19 octubre, 2016

5 joyas del Festival de Sitges

El Festival de Sitges ha concluido este fin de semana con la entrega de sus galardones, que para muchos han reconocido algunos de los trabajos más interesantes que han pasado por su Sección Oficial. Títulos controvertidos, películas inclasificables, recuperación de un género tan clásico (y últimamente sobreexpuesto) como el zombi... Destacamos a continuación cinco títulos de los que se va a hablar en los próximos meses.

Swiss army man, Daniel Scheinert y Daniel Kwan
Mejor Película
Interpretación Masculina - Daniel Radcliffe
Mención Especial Jurado Joven

No pocos coinciden en clasificar a esta película como "inclasificable". Ciertamente, se trata de una buddy movie que resulta difícil de calificar simplemente como una comedia con tendencia al humor adolescente de pedorretas, o como una lectura poética sobre la amistad humana y la inadaptación. Daniel Radcliffe, que sigue demostrando su querencia por los proyectos arriesgados, y Paul Dano, de nuevo en una interpretación sobresaliente, son casi los únicos personajes de una película que pasa de los chistes de pedos a la fantasía lírica en menos de dos segundos. Y sobre uno y otro término consigue construir una historia de amistad que atrapa al espectador desde esos primeros minutos que marcan sin ambages la sorprendente propuesta. Sin duda se trata de una de las propuestas más originales que hemos visto en mucho tiempo, aunque su subtexto sea más superficial de lo que podría haber sido, pero el excelente trabajo de unos actores desinhibidos (especialmente Daniel Radcliffe) y un buen trabajo de dirección merecedor de Premio en Sundance, consigue que terminemos de ver esta historia con una sonrisa en la cara. Mención aparte merece una de las bandas sonoras más apasionantes de este año, obra de Andy Hulk y Robert McDowell, que resulta un divertido juego de voces solistas en el que participan los actores protagonistas.





Train to Busan, Yeong Sang-ho
Mejor Dirección
Mejores Efectos especiales

Yeong Sang-ho es uno de los directores de animación más interesantes del actual panorama asiático, con títulos destacables como The king of pigs (2011) y, sobre todo, The fake (2013). Ahora realiza su debut en el cine de acción real con una revisión del género de zombis. O, mejor dicho, una reasimilación del género a sus planteamientos clásicos (no sin algunas licencias), que nos devuelve el mejor cine de muertos vivientes que hemos visto últimamente. Ha tenido que ser el cine de Corea del Sur el que ha recuperado la esencia de las buenas historias de zombis, aquí convertida en una película de acción sin respiro que te atrapa desde el primer minuto, y que se nos antoja como una mezcla entre la trepidante adrenalina de Snowpiercer (Bond Joon-ho, 2013) y el terror hormonado de 28 días después (Danny Boyle, 2000). La película fue presentada en el Festival de Cannes, fuera de competición, y contiene algunas escenas realmente vibrantes que además tienen una lectura de fondo que plantea reflexiones sobre la sociedad moderna y la alienación. El director, además, presenta este film junto a otra película de animación, la espléndida Seoul Station (Yeong Sang-ho, 2016), que cuenta la misma invasión de zombis, pero centrada en la estación principal de la capital coreana.



The neon demon, de Nicolas Winding Refn
Premio José Luis Guarner

El danés Nicolas Winding-Refn es uno de los cineastas que despierta más opiniones encontradas. Desde su debut, Pusher (1996), hasta sus incursiones en el cine independiente norteamericano con Drive (2011), su cine está marcado por una particular visión que a muchos les resulta artificial y a otros nos hipnotiza. Su última película, presentada en el Festival de Cannes a competición, despertó la ira de buena parte de la crítica. Lo cual, siendo su caso, resulta alentador. Y no vamos a defender The neon demon como la cinta más lograda de su director, porque contiene lagunas y una estética formal que a veces se coloca por encima de la coherencia narrativa. Pero ciertamente estamos ante un ejercicio de dirección que, por encima incluso de su planteamiento narrativo, nos conduce a terrenos de desasosiego y vacuidad en torno al mundo de las modelos, aquí planteado como un submundo lleno de peligros que contiene incluso dosis de ironía inteligente. Aunque su devenir narrativo encuentre ciertas dificultades para seducirnos (con personajes que resultan totalmente prescindibles, como el que interpreta Keanu Reeves), el juego formal sí lo consigue, con una estética psicodélica que en algunos momentos puede recordar a las visiones cinematográficas de David Lynch, aunque sin llegar a su maestría.





Gokseong (El extraño), de Na Hong-Jin
Mejor Fotografía
Premio Focus Àsia

El director responsable de dos de las películas policíacas más interesantes de los últimos años, Chaser (2008) y The yellow sea (2010) regresa con otro thriller poderoso y contundente que, en esta ocasión, traspasa las fronteras del género para introducirnos en el terror puro y duro. La capacidad de Na Hong-Jin para deambular por diferentes géneros es admirable. Desde un comienzo con toques de humor hasta un film noir de trazos precisos, la película difumina su propuesta narrativa hasta acabar en una estremecedora última hora de auténtico cine de terror. Mérito tiene en este conjunto el trabajo de fotografía, de nuevo esos claroscuros y esa lluvia que otorga una ambientación claustrofóbica, y la labor de los actores, especialmente el protagonista, Do Won Kwak, que resulta igualmente creíble tanto en el terreno cómico como en la angustiosa experiencia final de su personaje. Ni qué decir que no estamos solo ante una película de vocación comercial, sino que en el subtexto permanece esa preocupación del director por la aceptación del inmigrante (tema central de la anterior The yellow sea), esa cierta xenofobia hacia el extranjero, personificado aquí en ese visitante que no por casualidad es de origen japonés (con las secuelas que aún mantiene Corea del Sur en torno a la ocupación japonesa). Cine de gran precisión y de ejecución maestra del suspense que hacen que sus dos horas y media de duración pasen como un suspiro.



The handmaiden, de Park Chan-wook
Gran Premio del Público

Sin duda este es el año de la recuperación del cine coreano de género, gracias en parte a que han coincidido en pantalla las últimas películas de algunos de sus directores más reconocidos a nivel internacional. Park Chan-wook, responsable de algunos de los títulos decisivos producidos en su país en los últimos años, desde Oldboy (2003) hasta Thirst (2009), regresa a Corea del Sur tras su decepcionante debut en el cine de Hollywood con Stoker (2013) para adaptar la novela inglesa Fingersmith de Sarah Waters, que ya tuvo una adaptación en formato miniserie en Fingersmith (Aisling Walsh, 2005), y reconvertirla en un perfecto ejercicio de misterio y erotismo ambientada en la época de la ocupación japonesa (otra vez el estigma de la invasión). Lejos de sus propuestas de violencia extrema, aquí explora un estilo más clásico pero provisto en lo formal de esa capacidad del director para encuadrar con precisión cada una de las secuencias, mientras desgrana ese tono de erotismo que hace de la película una de las propuestas más absorbentes  de sus últimos años. Presentada a concurso en el Festival de Cannes, The handmaiden contiene momentos de auténtica belleza y consigue que ese juego de miradas que propone al espectador se transforme en una asombrosa película de misterio que sorprende y fascina al mismo tiempo. Todo ello acompañado con la preciosa y estimulante banda sonora creada por su habitual colaborador, Jo Yeong-Wook.









El extraño se estrena el 18 de noviembre
El demonio neón se estrena el 25 de noviembre
Train to Busan se estrena el 5 de enero