15 julio, 2009

"Lake of fire": La sombra de la duda

El verano es una buena época para recuperar títulos perdidos. Entre ellos, recomendamos especialmente Lake of fire, de Tony Kaye, una visión completa y compleja en torno al tema del aborto que en España permanece inédita.

Tony Kaye es uno de esos directores de los que nos gustaría ver más cosas. A pesar de haber conseguido realizar una de las visiones más brutales sobre el fanatismo con American History X (1998), no se ha prodigado excesivamente en los cines con nuevos proyectos. Quizás el hecho de que tuviera un fuerte enfrentamiento judicial con la productora New Line e incluso con el Director's Guild of America, el sindicato de directores en Hollywood, acusado en numerosas ocasiones de actuar como un lobby para realizadores afines más que como un auténtico recurso sindical para la profesión, ha sido fundamental para entender por qué Tony Kaye no ha logrado mantener una filmografía constante.

En todo caso, al menos pudo dedicar suficiente tiempo para elaborar un contundente acercamiento al debate en torno al aborto en Estados Unidos, principalmente a través de las acciones protagonizadas por las asociaciones Pro-Vida y las asociaciones Pro-libre elección, enfrentadas de forma contundente durante años. Algo así a lo que ha sido (está siendo) el debate en España tras el reciente anuncio de la modificación en la Ley del Aborto.

Lo curioso, en todo caso, es que en nuestro país no exista un debate real sobre el tema, o que películas que pueden aportar una visión en torno a la complejidad de esta elección hayan quedado fuera de nuestras pantallas.

Lake of fire es un documental de dos horas y media en el que el director no tiene el menor problema en plantear las dudas que pueden asaltarnos a quienes mantenemos una postura no radicalizada sobre cualquier debate de calado ético o moral. Y realmente define con precisión la contaminación que las ideologías políticas y/o religiosas pueden tener en la verdadera discusión en torno al aborto.

Al margen de ser un documental modélico en cuanto a construcción narrativa, Lake of fire (el "lago de fuego" con el que define uno de los entrevistados el infierno en el que se quemarán las miles de personas que luchan por la libertad de decisión de las mujeres) es una película que plantea una terrorífica realidad. Estados Unidos está poblada de fundamentalistas que resultan tan o más peligrosos que los fundamentalistas que vemos todos los días autoinmolación en los países árabes. La trama principal del documental se centra, de hecho, en el relato de la serie de asesinatos y atentados cometidos por miembros de asociaciones Pro-Vida en los años noventa y principios del 2000.

Y muestra de forma explícita la práctica de un aborto. Pero no parece que el director quiera resultar polémico o exhibicionista, sino que forma parte de la postura imparcial que adopta en todo momento y que al fin y al cabo pasa por mostrarnos la realidad de una dramática intervención que vacía a la mujer no sólo físicamente sino sobre todo emocionalmente.

Y es en esta postura de duda constante en la que Lake of fire consigue ofrecer uno de los planteamientos más profundos que hemos visto sobre un debate que está bloqueado por el fanatismo y la violencia.


08 junio, 2009

Home: ¿ecologismo interesado?

En una operación de marketing sin precedentes, ha llegado a las pantallas Home, una película que advierte sobre el cambio climático con escasas propuestas y pocas aportaciones novedosas, bajo el paraguas publicitario de las mismas empresas que contribuyen a destruir los recursos.

Siguiendo la estela de otras producciones como Vu du ciel (2007) o La Terre vu du ciel (2004), el fotógrafo francés Yann Arthus-Bertrand nos ofrece un ramillete de imágenes espectaculares y sorprendentes en ocasiones que, acompañadas por la siempre contundente música de Armand Amar (quizás reiterando demasiado sonidos que ya venimos escuchando en otros trabajos suyos), forman el envoltorio de una película ecologista de denuncia que se ha estrenado en muchos países aprovechando la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente.

La operación incluye no solamente el estreno en salas cinematográficas, sino también la edición de la banda sonora, el DVD y el Blu-ray a precios bastante asequibles o la posibilidad de poder ver gratuitamente hasta el 14 de junio esta película en un canal especial de Youtube, con alta calidad y, eso sí, en la versión hispana narrada por Salma Hayek (en España el narrador es Juan Echanove y en la versión internacional en inglés, Glenn Close). La verdad es que resulta interesante escuchar la narración de la actriz mexicana, mucho más cercana y menos engolada que la del intérprete español. Eso sí, teniendo en cuenta la escasa motivación de un guión repleto de lugares comunes y estructuralmente poco innovador. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de contarnos en poco más de una hora y cuarto lo mal que está nuestro planeta para despacharnos en 10 minutos lo que podemos hacer para cambiarlo.

Home es una iniciativa, como todas las que se hagan, necesaria para alimentar las conciencias de vez en cuando, pero resulta tan anodina y superflua como aquella propuesta producida y presentada por Leonardo DiCaprio, The 11th hour, que aquí en España se editó directamente en DVD. Sólo las imágenes cenitales de diversas localizaciones en todo el mundo, algunas de ellas de una plasticidad sorprendente, aportan cierto rigor visual a un documental que, por lo demás, termina siendo cansino y reiterativo.

Lo que toca un poco los cojones de esta propuesta son sus patrocinadores. Que a Luc Besson le entre ahora la vena ecologista podemos pasarlo por alto, pero que un Grupo de empresas aglutinado bajo el epígrafe genérico PPR sea el principal valedor de esta iniciativa, sobre todo cuando entre ellas se encuentran Puma, Gucci, Balenciaga o Yves Sain-Laurent,
causa verdadero pavor.

Puma ha sido acusada en numerosas ocasiones junto a otras marcas deportivas de fabricar sus productos en países tercermundistas en los que se pagan 2 dólares al día por pegar prendas o 50 centavos por coser balones. Se incluyó en la lista de marcas multinacionales, junto a Adidas, Asics, New Balance y Nike, que aportó la Campaña Internacional "Juega Limpio 2008", en la que se denunciaba la explotación de personas para beneficio de estas empresas.

Este mismo mes, Greenpeace ha denunciado el vínculo de grandes marcas de ropa con el proceso de deforestación de la selva amazónica (precisamente, una de las prácticas denunciadas en la película). Entre estas marcas se encuentran, entre otras: Gucci, Reebok, Nike o Ikea. Y, por cierto, también están las españolas Inditex, Adolfo Domínguez e Iberia, habituales clientes de una industria ganadera que, tras una investigación de tres años, se ha perfilado como una de las principales responsables de la deforestación y las emisiones de Co2.

Que las multinacionales quieran lavarse las conciencias apoyando programas medioambientales cuando por otro lado cagan mierda es hasta cierto punto comprensible. Que nos quieran hacer a todos partícipes de su hipocresía resulta indignante.


09 mayo, 2009

Música para la paz

Una inciativa de cohesión y comprensión a través de la música se ha convertido en una de las propuestas más fascinantes del panorama internacional.

Hace más de diez años, el productor musical Mark Johnson se encontraba en el metro de Nueva York cuando vio a dos monjes vestidos de blanco tocando música: uno a la guitarra y el otro cantando en una lengua extraña para quienes la escuchaban. Alrededor de esos dos músicos se congregaron más de 200 personas escuchando, sintiendo, emocionándose con lo que oían. La idea surgió entonces en la cabeza de Mark Johnson. Celebrar el poder de cohesión de la música alrededor del mundo a través de aquella que suena en la calle, la de los músicos callejeros.

Durante todos estos años, Mark Johnson y un pequeño equipo técnico han viajado por los más diversos escenarios "componiendo" versiones de temas clásicos o menos conocidos a través de la unión de diferentes voces, instrumentos, sonidos. Surge así una mezcla fascinante que otorga una dimensión distinta a canciones mil veces escuchadas. De Italia a Sudáfrica, del Nepal a Israel, del Congo a España, músicos que habitualmente tocan en la calle, desconocidos, son los verdaderos protagonistas de un proyecto titulado Playing for change que pretende utilizar la música para celebrar la paz.

La iniciativa puede sonar algo ingenua. Ya lo decía Neil Young cuando cantaba "Just singing a song won't change the world", una mirada mucho más pragmática, y podría entreverse, claro, el factor comercial de un proyecto que vende ya CD, DVD y merchandising. Pero, al menos, estas propuestas otorgan a la música el lugar que realmente le corresponde, no como transacción entre multinacionales, sino como fusión de sentimientos y creatividad a través de músicos a los que la web oficial www.playingforchange.com da la oportunidad de trascender fuera de su ámbito local para alcanzar una repercusión internacional.

El título de la iniciativa tiene doble sentido: por un lado, "tocar para cambiar" lo que haya que cambiar; por otro lado, tocar para conseguir ese cambio en monedas que nos dan cuando compramos algo, esas monedas que suelen acabar en el sombrero de un músico callejero. El equipo estuvo grabando también en la Nueva Orleans post-Katrina, y se encontró un ambiente desolado, pero en el que la música, la de la calle y la de los clubs, seguía sonando. Pero el gran descubrimiento del proyecto es la voz ronca, potente, escalofriante de Roger Ridley, un músico callejero de Santa Monica que nos provoca granas de viajar a California sólo para buscarle y escucharle. Su participación en la emocionante versión del "Stand by me" o su desgarrada interpretación de "Bring it on home" son auténticas joyas.

El proyecto incluye también grabaciones en video que conforman un documental dividido en episodios ocupados por una canción distinta.

Episodio 1. Presentación a cargo de Mark Johnson del proyecto

Episodio 2. Stand by me



Episodio 3. One love



Episodio 4. Don't worry



Episodio 5. Izulu



Episodio 6. Bring it on home



Episodio 7. Chanda mama