03 noviembre, 2009

Un mirada al cine europeo

En Europa se hacen también películas que no están marcadas por los gustos políticamente correctos de quienes deciden dónde, cómo y entre quién se reparten los miles de euros que cada año la Unión Europea ofrece con condiciones. 

El cine europeo actual deambula entre los escarceos, más o menos logrados, con el cine de género (bélico, thriller...) y las demostraciones de ese cine de autor que tantas discusiones ha suscitado. Éste es un repaso a salto de mata por diferentes países y distintas formas de concebirlo, pero con el denominador común de cierta firma de personalidad que, nos guste o no, ha acabado marcando un estilo propio. Eso sí, nos resistimos a seleccionar solamente el cine europeo subvencionado por unas instituciones comunitarias cuyos criterios son más que discutibles. En Europa se hacen también películas que no están marcadas por los gustos políticamente correctos de quienes deciden dónde, cómo y entre quién se reparten los miles de euros que cada año la Unión Europea ofrece con condiciones.  

DINAMARCA. EL THRILLER DE LAS BUENAS MANERAS 

Kandidaten. Dir. Kasper Barfoerd  Int. Nikolaj Lie Kaas, Ulf Pilgaard, Laura Christensen

El cine danés tiene esa rara habilidad para saber construir películas de factura impecable y al mismo tiempo acabar creando historias con personalidad propia. El caso de Kandidaten no es diferente. Construido con precisión, buena planificación, interpretaciones de altura y sentido del ritmo, se trata de una más que decente incursión en el cine de género con protagonista metido en una trama de conspiración. No es que el guión sea de una calidad extrema, e incluso algunos puntos de giro resultan algo increíbles, pero consigue que la historia de un joven abogado que investiga el posible asesinato de su padre, nos atrape con convicción. Algo a lo que contribuye el trabajo de Nikolaj Lie Kaas, uno de esos actores daneses que parece que están en todas las películas que tienen proyección internacional, y que es capaz de incorporar tanto a personajes oscuros como, en este caso, a protagonistas que saben empatizar con el espectador. 
Música: La banda sonora de Jeppe Kaas está muy bien diseñada y aunque discurre por los sonidos más o menos convencionales del cine de acción, tiene momentos de auténtica precisión.  

BÉLGICA. EL HORROR FLAMENCO 

Linkeroever. Dir. Pieter Van Hees  Int. Eline Kuppens, Matthias Schoenaerts, Sien Eggers

No es habitual que la cinematografía belga se adentre en el cine de terror, por lo que esta incursión merece un espacio. Linkeroever, que puede traducirse como "Orilla izquierda", se centra en una joven que se ve metida de ello en medio de una extraña comunidad de vecinos que oculta algo más que secretos. No estamos, eso sí, ante el típico cine de sustos. La película discurre con pausa por un terreno más cercano a las películas de género de Polanski, especialmente Repulsión, pero también La semilla del diablo. Y en ese sentido, la ambientación terrorífica contiene más elementos de desasosiego que de auténtico horror. El director logra esa sensación oscura, pero no consigue calibrar bien el ritmo, que en ocasiones resulta excesivamente estático.   
Música: Más que música, la película contiene una interesante ambientación sonora que consigue en algunos momentos subrayar la sensación de claustrofobia.  

FRANCIA. EL POLAR DE AUTOR 

Bellamy. Dir. Claude Chabrol  Int. Gerard Depardieu, Jacques Gamblin, Marie Bunel

De nuevo, Claude Chabrol construye un policíaco en el que lo más relevante no es el caso a investigar, sino las consecuencias que éste tiene en quienes lo investigan. En este caso, se trata de un inspector de policía de vacaciones, casi de retiro forzado (perfecto Gérard Depardieu, en uno de los papeles más logrados que le hemos visto en su últimamente errática filmografía) que no consigue abstraerse de una muerte misteriosa. Homenaje a Georges Simenon, de cuyo inspector Maigret éste toma prestados algunos tics, Bellamy es puro Chabrol: preciso, a veces divertido, sabiendo acercarse a los personajes con simpatía. Que a Depardieu le acompañen actorazos como Jacques Gamblin o Marie Bunel es otro elemento de interés. No es el cine perfecto, pero sí el perfecto entretenimiento. 
Música: Como de costumbre, el hijo de Claude Chabrol, Matthieu Chabrol, se encarga de la banda sonora. Beves apuntes de transición con cuarteto de cuerda que resultan efectivos, pero intrascendentes. 

EL EROTISMO MÍSTICO

À l'aventure. Dir. Jean-Claude Brisseau  Int. Carole Brana, Arnaud Binard, Nadia Chibani

Director de especial resonancia en los círculos de Cahiers du Cinema, Jean-Claude Brisseau es para mí un cineasta que me produce encontradas reacciones. A veces no sé si estoy viendo una película erótica de los setenta, pero resulta atractiva su capacidad para reflexionar sobre la realidad y el ser humano. Su última película es así. Por un lado, una sucesión de escenas eróticas un poco "naif"; por otro, una serie de pensamientos en torno a las apariencias y cómo actuamos según las pautas marcadas por nuestra sociedad. Y resulta refrescante sobre todo el universo femenino que plantea el director: liberado, liberal, aburrido del sexo convencional con su pareja, lleno de deseo de descubrimiento. Lo mejor de la película es ese científico taxista que remueve los convencionalismos. Pero al final, también, los personajes son "conducidos", guiados hacia el éxtasis místico. Lo cual tampoco resulta alentador. 
Música: Jean Musy acompaña con música etérea el misticismo de la película, pero se mantiene siempre en un plano secundario.


REPÚBLICA CHECA. LA GUERRA INÚTIL 

Tobruk. Dir. Václav Marhoul  Int. Jan Meduna, Petr Vanek, Robert Nebrenský


Basada en la misma novela de Stephen Crane que la versión norteamericana que dirigió John Huston en 1951, nos encontramos aquí con un tour de force del cine checo que tiene más de apariencia que de auténtica sustancia. Se puede entender que la industria de su país le nomine para 8 premios nacionales por el esfuerzo de producción y la, no se puede negar, buena factura técnica de una pretendida superproducción como ésta, pero la historia está contada con tan poco acierto y los personajes resultan tan distantes que no tenemos claro si merece el reconocimiento que se le ha dado institucionalmente. Tobruk se adentra en la guerra con la mirada puesta en Hollywood, pero no consigue trascender del puro artificio. 
Música: Richard Horowitz (especialista en sonidos africanos) y Sussan Deyhim se encargan de una banda sonora que contiene elementos sonoros del desierto, mientras trata de acercarse también a la espectacularidad de la guerra. Pero la incursión de algunos elementos sintetizados resulta poco acertada.  

KAZAJISTÁN. EL VALOR DE LA SENCILLEZ 

Tulpan. Dir. Sergei Dvortsevoy  Int. Tolepbergen Baisakalov, Ondas Besikbasov, Samal Esljamova

La historia de un joven cuyo único sueño es encontrar una mujer y cuidar ovejas en la estepa es tan sencilla como efectiva, si nos la cuentan con humor y con esa precisa descripción del entorno familiar que se encuentra en esta película. Como de costumbre, el cine hecho en Kazajistán se estrena con cuentagotas (porque se produce con cuentagotas), pero no hay duda que tiene en sus elementos de simpleza dramática el mayor valor. Tulpan es esa película pequeña (pero con una planificación muy cuidada) que logra hacer que los personajes nos resulten entrañables, cercanos, aunque su estilo de vida (esa inevitable mirada antropológica) sea tan distante al nuestro. Y en eso se nos presenta como una perfecta y lograda recreación emocional. 
Música: Folclórica y simple, aunque con la divertida curiosidad de tener como leitmotiv una canción de Abba.  

POLONIA. EL DRAMA GROTESCO 

Cztery noce z Anna (Four nights with Anna)  Dir. Jerzy Skolimowski  Int. Urszula Bartos-Gesikowska, Margorzata Buczkowska

Jerzy Skolimowski vuelve a rodar en polaco desde que lo hiciera allá en 1981 (aunque tampoco es que haya dirigido más de cuatro películas desde entonces). Lo mejor de este drama grotesco es el dibujo del protagonista, un personaje de extraña personalidad que no se nos explica (ni falta que hace) de dónde proviene, y que está obsesionado con una joven vecina a la que visita, sin ella saberlo, por las noches. De perfecto trazado cinematográfico, quizás le falta a la historia algo de credibilidad, pero consigue interesarnos gracias a su propuesta de juego temporal y a la buena definición de los personajes.  
Música: Siempre hemos dicho que el cine polaco está dotado con el talento de sus músicos (algunos de ellos como Wojciech Kilar o Jan Kaczmarek de proyección internacional), por la efectividad melódica que les caracteriza. Es también el caso del trabajo de Michal Lorenc que, apoyándose en pizzicatos, logra dar ese toque absurdo que requiere la historia.