21 agosto, 2009

El bueno, el feo y el rarito

El cine que se hace en Corea continúa con buenas muestras de vitalidad, aunque por aquí los distribuidores prefieran seguir dejando inéditas algunos excelentes ejemplos de cine de género.

Jee-woon Kim es uno de esos directores que, sin llegar al reconocimiento internacional de Joon-ho Bong (The host) o Kim-ki Duk (El arco), se encuentra en la lista de los realizadores más destacados de Corea (del Sur claro, porque en el Norte están demasiado preocupados en el desarrollo nuclear como para distraerse con el cine). De Jee-woon Kim hemos visto interesantes muestras de cine de terror (uno de los segmentos de 3, Extremes 2 (2002) y A Tale of two sisters (2003)) y de gánsters (A bittersweet life (2005)) y es un autor que se caracteriza por su capacidad para alcanzar grandes éxitos de taquilla al tiempo que convence a la crítica gracias a su inteligente uso de la cámara y su perfecto sentido del ritmo.


En The good, the bad, the weird (2008), se enfrenta a un nuevo cambio de género adentrándose ahora en el llamado Far Eastern cinema (Cine del Lejano Este), que toma como referencia los clásicos del género del Oeste para reubicarlos en Oriente durante los convulsos años 30 (aquí en Manchuria, territorio entre China y Rusia con frontera con el Norte de Corea que se disputaron durante mucho tiempo todos los que pasaban por allí). Evidentemente, la película se inspira en El bueno, el feo y el malo (1966), utilizando su punto de partida y su trama principal, pero sin ser exactamente un remake de aquélla. Porque la película de Jee-woon Kim tiene personalidad propia, una forma de tomarse a guasa el género y un aire de cine espectacular que la distancian de otros títulos.

Con un comienzo de factura impecable, The good, the bad, the weird tiene entre sus ventajas contar con un reparto formado por lo mejorcito del cine coreano actual: Song Kang-ho (la gran estrella de su país, a pesar de su aire de bobalicón, pero gracias a su capacidad para ser convincente como policía frustrado en Memories of murder y como tontolaba en The host), Lee Byung-hun (que ya trabajó con el director en Bittersweet life, participó en el clásico coreano Join Scurity Area y al que ahora podemos ver en la penosa G.I. Joe) y Jung Woo-sun (el guaperas de turno, menos conocido fuera de sus fronteras). Pero sobre todo cuenta con la habilidad de conseguir que, a pesar de sus 130 minutos de duración, resulte notablemente entretenida y a ratos muy divertida, aunque sea a base de retazos de otras películas, pero con escenas de acción espléndidas.

Mención aparte merece la heterogénea y alocada banda sonora de Dalpalan (DJ de música electrónica) y Jang Yeong-gyu, a veces hortera a más no poder, en ocasiones certera y en general de una desvergüenza que resulta hipnótica. Magnífica en definitiva (ese comienzo, esos primeros minutos...).

Por otro lado, The chaser (2008) es una incursión más seria (aunque el cine coreano se suele caracterizar por no tomarse demasiado en serio ni siquiera el género del thriller) que supone la primera película de Hong-Jin Na, un realizador al que habrá que seguirle la pista. Porque este policíaco de tendencia gore con psicópata asesino es una de las muestras más curiosas que hemos visto recientemente, muy por encima de cualquier thriller trascendental yanqui. Por lo pronto, el policía habitual es aquí sustituido por un ex-policía que se dedica a proteger a prostitutas y que debe enfrentarse a un loco asesino que disfruta sometiéndolas a torturas sádicas como si se hubiera visto las cinco entregas de Saw seguidas.

Lo interesante de The chaser, que no deja de ser un policíaco comercial, es cierta originalidad en el desarrollo de la trama (aquí el asesino ya es detenido en la primera media hora de película), y sobre todo la decisión del director de, en la línea de otro ejemplo de policíaco coreano de altura, Memories of murder, "coreografiar" las escenas de persecuciones y luchas con un realismo que parece surgido de la improvisación pero que esconde una milimétrica preparación.

Frente a la escasa originalidad de un cine de Hollywood que solo sabe reeditar secuelas trasnochadas para tratar de recuperar el favor del público, con algunas productoras notables como The Weinstein Company casi en la bancarrota, el cine hecho en Corea del Sur nos ofrece una alentadora confirmación de que se puede seguir haciendo cine comercial con buenas dosis de calidad sin caer en el adormecimiento banal.