12 agosto, 2008

La gran tragedia china

Protagonista en estas jornadas olímpicas, China es también el eje central de dos películas que se acercan a una de las mayores masacres sufridas por sus habitantes a manos de los japoneses.

La llamada "tragedia de Nanjing" tuvo lugar en 1937, cuando los japoneses capturaron Shanghai y se dirigieron hasta la ciudad cercana de Nanjing, una de las principales arterias de población de China. Tras la huida de los oficiales, el ejército nipón entró en la ciudad protagonizando una de las más crueles violaciones de los derechos humanos que se han producido en el siglo XX. La cifra de civiles y prisioneros de guerra asesinados durante la ocupación no está clara, ya que muchos de los cuerpos fueron amontonados y quemados. Oficialmente, el Tribunal de Guerra de Tokio, que juzgó los hechos, estimó que fueron asesinadas entre 150.000 y 200.000 personas, aunque invetigaciones más recientes hablan de entre 300.000 y 500.000 muertos. Las violaciones también fueron habituales: se dice que cada noche se producían 1000 violaciones en la ciudad prota
gonizadas por soldados japoneses.

El documental norteamericano
Nanking, dirigido por Bill Guttentag (ganador de dos Oscar por sendos cortometrajes documentales) y Dan Sturman, se acerca a la actividad de los habitantes extranjeros (muchos de ellos misioneros y empresarios) que consiguieron crear una Zona de Seguridad que el ejército japonés se comprometi
ó a respetar.

La propuesta tiene un planteamiento inicial original, ya que utiliza las cartas escritas por estos extranjeros poniéndoles voz y presencia a través de un grupo de actores que, sentados frente a la cámara, interpretan a cada uno de los protagonistas,
entre ellos Stephen Dorff, Mariel Hemingway, Jurgen Prochnow o Woody Harrelson. Pero el documental nos acerca también a algunos supervivientes de la masacre, que recuerdan (muchos de ellos emocionados) las atrocidades cometidas por los japoneses, y también nos presenta las declaraciones de algunos de los soldados nipones que entraron en la ciudad de Nanjing. Aunque finalmente acaba siendo un documento emocionante que pone los pelos de punta por lo que se cuenta, no puede evitar caer en el cliché de las cabezas parlantes, que provoca cierta parsimonia en la narración.

Música:
Philip Marshall crea una espléndida banda sonora melódica interpretada por The Kronos Quartet que subraya la emotividad de algunas secuencias.

Los niños de Huang Shi es, por su parte, la última película del irregular Roger Spottiswoode, del que lo último que vimos en España fue
El sexto día (2000), aunque ha
seguido realizando películas, entre ellas una nueva adaptación del personaje de Patricia Highsmith, Ripley under ground (2005) o la adaptación al cine de la biografía del teniente canadiense Romeo Dallaire, que vivió al frente de las tropas de Naciones Unidas el genocidio ruandés, titulada Shake hands with the devil (2007), que obtuvo 12 nominaciones para los premios Genie canadienses.

Spottiswoode se acerca de nuevo a un personaje real, el periodista inglés George Hogg, que fue uno de los testigos de la masacre de Nanjing, tomando algunas fotografías que le fueron confiscadas por el ejército japonés, y protagonizando finalmente un viaje de cientos de kilómetros para tratar de salvar a sesenta niños huérfanos de las bayonetas de los japoneses, pero también del reclutamiento forzado en el ejército chino.

La película, que tiene previsto su estreno en España para octubre, está protagonizada por Jonathan Rhys Meyers, Radha Mitchell, Chow Yun Fat y la imprescindible en cualquier producción occidental sobre China, Michelle Yeoh (también la podemos ver actualmente en
La tumba del Emperador Dragón). Aunque consigue mantener el interés, Los niños de Huang Shi no puede evitar caer en ciertos tópicos (el huérfano rebelde) que lastran algunas de sus buenas intenciones. Políticamente correcta, la película (que supone la primera coproducción entre Australia y China), lleva a cabo una trama algo convencional con buenas interpretaciones de sus protagonistas, pero sin conseguir ese aire de gran producción, a pesar de los 10.000 extras participantes, que pretende.

Música:
El australiano David Hirschfelder, habitual colaborador de Roger Spottiswoode en sus últimas producciones, consigue una partitura entre espectacular y emocionante que sin duda contribuye a crear algo de ese aire de gran producción que pretende.

Dos películas que nos acercan a la realidad más traumática de China y que, al menos como referencia histórica, merecen la pena ser vistas.