26 febrero, 2016

Las mejores películas de los Oscar no hablan inglés

La carrera por el Oscar parece este año no parece que vaya a deparar grandes sorpresas, con El renacido, de Alejandro González-Iñárritu como la apuesta más clara para ganar en las principales categorías, y un reparto más o menos equitativo con otros títulos destacados como Spotlight, de Tom McCarthy  o La gran apuesta, de Adam McKay. Aunque en la categoría de Mejor Director podríamos encontrar a un vencedor inesperado como George Miller, que ha conseguido que su revisión del universo de Mad Max: Furia en la carretera se haya colado entre las películas con mayor número de candidaturas y numerosos premios de la crítica. En todo caso, en la lista de filmes que este año optan al Oscar encontramos aceptables propuestas cinematográficas entre la narrativa clásica y el tour de forcé técnico, pero pocos de auténtica brillantez formal.   

La categoría que propone películas mucho más redondas tanto desde el punto narrativo como formal es la de Mejor Película de Habla no Inglesa, este año formada por un quinteto de historias que constituyen auténticos hitos cinematográficos, cada una en su propia personalidad. Películas que se centran en narraciones de interés a pesar de provenir de diferentes puntos del planeta, de América a Europa, pasando por Asia. Al igual que hicimos un repaso a los interesantes documentales nominados al Oscar, ahora hacemos un recorrido por estas películas que, sin hablar inglés, superan en calidad a muchas de las que forman parte de las categorías principales de los Oscar.

La gran favorita para llevarse el premio de la Academia es Saul fia (El hijo de Saúl) (Hungría), de László Nemes, debutante en la dirección de largometrajes, que nos presenta una visión nada complaciente del holocausto cuando parecía que todo estaba contado en torno a este tema. Pero el joven realizador húngaro consigue hacer todavía más insoportable la visión de los horrores vividos en el campo de concentración de Auschwitz, con esos planos cerrados que ocupan casi toda la película, logrando transmitir una sensación de asfixia al espectador que ríete tú del ataque del oso en El renacido.  A veces no hacen falta grandes alardes técnicos para encontrar la forma de transmitir desasosiego y tensión. 



Parecida sensación de asfixia viven las cinco protagonistas de Mustang (Francia), de Deniz Gamze Ergüven, la película que podría hacerle sombra a El hijo de Saúl en la carrera hacia el Oscar.  Aunque representa a Francia, es una historia que se desarrolla en Turquía y tiene principal responsable a una guionista y directora francesa de origen turco. Presentada en el Festival de Cannes y ovacionada en la SEMINCI de Valladolid, se centra en el ambiente social cerrado de un pequeño pueblo turco, en el que las costumbres religiosas y conservadoras siguen formando parte de las familias. Cinco hermanas adolescentes se enfrentan a estas costumbres de diferente manera, algunas con sumisión y otras con rebeldía, en una historia que pasa de la recreación esperanzadora de la adolescencia, un poco en la línea de Las vírgenes suicidas (1999), de Sofia Coppola, a la auténtica tragedia de unas jóvenes forzadas a mantener la tradición aunque ésta mutile sus vidas.  



La película que tiene más puntos en común con El renacido es la representante colombiana, El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra, rodada en difíciles condiciones en el Amazonas, que representa una reflexión sobre el colonialismo pasado y presente, y sus consecuencias en el desarrollo de las poblaciones indígenas. Producida con ciertos problemas de financiación, la película logró el premio en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes y el reconocimiento a nivel mundial, aunque curiosamente en su país de origen, Colombia, no ha conseguido una buena recaudación en taquilla, a pesar de toda su repercusión internacional. Rodada en blanco y negro, El abrazo de la serpiente es un ejercicio cinematográfico que muestra de forma poética algunos de los rincones más hermosos del Amazonas, a través de los ojos de un etnólogo alemán que refleja la fascinación del occidental por las costumbres indígenas, pero también su contagiosa capacidad destructiva.



También sobre enfrentamientos culturales habla Theeb (Jordania), de Naji Abu Nowar nos acerca a la provincia de Hejaz en 1916 para contarnos de humanos luchando contra humanos. Un viaje protagonizado por un niño y su hermano a través del desierto en el que el enfrentamiento no es entre buenos y malos, sino entre colonizadores y colonizados. Si en El hijo de Saúl se nos muestra el holocausto como si se tratara de un thriller psicológico, Theeb tiene aires de western, sobre todo en su primera parte, sustituyendo los caballos por camellos, pero manteniendo esa estética de la violencia seca que se desarrolla en pleno desierto. Ganadora del Premio al Mejor Director en el Festival de Venecia de 2014, la película está interpretada por actores beduinos no profesionales, lo que supuso una dificultad añadida al rodaje en pleno desierto de Jordania. Pero el resultado es espléndido, natural y al mismo tiempo intenso, especialmente el del niño Jacir Eid Al-Hwietat.



La inclusión de la producción Krigen (A War) (Dinamarca), de Tobias Lindholm, ha sido una de las sorpresas de esta lista de películas nominadas al Oscar. Drama bélico que se sitúa en a intervención del ejército danés en la guerra de Afganistán, tiene un cierto aire a En tierra hostil (2008), sobre todo en sus escenas de acción, cercanas al tratamiento documental, que nos introduce de pleno en la tensión de la guerra. pero lo importante en esta películas son unos personajes cuyas decisiones, en medio de la batalla, pueden suponer cruciales descensos al infierno. A war no es una de esas películas que reflexionan sobre la justificación o no de la guerra, de cualquier guerra, como su título indica, sino sobre la experiencia personal de soldados metidos de lleno en la violencia que, en una milésima de segundo, puede acabar con sus vidas o las de sus compañeros. Bien narrada, con personajes complejos que desgranan sus contradicciones vitales a lo largo de la historia, tiene un cierto pudor en llegar hasta las últimas consecuencias, pero resulta coherente y precisa en sus planteamientos.