21 abril, 2007

Fenómenos extraños: prensa vs. cine

Las distribuidoras acusan a la prensa de copiar sus películas. Los spots sobre propiedad intelectual mienten a los espectadores. Soncinemad establece un canon económico para que los medios cubran el evento. ¿Qué está pasando entre la prensa y quienes pretenden encontrar espacios de publicidad gratuita en los medios?

Es curiosa la relación entre la prensa y los distribuidores, productores, organizadores de eventos... Por un lado, éstos quieren que sus productos aparezcan adecuadamente representados en las páginas de los periódicos, programas de radio, espacios de televisión... Por otro, los medios pretenden (pretendemos) llenar sus espacios de información detallada de aquello que les parece interesante. Hay un toma y daca constante, un tira y afloja que, al fin y al cabo, se podría resumir en una palabra: publicidad. La publicidad en prensa cuesta dinero, mucho dinero. Y las distribuidoras y promotores saben que tratar bien a la prensa supone disponer de mayor espacio en los medios. También la prensa sabe que si trata bien a una distribuidora, ésta le dará mayores facilidades para que determinados productos especialmente interesantes estén presentes.

Es un juego de poderes que, en mayor o menor medida, se establece entre los dos vértices de la promoción. Y existen contraprestaciones que unos y otros aceptan como parte del juego. Pero a veces ocurren fenómenos extraños.

Hay una cierta tendencia por parte de las distribuidoras de cine y DVD a acusar subrepticiamente a los medios de ser los propagadores de copias piratas de sus películas. Fenómeno curioso cuanto menos, ya que no conozco ningún caso en el que se pueda demostrar que de un pase de prensa o un DVD de promoción ha salido una copia pirata para internet o el top manta. Por lo contrario, sí son muchos los casos demostrables de copias que han salido del interior las propias distribuidoras y productoras. ¿Dónde hay que aumentar, entonces, las medidas de seguridad? Sin embargo, se siguen organizando las mismas humillaciones en determinados pases de prensa (se requisan móviles, se registran bolsos...).

Algunas distribuidoras de DVD ponen mucho énfasis en enviar discos de visionado que no solo incluyen el tan molesto código de tiempo (como si eso fuera un impedimento para colgar la copia en internet, por ejemplo), sino que se gastan más dinero en realizar copias especiales para prensa que si enviaran directamente la copia comercial. Pero hace poco hemos visto un caso curioso. La copia de visionado de la película The queen, amén de incluir el dichoso código de tiempo, amenaza a los profesionales con tomar medidas legales si se efectúan copias (ya estamos acusando), y deja bien claro que se trata de una copia para uso exclusivamente profesional. Muy bien. ¿Entonces por qué coño se incluyen dos trailers de próximos lanzamientos de la compañía? Si esa copia no es de uso comercial, no tiene sentido que incluyan trailers comerciales.

Lo de los spots sobre piratería que incluyen otras distribuidoras no tiene nombre. Entre otras cosas, porque están llenos de mentiras. Uno de ellos compara a un ladrón de coches con un usuario que descarga películas de internet. Sin embargo, compartir archivos a través de internet sigue siendo una práctica legal. ¿Por qué empeñarse entonces en llamar delincuentes a quienes actúan dentro de la legalidad? En otro spot del Ministerio de Cultura que se puede ver en los cines se nos dice que no se pueden robar las ideas. Pues bien, vayamos a la ley.

El artículo 2 del Tratado de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual sobre derecho de autor, concertado en la Conferencia Diplomática que se celebró en diciembre de 1996 establece que: “la protección del derecho de autor abarcará las expresiones, pero no las ideas, procedimientos, métodos de operación o conceptos matemáticos”.

El Tribunal Supremo manifestó en la Sentencia del 26 de octubre de 1992 que “es opinión común en la doctrina científica que no constituye objeto de la propiuedad intelectual ni las ideas que después se plasman an las obras, ni el estilo seguido o creado por el autor”.

Entonces, ¿por qué hacer un spot en el que se subraya que no se deben copiar las ideas, cuando las ideas no son objeto de propiedad intelectual? ¿por qué ese empeño en mentir a los espectadores?

Otros fenómenos extraños se producen en la relación entre la prensa y determinados eventos cinematográficos. Se ha puesto de moda entre algunos de estos eventos, por imitación con otras gigantescas celebraciones de cine (festivales de Cannes, Berlín o San Sebastián) la práctica de cobrar a los periodistas por cubrir la información. Lo cual no deja de ser curioso ciertamente.

Por ejemplo, en Soncinemad, el Festival Internacional de Música de Cine de Madrid, un periodista que quiera desempeñar su trabajo debe pagar su acreditación. Vamos, que prácticamente hacer publicidad gratuita del evento en un medio de comunicación viene a costar casi lo mismo que acreditarse como espectador y no tener que trabajar. La explicación es sencilla: limitaciones presupuestarias.

Ahora hagamos una odiosa comparación. Para asistir al Festival de Berlín también hay que pagar. Pero bastante menos. Y Berlín dura una semana (no tan solo un fin de semana como Soncinemad) y ofrece una programación de varios centenares de proyecciones. Los organizadores están en su derecho de cobrar, nadie les va a acusar de querer beneficiarse, porque nos consta que este tipo de actividades no solo no suponen beneficios económicos sino todo lo contrario. Pero algunas declaraciones nos sorprenden.

Dice Gorka Cornejo, jefe de prensa de Soncinemad, para justificar el coste de la acreditación: “Los conciertos sinfónicos del Teatro Monumental y los Cines Kinépolis son actividades extra en los que el periodista no puede actuar como tal: no hay posibilidad de fotografiar, grabar ni entrevistar a nadie.” Curiosa conclusión, especialmente viniendo de un periodista. Eso es como decir que las proyecciones de películas en un festival de cine son actividades extra (ya que no se puede fotografiar, ni grabar ni entrevistar a nadie), y que por tanto los periodistas deberían pagar su entrada para las mismas. Mala política de comunicación para un evento que ciertamente merece el apoyo de los medios de comunicación para promocionar su, todo hay que decirlo, interesantísima programación.