Amazon encargó directamente dos temporadas de la serie, por lo que está asegurada la segunda temporada que, en su condición de Antología en la línea de American Horror Story (FX, 2011-), tendrá lugar en otra época y con otros personajes. 

Para toda la humanidad - Temp. 2
Apple tv+, 19 de febrero-23 de abril
Creada por Ronald D. Moore, Ben Nedivi, Matt Wolpert
Dirigida por Michael Morris, Andrew Stanton, Meera Menon, Dennie Gordon, Sergio Mimica-Gezzan

En la primera temporada, la serie planteaba una realidad ficticia que tomaba elementos de la carrera espacial para establecer un mayor predominio de Rusia frente a los Estados Unidos. Esto permitía a sus creadores elaborar un argumento que mezclaba de forma inteligente hechos reales con una historia que planteaba algunas reflexiones interesantes sobre la Guerra Fría. Era además una temporada muy feminista en cuanto al comienzo de la participación de las mujeres en los proyectos espaciales, primero admitidas como una especie de reclamo publicitario pero, como ya se puede ver en la segunda temporada, plenamente integradas como una parte fundamental del desarrollo espacial tanto como astronautas como administradoras. 

En esta temporada, y teniendo en cuenta que hay confirmada una tercera, se sientan las bases de la dinámica que sigue la serie, de forma que el timeline de la historia pasa por dar saltos en el tiempo (prácticamente una década), lo cual permite abordar aspectos nuevos sin necesidad de conectar esencialmente con la temporada anterior. Y esta realidad alternativa ha permitido a los guionistas introducir proyectos que fueron desarrollados pero que nunca se llevaron a cabo, como el Sea Dragon, un cohete espacial que se lanza desde el fondo del mar. Como en la primera temporada, la segunda va posicionándose de forma pausada hasta que los tres últimos episodios acaban siendo ciertamente impresionantes, sobre todo "Triage" (S2,E9) que ofrece uno de los mejores cliffhangers que hemos visto este año. 

Para toda la humanidad es una serie muy bien escrita que quizás en las tramas familiares consigue menos interés que en la primera temporada, pero que acierta en esta creación de una realidad alternativa que permite a los guionistas una libertad creativa asombrosa, planteando cuestiones como el uso de armas militares en el espacio. El principal escenario espacial de esta segunda temporada es Jamestown, una especie de ampliación de la pequeña base lunar que veíamos en la primera temporada, y que representa bien la evolución de una serie que, igualmente, ha ido creciendo en ambición y en amplitud argumental. Y plantea múltiples posibilidades de cara a una tercera temporada. 

Line of duty - Temp. 6
Movistar+, 24 de marzo-5 de mayo
Creada por Jed Mercurio
Dirigida por Daniel Nettheim, Gareth Bryn, Jennie Darnell, 

Posiblemente sea una de las series británicas con mejor estado de salud, que llega a su sexta temporada sin defraudar y con un cierre que podría ser tanto un final definitivo como un nuevo comienzo. Porque esta temporada se ha sentido como un regreso a muchos de los personajes que formaron parte de anteriores temporadas (la serie ha tenido grandes estrellas invitadas como Lennie James, Keeley Hawes, Thandie Newton, Stephen Graham y, ahora, Kelly Macdonald), a través de la trama principal enfocada en el desmantelamiento de esa "corrupción institucionalizada" que los altos cargos de la policía se niegan a aceptar. 

Así que, ¿estamos ante la última temporada de Line of duty? Su creador, Jed Mercurio, ni confirma ni desmiente, pero los más de 12.8 millones de espectadores que ha tenido en Inglaterra su episodio final mantiene una fidelidad a prueba de bombas. Esta cifra es un récord de audiencia para la serie y para los dramas producidos por BBC desde 2002 (en 2001 un episodio de la serie Heartbeat (BBC, 1992-2010) consiguió reunir a 13.2 millones), con un share del 56,2%. Y recordemos que BBC ha permitido a Jed Mercurio desarrollar otros proyectos, también con buenas críticas, como la miniserie policial Bodyguard (Netflix, 2016). En todo caso, la fortaleza de la serie sigue marcada por el desarrollo de los tres personajes principales, pero especialmente, en las dos últimas temporadas, del superintendente Ted Hastings, enfrentado a las consecuencias de decisiones no acertadas, lo que ha dado la oportunidad a Adrian Dunbar de interpretar excelentes monólogos. 

El creador y único guionista de la serie consigue, utilizando resortes narrativos parecidos, elaborar unas tramas complejas que crean suspense sin necesidad de grandes escenas de acción. Porque uno de los principales valores de Line of duty es conseguir los mejores momentos de tensión en los interrogatorios, con los personajes sentados en una mesa, en vez de a través de persecuciones. Es el trabajo de escritorio el que consigue ir desentrañando la compleja madeja narrativa que se nos presenta en los primeros episodios. Y aunque en esta temporada se ha notado más el uso de determinados personajes para desviar la mirada del espectador, como elementos de distracción que permiten el giro sorprendente, el conjunto sigue siendo notable

Bienvenidos a Utmark 
HBO, 18 de abril
Escrita por Kim Fupz Aakeson
Dirigida por Dagur Kári

En una pequeña comunidad donde lo anormal es lo más habitual, las interacciones de los personajes se construyen a partir de relaciones estrambóticas, de odios profundos y arraigados. Se trata de una tragicomedia que encuentra en el exceso su principal fuente de inspiración, y que a veces puede tener ecos de otras comunidades donde la aparente tranquilidad esconde sin embargo un volcán emocional. Siri (Marie Blokhus) describe así su incorporación a esta comunidad, que le fascinó en un principio para descubrir después que nada es lo que parece, antes de quedarse atrapada con una hija y entre dos hombres enfrentados. 

La creación de estos personajes, digamos, extravagantes, conecta más con el universo de Aki Kaurismäki, que ya estaba presente en algunas películas dirigidas por el islandés Dagur Kári como las espléndidas Nói albinói (2003) y, sobre todo, Corazón gigante (2015), que tenía un protagonista inmenso (física y emocionalmente). Pero en este caso no se busca tanto la empatía con los personajes, que actúan a veces de manera inconsciente, como llevados por una fuerza interior que está más allá del raciocinio. No en vano el otro vértice de la serie es el guionista danés Kim Fupz Aakeson cuyos guiones son todo menos previsibles, incluso para producciones de acción como Venganza bajo cero (Hans Petter Moland, 2019). 

Posiblemente Bienvenidos a Utmark sea una de las series menos comerciales de las que ha estrenado HBO este año, pero tiene una capacidad de atracción indudable, juntoa una puesta en escena espléndida subrayada por el excelente trabajo del director de fotografía Andreas Johannessen, que brilla mucho más que en la serie Unge lovende (NRK, 2015-). E introduce elementos que no son nada superficiales, como el enfrentamiento entre Heige (Marius Lien) y Finn (el casi imprescindible en la reciente producción noruega Tobias Santelmann), que conecta directamente con el sentimiento de agravio por parte de la comunidad indígena sami frente a la colonización racial y religiosa, que está presente en las zonas rurales de los países escandinavos. Casi podríamos decir que esta comunidad de personajes singulares describe la Noruega rural de antes del descubrimiento de petróleo, cuyo aislamiento era positivo y negativo al mismo tiempo. Y es capaz de utilizar el humor negro (a veces demasiado cargado) para exprimir hasta el límite las raíces primitivas del ser humano, en una historia que progresivamente se va haciendo más oscura. 

La caza de un asesino
Filmin, 20 de abril
Escrita por Lotta Erikson, Helene Lindholm
Dirigida por Mikael Marcimain 

El asesinato de una niña de diez años se convirtió en un trauma para la sociedad sueca durante los 15 años que duró su investigación, entre 1989 y 2004. Esta historia ha sido convertida en serie por la productora Yellow Bird, responsable de las adaptaciones de las novelas de Stieg Larsson. La caza del asesino se estrenó en noviembre del año pasado logrando buenos índices de audiencia, pero no se enmarca exactamente en el estilo de los nordic noir, sino que busca una puesta en escena hiperrealista. En este sentido está en línea con la producción danesa The investigation (HBO, 2020), más centrada en el laborioso, tortuoso y a veces monótono trabajo de la policía, aquí encabezada por el veterano comisario Per-Åke Åkesson (Anders Beckman) que no solo se enfrenta a la búsqueda del asesino sino también a la burocracia. 

Mikael Marcimain dirigió hace unos años la serie Lasermannen (SVT, 2005), que estaba basada en un asesino en serie que actuó contra inmigrantes en Estocolmo a principios de los años noventa. Y esta nueva incursión en la época a través de la investigación de un asesinato tiene algunos puntos de conexión con aquella, más centrada en el asesino pero también con un enfoque en la investigación policial de forma realista. Lo más interesante de La caza de un asesino es su contexto porque, a lo largo de esos quince años también se van resolviendo otros casos que, en un principio parecen tener alguna relación con el asesinato de la niña, pero que en realidad son historias paralelas que muestran una sociedad oscura, poblada por pederastas y proxenetas. 

Uno de los aspectos que más sorprendieron en su estreno en Suecia fue el hecho de que prácticamente todos los actores hablaran con acento escanio, mucho más coloquial que el acento más neutro que sea habla en la zona de Estocolmo, pero que no se suele utilizar en la industria audiovisual sueca (haciendo una traslación a España, es algo parecido a lo que ocurrió cuando las series y películas españolas se abrieron a otros acentos que no eran el castellano neutro). Pero este es otro de los puntos de interés de la serie porque, al margen de la propia investigación policial, hay detalles que muestran la evolución en los años noventa del Este de Suecia, encabezado por la ciudad de Malmö, hacia una mentalidad más empresarial y liberal, pero también más burocrática: "No se puede uno tomar un café sin rellenar un formulario", se queja el comisario, que es sometido a una investigación interna porque no sigue los protocolos establecidos. 

También hay un retrato de una sociedad que parece enferma en un entorno marcado por el desempleo y las drogas, lo que la interrogadora Monica Olhed (Lotteen Roos) denomina "efectos secundarios sociales". Se descubre, por ejemplo, que hay unos veinte posibles sospechosos con antecedentes de abusos sexuales, sadismo y pedofilia que viven en la zona donde se ha cometido el crimen. Son estos elementos, más sociales y políticos, los que alimentan una serie que se aleja de las habituales incursiones en el subgénero del true crime

Frontkjempere
NRK, 6-28 de abril
Escrita por Alexander Kristiansen
Dirigida por Alexander Kristiansen

La serie que ha provocado un debate intenso en la sociedad noruega durante este mes de abril no es de ficción, sino un documental que utiliza recreaciones con actores, al estilo de las producciones de Canal Historia. Pero lo que hace a Frontkjempere especialmente controvertida es que se centra en los "combatientes del frente de batalla", aquellos noruegos que formaron parte de las tropas alemanas en la invasión de Rusia durante la II Guerra Mundial. En su pretendida conquista de Moscú, los alemanes de Adolf Hitler necesitaban una vía de entrada desde los países nórdicos, por lo que sus esfuerzos estuvieron en la colaboración de estados como Noruega. A través de entrevistas con siete combatientes noruegos, la serie documental ofrece una visión de cómo fue la participación de estos soldados en el frente alemán. 


Pero la controversia viene dada porque hay una especie de justificación de sus motivaciones, que se basa en la ausencia de una aparente postura ideológica (se trataba de jóvenes de 17 a 20 años) y su desconocimiento de las atrocidades que estaban cometiendo los alemanes. Por el contrario, los críticos con la serie afirman que en Noruega existía una fuerte ideología nacionalsocialista y que las familias de estos soldados habían votado o eran simpatizantes de la Alianza Nacional, un partido de ultraderecha que veía con buenos ojos los movimientos fascistas de Hitler. Pero por otro lado no se encuentran mensajes antisemitas en los carteles de la Alianza Nacional, por lo que su paralelismo con la ideología nazi tiene puntos de desconexión. 

La pregunta que se ha hecho durante muchos años es si los noruegos que formaron parte de las Waffen-SS eran conscientes de cuál era su papel. Algún entrevistado confiesa que no cree haber sido influido por la propaganda nazi de forma consciente, pero quizás sí de forma inconsciente. Y, por otro lado, ¿participaron estos soldados noruegos en las masacres cometidas por los nazis? Los historiadores entrevistados en la serie afirman que no hay pruebas documentales que confirmen esta circunstancia. Y los ex-soldados entrevistados narran algunas acciones contra civiles, como cuando encierran a los habitantes de un pequeño pueblo en un granero y lo incendian, pero siempre como acciones realizadas por los soldados alemanes. 

En todo caso, Frontkjempere es una serie correctamente realizada, con buenas escenas de recreación histórica, que quizás peca de ser demasiado ambiciosa en su pretensión de ofrecer una versión definitiva sobre la participación de noruegos en el ejército nazi. Porque hay una empatía con los entrevistados que parece impedir hacerles preguntas más controvertidas, dando por buenas afirmaciones que no se pueden comprobar como ciertas. Pero, aunque en sus resultados es menos clarificadora de lo que pretende, al menos ha vuelto a despertar el debate sobre la connivencia de otros países que permitieron el contagio de la ideología nazi. 

Philly D.A.
PBS, 20 de abril
Creada por Yoni Brook, Ted Passon, Nicole Salazar
Dirigida por Yoni Brook, Ted Passon

Aunque aún está pendiente de estreno en España, es una de las series del año, programada en festivales como Sundance, Visions du Réel, CPH:DOX y Hot Docs en los últimos meses. Se trata de una serie documental de ocho episodios de una hora duración aproximadamente que se centra en la figura de Larry Krasner, abogado defensor de los Derechos Humanos que se presentó como Fiscal del Distrito en la ciudad de Philadelphia, que es la que más personas encarceladas tiene en los Estados Unidos. Para muchos, esta decisión de convertirse en fiscal habiendo sido abogado (con hasta 75 casos de defensa de víctimas de la brutalidad policial) se convirtió en uno de los fenómenos políticos de Estados Unidos en las elecciones de 2018, y fue el principio de un cambio estructural en el sistema judicial de Philadelphia. 

En los últimos meses hemos visto varias incursiones en los entresijos de la política, tomando a un personaje central para mostrar el trabajo desde el interior. Normalmente con buenos resultados como en 
City Hall (Frederick Wiseman, 2020), sobre el funcionamiento del Ayuntamiento de Boston, encabezado por el alcalde Marty Walsh, o Mayor (David Osit, 2020), en torno a la figura del carismático alcalde de Ramallah, la capital de Palestina. Philly D.A. extrae con inteligencia y, casi diríamos que de forma premonitoria, porque acompaña a Larry Krasner desde antes de las elecciones, las profundas consecuencias de la transformación estructural que plantea el nuevo Fiscal de Distrito, azote de la policía corrupta, defensor de la revisión de condenas, de la eliminación de las altas fianzas a acusados sin recursos, o de la despenalización de la marihuana. Aunque en los primeros episodios hay una cierta urgencia en las imágenes y una tendencia a la sobreutilización de la música, poco a poco el trabajo de dirección consigue un interesante equilibrio. 

Y prácticamente se estructura como si se tratara de una historia de ficción, con una historia principal que tiene ramificaciones en subtramas que van adquiriendo importancia en sucesivos episodios. Así, el tercero está principalmente dedicado a la pena de muerte, a través del enfrentamiento entre algunos familiares de un policía asesinado en un centro comercial, el principal sindicato de policías y la nueva política del Fiscal del Distrito, reacio a solicitar la pena de muerte. Aunque hay una evidente simpatía por parte de los realizadores hacia la figura de Larry Krasner, la serie tiene la virtud de usarlo como figura principal, pero enfocarse en el trabajo de otros departamentos, incluso dejando evidencia de que el empeño por reducir la población reclusa en las cárceles pasa también por el sacrificio de algunos de los fiscales que son más contestatarios, estableciendo una política que en ningún caso puede ser puesta en duda. 




03 mayo, 2021

Hot Docs 2021 - Parte 2: El poder de la prensa

Estas semanas se suceden los festivales de documentales casi sin dar tiempo a recuperarse de tantos visionados. Comenzamos con Visions du Réel, continuamos con CPH:DOX y después con Hot Docs, al que lanzamos una mirada de reojo a algunos de los documentales de su programación. Entre el 5 y el 23 de mayo se celebra el Dok:fest de Munich, que cubriremos en parte, al que seguirán Docsbarcelona del 18 al 30 de mayo, Krakow Film Festival, del 30 de mayo al 6 de junio, y Sheffield Doc/Fest entre el 4 y el 13 de junio. Esta acumulación de festivales de documentales no se ve afectada sin embargo por una disminución en la producción de películas, aunque algunos títulos ya comienzan a destacar como algunos de los más solicitados de este año. 

Nuestra mirada está hoy puesta en el festival canadiense Hot Docs, del que solo realizamos una cobertura parcial, pero del que destacamos algunas de estas películas que parecen destinadas a estar presentes en los festivales de cine de los próximos meses. Nos acercamos sobre todo a las secciones paralelas, fuera de la competición oficial, en las que a veces se encuentran algunas propuestas realmente apetecibles.  

NIGHTVISION 

Premiada con el POLITIKEN DANISH:DOX Award en CPH:DOX, el documental Dark blossom (Frigge FRI, 2021) ya tenía distribuidora internacional desde antes de su estreno mundial en Copenhague, la distribuidora francesa Reservoir Docs, que también ha adquirido el documental español El misterio de Goya, las mil caras de Goya (José Luis López-Linares, 2022), de próximo estreno. Y ciertamente es una película que tiene una enigmática capacidad para introducirnos en la historia de amistad de tres jóvenes góticos: Josephine, Nightmare y Jay que encuentran en el culto a la oscuridad y a la muerte, y en la representación exterior de sus inquietudes personales una conexión especial que les permite crear un sentimiento de comunidad. Está claro el origen como directora de videoclips de Frigge FRI, que aporta a lo largo del documental una visión musical, una imaginería estética de la muerte que se muestra en los restos de animales atropellados por los que sienten tanta fascinación Josephine y Nightmare. Esta representación de la belleza de la putrefacción se convierte en el leitmotiv de la película, envuelta en las hipnóticas sonoridades musicales de la misteriosa banda de darkwave Sopor Aeternus & The Ensemble Shadows. 


Josephine es en buena medida el personaje principal del documental, porque además es el que más evoluciona a lo largo de la historia. Aunque se siente rechazada en el instituto, tampoco hace muchos esfuerzos por encajar, más interesada en las transformaciones estéticas que la convierten en una especie de representación oscura de su propia personalidad. A pesar de su marcado carácter provocador, ella también aspira a tener una vida en pareja, y lo consigue cuando conoce a un joven mayor que ella, con el que decide irse a vivir. Pero, curiosamente, su adaptación a una vida y una estética "normal", cuando comienza a trabajar como cajera en un supermercado, se siente más como un disfraz que cuando lleva a cabo sus transformaciones visuales. 

Aunque esté envuelta en esta representación de la estética gótica, Dark blossom cuenta básicamente una historia de amistad entre jóvenes, describiendo cómo la asumpción de la madurez acaba afectando a las relaciones personales, especialmente en el caso de Josephine y Nightmare, que tienen una crisis en su relación cuando ella decide tomarse en serio su vida en pareja. El documental consigue de esta forma ir construyendo una narrativa tradicional envuelta en una estética poco convencional, lo que se convierte en su mayor atractivo. Se trata de una historia de madurez, de crecimiento personal que se resiste, sin embargo, a encajar en una sociedad que está marcada por la necesidad de etiquetar a las personas. Y aunque a veces pueda dar una cierta impresión de superficialidad, en realidad es una profunda mirada a la complejidad psicológica de sus personajes. 

THE CHANGING FACE OF EUROPE  

En el año 2016 la comunidad internacional se sorprendió cuando aparecieron imágenes en YouTube que mostraban cómo era trasladado un árbol de 135 años de antigüedad por el Mar Negro. El destino de éste y otros árboles centenarios era la mansión de Bidzina Ivanishvili, un multimillonario georgiano que había sido primer ministro del país y que quería rodear su casa de estos árboles. El documental Taming the garden (Salomé Jashi, 2021), que también fue seleccionado en Sundance 2021, realiza una crónica de los trabajos de traslado de estos árboles que duraron dos años. Y el hecho de que para quienes encargaron estos traslados se tratara de un proceso complejo, casi de ingeniería, del que se sentían orgullosos permitió a las cámaras de la directora documentar buena parte de éste de una forma privilegiada. Pero el punto de vista de la película es completamente diferente. 


Salomé Jashi propone una mirada más cercana a la propia naturaleza, deteniéndose en los árboles más que en los obreros, mirándolos con cierta admiración por sus vidas centenarias, retratando las copas de los árboles mientras son arrancados de la tierra. De forma que construye un admirable tributo a la naturaleza y a su resistencia frente a los caprichos millonarios. Pero también están presentes las sorprendidas miradas de los campesinos, que ven cómo estos admirables árboles con los que han convivido desaparecen ante su vista. Se les ofrece una compensación irrisoria, pero ellos se preguntan por qué en vez de arrancar árboles no se gastan el dinero en construir una carretera que es necesaria. 

En su poética callada, en la contemplación de las imágenes sin entrevistas ni narración, Taming the garden es una película profundamente ecológica pero también profundamente política. A través de la migración forzosa de estos árboles se dejan caer pinceladas sobre la sociedad georgiana, sobre la concentración del poder en aquellos que tienen dinero, esos que no se preocuparán nunca por las necesidades de los campesinos. En su camino a través de la carretera hasta llegar a la mansión de Bidzina Ivanishvili, los grandes árboles necesitan espacio para avanzar, por lo que se decide talar todos los árboles que se encuentran en los márgenes del camino. Son las víctimas colaterales de un capricho. 

SPECIAL PRESENTATIONS 

La inauguración del Dok:Fest de Munich que se inicia el 5 de mayo se producirá con la película alemana Behind the headlines (Daniel Andreas Sager, 2021), que se adentra en el periodismo de investigación que Frederick Obermaier y Bastian Obermayer realizan tras haber publicado los famosos Papeles de Panamá en el periódico Süddeutsche Zeitung, el de mayor tirada en Alemania y uno de los más prestigiosos a nivel internacional. Estos dos periodistas se encuentran en pleno proceso de investigación del asesinato de Daphne Caruana Galizia, periodista clave en la investigación en Malta de los Papeles de Panamá, a la que colocaron una bomba debajo de su coche. Esta investigación no parece llevar a ninguna parte (o quizás se obvian algunos resultados en el documental) pero sirve para crear una especie de prólogo, en el que interviene Edward Snowden, que nos muestra la dificultad de este tipo de periodismo, a veces conducido a callejones sin salida, pero también lo peligroso que puede llegar a ser. 


El objetivo del director se centra en mostrar los largos procesos de pesquisas y encuentros secretos que llevan a la publicación de noticias que acaban teniendo repercusión en todo el mundo. Finalmente se centran en un video que les ha llegado de forma anónima, en el que se muestra al vicecanciller austríaco Heinz Christian Strache aceptando propuestas de una supuesta sobrina de un oligarca ruso, que le ofrece una cobertura de noticias positivas a cambio de contratos gubernamentales. Conocido como el Caso Ibiza, porque la grabación se realizó en la isla española, el escándalo tras la publicación de la noticia provocó una convulsión en el gobierno austríaco y acabó con la dimisión del vicecanciller.

A partir de la llegada del video a la redacción, Frederick Obermaier y Bastian Obermayer inician un trabajo en el que tienen que respaldar la información con datos que resulten relevantes. Pero la aproximación que hace el director Daniel Andreas Sager lastra las posibilidades del documental. Porque, en su afán por ser realista en el reflejo del trabajo de investigación, a veces arduo y con extensas pausas en las que se espera la confirmación de alguna noticia o la aceptación de algún informante para participar en la cobertura, termina realizando una película tediosa, a la que le falta tensión y fuerza. De alguna forma nos recuerda a otras propuestas como la serie documental Philly D.A. (PBS, 2021-), que se acerca a la oficina del Fiscal del Distrito de Philadelphia pero trazando una narrativa que resulta dinámica y atractiva, todo lo contrario de lo que se logra en un documental cuyo objetivo parece claro pero que tropieza en su camino hacia él. 

El título de la película We are as Gods (David Alvarado, Jason Sussberg, 2021) está tomado de una frase que escribió Stewart Brand: "We are as Gods and might as well get good at it" (somos como dioses y bien podríamos ser buenos en eso), refiriéndose a la capacidad del ser humano para transformar todo lo que le rodea. Pero lejos de la habitual mirada pesimista hacia las acciones del hombre en el planeta, el enfoque de Stewart Brand es profundamente optimista sobre las capacidades científicas para influir también en el planeta de una forma eficaz. 


Él es el principal protagonista de un documental que retrata a uno de los pensadores más importantes del siglo XX, y su trayectoria en diversos campos de la ciencia y el conocimiento es, simplemente, fascinante. Al comienzo de su carrera perteneció a la comunidad hippie que experimentaba con nuevas drogas como el LSD, pero sobre todo creó el Whole Earth Catalog, una publicación que trataba de dar rienda suelta a la autogestión a través de la catalogación de herramientas útiles de conocimiento para el hombre, que se convirtió en un éxito (incluso Steve Jobs lo menciona como una influencia notable en su famoso discurso de Graduación en 2005), y que se considera como el antecesor del buscador Google. Stewart Brand pasó después a interesarse por las computadoras que comenzaban a desarrollarse, y creó una comunidad de hackers en los incipientes inicios de los ordenadores, que trataba de establecer la idea de compartir los conocimientos. En esta comunidad participaron unos jóvenes Steve Jobs y Steve Wozniack que años después crearían Apple haciendo todo lo contrario, compartir lo menos posible. 

Se puede considerar a Stewart Brand como un visionario que pudo ver las posibilidades de muchos avances que hoy en día forman parte de nuestras vidas. Pero el documental no solo realiza una mirada retrospectiva a través de imágenes de archivo e intervenciones del propio protagonista, que están bien estructuradas y son muy dinámicas. Por el contrario, se centra en su último proyecto, que consiste en tratar de resucitar a los mamuts a partir de los restos de ADN que se han encontrado en los permafrost de Siberia, en los que se han conservado restos de animales prehistoricos congelados incluso con piel. Como ya pudimos ver en el documental Holgut (Liesbeth de Ceulaer, 2021), algunos científicos están trabajando en estas posibles resurrecciones, pero también se enfrentan a importantes debates éticos. "Podemos hacerlo pero, ¿deberíamos hacerlo?". 

De hecho, a pesar de que Stewart Brand ha sido un visionario, este proyecto iniciado a sus 81 años es tomado en ocasiones como una broma por la comunidad científica. Pero en su documental los directores Daniel Alvarado y Jason Sussberg, responsables hace años del muy interesante The immortalists (2014) sobre dos científicos que investigaban sobre la eterna juventud, toman la inteligente decisión de no evitar las críticas que se hacen al proyecto de Stewart Brand, incluso en debates públicos. Su teoría consiste en que recuperar a estos grandes animales herbívoros en determinadas zonas del planeta podría contener la gradual desaparición del permafrost, que sería devastadora para el cambio climático. Como ya hemos visto, su percepción de las capacidades del ser humano son infinitas, y su optimismo es contagioso. Pero, sobre todo, We are as Gods es un documental que consigue fascinarnos a través del retrato de un pensador inclasificable.  

ARTSCAPES SHORT PROGRAM 

Kris Bowers es uno de los jóvenes compositores que tiene una trayectoria más reconocida en los últimos años. Su trabajo comenzó a destacar en la película ganadora de tres Oscar Green Book (Peter Farrelly, 2018), y desde entonces ha compuesto las bandas sonoras de series como Así nos ven (Netflix, 2019), Mrs. America (Hulu, 2020) o Los Bridgerton (Netflix, 2021-), y películas como Los Estados Unidos contra Billie Holliday (Lee Daniels, 2020), Respect (Liesl Tommy, 2021) o Space Jam. A new legacy (Malcolm D. Lee, 2021). Pero su primera nominación al Oscar le ha llegado como co-director del cortometraje A concerto is a conversation (Kris Bowers, Ben Proudfoot, 2029), que está producido por Ava DuVernay, directora de Selma (2014) y Enmienda XIII (2016) para la serie Op Docs de The New York Times, y que fue seleccionado en Sundance 2021. 


El documental toma como punto de partida el concierto "For a younger self" compuesto por Kris Bowers que se estrenó en el Walt Disney Concert Hall en febrero de 2020. Kris Bowers describe a su abuelo Horace Bowers que un concierto es una conversación entre la orquesta y el solista, y precisamente es una conversación entre abuelo y nieto la que se convierte en el centro del cortometraje. Es también un viaje a la época más oscura del racismo en Estados Unidos, cuando el segregacionismo de la Ley Jim Brown en el Sur provocó la emigración de numerosas personas de raza negra a otras zonas del país. Horace terminó en Los Angeles, donde comenzó a trabajar como prensador en una lavandería que terminó comprando cuando solo tenía 20 años, consiguiendo un préstamo que pidió por correo para evitar las suspicacias provocadas por el racismo: "En el Sur, te lo dicen. En Los Angeles, te lo demuestran".

El cortometraje tiene algunos momentos conmovedores protagonizados por abuelo y nieto, aunque se toman algunas decisiones en los encuadres, con primeros planos de cada uno de los interlocutores en sus conversaciones, que resultan poco naturales. Es cierto que de esta forma se enfoca la atención en las palabras, sin distracciones, pero se agradecen más las escenas en las que ambos tienen la posibilidad de estar menos encorsetados por la cámara, de interactuar con mayor naturalidad, como en la lavandería o en esa maravillosa canción que canta el abuelo e interpreta al piano el nieto y, que sorprendentemente, se deja para los títulos de crédito, cuando se trata del momento más emocionante del cortometraje.  


A concerto is a conversation se puede ver en YouTube

 

02 mayo, 2021

CPH:DOX 2021: Parte 7 - Los ciudadanos contra el Estado

A lo largo de esta semana hemos repasado parte de la programación del Festival Internacional de Documentales de Copenhague. CPH:DOX, que se viene celebrando en formato online hasta el 5 de mayo y en formato presencial entre el 6 y el 12 de mayo. Una ampliación que, como en el caso de Visions du Réel, tiene que ver con la decisión de la apertura de las salas de cine, lo que permite que parte de las películas programadas puedan estar disponibles para los aficionados daneses. Una fórmula interesante que si es explorada por los festivales en próximos años podría conformar realmente un espacio de encuentro que sea, por un lado, virtual y, por otro lado, presencial para quienes prefieran la experiencia en salas de cine. Esto supondría, sin embargo, cambiar radicalmente el concepto de los festivales de cine convirtiéndolos, en lugar de en espacios restringidos, en celebraciones cinematográficas con una mirada amplia hacia el futuro, incluso con una mayor duración, que no esté supeditado a una sola semana, sino que sea una experiencia más ambiciosa. 

Oficialmente, el CPH:DOX ha concluido en cuanto a actividades y eventos, y a lo largo de esta próxima semana son las películas las únicas protagonistas. El sábado se entregaron los premios de esta edición, y a ellos dedicamos nuestra última crónica, comentando algunas de las películas que han conseguido seducir a los miembros de los jurados. 

En la Sección Oficial DOX:AWARD el Premio al Mejor Documental ha sido para The last shelter (Ousmane Samasseku, 2021), una mirada al exilio a través de un refugio de Cáritas en Gao (Mali), que encuentra en su capacidad para hacer íntima la contemplación de la vida cotidiana su mayor virtud. El jurado ha otorgado una Mención Especial a Our memory belongs to us (Rami Farah, Signe Byrge Sørensen, 2021), que recuerda los primeros meses de la revolución en Siria a través de una puesta en escena singular, reuniendo a tres reporteros civiles delante de una pantalla donde se proyectan imágenes de las grabaciones que ellos mismos realizaron. Ambas películas fueron estrenos mundiales y las hemos comentamos en anteriores crónicas. 

F:ACT AWARD

Si en algún momento parecía que la promesa de "un país, dos sistemas", que se hizo en 1997 cuando Gran Bretaña entregó a Hong-Kong a China, iba a hacerse realidad, pronto el monstruo se mostró para tratar de convertir a la región en uno más de los sumisos estados a los pies del Partido Comunista. Pero la juventud hongkonesa no estaba dispuesta a claudicar y surgió el Movimiento estudiantil que desembocó en la Revolución de los Paraguas en 2014. El intento de invasión sostenida de ciudadanos chinos en Hong-Kong, que moldearan la sociedad hongkonesa hacia el comunismo, abandonando progresivamente el sistema económico capitalista, se topó de lleno con la resistencia de los ciudadanos autóctonos. En 2019, la promulgación de una Ley de Seguridad que en realidad es un sistema de opresión provocó más protestas, éstas mejor organizadas, una especie de guerrilla ciudadana que ha sido retratada recientemente en algunos documentales como Inside the red brick wall (Hong Kong Documentary Filmmakers, 2020), que se verá en Docsbarcelona, o Faceless (Jennifer Ngo, 2021), que se proyecta en Hot Docs. 


El premio F:ACT Award ha reconocido el trabajo colectivo de When a city rises (Cathy Chu, Iris Kwong, Ip Kar Man, Huang Yuk-Kwok, Evie Cheung, Han Yan Yuen, Jen Lee, 2021), que recoge momentos de las protestas en contra de la Ley de Seguridad por parte de manifestantes universitarios que ya tienen asumido que la guerra está perdida, pero que algunas batallas se pueden ganar. Los protagonistas son cuatro: MJ y su novia Jesse, que entran y salen de la primera línea de las protestas dependiendo de la suerte que tengan con la policía; Tan, padre de familia que se debate entre seguir siendo fiel a sus creencias o desistir para evitar que su detención afecte a su familia; William, un estudiante que aboga por protestas pacíficas en vez de este tipo de guerrillas, pero se protege lo más posible por si acaso; y Eve, que sirve de hilo conductor narrando algunos de los acontecimientos. 

La tensión de las calles ciertamente se transmite a través de las cámaras siempre en primera línea de fuego, con escenas realmente impactantes de persecuciones policiales y bombas de humo. Los jóvenes están sorprendentemente bien organizados, se comunican por walkies-talkies y por redes sociales, están equipados con máscaras de gas, gestionan sus propios recursos y reciben el apoyo de algunos ciudadanos, que incluso se ofrecen a darles de comer. Una asamblea en la Universidad con el Decano, que es impelido por los estudiantes para que realice un manifiesto condenando la brutalidad policial, y que esconde su cobardía en sus propias contradicciones, es otra de las secuencias más tensas y emocionales de la película. "Si usted dice que la Universidad no es el lugar para hablar de política, ¿por qué no elimina la Facultad de Ciencias Políticas?", grita un estudiante.  

En 2020, el gobierno chino promulgó nuevas normas electorales con las que elimina la posibilidad de que nadie que no sea un "patriota" pueda presentarse a las elecciones, además de una nueva Ley de Seguridad (las que hagan falta para reprimir la libertad de expresión), que criminaliza los actos de "subversión, secesión, terrorismo e interferencia extranjera". Es, por supuesto, una forma de eliminar cualquier oposición política, cualquier atisbo de manifestación. Pero la resistencia continúa en las calles y se manifiesta en un documental contundente, absolutamente revolucionario. 

NORDIC:DOX AWARD

En Julia&I (Nina Hobert, 2021), que ha conseguido el NORDIC:DOX Award, se construye un retrato que está marcado por cierta tendencia al tópico. Julia es una artista que parece vivir al máximo, si tener una vida plena significa ir de fiesta en fiesta, de hombre en hombre y de botella en botella. Nina Hobert, su amiga, parece sentir una profunda admiración por ella, quizás porque encuentra, desde su particular estabilidad personal, una insatisfacción que le hace envidiar el estilo de vida de su amiga. Por supuesto, poco a poco descubrimos que la extrovertida personalidad de Julia esconde una persona insegura, adictiva, acomplejada. De forma que se va creando una intimidad personal entre la directora y la protagonista, porque Nina Hobert, a la que no vemos excepto en videos caseros del pasado, también tiene sus inseguridades, en este caso relacionadas con su propio cuerpo, con un sentimiento de falta de identidad, con la sensación de no estar preparada para ser una mujer. 


Al final, el documental trata de dos mujeres que viven su inseguridad de forma distinta: una disimulándola hacia el exterior, y otra ocultándola en su interior. Así que la primera media hora  esprácticamente innecesaria porque construye un (auto) retrato falso, que muestra una irrealidad solo para introducir al espectador en un drama de desequilibrios psicológicos. El estilo visual se dispersa entre primeros planos de Julia (hay una fascinación evidente por el personaje), mezclados con canciones interpretadas por la propia artista y la voz de la directora, que adopta un estilo de susurro que parece querer hacer trascendente cada frase que pronuncia. Es un proceso de cuatro años que deriva entre la alegría de las fiestas y las depresiones intermitentes, que no encuentra respuestas a las pocas preguntas que plantea y que desemboca en un final conservador, muy al estilo escandinavo (solo se encuentra la estabilidad con el matrimonio y los hijos). Pero únicamente si el personaje resulta tan fascinante al espectador como a la propia directora puede tener sentido esta película. 

Más interesante es He's my brother (Cille Hannibal, Christine Hanberg, 2021), que ha logrado una Mención Especial del jurado, y que también es un retrato íntimo, pero este mucho menos convencional. Está centrado en la familia de la co-directora y creadora de la idea, Christine Hanberg, y su relación con su hermano Peter, un joven de treinta años que sufre una extraña enfermedad que no le permite ver, oír ni hablar desde que nació, por lo que su percepción del mundo es principalmente a través del tacto, el olfato y el gusto. Englobado en el espectro del autismo, una categorización a todas luces insuficiente, es capaz de relacionarse con los demás, pero a veces se sumerge en sí mismo, aislándose en pensamientos que son difíciles de ser interpretados, y en ocasiones tiene momentos de irascibilidad. 


Es un joven totalmente dependiente, por lo que su madre busca un centro de estancia médica donde Peter pueda ser ingresado, pensando en un futuro en el que ellos ya no estén, tratando de evitar que su hermana renuncie a una vida normal, como ellos hicieron, para dedicarse exclusivamente al cuidado de Peter. Es interesante el punto de vista centrado en quienes acompañan a una persona dependiente porque de alguna forma sacrifican toda una vida, y a  lo largo del documental asistimos a una transformación de Christine que la llevará a asumir una responsabilidad que a veces confiesa que la supera. Aunque se nos muestran momentos de impotencia de la familia que intenta entender ese mundo personal de Peter o a ataques iracundos del joven, es fácil comprender que posiblemente se han dejado fuera muchos aspectos complicados del cuidado que necesita. Y, frente a los documentales que habitualmente se centran en la persona que sufre la enfermedad, He's my brother tiene un enfoque más cercano que expone el amor que supone renunciar al propio desarrollo personal para dedicarse en cuerpo y alma al cuidado de una persona dependiente. 

NEXT:WAVE AWARD

El jurado de esta sección otorgó una Mención Especial a Holgut (Liesbeth de Ceulaer, 2021), que reflexiona sobre la extinción de algunas especies animales conectándola con la búsqueda de especies antiguas en un viaje que acaba resultando casi onírico. La película se presentó también en Visions du Réel y en nuestra crónica hablamos de ella. 

Por su parte, el NEXT:WAVE Award ha sido para You and I (Fanny Chotimah, 2021), una historia de amistad absolutamente conmovedora, un debut de la joven directora que es tan sencillo como arrebatador. Kaminah, de 74 años,  y Kusdaini, de 70 han sido amigas desde que eran jóvenes, y comparten las consecuencias de pertenecer al Partido Comunista durante la dictadura en Indonesia que provocó la masacre de 1965-66, en el que el partido islamista Nahdlatul Ulama trató de eliminar todo rastro del comunismo con matanzas que provocaron la muerte de entre quinientas mil y un millón de personas. Ambas cantaban en coros de las juventudes comunistas y fueron llevadas a prisión sin juicio. Fue en la cárcel, con 21 y 17 años respectivamente, donde se conocieron. Kusdalini pasó dos años en prisión, mientras que Kaminah estuvo siete años encarcelada y, cuando salió fue repudiada por su familia, siendo acogida por la abuela de Kusdalini. Y desde entonces han vivido juntas. 


Ahora son dos ancianas que comparten hogar en una casa desvencijada mientras sobreviven en el mismo puesto de comida que regentaba la abuela de Kusdalini. La directora coloca su cámara contemplando la vida sosegada, tranquila, si se quiere aburrida, de estas dos mujeres. Mientras que Kaminah ya ha olvidado muchos de sus recuerdos, Kusdalini los mantiene vivos en conversaciones que son tan conmovedoras como surrealistas (en una ocasión hacen un repaso de las compañeras de prisión que han ido falleciendo). Pero, igual que la cámara se detiene en planos fijos que no molesten demasiado, nuestra mirada se queda hipnotizada por estas dos ancianas que han debido compartir tantas vicisitudes. Hay un cariño especial en la forma en que Kusdaini cuida de Kaminah, que ya ha perdido parte de la memoria y parte de la capacidad de oír. 

Pero este retrato sencillo conecta de forma notable con el pasado y establece un punto de unión con la opresión en Indonesia que incluso para muchos jóvenes del país es desconocida. Se trata por tanto de un documental que, desde su mirada amable y sencilla, expone una visión mucho más amplia sobre cómo el pasado ha marcado una profunda herida en el presente. Desde esta perspectiva de dos ancianas que han vivido una historia de amistad envidiable hay una profunda interpretación de las huellas históricas de la dictadura en Indonesia. Cuando Kaminah, la más mayor, tiene que ser hospitalizada, Kusdalini no duda un momento en acompañarla, aunque sea durmiendo en el suelo. Es una relación tan conmovedora que es imposible no emocionarse incluso días después de haberla visto. 

NEW:VISION AWARD

En la exposición "All of the lights" que ha presentado este año el artista libanés Haig Aivazian en The Renaissance Society de Chicago, el espacio expositivo que incluye focos y luces que muestran un claroscuro también incorpora la proyección de sus dos últimos trabajos audiovisuales: Prometheus (2019) y All of your stars are dust in my shoes (2021), que estuvo seleccionado en la sección Forum de la Berlinale 2021 y ha logrado el NEW:VISION Award. Es este último cortometraje documental el que conecta más directamente con el objeto de la exposición, una reflexión sobre la electricidad utilizada como instrumento de poder. 


"En Líbano, fuera de las ciudades más grandes, uno puede estar sin electricidad la mitad del día o más, lo que supone una degradación tan constante de lo cotidiano que reafirma la falta de poder de los ciudadanos", comenta el director. En Siria, por ejemplo, la guerra ha provocado la semioscuridad de todo el país, y Alepo, uno de los focos culturales más destacados antes del conflicto, se ha convertido en una zona sin luz con la destrucción casi total de su centro histórico. Haig Aivazian reflexiona sobre el uso de la electricidad como una forma de vigilancia, a través de imágenes tomadas por él mismo o encontradas en internet y en las redes sociales, creando una analogía que se mueve desde las lámparas de aceite de ballena hasta linternas de gas y bombillas LED, desde apagones hasta toques de queda. Una especie de collage audiovisual que encuentra ideas que se difuminan en una narración fragmentada pero no por ello desestructurada, que habla de la dependencia del hombre de la electricidad, hasta el punto de ser utilizada como forma de chantaje para establecer medidas de control. 

La Mención Especial del jurado recayó en el cortometraje Écouter le battement de nos images (Maxime & Audrey Jean-Baptiste, 2021), que también participa en la Sección Shorts de Hot Docs. En el año 1968, el Presidente de la República francesa Charles De Gaulle decidió trasladar el programa espacial a la Guayana francesa, en la costa de Brasil, después de que Argelia consiguiera la independencia. Esto supuso un cambio radical para la isla, la deforestación y el traslado forzoso de sus habitantes a otros emplazamientos. Los hermanos Jean-Baptiste utilizan archivos procedentes de la Colección del Observatorio Espacial del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) para componer una microhistoria en forma de ensayo que habla de la repercusión que tuvo la construcción de esta base, pero también la fascinación que produjo el lanzamiento del primer cohete. 

Son archivos audiovisuales desde 1967 hasta 1980, que son seleccionados y editados por los directores para crear una experiencia que resulta casi onírica, que reflexiona sobre la capacidad del hombre para alcanzar grandes hitos científicos, pero también sobre el precio que la modernidad implica, la devastación de espacios naturales para que el hombre consiga estos logros.