El South International Series Festival (SISF) presentó esta semana su programación completa, con los títulos que formarán parte de sus secciones competitivas. En la Sección Oficial de Ficción destaca la miniserie American hostage (Movistar Plus, 2026), que se estrena el 5 de noviembre en España, el thriller danés Snake killer (Prime, 2026), que participó en Canneseries, el drama médico noruego LIS (Still breathing) (NRK, 2026-), que actualmente está emitiendo su segunda temporada, la comedia británica Stepping up (Channel 4, 2024), cuyo creador y protagonista, Josh Pugh, visitará el festival, y el thriller alemán Blindspot Berlin (NDR, 2026). Además de la ya anunciada Alguien debería prohibir los domingos por la tarde (Sundance TV, 2026), creada y dirigida por Isabel Coixet, y tres producciones españolas: Infamia (HBO Max, 2026), Patagonia (Movistar Plus, 2026) y la segunda temporada de El Centro (Movistar Plus, 2025-). En la Sección de No Ficción también hay predominio de series españolas como Tuenti. sin_filtros (RTVE/Movistar Plus, 2026), Ricardi: el culpable perfecto (RTVE Play, 2026), Los años sucios ¿dónde está El Nani? (Telecinco, 2026) y Mágico (2026), una docuserie sobre el futbolista Mágico González que está producida por Womack Studios, la misma empresa que organiza el festival. En cuanto a producciones extranjeras, destacan The oligarch and the art dealer (Arte, 2026), que fue seleccionada en Canneseries, Ian Fleming and the Curse of James Bond (Sky Arts, 2026) y Trade secret: The polar bear market (2025). La clausura tendrá lugar en el Gran Teatro Falla con el estreno de la segunda temporada de Física o química: La nueva generación (Atresmedia, 2025-), un título para hacer alfombra roja, mientras que en este mismo espacio los homenajeados recibirán los Premios de Honor: los actores Álvaro Morte y Ana Duato y el guionista británico Ronan Bennett. El South International Series Festival celebra su 4ª edición entre el 30 de octubre y el 4 de noviembre en la ciudad de Cádiz, antes de trasladarse a partir del próximo año a la primavera.
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09 octubre, 2026
Las series más destacadas de 2026: Septiembre-Octubre
Los siguientes comentarios se basan exclusivamente en el visionado de las temporadas completas de las series que destacamos y pueden contener información relevante sobre sus argumentos.
Mubi, 19 de septiembre-10 de octubre
Estados Unidos 2026 - 8x40'
Creada por Jaÿ-Z, Rick Rubin
Dirigida por Rick Rubin
Hace unos años el productor musical Rick Rubin (1963, Nueva York) presentó una conversación con Paul McCartney que resultó fascinante. En McCartney 3, 2, 1 (Disney+, 2021) repasaba la carrera musical del cantante británico a través de un encuentro tan íntimo como revelador en algunas ocasiones. Ahora, repitiendo una fórmula parecida, la fotografía en blanco y negro y prácticamente la misma ropa, pero colocándose también en la piel de director del documental, Rick Rubin se sienta junto al rapero Jaÿ-Z para desentrañar los significados de las letras de sus canciones, en una conversación a lo largo de ocho episodios grabada en el Palais Brongniart, un palacio situado en el centro de París que diseñó el arquitecto Alexandre Brongniart a instancias de Napoleón Bonaparte para concentrar en un solo edificio toda la actividad financiera de Francia, convirtiéndolo en el centro de la Bolsa de valores desde su inauguración en 1823 hasta 1998, cuando cesó la actividad bursátil en este espacio, reconvertido en un centro de congresos. En el escenario espectacular del salón principal, dos sillas, una mesa y una mesa de mezclas se convierten en la sobria puesta en escena de una entrevista que aborda algunos de los aspectos más personales del rapero, aunque evita en la mayor parte de los casos entrar en las controversias que han jalonado la carrera de Jaÿ-Z, nombre artístico de Shawn Carter (1969, Nueva York), que en los últimos años ha recuperado la diéresis sobre la y que mostraba en su primer album, Reasonable doubt (1996, S. Carter Enterprises). Precisamente, la docuserie Jaÿ-Z in 8 (Mubi, 2026), una producción de HBO Max que se ha estrenado en algunos territorios como España en la plataforma Mubi a través de dos episodios semanales hasta el 10 de octubre, coincide con su gira de conciertos Jaÿ-Z 30, que conmemora el 30 aniversario de la publicación de su álbum debut. Para algunos conocedores de la vida y obra del rapero neoyorquino no hay grandes revelaciones personales a lo largo de los episodios, en parte porque, como en el caso de todos los raperos, las letras de las canciones ya cuentan historias personales, en parte porque él mismo protagonizó el documental Fade to black (Patrick Paulson, Michael John Warren, 2004), escribió su autobiografía Decoded (2010), en la que hablaba de su infancia y su familia, un tema bastante recurrente en esta conversación, y concedió una destacada entrevista a David Letterman, casi más reveladora e incisiva que cualquiera de estos ocho episodios. La decisión más inteligente de Rick Rubin, sin embargo, es la de analizar las letras de una selección de canciones realizada por él mismo en la que a veces deja atrás con habilidad algunos de los éxitos más conocidos de Jaÿ-Z para adentrarse en temas que contienen momentos significativos de la vida personal del rapero. Primero ambos escuchan la canción moviendo sus cabezas, levantándose como si fuera una señal de respeto, mientras en la pantalla se superpone la letra, y después Jaÿ-Z comenta algunos de los versos en relación con sus significados o sus mensajes ocultos. Es una forma reveladora de adentrarse en las canciones del artista, dándole la importancia que tiene a las letras, y el mismo Rick Rubin comenta en el Episodio 1 (T1E1) que mucha gente no se acerca a las letras del hip hop de la manera significativa que éstas requieren. De esta forma, Jaÿ-Z cuenta que "Intro" de su álbum The Dynasty: Roc La Familia (2000, S. Carter Enterprises) hace referencia al asesinato del hijo de Bill Cosby, y narra la experiencia de disparar a su hermano mayor que describe en el tema "You must love" de su álbum In my lifetime, vol. 1 (1997, S. Carter Enterprises). Pero cuando se refiere a su relación con figuras controvertidas como el asesinado Notorious G. o el polémico Kanye West, ahora conocido como Ye, cancelado por sus declaraciones antisemitas y su admiración por Hitler, no se hace ninguna referencia a ésto. Tanto Jaÿ-Z como Rick Rubin son amigos personales de Ye, y en todo caso se limitan a comentar en el Episodio 6 (T1E6) que "fue apartado de la comunidad. No fue por voluntad propia, porque él solo estaba siendo él mismo". Lo que no está claro si contiene algún tipo de crítica o solo es una forma de justificación de algunas de sus declaraciones más polémicas.
El propio Jaÿ-Z fue acusado de antisemitismo porque en la canción "The story of OJ", de su álbum 4:44 (2017, S. Carter Enterprises) hizo una referencia despectiva hacia los judíos, pero eso tampoco se menciona. Alguien podría preguntarse de qué hablan Rick Rubin y Jaÿ-Z a lo largo de casi ocho horas sin mencionar sus polémicas más controvertidas. Pero Jaÿ-Z in 8 no es descartable en cuanto al tipo de información que ofrece, sobre todo en cuanto al legado artístico de un rapero tan popular como el protagonista. Rick Rubin le dice que él le ve como un artista, no simplemente como un músico. Y aunque se transmite una admiración real hacia el entrevistado por parte del entrevistador, que quizás es la causa de que no entre en terrenos pantanosos de su trayectoria, resulta especialmente interesante el repaso que hacen a la industria del rap en las décadas de los 80 y 90, y las referencias a sus años metido en el mundo de la delincuencia, pero también a las patrullas de policía que estaban dedicadas a vigilar el entorno del hip hop por considerarlo un entorno criminal, que él mismo describe en el tema "99 problems" de su disco The black album (2003, S. Carter Enterprises) llamándolo "rap patrol", y que ha vuelto a publicar como sencillo este mismo año. Jaÿ-Z también menciona que él se resistió a los chantajes de una gran cadena de radio cuando le sugirieron que no concediera entrevistas a otra cadena de la competencia, a lo que respondió: "Si yo no puedo acudir a vuestra competencia, ¿por qué vosotros programáis a cantantes de rap que son mi competencia?". Pero el disco que más presente está en la conversación es 4:44 (2017), que es de dominio público que se trata de una respuesta al album Lemonade (2016, Sony Music) de Beyoncé, en el que Jaÿ-Z reconocía sus infidelidades cuando estuvo a punto de divorciarse de la madre de sus tres hijos. El rapero confiesa después de escuchar la canción "4:44", una especie de disculpa pública a su esposa Beyoncé, que es la primera vez que la oye desde que la grabó, aunque tampoco se entra en demasiados detalles sobre el origen de este tema. Quizás lo más discutible desde el punto de vista estructural de Jaÿ-Z in 8 es que no parece tener una línea narrativa que ponga en orden la conversación, de manera que en algunos episodios se vuelve a temas que se habían tratado en episodios anteriores, un desorden que, por otro lado, es similar al que se encuentra en el podcast de Rick Rubin Tetragrammaton (Apple Podcast, 2023-), en el que repasa la trayectoria de un músico en cada programa. De hecho, en septiembre se ha publicado un episodio en este pódcast que es la grabación de un evento en directo en Londres en el que Rick Rubin y Jaÿ-Z hablan del rodaje de esta docuserie, por si alguien no tiene suficiente con casi ocho horas de conversación. La estructura de cada episodio es similar, con tres o cuatro canciones escuchadas por los participantes y una reflexión sobre ellas, y el escenario no cambia, aunque en algún episodio hay un cambio de emplazamiento breve, con ambos hablando en un pasillo del Palais Brongniart. Pero es el Episodio 7 (T1E7) el que rompe totalmente con la estructura para ser una entrevista sin música durante 46 minutos. Jaÿ-Z in 8 acaba siendo una propuesta interesante para los seguidores del rapero, y reveladora para quienes quieran acercarse al mundo del hip hop desde una perspectiva más personal de un artista que cuenta que tuvo que "matar su ego" en la canción "Kill Jay Z", del álbum 4:44 (2017), para renacer de nuevo.
3Cat, 21 de septiembre-5 de octubre
España 2026 - 6x45'
Creada por David Pujol
Dirigida por David Pujol
A la televisión autonómica catalana le está saliendo bien su estrategia de colaboración con plataformas de streaming para dar mayor visibilidad a sus producciones, al mismo tiempo que consigue buenos resultados de audiencia dentro de Cataluña en un prime time en el que tiene dificultades para conectar con los espectadores. Este mes estrenará In vitro (3Cat, 2026), en una nueva asociación con HBO Max tras el éxito de Ravalear (3Cat/HBO Max, 2025), una serie sobre la gentrificación que no puede estar más de actualidad, aunque en este caso el estreno en HBO Max solo se produjo a nivel nacional mientras que las ventas internacionales fueron gestionadas por Filmax. Ahora, a través de Netflix, Gènesi (3Cat, 2026) tendrá una oportunidad en noviembre de extenderse a numerosos países, mientras el estreno en Cataluña le ha dado índices de audiencia espectaculares, con un 21,2% (352 mil espectadores) y un 17% (238 mil espectadores) de share, aunque con una estrategia de programación algo discutible, al estrenar dos episodios por semana, perdiendo un tercio de los espectadores durante la emisión del segundo episodio a las once de la noche. La ambiciosa producción de la televisión autonómica catalana lleva a la ficción la historia de la trayectoria de El Bulli, desde la incorporación de un joven Ferran Adrià (Miquel Fernández) a un restaurante que ya contaba con dos estrellas Michelin, hasta la revolución gastronómica que introdujo a través de la conocida como cocina tecno emocional, un término acuñado por el diario catalán El Periódico que terminó adoptando el propio Ferran Adrià como una definición precisa de su concepto de cocina. En el último episodio, el reconocido chef catalán explica a su equipo de cocineros en qué consiste su idea de la gastronomía, mientras una secuencia de imágenes refleja algunos de los platos que forman parte de un menú degustación de 45 sensaciones elaboradas para despertar los sentidos del comensal, mientras suena la pieza más conocida del Boléro (1928) de Maurice Ravel. Esta es una secuencia que muestra el alto nivel de producción de la serie, el cuidado con el que se han reproducido los platos del antiguo restaurante El Bulli, al parecer bajo la supervisión del propio Ferran Adrià, quien ha llegado a comentar que podría haber una segunda temporada, aunque la serie termina años después de la clausura de El Bulli en 2011, en su momento de mayor esplendor, cuando Adrià comenzaba a pensar que habían llegado al techo de sus posibilidades. Esta capacidad de reproducir la ebullición de las cocinas y el ritmo preciso del servicio para dar una cadencia adecuada a los menús degustación, proviene también del conocimiento del creador y director de la serie, David Pujol (1970, Barcelona), que ya había dirigido la docuserie El Bulli - Historia de un sueño (RTVE, 2010-2011). Aunque algunas decisiones narrativas a veces acaban teniendo mayores efectos contraproducentes en el propio ritmo de la serie, como dividir la historia en dos tramas temporales que transcurren durante el nacimiento de El Bulli y la actualidad. En la primera, la colaboración entre Ferran Adrià y el jefe de sala Juli Soler (Iván Massagué), que fue quien tomó la decisión de convertirle en jefe de cocina tras la marcha de Jean Paul Vinay (Pierre Livet), ofrece la mejor de las interacciones entre personajes de toda la serie, con dos actores que consiguen grandes interpretaciones. Así como la incorporación de Albert Adrià (Carlos Cuevas), siendo un joven sin grandes aspiraciones hasta convertirse en un cocinero que consiguió alejarse de la sombra de su hermano. La segunda trama paralela transcurre en la actualidad cuando Glòria Canabach (Mónica López), una de las principales defensoras de la revolución gastronómica de El Bulli a pesar de provenir de una familia de cocineros tradicionales que se posicionaron en contra, regresa de Estados Unidos para reabrir el restaurante familiar con su sobrina Lola (Joana Vilapuig). Pero ésta, que parece querer abordar la adaptación de la cocina tradicional catalana a los nuevos conceptos de la alta cocina, acaba siendo una trama innecesaria y sin demasiado interés, que rompe el ritmo de la trama principal.
Gènesi tiene, a pesar de sus defectos, una condición de biopic que hace justicia a sus protagonistas reales, retratando las tensiones internas que provoca el éxito mundial, especialmente a partir del momento en el que el alabado chef francés Joël Robuchon (Alex Moreu) decidió nombrar a Ferran Adrià como su sucesor, después de tomar la decisión de retirarse, lo que provoca no pocas envidias y cierta estupefacción, además de furibundas críticas en la prensa francesa por elegir a un cocinero no francés. Sin embargo, da la impresión de que el personaje principal, a pesar de la equilibrada interpretación que hace el gran actor Miquel Fernández de un personaje tan particular en su forma de hablar, que podría haber caído fácilmente en una especie de imitación paródica, no termina de ser desvelado del todo, faltando una mirada más introspectiva además de la reproducción precisa de sus conocimientos y sus planteamientos gastronómicos. La serie tiene más éxito en retratar la magnitud de la transformación que supuso la llegada de Ferran Adrià al mundo de la alta cocina, que en desentrañar al propio personaje. Y deja en un segundo plano algunos aspectos que podrían ser más controvertidos, solo insinuando el abuso de alcohol y drogas en algunos momentos. Incluso hay una cierta representación más amarga de un personaje que casi siempre está serio y apartado de las celebraciones, lo que colisiona con las imágenes de archivo que muestra la propia serie, en las que el cocinero participa en las celebraciones y refleja una cierta simpatía. Da la impresión de que la adaptación se recrea en la imagen tradicional del genio incomprendido antes que en la construcción de un personaje humano, lo que sin embargo funciona mejor en el caso de Juli Soler, con un espléndido trabajo de Iván Massagué alejado afortunadamente de sus últimas interpretaciones esquemáticas en algunas series, mostrando a un personaje complejo y fundamental en la revolución que supuso El Bulli. También ha suscitado algo de polémica el retrato de Santi Santamaría (Alberto Díaz), el primer cocinero español en conseguir tres estrellas Michelin con su restaurante Can Fabes, que tuvo realmente un enfrentamiento público con la cocina "química" de Ferran Adrià, llegando a dudar en algunas entrevistas de la salubridad de los productos que utilizaba. La propuesta de la serie es convertirle en una especie de Antonio Salieri en la versión inventada de su relación con Mozart, un antagonista corroído por la envidia que contempla la evolución de un genio como una amenaza para la cocina tradicional catalana, lo que es un recurso aceptable en una ficción, pero quizás está demasiado subrayado, a veces con planos de Santi Santamaría sentado solo en la semioscuridad. Sobre todo porque Santi Santamaría es uno de los personajes reales retratados que ya falleció, en su caso repentinamente en su restaurante en Singapur. Curiosamente, el pasado mes abril, en un acto de homenaje conmemorando el 15 aniversario de su muerte, que estuvo encabezado por Ferran Adrià, éste pedía "que nada ni nadie vuelva a abrir una herida que nunca ha existido". Pero esto es precisamente lo que termina haciendo la serie. Gènesi es un biopic acertado que toma algunas decisiones narrativas discutibles, pero que consigue no perder el foco en torno a la relevancia de un cambio absoluto en la forma de concebir la alta cocina como una explosión de sensaciones, como afirma Ferran Adrià en el último episodio: "Estamos buscando cuáles son los límites físicos y mentales de la experiencia en un restaurante gastronómico. Es la experiencia sensoperceptiva más compleja que podemos ofrecer al ser humano".
Netflix, 24 de septiembre
Chile, Argentina 2026 - 4x50'
Creada por Pablo Larraín sobre los relatos cortos de Mariana Enriquez
Dirigida por Pablo Larraín
San Sebastián '26: Sección Oficial
Desde aquella irregular adaptación de una novela de Stephen King que supuso la primera incursión de Pablo Larraín (1976, Chile) en el formato de series, en el thriller sobrenatural protagonizado por Julianne Moore La historia de Lisey (Apple tv, 2021), el director chileno no había dirigido ninguna otra, aunque a través de la productora Fábula, que comparte con su hermano Juan de Dios Larraín, ha producido algunas de las series latinoamericanas más destacadas de la última década, desde La jauría (Prime, 2019-2022), 42 días de oscuridad (Netflix, 2022) o El presidente (Prime, 2020-2022) hasta las recientes Alguien tiene que saber (Netflix, 2026) y La casa de los espíritus (Prime, 2026), e incluso internacionales como M. El hijo del Siglo (SkyShowtime, 2025). Su regreso a este formato viene de la mano de la escritora Mariana Enriquez (1973, Argentina) y de la adaptación de algunos de los relatos que conforman su libro Un lugar soleado para gente sombría (2024, Ed. Anagrama), del que recoge cuentos como el que da título al libro, Mis muertos tristes, Julie y en menor medida Cuando hablábamos con los muertos, incluido en uno de sus primeros libros, Los peligros de fumar en la cama (2009, Ed. Anagrama). Se trata de una adaptación parecida a la que se hizo en la película La virgen de la tosquera (Laura Casabe, 2025), que también recogía varios relatos de Mariana Enriquez para componer una sola historia. El resultado conseguido en Mis muertos tristes (Netflix, 2026) es tan fascinante como irregular, tan apasionante como errático, pero que consigue distanciarse desde el punto de vista visual de la habitual homogeneidad plana de las producciones de Netflix para ser una propuesta autoral con sus defectos, pero también con sus grandes virtudes. La serie ha despertado un debate en la última edición del Festival de San Sebastián, donde se incluyó en la Sección Oficial como un largometraje de 187 minutos, simplemente eliminando los créditos del final de cada episodio, una estrategia algo burda para poder competir como una película. Pero Mis muertos tristes tiene un sentido estructural en su división de cuatro partes, y a pesar de la defensa del director del Festival de San Sebastián en incorporar series "cinematográficas" a las secciones competitivas, en realidad parece más una rendición de los grandes festivales a las plataformas de streaming que una intención de reconocer el valor de las series. El director chileno ha explorado en algunas de sus películas la convivencia entre la vida y la muerte, desde Post Mortem (2010) hasta El Conde (2023), ambas protagonizadas por el gran actor chileno Alfredo Castro. De manera que esta incursión en la particular atmósfera creada por la escritora Mariana Enriquez no parece demasiado alejada de las anteriores propuestas del director, que traslada estos diferentes cuentos a través de episodios en los que cada uno adquiere una relevancia mayor, aunque también se encuentran descontextualizados en referencia a los cuentos originales. La doctora Ema (Mercedes Morán) acaba de ser jubilada a la fuerza del hospital en el que trabajaba, y decide vender su apartamento en un barrio privilegiado para trasladarse a vivir con su madre enferma Susana (Luz Jiménez) a una casa frente a un complejo de edificios sociales en Piedrabuena, en Villa Lugano, dentro de la periferia de Buenos Aires. Es un lugar inhóspito, de aspecto casi apocalíptico, que está marcado por un gran tanque de agua que abastece a las casas del barrio. Tras cuidar a su madre en vida, Ema también la cuida después de muerta, aparecida como un fantasma que se queja continuamente, porque los muertos regresan para tratar de mitigar un dolor que ni siquiera después de morir se puede eliminar. Ema es la única que los escucha, una especie de don o de maldición que la hace oír voces continuamente y establecer contacto con los fantasmas con los que se cruza. En la obra de Mariana Enriquez la muerte convive con la vida, pero sin que pueda en ningún caso romper los límites entre la pobreza y la riqueza. Son los muertos por violencia doméstica, asesinatos, abusos y accidentes los que regresan para expresar su dolor. La sobrina de Ema, Julie (Carolina Álvarez), también tiene la capacidad de conectar con los fantasmas, pero lo hace de una manera física, practicando sexo con ellos. Y sus padres, Lidia (Alejandra Fletcher), la hermana de Ema que decidió irse a vivir a Estados Unidos, y Tomás (Carlos Portaluppi), han regresado a Argentina porque en Oregón se podrá vivir mejor, pero en Argentina hay sanidad pública.
El asesinato de tres chicas adolescentes en un descampado del barrio provoca una transformación completa en Piedrabuena, porque a partir de entonces, y de otro hecho coincidente que se produce al final de la Parte I (T1E1), todos los habitantes de la zona pueden escuchar a los muertos que les rodean. Y deciden pedir ayuda a Ema para que trate de apaciguar los lamentos de los fallecidos. También su hija, Carolina (Dolores Fonzi), una fotógrafa que nunca ha mantenido una relación cordial con Ema, comienza a escuchar los lamentos de sus muertos: su abuela Susana y su novio fallecido de una sobredosis. Mis muertos tristes no es exactamente una historia de fantasmas y tampoco es una serie de terror, sino que utiliza esta convivencia entre los que están vivos y los que están muertos como una forma de comentario social que habla de la memoria, de la desigualdad y de la desconfianza, como un retrato de una sociedad argentina que también está sumida en el dolor que no se olvida y en el lamento que no se acalla. Con una fotografía apagada y nebulosa, formato de pantalla 16:9 que contrasta con otros formatos clásicos utilizados por el director en sus películas, como el 4:3, pero se diferencia de la habitual pantalla panorámica de las producciones para plataformas de streaming, la miniserie adopta una textura propia y personal que crea una atmósfera en la que se subraya el sentido de incomodidad, incluso hasta el punto de ser calificada por alguna crítica profesional como una película "fea de solemnidad", lo cual en realidad puede ser considerado como un halago. Mis muertos tristes provoca esta sensación de descomodidad, y sin embargo está atravesada por un certero sentido del humor a través de las respuestas secas e impertinentes de una excelente Mercedes Morán que, ya puestos a incluir la serie en la competición oficial, debería haber conseguido la Concha de Plata a la Mejor Actriz que logró la también estupenda Kate O'Flynn por Tender loving care (Mike Leigh, 2026), en un año espléndido para ella, tras su Emmy por La maldición de Widow's Bay (Apple tv, 2026-). Sin embargo, Mis muertos tristes a veces puede ser un tanto errática en sus giros dramáticos que tratan de enlazar unas historias con otras, adentrándose en ocasiones en el puro body horror de muertos que repiten sus muertes permanentemente, como un hombre que cae desde un tejado hasta acabar atravesado por unas rejas una y otra vez en la Parte III (T1E3). La presencia de los lamentos inquieta y perturba a los vivos, a veces envueltos en la culpa de la responsabilidad, remarcando las diferencias sociales y la lucha de los que no tienen nada contra los que tienen todo, separados por un muro que permanece como una frontera urbana. De manera que el realismo social y el realismo mágico que se encuentra en la literatura de Mariana Enriquez también sabe convivir con la consistencia de las imágenes presentadas por Pablo Larraín. Queda un sentimiento de melancolía y una especie de susurro que adquiere a veces una tonalidad irónica entre canciones como "No" de Shakira y "Alfonsina y el mar" de Mercedes Sosa con las que termina algunos de los episodios.
Movistar Plus, 8 de octubre
España 2026 - 6x50'
Creada por Isabel Peña, Eduardo Villanueva
Dirigida por Elena Martín Gimeno, Sandra Romero
San Sebastián '26: Fuera de Concurso
Se podría decir que esta serie tiene algunos de los defectos de la producción audiovisual actual, no solo por cierto esquematismo narrativo, sino sobre todo por su constante carácter explicativo, como diciendo al espectador lo que tiene que pensar, en vez de mostrarle una realidad para que saque sus propias conclusiones. Más que divulgativa, la historia acaba siendo aleccionadora, un mal endémico que quizás es necesario en una sociedad en la que proliferan los seguidores de fake news que son tan evidentes que resulta sorprendente que se terminen creyendo. Hay que dar a una parte de los espectadores actuales una historia masticada y regurgitada porque, si se pretende provocar alguna reflexión o dibujar personajes complejos, entonces puede acabar desembocando en el desinterés. En el último episodio, que se centra en la celebración de un juicio, las intervenciones de los testigos y de los fiscales y defensores son tan artificiales que resulta sorprendente el grado de afectación que pueden tener, mientras que la discusión entre los magistrados en torno a una sentencia es forzada y poco natural. Durante el Episodio 6 (T1E6) se enfatiza la reflexión sobre la supuesta insolidaridad femenina en los ámbitos judiciales, centrándose en el rostro de la única mujer magistrada: "¿Que lo diga yo? ¿Yo jueza, yo presidenta, yo madre, yo qué?" le responde a otro juez. Parte de estos defectos narrativos ya estaban en el libro El proxeneta (2018, Ed. Alrevés), un reflejo del trabajo de investigación realizado por Mabel Lozano, que también coproduce a través de su productora esta serie que se inspira en su novela de no ficción. En aquélla, reflejaba el mundo de la prostitución a través de El Músico, un antiguo propietario de clubes de alterne aparentemente arrepentido, que reflejaba parte de su infancia dura como una especie de justificación de su dedicación criminal. Pero también incorporaba reflexiones que claramente no provenían de las palabras del entrevistado, que de alguna manera contaminaban la honestidad del relato. Aunque Isabel Peña y Eduardo Villanueva realizaron un trabajo de investigación independiente, el personaje del Suizo (Raúl Arévalo) parece claramente inspirado en El Músico. El castillo (Movistar Plus, 2026) es un acertado título que hace referencia a la forma en que Claudia (Valentina Vidal) le describe a su hijo cómo es el lugar en el que ella se encuentra; es una joven que llega a España atraída por un captador de prostitutas pensando que alguna vez conseguirá tener suficiente dinero como para volver a Colombia. Aunque la realidad es que se trata de un club de alterne del que es propietario Suizo y algunos socios, que han encontrado una fórmula de explotación sexual convirtiendo a estas jóvenes procedentes de otros países, generalmente sin papeles, en las denominadas "mujeres de deuda", sometiéndolas a un sistema de endeudamiento permanente por los servicios que les prestan, entre ellos asesoramiento legal y análisis clínicos de enfermedades venéreas, para ir acumulando débitos impagables. El tercer foco de la historia es el de dos funcionarios de la UCRIF (Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales), formado por Gerardo Liesa (Omar Ayuso) y Carmen Osés (Laia Marull) que terminan destapando un caso flagrante de explotación sexual. Lo que mejor hace la serie es reflejar cómo en la sociedad española ha existido un mal endémico de normalización de la prostitución, especialmente en los finales de los años noventa y principios de los 2000 en los que se desarrolla esta historia, para mostrar que hay un sistema que ampara determinadas actividades criminales estableciendo diferentes niveles de explotación sexual. De hecho, una de las primeras escenas del personaje de Gerardo Liesa es precisamente participando en una fiesta en un club de alterne, reflejando que muchos policías podían ser tan puteros como cualquier otro hombre, aunque rápidamente acaba adoptando el perfil de funcionario quijotesco que trata de desentrañar las redes de prostitución enfrentándose a los bloqueos del sistema judicial.
Lo más dramático de El castillo es que, aunque se desarrolla en otra década, la realidad no ha cambiado tanto, aunque sí se ha transformado la dinámica de la prostitución. Aunque siguen existiendo macroburdeles como Paradise, en la Jonquera (Gerona) antes de llegar a Francia, que cuenta con 2.700 metros cuadrados, lo cierto es que la mayor parte del negocio se ha trasladado a pisos o a espacios digitales. Pero España sigue siendo lo que algunos expertos llaman un "Estado proxeneta", el primero en Europa en consumo y demanda de prostitución, donde cuatro de cada diez hombres confiesan abiertamente haberla utilizado. Bajo la dirección de Elena Martín Gimeno (1992, Barcelona), nominada al Goya por su película Creatura (2023), que ella dirigió y protagonizó, y Sandra Romero (1993, Écija (Sevilla)), también nominada al Goya por el film Por donde pasa el silencio (2024), la serie proviene del antiguo equipo de producción de Movistar Plus, encabezado por Domingo Corral y Fran Araujo. Y se enfoca en una cierta cotidianidad de la criminalidad, retratando a un personaje como Suizo al que Raúl Arévalo representa como un hombre normal, no especialmente violento en su comportamiento habitual, que se considera más un empresario que un criminal. Entre los datos que ofrece el final de cada episodio, se refleja cómo precisamente en el año 2000 se constituyó la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA), una especie de normalización de la prostitución, que mantiene su actividad defendiendo la regularización y legalización, a pesar de que muchos de sus socios han estado vinculados a juicios con acusaciones de explotación sexual, trata de mujeres y blanqueo de capitales. Una de las principales intenciones de la serie ha sido la de no mostrar este tipo de explotación con la mirada habitual que sexualiza a las víctimas, evitando escenas sexuales que muestren los cuerpos de las mujeres. Hay tres escenas de actividad sexual que sin embargo están enfocadas en los hombres en vez de en la parte femenina, estableciendo una perspectiva que huye de la fragmentación de los cuerpos de una manera erótica para ofrecer la realidad de la violencia sexual poniendo el foco en los puteros. Mientras que la representación de los clubes de alterne a través de espacios que tuvieron una actividad en el pasado pero ya no funcionan como tal ofrece un tono algo sórdido a los locales semi oscurecidos en los que suenan baladas latinoamericanas. El castillo a veces puede resultar muy cruda, pero otras veces acaba cayendo en algunas representaciones tópicas, especialmente en torno al personaje de Claudia, la joven colombiana que se presenta como una de las víctimas de la red de prostitución. A pesar de que se trata de dar una cierta complejidad al personaje, la realidad mostrada en películas como Las elegidas (David Pablos, 2015) es mucho más dura e impactante, porque está reflejada desde la mirada de los países de origen, en vez de desde una cierta condescendencia, a través de la cual los personajes inmigrantes acaban siendo limitados a su condición de víctimas. La pretendida complejidad que se les presume resulta, sin embargo, más aparente que auténtica. El castillo puede funcionar como un recordatorio de las flaquezas de un sistema que ampara determinadas actividades de explotación sexual bajo la apariencia de una legalidad dudosa, pero desde el punto de vista narrativo fracasa en su pretensión de ofrecer una mirada realista que se aleje de muchos de los clichés que rodean al tema de la prostitución.
SkyShowtime, 16 de octubre
Estados Unidos 2026 - 8x40'
Creada por Bekah Brunstetter sobre la novela de Elin Hilderbrand
Dirigida por Jennifer Morrison, Minkie Spiro
Hace unas semanas comentábamos que este verano se ha caracterizado por el éxito de las historias protagonizadas por mujeres maduras, reseñando la serie Cómplices hasta el final (Prime, 2026-) y el éxito de The Five Star weekend (SkyShowtime, 2026-), que se verá en España a través de la plataforma SkyShowtime, alcanzando más de mil millones de minutos vistos en su primera semana y convirtiéndose en la serie con guión de más éxito de la plataforma Peacock en toda su historia. Y eso que no hay crímenes ni grandes giros de guión, sino sobre todo un relato de amistad entre cinco mujeres que se reúnen un fin de semana en una espectacular casa en la isla de Nantucket, un refugio para multimillonarios que ha conservado sus más de 800 construcciones de los siglos XVIII y XIX y, por ejemplo, no permite la inclusión de franquicias como Starbucks o McDonald's. Es una isla conocida para los lectores de las novelas de la escritora Elin Hilderbrand (1969, Pensilvania), porque allí transcurren algunas de sus historias, como Descalzas (2007, Ed. Martínez Roca) o La pareja perfecta (2018, Ed. Suma), ésta última adaptada como serie en La pareja perfecta (Netflix, 2024). Conocida como "la reina de las lecturas de playa", libros ligeros sobre relaciones de amistad que también suelen transcurrir a orillas del océano, la autora norteamericana ha publicado una veintena de novelas, entre ellas la inédita en España The Five-Star weekend (2023), que ha adaptado Bekah Brunstetter, productora y guionista de series como los dramas This is us (Disney+, 2016-2023) y La asistenta (Netflix, 2021). Como muchas de las obras de Elin Hilderbrand, se centra en un encuentro entre amigas junto a la playa, en un entorno privilegiado y escasamente racializado, lo que Dru-Ann Jones (Regina Hall), la única afroamericana del grupo, denomina como "una isla de almejas para personas blancas". Ella es una de las cuatro amigas invitadas por Hollis Shaw (Jennifer Gardner) para pasar un fin de semana en su casa en la isla de Nantucket. A pesar de querer ocupar su tiempo dedicándose a su negocio de recetas de repostería, todavía no ha superado la muerte de su marido Matthew (Josh Hamilton), pero su estrategia de intentar olvidar apoyándose en un fin de semana despreocupado no es compartida por sus amigas, que en realidad acuden con la intención de hacerle afrontar el duelo, aunque cada una de ellas tenga sus propios problemas: Dru-Ann Jones es una agente deportiva que se enfrenta a una crisis de cancelación, Tatum McKenzie (Chloë Sevigny) espera el resultado de una biopsia que podría ser un diagnóstico de cáncer (la propia escritora Elin Hilderbrand pasó por un cáncer de mama), Brooke Kirtley (D'Arcy Carden) se debate sobre testificar, mintiendo, a favor de su marido Charlie (Rob Huebel), que ha sido acusado por una trabajadora de acoso sexual, y además ella misma tiene dudas sobre su propia sexualidad. Y finalmente la azafata de vuelo Gigi Ling (Gemma Chan) es la única que no comparte amistad con Hollis desde su infancia, sino que la apoyó tras el funeral de Matthew, sin confesar que en realidad acudió al entierro porque tuvo una aventura amorosa con él. Además, aparece en Nantucket la hija de Hollis, Caroline (Harlow Jane), que nunca ha compartido el duelo por la muerte de su padre, y está decidida a abandonar la universidad, mientras en la isla también revolotea Electra Undergrove (Judy Greer), una vecina chismosa que podría arruinar el fin de semana de las amigas. The Five Star weekend tiene todos los elementos de los dramas de sobremesa que podrían hacerla demasiado cursi o demasiado enrevesada, como Dos semanas en agosto (Movistar Plus, 2026), pero el guión está lo suficientemente bien dosificado y el conjunto de actrices funciona tan bien que los personajes son absolutamente conmovedores y sus problemáticas adecuadamente identificables. En algunos momentos, aunque tiene menos drama, recuerda a la miniserie australiana del pasado año The last anniversary (AMC/BBC, 2025), basada en la novela de Liane Moriarty (1966, Australia), otra autora habitualmente adaptada al formato de series.
La agenda que propone Hollis está elaborada con la precisión de una receta de cocina, medida en sus tiempos y en sus cantidades: una fiesta de pijamas una noche, una sesión de spa otro día, una jornada de compras por el pueblo o una fiesta de pizzas con los ingredientes más absurdos. Pero esta precisión define el tipo de control que ella tiene en su vida, y que la ha separado de su hija, estableciendo una barrera por la que no traspasa el dolor que ambas podrían compartir. Es una definición muy precisa de una personalidad que, dentro de su permanente precisión, oculta en realidad una manera de no afrontar los vaivenes de la vida, como que un día la pareja de la que está enamorada acabe muriendo de forma repentina. Los personajes están lo suficientemente bien definidos como para que sean comprensibles la mayor parte de sus decisiones, aunque muchas de ellas tengan resultados equivocados, y a pesar de que pueda caer en algunos tópicos sobre la identidad sexual que parecen elementos demasiado superficiales para definir a un personaje que pretende ser complejo. También hay algo de diversidad impuesta en la serie, introduciendo algunos personajes racializados para que no parezca una historia de mujeres blancas en un ambiente predominantemente blanco, pero Bekah Brunstetter tiene la suficiente habilidad como para introducir comentarios irónicos por parte de estos caracteres que se sienten excepcionales. Aunque al parecer la descripción que hace la autora de los ambientes y las calles de Nantucket es bastante fiel a la realidad, entre otras cosas porque Elin Hilderbrand reside en la isla todo el año, al contrario de las habituales familias ricas que tienen propiedades que solo visitan en verano. En un artículo publicado en 2022, la historiadora Mary Bergman analizaba la realidad de las portadas de playa de las novelas de Elin Hilderbrand, afirmando que "el Nantucket de Hilderbrand es mayoritariamente blanco, pero no del todo. La realidad de la isla es diferente, con 11 idiomas hablados por los estudiantes en las escuelas públicas de Nantucket. La historia afroamericana de Nantucket es fundamental para la historia de la isla" (Literary Hub (7/9/2022). The Five Star weekend no es un relato con grandes profundidades temáticas, pero consigue retratar a un tipo de mujer madura, realizada profesionalmente aunque también ha tenido que afrontar sacrificios en favor del matrimonio, que debe lidiar con desafíos que ni siquiera su posición privilegiada puede evitarle. Puede ser un reflejo de problemáticas banales en algunos momentos, pero quizás el éxito está en reflejar las emociones y las incertidumbres humanas que todos compartimos. La serie funciona como una buena receta de repostería, ni demasiado dulce ni demasiado amarga, y con el punto justo de sentido del humor y elementos sentimentales. Los hombres aparecen esporádicamente a lo largo de los episodios para reflejar el egoísmo en el caso de Charlie, la complicidad en el de Kyle (David Denman), el marido de Tatum, o las segundas oportunidades en el de Jack Finnigan (Timothy Olyphant), un antiguo amor de Hollis. Timothy Olyphant y Jennifer Garner comparten treinta años de amistad y han trabajado juntos en varias ocasiones, la más conocida en la comedia romántica Las vueltas de la vida (Susannah Grant, 2006), que también podría ser un título adecuado para esta serie. Aunque la novela original ofrece un final cerrado con un epílogo abierto, en la serie Hollis propone que se reúnan el próximo año en una isla griega, ofreciendo la posibilidad de una continuación, confirmada después de que se haya anunciado una segunda temporada.
SciFi, 19 de octubre
Australia 2026 - 6x60'
Creada por Ben Jenkins
Dirigida por Daniel Nettheim
Hemos mencionado en alguna ocasión que Australia está ofreciendo muestras muy interesantes de thrillers que reflejan la capacidad de construir historias policíacas con una tonalidad y una narrativa algo diferentes a las habituales. Series como Treasure & Dirt (ABC, 2026), Scrublands (AMC+, 2023-2026) o Dustfall (ABC, 2026), que acaba de adquirir Apple tv para su estreno internacional en 2027, muestran una manera muy peculiar de abordar el género policíaco. Una de las propuestas más sorprendentes de este año ha sido el thriller mezclado con elementos de terror Los ecos de Parrish Station (SciFi, 2026), cuya tonalidad resulta perfecta para este mes de octubre de estrenos de misterio y horror, y que inevitablemente acaba recordando a Expediente X (Disney+, 2016-2018) en su planteamiento principal, aunque en este caso ofrece una narración que sigue dos líneas temporales entre 1987 y la actualidad, jugando además con los resortes del true crime a través de un pódcast titulado Crime sluts que ha investigado sobre los extraños asesinatos ocurridos en el pasado. En 1987, la detective Georgia Cooke (Mia Wasikowska) fue la principal investigadora del asesinato de cuatro científicos en un centro de investigación espacial en medio del desierto, al que solo se tiene acceso a través de helicóptero o avioneta. Junto a su compañero detective Michael Thorne (Xavier Samuel) se ve envuelta en un caso relacionado con rituales y ocultismo, convirtiéndose en una pesadilla en la que parece que existe una relación especial entre la única superviviente, la astrofísica Kate Reynolds (Alex Malone), de la que se sospecha que puede ser la responsable de las muertes, y el empresario Callum Parrish (Nic English), dueño de la estación científica. Los acontecimientos acaban de una forma dramática y llevando a Georgia Cooke hasta un psiquiátrico, en el que todavía se encuentra en 2024, cuando se desarrolla la segunda línea temporal. Justo 37 años después de los sucesos ocurridos en los años ochenta, la agente Mille Farah (Doris Younane), que participó en la investigación cuando era una joven oficial, se encuentra con un nuevo caso de asesinatos que parecen tener ecos de los ocurridos en Parrish Station, y decide sacar a una madura Georgia Cooke (Heather Mitchell) de la institución psiquiátrica para que la ayude a encontrar posibles similitudes. Regresando también algunos personajes del pasado, como su ex-compañero Michael Thorne (Robert Taylor) y el empresario Callum Parrish (Alan Dale). De entrada, Los ecos de Parrish Station tiene uno de los repartos más destacados de la televisión australiana, con los veteranos Robert Taylor y Heather Mitchell en personajes principales, pero el guión de Ben Jenkins consigue que esta historia con toques de misterio sobrenatural cósmico acabe resultando más creíble de lo que podría parecer. Destaca la forma en que el director Daniel Nettheim, especializado en aportar un tono peculiar a series como Asesina a sueldo (Stan, 2025-), que está a punto de estrenar su segunda temporada, o Boat story (SkyShowtime, 2023), logra que los elementos sobrenaturales encajen dentro de una investigación policial sin resultar demasiado forzados. Al rodear a la historia de un toque de misterio mezclado con temas relacionados con el ocultismo, la serie consigue mantener las expectativas del espectador, siempre abierta a giros narrativos que abren nuevos caminos.
Pero también permite a los responsables abordar algunos episodios con ciertas referencias tonales a películas de terror clásicas. El episodio retrospectivo SOS (T1E7), que transcurre durante los acontecimientos anteriores a la masacre, tiene una tonalidad cercana a La cosa (John Carpenter, 1982), teniendo como escenario ese centro de investigación astrológica aislado, solo habitado por un grupo de científicos que se enfrentan a amenazas psicológicas. Al contrario de lo que ocurre en otras series, la estructura de doble línea temporal funciona de una forma sólida porque entrelaza las historias para ir descubriendo aspectos de cada una de ellas que permanecían ocultos, manteniendo el suspense a pesar de no tener un ritmo trepidante, pero aportando el interés que reflejan los descubrimientos del pasado y sus reflejos en el presente. Pero también proporciona fortaleza a la historia el hecho de que la protagonista principal no sea un personaje femenino que consiga cumplir con su objetivo de resolver el caso, rodeándola de una cierta imperfección que la convierte en el centro de una historia en la que ella se ve personal y psicológicamente afectada por el caso que investiga. A lo largo de la temporada hay elementos que hacen pensar en una intervención del espacio exterior, pero en otros momentos parece una trama de terror sobrenatural, lo que al final acaba aportando un tipo de misterio que es menos convencional que en otras ocasiones. Los ecos de Parrish Station tiene esa capacidad para mantener el suspense sin recurrir a trucos fáciles, y por eso en algunos momentos puede ser algo confusa en el equilibrio entre el pasado y el presente, pero la decisión de que los personajes estén interpretados por diferentes actores en las dos épocas en las que transcurre es tan acertada como para que no necesite recordar en cada momento en qué año se desarrolla la historia. Da la impresión de que la intención de la historia no es tanto la de mantener el misterio como la de describir los efectos que la obsesión por resolver un caso pueden llegar a tener en la detective principal y en su entorno, en el que la familia acaba jugando un papel importante, especialmente su hija Frankie (Grace Owens), que desarrolla una percepción sobrenatural, y que años después es una mujer (Emma Lung) que prefiere mantenerse al margen de las elucubraciones de su madre. Si el final puede no ser del todo convincente, aunque logra encajar adecuadamente todas las piezas, Los ecos de Parrish Station termina siendo una propuesta de horror cósmico que, sin embargo, se enfoca más en las consecuencias humanas que provocan los acontecimientos inexplicables.
AMC+, 19 de octubre
Estados Unidos 2026 - 6x45'
Creada por Victor Lavalle sobre su novela
Dirigida por Karyn Kusama, Emmanuel Osei-Kuffour, jr., Craig William McNeill
Canneseries '26: Fuera de Competición
El canal AMC ha ido consolidando una línea de producción relacionada con el género de terror que le ha reportado grandes éxitos y amplia repercusión, entre la que se encuentra la antología The Terror (AMC+, 2018-), que ofreció dos historias diferentes con distintos resultados: la primera temporada, The Terror (AMC+, 2018), era un thriller sobrenatural de supervivencia desarrollado por David Kajganich y Soo Hugh, en torno a la fatídica expedición naval al Ártico de Sir John Franklin entre 1845 y 1848; la segunda, The Terror: Infamy (AMC+, 2019), co-creada por Alexander Woo y Max Borenstein, retrataba la devastación del internamiento de estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial, introduciendo siempre elementos sobrenaturales, aunque recibió una acogida más irregular por parte de los espectadores. Bajo la presidencia de Dan McDermott, nombrado responsable de contenidos originales de AMC en 2020, se decidió recuperar esta franquicia, ahora con una tercera temporada que toma como base la novela de Victor LaValle (1972, Nueva York) The devil in silver (2013), no publicada en España, que él mismo se ha encargado de adaptar a la pantalla, después de su primera incursión en el formato de series con la adaptación de otra de sus novelas en The changeling (Apple tv, 2023). La novela original es una historia de terror social, una incursión en los miedos internos del personaje protagonista, pero al mismo tiempo enfrentado a un sistema sanitario estadounidense que prefiere encerrar a los enfermos mentales en instituciones psiquiátricas, especialmente si pertenecen a clases sociales que no pueden permitirse tratamientos más abiertos. La novela obtuvo buenas críticas en su elaboración de un realismo social impregnado de elementos terroríficos, que han seguido estando presentes en sus otras obras, como las posteriores The ballad of Black Tom (2016) y The changeling (2017), pero hay más elementos reconocibles de historias como Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975), sobre todo en la descripción de ese universo de régimen prácticamente penitenciario al que el personaje principal no reconoce pertenecer. En la serie The Terror: Devil in silver (AMC+, 2026), tras un ataque de violencia provocado por el ex-novio de su pareja, el imprevisible Pepper (Dan Stevens) acaba siendo arrestado por la policía. Pero, para evitar papeleo administrativo, deciden internarlo en el hospital psiquiátrico New Hyde, dirigido por el misterioso doctor Anand (Aasif Mandvi), quien le asigna un periodo de observación de 72 horas mientras se toma la decisión de liberarlo de la institución. Una de las salas del hospital está cerrada por una puerta infranqueable tras la que parece habitar una especie de monstruo que amenaza a los pacientes y el personal del hospital, aunque el doctor Anand hace todo lo posible para que no trascienda, tratando de evitar que el centro sea clausurado. El punto de vista de Pepper, que considera que ha sido encerrado de forma injusta y no se siente identificado con los pacientes del hospital, se toma como referencia para una narración en la que nunca está claro si los acontecimientos forman parte de la realidad o son producto de la mente del protagonista, afectada por los medicamentos que le administran, que pronto se revelan como demasiado peligrosos. Entre los pacientes se encuentran Coffee (Chinaza Uche), el compañero de habitación de Pepper, un emigrante ugandés que sufre un trastorno obsesivo-compulsivo, Loochie (b), un adolescente con trastorno bipolar y Dorry (Judith Light), una mujer esquizofrénica que lleva ingresada en el hospital desde hace décadas y es la única que conoce el pasado oculto de la institución. La descripción que hace Coffee en el episodio Noviembre en mi alma (T3E1) es bastante elocuente: "¿Pasan cosas malas en un sitio porque el sitio es perverso, o se han hecho tantas cosas malas allí que el sitio invita a lo perverso?".
A pesar de los efectos psicotrópicos de la medicina que le administran a Pepper, el departamento psiquiátrico "Northwest" del hospital New Hyde es diferente a la representación psicológica que se puede ver en películas como Shutter Island (Martin Scorsese, 2010). Para Victor LaValle es más interesante acercarse a las fallas de un sistema sanitario del que ya habían trascendido graves errores antes de que se publicara la novela, cuando en 2008 la neoyorquina de origen jamaicano Esmin Green murió en la sala de espera del Departamento de Urgencias Psiquiátricas del Kings County Hospital Center, sin que nadie se percatara de su muerte hasta una hora después. En la serie, el reducido personal de New Hyde, compuesto por un equipo mínimo de celadores, enfermeras y médicos, rara vez están presentes cuando ocurre un suceso grave, y en muchos casos llegan tarde. En el primer episodio se sugiere que algo en la mente de Pepper, ya sea su propio trauma anterior con el que ha vivido, o los efectos de los medicamentos, está produciendo algunos escenarios aterradores; pero como es habitual en este tipo de historias, la ambigüedad está presente entre los límites de la realidad y la imaginación. A pesar de todo, Devil in silver contiene escenas de suspense, pero es raramente sangrienta, prefiriendo el efecto psicológico antes que el efecto visual. La historia se conforma en torno a la capacidad de transformación, por un lado del protagonista y por otro lado de un sistema que ha permanecido inamovible durante décadas. Pero también es una representación más amplia, como lo era The changeling con una vocación más ambiciosa, en torno a la sociedad norteamericana, lo que está expuesto en una escena en la que el responsable del club de lectura, interpretado por Stephen Root, ganador de un Emmy por La maldición de Widow's Bay (Apple tv, 2026), se refiere a la novela de Herman Melville Moby Dick (1851, Ed. Austral): "La gente piensa que se trata de una historia sobre una ballena, pero no lo es. Es una historia sobre América. Sobre un grupo de personas que se adentran en el mar tratando de matar a una ballena, o quizás sobre una ballena que trata de matarles a ellos. ¿Quién es el verdadero enemigo?". También hay una referencia directa en esta sala de lectura a la novela Alguien voló sobre el nido del cuco (1962, Ed. Anagrama), del escritor Ken Kesey, al que Dorry se refiere diciendo: "En este libro nosotros somos los monstruos. Según él, McMurphy estaría mejor muerto que siendo como nosotros. En este libro nosotros somos los que no tenemos esperanza". Devil in silver puede ser demasiado convencional en su desarrollo, a pesar de un trasfondo social que se representa con menos claridad en la serie que en el libro. Pero su principal problema está en la incapacidad para encajar dentro de la antología de The Terror, que hasta la fecha había presentado relatos sobrenaturales en torno a la condición humana, pero anclados en acontecimientos históricos. En este caso, es la primera ocasión en la que se desarrolla en nuestra actualidad, aunque la historia tiene lugar en 2012 y el hospital parece detenido en la época en la que algunas instituciones se aferraban al uso de la lobotomía frente al desuso de esta cruel práctica provocado por el desarrollo de los psicofármacos. Pero no termina de transmitir la sensación de que se encuentre cómoda dentro de una antología que tiene en sus trasfondos históricos su principal capacidad para trascender del simple relato psicológico terrorífico.
Movistar Plus, 22 de octubre
Reino Unido 2026 - 3x50'
Creada por Joseph Bullman
Dirigida por Joseph Bullman
Serielizados Fest '26: Competición Internacional
El nivel de indignación que puede provocar una serie dramática basada en hechos reales es directamente proporcional al nivel de deshumanización que pueden transmitir las decisiones tomadas por los responsables de que determinadas situaciones no se produzcan. En el caso de Negocios turbios (Movistar Plus, 2026), se alinea con ese tipo de denuncias que en clave de ficción son capaces de concienciar más allá de su repercusión mediática, como Mr. Bates contra Correos (Movistar Plus+, 2023) y en menor medida Ciudad tóxica (Netflix, 2025), que provienen esencialmente de ese cine sobre los oprimidos que han desarrollado durante décadas directores como Ken Loach o Mike Leigh. La denuncia en este caso tiene relación con la progresiva contaminación de los ríos de Inglaterra y Gales debido a las aguas residuales y la falta de control sobre los vertidos de las industrias. Y, como ocurre en numerosas ocasiones en la historia reciente de Gran Bretaña, el origen está en las políticas privatizadoras de Margaret Thatcher, como apunta el comienzo del primer episodio, The accidental detectives (T1E1), cuando la Primera Ministra que construyó las bases de la desestabilización de la sociedad británica, anunciaba con orgullo en 1989 que la privatización de la gestión del agua iba a ser beneficiosa para todos. De aquellos barros vienen estos lodos, nunca mejor dicho, y como ya demostró la excelente docuserie Shifty (BBC, 2025), las políticas económicas de la década de los ochenta fueron el desastre de la convulsión social que ha sufrido Gran Bretaña hasta nuestros días. Pero a pesar de este comienzo, Negocios turbios no se centra tanto en las repercusiones políticas sino en la realidad social de sus protagonistas. La historia se desarrolla principalmente a partir de 2016, cuando dos vecinos retirados, Ashley Smith (David Thewlis), un policía que investigaba a compañeros corruptos, y Peter Hammond (Jason Watkins), un profesor de matemáticas en Oxford, comienzan a preocuparse por la neblina marrón que desde hace años viene cubriendo el antes transparente río Windrush. Las habilidades investigadoras de Ashley y los algoritmos creados por Peter forman parte de una investigación que desembocará en una lista de vertidos residuales incontrolados que se han ido produciendo en las últimas décadas, debido a la cada vez menor inversión por parte de la empresa de gestión de aguas South West Water, lo que contrasta con los millonarios beneficios que tiene la compañía. Minutos antes, otra trama paralela nos ha situado en un alegre día de playa de 1999, cuando el matrimonio formado por Mark Preen (Tom McKay) y Julie Preen (Posy Sterling) está de vacaciones con sus hijas en Dawlish, una playa con bandera azul. Pero una de ellas, Heather (Madison Waterworth), de tan solo ocho años, sufre un malestar que la lleva al hospital, donde muere dos días después por una intoxicación de E.coli 0157. A lo largo de los dos primeros episodios, asistimos a la lucha en los tribunales del matrimonio Preen por demostrar que la contaminación de la playa fue la causante de la muerte de su hija. Esta historia profundamente dramática contrasta con cierto sentido del humor que se desprende de la investigación que llevan a cabo Ashley y Peter varios años después, en un tono más desenfadado a pesar de la gravedad de los hechos que describe, que se refleja incluso en la propia imagen promocional de la serie, que parece más cercana a un crimen acogedor que a una historia de denuncia medioambiental.
Negocios turbios apuesta por un formato casi documental, en el que los actores hablan a la cámara cuando reproducen los emails que envían a la empresa de gestión de aguas, y las contestaciones vagas y los aplazamientos de los responsables de la compañía. Y la serie de Joseph Bullman, un director especializado en documentales, quiere ser tan precisa en los datos que suministra que a veces puede resultar algo confusa para los espectadores no ingleses, con sobreimpresiones que subrayan datos que contradicen a los diálogos, o referencias a documentación externa, casi como notas a pie de página, que se superponen a las imágenes. Esto también provoca que los personajes, especialmente los dos protagonistas, estén vagamente desarrollados, sin que apenas nada de su entorno personal tenga relevancia más allá de su propia investigación. Llegados al episodio The Whistleblower (T1E3), Peter muestra signos de cansancio ("Es agotador. No puedo más"), en el largo proceso de denuncias no escuchadas y alargamientos artificiales de las respuestas que reciben, como una continua sensación de fracaso que nunca derivará en responsabilidades reales: "Ningún directivo de las empresas ha sido acusado formalmente", se queja Ashley. Este episodio presenta a la confidente Hanna Swift (Channel Cresswell), que está inspirada en el confidente real Robert Forrester, que durante años proporcionó información sobre las prácticas irregulares de la Agencia de Medio Ambiente encargada de controlar los vertidos de las industrias. Una de las denuncias más graves de la serie es precisamente la falta de control del organismo público que tiene como principal función evitar que se produzcan vertidos contaminantes a los ríos. Pero las puertas giratorias, la corrupción o la ineficacia de las multas a empresas que tienen beneficios millonarios son el reflejo de un sistema roto, que elude la gestión pública pero también el control necesario sobre la gestión privada. Sir James Bevan (Alex Jennings) surge como la figura del funcionario con claros conflictos de intereses entre la dirección de la Agencia de Medio Ambiente y sus participaciones en empresas privadas como South West Water o Thames Water. Pero como resultado de un sistema que lo permite: en 2010, el gobierno conservador de David Cameron estableció lo que se denominó el "autocontrol operativo" para recortar gastos, lo que la funcionaria Sophie Harrison (Charlotte Ritchie) defiende en la serie. En vez de efectuar inspecciones, se permitió a las empresas de gestión de aguas que fueran ellas mismas las que comunicaran a la Agencia de Medio Ambiente si se había producido algún vertido de aguas residuales. Según se indica al final de la serie, desde que se privatizó esta gestión se han vertido cada vez mayores productos contaminantes, y en 2024 se calcula que se produjeron más de un millón de vertidos de aguas residuales en los ríos ingleses. Negocios turbios quizás no funciona de una manera tan emocional como otras series parecidas, pero su minuciosa descripción de los hechos y su claridad expositiva provocan la indignación necesaria en el espectador. Como afirma Ashley dirigiéndose al espectador: "Estamos tratando de acabar con el mayor sindicato del crimen organizado de Inglaterra. El dinero que han acumulado estas empresas desde la privatización de las aguas, 145 mil millones de libras, lo han conseguido porque han convertido la ilegalidad en su modelo de negocio".
AMC+/Planet Horror, 23 de octubre
Taiwán 2026 - 10x50'
Creada por Ya-Lan Cheng, Chun-Yi Hsieh, Sakana sobre los mangas de Junji Itō
Dirigida por Chun-Yi Hsieh
Cuentan sus seguidores que las adaptaciones de la obra del autor Junji Itō (1963, Japón) no han conseguido todavía capturar la atmósfera desasosegante que rodea a sus historias. Desde las adaptaciones en forma de anime en las series Junji Ito Maniac: Relatos japoneses de lo macabro (Netflix, 2023) y Uzumaki (HBO Max, 2025) hasta la antología en imagen real de cuentos de terror Strange: Relatos de Junji Ito para noches en vela (HBO Max, 2026), que acaba de estrenarse, los resultados de trasladar la singularidad de los personajes y las ambientaciones del autor japonés no terminan de estar a la altura de los mangas originales. Quizás el proyecto más ambicioso ha sido Bloody smart (AMC+/Planet Horror, 2026), que a lo largo de diez episodios recrea algunos de los personajes e historias que el autor ha incluido en varios de sus relatos, como Tomie, Sōichi, La chica babosa o Los globos colgantes, recopilados en su colección de Relatos terroríficos (2018, ECC Cómics). La historia principal está planteada como una crítica al sistema educativo japonés basado en los rendimientos académicos de los alumnos como una especie de competición pública, que condensa las expectativas familiares, la movilidad social y el valor personal. Cuando un pueblo asegura una tasa de éxito académico del cien por cien, convirtiéndose en el refugio para aquellos que desean entrar en las mejores universidades, parece una promesa irresistible para padres y jóvenes angustiados. Bloody smart es la primera serie original en chino que rinde homenaje al maestro del manga Junji Itō. La historia sigue a una madre soltera, He Li-fen (Gigi Leung), quien se muda con su hija Zhao Jia-qi (Buffy Chen), a este pueblo misterioso conocido por su alto nivel educativo, con la esperanza de que la joven obtenga una nueva oportunidad en la Academia Chongming. Sin embargo, las reglas de este lugar son crueles: los estudiantes no solo compiten, sino que han interiorizado la idea de que solo aquellos con excelentes calificaciones tienen derecho a sobrevivir. A medida que aparecen misteriosos árboles de sangre, frutos escarlatas y eventos inexplicables, el miedo, los celos y los deseos reprimidos comienzan a devorar a todos. Posiblemente, parte de la decepción que puede provocar esta adaptación consiste en que el resultado es un compendio de varias historias que a veces tienen problemas para equilibrarse en un conjunto lo suficientemente coherente. Hay algunos episodios que parecen contar un relato independiente, centrados en personajes concretos, mientras que otros pretenden conectar una trama principal en la que predomina el deseo de los alumnos por conseguir buenas calificaciones y las expectativas de sus padres, mientras un extraño fruto procedente de un árbol misterioso parece provocar pesadillas y deseos de muerte cuando es consumido, hasta llevar a una especie de adicción. La serie plantea las problemáticas de las llamadas academias de refuerzo en las que se trata de recuperar a los alumnos que no obtienen las calificaciones adecuadas, sometiéndoles a jornadas de estudio intensivas, y en la historia se incorpora el consumo de este fruto como una manera de adquirir altos niveles de inteligencia que les permite mejorar sus conocimientos, pero que también provoca deseos ocultos. Como historia de terror, Bloody smart funciona bien a pesar de ser algunas veces algo caótica y en otras muy violenta, aunque se la ha comparado, en sentido positivo para ésta, con el reciente estreno de Strange: Relatos de Junji Ito para noches en vela.
Pero el intento de dar cohesión a diferentes historias y distintos personajes de los que se cuentan sus propias tramas personales, tiene dificultades para encontrar el equilibrio necesario. Aunque la serie se presenta como un relato de horror sobrenatural, en su núcleo cuestiona el sistema educativo, el control parental y la obsesión colectiva por el éxito, lo que resultan temas interesantes para abordar. Sin embargo, la serie no trata realmente de reproducir las características de la sociedad japonesa, sino de introducir dentro de los relatos los elementos tradicionales d ela sociedad taiwanesa, lo que resulta especialmente inteligente. Pero quizás las adaptaciones de las historias de Junji Itō pueden funcionar mejor como relatos independientes y autoconclusivos que como tramas alargadas que tratan de tener una cierta continuidad. En general, la historia podría sostenerse por sí misma sin incorporar los elementos sobrenaturales del universo de Junji Itō, como la creación de un universo propio que combina el aislamiento del mundo exterior con la crítica al sistema educativo asiático que se basa exclusivamente en la meritocracia, estableciendo el acceso a la escalera social a través de academias de refuerzo para repetir exámenes. Pero, puesto que la atmósfera de terror no está lo suficientemente establecida, a veces se echa mano de recursos fáciles de jumpscare para compensar la falta de una construcción sólida de los elementos sobrenaturales. A lo largo de los diez episodios hay un cierto caos en la representación de los personajes, pasando de los alumnos en la primera parte de la temporada a unos padres desquiciados en la segunda parte, estableciendo el mundo adulto como el reflejo de los traumas y las obsesiones de sus hijos. El Episodio 4 (T1E4) hace referencia a la historia de Tomie, pero sin ser una adaptación fiel del personaje, mientras que el Episodio 5 (T1E5) reproduce la historia de La chica babosa, pero integrándola en la trama general. Hay un cambio de perspectiva en el Episodio 8 (T1E8) cuando se centra más en los adultos y sus obsesiones, que se hacen más inquietantes por la forma en que aceptan como normales decisiones que afectan directamente a sus hijos. Quizás resulte menos decepcionante acercarse a Bloody smart como una reinterpretación de los relatos de Junji Itō que pensando en encontrarse con una adaptación fiel de su obra, aunque se anunció en su momento que él mismo había supervisado la historia. La serie funciona mejor como un homenaje al autor japonés desde una perspectiva diferente que como una recreación de sus mundos sobrenaturales, y encuentra una mayor solidez en las historias que protagonizan los jóvenes que en las que se desarrollan en el mundo adulto. Estrenada en Taiwán a través de Netflix, la serie llega al mercado internacional desde el grupo AMC, y en España se presenta en doble emisión a través de AMC+ y de Planet Horror. Lo más incisivo de Bloody smart es cómo traduce la ansiedad académica en escenarios concretos y aterradores. Las calificaciones y la competitividad ya resultan asfixiantes por sí solas, pero el guión añade elementos sobrenaturales para llevar la presión al extremo, convirtiendo el rendimiento académico en un juego de supervivencia real. Aunque los árboles sangrientos son un elemento visual importante, lo verdaderamente perturbador es que cada personaje puede perder el control al intentar alcanzar el éxito académico o personal. Los monstruos nunca son externos, sino el resultado de los límites a los que pueden llegar las personas.
AMC+/Planet Horror, 26 de octubre
Australia 2026 - 6x30'
Creada por Joel Kohn
Dirigida por Matthias Hoene, Sian Davies, Joel Kohn
Metidos de lleno en el mes de Halloween, se suceden los estrenos de series que trasladan el mundo del terror a historias que contienen todos los elementos clásicos del género. Y el canal australiano Stan ha decidido ofrecer una comedia negra en la que los gnomos decorativos de las casas en la época navideña se convierten en asesinos que aterrorizan a una pequeña localidad que, en este caso, tiene la mala suerte de basar su economía precisamente en la fabricación de estas figuras de jardín. Gnomos (AMC+/Planet Horror, 2026) acaba de estrenarse en Australia con episodios semanales, mientras que a España llegará a través de dos canales de AMC a finales de mes, coincidiendo prácticamente con la fiesta de Halloween. Descrita en la documentación de prensa como una mezcla entre Gremlins (Joe Dante, 1984) y la parodia policíaca Arma fatal (Edgar Wright, 2007), se trata de una acertada calificación, aunque también hay que decir que funciona mejor cuando se parece a la primera que cuando se parece a la segunda, porque la trama de policías de un pequeño pueblo que se ven amenazados por el posible cierre de la comisaría, dado que hace años que no practican ninguna detención ni ponen ninguna multa, resulta un poco sosa. De esta forma, los primeros episodios que funcionan como una presentación de los personajes, son menos divertidos de lo que deberían, y no es hasta que comienza el ataque de los gnomos a partir del Episodio 3 (T1E3) cuando la historia empieza a ser realmente entretenida. Digamos que el sentido del humor que se despliega en estos primeros episodios es tan tonto que no hace gracia, mientras que la crueldad que se desata cuando los gnomos empiezan a cobrar vida es mucho más atractiva. Como muchas de las películas de terror de los años ochenta, la historia comienza en el pasado, con los nazis intentando resucitar a la malvada Reina Gnomo, una estatua de tamaño mayor que un humano que se asemeja a un gnomo de jardín, para ganar la Segunda Guerra Mundial, lo que claramente no consiguen. A continuación, se traslada a la actualidad en Nompton, un pequeño pueblo victoriano en el que se fabrican gnomos de jardín, con una población de poco más de 4000 habitantes, justo cuando se prepara el festival llamado "Gnome-a-Palooza" en el que el alcalde Lachlan Morrison (Darren Gilshenan) quiere presentar su mayor adquisición hasta la fecha: la antigua Reina Gnomo. El agente Arnold Kipps (Asa Butterfield) es el principal protagonista de la historia, y el reclamo de casting más destacado de la serie, con el actor inglés conocido por Sex education (Netflix, 2019-2023), que en esta producción australiana se parece cada vez más a Elijah Wood. Junto a sus compañeros, los agentes Josie Leeds (Higginbotham) y Devon Raki (Matt Okine) forman parte de una comisaría que no tiene realmente mucho trabajo que hacer en una localidad tan pequeña, más que perseguir a veces a unos adolescentes traviesos que se dedican a robar gnomos de jardín. Por eso, el regreso de Ellie McKay (Megan Smart), una agente de policía que se marchó del pueblo y tuvo una breve relación con Arnold, es recibido con entusiasmo, aunque su misión es elegir a un único policía de todos los que forman la comisaría para que sirva como enlace con la central, trasladando al resto de los policías a otras localidades más activas en delincuencia, debido a una drástica política de reducción de personal. Esta trama es tan convencional que solo funciona como soporte de la principal, cuando la Reina Gnomo provoca que el resto de los cientos de gnomos que se encuentran en la ciudad cobren vida con intenciones no demasiado positivas.
El tono de comedia de terror funciona adecuadamente, aunque un canal como Stan quizás se podría haber permitido ser un poco más atrevido en la representación de las muertes, posiblemente no llegando a ser gore, pero al menos evitando que todos los asesinatos se produzcan fuera de campo, lo que le da a la serie un tono más juvenil de lo que realmente debería tener. En este sentido, las referencias a la película Gremlins son bastante evidentes, pero a veces la animación de los gnomos se parece más a las primeras entregas de Muñeco diabólico (Tom Holland, 1988). En todo caso, el tono ochentero que tiene toda la serie es claro, pero resulta un poco decepcionante que quiera ser demasiado discreta, tanto en la extravagancia de su sentido del humor como en la representación de la violencia que ejercen los gnomos. Hay mucha sangre, pero también es poco explícita, de manera que parece tener la intención de ser una comedia negra familiar más que plantearse como una auténtica comedia de horror para adultos. Esto resulta más evidente cuando también adquieren importancia los personajes de un grupo de adolescentes que ayudan a los policías a contrarrestar el ataque de los gnomos: Zayn (Oliver Edis), Jenny (Leigh Lule), Dylan (George Rayias) y Rosie (Mila Hourmouzis), tienen incluso un aspecto más parecido al de jóvenes de la década de los noventa que de la actualidad. El aspecto visual de la serie tiene un tono amable, y parece reivindicar la televisión australiana de estilo noventero evocando una nostalgia que puede complacer a los espectadores más adultos, al mismo tiempo que atrae a un público nuevo. De hecho, el director de fotografía Matthew Temple reproduce parte de la estética que ya utilizó para la aclamada película de terror, ambientada en los años setenta, El último late night (Cameron Cairnes, Colin Cairnes, 2023), otra de las muestras del cine australiano traspasando el éxito internacional. Aunque Gnomos acaba siendo menos alocada, extravagante y divertida de lo que su planteamiento haría esperar, es una muestra de comedia negra de bajo presupuesto que encaja perfectamente con ese estilo del cine de terror nostálgico que últimamente parece haberse convertido en una tendencia general.
Tender loving care se estrena en cines el 26 de febrero de 2027.
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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):
La virgen de la Tosquera y Gremlins se pueden ver en Movistar Plus.
Post mortem, Por donde pasa el silencio y Alguien voló sobre el nido del cuco se pueden ver en Filmin.
El conde se puede ver en Netflix.
Creatura se puede ver en 3Cat, Filmin, HBO Max, Movistar Plus, Mubi, Prime y Rakuten tv.
La cosa se puede ver en Movistar Plus y SkyShowtime.
Arma fatal se puede ver en Movistar Plus y Shadowz.
Muñeco diabólico se puede ver en Prime.
El último late night se puede ver en Filmin y Netflix.
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