08 marzo, 2010

Oscar 2010: Ceremonia desganada y premios ¿merecidos?


La Academia de Hollywood entregó sus galardones en una de las ceremonias más desganadas y arbitrarias que hemos visto en mucho tiempo. Steve Martin y Alec Baldwin funcionaron a medias, quizás por el empeño en "recortar" una gala que sin embargo se alargaba en homenajes extraños y montajes interminables. De vez en cuando salía el ingenio, como en esa divertida parodia de Paranormal activity, pero ni esos momentos lograron alcanzar el descaro de Billy Crystal, ni siquiera el desparpajo cómico de Hugh Jackman. 


Este año los productores de la gala decidieron sorprendernos, pero no en cuanto a los premios que se concedían, sino a base de sacarse de la manga propuestas insólitas como éstas: 

1. Homenaje a John Hughes. Vale que es uno de esos directores con los que una generación ha crecido, aportando títulos tan memorables y tan comerciales como El club de los cinco, La chica de rosa, Todo en un día, y hasta La mujer explosiva y Solo en casa. Pero dedicarle tanto tiempo (familia incluida), cuando a Lauren Bacall y Roger Corman le dieron un triste saludo en el que nadie sabía si se tenía o no se tenía que levantar (¡Penélope, coño, levántate para aplaudir a una actriz a la que ya quisieras poder parecerte algún día!), resultó insólito e injusto. 

2. Homenaje al cine de terror. La excusa más tonta que hemos visto para sacar al escenario a dos ídolos de adolescentes (sin duda, Taylor Lutner se ha merendado a Robert Pattinson como ídolo de jovencitas/os. Y es que ya se sabe: "tiran más dos pectorales que dos carretas"). Porque si no era sacando alguna escena de Crepúsculo, no había ninguna razón para hacer esa concesión a la audiencia. 

3. Números musicales. Uno podía pensar que, ya que habían eliminado las actuaciones de las canciones, se esmerarían en ofrecer un buen número musical para la categoría de bandas sonoras. Pero, sinceramente, no se entiende el sentido de esa coreografía, que podía haberse bailado con cualquier género musical.  Tampoco acertó Marc Shaiman con el número de apertura, cantado por un Nick Patrick Harris que había triunfado hace unos meses como presentador de la ceremonia de los Premios Tony (Hollywood mira últimamente a esta gala, ya que Hugh Jackman fue también presentador de los Tony antes que de los Oscar. Habrá que estar atentos este año). Pero, calificado despectivamente por muchos como un comienzo "a lo American Idol", lo cierto es que resultó flojo y anacrónico.

Al margen de la ceremonia, cuya realización tampoco brilló por su eficacia, el reparto de premios fue por un lado previsible (Jeff Bridges (un poco pasado al agradecer su único y merecido Oscar), Sandra Bullock (demasiado reivindicativa), Mo'Nique (lo mejor de Precious y la mejor frase de la noche: "Gracias a la Academia por darme este Oscar por mi interpretación, no por razones políticas") y Christoph Waltz (merecidísimo premio)), y por otro acabó resultando toda una sorpresa en la pugna particular entre Avatar y En tierra hostil.


Para mí, En tierra hostil es una potente y sólida película que muestra la guerra desde la mirada distante de la incomprensión. Y podría entender el Oscar a Kathryn Bigelow por su capacidad para mantener una constante tensión a lo largo de todo el metraje, y también ¿por qué no? por la oportunidad de hacer historia jodiendo, de camino, los discursos feministas sobre la "mirada de la mujer". Porque Bigelow siempre ha sido una directora a la que le gusta hacer cine duro, repleto de adrenalina, alejado de la supuesta (e impuesta) "sensibilidad" que por cojones se le supone al cine "de mujeres". En este sentido, por lo menos resulta satisfactorio que la primera mujer que ha conseguido un Oscar haya sido ella, y no Jane Campion o Barbra Streisand. 

Pero Avatar es un proyecto tan complejo, tan difícil de poner en marcha, de tan laborioso e intrincado diseño de producción que no entiendo cómo no ha sido valorado en su justa medida por quienes se dedican al cine (se cuenta que ha podido contribuir una campaña de promoción de cara al Oscar en la que James Cameron no dejaba de quejarse de los actores, mientras que la campaña de En tierra hostil incidía en Kathryn Bigelow como insólita mujer directora).

Es cierto que en las últimas semanas se hablaba de la lucha entre David y Goliat, pero a veces esta comparación entre el cine de bajo presupuesto (como valoración de sus logros) y el de gran presupuesto (como menosprecio de su eficacia) no tiene razón de ser. Un director puede disponer de millones de dólares para hacer una película y acabar haciendo un truño infumable. Y, al margen de la capacidad comercial de un director como James Cameron, construir una envolvente historia de fantasía sin caer en el ridículo resulta más que notable. En todo caso, me resulta mucho más eficaz el discurso antibélico de una película como The messenger (injustamente olvidada en las nominaciones) que el de En tierra hostil que, eso sí, tiene el gran mérito de haber triunfado dos años después de haberse terminado (se rodó en 2007) y tras casi un año de su estreno en salas, resucitada por la crítica cuando ya había salido en DVD. Lo cual, desde luego, resulta encomiable. 


Del resto, sólo cabría destacar el merecido Oscar a Michael Giacchino por Up y la satisfacción teñida de sorpresa del premio para El secreto de sus ojos que, tras ser ninguneada por los premios Goya y el Festival de San Sebastián, ha recibido su justo reconocimiento como la mejor película argentina (española) del pasado año. A El secreto de sus ojos, perfecta muestra de cine completo, sólo le faltaba un Oscar para terminar de redondear su magnífico recorrido. 


Y no pudo ser el premio para La dama y la muerte. Pero ya lo decíamos, Logorama es uno de los mejores cortometrajes de animación (por inventiva, por calidad, por desarrollo de la historia) que se han hecho en los últimos años. 


Créditos de Fotografías:
©A.M.P.A.S. (Matt Petit, Richard D. Salyer, Michael Yada)