06 octubre, 2018

Las mejores bandas sonoras de 2018 (3ª Parte)

Como hemos realizado en otras ocasiones, repasamos a continuación las mejores bandas sonoras que, a nuestro juicio, se han publicado durante 2018, enfocándonos ahora en los últimos tres meses. Esta es la música de cine que nos parece más interesante.


Jean-François i el sentit de la vida - Gerard Pastor
Gerard Pastor  6 / 6 / 2018

El debut en la dirección de Sergi Portabella se inicia con referencias al acoso escolar para introducirnos al personaje protagonista, un joven que se siente fascinado por el existencialismo de Albert Camus o Jean-Paul Sartre para acabar iniciando un viaje a París con el objetivo de conocer personalmente al primero. La película se convierte así en una road-movie que acompaña a un adolescente por un viaje físico y también "existencial". La aportación del joven compositor Gerard Pastor juega aquí un papel fundamental porque toma un camino poco convencional para arropar la aventura del protagonista. Igual que Serge Portabella plantea desde el principio un presente casi anacrónico en el que no encontramos apenas elementos tecnológicos, el compositor adopta el estilo barroco para acompañar la historia. Más cercano a Bach en las escenas del colegio, especialmente en "El mite de Sísif" y con mayor referencia a Vivaldi a partir del momento en el que aparece Lluna, la acompañante de la que se enamora Jean-François, en temas como "El viatge", Gerard Pastor demuestra su conocimiento profundo de los resortes estructurales e instrumentales de la música barroca, y construye una excelente partitura que funciona casi como otro compañero de viaje. En cierta manera, la banda sonora de Jean-François y el sentido de la vida (Sergi Portabella, 2018) nos recuerda a Georges Delerue en composiciones extraordinarias como Un pequeño romance (George Roy Hill, 1979), lo que sin duda es un valor añadido. Estamos ante una de las bandas sonoras más fascinantes de este año. 

Under the Silver Lake - Disasterpeace
Milan Music  22 / 6 / 2018

La colaboración entre el director David Robert Mitchell y el músico Rich Vreeland desembocó en la excelente banda sonora de la película It follows (David Robert Mitchell, 2014), con reminiscencias a la música creada por Goblin para las películas de terror italianas de los años setenta. Ahora ambos se reúnen nuevamente par desarrollar un trabajo más clásico y ambicioso, que en este caso bebe de las fuentes del cine "noir", con especial referencia a Bernard Herrmann, Elmer Bernstein y también Angelo Badalamenti. La historia de un joven voyeur que se ve inmerso en una trama detectivesca rememora a la clásica La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954), pero la visión que nos ofrece David Robert Mitchell es más cercana a Carretera perdida (David Lynch, 1997) o Mulholland Drive (David Lynch, 2001).  Rich Vreeland utiliza aquí su nombre artístico, Disasterpiece, y se enfrenta a su trabajo más ambicioso, con elaboradas orquestaciones y uso de instrumentos de cuerda y viento que generan una extensa partitura en la que siempre está presente ese sonido "noir", con potentes sonoridades como en "The cult of the whale, & other tales", pero con especial referencia herrmaniana en "Jefferson's legend". En otros pasajes como "The white rabbit / Make the best of it" el uso de los instrumentos de viento resulta más cercano a ese Angelo Badalamenti en sus colaboraciones con David Lynch. Estamos por tanto ante una elaborada, extensa y compleja banda sonora que supone la consolidación de un tándem director-compositor que ha dado lugar hasta el momento a dos creaciones singulares. 

Eighth Grade - Anna Meredith
Columbia Records  13 / 7 / 2018

Calificada por la publicación Pitchfork como "una de las mentes más innovadoras de la actual música británica", la compositora escocesa Anna Meredith ocupa un puesto privilegiado en el panorama de la creación experimental tras su aclamado debut Varmints (2016, Moshi Moshi) y, más recientemente, con su particular revisión de las "Cuatro Estaciones" de Antonio Vivaldi en su segundo abum, Anno (2018, Mushi Mushi), editado este pasado mes de agosto. Ahora realiza su debut en el terreno de las bandas sonoras con la comedia adolescente Eighth Grade (Bo Burnham, 2018), una de las sensaciones del último Festival de Sundance. El youtuber Bo Burnham realiza también su primera incursión en el cine como guionista y director, con una comedia sobre el paso de la adolescencia a la madurez, y sin duda es arriesgada su apuesta por la compositora Anna Meredith para su película. En realidad, la banda sonora incluye algunos de los iconos musicales de la creadora en los últimos años, como ese "Nautilus" que suena en la fiesta de cumpleaños a la que asiste la protagonista, marcado por las fanfarrias electrónicas que transmiten optimismo, y que en cierta manera marca el estado de ánimo que predomina en el disco, también presente, en el alegre "Rhododendron". El tema principal, "Being yourself" es una composición muy característica de su autora, vitalista y especialmente minimalista en su versión "MIDI", en la que se nos muestra solo en su versión de piano. Como hemos comentado en otras ocasiones, la incorporación de nuevos talentos musicales a la música de cine está aportando en los últimos años una concepción diferente y especialmente innovadora. Y la primera aportación de Anna Meredith es notable.

Don't worry, he won't get far on foot - Danny Elfman
Sony Classical  13 / 7 / 2018

En los últimos años los que siempre hemos admirado la capacidad creativa de Danny Elfman hemos tenido la sensación de cierto agotamiento creativo por parte del compositor, o quizás podría decirse más bien que sus últimas bandas sonoras se mueven en una posición acomodaticia, dando lugar a trabajos incluso mediocres. Y de pronto nos encontramos con las sonoridades jazzísticas que conforman el "Main Title" de la última película de Gus Van Sant que, a continuación, dan paso a ese aire melancólico en el piano de "1st drink" y "Phone call", un poco al estilo de Jon Brion, y nuestros oídos se disponen a prepararse para un auténtico festival de creatividad y hallazgos musicales maravillosos. Porque la banda sonora de No te preocupes, no llegará lejos a pie (Gus Van Sant, 2018) nos devuelve ese Dany Elfman que en algunos momentos conecta con sus inicios musicales, especialmente en las aportaciones vocales de Petra Haden en temas como "Out of reach". Es esta melancolía la que predomina en la historia del dibujante de cómics alcohólico y tetrapléjico John Callahan que ha llevado Gus Van Sant a la pantalla con una excelente interpretación de Joaquin Phoenix, y que Danny Elfman nos transmite con un trabajo sobrio y maduro que en algunos momentos se desborda en explosiones jazzísticas como "The liquor store". Esta inteligente, imaginativa y a veces sarcástica banda sonora es sin duda de lo mejor que ha compuesto Danny Elfman en los últimos años.

Ruth - Ben Sollee
sonaBLAST! Records  13 / 7 / 2018

Ben Sollee es un violonchelista norteamericano que ha realizado algunas incursiones en el mundo del cine, componiendo la banda sonora del documental Maidentrip (John Schlesinger, 2013) y colaborando como instrumentista con Christopher Young en la música de la película Caza humana (Mark Steven Johnson, 2013), o más recientemente en la película Beauty Mark (Harris Doran, 2017). Entre sus recientes trabajos destacamos esta composición para la videodanza Ruth (Keone Madrid, 2018), una serie de creaciones coreográficas rodadas a lo largo de todo el mundo y divididas en nueve capítulos. La diversidad de los escenarios y de los formatos presentados permite a Ben Sollee desplegar una variada paleta musical que va desde los sonidos más étnicos y percusivos en "Temple dance" hasta pasajes más románticos como "Floating lights". Resulta especialmente destacable la canción "An innocent fiction", espléndida composición en la que la voz y el violonchelo conforman un dúo instrumental de gran belleza, o esa colaboración con la cantante Carly Johnson en el hermoso "Keep holdin' on" que reivindica a Ben Sollee como uno de los compositores más interesantes del momento.

Puzzle - Dustin O'Halloran
Sony Masterworks  27 / 7 / 2018

Basada en la película argentina Rompecabezas (Natalia Smirnoff, 2009), esta versión norteamericana está protagonizada por Kelly Macdonald, principal artífice de esta historia intimista sobre un ama de casa que dedica sus ratos de ocio a completar rompecabezas. Y no parece arriesgado predecir que la película podría tener un lugar destacado en la lista de premios más destacados de la temporada, teniendo en cuenta que las anteriores películas producidas por su director, Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton, Valerie Faris, 2006) y Loving (Jeff Nichols, 2016), ya tuvieron presencia en los Oscar. El apartado musical, firmado por Dustin O'Halloran, también conocido como Hauschka, es una preciosa banda sonora intimista, apoyada principalmente en hermosas melodías que tienen al piano como principal protagonista. Casi podríamos decir que es un trabajo minimalista, elaborado con una orquesta de cámara, en el que, al margen de los teclados, incorpora instrumentos de viento y cuerda, especialmente en temas de gran belleza como "Puzzle one" o "Essay". Dustin O'Halloran muestra una especial sensibilidad para trasladar este ambiente intimista de la película, apoyándose principalmente en breves pinceladas que se despliegan a lo largo de una banda sonora breve pero repleta de emocionantes propuestas.

American Dream - Thomas Bergersen
Thomas Bergersen  31 / 7 / 2018

El compositor noruego afincado en Estados Unidos ha formado parte del equipo de creadores de la compañía de Hans Zimmer, habiendo creado música para superproducciones como Interstellar (Christopher Nolan, 2014) o Batman v Superman (Zack Snyder, 2016). Pero también es el fundador de la empresa Two Steps from Hell, junto a Nick Phoenix, que desarrolla una exitosa cacería como creadores de música para trailers publicidad y videojuegos. A lo largo de su trayectoria, Thomas Bergersen ha demostrado también su interés en la música clásica, y ahora lo expone en su Sinfonía American Dream, una composición para orquesta y coros que conecta directamente con la tradición de clásicos músicos norteamericanos como Aaron Copland o Charles Ives. La Sinfonía está creada como una pieza única de unos 45 minutos, pero también se incluye en el álbum editado por el propio Thomas Bergersen en la versión dividida en temas autónomos. Y especialmente destacamos en esta última fragmentos corales como "All hands on deck" o "Quien eres tú", con esa sonoridad hispana. American Dream es el reconocimiento de Thomas Bergersen como un compositor que ha absorbido la tradición musical norteamericana para construir un homenaje a su país de residencia y sin duda es una de las composiciones más interesantes del año, aunque no sea específicamente un trabajo para el cine, y a pesar de la no especialmente notable calidad sonora de la edición.

Christopher Robin - Jon Brion, Geoff Zanelly
Walt Disney Records  3 / 8 / 2018

Aunque Jon Brion y Geoff Zanelly han colaborado por separado en diversos proyectos de la productora Walt Disney, ahora ambos colaboran en la banda sonora de esta película de reciente estreno. A lo largo de este trabajo, de cadencia apacible en su mayor parte, podemos encontrar sin embargo la firma de cada uno de los autores, más sofisticada en el caso de Jon Brion, y más contundente en las composiciones de Geoff Zanelly. Pero en su conjunto forman un trabajo compacto mucho más armonioso que otras colaboraciones entre compositores. La banda sonora comienza con un hermoso prólogo, "Storybook" que introduce el tema principal a piano, muy característico del estilo de Brion, y más tarde desarrollado en formato jazz en espléndidos temas como "Easy to lose your way in a foggy day". Hay momentos de especial sensibilidad, como el hermoso tema "Evelyn goes it alone", que de nuevo tiene al piano como principal protagonista. Pero sobre todo la banda sonora funciona como homenaje al trabajo de los hermanos Sherman, con referencias puntuales a algunas de sus creaciones. Y especialmente con la propia participación de Richard Sherman, el único de los hermanos que vive aún, quien a sus 90 años ha compuesto tres canciones para la película, interpretando dos de ellas. En la irónica "Busy, doing nothing", vemos a Richard Sherman en pantalla cantando la canción durante los créditos finales, mientras que "Christopher Robin" nos recuerda a aquella bonita canción "The eyes of love", no usada en la película Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964).

Pope Francis: A man of his word (Instrumental version) - Laurent Petitgand
Back Lot Music  3 / 8 / 2018

El documental en torno a la figura del Papa Francisco, dirigido por Wim Wenders, se estrenó la pasada semana en España. Se trata de una especie de homenaje cinematográfico a una figura que, aun dentro de cierta controversia, fascina a los católicos y también de alguna manera a quienes no tienen una vocación religiosa. Al margen del contenido del documental, una entrevista que puede parecer más o menos hagiográfica, hay que reconocer sobre todo la espléndida labor musical que realiza el compositor francés Laurent Petitgand, colaborador del director en varias de sus películas. La música tiene un aire místico que encaja bien con esa visión casi santificada que propone la historia, y da lugar a una banda sonora que contiene hermosos pasajes de tonalidad espiritual, como el propio "St. Francis", que incorpora voces corales y es de una gran elegancia. Hay también aportaciones electrónicas en pasajes más introspectivos, como en "Adam, where are you?", donde el violonchelo funciona como conexión terrenal, también presente en el absorbente tema final, "Mother Earth". Por su parte, la guitarra solista en "Here we are" es la conexión con los orígenes argentinos del Papa Francisco. Estas dos son versiones instrumentales que aparecen en esta edición discográfica, ya que existe otra edición anterior que incorpora las voces del Papa Francisco y Wim Wenders, así como canciones de Patti Smith. Nosotros preferimos la música aislada de Laurent Petitgand, sin incorporaciones externas.

BlacKkKlansman - Terence Blanchard
Back Lot Music  10 / 8 / 2018

La nueva colaboración entre el director Spike Lee y el trompetista Terence Blanchard supone una cierta continuidad de su trabajo juntos a lo largo de los años. Infiltrado en el KKKlan (Spike Lee, 2018), ha supuesto un éxito comercial y al mismo tiempo introduce esos elementos políticos tan característicos en el cine de Spike Lee, algo que no conseguía el director desde La última noche (Spike Lee, 2002). La música de Terence Blanchard para el cine suele estar apoyada casi siempre en una gran orquesta que incorpora instrumentos solistas de jazz. Aquí su sonido nos remite en buena medida a la década de los 70 en la que se desarrolla esta historia sobre un policía negro y un judío que tratan de infiltrarse en las filas del Ku Klux Klan. La película comienza con imágenes de la película Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, George Cukor, 1939) sobre las que vimos el prólogo musical "Gone with the Wind", que no hace referencia a la música de Max Steiner, pero sí contiene fragmentos de dos clásicos temas sureños. A continuación, Terence Blanchard plantea las líneas a seguir por una banda sonora que, en general, tiene un planteamiento más elegante y menos violento del que pudiera pensarse en una historia de estas características. Destaca sobre todo "Ron's Theme", espléndido tema que incorpora un leit-motif de siete notas que se va adaptando a diversos instrumentos a lo largo del disco, y desemboca en una sonoridad funk que veremos también en el resto de la banda sonora, como ese magnífico "Blut und boden (Blood and soil), que es un ejemplo del excelente trabajo de imbricación entre la orquesta e instrumentos solistas, aquí la guitarra eléctrica, que caracteriza el trabajo de Terence Blanchard, y que podemos decir que es una de las mejores composiciones del año. 

Green days by the river - Laura Karpman
Art Farm West  18 /8 / 2018

Laura Karpman es una compositora nacida en Los Angeles que ha desarrollado una larga trayectoria en el mundo del cine y la televisión, aunque últimamente han resultado especialmente destacables sus trabajos para la serie Underground (WGN, 2016-) y para la película París puede esperar (Eleanor Coppola, 2016). Resulta interesante en su trabajo su exploración de los sonidos étnico, bien sean africanos u orientales, habitualmente presentes en los proyectos en los que trabaja. Así ocurre en dos de sus bandas sonoras editadas este año, muy prolijo en trabajos musicales para documentales y series de televisión. Por un lado, Green days by the River (Michael Mooleedhar, 2017) es una película de Trinidad y Tobago que se acerca a la vida de un joven de 15 años en los años cincuenta. La banda sonora es un ejemplo de esta exploración que comentábamos, con una ambientación musical formada generalmente por instrumentos étnicos que aportan no solo información sobre el escenario en el que se desarrolla la historia, sino que también propone una mirada introspectiva a los personajes. Especialmente destacable es el tema "Port Spain", que suena en la llegada del protagonista a la capital, Puerto España, y el uso de voces etéreas en "Rosalie's kiss", una suerte de tema casi de ensoñación. O la sensibilidad que despliega en "Joan returns", una hermosa versión a piano del tema principal. 

Inventing Tomorrow - Laura Karpman
Lakeshore Records  28 /9 / 2018

Por su parte, el documental Inventing tomorrow (Laura Nix, 2018) es otra aproximación a los peligros del cambio climático, pero desde un punto de vista más optimista, ya que se acerca a tres adolescentes de diversas nacionalidades que compiten desarrollando proyectos científicos para evitar la degradación del planeta. Presentado en el pasado Festival de Sundance, el documental se desarrolla en la India, México e Indonesia, hasta que los protagonistas llegan a Los Angeles para participar en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería. La música de Laura Karpman aquí, sin embargo, no resulta especialmente étnica a pesar de la diversa procedencia de los adolescentes, sino que abunda en la tradición sinfónica occidental y resalta esa visión optimista, de mirada hacia el futuro, que representan estos jóvenes científicos. Temas como "ISEF", dedicado a la Muestra, aportan una vitalidad que resulta contagiosa. Pero al mismo tiempo también está presente en la banda sonora esa multiculturalidad que representa el concurso de jóvenes creadores de todo el mundo en temas como "Preparations". 

¡Nae pasaran! - Patrick Neil Doyle
Air-Edel Records  27 /8 / 2018

El hijo de Patrick Doyle, con quien colaboró en algunos trabajos como La huella (Kenneth Branagh, 2007), ha comenzado una interesante trayectoria en el cine y la televisión, destacando sobre todo su trabajo para la miniserie The Moonstone (BBC, 2016) . A pesar de su juventud, Patrick Neil Doyle ya viene aportando composiciones de gran complejidad como la que presenta en el documental Nae pasaran (Felipe Bustos Sierra, 2018) que se centra en los trabajadores de una fábrica en Glasgow en 1974 que se negaron a realizar reparaciones en los motores de aviones de guerra con destino a Chile en solidaridad con las víctimas del golpe de Estado que protagonizó el General Pinochet. Es una historia personal contada por el hijo de un exiliado chileno que desarrolló su trayectoria en Escocia, y está magníficamente reflejada en la música, llena de sensibilidad, que ha compuesto Patrick Neil Doyle. Temas como "Dictatorship" son de una gran belleza y dramatismo, muy en la línea de algunas composiciones de su padre, pero con una personalidad propia. Algunos pasajes tienen ciertas reminiscencias de la música minimalista de La huella (Kenneth Branagh, 2007), como "Recognition", con la incorporación de sonoridades escocesas, mientras que en otros como el melancólico "History repeating", el uso de la guitarra se evoca la cercanía humana de las víctimas chilenas. Es sin duda una excelente carta de presentación de un compositor a tener en cuenta.    

Papillon - David Buckley
BMG  24 /8 / 2018

Para la nueva versión de la autobiografía escrita por el ex-convicto Henri Charrière, el compositor David Buckley se enfrentaba a la inevitable comparación con la excelente banda sonora de Jerry Goldsmith para Papillon (Franklin J. Schaffner, 1973). Y ciertamente su planteamiento es completamente opuesto al de aquél. Aquí, David Buckley explora una sonoridad que resulta prácticamente elegíaca, convirtiendo casi la cárcel en la que se desarrolla la historia en una suerte de emplazamiento religioso. Están por tanto presentes, en temas de grandeza espiritual como "Céphale", esos coros que establecen un diálogo entre las voces femeninas y las masculinas, como también lo están en esa extensión temática de aire místico, "Myrtil", que conforma uno de los momentos más sobresalientes de la banda sonora. David Buckley opta por instrumentos étnicos en algunos momentos, pero casi siempre mantiene ese discurso elegíaco. Aunque estamos ante una película de acción, aunque con críticas en general adversas a esta aparentemente innecesaria versión, los momentos más dinámicos de la banda sonora resultan casi fantasmales, como ese "Tabac d'Espagne" que incluye frases en francés. Para devolvernos finalmente a ese ambiente elegíaco, en el tema final, "Revez, mes anges", que concluye una de las propuestas más arriesgadas del año. 

The little stranger - Stephen Rennicks
Back Lot Music  31 /8 / 2018

Esta película de terror gótico producida en Irlanda es una de las interesantes muestras del género que se han producido este año. Y sin duda el trabajo de Stephen Rennicks en la banda sonora contribuye a dar ese aire siniestro a la película, pero sin recurrir a los resortes habituales de las incursiones musicales en el terror. Aquí nos encontramos ante una banda sonora que se va desarrollando plácidamente, como la propia historia a la que acompaña, primero con instrumentaciones sencillas, especialmente en el uso de los instrumentos de viento y el arpa en temas como "To Hundreds" o "The matter of his legs", para ir introduciendo poco a poco elementos de distorsión que comienzan a aparecer en "Guests arrive" e irán creciendo a medida que se desarrolla la banda sonora. En en momentos de acción como "Dog attack" en los que nos envuelven las cuerdas con mayor dosis de tensión, también presente en el uso de los vientos altos, con un sonido mucho más penetrante que las flautas del comienzo.  La banda sonora está compuesta por una larga lista de temas, casi todos de corta duración, pero en la que encontramos algunos momentos más extensos que nos introducen en una sonoridad casi ensoñadora, como en "Faraday flashback", para desembocar en los excelentes "End Credits". 

The nun - Abel Korzeniowski
WaterTower Music 31 /8 / 2018

Resulta significativa la evolución de la música compuesta por Abel Korzeniowski desde su llegada a Hollywood. En sus primeras bandas sonoras desarrolló principalmente su faceta romántica clásica europea, realizando trabajos sobre todo apoyados en excelentes pasajes melódicos. Pero desde su participación en la serie de terror victoriano Penny dreadful (Showtime, 2014-2016), sus composiciones se han tornado más oscuras. No es apresurado pensar que el compositor polaco habrá tenido numerosos encargos para poner música a películas de terror en estos años, pero finalmente ha sido La monja (Corin Hardy, 2018), nueva película de la saga Expediente Warren la que ha contado con su participación. Y podemos decir que su exploración del terror en Penny dreadful le ha servido para acabar creando una de las mejores partituras del género que hemos escuchado en los últimos años. Desde el comienzo, ese poderoso "God ends here", en el que las voces corales elegíacas acaban siendo absorbidas por los coros masculinos y, sobre todo, por la gutural voz solista que representará a lo largo de toda la banda sonora, a Valak, el demonio encarnado en la monja. Solo encontramos pequeños atisbos de luminosidad en temas como "Sister Irene", de una gran belleza; porque el resto de las composiciones se adentran en los sonidos más oscuros, desde el siniestro "Perpetual adoration" hasta el intenso "Lost souls" en el que Korzeniowski experimenta con diferentes sonoridades que extrae de un uso poco convencional de los instrumentos de cuerda.


En las estrellas - Iván Palomares
Quartet Records  5 /9 / 2018

Aunque ha pasado algo desapercibido por la cartelera, En las estrellas (Zoe Berriatúa, 2018) es uno de los títulos españoles más interesantes de la temporada. Esta historia de carretera que homenajea al cine de toda la vida tiene entre sus principales virtudes una emotiva y sensible banda sonora del joven compositor Iván Palomares. La partitura pivote en torno a un "Tema principal" a piano que está presente a lo largo de todo el trabajo en breves pinceladas, pero que durante la banda sonora parece inacabado, casi sin terminar de desarrollarse, hasta que finalmente se nos muestra al completo en los "Créditos finales", planteando así una especie de continuación de la historia más allá de la propia película. Es sin duda uno de los hallazgos más inteligentes de este espléndido trabajo, que también nos presenta otros momentos especialmente interesantes, sobre todo en la utilización de hermosos pasajes melódicos en forma de vals como "Barrio de antaño". Es también destacable la representación musical de la figura del padre, un personaje que encarna cierto patetismo melancólico, y que está especialmente patente en "Víctor en su casa quemada", tema del que se incluye una versión alternativa, de corte más dramático, no utilizada en la película. Sin duda, Iván Palomares consigue con este trabajo una excelente carta de presentación en el cine español, y nos invita a estar atentos a sus próximas composiciones. 

Flora - Nathan Prillaman
Pulp Pictures  7 / 9 / 2018

El joven compositor norteamericano Nathan Prillaman compone la banda sonora de esta producción canadiense que se desarrolla en 1929 y tiene como protagonistas a un grupo de botánicos que encuentran un misterioso organismo ancestral. Para esta película de aventuras y suspense, Prillaman consigue crear una ambientación asfixiante, que destaca especialmente en los momentos de tensión. El compositor fue presentado al director por uno de los actores de la película, con el que estudió en la escuela. Y así surgió la oportunidad de componer su primer trabajo destacado para un largometraje internacional. Temas como "Hostile ecosystem", con esa tensión que recrean los instrumentos de cuerda junto a ciertos elementos electrónicos, demuestran la capacidad de Nathan Prillaman para crear momentos opresivos. Por otro lado, hay también pasajes de mayor luminosidad como "Ragweed and nightshade", interpretado por un cuarteto de cuerda, que es la principal formación utilizada en la banda sonora. Pero el compositor sabe sacar partido de estos recursos minimalistas para construir un sólido trabajo musical, usando elementos percusivos para las escenas de acción como en "Intubation", e incluso creaciones experimentales como "The mill". En la edición de la banda sonora sobran los interludios de música ambiental de la época, también compuestos por Nathan Prillaman, porque alteran la ambientación oscura que consigue. Y especialmente destacable es el tema principal con el que se cierra la película, "Flora", de gran belleza dramática.   


Sad Hill unearthed - Zeltia Montes
Quartet Records  7 /9 / 2018

El documental de Guillermo de Oliveira es un homenaje al cine y, especialmente a sus fans, a través de la reconstrucción en Burgos del cementerio que se convirtió en el escenario principal del final de la película El bueno, el feo y el malo (Sergio Leone, 1966), con motivo del cincuenta aniversario de su estreno. Con entrevistas a algunos de los que participaron en el filme, entre ellos el editor Eugenio Alabiso y el compositor Ennio Morricone, el documental propone una revisión del mito cinematográfico a través de la recuperación de un icono local que ha alcanzado el reconocimiento internacional. La banda sonora creada por la compositora Zeltia Montes es un inteligente acercamiento a este mito (especialmente representado por la música que compuso Morricone), porque no pretende emular las sonoridades de aquel trabajo excepcional, sino que ahonda más en el terreno de la admiración y el respeto. Y lo hace utilizando como instrumentos principales aquellos que estaban presentes en la música del maestro italiano, con momentos referenciales como los nostálgicos "Opening Credits" y "First stone", pero introduciendo nuevas propuestas en excelentes pasajes como el marcial "The bridge". Zeltia Montes introduce una voz femenina solista, en este caso sí en clara referencia al estilo de Ennio Morricone, en "Unearthed", concluyendo así el homenaje desde la distancia, pero siempre aportando una personalidad propia en una banda sonora que huye de los recursos fáciles para tomar el camino del riesgo. 


As green as it gets - Enis Rotthoff
Scoring Records  14 /9 / 2018

La última comedia comercial que llega desde Alemania, después del éxito de Toni Erdmann (Margen Are, 2016), es esta amable historia sobre un jardinero de carácter agrio que encuentra en la aviación la forma de escapar a sus preocupaciones. El largo título original expresa bien el espíritu de la película: Grüner wird's nicht, sagte der Gärtner und flog davon (Florian Gallenberg, 2018), algo así como "No se pondrá más verde, dijo el jardinero, y se fue volando". La banda sonora está firmada por el joven compositor alemán Enis Rotthoff, que trabaja entre Berlín y Los Angeles, y que consigue aquí una agradable partitura con sonido campestre, alegre en algunos momentos pero sobre todo cargada de gran sensibilidad. A ello contribuye la aportación del violonchelista Johannes Moser, cuyo instrumento se convierte en elemento principal de la partitura desde el hermoso tema "New horizons", en el que aporta las adecuadas dosis de sensibilidad. En general se trata de una banda sonora que aporta al personaje principal esa humanidad que no se encuentra en la superficie de su carácter huraño. En este sentido, Enis Rotthoff  crea una música introspectiva que ahonda más en la faceta cómica de la historia que en el principio más serio. Hay hermosos pasajes que acompañan a las imágenes aéreas como "Take me with you", pero también elementos sonoros estrictamente cómicos, como el divertido "Dinner with Grandma". Un trabajo de gran belleza. 


A simple favor - Theodor Shapiro
Lakeshore Records  14 /9 / 2018

El director Paul Feig se ha especializado en comedias femeninas como La boda de mi mejor amiga (Paul Feig, 2011), o más recientemente la defenestrada versión de Cazafantasmas (Paul Feig, 2016). Su última película tiene de nuevo como protagonistas a mujeres, pero aporta más dosis hitcockianas, aunque su mayor virtud es que el director no se toma demasiado en serio la trama, construyendo así una historia con grandes dosis de humor negro. En este aspecto, la banda sonora del siempre efectivo Theodore Shapiro se revela como un elemento primordial en esa ambientación sarcástica que contiene la película.  La partitura pivote sobre un espléndido tema principal, "A simple favor", que ya en sí mismo merece la pena. Con cierto aire a Alexandre Desplat, se trata de un irónico leitmotiv que escucharemos en diversas versiones a lo largo de toda la banda sonora, y que baila especialmente en sus revisiones más dinámicas, como "Breadcrumbs". Pero también resulta interesante la incursión de Theodore Shapiro en los momentos de suspense, en los que abandona parte de las sonoridades electrónicas para desarrollar más una composición apoyada en la instrumentación tradicional, como en "I saw my mom / Ring flashback". Lo más interesante del trabajo de Theodore Shapiro es lo bien que funciona la mezcla de sonidos electrónicos con la orquestación tradicional, algo que en muchos casos no suele compactar adecuadamente. Pero temas como "Three-way" son un ejemplo de cómo imbricarlos con efectividad. 

16 levers de soleil - Guillaume Perret
La Vingt-Cinquième Heure  28 /9 / 2018

En 2016, el astronauta francés Thomas Pesquet cumplió su sueño de participar en una misión espacial, permaneciendo durante seis meses en la Estación Espacial Internacional, y convirtiéndose en el miembro más joven del Cuerpo Europeo de Astronautas. El documental 16 levers de soleil (Pierre-Emmanuel Le Goff, 2018) nos acerca a la experiencia de este ingeniero aeronáutico a través de imágenes que captó el propio Thomas Pesquet en su viaje espacial. Pero el documental, presentado en la pasada edición del Festival de Cannes y que ahora se estrena en Francia, no solo funciona con su faceta ilustrativa, sino que también establece una propuesta a través de la obra literaria de Antoine de Saint-Exupéry, considerado como un visionario, que está presente en la propia banda sonora en el tema "St Exupéry". El saxofonista francés Guillaume Perret es el encargado de componer este apasionante trabajo, apoyado en los sonidos jazzísticos que le caracterizan, junto a los sonidos reales que se escuchan en la Estación espacial Internacional. Hay momentos absolutamente oníricos como "Outside Thomas", junto a explosiones sonoras como en "A certain trip 1", que muestran las virtudes del saxo eléctrico interpretado por Guillaume Perret. Uno de los temas, sin embargo, "Into the infinite", está interpretado por el propio Thomas Pesquet en la Estación Espacial.

The old man & the gun - Daniel Hart
Varèse Sarabande  28 /9 / 2018

Desde que nos deslumbrara con su trabajo para la película A ghost story (David Lowery, 2017), hemos estado atentos a las creaciones del compositor Daniel Hart, que últimamente ha trabajado más en el campo televisivo. Su nueva colaboración con el director de aquélla, es esta película que ha trascendido especialmente después de que Robert Redford anunciara que The old man & the gun (David Lowery, 2018) sería su último trabajo para el cine.  Aquí, Daniel Hart se adentra en la cadencia sonora del soft-jazz creando una de las más hermosas bandas sonoras de este año, que debería valerle su primera nominación al Oscar. Son temas que tiene un cierto aire al John Barry de los primeros años ochenta, especialmente en fragmentos largos como el espléndido "Three day bank", pero también despliega sus virtudes en pequeñas pinceladas como "The Diner - Part Two". La película, basada en la historia de real de un ladrón de bancos que se escapó de la prisión de San Quintín cuando tenía 70 años, permite desarrollar a Daniel Hart una amplia gama de composiciones, interpretadas or una formación de jazz junto a una pequeña sección de cuerdas. Curiosamente, Daniel Hart afirmaba en una entrevista al comienzo del rodaje que él y el director tenían la idea de que fuera una banda sonora muy contundente y percusión. Finalmente, decidieron realizar un trabajo mucho más soft y en cierta manera algo melancólico, y sin duda fue una decisión acertada.

Where hands touch - Anne Chmelewsky
Varèse Sarabande  28 /9 / 2018

La compositora Anne Chmelewsky desarrolla una interesante carrera en el terreno de la música contemporánea, siendo autora de tres óperas y trabajos de intensa belleza como su reciente EP Some One Lost (2017, Plume Records). En el campo audiovisual, tras haber colaborado con Ricky Gervais en la serie Derek (Netflix, 2012-2014), se enfrenta a su banda sonora más ambiciosa en esta producción británica que narra una relación interracial en la Alemania nazi. Aunque la película obtuvo críticas irregulares en el Festival de Toronto, destaca especialmente el trabajo musical, que nos ofrece una sutil banda sonora con cierto aire a las composiciones cargadas de sensibilidad de la también británica Debbie Wiseman. Con el piano como instrumento principal, especialmente en los temas que envuelven a la protagonista, la hija de un hombre negro y una mujer blanca, la compositora desarrolla un espléndido tema principal, "Where hands touch", que iremos encontrando a lo largo de toda la banda sonora. Pero destacan especialmente los hermosos leitmotivs dedicados a personajes, como "Ash" y, especialmente, "Hermione", con esa sonoridad trágica que contiene. Es en los temas finales cuando el violín solista toma mayor protagonismo, cuando la historia se desarrolla en un campo de concentración, en composiciones cargadas de dramatismo como "We have to survive", para culminar con unos "End Titles" perfectos en su estructura y su elaborada tensión, que remarcan el pesimismo de la banda sonora. 




La monja se estrenó el 7 de septiembre
El Papa Francisco: Un hombre de palabra y Un pequeño favor se estrenaron el 28 de septiembre

16 levers de soleil se estrenó en Francia el 3 de octubre
Christopher Robin se estrenó el 5 de octubre
Desenterrando Sad Hill se estrena el 19 de octubre
Jean-François i el sentit de la vida se edita en DVD el 24 de octubre

Infiltrado en el KKKlan se estrena el 2 de noviembre


29 septiembre, 2018

Tan Dun / Stockhausen: Las músicas inteligentes

El Festival de Música Contemporánea- Ultimafestivalen convierte cada año a la ciudad de Oslo en un conglomerado de sonoridades y visiones musicales que miran hacia el futuro, aunque muchas de ellas se apoyen en reminiscencias del pasado. Este año hemos podido disfrutar de la presencia de algunos de los músicos más destacados del panorama internacional, con especial mención al compositor chino Tan Dun, conocido también por sus destacados trabajos para el cine, que le hicieron merecedor del Oscar.


Adentrarse en las creaciones de Tan Dun resulta siempre apasionante. Su capacidad para aunar la cultura occidental en la que ha desarrollado parte de su carrera y las ancestrales tradicionales orientales de su China natal le convierten en uno de los músicos más interesantes del momento. Este vínculo intercultural está presente en sus espléndidas bandas sonoras para películas como Tigre y dragón (Ang Lee, 2000), que le valió el Oscar, Hero (Zhang Yimou, 2002) y El banquete (Feng Xiaogang, 2006). Pero, al margen de sus esporádicas colaboraciones con el cine, resulta recomendable internarse en su amplia trayectoria como compositor de música autónoma, especialmente en trabajos apasionantes y evocadores como Water Concerto for Water Percussion and Orchestra (2004), que dedicó al insigne creador japonés Toru Takemitsu.

Para el Festival Ultima, que supone su regreso a los escenarios noruegos después de 15 años de ausencia, Tan Dun presentó un concierto que incluía tres de sus obras más recientes, interpretadas por la Oslo Filharmonien bajo la dirección del propio compositor. La primera parte del concierto estaba formada por las obras Passacaglia: Secret of Wind and Birds (2011) y Violin Concerto 1 & 2 (Rhapsody and Fantasia) (2018), que conforman en buena medida un ejemplo de esa cohesión occidental-oriental que mencionábamos antes.

Passacaglia: Secret of Wind and Birds (2011) fue un encargo realizado por el Carnegie Hall para la Joven Orquesta de los Estados Unidos, y está especialmente ligado a los sonidos de la naturaleza. Tan Dun explora en esta composición de 11 minutos las tradicionales creaciones orientales de su país, muchas de ellas conectadas con los sonidos de la naturaleza, especialmente el canto de los pájaros. Utilizando seis clásicos instrumentos chinos (guzheng, suona, erhu, pipa , dizi y sheng), grabó diferentes sonidos que evocan el canto de los pájaros y los convirtió en un formato que pudiera ser reproducido por los móviles. De esta forma, Tan Dun utiliza los celulares de los músicos y de los espectadores para reproducir una amalgama de sonidos multiplicados que convierten el auditorio en una especie de bosque poético repleto de cantos digitales de pájaros. 

Tan Dun en Oslo Konserthus
Resulta fascinante en este sentido cómo Tan Dun consigue incorporar la tradición instrumental china con los dispositivos del futuro, aquí representados a través de los móviles, mientras los espectadores se convierten también en partícipes de la propia interpretación. Este Pasacalle, formato musical que tuvo su origen en España en el siglo XVII, formado por sonidos rítmicos y repetitivos (y que más tarde daría lugar a la traducción italiana Passacaglia), permite a Tan Dun construir una pieza en la que explora la armonía y la melodía para crear una textura musical que tiene, en su contenido, cierta sonoridad herrmaniana.

Tan Dun comenta que "mi vida de hoy tiene sus raíces en mi vida de ayer, y mi futuro siempre se sostiene en mi pasado. Para mí, la creación musical siempre está asociada a la memoria". En este sentido, las dos composiciones que continuaron el concierto están imbricadas en los recuerdos de Tan Dun de su niñez y juventud. Esta Violin Rhapsody and Fantasia (1994), que ha reestructurado en 2018, tiene dos soportes principales en su memoria: la Ópera de Pekín, que representa sus años de niñez, y su residencia posterior en Nueva York, donde llegó en 1986, imbricándose de la música contemporánea del momento  representada especialmente por John Cage. Por eso, la segunda parte resulta más atonal y multicultural. La violinista noruega Eldbjørg Hemsing fue la encargada de interpretar los pasajes solistas, demostrando su condición de promesa ya consolidada en el panorama internacional. Actualmente la intérprete reside en Berlín, donde publicó su primer album como solista, interpretando obras de Borgström y Shostakovich junto a la Wiener Symphoniker.

La segunda parte del concierto tuvo como protagonista el estreno mundial de una de sus últimas composiciones, el Concierto para violín Fire Ritual (2018), una obra que Tan Dun dedica a la Memoria de las víctimas de la guerra, en un sentido general. De nuevo con la influencia de la música tradicional china, y especialmente inspirada en los rituales que se interpretaban en la Corte del Emperador, la sinfonía compuesta por Tan Dun mantiene la estructura original de los rituales, con parte de los músicos sobre el escenario y otra parte entre el público. De modo que el director de orquesta se convierte aquí en una especie de Shaman que dirige simultáneamente a los músicos de uno y otro lado, estableciendo un diálogo entre la Naturaleza y el Ser Humano. El nexo de unión entre los dos mundos es el Profeta, que aquí está representado por el violín solista, interpretado de nuevo por Eldbjørg Hemsing. Contundente y en ocasiones melancólica, esta obra de Tan Dun se divide en cuatro temas: Cruel Wars, Innocent People, Mantras of the Heavenly Birds y Eternity, conformando una especie de oración musical por las víctimas que han sufrido el horror de la guerra a lo largo de la Historia. Y supuso un excelente colofón para un concierto memorable. 

Karlheinz Stockhausen, el clásico recuperado

Uno de los compositores más influyentes de las últimas décadas es el alemán Karlheinz Stockhausen, del que este año se cumple el 90 aniversario de su nacimiento. El Festival Ultima 2018 le dedicó dos conciertos, uno de los cuales tuvimos ocasión de ver. Mantra (1970) fue una composición creada especialmente para el famoso dúo de pianistas Aloys y Alfons Kontarsky, dos hermanos alemanes que lograron una gran reputación en los años sesenta y setenta con sus interpretaciones. Mantra es una de las composiciones más reconocidas de Stockhausen, creada con una técnica que el músico denominó "fórmula" y que utilizó posteriormente en muchas de sus creaciones. Los pianistas establecen una interpretación en dos líneas que a veces se superponen, y disponen también de unos timbales con los que van marcando la incorporación de nuevos sonidos que dan lugar a una nueva sección de la obra. El concierto presentado en Oslo fue interpretado por Pierre-Laurent Aimard, veterano pianista francés que conoció en persona a Stockhausen, y Tamara Stefanovich, que ha colaborado con Aimard en varias grabaciones, algunas de ellas nominadas a los Premios Grammy. 

El Festival de Música Contemporánea de Oslo - Ultima 2018 es sin duda una de las citas obligadas en el calendario de festivales de música en el mundo, al que merece la pena asistir para tener una visión completa de los creadores más destacados del momento. 






18 septiembre, 2018

Noruega recuerda el horror: Tres proyectos sobre el 22 de julio

Septiembre, 2018. Exterior. Día. Distrito Gubernamental de Oslo. 

Un grupo de personas sale corriendo de uno de los edificios que forman el que fuera centro neurálgico del gobierno noruego, el denominado Regjeringskvartalet. Se trata de uno de los más afectados por la bomba que colocó Anders Behring Breivik en 2011, y que fue el comienzo de una pesadilla trágica que conmocionó a toda Noruega. Algunas de las escenas de desolación y pánico, captadas en su momento por testigos presenciales, son ahora reproducidas en el rodaje de 22 Juli (NRK, 2018), la primera serie de televisión que se centra en los atentados perpetrados aquel día.

Rodaje de la serie 22 Juli (NRK, 2019)
NRK, la cadena de televisión pública noruega, venía anunciando durante varios días que se iban a recrear escenas del atentado en el lugar donde estalló la bomba, para evitar que los vecinos creyeran estar viviendo de nuevo un ataque terrorista real. La participación de más de un centenar de extras en el rodaje de esta serie que es una de las apuestas más ambiciosas de NRK para el otoño de 2019, también ha hecho rememorar en buena parte de ellos los recuerdos de aquel 22 de julio de 2011. 

Una de las extras participantes, Samira, que en aquellos momentos no se encontraba en Oslo, nos comenta que sus hijas estuvieron a punto de ir a Utøya, al campamento de las juventudes laboristas en el que Breivik desembarcó asesinando a sesenta y nueve personas durante una hora de terror. Para otros extras que forman parte del centenar que ruedan las escenas de desolación, ésta es una oportunidad de recordar la tragedia, aunque a veces eso supone tener que aflorar emociones que, siete años después, aún no están cerradas. Durante el rodaje se ven algunas lágrimas entre los extras, mientras recrean esos momentos de confusión tras el estallido de la bomba; escenas que, entre la humareda y los destrozos provocados por la deflagración, parecen propias de una película de horror. El director, Pål Sletaune, responsable también de algunos capítulos de la exitosa serie Okkupert (TV2 Norge, 2015-), es minucioso a la hora de componer el encuadre, inspirado por aquellos primeros videos que mostraban las consecuencias de la tragedia.

Noruega parece haber vivido algunos años de letargo después de la tragedia. Quizás porque enfrentarse a un acto terrorista como éste, resulta especialmente duro para un país que, en general, se vanagloria de vivir con tranquilidad. El distrito gubernamental, de hecho, aún permanece tal como quedó tras las bomba, casi como una especie de monumento inerte a la tragedia. En una de las paradas de autobús cercana al edificio bajo el que Breivik aparcó la furgoneta-bomba, se pueden ver fragmentos de periódicos con las noticias del 22 de julio de 2011 y solo una pared de cristal recuerda los nombres de las 77 víctimas mortales de los dos atentados. Se ha debatido mucho sobre el futuro de este distrito gubernamental, y de hecho se ha realizado un concurso de propuestas arquitectónicas para sustituir a los edificios actuales. Para muchos noruegos sería, además, una oportunidad de eliminar esas moles de hormigón que conforman la zona, arquitectura de influencia soviética que forma un conjunto no especialmente atractivo. Una de las principales dificultades está en extraer los cinco grandes murales que se encuentran en los bloques H e Y, los primeros que el artista malagueño Pablo Picasso realizó en hormigón.


Los aledaños del distrito gubernamental también son parte del rodaje. Como la céntrica calle Møllergata, la misma en la que se encuentra el bar Justisen, en el que Harry Hole, protagonista de los best-sellers escritos por Jo Nesbø, a veces ahoga en alcohol su depresiva existencia. La calle, cortada al tráfico para el rodaje, se convierte de nuevo en un escenario de guerra, con cristales y escombros provocados por la onda expansiva. Emily, una de las extras de este día de rodaje, estudia cine en Londres, y ha aprovechado sus vacaciones para participar en la serie. Ella no vivió directamente las consecuencias del atentado, pero sí recuerda el impacto que provocó en un país, sede del Premio Nobel de la Paz, que parecía vacunado contra la violencia terrorista. Y que el autor de la doble masacre fuera noruego es lo que provocó la mayor sensación de impotencia y perplejidad.

Rodaje de la serie 22 Juli (NRK, 2019)
En este sentido, Noruega ha tenido que vivir en los últimos años con la sombra del autor de los atentados, Anders Behring Breivik, un extremista de derecha que pretendía cambiar el curso de la política de su país y de Europa. Primero, con el juicio en el que se le acabó condenando a 21 años de cárcel revisables, y después con la demanda que interpuso contra el gobierno noruego por trato inhumano, y que finalmente ganó en los tribunales europeos en 2017, pero que ha sido apelada por las autoridades. Quizás por eso su figura no está presente de forma específica en esta serie, donde los protagonistas son diferentes víctimas colaterales a las que los atentados afecta de diversa forma. Pero no hay un retrato personal del asesino, cuyo nombre ni siquiera quieren pronunciar muchos noruegos.

Su figura también resulta casi fantasmal, solo vislumbrada en forma de sombra amenazadora, en la película Utøya. 22 J (Erik Poppe, 2018), que se estrenó en marzo en Noruega. El director de Hawaii, Oslo (Erik Poppe, 2004) y La decisión del rey (Erik Poppe, 2016) se centra sobre todo en los asesinatos cometidos en la isla de Utøya, a través de un ejercicio técnico admirable que presenta en un solo plano secuencia esos 72 minutos de terror que vivieron los más de 500 jóvenes que asistieron al campamento del partido Laborista. En este sentido, la película apela directamente a la víscera emocional, y la intención del director se centra en vincular al espectador con la experiencia que vivieron los jóvenes. Se puede discutir si la película resulta éticamente cuestionable por su insistencia en la victimización, y sobre todo por su casi inexistente reflexión en torno a los acontecimientos, solo vislumbrada en esa velada crítica a la inoperancia de la policía noruega durante la hora que el asesino estuvo disparando en la isla de Utøya. Quizás se podría haber esperado de una producción noruega sobre la tragedia algo más de introspección en torno a la tragedia, aunque sin duda la película de Erik Poppe resulta tan visceral que a veces parece que estamos contemplando una película de terror. 
Utøya. 22 Juli (Erik Poppe, 2018)
A estos proyectos de producción noruega se une también este año la película 22 July (Paul Greengrass, 2018), presentada en la Mostra de Venecia con buena recepción crítica y considerada como una de las firmes candidatas a la próxima edición de los Oscar. Basada en el libro Uno de los nuestros (Åsne Seierstad, 2013), que disecciona la personalidad del terrorista Anders Breivik, la visión cinematográfica de Hollywood en torno a los atentados resulta más completa, ya que no solo abarca los hechos en sí, sino también el posterior juicio a Breivik y sus ramificaciones políticas. En Noruega no se ha visto con buenos ojos que Hollywood se haya convertido en co-protagonista de esta recuperación del recuerdo. Pero lo cierto es que, por el momento, se trata de la producción que consigue ofrecer una visión más general de los acontecimientos. A los primeros 40 minutos trepidantes en los que se describen los ataques, le sigue una visión más pausada de los acontecimientos posteriores, que implican también las consecuencias políticas y los fallos de seguridad que un país como Noruega no parecía asumir. 

Protagonizada por actores noruegos pero rodada en inglés, la película ha sido calificada como un "inteligente acercamiento" a las consecuencias de una tragedia evitable, y tiene en el trabajo de Anders Danielsen Lie, en la piel del autor de los atentados, uno de sus principales hallazgos. El actor se dio a conocer precisamente en 2011, con la película Oslo, 31 de agosto (Joachim Trier, 2011), una de las miradas más radicales en torno a la sociedad noruega, y posteriormente le hemos visto en series como Nobel (NRK, 2016-). Su interpretación de Anders Breivik es espléndida, aunque el retrato del personaje resulte algo convencional, especialmente en su contraposición a las víctimas, e incorpora un mensaje simplista en el que realmente se pierde la oportunidad de hacer una reflexión seria sobre el apogeo del pensamiento racista de extrema derecha en toda Europa. 

A la espera de ver la serie producida por NRK para el próximo año, nos parece que la visión del británico Paul Greengrass en torno a la tragedia resulta más compleja que la incursión del noruego Erik Poppe. Y en este sentido, da la impresión de que el sentimiento personal de los noruegos hacia este brutal ataque les impide acercarse al mismo con la suficiente distancia como para abordarlo sin distorsiones emocionales. La propuesta de Poppe se ha visto también con cierta controversia ética por su empeño en acercarse a la tragedia desde un punto de vista visceral, pero de la misma manera el acercamiento de Paul Greengrass acaba siendo menos radical que otras películas suyas que han abordado hechos violentos, especialmente en el caso de Bloody Sunday (Paul Greengrass, 2002). Sin duda, 2018 parece el año en el que un país que no estaba acostumbrado a sufrir las consecuencias de los extremismos violentos, comienza a exorcizar los fantasmas del recuerdo para enfrentarse a él con cierta objetividad. Y aunque los resultados puedan ser dispares, al menos Noruega empieza a mirar a aquella tragedia algo más alejada del dolor y la frustración que provocó en su momento. Mientras, el terrorista Anders Breivik sigue cumpliendo en una cárcel de máxima seguridad. 



Occupied se puede ver en Movistar +
22 de julio se estrena el 10 de octubre en Netflix
Utøya. 22 de julio se estrena en España el 16 de noviembre


14 agosto, 2018

Øya Festival 2018: Patti Smith vs. Kendrick Lamar

Acaba de concluir la última edición del festival de música más importante de Noruega. Øya Festival atrae cada año a la ciudad de Oslo a casi 100 artistas entre lo más destacado del panorama internacional, especialmente en el rock y el pop. Pero este año se ha notado especialmente la diferencia entre la mercadotecnia y la pasión rockera, mezclado con aires de inversiones millonarias que quieren afianzar el futuro del festival.


Entre Kendrick Lamar y Patti Smith no hay apenas coincidencias, excepto que este año formaron parte de la extensa programación del Øya Festival, junto a otros nombres destacados como Arcade Fire, Artict Monkeys, Charlotte Gainsbourg, Lykke Li o Neneh Cherry. Pero ambos representan, en cada una de sus facetas, las dos caras de una industria que sigue adaptándose a la revolución que ha supuesto la transformación de las formas de acceder a la música. Es indudable que Kendrick Lamar es uno de lo artistas más populares del momento. Su concierto fue posiblemente el que más público atrajo, pero los resultados fueron algo decepcionantes. Kendrick Lamar forma parte de esa parte de la industria que, aunque pretenda pasar por revolucionaria y contestataria, en realidad es la más programada, compartimentada y sumisa. Su concierto fue técnicamente perfecto pero emocionalmente insulso. La transmisión humana del artista hacia el público parecía también programada, sosa, como si las mismas palabras que Lamar dirigía a los entregados espectadores sirvieran igual para un concierto en Oslo que en Pekín. Y salimos también con la sensación de que supo a poco su actuación, porque aunque la programación del festival anunciaba una hora y media de concierto, éste no llegó ni a la hora. Sin duda, fue el más espectacular de los celebrados este año, hay que reconocerlo, pero hemos percibido en estos cuatro días otros momentos más emocionantes en los que realmente uno puede reivindicar el amor por la música.

Kendrick Lamar estuvo algo decepcionante
Uno de esos momentos lo vivimos el último día del festival con Patti Smith. Primero hay que decir que hubo cierta falta de previsión por parte de la organización, porque Patti Smith se presentó en uno de los escenarios más pequeños, y uno de los dos cubiertos, Cirkus, lo que hizo que mucho público se tuviera que quedar fuera, aunque tuvieran acceso al concierto. Posiblemente una artista como Smith hubiera merecido un escenario más generoso y al aire libre, pero parece que no se esperaba que tuviera tanto poder de convocatoria. Patti Smith acaba de participar en la banda sonora del documental El Papa Francisco: Un hombre de palabra (Wim Wenders, 2018), con una canción que podríamos ver nominada al Oscar, posiblemente motivada por esa cierta fascinación que le ha producido el pontífice desde que actuó en el Vaticano en 2014, y eso que la rockera eterna nunca se ha considerado católica. Pero lo que no se le puede negar a este icono del rock y el punk es su capacidad para darlo todo sobre el escenario, a sus 72 años, en un concierto que (éste sí) duró una hora y media y fue la gran demostración del poder de la música. La artista norteamericana parecía tan cómoda que podría haber estado más tiempo ofreciendo ese repertorio de canciones salidas del alma que forman parte de una trayectoria que ya es historia de la música. Pero, al margen de su aportación al punk y el rock, sobre el escenario demostró ser una auténtica fuerza de la naturaleza, y su empatía con el público consiguió derrumbar esa cuarta pared que, en el caso de artistas como Kendrick Lamar, son de hormigón puro.

Øya Festival se desarrolla a lo largo de cinco días en Tøyenparken, una amplia zona de parque situada a pocos minutos del centro de Oslo. Durante cuatro días los conciertos se desarrollan en los cinco escenarios que se sitúan en el parque, el centro neurálgico del festival, mientras que el primer día, Klubbedag, es el que se dedica a numerosas actuaciones que tienen lugar en las principales salas de concierto de la ciudad, algunas de las cuales también ofrecen conciertos el resto de los días a partir de las 23:00. Se trata por tanto de una semana llena de música que, aunque en el panorama internacional es un festival relativamente pequeño, en Noruega es la cita musical más importante del año, con más de 85.000 espectadores. Su nombre, Øya ("isla") viene precisamente de sus inicios, cuando en 1999 comenzó a celebrarse en Kalvøya, una de las islas que forman el fiordo de Oslo. Posteriormente se trasladó a Middelparken, un parque situado en el centro de la ciudad, que se quedó pequeño ante la cada vez mayor afluencia de público. Y desde 2014 se celebra en Tøyenparken, donde puede acoger un espacio mucho más amplio para convertirse en una auténtica ciudad de la música, con la participación de más de 3.000 voluntarios.

Gran actuación de Arcade Fire
A lo largo de estos cuatro días hemos visto también otras actuaciones destacables, como la de los canadienses Arcade Fire, que ofrecieron una performance frenética y divertida; la norteamericana Jenny Lewis, otra de esas rockeras que saben atrapar a los espectadores; o la francesa Charlotte Gainsbourg, que comparte con Jenny Lewis su doble vertiente tanto en la música como en el cine, porque ambas han compaginado las dos carreras. Pero en el caso de Charlotte Gainsbourg nos pareció algo distante y simplemente correcta.

Como suele ocurrir en este tipo de festivales, la programación "paralela", fuera de los escenarios principales, nos ha dado las mayores alegrías. Como ese concierto emocionante y cercano del joven artista norteamericano Moses Sumney, que fue toda una revelación. Y que acaba de publicar un excelente EP, Black in Deep Red, 2014 (2018, Jagjaguwar), que le confirma como una de las voces más particulares del panorama musical actual. Y no podemos dejar de lado esa poderosa voz de la cantante norteamericana St. Vincent, que publicó el año pasado uno de sus mejores discos, Masseduction (2017, Loma Vista Recordings), y que nos ofreció una puesta en escena intensa y rompedora.

Los festivales de música se enfrentan a un futuro incierto. El aumento del presupuesto que pretenden las casas discográficas, que quieren así contrarrestar la teórica (solo teórica) influencia negativa que la difusión en streaming tiene en la venta de discos, (que sin duda es cierta, pero que lo único que ha hecho ha sido obligar a cambiar el modelo de negocio sin por ello suponer un real descenso de beneficios), implica que llevar a un artista a los escenarios internacionales sea cada vez más costoso. Lo que hace peligrar la trascendencia de festivales de mediano tamaño como éste y por tanto su supervivencia.

Øya Festival cuenta con un apoyo muy claro por parte del gobierno noruego, incluso económico. Y lo hace principalmente por dos razones, al margen de su condición de gran festival: por un lado, el apoyo claro a los artistas escandinavos en general y noruegos en particular que el Festival ha demostrado desde sus inicios. Siempre hay un hueco en la programación para los más destacados grupos y cantantes del momento, este año representados por la sueca Lykkie Li y por el ídolo adolescente noruego Cezinando, pero también para otros muchos grupos como la excelente formación instrumental noruega Steamdome o los emergentes Orions Belte, con su mezcla de blues y música underground que dio lo mejor de sí en un espléndido concierto.

El parque urbano de Tøyen acoge el festival desde 2014
El otro lado positivo del festival es su conciencia ecológica. Con una especial atención por el mantenimiento del espacio en perfecto estado, hacen un especial esfuerzo en las patrullas de limpieza, muchas de ellas formadas por voluntarios (incluso cuentan con una patrulla especial de niños), que realizan un trabajo concienzudo. Y se esmeran también en contar con una buena representación de productos ecológicos en sus zonas de comida. Esta conciencia ecológica en un país como Noruega que ofrece un perfil especialmente medioambiental (sobre todo ahora que Oslo ha sido declarada Capital Medioambiental de 2019), aunque en realidad esta cara amable frente a la naturaleza pueda ser más que discutible, le permite al festival tener un perfil positivo que sin duda ha contribuido también a su éxito.

Pero lo cierto es que un festival de las características de Øya Festival resulta cada vez menos sostenible. Y por eso finalmente ha acabado siendo adquirido por un fondo de inversiones norteamericano que le permitirá tener el músculo financiero adecuado para afrontar el futuro con cierta tranquilidad. Los fundadores del festival, Claes Olsen y Linn Lunder, pretenden dejar claro que ellos y sus socios noruegos siguen teniendo el control creativa y administrativo, para evitar suspicacias incluso a nivel político. Y la verdad es que, aunque los beneficios de un festival de estas características no suelen ser grandes, este tipo de eventos parecen ser lo suficientemente atractivos para los fondos de inversiones. Por eso, la empresa norteamericana Providence Equity Partners, con unos activos de 58 billones de dólares, ha decidido invertir en tres festivales europeos, por el momento. A través de su filial Superstruct Entertainment Group ya han comprado el festival de música electrónica Sonar de Barcelona, con más de 120.000 asistentes; Sziget en Budapest, que en 2016 alcanzó su record de 496.000 espectadores; y Øya Festival en Oslo. Por su parte, otro fondo de inversiones estadounidense, The Yucaipa Companies, ha comprado Primavera Sound, el otro gran festival que se celebra en Barcelona.

Numeroso público se da cita cada año en Øya Festival
No sabemos de qué forma real influirán estos fondos de inversiones en el futuro de estas citas musicales. Es, sin duda, un riesgo importante por parte de sus organizadores ponerse en manos de estas corporaciones que no suelen tener reparos en fagocitar sus propias inversiones cuando éstas no dan los resultados esperados, pero también es cierto que, dado el cambio de modelo de negocio que está viviendo la industria musical, los festivales necesitan una estructura económica lo suficientemente contundente como para hacer frente a su consolidación.