12 octubre, 2008

Cine europeo 2008 (1ª Parte)

Se acercan los Premios del Cine Europeo, esos galardones que siempre acaban premiando lo más obvio sin voluntad de riesgo, y aprovechamos la ocasión para hacer un recorrido por algunos títulos que, o bien han sido ya etiquetados como "películas del año" por su repercusión nacional, o bien tienen más interés que el que los festivales o academias de cine les han dado, y que por tanto resultan especialmente atractivos.

La ola (Alemania). No hay que preocuparse. El taquillazo del año en Alemania ya tiene distribuidora en España y hasta fecha de estreno (noviembre). Dirigida por Dennis Gansel, del que pudimos ver Napola, un drama bélico algo irregular, pero contundente, La ola ha sido uno de los títulos que mayor recaudación ha logrado en su país. Y sin duda intuimos que la historia debe haber tocado una fibra muy sensible entre los jóvenes alemanes: ¿podría repetirse en la sociedad actual un régimen dictatorial como el nazi? El avance de la ultraderecha en algunos países europeos (sobre todo por la corrupción e ineptitud de los partidos políticos demócratas), también ayuda a la reflexión. La película se basa en la historia real de un profesor que decidió instaurar, como ejercicio de clase de un instituto, una especie de régimen autárquico en su aula, creando finalmente una situación que se le escapó de las manos. El planteamiento es interesante, si no fuera porque el director nos cuenta la historia con los resortes del cine de adolescentes, posiblemente para lograr una conexión comercial que sin duda ha logrado, pero que acaba aniquilando la profundidad del tema. Y porque el guión desemboca en unos quince minutos finales ridículos, previsibles y toscos. Lástima.

Boy A (Irlanda). Esta producción irlandesa es una de las películas del año y su director, John Crowley, uno de los nombres a tener en cuenta en el futuro cine hecho en Europa o donde sea. De la historia, protagonizada por un joven "rehabilitado", es mejor contar poco, porque uno de los aciertos es precisamente la dosificación de información sobre el pasado del protagonista. Perfecto Peter Mullan (por fin recuperado para el buen cine después de muchos desaciertos) y espléndido el ¡norteamericano! Andrew Garfield (al que hemos visto en Leones por corderos o Las hermanas Bolena), que logra dotar a su personaje de esa turbulenta crisis interior que le define. Y milimétrica la planificación, que contiene algunos de los planos más sobrecogedores que se han visto en mucho tiempo. No tengo noticias de su estreno en España. Sería una lástima que se quedara en el olvido.

Gomorra (Italia). Otro de esos títulos clasificados por su repercusión internacional. Ganadora del Premio del Jurado en Cannes, elegida por Italia para ser su representante en los Oscar, la última película de Matteo Garrone toma como base la novela de Roberto Saviano, que le ha costado amenazas de muerte por parte de la camorra, sobre cuyas actividades, en un Nápoles que produce pavor, gira la historia. El film de Garrone no cita nombres ni situaciones reales (quizás por evitarse las amenazas de muerte) pero en todo caso tampoco hacen falta para mostrar la barbarie de una violencia diaria a la que nadie puede (o quiere) poner fin. En este sentido, cumple su labor de denuncia, pero en el terreno narrativo solo me acaba interesando una de las cinco historias que se cuentan, la de los dos jóvenes que van a su aire, sin querer rendir cuentas a ningún capo malnacido. Esta es la única trama que me libera de ese cierto hastío que produce una película de corrección formal (tono documental, casi neorrealista) con algunos momentos de perfecta sintaxis (la despedida de los dos amigos adolescentes cuando cada uno se une a una banda, la "deserción" de uno de los camorristas) pero de escaso poder de seducción.

Paris (Francia). Cédric Klapisch es uno de esos directores con especial capacidad para conectar con el gran público. Y, a pesar de resultados irregulares, el éxito ha sonreido a títulos anteriores como Una casa de locos o Las muñecas rusas. Este año se ha estrenado en Francia su última película, que es con diferencia la mejor de su aún breve filmografía. Este retrato poliédrico de la ciudad de París a través de historias de varios personajes contiene la esencia del mejor melodrama, y nos ofrece una compleja visión de una ciudad mil veces retratada. Por supuesto, le ayuda un reparto envidiable con lo mejor del cine francés actual: su habitual Romain Durais (perfecto en su debilidad), Juliette Binoche (más cercana que nunca, más seductora que nunca), Fabrice Luchini, Albert Dupontel y François Cluzet. Todos ellos construyen retazos de vidas que aman y sufren París.