07 noviembre, 2010

Censura a la europea

Aunque no representa ese cine europeo que se pasea por la alfombra roja, la película serbia A serbian film (valga la redundancia), se ha convertido en uno de los títulos más destacados de la temporada, por su polémica proyección en Sitges y la prohibición judicial de su pase en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián.

Hace unas semanas se montaba cierto guirigay en el Festival de Sitges tras la proyección de A serbian film, de Srdjan Spasojevic. Tras su pase, sin consecuencias excesivamente controvertidas en otras muestras cinematográficas europeas (Bruselas, Estocolmo) e incluso americanas (Montreal, Austin), donde se podría imaginar que provocarían mayor polémica, se desató el debate. Curiosamente, ha sido en España donde la película ha encontrado un rechazo más importante, incluso de sectores no especialmente conservadores (véase la discusión bloguera entre Concha García Campoy y Nacho Vigalondo). Tras una proyección que provocó deserciones en la sala y discusiones en los medios, una denuncia interpuesta contra ella en Barcelona provocó que un Juzgado estableciera como medida cautelar la suspensión de sus dos proyecciones en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, que a la sazón no es más que una muestra de censura, ya que la película no se ha podido ver finalmente. Lo cual, por otro lado, no ha impedido que el público, aun sin haberla visto, le haya otorgado un Premio Especial en defensa de la libertad de expresión.

Para la Confederación Nacional Católica de Padres de Familia y Padres de Alumnos (CONCAPA), imágenes como "la violación de un recién nacido, la fornicación a un pequeño de ocho años por su padre, o una mujer torturada y atada a la que le han quitado los dientes y debe llevar a cabo una felación se salen del terreno de lo humanamente aceptable". Efectivamente, son escenas que aparecen en la película. Lo que no se entiende (o no entendemos nosotros, pobres mortales pecadores) es que la repulsión que puedan provocar ciertas imágenes desemboque en la inquisición en contra de una película. 

Pero ya en España, el año pasado se dio un ejemplo de esa cierta tendencia a la prohibición que, curiosamente, se viene dando en un país democrático gobernado por cierta izquierda que no sabe si está más a la izquierda o más a la derecha (o simplemente no está). Saw 6 obtuvo la calificación X del Ministerio de Cultura, lo cual era, de hecho, la prohibición implícita de su exhibición cinematográfica. Un año después, recortados los segundos que aquel comité de calificación pacato consideraba impresentables (y que acabaremos viendo en su edición en DVD), la película se ha estrenado sin grandes aspavientos. 

A serbian film (a la que evidentemente le está sirviendo esta promoción gratuita), es producto de una cinematografía que encuentra en la violencia cierta representación de una historia plagada de horrores que desembocaron en la guerra fratricida de finales de los noventa. La juventud serbia es una juventud desengañada, cansada, que refleja en su cine el hastío por una sensación de desesperada huída hacia adelante frente a la constante inestabilidad. En los últimos años hemos visto sólo algunos ejemplos de cine hecho en Serbia (y no precisamente gracias a nuestros distribuidores), como la comedia Sedam i po (Siete y medio) (2006) o Turneja (2008), una especie de Ay, Carmela, pero con una compañía teatral de Belgrado en medio del conflicto de los Balcanes. Sin olvidar a los directores más internacionales del cine serbio: Srdan Golubovic (Absolute hundred, La trampa), Goran Paskaljevic (Optimistas, Honeymoons) y Emir Kusturica (Underground, Gato negro, gato blanco, Prométeme).

El director de A serbian film, Srdjan Spasojevic, reivindica, sin embargo, un cine impactante que entronca con el terror norteamericano de la década de los setenta y con la filmografía de Roman Polanski y especialmente de David Cronenberg, con el que comparte esa representación sangrienta y explícita de mensajes implícitos que van más allá de lo puramente visual. Aquí, la violación de un bebé (que no por casualidad aparece justo después de un discurso sobre la situación de un país en decadencia y de un sistema político castrador) funciona como metáfora de la inexistencia de un futuro para las nuevas generaciones, nacidas en un territorio fragmentado, rodeado de zonas limítrofes que para muchos serbios suponen una amenaza (Albania, Bosnia-Herzegovina, Croacia, Montenegro, Macedonia, Hungría, Bulgaria, Rumanía). Es esa sensación de asfixia la que representa esta pesadilla dantesca llevada al extremo. Y sin duda resulta revelador conocer las circunstancias que rodean a esta película en un país donde hacer cine resulta una aventura. 

No hay que obviar, evidentemente, cierta intención provocadora. Y tampoco que A serbian film es una película tirando a mediocre, con efectos visuales pobres y tendencia al sensacionalismo, a la que la pesadilla que vive el protagonista a partir del tercer acto resulta reiterativa y gratuita. También hay que reconocer que tomarse en serio una película como ésta denota una cierta mentalidad truculenta y enfermiza. 

Pero España no es el único país donde ha tenido problemas por su contenido. Sin ir más lejos, cuando enviaron el master de la película a Alemania para realizar la copia en 35 mm., el laboratorio alemán se negó a hacerla, denunciando el contenido de las imágenes. La policía alemana llegó a pensar, según comenta el director, que se trataba de una snuff movie: "Es ridículo. ¿A qué clase de maníaco se le ocurriría transferir una snuff movie a 35 mm.?", se preguntaba Spasojevic. Finalmente, tuvieron que enviar la película a Budapest, donde se llevó a cabo el kinescopado. 

Otro título serbio, The life and death of a porno gang, de Mladen Djordjevic, recorre también este año los festivales de cine fantástico. A ambos les une esta extraña mezcla entre pornografía y horror. Pero A serbian film no es más sádica que, por ejemplo, Hostel (2005), o aquella Nekromantik (1987), que revolvió las tripas de muchos aficionados y que en Sevilla pudimos ver gracias a la labor de la ahora clausurada Cinemateca UGT. Como ocurrió hace años con Saló o los 120 días de Sodoma (1975), de Pier Paolo Pasolini y Holocausto caníbal (1980), de Ruggero Deodato, A serbian film recibe feroces críticas, incluso de quienes ni siquiera la han visto. Las anteriores, con sus virtudes y sus defectos, ya han sido aceptadas como muestras de arte provocador.