22 mayo, 2026

Cannes 2026 - Parte 2: Supervivencias

Nuestra segunda incursión en el Festival de Cannes a través de sus secciones paralelas nos acerca a historias que tienen a protagonistas singulares, y que en cierta manera hablan de diferentes maneras de supervivencia, ya sea en la realidad actual urbana de las calles de París, o en las selvas bolivianas donde se desplegó la ampliación de la revolución cubana. A través de películas que han destacado en la programación al margen de las secciones competitivas, nos acercamos a historias relevantes que serán también protagonistas de la próxima temporada cinematográfica. 

We are aliens

Kohei Kadowaki

Japón, Francia 2026 | 117' | Quincena de Realizadores |

Festival de Annecy '26: Sección Oficial

Una película de animación que también estará presente en la competición del Festival de Annecy es el excelente debut de Kohei Kadowaki (1996, Japón) que aborda una historia dramática sobre la pérdida de la amistad en la infancia y las consecuencias que tiene en el futuro, inspirada en su experiencia real sobre el distanciamiento de un amigo, y que al mismo tiempo está construida sobre una tonalidad que vagamente se introduce en el terreno de la ciencia-ficción, pero manteniendo una perspectiva tan ambigua como la razón por la que los dos protagonistas se separan. We are aliens (Kohei Kadowaki, 2026) hace referencia a la sensación que expresa Tsubasa Goto (Ryota Bando) de que su amigo Gyotaro Hoshi (Amane Okayama) podría ser un extraterrestre, dado su comportamiento tan extrovertido y a veces estrafalario. La película adopta los dos puntos de vista de una misma relación, primero centrándose en la perspectiva de Tsubasa, un joven tímido que no destaca especialmente en la escuela y cuya madre tiene una actitud autoritaria hacia él, aunque generalmente le suele dejar solo en casa. Cuando conoce a Gyotaro, un chico extrovertido y siempre alegre, se desarrolla una amistad que poco a poco se va enturbiando por algunos malentendidos y un amor platónico mutuo, pero también por la sombra del acoso escolar y la manera en que ambos son partícipes de él. Desde la perspectiva de Gyotaro, sin embargo, que se adopta en la segunda parte de la película y alcanza hasta la edad adulta en la que ambos han tomado caminos muy diferentes, la historia tiene otra mirada diferente respecto a la relación entre los dos protagonistas. Y, al igual que mantiene una cierta ambigüedad respecto a la condición no humana de algunos de los jóvenes, a veces desarrollando secuencias de fantasía que parecen surgidas de la imaginación, también establece una cierta indeterminación sobre las perspectivas del acoso, un tema que el director sugiere que fue introduciéndose en la historia conforme se desarrollaba la relación entre los dos amigos. La falta de comunicación se presenta como una relevante justificación de las dos perspectivas diferentes en relación con el bullying, dejando la descripción del culpable o la víctima como una condición ambivalente que también depende del punto de vista. Esta construcción de la historia bajo una narrativa que evita siempre el camino más sencillo es una de las grandes virtudes de una película que invita al espectador a reflexionar sobre cómo las miradas deforman el desarrollo del relato. El director toma algunas decisiones inteligentes que contribuyen a la solidez de la historia, como dibujar a los dos jóvenes con características similares en los primeros momentos, que a veces los hace indistinguibles, incluso estableciendo una misma altura para cada uno de ellos, que sin embargo se va distanciando progresivamente, hasta que en la madurez son claramente diferentes. Este contraste visual subraya cómo sus trayectorias vitales se han distanciado a medida que crecían

Pero una de las características más notables de We are aliens es la representación de los personajes a través de un tipo de animación que en cierta medida recupera algunas de las tonalidades del anime más clásico, con rostros menos definidos de lo que es habitual en los últimos años, a veces incluso distorsionados, y el reflejo de las emociones a través de una expresividad sobresaliente, que es una de las aportaciones principales del director. Kohei Kadowaki no solo ha supervisado la animación, sino que se ha encargado de dibujar parte de los fondos hiperrealistas y de llevar a cabo el montaje de la película, cuyo resultado a veces puede parecer demasiado frenético. La utilización de rotoscopia a partir de grabaciones de niños actores sobre las que se han dibujado a los protagonistas permite combinar imágenes reales desde diferentes ángulos, lo que contribuye a mejorar la calidad de una animación que consigue distanciarse de las imágenes habituales. También contribuye a esta tonalidad especial la presencia casi permanente de la lluvia, la introducción de cierta mirada cercana a la ciencia-ficción y los planos cenitales que muestran a los personajes desde una perspectiva inusual, como un reflejo irreal de los acontecimientos que están experimentando. En algunos momentos del último tramo de la película, cuando Tsubasa y Gyotaro se encuentran en la edad adulta, adquiere incluso una cierta tonalidad casi terrorífica, introduciendo a sus personajes en una realidad paranoica y obsesiva. Aunque el director afirma que decidió evitar la descripción de los entornos familiares para centrarse exclusivamente en la relación entre los dos protagonistas, quedan algunos elementos que reflejan la ausencia de las figuras paternas, lo que deriva en una sensación de soledad que está bien transmitida a través del comportamiento de los personajes principales. Admirador de películas como El ilusionista (Sylvain Chomet, 2010) y del retrato de la cotidianidad de pintores como Albert Anker, Norman Rockwell o Johannes Vermeer, el director Kohei Kadowaki consigue una de esas raras muestras de cine de animación auténticamente autoral, con un diseño de personajes que a veces resulta perturbador, para explicar una historia de ruptura que consigue transmitir emoción desde la perspectiva de la supervivencia, el crecimiento y la experiencia dolorosa de la pérdida de la amistad entre dos jóvenes.  

Shana

Lila Pinell

Francia 2026 | 80' | Quincena de Realizadores |


La implacable mirada de la directora Lila Pinell a las diferencias sociales en una ciudad tan luminosa como París es una poderosa representación de la imposibilidad de traspasar los límites de clase marcada por las ascendencias colonialistas y la urgencia económica. La protagonista, Shana (Eva Huault) se mueve entre apartamentos refinados que provienen de negocios turbios y los entornos obreros a los que pertenece la familia judía que la ha adoptado. En ella confluyen las raíces procedentes de su abuela marroquí Marie (Geneviève Grief), quien se niega a reconocer sus orígenes árabes con argumentos racistas, con su adscripción a la religión judía, que ella tampoco acepta. Durante la comida de la Pascua judía, Yolande (Noémie Lvovsky), la madre de Shana, le recrimina la ropa que lleva puesta y las operaciones de aumento labial en las que se gasta el dinero, lo que provoca una discusión familiar en una festividad en la que los alimentos representan la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto. Entre ellos, el jaroset, que combina dátiles, miel y frutos secos, hace referencia al mortero que los esclavos usaban para sellar las piedras y construir las pirámides. Cada familia tiene una explicación diferente para su dulzura, como una forma inversa de expresar el miedo que también provoca la libertad. Es una metáfora inteligente del proceso que está viviendo la protagonista de esta historia, una emancipación que necesita pero a la que no sabe enfrentarse. Shana es hermana, hija y amante, pero en realidad no se encuentra cómoda en ninguno de esos roles. Su pareja Moïse (Sékouba Doucouré) está en la cárcel y le ha encargado a ella que se ocupe de su negocio de venta de drogas, pero Shana está molesta con esa obligación de mantener una actividad ilegal solo por el hecho de ser su novia: "¿No podemos ser como una pareja normal?". Hay varias referencias a lo largo de la película a la aspiración de tener una vida tranquila y cotidiana, pero también una incapacidad notable para alcanzarla. Cuando su amiga Inés (Inès Gherib) comenta que tiene un proyecto laboral, ninguna se imagina que consiste en vender sus calcetines sucios por internet, y la respuesta de otra de ellas es también una pregunta: "¿No puedes conformarte con tener un trabajo normal?". Pero en el mundo en el que vive Shana los trabajos se pagan mal, y siempre parece necesario encontrar alguna vía alternativa en medio de la constante inestabilidad económica. El personaje de Shana proviene del cortometraje Le roi David (Lila Pinell, 2021), en la que la protagonista con el mismo nombre trataba de buscar una salida a su situación en Francia. Sin ser exactamente una ampliación, la película Shana (Lila Pinell, 2026) surge como un desarrollo más profundo de las posibilidades de este personaje, y como aquél, está rodeado de una presencia constante de la religión. Hay referencias a las diez plagas de Egipto a lo largo de toda la película, a veces representadas en los propios acontecimientos que rodean a Shana, como una infección que descubre cuando está a punto de regresar a la prostitución como una forma fácil de conseguir el dinero para pagar una deuda (la plaga de las úlceras), o la simulación de un parto durante un robo en una joyería (la plaga de la muerte de los primogénitos). Que el nombre de su pareja que incluso desde la cárcel ejerce una opresión psicológica en ella haga referencia a Moisés tampoco es casual en esta historia en la que los elementos religiosos confluyen para representar la búsqueda de libertad en la que se encuentra Shana. 

La transmisión de la herencia familiar se muestra a través de un anillo, que aparentemente protege del mal de ojo, que Shana recibió de su abuela, y que se convertirá en uno de sus últimos recursos para solventar la emergencia económica en la que se encuentra. Pero este elemento que podría resolver su situación actual, representa la herencia fragmentada de su condición francesa, árabe y judía, una especie de interacción de culturas y religiones que en la actualidad parece una constante contradicción, porque ya resulta imposible entender este tipo de representaciones culturales como otra cosa que irremediablemente divididas. El guión hace un buen trabajo en mostrar estas contradicciones en un personaje que tiene cierta facilidad para ir despegándose de las personas más cercanas, abocada a una soledad que parece inevitable. En los primeros minutos, Shana se siente molesta porque en un juego de rol se convierte en víctima de una amiga que ocultaba la verdadera condición de su avatar, pero este momento que parece divertido al principio se va tornando de una completa amargura conforme se desarrolla. La utilización como paisaje  sonoro constante del Adagio de la Música para  cuerda, percusión y celesta (1937), de Béla Bartok, rodea a la protagonista de una tonalidad discordante, quizás porque irremediablemente nos recuerda a El resplandor (Stanley Kubrick, 1980). Pero las referencias de Shana se acercan más a otro tipo de estilos reconocidos por la propia directora, principalmente el de películas como Diamantes en bruto (Ben Safdie, Joshua Safdie, 2019). Aquel juego de rol protagonizado por hombres lobo que provocaban la muerte ficticia de la protagonista se refleja como una metáfora de su propia vida, envuelta en un mundo lleno de depredadores que están constantemente empeñados en acosarla. Y ya sin el amuleto que aparentemente la protegía de los males que la rodean, Shana acaba teniendo que enfrentarse a su entorno a través de su propia capacidad de supervivencia. En su primer largometraje, la directora Lila Pinell crea un personaje intenso y llamativo que tiene algo de picaresco en la manera en que trata de resolver los desafíos a los que se enfrenta diariamente, con un anhelo de emancipación que la empuja constantemente a visitar lugares oscuros, lo que proporciona a la película un sutil coqueteo con los códigos de género.

Les survivants du Che (Che Guevara: The last companions)

Christophe Dimitri Réveille

Francia 2026 | 97' | Proyección Especial |

A lo largo de veinte años, el actor y director Christophe Dimitri Réveille ha puesto en marcha un ambicioso proyecto en torno a la figura del Che Guevara que ha cambiado de formato en diferentes ocasiones. Al principio se había planteado como un documental sobre la historia de Benigno (Daniel Alarcón Ramírez), uno de los campesinos que se unieron a la revolución y que acabó siendo un anticastrista refugiado en Francia, donde vivió hasta su muerte, siguiendo el camino marcado por dos publicaciones biográficas: la novela gráfica Benigno: Mémoires d'un guérillero du Che (2013) y el libro Benigno, dernier compagnon du Che (2018), escrito por Christophe Dimitri Réveille y Rubén Tamayo. De estos antecedentes proviene el uso de la animación como un recurso para transmitir al espectador el recorrido emocional del grupo de supervivientes que siguieron al Che Guevara en su intento de extender la revolución cubana a Bolivia, donde acabó siendo ejecutado en 1967, sembrando la semilla de la mitología en torno a su figura. Pero el concepto de Les survivants du Che (Christophe Dimitri Réveille, 2026), acabó transformándose, según su director, tras una conversación mantenida con el actor Benicio del Toro durante el rodaje de la película de ficción Che, el argentino (Steven Soderbergh, 2008), quien sugirió que el verdadero éxito sería conseguir los testimonios de los otros dos supervivientes aún vivos de ese grupo de revolucionarios que le acompañaron: el lugarteniente Pombo (Harry Villegas) y el campesino Urbano (Leonardo Tamayo Núñez), ambos colaboradores del gobierno de Fidel Castro. Tras más de cincuenta años de silencio y separación, los tres guerrilleros cubanos aparecen entrevistados en el mismo documental, aunque desde hacía tiempo no tenían relación entre ellos: Pombo y Urbano trabajaron para el gobierno cubano, mientras que Benigno fue condenado a muerte por Fidel Castro en 1995, después de que se exiliara a Francia. La película traza una conexión francesa a través de uno de los colaboradores del régimen revolucionario, el intelectual Régis Debray (1940, Francia), y de la intervención de Charles De Gaulle para permitir la repatriación de los guerrilleros (un total de cinco), ante la negativa de la Unión Soviética para involucrarse en ella. La decisión del director ha sido la de construir el documental eliminando las intervenciones de expertos e historiadores a los que había entrevistado para resumirlas a través de una voz en off que está interpretada por el actor Vincent Lindon, conocido por sus proyectos de compromiso social y político, y cuyo texto fue co-escrito por Julien Schikel, montador y compositor de la banda sonora. Les survivants du Che se centra en una buena parte de su metraje en el viaje de regreso de los seis guerrilleros (uno acabó siendo ejecutado por sus propios compañeros al estar demasiado herido para continuar), que se escondieron en la selva boliviana después de que el Che Guevara hubiera muerto. También se incluyen testimonios de sus perseguidores, el agente de la CIA Félix Rodríguez (1941, Cuba) y el capitán boliviano Gary Prado (1938, Italia-2023, Bolivia), cuya compañía fue la responsable de hacer prisionero y ejecutar al Che Guevara, aunque a veces sus recuerdos acaban siendo contradictorios, lo que refleja la fragilidad de la memoria. 

Precisamente buena parte de la película se apoya en esos recuerdos, a veces algo fabuladores, como reconoce el director respecto al testimonio de Benigno, lo que resulta frustrante en cuanto al reflejo real de los acontecimientos. En realidad, los últimos días del Che han sido descritos en numerosas biografías, y la perspectiva de los guerrilleros, que creyeron la primera versión difundida por las autoridades bolivianas de que había sido hospitalizado, tampoco aporta una mirada diferente, porque no fueron testigos directos de su captura. Les survivants du Che trata de abordar una perspectiva más amplia respecto a la participación de un grupo de campesinos que se unieron por diferentes razones a la causa revolucionaria. Benigno (quien murió en Francia en 2016) fue testigo del asesinato de su mujer y la destrucción de su finca por parte de los soldados del dictador cubano Fulgencio Batista, apoyado por los Estados Unidos, mientras que Pombo (fallecido en Cuba en 2019) fue un revolucionario convencido que incluso acompañó al Che Guevara en su incursión en la guerrilla del Congo, y Urbano, el único que aún está vivo, era el hijo de un revolucionario, y se unió al Che como mensajero cuando tenía solo 15 años. Hay una reflexión sobre cómo se desarrollan las revoluciones sociales, y la forma en que la experiencia exitosa en Cuba quiso convertirse en una ambiciosa idea global, que desembocó en la celebración de la Primera Conferencia Tricontinental de La Habana en 1966, presidida por Fidel Castro y a la que no pudo asistir en persona el Che Guevara porque Estados Unidos había lanzado una orden internacional de busca y captura contra él. La película plantea el relato en torno a los guerrilleros supervivientes como un capítulo desconocido en la Historia de la revolución cubana, primero a través del relato de una odisea a lo largo de 2.400 kms hasta conseguir salir de Bolivia con la ayuda de Salvador Allende, hasta el posterior viaje de estos revolucionarios campesinos convertidos en héroes, cuyas vidas acabaron separándose en frentes opuestos. Pero falta una reflexión más profunda sobre la revolución cubana, que en cierto modo se limita a una frase del filósofo francés Régis Debray: "Los débiles siempre tienen razón al luchar contra los fuertes, incluso si la batalla es desigual o parece perdida de antemano, porque lo impensable siempre es posible". A solo un año de que se cumpla el sesenta aniversario de la muerte del Che Guevara, y en una situación complicada para el actual régimen cubano, presionado bajo la amenaza de una nueva intervención imperialista norteamericana, Les survivants du Che puede que no sea el documental definitivo sobre una revolución local que quiso ser global, pero aporta algunos testimonios relevantes.

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Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):

El resplandor se puede ver en Filmin, HBO Max y Movistar Plus.
Diamantes en bruto se puede ver en Netflix.

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