27 diciembre, 2008

Cortometrajes equidistantes

La producción de cortometrajes nos presenta algunas sorpresas para bien y para mal. Dos cortos radicalmente distintos en concepto, medios y resultados, acaparan nuestra atención.

Tiene mérito conseguir que un cortometraje realizado con medios mínimos y casi en familia consiga ser seleccionado para el Festival de Sundance. El ataque de los robots de Nebulosa-5, de Chema García, lo ha hecho. Claro que su trayectoria viene avalada por un buen número de premios y de presencia en otros festivales como el de Gijón que de alguna forma subrayan el interés que despierta esta historia sencilla, de imágenes casi minimalistas, que sabe extraer sus mejores virtudes de la narración en off. Y contiene una reflexión más profunda de lo que pudiera parecer sobre la soledad y la alienación. A pesar de sus herramientas escasas, este es uno de esos cortos que, aunque no gusta a todo el mundo, sí al menos encuentra en cierta identificación cinéfila y del mundo del cómic un buen caldo de cultivo para hacerlo atractivo y hasta situarlo en la estela de esos trabajos surrealistas de la filmografía de David Lynch como cortometrajista.


En otro mundo diferente se encuentra The end, el último corto del director de moda en este género, Eduardo Chapero-Jackson que, tras llevarse todos los premios posibles (y algunos más) con Alumbramiento, se ha embarcado en una producción de gran calado rodada en Almería como proyecto, y patrocinada por Emasesa (ahí es nada). Lo mejor de este corto que plantea un futuro desalentador (y tampoco tan irreal como pudiera parecer) en el que la supervivencia depende de la gestión de la poca agua que queda en el planeta, radica en su propuesta como reinterpretación de un western apocalíptico. Rodada en inglés (no sé muy bien por qué) The end se ahoga (valga la gracieta tonta) en su propia ambición, y aunque es cierto que consigue en algunos momentos esa textura del cine del oeste sucio, también es cierto que Chapero-Jackson no parece el director idóneo para hacernos creer una historia con dosis de acción. Eso sí, se agradece que el corto te lo lleven a casa, aunque sea acompañado de una ridícula revistilla publicitaria de Emasesa y de un contenido extra en el que aparece el fantasma del alcalde de Sevilla.


Finalmente, el saludo y la enhorabuena para la productora sevillana Áralan que ha conseguido "colar" su corto Espagueti Western, de Sami Natsheh, entre los nominados al Goya al Mejor Cortometraje de Animación. Sus competidores son: El ataque de los Kriters asesinos, de Samuel Orti "Sam"; La increíble historia del hombre sin sombra, de José Esteban Alenda; Malacar y el misterio del bastón de roble, de Luis Tinoco; y Rascal's Street, de Marcos Valín, María Monescillo y David Priego. No les deseo suerte porque la calidad y la originalidad de la propuesta no la necesitan.



26 diciembre, 2008

Arte urbano (1ª Parte)

Un paseo por la ciudad nos descubre en ocasiones imágenes curiosas que engloban significados más complejos que la simple captación de la realidad. Aquí nos hacemos eco de algunas de ellas.

La Exposición urbana que presentaba un recorrido por las estrellas de cine que habían estado, rodado, pernoctado o simplemente deambulado por la ciudad de Sevilla, que se presentó durante la pasada edición del Sevilla Festival de Cine Europeo, tenía una clara vocación promocional (como todas las exposiciones que organiza el ayuntamiento). De todas ellas, sólo una fotografía, y además al día siguiente de su inauguración, fue objeto de una declaración de principios anónima. A la imagen de la cineasta Leni Riefenstahl le pintaron un bigotito como el de Hitler. Todo un discurso político resumido en una pincelada de rotulador.



La siguiente imagen refleja otra realidad del centro urbano de Sevilla. Mientras Lipasam (empresa municipal de limpieza) lanza campañas por una ciudad limpia, algunos dueños de establecimientos del centro ponen el dedo en la yaga con un cartel sencillo, pero lleno de contenido: "De esta manera deja Lipasan las puertas y escaparates tras el paso de sus operarios con la manguera". Efectivamente, quienes habitan, trabajan o aparcan en el centro de la ciudad, se acuerdan de lo que haya que acordarse cada vez que los que deben dejar las calles limpias, acaban ensuciándolas más de lo que estaban. La contradicción de una empresa municipal que hace aguas (y encima salpica mierda).


13 diciembre, 2008

¿Hay que saber inglés para ver un DVD?

Da la impresión de que existe poco control en el mercado del DVD. Igual que se exige que los aparatos que compramos tengan las instrucciones en español, debería exigirse a las distribuidoras de DVD que sus contenidos estén, al menos, subtitulados en nuestro idioma.

La SGAE anda últimamente haciendo el ridículo contratando detectives para espiar las fiestas de boda a ver si rascan algunos miles de euros (que luego tienen que devolver con creces para pagar sanciones de la Agencia de Protección de Datos), o exigiendo el pago del canon a las fiestas populares tradicionales como las Fallas, y esperando que no suene muy fuerte la carcajada que a uno le entran ganas de soltar en su jeta. Y digo yo, ¿es ésta la nueva política de José Luis Borau, presidente de la SGAE y reciente académico homenajeado en el Festival de Sevilla? Porque al fundamentalista Teddy Bautista ya lo conocemos de sobra.

Mientras tanto, nadie parece defender el derecho de los consumidores a que no nos den gato por liebre. Recientemente, AVEI (Asociación Videográfica Española Independiente) publicó una carta de protesta enviada al Ministerio de Cultura denunciando “la edición irregular” de DVD por parte de la empresa Producciones Naimara S.L. que distribuía, según la denuncia, “títulos sin la pertinente calificación por edades y sin el número de expediente del ICAA preceptivo; con números de expediente inexistentes; con calificaciones caducadas hace muchos años; sacar títulos con el certificado aún sin conceder o que no coinciden con los datos que contiene el listado del ICAA; usando números de expedientes y calificaciones copiadas de otros títulos o calificaciones y número de expediente copiado del que ha sido concedido a otra empresa; títulos que no indican las calificaciones por edades o calificaciones por edades inventadas.”

Esto está muy bien. Hay que denunciar las irregularidades para lograr un “mercado audiovisual de calidad”. Pero, si AVEI lucha por conseguir ésto, no se entiende que no denuncien igualmente la falta de información al consumidor cuando se publican, como hace Sony con muchos de sus clásicos, películas sin subtítulos en español o sin el formato adecuado, o como viene haciendo Warner incluso en ediciones especiales como Quo Vadis? o en ediciones de series como The wire.

¿Por qué no se denuncian desde AVEI estas prácticas, que vienen siendo habitualmente descritas en foros de aficionados como mundodvd? ¿Quizás porque algunos de los socios de AVEI, como Llamentol, son de los que habitualmente llevan a cabo esta práctica? ¿O porque los socios de AVEI no tienen cojones para enfrentarse a multinacionales como Sony y Warner, pero sí a empresas con menores recursos para defenderse?

Ya que la SGAE aboga por la absoluta legalidad, ya que AVEI y sus socios tratan de conseguir un mercado de calidad, no se entiende que la escasez de información en las ediciones en DVD (especialmente los clásicos, claro, que tienen un público más minoritario), sea todavía una asignatura pendiente en el mercado audiovisual español.

Sólo desde iniciativas personales de consumidores como la petición que pretende enviar a Sony Pictures Home Entertainment un grupo de aficionados en contra de sus lamentables ediciones de clásicos, se puede conseguir realmente que la calidad de los productos que se ofertan sea real. Las asociaciones de empresas que defienden una supuesta calidad acaban convirtiéndose en lobbies que sólo defienden lo que les interesa, porque entre ellos hay lobos con piel de cordero.

Por cierto, un mea culpa para los medios de comunicación que muchas veces actuamos más como elementos publicitarios, más que como informativos, cuando deberíamos ser los primeros en dar la correcta y completa información a nuestros oyentes-lectores.

Petición online contra Sony Pictures Home Entertainment


16 noviembre, 2008

"Bella": Cine panfletario

El cine es una buena vía de comunicación para expresar opiniones o incluso posiciones políticas. Pero cuando la mirada cinematográfica se convierte en un panfleto sensiblero y sesgado acaba resultando irritante.

Del actor mejicano Eduardo Verástegui sabemos dos cosas: 1. Que está como un queso y 2. Que es más conservador que Bush padre y Bush hijo juntos en una iglesia. Hasta ahí todo bien. Que el guapo protagonista de varias telenovelas salga haciendo declaraciones en contra del aborto o del matrimonio gay es comprensible, dada su educación religiosa. Que sus opiniones le importen a alguien es más bien dudoso. Pero que se convierta en mesiánico mensajero de éstas a través de una productora y de alguna película que ha logrado cierta repercusión en el mercado hispano es preocupante.

Metanoia Films, la productora fundada por Eduardo Verástegui en 2004, toma su nombre de una palabra griega que significa "conversión", trasladándola ahora al lenguaje religioso. El actor ha iniciado desde hace unos años (con videos colgados en la red) una cierta campaña contraria al aborto y destinada al público latino. El quesito dice en estos videos frases tan inteligentes como ésta: "El aborto no solamente es un negocio muy lucrativo, sino que también es utilizado por personas racistas como un medio para eliminar a nuestra gente, ya que ellos piensan que nosotros somos una amenaza para la democracia de este país (refiriéndose a Estados Unidos)" (sic). Es decir, que debe haber gente en USA (lugar, por cierto, donde trata de labrarse una carrera el actor mejicano sin demasiado éxito por ahora) secuestrando a mujeres y obligándolas a abortar, porque si no, no se entiende que esta opción de libertad personal suponga, como parece que piensa el quesito, una especie de exterminio de posibles futuros votantes.

Ahora se estrena en España Bella, una película de 2006 que más parece un panfleto de Pro-Vida que una historia coherente. La verdad es que no hay que negarle a Verástegui que va a por todas, tiene muy claras sus ideas (suele hablar del "holocausto del aborto"), y no tiene el menor problema en utilizar todos los recursos sensibleros, sentimentaloides y rastreros para tratar de mostrar sus ideas al respecto. Por ejemplo, en Bella establece un paralelismo entre la muerte de una niña en un atropello accidental (pérdida del ser querido) y la interrupción voluntaria del embarazo. Y va dando vueltas con una mujer embarazada que pretende abortar para enseñarle el camino adecuado a base de moralizantes mensajes de amor maternal y familia feliz (claro, coño, si la familia mejicana del protagonista tiene una casa que ya quisieran muchos yanquis).

Bella es una mala película, con aires de cine independiente, pero de recursos narrativos tan pobres que producen sonrojo. Lo curioso de la película y de los discursos del actor es que no tienen en cuenta en ningún momento el drama que viven las mujeres cuando deciden abortar, hablan desde la tranquilidad y la comodidad de un hombre que ve pasar desde lejos los nueve meses de gestación.

Que la película fuera un éxito entre el público hispano en Estados Unidos y en México no sorprende, dada la mentalidad conservadora de estos sectores. El mismo Verástegui ha hecho campaña en contra de Barak Obama por su posición frente al aborto. Sin duda, este mexicano asentado en Beverly Hills con su talonario bancario está más a gusto con la política de inmigración conservadora de George Bush.

07 noviembre, 2008

Cine europeo 2008 (2ª Parte)

Se acercan los Premios del Cine Europeo, esos galardones que siempre acaban premiando lo más obvio sin voluntad de riesgo, y aprovechamos la ocasión para hacer un recorrido por algunos títulos que, o bien han sido ya etiquetados como "películas del año" por su repercusión nacional, o bien tienen más interés que el que los festivales o academias de cine les han dado, y que por tanto resultan especialmente atractivos.

Hunger (Irlanda). Sin duda alguna, estamos ante uno de los títulos del año. Que una película pase con éxito por algunos de los festivales más importantes del mundo (Cannes, Venecia, Toronto), es sintomático de su calidad. Dirigida por Steve McQueen (sí, su nombre debe acarrearle constantes bromitas), un londinense debutante, Hunger se adentra en la dramática huelga de hambre que protagonizaron varios presos del IRA en 1981, que acabó con la muerte de diez de ellos. Atentos al actor protagonista, Michael Fassbender, que incorpora al activista Bobby Sands (uno de los fallecidos, convertido en mártir de la causa), porque otorga a su personaje ese aliento de realidad que sólo los grandes intérpretes saben dar. Si no hay sorpresas de última hora, quizás hasta acabe siendo una de las películas de los próximos Oscar. Pero de lo que no cabe duda es de que se trata de uno de esos títulos que hay que ver. Se programó en la Sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián e incomprensiblemente no aparece en la programación de otros festivales españoles que presumen de ofrecer lo mejor del año. Menos mal que, más tarde o más temprano, podremos verla en nuestras pantallas.

Loft (Bélgica). Un ejemplo cristalino de que en Europa se sabe hacer buen cine de suspense. En este caso se trata de un encuentro entre cinco hombres casados que deciden alquilar un loft entre todos (ya sabemos para qué). Pero cuando aparece el cadáver de una joven y ninguno de ellos reconoce haber estado con ella, las sospechas y desconfianzas mutuas se hacen más evidentes. Dirige Erik Van Looy, que ya demostró su magnífico pulso para el cine de acción con De zaak Alzheimer, ganadora del Premio Europeo a la Mejor Banda Sonora (del británico Stephen Warbeck). Estamos ante uno de los directores más interesantes de un cierto cine europeo que logra construir productos de género sin por ello renunciar a la originalidad. Atención a la banda sonora del alemán Wolfram de Marco (uno de los componentes del equipo de Hans Zimmer), que ha sido recientemente editada por el sello Moviescoremedia y que es uno de los trabajos musicales más interesantes del presente año.

Mr 73 (Francia). A otro al que ya teníamos calado es al francés Olivier Marchal, gracias a su buen hacer en el terreno del cine policíaco oscuro con 36 Quai des Orfèvres (titulada en España Asuntos pendientes), en el que conseguía reunir a los dos grandes actores del cine francés de las últimas décadas, Gérard Depardieu y Daniele Auteuil. El primero, convertido ya en una sombra de sí mismo, se dedica a participar en lo que sea con tal de un buen sueldo. El segundo sigue siendo (y lo será por mucho tiempo), uno de esos monstruos de la interpretación que, para mí, supera en maestría a otros clásicos sepultados por sus propios tics (caso de Robert DeNiro). En Mr 73, el director repite con Auteuil dándole uno de esos personajes bombón para un actor: un policía deprimido, autodestructivo, que se enfrenta a una auténtica pesadilla. Lo que otorga valor a esta espléndida película es su condición de cine de género que dibuja mejor los matices de sus personajes que la propia trama policíaca. Y, por ello, logra llevarnos al terreno de la sorpresa. Buen trabajo musical, como siempre, del imprescindible Bruno Coulais.

The bank job (Gran Bretaña). Personalmente, el cine protagonizado por la nueva estrella del género de acción Jason Statham me entretiene. Resulta tan excesivo (ahí tenemos como ejemplo Crank) que termina siendo divertido, por mucha violencia que contenga. Se podría pensar que el principal reclamo de esta película es su protagonista, y que estamos ante una nueva incursión en la narrativa del mamporro y la patada en los huevos. Pero nada más lejos de la realidad. Dirigida por el veterano Roger Donaldson, la trama está basada en un famoso robo que tuvo lugar en Londres en 1971, en el que los asaltantes lograron vaciar uno de los bancos más importantes de Inglaterra. Estamos por tanto ante una muestra de ese subgénero del guante blanco y el robo de bancos que tan bien suelen hacer los ingleses (por mucho que Roger Donaldson sea australiano). La película mantiene la atención durante todo el metraje, los actores hacen bien su trabajo y la trama resulta incluso impredecible. Se trata quizás de una de las historias de género más interesantes del año . ¿Por qué permanece inédita en nuestro país? Será que los distribuidores tienen miedo de "vender" a Stratham como algo más que una masa de músculos.

Flashbacks of a fool (Gran Bretaña). Otro que está empeñado en no quedar etiquetado sólo como el nuevo James Bond es Daniel Craig, cuya trayectoria anterior como excelente actor debería ser más que suficiente para evitarlo. No sé si al calor del estreno de Quantum of solace, alguien retomará esta otra película protagonizada por el rubio inglés este año, pero deberían hacerlo. Porque esta historia producida y protagonizada por Daniel Craig tiene los suficientes elementos de interés como para llamar la atención del espectador. En este caso, además, con el aliciente de ver a "007" incorporando a un actor de Hollywood en horas bajas al que la muerte del que fue su mejor amigo le provocará una melancólica mirada al pasado, por supuesto, repleto de culpabilidad y flecos por cerrar. La parte protagonizada por Daniel Craig no es la más interesante de la película, pero complementa con acierto esos "flashbacks" del pasado que tienen al joven actor Harry Eden como contrapunto. Emotiva, sincera, entretenida, quizás algo obvia en determinados momentos, Flashbacks of a fool es un buen melodrama que su director y guionista, Baillie Walsh, sabe manejar con solvencia. Por supuesto, no falta la escena en la que Daniel Craig nos enseña su, todo sea dicho, bonito culo. Los/las seguidores/ras del actor ya sabrán que es habitual verle el trasero en las películas que protagoniza, no se sabe si por exigencias del guión o, simplemente, por ego-culo-centrismo.


28 octubre, 2008

Internet cambia la televisión tradicional

La iniciativa de presentar estrenos simultáneos de series de éxito en Digital Plus supone el primer paso para un cambio de concepto en la oferta televisiva a los espectadores españoles. Internet ha provocado este cambio.

Frente a la conservadora mirada de algunos máximos representantes de sociedades de gestiones de derechos y de directivos apoltronados de cadenas de televisión populistas y populacheras, la masiva influencia que internet y sus diferentes formas de emisión está provocando en los espectadores de todo el mundo, da los primeros pasos en un cambio que se augura como muy profundo, aunque quizás no muy extendido.

Digital Plus viene emitiendo en las últimas semanas algunas series de éxito casi al mismo tiempo que su emisión en Estados Unidos. Es el caso del estreno prácticamente simultáneo (en Estados Unidos van por el capítulo 6) de Fringe, la última creación de J.J. Abrams (el responsable de Perdidos) y una de las pocas series nuevas que están consiguiendo el respaldo del público; también lo ha sido de Pushing daisies, de la 5ª Temporada de House o del reciente anuncio de la emisión del programa Saturday Night Live, uno de los clásicos de la televisión norteamericana.

Evidentemente, la cercanía en el tiempo de emisión entre los Estados Unidos y España (en el canal digital) supone también la eliminación del doblaje, con la presentación de todos estos programas en versión original con subtítulos. Pero ¿cuál es la razón de este profundo cambio? ¿Dejaremos de tener que esperar meses o años para ver las series internacionales de éxito en nuestro país?

Sin duda, la iniciativa de Digital Plus está provocada por la generalización del fácil acceso a estos formatos a través del p2p, lo que ha provocado incluso auténticas paradojas, como que una serie de gran popularidad como Héroes lo sea principalmente en los canales de internet y DVD, logrando escaso rendimiento en las emisiones televisivas de los canales autonómicos. Y la posibilidad de ver todos los grandes estrenos en versión original supone también la cada vez mayor aceptación por parte de los espectadores de las versiones originales (todo hay que decirlo, una franja de seguidores principalmente jóvenes y de cierto nivel cultural, no estamos hablando del público que ha convertido a Canal Sur en el canal autonómico de televisión más visto).

¿Se acabará el doblaje en televisión? ¿Asistiremos finalmente a estrenos internacionales simultáneos de series? ¿Veremos esta tendencia también en los canales de televisión tradicionales? Algo está cambiando y, por mucho que se plantee como el caos absoluto por parte de los compinches de una visión conservadora del audiovisual, el futuro nos depara nuevas ofertas diferentes y novedosas a las que tendremos que acostumbrarnos.

Claro que, si finalmente Digital Plus (con serias deudas) es comprada por Telecinco o Telefónica (sus dos principales pretendientes), la iniciativa puede irse al carajo. Que directivos de mentalidad cutre acaben llevándose el pastel de la televisión digital en España dice poco del progresismo del que tanto nos jactamos. Que Digital Plus se acabe convirtiendo en una hermana pobre de la programación carca de Telecinco supone un futuro poco prometedor.

19 octubre, 2008

Festivales: ¿quién se lleva el mejor trozo del pastel?

Hay una "sana" competencia entre las muestras cinematográficas que se suceden a lo largo del otoño en España, y que comienza en San Sebastián, continúa en Valladolid, desemboca en Sevilla y Huelva y acaba en Gijón. Pero ¿quién se lleva las mejores películas?

Suelen decir los responsables de los festivales que hay sitio para todos y que la cosecha anual de películas da títulos interesantes para que se repartan entre los festivales españoles, algunos de los más destacados se suceden (y a veces se solapan) en otoño. Yo discrepo de este, por otro lado, lugar común que sirve para justificar la mediocridad de la programación de los festivales de cine en los últimos años.

A lo largo del año, efectivamente, se estrenan miles de películas de cientos de nacionalidades pero eso no quiere decir que la calidad sea generalizada. Es más, de los festivales de Berlín y Cannes (de los que básicamente se nutren las distribuidoras y festivales españoles), son pocos los títulos realmente destacados, esos por los que los programadores se empeñan en luchar para que se estrenen (aunque sea una semana antes de su estreno comercial) en sus programaciones.

Posiblemente sea Gijón uno de los festivales que mejor sabe aislarse de esta carrera desigual. Y aunque Valladolid y Sevilla se hayan enzarzado en los últimos años en una inútil lucha por los premios más suculentos, tampoco parece que vayan a conseguir más de lo que ya tienen. Al final, son pocas las muestras que realmente ofrecen una programación interesante, arriesgada, formada por títulos que a cualquier distribuidor podría espantar, pero que contengan la esencia del buen cine.

Dentro de su condición de oferta "intelectual", los festivales españoles (también Cannes, Venecia contra Roma, Berlín contra los Oscar), acaban siendo proyecciones comerciales de nombres populares. Hasta llegar a la sinrazón de un Festival como Málaga, entre cuyos invitados había este año más actores de televisión que de cine.

Huelva, por su parte, parece que tiene la batalla perdida, por mucho que se empeñen en decir lo contrario. Que en un festival de categoría como San Sebastián haya una sección específica para el último cine latinoamericano ha terminado por borrar la capacidad de Huelva para lograr cierto interés en su programación.

Las distribuidoras son, este caso, las madames del burdel. Se ofrecen al mejor postor, se dejan querer, alimentan el interés, y acaban repartiendo sus servicios. Aunque las hay que tienen clientes "fijos": por ejemplo, Alta films es la distribuidora que mejor trata a la Seminci de Valladolid, para la que siempre tiene algún título destacado de inauguración o clausura; Golem apostó por Sevilla desde el principio, quizás porque quería colocarse en buena posición por si acaso cuajaba la fórmula.

Este año, Alta films ha repartido a sus "niñas" entre Sevilla y Valladolid. Para la Inauguración del Festival de Cine Europeo, ofrecerá Gomorra, la candidata por Italia a los Oscar, aplaudida en algunos festivales, pero que para nosotros (ver Cine europeo 2008, 1ª parte) no acaba de encontrar el ritmo adecuado para acabar siendo una película más que decente.

A Valladolid le ha dado, para su Clausura, un documental sin duda recomendable: Young@heart, del británico Stephen Walker, todo un alarde de sencillez para contar una historia que tiene en sus protagonistas, un grupo de ancianos que se dedican a dar conciertos interpretando versiones, digamos, personales de temas de Sonic Youth, The Clash o James Brown. Y aunque el director no escape a cierto sentimentalismo en la media hora final y acabe cayendo en los tópicos de la senectud simpática, sus protagonistas son un ejemplo de vida, de pasión por la música, de saber agarrarse hasta el último aliento para sacar provecho de nuestra existencia.


53 Seminci - Semana Internacional de Cine de Valladolid

24 de octubre al 1 de noviembre

V Sevilla Festival de Cine Europeo

7 al 15 de noviembre

34 Festival de Cine Iberoamericano de Huelva

15 al 22 de noviembre

46 Festival Internacional de Cine de Gijón

20 al 29 de noviembre



12 octubre, 2008

Cine europeo 2008 (1ª Parte)

Se acercan los Premios del Cine Europeo, esos galardones que siempre acaban premiando lo más obvio sin voluntad de riesgo, y aprovechamos la ocasión para hacer un recorrido por algunos títulos que, o bien han sido ya etiquetados como "películas del año" por su repercusión nacional, o bien tienen más interés que el que los festivales o academias de cine les han dado, y que por tanto resultan especialmente atractivos.

La ola (Alemania). No hay que preocuparse. El taquillazo del año en Alemania ya tiene distribuidora en España y hasta fecha de estreno (noviembre). Dirigida por Dennis Gansel, del que pudimos ver Napola, un drama bélico algo irregular, pero contundente, La ola ha sido uno de los títulos que mayor recaudación ha logrado en su país. Y sin duda intuimos que la historia debe haber tocado una fibra muy sensible entre los jóvenes alemanes: ¿podría repetirse en la sociedad actual un régimen dictatorial como el nazi? El avance de la ultraderecha en algunos países europeos (sobre todo por la corrupción e ineptitud de los partidos políticos demócratas), también ayuda a la reflexión. La película se basa en la historia real de un profesor que decidió instaurar, como ejercicio de clase de un instituto, una especie de régimen autárquico en su aula, creando finalmente una situación que se le escapó de las manos. El planteamiento es interesante, si no fuera porque el director nos cuenta la historia con los resortes del cine de adolescentes, posiblemente para lograr una conexión comercial que sin duda ha logrado, pero que acaba aniquilando la profundidad del tema. Y porque el guión desemboca en unos quince minutos finales ridículos, previsibles y toscos. Lástima.

Boy A (Irlanda). Esta producción irlandesa es una de las películas del año y su director, John Crowley, uno de los nombres a tener en cuenta en el futuro cine hecho en Europa o donde sea. De la historia, protagonizada por un joven "rehabilitado", es mejor contar poco, porque uno de los aciertos es precisamente la dosificación de información sobre el pasado del protagonista. Perfecto Peter Mullan (por fin recuperado para el buen cine después de muchos desaciertos) y espléndido el ¡norteamericano! Andrew Garfield (al que hemos visto en Leones por corderos o Las hermanas Bolena), que logra dotar a su personaje de esa turbulenta crisis interior que le define. Y milimétrica la planificación, que contiene algunos de los planos más sobrecogedores que se han visto en mucho tiempo. No tengo noticias de su estreno en España. Sería una lástima que se quedara en el olvido.

Gomorra (Italia). Otro de esos títulos clasificados por su repercusión internacional. Ganadora del Premio del Jurado en Cannes, elegida por Italia para ser su representante en los Oscar, la última película de Matteo Garrone toma como base la novela de Roberto Saviano, que le ha costado amenazas de muerte por parte de la camorra, sobre cuyas actividades, en un Nápoles que produce pavor, gira la historia. El film de Garrone no cita nombres ni situaciones reales (quizás por evitarse las amenazas de muerte) pero en todo caso tampoco hacen falta para mostrar la barbarie de una violencia diaria a la que nadie puede (o quiere) poner fin. En este sentido, cumple su labor de denuncia, pero en el terreno narrativo solo me acaba interesando una de las cinco historias que se cuentan, la de los dos jóvenes que van a su aire, sin querer rendir cuentas a ningún capo malnacido. Esta es la única trama que me libera de ese cierto hastío que produce una película de corrección formal (tono documental, casi neorrealista) con algunos momentos de perfecta sintaxis (la despedida de los dos amigos adolescentes cuando cada uno se une a una banda, la "deserción" de uno de los camorristas) pero de escaso poder de seducción.

Paris (Francia). Cédric Klapisch es uno de esos directores con especial capacidad para conectar con el gran público. Y, a pesar de resultados irregulares, el éxito ha sonreido a títulos anteriores como Una casa de locos o Las muñecas rusas. Este año se ha estrenado en Francia su última película, que es con diferencia la mejor de su aún breve filmografía. Este retrato poliédrico de la ciudad de París a través de historias de varios personajes contiene la esencia del mejor melodrama, y nos ofrece una compleja visión de una ciudad mil veces retratada. Por supuesto, le ayuda un reparto envidiable con lo mejor del cine francés actual: su habitual Romain Durais (perfecto en su debilidad), Juliette Binoche (más cercana que nunca, más seductora que nunca), Fabrice Luchini, Albert Dupontel y François Cluzet. Todos ellos construyen retazos de vidas que aman y sufren París.



18 septiembre, 2008

La "solidaridad" de los famosos

¿Por qué los personajes populares se empeñan en demostrarnos lo solidarios que son, lo que les preocupa la pobreza, mientras despilfarran el dinero en caprichos inútiles.

Posiblemente uno de los momentos más sonrojantes del espectacular, milimetrado pero por eso mismo frío concierto de Madonna en Sevilla fue cuando se empeñó en darnos un mitin visual contrastado lo malo y lo bueno de este mundo. Ya se sabe: la pobreza, el hambre, las guerras... Bush y McCain contra Teresa de Calcuta (sic), Bono, Bob Geldof… Obama. Muy bien, ya nos hemos enterado de que Madonna apoya a Obama. Pero, ¿acaso nos importa que la “ambición rubia” tenga una u otra ideología política? ¿Por qué ese empeño en lanzar discursitos llenos de obviedades para decir banalidades?

Madonna ha escrito, producido y encima narrado en primera persona el documental I am because we are, dirigido por Nathan Rissman, presentado en el Festival de Tribeca, sobre la trágica situación de más de un millón de huérfanos en Malawi a causa de las muertes de sus padres por la pandemia del SIDA. Sin duda, se trata de una producción que despertará la conciencia sobre hasta qué punto el continente africano sigue dejándose morir ante la indiferencia occidental. En este sentido, obras cinematográficas o iniciativas culturales que de algún modo despierten la atención sobre determinados problemas son sin duda bienvenidas.

Pero uno tiene ciertos prejuicios ante alguien que muestra en un concierto su preocupación sobre la hambruna mundial y al mismo tiempo reserva una planta completa de un hotel en Sevilla cuyas habitaciones no bajan de los 600 euros diarios.

Por cierto, penosa la imagen que el servicio de seguridad del Hotel Alfonso XIII ha dejado ante todo el país, después de que trascendiera a los medios que algunos de sus “gorilas” agredieron a un reportero del programa CQC cuando intentaba “colarse” con un ramo de flores para Madonna. Deberían adiestrarles mejor para que supieran que, sin estar acompañado por una cámara, un reportero de televisión poco puede hacer, y en todo caso, que impedir que alguien entre en un recinto no pasa inevitablemente por agredirle.


01 septiembre, 2008

Unos roban y otros difunden la cultura

El fenómeno del bookcrossing nació en 2001, cuando al norteamericano Ron Hornbaker se le ocurrió la idea de iniciar una comunidad de lectores que compartían libros dejándolos en determinados lugares públicos. El fenómeno ha alcanzado la cifra de más de medio millón de seguidores en todo el mundo.

Hoy en día puedes caminar por la calle y encontrar un libro reposando en una parada de autobús, en un banco del parque o en una estación. La web del programa literario de TVE Página 2 invita a sus espectadores a participar de la iniciativa, y coloca cada semana en lugares emblemáticos de diferentes ciudades españolas ejemplares de los libros de los que se ha hablado en el último programa.

La propuesta que nació como un juego se ha convertido en todo un referente en el mundo de la literatura, y se habla de él como una singular forma de difundir la cultura en todo el mundo, "liberando" libros gratuitamente que otros lectores pueden recoger y leer. Sin duda, se trata de una excelente forma de acercarse a la literatura, mucho más efectiva que muchas campañas promocionales.

Hasta el momento, no he oído que ninguna editorial haya puesto el grito en el cielo contra esta forma de compartir sus ediciones, y ni siquiera la SGAE, tan dada a sacar tajada económica de todo lo que se mueva (incluso de un escupitajo) ha pedido que los libros tengan un canon especial por esta práctica. No han faltado sin embargo críticas a la iniciativa. Por ejemplo, la escritora de novelas de ciencia-ficción Jessica Adams considera que los libros son "devaluados" con esta práctica y que se vulneran los derechos de autor.

Pero son voces excepcionales. En general, el fenómeno del bookcrossing es visto con simpatía por la sociedad cultural mundial. Uno se pregunta qué diferencia real existe entre "compartir" libros en las calles de las grandes ciudades y "compartir" películas o música en internet. Poca o ninguna. Pero, mientras que nuestros mentores culturales se corren cada vez que encuentran un libro en una parada de autobús, a los usuarios que comparten otros bienes culturales en internet se les demoniza y equipara a ladronzuelos en spots falaces que son emitidos con la connivencia de nuestros legisladores, aunque ninguna ley establezca que compartir sea equiparable a robar.

Diferentes formas de ver lo mismo. ¿Qué ocurriría si en vez de libros se dejaran DVD en los bancos del parque? Seguramente a algún iluminado de la SGAE se le ocurriría la necesidad de pagar una entrada para poder acceder a los parques públicos.

16 agosto, 2008

Lo mejor... y lo peor

Tres trabajos musicales se acercan a nuestro blog. Tres propuestas diferentes cuyos planteamientos y objetivos son también distintos, y cuyos resultados están entre lo mejor del año... y también entre lo peor.

La grabación más emocionante de todas es el último disco del trompetista Terence Blanchard para el sello Blue Note, ganador del Grammy al Mejor Album de Jazz. Aunque está publicado desde el pasado mes de noviembre, sin duda ésta es una buena ocasión para comentar
A tale of God's will (A Requiem for Katrina), un trabajo que está conectado con el espléndido, incisivo documental que dirigió Spike Lee para la HBO, titulado When the levees broke: A Requiem in four Acts (2006). Una obra que hay que ver como ejemplo de la perfecta ejecución de una miniserie de cuatro horas que, a pesar de su duración, mantiene un ritmo siempre constante y pone los vellos de punta por su descarnada descripción de la ineptitud (o simplemente la indiferencia) de la administración Bush para hacer frente a la catástrofe del Katrina y de la tragedia vivida por los habitantes de una ciudad sepultada en un 80% por el agua que rompió unos diques mal construidos.

Terence Blanchard, habitual colaborador de Spike Lee en magníficas bandas sonoras como
La última noche o Plan oculto, compuso una emotiva música para este documental, e incluso, como oriundo de Nueva Orleans, es uno de los entrevistados y protagoniza uno de los momentos más conmovedores del documental, cuando acompaña a su madre a las ruinas de su casa devastada por el huracán.

A tale of God's will se sostiene sobre cuatro de las composiciones creadas para el documental, incorporadas aquí con nuevos arreglos pero con esa condición de jazz arropado por una orquesta sinfónica que tan buenos resultados suele darle al trompetista y que. en este caso, le acercan a los sonidos de George Gershwin en ocasiones. Se trata desde luego de uno de sus mejores trabajos, que cosechó un gran éxito de ventas en Estados Unidos y que va desde los sonidos africanos del comienzo hasta la contundencia emocional de Levees (ese desgarrador blues que refleja la desesperación, primero, y la ira e impotencia, después, de los habitantes negros de Nueva Orleans), Wading through (magnífica revisión de uno de los temas principales de la película), The water (con esos aires sureños tan certeros), Mantra (el momento cumbre del disco, que uno de los músicos describe como "un mantra, una oración, que sirva para la curación y la renovación" de las víctimas del desastre) o Funeral dirge (impresionante escuchar este tema mientras vemos imágenes de los cadáveres flotando en las aguas de una ciudad devastada).

John Debney se adentra en el mundo de los videojuegos con la banda sonora de
Lair, una espectacular aventura medieval desarrollada directamente para Playstation 3. Debney se une así a otros nombres como los de Howard Shore o Harry Gregson-Williams, que han creado trabajos destacados para las consolas, demostrando el carácter casi cinematográfico que están adquiriendo estos productos.

En
Lair nos encontramos a un John Debney que sabe aglutinar lo mejor de algunos músicos de renombre, en una banda sonora espectacular de sinfonismo contundente y voces corales que se encuentra entre lo mejor de su irregular filmografía. Es cierto que hay numerosas referencias a composiciones cinematográficas conocidas (nos suena en ocasiones a Conan, el bárbaro, de Basil Poledouris; muchas veces al John Williams de El ataque de los clones; y hasta en algún momento al Bernard Herrmann de Con la muerte en los talones), pero lo cierto es que este conglomerado referencial acaba construyendo una creación musical compacta que nos parece de lo más recomendable de este año. Sobre todo por esa capacidad que demuestra John Debney para elaborar un frenético trabajo que tiene sus mejores momentos en temas como Diviner battle o ese hermoso Rohn's Theme.

No todo es interesante entre lo que hemos oido últimamente. Y decepciona sin duda la banda sonora de esa versión animada de
La Guerra de las Galaxias que se ha sacado de la manga George Lucas para seguir explotando lo que ya está exprimido hasta su último jugo. Star Wars: La guerra de los clones es una pedestre película realizada en animación 3D que tiene como músico a Kevin Kiner, compositor de episodios de series de televisión como Stargate SG-1 o CSI: Miami que se ha encontrado con la difícil papeleta de seguir los pasos de John Williams en la saga galáctica.

Que haya decidido desentenderse del trabajo anterior de John Williams es un poco incomprensible, dado el carácter de continuidad de la película, pero es una decisión que hay que respetar. Por eso, excepto al principio y al final (con una versión bastante churri del tema principal de
Star Wars) no hay ninguna otra referencia al espíritu sonoro de la serie. Eso sería comprensible siempre que hubiera sabido crear otro sonido que tuviera cierta coherencia temática y formal. Pero lo que encontramos en esta banda sonora es un batiburrillo de estilos (¡¡incluidas guitarras eléctricas!!) que acaba resultando cargante y deslavazado. Aunque la película tampoco es que se merezca un esfuerzo especial, al menos Kevin Kiner podría haber respetado cierto espíritu musical y prescindido de esas torpes y molestas incorporaciones electrónicas.

12 agosto, 2008

La gran tragedia china

Protagonista en estas jornadas olímpicas, China es también el eje central de dos películas que se acercan a una de las mayores masacres sufridas por sus habitantes a manos de los japoneses.

La llamada "tragedia de Nanjing" tuvo lugar en 1937, cuando los japoneses capturaron Shanghai y se dirigieron hasta la ciudad cercana de Nanjing, una de las principales arterias de población de China. Tras la huida de los oficiales, el ejército nipón entró en la ciudad protagonizando una de las más crueles violaciones de los derechos humanos que se han producido en el siglo XX. La cifra de civiles y prisioneros de guerra asesinados durante la ocupación no está clara, ya que muchos de los cuerpos fueron amontonados y quemados. Oficialmente, el Tribunal de Guerra de Tokio, que juzgó los hechos, estimó que fueron asesinadas entre 150.000 y 200.000 personas, aunque invetigaciones más recientes hablan de entre 300.000 y 500.000 muertos. Las violaciones también fueron habituales: se dice que cada noche se producían 1000 violaciones en la ciudad prota
gonizadas por soldados japoneses.

El documental norteamericano
Nanking, dirigido por Bill Guttentag (ganador de dos Oscar por sendos cortometrajes documentales) y Dan Sturman, se acerca a la actividad de los habitantes extranjeros (muchos de ellos misioneros y empresarios) que consiguieron crear una Zona de Seguridad que el ejército japonés se comprometi
ó a respetar.

La propuesta tiene un planteamiento inicial original, ya que utiliza las cartas escritas por estos extranjeros poniéndoles voz y presencia a través de un grupo de actores que, sentados frente a la cámara, interpretan a cada uno de los protagonistas,
entre ellos Stephen Dorff, Mariel Hemingway, Jurgen Prochnow o Woody Harrelson. Pero el documental nos acerca también a algunos supervivientes de la masacre, que recuerdan (muchos de ellos emocionados) las atrocidades cometidas por los japoneses, y también nos presenta las declaraciones de algunos de los soldados nipones que entraron en la ciudad de Nanjing. Aunque finalmente acaba siendo un documento emocionante que pone los pelos de punta por lo que se cuenta, no puede evitar caer en el cliché de las cabezas parlantes, que provoca cierta parsimonia en la narración.

Música:
Philip Marshall crea una espléndida banda sonora melódica interpretada por The Kronos Quartet que subraya la emotividad de algunas secuencias.

Los niños de Huang Shi es, por su parte, la última película del irregular Roger Spottiswoode, del que lo último que vimos en España fue
El sexto día (2000), aunque ha
seguido realizando películas, entre ellas una nueva adaptación del personaje de Patricia Highsmith, Ripley under ground (2005) o la adaptación al cine de la biografía del teniente canadiense Romeo Dallaire, que vivió al frente de las tropas de Naciones Unidas el genocidio ruandés, titulada Shake hands with the devil (2007), que obtuvo 12 nominaciones para los premios Genie canadienses.

Spottiswoode se acerca de nuevo a un personaje real, el periodista inglés George Hogg, que fue uno de los testigos de la masacre de Nanjing, tomando algunas fotografías que le fueron confiscadas por el ejército japonés, y protagonizando finalmente un viaje de cientos de kilómetros para tratar de salvar a sesenta niños huérfanos de las bayonetas de los japoneses, pero también del reclutamiento forzado en el ejército chino.

La película, que tiene previsto su estreno en España para octubre, está protagonizada por Jonathan Rhys Meyers, Radha Mitchell, Chow Yun Fat y la imprescindible en cualquier producción occidental sobre China, Michelle Yeoh (también la podemos ver actualmente en
La tumba del Emperador Dragón). Aunque consigue mantener el interés, Los niños de Huang Shi no puede evitar caer en ciertos tópicos (el huérfano rebelde) que lastran algunas de sus buenas intenciones. Políticamente correcta, la película (que supone la primera coproducción entre Australia y China), lleva a cabo una trama algo convencional con buenas interpretaciones de sus protagonistas, pero sin conseguir ese aire de gran producción, a pesar de los 10.000 extras participantes, que pretende.

Música:
El australiano David Hirschfelder, habitual colaborador de Roger Spottiswoode en sus últimas producciones, consigue una partitura entre espectacular y emocionante que sin duda contribuye a crear algo de ese aire de gran producción que pretende.

Dos películas que nos acercan a la realidad más traumática de China y que, al menos como referencia histórica, merecen la pena ser vistas.



31 julio, 2008

Programación Especial Agosto 2008

En Primera Fila continúa con su programación especial durante el verano de 2008, con algunos de los mejores compositores actuales del mundo del cine.

En agosto nos centramos en los nombres propios: la obra autónoma de un destacado músico argentino que ha colaborado con Francis Coppola; la de uno de los grandes clásicos fallecido este año o la de algunos de nuestros músicos de cabecera.

Julio 2008

Miércoles 6/Sábado 9
Wall-e - Thomas Newman
El excelente trabajo de uno de los miembros de la saga Newman para la última obra de animación de Pixar, con la incorporación de algunas canciones del musical Hello, Dolly!, protagonizado por Barbra Streisand, Michael Crawford y Louis Armstrong en 1969.

Viernes 8/Domingo 10
Hancock - John Powell / Superagente 86 - John Debney
Dos trabajos musicales de dos recientes estrenos de éxito. La potente banda sonora de John Powell para la incursión de Will Smith en el universo del héroe "antihéroe" y el trabajo de mixtura de John Debney para la irregular adaptación de la clásica serie de Mel Brooks.

Miércoles 13/Sábado 16
Leonard Rosenman
Fallecido el pasado mes de marzo, le dedicamos un homenaje en su día a uno de los autores más importantes de la música de cine de los 50, creador además de algunos trabajos menos conocidos que sus colaboraciones con James Dean, que escuchamos en este programa.

Osvaldo Golijov

Osvaldo Golijov ha realizado algunas incursiones en el mundo del cine en Vidas furtivas, de Agnieszka Holland, en el cortometraje de Alejandro González-Iñárritu en 11/09/01, junto a su compatriota Gustavo Santaolalla o en la última película de Francis Coppola: Youth without youth. Nosotros conoceremos algunas de las obras autónomas de este músico argentino, con grandes composiciones para ópera y ballet consideradas algunas de las mejores obras contemporáneas.

Viernes 15/Domingo 17
Ainadamar





Miércoles 20/Sábado 23
La pasión según San Marcos





Viernes 22/Domingo 24
Oceana





Miércoles 27/Sábado 30
Mar Dulce - Bajofondo Tango Club
Siguiendo en Argentina, nos acercamos al último lanzamiento del grupo que lidera Gustavo Santaolalla. Mar Dulce es un disco estrenado en 2008 que nos ofrece de nuevo un repaso electrónico por los sonidos del tango.


Viernes 29/Domingo 31
Alan Silvestri
Alan Silvestri volvió a colocarse en el punto de mira de los aficionados con su nueva colaboración con Robert Zemeckis en Beowulf, en la que mezcla sonoridades electrónicas con esa contundencia que Silvestri sabe dar a sus composiciones más espectaculares.

Septiembre

Viernes 5/Domingo 7
Wanted - Danny Elfman
Último trabajo de Danny Elfman en 2008, para la excesiva cinta de acción futurista que protagonizan Angelina Jolie y James McAvoy. Aunque en la película, con tanto destrozo resulta casi imperceptible, en nuestro programa podemos escucharla completa.

Miércoles 10/Sábado 13
Czech Phil plays Ghibli Studio
Una curiosidad editada solamente en Japón. Se trata de la interpretación de bandas sonoras de producciones de los Estudios Ghibli como Mis vecinos los Yamada, La princesa Mononoke o El castillo ambulante a cargo de la Orquesta Filarmónica de Checoslovaquia.

Viernes 12/Domingo 14
The legend - Joe Isaishi
Una de las últimas obras de Joe Isaishi para la superproducción The legend, editada exclusivamente en Japón y que ya estrenamos hace unos meses en nuestro programa.



22 julio, 2008

Mirando a la realidad de frente

Tres propuestas de “documental-discurso político” se enfrentan a sus ideas rodeados de polémica pero desplegando invitaciones a reflexionar sobre la sociedad que nos ha tocado vivir y los políticos-monstruos que hemos fabricado. Y ninguna de estas películas ha necesitado una distribución convencional para llegar a millones de espectadores.


Se dice que
el género documental es un reflejo de la realidad desde el punto de vista, claro está, de todos aquellos que están involucrados en su realización. Otra cuestión es que se denomine “documental” a un trabajo audiovisual que en realidad lo que hace es apoyarse en la realidad (o en la irrealidad) para construir un discurso personal que tiene como soporte principal la opinión del realizador. Por eso a las películas de Michael Moore, por ejemplo, difícilmente se les puede catalogar de documentales, ya que distorsionan, manipulan y construyen toda su envoltura de imágenes en torno al discurso que el cineasta nos quiere dar cuyas conclusiones no surgen de su investigación, sino que ya son premeditadas.

Esto no es
una crítica. De hecho, en los últimos años el “discurso audiovisual” está dando algunas de las producciones más interesantes en este sentido. O, por lo menos, nos está ofreciendo la oportunidad de asistir a propuestas que sin duda provocan la reflexión. Ya hablamos en su día de Zeitgeist. The movie, una brutal realización dividida en tres partes que pone en duda las bases del cristianismo (Part I: The greatest Story ever told), abunda en la teoría de la conspiración gubernamental en los atentados del 11 de septiembre (Part II: All the world’s stage) y repasa todas las grandes crisis económicas provocadas por los poderes fácticos para desestabilizar naciones, lo que resulta particularmente aterrador en estos meses de “recesión” (como diría algún político cínico español) que vivimos (Part III: Don’t mind the men behind the curtain).

De Zeitgeist se anuncia ya una continuación titulada Zeitgeist. Addendum, que se podrá descargar a través de internet a partir del mes de octubre.

Siguiendo con la conspiración gubernamental, el documental Loose change. The final cut, realizado por un joven estudiante, Dylan Avery, se presenta en su versión definitiva (tiene dos versiones anteriores), para remover las conciencias de todos aquellos estadounidenses que se sienten engañados por las explicaciones de la administración Bush sobre el 11-S. En realidad, Loose change es anterior a Zeitgeist, ya que su primera versión se publicó en 2005, y en los años sucesivos Dylan Avery ha ido construyendo con una profusión de datos que a veces resulta excesiva, un “documental” de 130 minutos en el que, sin embargo, no se encuentran algunos datos relevantes que se incluían en su segunda versión, que comenzaba con una serie de hechos sospechosos que tuvieron lugar años y días antes de los atentados. Pero en definitiva se trata de un impresionante muestrario de incongruencias y falsedades que producen pavor. Ver, por ejemplo, cómo una reportera de la BBC transmite desde Nueva York la noticia de que el tercer edificio acaba de derrumbarse, cuando aún no había sucedido, produce escalofríos. “De dónde obtenían la CNN y la BBC sus informaciones, teniendo en cuenta que el edificio aún se encontraba en pie, justo detrás de sus reporteros?”.

Si bien es cierto que se ha criticado en muchos foros la veracidad de lo que cuentan Zeitgeist y Loose change, se ha puesto en entredicho la documentación en la que sostienen sus teorías e incluso se puede encontrar un versión de L
oose change en la que se puede ver la película con comentarios que refutan sus afirmaciones, lo cierto es que este tipo de producciones provocan en el espectador un desasosiego que quizás nos haga despertar de un cierto letargo en el que estamos sumidos y que, por ejemplo, nos lleva a aceptar sin dudas ni discusiones una situación de crisis que nadie nos ha explicado de dónde surge. Las afirmaciones de Loose change. The final cut son claras: “Nos han mentido continuamente sobre los hechos del 11-S, y elementos dentro del gobierno de Estados Unidos y de los grandes medios de comunicación continuamente encubren la verdad”.

Por supuesto, estas dos producciones están disponibles para ser vistas a través de internet sin ningún tipo de contraprestación económica y los DVD se pueden comprar a precios simbólicos.


Otra propuesta para la reflexión. El cineasta mexicano Alfonso Cuarón y la escritora canadiense Naomi Klein, para apoyar el lanzamiento del último libro de la autora, The shock doctrine, han realizado un cortometraje con el mismo título que es una patada en el estómago, y que encaja perfectamente con la situación que estamos viviendo. Haciendo un paralelismo con determinados procesos de interrogación a prisioneros, la doctrina del shock consiste en provocar un efecto devastador en una población para acabar promoviendo medidas impopulares que, tras el shock, se nos venden como protectoras. ¿Suena eso al 11-S y la política militar de Estados Unidos a partir de entonces? ¿Suena eso a la crisis económica y la propuesta de la UE, y especialmente de Francia, de aumentar la jornada laboral?

Proyectos sin ánimo de lucro que mueven a la reflexión y que, esperemos, consigan lentamente su propósito de promover una revolución ideológica que cada vez resulta más necesaria frente a los payasos que nos gobiernan.


18 julio, 2008

Retazos de la guerra

Mientras en nuestros canales de televisión las novedades veraniegas se limitan a concursos de reciclaje cutre como Valanota y Canta!Singstar o comedias resabidas como Lalola, en Estados Unidos HBO estrena una de las series que más va a dar que hablar en los próximos meses.

Hace unos años, un periodista de la revista Rolling Stone acompañó a las tropas de marines destinadas a la frontera con Irak para vivir en primera persona el comienzo de una invasión cuyos resultados, con el paso de los años, se han demostrado desastrosos. Sus vivencias entre casi adolescentes ignorantes de la situación real que les rodeaba, fueron narradas primero en una serie de tres artículos publicados en la revista y después en un libro. El autor, Evan Wright, se convirtió así en uno de los primeros cronistas que describían esa cierta sensación de caos que invadía a los invasores.

El canal por cable HBO, responsable de algunas de las producciones más interesantes que se han hecho para televisión en los últimos años, ha puesto todo su arsenal económico de producción para una serie, Generation Kill, que se estrenó el 13 de julio con una buena recepción entre crítica y espectadores. Rodada en Sudáfrica, la serie nos introduce en un batallón de los marines expectantes ante la inminencia de la guerra. Los creadores de Generation Kill son Ed Burns (no confundir con el actor y director) y David Simon, creadores de la que está considerada como una de las mejores series sobre policías antidroga que se han realizado en mucho tiempo, The wire (lo siento, no he visto ningún capítulo, trataré de ponerme al día este verano). Lo que da sin duda buenas garantías a esta nueva incursión en el terreno de la ficción televisiva.

Por lo que he visto en el primero de los siete episodios de los que está formada esta miniserie, Generation Kill puede darnos alguna sorpresa, pero puede caer también en algunos lastres que ya son palpables en su primera entrega.
Uno de los principales es esa cierta confusión que se apodera de uno cuando lleva veinte minutos viendo el capítulo. Por mor de lograr transmitir esa sensación de caos que viven los soldados, se yuxtaponen situaciones, subtramas y personajes en un batiburrillo que a veces resulta cargante. Hay subtramas que se abren y cierran en poco tiempo, pero sin ofrecer una explicación verosímil. Hay, en definitiva, una especie de erupción de ideas sin desarrollar. Como si quisieran contarnos tantas cosas que no fueran capaces de hacerlo con coherencia.

En el lado positivo, Generation Kill ofrece una visión poco complaciente con la guerra, como no podía ser menos. Eso sí, con la guerra, no con los marines. Aquí los soldados no son bestias violentas como en La batalla de Hadiza o sanguinarios mastuerzos como en Redacted. Al contrario, si bien es cierto que hay en palabras de algunos soldados comentarios racistas y homófobos, que la escena en la que leen las cartas que les envían jóvenes adolescentes desde sus hogares puede herir la sensibilidad de cierto sector del espectador medio yanqui, HBO se cuida mucho de poner siempre en contraposición lecturas dúctiles con los soldados Una de cal y otra de arena. Para que nadie se moleste.

Pinta bien esta serie por lo que hemos visto. Tiene un buen nivel de producción, como no podía ser menos, y logra transmitir una sensación de realidad bastante verosímil, casi cercana al documental. Lástima que resulte tan condescendiente.