17 marzo, 2010

Fanáticos con devoción

Por mucho que intenten demostrarnos que las religiones son un ejemplo de convivencia, de moralidad y de ética, un repaso somero a algunas de sus fanáticas actitudes ponen en duda la veracidad de sus "bondades" humanas. Dos películas se acercan a la realidad dura, cruel, de comunidades enfermas por la ceguera de la adoración. 

Mientras la religión católica tiene que hacer frente a la desvergüenza de la que ha sido protagonista durante muchos años (casos de pederastia en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania... y suponemos que algún día le tocará pedir perdón a la iglesia española), el cine nos enseña algunos casos flagrantes de impudicia en otras culturas religiosas, marcadas por la hipocresía y por el fanatismo. Por un lado, la cruel represión a la que son sometidas las mujeres en la cultura musulmana; por otro, el cinismo y la atrocidad de la comunidad judía ortodoxa. 

No se trata de condenar la religión por la religión. Ni de generalizar sin justificación. Pero lo que sí es cierto es el silencio (y por tanto la complicidad) que los máximos representantes de éstas y otras religiones muestran ante hechos fanáticos. Que las autoridades religiosas no condenen con rigor hechos delictivos supone un menoscabo de su carácter jerárquico. 

The stoning of Soraya M. (2008) comienza con una lúcida frase del poeta iranídel siglo XIV Hafez: "No actúes como un hipócrita que cree que puede disimular sus engaños recitando versos del Corán". Y al final de la película, se nos dice que un número indeterminado de personas, la mayor parte mujeres, continúan siendo lapidadas en muchos lugares del mundo. Esta historia incríeble por la crueldad de quienes la protagonizaron, resulta estar basada en el popular best seller del periodista francés Freidoune Sahebjam, y nos cuenta la conspiración que las principales autoridades político-religiosas de un pequeño pueblo iraní montaron  en contra de una mujer cuyo único pecado fue no querer someterse a los caprichos de un marido infiel. Y la bárbara condena a muerte que se sacaron de la manga con la mano puesta en el Corán: el apedreamiento hasta dejarla desangrada y martirizada.

La película está dirigida por el norteamericano de origen iraní Cyrus Nowratesh, que ya suscitó polémica con su miniserie sobre el 11 de septiembre The path to 9/11, (2006) una dramatización de las investigaciones de la Comisión del 11/9 que provocó controversia que implicaba directamente a los miembros de la Comisión (entre ellos Bill Clinton) en la investigación sesgada de los acontecimientos, y que hasta la fecha permanece inédita en DVD, según el director por presiones directas de Hillary Clinton. En el caso que nos ocupa, incluso antes de estar terminada The stoning of Soraya M. fue incluida en la lista de películas que  la administración del presidente iraní Mahmoud Ahamdinejad consideraba ofensivas. Curiosa actitud para alguien que se considera un demócrata.

No se puede negar cierto retrato caricaturesco de algunos de los personajes de la película, especialmente el del marido, y desde luego hay un gusto algo sádico por recrearse en el apedreamiento final, tratando de elevar la carga emocional al máximo. Pero también es verdad que es en esa media hora última cuando somos verdaderamente conscientes del calvario que debió pasar la protagonista (magnífica, emocionante la interpretación de Mozhan Marnò). Si a esto le unimos una de las bandas sonoras más inspiradas que ha escrito John Debney, con cierto paralelismo con La pasión de Cristo, el final de The stoning of Soraya M. es uno de los más  desoladores que hemos visto en mucho tiempo. 

Por su parte, Eyes wide open (2009), seleccionado en Un Certain Regard del Festival de Cannes, cuenta la historia de dos hombres judíos que, en medio de una asfixiante comunidad religiosa, mantienen una relación sentimental. Hay que agradecer al director israelí Haim Tabakman que haya preferido contarnos esta historia con la mirada enfocada en la psicología de los personajes, evitando el morbo en torno a las escenas homosexuales. Y resulta agobiante, casi enfermizo el estrangulamiento al que la comunidad  judía somete a estos dos hombres. Porque en ésta, como en Soraya M., el rechazo se produce en un pequeño núcleo que, sometido a la deformación interesada de los preceptos religiosos, acaba convirtiéndose en un laberinto de leyes, reglas y sometimientos. 

Concisa, de caligrafía narrativa sin adornos innecesarios, Eyes wide open nos abre los ojos para mostrarnos la mirada siempre inquisidora de las autoridades religiosas, en este caso las que representan una actitud ultraortodoxa en la comunidad judía. Y aunque aquí no se habla de hechos reales, sí parece sensato pensar que está basada en realidades que sin duda se habrán podido presentar en muchas ocasiones dentro de círculos religiosos. Es claro que no se puede generalizar (de hecho, el  Israel Film Fund es una institución pública que no tiene el menor problema en financiar películas de carácter polémico política o religioso como ésta). Pero hace falta una profunda reflexión en el seno de las instituciones religiosas para eliminar la vergüenza que provoca la complicidad silenciosa.