09 agosto, 2009

Tokio: la ciudad resucitada

La ciudad de Tokio se convierte en protagonista de dos películas que se introducen en sus más recónditos rincones para darnos una visión alejada de la puramente turística y descubrirnos una ciudad repleta de oscuros secretos.

Ocurre a veces en el cine que un tema o un argumento se acaba co
nvirtiendo, sin que exista en principio ninguna intención premeditada, en protagonista de distintos títulos procedentes de diferentes países. Es lo que ocurre este año con la ciudad de Tokio. Dos producciones inéditas, al margen de la incursión española de Isabel Coixet en Mapa de los sonidos de Tokyo, a las que no les une casi ninguna conexión centran sus argumentos en la capital japonesa, pero sobre todo acaban siendo un retrato actual de una ciudad sorprendente y misteriosa.

Tokyo Sonata (2008) es la última película del realizador japonés Kiyoshi Kurosawa (a pesar de su apellido, sin relación alguna con Akira Kurosawa), un veterano autor que ha realizado incursiones en el género yakuza y en el de terror, el que le ha dado mayor proyección internacional gracias a títulos como Pulse (2001) (que tuvo su correspondiente remake en Hollywood) o Retribution (2006). Pero en esta última película, ganadora del premio al Mejor Film en los galardones del cine asiático el pasado año, se acerca más al drama familiar característico de cineastas como Yasujiro Ozu. Y lo hace a través de la historia de una familia japonesa de clase media (padre, madre y dos hijos) que deben afrontar la crisis económica cuando el cabeza de familia se queda sin trabajo y decirle ocultarlo. Una realidad por otro lado no tan extraña como pudiera parecer, siendo habitual encontrar en Tokio a vagabundos que precisamente ocultan a sus familias su falta de trabajo, deambulan por la ciudad y regresan a sus casas como si nada hubiera pasado, lo que convierte a esta película en un reflejo de una sociedad contradictoria.

La película retrata con realismo las difíciles condiciones de vida de muchos grupos familiares que en Japón, el país aparentemente más tecnológico, deben enfrentarse al fantasma del paro, y la humillación que supone enfrentarse a un mercado laboral que sólo ofrece puestos de trabajo de bajo salario. Largo pero efectivo viaje emocional hacia las relaciones familiares, la pérdida de autoridad, la dependencia exterior de un país que pierde lentamente su idiosincrasia... No es nuevo el tema (ya es habitual encontrar en el cine referencias a la crisis mundial) pero está tratado con honestidad, aunque la catarsis final resulte algo artificial.

No es desde luego realista el acercamiento que hacen tres directores de procedencia diversa a la ciudad de Tokio en el tríptico titulado precisamente Tokyo!. Michel Gondry, Leos Carax y Bon Joon-ho son tres extranjeros en tierra extraña pero que sin embargo, a través de cada una de las historias que componen este retrato parecen entender mejor que nadie la complejidad y la simplicidad al mismo tiempo de una ciudad misteriosa. Son tres relatos fantásticos que juegan con el surrealismo y el absurdo, si se quiere, para trazar con lo que creemos es una perfecta definición formal, las contradicciones de Japón.

Michel Gondry en Interior design (Diseño de interiores) compone una historia sencilla sobre dos jóvenes que acaban de llegar a la ciudad y su alienación gradual.

Leos Carax consigue con Merde (Mierda) dar una vuelta de tuerca a los fantasmas de Tokio, ejemplificados en un monstruo que habita las alcantarillas pero que no tiene nada que ver con los seres prehistóricos. Es un monstruo humano que deambula por el interior de la ciudad con la música que el maestro Akira Ifukube creó para la saga de Godzilla.


Y el coreano Bon Joon-ho nos ofrece en Shaking Tokyo (Temblor en Tokio) una historia de amor entre seres alienados que describe mejor que nadie lo ha hecho hasta el momento, la soledad que desprende una ciudad habitada por millones de personas. Tres retratos espléndidos, sin necesidad de efectos visuales despampanantes, que consiguen una visión inédita de una ciudad desonocida.

Mientras, Isabel Coixet nos presenta su particular Mapa de los sonidos de Tokyo, aunque dudamos de la eficacia de su propuesta.